lunes, 20 de abril de 2026

BARCELONA, ¿SALIDA DEL LABERINTO PARA EL PROGRESISMO?

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“Las claves de la crisis del progresismo quizá anidan en su propio origen: apareció como una «salida de emergencia» ante la crisis de los sistemas políticos vigentes, resultado del agotamiento del proyecto neoliberal y la impugnación planteada por la protesta popular.  Pero la ofensiva de la derecha no ha cesado: su meta es concretar un cambio cultural que rompa los valores progresistas y los lazos solidarios que se habían tejido durante cuatro lustros. Y para esta derecha del siglo XXI, el pensamiento crítico es un obstáculo para el progreso.

“La democracia representativa, la propiedad privada, la cultura eurocentrista, el sufragismo y los partidos políticos son algunas de las «verdades reveladas» que organizan nuestra vida institucional, nuestra democracia declarativa desde el siglo XIX. Pero, como señala Jorge Elbaum, la profundidad de la crisis actual cuestiona a la modernidad y al capitalismo porque ya no se trata de reformar al Estado sino de cambiar los paradigmas que hacen a su vigencia, existencia, constitución y organización, y ponerle freno a la ofensiva libertaria de las ultraderechas bien financiadas desde Washington y Europa, para imponer gobiernos que sean cómodos para EEUU, Trump y sus financistas, y su empeño por recuperar su patio trasero, con una versión siglo XXI de la doctrina Monroe de América para los (norte) americanos.

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Fuentes: Rebelión.

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BARCELONA,

¿SALIDA DEL LABERINTO PARA EL PROGRESISMO?

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Por Aram Aharonian | 20/04/2026 | Opinión

Fuentes.  Revista Rebelión lunes 21 de abril del 2026.

Hoy, en medio de una ofensiva a fondo –intelectual, mediática, militar- de la derecha más reaccionaria y dependiente, el progresismo (una parte de la izquierda) intenta salir su laberinto, rediseñando su discurso y sus formas de acción, cuando el espacio político fue ocupado por las fuerzas conservadoras, la economía consumista.

El progresismo se fue opacando en Latinoamérica, mérito de gobernantes que no lograron (o ni siquiera lo intentaron) realizar cambios en beneficio de las grandes mayorías.  A uno y otro lado del Atlántico, ultraderechistas libertarios -émulos de Donald Trump- ocupan cada vez más posiciones de poder desde las cuales empujan una agenda de barbarie, odio y prevalencia de la fuerza imperial sobre la razón popular. 


Presidenta de México, Claudia Sheinbaum llega a Barcelona, para participar en Cumbre del Progresismo. 
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En América Latina, el  auge de la ultraderecha calca los patrones de las dictaduras impuestas o patrocinadas por Washington durante la guerra fría: sumisión indisimulada a la Casa Blanca, entrega de los recursos naturales a los dueños de capitales extranjeros, establecimiento de estados policíacos con el pretexto de la seguridad, persecución de la disidencia, desmantelamiento sistemático de derechos sociales y remplazo efectivo de las democracias (por muy imperfectas que fueran) con oligarquías excluyentes y aporofóbicas, señala el diario mexicano La Jornada.  

Sea por convicción ideológica o por oportunismo electoral, las derechas tradicionales han depuesto las máscaras y renunciado al liberalismo formal para mimetizarse con las fuerzas neofascistas del trumpismo.

Hoy, tras medio siglo de neoliberalismo –con los algunos interregnos progresistas-  los medios hegemónicos han instalado un sentido común que estigmatiza como “populista” o “radical” cualquier intento de hacer valer la provisión del acceso a la atención médica, a la educación, a la vivienda o al trabajo digno, cercenando las libertades para dedicar sus esfuerzos y poderío a  la libre circulación de los capitales y reprimir la protesta contra las injusticias sociales generadas por el modelo económico.

El progresismo hoy se manifiesta en la lucha contra la ultraderecha. Encuentros como la Global Progressive Mobilisation en Barcelona reúnen a líderes progresistas de 40 países para abogar por la paz, la igualdad y la protección de los derechos humanos, en un espacio para discutir y debatir –entre ellos- los desafíos comunes y para unir fuerzas en defensa de la democracia y la justicia social.


 Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, a su llegada a Barcelona "dio vida, solidaridad y Confianza" a la Democracia. El Pueblo la recibió como realmente merece una de las grandes Lideres Políticas del siglo XXI.

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En Barcelona, los oradores coincidieron en la necesidad de regularizar la tecnología, establecer un impuesto a los superricos, materializar la transición hacia energías limpias y renovar el funcionamiento de Naciones Unidas. Sin estar siquiera presente, Trump fue el protagonista de la cumbre progresista. Pocos se atrevieron a mencionarlo por su nombre, las críticas a la guerra en Irán y el respaldo al multilateralismo surgieron como una antítesis de sus políticas.

