viernes, 14 de agosto de 2026

PENSAR EL SUR DESDE EL SUR: INVESTIGADORES CUESTIONAN EL CENTRALISMO ACADÉMICO EN PRIMER CONGRESO DE LA RICS EN CUSCO.

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“El congreso fue organizado por investigadoras(es) de la Red de Investigación Crítica del Sur, con apoyo del Instituto Francés de Investigación para el Desarrollo y la Universidad Privada de Tacna, además del auspicio de la Municipalidad Provincial del Cusco y apoyo científico del Instituto Francés de Estudios Andinos y del Centro Bartolomé de las Casas. La organización también puso en valor la autogestión y el trabajo colectivo detrás del encuentro. Weill reconoció especialmente a quienes asumieron las coordinaciones logísticas, académicas y comunicacionales, un trabajo que al igual que el trabajo doméstico, según señaló, suele permanecer invisibilizado. Así, el primer congreso de la RICS dejó una pregunta política y académica de fondo: ¿qué ocurre cuando las regiones dejan de ser únicamente objeto de investigación y comienzan a producir sus propias agendas de investigación, sus propias preguntas, análisis y teorías?  Para la red, descentralizar el conocimiento no significa solamente trasladar eventos fuera de Lima, sino disputar quién tiene la posibilidad y legitimidad para interpretar el país y desde dónde se construye el conocimiento sobre el Perú.

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Foto asistentes. Wayka. Cusco

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PENSAR EL SUR DESDE EL SUR: INVESTIGADORES CUESTIONAN EL CENTRALISMO ACADÉMICO EN PRIMER CONGRESO DE LA RICS EN CUSCO.

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Por: Silvia Bardales Q.

Fuente. Wayka noticias. Periodismo de Investigación. Ciudad del Cusco. /10/08/2026.

“Una investigación crítica, situada, comprometida con las luchas del sur y con los procesos emancipatorios de nuestros pueblos”, manifestó la coordinadora de la Red de Investigación Crítica del Sur (RICS), Carolina Weill en el primer congreso RICS que reunió en Cusco a más de 100 asistentes, 45 ponencias, 12 mesas de trabajo y una charla magistral a cargo del sociólogo Héctor Béjar. Participaron líderes sociales, estudiantes, investigadores e investigadoras del sur del Perú y Bolivia para discutir economías populares, racismo, democracia, extractivismo, feminismos, memoria territorial y epistemologías alternativas.

Foto: Ponentes y equipo organizador del I CRICS | Créditos: Wilson Chilo / Cusco.

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Foto: Ponentes y equipo organizador del I CRICS | Créditos: Wilson Chilo / Cusco.

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El viernes 7 y sábado 8 de agosto, la Casa de la Cultura del Cusco fue escenario del I Congreso de la Red de Investigación Crítica del Sur (RICS), un espacio que reunió a más de 100 asistentes bajo una premisa que atraviesa toda su propuesta: “Pensar el Sur desde el Sur”.

El encuentro se enriqueció con una charla magistral inaugural a cargo del sociólogo y escritor Héctor Béjar. Las investigaciones abordaron problemas que atraviesan a las regiones del sur peruano desde distintas disciplinas y enfoques, con participación de investigadores de Cusco, Puno, Arequipa, Tacna, Apurímac, Ayacucho y también de Bolivia.

Durante la apertura, Béjar cuestionó que el país y el mundo sigan siendo analizados principalmente desde los centros de poder.

“Aquí desde el sur andino peruano no dejamos de ser parte de un mundo que tenemos que analizar desde aquí. Hasta ahora hemos analizado este mundo un poco desde allá. Creo que ahora toca (…) empezar a analizarlo desde aquí”, sostuvo.

Su intervención planteó también la necesidad de disputar el pensamiento dominante desde las experiencias de los sectores históricamente relegados.

“Ahora se trata de cuestionar ese pensamiento único y oponer a ese pensamiento único de los poderosos, el pensamiento crítico de los débiles”, afirmó.

La apuesta por descentralizar la producción de conocimiento también estuvo presente en las palabras de Carolina Weill, coordinadora general de la RICS, quien señaló que la red nació para articular a investigadores e investigadoras que producen conceptos, metodologías y prácticas “nacidas aquí, en el sur”.

El equipo organizador cuestionó el centralismo de los círculos académicos peruanos y advirtió que las interpretaciones del país producidas desde las regiones han sido “ampliamente invisibilizadas”. Por ello, plantearon la construcción de “un horizonte académico y social propio, crítico y profundamente emancipador”.



Una política dominada por el poder y el dinero.

En su intervención, Héctor Béjar también cuestionó la transformación de la política contemporánea y el debilitamiento de los principios democráticos. Para el sociólogo, uno de los problemas centrales es que el respeto a la ley y los valores éticos han perdido espacio frente a una lógica política donde predominan el poder económico y el éxito individual.

“Los valores de la ética ya no son invocados para justificar las políticas públicas o para orientar las vidas”, sostuvo durante su exposición.

Béjar planteó que frente a ese escenario es necesario recuperar el pensamiento crítico y cuestionar las ideas que se presentan como únicas o inevitables. En particular, llamó a contraponer al pensamiento dominante de las élites una mirada construida desde quienes viven las consecuencias de la precariedad y la desigualdad. Su intervención colocó así la discusión política en un terreno que excede las instituciones: quién produce conocimiento, desde dónde se interpreta la realidad y quiénes tienen capacidad para definir el rumbo de las sociedades.

