miércoles, 22 de abril de 2026

30 MILLONES DE DÓLARES POR HORA: LOS BENEFICIOS DE LAS PETROLERAS CON LA GUERRA.

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“María Pastukhova, directora del programa de transición energética de E3G, afirmó que, mientras los hogares, el transporte y la industria sigan dependiendo del petróleo y el gas, el Reino Unido y otros importadores de combustibles fósiles seguirán expuestos a las crisis de precios globales provocadas por conflictos, cuellos de botella y el contagio del mercado. No importa si las moléculas proceden del Mar del Norte o del extranjero; la exposición del Reino Unido sigue siendo la misma (…) Por lo tanto, aumentar la producción de combustibles fósiles en el Reino Unido es una respuesta débil a la inseguridad energética.

“Un portavoz del Gobierno británico declaró: El Gobierno está decidido a defender los intereses de la ciudadanía en esta crisis. Estamos impulsando con mayor intensidad y rapidez una energía limpia de origen nacional que podamos controlar para proteger al pueblo británico y reducir las facturas de forma definitiva. También hemos tomado medidas para evitar prácticas desleales como la especulación con los precios, ayudar a quienes dependen del gasóleo de calefacción y garantizar que los hogares y las empresas obtengan ahora un trato justo en sus facturas.

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Fuentes: Viento sur.

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30 MILLONES DE DÓLARES POR HORA: LOS BENEFICIOS DE LAS PETROLERAS CON LA GUERRA.

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Por Damian Carrington | 22/04/2026 | Economía

Fuentes. Revista Rebelión miércoles 22 de abril del 2026.

Las 100 principales empresas petroleras y gasísticas del mundo obtuvieron más de 30 millones de dólares cada hora en beneficios no ganados durante el primer mes de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, según un análisis exclusivo para The Guardian. Saudi Aramco, Gazprom y ExxonMobil se encuentran entre los mayores beneficiarios de esta bonanza, lo que significa que quienes más se oponen a la acción climática siguen prosperando.

El conflicto incrementó el precio del petróleo hasta una media de 100 dólares por barril en marzo, lo que supuso unos beneficios extraordinarios por la guerra, estimados en 23.000 millones de dólares para las empresas durante ese mes. Los suministros de petróleo y gas tardarán meses en volver a los niveles previos a la guerra y las empresas obtendrán 234.000 millones de dólares a finales de año si el precio del petróleo sigue rondando los 100 dólares de media. Este análisis utiliza datos de un proveedor líder de inteligencia, Rystad Energy, analizados por Global Witness.

Los beneficios extraordinarios provienen de los bolsillos de la gente corriente, que paga precios elevados para repostar sus vehículos y suministrar energía a sus hogares, así como de las empresas, que incurren en facturas de energía más elevadas. Docenas de países han reducido los impuestos sobre los combustibles para ayudar a los consumidores en dificultades, lo que significa que esos países, entre ellos Australia, Sudáfrica, Italia, Brasil y Zambia, están recaudando menos fondos para los servicios públicos.



La presión para que se apliquen impuestos sobre los beneficios extraordinarios obtenidos por las empresas petroleras y gasísticas gracias a la guerra está aumentando, y la Comisión Europea está estudiando una solicitud de los ministros de Finanzas de Alemania, España, Italia, Portugal y Austria para

“enviar un mensaje claro de que quienes se benefician de las consecuencias de la guerra deben aportar su granito de arena para aliviar la carga que recae sobre la población en general”.

“Permitiría financiar ayudas temporales, especialmente para las y los consumidores, y frenar el aumento de la inflación sin imponer cargas adicionales a los presupuestos públicos”, afirmaron los ministros en una carta del 4 de abril. La factura de la UE en combustibles fósiles ha aumentado en 22.000 millones de euros desde el inicio de la guerra de Irán.

Con diferencia, Aramco es la mayor beneficiaria, ya que se estima que obtendrá unos beneficios por la guerra de 25.500 millones de dólares en 2026 si el precio del petróleo se sitúa en una media de 100 dólares. Esto se suma a los enormes beneficios que habitualmente obtiene la empresa saudí, mayoritariamente de propiedad estatal: 250 millones de dólares al día entre 2016 y 2023. Arabia Saudí lleva décadas liderando con éxito los esfuerzos para bloquear y retrasar la acción contra la crisis climática internacional.



Tres empresas rusas –Gazprom, Rosneft y Lukoil– podrían obtener unos beneficios de guerra relacionados con Irán estimados en 23.900 millones de dólares a finales de año. El conflicto ha beneficiado las arcas de Vladimir Putin para su propia guerra en Ucrania, ya que Rusia recibió ingresos por exportación de petróleo de 840 millones de dólares al día en marzo, un 50 % más que en febrero, según un análisis del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio.

ExxonMobil, que tiene un largo historial negacionista sobre el cambio climático, obtendrá 1.000 millones de dólares en beneficios de guerra no ganados en 2026 si el precio de 100 dólares se mantiene. Shell obtendrá un impulso de 6.800 millones de dólares. El valor de ambas empresas, al igual que el de otras, ha aumentado significativamente debido a las subidas de los precios de las acciones en el mes posterior al inicio de la guerra de Irán: ExxonMobil vale 118.000 millones de dólares más, y Shell 34.000 millones de dólares más.

