lunes, 14 de septiembre de 2026

¿QUÉ SON LOS ‘BOTS’? LA NUEVA ARMA DE MANIPULACIÓN POLÍTICA EN AMÉRICA LATINA.

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“Los llamados trolls. La diferencia entre ambos términos resulta fundamental. El bot es automatización. El troll, en cambio, es una persona que interviene deliberadamente para provocar, hostigar, confrontar o desviar una conversación. Un troll puede utilizar una red automatizada para multiplicar el alcance de sus mensajes, de modo que ambas figuras pueden trabajar dentro de una misma operación. “Del otro lado hay una persona molestándonos, agrediendo, pero en el caso del bot hay un algoritmo automático y eso le permite a quien lo controla manejar una gran cantidad de cuentas”, indica Emmanuel Larussi, ingeniero en Sistemas y doctor en Ciencias de la Computación, para la estación AM750.

“Por su parte, las Naciones Unidas también describen a los trolls como individuos o grupos que pueden asumir identidades falsas y utilizar redes sociales para enviar o suprimir determinados mensajes, difundiendo información errónea o desinformación y generando la apariencia de que una determinada narrativa es mayoritaria o ampliamente aceptada. Ante este panorama, la Unión Europea utiliza actualmente el concepto de Foreign Information Manipulation and Interference (FIMI) para describir determinadas operaciones intencionales y coordinadas destinadas a manipular el entorno informativo y afectar procesos políticos.

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Este fenómeno ha sido observado en campañas electorales de América Latina. Foto: Composición LR/IA.

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¿QUÉ SON LOS ‘BOTS’?

LA NUEVA ARMA DE MANIPULACIÓN POLÍTICA EN AMÉRICA LATINA.

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Detrás de una avalancha de me gusta, respuestas y tendencias en redes sociales puede no existir una multitud, sino una operación coordinada para fabricar consenso y amplificar determinadas narrativas. Estas redes de cuentas automatizadas, trolls y usuarios falsos ya forman parte de las disputas políticas en América Latina y plantean un nuevo desafío para la conversación pública y los procesos electorales.

Por Mauricio Guevara Condore. Periodista.

Fuente, La República lunes 14 de septiembre del 2026.

Una publicación aparece en X. En cuestión de minutos llegan cientos de respuestas, miles de "me gusta" y una cadena de mensajes que parece confirmar que detrás de aquella consigna existe una multitud. Pero la multitud puede ser una ilusión. En el otro extremo de la pantalla, una computadora puede estar coordinando cientos o miles de cuentas diseñadas para comportarse como usuarios comunes.

La operación ya no necesita una habitación llena de teléfonos encendidos. Puede funcionar desde servidores en la nube, mediante servicios de cómputo alquilados y sistemas capaces de administrar numerosas direcciones IP. También puede adoptar una forma más rudimentaria: dispositivos conectados a una computadora que ejecuta órdenes simultáneas.

La tecnología cambia; el propósito permanece: fabricar actividad donde no necesariamente existe respaldo ciudadano es una práctica ya conocida en Perú. Durante la década de 1990, y especialmente en los años finales del régimen de Alberto Fujimori, los llamados diarios chicha se convirtieron en uno de los ejemplos más notorios de esta práctica.

Publicaciones como El Chino, La Chuchi, El Tío, El Mañanero y La Yuca utilizaron sus portadas para atacar a adversarios políticos y favorecer al oficialismo. Titulares como "Turista Andrade continúa botando obreros de la Muni" o "Toledo abolla a su gringa por hacerlo venado" muestran cómo el impacto emocional y la descalificación podían ocupar el lugar de una discusión informada.

El paralelismo con las nuevas herramientas digitales puede plantearse así: antes se compraban portadas; hoy pueden fabricarse tendencias, interacciones o aparentes consensos. Antes el titular sensacionalista buscaba dominar la conversación desde el puesto de periódicos; hoy el contenido puede buscar lo mismo desde una pantalla.



La narrativa de los bots.

Marcelo Santos, profesor asociado de la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales e investigador del Centro de Investigación en Comunicación, Literatura y Observación Social, compara una granja de bots con una instalación industrial en la que los teléfonos dejan de ser herramientas personales para convertirse en piezas de una maquinaria.

“A este tipo de actividad la llamamos una actividad inauténtica, porque no hay usuarios reales detrás. Son celulares con cuentas creadas sin una persona. Y que son coordinadas, gestionadas, en ese caso, por ejemplo, por una persona o un equipo de una agencia de marketing”, precisó en declaraciones para el medio chileno Bío Bío.

Cada aparato puede estar asociado a cuentas diferentes y responder a instrucciones previamente definidas: compartir, comentar, marcar una publicación o impulsar una etiqueta. La diferencia entre una cuenta automatizada y una granja está precisamente en esa escala. Un bot puede ejecutar una acción. Una red coordinada puede convertir esa acción en una supuesta escena multitudinaria.

El objetivo más importante no siempre consiste en convencer a quien lee. Está en modificar el escenario en el que esa persona recibe la información. Las plataformas utilizan señales de interacción para ordenar aquello que aparece ante sus usuarios.

Natalia Aruguete, investigadora especializada en polarización política y redes sociales en América Latina, describe el fenómeno como una alteración de las condiciones de la conversación pública.

“Puede aumentar artificialmente el volumen de determinados mensajes, repetir consignas, atacar a determinados actores y, sobre todo, producir una apariencia de consenso o de rechazo social”.

Ahí comienza el verdadero poder político de estas redes. Una tendencia digital no permanece necesariamente encerrada en la pantalla.

“Puede convertirse en noticia; los medios lo cubren, los dirigentes responden, los periodistas preguntan por él, se incorpora a entrevistas y debates, y entonces regresa a las plataformas con una legitimidad y una audiencia nuevas”, apuntó la especialista para Chequeado.

En una campaña electoral, esa dinámica puede ser especialmente valiosa. Una candidatura no necesita que todas las cuentas falsas convenzan a miles de votantes. Le basta, en determinados casos, con provocar suficiente movimiento para que personas reales entren en la discusión. La maquinaria crea el ruido; los usuarios humanos terminan propagándolo.

