martes, 8 de septiembre de 2026

ISLANDIA II: DIOS SALVE A ISLANDIA, ¿Y QUIÉN SALVA A LA ARGENTINA?

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“Islandia aprendió de 2008 que la soberanía tiene un valor económico tangible al conservar la capacidad de decidir sobre el capital, la moneda, los bancos y los recursos estratégicos. La Argentina de Milei, enfrentada a una escasez crónica de capital y dólares, está tomando la decisión inversa: ofrecer al capital condiciones extraordinarias de estabilidad, rentabilidad y libertad cambiaria para que desarrolle sus recursos naturales.

“La cuestión no es si uno es nacionalista y el otro liberal. La cuestión es quién captura la renta y quién conserva el poder de modificar las reglas. Islandia dijo no a los banqueros en 2008, no a los acreedores extranjeros en 2010 y no a la Unión Europea en 2026. Cada uno de esos no fue una negativa obstinada, sino una afirmación de su capacidad para decidir sobre su propio futuro. Argentina, por el contrario, está diciendo sí a condiciones que atan su política económica durante décadas a cambio de capital que, cuando finalmente llegue, puede no quedarse en el país.

“La experiencia islandesa demuestra que la soberanía no es un lujo para países ricos, sino una herramienta para construir riqueza desde abajo. Y también demuestra que decir no, en ocasiones, es la forma más poderosa de decir sí al futuro propio.

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Fuentes: El tábano economista.

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ISLANDIA II: DIOS SALVE A ISLANDIA,

¿Y QUIÉN SALVA A LA ARGENTINA?

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Por Alejandro Marcó del Pont | 07/09/2026 | Economía

Fuentes. Revista Rebelión lunes 7 de septiembre del 2026.

El valor de decir no (El Tábano Economista)

Cuando Donald Trump confunde Groenlandia con Islandia, el error suele provocar sonrisas en los pasillos diplomáticos. Pero para quienes observan con atención el tablero geopolítico, la confusión revela algo más profundo, la creciente relevancia de un pequeño fragmento de roca volcánica en medio del Atlántico Norte, cuya población apenas supera los 405.000 habitantes. Islandia ha logrado en las últimas dos décadas algo que las grandes potencias económicas no han sabido replicar: una recuperación soberana de su destino, sin rendir cuentas a los acreedores internacionales ni entregar sus recursos estratégicos a cambio de oxígeno financiero.

Hace doce años, cuando el mundo aún digería las cenizas de la crisis de 2008, publiqué un artículo titulado «Dios salve a Islandia«. En aquel entonces, la isla era el ejemplo perfecto de cómo no gestionar un sistema financiero. Sus tres principales bancos habían colapsado con activos equivalentes a once veces el Producto Interno Bruto nacional, una burbuja especulativa de proporciones bíblicas que dejó al país al borde de la quiebra. La receta que llegó desde Washington y Bruselas fue la de siempre: el Estado debía hacerse cargo de la deuda privada, imponer un severo programa de austeridad y vender sus activos públicos para pagar a los acreedores extranjeros. Islandia hizo exactamente lo contrario, y ese gesto de desobediencia financiera se convirtió en un hito de la economía política moderna que aún hoy resuena en los debates sobre soberanía monetaria.

El Gobierno islandés dejó caer a los bancos. No rescató a los accionistas ni a los tenedores de bonos extranjeros. Cuando el Reino Unido y los Países Bajos exigieron que la isla reembolsara a sus ahorristas minoristas, que habían perdido sus depósitos en la filial Icesave del banco Landsbanki —una suerte de sucursal digital que ofrecía tipos de interés muy por encima del promedio europeo— Reikiavik se negó rotundamente. Londres y La Haya tuvieron que asumir las pérdidas de sus propios ciudadanos, seducidos por las ganancias financieras de un banco privado que quebró por su propia mala gestión.

Posteriormente enviaron la factura a la isla, pero el Gobierno islandés sometió la cuestión a referéndum popular en 2010. El «No pagar» ganó con el 98% de los votos, un resultado tan abrumador que dejó sin argumentos a los defensores de la socialización de las pérdidas privadas. Finalmente, el Tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio falló en 2013 que Islandia no estaba legalmente obligada a garantizar aquellos depósitos con fondos públicos.



Los resultados de aquella rebeldía hablan por sí solos. Mientras que Irlanda y Grecia, que gestionaron sus crisis de forma convencional y sumisa a los dictados del Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea, siguen arrastrando dificultades estructurales, Islandia emergió del abismo con un vigor que muchos calificaron de milagro económico. Pero tal prodigio no tuvo lugar. Hubo decisiones políticas. Y una diferencia sustancial respecto a lo ocurrido en Estados Unidos o en el corazón de Europa: mientras en otros lugares los banqueros responsables de la crisis fueron rescatados con dinero público, Islandia investigó y condenó a prisión a decenas de ejecutivos bancarios por fraude y mala gestión. El mensaje fue inequívoco: el riesgo financiero no se socializa, y quienes juegan con el dinero de los demás deben asumir las consecuencias.

Dieciocho años después de aquel colapso, Islandia volvió a votar sobre Europa. Pero esta vez no lo hizo desde la desesperación de un país quebrado, sino desde la memoria viva de cómo consiguió salir de aquella crisis. El referéndum del 29 de agosto de 2026 no preguntaba si Islandia quería ingresar en la Unión Europea, sino si debía reanudar las negociaciones de adhesión. Un matiz aparentemente menor, pero de enorme relevancia política.

El resultado fue del 52,8% de los votantes, con una participación del 82,5%, decidió que ni siquiera quería volver a abrir la negociación. El electorado entendió que ese primer paso implicaba abrir cuestiones consideradas demasiado sensibles: pesca, soberanía, moneda, agricultura y el control de los recursos naturales. Las reglas que más importan para la vida cotidiana y para la autonomía del país son precisamente las que Islandia mantiene fuera del marco comunitario europeo. Y eso no es casualidad, es una estrategia deliberada que ha demostrado su eficacia.



Para comprender la posición islandesa, sin embargo, no basta con mirar su producto interno bruto o su balanza comercial. Hay que mirar el mapa. Islandia ocupa una posición geográfica excepcional, un punto de control marítimo y aéreo en el Atlántico Norte que conecta Europa con Groenlandia, América del Norte y el Ártico. Su geografía le otorga una relevancia estratégica que ningún indicador económico puede reflejar plenamente.

Y en este sentido, Argentina comparte con Islandia una condición similar, aunque con recursos naturales mucho más abundantes. La República Argentina se asienta sobre un punto de encuentro entre América del Sur, el Atlántico Sur, el Pasaje de Drake y la Antártida, una posición que le otorga el control de rutas marítimas esenciales y el acceso directo al continente blanco, donde la competencia geopolítica se intensifica año tras año.