Chevron va camino de obtener unos beneficios extraordinarios de 9.200 millones de dólares gracias a la guerra de Irán. El director ejecutivo de la empresa, Mike Wirth, también se ha beneficiado vendiendo acciones de Chevron por valor de 104 millones de dólares entre enero y marzo.

Es probable que el impacto de la guerra de Irán sea duradero, y el director de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, la describió el lunes como el mayor shock de la historia para el mercado energético mundial.

La escalada de los precios del petróleo y el gas llevó al responsable de clima de la ONU, Simon Stiell, a advertir a mediados de marzo que:

“La dependencia de los combustibles fósiles está socavando la seguridad nacional y la soberanía y sustituyéndolas por servilismo y costes crecientes”. Afirmó que las energías renovables podrían proteger a las personas y a las naciones de las subidas de precios: “La luz solar no depende de estrechos marítimos angostos y vulnerables”.



Los beneficios de la guerra de Irán para las empresas petroleras y gasísticas se suman a lo que ha sido durante décadas un negocio sumamente lucrativo para los Estados petroleros y los accionistas. Durante el último medio siglo, el sector del petróleo y el gas ha obtenido una media de 1 billón de dólares al año en beneficios netos cada año, y mucho más en años de crisis como 2022, cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania. El sector de los combustibles fósiles también se beneficia de subvenciones explícitas que ascendieron a 1,3 billones de dólares en 2022, según el Fondo Monetario Internacional.

Patrick Galey, director de investigaciones periodísticas de Global Witness, afirmó:

“Los momentos de crisis mundial siguen traduciéndose en beneficios extraordinarios para las grandes petroleras, mientras que la gente corriente paga el plato. Hasta que los gobiernos no superen su adicción a los combustibles fósiles, todo nuestro poder adquisitivo seguirá siendo rehén de los caprichos de los hombres fuertes”.

Jess Ralston, responsable de energía de la Energy and Climate Intelligence Unit, afirmó:

Esta crisis del petróleo y el gas ilustra una vez más el coste de nuestra dependencia de los combustibles fósiles, tan volátiles. (…) Invertir en tecnologías de cero emisiones netas no solo es el camino hacia la seguridad energética permanente, sino también la única forma de restablecer el equilibrio del sistema climático. Los llamamientos a aumentar la producción de combustibles fósiles y a dar marcha atrás en las medidas de cero emisiones netas ante esta nueva crisis no harían más que socavar nuestra seguridad energética y aumentar nuestra exposición a los efectos perjudiciales del cambio climático.



Beth Walker, experta en política energética del grupo de expertos E3G, afirmó:

“Los gobiernos deberían utilizar los impuestos sobre los beneficios extraordinarios para acelerar la transición hacia la energía verde, en lugar de profundizar la dependencia de los combustibles fósiles”.

Saudi Aramco, Shell y TotalEnergies se negaron a hacer comentarios y ExxonMobil, Chevron, Gazprom, Petrobras y ADNOC no respondieron a la solicitud de comentarios.

Los beneficios de guerra estimados se calcularon utilizando la base de datos UCube de Rystad Energy, que integra datos globales campo por campo, noticias e inteligencia, y tiene en cuenta la demanda de petróleo y gas para proyectar cuánto puede suministrar cada yacimiento.

Los beneficios extraordinarios de la guerra se calcularon comparando el flujo de caja libre generado por la producción de petróleo y gas en marzo, cuando el petróleo se situó en una media de 100 dólares por barril, frente a los 70 dólares antes de la guerra de Irán. Estos datos representan los beneficios estimados del sector upstream, tras deducir impuestos y regalías, así como los gastos de capital y operativos.

Los habitantes de los países que están aumentando su capacidad de energía renovable están protegidos en parte de las subidas de precios y de los beneficios de guerra. La energía eólica y solar en el Reino Unido en marzo permitió evitar 1.000 millones de libras en importaciones de gas. Entre 2010 y 2025, la energía eólica ahorró a las y los consumidores unos 100.000 millones de libras.

Maria Pastukhova, directora del programa de transición energética de E3G, afirmó que, mientras los hogares, el transporte y la industria sigan dependiendo del petróleo y el gas, el Reino Unido y otros importadores de combustibles fósiles seguirán expuestos a las crisis de precios globales provocadas por conflictos, cuellos de botella y el contagio del mercado.

No importa si las moléculas proceden del Mar del Norte o del extranjero; la exposición del Reino Unido sigue siendo la misma (…) Por lo tanto, aumentar la producción de combustibles fósiles en el Reino Unido es una respuesta débil a la inseguridad energética.