Y en América Latina, el fenómeno ya encontró un espacio dentro de las disputas electorales. Para Santos, uno de los indicios más reveladores es la actividad imposible para un ser humano. Durante el seguimiento de la ascensión política de Jair Bolsonaro en Brasil, encontró un usuario que publicó 120 mensajes en cuarenta minutos.



El nombre de Fernando Cerimedo aparece en ese mapa. El consultor argentino, vinculado como posible estratega digital a campañas de figuras como Javier Milei, Jair Bolsonaro, Rodrigo Paz y José Antonio Kast. Tras su aprehensión en Bolivia, la Fiscalía informó del hallazgo de una denominada “mini granja de bots” en un inmueble de La Paz.

El episodio adquirió relevancia porque el propio Cerimedo había descrito anteriormente el manejo de miles de cuentas creadas artificialmente. En declaraciones públicas sostuvo que podían utilizarse para monitorear conversaciones, producir contenido y elevar la exposición de determinados temas. También reconoció administrar trolls.

Pese a este panorama, cabe precisar que no todo bot forma parte de una campaña política. Las herramientas automatizadas tienen usos legítimos: pueden responder consultas de clientes, recopilar información, seguir precios, monitorear indicadores o ejecutar tareas repetitivas. El problema es cuando lo que se busca es distorsionar.



Los llamados trolls.

La diferencia entre ambos términos resulta fundamental. El bot es automatización. El troll, en cambio, es una persona que interviene deliberadamente para provocar, hostigar, confrontar o desviar una conversación. Un troll puede utilizar una red automatizada para multiplicar el alcance de sus mensajes, de modo que ambas figuras pueden trabajar dentro de una misma operación.

“Del otro lado hay una persona molestándonos, agrediendo, pero en el caso del bot hay un algoritmo automático y eso le permite a quien lo controla manejar una gran cantidad de cuentas”, indica Emmanuel Larussi, ingeniero en Sistemas y doctor en Ciencias de la Computación, para la estación AM750.

Por su parte, las Naciones Unidas también describen a los trolls como individuos o grupos que pueden asumir identidades falsas y utilizar redes sociales para enviar o suprimir determinados mensajes, difundiendo información errónea o desinformación y generando la apariencia de que una determinada narrativa es mayoritaria o ampliamente aceptada.

Ante este panorama, la Unión Europea utiliza actualmente el concepto de Foreign Information Manipulation and Interference (FIMI) para describir determinadas operaciones intencionales y coordinadas destinadas a manipular el entorno informativo y afectar procesos políticos.

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domingo, 13 de septiembre de 2026

EL DUELO DE UN PUEBLO: CHILE, 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973.

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¿Pero a que logros se refieren? Veamos, Chile es hoy uno de los países con mayor desigualdad en la región. El 10 por ciento más rico tiene un ingreso 27 veces superior al 10 por ciento más pobre. Situación que empeora si sumamos sanidad, educación y vivienda. Por otro lado, en medio siglo, sus riquezas mineras están en manos de trasnacionales. Los recursos hídricos, ríos, lagos y aguas subterráneas se han vendido a empresas privadas. Es un firme aliado de Estados Unidos y manifiesta un desafecto hacia los proyectos de identidad latinoamericana donde se reconozcan el ideario de Simón Bolívar, Manuel Rodríguez o José Martí. Y si miramos al siglo XX, Lázaro Cárdenas o Salvador Allende. 

"Para quienes tienen frágil memoria, recomiendo el libro Chile. Análisis del primer año de la dictadura militar (1973-1974). Un texto inédito hasta 2026. Editado inicialmente por Prensa Latinoamericana, en Buenos Aires, y bajo seudónimo, no llegó a ser distribuido. Su valor radica en ser testimonio directo, escrito con rigor e información de época, y redactado para dar a conocer la lógica del gobierno militar, captó el sentido del golpe de Estado. Ser un proyecto de refundación del capitalismo dependiente. Su autor, Vicent Garcés. En sus páginas se puede reconocer la traición de uniformados y civiles, los orígenes de la operación Cóndor, las contradicciones de la derecha y la represión a los militares constitucionalistas que no siguieron el golpe de Estado. Es de lectura obligada. 

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Bombardeo al Palacio de La Moneda durante el golpe de Estado en Chile de 1973. Foto Wikimedia Commons

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EL DUELO DE UN PUEBLO: CHILE, 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973.

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Por Marcos Roitman Rosenmann.

Fuente. Diario La Jornada Ciudad de México domingo m13 de septiembre del 2026.

Mientras la burguesía chilena brindaba con champán la muerte del presidente Salvador Allende, el pueblo chileno iniciaba su luto que perdura hasta nuestros días. Han pasado 53 años, y el golpe de Estado cívico-militar que derrocase al gobierno más democrático que ha conocido la historia de Chile ha sido barrido por la posverdad. Los detenidos desaparecidos, allanamientos de fábricas, universidades, centros de trabajo son fantasmas que habitan las calles de ciudades y pueblos del país. Los fusilamientos, torturas y detenciones arbitrarias se han difuminado al ser considerados parte de una guerra inexistente que se libró en Chile entre el bien y el mal. Libertad o comunismo. 

El tiempo termina arrinconando la memoria en un museo. La vida segada de quienes formaron parte de un todo intergeneracional, hombres y mujeres que vibraron con el triunfo de la Unidad Popular y dedicaron su vida a construir un Chile más justo, igualitario, soberano y digno no han tenido descanso. Vuelven y gritan su desesperación. Exigen dignidad. Buscan aliados que recojan el testigo, pero la sociedad chilena los desautoriza. Intereses espurios generan ruido e impiden escuchar su reclamo de abrir las alamedas. Su muerte se ha transformado en mercancía. La cordura debe imperar. El palacio de La Moneda, bombardeado 11 de septiembre de 1973, se ha transformado en atracción turística. Y si trata del proyecto político de la Unidad Popular, se acota: no fue ni Unidad, ni Popular. El argumentario es grotesco. Sus responsables no buscaron el consenso ni el apoyo de los sectores medios. El sectarismo, la intolerancia y la trama oculta de instaurar la dictadura del proletariado llevó al fracaso y la derrota. 