Pensar la política desde el sur.

La reflexión coincidió con el propósito de la Red de Investigación Crítica del Sur: impulsar una producción académica situada, descentralizada y vinculada con las realidades de los territorios. En ese sentido, el Congreso no solo abrió un espacio para presentar investigaciones, sino también para discutir quiénes producen conocimiento y desde qué territorios se construyen las interpretaciones sobre el Perú.

Para Béjar, pensar desde el sur implica reconocer que las regiones no son únicamente espacios donde se aplican políticas diseñadas en otros lugares, sino territorios con capacidad para producir pensamiento político, social y académico propio. Esta mirada convirtió la descentralización en una discusión que va más allá de trasladar instituciones: implica redistribuir también la capacidad (material y simbólica) de interpretar, investigar y proponer alternativas para el país.


Foto: Silvia Bardales.

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La agenda del Congreso llevó esa discusión al terreno concreto. Las mesas abordaron las economías populares, la minería informal y los conflictos territoriales; el estallido social de 2022-2023; racismo, política y procesos electorales; capital transnacional y luchas populares; autogestión frente al Estado que vulnera más de lo que resguarda; memoria territorial, reforma agraria y conflicto armado interno; feminismos sureños; epistemologías “otras” y metodologías alternativas.

También se discutieron investigaciones sobre mujeres aymaras y economías transfronterizas entre Perú y Bolivia, acoso universitario, activismo femenino desde las periferias, acción colectiva campesina en Tacna, movilidad migratoria en el extremo sur y experiencias de producción académica desde los márgenes.

Más que un encuentro exclusivamente académico, la RICS buscó construir un espacio de articulación. Weill destacó que el objetivo era

“no solo presentar trabajos académicos, sino construir colectivamente aquello que esta red anhela: una investigación crítica, situada, comprometida con las luchas del sur y con los procesos emancipatorios de nuestros pueblos”.

En este sentido, se puede resaltar la presencia de varios dirigentes del Consejo de Autoridades Originarias de Puno y de organizaciones estudiantiles del Cusco.

 


Foto: Integrantes de la Red de Investigación Crítica del Sur | Créditos: RICS

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El congreso fue organizado por investigadoras(es) de la Red de Investigación Crítica del Sur, con apoyo del Instituto Francés de Investigación para el Desarrollo y la Universidad Privada de Tacna, además del auspicio de la Municipalidad Provincial del Cusco y apoyo científico del Instituto Francés de Estudios Andinos y del Centro Bartolomé de las Casas.

La organización también puso en valor la autogestión y el trabajo colectivo detrás del encuentro. Weill reconoció especialmente a quienes asumieron las coordinaciones logísticas, académicas y comunicacionales, un trabajo que al igual que el trabajo doméstico, según señaló, suele permanecer invisibilizado.

Así, el primer congreso de la RICS dejó una pregunta política y académica de fondo: ¿qué ocurre cuando las regiones dejan de ser únicamente objeto de investigación y comienzan a producir sus propias agendas de investigación, sus propias preguntas, análisis y teorías? 

Para la red, descentralizar el conocimiento no significa solamente trasladar eventos fuera de Lima, sino disputar quién tiene la posibilidad y legitimidad para interpretar el país y desde dónde se construye el conocimiento sobre el Perú.

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jueves, 13 de agosto de 2026

LA SEQUÍA NO EMPIEZA CUANDO DEJA DE LLOVER.

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“No se trata únicamente de una crisis ambiental. Es una cuestión de justicia. La inseguridad hídrica y alimentaria no son fenómenos aislados. Están profundamente vinculados a la desigualdad, a la pobreza y a la fragilidad institucional. Allí donde fallan la gobernanza, la inversión pública o la protección de los recursos naturales, las sequías golpean con más fuerza.

“Por eso, las soluciones tampoco pueden limitarse a esperar la próxima lluvia. Necesitamos proteger los ecosistemas que regulan el agua, restaurar suelos degradados, gestionar de forma sostenible los acuíferos, reforzar los servicios de agua, saneamiento e higiene y apoyar a las comunidades más expuestas a los impactos climáticos. Necesitamos políticas públicas que miren más allá de la emergencia y apuesten por la resiliencia. Y también necesitamos asumir una responsabilidad colectiva. Como ciudadanía podemos exigir a gobiernos y empresas decisiones coherentes con la magnitud del desafío, apoyar iniciativas que protejan los recursos naturales y revisar modelos de consumo que ejercen una presión creciente sobre ecosistemas cada vez más frágiles.

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Fuentes: Climática [Imagen: Un joven refugiado maliense saca agua para sus animales del único pozo de la pequeña aldea de Aghor, que acoge a varias decenas de miles de personas que han venido a instalarse aquí con sus rebaños. Foto: Xavier Bourgois/Acción contra el hambre.]

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LA SEQUÍA NO EMPIEZA CUANDO DEJA DE LLOVER.

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Por Pablo Alcalde | 13/08/2026 | Ecología social.

Fuentes Revista Rebelión jueves 13 de agosto del 2026.