Para la Unión Europea, Islandia aporta en el Atlántico Norte la vigilancia de rutas marítimas y aéreas, una posición privilegiada en el Ártico frente a la creciente competencia entre Estados Unidos, Rusia y China, el acceso a una de las grandes reservas pesqueras del mundo, una matriz energética extraordinariamente particular basada en recursos geotérmicos e hidroeléctricos, y la posibilidad de desplegar cables submarinos de comunicaciones y energía que serán cada vez más importantes en las próximas décadas.

En 2008 la amenaza era Wall Street. En 2026 las amenazas son la geopolítica, la seguridad, el comercio y la moneda. Las declaraciones de Donald Trump sobre la compra de Groenlandia introdujeron una dimensión completamente nueva en el debate islandés, acelerando la convocatoria del referéndum y reforzando el argumento de quienes defienden que la autonomía monetaria, cambiaria, fiscal y financiera tiene un valor económico superior al de cualquier integración comunitaria.

En economía, el excedente o ganancia que genera la extracción de un recurso natural —ya sea pescado, petróleo o litio— es la diferencias por encima de todos los costos normales de producción, incluido el retorno normal del capital invertido. Dado que el recurso es, en su estado natural, un bien público, esa renta debería beneficiar a toda la sociedad y no únicamente a la empresa que lo extrae.

Mientras que el modelo islandés se basa en la premisa de que el recurso natural es un activo estratégico cuya renta debe ser capturada y distribuida por el Estado, los ciclos neoliberales en Argentina, incluyendo el actual Régimen de Incentivo a Grandes Inversiones (RIGI), han tendido a tratar el recurso natural como un activo financiero más, donde el objetivo es atraer capital mediante la, reducción de costos fiscales y regulatorios, asumiendo que la renta generada,  no se quedará en el país, sino que alimentará el ciclo de fuga de capitales.

La distribución de la renta y la captura fiscal en Islandia generada por la pesca y la energía se queda en el país. El Estado captura una parte significativa a través de impuestos corporativos y tasas, y esa recaudación se traduce en un Estado de bienestar robusto, infraestructura de alta calidad y un sistema educativo fuerte. La extracción del recurso genera desarrollo interno y encadenamientos productivos que se despliegan dentro de la propia isla.

Islandia prohíbe constitucionalmente y por ley la propiedad extranjera de los derechos de pesca y de los recursos energéticos. El recurso se considera un bien común nacional, y aunque utiliza un sistema de cuotas individuales transferibles, el Estado mantiene un control estricto sobre el volumen total extraído, basado en criterios científicos y no en la demanda del mercado. Además, prohíbe que estos activos sean comprados por fondos buitre o corporaciones extranjeras, evitando así que la renta del recurso sea capturada por actores externos. La negativa a la Unión Europea fue, en esencia, una medida de protección de este activo estratégico.

Para entender si un modelo de gestión de recursos naturales es exitoso o extractivista, no basta con mirar si el recurso se conserva. Hay que mirar quién se queda con la renta. La industria pesquera islandesa es hoy una de las más eficientes del mundo en términos de captura y valor por trabajador. La recaudación fiscal que recibe el Estado es significativa, a través de tasas pesqueras, impuestos a la renta del recurso e impuestos corporativos sobre las ganancias del sector. Pero hay un elemento central que a menudo se pasa por alto: los salarios. A diferencia de muchos países donde la pesca es un trabajo precario y mal remunerado, en Islandia el sector pesquero es uno de los mejor pagados de la economía.

La columna vertebral de la remuneración en los barcos islandeses no es un salario fijo por hora, sino un sistema de reparto de ganancias. La tripulación no recibe solo un sueldo base, sino un porcentaje del valor de la captura, generalmente entre el 20% y el 35% del valor neto de la venta del pescado, después de deducir ciertos gastos operativos como el combustible. Este mecanismo alinea los intereses de la tripulación con la eficiencia del barco: si el barco pesca más y mejor, todos ganan más.



Gracias a este sistema y a la alta valorización del producto, los salarios en la pesca activa suelen estar entre un 15% y un 30% por encima del salario promedio nacional. Y al estar formalizados, los pescadores islandeses aportan y reciben los robustos beneficios del Estado de bienestar: salud universal, pensiones obligatorias con un aporte adicional del 12% por parte del empleador, y seguro de desempleo. Los sindicatos, como VR y Efling, son extremadamente poderosos y negocian convenios colectivos que establecen pisos salariales, límites de horas de descanso y condiciones de seguridad a bordo.

Islandia aprendió a lo largo de los años noventa y dos mil que regalar el acceso a un recurso público genera riqueza privada a costa del erario. Por ello, implementó un sistema de captura de la renta del recurso: el Estado no es dueño de los barcos, pero cobra por el derecho a usar el recurso. El mayor problema al evitar la extranjerización de la pesca fue la concentración de cuotas, ya que el 75% de ellas pertenecen a las veinticinco empresas pesqueras más grandes. Esto representa una alta concentración de la riqueza pesquera en pocas manos.

El dilema islandés es que proteger la soberanía nacional no significa necesariamente proteger a los pequeños pescadores. El sistema logró mantener el control nacional del recurso, pero al mismo tiempo permitió una concentración progresiva de las cuotas en grandes empresas. Por eso la verdadera batalla no es solo Islandia contra Bruselas, sino también una batalla interna por quién es realmente dueño del mar islandés.

Cuando un país con restricción externa crónica, como Argentina, atrae inversión extranjera en sectores extractivos con regímenes de promoción sin políticas de contenido local o retención de divisas, no se resuelve la restricción externa; se cambia su forma de financiamiento y se agrava a mediano plazo. La inversión inicial entra, pero una vez operativa, la repatriación de utilidades, el pago de regalías a casas matrices y la importación de insumos generan una salida de divisas estructural. Si a esto se suma el servicio de la deuda pública, el saldo neto de divisas para el país suele ser negativo o marginal.

Islandia salió de 2008 con una convicción sólida. Nunca más permitir que las necesidades del capital determinen hasta dónde llega la soberanía. El Estado argentino, después de décadas de crisis, parece haber llegado a la conclusión inversa: necesita ofrecer condiciones extraordinariamente favorables al capital para poder convertir sus recursos naturales en dólares y crecimiento. Argentina puede convertirse en una gran exportadora de recursos sin que necesariamente todos los dólares generados por esos recursos ingresen inmediatamente al mercado cambiario.

