jueves, 5 de noviembre de 2026

DEMOCRACIAS CONTROLADAS, DICTADURAS PARTICIPATIVAS.

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"La verdadera batalla de 2028 no será entre demócratas y republicanos, sino dentro del Partido Demócrata. El aparato y sus donantes intentarán lo de siempre con los rebeldes: absorberlos, domesticarlos o financiar a sus rivales en las primarias. Del otro lado, el vicepresidente JD Vance (un candidato fabricado por Silicon Valley, con una biografía ficticia) o el secretario Marco Rubio (con su historial de ejecuciones sumarias en el Caribe y de niños muertos en los hospitales de Cuba), tendrán que vender otra versión de Make America Great Again, un dogma que no resiste ninguna rendición de cuentas. "El problema central no es un presidente ni un partido, sino una estructura que concentra la riqueza a un ritmo sin precedentes y la convierte en medios, plataformas, campañas y leyes. La redistribución, demonizada como socialismo, es lo que menos se discute. Algunas elecciones se pueden perder; la obscena acumulación de capital nunca está en duda. Sin reformas profundas y sostenidas, los años 40 verán una intifada social hoy impensable, no porque los pueblos sean violentos, sino porque cuando los poderosos les cierran todas las puertas a las reformas, la justicia social encuentra sus 1789. Los nuevos demócratas de la Generación Gaza pueden ganar una elección. Lo que no han ganado, todavía, es la oportunidad de cambiar lo que una o dos elecciones nunca cambiarán. Si no lo hacen ellos, lo hará la historia desatada, que es mucho menos amable.

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Fuentes: Página/12 - Imagen: Celebración del Partido Demócrata por la elección de Talarico como nuevo gobernador de Texas, 3 de noviembre de 2026. [Ronaldo Schemidt/AFP]

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DEMOCRACIAS CONTROLADAS, DICTADURAS PARTICIPATIVAS.

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Por Jorge Majfud | 05/11/2026 | EE. UU.

Fuente. Revista rebelión jueves 5 de noviembre del 2026.

La verdadera batalla de 2028 no será entre demócratas y republicanos, sino dentro del Partido Demócrata.

A mediados de octubre, apenas el 30 por ciento de los estadounidenses aprobaba la gestión de Donald Trump. Desde que Gallup comenzó estas encuestas en los años 30, solo cinco presidentes cayeron más bajo: Truman empantanado en Corea; Nixon días antes de renunciar; o George W. Bush entre las ruinas de Irak y de Wall Street. 

En estas elecciones, el voto anticipado fue de 54 millones de ciudadanos (22%). La ansiedad suele indicar un deseo de cambio y predecir un tsunami. Pero no debemos confundir frustración con cambio. Los votantes no eligen otro sistema; eligen otra administración del mismo sistema. El poder, el verdadero, no se somete a referéndum ni nunca lo hará. Nunca un sistema cambió en alguna elección. La esclavitud no fue abolida en las urnas, sino en una guerra civil. Las reformas socialistas de los años 30 no nacieron de algún debate de ideas, sino de la Gran Depresión. 

Bueno, ya sabemos; es folklore: demócratas y republicanos siempre fueron dos facciones de un mismo partido: el del capital financiero, del complejo militar-industrial y de las corporaciones que financian a ambos. Discuten con pasión sobre el aborto o los baños públicos; rara vez sobre el presupuesto del Pentágono o la concentración de la riqueza que escribe las leyes y decide las guerras. En una democracia de mercado, el votante elige el envoltorio, no el contenido. Es terapia de grupo.



Aun así, las elecciones importan. No es lo mismo para un inmigrante manejar mirando por el retrovisor por si aparece un agente de ICE que volver a su casa a disfrutar de una cerveza, aunque no sea más que el alivio del esclavo. 

Por otro lado, la Generación Gaza mueve el tablero y un puño intenta detenerla. Thomas Massie, senador libertario de Kentucky, ganó siete veces su banca oponiéndose a la ayuda a Israel, pero en mayo de 2026 perdió la elección primaria más cara en la historia: más de 32 millones de dólares, unos nueve millones aportados por grupos proisraelíes lo dejaron afuera.

Elon Musk donó a los republicanos unos 446 millones de dólares (una propina para su fortuna), más de lo que recibieron los diez principales candidatos demócratas. Comprar políticos que luego firmarán billonarios contratos con las empresas de los donantes es una corrupción legalizada, tan obscena como la cloaca Epstein.

Así, el sistema electoral de las democracias liberales se ha convertido, si alguna vez no lo fue, en el principal instrumento de extorsión de las élites ―el verdadero poder. Un presidente puede jugar a ser el hombre más poderoso del mundo, pero siempre hasta cierto límite. Si lo cruza, el sistema lo sustituye. Por eso las elecciones son tan importantes. No porque le den el poder al pueblo, sino porque funcionan como una extorsión permanente sobre quien gobierna. 

¿Hay algo nuevo? Algo. Entre los menores de treinta años el rechazo a Trump y a la política tradicional es abrumador. La Generación Gaza heredó deudas universitarias, alquileres imposibles y un planeta en llamas, mientras veía, en tiempo real, lo que los grandes medios llamaban “conflicto de Palestina”. Su opinión sobre el apartheid israelí ya era desfavorable años antes del ataque de Hamás de 2023; el genocidio la radicalizó. Como los estudiantes que presionaron contra el apartheid sudafricano en los 80, el último movimiento universitario fue un golpe moral que hoy se traduce en un nuevo grupo de políticos exitosos. El apoyo incondicional a Israel dejó de ser un consenso bipartidista y se convirtió en un cuestionamiento que alcanzó al mismo capitalismo como dogma. 


