viernes, 4 de abril de 2025

GOLPE EN EL CORAZÓN DE LA OTAN.

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“Desde la Unión Europea se ha optado por una reacción acotada y medida por la cautela, si bien la solidaridad con Dinamarca y Groenlandia es total. Ningún gobernante quiere tener a Trump como enemigo, y si bien el diálogo se da de manera fluida, con contactos intensos y casi diarios, es poco lo que logra visualizarse desde el exterior. Dentro de un paquete mínimo de medidas, hay algunas bajo análisis como las restricciones comerciales, los aranceles e incluso las sanciones hacia sectores específicos de la economía estadounidense. Pero, al menos por ahora, no existen coincidencias sobre una misma estrategia a seguir, y tampoco hay mecanismos dentro del bloque que convoque a los países a operar de manera unificada frente a este desafío mayúsculo. Con todo, la identidad europea se encuentra hoy abroquelada. Más difícil es la situación en el interior de la OTAN ya que los gobiernos que la componen podrían estar sujetos a solicitudes de asistencia contrapuestas tanto por parte de Dinamarca como de Estados Unidos: cualquiera de los dos podría invocar al famoso Artículo 5 para que el bloque actúe contra el otro. La controversia podría causar divisiones internas y erosionar la confianza entre sus miembros, más aún, si se toma en cuenta que el mismo país del que la OTAN ha dependido durante los últimos 75 años, es ahora el mismo frente al que se estaría requiriendo protección.

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Mette Frederiksen visitó Groenlandia. . Imagen: AFP

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GOLPE EN EL CORAZÓN DE LA OTAN.

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Por Daniel Kersffeld.

 

Fuente. Página /. 12 viernes 4 de abril del 2025

 

Tal parece que si la OTAN entra en una crisis estructural no será por enfrentarse con Rusia ni por combatir a China.

La Alianza Atlántica parece resquebrajarse por las disidencias internas, primero, ante el giro de Washington ante Moscú y por la estrategia que seguiría Europa en la defensa de Ucrania. Sin embargo, ahora las tensiones se han extremado con el interés de Estados Unidos por apropiarse de Groenlandia, territorio autónomo perteneciente a un aliado incuestionable: el reino de Dinamarca. 

Las intenciones del gobierno estadounidense no son nuevas: estuvieron presentes ya desde mediados del siglo XIX, y volvieron a cobrar vigencia durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Dinamarca fue sojuzgada por la Alemania nazi, y desde el Pentágono se ordenó una ocupación de hecho y la instalación de 17 bases militares en la isla. Durante la Guerra Fría la presencia estadounidense en Groenlandia se intensificó, no sólo por la movilización de personal (la base de Thule llegó a contar con más 10 mil técnicos), sino también por el establecimiento de un sistema de radares especializados en la detección temprana de misiles enviados desde la Unión Soviética.

Si en el anterior mandato presidencial de Donald Trump las apetencias sobre la isla volvieron a evidenciarse, en estos últimos meses se reactualizaron ya cuando el mandatario planteó que Estados Unidos necesitaba tomar el control de Groenlandia por “razones de seguridad nacional”.



Las tierras raras y los diversos metales existentes en el subsuelo de la isla, junto con su creciente peso geopolítico en el Ártico frente a la rivalidad contra China y Rusia justificarían, incluso, una acción militar para su toma, según la declaración presidencial que generó una alerta máxima, no sólo en Dinamarca sino en toda Europa.

En un segundo momento premeditado, el vicepresidente J. D. Vance viajó a la isla y desde allí acusó al gobierno danés de descuidar la infraestructura y el bienestar de sus comunidades. Apuntando nuevamente a la seguridad nacional, el segundo de la Casa Blanca concluyó en que lo “importante es que Estados Unidos tome el liderazgo en el Ártico”.

En el gobierno centrista de la actual primera ministra Mette Frederiksen, que lidera una amplia coalición de socialdemócratas, liberales y conservadores moderados, hoy imperan la confusión, la desconfianza y el desconcierto. Tal como lo expresó el anterior primer ministro Lars Lokke Rasmussen

“Así no se habla con los aliados cercanos. Y sigo considerando a Dinamarca y Estados Unidos como aliados cercanos”.