Un portavoz del Gobierno británico declaró:

El Gobierno está decidido a defender los intereses de la ciudadanía en esta crisis. Estamos impulsando con mayor intensidad y rapidez una energía limpia de origen nacional que podamos controlar para proteger al pueblo británico y reducir las facturas de forma definitiva. También hemos tomado medidas para evitar prácticas desleales como la especulación con los precios, ayudar a quienes dependen del gasóleo de calefacción y garantizar que los hogares y las empresas obtengan ahora un trato justo en sus facturas.

Damian Carrington, editor de Medio Ambiente de The Guardian

Texto original: The Guardian

Traducción: viento sur

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martes, 21 de abril de 2026

LAS CONCENTRACIONES DE ADOLESCENTES EN CIUDADES COMO CHICAGO, NUEVA YORK Y LOS ÁNGELES. Las teen takeovers de los jóvenes pobres: un fenómeno en Estados Unidos.

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Detroit, una ciudad que se declaró en bancarrota en 2013 y que es quizás el mejor ejemplo de la decadencia del estilo de vida estadounidense, pasó de ser la cuarta ciudad del país a una sin industria por la crisis automotriz de 2008/2010. Su alcaldesa, Mary Sheffield, la primera mujer que llegó a gobernarla en 325 años de historia (Detroit se fundó en 1701), declaró que está intentando evitar las concentraciones juveniles en la ciudad: “Nos estamos uniendo todos, la comunidad, las fuerzas del orden, todas las partes interesadas, para asegurarnos de crear espacios seguros para nuestros jóvenes, de que exista un cierto nivel de responsabilidad parental en el cumplimiento del toque de queda”. Las “teens takeovers” generan un conflicto de impredecible desenlace que el gobierno de Trump decidió suprimir de raíz con políticas de mano dura y represión a los más jóvenes. No parece haberlo logrado hasta el momento y el problema puede írsele de las manos, como ya se observa con nitidez en las calles de Estados Unidos. Es un combustible que aviva el fuego de las protestas contra su régimen, el capitalismo decadente y el autoritarismo de una élite minoritaria en la nación más beligerante del planeta.

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Protesta de los "teens takeovers" en Chicago, cuyo alcalde, Brandon Johnson, pertenece al ala izquierda del partido demócrata. (Capturas de Video)

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LAS CONCENTRACIONES DE ADOLESCENTES EN CIUDADES COMO CHICAGO, NUEVA YORK Y LOS ÁNGELES.

Las teen takeovers de los jóvenes pobres: un fenómeno en Estados Unidos.

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Menores de barriadas pobres, generalmente negros, toman el espacio público y desafían el toque de queda ya instaurado en distintos centros urbanos.

Por Gustavo Veiga.

Fuente. Página /12 lunes 21 de abril del 2026.

Estados Unidos hoy está cruzado por un fenómeno social que devino en problema político. Tiene que ver con el uso del espacio público, con quién ocupa sus calles. Las llamadas “teens takeovers” (tomas de control de adolescentes) mantienen en vilo a autoridades distritales, estatales y amenazan con transformarse en un conflicto federal. En el país que gobierna Donald Trump, las multitudes van ganando espesura popular con distintas motivaciones.

Las protestas “No kings” de millones de personas se reproducen contra el autoritarismo del presidente; las que se organizaron contra el ICE cuestionan la política migratoria draconiana de su régimen y las que crecen contra la guerra en Irán o a favor de la causa palestina –incluso aquellas lideradas por activistas judíos– suelen terminar con decenas de detenciones. Lo que no estaba en los planes de nadie es que crecieran las concentraciones de jóvenes en diferentes ciudades, solo por el hecho de juntarse, causar disturbios o divertirse. Las protagonizan menores de barriadas pobres, generalmente negros, que desafían el toque de queda ya instaurado en distintos centros urbanos.



Grandes ciudades como Los Ángeles, Nueva York y Chicago fueron escenario de estas prácticas que cuestionan el orden establecido por los adultos y además se viralizan gracias al uso de las redes sociales. Las convocatorias para reunirse en parques, centros comerciales o distritos donde viven personas de alto poder adquisitivo no son nuevas, pero en 2026 se multiplicaron como hechos disruptivos de una costa a la otra de EE. UU.

Las movilizaciones conocidas como teens takeovers ya se realizaban en barrios muy específicos de unas pocas ciudades. Allá por 2023 e incluso antes, en Chicago, la tercera en habitantes del país que gobierna Brandon Johnson, un alcalde negro y maestro de escuela que pertenece al ala izquierda del partido Demócrata hubo este tipo de aglomeraciones adolescentes que no habían llamado demasiado la atención.

Pero durante el segundo mandato de Trump, que ya se acerca al año y medio, estas reuniones se viralizaron y pusieron en jaque a las autoridades locales. El pasado 7 de abril, el Washington Post se preguntaba en un artículo

“por qué las ‘tomas de control de adolescentes’ en Washington D. C. se han convertido en un foco de controversia política”. En el desarrollo del artículo se mencionaba que “las grandes concentraciones de fin de semana, a veces tumultuosas, han dado lugar a detenciones, un toque de queda más estricto y eventos alternativos, pero las soluciones a largo plazo siguen siendo difíciles de encontrar”.


