martes, 30 de junio de 2026

CIFRAS MILLONARIAS EN COMBUSTIBLES FÓSILES. Los que invierten en el caos climático.

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"Otro gran problema con estas inversiones, como Urgewald señala, tiene que ver con la manera como el tráfico de bonos institucionales de mercados primarios a secundarios se utiliza astutamente para justificar la irresponsabilidad ética. Cuando una corporación emite acciones o bonos por primera vez, los inversionistas que los adquieren constituyen lo que se conoce como mercado primario. Pero estos inversionistas originales pueden vendérselos a otros inversionistas, quienes en realidad no le aportan capital a la corporación emisora. Estos inversionistas constituyen lo que se conoce como mercado secundario. Cuando surgen interrogantes o cuestionamientos respecto del impacto nocivo que los combustibles fósiles tienen sobre el clima, abundan los argumentos para evadir o diluir responsabilidades. Por ejemplo, que los inversores del mercado secundario en realidad no les financian a esas grandes corporaciones desde el momento que no han invertido directamente en ellas. Los mercados secundarios juegan un papel de complicidad significativa en el desgaste de la salud presente y futura de la Tierra al comercializar los bonos de los inversionistas originales. Aún más, en muchos casos le agregan credibilidad a este tipo de operaciones.

"El planeta arde, y un grupo de gigantescos capitales financieros sigue lucrando con sus cenizas. Mirada cortoplacista y muchas veces negacionista para la cual no existen ni estadios deportivos hirvientes ni poblaciones enteras que transpiran hasta agotarse. Mientras tanto, estos capitales -apoyados por muchos gobiernos- siguen jugando y ganando gracias a un incendio que nadie parece poder apagar.

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Fuentes: Rebelión.

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CIFRAS MILLONARIAS EN COMBUSTIBLES FÓSILES.

Los que invierten en el caos climático.

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Por Sergio Ferrari | 30/06/2026 | Ecología social

Fuentes. Revista rebelión martes 30 de junio del 2026.

Desde las altas temperaturas en muchos de los estadios donde se juega el Mundial de Fútbol a la canícula agobiante que golpea gran parte de Europa esta segunda quincena de junio, la vida cotidiana de millones de personas se ve cada vez más afectada por el calentamiento global. Responsable principal del mismo, el uso excesivo de los combustibles fósiles.

Uno de cada cuatro partidos del Mundial 2026 se disputa bajo niveles de calor peligrosos, lo que obliga a los jugadores a correr menos y dosificar sus esfuerzos. Según los criterios definidos por FIFPRO, la asociación mundial de jugadores y principal contraparte sindical de la FIFA, varios de esos encuentros podrían llegar a disputarse con 28 grados de temperatura de “bulbo húmedo global” (WetBulb Globe Temperature, o WBGT, su sigla en inglés), el índice que los expertos utilizan para recomendar que se pospongan. Se trata de una medida diferente de la temperatura habitual del aire ya que combina calor, humedad, radiación solar y viento para calcular el estrés térmico real sobre el organismo. Por ejemplo, una temperatura del aire de 40 grados con un 30% de humedad equivale a unos 26 grados WBGT, cuando el rendimiento físico se resiente mucho más de los aconsejable (https://www.fifpro.org/es/articulos/2023/08/once-consejos-para-abordar-condiciones-de-calor-en-el-futbol-profesional).

Si bien el techo y la climatización del estadio de Dallas permitieron que el partido del lunes 22 de junio entre Argentina y Austria se jugara en condiciones relativamente “aceptables”, a esa misma hora la temperatura ambiente oscilaba alrededor de los 37 grados. Por momentos, el ritmo de ese partido tan áspero como intenso pareció jugarse como en cámara lenta, y la temperatura tuvo buena parte de culpa. Simple ejemplo del que ya es considerado el Mundial más caluroso de toda la historia.

El propio 22 de junio varias regiones de España, Francia, Portugal, Reino Unido, registraron temperaturas máximas en torno de los 40 grados que batieron récords, en tanto que, en otros países relativamente más frescos, como Suiza, los termómetros superaron los 36 grados. Efectos brutales de la canícula que golpea buena parte del oeste europeo.

Según un reciente estudio de Naciones Unidas, el pronóstico de la temperatura para el fútbol en un futuro no muy lejano podría ser todavía más preocupante. Para el Mundial de 2050, por ejemplo, aunque la sede aún no se ha designado, se prevé, hipotéticamente, que 14 de los 16 estadios anfitriones van a padecer calor extremo. En 11 de esos recintos, las temperaturas incluso podrían impedir que se juegue. En otras palabras, el calor podría conspirar contra la salud de deportistas y espectadores a menos que se introduzcan cambios importantes en la infraestructura y la programación.

También los estadios locales donde miles practican deporte, con menos recursos financieros para la protección del sol y la gestión del drenaje, el agua y la refrigeración, se verían mucho más expuestos. En este Mundial, solo 3 de los 16 estadios cuentan con climatización. (https://news.un.org/es/story/2026/06/1541552).



Penal contra el clima.

En términos generales, es la utilización excesiva y descontrolada de los combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo y el gas, lo que contribuye al recalentamiento climático al atrapar y retener en exceso la temperatura del sol. Las emisiones que estos combustibles generan representan más del 75 % de los gases de efecto invernadero y casi 90 % de los gases producidos por dióxido de carbono.

Como lo afirman expertos y organizaciones internacionales, no es novedad que el planeta se esté recalentando más rápidamente que en cualquier otro momento de la historia por lo menos desde que existen registros. Inevitablemente, las temperaturas excesivas modifican los patrones climáticos y alteran el equilibrio normal de la naturaleza. Con muchos riesgos no solo para los seres humanos sino también para toda otra forma de vidaY, sin embargo, hay quienes procurar negar todo esto con tal de beneficiarse (https://www.un.org/es/climatechange/science/causes-effects-climate-change).