En tanto que, en sintonía con las directivas de la OTAN, el pasado 11 de febrero el Forsvarets Efterretningstjeneste (FE), la agencia de inteligencia y seguridad de Dinamarca, volvió a señalar a Rusia como la principal amenaza para la seguridad del país, pero también para la subsistencia de la Unión Europea. Una persistente y llamativa negación de la realidad que tiende a obviar cualquier implicación y consecuencia de la política de Washington frente a Groenlandia.

Como si se preparada para una guerra frente a un enemigo todavía sin definiciónCopenhague procedió a la compra inmediata de equipos para monitorear infraestructuras submarinas críticas y de varios cientos de minas navales. Inauguró una fábrica de drones militares, expresó su interés por adquirir 21 buques de patrullaje para su armada y cuatro buques especializados en protección ambiental, y declaró su intensión en formar parte de la Unidad Multinacional de la OTAN dedicada a la protección de buques cisterna. Todo ello, mientras el gobierno anunciaba un incremento histórico de más de 7 mil millones de dólares para equipar a las fuerzas armadas.



Una verdadera carrera armamentista incentivada por la desesperación y por los peores fantasmas, y que sustrae recursos a la creciente demanda social que se percibe en el escenario danés.

Desde la Unión Europea se ha optado por una reacción acotada y medida por la cautela, si bien la solidaridad con Dinamarca y Groenlandia es total. Ningún gobernante quiere tener a Trump como enemigo, y si bien el diálogo se da de manera fluida, con contactos intensos y casi diarios, es poco lo que logra visualizarse desde el exterior. Dentro de un paquete mínimo de medidas, hay algunas bajo análisis como las restricciones comerciales, los aranceles e incluso las sanciones hacia sectores específicos de la economía estadounidense.

Pero, al menos por ahora, no existen coincidencias sobre una misma estrategia a seguir, y tampoco hay mecanismos dentro del bloque que convoque a los países a operar de manera unificada frente a este desafío mayúsculo. Con todo, la identidad europea se encuentra hoy abroquelada.

Más difícil es la situación en el interior de la OTAN ya que los gobiernos que la componen podrían estar sujetos a solicitudes de asistencia contrapuestas tanto por parte de Dinamarca como de Estados Unidos: cualquiera de los dos podría invocar al famoso Artículo 5 para que el bloque actúe contra el otro. La controversia podría causar divisiones internas y erosionar la confianza entre sus miembros, más aún, si se toma en cuenta que el mismo país del que la OTAN ha dependido durante los últimos 75 años, es ahora el mismo frente al que se estaría requiriendo protección.

Ante este inédito escenario, la principal certeza entre los mandatarios europeos es que la apuesta de Trump por Groenlandia no tiene únicamente como objetivo a Dinamarca.

En el fondo, se trataría de una estrategia para debilitar al extremo a la OTAN, cuyo peso económico y militar resulta excesivo para los Estados Unidos, dispuestos hoy a entrar en conflicto con sus históricos aliados ante una nueva estrategia global y el rediseño de sus relaciones internacionales.

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jueves, 3 de abril de 2025

TU CAPACIDAD DE TRABAJO ES TAMBIÉN UNA MERCANCÍA.

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“El término «desempleo» tiene múltiples definiciones e interpretaciones. ¿Qué es, por tanto, el desempleo si lo observamos a través del prisma de la mercancía? Es un exceso de oferta de fuerza de trabajo. En otras palabras, en una sociedad capitalista dada, el desempleo existirá en ella cuando la oferta de fuerza de trabajo exceda su demanda; es decir, cuando exceda las necesidades del capital de cara a su valorización o fructificación. A excepción de en algunos ramos productivos y de manera temporal, lo usual (y deseable desde el punto de vista de los intereses del capital) en el modo de producción capitalista es que exista desempleo, esto es, una mayor oferta que demanda de fuerza de trabajo. Cuanto mayor sea la diferencia entre su oferta y su demanda, mayor será el así denominado por Karl Marx «ejército industrial de reserva». En tales condiciones, la clase trabajadora, que ha de vender su mercancía fuerza de trabajo en pos de su subsistencia, se encuentra en una peor posición negociadora en relación con su salario (precio de la fuerza de trabajo) con respecto a la clase capitalista que explota dicha mercancía. En un escenario de exceso de oferta de fuerza de trabajo, los trabajadores entran en competencia entre sí con el fin de realizar en el mercado su mercancía fuerza de trabajo, lo que implica la aceptación de salarios más bien exiguos. Dicho de otro modo, a mayor (menor) desempleo, menor (mayor) precio de la fuerza de trabajo. ¿Te resulta familiar? Sí, se trata de la ley de la oferta y la demanda aplicada a la mercancía fuerza de trabajo.

