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“Un imperio no siempre se anuncia a
sí mismo por medio de decretos coloniales, a veces llega a través de
puertos. En los últimos 15 años los EAU han extendido su
presencia en toda África por medio de inversiones en infraestructuras
portuarias, aeropuertos y redes logísticas, y un puerto nunca
es un lugar neutro. El poeta e investigador palestino Rafeef Ziadah
ha escrito acerca de la intervención de
los EAU para controlar los puertos yemeníes y las rutas comerciales
en todo el océano Índico y el mar Rojo, y ha indicado que el
mismo puerto que se utiliza para la ayuda humanitaria se utiliza
para suministrar material militar. La línea entre ayuda y guerra
es deliberadamente difusa, no es casual. El oro es el recurso que permite entender el circuito
de retroalimentación. Un informe
publicado en abril de 2026 por
el Center for Environmental and Social Studies detalla cómo el oro de Sudán,
que se extrae mediante violencia y coacción, se mueve por medio de redes
informales a través de las fronteras hasta llegar a Dubái. Las cadenas
de suministro permiten que los materiales se atribuyan erróneamente, se vuelvan
a etiquetar o se mezclen para ocultar su origen; la línea entre el oro
de origen legal y el ilegal se difumina durante el transporte. El oro
se cambia por armas y liquidez financiera, y la guerra se
mantiene.
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Fuentes: Rebelión.
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NO TODOS LOS IMPERIOS SE PARECEN.
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Por Cheriese Dilrajh | 23/06/2026 | Mundo
Fuentes Revista Rebelión martes 23 de junio del 2026.
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
Aunque los Emiratos Árabes Unidos
(EAU) no ocupan ningún territorio, arman a milicias, controlan los puertos y
camuflan la violencia con el lenguaje del desarrollo. El precio lo paga Sudán.
Un imperio nunca ha consistido únicamente en la ocupación
colonial. Estados Unidos y Gran Bretaña siguen siendo los artífices
más visibles de la muerte y la destrucción a gran escala, pero los EAU
representan un modelo diferente y en cierto modo más insidioso: uno
que funciona por medio de la adquisición de capital, de armar
a fuerzas que actúan por intermediación y del control de las infraestructuras
en vez del control territorial directo.
La alianza entre Occidente y el Golfo funciona por medio del poder
militar, el secretismo financiero y la inversión extractivista. La
característica que la define es la externalización de la violencia, que
se camufla con el lenguaje del desarrollo, la logística y
la diplomacia humanitaria, y se esconde detrás de una arquitectura
de lujo.
Recientemente se ha presentado a los
EAU como la desafortunada
víctima de las represalias iraníes tras la guerra regional que
iniciaron Israel y Estados Unidos. Donald Trump ha indicado que está
considerando conceder ayuda financiera a los EAU por ser un «aliado fiel» que
ha sufrido un golpe económico. Es extremadamente irónico: los EAU
han utilizado todo su aparato autoritario para detener a cualquier
persona que documente públicamente la magnitud de los ataques iraníes
sobre su territorio; una investigación de Bellingcat concluyó que se había detenido a
al menos cinco personas simplemente por compartir grabaciones con
el teléfono de ataques de misiles. Pero el relato victimista no
debe ocultar el papel que desempeñan los EAU como potencia
subimperialista que ha facilitado guerras y crímenes de guerra en
toda la zona, sobre todo en Sudán.
Los EAU tienen un valor estructural
para Estados Unidos. Fue el primer Estado del Golfo que normalizó
sus relaciones con Israel, es uno de los principales compradores
del armamento estadounidense y actúa como centro neurálgico para
la inteligencia, las finanzas y la logística militar.
Han creado una red de bases e
instalaciones que
se extiende desde Yemen hasta Somalia, en torno al mar Rojo
y al golfo de Adén, y que se construyó con la participación de Estados
Unidos e Israel. Se trata de la infraestructura de una potencia
regional que busca tener influencia sin asumir sus responsabilidades.
La mayor crisis humanitaria del mundo tiene lugar en Sudán. En abril
de 2023 empezó una catastrófica guerra civil provocada por una violenta
lucha de poder entre las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF, por
sus siglas en inglés) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas
en inglés) que devastó Jartún, El Fasher y otras docenas de ciudades.
Se podría ver desde el espacio la sangre derramada en El Fasher.
Desde abril de 2023 han sido desplazadas unos 15 millones de personas, mientras que otros varios
millones más siguen necesitando ayuda para sobrevivir. Las mujeres
están particularmente expuestas a la violencia sexual y la tortura.
Más de 33.7 millones de personas de una población de 50 millones necesita
actualmente ayuda humanitaria urgente. Más de la mitad del país sufre
una inseguridad alimentaria severa, los servicios sanitarios
esenciales han colapsado y los brotes de enfermedades agravan
una situación que ya es de por sí catastrófica. Se calculaba que a fecha de finales del
año pasado la cantidad de víctimas mortales ascendía a 400.000 personas,
aunque es muy difícil de calcular.
