martes, 28 de julio de 2026

HUMANISMO LATINOAMERICANO Y SOCIALISMO.

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“El avance de las extremas derechas en América Latina aprovecha de las nuevas condiciones geopolíticas. Sus gobiernos, que representan a oligarquías empresariales, no tienen idea del humanismo latinoamericano. Incluso cuestionan las instituciones y derechos nacidos del liberalismo clásico, que en el siglo XIX implantó los derechos individuales -civiles y políticos-, y el contrabalanceo de las funciones del Estado. No tienen límites al afectar las democracias liberales, un fenómeno que diversos estudios centralizan en algunos gobiernos actuales, como en Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, El Salvador, Honduras o Paraguay, que están entre los que se unieron al “Escudo de las Américas” convocado por Donald Trump

“En la región predomina la construcción de economías basadas en las rentabilidades de grupos económicos -y dinásticos- que instrumentalizan la corrupción privada, la reducción del Estado, el saqueo a la naturaleza, la remisión y elusión tributaria y el redoblamiento de la explotación a todo tipo de trabajadores, gracias a la “flexibilidad” laboral. Se suma el nuevo e inédito fenómeno del crimen y la delincuencia organizada, para el cual el neoliberalismo no tiene respuestas, pues destruye capacidades del Estado para controlar las fuentes irregulares de la riqueza. Históricamente, por tanto, no tiene sentido acusar al marxismo, al “comunismo” y a todo tipo de izquierdas como las grandes “amenazas” del siglo XXI. La historia del humanismo latinoamericano lo desmiente. Y en la actualidad las confrontaciones contra el poder concentrado en élites ricas se mantienen, a pesar de las adversas condiciones que han creado las nuevas derechas latinoamericanas para la acción y movilización de los pueblos.

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Fuentes: Rebelión.

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HUMANISMO LATINOAMERICANO

Y SOCIALISMO.

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Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda | 28/07/2026 | América Latina y Caribe

Fuentes. Revista Rebelión martes 28 de julio del 2026.

El socialismo como teoría para la transformación del capitalismo nació en Europa del siglo XIX. Pero las ideas sobre equidad social, propiedad comunitaria, crítica a la acumulación de riqueza, bienestar colectivo y justicia social tienen una larga historia tanto en ese continente como en América Latina.

El primer elemento para considerar es la lucha de las clases dominadas contra la explotación. Levantamientos, rebeliones y revoluciones son ampliamente conocidos y estudiados desde la Edad Antigua, una de las fases de la cronología histórica eurocentrista. En América Latina esas luchas están bien marcados desde la época colonial, lo cual no descarta la existencia de conflictos sociales en las culturas aborígenes. En la época republicana de la región las constantes reacciones sociales contra las dominaciones oligárquicas están documentada. Pero es en el siglo XX, con el desarrollo del capitalismo, cuando se expresa, cada vez con mayor transparencia, la lucha de clases, en los términos que formulara Karl Marx.

Los procesos de lucha social fueron siempre los determinantes para el surgimiento de teorías que no solo los interpretaban, sino que buscaban solucionarlos. En la Antigüedad, el filósofo Platón, por ejemplo, imaginó una sociedad gobernada por los filósofos e incluso con abolición de la propiedad privada. En el cristianismo temprano, los Padres de la iglesia condenaron el dominio privado de los bienes, que, como la tierra, fueron entregados por Dios a todos los seres humanos y no a unos pocos. Durante la Edad Media y el Renacimiento surgieron pensadores que criticaron la desigualdad. Tomás Moro describió en su Utopía (1516) una isla sostenida en la propiedad colectiva, trabajo comunitario y sin dinero. Los distintos y tempranos socialismos utópicos de Saint Simon, Fourier y Owen en el siglo XIX constituyeron propuestas de solución al capitalismo de la primera revolución industrial.



Los procesos latinoamericanos, tan diferentes a los europeos, tuvieron su propio camino. Pese al brutal colonialismo implantado al iniciarse el siglo XVI, no se logró destruir la base comunitaria del ayllu incásico o del calpulli azteca. Y las misiones jesuitas guaraníes de los siglos XVII y XVIII mantuvieron sociedades comunitarias. Sin embargo, a partir del siglo XIX surgen pensadores que cuestionan severamente las herencias coloniales basadas en la explotación humana y las nuevas formas de opresión republicanas. Uno de los autores que ha incursionado en el estudio de las teorías sociales de la época republicana es el filósofo y profesor cubano Pablo Guadarrama, quien ha defendido la autenticidad y novedad de numerosos autores, cuyas concepciones no se reducen a “copiar” las ideas europeas. Fueron creadores de un pensamiento emancipador, humanista e incluso promarxista, entre otros: Simón Rodríguez (Venezuela), el maestro de Simón Bolívar; José Martí (Cuba), Juan Bautista Alberdi (Argentina), Manuel González Prada (Perú), Ignacio Ramírez “Nigromante” (México), Tobías Barreto (Brasil). Agreguemos al ecuatoriano Juan Montalvo. Todos ellos pusieron los cimientos de una larga tradición de humanismo latinoamericano que fundamenta el sentido de justicia social. Advirtieron la necesidad de cambiar las condiciones de vida material, potenciar la educación, realizar la justicia. Una “utopía teórica” sobre cuya riqueza se asentó el marxismo del siglo XX.

Durante el siglo XIX América Latina tuvo múltiples rebeliones campesinas e indígenas, así como de movimientos artesanos y mutuales. Con el siglo XX llegaron las huelgas y los sindicatos. El capitalismo avanzó sobre terribles masacres: Santa María de Iquique en Chile (1907), Cananea (1906) y Río Blanco (1907) en México, la Semana Trágica en Argentina (1919), la de Obreros en Guayaquil, Ecuador (1922), o las Bananeras en Colombia (1928). La primera campanada antisistema fue la Revolución Mexicana de 1910. Y para la época habían aparecido ideas indigenistas y agraristas, anarquistas, anarcosindicalistas, gremialistas e incluso católicas basadas en la doctrina social de la iglesia, que abiertamente denunciaron al capitalismo explotador y abogaban por una sociedad “socialista” o comunitaria, que aboliera la riqueza y la propiedad privada. En ese mismo contexto, la llegada del marxismo a la región y el nacimiento de los primeros partidos socialistas y comunistas, contribuyeron poderosamente a que las teorías basadas en el humanismo latinoamericano se enriquecieran con los fundamentos científicos que aportó el marxismo. En ese ambiente José Carlos Mariátegui (1894-1930) fue un renovador genial, al romper con los dogmas del marxismo “oficial” de la Unión Soviética y generar un avance marxista crucial, al encontrar en la comunidad indígena de los Andes y su sistema de propiedad colectiva una base real para la construcción de la nueva sociedad socialista y comunista.