Pero eso es completamente diferente a afirmar que la inversión extranjera traerá dólares y resolverá la restricción externa. Puede traerlos, pero el régimen también permite que una parte importante de los flujos permanezca fuera o sea posteriormente remitida. Argentina está haciendo casi lo contrario a Islandia: para conseguir capital, el Estado ofrece al inversor una protección extraordinariamente prolongada frente a futuros cambios fiscales, regulatorios y cambiarios.



El mensaje que transmite el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) es claro: venga a invertir, puede disponer libremente de los productos, tiene un régimen cambiario privilegiado y puede remitir utilidades y dividendos bajo condiciones especiales. El problema del RIGI no es que atraiga inversión extranjera. El problema es el precio que Argentina paga por atraerla: una renuncia fiscal estimada en unos 1.813 millones de dólares anuales cuando los proyectos estén en plena producción, estabilidad tributaria, aduanera, cambiaria y regulatoria durante treinta años, y un régimen que permite una creciente disponibilidad externa de las divisas generadas por los proyectos.

Si los recursos son estratégicos y la inversión se habría producido aun con beneficios menores, el Estado está transfiriendo renta innecesariamente y comprometiendo su capacidad futura. La cuestión empírica es cuánta inversión adicional está generando realmente el RIGI y cuánto beneficio habría obtenido igualmente el inversor sin esas concesiones extraordinarias.

La integración de Argentina en lo que podríamos llamar la Pax Silicia dibuja una estructura clara. Estados Unidos capital financiero y tecnológico empresas multinacionales RIGI litio cobre petróleo gas y energía exportaciones deuda fuga de capitales. La integración de Argentina a cadenas estratégicas estadounidenses y occidentales. Buenos Aires está diseñando sus sectores estratégicos para insertarlos en cadenas globales de capital y tecnología en lugar de construir primero cadenas nacionales de control y agregación de valor.

Islandia aprendió de 2008 que la soberanía tiene un valor económico tangible al conservar la capacidad de decidir sobre el capital, la moneda, los bancos y los recursos estratégicos. La Argentina de Milei, enfrentada a una escasez crónica de capital y dólares, está tomando la decisión inversa: ofrecer al capital condiciones extraordinarias de estabilidad, rentabilidad y libertad cambiaria para que desarrolle sus recursos naturales.

La cuestión no es si uno es nacionalista y el otro liberal. La cuestión es quién captura la renta y quién conserva el poder de modificar las reglas. Islandia dijo no a los banqueros en 2008, no a los acreedores extranjeros en 2010 y no a la Unión Europea en 2026. Cada uno de esos no fue una negativa obstinada, sino una afirmación de su capacidad para decidir sobre su propio futuro. Argentina, por el contrario, está diciendo sí a condiciones que atan su política económica durante décadas a cambio de capital que, cuando finalmente llegue, puede no quedarse en el país.

La experiencia islandesa demuestra que la soberanía no es un lujo para países ricos, sino una herramienta para construir riqueza desde abajo. Y también demuestra que decir no, en ocasiones, es la forma más poderosa de decir sí al futuro propio.

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lunes, 7 de septiembre de 2026

EL VENENO DE LA DISCRIMINACIÓN. Esclavitud ayer, racismo hoy.

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“Estados temerosos, ejemplos ilustrativos. La relación entre el esclavismo histórico y el racismo actual, como acaba de afirmar el Comité de expertos de las Naciones Unidas hace unos pocos días, es tan estrecha como desencadenante, dos expresiones de una misma violencia segregacionista y de dominación. Sin embargo, muchos Estados no parecen reconocer esta lectura y por lo tanto se niegan a pronunciarse contra la brutalidad del sistema esclavista. En una decisión histórica hace menos de seis meses, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución que califica la trata transatlántica de esclavos y la esclavitud racializada de africanos como “el crimen de lesa humanidad más grave” de la historia. Promovida por una coalición de 60 países africanos, caribeños y latinoamericanos, la resolución reconoce que dicho sistema de explotación, que se prolongó durante más de cuatro siglos, constituye una violación del derecho internacional que no prescribe y que sus consecuencias siguen afectando a millones de personas en el mundo. Aunque aprobada con una cómoda mayoría de 123 votos a favor, 52 países del bloque occidental (prácticamente todos los europeos y Japón) se abstuvieron. Estados Unidos, Argentina e Israel fueron los únicos que se opusieron.

“La trata y la esclavitud de personas africanas, alega la resolución, representan “la injusticia más inhumana” debido a “su magnitud, duración, carácter sistémico, brutalidad y consecuencias perdurables que siguen estructurando la vida de todas las personas a través de regímenes racializados de trabajo, propiedad y capital”. La instauración de este sistema alega la resolución, no tiene precedentes históricos: es el “el primer régimen mundial que codificó a los seres humanos y a sus descendientes como propiedad hereditaria, enajenable y perpetua”, lo cual convirtió “la reproducción humana en un mecanismo de acumulación de capital” e institucionalizó “la jerarquía racial como principio rector del orden político y económico internacional”.

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Fuentes: Rebelión [Foto: Selección de fútbol francesa Mundial 2026]

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EL VENENO DE LA DISCRIMINACIÓN.

Esclavitud ayer, racismo hoy.

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Por Sergio Ferrari | 07/09/2026 | Mundo.

Fuentes. Revista Rebelión lunes 7 de septiembre del 2026.

El reciente Mundial de Fútbol no hizo más que poner en evidencia en la gran vidriera internacional el peso cotidiano que tienen el racismo y la discriminación.

Lo que pasó en muchos estadios circuló en las redes y animó debates que develaron un mal social que, lejos de extinguirse, se refuerza. Y en algunos casos, estrechamente integrado a políticas negacionistas de los mismos Estados.

No sorprende, entonces, que el 31 de agosto el Comité de las Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación Racial recordara, una vez más, que

“la esclavitud no es solo cosa del pasado [y que] sus efectos siguen presentes en forma de desigualdad sistémica y racismo”.

Este Comité de 18 miembros examina los informes que los países miembros presentan periódicamente sobre las medidas que han adoptado para combatir el racismo y la segregación

Los daños vinculados con la trata y la esclavitud de pueblos africanos durante siglos, subrayó el Comité, persisten en forma de

“discriminación racial sistémica y desigualdades estructurales”. Y “la violencia racializada, los estereotipos y las barreras estructurales alimentan las desigualdades en esferas como la educación, la salud y la movilidad económica, entre otras”. Se trata de una nefasta herencia de la esclavitud, reforzada en el presente por “políticas que perpetúan el racismo contra las personas negras”. De allí la necesidad imperiosa de “aplicar una justicia reparadora integral que combine indemnizaciones, restitución, rehabilitación y reformas estructurales”. Y de recordar y advertir que el paso del tiempo no puede servir de pretexto para que los Estados se nieguen a reconocer estas injusticias históricas y adoptar “medidas adecuadas de justicia reparadora y rendición de cuentas por estos crímenes”



El racismo en el deporte y la contra mirada.

