martes, 10 de febrero de 2026

CUBA ESTÁ EN PELIGRO.

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"En diciembre de 2025, Alejandro Gil, exministro de Economía de Cuba, fue condenado a cadena perpetua. Entre los cargos que se le imputaron, según el Tribunal Supremo Popular de Cuba, figuraban acusaciones de espionaje, corrupción, soborno y delitos económicos. Al parecer, Gil había abusado de su cargo en beneficio personal y facilitado información a entidades extranjeras. Aun así, la supervivencia de Cuba es una prueba impresionante de los logros alcanzados por la Revolución hasta los años noventa. La mayoría de los Estados que conquistaron la independencia política en la ola de revoluciones antimperialistas que siguió a la victoria de las revoluciones china y cubana no fueron capaces de preservar sus logros revolucionarios: Argelia y Egipto son ejemplos de esa regresión histórica posterior a 1991. En ese contexto, la responsabilidad de Brasil —y, en una escala diferente, la de China— en la solidaridad con Cuba es ineludible. Cuba está en peligro. Hay que salvarla.

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CUBA ESTÁ EN PELIGRO.

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Cuba enfrenta hoy una ofensiva contrarrevolucionaria abierta. En nombre del «malestar social», Washington apuesta a provocar una implosión interna para consumar la recolonización de la isla. Defender a Cuba no es una opción moral, sino una obligación política de la izquierda.


Valerio Arcary,
Jacobin.

Fuente. Jaque al Neoliberalismo.

Lunes 9 de febrero del 2026.

La situación en Cuba ha empeorado cualitativamente tras el ataque del pasado 3 de enero a Venezuela y el consiguiente secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores. La interrupción de los suministros a Cuba de petróleo venezolano se ha visto en parte compensada por México, pero la decisión y la capacidad de ese país de seguir enviando petróleo a Cuba se ven hoy amenazadas. Trump apuesta a que apretando las tuercas del estrangulamiento económico de la isla se podrá atizar las llamas del malestar social y ya ha pronosticado el inminente colapso del gobierno cubano. La prensa estadounidense ha difundido declaraciones extraoficiales de funcionarios de la administración de Washington según las cuales existiría un plan para derrocar al gobierno de Cuba a más tardar a finales de 2026. En sus provocaciones, Trump llegó al extremo de declarar que Marco Rubio, actual Secretario de Estado y proveniente de una familia de origen cubano, podría ser un buen candidato para la presidencia de Cuba. Esta dramática avalancha plantea un desafío estratégico para la izquierda mundial, en especial la latinoamericana. La defensa de Cuba frente al imperialismo es cuestión de principios. El proyecto de derrocamiento del gobierno cubano es de naturaleza contrarrevolucionaria. La caída de ese gobierno sería una derrota histórica cuyo impacto podría compararse sólo con el derrumbe de la URSS en 1991. La restauración del capitalismo en Cuba sería despiadada y el país se convertiría una vez más en una semicolonia; o peor, en un protectorado estadounidense, similar al que existe en Puerto Rico, desenlace devastador para toda América Latina.



La situación interna de Cuba es de una inmensa penuria, lamentablemente cada vez más parecida a la de los años noventa del llamado

«Período especial» que sobrevino al derrumbe de la URSS. Apagones de varias horas al día castigan a la población de la isla y ni siquiera las grandes ciudades se libran de ese flagelo. La escasez es generalizada, lo mismo de alimentos que de medicinas. La mayoría de la población vive en condiciones materiales de sacrificio. En 2024, Cuba solicitó ayuda al Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, habida cuenta de la incapacidad para satisfacer por medios propios agudas necesidades nutricionales de los niños. Según estimaciones, la pandemia de Covid-19 hizo que la economía cubana se contrajera en más del 10% del PIB. La crisis sanitaria ha reducido casi a la nada el turismo y ha agravado la escasez de divisas fuertes —dólares y euros— esenciales para financiar importaciones y controlar la inflación. Desde 2020, cerca de un millón de cubanos han abandonado la isla en su lucha por la supervivencia.

¿Por qué esta terrible vulnerabilidad? Porque Cuba permanece dramáticamente asediada por el bloqueo de Washington, que se ha visto recrudecido por las nuevas sanciones impuestas por el gobierno de Trump ya desde su primer mandato (y que Biden dejara intactas). Situada a sólo 150 km del sur de Florida, en 1959 Cuba fue escenario del triunfo de la primera revolución socialista en América y, en cuanto Estado independiente, ha sido capaz de resistir hasta hoy todo embate. El imperialismo yanqui considera inaceptable que prevalezca esa Cuba. La burguesía cubana en Estados Unidos es hoy mucho más fuerte que cuando huyera a ese país desde la isla, habiendo pasado a engrosar la clase dominante yanqui, la más poderosa del mundo. A diferencia de los capitalistas chinos en la diáspora, se ha negado a toda negociación con el gobierno de Cuba y ha mantenido una posición de irreconciliable apoyo al bloqueo contra Cuba. Descartada una estrategia militar que daría lugar a una guerra civil, la apuesta de Washington consiste en llevar poco a poco a Cuba a una cruel e implacable asfixia económica a fin de fomentar una crisis social y la subversión interna dentro de la isla.