Saltando hechos y tiempos, la Revolución Cubana de 1959 no surgió solo por la necesidad de liquidar el dominio oligárquico, la feroz dictadura de Fulgencio Batista y la presencia monroísta de los Estados Unidos, sino que se asentó en una historia latinoamericana que cultivó ideales igualitarios, humanistas, comunitaristas, obreristas y anticapitalistas de las épocas anteriores.  Y como se convirtió en ejemplo para la región, Cuba es el único país en el mundo que ha sufrido el peso de un bloqueo que dura más de seis décadas, un Estado que soporta en la actualidad un recrudecimiento total del mismo en medio de amenazas injerencistas, y que se ha visto impedido de lograr el desarrollo que esperaba. Ese estrangulamiento ha puesto en riesgo la vida de toda la población. Sin embargo, el Departamento de Estado de los EE. UU., guiado por la Doctrina Donroe del Corolario Trump, ha lanzado el documento “Cuba. La capital del comunismo del siglo XXI” (https://t.ly/htlih), que tergiversa y desconoce la historia latinoamericana, inaugura una nueva época de neomacartismo, y que resulta una amenaza para todas las izquierdas de la región.

El avance de las extremas derechas en América Latina aprovecha de las nuevas condiciones geopolíticas. Sus gobiernos, que representan a oligarquías empresariales, no tienen idea del humanismo latinoamericano. Incluso cuestionan las instituciones y derechos nacidos del liberalismo clásico, que en el siglo XIX implantó los derechos individuales -civiles y políticos-, y el contrabalanceo de las funciones del Estado. No tienen límites al afectar las democracias liberales, un fenómeno que diversos estudios centralizan en algunos gobiernos actuales, como en Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, El Salvador, Honduras o Paraguay, que están entre los que se unieron al “Escudo de las Américas” convocado por Donald Trump (https://t.ly/oHZZW).

En la región predomina la construcción de economías basadas en las rentabilidades de grupos económicos -y dinásticos- que instrumentalizan la corrupción privada, la reducción del Estado, el saqueo a la naturaleza, la remisión y elusión tributaria y el redoblamiento de la explotación a todo tipo de trabajadores, gracias a la “flexibilidad” laboral. Se suma el nuevo e inédito fenómeno del crimen y la delincuencia organizada, para el cual el neoliberalismo no tiene respuestas, pues destruye capacidades del Estado para controlar las fuentes irregulares de la riqueza.

Históricamente, por tanto, no tiene sentido acusar al marxismo, al “comunismo” y a todo tipo de izquierdas como las grandes “amenazas” del siglo XXI. La historia del humanismo latinoamericano lo desmiente. Y en la actualidad las confrontaciones contra el poder concentrado en élites ricas se mantienen, a pesar de las adversas condiciones que han creado las nuevas derechas latinoamericanas para la acción y movilización de los pueblos.

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lunes, 27 de julio de 2026

EL LARGO ADIÓS AL DÓLAR ESTADOUNIDENSE.

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“El dinero es el eje central de todo en nuestro mundo porque gran parte de la vida se ha mercantilizado y se ha sometido a la disciplina del mercado capitalista. El agua se embotella y el aire se acondiciona, mientras que la nostalgia por el trueque permanece al margen de todas las negociaciones. El dólar se cierne sobre nosotros, y detrás de él se encuentra el vasto arsenal militar de Estados Unidos y la voluntad política de usar esa fuerza para defender su moneda. Cuando Washington Irving escribió sobre “el dólar todopoderoso” en La aldea criolla (1837), la frase era prematura. En nuestra época ha llegado a sentirse casi natural. La riqueza de los países del Sur Global ricos en recursos sale en dólares y regresa en forma de deuda, mientras que las ciudades irreales del dinero como Londres y Nueva York resplandecen con la riqueza social del mundo. Pero hay un estremecimiento aquí y allá, como indica nuestro dossier. No queremos exagerar la realidad de la desdolarización. Queremos mostrar cómo el régimen del dólar sigue operando hoy, cómo se ha debilitado y por qué permanece estructuralmente intacto.

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Fuentes: Instituto Tricontinental de Investigación Social - Imagen: Mark Wagner (Estados Unidos), "Fit for a King" (A la altura de un rey), s.f.

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EL LARGO ADIÓS AL DÓLAR ESTADOUNIDENSE.

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Por Vijay Prashad | 27/07/2026 | EconomíaEE.UU.

Fuente, Revista Rebelión lunes 27 de julio del 2026.

El dólar puede parecer una moneda neutral, pero en realidad es una forma de poder imperial que disciplina economías, financia guerras y obliga al Sur Global a costear su propia subordinación.

Queridas amigas y amigos,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Hay momentos en la historia en los que un sistema parece tan completo que cuesta imaginar su fin. Cuando Gran Bretaña “dominaba los mares”, en gran parte del mundo se consideraba que la libra esterlina no era simplemente una moneda, sino el lenguaje natural del comercio en sí mismo. Desde mediados del siglo XX, Estados Unidos ha hablado del dólar estadounidense de manera muy similar. Escribiendo en 1980, en medio de la crisis del orden post-Bretton Woods, el economista argentino Raúl Prebisch observó que “en Estados Unidos imperaba la ilusión del dólar todopoderoso”. Sin embargo, para entonces no se trataba solo de una ilusión estadounidense. El dólar ya se había convertido en la principal moneda de reserva del mundo y en la divisa dominante del comercio internacional. Ahora esa ilusión ha comenzado, lenta y desigual, a desmoronarse.

Nuestro último dossier, La arquitectura del poder: el dólar, la financiarización y la lucha por la soberanía, muestra que el dólar no es meramente dinero, sino una institución de poder imperialista. El sistema del dólar organiza el comercio, determina el acceso al crédito, disciplina a los gobiernos, financia la guerra y reproduce una jerarquía entre el Norte Global y el Sur Global. El debate sobre el dólar no es, por lo tanto, una cuestión de preferir una moneda a otra, el dólar sobre el renminbi (RMB) o el euro, sino de si la humanidad puede construir un orden monetario internacional que sirva al desarrollo en lugar de a la dominación.