La degradación de los ecosistemas, la mala gestión de los recursos y los efectos del cambio climático están convirtiendo la sequía en una amenaza creciente para la alimentación, la salud y la estabilidad de comunidades enteras.

Cuando pensamos en una sequía solemos imaginar un paisaje agrietado, embalses vacíos y campos sedientos bajo un sol implacable. Pensamos en la falta de lluvia. Y, sin embargo, la sequía rara vez empieza ahí.

La sequía es la manifestación más visible de un problema mucho más profundo: la degradación de los sistemas naturales y sociales que sostienen el agua, la alimentación y la vida. Es el síntoma de una enfermedad que llevamos décadas alimentando mediante decisiones políticas, económicas y ambientales que han debilitado la capacidad de los territorios para adaptarse a un clima cada vez más extremo.

Por eso, hablar de sequía únicamente como un fenómeno meteorológico resulta insuficiente. La lluvia importa, por supuesto. Pero también importan la gestión de los acuíferos, la protección de los bosques, el estado de los suelos, las políticas agrarias, la planificación urbana, las infraestructuras hidráulicas o el uso que hacemos de los recursos naturales.



El agua no es simplemente un recurso que sale de un grifo. Forma parte de un ciclo complejo que conecta lluvia, suelos, ríos, acuíferos, ecosistemas, producción de alimentos y comunidades humanas. Cuando ese ciclo se deteriora, la vulnerabilidad aumenta. Y cuando llegan las sequías, sus consecuencias se multiplican.

El cambio climático está alterando profundamente ese equilibrio. Las lluvias son más irregulares, los episodios extremos más frecuentes y las temperaturas más elevadas. Sin embargo, el problema no es únicamente climático. También es político.

Durante años hemos gestionado el agua como si fuera un recurso inagotable. Hemos permitido la sobreexplotación de acuíferos, la degradación de ecosistemas fundamentales para regular el ciclo hídrico y modelos de desarrollo que consumen más agua de la que muchos territorios pueden sostener. A menudo, las decisiones a corto plazo han pesado más que la sostenibilidad futura.

Las consecuencias son visibles en todo el planeta. La desertificación avanza, las cosechas se vuelven más inciertas, los medios de vida se debilitan y millones de personas ven comprometido su acceso al agua y a los alimentos. Lo que comienza como una crisis ambiental termina convirtiéndose en una crisis alimentaria, económica y social.

Y aquí aparece una de las mayores paradojas de nuestro tiempo. Quienes menos han contribuido al calentamiento global suelen ser quienes sufren sus impactos con mayor intensidadComunidades rurales del Sahel, agricultores de zonas áridas de América Latina o familias desplazadas por conflictos y crisis climáticas afrontan una realidad que apenas han contribuido a generar.

Mientras los países industrializados acumulan buena parte de la responsabilidad histórica de las emisiones que han alterado el clima, millones de personas en el sur global soportan las consecuencias más duras: pérdida de cosechas, inseguridad alimentaria, desplazamientos forzosos y un aumento constante de la vulnerabilidad.



No se trata únicamente de una crisis ambiental. Es una cuestión de justicia.

La inseguridad hídrica y alimentaria no son fenómenos aislados. Están profundamente vinculados a la desigualdad, a la pobreza y a la fragilidad institucional. Allí donde fallan la gobernanza, la inversión pública o la protección de los recursos naturales, las sequías golpean con más fuerza.

Por esolas soluciones tampoco pueden limitarse a esperar la próxima lluvia. Necesitamos proteger los ecosistemas que regulan el agua, restaurar suelos degradados, gestionar de forma sostenible los acuíferos, reforzar los servicios de agua, saneamiento e higiene y apoyar a las comunidades más expuestas a los impactos climáticos. Necesitamos políticas públicas que miren más allá de la emergencia y apuesten por la resiliencia.

Y también necesitamos asumir una responsabilidad colectiva. Como ciudadanía podemos exigir a gobiernos y empresas decisiones coherentes con la magnitud del desafío, apoyar iniciativas que protejan los recursos naturales y revisar modelos de consumo que ejercen una presión creciente sobre ecosistemas cada vez más frágiles.

La sequía seguirá formando parte de la historia de la humanidad. Lo que no es inevitable es que continúe transformándose en hambre, desplazamiento y sufrimiento para millones de personas. Porque la pregunta ya no es si lloverá más o menos. La verdadera pregunta es si seremos capaces de construir sistemas más justos y resilientes para que nadie tenga que pagar el precio de una crisis que no ha provocado.

PABLO ALCALDE, responsable de Agua, Saneamiento e Higiene en Acción contra el Hambre, con motivo del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía.

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miércoles, 12 de agosto de 2026

EL MANIFIESTO DE NUEVE CIENTÍFICOS SOBRE UN PLANETA QUE YA NO PUEDE MÁS.

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“La atmósfera. Los océanos. El conocimiento. El agua. El código genético de la vida. Los comunes no son una reliquia medieval. Son el marco jurídico, económico y ético para la supervivencia en el siglo XXI. Por todo ello, o seguimos por la senda actual de degradación ecológica, fragmentación social y erosión democrática, o forjamos un nuevo paradigma que alinee los sistemas humanos con nuestra naturaleza social y los límites del planeta. No es una elección entre economía y ecología. No es una elección entre crecimiento y bienestar. Es una elección entre seguir fingiendo que somos máquinas de consumir en un planeta infinito, o aceptar por fin que somos criaturas sociales, vulnerables, interdependientes, viviendo en un mundo finito que nos necesita tanto como nosotros a él. El periodo 2026-2030, dicen los autores, es la ventana. Evaluar los ODS, construir el marco post-2030 mediante procesos deliberativos a múltiples escalas. A partir de 2031, implementar. Adaptar. Corregir. Aprender.