El aislamiento de Cuba, agravado por la evolución desfavorable de la correlación política de fuerzas en el sistema mundial ante la ofensiva de Trump por preservar la supremacía de Estados Unidos, está en la base de la actual coyuntura. Cuba no es una prueba de que el socialismo sea inviable, sino todo lo contrario. Durante décadas, Cuba entusiasmó al mundo con extraordinarias proezas sociales cuyos resultados en educación, salud pública e investigaciones médicas eran muy superiores a los de países con muchos más recursos naturales y anterior nivel de desarrollo material y tecnológico. Los logros científicos de Cuba abarcaron, en fecha muy reciente, el desarrollo autónomo, en tiempo récord, de vacunas contra el coronavirus. La propiedad social y la planificación económica han demostrado su superioridad en comparación con los regímenes de propiedad y sistemas de gestión en Estados capitalistas en una etapa similar de desarrollo económico y social. No tiene sentido comparar a Cuba con España, pero sí con países vecinos de América Central o el Caribe. En sentido general, mientras existió la URSS, el desarrollo social de Cuba fue todo un éxito. Para citar sólo unos pocos ejemplos, todavía en 2022, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Cuba exhibía un Índice de Desarrollo Humano de 0.762, lo que la situaba en el grupo de países de «alto desarrollo humano», con una esperanza de vida de 77,63 años y una tasa de mortalidad infantil que hasta ese mismo año había sido durante décadas inferior a la de Estados Unidos: aproximadamente 4.08-5 muertes por cada 1.000 nacidos vivos en Cuba en comparación con aproximadamente 5.4-5.9 por cada 1.000 nacidos vivos en Estados Unidos. Por otro lado, el proceso de transición poscapitalista en Cuba se vio interrumpido por numerosos factores. Aun así, los nuevos sectores sociales acomodados que se fueron constituyendo en la isla gracias a las oportunidades de negocio favorecidas por el propio gobierno con el fin de aumentar la capacidad productiva y atraer inversiones extranjeras, permanecen fuera del poder. No se puede dejar de reconocer, sin embargo, que tras tantos años de devastadores sacrificios en Cuba se ha producido una fractura generacional difícil, si no imposible de cerrar.

La estrategia de Trump apunta a la subversión política y social en Cuba por medio de su estrangulamiento económico. El malestar social en la isla aumentó a medida que la vida se hacía más y más difícil. No obstante, las razones que pueden llevar a que la gente salga a manifestarse en las calles —aun cuando sean legítimas y comprensibles, como durante las masivas protestas del 11 de julio de 2021— no son suficientes para caracterizar de progresista cualquier movilización. Ser de izquierda no nos obliga a apoyar cualquier movilización contra el gobierno. En la tradición marxista, son cuatro los criterios para formarse una opinión sobre la naturaleza de una protesta social:

1) cuáles son las reivindicaciones o el programa;

2) cuál es el sujeto social;

3) quién desempeña el papel de sujeto político; y

4) cuáles son los resultados probables.



No basta con que las reivindicaciones sean justas. Que el sujeto social sea de extracción popular es un factor importante, pero tampoco es suficiente. Si la dirección es reaccionaria, ignorar el desenlace más probable es una imprudencia. Se impone la necesidad de un análisis objetivo para no caer en la trampa de desvalorizar el papel de quienes dirigen la movilización y de pasar por alto el desenlace que esa dirección busca. La lucha por el poder es el núcleo de la lucha de clases. Una desestabilización del gobierno cubano para propiciar la entrega del país a la burguesía de Miami sería una tragedia histórica.

En Cuba, la alternativa no es entre dictadura y democracia, sino —como en Venezuela e Irán— entre independencia o recolonización. Defender a Cuba frente a las presiones imperialistas no significa alinearse incondicionalmente con toda acción o medida del gobierno de La Habana. Por el contrario, toda actitud solidaria e internacionalista honesta debe ser una actitud de apoyo crítico, tanto en el plano estratégico como en el táctico. Lo que significa que quienes defiendan a la Revolución deben estar en condiciones de ejercer sus derechos democráticos a la libre expresión ante onerosas presiones burocráticas.

En diciembre de 2025, Alejandro Gil, exministro de Economía de Cuba, fue condenado a cadena perpetua. Entre los cargos que se le imputaron, según el Tribunal Supremo Popular de Cuba, figuraban acusaciones de espionaje, corrupción, soborno y delitos económicos. Al parecer, Gil había abusado de su cargo en beneficio personal y facilitado información a entidades extranjeras. Aun así, la supervivencia de Cuba es una prueba impresionante de los logros alcanzados por la Revolución hasta los años noventa. La mayoría de los Estados que conquistaron la independencia política en la ola de revoluciones antimperialistas que siguió a la victoria de las revoluciones china y cubana no fueron capaces de preservar sus logros revolucionarios: Argelia y Egipto son ejemplos de esa regresión histórica posterior a 1991. En ese contexto, la responsabilidad de Brasil —y, en una escala diferente, la de China— en la solidaridad con Cuba es ineludible. Cuba está en peligro. Hay que salvarla.

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lunes, 9 de febrero de 2026

LA DOCTRINA DONROE: UNA RELACIÓN IMAGINARIA CON UN DECLIVE REAL.

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“Ahora bien, parte de esto puede revisarse a medida que la situación evolucione. Todavía podríamos ver más de lo que Rubio y el partido de la guerra quieren, que es la acumulación de impulso hacia una invasión directa mucho mayor. El umbral ya ha sido cruzado, y la administración no se preocupó demasiado por construir apoyo público (escaso) ni por elaborar un fundamento legal. Una victoria rápida y fácil lubrica el camino hacia acciones más arriesgadas. Si dependiera de Rubio, sospecho, esto no adoptaría la forma de una ocupación de Venezuela, que sería un desastre al estilo Irak, sino de una operación equivalente en Cuba. Y aunque sospecho que allí encontrarían mucha más resistencia, lo que exigiría un compromiso militar mucho mayor, no se puede descartar por completo la posibilidad de una incursión rápida y exitosa. Tampoco quiero dar la impresión de ser triunfalista o complaciente respecto del declive estadounidense: un imperio moribundo es una bestia peligrosa y hará pagar un alto precio en sangre por su decadencia. Cuanto más desesperado esté, más temerario se volverá, incluso sin un liderazgo tan notoriamente torpe, incompetente y auto engrandecido. Sin embargo, por el momento, y hasta donde puedo ver, esto es realmente el poder estadounidense consumiéndose a sí mismo en el acto mismo de ejercerse. Y creo que es importante no ceder ante el espectáculo del poder soberano, porque sus efectos dependen en gran medida de que la gente compre ese espectáculo.

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Fuentes: Patreon – Jacobin.

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LA DOCTRINA DONROE:

UNA RELACIÓN IMAGINARIA CON UN DECLIVE REAL.

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Por Richard Seymour | 09/02/2026 | EE.UU.

Fuentes. Revista Rebelión lunes 9 de febrero del 2026.