La tentación en los últimos años ha sido responder a esta pregunta de manera demasiado precipitada. Cada acuerdo bilateral liquidado en RMB en lugar de dólares, cada anuncio de los BRICS+ sobre comercio en monedas locales, cada aumento de las compras de oro por parte de los bancos centrales ha sido saludado con declaraciones de que la desdolarización ha llegado. Los titulares son seductores, pero la realidad es considerablemente más compleja. Una de las grandes fortalezas de nuestro dossier es su negativa a confundir el deseo político con la realidad económica.

Al mismo tiempo, algo profundo ha cambiado. Estados Unidos ha transformado cada vez más el dólar, de ser un instrumento de intercambio a una herramienta de coerción. Las sanciones financieras, el congelamiento de reservas soberanas, la exclusión de los sistemas de pago y la militarización de las finanzas internacionales han demostrado a los gobiernos de todo el Sur Global que la dependencia del dólar conlleva crecientes riesgos políticos. Cuando aproximadamente la mitad de las reservas de divisas de Rusia fueron congeladas, muchos ministerios de finanzas en todo el mundo se hicieron en silencio una pregunta que antes parecía casi inimaginable: si esto puede pasarle a Rusia, ¿por qué no a nosotros? El dólar, antes presentado como políticamente neutral, ha revelado estar profundamente incrustado en los objetivos estratégicos de Estados Unidos.

 


Sir Grayson Perry (Reino Unido), Comfort Blanket [Manta de consuelo], 2014.

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El dólar sigue dominando la economía mundial no porque Estados Unidos produzca la mayor parte de los bienes del mundo, que no es así, ni porque represente la mayor parte del comercio mundial, que tampoco es así. En realidad, el dólar domina la economía mundial porque el sistema financiero internacional se articula en torno a él y porque los mercados construidos a lo largo de generaciones producen inmensos efectos de red. Las monedas de reserva no pueden reducirse a medios de intercambio. También son reservas de valor, unidades de cuenta, mecanismos de liquidación y los cimientos sobre los que se construyen vastos mercados financieros. Los gobiernos tienen dólares porque otros gobiernos los usan y los bancos prestan en dólares porque los prestatarios esperan devolverlos en esa moneda. Como demuestra cuidadosamente el dossier, el dólar sigue representando la mayor parte de la fijación de precios de las materias primas, las transacciones de divisas, las reservas oficiales y el financiamiento del comercio, aunque el peso económico relativo de EE. UU. haya disminuido constantemente. Esta contradicción, entre el menguante peso productivo de Estados Unidos y el papel central que sigue desempeñando el dólar, es lo que otorga urgencia al debate sobre la desdolarización.

Si bien gran parte del dinamismo industrial del siglo XXI se concentra ahora en Asia más que en el Atlántico Norte, las finanzas siguen organizadas en torno a Wall Street. La producción y las finanzas operan en distintas regiones geográficas y esa divergencia no puede resolverse automáticamente. La apertura de una bóveda de oro en Hong Kong, por ejemplo, demuestra la rápida expansión de la infraestructura de almacenamiento y comercio de lingotes en Asia, pero esos avances no crean por sí mismos un nuevo orden monetario. Gran Bretaña siguió siendo el centro financiero del mundo mucho después de que su supremacía industrial se erosionara, y del mismo modo EE. UU. sigue gozando del “privilegio desmesurado” mediante el uso global del dólar mucho después de que su participación en la manufactura se haya desplomado. La pregunta decisiva no es si el sistema del dólar está en declive (lo está), sino qué podría reemplazarlo de manera realista.

Sin embargo, la transición más allá del dólar no dependerá solo de cambios económicos, sino también de la innovación y construcción institucional. En su reciente artículo “Geopolitics and International Money – A Path to a New Reserve Currency” [Geopolítica y dinero internacional: un camino hacia una nueva moneda de reserva], el exdirector ejecutivo del Fondo Monetario Internacional y exvicepresidente del Nuevo Banco de Desarrollo, Paulo Nogueira Batista, Jr., plantea la pregunta:

 ¿qué arquitectura institucional se requeriría para construir una alternativa al sistema del dólar? Nogueira Batista sostiene que el RMB no reemplazará simplemente al dólar, lo que no sería ni probable ni deseable.

El gobierno chino tiene poco interés en tal movimiento porque exigiría una liberalización mucho mayor de la cuenta de capital, permitiendo que el capital entre y salga de China con mayor libertad. Esto podría exponer al país a flujos financieros desestabilizadores, elevar el valor del RMB, encarecer las exportaciones chinas y debilitar precisamente las ventajas productivas que han hecho posible el desarrollo de China. El economista chino Yu Yongding ha presentado importantes propuestas para expandir el uso internacional del RMB, incluso en el contexto de los debates de los BRICS+ sobre la desdolarización. Sin embargo, incluso estas propuestas no sugieren reemplazar la hegemonía monetaria estadounidense por la hegemonía monetaria china.



A lo largo de la última década, los sistemas bilaterales y multilaterales de liquidación de divisas se han expandido rápidamente. Estos incluyen: el Sistema de Transmisión de Mensajes Financieros de Rusia (SPFS por su sigla en inglés), desarrollado en 2014; el Sistema de Pago Interbancario Transfronterizo de China (CIPS por su sigla en inglés), puesto en marcha en 2015; marcos de liquidación en monedas locales como el acuerdo entre Indonesia, Malasia y Tailandia establecido en 2018; acuerdos de bancos centrales que permiten a los países acceder a las divisas de otros en momentos de necesidad y cuentas especializadas, como las cuentas K de Gazprombank, que permiten que ciertos pagos transfronterizos eludan los canales basados en el dólar. Aunque estos instrumentos aún no han reemplazado al sistema del dólar, son parte de la infraestructura a partir de la cual podría surgir un nuevo orden financiero.