“No es un plan quinquenal. Es un acto de fe colectiva. Hay algo en este artículo que trasciende lo académico. Quizá sea la honestidad brutal con la que nombra el sufrimiento: la soledad, la ansiedad de estatus, el trabajo vacío, la tierra envenenada. Quizá sea la ternura con la que recuerda que evolucionamos para cuidarnos unos a otros, y que cada política que ignora ese hecho es una pequeña violencia cotidiana. O quizá sea simplemente que, por primera vez en mucho tiempo, un grupo de científicos de primer nivel se atreve a decir, con datos y con citas, lo que mucha gente siente, pero no sabe articular: que este sistema no está diseñado para que seamos felices. Que no estamos locos por querer otra cosa. Que otra cosa es posible. Y que es urgente. Nueve firmas. Una revista médica. Un planeta al borde. Y una pregunta que ya no podemos esquivar: ¿Qué vamos a hacer con el tiempo que nos queda?

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Fuentes: Rebelión.

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EL MANIFIESTO DE NUEVE CIENTÍFICOS SOBRE UN PLANETA QUE YA NO PUEDE MÁS.

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Por J. Luis Carpintero | 12/08/2026 | Ecología social.

Fuentes Revista Rebelión miércoles 12 de agosto del 2026.

Hay artículos que informan, pero el que firman Kate Pickett, Robert Costanza y siete colegas más, es una petición de auxilio escrita con datos, con evidencia, con la desesperación contenida de quien ve el reloj acercarse a medianoche y decide, por fin, decir la verdad en voz alta.

En mayo de 2025 nueve expertos —epidemiólogos, economistas ecológicos, psicólogos sociales, defensores de los derechos de la naturaleza— se encerraron durante tres días para deliberar sobre ¿Qué viene después de 2030?

Lo que encontraron fue devastador. Solo el 17% de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible van por buen camino. No el 50%. No el 70%. El 17%. Una cifra que no es un fracaso logístico: es una sentencia. Es la prueba de que no estamos ante un problema de implementación, sino ante una contradicción estructural tan profunda como el cimiento mismo sobre el que se construyó la idea moderna de «progreso».

Hemos cruzado ya seis de los nueve límites planetarios, los. umbrales que, según la ciencia, no conviene superar si queremos mantener condiciones seguras para la vida humana en la Tierra.

(1-Cambio climático; 2-Integridad de la biosfera (pérdida de biodiversidad y degradación de funciones biológicas), 3-Cambio en el uso del suelo, 4- Alteración del ciclo del nitrógeno; 5-Alteración del ciclo del fósforo; 6-Uso de agua dulce; 7-Cambio atmosférico (p. ej., aerosoles y otros componentes que afectan la química/temperatura del aire); 8-Carga de aerosoles (a menudo se trata como parte del “cambio atmosférico” en formulaciones); Y 9-Entidades nuevas (contaminantes químicos y materiales “nuevos” no naturales de forma amplia, como plásticos persistentes, PFAS, etc.)

 El clima se está desestabilizando, la biosfera se desangra, y los ciclos del nitrógeno y el fósforo están rotos.

Mientras tanto, una de cada ocho personas en el mundo sufre un trastorno de salud mental, la soledad se ha convertido en epidemia, y miles de millones siguen excluidos de una vida digna.

Los expertos indican que estas crisis no son accidentes paralelos, sino manifestaciones interconectadas de un sistema que entendió mal qué somos como especie y qué necesitamos para vivir, nos enfrentan a lo que nos han contado: un cuento falso sobre quiénes somos.

Durante décadas, el modelo del homo economicus —ese ser racional, egoísta, consumidor compulsivo, obsesionado con maximizar su utilidad individual— ha dictado políticas económicas, diseños institucionales y hasta la forma en que nos miramos unos a otros. Nos dijeron que la competencia era nuestra esencia. Que el mercado era el espejo fiel de nuestra naturaleza.



Y es mentira.

La biología evolutiva, la neurociencia, la antropología, la psicología social se unen en ese escrito para explicar que el ser humano evolucionó para cooperar, para cuidar, para pertenecer. Nuestros cerebros desarrollaron circuitos neuronales especializados para la conexión social. La cooperación activa nuestros sistemas de recompensa con más fuerza que el interés propio. Porque no somos lobos solitarios disfrazados de consumidores, somos animales sociales cuya supervivencia dependió, durante milenios, del vínculo, del compartir, de la comunidad.

Lo que Pickett y sus colegas llaman «desajuste adaptativo» es, en el fondo, una tragedia silenciosa: hemos obligado a criaturas diseñadas para la ternura y la reciprocidad a vivir dentro de estructuras que premian la competencia feroz y el estatus. Y el resultado está a la vista: ansiedad crónica, adicciones, depresión, sociedades fracturadas.

Hay algo profundamente humano —casi tierno— en esta constatación. Como si la ciencia, por fin, nos estuviera diciendo: «No estás roto. El sistema en el que vives es el que está roto.»