Esa generación ya tiene rostros. Zohran Mamdani ganó la alcaldía de Nueva York con el aparato demócrata en contra. Jon Ossoff ganará una banca en el senado en la conservadora Georgia. En Michigan, Abdul El-Sayed, hijo de inmigrantes egipcios, el doctor que defendió “Salud para todos”, resistió una guerra cultural contra su nombre y su religión, y no le tembló la voz para condenar las guerras en Irán y Palestina, se convertirá en el primer senador musulmán. En Texas, donde los demócratas no ganan el Senado desde 1988, James Talarico, exmaestro de 36 años, quien hizo campaña contra los donantes millonarios, con su cristianismo que recuerda más a la Teología de la liberación que a los Predicadores de la prosperidad, podría ganar el Senado.

Lo nuevo no es que estos políticos de izquierda existan, sino que ahora pueden ganar. Hasta Trump ha sugerido terminar con los 3.800 millones de dólares anuales de ayuda militar a Israel (dinero que vuelve a los fabricantes de armas estadounidenses) es una vieja maniobra, pero indica que hasta el poder más reaccionario empieza a hablar el idioma de la Generación Gaza. 

Luego de la derrota, Trump hará lo que hace un buen vendedor: mientras se hunde vende su salvavidas. Como cuando Bolsonaro perdió en Brasil, mentirá que no se involucró. Es la narrativa del empresario, pero también la del religioso: si un rayo cae sobre un templo, es “una prueba divina”; si cae sobre un sindicato, es “un castigo de Dios”. La fe nunca se ajusta a los hechos; los hechos se ajustan a la fe.

La primera tentación de los demócratas triunfantes será el impeachment. Probablemente no les convenga. Destituir a un presidente requiere dos tercios del Senado, y un juicio fallido convertiría a Trump en héroe o mártir. Es más probable que, con el control de comités en el Congreso, crezca la presión para desclasificar los archivos Epstein. Si a una revelación grave se sumara la necesidad psicoanalítica de matar al padre en decadencia, el juicio político dejaría de ser impensable hasta para los republicanos.

En el frente externo, el peligro es la distracción. Washington e Israel preparan planes para reanudar los ataques contra Irán, porque cuando un gobierno pierde en casa, la solución está en victorias afuera. La guerra es la forma más antigua de cambiar de tema. También de sostener una economía que crece para unos pocos.

La verdadera batalla de 2028 no será entre demócratas y republicanos, sino dentro del Partido Demócrata. El aparato y sus donantes intentarán lo de siempre con los rebeldes: absorberlos, domesticarlos o financiar a sus rivales en las primarias. Del otro lado, el vicepresidente JD Vance (un candidato fabricado por Silicon Valley, con una biografía ficticia) o el secretario Marco Rubio (con su historial de ejecuciones sumarias en el Caribe y de niños muertos en los hospitales de Cuba), tendrán que vender otra versión de Make America Great Again, un dogma que no resiste ninguna rendición de cuentas.

El problema central no es un presidente ni un partido, sino una estructura que concentra la riqueza a un ritmo sin precedentes y la convierte en medios, plataformas, campañas y leyes. La redistribución, demonizada como socialismo, es lo que menos se discute. Algunas elecciones se pueden perder; la obscena acumulación de capital nunca está en duda.

Sin reformas profundas y sostenidas, los años 40 verán una intifada social hoy impensable, no porque los pueblos sean violentos, sino porque cuando los poderosos les cierran todas las puertas a las reformas, la justicia social encuentra sus 1789.

Los nuevos demócratas de la Generación Gaza pueden ganar una elección. Lo que no han ganado, todavía, es la oportunidad de cambiar lo que una o dos elecciones nunca cambiarán. Si no lo hacen ellos, lo hará la historia desatada, que es mucho menos amable.

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miércoles, 4 de noviembre de 2026

LOS DEMÓCRATAS TOMAN EL CONTROL TOTAL DEL CONGRESO DE EE. UU. EN UN DURO GOLPE A TRUMP.

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“DEMÓCRATAS DERROTAN A LOS REPUBLICANOS DE TRUMP EN LAS ELECCIONES INTERMEDIAS 2026 Y TOMAN EL CONTROL TOTAL DEL CONGRESO DE EE. UU. Los resultados de las elecciones de medio término castigan la gestión del presidente Los demócratas toman el control total del Congreso de EE. UU. en un duro golpe a Trump.  La derrota pone en jaque a Trump, que ya venía golpeado por la economía y la guerra con Irán. LA oposición logra una victoria histórica en las elecciones intermedias 2026 al ganar el Senado, con triunfos clave en Texas y Kansas, y recuperar la Cámara de Representantes. El Partido Demócrata logró un cambio histórico al asegurar la mayoría en el Senado tras ganar en bastiones clave como Texas y Kansas, donde el candidato azul no triunfaba desde hace décadas.

"Esta victoria, impulsada por el descontento de los electores con la administración de Donald Trump, se sumó a la recuperación de la Cámara de Representantes. Según las proyecciones de las cadenas CNN y NBC News, "la oposición sumó sus primeras victorias en las elecciones intermedias de Estados Unidos del 3 de noviembre y recuperaría el control de la Cámara de Representantes", un resultado que concluye con dos años de hegemonía republicana en el Capitolio. Durante la jornada comicial se renovaron 435 escaños parlamentarios y 35 bancas senatoriales en todo el territorio estadounidense. Aunque la contienda por la Cámara Alta mostró cifras muy disputadas en sus primeras horas, los triunfos del bloque opositor en zonas históricamente conservadoras inclinaron de forma definitiva la balanza institucional. Con este triunfo legislativo doble, el oficialismo enfrenta la recta final del mandato presidencial con un contrapeso total en el Poder Legislativo.

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Trump dijo que el partido republicano habría ganado por un “margen aplastante” si él hubiera sido candidato AFP. AFP

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LOS DEMÓCRATAS TOMAN EL CONTROL TOTAL DEL CONGRESO DE EE. UU. EN UN DURO GOLPE A TRUMP.  

Los resultados de las elecciones de medio término castigan la gestión del presidente.

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Los demócratas ganaron varios bastiones republicanos como Kansas, Texas y Carolina del Sur. La derrota pone en jaque a Trump, que ya venía golpeado por la economía y la guerra con Irán.