Para el reciente Campeonato Mundial, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) estableció un servicio dedicado al seguimiento y el control de los contenidos que pudieran circular en las redes sociales. Su análisis de 6 millones de publicaciones y comentarios en la fase de grupos le permitió detectar 89.000 ofensas, 11% de las cuales fue de corte netamente racista. Porcentaje que representa no solo un incremento del 3% con respecto a la misma fase del Mundial de Catar en 2022, sino también un aumento notable de contenidos mucho más ofensivos que los de cuatro años antes.

Durante el último Mundial no faltaron las polémicas mediáticas y sociales a raíz de expresiones descalificativas por personalidades políticas, como las de la senadora paraguaya Celeste Amarilla contra el jugador francés Kylian Mbappé. Por su parte, Mariano Rajoy, expresidente del gobierno español y antiguo dirigente del Partido Popular, profirió comentarios sobre la selección francesa que buena parte de la prensa internacional consideró xenófobos y degradantes y ante los cuales las autoridades galas reaccionaron en forma oficial.

En algunos estadios no faltaron cánticos racistas, como ocurrió en varias ocasiones con la hinchada de la selección argentina, una de las más numerosas y eufóricas a lo largo del campeonato. Por sus eslóganes discriminatorios, la Comisión de Disciplina de la FIFA castigó con particular rigor a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Además del componente financiero de la sanción, los dos próximos partidos que la selección argentina juegue como local deberá hacerlo solamente con la mitad del estadio habilitado. Adicionalmente, una parte del monto impuesto por la sanción deberá destinarse a promover un plan de lucha contra la discriminación en los estadios argentinos.

El problema no se limita al Mundial. Las agresiones retóricas racistas contra los jugadores, al igual que los cánticos y las consignas discriminatorias, son frecuentes, por no decir generalizadas, en las competiciones futbolísticas en muchas partes del mundo, especialmente en Europa y América Latina. Por esta razón, desde hace unos cuantos años numerosas asociaciones nacionales y continentales han estado promoviendo campañas contra el racismo en el deporte. En Europa, por ejemplo, Fútbol contra el Racismo (FARE), plataforma que reúne a individuos, asociaciones y organizaciones no gubernamentales que promueven iniciativas contra este flagelo.

Un buen número de clubes han puesto en marcha iniciativas en esa misma dirección. Entre otros, el Celtic, en Escocia, cuya “Green Brigade” propaga sus contenidos antifascistas y contra la exclusión, y el Barcelona, en España, en colaboración con la “Fundación contra el Racismo” y la iniciativa “La Liga VS Racismo”. El club St. Pauli, en Alemania, una de las instituciones más progresistas en el ambiente deportivo a nivel continental, en sus estatutos oficiales sostiene valores antirracistas, anti homofóbicos, antifascistas y feministas. Así mismo, todos los años desde1996 al presente, el club Young Boys, de la ciudad de Berna, la capital suiza, activa la campaña “Unidos contra el Racismo”. Asociada con organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional, este programa ha confrontado todo tipo de expresión discriminatoria en el deporte. Prácticamente en cada partido de local en su Estadio Wankdorf, Young Boys proyecta mensajes que apuntan a fomentar una conciencia colectiva antirracista y de respeto a las diversidades.



Estados temerosos, ejemplos ilustrativos.

La relación entre el esclavismo histórico y el racismo actual, como acaba de afirmar el Comité de expertos de las Naciones Unidas hace unos pocos días, es tan estrecha como desencadenante, dos expresiones de una misma violencia segregacionista y de dominación. Sin embargo, muchos Estados no parecen reconocer esta lectura y por lo tanto se niegan a pronunciarse contra la brutalidad del sistema esclavista.

En una decisión histórica hace menos de seis meses, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución que califica la trata transatlántica de esclavos y la esclavitud racializada de africanos como “el crimen de lesa humanidad más grave” de la historia. Promovida por una coalición de 60 países africanos, caribeños y latinoamericanos, la resolución reconoce que dicho sistema de explotación, que se prolongó durante más de cuatro siglos, constituye una violación del derecho internacional que no prescribe y que sus consecuencias siguen afectando a millones de personas en el mundo. Aunque aprobada con una cómoda mayoría de 123 votos a favor, 52 países del bloque occidental (prácticamente todos los europeos y Japón) se abstuvieron. Estados Unidos, Argentina e Israel fueron los únicos que se opusieron.

La trata y la esclavitud de personas africanas, alega la resolución, representan

“la injusticia más inhumana” debido a “su magnitud, duración, carácter sistémico, brutalidad y consecuencias perdurables que siguen estructurando la vida de todas las personas a través de regímenes racializados de trabajo, propiedad y capital”. La instauración de este sistema alega la resolución, no tiene precedentes históricos: es el “el primer régimen mundial que codificó a los seres humanos y a sus descendientes como propiedad hereditaria, enajenable y perpetua”, lo cual convirtió “la reproducción humana en un mecanismo de acumulación de capital” e institucionalizó “la jerarquía racial como principio rector del orden político y económico internacional”.



Racismo enraizado.

En Suiza, en 2025, se registraron 1245 casos de discriminación racial, lo que representa un aumento del 3% con respecto al año precedente. Según un estudio elaborado por la Comisión Federal contra el Racismo publicado en abril de este año las personas negras siguen siendo las más afectadas, mientras que el incremento más pronunciado se observó en el racismo anti musulmán. Sostiene el documento helvético que tras el fuerte aumento de casi el 40% registrado en 2024, las cifras se han «estabilizado en un nivel alto. Los motivos de discriminación más frecuentes siguen siendo el racismo contra las personas negras (33 %) y la xenofobia (30 %). También un aumento significativo en los casos de racismo anti musulmán (23 % en 2025 en comparación con el 17 % en 2024). Le siguen el racismo antiárabe (9 %), el racismo contra las personas de origen asiático (8 %) y el antisemitismo (5 %).