Goles en contra de la Tierra.

¿Quiénes lucran con el mercado de combustibles que produce el amenazante calentamiento terrestre? Según el informe Cómo invertir en caos climático, que la Organización No gubernamental ambientalista alemana Urgewald acaba de publicar, aproximadamente 8.400 inversores institucionales globales poseen actualmente la estratosférica cantidad de 6.500millones de dólares en acciones y bonos de la industria y la comercialización de combustibles fósiles. Se trata de bancos, aseguradoras, administradoras de pensiones de jubilados en países “ricos” y gestoras de dineros activos de terceros (https://investinginclimatechaos.org/data).

El estudio que Urgewald realizó juntamente con otras 25 ONG, cuenta, por ejemplo, con el apoyo de la Alianza Climática de Suiza, entidad que forma parte de la Alianza Europea por el Clima, plataforma con más de 2 mil miembros institucionales (principalmente ciudades y municipios) de 25 países.

Más del 95 % de estas inversiones se dirige a empresas que expanden sus actividades con perspectivas de mediano y largo plazo, como el desarrollo de nuevos yacimientos de petróleo y de gas o la construcción de nueva infraestructura, como gasoductos, terminales de gas natural licuado y centrales eléctricas de carbón y de gas.

Resultado del análisis público más completo hasta la fecha sobre las inversiones institucionales en el sector, Cómo invertir en caos climático advierte que,

“si bien todos nos vemos afectados, la mayoría desconoce [el hecho de que] los bancos comerciales y los inversores que financian a las empresas de combustibles fósiles operan en gran medida sin transparencia ni rendición de cuentas democrática”. Además, que aun en esos casos en que “existen datos, las conexiones entre los inversores y los proyectos de combustibles fósiles son deliberadamente complejas”. 

(https://investinginclimatechaos.org/).



Mecanismos del desastre colectivo.

Al igual que cualquier otro tipo de corporaciones, las del sector de combustibles fósiles se financian principalmente mediante la emisión de acciones y bonos.

Cuando un inversionista adquiere acciones, es decir, participación en el capital de la empresa, se convierte en copropietario de esta, con derechos como el voto en sus juntas generales, y se beneficia cuando esas acciones aumentan su cotización en el mercado.

Por su parte, los bonos funcionan como préstamos que un inversionista le hace a una compañía. A diferencia de las acciones, los bonos no implican propiedad directa en la empresa. Cuando una corporación emite un bono, lo que está haciendo es pedir que le presten dinero a cambio de intereses liquidados periódicamente y comprometiéndose a devolver el total del dinero que se le ha prestado en una fecha determinada, o de vencimiento. La emisión de bonos es una de las principales formas como una corporación, en este caso, del sector de combustibles fósiles, financia grandes proyectos, desde nuevos yacimientos de petróleo y de gas hasta la expansión de minas de carbón.

Un gran problema con las inversiones institucionales en combustibles fósiles es que ignoran las dramáticas consecuencias del recalentamiento ambiental agravado por los mismos. La mayor motivación, quizás la única, de estos inversionistas es enriquecerse aún más, de ninguna manera dirigirse hacia fuentes energéticas alternativas de bajo impacto en el efecto invernadero. Prueba de ello, la inmensa cantidad de inversiones en bonos que no “maduran” sino hasta después del año 2050: aproximadamente 64 mil millones de dólares. Tiempos larguísimos, algo así como una jugarreta financiera contra el clima, como lo muestra el informe de Urgewald, ya que a ningún inversionista se le ocurriría renunciar al capital que ha invertido en esos bonos.  

Más de 240 inversores poseen bonos de combustibles fósiles con vencimientos que se extienden hasta el año 2080, y aun después, como los de la petrolera estatal brasileña Petrobras, que maduran recién en 2115. Y con el agravante de que Petrobras planea expandir su producción de petróleo más allá del año 2050 a expensas de los ecosistemas y las comunidades más vulnerables de su país. El año pasado, comenzó a perforar frente a la costa amazónica y recientemente anunció la reanudación de sus actividades de perforación en la selva amazónica. Entre los tenedores de sus bonos a largo plazo se encuentran Franklin Resources (Estados Unidos), Manulife Financial (Canadá), Royal London Group (Reino Unido), BlackRock (Estados Unidos), OTP Bank Group (Hungría) y UBS (Suiza).

Otro gran problema con estas inversiones, como Urgewald señala, tiene que ver con la manera como el tráfico de bonos institucionales de mercados primarios a secundarios se utiliza astutamente para justificar la irresponsabilidad ética. Cuando una corporación emite acciones o bonos por primera vez, los inversionistas que los adquieren constituyen lo que se conoce como mercado primario. Pero estos inversionistas originales pueden vendérselos a otros inversionistas, quienes en realidad no le aportan capital a la corporación emisora. Estos inversionistas constituyen lo que se conoce como mercado secundario. Cuando surgen interrogantes o cuestionamientos respecto del impacto nocivo que los combustibles fósiles tienen sobre el clima, abundan los argumentos para evadir o diluir responsabilidades. Por ejemplo, que los inversores del mercado secundario en realidad no les financian a esas grandes corporaciones desde el momento que no han invertido directamente en ellas. Los mercados secundarios juegan un papel de complicidad significativa en el desgaste de la salud presente y futura de la Tierra al comercializar los bonos de los inversionistas originales. Aún más, en muchos casos le agregan credibilidad a este tipo de operaciones.