El ataque contra Venezuela no es síntoma de un nuevo auge imperial sino, por el contrario, una prueba de su decadencia. Pero el poder estadounidense consumiéndose a sí mismo no deja de ser una bestia muy peligrosa.

Así como Lutero se puso la máscara de San Pablo, la administración Trump se reviste con los atuendos del imperialismo del siglo XIX («la Doctrina Donroe»). La edad menos heroica convoca a los muertos de la historia mundial, en este caso no para inspirar un heroísmo real. Eso sería peligroso. Los convoca, en cambio, para producir un simulacro, una mera imagen digital, de heroísmo.

Se supone, creo, que debemos quedar deslumbrados por el gesto teatral, por la exhibición de poder bruto, por la facilidad sin fricciones con la que Estados Unidos llevó adelante su incursión en Caracas, despachando 150 aeronaves y puñados de fuerzas especiales y agentes del FBI, y dejando unas pocas decenas de soldados muertos, la mayoría de ellos, según se informó, cubanos.



Cuando Marcos Rubio habló sobre el secuestro de Nicolás Maduro en la conferencia de prensa en la Casa Blanca, estaba eufórico.

«Si yo viviera en La Habana y formara parte del gobierno, estaría preocupado». El cambio de régimen en Cuba es, evidentemente, lo que Rubio y la derecha de Miami desean. Rubio viene sosteniendo dentro de la administración Trump que el efecto dominó de la caída de un régimen provocaría el derrumbe de todos los gobiernos de izquierda de la región. El senador Lindsey Graham también insistió en esa línea: «Esperen a Cuba. … Sus días están contados. Un día nos vamos a despertar, espero que, en 2026, y en nuestro patio trasero vamos a tener aliados en estos países haciendo negocios con Estados Unidos».

Trump, por su parte, volvió sobre su tema favorito: el petróleo, y cómo Estados Unidos debería ser dueño de todo, y cómo fue robado a Exxon, etcétera. Pero también enfatizó un relato regional y amenazó con nuevas intervenciones en Colombia y México, afirmando que Gustavo Petro estaba «produciendo cocaína» y «enviándola a Estados Unidos», y que Claudia Sheinbaum gobernaba aterrorizada por los cárteles. ¿Qué sigue? Groenlandia, le dijo a The Atlantic. Tal vez incluso Canadá. La Doctrina Donroe no reconoce límites territoriales dentro de su hemisferio de influencia.

Sí, creo que se supone que debemos quedar impresionados, sin pensar demasiado en los resultados. Se supone que debemos olvidar el dilema de un imperio moribundo, en el que casi todo lo que se hace para frenar su declive termina disminuyendo su capacidad futura de acción.

Las cosas siguen siendo algo confusas, pero por ahora se pueden afirmar algunas cuestiones. Primero, la incursión fue fácil porque el régimen estaba vaciado por dentro. Maduro tenía cubanos defendiéndolo porque no podía confiar en venezolanos. Su círculo íntimo estaba infiltrado por un agente de la CIA y su secuestro parece haber sido una rendición negociada por quienes estaban cerca de él. El secuestro no provocó ninguna movilización popular y casi ninguna resistencia por parte de las Fuerzas Armadas, a diferencia de lo que habría ocurrido si esto se hubiera intentado contra Chávez. Segundo, la incursión fue fácil por su ambición limitada. Trump se jacta de estar «dirigiendo» Venezuela y amenaza con «botas sobre el terreno», pero eso no ocurrió. Dejaron al aparato del PSUV a cargo. No hubo botas sobre el terreno y no hubo cambio de régimen, hubo madurismo sin Maduro y la pobre María Corina Machado, que venía audicionando para el papel, suplicando por una intervención y prometiendo conferencias empresariales para privatizar todo lo que no estuviera atornillado, quedó afuera porque es demasiado impopular para gobernar. Sin duda, las redes de la CIA seguirán operando en Venezuela y, también sin duda, un régimen bajo presión puede ser inducido a hacer concesiones significativas para que Trump quede bien. Pero eso plantea la pregunta de qué podrían pedir que no pudiera haberse inducido a Maduro a conceder.



Circulan muchos malos argumentos según los cuales esto fue en realidad una apuesta por controlar las notoriamente infladas reservas «probadas» de petróleo de Venezuela. Como señala el economista James Meadway, eso mismo sería un síntoma de declive. Una administración que cedió la batalla por el control de la energía del futuro a China, por razones puramente ideológicas, estaría luchando por el control de la energía del pasado. Pero sinceramente no creo que eso sea lo que está en juego. Maduro estaba perfectamente dispuesto a ofrecerle concesiones petroleras a las corporaciones estadounidenses. Chevron produce actualmente alrededor de una cuarta parte del petróleo del país. Podrían ampliar fácilmente las exenciones a las sanciones si quisieran que saliera más petróleo de Venezuela. A menos que uno realmente crea las tonterías que Trump viene diciendo sobre que Venezuela roba petróleo estadounidense, algo de lo que incluso el Washington Post, alineado ideológicamente con la Casa Blanca, se burla, no hay ninguna razón por la que no pudieran trabajar con Maduro del mismo modo que pueden trabajar con Delcy Rodríguez. Tampoco puede tratarse de liberalización económica, porque, aunque Machado es más agresiva en ese terreno, el PSUV viene impulsando privatizaciones desde 2020. Quien piense que el gobierno venezolano todavía representa algún tipo de camino socialista o anticapitalista está tristemente engañado: en este punto es una máquina administrativa.

Entonces, ¿qué más hay? La reciente Estrategia de Seguridad Nacional, entre toda su retórica alucinatoria, alude de manera oblicua al objetivo de mantener fuera de América Latina a influencias hostiles. Esto probablemente se refiera a China, que efectivamente es, como escribí antes, una potencia comercial en ascenso en la región. Sin embargo, para empezar, sabemos que incluso los gobiernos de extrema derecha preferidos por la administración estadounidense encontraron seductoramente fácil tratar con China. Después de toda una serie de campañas electorales en las que se multiplicó el pánico sinofóbico, siguen comerciando con Pekín sin problemas. Machado probablemente haría lo mismo. La República Popular China no necesita formar alianzas con gobiernos de izquierda. Además, las tácticas estadounidenses, caprichosas, de intimidación, incentivos, acuerdos y violencia teatral, probablemente sean un regalo para el poder blando chino, y no solo a largo plazo.



