martes, 3 de febrero de 2026

PESADILLA AMERICANA. LA DECADENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS.

 &&&&&

“Este es un proyecto a largo plazo, con lo cual el trumpismo tiene en mente mantenerse en el gobierno más allá de este gobierno. Así considera la posibilidad de una re-reelección de Trump (o su sucesión por alguien similar como JD Vance), y la posible suspensión de las elecciones en aquellos estados opositores, utilizando la conmoción interna generada por el accionar de ICE. ¿Es posible un golpe de Estado? Todo puede ser, pero lo más probable es una agudización del conflicto interno. Esto a pesar de que las políticas de Trump retienen un 45% de apoyo de la opinión pública, sobre todo en el sur y el medio oeste. Mientras tanto lo que se nota es que la crisis norteamericana continúa sin interrupción, generando desesperación y una agudización de las luchas entre los sectores dominantes. Y también que los sectores dominantes siempre recurrieron, como una salida a las crisis norteamericanas, a la guerra. Estamos ante un nuevo brinkmanship, o sea pararse frente al abismo a ver quién cede primero antes de caerse al barranco.

/////


Fuentes: Diario Tiempo Argentino.

*****


PESADILLA AMERICANA. 

LA DECADENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS.

*****

Por Pablo Pozzi | 03/02/2026 | EE.UU.

Fuentes. Revista Rebelión martes 3 de febrero del 2026.

Hace un cuarto de siglo Zbigniew Brzezinski opinó que el poderío norteamericano no era tanto un producto de su fortaleza sino, más bien, de la debilidad de sus oponentes en el mundo post Unión Soviética. Como tal, él opinaba que la hegemonía norteamericana se vería seriamente cuestionada a principios del nuevo milenio o sea después del tiempo necesario para que fueran surgiendo nuevos contrincantes que sintetizaran la nueva realidad. Este tema fue retomado por el sociólogo brasileño Helio Jaguaribe.

Sólo cinco días antes del ataque a las Torres Gemelas, Jaguaribe consideraba que “el poder de Estados Unidos es inestable” por lo que asistimos al “unimultilateralismo: una unipolaridad con reminiscencias del multilateralismo. Es decir, un híbrido” (Clarín, 7 de septiembre de 2001). 

Con Fabio Nigra estudiamos el tema en 2008, justo cuando ocurrió la crisis subprime. En ese entonces, coincidimos con Zbigniew Brzezinski. El poder norteamericano era omnímodo en 1992, más por la debilidad de las otras potencias que por virtudes propias. Sus problemas económicos, sus fracasos militares (sobre todo en Irak), el estancamiento de la propuesta del ALCA, sus dificultades con sus aliados de la OTAN, más la emergencia de competidores nuevos (China y la India) o la reaparición de algunos viejos, como Japón y Rusia, implicaban claros límites a este poder. Las respuestas de los grupos de poder en torno a los Clinton y a los Bush (que algunos analistas han tildado de «republícratas», porque forman un único partido que controlan a los dos partidos mayoritarios) no han hecho más que agudizar los problemas.


Brzezinski, junto con personajes como Howard Baker (exjefe de gabinete de Ronald Reagan), creía que había que aprovechar el colapso de la URSS para reducir el gasto militar y usar ese dinero para modernizar el aparato productivo y la infraestructura de Estados Unidos. Plantearon que tendrían diez años antes que los nuevos desafíos se convirtieran en realidad. El sector contrario, en general vinculado al complejo militar industrial, proponía profundizar el poderío militar norteamericano, proyectarlo aún más a través del mundo, y así exigir un tributo o un diezmo a diversos países, mientras se hacía con sus mercados y recursos naturales, y ganar tiempo para resolver sus problemas. Ambos planteaban resolver, de distinta manera, tanto la caída en la productividad norteamericana, como el creciente déficit en su balanza comercial. Las remesas de capital en la década de 1990, derivadas del saqueo de Europa del Este, de la deuda externa del Tercer Mundo, y del flujo de dinero derivado de actividades como el narcotráfico y el armamentismo, llevó a una balanza de pagos superavitaria que ocultó los problemas de fondo, y al triunfo de la segunda posición. La crisis subprime de 2008 transparentó el fracaso de esta opción, y el salvataje de Obama a los bancos junto con los incrementos en gasto militar generaron un déficit de presupuesto que apenas si se ocultaba tras la venta de bonos de Tesoro y el hecho de que el dólar era moneda de referencia.

Al mismo tiempo se notaban fracturas importantes entre los sectores dominantes. Los llamados “prusianos” (o sea el complejo militar industrial, petroleras, y un sector informático) habían promovido diversas guerras (los Balcanes, Libia e Iraq en particular) no sólo como forma de enriquecerse y acceder a recursos naturales como el petróleo, sino como forma de negar estos recursos a sus competidores y también de generar un caos mundial que dificultara la competencia. Sus contrarios, denominados “los cowboys” (alimenticias, agribusiness, y los volcados al comercio mundial) se vieron afectados por esto, particularmente porque muchos habían extendido sus operaciones a China y Rusia. Unas 150 corporaciones establecieron sucursales en China, y otro tanto invirtieron en Rusia. El resultado fue una disputa solapada entre estos sectores, que derivó en el primer gobierno de Trump. Su política, que respondía a los intelectuales del Claremont Institute, insistía que Estados Unidos no era más grande, y que por ende debía proteger el mercado interno, promover el comercio, reducir las tensiones internacionales, y dividir Rusia de China, esta última considerada como el principal competidor a nivel comercial.


Decadencia? La Inminente caída del Imperio Norteamericano.
*****

El fracaso de esta política surgió tanto de las disputas internas entre sectores de poder, como de que China aprovechó el relativo aislacionismo de Trump para penetrar profundamente mercados norteamericanos como América Latina. El gobierno de Biden representó un nuevo avance de “los prusianos”, promoviendo la guerra de Ucrania (para debilitar a Rusia y la Unión Europea), dándole mano libre a Israel con los palestinos y con Irán y Siria, y desatando guerras regionales en Yemen y diversos lugares de África y Asia. El resultado fue el debilitamiento del dólar como moneda de referencia, y el aumento del endeudamiento hasta llegar a un 130% del PBI.

Al mismo tiempo, esto generó una crisis interna con aumento de la inflación, mayores niveles de desempleo, y la caída del nivel de legitimidad del sistema político a niveles nunca vistos. Esta fue la base del segundo triunfo electoral de Trump, que prometió cumplir las propuestas de su primer gobierno, mientras adoptaba buena parte de la agenda “prusiana”.