Washington DC, elimina restricciones nocturnas, Adolescentes celebran en las calles y el temor al caos .....
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Los políticos en la capital de EE. UU. no lograron hasta ahora ponerse de acuerdo sobre cómo enfrentar este fenómeno, que en varias ocasiones devino en espectáculo violento. En Washington, donde los índices criminales disminuyeron en el último tiempo, ahora es tema de discusión la extensión del toque de queda para menores, que no pueden ser más de ocho en cualquier encuentro sobre el espacio público.

El 13 de abril, Jeanine Pirro, la fiscal federal para el distrito de Columbia –donde se ubica la capital–,

definió a las teens takeovers como “supuestas reuniones sociales” que “se convierten en un caos criminal”. No solo pidió que se prolongue el toque de queda. También declaró en la cadena Fox News: “Ya basta. Todos en Washington D. C. tienen derecho a una ciudad segura y al derecho de vivir en disfrute tranquilo sin el temor a invasiones juveniles y la anarquía. ¡Es hora de bajar la edad de responsabilidad y recuperar nuestras calles!”.

La mujer es una aliada incondicional de Trump. Justificó su teoría conspirativa sobre el presunto “robo” de las elecciones en 2020 cuando era presentadora de la cadena Fox y antes de ser nombrada jueza y luego fiscal federal por los republicanos. Hoy lidera la mano dura contra adolescentes que en promedio rondan los 14 años.

En la capital actualmente es ilegal que grupos de más de 8 menores se reúnan en determinadas zonas a partir de las 20. Este tipo de reuniones masivas se extendió por todo el país. Desde Florida hasta Virginia, pasando por Chicago, Los Ángeles y Nueva York.

¿Cuáles pueden ser las causas del problema en un país ya de por sí convulsionado por las políticas extremistas de Trump a nivel interno contra los migrantes, los jóvenes universitarios y los caídos del sistema? Podría responderse que el abandono institucional de la juventud, la privatización de los espacios públicos y hasta la postergación de los barrios más pobres de las grandes urbes.

La problemática se convirtió en una discusión de Estado en Chicago, donde se conocieron las primeras tomas de posesión en 2023 que entre adolescentes afroamericanos eran conocidas popularmente como “trends” (tendencias). Así se las llamaba también a estas convocatorias a tomar el espacio público en los mensajes.

Tres años después, la repetición de estos encuentros, en ocasiones violentos y en otras no, provocó que autoridades de Chicago se reunieran con representantes de Meta, la dueña de Facebook e Instagram. Trabajan en un plan que le ponga freno a las movilizaciones de jóvenes que se dan de manera más o menos espontánea.

La situación de descontrol en el espacio público generó una respuesta desde el mundo adulto

Los padres de estos jóvenes movilizados apelaron a sus propias “tomas de control”. Ya lo hicieron en Chicago, con lo que se extiende la brecha entre dos generaciones.


Detroit, crónica de una quiebra anunciada. Del poderío automotriz a una bancarrota.  Los jóvenes las grandes victimas. 
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Detroit, una ciudad que se declaró en bancarrota en 2013 y que es quizás el mejor ejemplo de la decadencia del estilo de vida estadounidense, pasó de ser la cuarta ciudad del país a una sin industria por la crisis automotriz de 2008/2010. Su alcaldesa, Mary Sheffield, la primera mujer que llegó a gobernarla en 325 años de historia (Detroit se fundó en 1701), declaró que está intentando evitar las concentraciones juveniles en la ciudad:

“Nos estamos uniendo todos, la comunidad, las fuerzas del orden, todas las partes interesadas, para asegurarnos de crear espacios seguros para nuestros jóvenes, de que exista un cierto nivel de responsabilidad parental en el cumplimiento del toque de queda”.

Las “teens takeovers” generan un conflicto de impredecible desenlace que el gobierno de Trump decidió suprimir de raíz con políticas de mano dura y represión a los más jóvenes. No parece haberlo logrado hasta el momento y el problema puede irsele de las manos, como ya se observa con nitidez en las calles de Estados Unidos. Es un combustible que aviva el fuego de las protestas contra su régimen, el capitalismo decadente y el autoritarismo de una élite minoritaria en la nación más beligerante del planeta.

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lunes, 20 de abril de 2026

BARCELONA, ¿SALIDA DEL LABERINTO PARA EL PROGRESISMO?

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“Las claves de la crisis del progresismo quizá anidan en su propio origen: apareció como una «salida de emergencia» ante la crisis de los sistemas políticos vigentes, resultado del agotamiento del proyecto neoliberal y la impugnación planteada por la protesta popular.  Pero la ofensiva de la derecha no ha cesado: su meta es concretar un cambio cultural que rompa los valores progresistas y los lazos solidarios que se habían tejido durante cuatro lustros. Y para esta derecha del siglo XXI, el pensamiento crítico es un obstáculo para el progreso.

