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“El desafío es crear una gran coalición para lograr impulsar nuevas políticas
públicas y marcos regulatorios. Un punto de partida es aumentar sustancialmente
los impuestos a la tecno-oligarquía para
financiar la acción climática y redistribuir el dinero antes y después de que
estalle la burbuja. También es necesario desarrollar ecosistemas de IA soberanos y cooperativos para evitar la
dependencia de EE. UU. Hay que seguir frenando la construcción de
centros de datos y hacer un uso responsable de la IA, entendiéndola como
un recurso finito, y exigir a la UE y los
Estados miembro un marco regulatorio estricto. Hay que presionar desde
abajo para que la UE teja nuevas alianzas, se acerque a China y
abandone el dólar como moneda de referencia Un Estado valiente tiene
capacidad de acción. Malasia e Indonesia han bloqueado Grok,
la IA de Musk, tras los escándalos por las imágenes falsas de menores
desnudas. Y el Ministerio de la Juventud y la Infancia en España ha
solicitado a la Fiscalía General una investigación sobre la plataforma.
“El objetivo último es poner la
tecnología en manos
de los trabajadores y los ciudadanos, de modo
que las decisiones sobre cómo gestionar la IA se tomen de forma
democrática, en condiciones laborales dignas, y por el bien común y del
medioambiente. Todo ello, mientras se planta cara a las amenazas y prácticas mafiosas de Trump y la
tecno-oligarquía. Hay que presionar desde abajo para que la UE teja nuevas
alianzas, se acerque a China y abandone el dólar como
moneda de referencia. Resistir, ganar tiempo, aislar a EE. UU. y empujarlo
a caer con la vista puesta en un orden multipolar cooperativo.
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Fuentes: El Salto.
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EL FIN DEL IMPERIO TECNOESTATAL GRINGO Y LA LUCHA COOPERATIVA POR LA
VIDA.
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Por Joan Pedro-Carañana, Toby Miller | 19/02/2026 | Mundo.
Fuentes. Revista Rebelión jueves 19 de febrero del 2026.
Quieren desmoralizarnos, pero su
imperio está débil. Es el momento de la resistencia y de construir alternativas
al tecno-fascismo.
Aunque la mal
llamada Inteligencia Artificial (IA) empieza a diseñarse desde la
década de 1940, ha sido en los últimos años cuando los tecno-oligarcas han
aumentado su poder y riqueza exponencialmente, haciéndose con la hegemonía a
nivel sistémico: han tomado las instituciones estadounidenses de la mano de
Donald Trump, puesto en marcha una campaña masiva de relaciones públicas para
convencernos de sus bondades y expandido globalmente hasta convertirse en los
actores más poderosos, al tiempo que la IA ha servido para acelerar
exponencialmente la crisis climática y socioambiental, difundir desinformación en
procesos electorales de medio centenar países y cumplir un papel
estratégico en el genocidio palestino, las guerras, el control
fronterizo, la vigilancia a gran escala y la represión por parte
del ICE.
Es el aparato del imperialismo
activando todos sus tentáculos: tecnológico, económico, anti-medioambiental,
comunicativo-cultural, militar y político. El Financial Times, una
biblia del capitalismo liberal que quiere estabilidad y equilibrio en el
sistema, alerta sobre “el colonialismo de la IA estadounidense”: la clave
no es la competencia con China, sino crear dependencia para coaccionar a los
demás países. Este capitalismo tecnofeudal usa métodos peores que el vasallaje,
porque el señor feudal ni siquiera ofrece protección, solo chantaje mafioso.
En el proceso expansivo de
construcción de centros de datos (la “nube”) y crecimiento del mercado, los
tecno-oligarcas tratan el ecosistema natural como terra nullius a sacrificar: extracción de
minerales raros, consumo desmedido de agua, producción y refrigeración de
semiconductores a gran escala, aceleración del consumo de energía, altas
emisiones de dióxido de carbono, contaminación atmosférica por óxidos de
nitrógeno y azufre, y producción de residuos.
Venezuela, Groenlandia, Irán,
Colombia, México, Ucrania y otros países golpeados o amenazados por el imperio
tienen los recursos para hacer funcionar la máquina.