Para llevar esto adelante necesitaba movilizar a la opinión pública, y apuntó a hacerlo con su campaña contra los inmigrantes, y contra aquellos que “se aprovechan de nosotros” fueran ellos aliados como los países de la OTAN, o competidores como China. Al mismo tiempo, se lanzó a recuperar su “patio trasero” y sus recursos naturales y mercados. De ahí la invasión a Venezuela y las presiones sobre gobiernos, como el de Argentina, que dejaran de comerciar con China.



Este es un proyecto a largo plazo, con lo cual el trumpismo tiene en mente mantenerse en el gobierno más allá de este gobierno. Así considera la posibilidad de una re-reelección de Trump (o su sucesión por alguien similar como JD Vance), y la posible suspensión de las elecciones en aquellos estados opositores, utilizando la conmoción interna generada por el accionar de ICE. ¿Es posible un golpe de Estado? Todo puede ser, pero lo más probable es una agudización del conflicto interno. Esto a pesar de que las políticas de Trump retienen un 45% de apoyo de la opinión pública, sobre todo en el sur y el medio oeste.

Mientras tanto lo que se nota es que la crisis norteamericana continúa sin interrupción, generando desesperación y una agudización de las luchas entre los sectores dominantes. Y también que los sectores dominantes siempre recurrieron, como una salida a las crisis norteamericanas, a la guerra. Estamos ante un nuevo brinkmanship, o sea pararse frente al abismo a ver quién cede primero antes de caerse al barranco.

*****

lunes, 2 de febrero de 2026

EL COMERCIO DE LA DEVALUACIÓN GLOBAL, EL DÓLAR EN LETRAS ROJAS.

&&&&&

“En resumen, la encrucijada de 2026 presenta un panorama donde las herramientas económicas tradicionales de Estados Unidos están oxidadas por el peso de su deuda. La búsqueda de una ventaja competitiva a través de un dólar más débil y dinero barato, aunque tentadora a corto plazo, enciende las mechas de la desdolarización y la desfiatización a nivel global, mientras mina los cimientos financieros internos.

“El oro, que brilla en los balances de los bancos centrales y en las carteras de los inversores cautelosos, es el termómetro de esta fiebre. No mide solo el miedo a un conflicto o a una recesión, mide una erosión fundamental de la confianza en el sistema monetario construido alrededor del dólar fiduciario. Las consecuencias internas —inflación persistente, riesgo de crisis fiscal y financiera, y pérdida de poder adquisitivo— son el precio potencial de navegar esta tormenta sin un cambio de rumbo estructural. El gran comercio global ya no es solo de bienes, sino de confianza, y el dólar, por primera vez en décadas, se negocia en letras rojas.

/////


Fuentes: El tábano economista.

*****


EL COMERCIO DE LA DEVALUACIÓN GLOBAL,

EL DÓLAR EN LETRAS ROJAS.

*****

Por Alejandro Marcó del Pont | 02/02/2026 | Economía

Fuentes Revista Rebelión lunes 2 de febrero del 2026.

El oro brilla cuando el papel moneda se empaña (El Tábano Economista)

Esta antigua verdad resume la encrucijada financiera global de nuestros días, donde dos fenómenos distintos pero entrelazados, la desdolarización y la «desfiatización» están reconfigurando el orden económico. Existe confusión entre ambos conceptos, aunque sus efectos son tangibles. La desdolarización es el proceso por el cual países y actores globales reducen su dependencia del dólar estadounidense en el comercio, las reservas y las transacciones internacionales, optando por otras monedas como el euro, el yuan o sistemas de pagos bilaterales.

La desfiatización, en cambio, es un movimiento más profundo, un alejamiento de toda moneda fiduciaria —es decir, aquella emitida por un gobierno sin un respaldo físico como el oro— hacia activos considerados de valor intrínseco, como el metal dorado o las criptomonedas. El disparado precio del oro, que a inicios de 2026 supera los 5.500 dólares la onza, no es solo una huida hacia un valor seguro, es la señal más clara de una desvalorización general de las monedas fiduciarias respecto a un patrón histórico, una desfiatización en ciernes.



Ambos procesos se retroalimentan en el panorama actual. Una conjunción de factores —una deuda pública estadounidense que supera los 38 billones de dólares, tasas de interés relativamente bajas, ventas significativas de bonos del Tesoro por parte de inversores extranjeros y una perceptible depreciación del dólar— crea un cóctel volátil. Este cóctel eleva los riesgos de una crisis que podría ser fiscal, financiera o monetaria, con repercusiones que trascienden las fronteras de Estados Unidos. La desdolarización, al minar la confianza en el dólar, acelera la desfiatización, impulsando a bancos centrales de todo el mundo a acumular oro como un seguro contra la inestabilidad. En enero de 2026, esta dinámica es ya un hecho observable, no una mera teoría.

Las políticas internas de Estados Unidos, en un año electoral como 2026, intensifican esta tormenta perfecta. La Administración enfrenta la presión de maquillar los resultados económicos de cara a las elecciones de medio término. El camino que parece seguir tiene dos vectores principales. El primero es puramente económico: una devaluación deliberada del dólar, combinada con tasas de interés bajas para contener el costo del servicio de la deuda y una potencial monetización de esa deuda —es decir, que la Reserva Federal financie al Gobierno comprando sus bonos directamente—. Esta receta busca un estímulo a corto plazo, un dólar más débil hace las exportaciones estadounidenses más baratas y competitivas, lo que podría aumentar el crecimiento y el empleo en sectores como la manufactura, un escenario ideal para la campaña electoral.



Sin embargo, los efectos secundarios de esta medicina son graves. Un dólar depreciado encarece inmediatamente las importaciones, desde componentes electrónicos hasta bienes de consumo, añadiendo presión inflacionaria a la economía. Las tasas bajas, al inyectar más liquidez (más dólares en circulación), avivan ese fuego inflacionario. Esto crea un círculo vicioso: los inversores, temerosos de que el dólar pierda valor, buscan refugio en el oro, impulsando aún más su precio en una espiral de desfiatización. Para el ciudadano común, esto se traduce en un poder adquisitivo erosionado, especialmente para los bienes importados, y podría forzar eventualmente a la Reserva Federal a subir las tasas de interés de nuevo, estrangulando el crecimiento que se pretendía estimular.