El planeta arde, y un grupo de gigantescos capitales financieros sigue lucrando con sus cenizas. Mirada cortoplacista y muchas veces negacionista para la cual no existen ni estadios deportivos hirvientes ni poblaciones enteras que transpiran hasta agotarse. Mientras tanto, estos capitales -apoyados por muchos gobiernos- siguen jugando y ganando gracias a un incendio que nadie parece poder apagar.

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lunes, 29 de junio de 2026

LAS GRANDES CORPORACIONES TECNOLÓGICAS CONTRA LA DEMOCRACIA.

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Las elecciones están todas inoculadas por las tecnológicas de Silicon Valley, casi todas aliadas o en manos de grupos pro-israelíes. En los últimos tres años, como reacción a la avalancha crítica de la gente normal contra el genocidio en Palestina, nueve elecciones fueron ganadas por candidatos pro-Israel, justo cuando en todos y cada uno de esos países la opinión de la población era mayoritariamente desfavorable a las políticas intervencionistas, abiertamente genocidas y supremacistas de Israel. En casi todos los casos ganó la derecha más fascista y manipulable; todos simpatizantes del supremacismo racial o étnico: Milei (Argentina, 2023); Noboa (Ecuador, 2023); Peña (Paraguay, 2023); Bukele (El Salvador, 2024);  Mulino (Panamá, 2024); Kast (Chile, 2025); Asfura (Honduras, 2026); Fujimori (Perú, 2026); De la Espriella (Colombia, 2026)… ¡aleluya!

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LAS GRANDES CORPORACIONES TECNOLÓGICAS CONTRA

LA DEMOCRACIA.

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Por Jorge Majfud | 29/06/2026 | Opinión

Por Jorge Majfud.

Fuentes: Rebelión.

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¿Por qué el presidente de Uruguay tiene tan baja aprobación, siendo que el país no está tan mal como el resto del continente? La respuesta es simple: la arrogancia de su gobierno (del presidente Orsi, de su ministro de Economía Odone y de su canciller Lubetkin) crearon un sisma anímico de traición y derrota dentro de sus votantes, los militantes del histórico Frente Amplio. Su estrategia de alinearse con un neoliberalismo edulcorado y con un sionismo supremacista fue el primer momento que partió las aguas en los primeros meses de su administración, en 2025.

Cuando un gobierno no tiene el apoyo y la defensa articulada de sus votantes y militantes, sus adversarios tienen un trabajo fácil. El primer culpable no es la oposición; es el gobierno. También parte de la izquierda uruguaya, por haber vendido su épica a cambio de ganar alguna que otra elección. Esta es una particularidad de la realidad uruguaya, pero también es la raíz del árbol agonizante de la izquierda occidental, desde Europa a América Latina.

¿Quién está dando el ejemplo de cómo volver a sus principios tradicionales de defensa de los derechos de los de abajo, de la clase trabajadora, de la lucha antiimperialista y antiesclavista? Como en el siglo XIX, la izquierda estadounidense.


Paradójicamente, el ejemplo de cómo debe actuar una izquierda que merezca llamarse así procede de la cuna de toda esta ola de brutalidad antidemocrática, racista, sexista y genocida: Estados Unidos. Desde hace unos años, es la izquierda estadounidense la que ha tomado la posta de la irreverencia. Ya lo vimos con la diferencia entre el Partido Verde de Estados Unidos, liderado por nuestra amiga Jill Stein, y el Partido Verde de Alemania: uno militantemente contra el genocidio en Gaza, contra el imperialismo y a favor de las clases trabajadoras y, el otro, el europeo, buscando excusas para no quemarse.

Había un problema: debido a que el sistema político y electoral de Estados Unidos es una herencia del sistema esclavista, las posibilidades de actuar desde un tercer partido eran y son prácticamente nulas. Mucho más cuando la Corte Suprema decidió en 2010 levantar las restricciones a las donaciones para los Super PACs en las elecciones. Desde entonces, el secuestro y compra de políticos se convirtieron en un negocio legal, ya sin disimulos, el que no sólo refleja la estructura obscena de acumulación, sino que la radicaliza.

Ahora comenzamos a ver un movimiento que muchos no consideramos seriamente años atrás. Una de las alas del misma águila, el Partido Demócrata, comienza a ver con pánico cómo candidatos como Zohran Mamdani en Nueva York y James Talarico en Texas están confirmando la idea de que al poder brutal del dinero, de la extorsión de los lobbies y del éxito del libertarismo fascista (regado todos los días con el tecnofacismo de las sectas digitales) se lo enfrenta sin timideces virginales. De la misma forma que un elefante que arremete se detiene cuando un hombre se planta y levanta los brazos de forma desafiante, así está procediendo este grupo de izquierda en Estados Unidos.



Mamdani no solo ganó la alcaldía de Nueva York con su afirmación y confirmación de ser musulmán y socialista, sino que desde el comienzo hizo una campaña a favor del aumento de impuestos a los millonarios (luego de décadas de imparable reducción) y contra el genocidio en Palestina. Luego de ganar la alcaldía, hizo campaña en favor de candidatos al congreso del Estado con una condena clara a la inmoralidad de los lobbies, como el pro-israelí AIPAC, el que históricamente se jactó de decidir quién gana en una elección: sólo aquellos que reciben las donaciones y la bendición de su secta. El resultado ha sido una serie de victorias electorales de la izquierda irreverente. Todos los candidatos que hicieron campaña rechazando este dinero sucio, ganaron.

Es obvio que estarán bajo permanente presión y sabotaje, desde el gobierno federal de Trump hasta los lobbies de millonarios. Lobbies de pobres no hay. Pero, como lo demuestra la historia, la izquierda desde el siglo XIX se plantó con principios y reivindicaciones sin cambiarlas ni por ni para un triunfo electoral.  