El artículo dedica una sección entera a desmontar la idolatría del Producto Interior Bruto, y lo hace recordando que no debemos confundir crecimiento económico con bienestar, que nuestra herramienta de medición de crecimiento, el PIB, suma como «positivo» la tala de un bosque, el derrame de petróleo que exige limpieza, la construcción de una cárcel. Y resta —o mejor dicho, ignora— el cuidado no remunerado de una madre, la polinización de las abejas, la confianza entre vecinos, la belleza de un río limpio. Es un termómetro que mide la fiebre y la llama salud.

Frente a esto, el artículo recoge las semillas de esperanza que ya germinan: Bután con su Felicidad Nacional Bruta, Nueva Zelanda con su primer Presupuesto de Bienestar en 2019, la alianza de Gobiernos de Escocia, Gales, Islandia, Finlandia y Nueva Zelanda reorientando sus políticas hacia lo que realmente importa. No son utopías. Son políticas públicas. Están ocurriendo. Ahora.

El corazón analítico del texto propone tres transformaciones sistémicas que se refuerzan mutuamente. No son recetas técnicas. Son, en esencia, actos de rehumanización.



1. Democracia deliberativa: devolver la voz a quienes la perdieron

El artículo cita el estudio de Gilens y Page sobre 1.779 decisiones políticas en EE. UU.: las élites económicas y los grupos empresariales influyen sustancialmente en las políticas; los ciudadanos comunes, prácticamente no tienen influencia independiente. La palabra «democracia» se vacía cuando el poder real reside en quien puede pagar un lobista.

Frente a esa plutocracia disfrazada, los autores proponen las asambleas ciudadanas: cuerpos de personas elegidas por sorteo que deliberan informadas, libres de la presión de campañas, donantes y encuestas. Irlanda resolvió el aborto tras décadas de bloqueo. Francia produjo 149 medidas climáticas con 150 ciudadanos elegidos al azar, en Bélgica, la comunidad germanófona. Donde desde 2019, su Parlamento estableció un consejo ciudadano permanente (formado por ciudadanos sorteados) que organiza asambleas ciudadanas y da seguimiento a recomendaciones.

Son ejemplos de confianza en la gente común, de creer que, con información y espacio para escucharse, las personas pueden decidir mejor que los intereses concentrados. Es una apuesta por la inteligencia colectiva, por la razón entendida como empresa social, como negociación cooperativa, no como arma de guerra retórica.

Y Pickett y colaboradores se atreven a soñar en grande, en una asamblea ciudadana global que alimente el marco post-2030. No como sustituto de la ONU, sino como su conciencia. Como la voz de los miles de millones que nunca tuvieron silla en la mesa.

Plantean trabajar por la democracia económica, de forma que el trabajo vuelva a tener alma, pues solo el 21% de los trabajadores del mundo se siente comprometido con su empleo. Veintiuno por ciento. El resto va cada mañana a un lugar donde su humanidad se reduce a una transacción: horas por dinero, esfuerzo por supervivencia, vida por salario.

Para ello proponen empresas de propiedad y gestión democrática: cooperativas, empresas de empleados, organizaciones donde quien trabaja decide. Y no es romanticismo, ya que los metaanálisis muestran que estas firmas son más productivas, más innovadoras, más resilientes en las crisis., por ejemplo, en nuestro país Mondragón emplea a más de 80.000 trabajadores-propietarios, o en Italia, la Emilia-Romagna genera cerca del 30% de su PIB en redes cooperativas.

Esto nos lleva a que cuando la actividad económica la gobiernan quienes tienen un compromiso a largo plazo con sus comunidades, y no accionistas lejanos buscando rendimientos trimestrales, las decisiones se alinean naturalmente con la protección del entorno. La democracia económica no es solo justicia laboral. Es ecología.

Pero también nos hablan de despojo. Como ocurre cuando existen 3.200 millones de personas afectadas por la degradación del suelo, o de los 1.600 a 3.000 millones que carecen de vivienda adecuada, no porque falte espacio, sino porque la distribución está rota. Del 60% de la tierra africana bajo tenencia consuetudinaria que los marcos legales no reconocen, dejándola expuesta al acaparamiento.

Pero también nos hablan de reencuentro. De los pueblos indígenas que siempre supierony la ciencia ahora confirma— que el valor de la tierra trasciende cualquier precio de mercado. De los servicios ecosistémicos invisibles: la purificación del agua, la captura de carbono, la polinización. De la capacidad evolutiva del cuerpo humano para detectar alimentos nutritivos cuando está conectado con paisajes diversos, una capacidad que la industrialización alimentaria ha atrofiado.

La justicia territorial, plantean, exige pasar de la lógica de propiedad y extracción a la de custodia y reciprocidad. No somos dueños de la tierra. Somos parte de ella. Y ella, de nosotros.

El concepto de los comunes atraviesa el texto como un hilo dorado. De Ostrom a Barnes, de los derechos del río Whanganui en Nueva Zelanda a la propuesta de tipificar el ecocidio como delito internacional, el artículo traza una genealogía de la idea más radical y antigua de la humanidad: hay cosas que no pueden ser de nadie porque son de todos.