Eso nos deja con la gran idea de Rubio de una reversión hemisférica anticomunista. Pero lo único que la sostiene es la teoría del dominó de la Guerra Fría, que ni siquiera se aplicó bien a los movimientos y Estados comunistas reales. La idea de que el efecto demostración de la decapitación pública de un Estado desencadenará una reacción en cadena contra la izquierda es absurda. Y si América Latina alguna vez fue el «patio trasero» que evoca Lindsey Graham, hace tiempo que dejó de serlo. La época en la que unos pocos filibusteros podían aspirar a conquistar o desestabilizar Estados latinoamericanos para su propio beneficio, la era de la Doctrina Monroe original, terminó hace mucho. También terminó la era de la instalación de dictaduras de seguridad nacional mediante intervenciones rápidas y sucias, para después dejarlas gobernar. Y, por ahora, también terminó la era de las contrarrevoluciones con escuadrones de la muerte. No se puede aspirar seriamente a dominar un continente de Estados industrialmente avanzados, socialmente diferenciados y políticamente complejos mediante este tipo de castigos espectaculares. Hay que tratar a los Estados de la región como actores por derecho propio, no como clientes o sirvientes.

Ahora bien, parte de esto puede revisarse a medida que la situación evolucione. Todavía podríamos ver más de lo que Rubio y el partido de la guerra quieren, que es la acumulación de impulso hacia una invasión directa mucho mayor. El umbral ya ha sido cruzado, y la administración no se preocupó demasiado por construir apoyo público (escaso) ni por elaborar un fundamento legal. Una victoria rápida y fácil lubrica el camino hacia acciones más arriesgadas. Si dependiera de Rubio, sospecho, esto no adoptaría la forma de una ocupación de Venezuela, que sería un desastre al estilo Irak, sino de una operación equivalente en Cuba. Y aunque sospecho que allí encontrarían mucha más resistencia, lo que exigiría un compromiso militar mucho mayor, no se puede descartar por completo la posibilidad de una incursión rápida y exitosa. Tampoco quiero dar la impresión de ser triunfalista o complaciente respecto del declive estadounidense: un imperio moribundo es una bestia peligrosa y hará pagar un alto precio en sangre por su decadencia. Cuanto más desesperado esté, más temerario se volverá, incluso sin un liderazgo tan notoriamente torpe, incompetente y auto engrandecido.

Sin embargo, por el momento, y hasta donde puedo ver, esto es realmente el poder estadounidense consumiéndose a sí mismo en el acto mismo de ejercerse. Y creo que es importante no ceder ante el espectáculo del poder soberano, porque sus efectos dependen en gran medida de que la gente compre ese espectáculo.

Artículo publicado el 5 de enero en Patreon.

Traducción: Pedro Perucca

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domingo, 8 de febrero de 2026

GEOPOLÍTICA DEL AGUA, UNA MIRADA SOBRE EL ORDEN INTERNACIONAL. El hilo que une Groenlandia, Venezuela y la Ley de Glaciares.

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“Plata dulce. Por ejemplo, la cotización de 1.000 m³ de agua cotiza hoy a USD 221, tras haber alcanzado un máximo de USD 1.040 en 2022. En el último año, cayó USD 127 a partir de que Trump iniciara sus embestidas por la posesión de Groenlandia. ¿Variaron, acaso, los stocks de agua dulce en California? No, lo que variaron fueron las expectativas del mercado respecto de quién controlará su posesión y su abastecimiento global en los próximos años. Groenlandia alberga en sus hielos alrededor del 20% del agua dulce mundial, además de importantes reservas energéticas y minerales. El deshielo ártico la convierte, además, en un punto clave para la navegación comercial, permitiendo rutas más cortas entre Asia y Occidente. Así, la geopolítica del agua involucra, también, decisiones logísticas de vital importancia para el comercio mundial.

“La reciente intervención militar en Venezuela ha tenido como principal objetivo la toma del control, por parte de los EE. UU., de la producción y del comercio petrolero de ese país. Detrás de esta maniobra de alto contenido estratégico, se pierde de vista el enorme ahorro hídrico que le deparará a la economía estadounidense: la extracción de cada millón de barriles de petróleo venezolano consumirá no menos de 7.000 millones de m³ de agua virtual que beneficiarán indirectamente a los productores de EE. UU., mientras que los costos hidrográficos y ambientales recaerán en su totalidad sobre Venezuela.

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El gobierno junto al sector minero quieren voltear la Ley de Glaciares. (Archivo).

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GEOPOLÍTICA DEL AGUA, UNA MIRADA SOBRE EL ORDEN INTERNACIONAL.

El hilo que une Groenlandia, Venezuela y la Ley de Glaciares.

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Muchos eventos de política exterior aparentemente desconectados, hoy se articulan en torno a una feroz competencia por la apropiación de recursos naturales escasos.

Por. Rubén Manasés Achdjian.

Fuente. Página /12 domingo 8 de febrero del 2026.

Los historiadores del futuro probablemente describan nuestro presente como un momento de transición entre el antiguo orden internacional unipolar surgido del colapso de la Unión Soviética y un nuevo escenario global, posiblemente tripolar, en el que los EE. UU. se verán obligado a ceder parte de su hegemonía en favor de los intereses estratégicos de China y Rusia.

Vivimos tiempos de inestabilidad e incertidumbre en los que, como advertía Keynes, generalmente sucede lo inesperado antes que lo inevitable. Muchos eventos de política exterior aparentemente desconectados, hoy se articulan en torno a una feroz competencia por la apropiación de recursos naturales escasos.

Si buscáramos un hilo conductor entre las declaraciones de Donald Trump sobre la soberanía de Groenlandia, la intervención militar estadounidense en Venezuela -con más olor a petróleo que a “democracia”- y la propuesta de Milei para modificar la ley de glaciares, ese denominador común sería el agua.