Nogueira Batista presenta un plan más ambicioso de construcción gradual y colectiva de un nuevo activo de reserva por parte de una coalición de países del Sur Global, respaldado por una nueva institución internacional y diseñado exclusivamente para liquidaciones internacionales y tenencias de reservas, no para la circulación doméstica. Tal moneda no aboliría las monedas nacionales, pero funcionaría como un instrumento de reserva común capaz de reducir la dependencia del dólar. Como sostiene nuestro dossier, la importancia de las alternativas institucionales al dólar no reside en el reemplazo inmediato de un marco monetario por otro, sino en la construcción de infraestructuras duraderas capaces de potenciar la emancipación de la humanidad.

No obstante, las instituciones por sí solas no agotan la cuestión más profunda. El debilitamiento del orden centrado en el dólar plantea un problema mayor que el diseño de una nueva moneda de reserva o una arquitectura de pagos diferente. El principal problema no es solo monetario, sino de desarrollo. Las instituciones que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial organizaron las finanzas globales en torno a la protección de la riqueza más que a la transformación de la producción, fomentando la especulación mientras restringían la industrialización en gran parte del mundo antes colonizado. Un nuevo orden monetario debe ser juzgado, por lo tanto, no solo por la estabilidad del tipo de cambio, sino por su capacidad para financiar la transformación estructural, la actualización tecnológica, la soberanía alimentaria, la transición ecológica y el empleo digno. Los controles de capital, los bancos de desarrollo, los sistemas de pago y los activos de reserva deben servir para expandir las capacidades productivas en lugar de acumular activos financieros. En este sentido, el sucesor del régimen del dólar no puede simplemente reemplazar una moneda internacional por otra. Debe integrar las finanzas dentro de una arquitectura más amplia del desarrollo, de modo que la cooperación monetaria se convierta en un instrumento para la prosperidad compartida, el desarrollo soberano y la reducción de la desigualdad global.

El dinero es el eje central de todo en nuestro mundo porque gran parte de la vida se ha mercantilizado y se ha sometido a la disciplina del mercado capitalista. El agua se embotella y el aire se acondiciona, mientras que la nostalgia por el trueque permanece al margen de todas las negociaciones. El dólar se cierne sobre nosotros, y detrás de él se encuentra el vasto arsenal militar de Estados Unidos y la voluntad política de usar esa fuerza para defender su moneda. Cuando Washington Irving escribió sobre “el dólar todopoderoso” en La aldea criolla (1837), la frase era prematura. En nuestra época ha llegado a sentirse casi natural. La riqueza de los países del Sur Global ricos en recursos sale en dólares y regresa en forma de deuda, mientras que las ciudades irreales del dinero como Londres y Nueva York resplandecen con la riqueza social del mundo.

Pero hay un estremecimiento aquí y allá, como indica nuestro dossier. No queremos exagerar la realidad de la desdolarización. Queremos mostrar cómo el régimen del dólar sigue operando hoy, cómo se ha debilitado y por qué permanece estructuralmente intacto.

Cordialmente,

Vijay

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domingo, 26 de julio de 2026

CAMBIO DE MANDO SIN CAMBIO: UNA MEMORIA DEL PRESENTE. POR CECILIA MÉNDEZ.

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¿Cómo perder un país? No tengo la respuesta. Solo tristeza, y la sensación de “estar perdiendo un país”, ¿cómo lo expresó la escritora turca Ece Temelkuran en ‘How do lose a country? The siete Steps from Democracy to Fascism' (The Canons, 2024). Porque, aunque a muchos les incomode el término fascismo y minimicen el grado de descomposición moral y política que vivimos, el Perú no es una isla y exhibe varios de los signos que Temelkuran asocia con la pérdida de la democracia, camino al fascismo. La impunidad estructural y la instrumentalización de las fuerzas de seguridad para ejercer violencia contra los ciudadanos en virtual calidad de inimputables, es uno de los más, si no el más, preocupante

"En una reciente entrevista con el periodista Chris Hedges, Temelkuran dijo que cuando perdemos la democracia “perdemos muchas otras cosas, sobre todo la dignidad humana, y ese es el principal problema de la política de este siglo. Creo que tenemos que volver a situar la dignidad humana en el centro”, afirmó. Coincido, y pienso en ese otro artículo olvidado, esta vez, el 1 de la Constitución vigente: “La defensa de la persona humana y el respeto a su dignidad son el fin supremo de la sociedad y el Estado”. El Congreso no lo tocó, tal vez porque pensó que era letra muerta. De seguirse ignorando, “democracia” seguirá siendo una palabra hueca.

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CAMBIO DE MANDO SIN CAMBIO: UNA MEMORIA DEL PRESENTE.

POR CECILIA MÉNDEZ.

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Porque aunque a muchos les incomode el término “fascismo” y minimicen el grado de descomposición moral y política que vivimos, el Perú no es una isla y exhibe varios de los signos que Temelkuran asocia con la pérdida de la democracia, camino al fascismo.

Por Cecilia Méndez.

Doctora en Historia*

Fuente La República domingo 26 de julio del 2026.

Es julio, “el mes de la patria”. El del aniversario de la independencia.  “Independencia” remite al sentido fundacional de la soberanía nacional, pero hoy suena hueco. Porque, mientras este 28 conmemoramos un año más de que nuestros antepasados juraron

“sostener y defender con su opinión, persona y propiedades, la independencia del Perú del gobierno español y de cualquiera otra dominación extranjera”, asumirá la presidencia K. Fujimori, a quien no es fácil asociar con los valores de este juramento.

El juramento de la independencia fue un ritual cívico que realizaron muchos pueblos del Perú antes de que San Martín proclamara la independencia en Lima; muchos otros pueblos lo continuaron haciendo después. Y aunque se trata de un juramento olvidado, para San Martín fue crucial:  era lo que validaba su proclama independentista, que se realizaba por “la voluntad general de los pueblos”. Una versión del juramento pasó a ser parte de nuestra segunda Constitución republicana, la de 1834, cuyo artículo primero dice:

“La nación peruana es independiente; y no puede ser patrimonio de persona o familia alguna”.  


 

En anteriores oportunidades he planteado (siempre fuera de moda…), que la independencia del Perú debe entenderse como una revolución, tal como la experimentaron sus contemporáneos y artífices. Una revolución política y jurídica, radical para su tiempo y —temo decirlo— más aún para el nuestro, en que el propio término revolución no está más en el horizonte de lo pensable.  