La atmósfera. Los océanos. El conocimiento. El agua. El código genético de la vida. Los comunes no son una reliquia medieval. Son el marco jurídico, económico y ético para la supervivencia en el siglo XXI.

Por todo ello, o seguimos por la senda actual de degradación ecológica, fragmentación social y erosión democrática, o forjamos un nuevo paradigma que alinee los sistemas humanos con nuestra naturaleza social y los límites del planeta.

No es una elección entre economía y ecología. No es una elección entre crecimiento y bienestar. Es una elección entre seguir fingiendo que somos máquinas de consumir en un planeta infinito, o aceptar por fin que somos criaturas sociales, vulnerables, interdependientes, viviendo en un mundo finito que nos necesita tanto como nosotros a él.

El periodo 2026-2030, dicen los autores, es la ventana. Evaluar los ODS, construir el marco post-2030 mediante procesos deliberativos a múltiples escalas. A partir de 2031, implementar. Adaptar. Corregir. Aprender.

No es un plan quinquenal. Es un acto de fe colectiva.

Hay algo en este artículo que trasciende lo académico. Quizá sea la honestidad brutal con la que nombra el sufrimiento: la soledad, la ansiedad de estatus, el trabajo vacío, la tierra envenenada. Quizá sea la ternura con la que recuerda que evolucionamos para cuidarnos unos a otros, y que cada política que ignora ese hecho es una pequeña violencia cotidiana.

O quizá sea simplemente que, por primera vez en mucho tiempo, un grupo de científicos de primer nivel se atreve a decir, con datos y con citas, lo que mucha gente siente, pero no sabe articular: que este sistema no está diseñado para que seamos felices. Que no estamos locos por querer otra cosa. Que otra cosa es posible. Y que es urgente.

Nueve firmas. Una revista médica. Un planeta al borde. Y una pregunta que ya no podemos esquivar: ¿Qué vamos a hacer con el tiempo que nos queda?

– Pickett, K.E., Costanza, R., De Vogli, R., Kubiszewski, I., McGlade, J., Mortensen, L.F., Ragnasdottir, K.V., Wallis, S. y Wilkinson, R.G. «Wellbeing for people and the planet: how to value everyone and everything on a thriving planet beyond 2030.»The Lancet Planetary Health, vol. 10, 101475. 2026.

J Luis Carpintero Avellaneda. Profesional sanitario jubilado y exprofesor de la UMA.

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martes, 11 de agosto de 2026

EL SUR DE EUROPA EN LLAMAS: UN CAPITALISMO PIRÓMANO. *****

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"En el sur de Europa, además del calentamiento acelerado del clima, los indicadores globales como El Niño-Oscilación Austral (ENSO), que afecta más directamente al Pacífico tropical, pero influye en la circulación atmosférica global, sobre todo en la NAO (Oscilación del Atlántico Norte), parecen desempeñar un papel agravante. En su fase negativa (presiones por debajo de lo normal en el Atlántico norte central y por encima de lo normal en las latitudes más altas), esta última suele provocar veranos más calurosos y secos en el sur de Europa. La combinación de estos factores pone especialmente a la Península Ibérica en una situación crítica. De hecho, en el periodo 1981-2010, de media, tuvo menos de diez días de verano con condiciones meteorológicas extremas, especialmente propicias para los incendios, frente a más de 25 en la última década.

"Ahora, la propensión climática a los incendios supera con creces los recursos de los que disponen los Estados europeos para hacerles frente, y esto está ocurriendo mucho más rápido de lo que se había previsto. Según El Garroussi et al., las previsiones climáticas disponibles para el sur de Europa apuntan a una probabilidad de incendio del 50 % en las zonas más expuestas (frente al 5 % actual), lo que condena, a corto y medio plazo, a la Península Ibérica, el sur de Francia, Italia y los Balcanes a catástrofes de unas proporciones que hoy por hoy aún son inimaginables. Para hacerles frente, tenemos que intensificar, por supuesto, la lucha contra el calentamiento global, aunque los próximos mega incendios ya estén programados. También es urgente romper con una ordenación del territorio guiada por el beneficio privado y combatir la especulación inmobiliaria. De momento, es fundamental reforzar a lo grande la prevención y los medios para combatir los mega incendios, y convertirlos en una prioridad absoluta de las políticas públicas.

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Fuentes: Viento sur.

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EL SUR DE EUROPA EN LLAMAS:

UN CAPITALISMO PIRÓMANO.

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Por Jean Batou | 11/08/2026 | Ecología social

Fuentes. Revistas Rebelión martes 11 de agosto del 2026.

Hasta mediados de la década de 2010, las medidas de prevención y lucha contra los incendios habían logrado contener, como podían, el avance de los incendios en la Europa mediterránea. Desde entonces, los frenos se han soltado de un solo golpe y el sur del Viejo Continente va a toda velocidad hacia un incendio aterrador. Pero ¿quiénes son los responsables de una catástrofe que no deja de empeorar? Ante todo, claro, la aceleración del calentamiento global; después, una ordenación del territorio guiada cada vez más exclusivamente por el beneficio privado; y, por último, unas medidas de prevención y unos medios de lucha notoriamente insuficientes.

«Los incendios forestales se cuentan entre los riesgos naturales más destructivos a escala mundial, con graves repercusiones medioambientales, económicas y sociales», señalan Sarah et al. en Scientific Reports, el 26 de julio de 2026.