Mantener la máquina en marcha depende
de controlar más recursos naturales. Pero hay dificultades que evidencian el
declive terminal del imperio
Ronald Lauder —heredero de Estée Lauder, dueño
de holdings en Groenlandia y donante de 100.000 dólares a la campaña de Trump—
fue quien dio la idea al rey de expandir el imperio hacia el Ártico hace ocho
años. Y escribió: “Bajo el hielo y la roca se esconde
un tesoro de elementos de tierras raras esenciales para la inteligencia
artificial, el armamento avanzado y la tecnología moderna. A medida que el
hielo retrocede, surgen nuevas rutas marítimas que están remodelando el
comercio y la seguridad mundiales”. Un asunto “estratégico”.
En 2024, la empresa tecnolibertaria
Praxis intentó comprar Groenlandia y, al fracasar, buscó
apoyo en Trump. Su objetivo es escapar de la regulación gubernamental y fiscal,
blindar fortunas y convertir el mundo en su paraíso de ciudades-Estado
privadas. Se ha autoproclamado la “primera nación digital del mundo”. Una nación
mundial, pues, para estos tecno-oligarcas el Estado-nación soberano no es una
unidad organizativa adecuada para la era de la IA, según escribieron Henry
Kissinger (exsecretario de Estado y arquitecto de la segunda parte de la guerra
en Vietnam y de los golpes en Chile y Argentina), Craig Mundie (exdirector de
Investigación y Estrategia de Microsoft) y Eric Schmidt (exdirector ejecutivo
de Google). Y según Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir e inversor en Praxis, “la
libertad [entiéndase, de los tecno-oligarcas] y la democracia ya no son
compatibles” —como Elon Musk, creció con el apartheid en Sudáfrica y conoce
bien las sociedades autoritarias, antidemocráticas—.
Respecto a Venezuela, grandes empresas
han presionado a la Casa Blanca durante largo
tiempo para hacerse con el control del petróleo y de minerales raros. Y
el New York Times llamó a “sacar a Maduro
del poder” mediante una “amenaza creíble” o por “la fuerza si es necesario”,
algo que “no debería ser difícil de vender para el gobierno entrante”.
El fin del imperio.
Trump ha dicho que EEUU necesita Groenlandia
“con mucha urgencia” y el Times que la propuesta de
intervenir militarmente en Venezuela “responde a un interés nacional urgente y
apremiante”. Tanta urgencia es sintomática de que el reloj corre para los
tecno-oligarcas. Mantener la máquina en marcha depende de controlar más
recursos naturales. Pero hay dificultades que evidencian el declive terminal
del imperio.
Para empezar, la economía no da de sí para sostener y, mucho
menos ampliar, el imperio militarmente, especialmente después de los
sustanciosos recortes fiscales de Trump a los ricos. Además, hay divisiones
entre las élites económicas (el director de la Reserva Federal o Exxon).
La crisis climática no supone un
problema moral para el imperio, pero sí económico. EEUU lidera un aumento récord mundial en la energía a
gas impulsada por las demandas de la IA: triplicó su capacidad de gas en
desarrollo en 2025 y, si construye todas las plantas en desarrollo, la flota de
gas crecerá un 50%, con un coste estimado de más de 416.000 millones de dólares
en costes de capital.
Internamente, las estructuras
políticas hegemónicas están en tela de juicio a medida que crece la oposición
entre parte de las élites (congresistas y senadores republicanos opuestos a la toma de
Groenlandia y algunas fuerzas transformadoras en el Partido Demócrata). Por
otro lado, aumenta la resistencia entre las clases populares, con un 40% de la población que desea opciones
más allá del bipartidismo. Además, la base de clase obrera blanca evangélica
que apoyó a Trump tiene dudas sobre una IA que juega a ser Dios.
Desde el punto de vista de la
comunicación, la propaganda de Trump es cada vez menos
creíble. Los de abajo sufren y los otros países desconfían de sus palabras. La geocultura que
ha sostenido la ideología de mercado también se desvanece. Cada vez es más
evidente que el mercado no es libre, sino que lo que existe es capitalismo tecnofeudal,
monopolista y contrario a los intereses de las mayorías.