Quienes traicionaron al pueblo se justifican, aunque los hechos vayan en sentido contrario. Hablan de pérdida de libertades, ataque a la familia, la propiedad privada y quebranto del Estado de derecho. Ha sido, durante medio siglo, el discurso de quienes defienden el asesinato de compatriotas y la actuación de las fuerzas armadas y carabineros como una cruzada liberadora. 

Quienes perdieron la vida defendiendo el orden constitucional son reinventados como enemigos de la patria. No hay nada por lo cual arrepentirse. La libertad de mercado no se puede detener en los derechos humanos. El expresidente Patricio Aylwin dirá, al referirse a las mujeres violadas y quienes pasaron por los centros de detención clandestinos y sobrevivieron, que son personas afortunadas. De otra forma no se explica que el actual presidente, José Antonio Kast, reivindique la dictadura y sus torturadores. Tampoco, que Chile acoja el Foro de Madrid que agrupa a la ultraderecha latinoamericana y mundial. Ni menos que se reivindique la figura del dictador Augusto Pinochet como lo hizo Javier Milei. Celebrarlo en septiembre no es casual, es un insulto y un desprecio a la dignidad humana. 

Pero no es el único que lo ha reivindicado, ni todos se ubican a la derecha. Los presidentes de la Concertación, más Gabriel Boric, han tenido comportamientos similares. Todo sea por agrandar los resultados del neoliberalismo y sus hacedores. En el fondo, atribuir a la dictadura cívico-militar logros económico-sociales, cuya constitución de 1978, reformada en 2004 por el expresidente Ricardo Lagos, producto de la dictadura, configura la arquitectura de la economía de libre de mercado que impera en Chile. 



¿Pero a que logros se refieren? Veamos, Chile es hoy uno de los países con mayor desigualdad en la región. El 10 por ciento más rico tiene un ingreso 27 veces superior al 10 por ciento más pobre. Situación que empeora si sumamos sanidad, educación y vivienda. Por otro lado, en medio siglo, sus riquezas mineras están en manos de trasnacionales. Los recursos hídricos, ríos, lagos y aguas subterráneas se han vendido a empresas privadas. Es un firme aliado de Estados Unidos y manifiesta un desafecto hacia los proyectos de identidad latinoamericana donde se reconozcan el ideario de Simón Bolívar, Manuel Rodríguez o José Martí. Y si miramos al siglo XX, Lázaro Cárdenas o Salvador Allende. 

Para quienes tienen frágil memoria, recomiendo el libro Chile. Análisis del primer año de la dictadura militar (1973-1974). Un texto inédito hasta 2026. Editado inicialmente por Prensa Latinoamericana, en Buenos Aires, y bajo seudónimo, no llegó a ser distribuido. Su valor radica en ser testimonio directo, escrito con rigor e información de época, y redactado para dar a conocer la lógica del gobierno militar, captó el sentido del golpe de Estado. Ser un proyecto de refundación del capitalismo dependiente. Su autor, Vicent Garcés. En sus páginas se puede reconocer la traición de uniformados y civiles, los orígenes de la operación Cóndor, las contradicciones de la derecha y la represión a los militares constitucionalistas que no siguieron el golpe de Estado. Es de lectura obligada. 

Para concluir, sin duda hay diferencias entre los presidentes que han gobernado Chile tras el plebiscito de 1988, donde triunfó el No a la continuidad de Pinochet. Pero Alywin y Frei apoyaron la dictadura y compartieron su ideario cuando la junta militar se posesionó decidiendo

“combatir frontalmente en contra del comunismo internacional y la ideología marxista que éste sustenta”; afirmando que “mientras otros recién avanzan con ingenuidad por el camino del diálogo y el entendimiento con el comunismo, nosotros venimos de vuelta (…) el actual gobierno no teme ni vacila declararse antimarxista”, “hay que extirpar el cáncer marxista de raíz”.

A 53 años del asesinato de la democracia en Chile, José Antonio Kast resulta el alumno aventajado de Pinochet. El pueblo chileno continúa en duelo.

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sábado, 12 de septiembre de 2026

COLOMBIA. PISOTEAR A LOS DAMNIFICADOS. Del papel higiénico a las pelotas de fútbol.

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“El dolor de la gente se convirtió en una forma de hacer vulgar propaganda política, puesto que, los balones llevaban la inscripción, “Defensores de la patria”. El símbolo es diciente, en el balón se habla de la patria, pero es una retórica vacía, de un ciudadano con nacionalidad estadounidense que va a entregar todavía más el país a Estados Unidos e Israel, pero el vocablo patrio no tiene nada que ver con los colombianos humildes y a pie, pobres y negros en Buenaventura, a los que solo se les lanza unos balones, como a los perros chandosos se les bota un pedazo de pan. El hecho bochornoso de lanzarle balones a los damnificados se repitió luego en Quibdó, la capital del siempre sufrido Departamento del Chocó. Esto indica, que el nivel de estupidez no tiene límites, máxime cuando el dolor y el sufrimiento son un espectáculo mediático para que un payaso metido a político se divierta, como se lo enseñó hace años el amo imperial Donald Trump cuando con sadismo les lanzó rollos de papel higiénico a los damnificados de Puerto Rico.

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Fuentes: El Colectivo (Medellín) – Rebelión.

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COLOMBIA. PISOTEAR A LOS DAMNIFICADOS.

Del papel higiénico a las pelotas de fútbol.

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Por Renán Vega Cantor | 12/09/2026 | OpiniónRacismo y opresión capitalista

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Fuentes. Revista Rebelión sábado 12 de septiembre del 2026.

El presidente de Colombia procedió de la forma más burda y ordinaria al entregar a los habitantes de Buenaventura, mayoritariamente afrodescendientes y afligidos por la violencia y la miseria, pelotas de fútbol.

Nada de lo que hacen los cipayos en los países de Nuestra América es original. Hasta las acciones más elementales de los politicastros de la extrema derecha que, por desdicha, gobiernan en el continente es una vil copia de lo que en los Estados Unidos hace y dice, con una vulgaridad sin par, el atrabiliario Donald Trump o alguien que pertenece a las altas esferas del poder en el territorio del Tio Sam.