El segundo vector es geopolítico y supone un riesgo aún mayor. Un escenario hipotético, pero plausible dada la retórica y las tensiones, implicaría un conflicto militar con Irán. Una escalada de este tipo, con ataques a instalaciones petroleras o el cierre del estratégico del Estrecho de Ormuz —por donde pasa el 20% del petróleo global— generaría una conmoción inmediata. Los precios del crudo podrían dispararse por encima de los 150 dólares por barril, provocando un shock energético global. Aunque Estados Unidos es ahora un productor neto de petróleo gracias al shale, no sería inmune. Los precios de la gasolina se elevarían, impulsando la inflación interna de manera abrupta. Un conflicto prolongado podría desencadenar déficits energéticos y una recesión, además de un mayor gasto militar que agravaría la crisis fiscal.

Las consecuencias externas de cualquiera de estos dos caminos son profundas. Un dólar en declive y un petróleo caro remodelan el panorama global. En el corto plazo, una crisis geopolítica podría causar una apreciación repentina del dólar como refugio, pero este efecto sería temporal. A largo plazo, tanto la devaluación buscada como la inestabilidad acelerarían la desdolarización. Países emergentes con deudas denominadas en dólares, como Argentina o Turquía, verían encarecerse brutalmente sus obligaciones, aumentando el riesgo de impagos. Las economías asiáticas, grandes importadoras de energía, sufrirían desaceleración e inflación, aunque China, con sus acuerdos alternativos con Rusia e Irán, podría amortiguar parcialmente el golpe. Europa, recuperándose de la crisis energética post-Ucrania, se vería condenada a precios del gas aún más altos. Todo esto empujaría a bloques como los BRICS a redoblar sus esfuerzos para comerciar en sus propias monedas, abandonando el dólar.



El núcleo del problema, sin embargo, reside en la frágil base de la economía estadounidense, su colosal deuda. Aquí es donde la situación actual se distingue de episodios históricos como el Acuerdo de Plaza de 1985, cuando las potencias económicas coordinaron una devaluación ordenada del dólar. Entonces, la deuda de Estados Unidos era manejable, alrededor del 40% del PIB. Hoy, supera el 120%. Una devaluación en este contexto es un arma de doble filo extremadamente peligrosa. Si bien puede actuar como un «impago suave», al erosionar el valor real de la deuda y como una «compensación» para los aranceles, su efecto en la confianza de los inversores podría ser catastrófico.

El sistema se sostiene sobre la disposición del mundo a comprar y mantener bonos del Tesoro estadounidense. Si los acreedores extranjeros perciben que el dólar es un cubo de hielo que se derrite de manera deliberada, exigirán tasas de interés mucho más altas para seguir financiando la deuda. Esto desencadenaría una crisis fiscal. Un aumento brusco en los rendimientos de los bonos haría que el servicio de la deuda se disparara, consumiendo una parte cada vez mayor del presupuesto federal. Pero el daño sería más profundo: los bonos existentes, que pagan intereses más bajos, perderían valor instantáneamente. Los balances de bancos, fondos de pensiones y compañías de seguros —llenos de estos bonos— se debilitarían, pudiendo provocar una crisis financiera como la de 2008, pero con el Gobierno demasiado endeudado para rescatar al sistema con facilidad. El colapso de varios bancos regionales en 2023 fue un pequeño anticipo de este riesgo.

En este escenario de pánico, la Reserva Federal se vería entre la espada y la pared. Podría verse forzada a monetizar la deuda de manera masiva —imprimiendo dinero para comprar los bonos que nadie más quiere—, lo que alimentaría una inflación galopante, una verdadera crisis monetaria. O podría subir las tasas para defender el dólar, hundiendo la economía en una recesión profunda. Es el dilema entre una crisis inflacionaria y una deflacionaria. La llamada «dominancia fiscal», donde la política fiscal dictada por la necesidad de financiar la deuda domina a la política monetaria, se haría realidad.

Las tensiones sociales y políticas dentro de Estados Unidos, visibles en eventos como las protestas y la confrontación federal en Minneapolis a principios de 2026, añaden otra capa de riesgo. Un Gobierno que recurra a medidas autoritarias para contener el malestar, en medio de una crisis económica, erosionaría aún más la confianza institucional, tanto interna como externa. Para el votante, la combinación de una inflación importada, la pérdida del valor de sus ahorros y la inestabilidad social podría ser determinante en las urnas de noviembre de 2026, castigando a quien esté en el poder.



En resumen, la encrucijada de 2026 presenta un panorama donde las herramientas económicas tradicionales de Estados Unidos están oxidadas por el peso de su deuda. La búsqueda de una ventaja competitiva a través de un dólar más débil y dinero barato, aunque tentadora a corto plazo, enciende las mechas de la desdolarización y la desfiatización a nivel global, mientras mina los cimientos financieros internos.

El oro, que brilla en los balances de los bancos centrales y en las carteras de los inversores cautelosos, es el termómetro de esta fiebre. No mide solo el miedo a un conflicto o a una recesión, mide una erosión fundamental de la confianza en el sistema monetario construido alrededor del dólar fiduciario. Las consecuencias internas —inflación persistente, riesgo de crisis fiscal y financiera, y pérdida de poder adquisitivo— son el precio potencial de navegar esta tormenta sin un cambio de rumbo estructural. El gran comercio global ya no es solo de bienes, sino de confianza, y el dólar, por primera vez en décadas, se negocia en letras rojas.

*****

domingo, 1 de febrero de 2026

ANTE LA AGRESIÓN IMPERIALISTA, DECIMOS CON BOLÍVAR: «DESPIERTO CADA CIEN AÑOS CUANDO DESPIERTA EL PUEBLO»

 &&&&&

“Casi 100 años después, en la agonía de ese siglo y comienzo del XXI, Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela. Se propuso -a partir de la aprobación de una nueva Constitución- cambiar las reglas de juego para que fueran los venezolanos quienes usufrutuaran la enorme riqueza nacional. La respuesta de Washington fue casi automática: en abril de 2002 organizaron, armaron y financiaron un golpe de Estado contra el presidente Chávez quien fue repuesto por el pueblo en su cargo en menos de 72 horas. Así mismo, desde Estados Unidos se ordenó un sabotaje a la industria petrolera que generó pérdidas directas por ventas no realizadas por casi 15 mil millones de dólares, una contracción del 9% del PIB de 2003 y el abandono de la industria de unos 18.000 trabajadores calificados, todo lo cual ocasionó un impacto significativo en el fisco nacional por la reducción de ingresos fiscales.