En Alemania, un detallado estudio recientemente publicado constató que la discriminación en ese país es masiva. Fenómeno que se expresa en la cotidianeidad, por ejemplo, en la búsqueda de vivienda, el trabajo e incluso el supermercado. ¿Por qué creen las víctimas de estas diferentes formas de prejuicio que son discriminadas?, pregunta la encuesta alemana. El grupo más numeroso de encuestados, aproximadamente un 42%, se siente discriminado por su origen, el color de su piel y los prejuicios raciales. Otro 24%, en su mayoría mujeres, atribuye su discriminación a su identidad de género. La edad, la orientación religiosa y condiciones adversas de salud también son motivos de discriminación.
En España, estadísticas oficiales informan que solo en el mes de junio se detectaron más de 40.000 contenidos de odio en las redes sociales y que el lenguaje agresivo explícito se constató en el 89% de los mensajes monitorizados. Según el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia, los mensajes que aluden a la inseguridad ciudadana, en muchos casos descontextualizados o falsos, aglutinan el 69% de los contenidos agraviantes detectados. Llamativamente, los contenidos agresivos en el ámbito deportivo comprenden el 16% del total.

En España, durante el reciente Mundial de Fútbol, se detectó una circulación significativa de mensajes racistas e islamófobos, con un volumen llamativo de contenidos hostiles y discriminatorios sobre origen e identidad, como ocurrió con el jugador de la selección española Lamine Yamal. Reiteradas agresiones verbales contra Yamal, casi siempre por parte de sus rivales deportivos directos en la misma España, se registran a partir de octubre de 2024. Es de imaginar que buena parte de los ataques a Yamal también tienen que ver con su decisión de enarbolar una bandera palestina el año pasado cuando su club ganó el campeonato español

Por su parte, la Federación española SOS Racismo recoge en su reciente informe anual 528 denuncias verificadas de actos racistas y discriminatorios, en su mayoría dentro y desde el propio ámbito institucional, y casi siempre de la mano de la negación de acceso a distintos servicios públicos. Este dato resulta especialmente significativo en el marco de la nueva Estrategia de la Unión Europea contra el Racismo para los años 2026-2030, cuyo objetivo prioritario es “la lucha contra el racismo estructural”, es decir, las políticas institucionales y las concepciones culturales

Esclavismo-racismo-discriminación: un explosivo componente antisocial del cual no puede desprenderse la sociedad planetaria en general y cuya defensa se convierte en política oficial de los Estados negacionistas. Estados que, por otra parte, subestiman sistemáticamente la esclavitud histórica y edulcoran la segregación contra todo lo que es diverso y diferente

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domingo, 6 de septiembre de 2026

ALBERTO VERGARA SOBRE PRIMER MES DE GOBIERNO: “KEIKO FUJIMORI ES MÁS HIJA DE LA ÚLTIMA DÉCADA QUE DE SU PAPÁ” .

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Alejandro Céspedes García: ¿Y qué le recomendarías al nuevo Parlamento bicameral?

"Alberto Vergara: Sí, bueno, ahí, nuevamente, creo que hay la necesidad de recuperar un funcionamiento del Congreso que sea, para usar una frase manida, una oposición sin ser obstruccionista, que visibilice temas clave en el país —que pueden ser, a veces, casos de corrupción—, pero también que politice ciertos temas. En el Perú siempre pensé que había un déficit, a veces, mucho mayor de deliberación que de participación. Es un país en el que desapareció la discusión programática; que a veces se vuelvan a discutir ciertos temas, que se obligue al gobierno a tomar posición sobre algunos asuntos que simplemente se ha acostumbrado a cabalgar de manera inercial o interesada. Y, también, desde luego, pensar hacia adentro las estrategias para que el Congreso no se desplace, gradual o rápidamente, a ser de nuevo un gran bazar en el que todo se compra, todo se alquila y todo el mundo tiene su precio, para depredar lo público.

"Entonces, creo que ahí también —ahora hay el rumor, de hecho La República sacó la nota— de que diputados de Juntos por el Perú se pasarían al fujimorismo y a Renovación Nacional. Ellos, que eran tan diferentes del fujimorismo, que eran el agua y el aceite, serían los primeros en pasarse: ya tendríamos los primeros tránsfugas. Entonces, creo que está la necesidad de mantener una representación nacional que sea eso, nacional, y no la representación del interés particular; tratar de impedir esa deriva que hemos visto tantas veces, y que va a ser inevitable que ocurra, porque, nuevamente, las elecciones en el Perú, ya lo sabemos, no son un hito que modifica radicalmente el mapa político. Encontramos muchas más continuidades que rupturas. Pero, por lo menos, intentar que esa deriva particularista no se produzca, que no llegue a sus peores proporciones. Todo es bien difícil; alguien dijo que en el Perú todo es difícil, pero nada es imposible. Así que, ¿por qué no pensar que se pueden ver algunas mejoras en distintos ámbitos?

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El politólogo peruano advierte de "incentivos perversos" que estarían configurando el gobierno fujimorista. | La República | Marco Cotrina

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ALBERTO VERGARA SOBRE PRIMER MES DE GOBIERNO: “KEIKO FUJIMORI ES MÁS HIJA DE LA ÚLTIMA DÉCADA QUE DE SU PAPÁ”

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En esta entrevista con La República, Vergara repasa cómo se ha construido la identidad nacional peruana en los últimos años a través de la gastronomía popular, además de analizar el primer mes de gobierno de Keiko Fujimori y sus diferencias con el de su padre

Por Alejandro Céspedes García.

Fuente. La Republica domingo 6 de septiembre del 2026

Alejandro Céspedes García: En tu libro destacas que lo nacional está construido por procesos que han logrado una identidad culinaria que nos une y nos pone en alerta contra quienes piensan distinto. ¿En qué consiste esta identidad y por qué dices que es tan endeble?

Alberto Vergara: En este segundo volumen, me acerqué a lo gastronómico, a la cocina, para mostrar —me interesaba— el fenómeno recientísimo, pero profundo, de cómo la comida ha pasado a ser la dimensión simbólica por la cual los peruanos encuentran ahí la principal forma de reconocerse en tanto peruanos. Eso es súper reciente: hace treinta años no hubiera sido así. Hace treinta años, si tú querías graficar la peruanidad, la gente hubiera dicho el huayno, Vallejo, Machu Picchu, los incas; hubiera encontrado una serie de símbolos, pero no hubiera acudido a la comida. Hoy, tanto en el interior del Perú como en el extranjero, el reconocimiento nacional pasa por esa dimensión culinaria.

Es un proceso muy reciente, pero sobre todo muy global, porque analizo tanto el fenómeno gastronómico —vamos a decir, "por arriba", la gran gastronomía— como "por abajo", la comida popular: la aparición de una cantidad de platos que tiene que ver con esta construcción nacional, con influencias de todas partes

Alejandro Céspedes García: Anotas el éxito del 'mostrito' y el 'pollo a la brasa' en esa construcción. Que no provienen de élites.