Michelle Bachelet (quien teme enfrentarse a EEUU en su carrera hacia al Secretaría General de Naciones Unidas), el alcalde de Nueva York Zohran Mamdani, y los políticos estadounidenses Bernie Sanders y Hillary Clinton ofrecieron discursos pregrabados, en los que resaltaron 

«la no intervención, la solución pacífica de controversias, la igualdad jurídica de los estados, la necesidad de la cooperación internacional para el desarrollo y la lucha permanente por la paz».

Chris Murphy, senador demócrata de Connecticut, definió a Trump como

«la mayor amenaza a la democracia desde la guerra civil», ya que, a su juicio, se ha «apoderado de los medios de comunicación, los tribunales y ha silenciado a la oposición».

Sin dudas, Claudia Sheinbaum, Pedro Sánchez, Luiz Inácio Lula da Silva y Gustavo Petro encabezan gobiernos que han reducido la pobreza, integrado a la sociedad a cientos de miles de migrantes, apostado por la paz, protegido la soberanía frente a los amagos del trumpismo, trabajado a favor de las mayorías. 

Más allá de las críticas puntuales, demuestran que es posible y necesario poner los cimientos de un mundo cuando los tanques de la batalla cultural que sugieren que no hay alternativas al predominio de la codicia, el egoísmo, la desigualdad extrema y la ley de la selva en las relaciones intra e internacionales.



Un comunicado conjunto de México, Brasil y España condena cualquier tipo de intervención militar en Cuba, por la

“necesidad de respetar en todo momento el derecho internacional y los principios de integridad territorial, igualdad soberana y arreglo pacífico de las controversias” y su compromiso de “incrementar de manera coordinada la respuesta humanitaria dirigida a aliviar el sufrimiento del pueblo cubano”. La defensa de la libertad de Cuba ante el asedio imperialista fue y sigue siendo una bandera irrenunciable de todos los pueblos que luchan por un mundo de iguales.

Si a principios de siglo se registraba un vacío en el espacio político, ocupado por fuerzas conservadoras, hoy pareciera que la población joven, influenciada por la economía de consumo y las redes sociales, ha perdido referentes políticos que defiendan el Estado, las políticas redistributivas, el desarrollo humano, el medio ambiente y los DDHH de las minorías. Algunos de los gobiernos progresistas surgidos en la región latinoamericana se dedicaron más a defender lo logrado que a profundizar los cambios y sembrar futuro.

Entonces, la propuesta era un modelo de desarrollo solidario, levantado sobre seis ejes, que proponía la superación de la desigualdad social, la búsqueda de valor, una nueva política económica, la transición ecológica, la integración como construcción de la región y una nueva institucionalidad democrática, un rol activo del Estado, reformas tributarias, salud universal y luchar contra el calentamiento global.

Uno de los fracasos de cierto progresismo –el importado desde la socialdemocracia europea- es haber operado con diagnósticos del siglo XX en sociedades que sufrieron cambios radicales, lo que ha llevado a una defensa acrítica del Estado, sin discutir qué tipo de Estado se necesita para enfrentar las crisis actuales. Lo triste es que aquella esperanza del surgimiento de un proyecto progresista devino en fracaso parcial, con una profunda crisis de proyecto político y una deriva hacia el conservadurismo.

Había para políticos profesionales y empresarios alentados desde Europa y Washington, un modelo progresista latinoamericano a cooptar, capturar, aniquilar. Y es, precisamente, una tarea que está finiquitando Trump, con su ataque a Caracas y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, con el bloqueo y la amenaza bélica contra Cuba, con el financiamiento a candidatos presidenciales de ultraderecha en la región, ávidos de sacarse una foto con él en Mar-a-Lago.

Hay que reconocer la debilidad gubernativa de casi todos los últimos gobiernos progresistas que dejaron a sus países con un mínimo de crecimiento económico y con altos índices de inconformidad social. Con mandatarios que se impusieron en elecciones, pero muy rápidamente perdieron apoyo popular en el poder. Con rotundos fracasos como el de Alberto Fernández en Argentina o Gabriel Boric en Chile, «embajadores» del progresismo, que dejaron el paso libre para ultraconservadores como Javier Milei y José Antonio Kast.

Algo ha cambiado en los últimos dos años. La nueva doctrina de seguridad estratégica de los EE. UU. radicaliza el injerencismo político y el intervencionismo militar sobre lo que Washington caracteriza despectivamente como su «patio trasero». El terrorismo mediático, por su parte, ha propiciado un clima funcional a las ultraderechas regionales que renovaron su confianza en los mercados a partir del despliegue de tropas en el Caribe y la ampulosidad cortoplacista de Trump.


Las claves de la crisis del progresismo quizá anidan en su propio origen: apareció como una «salida de emergencia» ante la crisis de los sistemas políticos vigentes, resultado del agotamiento del proyecto neoliberal y la impugnación planteada por la protesta popular.  Pero la ofensiva de la derecha no ha cesado: su meta es concretar un cambio cultural que rompa los valores progresistas y los lazos solidarios que se habían tejido durante cuatro lustros. Y para esta derecha del siglo XXI, el pensamiento crítico es un obstáculo para el progreso.