“Aunque Venezuela logró reponerse de este duro golpe a su economía, al igual que en el Chile de Salvador Allende cuando el Consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Henry Kissinger, ordenó “hacer gritar” la economía chilena, a partir de entonces Estados Unidos hizo uso en Venezuela de su amplio arsenal de instrumentos de agresión contra los gobiernos de los presidentes Hugo Chávez y Nicolás Maduro quien asumió en 2013. En este ámbito podemos anotar: financiamiento de la oposición, intentos de fracturar las fuerzas armadas, alianza con el narcotráfico y las bandas paramilitares colombianas, alianza con la delincuencia organizada interna, sabotajes a la industria petrolera, a la industria eléctrica y al Consejo Nacional Electoral, intento de asesinato del presidente Maduro y otros altos dirigentes del país, invasión por mar, invasión por tierra con apoyo de los presidentes colombianos, alteración artificial del precio de la moneda venezolana, creación de una organización internacional denominada “Grupo de Lima” para derrocar al gobierno de Venezuela.

/////



ANTE LA AGRESIÓN IMPERIALISTA, DECIMOS CON BOLÍVAR:

«DESPIERTO CADA CIEN AÑOS CUANDO DESPIERTA EL PUEBLO»

*****

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein.

Licenciado en Estudios Internacionales, Magister en Relaciones Internacionales y Globales. Doctor en Estudios Políticos.

Firmas Selectas- febrero 2026.

Prensa Latina domingo 1 de febrero del 2026.

La incursión militar de Estados Unidos en Venezuela es expresión del talante intervencionista que ha caracterizado a ese país casi desde el momento de su creación en 1776. Una raza maldita surgida de europeos empobrecidos expulsados de sus países e imbuidos de un supuesto don divino que según ellos los convirtió en un pueblo elegido por Dios, se dio a la tarea de inventarun país después de exterminar a los pueblos originarios que desde tiempos inmemoriales vivían en ese territorio.

A partir de entonces, su resentimiento, su odio contra la humanidad y su sed insaciable de destruir todo lo que no sea de ellos o apoderarse de lo que necesitan a través de la imposición y la fuerza, es la característica de un Estado cuyas élites lo han hecho despreciable para una buena parte de la humanidad mientras que otra parte, medios de comunicación mediante, lo han transformado en un paraíso donde muchos quieren ir a pesar de que son maltratados, despreciados y explotados.

En el caso de Venezuela, la acción intervencionista de Estados Unidos ha estado presente desde los tiempos de la lucha por la independencia. Sin embargo, en ese momento el Libertador entendió que ellos, igual que los ingleses, eran “aliados eventuales y muy egoístas”. En ese contexto, Bolívar recomendó dialogar y negociar con ellos usando

“un lenguaje dulce e insinuante para arrancarles su última decisión, y ganar tiempo, mientras tanto”.

Como una maldición perversa venida desde el norte, cada vez que comienza un siglo (ha ocurrido en los tres de la vida republicana) Estados Unidos eleva sus garras al nivel de zarpas para agredir al país en un nivel superior. Al empezar el siglo XIX, tras su encuentro con el enviado especial del presidente Monroe, Juan, B. Irvine en 1818, el Libertador comprendió el carácter intervencionista y agresivo del país del norte cuando constató que los puntos de vista de Irvine eran radicalmente opuestos a los suyos, lo cual impidió llegar a acuerdos.



Bolívar le hizo saber al diplomático estadounidense que no aceptaría intromisiones de su país en los asuntos internos de Venezuela, así mismo, en el caso particular que se debatía referido al bloqueo del río Orinoco por parte de las fuerzas patriotas, rechazó contundentemente la posición de Irvine cuando pretendió dictar pautas respecto del derecho de Venezuela a tomar medidas políticas o militares para el mejor desarrollo de la guerra contra el colonialismo español.

Cuando comenzó el siglo XX y durante sus primeros años, Estados Unidos empezó a desarrollar una abierta intervención en los asuntos internos de Venezuela teniendo como eje el manejo del negocio petrolero que transformó al país -en la primera mitad de esa centuria- en uno de los grandes productores y exportadores mundiales quedando signado por esta huella que le generó una identidad particular en el coro de las naciones hasta los días que vivimos.

El siglo XIX venezolano se caracterizó por una larga seguidilla de gobiernos militares, donde la autocracia y el caudillismo definieron la gestión gubernamental ante la debilidad institucional y la ausencia del Estado en importantes regiones del país. Dos figuras, José Antonio Páez y Antonio Guzmán Blanco coparon el quehacer de la vida política.

Parecía que ese siglo finalizaría bajo esta marca y así lo refleja la memoria de la “historia oficial”, sin embargo, la llegada al poder de Cipriano Castro establece -además del enlace entre dos siglos- la señal de lo que sería una propuesta de transformación del país en su relación con las formas de dominación y subordinación de este al capital imperialista.

Aunque la forma de llegada al poder de Castro no significó mayor diferencia respecto al de sus antecesores y siendo que su discurso no variaba -en esencia- del que los caudillos de la época trazaban, su negativa a satisfacer las reclamaciones financieras de naciones europeas que optaron por el ataque, bombardeo y posterior bloqueo de las costas venezolanas, marcaron para la República un punto de inflexión del devenir político en su trato con Estados Unidos y el resto de potencias del Viejo Continente.


En el contexto de la época, debe hacerse mención como hecho notorio, que el Embajador de Estados Unidos en Venezuela Francis Loomis había sido acusado de conspirar contra el gobierno venezolano bajo presión de la empresa New York and Bermúdez Company. Esta compañía había logrado una concesión maderera -sin autorización del Estado venezolano- a través de una transferencia recibida de Horace R. Hamilton y George A. Phillips, empresarios privados que la habían obtenido en 1884 durante el gobierno de Antonio Guzmán Blanco para la explotación de “recursos naturales”.

El gobierno de Venezuela rechazó la transferencia cuando se descubrió que el territorio en cuestión estaba en las inmediaciones del lago de asfalto más grande del continente, el gigantesco lago Guanoco. La Bermúdez Company había tenido innumerables pleitos con gobiernos anteriores al no poder demostrar la validez de la concesión y los términos de la operación.

El gobierno del presidente Castro inició acciones legales para lograr la conculcación de la concesión, con lo que se inició un gran conflicto con el Trust del Asfalto que ejercía alta influencia en el gobierno de Estados Unidos.

Este país dispuso la cantidad de 130 mil dólares para financiar la conspiración llamada “Revolución Libertadora”. La Bermúdez Company decide -en los primeros años del gobierno de Castro- acercarse a Manuel Antonio Matos, un banquero devenido en General, opositor furibundo a Castro al sentirse afectado por la ruptura del presidente con el sector financiero.