Incluso, se replica el mismo comportamiento cínico y sádico de D. Trump ante los efectos sociales de los desastres, como lo acaba de confirmar el individuo que se dice presidente de Colombia y ocupa la Casa Blanca tropical otra miserable copia de Washington que queda en Barranquilla. Un hecho lo confirma: el reparto de pelotas de fútbol en Buenaventura y Quibdó por parte de Abelardo de la Espriella. Quien piense que esa es una acción espontánea que, de repente, se le ocurrió al falso tigre, simplemente desconoce o no quiere recordar un suceso similar, aunque haya utilizado otro objeto, que realizó en 2017 Donald Trump en Puerto Rico. Recordemos y comparemos.


ROLLOS DE PAPEL HIGIENICO A LOS DANNIFICADOS EN PUERTO RICO

“Deben estar orgullosos [los puertorriqueños] de que solo murieran 16 personas frente a los miles que lo hicieron en ‘una catástrofe verdadera como Katrina’». -Donald Trump, declaración en Puerto Rico, octubre 3 de 2017.

En septiembre de 2017 un huracán, bautizado María, arrasó con Dominica, Islas Vírgenes de Estados Unidos y Puerto Rico. Por su magnitud e impacto destructivo ha sido la peor catástrofe que ha sufrido esta isla desde 1899, cuando la azotó otro huracán. Generó un apagón eléctrico que afectó a toda la isla y, en algunos lugares, se prolongó durante un año. En principio se reportaron 64 muertes, pero el 28 de agosto de 2018 las autoridades locales dieron una cifra oficial de 3000 fallecidos, aunque un estudio de la Universidad de Harvard elevó la cifra a 4645. La infraestructura básica quedó arrasada, incluyendo viviendas, escuelas, hospitales, supermercados, centrales telefónicas, acueductos, plantas de tratamiento de aguas residuales, carreteras, bombas de gasolina…  El servicio de telefonía móvil se interrumpió en un 95%. El huracán aceleró el flujo de población con dirección a Estados Unidos, a donde llegaron en las semanas siguientes 200 mil personas, el 8% de la población de Puerto Rico.

El 3 de octubre de 2017 Trump visitó la isla devastada, 13 días después del paso de María. En una capilla, en donde lo esperaban decenas de personas, Trump reía y hacía chistes de mal gusto como si estuviera asistiendo a una fiesta de payasos. Y de pronto empezó a enviar a los presentes rollos de papel higiénico de cocina, simulando que lanzaba una pelota de básquetbol hacia una cesta. Aparte de esta humillación improvisó una arenga en la cual dijo que la forma en que su gobierno había tratado la emergencia de los puertorriqueños era “fantástica” y agradecieran porque no había habido tanto muertos como en Nueva Orleans con el huracán Katrina, donde si se había presentado una “catástrofe real”. Además, insultó a los puertorriqueños diciéndoles que eran flojos y les gustaba quejarse y esperaban que se les resolviera todo.

Para Donald Trump, como buen especulador inmobiliario, todo es un juego, un chiste de mal gusto, incluyendo el dolor de la gente, que soporta en carne propia el peso de la catástrofe y la destrucción. Y por eso ha sostenido después de la catástrofe que su gestión en ese momento fue un “éxito total”. Como dijo la alcaldesa de San Juan, Carmen Yutín Cruz: «Si él piensa que la muerte de 3.000 personas es un éxito, que dios nos ayude a todos».



PELOTAS DE FUTBOL A LOS DANNIFICADOS DE BUENAVENTURA Y QUIBDO.

“Señor presidente […] traiga cosas de construcción […]. Lo que necesitamos es techo, necesitamos ayuda normalmente, no balones”. -Habitante anónimo de Buenaventura, agosto 16 de 2026.

El fuerte terremoto que sacudió a Colombia el 10 de agosto, con una magnitud de 7.4, devastó varias regiones del país, arrasó con la infraestructura física y social en ciudades (Pereira, Manizales, Cali…) y decenas de municipios. El saldo de muertos se acerca a los 350 y han quedado sin techo unas 400 mil personas. En medio del dolor, el recién posesionado Abelardo de la Espriella, siguiendo el ejemplo de Donald Trump, llegó a Bogotá horas después sonriente, repartiendo besos y haciendo chistes de mal gusto.

Una de sus acciones más detestables ocurrió en Buenaventura, en la costa pacífica, el principal puerto del país, afligido por la miseria, la violencia y tristemente recordado por las casas de pique de los paramilitares, en donde con motosierra desmembraron a decenas de personas. Ese municipio doblemente abatido, igual que la mayor parte de nuestra costa pacífica, por la miseria estructural y por el terremoto. Quedaron averiadas 9 mil viviendas, 29 escuelas y colegios están en ruinas, dejando a miles de estudiantes sin clases. El servicio de agua, que solo se brinda normalmente 4 horas al día, quedó interrumpido, agravando los problemas higiénicos y sanitarios que carcomen a este municipio, cuya población es mayoritariamente afrodescendiente.

Sin evidenciar la menor sensibilidad y empatía hacia el dolor de los habitantes del puerto, Abelardo llegó, como si todavía estuviera en campaña, sonriente y desde su papamóvil blindado procedió de la forma más burda y ordinaria, y hasta en eso imitó a su amo imperial, Donald Trump, al lanzarle a la gente pelotas de fútbol como si estuviera jugando básquetbol.

El dolor de la gente se convirtió en una forma de hacer vulgar propaganda política, puesto que, los balones llevaban la inscripción, “Defensores de la patria”. El símbolo es diciente, en el balón se habla de la patria, pero es una retórica vacía, de un ciudadano con nacionalidad estadounidense que va a entregar todavía más el país a Estados Unidos e Israel, pero el vocablo patrio no tiene nada que ver con los colombianos humildes y a pie, pobres y negros en Buenaventura, a los que solo se les lanza unos balones, como a los perros chandosos se les bota un pedazo de pan.

El hecho bochornoso de lanzarle balones a los damnificados se repitió luego en Quibdó, la capital del siempre sufrido Departamento del Chocó. Esto indica, que el nivel de estupidez no tiene límites, máxime cuando el dolor y el sufrimiento son un espectáculo mediático para que un payaso metido a político se divierta, como se lo enseñó hace años el amo imperial Donald Trump cuando con sadismo les lanzó rollos de papel higiénico a los damnificados de Puerto Rico.