Por. Guido Vasallo.

Fuente. Página /12 miércoles 4 de noviembre del 2026.

Los demócratas tomaron el control de ambas cámaras este martes, según las proyecciones de los medios estadounidenses, provocando una derrota contundente de los republicanos del presidente Donald Trump en las elecciones de medio término. Después de quedarse con la mayoría en la Cámara de Representantes, los demócratas ganaron varios bastiones republicanos como Kansas, Texas, Carolina del Norte, Carolina del Sur o Iowa, con lo que podrán restringir considerablemente los poderes del presidente estadounidense durante el resto de su mandato.

En vivo. Dura derrota de Trump en las elecciones de Estados Unidos.

El partido republicano se vio visiblemente afectado por la creciente impopularidad de Trump, los efectos de sus políticas y la guerra iniciada por EE.UU. e Israel contra Irán hace más de ocho meses. En su primera reacción pasada la medianoche, Trump afirmó que el partido republicano habría ganado por un “margen aplastante” si él hubiera sido candidato.

Los demócratas festejaron en Virginia, Massachusetts, Delaware, Nueva Jersey, Rhode Island e Illinois, estados que se presentaban como victorias claras para los demócratas en su carrera por el Senado. Los republicanos retenían varios de los escaños del Senado en los que tradicionalmente se imponen, entre ellos los de Florida, Virginia Occidental, Wyoming y Tennessee. Estos comicios ponían en juego 35 escaños de la Cámara Alta, los 435 de la Cámara de Representantes y más de 30 gobernaciones estatales.

La derrota republicana en el Senado abre la puerta a un nuevo intento de destitución de Trump, tras las dos votaciones de censura que sufrió en su primer mandato (2017-2021). Trump aseguró que estaba dispuesto a convertirse en “Mr Veto” y bloquear las iniciativas legislativas de un Congreso opositor, lo que elevaría aún más la temperatura política del país.

Gabriel Puricelli, coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas, dijo en diálogo con Página/12: “Trump le hace pagar al partido republicano el alto costo de sus dos promesas incumplidas más reprochadas por sus votantes: la suba de los precios con más impacto en el consumo de los hogares y las nuevas guerras y agresiones a otros países”.


Las disputas clave en el Senado.

Los primeros resultados llegaron desde el estado sureño de Virginia, donde el senador demócrata Mark Warner, que buscaba la reelección, ganó las elecciones derrotando al republicano Bert Mizusawa con el 59 por ciento de los votos. CNN recordó que la victoria de Warner se produce en un estado con una de las mayores concentraciones de empleados federales, quienes sufrieron en carne propia las consecuencias de los recortes presupuestarios de Trump al inicio de su segundo mandato.

El senador demócrata Jon Ossoff retuvo su escaño en Georgia, un estado en el que Trump ganó en las elecciones de 2024 y que llegó a las urnas tras un récord de participación anticipada. Ossoff, el senador más joven del país y una de las figuras demócratas mencionadas como posible aspirante a la candidatura presidencial de 2028, venció al republicano Mike Collins sumando más del 65 por ciento de los votos, de acuerdo con el recuento parcial de votos.

En un resultado histórico, James Talarico se convirtió en el primer senador demócrata elegido por Texas en 38 años. La demócrata Annie Andrews ganó sorpresivamente la elección al Senado por Carolina del Sur frente a la republicana Darline Graham, según las proyecciones de las cadenas CNN y NBC News. El último demócrata que ganó una elección al Senado por ese estado del sudeste fue Firtz Hollings en 1998.

El candidato demócrata por Nuevo Hampshire al Senado, Chris Pappas, venció a su rival republicano y se convertirá en el primer hombre abiertamente gay en el Senado estadounidense. La republicana Ashley Moody ganó la banca en el Senado estadounidense que dejó Marco Rubio tras asumir como secretario de Estado del presidente Donald Trump, en una reñida contienda contra la demócrata Angie Nixon. El otro triunfo republicano, al cierre de esta edición, se daba en Virginia Occidental.

Cabe destacar también a la demócrata Gina Hinojosa, quien se convertirá en la primera gobernadora latina de Texas, poniendo fin a más de tres décadas de dominio republicano en el cargo. Por su parte el republicano Byron Donalds fue elegido nuevo gobernador de Florida tras imponerse al demócrata David Jolly, y se convertirá en el primer mandatario negro en la historia de ese estado.

Los datos preliminares de boca de urna y de voto por adelantado apuntaban a una mayor participación con respecto a 2022 en estados considerados clave para el control del Senado. Más de 60 millones de estadounidenses votaron ya por anticipado, casi 15 millones más que en las elecciones de medio mandato de 2022.

Gonzalo Fiore Viani, doctor en Relaciones Internacionales (CONICET), aseguró a este diario:

“Los primeros resultados arrojan una clara debacle en el ala trumpista del partido republicano. Los demócratas están logrando un verdadero tsunami azul. Todo indica que serán dos años complejos para lo que queda de la administración Trump”. Según Fiore Viani “va a haber una reorganización dentro del propio partido republicano”, mientras que “los posicionamientos internacionales de EE. UU. también se encuentran en crisis”.


Trump en el centro del ring.

A medida que se cierran las urnas y el optimismo republicano flaquea, los funcionarios de la Casa Blanca insisten en que Trump no interferirá en las elecciones declarando la ley marcial ni instando a los funcionarios a no certificar los resultados electorales. Trump trató de movilizar a su base con más de dos docenas de actos de campaña desde principios de octubre, la gran mayoría en estados en los que ganó fácilmente en 2024, lo que pone de relieve hasta qué punto los republicanos estaban a la defensiva.

Las encuestas de opinión muestran que lo que más preocupa a los votantes es la economía hogareña y que desaprueban la gestión de Trump en este tema, después de que su política arancelaria y su decisión de atacar Irán en febrero aumentaran los costos dentro del país. Los candidatos republicanos, por su parte, tuvieron dificultades para distanciarse de un presidente que exige lealtad y rara vez reconoce sus errores.