Matos se da a la tarea de organizar un ejército uniendo a todas las facciones que adversaban a Castro. Aunque logró el apoyo de la Compañía Francesa del Cable Interoceánico y la alemana del Gran Ferrocarril de Venezuela quienes ofrecieron ayuda logística y financiera a la “Libertadora”, Matos es derrotado en la Batalla de La Victoria el 2 de noviembre de 1902 poniendo fin a la intentona y consolidando el poder de Castro en la conducción del país. Loomis es removido de su cargo y sustituido por Herbert. W Bowen, personaje que va a tener notoria participación en los hechos que iban a vivirse en fechas posteriores.

Hacerse de la economía venezolana en plena expansión petrolera era una ambición no enmascarada por las potencias europeas. En estas condiciones, supuestos países adeudados apelaron al cobro compulsivo de esa “deuda” sabiendo que esta solución no era factible en las condiciones que lo exigían, por lo que recurrieron a la intervención militar.

Los hechos se desataron cuando fuerzas navales de Inglaterra, Alemania e Italia, asaltaron y posteriormente destruyeron de manera parcial los puertos venezolanos para finalmente bloquearlos, al mismo tiempo que bombardearon Puerto Cabello e hicieron un intento fallido para desembarcar en las costas del estado Zulia que no se consumó por las particulares condiciones de navegación en el lago de Maracaibo y la contundente respuesta de las fuerzas armadas venezolanas apostadas en el castillo de San Carlos de la Barra ubicado en la entrada del lago. Días después Francia, Holanda, España, Bélgica y hasta México se unieron a la reclamación.

La respuesta del presidente venezolano conmocionó al país cuando el 9 de diciembre de 1902, proclamó: “La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria”. En un primer instante se supuso que Estados Unidos daría una contundente respuesta a la agresión europea en el marco de la aplicación de la Doctrina Monroe, sin embargo, esto no ocurrió. La explicación del gobierno estadounidense se fundamentaba en que la misma no era aplicable en situaciones de incumplimiento de compromisos por alguna nación americana.

Esta actitud que aparecía como una respuesta neutral al hecho acaecido, escondía -sin embargo- la verdadera intención del nuevo imperio al fijar los límites de acción de la intervención europea, estableciendo que ella fuera sólo una medida de presión para cobrar la deuda pero impidiendo la profundización de la operación militar para que no llegara a una invasión con tropas, acción sólo concebida en nuestro continente para su realización por parte del ejército de Estados Unidos en el marco de la aplicación de la Doctrina Monroe, demarcando -de esta manera- y con precisión, el ámbito de su influencia expansionista.

Contraria a la aplicación de la Doctrina Monroe, desde América Latina surgió una propuesta transformada en materia de doctrina de derecho internacional americano a partir de la posición fijada por el ministro de Relaciones Exteriores de Argentina Luis María Drago que expuso la ilegalidad de las acciones militares para cobrar deudas surgidas de empréstitos contraídos por el Estado.



Por su parte, el argumento del presidente Roosevelt para oponerse a la Doctrina Drago se fundamentó en que la intervención en un país, no se contradecía con la propuesta del jurista argentino si no estaba ligada a la conquista de territorios.

Sin embargo, dicha acción y la actuación del gobierno estadounidense a través de su representante en Caracas fueron una clara intervención en los asuntos internos del país, trocando en su favor la actitud desmesurada de una Europa que veía decaer su poder en el continente. En medio de la debilidad estructural del sistema político venezolano y de su absoluta precariedad financiera, el presidente Castro se vio obligado a negociar con los deudores el pago de las acreencias nombrándose al embajador Bowen como negociador por Venezuela después de haberse aceptado la mediación de Estados Unidos en el conflicto. Se firman así los “Protocolos de Washington” sin que ningún venezolano tuviera “arte ni parte” en la gestión de estos. Cada uno de estos 10 instrumentos -uno con cada nación acreedora- fue acordado por Bowen con estos países.

Es ampliamente conocido que Bowen tomó decisiones propias sin consultar al gobierno venezolano. Los Protocolos son una verdadera afrenta a Venezuela y una imposición fuera de toda cordura al interés nacional. Bowen adujo que tanto él como su presidente ya se habían comprometido con los reclamantes bajo esas condiciones que resultaban perniciosas para Venezuela, pero que no podían modificarse.

Huelgan comentarios respecto al tenor de la negociación al margen no sólo del Derecho Internacional Público, también del Derecho Internacional Privado, pero más allá de la Doctrina, está sólidamente sustentado en documentos que reposan en poder de la República que la deuda reclamada era sencillamente inexistente, que no había pruebas que la respaldaran y que las reclamaciones eran inviables porque los reclamantes no tenían derecho a ella, incluso porque los documentos utilizados habían sido ilegalmente forjados.

Todo este suceso que se hubiera podido solventar mediante una negociación bilateral con cada una de las partes, fue en realidad el instrumento perfecto para la medición de fuerzas entre Estados Unidos y las potencias europeas. Europa quiso saber cuánta fuerza había acumulado Washington en su afán de aplicar la Doctrina Monroe. Estados Unidos, por su parte, quería que los países americanos entendieran que sus intereses económicos en el continente iban a ser salvaguardados a cualquier costo.



Por esta razón había que ponerle coto al intento nacionalista que el general Cipriano Castro intentaba en Venezuela. Una mezcla de instrumentos militares, presión económica e injerencia diplomática habían resuelto este conflicto a favor de la naciente potencia imperialista fallando a favor de sus aliados europeos y sembrando un precedente de lo que sobrevendría en el siglo XX americano.

En 1904, Estados Unidos implementó el Corolario Roosevelt a la Doctrina Monroe mediante el cual se auto atribuía la “responsabilidad” de intervenir en cualquier país del continente si se ponía en peligro o se amenazaba la propiedad o los derechos de las empresas estadounidenses. Fue un complemento necesario para Estados Unidos en los inicios de su etapa imperialista.

El incumplimiento de los pagos acordados en los Protocolos de Washington fue la justificación para el golpe de Estado que Juan Vicente Gómez, cercano a Castro, pero más proclive a los intereses extranjeros, le diera en 1908 a quien era su jefe y amigo.

Es importante decir que la propia embajada de Estados Unidos en Venezuela había informado a su gobierno en 1907 que el gobierno venezolano había terminado de cancelar la deuda con las potencias agresoras tal como se había establecido en las instancias jurídicas, y que se disponía a pagar la deuda minoritaria a otros países acreedores.