Alberto Vergara:  Y que no son por antonomasia peruanos. Es la llegada al Perú de formas europeas de cocinar el pollo. O, en el caso del mostrito, que es con arroz chaufa, tiene influencia china. Y entonces puedes encontrar cómo esa dimensión tan fundamental de la construcción nacional de los últimos años, en realidad, es una forma nacional de procesar algo que hace muy poco hubiera podido ser leído como algo ajeno.

Alejandro Céspedes García: Hasta el papa León XIV contrató a una cocinera peruana al Vaticano, y tras su elección las redes explotaron con memes de comida.

Alberto Vergara: Sí, y que ahora el agua bendita iba a ser Inca Kola y la hostia unos chifles (risas) Es decir, mi punto es que hace treinta años graficar la peruanidad del papa no hubiera pasado por la comida.

Alejandro Céspedes García: Al final de tu texto también destacas que nuestro desafío principal no es la lealtad nacional como la que puede generar un ceviche, sino la injusticia y la indolencia ante la pobreza. Y estamos como estamos. En la actualidad hay algunos peruanos que siguen esperando que Keiko Fujimori gobierne como su padre. ¿Existen realmente similitudes entre Alberto y Keiko?

Alberto Vergara: Yo creo que, en lo fundamental, no. Yo creo que Keiko Fujimori es más hija de los últimos diez años que de su padre. Es decir, tal vez el padre es una buena forma de llegar al gobierno, de plantear la diferencia. El padre supuso una gran ruptura en el Perú. Te puede gustar más o te puede gustar menos, pero creo que si de algo estamos claros es que el gobierno de Alberto Fujimori supone la ruptura de un statu quo que prevalecía en el país. Es decir, en un montón de ámbitos, Alberto Fujimori resetea el país de unas maneras, con unas consecuencias, que pocos gobiernos en la historia del Perú han tenido.



Es decir, tú puedes decir que, en el plano estatal, la derrota de Sendero Luminoso y de los grupos subversivos es la readquisición de las funciones básicas de un Estado, de la estatalidad, del monopolio de la violencia. En términos políticos, el autogolpe y toda una serie de prácticas que él impone —el desprecio a la deliberación, a la partidocracia, al Congreso— es la llegada del mundo del independiente, del outsider, del tránsfuga. Resetea la política también y, además, resetea la economía: rearticula, renueva la relación entre economía, Estado y sociedad en el Perú, cosa que queda sellada y sacramentada en la Constitución del 93.

Entonces es alguien, diría, transformador, un modernizador —con corrupción, con violaciones a los derechos humanos, con autoritarismo—, pero no es un agente del statu quo; es un agente del cambio. Que, por cierto, no lo hace porque él sea un personaje iluminado; lo hace porque funciona dentro de una coalición con actores que, cada uno, tenía interés en el cambio: es una coalición recambio. Tenías a los militares, que querían sobre todo la cuestión de seguridad; tenías a los empresarios; y tienes, por supuesto, el Consenso de Washington en los noventa y las reformas de mercado en toda América Latina.

Alejandro Céspedes García: ¿Estás diciendo que ella no cambiará nada?

Alberto Vergara: Estoy diciendo que ella es lo opuesto. El padre encarna un momento de transformaciones; ella encarna el statu quo, y por lo menos en este mes en el Ejecutivo deja ver que es también un agente —creo que en la campaña se notó— cuya inclinación es a reproducir el statu quo, no a transformarlo. Entonces, en ese sentido fundamental, de lectura con distancia histórica, más allá de los detalles, ella es, digamos, lo contrario del padre: es una fuerza del statu quo y no de su transformación.

Alejandro Céspedes García: ¿Y si la comparas con Pedro Castillo?

Alberto Vergara: Yo diría que, por lo que hemos visto en este mes, que el peligro mayor en el Perú sigue siendo el desorden antes que la tiranía. Es más peligrosa la mediocridad que te lleve al desgobierno que la producción de un régimen autoritario, totalitario. Yo creo que ni la izquierda ni la derecha estaban en capacidad de producir realmente eso. Uno podría decir, como Mafalda, que esto no es el “acabose” sino el "continuose". Y, la verdad, la veo perdida, en el sentido de que en ella me parece un problema más grave que en otros, porque ella ha vendido la idea de que con ella llega el orden. Pensemos en la inseguridad y muchas otras incertidumbres que aquejan a los peruanos. No tiene el poder ni siquiera para dar un indicador de que está pensando cómo transforma eso; peor aún, ni siquiera da la imagen de tener poder, autoridad, control sobre su gobierno.

Es decir: el ministro de Justicia dice una cosa, el ministro de Cultura dice otra; el jefe de la Policía dice una cosa, el ministro de Defensa dice otra; el ministro de Educación nombra a alguien y luego se desnombra. En fin, en solo un mes hay un montón de estos casos en los cuales está claro que ella manda poco sobre el país y sobre su gabinete.}

Alejandro Céspedes García: ¿Manda poco porque tiene poco poder, o manda poco por incompetente?

Alberto Vergara: A mí me da la impresión de que, en realidad, la incapacidad para gobernar proviene, en primer lugar, de la incompetencia, y, en segundo lugar, porque tiene unos incentivos perversos, me parece, para sostener el statu quo que produce el desorden en el país.

Alejandro Céspedes García: ¿De qué incentivos perversos hablas?

Alberto Vergara: Por ejemplo, en Trujillo. ¿Cuál ha sido el interés fundamental del gobierno? ¿Ha sido resolver el crimen, capturar a los malhechores, hacer una investigación seria para entender qué ha ocurrido? ¿O estaban realmente desesperados por hacer control de daños mediático ante lo que ocurría? Además, un control de daños mediático realmente malo: unos aprendices de brujo, mentirosos amateurs del asunto.



Y a mí me parece que tiene que ver con que ella y su gente, su grupo, necesita una policía poco profesional, precarizada, corrupta, que pueda funcionar en los márgenes o por fuera de la ley, porque, eventualmente, cuando haya que reprimir, cuando haya algún problema que los involucre, los necesita en esa condición de poco profesional. Pero esa misma condición de policía —del sector del Interior— poco profesional, sin reforma, es lo mismo que hace imposible que tú puedas solucionar la situación de inseguridad y criminalidad del país.

Entonces, por eso digo que están los incentivos: no lo tienen. Por eso es que, a esa misma policía, que todo el mundo sabe que en Trujillo hace años está involucrada, de una u otra manera, con la corrupción y con el crimen —no digo que lean los informes, pero podrían leer la novela de Marco Avilés sobre el crimen en Trujillo, una excelente novela—, se darían cuenta de que hace años que eso funciona así. Pero, en realidad, es a esa policía a la que hay que destacar, premiar, amnistiar, llenar de loas, porque saben que eventualmente la van a necesitar: son un roto para un descosido. Por eso creo que ese es un ejemplo, por ejemplo, en donde el incentivo del gobierno, lamentablemente, no está en poder hacer un buen gobierno.