En América Latina todavía pesa la historia del colonizado. ¡No por casualidad, ha sido la región que estuvo bajo colonización por más tiempo en la historia moderna, desde que Cristóbal Colón pusiera pie en una isla y dejara constancia de que su objetivo era hacer esclavos a los ingenuos isleños―en nombre de Dios, aleluya!

Las elecciones están todas inoculadas por las tecnológicas de Silicon Valley, casi todas aliadas o en manos de grupos pro-israelíes. En los últimos tres años, como reacción a la avalancha crítica de la gente normal contra el genocidio en Palestina, nueve elecciones fueron ganadas por candidatos pro-Israel, justo cuando en todos y cada uno de esos países la opinión de la población era mayoritariamente desfavorable a las políticas intervencionistas, abiertamente genocidas y supremacistas de Israel. En casi todos los casos ganó la derecha más fascista y manipulable; todos simpatizantes del supremacismo racial o étnico: Milei (Argentina, 2023); Noboa (Ecuador, 2023); Peña (Paraguay, 2023); Bukele (El Salvador, 2024);  Mulino (Panamá, 2024); Kast (Chile, 2025); Asfura (Honduras, 2026); Fujimori (Perú, 2026); De la Espriella (Colombia, 2026)… ¡aleluya!


En el servicio presidencial, faltan los recién electos de Colombia y Perú. Crece el nuevo "Donroísmo"

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Con (casi) excepciones, como Uruguay y Venezuela. En Uruguay no fue necesario que la izquierda perdiese, sino que bastó con secuestrarla para la causa del genocidio y del neoliberalismo que impidió un uno por ciento de impuesto a los millonarios y la pronunciación de la palabra prohibida. En 2025, en Venezuela, Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez condenaron el genocidio en Palestina. Horas después del secuestro de su presidente por una fuerza extranjera que dejó casi 60 muertos olvidados en enero de 2026, Rodríguez dijo que la operación tenía la firma de Israel. Apenas colocada como presidenta interina (la constitución dice que debió llamar a elecciones 30 días después), no dijo ni una sola palabra contra el régimen de Washington ni de Tel Aviv. Más bien todo lo contrario: sus expresiones fueron a favor de la restauración de relaciones diplomáticas con ambos. ¿Qué ha dicho Delcy sobre la invasión y masacre de Israel en Líbano? Nada, pese a que en Venezuela viven 700.000 personas de ascendencia libanesa, 50 mil palestinos y 10 mil judíos, aunque este último grupo no debe ser identificado con el sionismo, como pretenden siempre los sionistas. ¿Dónde quedó la resistencia de Chávez?  Un silencio cobarde, gripal y calculador de sus propios intereses, como el de Shakira.

En junio de 2026, Flavio Bolsonaro se reunió con Netanyahu (como antes lo había hecho la dictada Nobel de la Paz, María Corina Machado) y dijo que esa relación era de “ganha-ganha” (pésima traducción de “win-win”). Flavio es el candidato que le disputa la presidencia a Lula quien, junto con la presidenta Sheinbaum de México, es uno de los pocos presidentes latinoamericanos no arrodillados ante Netanyahu. Flavio Bolsonaro (hijo del golpista pro-israelí y expresidente, capitán Jair Bolsonaro), se subió a una tarima pública y declaró:

“Con Bolsonaro, Brasil volverá a ser una nación hermana de Israel”. Del genocidio, de Palestina y de los derechos de los pueblos del mundo, ni una mierda.

Al terminar, gritó dos veces: “Brasil acima de todo”, una copia burda del lema nazi Deutschland uber alles, que hasta los europeos prohibieron luego de la Segunda Guerra.

¿Por qué un candidato que disputa la presidencia de un país gritaría en una tribuna algo a favor de lo que el 60 por ciento de la población rechaza? Es simple: este, como la otra decena de candidatos del genocidio, no les habla a sus pueblos palestinizados: les están hablando a las grandes tecnológicas que, a través del hackeo de naciones, son las que deciden las elecciones.

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domingo, 28 de junio de 2026

EL CAPITALISMO ANTIESTADUNIDENSE DE TRUMP.

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"El matonismo de Trump es la antítesis de los cimientos institucionales sobre los que se construyó la economía estadunidense. Los ganadores en la nueva competencia oligárquica no son quienes fabrican los mejores productos o los más innovadores (en IA, por el momento ese título al parecer le corresponde a Anthropic). Son más bien los que tienen menos principios y los que saben adular mejor al rey loco. ¿A alguien le sorprende que Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI (tambaleante competidor de Anthropic), haya sido el primero en proponer la idea de una participación estatal a la administración Trump?

"El gobierno tiene razones legítimas tanto para promover industrias incipientes como para regular aquellas donde los beneficios privados pueden no estar en línea con el interés público (como es el caso evidente de la IA). Pero estas intervenciones en el mercado deben respetar el Estado de derecho y estar bajo supervisión de instituciones independientes, en vez de implementarse con esquemas opacos, ad hoc y en beneficio propio. Con Trump al mando, Estados Unidos está condenado a sumarse a los demás países que padecen el capitalismo de amigos, a diferencia de los que han demostrado cómo es una estrategia industrial exitosa. La economía, la democracia y la seguridad nacional de los Estados Unidos se están sacrificando en el altar de la codicia insaciable de Trump y sus aduladores.

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Foto ap

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EL CAPITALISMO ANTIESTADUNIDENSE

DE TRUMP.

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Por Joseph Stiglitz. Especial para la Jornada.

