&&&&&
“Puntos de inflexión. Una
de las medidas más antipopulares
que tomó Paz poco tiempo después de su investidura fue la eliminación
del Impuesto a las Grandes Fortunas, con la excusa de atraer
inversiones y ordenar las cuentas públicas. En un contexto de crisis
económica y ajuste, las clases populares lo leyeron como una traición
y entendieron que el presidente que acababan de votar gobernaba para las
elites. Según escribe el periodista Mijail Miranda para
Revista Anfibia, otro punto de quiebre con el actual gobierno
boliviano fue el nombramiento como Viceministro de Seguridad
Ciudadana del excomandante policial Rodolfo Montero, “investigado
y detenido preventivamente por su rol en la cadena de mando durante las
masacres de Sacaba y Senkata de 2019 —que después del golpe de Jeanine Añez
dejaron al menos 20 muertos y cientos de heridos— algo que el pueblo leyó como
una bofetada y una traición abierta al transitorio apoyo popular que tuvo
Rodrigo Paz”.
“El presidente boliviano no solo parece perdido
en su propio laberinto, sino que es capaz, en un mismo día y
en un mismo discurso, de llamar al diálogo y criminalizar a los
mismos sectores con los que dice querer sentarse a hablar Por
ahora, el presidente boliviano no solo parece perdido en su propio laberinto,
sino que es capaz, en un mismo día y en un mismo discurso, de llamar al diálogo
y criminalizar a los mismos sectores con los que dice querer sentarse a
hablar. Puede que el discurso que hacía eje en el hartazgo con las
fuerzas del MAS —y sus distintas caras— le haya servido como plataforma
para ganar las elecciones de octubre pasado, pero ya no alcanza. Por
lo demás, la decisión de insultar y desprestigiar a los mismos movimientos
que lo llevaron al poder no ha hecho más que horadar las bases de su
precario poder en tiempo récord.
/////
Fuentes: El salto0 [Foto: Carreteras cortadas por las manifestaciones en Bolivia]
*****
TUPAC KATARI Y LA PROPIEDAD DE LA TIERRA, CLAVES EN LAS PROTESTAS DE
BOLIVIA.
*****
Por Cecilia Valdez | 27/05/2026 | Bolivia, Economía
Fuente Revista Rebelión miércoles 27 de mayo del 2026.
Tan solo seis meses después de ser
investido presidente de Bolivia, Rodrigo Paz enfrenta una de las peores crisis
de los últimos 40 años. Tras tres semanas de bloqueos de carreteras —escasez de
alimentos, combustibles y medicamentos— y protestas de los más variados
sectores, la tensión va en aumento. Pese a que hasta ahora mantuvo una cerrazón
respecto al diálogo y las demandas de la población, el 21 de mayo anunció
cambios en el Gabinete y la creación de un consejo social y económico con el
objetivo de acercarse a la sociedad.
En 1781, Tupac Katari lideró la mayor
insurrección indígena en contra del dominio colonial español. En lo que se conoció como “Sitio
de La Paz”, los indígenas bloquearon los puntos de acceso a esta urbe
con forma de hoyo, y la ciudad quedó aislada y sin provisiones durante seis
meses. Katari fue capturado y lo descuartizaron atando sus
extremidades a cuatro caballos, para luego exhibir sus restos como amenaza
frente a futuras rebeliones. Pero la lección ya estaba aprendida.
Desde entonces, las principales protestas de
esa región del Altiplano utilizan este mecanismo. Sucedió en
1781, y sucede en 2026: los caminos fueron bloqueados y las postales
con las estanterías de los supermercados vacías y las largas
colas para conseguir combustible en La Paz se repitieron
sin cesar.
Pero, a diferencia de esa otra época, está vez el gobierno boliviano
contó con el inestimable apoyo de sus aliados en la región. Tanto el
presidente de Argentina, Javier Milei, como el de Chile, José
Antonio Kast (Chile), enviaron aviones con insumos para colaborar
frente al desabastecimiento. En el mismo sentido, el secretario de
Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, sostuvo que su país
“no permitirá que
delincuentes y narcotraficantes derroquen a líderes elegidos democráticamente
en nuestro hemisferio”.