“La democracia representativa, la propiedad privada, la cultura eurocentrista, el sufragismo y los partidos políticos son algunas de las «verdades reveladas» que organizan nuestra vida institucional, nuestra democracia declarativa desde el siglo XIX. Pero, como señala Jorge Elbaum, la profundidad de la crisis actual cuestiona a la modernidad y al capitalismo porque ya no se trata de reformar al Estado sino de cambiar los paradigmas que hacen a su vigencia, existencia, constitución y organización, y ponerle freno a la ofensiva libertaria de las ultraderechas bien financiadas desde Washington y Europa, para imponer gobiernos que sean cómodos para EEUU, Trump y sus financistas, y su empeño por recuperar su patio trasero, con una versión siglo XXI de la doctrina Monroe de América para los (norte) americanos.

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Fuentes: Rebelión.

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BARCELONA,

¿SALIDA DEL LABERINTO PARA EL PROGRESISMO?

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Por Aram Aharonian | 20/04/2026 | Opinión

Fuentes.  Revista Rebelión lunes 21 de abril del 2026.

Hoy, en medio de una ofensiva a fondo –intelectual, mediática, militar- de la derecha más reaccionaria y dependiente, el progresismo (una parte de la izquierda) intenta salir su laberinto, rediseñando su discurso y sus formas de acción, cuando el espacio político fue ocupado por las fuerzas conservadoras, la economía consumista.

El progresismo se fue opacando en Latinoamérica, mérito de gobernantes que no lograron (o ni siquiera lo intentaron) realizar cambios en beneficio de las grandes mayorías.  A uno y otro lado del Atlántico, ultraderechistas libertarios -émulos de Donald Trump- ocupan cada vez más posiciones de poder desde las cuales empujan una agenda de barbarie, odio y prevalencia de la fuerza imperial sobre la razón popular. 


Presidenta de México, Claudia Sheinbaum llega a Barcelona, para participar en Cumbre del Progresismo. 
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En América Latina, el  auge de la ultraderecha calca los patrones de las dictaduras impuestas o patrocinadas por Washington durante la guerra fría: sumisión indisimulada a la Casa Blanca, entrega de los recursos naturales a los dueños de capitales extranjeros, establecimiento de estados policíacos con el pretexto de la seguridad, persecución de la disidencia, desmantelamiento sistemático de derechos sociales y remplazo efectivo de las democracias (por muy imperfectas que fueran) con oligarquías excluyentes y aporofóbicas, señala el diario mexicano La Jornada.  

Sea por convicción ideológica o por oportunismo electoral, las derechas tradicionales han depuesto las máscaras y renunciado al liberalismo formal para mimetizarse con las fuerzas neofascistas del trumpismo.

Hoy, tras medio siglo de neoliberalismo –con los algunos interregnos progresistas-  los medios hegemónicos han instalado un sentido común que estigmatiza como “populista” o “radical” cualquier intento de hacer valer la provisión del acceso a la atención médica, a la educación, a la vivienda o al trabajo digno, cercenando las libertades para dedicar sus esfuerzos y poderío a  la libre circulación de los capitales y reprimir la protesta contra las injusticias sociales generadas por el modelo económico.

El progresismo hoy se manifiesta en la lucha contra la ultraderecha. Encuentros como la Global Progressive Mobilisation en Barcelona reúnen a líderes progresistas de 40 países para abogar por la paz, la igualdad y la protección de los derechos humanos, en un espacio para discutir y debatir –entre ellos- los desafíos comunes y para unir fuerzas en defensa de la democracia y la justicia social.


 Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, a su llegada a Barcelona "dio vida, solidaridad y Confianza" a la Democracia. El Pueblo la recibió como realmente merece una de las grandes Lideres Políticas del siglo XXI.

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En Barcelona, los oradores coincidieron en la necesidad de regularizar la tecnología, establecer un impuesto a los superricos, materializar la transición hacia energías limpias y renovar el funcionamiento de Naciones Unidas. Sin estar siquiera presente, Trump fue el protagonista de la cumbre progresista. Pocos se atrevieron a mencionarlo por su nombre, las críticas a la guerra en Irán y el respaldo al multilateralismo surgieron como una antítesis de sus políticas.

Michelle Bachelet (quien teme enfrentarse a EEUU en su carrera hacia al Secretaría General de Naciones Unidas), el alcalde de Nueva York Zohran Mamdani, y los políticos estadounidenses Bernie Sanders y Hillary Clinton ofrecieron discursos pregrabados, en los que resaltaron 

«la no intervención, la solución pacífica de controversias, la igualdad jurídica de los estados, la necesidad de la cooperación internacional para el desarrollo y la lucha permanente por la paz».

Chris Murphy, senador demócrata de Connecticut, definió a Trump como

«la mayor amenaza a la democracia desde la guerra civil», ya que, a su juicio, se ha «apoderado de los medios de comunicación, los tribunales y ha silenciado a la oposición».

Sin dudas, Claudia Sheinbaum, Pedro Sánchez, Luiz Inácio Lula da Silva y Gustavo Petro encabezan gobiernos que han reducido la pobreza, integrado a la sociedad a cientos de miles de migrantes, apostado por la paz, protegido la soberanía frente a los amagos del trumpismo, trabajado a favor de las mayorías. 