El imperio tecno-oligárquico no es
omnipotente, ni omnisciente, ni está omnipresente. Hay movimientos de
resistencia en muchos países
Militarmente, el ejército más poderoso
del mundo se ha llevado fiascos en Irak y Afganistán, por lo que Trump, que se
comprometió a una política exterior no intervencionista, quiere evitar quedar
atrapado en una guerra larga a la que buena parte de sus votantes podrían
oponerse.
En el ámbito tecnológico, DeepSeek, la
IA China, aventaja a sus competidores estadounidenses, a lo que se suma un
próximo estallido de la burbuja de la IA: hay un problema de sobreinversión por
altos costos respecto al valor del producto. El Financial Times señala que la
tecnología se vuelve “obsoleta mucho más rápido de lo previsto, lo que requiere
nuevas inversiones que reducen los beneficios para su propietario, o le obligan
a venderla con descuento”. A pesar de los entre 30.000 y 40.000 millones de
dólares de inversión empresarial en IA generativa, el 95 % de las organizaciones no registran ninguna
mejora en su rendimiento. Las empresas farmacéuticas, que han
estado a la vanguardia, dedicaron una década perdida a un enorme gasto en IA,
con un resultado prácticamente nulo. El Banco de Inglaterra percibe similitudes
con “el pico de la burbuja puntocom”, que podría verse agravado por los
billones que las tecnológicas han pedido prestados. Además, la Reserva Federal ha advertido de que las
aseguradoras y los bancos están concediendo enormes cantidades de crédito
privado que están directamente expuestos al éxito o fracaso de las inversiones
en IA.
A pesar de que las grandes
tecnológicas han obtenido 22.000 millones de la represión fascista
a migrantes y población estadounidense y siguen financiando a
la extrema derecha europea, sus acciones están desplomándose. Se acabó la luna de miel; 2026
será el año más duro para la IA hasta ahora.
El crecimiento económico de EEUU muestra una alta dependencia del sector de la IA, por lo que un estallido de la burbuja probablemente destruirá a los actores pequeños y medianos, mientras que las grandes corporaciones previsiblemente pedirían ser salvadas con dinero público.
Cooperación por la vida.
Hay que evitar caer en la
desmoralización y que la población cargue, de nuevo, con las consecuencias de
un sistema fallido. El imperio tecno-oligárquico no es omnipotente, ni
omnisciente, ni está omnipresente. Hay movimientos de resistencia en muchos países,
especialmente por el impacto medioambiental y socioeconómico de los centros de
datos. En EEUU, han conseguido frenar construcciones masivas y han solicitado
moratorias. Como ha señalado Naomi Klein, personas muy diferentes
—población local, trabajadores, ecologistas, colectivos sociales—se están
organizando en una oposición que transciende líneas partidistas.
El desafío es crear una gran coalición
para lograr impulsar nuevas políticas públicas y marcos regulatorios. Un punto
de partida es aumentar sustancialmente los impuestos a la tecno-oligarquía para
financiar la acción climática y redistribuir el dinero antes y después de que
estalle la burbuja. También es necesario desarrollar ecosistemas de IA soberanos y cooperativos para evitar la
dependencia de EEUU. Hay que seguir frenando la construcción de centros de
datos y hacer un uso responsable de la IA, entendiéndola como un recurso finito, y exigir a la UE y los Estados
miembro un marco regulatorio estricto.
Hay que presionar desde abajo para que
la UE teja nuevas alianzas, se acerque a China y abandone el dólar como moneda
de referencia
Un Estado valiente tiene capacidad de
acción. Malasia e Indonesia han bloqueado Grok,
la IA de Musk, tras los escándalos por las imágenes falsas de menores desnudas.
Y el Ministerio de la Juventud y la Infancia en España ha solicitado a la
Fiscalía General una investigación sobre la plataforma.
El objetivo último es poner la
tecnología en manos de los trabajadores y los ciudadanos, de modo
que las decisiones sobre cómo gestionar la IA se tomen de forma democrática, en
condiciones laborales dignas, y por el bien común y del medioambiente.
Todo ello, mientras se planta cara a
las amenazas y prácticas mafiosas de Trump y la
tecno-oligarquía. Hay que presionar desde abajo para que la UE teja nuevas
alianzas, se acerque a China y abandone el dólar como
moneda de referencia. Resistir, ganar tiempo, aislar a EE. UU. y empujarlo
a caer con la vista puesta en un orden multipolar cooperativo.
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