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Fuentes: Rebelión.


TU CAPACIDAD DE TRABAJO ES TAMBIÉN UNA MERCANCÍA.

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Por Iván López Espejo | 03/04/2025 | Economía.


Fuentes Revista Rebelión jueves 3 de abril del 2025.

El sistema económico capitalista se caracteriza por ser el sistema de economía de mercado por antonomasia, ya que en él hasta la fuerza (capacidad) de trabajo es una mercancía. Las personas que no poseemos medios de producción ni percibimos ninguna clase de renta de suficiente magnitud, hemos de acudir al mercado laboral para, «libremente», vender nuestra fuerza de trabajo con el fin de poder adquirir los medios necesarios para la subsistencia.

Por si aún cupiese alguna duda de lo anterior, en este escrito constataremos empíricamente que la fuerza de trabajo es una mercancía más (eso sí, con la particularidad de que es capaz de generar valor). La ley de la oferta y la demanda, aun con sus limitaciones y controversias, opera exclusivamente en la esfera de las mercancías. Y, en tanto que mercancía, la fuerza de trabajo también se encuentra sometida a dicha ley.

La ley de la oferta y la demanda, la cual procura dar una explicación a la formación de los precios de mercado de las mercancías, se basa en tres postulados generales1) cuando la demanda (oferta) de una determinada mercancía excede la oferta (demanda), aumenta (disminuye) el precio de la misma, 2) cuando el precio de una determinada mercancía aumenta (disminuye), disminuye la demanda (oferta) y aumenta la oferta (demanda), y 3) el precio de una determinada mercancía tiende al nivel en el cual la oferta y la demanda se igualan. Siendo los tres postulados anteriores falsables, podemos afirmar desde este preciso instante que, si bien los dos primeros son en términos generales verificables, el tercero de ellos, que vendría a significar una suerte de autorregulación del mercado, es clara mentefalso.



El término «desempleo» tiene múltiples definiciones e interpretaciones. ¿Qué es, por tanto, el desempleo si lo observamos a través del prisma de la mercancía? Es un exceso de oferta de fuerza de trabajo. En otras palabras, en una sociedad capitalista dada, el desempleo existirá en ella cuando la oferta de fuerza de trabajo exceda su demanda; es decir, cuando exceda las necesidades del capital de cara a su valorización o fructificación.

A excepción de en algunos ramos productivos y de manera temporal, lo usual (y deseable desde el punto de vista de los intereses del capital) en el modo de producción capitalista es que exista desempleo, esto es, una mayor oferta que demanda de fuerza de trabajo. Cuanto mayor sea la diferencia entre su oferta y su demanda, mayor será el así denominado por Karl Marx «ejército industrial de reserva». En tales condiciones, la clase trabajadora, que ha de vender su mercancía fuerza de trabajo en pos de su subsistencia, se encuentra en una peor posición negociadora en relación con su salario (precio de la fuerza de trabajo) con respecto a la clase capitalista que explota dicha mercancía. En un escenario de exceso de oferta de fuerza de trabajo, los trabajadores entran en competencia entre sí con el fin de realizar en el mercado su mercancía fuerza de trabajo, lo que implica la aceptación de salarios más bien exiguos. Dicho de otro modo, a mayor (menor) desempleo, menor (mayor) precio de la fuerza de trabajo. ¿Teresulta familiar? Sí, se trata de la ley de la oferta y la demanda aplicada a la mercancía fuerza de trabajo.