Alejandro Céspedes García: Déjame hacer un poco de abogado del diablo: dicen que es muy poco tiempo para evaluar al gobierno. Comparado con los primeros días de gobiernos de la última década, ¿cómo observas este primer mes frente a ese riesgo de anarquía que mencionas?

Alberto Vergara: Yo creo que hay dos cosas. Vamos a tratar de, como dices tú, seguir en tu línea de abogado del diablo, dando el beneficio de la duda. Yo creo que una cosa que podemos decir de positivo es que, primero, a diferencia, como dices, de lo que hemos visto en los últimos años, apareció un gabinete de ministros. En los últimos años nos habíamos acostumbrado a que no había ministros, básicamente, que no había conducción. Ahora, por lo menos, hay un gabinete más visible. Más visible no quiere decir que sea más efectivo, porque no necesariamente es un buen gabinete —más allá de que creo que hay un par de ministros que pueden serlo, que lo son—.

Pero, efectivamente, volvió un gabinete, y creo que, en algún sentido, en el país vuelve un poquito, al menos, la política. Es decir, nos acostumbramos, los últimos años, a que había una aplanadora permanente de nada más que impunidad y microchoreo. Creo que ahora aparecen ciertos debates: la Cámara de Diputados le dice que no a esto, el Ejecutivo tiene que explicar. Hay como la reaparición de un poquito de política, que me parece saludable. No es ese mundo en el cual el Ejecutivo y el Legislativo estaban todos en combina, en el cual todo el plan que tenían era una gran repartija. Ahora me parece que vuelve un poco la política, y eso está bien, de un lado.

Pero, del otro lado, está —insisto, lo principal, me parece— que volvemos a lo de la continuidad: la incompetencia, la mediocridad. Me parece que eso es lo que hereda, esencialmente, de los últimos diez años. Los últimos diez años son lo que ha sido la verdadera escuela política de Keiko Fujimori: ese mundo detrás, en el Congreso, organizando el toma y daca de las leyes que dan impunidad, que dan prebendas, que clientelizan.

Alejandro Céspedes García: De hostigar al opositor.

Alberto Vergara: De hostigar al opositor, por supuesto. Pero de gobernar, nada. Es ese mercado persa, el mundo del toma y daca, en el cual todo tiene su precio. Y ese mundo no te prepara para gobernar, no te prepara para el mundo del Ejecutivo. Más bien, creo que se acostumbraron a ese espacio de politiquería, y por eso no tienen planes, no tienen iniciativas, no tienen cuadros, no tienen la competencia.

Alejandro Céspedes García: Y pretende gobernar haciendo TikToks

Alberto Vergara: Exactamente. Termina siendo una cosa un poco frívola, desconectada, y de gente que, aun cuando tratas de recuperar a gente de los noventa, o de hace varios años, ya no tiene contacto con el Estado. El Estado no es lo que era, la sociedad no es lo que era, y entonces están ahí, más bien perdidos en el intento de ser Ejecutivo.

Alejandro Céspedes García: El gabinete Galarreta ha solicitado facultades legislativas para gobernar, y una diputada, Rossana Alayza, les respondió que para eso bastan los decretos de urgencia. ¿Es una victimización que el gobierno le eche la culpa al Congreso por no poder gobernar?

Alberto Vergara: Mira, honestamente, independientemente de que les den o no les den esas facultades, a mí me parece que, al gobierno, más que facultades legislativas, lo que le hace falta son facultades políticas. Yo los veo... más que facultades legislativas, necesitan facultades para gobernar, competencia para gobernar.

Luego, no es un problema, en esencia; no es la legalidad vigente la que les impide o les bloquea realizar una serie de cosas, ¿no? Es mucho más eso: tener las ideas, las iniciativas, el conocimiento, la competencia para gobernar, y por el momento lo que vemos, más bien, es que no tienen mucha idea en ese ámbito. Entonces, las facultades legislativas no parecieran ser el centro de la carencia.



Alejandro Céspedes García: Vinculando esto con el plano global: el Perú se abre a las iniciativas del gobierno de Trump y hace unos días rompió relaciones con Irán. Pareciera que se está administrando para el gobierno de Trump y no para el país.

Alberto Vergara: Bueno, hay varias cosas ahí. Primero, sí, y no es la única. Creo que hay un alineamiento decidido de muchos de los gobiernos de la región con Estados Unidos, y el nuestro no es la excepción. Digamos que, el caso del canciller Espá, o es una imposición de los Estados Unidos, o les pareció que era una forma de quedar muy bien con ellos poniendo a alguien que haya sido funcionario de ellos por muchos, muchos años. Entonces, creo que eso es algo que está ocurriendo. De hecho, habrá que ver: Marco Rubio llega al Perú la próxima semana, así que habrá que ver cómo se sigue desarrollando esa relación y qué impacto tiene para nosotros, sobre todo en la relación con China, que creo que es la que más debería cuidar el Perú, la relación con los dos países. Pero vamos a ver si tenemos la capacidad y la voluntad de poder hacerlo.

Alejandro Céspedes García: Pero Trump está a punto de perder terreno en el parlamento por cómo lleva su gobierno en los comicios de medio término de EE. UU. ¿Estamos llegando a la cúspide de esta anarquía libertaria?

Alberto Vergara: Yo creo que sí. Me da la impresión, por una serie de dimensiones, de que nadie tiene hoy mucha capacidad en América Latina de realizar, realmente, gobiernos decididamente exitosos. La capacidad estatal no te alcanza, la economía política de los países tampoco te da para redistribuir, el crecimiento económico es mucho menor del que debería ser, la criminalidad y la inseguridad avanzan, y al mismo tiempo tienes sociedades mucho más impacientes, por no decir neurotizadas por el teléfono y su avalancha incontenible de videos y malas noticias. En ese contexto, no es tan fácil construir, a partir del mandato que se recibe en las elecciones, un gobierno efectivo. Creo que no es fácil hoy y no lo está siendo para muchos de esos gobiernos, ¿no?