La incongruencia entre el país (¿post?) neoliberal de hoy y el ideal de su fundación republicana no puede ser mayor. En tres décadas de neoliberalismo, el mercado desplazó a la historia como fuente de identidad colectiva y el país se convirtió en una marca. Pero es necesario incidir en la historia que tuvimos, que tenemos, porque en el intento de reescribirla se librarán muchas batallas políticas. Por ello, creo más necesario que nunca rescatar de la historia lo que el dogma neoliberal prefirió que olvidáramos:  la historia de nuestros derechos políticos y ciudadanos... Por ejemplo, el que nuestra primera constitución republicana, de 1823, ya incorporaba la igualdad ante la ley en el capítulo de garantías constitucionales, en clara ruptura con la legislación colonial. 

Dictadura parlamentaria.

Si bien estos principios han sido burlados sistemáticamente a lo largo de dos siglos de vida republicana, creo que el régimen que se inicia con la vacancia irregular de Castillo el 7 de diciembre de 2022 y llega a su fin en unos días, será considerado uno de los más corrosivos a este respecto.  Y no será fácil para la señora Fujimori desvincularse de él, ni de su origen espurio, porque fue su propio vicepresidente, 'Miki' Torres, quien confesó, a modo de alarde, que el Congreso, la Fiscalía y medios, conjuntamente depusieron a Castillo. En sus palabras:

“Sacar al señor Castillo no fue sencillo. Claro, van a decir: ‘No, se sacó solo’. No fue así. Los periodistas lo hicieron, el Congreso también lo hizo, el Ministerio Público también lo hizo. O sea, fue verdaderamente una suma de esfuerzos para que ese señor se vaya”. Es decir, si bien Castillo quiso dar un golpe, el golpe se lo terminó dando a él un Congreso dominado por el fujimorismo, que desde entonces ha gobernado el país vía presidentes títere.



 Tampoco le será fácil a Fujimori desasociarse de la masacre de 50 peruanos con la que se inauguró el régimen parlamentario que tuvo en Boluarte a su primera presidenta títere, porque, siendo la responsable política de estos crímenes, su bancada Fuerza Popular blindó siete veces de la vacancia; ni de la captura de los poderes del Estado e instituciones claves para el sistema de justicia,  como Fiscalía, TC,  JNJ, Defensoría del Pueblo, de las que Fujimori y sus coacusados se beneficiaron directamente cuando el TC anuló inconstitucionalmente su juicio en curso por lavado de activos. Luego vinieron el hostigamiento, acusaciones y remoción arbitraria de jueces y fiscales que investigaban casos que involucraban al fujimorismo y aliados, mientras los organismos tomados reponían a jueces y fiscales comprometidos con la red criminal Los Cuellos Blancos. ¡Un verdadero mundo al revés!

Más allá del ámbito judicial, la nueva arquitectura legal creada por el régimencon sus 12 leyes proimpunidad, persiguió un control político cerrado a futuro.  Arrogándose poderes constituyentes para los que no fue elegido, el Congreso alteró, a puerta cerrada, el 57%, de la Constitución, modificando la propia estructura del sistema representativo y las reglas de juego del sistema electoral, sobrepasando sus atribuciones. Llamarlo dictadura parlamentaria no es hipérbole. 

Y siendo su obra reprensible, la más alarmante de todas las leyes que urdió es la que permite que policías y militares puedan ser juzgados por crímenes comunes en tribunales militares y policiales, lo que nos revierte al tiempo de los fueros coloniales y la “sociedad de castas”, donde las penas no se daban tanto en función del delito, sino de quién lo cometía. Una reversión de más 200 años del principio de igualdad jurídica con el que se fundó la república. 

Cabe entonces preguntarse

¿por qué, si más del 90 % de peruanos desaprobaba a un Congreso que perpetró las iniquidades que conocemos, el país terminó llevando a la presidencia a quien estuvo detrás de todo esto?

¿Qué le hace a un país elegir a su propio verdugo de presidente?


Dra. Cecilia Méndez.
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¿Cómo perder un país?

No tengo la respuesta. Solo tristeza, y la sensación de “estar perdiendo un país”, ¿cómo lo expresó la escritora turca Ece Temelkuran en ‘How do lose a country? The siete Steps from Democracy to Fascism' (The Canons, 2024). Porque, aunque a muchos les incomode el término fascismo y minimicen el grado de descomposición moral y política que vivimos, el Perú no es una isla y exhibe varios de los signos que Temelkuran asocia con la pérdida de la democracia, camino al fascismo. La impunidad estructural y la instrumentalización de las fuerzas de seguridad para ejercer violencia contra los ciudadanos en virtual calidad de inimputables, es uno de los más, si no el más, preocupante

En una reciente entrevista con el periodista Chris Hedges, Temelkuran dijo que cuando perdemos la democracia

“perdemos muchas otras cosas, sobre todo la dignidad humana, y ese es el principal problema de la política de este siglo. Creo que tenemos que volver a situar la dignidad humana en el centro”, afirmó. Coincido, y pienso en ese otro artículo olvidado, esta vez, el 1 de la Constitución vigente: “La defensa de la persona humana y el respeto a su dignidad son el fin supremo de la sociedad y el Estado”. El Congreso no lo tocó, tal vez porque pensó que era letra muerta. De seguirse ignorando, “democracia” seguirá siendo una palabra hueca.

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*Historiadora y profesora principal en la Univ. de California, Santa Bárbara. Doctora en Historia por la Universidad del Estado de Nueva York, con estancia posdoctoral en la Univ. de Yale. Ha sido profesora invitada en la Escuela de Altos Estudios de París y profesora asociada en la UNSCH, Ayacucho. Autora de La república plebeya, entre otros.

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sábado, 25 de julio de 2026

TERRORISMO DE IZQUIERDA Y SANTA INQUISICIÓN NEW AGE.

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"Todo intento por clausurar el pensamiento crítico alimenta nuevas preguntas acerca del origen de las prohibiciones. La censura revela aquello que procura ocultar. Y tal persecución intelectual confirma la fragilidad de un orden incapaz de sostenerse mediante razones compartidas. El conflicto entre trabajo y capital reaparece entonces bajo formas renovadas porque pertenece a la organización material de la producción y no a la voluntad subjetiva de propagandistas o gobernantes.  Una defensa auténtica de la dignidad humana exige rechazar toda inquisición contemporánea, cualquiera que sea el vocabulario empleado para legitimarla. El pensamiento crítico constituye patrimonio universal porque permite reconocer vínculos entre experiencia individual y estructura histórica, entre sufrimiento cotidiano y organización económica, entre cultura y poder. Reducir esa capacidad a una etiqueta criminal como “terrorismo de izquierda” representa un ataque contra la inteligencia colectiva antes que contra una corriente política determinada. La emancipación intelectual comienza allí donde el lenguaje recupera precisión, la investigación recobra autonomía y la conciencia revolucionada descubre que la historia permanece abierta mientras existan mujeres y hombres dispuestos a comprenderla para transformarla.

