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“Durante las primeras horas se había insistido acerca de la posibilidad de un
atentado, de lo que, siguiendo el plan de silencio, no se ha vuelto a mencionar
esa posibilidad. En este contexto, el frente interno de la Liga Epstein ha comenzado a dar muestras de
debilitamiento. Se sabe que Trump se ha dejado de comunicar con su
socio Netanyahu, o con quien lo esté sucediendo en el cargo, mientras
se recompone de las heridas o resucita. Mientras, hay evidencia
de que en su círculo más estrecho algo también sucede. Trump públicamente
censuró los dichos de Marco Rubio, nada menos que el secretario
de Estado, acerca de que Washington se involucró en la guerra
presionado por Tel Aviv, volviendo con la cantinela de la “amenaza
era inminente”, mientras que nadie ha podido mostrar un paper de
inteligencia que vaya en esa dirección. Al tiempo que el
vicepresidente James Vence, que parecía mucho más fanático que Trump
hace días, comenzó un mutis por el foro para no quedar demasiado encastrado
por el desastre, estar presentable para un posible enroque. Mientras,
en sus redes sociales Trump ha comenzado a responsabilizar a otros
publicando que se precipitó a la guerra siguiendo las opiniones
de Steve Witkoff, otro promotor inmobiliario, enviado junto a Jared
Kushner a manejar las negociaciones con Irán y del Secretario de
Guerra, Pete Hegseth, como un gerente que pudiera escapar de
la quiebra acusando la inoperancia de sus empleados.
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Fuentes: Rebelión.
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TRUMP, LA GUERRA DE UN HOMBRE SOLO.
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Por Guadi Calvo | 20/03/2026 | Opinión
Fuente. Revista rebelión viernes 20 de
marzo del 2026.
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En esta guerra, la verdad se ha
convertido en la bola del juego de los tres cubiletes, en el que el trilero es
nada menos que Donald Trump. Pero lo peor no es eso, lo verdaderamente malo es
que él mismo no tiene idea de dónde está esa bola.
Como quien tira mandobles contra un
enemigo invisible en un cuarto oscuro, la foca gangosa de Mar-a-Lago acaba de descubrir que el estrecho
de Ormuz existe y que su cierre no solo estrangula la economía mundial, sino
también a su propio Gobierno, en el que, de no mediar una pirueta inesperada
o un cisne negro, si llega a las elecciones de medio término en
noviembre, su destino es indubitablemente la destitución, la renuncia
por razones de vaya a saber qué, intentando evitar que todo el
sistema, que podría haber entrado en una fase terminal, colapse.
Mientras, él no se cansa de repetir
que ya ganó la guerra,
que el Gobierno iraní ha sido descabezado una y mil veces y que, después
de bombardear la isla de Jark, corazón de la industria petrolera de la República
Islámica donde se encuentra la principal terminal petrolera del país y
es el mayor punto de carga de crudo para buques, se jacta de que solo
por diversión (sic) la volvería a atacar. Quizás también solo por
diversión acosaba menores con su amigo Jeffrey.
En el paroxismo de la confusión, él mismo ha reconocido que
está intentando abrir una línea de negociaciones directamente con los iraníes,
aunque no sabe con quién está hablando, ya que toda la cúpula ha sido
exterminada. Mientras que el ministro de Exteriores de Teherán, hasta
ahora la figura más vista del Gobierno iraní, Abbas Araghchi,
volvió a afirmar, una vez más desde el inicio de la guerra, que “Nunca
ha pedido un alto el fuego, ni siquiera hemos pedido negociaciones”.
Por las dudas, Trump, a pesar de haber ganado esta
guerra, varias veces al día ha llamado de manera desesperada a
conformar una entente con los países afectados por el bloqueo de
Ormuz, a los que no mencionó, aunque se conoce que
entre ellos están China, Francia, Japón, Corea del Sur y Gran
Bretaña, para que lo ayuden a desbloquear el bendito golfo. Pedido
que, a pesar de que ya lleva varios días solicitado, la respuesta ha sido
ignorada o abiertamente negativa. Lo que muestra que su
flota en la región es absolutamente inútil para esa tarea.
Sus reclamos, exigencias o ruegos,
según el caso, no han
sido escuchados todavía por nadie y mucho menos por Xi
Jinping, lo que obliga a pensar que Trump es un ignorante o está
confundido a tal punto que no se entera de que es el presidente
chino quien tiene bien guardada, en un cofrecito de jade, la llave de
abrir y cerrar el bendito estrecho. Y que es justamente China, junto
a Rusia, por medio de sus satélites, quienes proveen las
coordenadas para las andanadas de misiles y drones que destruyeron no solo
radares y bases estadounidenses en los países del golfo, sino que,
además, desde el comienzo de la ocupación de Palestina en 1948, le están
brindando al ente sionista sus horas más oscuras. Por
lo que millones de judíos deben acudir a los refugios
tres o cuatro veces por día para salvar sus vidas, después de que
el famoso sistema de la “Cúpula de hierro”, ya ha sido vulnerado en
infinidad de oportunidades, al tiempo que el vital sistema de alarmas
tempranas también muestras graves anomalías.