Trump enfrenta el peor índice de popularidad de un presidente a medio mandato, con cerca de un 70 por ciento de desaprobación. El 53 por ciento de los votantes latinos se declararon “extremadamente motivados” para acudir a las urnas, una suba considerable si se compara con el 41 por ciento de hace cuatro años, según el centro de estudios Pew. Trump ganó casi la mitad de esos votos en 2024. Ahora solo el 24 por ciento de los votantes de esa importante minoría aprueba su gestión de gobierno. “Va camino de perder todo lo ganado entre los latinos en 2022 como consecuencia de las deportaciones masivas indiscriminadas”, remarcó Puricelli a este diario.

La posible reacción de Trump.

Una Cámara de Representantes o un Senado demócratas podrán iniciar investigaciones sobre los “negocios en beneficio propio” —según los demócratas— en el gobierno de Trump y exigir concesiones para aprobar leyes. Un Senado demócrata también tendrá el poder de bloquear los nombramientos de Trump, incluidas las candidaturas a la Corte Suprema de Estados Unidos si surgieran vacantes.

Según una encuesta del Instituto de Estudios Gubernamentales de la UC Berkeley, el 63 por ciento de los votantes del estado de California, bastión demócrata, temen que el gobierno de Trump intente frenar el recuento de votos tras las elecciones de este martes. ¿El republicano tiene algún margen para volver a agitar el fantasma del fraude o las irregularidades si se confirma una derrota contundente?

“No tiene margen en los hechos”, aseguró Puricelli, aunque, agrega, “alguien que no aceptó aún haber perdido la presidencial del 2020 es probable que cuestione todo. No hay que olvidar que el movimiento MAGA pasó los últimos seis años ubicando leales en juntas electorales, secretarías de estado y otros organismos estaduales encargados de certificar resultados electorales. Ningún grupo político invierte tanto tiempo y esfuerzo en acumular semejante poder de fuego si no está dispuesto a usarlo”.

Trump recibió el martes por la noche a miembros del gabinete y asesores políticos en el Salón Este de la Casa Blanca, para seguir de cerca los resultados. Su humor no parecía ser el mejor, ya que arremetió contra Fox News por una encuesta sobre las elecciones de medio mandato en las que vio “un ataque premeditado” contra sus políticas. La encuesta de la cadena, cercana a Trump, mostraba que el 87 por ciento de los ciudadanos consultados estaban preocupados por el precio de los combustibles y un 68 por ciento desaprobaba la gestión presidencial.

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martes, 3 de noviembre de 2026

ESTADOS UNIDOS: MÁS QUE EL CONGRESO EN JUEGO.

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“La diversidad del electorado estadounidense constituye otro elemento que puede influir en el resultado. Los votantes latinos, los trabajadores sin título universitario, los electores de las zonas suburbanas y los independientes no conforman bloques homogéneos: sus prioridades pueden variar según el estado, la situación laboral, la edad y las circunstancias familiares. Por ejemplo, para estas elecciones se observa una amplia movilización del electorado latino que después de ser crucial en la victoria de Trump en noviembre de 2024, está inclinándose hacia el lado demócrata en 2026. Citada en la prensa local, la presidenta de la organización Voto Latino, María Teresa Kumar, describió el alcance de esta participación durante una reciente conferencia virtual. “No estamos viendo un goteo. Es el tsunami que Voto Latino venía pronosticando. Los votantes latinos están acudiendo a sufragar de forma anticipada porque saben exactamente lo que está en juego: no es un debate abstracto, es absolutamente personal”, advirtió.

"Las elecciones de medio término no determinan quién ocupa la presidencia, pero pueden modificar sustancialmente las condiciones en las que un mandatario ejerce su poder. Si los demócratas recuperan una o ambas cámaras, tendrían mayores herramientas para supervisar a la administración, influir en el presupuesto y negociar o bloquear iniciativas legislativas. Si, por el contrario, los republicanos mantienen el control, Trump conservaría un entorno parlamentario más favorable para impulsar su agenda, aunque no sin obstáculos para aprobar iniciativas.

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Trump se juega em control del Congreso en las Elecciones de medio Término de Estados Unidos.
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ESTADOS UNIDOS: MÁS QUE EL CONGRESO EN JUEGO.

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Washington (Prensa Latina) Estados Unidos tendrá elecciones de medio término hoy 3 de noviembre en un escenario de creciente tensión política, con la economía como centro de las preocupaciones de votantes y el control del Congreso en la mira de republicanos y demócratas.

Fuente. Prensa Latina. martes 3 de noviembre del 2026.

18:14 ( UTC -05:00 )

Por Deisy Francis Mexidor

Corresponsal jefa en Estados Unidos

Pero más que una renovación de bancadas en la totalidad de la Cámara de Representantes, 435 asientos, y en 35 de las 100 butacas del Senado, los comicios constituirán una prueba para el liderazgo del presidente Donald Trump y para la disposición de los electores a respaldar o cuestionar el rumbo de la actual administración republicana.

Para no pocos observadores, la economía será el principal examen que deberán pasar los dos partidos.

El debate de fondo pasa por el costo de la vida, la inmigración, la gestión presidencial y el dinero que mueve la campaña. Proyecciones de OpenSecrets alertan que el gasto total podría rondar los 11 mil 900 millones de dólares, una cifra récord en este tipo de comicios.

Recuerdan informes de prensa que los candidatos y los partidos compiten en un ecosistema donde también pesan los Super PACs, los grandes donantes y las reglas sobre el financiamiento electoral.

La inflación, los precios de los combustibles, la situación del empleo y el acceso a servicios esenciales inciden directamente en la percepción ciudadana sobre el desempeño del Gobierno.

Será entonces la economía el pase de factura y en este contexto, para votantes descontentos la guerra contra Irán está asociada directamente con las dificultades del día a día.