Milei, por ejemplo, ha tenido éxito en reducir la inflación, pero sigue siendo una inflación del treinta por ciento anual; la capacidad de generar reservas ha sido mucho más lenta de la que se deseaba o se esperaba. Uno podría decir que Noboa, en Ecuador, a pesar de todo el performance bukelista, la verdad es que no consigue reducir de manera importante la tasa de homicidios en Ecuador; de hecho, perdió un referéndum importante hace unos meses. No sé, creo que es más fácil tener una retórica inflamada para excitar a los propios y enervar a los contrarios que tener, realmente, la capacidad de construir gobiernos eficaces. Y me temo que el fujimorismo pasará un poco por ahí también. Curiosamente, me parece que, en lo que hemos visto en los últimos años y en este mes en el Ejecutivo, no encaja en esa derecha radical nueva: la de Bukele, la de Milei, la de Bolsonaro. No tiene ese ánimo, no tiene ese afán polarizante, no tiene esa relectura de la historia del país, no se ve como un punto de quiebre; no hay una lectura, no hay batalla cultural.



Alejandro Céspedes García: ¿Cómo que no? ¿Y el LUM?

Alberto Vergara: El LUM me parece que es una controversia de este momento en la que ni siquiera están de acuerdo; fíjate que no se ponen de acuerdo: el ministro de Justicia se lo quiere llevar, el ministro de Cultura dice que no, que el LUM se queda ahí. Me parece que eso es, nuevamente, mediocridad: ni siquiera tienen un discurso establecido sobre qué quieren hacer con el LUM. Es decir, si sabemos lo que quisieran es que no exista nada, ¿no? Pero, ni siquiera a ese nivel tienes un desarrollo ideológico, programático, un discurso sobre el asunto; es más bien un rechazo visceral, identitario, digamos. Es una derecha que ni siquiera cumple con esas características. Y tampoco, obviamente, es ya una derecha neoliberal: me parece que está claro, desde hace años, que el fujimorismo erosiona el orden macroeconómico cada vez que puede, que es un actor principal del debilitamiento tecnocrático del país, que ha apoyado todas las normas que el Consejo Fiscal dice que están haciendo un boquete en la economía peruana. Entonces, tampoco es una derecha neoliberal: es una derecha del patrimonialismo.

O sea, un partido de intuiciones, de prácticas, de reflejos patrimonialistas, que es la utilización constante de lo público para beneficiar a mi familia, a mi partido, a mi clan, a mis militantes, y, obviamente, también para perjudicar al adversario. Esa forma de relación con lo público, con los recursos, con la ley, me parece que es mucho más saliente en el fujimorismo que esta vena contemporánea de derecha populista, radical, reaccionaria, o de la derecha más neoliberal. De hecho, en el discurso de Keiko, en su toma de posesión, la palabra que más repite es "Estado".

Alejandro Céspedes García: ¿Qué le recomendarías al gobierno?

Alberto Vergara: Puede parecer una gran ingenuidad. Pero yo creo que no hay un destino marcado a ser un gobierno lamentable. El otro día Felipe Portocarrero me decía: "Estamos a la deriva, pero no hemos naufragado".

Alejandro Céspedes García: Pero vaya que vivimos en tormenta.

Alberto Vergara: Sí, sí, seguro. Pero eso implica que ella se haga cargo, que asuma, que rectifique también, porque ella tiene que reconocer que ha producido, en buena parte, con su acción en los últimos diez años, a este país. Entonces, tiene que hacerse cargo de eso. Y eso implica que no se sienta cómoda con los adulones que aparecen, con su entorno pituco, sino que se dé cuenta de que, en este momento, su compromiso ya no es con su partido ni con sus problemas judiciales, sino con el Perú, con un país en donde vivir es, cada día más, una agonía, una angustia, y que, por lo tanto, tiene el deber de intentar movernos de ahí.

Y, de hecho, esto lo conversaba el otro día con Eduardo Dargent: cómo, en los últimos años, en esta ideologización cretina de las élites políticas y empresariales, todo lo que fuera alguna reforma pasó a ser visto como "caviar". Reformas que ni siquiera eran de izquierda, sino que serían sensatas en cualquier país del mundo, pasaron a ser censuradas por "caviares". Entonces, creo que el gobierno debería tener un margen para recuperar algunas de esas reformas necesarias. La seguridad, de la que hablábamos hace un rato, me parece esencial. Tiene que romper con la inercia y con ciertos incentivos que tiene, en términos patrimonialistas, personales, particularistas, pero que ahora le toca pensar en el interés general. En fin, puede parecer muy improbable, pero en el Perú todo es raro...

Alejandro Céspedes García: Hablas como si la presidenta estuviese acogotada. ¿O es ella quien acogota a su séquito?

Alberto Vergara: Por el momento, no veo que acogote a su séquito. Para ser honesto, tampoco le veo, como mucha gente esperaba, un ánimo despiadadamente revanchista. Por el momento, digamos, me parece que acogotaba más a sus bancadas que a su gabinete.

Alejandro Céspedes García: ¿Y qué le recomendarías al nuevo Parlamento bicameral?

Alberto Vergara: Sí, bueno, ahí, nuevamente, creo que hay la necesidad de recuperar un funcionamiento del Congreso que sea, para usar una frase manida, una oposición sin ser obstruccionista, que visibilice temas clave en el país —que pueden ser, a veces, casos de corrupción—, pero también que politice ciertos temas. En el Perú siempre pensé que había un déficit, a veces, mucho mayor de deliberación que de participación. Es un país en el que desapareció la discusión programática; que a veces se vuelvan a discutir ciertos temas, que se obligue al gobierno a tomar posición sobre algunos asuntos que simplemente se ha acostumbrado a cabalgar de manera inercial o interesada. Y, también, desde luego, pensar hacia adentro las estrategias para que el Congreso no se desplace, gradual o rápidamente, a ser de nuevo un gran bazar en el que todo se compra, todo se alquila y todo el mundo tiene su precio, para depredar lo público.

Entonces, creo que ahí también —ahora hay el rumor, de hecho La República sacó la nota— de que diputados de Juntos por el Perú se pasarían al fujimorismo y a Renovación Nacional. Ellos, que eran tan diferentes del fujimorismo, que eran el agua y el aceite, serían los primeros en pasarse: ya tendríamos los primeros tránsfugas. Entonces, creo que está la necesidad de mantener una representación nacional que sea eso, nacional, y no la representación del interés particular; tratar de impedir esa deriva que hemos visto tantas veces, y que va a ser inevitable que ocurra, porque, nuevamente, las elecciones en el Perú, ya lo sabemos, no son un hito que modifica radicalmente el mapa político. Encontramos muchas más continuidades que rupturas. Pero, por lo menos, intentar que esa deriva particularista no se produzca, que no llegue a sus peores proporciones. Todo es bien difícil; alguien dijo que en el Perú todo es difícil, pero nada es imposible. Así que, ¿por qué no pensar que se pueden ver algunas mejoras en distintos ámbitos?

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