Estos hechos mantuvieron las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela en una situación de franco deterioro en la medida que se adentraba el siglo. Las potencias extranjeras nunca cesaron en su intención de derrocar al gobierno de Castro.

Éste no consiguió sostener la alianza que había logrado construir ante la invasión extranjera ni siquiera pudo mantener la unidad de su partido, el Liberal Restaurador en el cual Juan Vicente Gómez comenzó a liderar una camarilla de descontentos con Castro.

Ante la enfermedad del presidente, se empieza a vislumbrar la posibilidad de su salida del poder. Diversas facciones pugnaban por desplazar al mandatario que convalecía, pero fue Gómez quien inició contactos con el gobierno norteamericano con el objeto de obtener su apoyo para una futura conspiración.


La partida de Castro hacia Europa a fin de recibir tratamiento médico puso en funcionamiento la confabulación interna que tuvo en Estados Unidos, un evidente aliado. El propio secretario de Estado de Estados Unidos Philander Knox se puso al frente de dicha componenda ofreciendo sustento para un Golpe de Estado, además convocó a las potencias europeas para lograr su apoyo.

El 19 de diciembre fue la fecha elegida para consumar el ascenso de Gómez al poder mientras el presidente Castro permanecía en Europa. En breve arribaron a La Guaira los acorazados de guerra estadounidenses Maine, Des Moines y North Carolina. Así mismo, el Alto Comisionado de Washington, William I. Buchanan llegó a Caracas para ofrecer el respaldo irrestricto del gobierno estadounidense a Gómez. A cambio, éste se comprometió a variar la política nacionalista de Castro por una a favor de inversionistas extranjeros y sus países.

Las circunstancias políticas en que se desarrolló la dictadura de Juan Vicente Gómez trazaron la señal sobre la cual iba a desarrollar su política exterior, en particular en su relación con Estados Unidos. Durante su gobierno, la industria petrolera pasó a transformarse en el centro de la economía y en el eje sobre el cual giraba el quehacer de la República. Su afán de sostenerse en el poder mediante la represión contó siempre con el apoyo de Estados Unidos que se hizo de la “vista gorda” ante los innumerables hechos que violentaban cualquier obligación democrática.

El interés en los gigantescos recursos energéticos de Venezuela para un país en expansión que emergía al siglo XX como primera potencia industrial y financiera del mundo después de su irrupción en la guerra hispano-cubana, y la firma del Tratado de París de 1898 y su apropiación del territorio de Panamá donde construiría el canal, pero sobre todo donde instalaría un enorme poderío militar para ejercer su labor de control del hemisferio occidental.

Necesitaba del dominio y vigilancia de las gigantescas reservas petrolíferas que emanaban a raudales del subsuelo venezolano. Nada más útil a sus intereses que un gobierno servil y corrupto al que pudieran manejar a su antojo.

Casi 100 años después, en la agonía de ese siglo y comienzo del XXI, Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela. Se propuso -a partir de la aprobación de una nueva Constitución- cambiar las reglas de juego para que fueran los venezolanos quienes usufrutuaran la enorme riqueza nacional.


La respuesta de Washington fue casi automática: en abril de 2002 organizaron, armaron y financiaron un golpe de Estado contra el presidente Chávez quien fue repuesto por el pueblo en su cargo en menos de 72 horas.

Así mismo, desde Estados Unidos se ordenó un sabotaje a la industria petrolera que generó pérdidas directas por ventas no realizadas por casi 15 mil millones de dólares, una contracción del 9% del PIB de 2003 y el abandono de la industria de unos 18.000 trabajadores calificados, todo lo cual ocasionó un impacto significativo en el fisco nacional por la reducción de ingresos fiscales.

Aunque Venezuela logró reponerse de este duro golpe a su economía, al igual que en el Chile de Salvador Allende cuando el Consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Henry Kissinger, ordenó “hacer gritar” la economía chilena, a partir de entonces Estados Unidos hizo uso en Venezuela de su amplio arsenal de instrumentos de agresión contra los gobiernos de los presidentes Hugo Chávez y Nicolás Maduro quien asumió en 2013.

En este ámbito podemos anotar: financiamiento de la oposición, intentos de fracturar las fuerzas armadas, alianza con el narcotráfico y las bandas paramilitares colombianas, alianza con la delincuencia organizada interna, sabotajes a la industria petrolera, a la industria eléctrica y al Consejo Nacional Electoral, intento de asesinato del presidente Maduro y otros altos dirigentes del país, invasión por mar, invasión por tierra con apoyo de los presidentes colombianos, alteración artificial del precio de la moneda venezolana, creación de una organización internacional denominada “Grupo de Lima” para derrocar al gobierno de Venezuela.

También, casi 1.000 sanciones a líderes venezolanos y a su industria petrolera, declaración de Venezuela como una amenaza «inusual y extraordinaria» a la seguridad nacional de Estados Unidos, campañas de mentiras, tergiversaciones y falsificaciones de la realidad nacional a través de los medios corporativos de comunicación, actividades conspirativas de la embajada de Estados Unidos en Caracas y una larga lista de otras acciones.

En tiempos recientes se pasó al despliegue de una flota en el mar Caribe para impedir el comercio petrolero de Venezuela y posibilitar la destrucción de pequeñas embarcaciones de pescadores, la autorización a la CIA para realizar operaciones encubiertas contra el país hasta llegar a una incursión armada que produjo la muerte de 83 ciudadanos, heridas a más de 100 y el secuestro del presidente Maduro y su esposa.


El gobierno nazi que se ha entronizado en Estados Unidos solo tiene parangón en la historia en su antecesor alemán Adolfo Hitler durante el siglo pasado. El talante imperialista propio de Washington casi desde su nacimiento como país ha llegado a niveles nunca antes vistos.

Nosotros en Venezuela tenemos la responsabilidad de resistir este momento tenebroso de la historia, y el mundo tendrá que decidir si acepta luchar contra la expansión del nazismo o convivir armoniosamente con él. Antes fue Palestina, Irán, Yemen, el este de Ucrania, Sudán, la República Centroafricana, Haití y Venezuela. Groenlandia y Europa están a punto de sumarse a la lista.

Pero, así como cada cien años sufrimos en lugar cimero el incremento de la brutalidad y la irracionalidad estadounidense, también tenemos presente que, cuando el poeta Pablo Neruda le preguntó al Libertador: “Padre, ¿[…] eres o no eres o quién eres?, él le contestó: «Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo».