Publicado en papel en El Colectivo (Medellín), septiembre de 2026.

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viernes, 11 de septiembre de 2026

CHILE. 11 DE SEPTIEMBRE: EL DÍA EN QUE EL SUEÑO DE MUCHOS SE VOLVIÓ LA PROPIEDAD DE POCOS.

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 “Porque quizás esa sea finalmente la cuestión más profunda que me dejó el 11 de septiembre. 

Que un país puede cambiar. Que los sueños pueden ser derrotados, pero también que pueden volver a ser soñados. Que un Chile distinto es posible, pero que primero hay que atreverse a imaginarlo y después construirlo. Y eso es precisamente lo que quienes nacimos en la pobreza aprendemos de una manera particularmente dura, que las condiciones en las que nacimos no fueron escogidas por nosotros, pero tampoco tienen por qué convertirse en el límite de aquello que podemos imaginar para los que vienen después. En ese aquel septiembre, no entendía de socialismo, capitalismo, imperialismo, propiedad privada ni lucha de clases. Entendía el hambre. Entendía las caras cansadas. Entendía que los adultos hablaban de cosas que no debía escuchar. Entendía que había miedo. Muchos años después aprendería que esas cosas aparentemente desconectadas formaban parte de una misma historia y que aquella historia también era la mía.

El 11 de septiembre nos marcó a todos y todas. Pero mucho más a quienes nacimos en la pobreza, porque muchas veces heredamos sus costos sin haber participado de sus decisiones. Y quizás por eso sigo buscando respuestas, conversando con quienes estuvieron, escuchando a quienes todavía pueden contar y tratando de reconstruir mi propio relato. No para quedarme atrapado en el pasado, sino para recordar algo que el tiempo, la derrota y la costumbre muchas veces intentan hacernos olvidar, que otro Chile fue pensado, que otro Chile fue soñado y que, mientras alguien sea capaz de volver a soñarlo, todavía es posible construirlo.

¡Viva el pueblo, vivan los trabajadores!

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Fuentes: Rebelión.

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11 DE SEPTIEMBRE: EL DÍA EN QUE EL SUEÑO DE MUCHOS

SE VOLVIÓ LA PROPIEDAD

DE POCOS.

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Por Alejandro Mora Donoso | 11/09/2026 | Chile

Fuentes. Revista Rebelión viernes 11 de septiembre del 2026.

El hambre estaba a la vuelta de la esquina. Las caras flacas, sin maquillaje, llenas de cansancio, son parte de lo que el 11 de septiembre significa para mí. Algo que entonces parecía lejano, casi incomprensible, pero que llevaba consigo un sentimiento de injusticia terrible. Un sentimiento que, para ser honesto, no pasa hasta la fecha.

Para quienes somos de izquierda, el 11 de septiembre es un lugar particularmente difícil. Para algunos más que para otros, lógicamente. Algunos lo vivieron bajo persecución, arresto, tortura y desaparición. Para otros, como yo, fue un recuerdo de infancia atravesado por el hambre y la pobreza.

Todos contamos algo del 11, moros y cristianos. En mi familia contaban cómo los marinos tenían sitiados a los ratis en Bilbao, en Talcahuano, a pocas cuadras de la casa, y cómo las balas se escuchaban mientras ellos se escondían en el patio. Yo escucharía otras historias años después, en las ollas comunes de comienzos de los años 80, mientras compañeros de trabajo de mi padre llegaban todos los días al sindicato para marchar contra la reforma portuaria.

El hambre estaba a la vuelta de la esquina. Las caras flacas, sin maquillaje, llenas de cansancio, son parte de lo que el 11 de septiembre significa para mí. Algo que entonces parecía lejano, casi incomprensible, pero que llevaba consigo un sentimiento de injusticia terrible. Un sentimiento que, para ser honesto, no pasa hasta la fecha. Yo no escogí nacer donde nací. Mucho menos escogí vivir lo que viví. Pero décadas después tendría que reconstruir mi propio relato, buscando explicaciones para entender el porqué de mi propia historia.

Escuché la grabación de Allende por primera vez en aquella olla común. Me echaron para afuera de la pieza donde la estaban escuchando, pero alcancé a oír, entre el humo del cigarro, la voz del Presidente despidiéndose. Yo lo veía como un héroe. Tenía apenas siete años y, por supuesto, no entendía mucho de nada. No podía comprender qué significaban aquellas palabras, ni por qué los adultos escuchaban en silencio, ni por qué aquella voz parecía tener una importancia que yo todavía no podía medir.



Todo ese tiempo quedó encapsulado en mis recuerdos y solamente unos diez años después tendría la madurez suficiente para comenzar a buscar la verdad sobre aquel 11 de septiembre. La pregunta era demasiado grande para mi cabeza de entonces. ¿Por qué las muertes? ¿Por qué la barbarie? ¿Por qué la división? ¿Qué había ocurrido realmente para que un país llegara hasta allí? Aprendería entonces algo de política, pero también algo mucho más incómodo: que detrás de la historia de los grandes acontecimientos existen historias pequeñas que no aparecen en los libros. La historia de los niños que crecieron con hambre, la de los trabajadores que perdieron sus organizaciones, la de las familias que aprendieron a vivir con miedo, la de quienes tuvieron que esconderse, la de quienes desaparecieron y también la de quienes, como yo, crecieron sin comprender del todo por qué sus vidas habían tomado un determinado rumbo.

Con los años fui entendiendo que el 11 de septiembre no fue solamente el día en que terminó el gobierno de Salvador Allende. Tampoco fue solamente el comienzo de una dictadura brutal, aunque aquello sea una verdad imposible de relativizar. Fue también el comienzo de una profunda transformación de Chile, porque aquello que estaba en disputa no era solamente quién ocupaba La Moneda. También estaba en disputa qué país se quería construir, quién debía tener el poder económico, qué significaba la propiedad, qué lugar tendrían los trabajadores, qué debía hacer el Estado y hasta dónde podía llegar la democracia cuando comenzaba a tocar los intereses de quienes siempre habían tenido más.