La democracia representativa, la propiedad privada, la cultura eurocentrista, el sufragismo y los partidos políticos son algunas de las «verdades reveladas» que organizan nuestra vida institucional, nuestra democracia declarativa desde el siglo XIX. Pero, como señala Jorge Elbaum, la profundidad de la crisis actual cuestiona a la modernidad y al capitalismo porque ya no se trata de reformar al Estado sino de cambiar los paradigmas que hacen a su vigencia, existencia, constitución y organización, y ponerle freno a la ofensiva libertaria de las ultraderechas bien financiadas desde Washington y Europa, para imponer gobiernos que sean cómodos para EEUU, Trump y sus financistas, y su empeño por recuperar su patio trasero, con una versión siglo XXI de la doctrina Monroe de América para los (norte) americanos.

Decía el poeta español León Felipe:

¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra / al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha? / Los mismos hombres, las mismas guerras, los mismos tiranos, / las mismas cadenas, los mismos farsantes, las mismas sectas. /

¡y los mismos, los mismos poetas! ¡Qué pena, que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!

Aram Aharonian: Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

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domingo, 19 de abril de 2026

¿CÓMO SE EXTERMINA UNA CIVILIZACIÓN?

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“Todos estos fracasos han enturbiado aún más la razón de la administración Trump, llevándola ahora a ensayar una concepción racial del poder. Apoyándose en Huntington -para quien el Estado es solo un vehículo de una unidad más elevada llamada “civilización” compuesta por la religión, la historia compartida, las costumbres, autoidentificación e idioma- y cuya superioridad frente a otras se mide en la “aplicación de la violencia organizada” (El choque de civilizaciones, pág. 58), concluyeron que para terminar con el “régimen” de gobierno iraní había que arrasar la “civilización” iraní. Y eso es lo que han anunciado Pero ¿cómo se aniquila “en una noche” la cultura, la historia, la forma de vida las instituciones y la religión de 90 millones de personas? Las formas tradicionales de colonialismo de catequesis y aculturación requieren décadas o siglos. Matarlos en campos de concentración llevaría años. Hacer desaparecer una civilización en una noche requiere inevitablemente una “solución final” atómica. Esa es la amenaza subyacente.

“Finalmente, el mismo 7 de abril, Trump anunció una tregua de dos semanas. Las acciones de Wall Street volvieron a subir, la llegada del Armagedón se guardó en el cajón y la tolerancia global a la barbarie, se escondió detrás de un hipócrita silencio. Pero, como en 1943, el mundo de lo “normalizado” ya se desplazó aún más hacia el abismo. Se dice que Trump, sus palabras y acciones, no serán duraderas y muestran la decadencia de un imperio y del viejo orden mundial. Si, pero también deben ser vistas como el temible estremecimiento del inicio de uno nuevo. Como nos lo recuerda Hegel, la historia siempre avanza a tropezones del lado malo de las pasiones y deseos egoístas. Por eso Trump es la mismísima personificación del tiempo liminal.

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(AFP/Getty Images via AFP)

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¿CÓMO SE EXTERMINA UNA CIVILIZACIÓN?

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Por Álvaro García Linera.

Sociólogo, UNAM, México. Docente Universitario.

Universidad Mayor de San Andrés. UMSA. Bolivia.

Otorgaron Varios Doctorados Honoris Causa.

Exvicepresidente de Bolivia- del MAS.

Fuente- Página /12 domingo 20 de abril del 2026.

El 7 de abril en su red social Truth, el presidente Trump sentenció a Irán: “Esta noche una civilización entera desaparecerá”.

Lo aterrador no es solo la intención de un presidente de una potencia nuclear de prepararse para exterminar a toda “una civilización”, sino también el silencio y morbo con el que esta monstruosa declaración ha sido recibida por la “opinión pública” dominante en el mundo entero.

Pocos se horrorizaron ante la amenaza pública y oficial de asesinar a millones de personas -niños, adultos, ancianos- y devastar su cultura, su historia, su religiosidad, su economía, su geografía, sus instituciones y su descendencia, pues todo eso es una “civilización”. Unos corrieron a ver cuánto había afectado ese ultimátum al precio internacional del petróleo y el gas que consumen en sus países. Otros, con indiferencia desplazaron el dedo de la pantalla del celular para ver un video más jocoso, en tanto una gran cantidad de psicópatas con poder colocaron el cronómetro para contabilizar el tiempo que restaba para presenciar el nuevo espectáculo: ver a Trump recular épicamente, o contemplar en vivo la apocalíptica extinción de una nación de 90 millones de personas. Les daba igual que fuese una u otra.

Si alguien se pregunta cómo fue posible que mientras que en 1944 en Auschwitz se cremaba una civilización y en la costa báltica las clases medias alemanas disfrutaban con desbordante alegría el caluroso verano, no tienen más que ver la displicente parsimonia de los actuales gobernantes de la mayoría de los países del mundo, y de sus representantes letrados, ante el genocidio en Gaza o las estridentes intimidaciones del presidente estadounidense.