Este equipo de investigación también señala que el sur de Europa, sobre todo España e Italia, había experimentado un descenso constante en la incidencia de estos incendios incontrolables desde principios de los años 80, gracias a las medidas de prevención adoptadas, pero que la tendencia se invirtió claramente a partir de mediados de la década de 2010. De hecho, todas las medidas que se han ido poniendo en marcha desde hace unos cuarenta años han resultado cada vez más ineficaces ante la evolución de los riesgos.

Incendios gigantes cada vez más destructivos.

Si nos centramos en los cinco países más expuestos –Francia, Grecia, Italia, España y Portugal– entre 2008 y 2014, la extensión de las superficies arrasadas por el fuego se mantuvo relativamente estable, en unas 250000 hectáreas al año [en el gráfico de abajo, para eliminar las variaciones anuales, los valores de cada año corresponden a la media de los cinco años que lo rodean; por ejemplo, el valor de 2008 representa la media de los años 2006-2010]. En cambio, esta superficie no ha dejado de aumentar desde 2015. Siguiendo con las medias móviles de cinco años, de 2015 a 2020 las superficies quemadas superaron las 300000 ha al año; alcanzaron las 360000 ha en 2021, 380000 ha en 2022, 505000 ha en 2023 y 570000 en 2024 La última cifra disponible solo para el año 2025 es de 841000 ha y probablemente será del mismo orden, o incluso superior, para 2026.


Territorios destruidos por el fuego en Francia, Grecia, Italia, España y Portugal, 2009-2024 (medias móviles de 5 años centradas en el año mencionado)

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Desde el punto de vista medioambiental, una hectárea en llamas libera entre 60 y 150 toneladas de CO₂ a la atmósfera, según el tipo de vegetación que se queme, a lo que hay que sumar una cierta cantidad de metano y óxido nitroso.

Así, las más de un millón de hectáreas quemadas en la Unión Europea en 2025 seguramente han generado entre 60 y 150 millones de toneladas de CO₂, lo que equivale al 10-25 % de las emisiones de los coches particulares.

En el plano económico y social, hay que sumar, obviamente, los costes inmediatos de la lucha contra el fuego, las obras de restauración necesarias (edificios, equipamientos, cultivos, etc.) y las pérdidas de ingresos relacionadas con los días de trabajo y los ingresos turísticos perdidos, entre otras cosas. Así, en 2025, a escala de la UE, se esfumaron entre 3000 y 8000 millones de euros, lo que equivale a la mitad del presupuesto de la ciudad de París, y eso sin contar los efectos a largo plazo de estos incendios gigantescos, que son muy difíciles de medir, sobre todo en cuanto a la destrucción de ecosistemas que tardan mucho en recuperarse (desaparición de especies animales y vegetales, alteración del ciclo del agua, cambio de los ecosistemas forestales a otros con menos vegetación, etc.).

Los incendios forestales también se cobran vidas: 13 muertos en el mega incendio de Los Gallardos, en Andalucía, el pasado 12 de julio (66 muertos en el mega incendio de Pedrógão Grande, en Portugal, en 2017). A esto hay que sumar los heridos y las víctimas con problemas de salud a medio y largo plazo a causa de los incendios. De hecho, el humo contiene partículas finas PM 2,5, que penetran en los pulmones y, en parte, pasan al torrente sanguíneo, a las que se suman, entre otras cosas, el ozono, el monóxido de carbono y diversos compuestos orgánicos tóxicos.


Las causas de los incendios y cómo combatirlos.

En Francia, las estadísticas atribuyen el 90 % de los focos de incendio a causas humanas: el 35 % está relacionado con actividades económicas, el 25 % con actos malintencionados, el 15 % con actividades de ocio y el 15 % con accidentes (transporte, infraestructuras, etc.). En este sentido, la prevención juega un papel importante. Explica en parte la disminución de los incendios forestales en Europa desde los años 80 hasta mediados de la década de 2010.

La detección rápida de los focos de incendio, que permite una intervención más eficaz, es un aspecto esencial para frenar la propagación de los incendios. Se basa en la observación humana, las redes de cámaras instaladas en las zonas de riesgo y las observaciones mediante drones o satélites. Sin embargo, la rápida actuación de los bomberos depende en gran medida de la morfología del terreno y de los medios de que disponen, sobre todo los medios aéreos y la disponibilidad de grandes reservas de agua en las cercanías, que se reducen con las sequías.

Ya hemos hablado de la prevención en lo que respecta al inicio de los incendios, pero la ordenación del territorio también juega un papel clave para frenar su propagación: creación de franjas cortafuegos alrededor de las viviendas y las infraestructuras, donde la cantidad y la continuidad de la vegetación se reducen considerablemente (y requieren un mantenimiento constante); el mantenimiento de un paisaje en mosaico (con usos alternados); el apoyo al pastoreo extensivo; y una gestión forestal que favorezca la diversidad de especies y el mantenimiento de un ecosistema húmedo. Todas estas medidas van en contra de una ordenación del territorio guiada por el beneficio privado.

En Francia, la Confédération paysanne denuncia…

Desde hace varias décadas, una parte del bosque francés se gestiona siguiendo una lógica de producción industrial. Se han desarrollado masas forestales muy homogéneas, a menudo compuestas por coníferas de crecimiento rápido, para satisfacer las necesidades de la industria maderera.