El 11 de septiembre fue el día en que el sueño de muchos se volvió la propiedad de pocos. Después del golpe vino una transformación profunda de la estructura económica chilena, pero también una transformación de las expectativas, de las posibilidades y de aquello que una sociedad podía imaginar como posible. El sueño de un Chile distinto, más justo, más próspero para muchos y no solamente para unos pocos, fue derrotado junto con un proyecto político, y sobre sus ruinas se construyó un país que todavía habitamos.

Por eso creo que el 11 de septiembre nos cambió a todos y todas, incluso a quienes nacimos después o éramos demasiado pequeños para comprender lo que estaba sucediendo. De esa idea no podemos escapar y tampoco deberíamos intentar escondernos. El 11 no terminó cuando terminó el bombardeo de La Moneda, ni cuando terminó la dictadura, ni siquiera cuando recuperamos formalmente está cuestión absurda y grotesca que hoy llamamos «democracia». Sus consecuencias siguieron caminando con nosotros, metiéndose en nuestras familias, en nuestros barrios, en nuestras oportunidades, en nuestras pobrezas y también en nuestras formas de entender el mundo. Los beneficiados fueron los menos y los costos los pagaron, de distintas maneras, quienes habían soñado con un Chile próspero para muchos.



Hoy quedan cada vez menos personas capaces de decir «yo estuve ahí». Quedan sobrevivientes, presos políticos, exiliados, trabajadores, militares, funcionarios, niños de entonces y familias que todavía cargan sus propias historias, pero el tiempo hace su trabajo y lentamente aquella generación comienza a desaparecer. Llegará un momento en que nadie podrá contarnos directamente cómo sonaron las balas, cómo se vivió el miedo, cómo se escuchó la voz de Allende por una radio o cómo se sintió perder un país conocido. Entonces quedarán los relatos. El mío es apenas uno de ellos.

Pero también está aquello que fui encontrando después, durante los años en que me convertí en comunicador social y comencé a conversar con esa historia grande de lucha. He tenido la oportunidad de escuchar a sobrevivientes, de conversar con jóvenes que protagonizaron aquellos años, con presidentes de cordones industriales, con revolucionarios de verdad, con personas que cargaron sobre sus cuerpos y sus vidas la historia que nosotros muchas veces conocemos solamente a través de los libros. Incluso, muchos años después, terminé compartiendo una habitación de hospital con un exmilitante del MIR. También pude conversar con familiares del Presidente héroe. Son encuentros que quizás para otros sean solamente episodios, pero para mí forman parte de una misma búsqueda, reconstruir ese relato para no olvidar, para entender de dónde venimos y, sobre todo, para no aceptar que el país que tenemos era el único país que podía existir.

Porque quizás esa sea finalmente la cuestión más profunda que me dejó el 11 de septiembre. Que un país puede cambiar. Que los sueños pueden ser derrotados, pero también que pueden volver a ser soñados. Que un Chile distinto es posible, pero que primero hay que atreverse a imaginarlo y después construirlo. Y eso es precisamente lo que quienes nacimos en la pobreza aprendemos de una manera particularmente dura, que las condiciones en las que nacimos no fueron escogidas por nosotros, pero tampoco tienen por qué convertirse en el límite de aquello que podemos imaginar para los que vienen después.

En ese aquel septiembre, no entendía de socialismo, capitalismo, imperialismo, propiedad privada ni lucha de clases. Entendía el hambre. Entendía las caras cansadas. Entendía que los adultos hablaban de cosas que no debía escuchar. Entendía que había miedo. Muchos años después aprendería que esas cosas aparentemente desconectadas formaban parte de una misma historia y que aquella historia también era la mía.

El 11 de septiembre nos marcó a todos y todas. Pero mucho más a quienes nacimos en la pobreza, porque muchas veces heredamos sus costos sin haber participado de sus decisiones. Y quizás por eso sigo buscando respuestas, conversando con quienes estuvieron, escuchando a quienes todavía pueden contar y tratando de reconstruir mi propio relato. No para quedarme atrapado en el pasado, sino para recordar algo que el tiempo, la derrota y la costumbre muchas veces intentan hacernos olvidar, que otro Chile fue pensado, que otro Chile fue soñado y que, mientras alguien sea capaz de volver a soñarlo, todavía es posible construirlo.

¡Viva el pueblo, vivan los trabajadores!

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jueves, 10 de septiembre de 2026

WASHINGTON Y EL ASALTO A LA SOBERANÍA BRASILEÑA.

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“El peligro de la ola ultraderechista no concierne únicamente a Brasil, sino a toda América Latina y al equilibrio del Sur Global. La tentativa de liquidar la soberanía brasileña a través de estos títeres, amantes del hegemonismo, busca reimplantar las estrategias de intervención directa vía golpes blandos suaves según el manual del politólogo Gene Sharp. Frente a la extorsión foránea y la genuflexión bolsonarista, la defensa del proyecto integrador, popular y soberano encabezado por Lula da Silva se convierte en la trinchera decisiva para la dignidad de todo el continente.

“Detrás de la fachada de sintonía internacional, el proyecto político de los Bolsonaro transita por un terreno minado de incertidumbres legales. El caso más paradigmático es la situación de Jair Bolsonaro, condenado a prisión por su participación en un intento de golpe de Estado. A esto se suman investigaciones sobre redes de desinformación, donde figura el consultor argentino Fernando Cerimedo, donde su rol como artífice de campañas de manipulación y desinformación digital evidencia la vulnerabilidad institucional frente a las injerencias algorítmicas. Las ramificaciones judiciales demuestran que la extrema derecha opera en un limbo híbrido, donde la agitación digital compensa la podredumbre política y moral de sus líderes. Es la sombra intervencionista. La alianza entre los Bolsonaro y Trump expone una contradicción tan flagrante como peligrosa: se aplauden discursos patrióticos mientras se avalan medidas que lesionan la estabilidad política, social y comercial del gigante sudamericano. Con un escenario judicial asfixiante y un andamiaje de propaganda bajo la lupa, la derecha confía en la validación externa para mantener viva una polarización que amenaza la democracia institucional de cara a las urnas del próximo 4 de octubre. La soberanía de Brasil y del continente está en juego.