La comparación no es forzada. En 1943, el jefe supremo de las SS A. Himmler, en un discurso en Polonia, trazó la forma operativa del “exterminio del pueblo judío” (yadvashem. org). Sustituyan la palabra pueblo por civilización y tendrán la misma sentencia genocida que hoy se ha lanzado sobre Irán. Con la diferencia de que Himmler señaló que de ello “no se hablaría en público”. En cambio, hoy se lo hace a través de todos los medios de comunicación.



Este desplazamiento de la frontera de lo normalizado públicamente, de lo indiferente o risible para los parámetros morales del votante, es llamativo. No tiene que ver únicamente con la cualidad personal de los presidentes que monopolizan la fuerza performativa del lenguaje oficial. Es, también, una predisposición social a lo impensable y a la abominación, propias de aquellos tiempos de colapso del sistema de creencias prevaleciente y la ausencia, temporal, de uno nuevo.

Pero ¿cómo pasó el presidente Trump de planificar la decapitación de los líderes de un país soberano a anunciar el posible exterminio de una nación? Se puede decir que, en menos de un mes, Trump y el gabinete que lo acompaña pasaron por tres concepciones del Estado, todas ellas fallidas a la hora de instrumentalizarlas para sus expectativas.

La primera, más cercana al absolutismo monárquico, que identifica el régimen de gobierno de un país con la persona del soberano. En este caso, decapitar al gobernante es descabezar la cohesión política de la sociedad, lo que la convierte en un conglomerado de personas derrotadas y sumisas hacia el soberano externo que detenta la capacidad de definir la vida, o la muerte, de cualquier otra persona del país. Por ello, matar al líder supremo iraní -Ali Jamanei-fue el principal objetivo del bombardeo norteamericano sobre Irán.

El éxito de este objetivo fue espectacular. Trump anuncia operaciones militares el 28 de febrero y el 1 de marzo, se confirma la muerte del líder iraní. Pero, contra todo lo esperado, el gobierno no cayó ni el pueblo iraní salió jubiloso a las calles para ondear banderas norteamericanas. Se suponía que muerto el líder, el gobierno se paralizaría y la sociedad iraní, que semanas atrás había salido a protestar contra el gobierno por la inflación y el colapso de los ingresos económicos, celebraría la muerte del gobernante. Pero nada de eso sucedió. La sociedad iraní se contrajo en un luto generalizado.



Fracasada la interpretación absolutista del cuerpo gubernamental, se pasó inmediatamente a una concepción weberiana del Estado. Según esta concepción, el Estado es el monopolio de la coerción por lo que, terminar con ese monopolio externamente, se presentó como la manera de colapsar cualquier tipo de gobierno e, incluso, de aniquilar la represiva maquinaria que supuestamente “impide” a los iraníes festejar la “liberación” estadounidense.

De esta forma, en los siguientes días aviones y misiles de EE. UU. e Israel acabaron con la aviación, la flota naval y los puestos de mando del ejército de Irán. Además, asesinaron a los mandos políticos y militares de la Guardia Revolucionaria Islámica, del Estado Mayor, de las milicias y a varios ministros. Pero, tampoco así el gobierno islámico cayó, ni se rindió y mucho menos desapareció.

Al contrario, en una sorprendente lógica descentralizada y diluida en la población, propia de las guerras de guerrillas -solo que ahora con drones, barcazas rápidas y RPG- los iraníes han neutralizado las sofisticadas baterías de defensa aérea de EE. UU. e Israel desplegadas en medio oriente. Han dañado y obligado a evacuar las 13 bases militares norteamericanas del golfo Pérsico llevando a los 40 000 militares allí asentados a trabajar en hoteles civiles o en las bases de Alemania e Italia (Wall Street Journal, 8 de abril).

Ese error de concepción le ha resultado muy caro a la administración de Trump. Para fines de marzo, el Financial Times calcula un costo de cerca de 30.000 millones de dólares, sin que se haya podido cambiar al “régimen” y controlar el estrecho de Ormuz. Luego está, la disparada del precio del petróleo que contraerá el crecimiento de la economía global. Y, en lo interno, el escandaloso incremento del precio de la gasolina en un 30 %, que ciertamente cobrará su factura política en las elecciones parlamentarias de noviembre.

Todos estos fracasos han enturbiado aún más la razón de la administración Trump, llevándola ahora a ensayar una concepción racial del poder. Apoyándose en Huntington -para quien el Estado es solo un vehículo de una unidad más elevada llamada “civilización” compuesta por la religión, la historia compartida, las costumbres, autoidentificación e idioma- y cuya superioridad frente a otras se mide en la “aplicación de la violencia organizada” (El choque de civilizaciones, pág. 58), concluyeron que para terminar con el “régimen” de gobierno iraní había que arrasar la “civilización” iraní. Y eso es lo que han anunciado



Pero ¿cómo se aniquila “en una noche” la cultura, la historia, la forma de vida las instituciones y la religión de 90 millones de personas? Las formas tradicionales de colonialismo de catequesis y aculturación requieren décadas o siglos. Matarlos en campos de concentración llevaría años. Hacer desaparecer una civilización en una noche requiere inevitablemente una “solución final” atómica. Esa es la amenaza subyacente.