A continuación, se constatará empíricamente la anterior discusión a partir de analizar el caso español. Para ello, se estudiará la relación existente entre la tasa de paro y la tasa de crecimiento salarial entre los años 1996 y 2022 (período para el cual se han podido obtener los datos requeridos).

En particular, los datos de la tasa de paro han sido obtenidos a través del Instituto Nacional de Estadística (INE). La tasa de paro se computa como la relación entre el número de individuos parados (P) y el total de miembros considerados activos (A) en la sociedad. Por un lado, el INE define «parados» como «las personas de 16 o más años que durante la semana de referencia» (es decir, la semana anterior a la realización de la entrevista correspondiente a la Encuesta de Población Activa)

«han estado sin trabajo, disponibles para trabajar y buscando activamente empleo» así como «las personas que ya han encontrado un trabajo y están a la espera de incorporarse a él, siempre que verifiquen las dos primeras condiciones». Por otro lado, también el INE define «activos» como «aquellas personas de 16 o más años que, durante la semana de referencia, suministran mano de obra para la producción de bienes y servicios o están disponibles y en condiciones de incorporarse a dicha producción».



A su vez, los activos se dividen en ocupados (O) y parados, es decir, A=O+P. En definitiva, la tasa de paro, Tp, se calcula como

Tp = P / A = (A – O) / A.

Dado que la categoría de ocupados O también incluye a los trabajadores por cuenta propia (esto es, empleadores, empresarios sin asalariados y trabajadores independientes), el total de ocupados puede ser interpretado como una sobreestimación de la demanda de fuerza de trabajo. Siendo los activos A una sobreestimación de la oferta de fuerza de trabajo (dado que A=O+P), la tasa de paro Tp es una subestimación de la oferta menos la demanda de fuerza de trabajo (cuyas sobreestimaciones quedan compensadas) normalizada por la oferta de esta mercancía. En consecuencia y por lo general, de acuerdo con la ley de la oferta y la demanda, una mayor (menor) tasa de paro Tp (oferta menos demanda de fuerza de trabajo normalizada) estará vinculada a un menor (mayor) precio de la mercancía fuerza de trabajo (salario). El hecho de que la tasa de paro sea siempre mayor que cero en las sociedades capitalistas indica que la oferta menos la demanda de fuerza de trabajo es siempre positiva. En otras palabras, en las sociedades capitalistas, la mercancía fuerza de trabajo siempre opera a la derecha del precio de equilibrio, es decir, a la derecha del punto de corte de las curvas de oferta y demanda que son función de la cantidad de fuerza de trabajo. Este fenómeno, para nada azaroso, permite el pago generalizado de salarios más bajos, tal y como ya se argumentó anteriormente.

Para verificar esta discusión, a través de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) recopilamos datos de la así denominada compensación laboral por hora trabajada. Esta se define como la compensación a los empleados en moneda nacional dividida por el número total de horas trabajadas. Más en concreto, la compensación a los empleados es la suma de los salarios más las contribuciones de los empleadores a la Seguridad Social. Expresamos la compensación laboral por hora trabajada en términos de tasa de crecimiento anual. Así, de ahora en adelante, por simplicidad, nos referiremos a este indicador por el nombre de tasa de crecimiento salarial.


Figura 1. Tasas de paro y de crecimiento salarial, en porcentajes, para el caso español entre los años 1996 y 2022. Fuente: Elaboración propia a partir del INE y la OCDE.