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Marco Rubio ha recurrido al discurso del “terrorismo de izquierda” para señalar expresiones críticas al orden político y económico. Foto Afp.

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TERRORISMO DE IZQUIERDA Y SANTA INQUISICIÓN NEW AGE.

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El pensamiento crítico constituye patrimonio universal porque permite reconocer vínculos entre experiencia individual y estructura histórica, entre sufrimiento cotidiano y organización económica, entre cultura y poder.

Por Fernando Buen Abad Domínguez *

Fuente. La Jornada sábado 25 de julio del 2026.

Cada ciclo del desarrollo imperial estadunidense fabrica vocabularios destinados a convertir conflictos históricos en anomalías rebeldes. 

Hoy, la expresión “terrorismo de izquierda”, empleada como categoría política indiscriminada, participa de esa operación al fundir experiencias, procesos, tradiciones intelectuales y luchas sociales heterogéneas dentro de una misma “nueva” figura criminal. Esa emboscada no persigue precisión conceptual. Aspira a cancelar la inteligibilidad del conflicto mediante una distorsión ideológica que sustituye el examen de las causas por la condena preventiva de cualquier impugnación al orden dominante. Cuando un representante del poder estatal convierte esa fórmula en instrumento diplomático o jurídico, la controversia deja de pertenecer al terreno de las ideas para ingresar en un dispositivo de disciplina miento belicista donde la sospecha precede a la evidencia y la obediencia adquiere rango de virtud cívica. La historia demuestra que toda inquisición comienza con una redefinición del lenguaje. 

Aquella Santa Inquisición fue una institución creada por la Iglesia católica durante la Edad Media con el propósito de investigar y sancionar la herejía, entendida como cualquier creencia o práctica que se apartara de la doctrina oficial. Existieron diferentes tribunales inquisitoriales en varios países; los más conocidos fueron la Inquisición española, establecida en 1478, la portuguesa y la romana. Para ello, los tribunales recibían denuncias, investigaban a los acusados y llevaban a cabo procesos judiciales. Se empleó la tortura como método de interrogatorio y las sanciones podían incluir penitencias, multas, confiscación de bienes, prisión e incluso la entrega del condenado a las autoridades civiles para la aplicación de la pena de muerte. 



Toda palabra despojada de complejidad dialéctico-histórica reduce el horizonte del pensamiento y amplía la discrecionalidad del castigo. La acusación remplaza al argumento. El expediente desplaza a la investigación. La lealtad al imperio ocupa el lugar reservado al conocimiento. Bajo esa arquitectura, universidades, sindicatos, centros culturales, periodistas, científicos y organizaciones populares quedan sometidos a una vigilancia que transforma la discrepancia en amenaza existencial. El resultado consiste en una pedagogía del miedo cuya eficacia depende menos de la represión abierta que de la normalización cotidiana de la autocensura.

Marco Rubio ha recurrido con frecuencia a ese repertorio discursivo para presentar cualquier cuestionamiento estructural al capitalismo como expresión de radicalismo comunista amenazante. Puesta la mira contra México y contra Cuba especialmente. La estrategia responde a una lógica geopolítica que convierte diferencias económicas y demandas populares en problemas de seguridad nacional. Desaparece la explotación y el plus producto como categoría analítica. Desaparecen las relaciones sociales que producen desigualdad. Desaparecen las contradicciones entre capital y trabajo. Permanece únicamente un enemigo abstracto cuya existencia justificaría mecanismos extraordinarios de vigilancia, represión, sanción y exclusión. Aquello que debería discutirse mediante evidencia histórica termina administrado mediante categorías policiales.

Una operación semejante invierte el orden racional de la investigación social. Ninguna sociedad debería ser acosada cognitivamente mediante ideologías burguesas. 

Las transformaciones históricas nacen de la lucha de clases y de los conflictos materiales en las relaciones verificables, de formas específicas de apropiación de la riqueza, de distribuciones desiguales del poder y de disputas permanentes por el control del trabajo humano. Negar esa dinámica equivale a borrar el fundamento mismo de su historia. Y la conciencia de clase emerge precisamente cuando los individuos reconocen que los intereses privados se infiltran como conciencia colectiva para la dominación y así descubren que el sufrimiento perenne posee raíces históricas.

La criminalización del pensamiento crítico intenta impedir ese reconocimiento.

Siempre que la pobreza aparece desconectada de la concentración de la riqueza, y que la precarización laboral se explica mediante fracasos individuales; siempre que la desigualdad adquiere apariencia de fenómeno natural, el conflicto estructural de clase se disfraza tras una narrativa moralizante. Las mayorías dejan de percibirse como sujetos históricos para contemplarse únicamente como administradoras aisladas de dificultades personales. La fragmentación constituye entonces una forma de gobierno mucho más eficiente que la coerción permanente.



Una tradición humanista crítica nos recuerda que ninguna libertad florece donde el miedo organiza el conocimiento. La investigación científica exige contraste de hipótesis, crítica sistemática, revisión permanente de evidencias y apertura intelectual. 

Un poder que define de antemano las conclusiones aceptables degrada la ciencia hasta convertirla en protocolo burocrático. La cultura pierde capacidad creadora cuando la sospecha sustituye al diálogo. La filosofía renuncia a su función emancipadora cuando acepta fronteras impuestas por intereses ajenos a la búsqueda de la verdad. La universidad deja de formar ciudadanos capaces de comprender la complejidad histórica para producir administradores obedientes de consensos prefabricados. La experiencia histórica enseña igualmente que ninguna hegemonía permanece invulnerable. 

Todo intento por clausurar el pensamiento crítico alimenta nuevas preguntas acerca del origen de las prohibiciones. La censura revela aquello que procura ocultar. Y tal persecución intelectual confirma la fragilidad de un orden incapaz de sostenerse mediante razones compartidas. El conflicto entre trabajo y capital reaparece entonces bajo formas renovadas porque pertenece a la organización material de la producción y no a la voluntad subjetiva de propagandistas o gobernantes. 