Habitualmente, los análisis económicos oficiales cuantifican el comercio exterior en términos monetarios, sin considerar los tipos o los volúmenes de bienes intercambiados. Sin embargo, existen estudios que convierten esas transacciones en cantidades de bienes físicos comparables, como el volumen de agua dulce necesario para producir distintas mercancías.

En 1993, el geógrafo John Anthony Allan creó el concepto de agua virtual para medir y comparar cuánta agua dulce está incorporada en la elaboración de un producto. Esta cantidad es “virtual” porque no se ve en la forma exterior de la mercancía terminada pero sí se ha utilizado en sus distintas etapas de producción.

A menudo, la producción y el consumo de una mercancía ocurren en territorios distintos. Cuando el agua utilizada es del propio país, se denomina autóctona; si el agua se encuentra incorporada a productos extranjeros, es exógena. Esta importante distinción permite analizar cuánta agua ahorra un país al importar productos y cuánta agua exporta junto con sus mercancías.



Comercio medido en agua.

Según algunas estimaciones, producir una tonelada de soja requiere unos 2.500 m³ de agua; una de trigo, más de 1.400 m³; y una de carne vacuna, hasta 17.000 m³. Nuestro país es un exportador neto de agua virtual: sus ventas al exterior contienen más de 55.000 millones de m³ anuales de agua dulce, una cifra cercana a la de Australia, aunque muy lejos de la de Estados Unidos. Entre los principales importadores netos de agua virtual figuran Japón, Indonesia y China.

Sudamérica, que representa solo el 6% de la población mundial, posee la mayor disponibilidad per cápita de agua dulce. Brasil lidera el ranking con un promedio de 33.000 m³ por habitante y Argentina ocupa el sexto lugar, con 20.500 m³. No obstante, en los últimos treinta años, nuestro país perdió cerca de 5.500 m³ por persona, lo que explica en buena parte la aridez y semiaridez del 80% del territorio, una situación que pone en riesgo las reservas hídricas futuras.

Las investigaciones sobre el agua impulsaron nuevas ramas de análisis económico y político, como la hidropolítica y la geopolítica del agua, que buscan gestionar este recurso de manera eficiente para asegurar su acceso universal y evitar conflictos armados por su carencia. Entre 2020 y 2025, el Pacific Institute documentó 1.428 conflictos ligados al agua en el mundo, de los cuales 105 evolucionaron en enfrentamientos armados, como los casos recientes ocurridos en Gaza y Donetsk.

El capitalismo global opera bajo tres lógicas: privatizar bienes colectivos, defender el mercado como el único mecanismo eficiente para asignarlos y convertir cualquier activo tangible en un instrumento financiero. El agua dulce también ha sido alcanzada por este proceso.

Desde diciembre de 2020 cotiza en Nasdaq -el segundo mercado de valores más importante de los EE. UU., luego de Wall Street- un índice bursátil (el NQH20) que fue creado con el objeto aparente de que los agricultores californianos tuvieran una mayor previsibilidad sobre los precios futuros del agua pero que, en la práctica, actúa como un instrumento que facilita la especulación financiera.



Plata dulce.

Por ejemplo, la cotización de 1.000 m³ de agua cotiza hoy a USD 221, tras haber alcanzado un máximo de USD 1.040 en 2022. En el último año, cayó USD 127 a partir de que Trump iniciara sus embestidas por la posesión de Groenlandia. ¿Variaron, acaso, los stocks de agua dulce en California? No, lo que variaron fueron las expectativas del mercado respecto de quién controlará su posesión y su abastecimiento global en los próximos años.

Groenlandia alberga en sus hielos alrededor del 20% del agua dulce mundial, además de importantes reservas energéticas y minerales. El deshielo ártico la convierte, además, en un punto clave para la navegación comercial, permitiendo rutas más cortas entre Asia y Occidente. Así, la geopolítica del agua involucra, también, decisiones logísticas de vital importancia para el comercio mundial.

La reciente intervención militar en Venezuela ha tenido como principal objetivo la toma del control, por parte de los EE. UU., de la producción y del comercio petrolero de ese país. Detrás de esta maniobra de alto contenido estratégico, se pierde de vista el enorme ahorro hídrico que le deparará a la economía estadounidense: la extracción de cada millón de barriles de petróleo venezolano consumirá no menos de 7.000 millones de m³ de agua virtual que beneficiarán indirectamente a los productores de EE. UU., mientras que los costos hidrográficos y ambientales recaerán en su totalidad sobre Venezuela.



En Argentina.

En Argentina, los sectores incorporados al régimen de incentivos a las grandes inversiones (RIGI) —como la minería y los hidrocarburos— son usuarios intensivos de agua dulce. El proyecto del gobierno para reformar la Ley de Glaciares busca habilitar la explotación de estas enormes masas de hielo ricos en agua dulce, hasta ahora protegidos.

De aprobarse estas modificaciones, cualquier glaciar y su zona aledaña podrían quedar fuera de resguardo estatal si la autoridad de aplicación dejara de considerarlos como reservas estratégicas, como fuente de recarga de las cuencas hidrográficas o que su destino no fuera necesario para el consumo humano o la actividad agrícola.

La desprotección de los glaciares tiene como contracara la explotación económica privada. Una vez más se intenta imponer la lógica capitalista de subordinar los recursos naturales -que, en origen, son colectivos- a las decisiones de un grupo reducido de corporaciones económicas privadas.

La geopolítica del agua ocupa hoy un lugar central en la discusión del nuevo orden mundial. Detrás del discurso de la eficiencia económica, la captación de inversiones, el desarrollo y el estímulo a la iniciativa privada se esconde, una vez más, la depredación de los recursos naturales, cuyos beneficios se exportan a los centros globales del poder político y económico mientras que los enormes costos ambientales que este despojo genera, terminan hipotecando la vida cotidiana de nuestras comunidades locales, cada día más empobrecidas.

Rubén Manasés Achdjian es politólogo y doctor en Ciencias Sociales (UBA) ruben.achdjian@gmail.com

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sábado, 7 de febrero de 2026

DE MONROE A DONROE: LA DOCTRINA CON LA QUE TRUMP JUSTIFICA SU INTERVENCIÓN Y BUSCA ALEJAR A CHINA DE AMÉRICA LATINA.