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La Figura 1 representa las tasas de paro y de crecimiento salarial (en porcentajes) para el caso español entre los años 1996 y 2022. En ella podemos distinguir cuatro etapas principales más o menos diferenciadas. En primer lugar, el decrecimiento aproximadamente sostenido del desempleo hasta el estallido de la Gran Recesión viene acompañado de un aumento de la tasa de crecimiento salarial. Es entonces cuando, hasta el año 2013, la tasa de crecimiento salarial se desploma hasta llegar a ser negativa en algún momento (reducción del salario nominal promedio) como consecuencia del masivo aumento del desempleo. Aunque el alto desequilibrio entre la oferta y la demanda de fuerza de trabajo comienza a moderarse a partir del año 2013, su reflejo sobre la tasa de crecimiento salarial no empieza a tomar forma sino a partir del año 2017. Aquí debemos de tener en cuenta diversos factores como, por ejemplo, el hecho de que en la tasa de paro representada no se materializa la elevada precariedad laboral, la cual se traduce en contratos de un reducido número de horas y muy corta duración. Esto equivale a un incremento relativo de la tasa de paro que presiona a la baja sobre los salarios. Finalmente, el comportamiento algo brusco a partir del año 2020 puede ser explicado en el contexto de la crisis acentuada por la pandemia de COVID-19.

 


Figura 2. Realizaciones anuales (entre 1996 y 2022) de la tasa de crecimiento salarial como función de la tasa de paro (en porcentajes) y su ajuste lineal por mínimos cuadrados. Fuente: Elaboración propia a partir del INE y la OCDE

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La Figura 2 representa las realizaciones anuales (de nuevo, entre 1996 y 2022) de la tasa de crecimiento salarial como función de la tasa de paro, ambas en porcentajes. Además, se ha incluido un ajuste lineal por mínimos cuadrados de estas muestras tal que

Ts’(%)= –0,23515 × Tp’(%)+6,3224,

donde Ts’(%) y Tp’(%) son tasas porcentuales de crecimiento salarial y paro, respectivamente.

La gráfica de la Figura 2 nos ayuda a comprender mejor la relación existente entre la tasa de paro y la tasa de crecimiento salarial. Como se puede observar, la tendencia es clara: cuanto mayor es la tasa de paro, menor es la tasa de crecimiento salarial. Dada la pendiente negativa de la ecuación inmediatamente anterior y dado un coeficiente de correlación lineal de Pearson entre las variables bajo estudio de p=–0,62497, podemos afirmar que existe una correlación inversa fuerte entre las tasas de paro y de crecimiento salarial. En otras palabras, a partir del análisis del caso español, verificamos que cuanto mayor es la diferencia entre la oferta y la demanda de fuerza de trabajo, mayor es la moderación del crecimiento de su precio, esto es, mayor es el estancamiento del salario nominal, lo que típicamente conduce a una reducción del salario real. Así, en tanto que mercancía, verificamos que la fuerza de trabajo se somete a la conocida como ley de la oferta y la demanda, la cual, como dijimos, opera exclusivamente en la esfera de las mercancías.

En conclusión, el hecho de que la fuerza de trabajo sea una mercancía nos indica que no se puede garantizar el pleno empleo en el modo de producción capitalista salvo que la economía estuviese planificada. Sin embargo, la planificación económica entra en contradicción con la quintaesencia del máximo exponente de la economía de mercado: la libertad económica. En síntesis, no se puede (ni se desea, dado que tiene su utilidad para el capital) garantizar el pleno empleo en las sociedades capitalistas. Existen numerosas alternativas de cara a solucionar este problema de poderosas implicaciones materiales y el análisis de dichas opciones es de una gran complejidad, no siendo este el propósito del presente escrito. No obstante, considero que las mejores alternativas transitan por dejar de contemplar la fuerza de trabajo como una mercancía, algo que, en cualquier caso, sería negar el actual modo de producción capitalista.

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miércoles, 2 de abril de 2025

LA CRISIS DE LA HEGEMONÍA ESTADOUNIDENSE.

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“Es el monstruo que nace cuando el viejo mundo agoniza y el nuevo tarda en aparecer». El efecto más visible de una crisis de hegemonía, elemento de actualidad, es la aparición en todos los contextos de verdaderas relaciones de poder, en estado puro, no mediadas por la superestructura, y el retorno a la economía pura de los procesos sin narrativas de apoyo.