Finalmente, el mismo 7 de abril, Trump anunció una tregua de dos semanas. Las acciones de Wall Street volvieron a subir, la llegada del Armagedón se guardó en el cajón y la tolerancia global a la barbarie, se escondió detrás de un hipócrita silencio. Pero, como en 1943, el mundo de lo “normalizado” ya se desplazó aún más hacia el abismo.

Se dice que Trump, sus palabras y acciones, no serán duraderas y muestran la decadencia de un imperio y del viejo orden mundial. Si, pero también deben ser vistas como el temible estremecimiento del inicio de uno nuevo. Como nos lo recuerda Hegel, la historia siempre avanza a tropezones del lado malo de las pasiones y deseos egoístas. Por eso Trump es la mismísima personificación del tiempo liminal.

Artículo publicado en simultáneo con Diario Red de España.

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sábado, 18 de abril de 2026

COMENZÓ LA CUMBRE PROGRESISTA MUNDIAL ORGANIZADA POR EL PRESIDENTE DE ESPAÑA, PEDRO SÁNCHEZ. En Barcelona también se habló de la libertad de CFK.

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“No hay fotografías de Donald Trump, pero sí de Javier Milei. Uno de los espacios dedicados al derecho a la educación le presta especial atención: el presidente argentino aparece con su característica motosierra en una imagen colocada en el stand. Debajo se lee: “¡Muerte al socialismo! —la consigna de Javier Milei— no es un simple exabrupto, sino un síntoma de la mutación de la política en un relato épico. El populismo sustituye la deliberación por el combate, convierte a las ideas en enemigos existenciales y desplaza la negociación por la confrontación. Cuando este marco coloniza la educación, el aula deja de ser un espacio de pensamiento crítico para convertirse en un escenario de guerra cultural. La respuesta no puede ser solo normativa, sino pedagógica: formar ciudadanos capaces de habitar el disenso, sostener el pluralismo y defender las instituciones democráticas frente a la lógica de aniquilación del adversario”.

“Adriana Hest, politóloga e influencer española, es una de las voces presentes en la primera mesa panel, titulada “Autoritarismo, negacionismo y desafíos del futuro”. Hest ha escrito libros y convoca frecuentemente a las juventudes progresistas a pronunciarse contra los fascismos desde sus redes sociales. “Animo a que se expresen porque hay que estar en acción”, dijo, y agregó: “El concepto de polarización hay que dejar de usarlo porque es de ultraderecha; nosotros no estamos polarizando, estamos compartiendo y discutiendo”. En otras mesas también se planteó la necesidad de dejar de hablar de polarización y atribuir ese término exclusivamente a los conservadurismos, como forma de simplificar las discusiones.

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COMENZÓ LA CUMBRE PROGRESISTA MUNDIAL ORGANIZADA POR EL PRESIDENTE DE ESPAÑA, PEDRO SÁNCHEZ.

En Barcelona también se habló de la libertad de CFK.

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La mexicana Claudia Sheinbaum posó con un cartel de “Cristina Libre”. Axel Kicillof se reunió Gustavo Petro, quien dijo que el gobernador “posiblemente será presidente de Argentina para sacarla de su colapso”.

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Por Nicolás Adet  Larcher.

Fuente. Página /12 sábado 18 de abril del 2026.

Desde Barcelona

La Global Progressive Mobilisation abrió ayer sus puertas en la Fira de Barcelona para reunir a todo el progresismo del mundo. El congreso impulsado por el presidente de España, Pedro Sánchez, reúne durante dos días a mandatarios, funcionarios, militantes, periodistas, influencers y representantes de partidos y organizaciones de más de 20 países para debatir alternativas frente al avance de la ultraderecha. En el encuentro, estuvo presente el reclamo por la injusta detención de Cristina Kirchner y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, volvió a expresarse contra la condena.

En la primera jornada del Congreso, el pedido por la libertad de la expresidenta argentina tuvo eco. Fue con un gesto de la mandataria mexicana, quien accedió a tomarse una foto con la imagen de CFK en uno de los pasillos de la cumbre mundial. Sheinbaum ya se había pronunciado sobre la condena y detención de Cristina el año pasado durante las ya clásicas conferencias de prensa mañaneras. “Toda nuestra solidaridad con Cristina Kirchner”, había expresado.

Sheinbaum (Capturas de Video).

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En el encuentro participa una delegación argentina encabezada por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, el senador Eduardo “Wado” de Pedro y los diputados Nicolás Trotta, Jorge Taiana y Lucía Cámpora.