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Fuentes: Rebelión / Hispan TV [Imagen: Flávio Bolsonaro junto a Donald Trump en el Salón Oval de la Casa Blanca el 26 de mayo de 2026. Créditos: Instagram/@FlavioBolsonaro]

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WASHINGTON Y EL ASALTO A LA SOBERANÍA BRASILEÑA.

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Por Pablo Jofré Leal | 10/09/2026 | Brasil

Fuentes Revista Rebelión jueves 10mde septiembre del 2026.

En este artículo el autor reflexiona sobre las futuras elecciones presidenciales en Brasil y analiza el papel sumiso del candidato Bolsonaro, señalando que en esas elecciones Brasil decide entre la dignidad y la soberanía y el entreguismo subordinado y vil.


El escenario político brasileño, de cara a las elecciones presidenciales de octubre del 2026 no representa, únicamente, una pelea doméstica por el sillón del ejecutivo en el palacio de Planalto constituye el epicentro de una guerra geopolítica de baja intensidad.

Una contienda que influirá, decisivamente, en el equilibrio de fuerzas en América Latina y parte importante de la consolidación del sur global de cara a la próxima década. En un tablero político brasileño, bajo un fortísimo asedio exterior, con Estados Unidos participando activamente, apoyando en el apoyo a la ultraderecha representada por Flavio Bolsonaro, como ariete contra la soberanía del gigante sudamericano.

No se trata únicamente de una pugna electoral entre dos modelos antagónicos, sino del despliegue de un guion de intervención orquestado desde Washington que busca quebrar la autonomía estratégica del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, promoviendo abiertamente al clan Bolsonaro y sus operadores ultraderechistas del mundo.

¿El objetivo? recolonizar la mayor economía de América Latina y darle más fuelle a los gobiernos de ultraderecha que se han instalado en el continente. Washington, en su contumacia política criminal, no abandona su histórica política de considerar a América latina como su patio trasero, sino que también ha intensificado y variado sus herramientas de intervención a través de la llamada guerra híbrida [1].

Para el progresismo brasileño y sus aliados internacionales el triunfo de Lula resulta absolutamente indispensable, para salvaguardar así, la soberanía nacional y, al mismo tiempo, mantener esperanzas de recuperación de espacios para la izquierda en el continente y punto de referencia para el sur global.

La derecha brasileña ha mostrado su cara indigna de sometimiento a Washington cuya expresión la vislumbramos en la recepción en alfombra roja al abanderado derechista Flavio Bolsonaro en el salón oval, para pedir la bendición trumpista y la anhelada fotografía que tratara de salvar su candidatura y que desnuda la naturaleza de este pacto colonial. La vanidad y la megalomanía se potencian en escenarios mediáticos.

Washington busca tutelar el próximo gobierno brasileño y para eso requiere a Flavio Bolsonaro. Figura modelada a imagen y semejanza de los deseos de Trump. Por ello el aparato político, de inteligencia, mediático ha diseñado y promocionado el instalar en el poder a un candidato dócil, servicial, una figura subordinada a los intereses del capital transnacional y la hegemonía estadounidense, que actúe como un dique de contención frente a procesos de integración regional y mundial.



Mientras el presidente Lula defiende la industrialización nacional, la integración regional del Sur Global y una política exterior multipolar a través de los BRICS, el bolsonarismo acude a la Casa Blanca a rendir pleitesía y ofrecer las riquezas estratégicas de la nación a cambio de tutela y apoyo político. Luego de su encuentro con Trump en la Casa Blanca, Flavio Bolsonaro hizo un pedido específico y es justamente lo que busca evitar Lula:

“Yo fui exactamente a hacer ese pedido expreso a Trump, Estados Unidos tiene que declarar al Comando Vermelho y al PCC como organizaciones terroristas de Brasil” sostuvo Bolsonaro.

Una petición considerada una muestra de vergüenza y entreguismo a una potencia extranjera pero que en esencia representó una distracción frente al ofrecimiento principal: entregar las riquezas brasileñas y su autonomía como país.

Con este encuentro, el senador derechista buscaba impulsar su candidatura después de la filtración vinculada con Daniel Vorcaro, un banquero encarcelado por sospechas de estar detrás del mayor fraude financiero de la historia del país, algo que ha lastrado su apoyo en las encuestas. Trump le sirve a la ultraderecha para blindar a corruptos muestra de la catadura moral de este sector político, tanto en Brasil como en el resto de nuestros países.

Tierras raras a precio de saldo.

La candidatura de Flavio Bolsonaro y sus apoyos no expresan una forma de actuar aislada. Personifican los intereses del agronegocio depredador, las facciones ultraconservadoras del movimiento evangélico (cristianismo sionista ligado estrechamente al régimen israelí) y los sectores militares que añoran la vuelta a un estado manu militari.

Un gobierno de Bolsonaro en alianza con Washington tiene también un trasfondo material: el control de los minerales críticos. En plena pugna hegemónica contra China, Estados Unidos busca resolver su vulnerabilidad de estos suministros estratégicos imponiendo el despojo de los yacimientos en el mundo y entre ellos del gigante sudamericano.

Voceros y senadores afines a la línea dura en Washington plantean la necesidad de impulsar una victoria de la ultraderecha con Flavio Bolsonaro, ya que este candidato garantiza a las corporaciones estadounidenses acceso prioritario y sin condiciones a las reservas brasileñas de tierras raras, sacrificando la soberanía industrial y el valor agregado que defiende el proyecto popular de Lula.

La industria imperial ansia el control de Neodimio y Praseodimio, elementos esenciales para la fabricación de imanes permanentes de alta potencia, para uso de motores de vehículos eléctricos, turbinas eólicas y robótica avanzada. Disprosio y Terbio, para garantizar la estabilidad térmica de los imanes en condiciones de alta exigencia tecnológica y militar. Como también Niobio y Litio, minerales estratégicos en los que Brasil posee reservas masivas, vitales para aleaciones aeroespaciales, defensa y almacenamiento de energía.

Las declaraciones de los jerarcas estadounidenses ratifican sin rodeos esta doctrina intervencionista. El propio Trump suele declarar que el denominado sur global, debe volver a alinearse con las prioridades de seguridad y comercio de Estados Unidos. Advirtiendo a los BRICS, del cual forma parte Brasil, que su postura para buscar monedas o sistemas de pagos alternativos constituye un ataque directo a la economía de Estados Unidos.