La guerra, que ha entrado en su tercera semana, ya tiene un claro vencedor: el pueblo iraní. Y no importa quién finalmente pueda arrogarse la victoria militar, la que no solo está en pleno desarrollo, sino que más allá de la Liga Epstein, desde hace dieciséis días prácticamente no ha dejado de bombardear un momento posiciones iraníes, concentrando el potencial de ese fuego contra la población civil, intentando provocar un levantamiento contra el Gobierno del Líder Supremo; a esta altura no importa cómo se llame el ayatolá, ya que la artillería mediática lo dará por muerto, como desde hace más de diez días dan por muerto, gravemente herido, desfigurado, esgonzado o con halitosis a Mojtaba Jamenei.
Lo definitivamente cierto es que
Donald Trump se
encuentra cada vez más desorientado en esta guerra, que su confusión
queda explícita en sus constantes contradicciones, como si no
quedase registro de sus largas parrafadas inconexas, desafiándolo la
realidad, como si fuera algo modificable por el deseo.
Ya es una opinión generalizada que
Trump fue empujado a
esta guerra por algo que conoce de él Benjamín Netanyahu, que podría estar
vinculado a los archivos Jeffrey Epstein, que, más allá de pedófilo y
posible antropófago de bebés, era agente del Mossad.
Trump prefirió ignorar los consejos de
sus asesores militares
y se lanzó detrás de las opiniones de su yerno, un vulgar
agente inmobiliario y sionista redomado, Jared Kushner.
Dos semanas y dos días después, la
foca gangosa no se
entera de que no era tan fácil provocar la caída del Gobierno
que, más allá de matar a un hombre, por importante que sea, nunca
deja es sencillo, es mucho más difícil conseguir levantar a un pueblo que se
sabe parte de razón milenaria.
Maneras de escapar de una guerra.
En este contexto surgen dos grandes
incógnitas, más allá
de si es cierto que Netanyahu esté muerto o no, porque hay
millones de sionistas dispuestos a seguir ejecutando sus doctrinas de
genocidios como única forma de gobierno. Las grandes dudas son los
muertos, no los iraníes; sabemos que serán muchos centenares
de miles al final del conflicto, más allá de que eso no cuente en
Occidente. Los muertos que realmente cuentan son los estadounidenses
que han sido sorprendidos en bases y embarcaciones de EE. UU. e
incluso en hoteles donde la urgencia de los misiles iraníes los obligó a
alojarse a lo largo de los países del Golfo. Y la otra gran incógnita
es cuándo los judíos han sido masacrados cada noche
o cada día, desde que su sistema defensivo es violado por la cohetería persa cada
vez con mayor facilidad.
Estos ocultamientos dan mayor entidad a los rumores que corren en las
redes, más allá de la censura establecida por Washington y
Tel Aviv, sobre que los daños, tanto en vidas humanas como
materiales, son extremadamente inusuales.
Mientras tanto los Estados Unidos y el
ente sionista están empezado a recibir ataque ya bien lejos del Golfo Pérsico, el día inmediato a los arteros
ataques contra Teherán de la Liga Epstein, contra
los consulados y embajadas norteamericanas en Karachi y Bagdad, a los
que luego se fueron escalonando acciones de poca intensidad contra
blancos de la Liga Epstein, (embajadas, consulados y sinagogas)
en Oslo, Rotterdam, Lieja, Toronto, Milán, Londres e incluso dentro de los Estados
Unidos como el ataque a un templo judío en Michigan
y hasta ahora solo el sospechoso incendio del jueves por la noche
en la planta química de La Porte, en el condado de Harris, Texas,
que fue extinguido sin provocar heridos, pero por lo que se ve en las
fotografías produjo una enorme cantidad de daños.
Durante las primeras horas se había
insistido acerca de la posibilidad de un atentado, de lo que, siguiendo el plan
de silencio, no se ha vuelto a mencionar esa posibilidad.
En este contexto, el frente interno de
la Liga Epstein ha
comenzado a dar muestras de debilitamiento. Se sabe que Trump se
ha dejado de comunicar con su socio Netanyahu, o con quien lo esté
sucediendo en el cargo, mientras se recompone de las heridas o resucita.
Mientras, hay evidencia de que en su círculo más estrecho algo también
sucede. Trump públicamente censuró los dichos de Marco Rubio,
nada menos que el secretario de Estado, acerca de que Washington
se involucró en la guerra presionado por Tel Aviv, volviendo con la
cantinela de la “amenaza era inminente”, mientras que
nadie ha podido mostrar un paper de inteligencia que vaya en esa
dirección. Al tiempo que el vicepresidente James Vence, que parecía
mucho más fanático que Trump hace días, comenzó un mutis por el foro
para no quedar demasiado encastrado por el desastre, estar presentable
para un posible enroque.
Mientras, en sus redes sociales Trump ha comenzado a responsabilizar a
otros publicando que se precipitó a la guerra siguiendo las opiniones
de Steve Witkoff, otro promotor inmobiliario, enviado junto a Jared
Kushner a manejar las negociaciones con Irán y del Secretario de
Guerra, Pete Hegseth, como un gerente que pudiera escapar de
la quiebra acusando la inoperancia de sus empleados.
Ese viaje al pobre Donald de recuerdo
solo le ha traído una guerra, que posiblemente hunda a su Gobierno y a él mismo y que, de no
terminar de inmediato, dañará de manera sustancial a su país, por lo
que terminará preso, arruinado o internado en un hospital psiquiátrico, siempre
absolutamente solo.
Guadi Calvo es escritor y periodista
argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia
Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC
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