Kicillof mantuvo una agenda cargada en las últimas horas. Presentó su libro De Smith a Keynes. Siete lecciones de historia del pensamiento económico en el Ateneo de Madrid y afirmó que

“la idea de que el mercado y el capitalismo pueden funcionar sin Estado es una enorme estafa; en Argentina lo vemos claramente: el Estado está presente, pero para garantizar la rentabilidad del negocio financiero y privilegiar a los grupos concentrados”.

Por la mañana, ya en Barcelona, se reunió con Jaume Collboni -alcalde de la ciudad- para trazar líneas de cooperación conjunta. Después visitó la Biblioteca Gabriel García Márquez, una de las bibliotecas públicas más prestigiosas del mundo y conversó con el músico, Joan Manuel Serrat. Más tarde mantuvo encuentros con el expresidente de Chile Gabriel Boric y el actual mandatario colombiano, Gustavo Petro. Fue el propio Petro quien luego de la reunión escribió en sus redes que Kicillof “posiblemente será presidente de Argentina para sacarla de su colapso”. Y agregó:

“La unidad del progresismo argentino es fundamental para el mundo”.

La diputada nacional Lucía Cámpora lleva un pin en su saco que dice “Cristina libre” y habla frente a un micrófono rojo sobre la situación de Argentina. Llegó a Barcelona en la misma comitiva que Kicillof, Eduardo “Wado” de Pedro, Nicolás Trotta y otros legisladores de Unión por la Patria. Consultada por Página/12 sobre la importancia del congreso, destacó que es

“fundamental construir una agenda común entre los progresismos, compartir miradas y desarrollar líneas de acción colectivas. Las derechas se articulan de manera cohesionada, y lo hemos visto en América Latina cuando, tras la década ganada, hubo persecuciones políticas instrumentadas desde el poder judicial en Argentina, Brasil y Ecuador”.


Respecto al acceso de las ultraderechas al poder, Cámpora señaló que

“las fórmulas se desmantelan cuando llegan a los gobiernos: ganan elecciones, pero al momento de gobernar las condiciones de vida no mejoran”. En ese sentido, advirtió que “cada vez más personas duermen en la calle y más familias están endeudadas. Si las condiciones materiales no mejoran, se agotan las esperanzas. Quienes votaron con ilusión no tienen que desencantarse de la política: pueden encontrar en otras experiencias o movimientos un camino para reconstruir sus vidas y para reconstruir nuestro país”.

Por su parte, el senador De Pedro reiteró el pedido por la titular del PJ.

“Hoy tenemos a la principal dirigente de la oposición, Cristina Fernández de Kirchner, encarcelada injustamente y proscripta”. Además, remarcó que “la experiencia de Luiz Inácio Lula da Silva demuestra lo que significan el lawfare y la persecución judicial en la región”,

El Congreso.

Las comitivas japonesas se desplazan en bloques por los pasillos; también se cruzan sudafricanos, alemanes, colombianos, mexicanos, ingleses. “Zona Roja”, el stream oficial del Partido Socialista español, ocupa una buena porción del salón y transmite en vivo todo el cronograma desde una cabina iluminada. La historia del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), creado en 1879, está presente en cada uno de los stands, con una amplia participación de la Fundación Pablo Iglesias Posse, institución creada en homenaje al fundador del partido. El merchandising socialista también se comercializa en el Congreso: pines, gorras, remeras, carteras y libros, que se distribuyen por todo el recinto.

No hay fotografías de Donald Trump, pero sí de Javier Milei. Uno de los espacios dedicados al derecho a la educación le presta especial atención: el presidente argentino aparece con su característica motosierra en una imagen colocada en el stand. Debajo se lee:

“¡Muerte al socialismo! —la consigna de Javier Milei— no es un simple exabrupto, sino un síntoma de la mutación de la política en un relato épico. El populismo sustituye la deliberación por el combate, convierte a las ideas en enemigos existenciales y desplaza la negociación por la confrontación. Cuando este marco coloniza la educación, el aula deja de ser un espacio de pensamiento crítico para convertirse en un escenario de guerra cultural. La respuesta no puede ser solo normativa, sino pedagógica: formar ciudadanos capaces de habitar el disenso, sostener el pluralismo y defender las instituciones democráticas frente a la lógica de aniquilación del adversario”.



Adriana Hest, politóloga e influencer española, es una de las voces presentes en la primera mesa panel, titulada

“Autoritarismo, negacionismo y desafíos del futuro”. Hest ha escrito libros y convoca frecuentemente a las juventudes progresistas a pronunciarse contra los fascismos desde sus redes sociales. “Animo a que se expresen porque hay que estar en acción”, dijo, y agregó: “El concepto de polarización hay que dejar de usarlo porque es de ultraderecha; nosotros no estamos polarizando, estamos compartiendo y discutiendo”. En otras mesas también se planteó la necesidad de dejar de hablar de polarización y atribuir ese término exclusivamente a los conservadurismos, como forma de simplificar las discusiones.