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“Un nuevo objetivo. La actual gestión, ahora bajo la llamada ‘Doctrina Donroe’, plantea a China como su principal rival, posicionándola por encima de Europa, como ocurrió en gestiones pasadas. Mediante la aplicación de aranceles o sanciones, Estados Unidos inició una nueva escalada, obligando a los países a elegir entre los intereses de mantener una alianza con Washington por encima de sus vínculos con el gigante asiático. “No hay duda de que la presión existe y los países son vulnerables a ella”, reveló Jorge Heine, exembajador de Chile en China, para CNN. No obstante, la segunda economía más grande del mundo no muestra señales de retirarse del suelo americano, a pesar de la presión. De hecho, China mantiene una extensa red de vínculos en América Latina y el Caribe, relación que despegó a principios de la década del 2000, según CNN. Solo a principios de este mes, el país asiático anunció el mayor superávit comercial de la historia del mundo, con US$ 1.200 millones en 2025, con un aumento del comercio con la región del 8 %, esto pese a los aranceles impuestos por Trump.

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La idea nació exactamente en 1823 bajo el presidente James Monroe. Foto: Composición LR.

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DE MONROE A DONROE:

LA DOCTRINA CON LA QUE TRUMP JUSTIFICA SU INTERVENCIÓN Y BUSCA ALEJAR A CHINA

DE AMÉRICA LATINA.

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El nuevo enfoque, denominado 'Doctrina Donroe', busca limitar el acceso de competidores como China a activos estratégicos, especialmente en la industria petrolera venezolana.

Por Mauricio Guevara. Periodista.

Fuente. La República viernes 6 de febrero del 2026. 

América para los americanos’: La doctrina Monroe pasó a ser, después de más de 200 años, la línea de política exterior que el nuevo gobierno de Donald Trump decide implementar en Estados Unidos. La idea nació exactamente en 1823 bajo el presidente James Monroe, quien la utilizó como justificación para sus acciones intervencionistas, como la realizada en Venezuela el pasado 3 de enero bajo el segundo mandato Trump. 

Según cita CNN, la estrategia de seguridad nacional publicada en diciembre comprometía a la administración a

“negar a competidores no hemisféricos” el control de “activos estratégicamente vitales” en el hemisferio occidental y a “hacer todo lo posible para expulsar a las empresas extranjeras que construyen infraestructura en la región”. Este discurso sería aplicado en el control del comercio del petróleo de Venezuela, un aliado de largo plazo de China, quien invirtió durante años en los yacimientos petrolíferos y la infraestructura, pero hoy se ve obligado a negociar los acuerdos con EE. UU.

Acciones como el interés por Groenlandia, las críticas contra la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), sumado a la descalificación constante del poder de Europa, forman también parte de esta línea que Trump decidió implantar en su administración, renombrándola como ‘doctrina Donroe’.

"Es un asunto importante, pero la hemos superado en mucho, muchísimo”, exclamó el mandatario tras la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro, y en alusión a esta reinvención.

"El término Doctrina Donroe ya suena a Don Corleone, a algo mafioso", describió al respecto Bernd Greiner, politólogo y experto en estudios estadounidenses, al periódico Süddeutsche Zeitung. Además, Greiner explica que así es como maneja la política el líder republicano, siendo la “imprevisibilidad” su principal “divisa”, la cual suele estar acompañada de “chantaje e intimidación”, características similares a las de las “bandas mafiosas”.


 

¿Qué es la doctrina Monroe?

Expuesta en un discurso el 2 de diciembre de 1823 por el presidente Monroe frente al Congreso de Estados Unidos, la doctrina fue parte de una advertencia a las potencias europeas para que se mantuvieran fuera del continente americano.

“Por la condición de libres e independientes que han asumido y mantienen, no deben ser considerados en adelante sujetos de futura colonización por ninguna potencia europea”, dijo el entonces mandatario estadounidense.

La BBC relata que el histórico hecho se dio años después de que en Europa se formara la llamada Santa Alianza (1815), integrada por Rusia, Austria y Prusia, la cual tenía como objetivo defender las monarquías absolutistas, además de combatir los movimientos revolucionarios.

“Monroe y su secretario de Estado, John Quincy Adams, formularon una política que establecía que EE. UU. asumiría la defensa de la soberanía de América con el apoyo del poderío naval británico, del que carecía su país”, recuenta el medio.

No obstante, esta “solidaridad” terminó por derivar en una política expansionista y de protección de los intereses económicos estadounidenses. Alex Bryne, especialista en historia estadounidense, resalta que estas

“discrepancias varían dependiendo de cómo individuos específicos la han interpretado en los últimos 200 años”. Un hecho que se ejemplifica en el accionar de Trump durante su segunda administración.

 


La doctrina fue parte de una advertencia a las potencias europeas. Foto: History.

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"El patio trasero de Estados Unidos"

Cabe indicar que esta no es la primera vez que la visión de política exterior fue moldeada por un presidente estadounidense. Theodore Roosevelt la amplió en 1904 mediante el “corolario Roosevelt”. Con esto, Estados Unidos se otorgaba el derecho a intervenir en países de América Latina para prevenir lo que, en aquel momento, describió como “mala conducta crónica” e “inestabilidad”. De esta manera, según el medio Deutsche Welle (DW), Latinoamérica pasó a ser considerada como “el patio trasero” del gobierno estadounidense.

Asimismo, en 1954, el mandatario estadounidense Dwight D. Eisenhower anunció una nueva extensión, esta vez llamada “teoría del dominó”. Fue concebida con el fin de evitar que los países cayeran bajo la influencia de la Unión Soviética y, por ende, el comunismo. Esta justificación sirvió para sus enfrentamientos posteriores, como la guerra contra Vietnam del Norte y las diversas intervenciones a manos de servicios secretos, como en Nicaragua, Cuba, República Dominicana, Haití, Guatemala, Chile y Granada.