David Swanson, cofundador y director ejecutivo de la organización pacifista World BEYOND War, dijo a Prensa Latina que si se analiza en más detalle la causa fundamental de tales problemas, es el desvío de enormes sumas de dinero hacia el presupuesto militar y los bolsillos de los más ricos, cuando deberían destinarse al gasto público útil.



EN EL RANGO DE LAS PROBABILIDADES.

Swanson afirmó que este 3 de noviembre es probable que algunas personas que votaron por Donald Trump en 2024 -considerándolo un supuesto ‘candidato de la paz’- lo hagan ahora en contra de cualquier miembro de su formación, vista como el ‘partido de la guerra’.

“Otros, en cambio, considerarán que el esfuerzo es inútil y optarán por abstenerse”, enfatizó.

La buena noticia es que esta apertura hacia un nuevo enfoque podría propiciar la elección de un número sin precedentes de representantes y senadores mucho mejores -quizás una docena aproximadamente-, lo que permitiría -al menos en teoría- que un bloque de legisladores progresistas ejerciera influencia durante el próximo año, comentó.

Estos se enfrentarían tanto a la cúpula de su propio partido como al de Trump, agregó.

Sobre las políticas migratorias del presidente Trump, especialmente las redadas y las deportaciones, Swanson comentó que el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) goza de una impopularidad aún mayor que las guerras en el extranjero.

“Quienes proponen su abolición (del ICE) -o la del Departamento de Seguridad Nacional en su totalidad- saldrán beneficiados por ello. De hecho, obtendrían un beneficio aún mayor si formaran parte de un partido que plantee, de manera creíble, la posibilidad de tomar tales medidas”, señaló.

Según Swanson, “el maltrato a los inmigrantes es la única gran promesa de campaña que Trump ha cumplido; sin embargo, para aquellos votantes que realmente creyeron que maltratar a los inmigrantes mejoraría sus propias vidas, el espejismo se está disipando, ya que sus condiciones de vida no han mejorado”.

Por otro lado, muchos electores que antes no prestaban mucha atención han sido testigos de estos abusos y, en consecuencia, han pasado a oponerse a ellos, expresó al insistir que

“cualquier intento de militarizar los centros de votación resultará, probablemente, muy impopular, además de intimidatorio”.

Espero que cualquier manipulación flagrante de los resultados electorales, que exija a gritos una respuesta mediante protestas masivas y no violentas, derive precisamente en eso; aunque, cabe señalar, tal posibilidad se verá obstaculizada por la intimidación y la deportación de muchos de nuestros mejores activistas: los inmigrantes, concluyó.


DE PREFERENCIAS ELECTORALES.

Para algunos analistas, la verdadera dimensión de esta elección reside precisamente en que no solo se decidirá quién ocupará los escaños del Congreso, sino también qué margen político tendrá la Casa Blanca y qué capacidad demostrará la oposición para transformar sus críticas en una alternativa legislativa.

Las encuestas -que solo son instrumentos para medir tendencias en un momento específico y jamás sustituirán a las urnas- han ido ofreciendo una fotografía de las preferencias actuales. Consistentemente muestran en el rango de las probabilidades que los demócratas podrían convertirse en una ola en este 2026.

Uno de los sondeos más ilustrativos se aplicó entre finales de septiembre y principios de octubre por el Pew Research Center, y encontró que el 84% de los votantes registrados consideró a la economía un asunto muy importante para decidir su voto.

La proporción alcanzó el 88% entre quienes respaldan a los candidatos demócratas y el 82% entre los simpatizantes republicanos.

El estudio, que reveló también un descenso en la aprobación general del presidente Trump, advirtió que, aunque los electores discrepen sobre las soluciones, la situación económica representa una preocupación compartida.

Además, el Pew Research Center registró una ventaja de ocho puntos porcentuales para los candidatos demócratas en la preferencia general por el Congreso al obtener 44% frente al 36% los republicanos entre los votantes registrados.

“Todos tenemos que salir a votar”, expresó Amanda Saunders, afroamericana residente en Washington DC y votante demócrata, a esta reportera.

“Si me preguntas por qué voto, pues mi respuesta es simple: los precios en los supermercados y la inflación que estamos viviendo ahora mismo son como una depresión silenciosa para nosotros”.

Cambiar el ritmo de las cosas ahora mismo en la economía y en el gobierno -añadió Saunders- requiere salir a votar. “Yo lo hice ya”, subrayó.

Según las estadísticas, este año el voto anticipado alcanza números récord. Cerca de 55 millones, superando ampliamente los 46 millones registrados antes de los comicios de 2022.

El Laboratorio de Elecciones de la Universidad de Florida reveló que existe un aumento de la participación previo a la jornada electoral, con más de la mitad de las papeletas emitidas de manera presencial.


OTROS ELEMENTOS PARA VALORAR.

La diversidad del electorado estadounidense constituye otro elemento que puede influir en el resultado. Los votantes latinos, los trabajadores sin título universitario, los electores de las zonas suburbanas y los independientes no conforman bloques homogéneos: sus prioridades pueden variar según el estado, la situación laboral, la edad y las circunstancias familiares.

Por ejemplo, para estas elecciones se observa una amplia movilización del electorado latino que después de ser crucial en la victoria de Trump en noviembre de 2024, está inclinándose hacia el lado demócrata en 2026.

Citada en la prensa local, la presidenta de la organización Voto Latino, María Teresa Kumar, describió el alcance de esta participación durante una reciente conferencia virtual.

“No estamos viendo un goteo. Es el tsunami que Voto Latino venía pronosticando. Los votantes latinos están acudiendo a sufragar de forma anticipada porque saben exactamente lo que está en juego: no es un debate abstracto, es absolutamente personal”, advirtió.

Las elecciones de medio término no determinan quién ocupa la presidencia, pero pueden modificar sustancialmente las condiciones en las que un mandatario ejerce su poder.