Premio Nobel de Economía, ex Economista Principal del Banco Mundial.

Fuente, La Jornada Ciudad de México domingo 28 de junio del 2026.

Nueva York. El presidente Donald Trump afirma que elegir a demócratas «socialistas» pondría a Estados Unidos en una senda hacia convertirse en Venezuela o Cuba. Pero las acciones de Trump (como es habitual) contradicen sus palabras y los presuntos principios de su Partido Republicano. En vez de seguir defendiendo el capitalismo y la libre empresa, el Partido Republicano de Trump ya no apoya ninguna de las dos cosas.

El rasgo distintivo del capitalismo al estilo estadunidense es la estricta propiedad privada de las empresas. En el capitalismo chino y en el ruso, empresas que parecen normales son en realidad propiedad del gobierno, a través de esquemas corruptos que en última instancia sirven a los intereses de dirigentes políticos y sus aliados: un sistema muy distinto del que se estudia en un curso introductorio de economía. Pero ahora, Estados Unidos va por la misma senda que Rusia y China.

Llevo mucho tiempo sosteniendo que hay más margen para la intervención estatal en la economía estadunidense a través de la política industrial, y que en muchos ámbitos se necesitan regulaciones para alinear los intereses privados con el bien público. Pero siempre he dicho que esas intervenciones deben ser institucionalizadas, según procesos impersonales y transparentes que eviten hasta la menor apariencia de favoritismo político.


El Partido Republicano, en cambio, está dando apoyo tácito al capitalismo matonil de Trump, un modelo que no se parece en nada a la economía de mercado basada en reglas que antes defendían los conservadores. Por eso no es sorprendente (aunque sí muy preocupante) que al parecer la administración Trump esté manteniendo conversaciones con Anthropic, OpenAI y otras empresas de inteligencia artificial, que podrían llevarlas a la cesión «voluntaria» de una «participación estatal», así como Putin recibió el apoyo «voluntario» de los oligarcas rusos.

De Rusia y China a Arabia Saudita (donde a fines de 2017 y principios de 2018, se retuvo por tres meses a miembros de élites adineradas en el Ritz-Carlton de Riad hasta que cedieron una participación suficiente en sus empresas), los empresarios han aprendido a no desafiar al gobierno. Pueden dar fe de ello el fundador de Alibaba (Jack Ma) y ex oligarcas rusos como Mijaíl Jodorkovski y Boris Berezovski.

Quizá Trump no llegue a los mismos extremos que Putin o Xi, pero su idea básica es la misma. El trato que le dio su gobierno a Anthropic recuerda lo que hizo el gobierno chino con Ma cuando este se atrevió a criticar a las autoridades regulatorias. Tras imponerle a principios de este mes una súbita prohibición de exportación a sus herramientas más avanzadas, el gobierno estadunidense está teniendo nuevas «conversaciones» con Anthropic, probablemente para extraer concesiones adicionales del laboratorio local de IA que crece más rápido.

El gobierno ya dio pasos decisivos en esa dirección en agosto del año pasado, cuando exigió a Nvidia y AMD que le cedieran un 15 por ciento de sus ventas a China, a cambio del levantamiento de prohibiciones de exportación. En este caso, Trump no tuvo reparos en vender la seguridad nacional (supuesta justificación de las prohibiciones) a cambio de unos pocos miles de millones de dólares de ingresos extorsivos. Menos de dos semanas después, Intel cedió «voluntariamente» al gobierno estadunidense una participación de diez por ciento a cambio de un apoyo financiero que en principio ya debía recibir en virtud de la Ley de CHIPS y Ciencia aprobada en 2022.


En tanto, en respuesta a la creciente demanda pública de que se regule la IA, Trump firmó hace poco una orden ejecutiva que insta a los desarrolladores de IA a someterse a la regulación en ciertos contextos. Pero el texto del documento es un claro reflejo de la influencia de tecnooligarcas como Mark Zuckerberg y Elon Musk. Por ejemplo, establece explícitamente que:

«Nada de lo dispuesto en esta sección se interpretará en el sentido de autorizar la creación de una obligación de obtener del gobierno licencia, preautorización o permiso para el desarrollo, la publicación, el lanzamiento o la distribución de nuevos modelos de IA, incluidos modelos de vanguardia».

Los funcionarios estadunidenses afirman que estas medidas en dirección a un capitalismo de Estado garantizarán el acceso de todos a los beneficios de la IA. Pero si ese fuera el objetivo real, apoyarían el cobro de impuestos a las ganancias empresariales, que están para garantizar un reparto de los beneficios de la actividad económica, sobre la base de reconocer que las empresas mismas han obtenido beneficios del acceso a bienes públicos. En cambio, este gobierno debilitó la fiscalidad corporativa. En los años setenta, los impuestos a las ganancias empresariales generaban ingresos del orden de 2.6 por ciento del producto interno bruto (PIB), mientras que hoy sólo recaudan la mitad de esa cifra, a pesar de que esas ganancias como porcentaje del PIB llegan a casi el doble.

En cualquier caso, si alguien piensa que a Trump y sus secuaces los mueve la preocupación por el estadunidense de a pie, tengo un puente en Brooklyn para venderle. Este es el gobierno más corrupto de la historia de los Estados Unidos, por varios órdenes de magnitud. Nada de lo que hace es transparente. Cada participación que obtiene en el sector privado obedece a favoritismoinversiones personales de altos funcionarios, y las distorsiones económicas resultantes se irán acumulando.