La
irrupción de Paz.
Si bien la fragmentación del
Movimiento al Socialismo (MAS),
que gobernó el país durante casi 20 años, hacía prever un triunfo
de la derecha en las elecciones de 2025, la irrupción de la dupla
Paz/Lara, causó conmoción y sorpresa. El histórico voto del MAS
—que representa sobre todo a los sectores indígenas y campesinos—
no fue a la derecha tradicional sino a Paz, del Partido
Demócrata Cristiano (PDC).
“Él ganó las
elecciones con el voto de los movimientos sociales disruptivos, que son los que
ahora están movilizados”, advierte la politóloga Susana Bejarano. “También
había una identificación con el vicepresidente, pero Paz rompe con (Edmand)
Lara ni bien asume, le quita funciones y lo margina. Es decir, hay un malestar
profundo entre quienes lo encumbraron porque sienten que los dejó afuera, pero
también con el maltrato hacia Lara, pese a que el vicepresidente tampoco era lo
que esperaban”.
En abril, la Central Obrera Boliviana
(COB) le presentó
al Gobierno un pliego de demandas, que fue respondido un mes más tarde y
rechazado casi en su totalidad. Las reclamaciones eran, sobre
todo, por un aumento de salarios, aunque el conflicto de fondo es por
la propiedad de la tierra.
Pese a que la COB ha sabido canalizar
el creciente malestar,
un antecedente importante en el desenlace de los acontecimientos
actuales es un Cabildo Abierto (Asamblea de ciudadanos
reconocida en la Constitución) convocado el 1 de mayo por el senador
Milton Condori. Allí se definió que tanto los integrantes del ejecutivo
como del legislativo se debían bajar los salarios “para compartir entre
todos” los efectos de la crisis, pero que fue rechazado, lo cual aumentó
la crispación.
“Todo esto se dio,
además, al mismo tiempo en que se estaba presentando el presupuesto nacional”,
indica Bejarano. “En ese momento, un reconocido economista aimara, Gonzalo
Colque, denunció que según constaba en las planillas, los legisladores se
habían aumentado los sueldos en un 40%, lo cual incrementó aún más la
indignación popular”.
Si bien la COB aglutina demandas de diversos sectores, fundamentalmente del magisterio rural, la escalada del conflicto habilitó una serie de alianzas que, debido a peleas internas, parecían impensadas hasta ese momento, como la que estableció con la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia.
Descontento
popular.
“Está movilizado el mundo indígena
paceño en su conjunto”,
apunta Bejarano.
“La Tupac Katari,
que es un sindicato que agrupa a las 20 provincias paceñas, pero también Los
Ponchos Rojos, que, si bien pertenecen a la Tupac Katari, en sí mismos son una
organización social muy potente y con personalidad propia”. Otros sectores movilizados son las Federaciones
Departamentales de Juntas Vecinales, los médicos, los mineros y los
transportistas, sobre todo de La Paz y El Alto.
Si bien el pasado jueves Paz anunció
cambios en su Gabinete
como respuesta a la escalada del conflicto, hasta entonces el Gobierno
había optado por responder tratando de estigmatizar a los sectores
movilizados. La estrategia buscaba encontrar en Evo Morales un chivo
expiatorio e instalar la versión de que las movilizaciones eran
financiadas por el narcotráfico.
“Todo esto sublevó
más a la población”, sostiene Bejarano. “Por un lado, porque ellos odian a
Evo, y por el otro, porque no es cierto que los está liderando, al menos no en
su totalidad”.