“Estas relaciones de poder pueden percibirse bien yendo más allá de las actividades del testaferro Trump y estudiando las actividades políticas del secretario del Departamento de Defensa, Pete Hegseth, del Departamento de Estado, Marco Rubio, y las declaraciones del vicepresidente J.D. Vance, que están construyendo una red de acuerdos bilaterales, reconstruyendo la fuerza perdida, empezando por la necesidad de distanciar a Rusia de China. En el fondo, de hecho, permanece lo que John Pilger definió, en un maravilloso y actual documental suyo, «la guerra que vendrá», una nueva fase en la que los objetivos de EE.UU. estarán ligados a la contención a toda costa de la globalización ganar-ganar china, con la relativa concentración de los recursos de poder en el cuadrante indo-pacífico. Esta fase de profunda crisis podría ser una excelente oportunidad para repensar la construcción ordoliberal [2] de Europa y su papel internacional.

“Es una lástima que unas clases dirigentes insensatas, diplomáticamente incapaces y desconectadas de las necesidades de las poblaciones, se hayan metido en un callejón sin salida que condena a Europa a la irrelevancia en las relaciones internacionales y del que parece que ahora sólo podremos salir -nos dicen- con las armas y una guerra contra el invasor ruso. Sin embargo, los militares en nuestro territorio son estadounidenses, no rusos, lo que nos recuerda el viejo dicho:  La oveja pasa toda la vida con miedo al lobo. Al final, quien se la come es el pastor. En fin, el antiguo y artificial miedo a ver a los cosacos beber en la Fontana di Trevi parece destinado a volver a estar de moda.

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LA CRISIS DE LA HEGEMONÍA ESTADOUNIDENSE.

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Comencemos por definir la crisis de hegemonía como la dimensión político-ideológica de una crisis orgánica, es decir, de una fase transitoria en la que la distancia de los aparatos y relatos ideológicos funcionales a una determinada estructura económica (superestructuras), llega a ser tan grande en comparación con la propia estructura económica, que no puede sostenerse.

Por. Michele Berti, La Fionda

Fuente. Jaque al Neoliberalismo- miércoles 2 de abril del 2025.

 

En estos meses, con la llegada de Trump, el concepto de imperialismo ha reaparecido con fuerza en el discurso público como un término comodín para interpretar la fase internacional actual. Al término se le han unido adjetivos como agresivo, cruel y despiadado.

En realidad, ninguno de los adjetivos que se utilizan consigue precisar y definir correctamente el concepto de imperialismo, que por definición siempre ha tenido esas características.

Pero ¿qué se entiende por imperialismo en sentido histórico y político?

La génesis del término hay que atribuirla a Hilferding aunque su uso generalizado se debe a la obra de Lenin que lo definió como la etapa monopolista del capitalismo, correspondiente a una formación social y económica marcada por una enorme concentración de la producción y del capital en clave monopolista, la fusión del capital bancario con el capital industrial en capital financiero gestionado por una reducida oligarquía financiera, un uso extensivo de la exportación de capitales y el reparto del mundo entre trusts internacionales.

El imperialismo norteamericano es pues esto, una formación económica y social que no puede adscribirse como etiqueta a un presidente, sino que es una configuración predispuesta a dominar el espacio de los demás con métodos convencionales y no convencionales, asumiendo el papel de líder con los aliados y de dominante con los adversarios.



Así, no hay imperialismo Trump o Biden, sino imperialismo estadounidense que, dependiendo de la fase, asume determinadas características en la gestión de la relación entre gobernantes y gobernados en las relaciones internacionales.

La dinámica, a la que se refieren los adjetivos unidos al término imperialismo, resultante de la discontinuidad presentada por la elección de Trump, puede ser interpretada, en cambio, de manera eficaz y coherente, con algunas categorías gramscianas como el concepto de hegemonía, crisis de hegemonía y crisis orgánica.

Gramsci, en los Cuadernos de la Cárcel, aplica sus estudios sobre la dialéctica y la interacción entre distintos, y logra desarrollar algunos razonamientos útiles para decodificar los acontecimientos de esta confusa fase histórica.

Comencemos por definir la crisis de hegemonía como la dimensión político-ideológica de una crisis orgánica, es decir, de una fase transitoria en la que la distancia de los aparatos y relatos ideológicos funcionales a una determinada estructura económica (superestructuras), llega a ser tan grande en comparación con la propia estructura económica, que no puede sostenerse. Por lo tanto, las superestructuras deben en algún momento volver a unirse a las estructuras económicas, precisamente a través de una crisis orgánica.