Más allá de las críticas puntuales, demuestran que es posible y necesario poner los cimientos de un mundo cuando los tanques de la batalla cultural que sugieren que no hay alternativas al predominio de la codicia, el egoísmo, la desigualdad extrema y la ley de la selva en las relaciones intra e internacionales.



Un comunicado conjunto de México, Brasil y España condena cualquier tipo de intervención militar en Cuba, por la

“necesidad de respetar en todo momento el derecho internacional y los principios de integridad territorial, igualdad soberana y arreglo pacífico de las controversias” y su compromiso de “incrementar de manera coordinada la respuesta humanitaria dirigida a aliviar el sufrimiento del pueblo cubano”. La defensa de la libertad de Cuba ante el asedio imperialista fue y sigue siendo una bandera irrenunciable de todos los pueblos que luchan por un mundo de iguales.

Si a principios de siglo se registraba un vacío en el espacio político, ocupado por fuerzas conservadoras, hoy pareciera que la población joven, influenciada por la economía de consumo y las redes sociales, ha perdido referentes políticos que defiendan el Estado, las políticas redistributivas, el desarrollo humano, el medio ambiente y los DDHH de las minorías. Algunos de los gobiernos progresistas surgidos en la región latinoamericana se dedicaron más a defender lo logrado que a profundizar los cambios y sembrar futuro.

Entonces, la propuesta era un modelo de desarrollo solidario, levantado sobre seis ejes, que proponía la superación de la desigualdad social, la búsqueda de valor, una nueva política económica, la transición ecológica, la integración como construcción de la región y una nueva institucionalidad democrática, un rol activo del Estado, reformas tributarias, salud universal y luchar contra el calentamiento global.

Uno de los fracasos de cierto progresismo –el importado desde la socialdemocracia europea- es haber operado con diagnósticos del siglo XX en sociedades que sufrieron cambios radicales, lo que ha llevado a una defensa acrítica del Estado, sin discutir qué tipo de Estado se necesita para enfrentar las crisis actuales. Lo triste es que aquella esperanza del surgimiento de un proyecto progresista devino en fracaso parcial, con una profunda crisis de proyecto político y una deriva hacia el conservadurismo.

Había para políticos profesionales y empresarios alentados desde Europa y Washington, un modelo progresista latinoamericano a cooptar, capturar, aniquilar. Y es, precisamente, una tarea que está finiquitando Trump, con su ataque a Caracas y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, con el bloqueo y la amenaza bélica contra Cuba, con el financiamiento a candidatos presidenciales de ultraderecha en la región, ávidos de sacarse una foto con él en Mar-a-Lago.

Hay que reconocer la debilidad gubernativa de casi todos los últimos gobiernos progresistas que dejaron a sus países con un mínimo de crecimiento económico y con altos índices de inconformidad social. Con mandatarios que se impusieron en elecciones, pero muy rápidamente perdieron apoyo popular en el poder. Con rotundos fracasos como el de Alberto Fernández en Argentina o Gabriel Boric en Chile, «embajadores» del progresismo, que dejaron el paso libre para ultraconservadores como Javier Milei y José Antonio Kast.

Algo ha cambiado en los últimos dos años. La nueva doctrina de seguridad estratégica de los EE. UU. radicaliza el injerencismo político y el intervencionismo militar sobre lo que Washington caracteriza despectivamente como su «patio trasero». El terrorismo mediático, por su parte, ha propiciado un clima funcional a las ultraderechas regionales que renovaron su confianza en los mercados a partir del despliegue de tropas en el Caribe y la ampulosidad cortoplacista de Trump.


Las claves de la crisis del progresismo quizá anidan en su propio origen: apareció como una «salida de emergencia» ante la crisis de los sistemas políticos vigentes, resultado del agotamiento del proyecto neoliberal y la impugnación planteada por la protesta popular.  Pero la ofensiva de la derecha no ha cesado: su meta es concretar un cambio cultural que rompa los valores progresistas y los lazos solidarios que se habían tejido durante cuatro lustros. Y para esta derecha del siglo XXI, el pensamiento crítico es un obstáculo para el progreso.

La democracia representativa, la propiedad privada, la cultura eurocentrista, el sufragismo y los partidos políticos son algunas de las «verdades reveladas» que organizan nuestra vida institucional, nuestra democracia declarativa desde el siglo XIX. Pero, como señala Jorge Elbaum, la profundidad de la crisis actual cuestiona a la modernidad y al capitalismo porque ya no se trata de reformar al Estado sino de cambiar los paradigmas que hacen a su vigencia, existencia, constitución y organización, y ponerle freno a la ofensiva libertaria de las ultraderechas bien financiadas desde Washington y Europa, para imponer gobiernos que sean cómodos para EEUU, Trump y sus financistas, y su empeño por recuperar su patio trasero, con una versión siglo XXI de la doctrina Monroe de América para los (norte) americanos.

Decía el poeta español León Felipe:

¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra / al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha? / Los mismos hombres, las mismas guerras, los mismos tiranos, / las mismas cadenas, los mismos farsantes, las mismas sectas. /

¡y los mismos, los mismos poetas! ¡Qué pena, que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!