Cerca de esa imagen aparece un banner con los rostros de Mark Zuckerberg (Meta), Jeff Bezos (Amazon), Elon Musk (X) y Sundar Pichai (Google). La foto fue tomada durante la asunción de Donald Trump y se presenta como una muestra del alineamiento del corporativismo de Silicon Valley con el proyecto político de MAGA (“Make America Great Again”). Al otro lado del salón, la Gates Foundation, de Melinda y Bill Gates, auspicia una de las charlas.

Ana María Archila, colombiana radicada en Nueva York desde los 17 años, está actualmente al frente de la Oficina de Asuntos Internacionales de la ciudad, dentro del gobierno del flamante alcalde Zohran Mamdani.

“Pasé mucho tiempo sintiéndome desorientada; solo cuando me encontré dentro del movimiento de inmigrantes sentí que pertenecía a ese país. Fue por la lucha de mis derechos”, afirmó en una mesa panel compartida con el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero. También sostuvo que “no es posible pensar en un cambio sin modificar la acumulación de la riqueza en manos de los más ricos”.

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viernes, 17 de abril de 2026

CHINA Y LA DESDOLARIZACION.

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“Los costos de cada sistema de pago. Más allá de la política o la estrategia, el ahorro económico está impulsando este cambio en los sistemas de pago. Realizar una transferencia internacional de gran volumen a través del sistema tradicional puede implicar costes elevados, en gran parte por los intermediarios y el tipo de cambio. En muchos casos, estos costes pueden superar los diez mil dólares en una operación de un millón. En cambio, utilizar yuanes a través de CIPS reduce de forma significativa ese coste. La diferencia puede situarse entre aproximadamente la mitad y dos tercios menos. Además, el tiempo de ejecución es mucho menor, pasando de varios días a menos de 24 horas. Para empresas que operan con grandes volúmenes, esta diferencia es determinante y afecta a la eficiencia operativa. El uso del yuan en las transacciones internacionales está ganando velocidad apoyado en un soporte económico real, en infraestructuras propias y en una red de socios cada vez más amplia. Este impulso no es coyuntural y responde a una lógica estructural en la que el peso financiero de una moneda tiende a reflejar el tamaño de la economía que la respalda. En ese contexto, resulta razonable pensar que la expansión del yuan continuará hasta acercarse al lugar que ocupa China en la economía mundial.

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Fuentes: Rebelión [Imagen: El Banco Popular de China]

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CHINA Y LA DESDOLARIZACIÓN.

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Por Pedro Barragán | 17/04/2026 | Economía

Fuentes. Revista Rebelión viernes 17 de abril del 2026.

Durante años, la expansión del yuan fuera de China se ha desarrollado dentro de un proceso lento y con muchas limitaciones. Sin embargo, desde 2023 y especialmente entre 2025 y 2026, ese panorama ha cambiado de forma notable. Lo que antes parecía una estrategia lenta y con mucha cautela se ha convertido en un avance del yuan decidido, coordinado y mucho más dinámico de lo que han podido anticipar muchos analistas en Europa y Estados Unidos.

Hoy, el yuan está ganando terreno en ámbitos clave del sistema financiero global y lo está haciendo con herramientas propias que están alterando el funcionamiento tradicional de los pagos internacionales.



Un cambio claro en la estrategia china.

La posición oficial de Pekín ha evolucionado. El Banco Popular de China y el XV Plan Quinquenal para el periodo 2026 a 2030 están marcando una hoja de ruta mucho más ambiciosa. El objetivo es avanzar hacia un sistema monetario donde el peso del yuan se vaya adecuando al de la economía china.

Esta nueva fase se apoya en varias líneas de actuación. Una de las más relevantes es el impulso del yuan digital o e-CNY, que desde enero de 2026 funciona también como un depósito digital con intereses y se está promoviendo activamente para operaciones internacionales. Esto permite realizar transacciones sin depender de infraestructuras financieras dominadas por países occidentales.

Al mismo tiempo, China está reforzando su propia red de pagos. El sistema CIPS (Sistema de Pago Interbancario y Transfronterizo -del inglés Cross-border Interbank Payment System-) sigue ampliando su alcance, con más bancos conectados fuera del país. También se incentiva el uso del yuan en el comercio de materias primas y en acuerdos con socios estratégicos, especialmente dentro de los BRICS y la iniciativa de la Franja y la Ruta.

En paralelo, se están facilitando las inversiones en yuanes mediante instrumentos como los llamados Bonos Panda (Títulos de deuda en yuanes emitidos por entidades extranjeras) y reformas para atraer capital extranjero. Todo ello acompañado de una política de estabilidad cambiaria para evitar fluctuaciones bruscas que desincentiven su uso.


El verdadero avance en el comercio internacional.

Si se observan los datos más conocidos como los de SWIFT, el papel del yuan puede parecer limitado. Su cuota ronda el 2,7 por ciento y ocupa la sexta posición global.