Una defensa auténtica de la dignidad humana exige rechazar toda inquisición contemporánea, cualquiera que sea el vocabulario empleado para legitimarla. El pensamiento crítico constituye patrimonio universal porque permite reconocer vínculos entre experiencia individual y estructura histórica, entre sufrimiento cotidiano y organización económica, entre cultura y poder. Reducir esa capacidad a una etiqueta criminal como “terrorismo de izquierda” representa un ataque contra la inteligencia colectiva antes que contra una corriente política determinada. La emancipación intelectual comienza allí donde el lenguaje recupera precisión, la investigación recobra autonomía y la conciencia revolucionada descubre que la historia permanece abierta mientras existan mujeres y hombres dispuestos a comprenderla para transformarla.

* Doctor en filosofía.

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viernes, 24 de julio de 2026

¿ESTÁ AMÉRICA LATINA BAJO EL HECHIZO DE LA EXTREMA DERECHA?

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“El continente necesita una alternativa fuerte de izquierda, que debe surgir desde abajo. El poder político no puede medirse únicamente por los resultados electorales. Los gobiernos van y vienen. El poder duradero se construye mediante organizaciones que sobreviven a las elecciones: sindicatos, comunidades indígenas, comités vecinales y movimientos sociales. Ahí se encuentra el verdadero contrapoder. No en un líder que gana una sola vez, como ocurrió con Rafael Correa en Ecuador, sino en años de organización local y en una presencia cotidiana. Eso explica, por ejemplo, por qué la sociedad venezolana no se derrumbó después del secuestro del presidente Maduro, sino que resiste gracias a la fuerza de las bases organizadas y de las redes sociales profundamente arraigadas. Por encima de todo, necesita una democracia «real» que no solo cuente votos, sino que también ofrezca oportunidades y futuro a la mayoría de la población. También esa democracia se tendrá que conquistar desde la base. Sin ella, 2030 o 2035 podrían encontrar un continente más armado, más dividido, más dependiente y más profundamente decepcionado que hoy.

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¿ESTÁ AMÉRICA LATINA BAJO EL HECHIZO DE LA EXTREMA DERECHA?

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Por Marc Vandepitte | 24/07/2026 | América Latina y Caribe

Fuentes Revista Rebelión viernes 24 de julio del 2026.

Fuentes: Rebelión.

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Traducido del neerlandés por el autor.

América Latina está siendo arrasada por una serie de victorias electorales de la derecha. Pero detrás de ese giro a la derecha se esconden, más que una conversión ideológica, la ira, el miedo, la inseguridad y una profunda crisis de la democracia.

De las últimas quince elecciones presidenciales en América Latina, doce las ganaron candidatos de derecha o de extrema derecha. Las recientes victorias en Perú, Colombia, Chile, Honduras y Bolivia confirman la imagen de un continente que se desplaza políticamente hacia la derecha.

Candidatos como Abelardo de la Espriella en Colombia toman como modelo a figuras excéntricas y de extrema derecha como Nayib Bukele en El Salvador y Javier Milei en Argentina. Prometen mega cárceles para narcotraficantes, un Estado mínimo y una lucha implacable (mano dura) contra la criminalidad.

Ese discurso encuentra eco en una región donde la inseguridad se ha convertido en una realidad cotidiana. América Latina y el Caribe se encuentran desde hace años entre las regiones más violentas del mundo. Según la ONU, la tasa de homicidios en la región es aproximadamente tres veces superior al promedio mundial, y uno de los principales motores de esa violencia es el crimen organizado. En los últimos años este ha penetrado además en países que antes eran relativamente seguros, como Chile y Uruguay.

Las redes criminales ya no se limitan al tráfico de cocaína y fentanilo. También obtienen beneficios de la extracción ilegal de oro, el tráfico de personas y la extorsión. Según recientes encuestas de opinión, la población latinoamericana está hoy más preocupada por la criminalidad que por la pobreza o el desempleo.

Es un terreno difícil para la izquierda. Quien vive con miedo es menos receptivo a los relatos a largo plazo sobre justicia social. Los populistas autoritarios ofrecen un relato más sencillo: orden inmediato, un enemigo visible, una gran prisión, una frontera cerrada y una patria herida.



Miedo, ira y una izquierda fatigada.

El giro a la derecha tiene muchas causas. Surge de la ignorancia, de una educación deficiente, del miedo al crimen, del cansancio ante la corrupción y de la sensación de que nadie escucha a la gente común.

Muchos ciudadanos no votan necesariamente por amor al puño de hierro. Votan porque llevan décadas sintiéndose ignorados. La opción autoritaria entra precisamente en ese vacío y promete lo que los partidos tradicionales ya no parecen poder ofrecer: control, claridad y orden. A esto se suma la creciente influencia de las iglesias evangélicas, que refuerzan los valores conservadores.

Los medios de comunicación y las redes sociales desempeñan un papel muy importante. El panorama mediático en muchos países latinoamericanos está fuertemente concentrado en manos de familias ricas, grupos económicos y élites políticas. A consecuencia de ello las voces conservadoras, favorables al mercado y contrarias a la izquierda suelen tener más peso en el debate público.



Según The Economist, la derecha en América Latina está construyendo su propia y poderosa red como contrapeso al izquierdista Foro de São Paulo.i Los influencers difunden ideas de derecha en internet y consideran la cultura como una condición para el cambio político. Las redes sociales son decisivas en este sentido: para el 40% de la población latinoamericana constituyen la principal fuente de noticias.

Las campañas se basan en el humor, la rapidez y la visibilidad digital. Con mucho dinero y apoyo de la red de campaña de Trump, estrategas y lobistas difunden esas técnicas por todo el continente. Desempeñaron un papel importante en las victorias electorales de presidentes de derecha en Argentina, Honduras y Bolivia.

El contexto económico también hizo que los últimos años fueran más difíciles para la izquierda. Tras la crisis de 2007 y 2008 los gobiernos progresistas dispusieron de mucho menos margen para ampliar las inversiones sociales que en los años anteriores. Con programas de reformas limitados, resultó más difícil construir un amplio apoyo popular.

Algunos sectores de la clase trabajadora y de la población campesina buscaron por ello refugio en movimientos neofascistas. No porque estos defiendan sus intereses socioeconómicos, sino porque parecen ofrecer una respuesta a la inseguridad, el miedo y la humillación inmediatos.