Aram Aharonian: Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

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domingo, 19 de abril de 2026

¿CÓMO SE EXTERMINA UNA CIVILIZACIÓN?

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“Todos estos fracasos han enturbiado aún más la razón de la administración Trump, llevándola ahora a ensayar una concepción racial del poder. Apoyándose en Huntington -para quien el Estado es solo un vehículo de una unidad más elevada llamada “civilización” compuesta por la religión, la historia compartida, las costumbres, autoidentificación e idioma- y cuya superioridad frente a otras se mide en la “aplicación de la violencia organizada” (El choque de civilizaciones, pág. 58), concluyeron que para terminar con el “régimen” de gobierno iraní había que arrasar la “civilización” iraní. Y eso es lo que han anunciado Pero ¿cómo se aniquila “en una noche” la cultura, la historia, la forma de vida las instituciones y la religión de 90 millones de personas? Las formas tradicionales de colonialismo de catequesis y aculturación requieren décadas o siglos. Matarlos en campos de concentración llevaría años. Hacer desaparecer una civilización en una noche requiere inevitablemente una “solución final” atómica. Esa es la amenaza subyacente.

“Finalmente, el mismo 7 de abril, Trump anunció una tregua de dos semanas. Las acciones de Wall Street volvieron a subir, la llegada del Armagedón se guardó en el cajón y la tolerancia global a la barbarie, se escondió detrás de un hipócrita silencio. Pero, como en 1943, el mundo de lo “normalizado” ya se desplazó aún más hacia el abismo. Se dice que Trump, sus palabras y acciones, no serán duraderas y muestran la decadencia de un imperio y del viejo orden mundial. Si, pero también deben ser vistas como el temible estremecimiento del inicio de uno nuevo. Como nos lo recuerda Hegel, la historia siempre avanza a tropezones del lado malo de las pasiones y deseos egoístas. Por eso Trump es la mismísima personificación del tiempo liminal.

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(AFP/Getty Images via AFP)

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¿CÓMO SE EXTERMINA UNA CIVILIZACIÓN?

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Por Álvaro García Linera.

Sociólogo, UNAM, México. Docente Universitario.

Universidad Mayor de San Andrés. UMSA. Bolivia.

Otorgaron Varios Doctorados Honoris Causa.

Exvicepresidente de Bolivia- del MAS.

Fuente- Página /12 domingo 20 de abril del 2026.

El 7 de abril en su red social Truth, el presidente Trump sentenció a Irán: “Esta noche una civilización entera desaparecerá”.

Lo aterrador no es solo la intención de un presidente de una potencia nuclear de prepararse para exterminar a toda “una civilización”, sino también el silencio y morbo con el que esta monstruosa declaración ha sido recibida por la “opinión pública” dominante en el mundo entero.

Pocos se horrorizaron ante la amenaza pública y oficial de asesinar a millones de personas -niños, adultos, ancianos- y devastar su cultura, su historia, su religiosidad, su economía, su geografía, sus instituciones y su descendencia, pues todo eso es una “civilización”. Unos corrieron a ver cuánto había afectado ese ultimátum al precio internacional del petróleo y el gas que consumen en sus países. Otros, con indiferencia desplazaron el dedo de la pantalla del celular para ver un video más jocoso, en tanto una gran cantidad de psicópatas con poder colocaron el cronómetro para contabilizar el tiempo que restaba para presenciar el nuevo espectáculo: ver a Trump recular épicamente, o contemplar en vivo la apocalíptica extinción de una nación de 90 millones de personas. Les daba igual que fuese una u otra.

Si alguien se pregunta cómo fue posible que mientras que en 1944 en Auschwitz se cremaba una civilización y en la costa báltica las clases medias alemanas disfrutaban con desbordante alegría el caluroso verano, no tienen más que ver la displicente parsimonia de los actuales gobernantes de la mayoría de los países del mundo, y de sus representantes letrados, ante el genocidio en Gaza o las estridentes intimidaciones del presidente estadounidense.

La comparación no es forzada. En 1943, el jefe supremo de las SS A. Himmler, en un discurso en Polonia, trazó la forma operativa del “exterminio del pueblo judío” (yadvashem. org). Sustituyan la palabra pueblo por civilización y tendrán la misma sentencia genocida que hoy se ha lanzado sobre Irán. Con la diferencia de que Himmler señaló que de ello “no se hablaría en público”. En cambio, hoy se lo hace a través de todos los medios de comunicación.



Este desplazamiento de la frontera de lo normalizado públicamente, de lo indiferente o risible para los parámetros morales del votante, es llamativo. No tiene que ver únicamente con la cualidad personal de los presidentes que monopolizan la fuerza performativa del lenguaje oficial. Es, también, una predisposición social a lo impensable y a la abominación, propias de aquellos tiempos de colapso del sistema de creencias prevaleciente y la ausencia, temporal, de uno nuevo.