*****

sábado, 31 de enero de 2026

ESTADOS UNIDOS, EN EMERGENCIA NACIONAL. ----- MINEÁPOLIS ESTÁ EN EL SUR.

 &&&&&

EL EMPERADOR EN GRAVE CRISIS INTERNA. HOY PARO NACIONAL EN ESTADOS UNIDOS: ¡ICE FUERA! WASHINGTON. Para Estados Unidos la de hoy podría ser una gran jornada de lucha contra la agenda migratoria del presidente Donald Trump, según la convocatoria a un cierre nacional (conocido como “National Shutdown” o “ICE Out”). La iniciativa de la huelga, que se ha extendido a varias ciudades estadounidenses, insta “a un paro total: sin trabajo, sin clases y sin compras, como una forma de presión para exigir el fin de las operaciones de control migratorio que, de acuerdo con los organizadores, siembran miedo en comunidades inmigrantes”.



En su página oficial, los organizadores dicen que la convocatoria surgió tras las muertes atribuidas a agentes federales y la vinculan con la exigencia de “Stop Funding ICE” (dejar de financiar al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas- ICE). “Mientras Donald Trump y otros políticos de derecha los difaman como ‘terroristas’, los videos muestran claramente que fueron abatidos a plena luz del día por ejercer su derecho a la protesta”. Paralelamente, este viernes se prevén movilizaciones y protestas en varias ciudades del país. En Minneapolis y Saint Paul, en Minnesota; también en Nueva York. Un post de The People’s Forum enfatizó que Nueva York estará en las calles en la Plaza Foley. “Minnesota nos mostró el camino: es hora de que lo cerremos todo en todo el país. No hay negocios como siempre cuando ICE aterroriza a nuestras comunidades. ¡ICE FUERA DE TODAS PARTES!”, acotó.



Los coordinadores de la jornada responsabilizan al ICE, a la Patrulla Fronteriza y a otras agencias federales de realizar operativos que describen como “secuestros” de vecinos y acciones que generan terror en las comunidades. “Es hora de unirnos y decir basta”, puntualizó el texto. Entre las demandas de la huelga están el fin del financiamiento a ICE; justicia para las personas asesinadas y detenidas por la agencia federal y la suspensión total de sus operaciones. La convocatoria cobró fuerza después de que miles de personas protestaran en Minnesota, en una huelga general similar que provocó el cierre de cientos de negocios, ante la indignación y enojo por el asesinato de Renee Good, baleada por un agente de ICE el pasado 7 de enero. El sábado último, Alex Pretti fue ultimado por agentes de la patrulla fronteriza mientras intentaba defender a una mujer en una de las manifestaciones anti-ICE en Minneapolis. Fuente. Prensa Latina. 30/01/2026/.

/////


En fin, es claro que Estados Unidos se encuentra en emergencia nacional. Pero el factor que la ha desencadenado no es China, ni Irán, ni Europa, ni Venezuela, ni Cuba, y mucho menos México. Foto Ap / archivo-

*****


ESTADOS UNIDOS, EN EMERGENCIA NACIONAL.

*****

Pedro Miguel

30 de enero de 2026 00:01

Fuente- La Jornada Ciudad de México viernes 30 de enero del 2026.

No hay la menor duda de que Estados Unidos se encuentra, en los hechos, en una situación de emergencia, y Donald Trump tenía sobrados motivos para declararla, como lo hizo ayer. 

No es para menos: la economía cruje por todos lados como efecto de la inflación, la incertidumbre financiera y los incendios en distintos ámbitos del comercio internacional; es patente el deterioro de las condiciones de vida de sectores crecientes de la sociedad; hay una inocultable corrupción galopante, practicada y alentada por el círculo presidencial; se erosiona la Organización del Tratado del Atlántico Norte, punta de lanza estratégica estadunidense en Europa, pero también en Medio Oriente, Asia Central y África; los vínculos de Washington con sus aliados y socios históricos están severamente debilitados; se vive un conjunto de confrontaciones interinstitucionales y exaspera y polariza a la opinión pública el espectáculo de grupos paramilitares que asesinan, hieren, golpean y secuestran a personas en las calles de diversas ciudades con la bendición de la Casa Blanca. 



La evaluación de la gravedad de la circunstancia es acertada; lo equivocado es el diagnóstico de su causa. La “amenaza inusual y extraordinaria” es el desbarajuste interno y externo provocado desde la cúpula del régimen, encabezada por el único dictador en el mundo que –¡bravo por la sinceridad! – se reconoce como tal (https://shorturl.at/mNN9M); decir que proviene de Cuba es un mal chiste que sólo se le pudo ocurrir a Marco Rubio y que nadie más que su jefe podría expresar en público sin sonrojarse. 

La afirmación de que “las políticas, prácticas y acciones del gobierno de Cuba están diseñadas para perjudicar a Estados Unidos y apoyar a países hostiles, grupos terroristas transnacionales y agentes malignos que buscan destruir a Estados Unidos” (https://shorturl.at/n74oq) lleva a imaginar un poderoso Estado caribeño que trata de aplastar a una pobre nación desamparada e inerme situada al norte. 

Algo parecidamente estúpido arguye el autor de bestsellers fascistas Peter Schweizser en su libro The Invisible Coup: How American Elites and Foreign Powers Use Immigration as a Weapon (https://shorturl.at/EY2fS), en el que afirma que México promueve, por medio de sus consulados, un golpe de Estado en la nación vecina y que procura “afectar las elecciones presidenciales” estadunidenses. 



Se trata, en ambos casos, de ejemplos de mecanismo proyectivo, del que se ha hablado ya en este espacio: “cuando percibimos algún aspecto negativo de otra persona, algo que nos produce rechazo y desagrado, incluso cuando apenas conocemos al otro, muy posiblemente estemos proyectando en la otra persona aspectos propios que nos resultan intolerables” (https://shorturl.at/ElTIN). 

En ambos casos, la realidad es exactamente la contraria: son las prácticas y acciones de Washington las que están diseñadas para perjudicar a Cuba y para financiar y promover “grupos terroristas internacionales y agentes malignos” que buscan la destrucción del gobierno cubano. Y es Estados Unidos el que ha practicado una sistemática intromisión en la política interna de México, ya sea con la anuencia de presidentes serviles, como todos los del periodo neoliberal, o con la oposición explícita de los gobiernos de la 4T, y ya fuera con Trump, con Biden o nuevamente, con Trump. Recuérdese, si no, cómo el metiche exembajador Ken Salazar se creía con derecho a opinar sobre la Reforma Judicial aprobada en nuestro país a fines del sexenio pasado (https://shorturl.at/SdgAh). 