Finalmente, también están la injerencia y la presión de Estados Unidos. Antes y después de las elecciones presidenciales de Venezuela de 2024, Estados Unidos recurrió a todos los medios para lograr que fuera elegida la candidata de extrema derecha, Machado. El actual presidente Trump utiliza todo su peso político para apoyar abiertamente a candidatos presidenciales de derecha o de extrema derecha en América Latina o, a la inversa, para amenazar con sanciones si fuera elegido un candidato de izquierda.

Los intentos de Trump de promover a la extrema derecha en Europa han tenido poco o ningún éxito; en América Latina, por el contrario, sí parecen estar funcionando. Desde que asumió el cargo en enero de 2025 la derecha ha ganado las siete elecciones presidenciales celebradas en la región.



La paradoja del éxito progresista.

Las cifras de Colombia muestran una paradoja llamativa. Bajo el gobierno progresista de Gustavo Petrola pobreza descendió en 2025 hasta el nivel más bajo jamás registrado. Casi 1,8 millones de colombianos salieron de la pobreza. También disminuyeron la pobreza extrema y la desigualdad.

Sin embargo, en las elecciones presidenciales los colombianos eligieron al abogado y empresario de derecha Abelardo de la Espriella. Su programa nacionalista, centrado en una dura lucha contra la criminalidad, se oponía frontalmente a la política del gobierno anterior.

Eso demuestra que el progreso social no lleva automáticamente a la fidelidad electoral. En cuanto las personas salen de la pobreza y pasan a formar parte de la clase mediasus prioridades cambian. Quieren sobre todo proteger su recién adquirido estatus.

Por ello, a menudo están menos abiertas a políticas progresistas que pretenden extender las mismas ventajas a los grupos que todavía se quedan atrás. El éxito de la política progresista modifica, por tanto, las expectativas y los intereses de su propia base electoral.

Ese fenómeno no se limita a Colombia. También en Argentina, Chile y Ecuador, periodos de gobierno progresista fueron seguidos por líderes conservadores con prioridades completamente diferentes. Por lo tanto, la izquierda no puede limitarse a señalar los avances sociales alcanzados.

México constituye una importante excepción. Después de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador fue elegida Claudia Sheinbaum, perteneciente al mismo movimiento político. Allí el proyecto progresista sí logró conservar un amplio apoyo popular.

Ese apoyo no fue únicamente consecuencia de una gestión eficaz. El proyecto mexicano también construyó un sentimiento común de identidad y propósito. Habló de humanismo mexicano y, de ese modo, trasciende en parte las etiquetas clásicas de izquierda y derecha.

La democracia, lanzar una moneda a cara o cruz.

Los resultados en América Latina no muestran una mayoría estable de derecha, sino una polarización extrema. De la Espriella ganó en Colombia por una diferencia inferior a un punto porcentual. Márgenes tan reducidos no indican un mandato sólido, sino una sociedad profundamente dividida.

La sociedad de varios países se divide casi exactamente en dos. Las elecciones se ganan por diferencias mínimas, mientras las instituciones se debilitan y la ira se acumula. La democracia sigue funcionando en la superficie, pero por debajo se resquebraja. Las elecciones se parecen cada vez más al lanzar una moneda sobre un país en llamas. Una mitad gana por poco, la otra queda atrás con resentimiento y se siente excluida.

Colombia muestra una profunda fractura entre seguridad y reforma social. Perú vive en una crisis institucional casi permanente. Bolivia se enfrenta a bloqueos, fracturas indígenas y conflictos por los recursos naturales. Chile oscila entre promesas de orden y miedo al cambio.

Según el Financial Times, la ola de derecha es por ello menos un giro ideológico duradero que una expresión de frustración por la criminalidad. La agenda económica de la derecha cuenta con poco apoyo amplio. Lo que queda es división, estancamiento y bloqueo político.



Encrucijada.

Sin embargo, los desafíos para América Latina son enormes. Económicamente el continente perdió terreno durante las últimas décadas. En 1980 América Latina todavía representaba el 9 % del PIB mundial. En 2019 esa proporción había descendido al 7%. Mientras tanto, las economías emergentes asiáticas crecieron mucho más rápidamente y ocuparon un lugar cada vez mayor en la economía mundial.

La productividad, las inversiones, la participación en el comercio mundial, la ciencia y la tecnología también muestran una tendencia similar. América Latina corre el riesgo de volver a quedar atrapada en un antiguo papel: proveedor de materias primas, sin suficiente industria, ciencia ni salarios dignos.

América del Sur se enfrenta a una difícil elección de cara a 2030 y 2035.

¿Se convertirá el continente en una fuerza soberana en torno a los alimentos, el agua, la energía, los minerales críticos y la biodiversidad?

¿O seguirá siendo un almacén estratégico, administrado por élites nacionales e intereses extranjeros?

El continente necesita una alternativa fuerte de izquierda, que debe surgir desde abajo. El poder político no puede medirse únicamente por los resultados electorales. Los gobiernos van y vienen. El poder duradero se construye mediante organizaciones que sobreviven a las elecciones: sindicatos, comunidades indígenas, comités vecinales y movimientos sociales.

Ahí se encuentra el verdadero contrapoder. No en un líder que gana una sola vez, como ocurrió con Rafael Correa en Ecuador, sino en años de organización local y en una presencia cotidiana. Eso explica, por ejemplo, por qué la sociedad venezolana no se derrumbó después del secuestro del presidente Maduro, sino que resiste gracias a la fuerza de las bases organizadas y de las redes sociales profundamente arraigadas.

Por encima de todo, necesita una democracia «real» que no solo cuente votos, sino que también ofrezca oportunidades y futuro a la mayoría de la población. También esa democracia se tendrá que conquistar desde la base. Sin ella, 2030 o 2035 podrían encontrar un continente más armado, más dividido, más dependiente y más profundamente decepcionado que hoy.

Nota:

i El Foro de São Paulo es una red de partidos y movimientos de izquierda de América Latina y el Caribe, fundada en 1990 por iniciativa, entre otros, del Partido de los Trabajadores de Brasil. Su objetivo era reunir a las fuerzas de izquierda después de la caída de la Unión Soviética y se convirtió en una plataforma de concertación política para partidos progresistas y socialistas de la región.

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