“La CIA intervino para debilitar fuerzas consideradas contrarias a los intereses de Estados Unidos: gobiernos reformistas, movimientos sindicales, procesos de reforma agraria o fiscal. En muchos casos, apoyó golpes militares, como el derrocamiento de Jacobo Árbenz. Pero todo esto era encubierto”, afirma la politóloga Evelyne Huber, profesora de la Universidad de Carolina del Norte, para Enlace Latino NC.

 

La doctrina apoyó golpes militares, como el derrocamiento de Jacobo Árbenz en Guatemala. Foto: BBC.

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Un nuevo objetivo.

La actual gestión, ahora bajo la llamada ‘Doctrina Donroe’, plantea a China como su principal rival, posicionándola por encima de Europa, como ocurrió en gestiones pasadas. Mediante la aplicación de aranceles o sanciones, Estados Unidos inició una nueva escalada, obligando a los países a elegir entre los intereses de mantener una alianza con Washington por encima de sus vínculos con el gigante asiático.

“No hay duda de que la presión existe y los países son vulnerables a ella”, reveló Jorge Heine, exembajador de Chile en China, para CNN.

No obstante, la segunda economía más grande del mundo no muestra señales de retirarse del suelo americano, a pesar de la presión. De hecho, China mantiene una extensa red de vínculos en América Latina y el Caribe, relación que despegó a principios de la década del 2000, según CNN. Solo a principios de este mes, el país asiático anunció el mayor superávit comercial de la historia del mundo, con US$ 1.200 millones en 2025, con un aumento del comercio con la región del 8 %, esto pese a los aranceles impuestos por Trump.



China presente en América Latina.

Las empresas chinas canalizaron una inversión total de US$ 302.000 millones en América Latina entre 2000 y 2023, según un informe de AidData, un laboratorio de investigación de la Universidad William & Mary. Este capital fue destinado a proyectos de infraestructura clave como puertos, carreteras, centrales eléctricas, parques eólicos y solares, además de la construcción de líneas de metro y la explotación de minas.

Los proyectos fueron financiados principalmente con el excedente industrial de China y la ambición de su líder, Xi Jinping, de expandir la influencia global de Beijing. En este sentido, las empresas chinas están profundamente involucradas en la extracción de recursos naturales estratégicos, como el cobre en Perú y el litio en Argentina y Chile, este último esencial para la fabricación de baterías recargables para vehículos eléctricos. Además, se están preparando para expandir sus operaciones a Bolivia.

También fortaleció su presencia en el sector energético de la región. Empresas respaldadas por el Estado chino operan partes de las redes eléctricas en países como Perú, Chile y Brasil. En el sector de telecomunicaciones, compañías como Huawei y ZTE, a pesar de las restricciones impuestas en Estados Unidos por preocupaciones de seguridad, suministran infraestructura digital en varios países sudamericanos. Entre sus logros destaca la instalación de más de 8.000 kilómetros de fibra óptica en la selva amazónica.

El sector automotor es otro frente clave. El gigante chino BYD inauguró el año pasado una fábrica en Brasil en terrenos que anteriormente ocupaba Ford. Asimismo, Great Wall Motors inició su producción en Brasil, utilizando una planta adquirida a Mercedes-Benz.

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viernes, 6 de febrero de 2026

HITLER VUELVE A ASUMIR Y MAQUIAVELO ESTÁ VIVO.

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En El Malestar en la Cultura observa que, incorporada a la cultura, la necesidad de castigo “yugula el peligroso gusto agresivo del individuo debilitándolo, desarmándolo, y vigilándolo mediante una instancia situada en su interior, como si fuera una guarnición militar en la ciudad conquistada”. Pero es en El Problema económico del masoquismo cuando precisa: “es posible que en el masoquismo naufrague buena parte de su conciencia moral”. Si recordamos que para Maquiavelo la moral no forma parte de la política, bien podemos concluir que “la necesidad de castigo” es el factor clave en la emergencia de estos actuales gobiernos de ultraderecha que hoy oprimen al mundo. Quizás toda una respuesta a la pasividad con la que la sociedad argentina tolera la enorme serie de agravios materiales y simbólicos que, de manera cotidiana, el actual presidente nos dedica. Aquí descubrimos que estar advertidos de la propia agresividad con nosotros mismos es condición del amor que nos preserva de ofrecernos al goce de los Donald Führer. Rasgo estructural en el ser hablante por el cual Freud aplica el calificativo de “primordial” al masoquismo, pero no al sadismo. No en vano, ya Maquiavelo nos advertía que: “el verdadero modo de llegar al paraíso es aprender el camino del infierno para eludirlo”.

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Adolf Hitler Nicolás Maquiavelo (ARCHIVO)

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HITLER VUELVE A ASUMIR Y


 MAQUIAVELO ESTÁ VIVO.


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Por. Sergio Rebalza. 

*Psicoanalista. Doctor en Psicología por la Universidad de Buenos Aires.

Fuente. Página /12 miércoles 4 de febrero del 2026.

Como muestra de su patético alineamiento con Estados Unidos Javier Milei anunció en Davos que Nicolás Maquiavelo había muerto. El extemporáneo anuncio pareció estar dirigido a resaltar las bondades del mercado, las cuales -según el Presidente argentino- harían que moral y política ya no necesitaran marchar separadas, como en su momento se animó a observar el filósofo florentino. Lo cierto es que “Jamoncito” habló inmediatamente después de que Trump ratificara el imperio de un nuevo orden mundial con el mismo propósito que en su momento lo hiciera Adolph Hitler en Alemania. Esto es: MAGA (Make America Great Again) es la misma ilusión que el líder nazi vendió a sus seguidores para recuperar el glorioso pasado teutón por medios similares: prepotencia, crimen, invasión, racismo, persecución a opositores, guerra. Este viernes, que se cumplió un nuevo aniversario de la asunción del líder nazi, bastaría recordar que según el autor de El Príncipe " Así son los asuntos de Estado, cuyos males se curan pronto si se detectan a tiempo”[1], para convenir que Maquiavelo está muy vigente, que Hitler está retornando, y que no hay tiempo para perder. Hagamos un poco de memoria.