Pero ¿cómo pasó el presidente Trump de planificar la decapitación de los líderes de un país soberano a anunciar el posible exterminio de una nación? Se puede decir que, en menos de un mes, Trump y el gabinete que lo acompaña pasaron por tres concepciones del Estado, todas ellas fallidas a la hora de instrumentalizarlas para sus expectativas.

La primera, más cercana al absolutismo monárquico, que identifica el régimen de gobierno de un país con la persona del soberano. En este caso, decapitar al gobernante es descabezar la cohesión política de la sociedad, lo que la convierte en un conglomerado de personas derrotadas y sumisas hacia el soberano externo que detenta la capacidad de definir la vida, o la muerte, de cualquier otra persona del país. Por ello, matar al líder supremo iraní -Ali Jamanei-fue el principal objetivo del bombardeo norteamericano sobre Irán.

El éxito de este objetivo fue espectacular. Trump anuncia operaciones militares el 28 de febrero y el 1 de marzo, se confirma la muerte del líder iraní. Pero, contra todo lo esperado, el gobierno no cayó ni el pueblo iraní salió jubiloso a las calles para ondear banderas norteamericanas. Se suponía que muerto el líder, el gobierno se paralizaría y la sociedad iraní, que semanas atrás había salido a protestar contra el gobierno por la inflación y el colapso de los ingresos económicos, celebraría la muerte del gobernante. Pero nada de eso sucedió. La sociedad iraní se contrajo en un luto generalizado.



Fracasada la interpretación absolutista del cuerpo gubernamental, se pasó inmediatamente a una concepción weberiana del Estado. Según esta concepción, el Estado es el monopolio de la coerción por lo que, terminar con ese monopolio externamente, se presentó como la manera de colapsar cualquier tipo de gobierno e, incluso, de aniquilar la represiva maquinaria que supuestamente “impide” a los iraníes festejar la “liberación” estadounidense.

De esta forma, en los siguientes días aviones y misiles de EE. UU. e Israel acabaron con la aviación, la flota naval y los puestos de mando del ejército de Irán. Además, asesinaron a los mandos políticos y militares de la Guardia Revolucionaria Islámica, del Estado Mayor, de las milicias y a varios ministros. Pero, tampoco así el gobierno islámico cayó, ni se rindió y mucho menos desapareció.

Al contrario, en una sorprendente lógica descentralizada y diluida en la población, propia de las guerras de guerrillas -solo que ahora con drones, barcazas rápidas y RPG- los iraníes han neutralizado las sofisticadas baterías de defensa aérea de EE. UU. e Israel desplegadas en medio oriente. Han dañado y obligado a evacuar las 13 bases militares norteamericanas del golfo Pérsico llevando a los 40 000 militares allí asentados a trabajar en hoteles civiles o en las bases de Alemania e Italia (Wall Street Journal, 8 de abril).

Ese error de concepción le ha resultado muy caro a la administración de Trump. Para fines de marzo, el Financial Times calcula un costo de cerca de 30.000 millones de dólares, sin que se haya podido cambiar al “régimen” y controlar el estrecho de Ormuz. Luego está, la disparada del precio del petróleo que contraerá el crecimiento de la economía global. Y, en lo interno, el escandaloso incremento del precio de la gasolina en un 30 %, que ciertamente cobrará su factura política en las elecciones parlamentarias de noviembre.

Todos estos fracasos han enturbiado aún más la razón de la administración Trump, llevándola ahora a ensayar una concepción racial del poder. Apoyándose en Huntington -para quien el Estado es solo un vehículo de una unidad más elevada llamada “civilización” compuesta por la religión, la historia compartida, las costumbres, autoidentificación e idioma- y cuya superioridad frente a otras se mide en la “aplicación de la violencia organizada” (El choque de civilizaciones, pág. 58), concluyeron que para terminar con el “régimen” de gobierno iraní había que arrasar la “civilización” iraní. Y eso es lo que han anunciado



Pero ¿cómo se aniquila “en una noche” la cultura, la historia, la forma de vida las instituciones y la religión de 90 millones de personas? Las formas tradicionales de colonialismo de catequesis y aculturación requieren décadas o siglos. Matarlos en campos de concentración llevaría años. Hacer desaparecer una civilización en una noche requiere inevitablemente una “solución final” atómica. Esa es la amenaza subyacente.

Finalmente, el mismo 7 de abril, Trump anunció una tregua de dos semanas. Las acciones de Wall Street volvieron a subir, la llegada del Armagedón se guardó en el cajón y la tolerancia global a la barbarie, se escondió detrás de un hipócrita silencio. Pero, como en 1943, el mundo de lo “normalizado” ya se desplazó aún más hacia el abismo.

Se dice que Trump, sus palabras y acciones, no serán duraderas y muestran la decadencia de un imperio y del viejo orden mundial. Si, pero también deben ser vistas como el temible estremecimiento del inicio de uno nuevo. Como nos lo recuerda Hegel, la historia siempre avanza a tropezones del lado malo de las pasiones y deseos egoístas. Por eso Trump es la mismísima personificación del tiempo liminal.

Artículo publicado en simultáneo con Diario Red de España.

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