El modelo de capitalismo del Partido Republicano tiene amplias derivaciones. En primer lugar y sobre todo, debilita la democracia y nos acerca cada vez más a una oligarquía, donde las élites con conexiones políticas pueden influir en las decisiones de gobierno. En segundo lugar, también debilita la prosperidad estadunidense. Una idea central de la economía moderna y de la historia económica es que para lograr mejoras sostenidas en el nivel de vida es esencial contar con instituciones sólidas (entre ellas el Estado de derecho).


El matonismo de Trump es la antítesis de los cimientos institucionales sobre los que se construyó la economía estadunidense. Los ganadores en la nueva competencia oligárquica no son quienes fabrican los mejores productos o los más innovadores (en IA, por el momento ese título al parecer le corresponde a Anthropic). Son más bien los que tienen menos principios y los que saben adular mejor al rey loco. ¿A alguien le sorprende que Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI (tambaleante competidor de Anthropic), haya sido el primero en proponer la idea de una participación estatal a la administración Trump?

El gobierno tiene razones legítimas tanto para promover industrias incipientes como para regular aquellas donde los beneficios privados pueden no estar en línea con el interés público (como es el caso evidente de la IA). Pero estas intervenciones en el mercado deben respetar el Estado de derecho y estar bajo supervisión de instituciones independientes, en vez de implementarse con esquemas opacos, ad hoc y en beneficio propio.

Con Trump al mando, Estados Unidos está condenado a sumarse a los demás países que padecen el capitalismo de amigos, a diferencia de los que han demostrado cómo es una estrategia industrial exitosa. La economía, la democracia y la seguridad nacional de los Estados Unidos se están sacrificando en el altar de la codicia insaciable de Trump y sus aduladores.

Joseph E. Stiglitz, premio nobel de economía, ex economista principal del Banco Mundial y expresidente del consejo de asesores económicos de la presidencia de los Estados Unidos, es profesor distinguido en la Universidad de Columbia y autor de The Road to Freedom: Economics and the Good Society (W. W. Norton & CompanyAllen Lane, 2024).

Copyright: Project Syndicate, 2026.

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sábado, 27 de junio de 2026

AMÉRICA LATINA EN LA ESTRATEGIA IMPERIAL.

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"Ante este panorama, no puede llamar la atención que lleguen al gobierno personajes como Keiko Fujimori, Bukele y ahora De la Espriella, que tienen en común su desprecio a la vida y la alianza con el crimen y los paramilitares. Es el tipo de personas que el capitalismo necesita en este momento.  Es urgente cambiar de estrategias, cuando los estados-nación han sido blindados para servir al capital y los estados del bienestar han sido demolidos. La estrategia en dos pasos, que denunciaba Wallerstein como error de las viejas izquierdas (llegar al poder para luego cambiar el mundo), nunca funcionó, pero ahora tiene un sesgo peligroso, porque entrampa a los pueblos.  Las nuevas estrategias son las que están implementando algunos pueblos y movimientos en las últimas tres décadas: defensa del territorio, autogobierno y autodefensa, o sea construcción de autonomías.

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"Estados Unidos puede tolerar que China tenga estrechas relaciones económicas con América Latina, pero no puede aceptar que tengan relaciones militares porque echaría por tierra la Doctrina Monroe". Foto Afp / archivo

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AMÉRICA LATINA

EN LA ESTRATEGIA IMPERIAL.

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Por Raúl Zibechi.

Fuente. La Jornada Ciudad de México sábado 27 de junio del 2026.

John Mearsheimer pasa por ser el analista geopolítico más importante en estos momentos de caos y colapso sistémicos, con análisis tan claros y sencillos como profundos. Vale la pena escucharlo. En una reciente entrevista sostiene que desde 2017 ingresamos en un mundo multipolar con Estados Unidos, China y Rusia configuradas como grandes potencias (Infobae, 9 de mayo de 2026). 

Ese tránsito de la unipolaridad a la multipolaridad tiene consecuencias profundas en el escenario global y abre un período de gran inestabilidad, aunque no lo menciona de este modo. Como latinoamericanos, nos interesa su punto de vista sobre el papel de nuestro continente en la estrategia de Washington.



“América Latina es el área más importante del mundo desde un punto de vista estratégico para Estados Unidos”, dice Mearsheimer. 

“La clave es que Estados Unidos es un hegemón en el hemisferio occidental. Es, por lejos, el Estado más poderoso del hemisferio: domina militar y económicamente a todos los países de América Latina. Por lo tanto, no enfrenta amenazas de seguridad provenientes de sus vecinos latinoamericanos y se encuentra notablemente seguro dentro del hemisferio occidental. Eso le permite concentrarse en Asia oriental, Europa y el golfo Pérsico”, concluye. 

Estados Unidos puede tolerar que China tenga estrechas relaciones económicas con América Latina, pero no puede aceptar que tengan relaciones militares porque echaría por tierra la Doctrina Monroe

Desde el sur, la brasileña Carolina Silva Pedroso, especialista en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, sostiene que, según la Estrategia de Seguridad Nacional difundida en 2025,

“América Latina pasa a ocupar una posición prioritaria en la política estadunidense, sustituyendo a Oriente Medio como la región de interés central” (IHU, 23 de junio de 2026, subrayados míos). 

Aunque estas ideas ya las había formulado Nicholas Spykman en las primeras décadas del siglo pasado, es necesario actualizar estos recordatorios: el continente latinoamericano es vital para que Estados Unidos mantenga una posición dominante en el sistema internacional. Más aún, cabe agregar, cuando la potencia hegemónica está en declive y por momentos se acerca a su colapso como nación


A partir de estos análisis, me parece necesario y urgente comprender cómo esta realidad afecta y afectará a los movimientos populares y a los pueblos en movimiento de nuestra región. No es más de lo mismo, no es sólo una repetición de la larga historia del “patio trasero”, sino que hay cambios estratégicos que debemos considerar. 

