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"Detrás de cada vicuña que corre por las pampas de Salinas y Aguada Blanca existe un ecosistema que debe mantenerse vivo y una historia de protección que todavía no termina. El crecimiento de 41,2 % registrado en las áreas naturales protegidas demuestra que las medidas de conservación pueden dar resultados. Pero las cifras también recuerdan que ningún logro está garantizado para siempre. En las alturas de Arequipa, donde el frío, el viento y la inmensidad del paisaje acompañan el paso de estos animales, la vicuña continúa representando mucho más que una especie protegida. Es parte del patrimonio natural de la región y un símbolo de la capacidad del país para recuperar aquello que alguna vez estuvo en peligro.
"La tarea de las próximas décadas será conseguir que esa recuperación sea sostenible. Que haya agua en las cochas y bofedales, pastizales en condiciones adecuadas, vigilancia frente a las enfermedades y comunidades comprometidas con su conservación. Así, el silencioso andar de las vicuñas podrá continuar formando parte del paisaje arequipeño. Y las nuevas generaciones podrán mirar hacia las pampas y reconocer allí no solo una riqueza natural, sino también el resultado de una historia en la que proteger la naturaleza significó proteger una parte esencial de la identidad de Arequipa.
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VICUÑAS: EL GRAN TESORO DE LAS
ALTURAS DE AREQUIPA RECUPERA
SU FUERZA.
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Fuente.
Diario El Pueblo Arequipa sábado 15 de agosto del 2026.
Por. Especiales. Portada Regional.
Diario El Pueblo.
Vicuñas el gran tesoro en las alturas
de Arequipa, recupera su fuerza. Foto Diario El Pueblo.
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16 de agosto de 2026 ESPECIALES PORTADA REGIONAL-
La recuperación de la vicuña en las
alturas del Perú tiene en Arequipa uno de sus principales escenarios. El más
reciente V Censo Nacional de Vicuñas confirma que esta especie emblemática de
los Andes atraviesa un momento favorable: su población en las áreas naturales
protegidas del país creció 41,2 % en apenas un año, al pasar de 28 mil 856
ejemplares en 2024 a 40 mil 738 en 2025.
El dato adquiere especial relevancia
para Arequipa porque la Reserva Nacional de Salinas y Aguada Blanca concentra
36 mil 219 vicuñas, equivalentes al 88,9 % de todos los ejemplares
contabilizados dentro de las áreas naturales protegidas del país. Es decir,
casi nueve de cada diez vicuñas registradas en estos espacios de conservación
se encuentran en este territorio altoandino compartido por Arequipa y parte de
Moquegua.
La cifra no solo representa un éxito para la conservación de una especie que durante décadas estuvo amenazada por la caza furtiva y la pérdida de su hábitat. También revela la importancia de los ecosistemas altoandinos de Arequipa y del trabajo que realizan guardaparques, comunidades campesinas y especialistas para proteger una especie cuya fibra es considerada una de las más finas y valiosas del mundo.
SALINAS Y AGUADA BLANCA.
La Reserva Nacional de Salinas y
Aguada Blanca es uno de los principales pulmones naturales de la región. Su
paisaje, dominado por
extensas pampas, bofedales, volcanes, lagunas y pastizales, constituye
un hábitat fundamental para la vicuña y otras especies propias de las
alturas.
La presencia de más de 36 mil vicuñas
convierte a esta reserva en un espacio estratégico para la conservación de la
fauna silvestre del Perú.
Allí, estos camélidos recorren grandes extensiones en busca de pastos,
enfrentando condiciones climáticas extremas, bajas temperaturas y
períodos de escasez de agua.
En este escenario, conservar a la
vicuña significa
también proteger los ecosistemas de los que depende. La
disponibilidad de agua y pastos resulta determinante para mantener poblaciones
saludables, especialmente frente a los períodos de déficit
hídrico que afectan cada vez con mayor frecuencia a las zonas
altoandinas.
Por ello, el Servicio Nacional de
Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) viene impulsando acciones para
mejorar las condiciones del hábitat. Entre ellas se encuentra la instalación
de micro represas con geomembrana y la ampliación de 32 cochas
destinadas a incrementar la disponibilidad de agua y favorecer la
recuperación de los pastizales.