Pero esa imagen no refleja lo que está ocurriendo en la economía real

Recordemos que SWIFT es la principal red global de mensajería financiera, estrechamente vinculada al predominio del dólar y utilizada en la práctica como herramienta clave dentro de las políticas de sanciones impulsadas por las economías occidentales.

Volviendo al yuan, su crecimiento más significativo se está produciendo en la financiación del comercio internacional. En este ámbito ya es la segunda moneda más utilizada del mundo, con una cuota cercana al 8,5 por ciento a comienzos de 2026. Ha superado claramente al euro, aunque todavía se encuentra muy lejos del dólar, que domina con más del 80 por ciento.

Este dato es importante porque el comercio es el núcleo de la actividad económica global. China, como gran potencia exportadora, está utilizando su peso para fomentar el uso de su moneda en transacciones clave.

Además, el ritmo de crecimiento ha sido muy rápido. En pocos años, el yuan ha pasado de cifras marginales a ocupar una posición destacada. Esa aceleración es lo que ha sorprendido a muchos observadores.



Dos sistemas de pagos que conviven y compiten.

Para entender bien lo que está ocurriendo, es clave comparar directamente las dos infraestructuras principales de pagos internacionales.

SWIFT sigue siendo la red dominante a escala global, mientras que CIPS es el sistema impulsado por China para operar en yuanes. La diferencia de escala sigue siendo enorme, pero el ritmo de crecimiento de CIPS es claramente superior.

En términos de volumen, SWIFT procesa entre 15.000 y 18.000 millones de mensajes al año, frente a unos 7 a 8 millones de transacciones en CIPS. Sin embargo, el valor total liquidado reduce mucho esa distancia, con un promedio diario en SWIFT que mueve aproximadamente entre 400.000 y 500.000 millones de dólares, mientras que CIPS se sitúa entre 100.000 y 120.000 millones equivalentes. Mientras a nivel de mensajes SWIFT mueve dos mil veces más transacciones que CIPS, a nivel económico esta diferencia se reduce a tan solo cuatro veces.

Estos datos muestran una diferencia estructural importante. SWIFT funciona como una red de mensajería global que incluye todo tipo de pagos, desde operaciones pequeñas hasta grandes transferencias. CIPS, en cambio, se concentra en operaciones de alto valor, especialmente en sectores como energía, materias primas e infraestructuras.

Por eso, aunque el número de operaciones es mucho menor, el peso económico de cada transacción es significativamente mayor.



Más allá de los datos tradicionales.

Uno de los errores habituales al analizar este fenómeno es centrarse únicamente en SWIFT, porque, aunque esta red tiene un papel central, no recoge toda la actividad.

Una parte creciente de los pagos en yuanes no pasa por ese sistema. Se realiza a través de CIPS, acuerdos bilaterales o sistemas internos de grandes bancos. También empieza a influir el uso del yuan digital, que permite transferencias directas sin intermediarios.

Cuando se tienen en cuenta todos estos canales, la imagen cambia de forma clara. El yuan podría representar aproximadamente el 6 por ciento de los pagos internacionales, situándose entre las principales monedas del sistema global.

Expansión geográfica.

El uso del yuan se está extendiendo en distintas regiones. Rusia es uno de los casos más visibles, en parte por las restricciones que limitan su acceso a sistemas tradicionales. Pero no es el único.

En los países BRICS como Brasil o India se está incrementando su uso en el comercio bilateral. En Oriente Medio, algunos productores de energía ya lo utilizan en determinadas operaciones. En el sudeste asiático, su adopción crece de forma natural por la intensidad de los intercambios con China.

Europa también participa, con bancos en centros financieros relevantes que operan como intermediarios en yuanes. En América Latina, varios países están explorando su uso como forma de reducir presión sobre sus reservas en dólares.


Los costos de cada sistema de pago.

Más allá de la política o la estrategia, el ahorro económico está impulsando este cambio en los sistemas de pago.

Realizar una transferencia internacional de gran volumen a través del sistema tradicional puede implicar costes elevados, en gran parte por los intermediarios y el tipo de cambio. En muchos casos, estos costes pueden superar los diez mil dólares en una operación de un millón.

En cambio, utilizar yuanes a través de CIPS reduce de forma significativa ese coste. La diferencia puede situarse entre aproximadamente la mitad y dos tercios menos. Además, el tiempo de ejecución es mucho menor, pasando de varios días a menos de 24 horas.

Para empresas que operan con grandes volúmenes, esta diferencia es determinante y afecta a la eficiencia operativa.

El uso del yuan en las transacciones internacionales está ganando velocidad apoyado en un soporte económico real, en infraestructuras propias y en una red de socios cada vez más amplia. Este impulso no es coyuntural y responde a una lógica estructural en la que el peso financiero de una moneda tiende a reflejar el tamaño de la economía que la respalda. En ese contexto, resulta razonable pensar que la expansión del yuan continuará hasta acercarse al lugar que ocupa China en la economía mundial.

Pedro Barragán. Economista, asesor de la Fundación Cátedra China y autor del libro “Por qué China está ganando”

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