Un 30 de enero de 1933 el que iba a ser el Führer llega al poder de forma totalmente legítima. Durante su discurso pronunciado un día después, y en el que no faltaron encendidas exhortaciones a recuperar la Libertad, decía: “Catorce años de marxismo han llevado a Alemania a la ruina. Un año de bolchevismo significaría su destrucción. Los centros de cultura más ricos y más ilustres del mundo quedarían convertidos en un caos. Los males mismos de los últimos quince años no podrían ser comparados con la desolación de una Europa en cuyo corazón hubiese sido levantada la barbarie roja de la destrucción”[2].Es decir, –como si fuera justificación legítima y suficiente- en su primera pieza oratoria el nuevo canciller ya tildaba de comunistas a todo aquel que no se sometiera a su megalómano pensamiento. La persecución estaba en marcha, el arresto de legisladores opositores fue el primer paso para la instalación del Estado totalitario. Lo mismo para el “intelectualismo judío” y para los pacifistas. Pocos meses después, el 10 de mayo del mismo año, miles de estudiantes procedían a la quema de libros en la Plaza de la Ópera de Berlín con el fin de purificar, no solo la sangre, sino la cultura alemana. Entre los objetivos de esta acción contra la bibliografía “decadente” que incluyó textos de Sigmund Freud, figuraba la demonización de la homosexualidad y toda manifestación que supusiera para una mujer otra cosa que el destino de madre y esposa.

Hoy el actual escenario político mundial se tiñe con la violencia del King norteamericano cuyo discurso coincide en dos puntos esenciales con el delirio nazi más arriba descripto: la persecución a opositores -de la cual los asesinatos a manos del ICE en Minneapolis son una acabada muestra-, y la “purificación” sexual que Trump implementa con su diatriba dirigida a las personas transgénero, a quienes considera una amenaza social. La barbarie, la estupidez y la violencia no podrían encontrar mejor manera de anudarse que en el discurso del actual Emperador del mundo. Ya en su momento este mandatario –acusado de abuso sexual- trató de “odiadora de izquierda” a la obispa anglicana que osó pedirle misericordia para los niños LGTB+; inmigrantes y demás personas vulnerables.



Ahora bien, si tal como decía Maquiavelo “La mejor fortificación posible es no ser odiado por el pueblo; porque, aunque tengas fortalezas, si el pueblo te odia, no te salvarán”[3], el proyecto de Donald Trump adolece de una clara fractura de origen: al menos una parte importante de su pueblo lo detesta. Hitler, por su parte, no venía a aliviar el sufrimiento de una sociedad devastada por guerras y miseria. Quería más. Basta con prestar atención a otro pasaje del citado discurso: “La nueva generación debe aceptar grandes sacrificios a fin de enmendar los daños causados por las generaciones anteriores”[4]. Toda la pregunta está en las razones por las cuales semejantes canallas llegan a ostentar puestos de suma autoridad.

Dicen que el psicoanálisis aprende del arte. La República de Weimar fue tan inestable en lo político y económico como prolífica en lo que a la creación artística se refiere. Quizás el intenso dolor de una sociedad lacerada; confundida; aturdida y empujada hacia los resortes más traumáticos de la experiencia humana forjó esa pléyade de artistas; pintores, escritores; poetas y cineastas. Todo lo que el programa hitleriano quería eliminar. No extraña que la genialidad de Freud haya encontrado en ese tumultuoso clima social campo fértil para desentrañar los costados más oscuros de la psique humana. En Inhibición, Síntoma y Angustia describe la velada resistencia que el sujeto opone a la cura como “la conciencia de culpa o necesidad de castigo; [que][5] se opone a todo éxito y, por tanto, también a la curación mediante el análisis”[6].

En El Malestar en la Cultura observa que, incorporada a la cultura, la necesidad de castigo “yugula el peligroso gusto agresivo del individuo debilitándolo, desarmándolo, y vigilándolo mediante una instancia situada en su interior, como si fuera una guarnición militar en la ciudad conquistada”[7]. Pero es en El Problema económico del masoquismo cuando precisa: “es posible que en el masoquismo naufrague buena parte de su conciencia moral”[8]. Si recordamos que para Maquiavelo la moral no forma parte de la política, bien podemos concluir que “la necesidad de castigo” es el factor clave en la emergencia de estos actuales gobiernos de ultraderecha que hoy oprimen al mundo. Quizás toda una respuesta a la pasividad con la que la sociedad argentina tolera la enorme serie de agravios materiales y simbólicos que, de manera cotidiana, el actual presidente nos dedica. Aquí descubrimos que estar advertidos de la propia agresividad con nosotros mismos es condición del amor que nos preserva de ofrecernos al goce de los Donald Führer. Rasgo estructural en el ser hablante por el cual Freud aplica el calificativo de “primordial” al masoquismo, pero no al sadismo. No en vano, ya Maquiavelo nos advertía que: “el verdadero modo de llegar al paraíso es aprender el camino del infierno para eludirlo”[9].

*Psicoanalista. Doctor en Psicología por la Universidad de Buenos Aires.

[1] Nicolás Maquiavelo, “El Príncipe”, Buenos Aires, Ediciones Akal, 2013, p. 18.

[2]Adolph Hitler, “Llamamiento del Reichstag al pueblo alemán”, discurso del 1” de febrero de 1933, pp 1 y 2.

Rescatado en: https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/adolf-hitler-discursos-1933-1938.pdf .

[3] Nicolás Maquiavelo, “El Príncipe”, op. cit. p. 93.

[4] Adolph Hitler, op. cit. rescatado en:

https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/adolf-hitler-discursos-1933-1938.pdf pp. 6

[5] los corchetes son nuestros

[6] Sigmund Freud, [1926(1925)] “Inhibición, síntoma y angustia”, en Obras Completas. A. E. Tomo XX, p.150

[7] Sigmund Freud, [1930(1929)] “El Malestar en la Cultura”, en op. cit. A. E. Tomo XXI, p. 120.

[8] Sigmund Freud [1924] “El problema económico del masoquismo”, en op. cit. Tomo XIX, p. 175.

[9] Nicolás Maquiavelo, Carta dirigida a Francesco Guicciardini , fechada el 17 de mayo de 1521.

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