Si los demócratas recuperan una o ambas cámaras, tendrían mayores herramientas para supervisar a la administración, influir en el presupuesto y negociar o bloquear iniciativas legislativas.

Si por el contrario, los republicanos mantienen el control, Trump conservaría un entorno parlamentario más favorable para impulsar su agenda, aunque no sin obstáculos para aprobar iniciativas.

El 3 de noviembre no ofrecerá una respuesta definitiva a la profunda división y polarización que corroe a la sociedad estadounidense, pero sí establecerá una nueva correlación de fuerzas en Washington y revelará hasta qué punto los votantes escogerán entre mantener el rumbo actual o introducir cambios en el ejercicio del poder.

Trump matizó hace poco aquello de “la edad de oro de Estados Unidos” anda a la vuelta de la esquina. El mensaje de la bonanza prometida y los bajos precios desde el primer día de su gobierno chocan casi dos años después con la realidad de los bolsillos estresados.

Cerca de 250 millones de electores en el norteño país están convocados a decidir la próxima mayoría en el próximo Congreso -el número 120-, cuya inauguración será el 3 de enero de 2027.

arb/dfm

#congreso #Donald Tump #republicanos

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LULA Y SHEINBAUM, ALEGRÍA COMPARTIDA. EL EJE MÉXICO-BRASIL.

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Víctima también de una soterrada «guerra cultural» −tanto en la arena política como en las plataformas digitales− librada por los sectores conservadores vernáculos estrechamente ligados con el trumpismo y la ultraderecha española (Vox y el Partido Popular), Sheinbaum, al igual que Lula, impulsa la continuidad de un proyecto reformista y progresista anclado en el multilateralismo, la defensa de la Carta de la ONU, el soberanismo defensivo, la neoindustrialización y la soberanía tecnológica. Y así como el tardío ejército de Lula en WhatsApp le permitió al brasileño remontar en el balotaje, las mañaneras y la infantería digital son los antídotos de Sheinbaum para librar las batallas en el plano simbólico. Padrino desembozado de los prófugos de la Justicia brasileña Flávio y Eduardo Bolsonaro, Trump no las tiene todas consigo. Incluso, una potencial alianza entre Brasil y México podría significar un punto de inflexión en el avance continental y mundial de las ultraderechas de nuevo tipo en boga.

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Fuentes: Brecha - Imagen: La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, celebra la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva, durante una conferencia de prensa en el Palacio Nacional, Ciudad de México, 26/10/2026. Foto EFE: José Méndez.

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LULA Y SHEINBAUM, ALEGRÍA COMPARTIDA.

EL EJE MÉXICO-BRASIL.

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Por Carlos Fazio | 02/11/2026 | Brasil, México

Fuente. Revista Rebelión. De la Jornada diario de la Ciudad de México, lunes 2 de noviembre del 2026.

Para la presidenta de México, la victoria de Lula en Brasil representa un balón de oxígeno en su casi solitaria resistencia regional a la monroeización de América Latina.

Como cada jornada cuando ingresa al recinto de sus habituales conferencias mañaneras en el Palacio Nacional, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, expresó sus «buenos días» a los reporteros allí reunidos. Pero este lunes 26 su saludo tuvo un sesgo particular. Con una sonrisa dibujada en su rostro, seguidamente, expresó: «Estamos felices, muy contentos del triunfo de Lula en Brasil. Muchas, muchas, muchas felicidades al presidente Lula, al pueblo de Brasil. Es una bocanada de aire fresco para América Latina y el Caribe. Muy muy contentos». Más adelante, al responder a una pregunta, agregaría que la victoria del carismático líder del Partido de los Trabajadores

«es el triunfo de un mandatario, un movimiento popular, un Gobierno que representa a su pueblo» y «la derrota de un movimiento de derecha». Después del mediodía se conocería que Lula y Sheinbaum habían sostenido una «llamada breve» pero «muy emotiva», en la que acordaron un encuentro en una fecha próxima.

La alegría de Sheinbaum estaba justificada. Nadie, como ella, al frente de un país con más de 3.000 kilómetros de frontera y con una dependencia estructural asimétrica con su vecino del norte a nivel económico encadenada al T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá), podía aquilatar la victoria de Lula en momentos en que desde la Casa Blanca se está impulsando un agresivo proyecto de reconfiguración hemisférica de corte colonial.

Sometida a las presiones intermitentes de Donald Trump −quien desde el inicio de su segundo mandato ha venido amagando con una intervención militar terrestre unilateral en México bajo el señuelo del combate a las drogas−, Sheinbaum comprende, como pocos mandatarios del área, que, en la coyuntura, por primera vez desde el fin de la Guerra Fría, la región latinoamericana y caribeña se encuentra ante una bifurcación histórica.



Después de una seguidilla de tramposas victorias electorales de oscuros outsiders políticos (el ecuatoriano Daniel Noboa, el hondureño Nasry Asfura, el chileno José Antonio Kast, el boliviano Rodrigo Paz, el colombiano Abelardo de la Espriella, la peruana Keiko Fujimori) impulsados por Washington −en algunos casos, vía manipulación algorítmica−, el triunfo del bolsonarismo habría coronado un radical giro regional hacia una derechización conservadora y un alineamiento incondicional con Washington e Israel. Como en los años 60, México habría quedado aislado junto con el pequeño Uruguay y Cuba, que desde aquellos años (merced a sendas reuniones interamericanas en Punta del Este) sigue resistiendo al bloqueo imperial.

Otro elemento común que enlaza a Sheinbaum y Lula es la oposición a integrar el Escudo de las Américas. En el marco de la Estrategia de Seguridad Nacional de la Administración Trump 2.0, la finalidad de ese nuevo instrumento del Pentágono es conformar una arquitectura castrense, de seguridad y de inteligencia que preserve al llamado hemisferio occidental como «espacio vital» de Estados Unidos en su repliegue estratégico en una fase de declinación de su hegemonía. Ambos mandatarios se han opuesto a aceptar la categoría trumpista que asimila a los grupos de la economía criminal como «organizaciones terroristas internacionales», el mañoso subterfugio de Washington para justificar operaciones militares directas o encubiertas en terceros países.