La crisis orgánica estadounidense tiene distintos orígenes y entrelaza varios niveles; podemos enumerar algunos de ellos sin ninguna pretensión de exhaustividad.



En el ámbito de la economía financiera se asiste ciertamente a un repliegue de Estados Unidos, que en los últimos años ha sacrificado la economía real en favor de las rentas y los beneficios financieros. La desdolarización, es decir, el proceso iniciado hace años de sustitución de la moneda estadounidense como moneda de reserva en muchos intercambios comerciales, y la explosión de la deuda estadounidense.

La división internacional del trabajo que ha llevado a China a superar el estatus de manufacturera mundial y asumir un papel central económicamente y como referencia para el Sur global.

La crisis de identidad de una superpotencia sin alter ego y el fracaso del proyecto de ‘sheriff global’ universal y unipolar.

La crisis social en curso en Estados Unidos con la división entre costas ricas y zonas continentales desindustrializadas y empobrecidas, dinámica bien ilustrada por el análisis geográfico de los resultados electorales de noviembre.



Todos estos elementos conducen a la fractura entre la narrativa del sueño americano y del ‘mejor de los mundos’, libre y democrático, pero estrictamente unipolar y supremacista, y la realidad de una creciente dificultad para sostener el esfuerzo económico a escala global en términos de herramientas de proyección de poder y de presencia militar generalizada.

Todo ello se ha convertido, desde un punto de vista político-ideológico, en una profunda crisis de hegemonía, es decir, una crisis de consenso a escala internacional, que mina la credibilidad y la autoridad de EEUU y le obliga cada vez más a utilizar la coerción para perseguir sus intereses nacionales.

Esta tendencia lleva años produciéndose, pero se aceleró con el inicio de la operación militar especial de Rusia en Ucrania en febrero de 2022 y ahora asistimos a lo que cada vez parece más un realineamiento estratégico a nivel mundial de cara al desafío de los próximos años con China.

Emerge la necesidad de una recalibración de las esferas de influencia de EEUU, con el posible repliegue a un área imperial continental, el continente americano, con una nueva y actualizada Doctrina Monroe a una escala geográfica adecuada en términos de recursos y materias primas, en la que entran Canadá, Groenlandia, Cuba y Venezuela.

El caso del Canal de Panamá también es interesante, ya que entra dentro de esta dinámica y demuestra, para aquellos que aún tengan alguna duda, que multinacionales como Blackrock son ante todo instrumentos del poder estadounidense y que el mito del 1% de las multinacionales contra el 99% del mundo es sólo un sudario con el que ocultar la dirección del imperialismo estadounidense.

La única excepción a este razonamiento, una novedad a estas alturas es el papel de Musk que, al haber logrado una superioridad indiscutible en el juego espacial, dispone de grados de libertad inéditos en el pasado.

Para ello es necesario conocer y comprender a fondo los instrumentos de poder de los intereses nacionales estadounidenses, codificados en numerosas publicaciones de doctrina militar. Se trata de los DIMEFIL o brazos del sistema de dominación estadounidense:

Diplomacia, Información, Militar, Económico, Financiero, Inteligencia y Aplicación de la Ley. A cada uno de estos instrumentos corresponde una estructura organizativa y unas referencias precisas, y todos ellos se coordinan eficazmente entre sí para alcanzar los objetivos e intereses nacionales de EEUU.

Entrando en los detalles del instrumento económico (definido en los manuales como “guerra económica” o “armas económicas”), los recortes a agencias como USAID o fundaciones como la NED (National Endowment for Democracy) son indicativos de la necesidad permanente de reorganización y amputan drásticamente la capacidad de poder blando estadounidense.

Los grandes presupuestos asignados a estos instrumentos proporcionaron financiación a ONG, periodistas en países extranjeros, activistas y “aparentemente” incluso a algunos grupos terroristas utilizados como “apoderados” o “sustitutos”.

El ataque a la USAID tiene sin duda un componente vinculado a la presencia de elementos del Estado profundo demócrata en estas estructuras, pero sin duda también está vinculado a la necesidad de reducir los costes de estas actividades de creación de consenso, porque ya no son sostenibles.