Estas intervenciones tienen un impacto
que va más allá de la vicuña. El agua almacenada beneficia a todo el ecosistema y
contribuye a sostener a otras especies y a las propias comunidades que desarrollan
actividades productivas en las zonas de influencia de la reserva.
El paisaje de Salinas y Aguada Blanca resume buena parte de la riqueza
natural de las alturas arequipeñas. Las vicuñas comparten este territorio
con guanacos, tarucas, vizcachas y diversas especies de aves, en un ecosistema
donde cada elemento cumple una función. Por eso, la recuperación de
la vicuña también puede entenderse como un indicador de la importancia
de mantener saludables los pastizales, bofedales y fuentes de
agua.
VIGILANCIA COMIENZA EN EL CAMPO.
El crecimiento de la población también
plantea nuevos desafíos. Una mayor cantidad de animales exige fortalecer el monitoreo,
prevenir enfermedades y garantizar que el aprovechamiento de la fibra
se realice bajo criterios de sostenibilidad.
Uno de los principales riesgos
sanitarios es la sarna,
enfermedad que puede afectar seriamente a las vicuñas cuando no
es detectada y atendida oportunamente. Durante 2025 se reportaron
92 ejemplares afectados en las áreas naturales protegidas,
los cuales fueron atendidos mediante cercos sanitarios, tratamiento
especializado, alimentación y seguimiento hasta su recuperación.
En esta tarea los guardaparques cumplen una función fundamental.
Durante los tradicionales chaccus —actividades de
captura y esquila controlada de vicuñas— pueden identificar animales
con signos de enfermedad, separarlos y coordinar su atención.
El chaccu tiene además un significado que
trasciende la actividad productiva. Se trata de una práctica en la
que participan comunidades y autoridades para realizar la captura
temporal de los animales, esquilarlos de manera controlada y devolverlos
posteriormente a su hábitat. Bien ejecutado, permite aprovechar
la fibra sin sacrificar a la vicuña y convierte la conservación en una
actividad compatible con las necesidades económicas de las poblaciones
altoandinas.
El trabajo sanitario se desarrolla
además mediante la coordinación entre SERNANP, gobiernos regionales, el
Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) y el Servicio Nacional
de Sanidad Agraria (SENASA).
La articulación permite mejorar la capacidad de respuesta y
aplicar protocolos de atención en campo.
Una de las herramientas utilizadas procede de investigaciones
científicas desarrolladas en la Reserva Nacional Pampa Galeras Bárbara
D’Achille, en Ayacucho, otro de los territorios emblemáticos para la
recuperación de la vicuña en el Perú.
La vigilancia resulta particularmente
importante porque una
enfermedad puede propagarse rápidamente cuando existen concentraciones
importantes de animales. La detección temprana, el aislamiento de
ejemplares afectados y el seguimiento posterior constituyen, por
ello, una primera línea de defensa para preservar los avances
alcanzados.
CONSERVACIÓN Y DESARROLLO.
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La recuperación de la vicuña tiene
también una dimensión económica y social. La fibra de este camélido, conocida por su extraordinaria
finura, representa una oportunidad de generación de ingresos
para las comunidades altoandinas cuando su aprovechamiento se realiza
de manera legal, organizada y sostenible.
En Arequipa, esta relación entre conservación y
actividad comunal resulta especialmente importante. Las poblaciones
de vicuñas comparten territorio con familias dedicadas a actividades
tradicionales de las zonas altas, por lo que la protección de la especie
debe ir acompañada de alternativas que permitan mejorar las
condiciones de vida de la población.
El modelo de conservación busca
precisamente que las comunidades
sean parte activa de la protección. La vicuña deja así de ser
solamente una especie que debe ser vigilada y se convierte en un recurso
natural cuya permanencia puede contribuir al desarrollo de quienes viven
en su hábitat.
La experiencia demuestra que la
presencia del Estado, la vigilancia permanente y la participación de las
comunidades pueden
producir resultados concretos. El crecimiento registrado en el último
censo es una señal alentadora, pero también un compromiso para evitar
que enfermedades, caza furtiva, degradación de pastizales o escasez
de agua reviertan los avances alcanzados.