Hoy en día, casi la mitad de las masas forestales francesas están formadas por una sola especie. Las plantaciones forestales suman unos 2,1 millones de hectáreas, de las cuales casi el 80 % son de coníferas.



El problema no son las coníferas en sí mismas. El pino marítimo, el douglas o la pícea tienen su lugar según la zona. El problema surge cuando se sustituyen bosques diversos por masas forestales uniformes, a veces en superficies muy extensas.

Los científicos demuestran que los bosques mixtos suelen ser más resistentes a las sequías, las enfermedades y los fenómenos climáticos extremos. Almacenan mejor el agua, aportan más frescor y suelen ser más resistentes a los incendios.

Otro tema que merece un debate en profundidad: las talas a ras.

Según un estudio de la asociación Canopée, el 87 % de los proyectos financiados por el plan «France Relance» se referían a talas a ras, con replantaciones mayoritariamente en monocultivo. Estas conclusiones son cuestionadas por una parte del sector, pero plantean dudas sobre el uso del dinero público y sobre el modelo forestal que queremos fomentar.

A esto se suman sequías cada vez más largas, olas de calor más frecuentes y vientos violentos. El cambio climático es una realidad. Pero la forma en que gestionamos nuestros bosques lo es igualmente.

Ya no podemos limitarnos a decir que «es culpa del clima». El clima aumenta el riesgo. Nuestras decisiones de ordenación del territorio pueden agravarlo… o limitarlo.

En cuanto a los medios de lucha contra el fuego, los equipos aéreos desempeñan un papel esencial. Sin embargo, los aviones (el Canadair CL-415 y los nuevos DHC-515, que aún no están en servicio) los fabrica la empresa canadiense De Havilland en cantidades limitadas. Los costes de adquisición, mantenimiento y formación de las tripulaciones también son muy elevados para un uso exclusivamente estacional. Los helicópteros cisterna, más eficaces por la noche, son también más versátiles, pero suelen transportar menos agua (4 toneladas en lugar de 6,1 toneladas) y tardan más en recargarse.



Subida de las temperaturas, El Niño y la carrera hacia la catástrofe.

La expansión de los focos de incendio depende en parte de una variable socioeconómica de gran peso: la concentración de las actividades agrícolas y ganaderas en las zonas más rentables y el abandono de las zonas marginales. Según un estudio del Centro Comn de Investigación de la Comisión Europea de 2018,ún de Investigación de la Comisión Europea de 2018, más de 20 millones de hectáreas de tierras agrícolas corren un alto riesgo de abandono de aquí a 2030, sobre todo en España, Portugal, Grecia y el sur de Francia.

Esta tendencia reduce en la misma medida la alternancia entre campos de cultivo, pastos, olivares, viñedos, huertos, bosques y pueblos, un paisaje discontinuo que no favorece la propagación de los incendios.

Pero, sobre todo, desde 2015, el cambio climático juega un papel decisivo, sobre todo en Europa, un continente que se está calentando, de media, el doble de rápido que el resto de la superficie terrestre. Según Feron et al., ya citados,

en amplias zonas de la Península Ibérica, Francia, Italia y Grecia, el número de días de verano con condiciones extremas que favorecen los incendios se ha más que duplicado entre 1981 y 2025 (…) En el sur de España, el sur de Francia y la mayor parte de Italia, las temperaturas fueron, de media, hasta 2 °C más altas entre 2016 y 2025 en comparación con la media a largo plazo.

En el sur de Europa, además del calentamiento acelerado del clima, los indicadores globales como El Niño-Oscilación Austral (ENSO), que afecta más directamente al Pacífico tropical, pero influye en la circulación atmosférica global, sobre todo en la NAO (Oscilación del Atlántico Norte), parecen desempeñar un papel agravante. En su fase negativa (presiones por debajo de lo normal en el Atlántico norte central y por encima de lo normal en las latitudes más altas), esta última suele provocar veranos más calurosos y secos en el sur de Europa. La combinación de estos factores pone especialmente a la Península Ibérica en una situación crítica. De hecho, en el periodo 1981-2010, de media, tuvo menos de diez días de verano con condiciones meteorológicas extremas, especialmente propicias para los incendios, frente a más de 25 en la última década.

Ahora, la propensión climática a los incendios supera con creces los recursos de los que disponen los Estados europeos para hacerles frente, y esto está ocurriendo mucho más rápido de lo que se había previsto. Según El Garroussi et al., las previsiones climáticas disponibles para el sur de Europa apuntan a una probabilidad de incendio del 50 % en las zonas más expuestas (frente al 5 % actual), lo que condena, a corto y medio plazo, a la Península Ibérica, el sur de Francia, Italia y los Balcanes a catástrofes de unas proporciones que hoy por hoy aún son inimaginables.

Para hacerles frente, tenemos que intensificar, por supuesto, la lucha contra el calentamiento global, aunque los próximos mega incendios ya estén programados. También es urgente romper con una ordenación del territorio guiada por el beneficio privado y combatir la especulación inmobiliaria.

De momento, es fundamental reforzar a lo grande la prevención y los medios para combatir los mega incendios, y convertirlos en una prioridad absoluta de las políticas públicas.

Texto original: Marx21

Traducción: viento sur

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