Cambiando el enfoque hacia Europa, el viejo continente se verá obligado a aceptar estas dinámicas inventando una autonomía y un “imperialismo europeo” tras setenta y cinco años de OTAN dirigida por Estados Unidos y su brazo económico, la UE. Podemos definir este deseo de imperialismo europeo como un «imperialismo de castillos en el aire», retórico y pasional, pero sin base económica y financiera, tal como Gramsci definió el imperialismo italiano con Crispi.



En Europa está claro que los «Intelectuales al servicio del poder» de la fase histórica pasada, empleados en la maquinaria del consenso, arriesgan sus carreras, y esto puede llevar a dinámicas muy peligrosas, vinculadas a la supervivencia de una clase dirigente política y mediática y a su reacción belicista y guerrerista.

El papel de nuestro país, protectorado de facto y alineado obligatoriamente con la nueva cúpula estadounidense, queda fuera de juego, demostrando la soberanía verdaderamente limitada a la que estamos sometidos desde 1945.

La península itálica, portaaviones en el Mediterráneo, es un lugar de absoluto interés militar (los B61-16 acaban de llegar a Aviano y Ghedi) y se mantendrá cerca en comparación con otros emplazamientos en el contexto de la OTAN.

La crisis de hegemonía, que representa la fractura entre gobernantes y gobernados también a nivel internacional, como afirma Gramsci, puede remontarse a dos razones principales:

El fracaso de un proyecto político sobre el cual la clase dirigente había pedido consenso y/o la irrupción en el escenario político de nuevas fuerzas.

Ciertamente el fracaso del mundo unipolar y de la integración europea entran dentro de la primera esfera, la emergencia de los BRICS, a los que todo el Sur global mira con esperanza, entra dentro de la segunda causa posible.

La solución a una crisis de hegemonía puede ser precisamente el advenimiento de “el hombre providencial”, un Trump que, sin embargo, en este razonamiento se convierte en la consecuencia y el producto de un proceso, no en un elemento extraño y exógeno al que se pueda achacar todo el mal.



Es el monstruo que nace cuando “el viejo mundo agoniza y el nuevo tarda en aparecer».

El efecto más visible de una crisis de hegemonía, elemento de actualidad, es la aparición en todos los contextos de verdaderas relaciones de poder, en estado puro, no mediadas por la superestructura, y el retorno a la economía pura de los procesos sin narrativas de apoyo.

Estas relaciones de poder pueden percibirse bien yendo más allá de las actividades del testaferro Trump y estudiando las actividades políticas del secretario del Departamento de Defensa, Pete Hegseth, del Departamento de Estado, Marco Rubio, y las declaraciones del vicepresidente J.D. Vance, que están construyendo una red de acuerdos bilaterales, reconstruyendo la fuerza perdida, empezando por la necesidad de distanciar a Rusia de China.

En el fondo, de hecho, permanece lo que John Pilger definió, en un maravilloso y actual documental suyo, «la guerra que vendrá», una nueva fase en la que los objetivos de EE.UU. estarán ligados a la contención a toda costa de la globalización ganar-ganar china, con la relativa concentración de los recursos de poder en el cuadrante indo-pacífico.

Esta fase de profunda crisis podría ser una excelente oportunidad para repensar la construcción ordoliberal [2] de Europa y su papel internacional.

Es una lástima que unas clases dirigentes insensatas,

diplomáticamente incapaces y desconectadas de las necesidades de las poblaciones, se hayan metido en un callejón sin salida que condena a Europa a la irrelevancia en las relaciones internacionales y del que parece que ahora sólo podremos salir -nos dicen- con las armas y una guerra contra el invasor ruso.

Sin embargo, los militares en nuestro territorio son estadounidenses, no rusos, lo que nos recuerda el viejo dicho:

La oveja pasa toda la vida con miedo al lobo. Al final, quien se la come es el pastor.

En fin, el antiguo y artificial miedo a ver a los cosacos beber en la Fontana di Trevi parece destinado a volver a estar de moda.

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