La primera es la permanente y profunda militarización del continente. Lo que antes podía ser temporal y coyuntural, hoy se ha convertido en estructural. La militarización de todas las facetas de la vida, desde las relaciones sociales hasta la naturaleza, llegó para quedarse, es el núcleo de la economía y la clave de bóveda de la acumulación de capital. Nadie debe creer que se trata de una desviación de la norma (como lo fueron los golpes de Estado), sino la norma misma durante un periodo imposible de determinar, pero que no será breve. Por lo tanto, debemos reflexionar cómo vamos a resistir ante esta nueva realidad. 

La segunda es que la militarización no depende de quienes gobiernen, precisamente porque es una cuestión estructural del capitalismo actual. En este sentido, no hay fronteras geográficas ni políticas. Observemos a los gobiernos progresistas, y veremos que ellos han dado pasos sustanciales hacia la militarización, en todos y cada uno de los países. 

La tercera es que el patriarcado y el colonialismo son también funcionales a la lógica militarista, lo que los vuelve mucho más peligrosos. De ahí la expansión brutal de los feminicidios, de sus modos tremendamente depredadores que destruyen vidas y cuerpos de mujeres y personas del color de la tierra

La cuarta es que el militarismo se presenta de muy diversos modos: desde el crimen organizado hasta los programas sociales, incluyendo la “cultura” que emana de los medios de comunicación y los modos como se practican los deportes mercantilizados. 

Ante este panorama, no puede llamar la atención que lleguen al gobierno personajes como Keiko Fujimori, Bukele y ahora De la Espriella, que tienen en común su desprecio a la vida y la alianza con el crimen y los paramilitares. Es el tipo de personas que el capitalismo necesita en este momento. 

Es urgente cambiar de estrategias, cuando los estados-nación han sido blindados para servir al capital y los estados del bienestar han sido demolidos. La estrategia en dos pasos, que denunciaba Wallerstein como error de las viejas izquierdas (llegar al poder para luego cambiar el mundo), nunca funcionó, pero ahora tiene un sesgo peligroso, porque entrampa a los pueblos. 

Las nuevas estrategias son las que están implementando algunos pueblos y movimientos en las últimas tres décadas: defensa del territorio, autogobierno y autodefensa, o sea construcción de autonomías.

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viernes, 26 de junio de 2026

LA BATALLA POR LA EUROPA SOCIAL.

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"Los Estados tienen la obligación de garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Pero también es necesario preguntarse si una dinámica permanente de rearme puede acabar desplazando recursos necesarios para sostener el Estado del bienestar. La seguridad colectiva no depende únicamente del gasto militar. También exige sociedades cohesionadas, servicios públicos fuertes, empleo decente, protección social y oportunidades para las nuevas generaciones.

"El futuro de Europa no está escrito. Lo que hoy está en juego no es únicamente una determinada orientación política o económica, sino el rumbo mismo del proyecto europeo. Frente a quienes pretenden abrir paso a una Europa más desigual, más fragmentada y menos solidaria, la defensa de la democracia económica y social, de la igualdad de derechos y de la cohesión social adquiere una importancia decisiva.

"La batalla por la Europa social es también una lucha por preservar y ampliar las conquistas que han definido a la Europa democrática durante décadas: los derechos laborales, la negociación colectiva, los servicios públicos, la igualdad y el Estado del bienestar. Lo que hoy está en juego no es solo un conjunto de políticas sociales, sino una determinada idea de Europa basada en la democracia, la justicia social y la solidaridad. El futuro del proyecto europeo dependerá en buena medida de la capacidad para defender y fortalecer esos principios.

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Fuentes: Nueva tribuna [Foto: Comisión Europea].

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LA BATALLA POR LA EUROPA SOCIAL.

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Por Toni Ferrer | 26/06/2026 | Europa

Fuentes. Revista Rebelión viernes 26 de junio del 2026.

El futuro de Europa no está escrito. Lo que hoy está en juego no es únicamente una determinada orientación política o económica, sino el rumbo mismo del proyecto europeo.

La gran movilización del sindicalismo europeo celebrada en Madrid el pasado 18 de junio lanzó un mensaje claro: el futuro de Europa dependerá de su capacidad para defender la democracia, el trabajo decente, la justicia social y la paz. Convocada por la Confederación Europea de Sindicatos (CES) junto con CCOO y UGT, reunió a cerca de once mil sindicalistas de España y otros países europeos. En un momento marcado por las guerras, las desigualdades y el avance de propuestas que cuestionan derechos sociales y laborales, la movilización reivindicó la vigencia del modelo social europeo.

La elección de Madrid respondió a razones de fondo. Durante los últimos años, España se ha convertido en una referencia en el debate social europeo gracias a los avances alcanzados mediante el diálogo social entre el Gobierno progresista, los sindicatos y las organizaciones empresariales.



Las mayores conquistas democráticas llegaron de la mano de la ampliación de los derechos laborales y sociales.

Los acuerdos logrados durante la pandemia para proteger el empleo, la reforma laboral, la recuperación de la negociación colectiva, las subidas del salario mínimo, la regulación del teletrabajo o la Ley Rider han demostrado que es posible mejorar las condiciones de trabajo y reducir la precariedad sin renunciar al crecimiento económico ni a la creación de empleo.

La revalorización de las pensiones conforme a la inflación media y las medidas destinadas a reforzar la financiación y sostenibilidad de la Seguridad Social son otros ejemplos de esa experiencia. Estos acuerdos han convertido a España en una referencia para buena parte del sindicalismo europeo y han confirmado que el diálogo social sigue siendo una herramienta eficaz para ampliar derechos, afrontar las transformaciones económicas y sociales y reducir desigualdades.