Víctima también de una soterrada «guerra cultural» −tanto en la arena política como en las plataformas digitales− librada por los sectores conservadores vernáculos estrechamente ligados con el trumpismo y la ultraderecha española (Vox y el Partido Popular), Sheinbaum, al igual que Lula, impulsa la continuidad de un proyecto reformista y progresista anclado en el multilateralismo, la defensa de la Carta de la ONU, el soberanismo defensivo, la neoindustrialización y la soberanía tecnológica. Y así como el tardío ejército de Lula en WhatsApp le permitió al brasileño remontar en el balotaje, las mañaneras y la infantería digital son los antídotos de Sheinbaum para librar las batallas en el plano simbólico.

Padrino desembozado de los prófugos de la Justicia brasileña Flávio y Eduardo Bolsonaro, Trump no las tiene todas consigo. Incluso, una potencial alianza entre Brasil y México podría significar un punto de inflexión en el avance continental y mundial de las ultraderechas de nuevo tipo en boga.

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lunes, 2 de noviembre de 2026

LA PEREGRINA DE BUKELE, POR ROSA MARÍA PALACIOS.

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PREGUNTO Y PIENSO MUY TEMPRANO HOY EN LA MAÑANA. ¿SOMOS O NO UN GOBIERNO DEMOCRATICO, ELEGIDO EN ELECCIONES DEMOCRATICAS? ¿Somos Una verdadera Democracia?, que no es capaz de acabar con el crimen, el sicariato y toda la estructura nacional de un País, que se encuentra controlado, "mordido" por la INSEGURIDAD, LA CORRUPCIÓN Y EL CRIMEN ORGANIZADO". Es importante, necesario - la aplicar, recurrir con “música y propaganda” opción que solo un Gobierno "débil en Democracia, sin Programa de Gobierno y principalmente que NO ha tenido la capacidad política de eliminar, desde el primer día, si se considera “un nuevo gobierno" con toda la, Herencia de leyes procrimen que dejaron ellos y sus socios del pasado Congreso de la República. Hoy ellos viven un “fortuna de vida con toda la Corrupción acumulada”, y el presente gobierno, que ha sido la "cabeza política y el mando de ese congreso del Pacto Corrupto No se atreve a eliminar, ninguna de la Leyes Pro-Crimen. Podrá haber hasta el Mejor Plan del Mundo contra la Delincuencia, copiado o preparado por el propio gobierno, pero, todo en funcionamiento sobre una estructura molida por la propia CORRUPCIÓN. Donde y cómo actúan o aplican el MEJOR PROGRAMA ANTICRIMEN, SI HAY LEYES QUE PROTEGEN A LOS GRUPOS DELINCUENCIALES”. Toda pura propaganda para seguir engañando a la Ciudadanía Nacional, quienes somos víctimas directas de la distintas y variadas formas del crimen organizado- Hasta los límites de la aplicación directa hoy de los millones de la ECONOMÍA DELICTIVA EN LA CIUDAD. Pablo Raúl. 

"Nadie pone en cuestión la necesidad de construir cárceles. Solo para cubrir la demanda actual se necesita duplicar el número de plazas. ¿Por qué hace 20 años que no se construye un penal nuevo? Porque es impopular. Nadie lo quiere cerca y nadie ve ese gasto como una prioridad. Pero tiene que hacerse urgentemente. Lo siguiente es modificar las leyes que amputaron a la Policía su capacidad de investigar. Reducir la escucha telefónica autorizada por un juez a solo dos meses es un error grave (tributo del Congreso anterior a los hermanitos). Obstaculizar la colaboración eficaz, la extinción de dominio y los allanamientos, o reducir la prescripción, solo favorece a los criminales. Llamar a todos «terroristas», pero restringir el tipo penal de «crimen organizado», revela las intenciones.

"Acabar con la corrupción policial parece imposible, pero el Perú tiene amplia experiencia evadiéndola a través de grupos de élite. No hay otra forma, por ahora. Grupos policiales limpios, con una inversión tecnológica importante (software de interceptación de WhatsApp, reconocimiento facial y escuchas masivas de teléfonos dentro de las cárceles), pueden producir inteligencia que garantice capturas y condenas. Eso no se hace con visores nocturnos y trajes de Rambo. Tampoco se resuelve en TikTok. Mucho menos en El Salvador.

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Keiko Fujimori y Nayib Bukele compartieron durante visita de la presidenta peruana a El Salvador | Foto: Presidencia del Perú.

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LA PEREGRINA DE BUKELE, POR ROSA MARÍA PALACIOS.

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Acabar con la corrupción policial parece imposible, pero el Perú tiene amplia experiencia evadiéndola a través de grupos de élite. No hay otra forma, por ahora.

Por Rosa María Palacios-

Abogada y Periodista

Fuente La Republica lunes 2 de noviembre del 2026

El peregrinaje a Bukele se ha vuelto un ritual político latinoamericano. Desde usar su nombre («el Bukele peruano», «alguien como Bukele»), hasta presidentes que van de visita; «expertos» salvadoreños que van vendiendo sus servicios por la región; gobernadores, alcaldes y una diversidad de funcionarios públicos que desfilan por los distintos niveles de la administración pública salvadoreña. Algunos, quiero creer, irán a buscar la varita mágica para resolver un problema multifactorial y se irán con las manos vacías. La varita no existe. Pero otros, que bien lo saben, van para tratar de que algo se les pegue del presidente más popular de América. Como ha podido saborear Keiko Fujimori, tampoco funciona.

El Salvador es el país más pequeño de América continental. Apenas tiene una superficie de 21.041 km². Para que hagan los números, el Perú tiene 1.285.215 km². Puedes meter dentro de nuestro país 61 veces el territorio de El Salvador. Como se ha mencionado varias veces, es del tamaño de ICA, que tiene 21.327 km². Sin embargo, es un país densamente poblado para esa superficie, con un poco más de 6 millones de habitantes, según el censo de 2024.