En sus redes sociales Trump ha amenazado directamente a la nación sudamericana, afirmando que

«se encamina a un desastre económico si insiste en desafiar el dólar y asociarse con nuestros competidores globales» señalando a China como enemigo principal.

En un interesante análisis, desde el corazón del imperio se señala respecto a los afanes de dominio de Trump que esta estrategia

“establece que Estados Unidos debe controlar el hemisferio occidental en los ámbitos político, económico, comercial y militar”, un corolario trumpiano de la doctrina Monroe, que allanó el camino para la hegemonía de Washington hasta fines del siglo XX y descuidándolo en las últimas tres décadas [2] con un Trump que ha entrado de lleno en volver a reflotar esa doctrina de dominio.

Marco Rubio, secretario de Estado y alfil de la política de asfixia hacia la región, deja clara su hostilidad contra el proyecto soberano brasileño al sostener

«El liderazgo de Lula en Brasil representa un obstáculo directo para los intereses estratégicos de Estados Unidos en el hemisferio occidental». A ello sumó la amenaza explícita: «Garantizaremos que aquellos gobiernos que abran las puertas a la influencia de China en nuestros recursos críticos enfrenten severos costos económicos y diplomáticos». Las palabras de Rubio desataron la crítica certera de Lula «El tal Marco Rubio es el enemigo mortal de varios países latinoamericanos”. 



Sombras sobre la democracia brasileña.

Volvamos a la disyuntiva en la que se debate Brasil: un presidente como Lula, referente para el sur global y capaz de desafiar a la hegemonía estadounidense, enfrenta en las próximas presidenciales a Flavio Bolsonaro, cuya fotografía junto al inquilino de la Casa Blanca en el Despacho Oval sintetiza no sólo la indignidad de los políticos ultraderechistas de nuestro continente, sino también una de las paradojas de la geopolítica hemisférica.

Mientras la administración norteamericana endurece aranceles —como el gravamen del 25% a miles de productos brasileños— bajo el argumento de prácticas comerciales desleales, el, mandatario republicano prodiga elogios hacia el clan Bolsonaro tildando a Flavio el candidato de “joven inteligente que ama mucho a su país”. Es la sombra de la vanidad, palmotear la espalda del débil.

Esto responde a una estrategia calculada de intervención blanda en vísperas de las elecciones. El gobierno de Lula calificó la medida como un “hito lamentable”, denunciando la complicidad de la familia Bolsonaro al castigar la economía nacional para obtener réditos electorales. El respaldo explícito de la Casa Blanca busca legitimar a la extrema derecha, utilizando la presión económica como un torniquete para debilitar al oficialismo.

¿Cómo puede amar a su patria quien entrega las llaves de sus riquezas al amo extranjero a cambio de una palmadita electoral? Es la doble moral imperial y la conducta genuflexa de la ultraderecha. A esto se enfrenta Brasil, que exige la necesidad de decidir por la dignidad y la soberanía y no al entreguismo subordinado y vil.

Washington no tolera un Brasil independiente, soberano y líder de la multipolaridad. Resulta evidente que en octubre próximo se definen dos visiones: Una, de un Brasil donde a ultraderecha no es más que la herramienta cipayo dispuesta a hipotecar los recursos estratégicos de su pueblo para satisfacer los dictados hegemónicos del imperio. Y, la otra visión, la de un Brasil con un líder dotado de una visión de dignidad y esperanza que es la exigencia de seguir avanzando en forma positiva como lo indican las propias encuestas electorales que sitúan al actual mandatario con 6 a 7 puntos de ventaja.

El peligro de la ola ultraderechista no concierne únicamente a Brasil, sino a toda América Latina y al equilibrio del Sur Global. La tentativa de liquidar la soberanía brasileña a través de estos títeres, amantes del hegemonismo, busca reimplantar las estrategias de intervención directa vía golpes blandos suaves según el manual del politólogo Gene Sharp. Frente a la extorsión foránea y la genuflexión bolsonarista, la defensa del proyecto integrador, popular y soberano encabezado por Lula da Silva se convierte en la trinchera decisiva para la dignidad de todo el continente.

Detrás de la fachada de sintonía internacional, el proyecto político de los Bolsonaro transita por un terreno minado de incertidumbres legales. El caso más paradigmático es la situación de Jair Bolsonaro, condenado a prisión por su participación en un intento de golpe de Estado. A esto se suman investigaciones sobre redes de desinformación, donde figura el consultor argentino Fernando Cerimedo, donde su rol como artífice de campañas de manipulación y desinformación digital evidencia la vulnerabilidad institucional frente a las injerencias algorítmicas. Las ramificaciones judiciales demuestran que la extrema derecha opera en un limbo híbrido, donde la agitación digital compensa la podredumbre política y moral de sus líderes. Es la sombra intervencionista.

La alianza entre los Bolsonaro y Trump expone una contradicción tan flagrante como peligrosa: se aplauden discursos patrióticos mientras se avalan medidas que lesionan la estabilidad política, social y comercial del gigante sudamericano. Con un escenario judicial asfixiante y un andamiaje de propaganda bajo la lupa, la derecha confía en la validación externa para mantener viva una polarización que amenaza la democracia institucional de cara a las urnas del próximo 4 de octubre. La soberanía de Brasil y del continente está en juego.

Pablo Jofré Leal es periodista y analista internacional.

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Notas

[1] La guerra híbrida es el mecanismo por el cual el imperialismo contemporáneo ejecuta una “política de máxima presión” combinado la fuerza militar indirecta, el sabotaje, asedio cibernético y de manera fundamental la manipulación de la opinión pública, para derribar de forma asimétrica a los proyectos nacionales, que se niegan a subordinarse a su hegemonía.

[2] Según Mariano Aguirre para reactivar la Doctrina Monroe Washington está reactivando y en otras reajustando su presencia militar en la región, incrementar sus fuerzas navales para controlar las rutas migratorias y el tráfico de drogas y desplegar efectivos en las fronteras. Además, utilizará «el sistema militar superior al de cualquier otro país del mundo» para acceder a los recursos energéticos y minerales de la región. 

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