Pero más allá de las colisiones entre los dichos del trumpismo y la realidad, el hecho es que los primeros exhiben, además de posibles condiciones clínicas por parte del dictador –oportunamente aprovechadas por sus subordinados para impulsar intereses propios–, intentos de huida hacia adelante y ensayos para construir molinos de viento externos que le permitan eludir la cada vez más angustiosa situación interna y la disfuncionalidad inocultable de su gobierno. 

En fin, es claro que Estados Unidos se encuentra en emergencia nacional. Pero el factor que la ha desencadenado no es China, ni Irán, ni Europa, ni Venezuela, ni Cuba, y mucho menos México. La crisis aguda de la superpotencia tiene una firma inmediata y clara: un garabato furioso de líneas gruesas, angulosas y agresivas que corresponden a la rúbrica del presidente de Estados Unidos y que simbolizan el declive, acaso terminal, de su país. 

navegaciones@yahoo.com

*****

 

Las luces del norte se están encendiendo desde el Sur Global. Parece que los sacrificios de las Renee Good, de los Alexis Pretti, van a florecer, así sea entre la nieve. Foto Ap-

*****

MINEÁPOLIS ESTÁ EN EL SUR.

*****

Por Víctor M-. Quintana S.

Fuente. La Jornada Ciudad de México viernes 30 de enero del 2026.

Aunque la temperatura esté a menos 23 grados Celsius. Aunque las calles estén congeladas y las aceras llenas de nieve, Mineápolis está en el sur. Como también lo están desde hace varios meses Chicago, Nueva York, Nueva Orleans, Seattle, Los Ángeles y muchas otras ciudades estadunidenses. Los asesinatos de Renee Good, primero, y luego el de Alex Jeffrey Pretti, el sábado pasado, encendieron un vigoroso y digno movimiento social en Estados Unidos. 

Las resistencias de la gente de todas esas ciudades y de muchas otras a lo largo de Estados Unidos. La solidaridad con los migrantes y las personas “sospechosas” por su color o por su acento, la indignación que invade Estados Unidos, más fuerte e intensa que la onda polar, colocan en el Sur Global a estas personas y comunidades que protestan y demandan justicia y respeto. Nos referimos a ese espacio no necesariamente geográfico, sino, y sobre todo, social, donde se sufre la dominación en sus diversas formas: explotación, sexismo, colonialismo, discriminación, imperialismo. Pero también ese espacio donde se resiste, se combate, se sueña, se construyen solidaridades, nuevas identidades, nuevas formas de relacionarse, nuevos mundos posibles. 

El epicentro del movimiento es Mineápolis, en el estado de Minnesota, tierra de los pueblos originarios dakota (sioux) y ojibwe, la que fue la Nueva Tierra (película de Jan Troell, 1972) para muchos migrantes del empobrecido norte de Europa en el siglo XIX. Los descendientes de unos y de otros son quienes ahora defienden a los migrantes somalíes, afroamericanos, latinos y de otras latitudes. Varios miembros de la tribu sioux han sido detenidos e interrogados por el ICE por el sólo hecho de parecer extranjeros. Se preguntan dónde los pueden deportar si ellos viven en estas planicies desde siempre. 



Abajo, en los barrios, el activismo hierve en las ateridas calles de Mineápolis. No sólo se protesta, se organiza, se protege. Hay comisiones de “observadores constitucionales” que hacen uso de sus derechos para vigilar el accionar de los agentes del ICE, los siguen, advierten de su presencia en los vecindarios mediante redes sociales, silbatos, claxonazos. 

Patrullan las calles, atienden a quienes son heridos, avisan a las familias de las personas detenidas. Organizaron la huelga general del viernes 23 y están convocando otra para este viernes. Son muy diversos los sectores que se suman al movimiento: en el aeropuerto de Mineápolis-Saint Paul, un centenar de clérigos de las comunidades católica, bautista, luterana, judía y unitaria universalista oraban y protestaban contra el ICE y contra las aerolíneas Delta y Signature por prestarse al traslado de migrantes deportados. Luego también fueron arrestados por la Gestapo de Trump. Enfermeras y enfermeros de todo el país demuestran su inconformidad con el ICE y su admiración por la entrega de Alex Pretti a su labor de cuidados intensivos. En la Catedral de Santa María, centenas de fieles y clérigos se reúnen para rendir homenaje a la más reciente víctima de la Gestapo de Trump. 

Aquí se derrotó electoralmente a Trump en 2016, 2020 y 2024 y se ha elegido un gobernador que lo confronta y un alcalde que grita sin miedo: “¿Cuánta más gente tiene que morir para que salga el ICE?”. No son los únicos políticos que se suman al movimiento actual: el mismo candidato a gobernador del Partido Republicano Chris Madel acaba de renunciar a las primarias de su partido. 

En el Capitolio de Washington y en otros capitolios estatales se suman más personalidades políticas condenando al ICE y la política represora de Trump: el nieto de John F. Kennedy, la congresista Alejandra Ocasio-Cortez, ni qué decir del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y el infaltable senador por Vermont Bernie Sanders. 




La hegemonía del discurso trumpiano se va desmoronando. Lo critica, lo interpela en sus intervenciones públicas un creciente número de personalidades del mundo del espectáculo, como el rockero Bruce Springsteen; actores y actrices como Natalie Portman, Richard Gere, Whoppi Goldberg, Glen Close. Edward Norton, desde el festival de Sundance, condena las ejecuciones extrajudiciales del ICE, y las voces críticas en la entrega de los Globos de Oro seguramente tendrán eco en la entrega de los Oscar. La Fraternidad de Jugadores de la NBA decide romper el silencio y solidarizarse con la gente de Mineápolis, “…una ciudad que ha sido la vanguardia en la lucha contra la injusticia”; se manifiesta en defensa de la libertad de expresión y reconoce el enriquecimiento que los ciudadanos globales han aportado a Estados Unidos. 

Como los basquetbolistas indican, no se trata sólo de protesta. La gente de todos los niveles está poniendo al frente nuevos valores en este amplio y diverso movimiento: la solidaridad, la libertad, el derecho a la diferencia, la ayuda mutua, el cuidado de los demás, la rendición de cuentas, el respeto al debido proceso, los derechos humanos. 

Las luces del norte se están encendiendo desde el Sur Global. Parece que los sacrificios de las Renee Good, de los Alexis Pretti, van a florecer, así sea entre la nieve.

*****