Según cifras oficiales proporcionadas este mes por el mismo Bukele, en una conferencia de prensa con la presidenta de Costa Rica, tienen 120.956 personas en prisión. De ellas, 96.457 están vinculadas a pandillas. Estas han sido calificadas como «terroristas». Sin embargo, Bukele ha anunciado que en menos de una década el 70% de los presos de El Salvador estarán libres, aunque ha tenido declaraciones anteriores contradictorias. Se ha anunciado una pronta liberación de un contingente importante de presos, aunque las cifras han variado en diversas declaraciones y han llegado al 50%.

Vamos, otra vez, a los números. El Salvador tiene hoy aproximadamente al 2% de su población en la cárcel. Mayoritariamente, se trata de población joven que está excluida de un mercado laboral que necesita mano de obra. ¿Cuánto es el 2% de la población del Perú si consideramos 34 millones de habitantes? 680.000 presos. ¿Cuántos presos hay hoy en nuestro país? Más de 103.000, repartidos en 69 penales. La capacidad instalada penitenciaria del Perú está diseñada para 41.764 personas. Si ya tenemos un grave problema de hacinamiento, ¿dónde van a meter a 500.000 presos más si se quiere imitar a Bukele?

Estas cifras son públicas y muy básicas. ¿No las conoce la Cancillería peruana? ¿No debía advertir a la presidenta sobre las profundas diferencias que existen entre las dos realidades? En 2015, El Salvador llegó a tener una tasa de 105 asesinatos por cada 100.000 habitantes. En 2025 cerró con una tasa de 1,3 por cada 100.000 habitantes. Bajar de 103 a 1 es, por supuesto, un éxito. Sin embargo, Bukele asumió el poder en 2019, ya con una tasa de 36 asesinatos por cada 100.000 habitantes. A pesar de poner en práctica un plan de seguridad que redujo para 2021 esa tasa a 17,6, fue en 2022 cuando radicalizó las medidas, luego de un ataque letal de las maras (pandillas) en marzo.


¿Cuál es la tasa actual de homicidios en el Perú? Según cifras del INEI, en 2025 tuvimos 10,7 homicidios por cada 100.000 habitantes. ¿La cifra está aumentando? Lamentablemente, sí. En 2021 fue de 8,6; en 2023, de 9,3; y en 2024, de 10,1. Por eso es que Bukele miraba a Keiko casi con compasión. Nuestras cifras, siendo trágicas en su aumento, no son ni remotamente las de El Salvador. Apenas hace cuatro años estaban en 17,6. ¿Esto no lo sabía el Ministerio de Justicia? Por supuesto que lo saben. Y obviamente lo saben las autoridades de El Salvador, que no terminan de entender qué podría querer Keiko Fujimori de una visita de cuatro días.

Estas son las cifras frías. Ahora hablemos de costos. ¿Qué le cuesta a una sociedad tener al 2% de su población presa? Lo han denunciado desde la prensa libre hasta organizaciones de todo calibre: miles de inocentes están presos. No hay nada que se parezca a un debido proceso. Juicios exprés y colectivos, con suerte, o presos sin condena. Las condiciones pueden ser duras en un penal, pero estas no pueden condenar a muerte a cientos de internos. No hay proteína, no hay visitas. Los castigos físicos y otras formas de tortura también han sido denunciados. Bukele ha justificado la modificación de la Constitución para reelegirse y planea hacerlo de nuevo en 2029, en su rol de «pacificador». Por supuesto, la «medicina amarga» que le ofreció a su pueblo es cada vez más difícil de tragar. Miles de salvadoreños están felices de vivir en paz mientras lloran la ausencia de hijos inocentes, de los que no tienen noticias desde hace ya varios años. Eso, ¿es imitable en el Perú?

El asesinato, el sicariato, la extorsión y el secuestro son realidades duras en el Perú. Pasar de dos a seis asesinatos diarios en un quinquenio es una tragedia que sí tiene cura. Una solución que no pasa por someter al país a una dictadura. No es cierto que solo un régimen autoritario puede combatir el crimen. Es más bien la excusa que todo aspirante a dictador usa para perpetuarse en el poder.

Sorprendió que un aburrido Bukele fuera quien le pinchara el globo a Keiko Fujimori. Se lo tuvo que decir él para que lo entienda: este modelo no es para el Perú. Un trabajo más prolijo de los ministros que acompañaron a la presidenta le habría ahorrado el papelón. Sin embargo, el viaje puede iluminar al gobierno para que haga ya lo que sí puede y tiene que hacer.

Nadie pone en cuestión la necesidad de construir cárceles. Solo para cubrir la demanda actual se necesita duplicar el número de plazas. ¿Por qué hace 20 años que no se construye un penal nuevo? Porque es impopular. Nadie lo quiere cerca y nadie ve ese gasto como una prioridad. Pero tiene que hacerse urgentemente. Lo siguiente es modificar las leyes que amputaron a la Policía su capacidad de investigar. Reducir la escucha telefónica autorizada por un juez a solo dos meses es un error grave (tributo del Congreso anterior a los hermanitos). Obstaculizar la colaboración eficaz, la extinción de dominio y los allanamientos, o reducir la prescripción, solo favorece a los criminales. Llamar a todos «terroristas», pero restringir el tipo penal de «crimen organizado», revela las intenciones.

Acabar con la corrupción policial parece imposible, pero el Perú tiene amplia experiencia evadiéndola a través de grupos de élite. No hay otra forma, por ahora. Grupos policiales limpios, con una inversión tecnológica importante (software de interceptación de WhatsApp, reconocimiento facial y escuchas masivas de teléfonos dentro de las cárceles), pueden producir inteligencia que garantice capturas y condenas. Eso no se hace con visores nocturnos y trajes de Rambo. Tampoco se resuelve en TikTok. Mucho menos en El Salvador.

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