“En Bolivia, lo
único que unifica, lleva la delantera y ha puesto paños fríos en las divisiones
que había dentro del movimiento popular es un gran descontento con el
gobierno”, señala la politóloga Susana Bejarano
Morales es uno de los líderes de los
distintos movimientos,
pero entre las caras más visibles está la de Mario Argollo —el secretario
general de la COB sobre el que pesa una orden de arresto—, y la del senador
Milton Condori. Sin embargo, según Bejarano,
“en Bolivia, lo
único que unifica, lleva la delantera y ha puesto paños fríos en las divisiones
que había dentro del movimiento popular es un gran descontento con el
gobierno”.
Paz asume en medio de una grave crisis
económica, y de un profundo
desgaste y malestar con el MAS y con la figura de Morales,
quien desde hace tiempo se mantiene recluido en la región cocalera
del Chapare. Allí vive protegido por su núcleo duro, ante las
órdenes de detención dictadas en su contra por presuntos delitos de abuso
sexual de menores y trata de personas. Aunque apoya las protestas,
niega haberlas organizado y llama a elecciones anticipadas.
Bolivia. "Volveré y seré millones". a 239 años del asesinato de Tupaq Katari.
*****
La
propiedad de la tierra.
“Es importante
destacar que una de las victorias más grandes de la movilización fue la
abrogación [eliminación] de la Ley 1720, que promovía la concentración de
tierras”, opina Bejarano. Si bien la norma recupera un viejo proyecto que
permite la conversión de la tierra y modifica el régimen agrario boliviano, se
trata de un asunto sumamente delicado para la historia de ese país. “El orden
que logró la Reforma Agraria de 1953 permite sostener ciertos equilibrios en
torno a la tenencia de la tierra que han impedido que escalen conflictos
similares a los que se dan en Colombia, por ejemplo”.
En este marco, el acuerdo sellado entre la COB y los sectores campesinos
fue clave en la movilización. Se trata de sectores que
sufrieron un fuerte desgaste y peleas internas después de los casi 20
años del MAS en el poder, y que ahora han podido alcanzar ciertos
consensos. Para muchos, lo sustancial en todo este entramado de
protesta, y su mantenimiento en el tiempo, es la presencia de los campesinos,
dado que pocos sectores cuentan con su fuerza.
Puntos
de inflexión.
Una de las medidas más antipopulares que tomó Paz poco tiempo
después de su investidura fue la eliminación del Impuesto a las Grandes
Fortunas, con la excusa de atraer inversiones y ordenar las cuentas
públicas. En un contexto de crisis económica y ajuste, las clases
populares lo leyeron como una traición y entendieron que el
presidente que acababan de votar gobernaba para las elites.
Según escribe el periodista Mijail
Miranda para Revista Anfibia,
otro punto de quiebre con el actual gobierno boliviano fue
el nombramiento como Viceministro de Seguridad Ciudadana del
excomandante policial Rodolfo Montero,
“investigado y
detenido preventivamente por su rol en la cadena de mando durante las masacres
de Sacaba y Senkata de 2019 —que después del golpe de Jeanine Añez dejaron al
menos 20 muertos y cientos de heridos— algo que el pueblo leyó como una
bofetada y una traición abierta al transitorio apoyo popular que tuvo Rodrigo
Paz”.
El presidente boliviano no solo parece perdido
en su propio laberinto, sino que es capaz, en un mismo día y
en un mismo discurso, de llamar al diálogo y criminalizar a los
mismos sectores con los que dice querer sentarse a hablar
Por ahora, el presidente boliviano no solo parece perdido en su propio laberinto,
sino que es capaz, en un mismo día y en un mismo discurso, de llamar al diálogo
y criminalizar a los mismos sectores con los que dice querer sentarse a
hablar. Puede que el discurso que hacía eje en el hartazgo con las
fuerzas del MAS —y sus distintas caras— le haya servido como plataforma
para ganar las elecciones de octubre pasado, pero ya no alcanza.
Por lo demás, la decisión de insultar y
desprestigiar a los mismos movimientos que lo llevaron al poder no
ha hecho más que horadar las bases de su precario poder en tiempo récord.
@cevaldiez
*****