La historia de la vicuña en el Perú
demuestra que la
conservación no ha sido un proceso sencillo. Durante décadas, la especie
fue perseguida por el valor de su fibra y su población llegó a
niveles críticos. La protección de sus territorios, la creación de áreas
naturales protegidas y la participación de las comunidades permitieron
revertir progresivamente esa situación.
Hoy, el reto es diferente: no se trata únicamente de evitar
la desaparición, sino de garantizar que las poblaciones
puedan mantenerse saludables y que el aprovechamiento de sus recursos
no vuelva a ponerlas en riesgo.
PATRIMONIO DE LAS ALTURAS.
Para Arequipa, donde la Reserva
Nacional de Salinas y Aguada Blanca alberga la mayor concentración de vicuñas dentro de
las áreas naturales protegidas del país, la conservación de
este camélido representa además una responsabilidad regional.
La vicuña forma parte del paisaje y de
la identidad natural
de las provincias y distritos ubicados en las zonas altoandinas.
Su presencia acompaña al viajero en las extensas pampas y permite
observar, en estado silvestre, una especie que constituye uno
de los símbolos más reconocibles de la fauna peruana.
Pero también representa una
oportunidad para promover
una relación distinta entre conservación y turismo. Los
paisajes donde habita pueden convertirse en espacios para la
educación ambiental y el turismo de naturaleza, siempre bajo
condiciones que eviten alterar los ecosistemas y perturbar a los
animales.
En medio de un paisaje marcado por volcanes, pampas y nevados, la
vicuña forma parte de la identidad natural de las alturas
arequipeñas. Su recuperación confirma que la protección de la
biodiversidad puede convivir con el desarrollo rural y que el patrimonio
natural puede convertirse en una oportunidad para las futuras
generaciones.
El desafío ahora es consolidar lo
conseguido. Más agua para los pastizales, vigilancia sanitaria, control de la caza furtiva,
manejo responsable de la fibra y participación de las comunidades serán
claves para que las nuevas generaciones continúen encontrando en las alturas
de Arequipa el silencioso andar de miles de vicuñas.
También será necesario mantener una mirada permanente sobre el
cambio de las condiciones ambientales. La disponibilidad de agua, la
calidad de los pastizales y la conservación de los bofedales están estrechamente
relacionadas con la supervivencia de la fauna altoandina. Cuidar
a la vicuña implica, por tanto, cuidar el territorio que la sostiene.
El crecimiento poblacional registrado en el último censo ofrece una oportunidad
para reforzar esa tarea. Una población mayor significa también
una mayor responsabilidad para las instituciones y comunidades
encargadas de su protección
La cifra de 36 mil 219 ejemplares no es solamente un registro estadístico.
Es también la evidencia de que una especie que estuvo al borde de
la desaparición puede recuperar sus territorios cuando conservación,
ciencia y comunidad avanzan en una misma dirección.
Reserva Nacional de Salinas y Aguada
Blanca.
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Detrás de cada vicuña que corre por
las pampas de Salinas y Aguada Blanca existe un ecosistema que debe mantenerse
vivo y una historia de protección que todavía no termina.
El crecimiento de 41,2 % registrado en
las áreas naturales protegidas
demuestra que las medidas de conservación pueden dar resultados. Pero
las cifras también recuerdan que ningún logro está garantizado para
siempre.
En las alturas de Arequipa, donde el frío, el viento y la
inmensidad del paisaje acompañan el paso de estos animales, la vicuña
continúa representando mucho más que una especie protegida. Es
parte del patrimonio natural de la región y un símbolo de la capacidad
del país para recuperar aquello que alguna vez estuvo en peligro.
La tarea de las próximas décadas será conseguir que esa recuperación
sea sostenible. Que haya agua en las cochas y bofedales,
pastizales en condiciones adecuadas, vigilancia frente a las enfermedades
y comunidades comprometidas con su conservación.
Así, el silencioso andar de las
vicuñas podrá continuar formando parte del paisaje arequipeño. Y las nuevas generaciones
podrán mirar hacia las pampas y reconocer allí no solo una riqueza
natural, sino también el resultado de una historia en la que proteger la
naturaleza significó proteger una parte esencial de la identidad de
Arequipa.
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