La invasión rusa de Ucrania ha devuelto la guerra al continente y los conflictos provocados por Estados Unidos e Israel en Oriente Próximo continúan provocando sufrimiento humano e inestabilidad. A ello se añaden las dificultades de acceso a la vivienda, el aumento de las desigualdades y la incertidumbre que generan las transformaciones económicas, tecnológicas y medioambientales que atraviesan nuestras sociedades.

La democracia no se sostiene únicamente sobre elecciones e instituciones. Las mayores conquistas democráticas llegaron de la mano de la ampliación de los derechos laborales y sociales. El Estado del bienestar y los servicios públicos no son elementos ajenos a la democracia; son un pilar central de ella.

La negociación colectiva, el diálogo social y la capacidad de los trabajadores para organizarse y defender sus intereses fortalecen la vida democrática. También lo hace la participación de las personas trabajadoras en la empresa.



La democracia económica y social constituye uno de los rasgos más valiosos del modelo europeo. Cuando aumentan las desigualdades, se debilitan los servicios públicos y la protección social o se precarizan las condiciones de vida, no solo empeora la situación de quienes lo padecen. También se debilita la propia democracia. No puede haber una democracia fuerte allí donde avanzan la desigualdad, la precariedad y la exclusión social.

Este escenario favorece el crecimiento de fuerzas de ultraderecha que transforman el malestar social en desconfianza hacia las instituciones democráticas y en enfrentamiento entre grupos sociales. Frente a problemas complejos ofrecen respuestas simples, buscan culpables y apelan al miedo. Lo preocupante es que parte de ese discurso ha dejado de ser patrimonio exclusivo de la ultraderecha y encuentra cada vez más eco en sectores de la derecha tradicional.

Detrás de ese discurso suelen encontrarse propuestas de desregulación económica, laboral y social, debilitamiento de los servicios públicos y cuestionamiento de los sindicatos. Son políticas que erosionan derechos conquistados durante décadas, ponen en peligro la cohesión social y debilitan los pilares sobre los que se ha construido el modelo social europeo.

La política del miedo y del odio no resuelve los problemas; los agrava y divide a quienes comparten intereses y necesidades comunes. Frente a ello, el sindicalismo reivindica la solidaridad, la ampliación de derechos y la defensa de intereses colectivos. Los sindicatos siguen siendo actores fundamentales de la democracia económica y social. No solo negocian salarios y condiciones de trabajo; también amplían espacios de participación y contribuyen a equilibrar relaciones de poder.

El trabajo decente es una cuestión clave para el futuro europeo. Tener empleo ya no garantiza por sí solo una vida digna. La precariedad, los bajos salarios, las dificultades para acceder a una vivienda y las nuevas formas de empleo vinculadas a las plataformas digitales afectan a millones de personas. Por ello, el sindicalismo europeo defiende empleos estables con derechos, salarios suficientes y condiciones laborales dignas. Las transiciones digital y ecológica solo serán sostenibles si generan empleo decente y si sus beneficios se distribuyen de forma más justa.



La inmigración se ha convertido en uno de los principales blancos de los discursos reaccionarios. Se presenta a las personas migrantes como una amenaza para el empleo, los salarios o los servicios públicos. Sin embargo, la realidad económica y demográfica muestra algo muy distinto.

Las sociedades europeas necesitarán millones de trabajadores para sustentar su actividad económica, garantizar el relevo generacional y contribuir a la financiación de las pensiones. Las personas migrantes trabajan, cotizan, pagan impuestos y participan en la creación de riqueza. Su aportación ya es esencial y lo será aún más en el futuro.

Los retos migratorios no se resolverán alimentando el miedo ni levantando muros. Tampoco mediante deportaciones masivas o el traslado de personas migrantes y solicitantes de asilo a terceros países. Europa necesita políticas de integración, igualdad de derechos y condiciones laborales dignas para todos. Convertir a las personas migrantes en chivos expiatorios no resuelve los problemas reales; solo alimenta la división social y desvía la atención de los verdaderos desafíos económicos y sociales que compartimos.

La jornada de Madrid abordó también una cuestión decisiva para el futuro europeo: la relación entre seguridad, paz y Estado del bienestar. Por eso la paz formó parte del lema de la movilización sindical. La construcción europea nació de la voluntad de superar los conflictos que devastaron el continente durante el siglo XX y de construir un espacio basado en la cooperación, la democracia y el progreso social.

Los Estados tienen la obligación de garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Pero también es necesario preguntarse si una dinámica permanente de rearme puede acabar desplazando recursos necesarios para sostener el Estado del bienestar. La seguridad colectiva no depende únicamente del gasto militar. También exige sociedades cohesionadas, servicios públicos fuertes, empleo decente, protección social y oportunidades para las nuevas generaciones.

El futuro de Europa no está escrito. Lo que hoy está en juego no es únicamente una determinada orientación política o económica, sino el rumbo mismo del proyecto europeo. Frente a quienes pretenden abrir paso a una Europa más desigual, más fragmentada y menos solidaria, la defensa de la democracia económica y social, de la igualdad de derechos y de la cohesión social adquiere una importancia decisiva.

La batalla por la Europa social es también una lucha por preservar y ampliar las conquistas que han definido a la Europa democrática durante décadas: los derechos laborales, la negociación colectiva, los servicios públicos, la igualdad y el Estado del bienestar. Lo que hoy está en juego no es solo un conjunto de políticas sociales, sino una determinada idea de Europa basada en la democracia, la justicia social y la solidaridad. El futuro del proyecto europeo dependerá en buena medida de la capacidad para defender y fortalecer esos principios.

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