La guerra en Sudán es una de las que financian directamente los Emiratos
Árabes Unidos. No parece una ocupación colonial clásica y por ello
se la considera secundaria, aunque las consecuencias que tiene son de
las más catastróficas del mundo.
El escritor sudanés Husam Mahjoub ofrece el marco analítico
más claro:
«El papel de los EAU
en Sudán no es
una anormalidad, sino que forma parte de un proyecto coherente, bien financiado
y de alcance regional: una agenda subimperialista que combina extracción
económica, el establecimiento de alianzas autoritarias y políticas
contrarrevolucionarias bajo la cobertura de la sofisticación diplomática y
alianzas globales. Por desgracias, Sudán es uno de sus principales
laboratorios».
¿Como y porque caen los Imperios?
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Mahjoub explica que los EAU se han posicionado como una fuerza
contrarrevolucionaria en toda la zona, que canaliza el apoyo a las RSF
(una milicia que ha cometido atrocidades generalizadas) por medio de transferencias
de armas y apoyo logístico. La organización The Sentry reveló en abril de
2026 que el líder de RSF Mohamed Hamdan Dagalo (Hemedti) y
sus hermanos habían acumulado inversiones en 20 propiedades de
lujo por valor de 24 millones de dólares, todas ellas situadas en la
misma urbanización cerrada de Dubái.
Los EAU no actúan solos. Egipto y otras potencias regionales trabajan
juntamente con la Unión Europea, Rusia y Estados Unidos para mantener
la inestabilidad en Sudán mientras obtienen beneficios estratégicos y
económicos: reservas de oro, goma arábiga, tierras agrícolas
y acceso a las rutas comerciales del mar Rojo. Los EAU han negado todas las acusaciones contra ellos, pero ello no ha
ido acompañado de transparencia, de modo que siguen sin asumir sus
responsabilidades.
Un imperio no siempre se anuncia a sí mismo por medio de decretos
coloniales, a veces llega a través de puertos. En los últimos 15
años los EAU han extendido su presencia en toda África por medio
de inversiones en infraestructuras portuarias, aeropuertos y redes
logísticas, y un puerto nunca es un lugar neutro. El poeta e
investigador palestino Rafeef Ziadah ha escrito acerca de la intervención de
los EAU para controlar los puertos yemeníes y las rutas comerciales
en todo el océano Índico y el mar Rojo, y ha indicado que el
mismo puerto que se utiliza para la ayuda humanitaria se utiliza
para suministrar material militar. La línea entre ayuda y guerra
es deliberadamente difusa, no es casual.
El oro es el recurso que permite entender el circuito
de retroalimentación. Un informe
publicado en abril de 2026 por
el Center for Environmental and Social Studies detalla cómo el oro de Sudán,
que se extrae mediante violencia y coacción, se mueve por medio de redes
informales a través de las fronteras hasta llegar a Dubái. Las cadenas
de suministro permiten que los materiales se atribuyan erróneamente, se vuelvan
a etiquetar o se mezclen para ocultar su origen; la línea entre el oro
de origen legal y el ilegal se difumina durante el transporte. El oro
se cambia por armas y liquidez financiera, y la guerra se
mantiene.
En enero de 2026 la misión naval «Will for Peace»
llevó un convoy de buques de guerra procedentes de Rusia, China y los
Emiratos Árabes Unidos a atracar en la ciudad sudafricana de
Simon’s Town bajo
la etiqueta de un «ejercicio marítimo». Ahí se vio perfectamente la
confusión deliberada que identifica Ziadah entre logística
humanitaria, militar y comercial. Sudáfrica no es un mero espectador en estas
redes. Open Secrets ha sacado a la luz a Integrated Convoy
Protection (ICP),
una empresa sudafricana, y el papel que desempeña suministrando a la maquinaria
de guerra emiratí con envíos que pasan por el puerto de Durban hasta
Jebel Ali, en Dubái. Este es el rostro de la violencia silenciosa:
se mueve a través de infraestructuras ordinarias, oculta en la rutina del
comercio mundial.
Pero el puerto de Durban también ha sido el escenario de un
plante: en 2021 sus estibadores se negaron de descargar un barco
de mercancías israelí en un acto de solidaridad con el pueblo
palestino, y los movimientos sindicales se sumaron en señal
de apoyo. Los puertos son políticos, es donde se sustentan las guerras y
donde los trabajadores conservan el poder de interrumpirlas.
El papel subimperial de los EAU no es una anomalía,
es la expresión lógica de un sistema global en el que la alineación
estratégica tiene prioridad sobre la vida humana, tanto en Jartún
como en Gaza; tanto en Sudán como en Yemen. Los Estados del Golfo contribuyeron
a neutralizar la liberación palestina. Ahora se está abandonando a Sudán
con los mismos mecanismos. La alianza entre Occidente y el Golfo
no es una relación entre iguales que comparten los mismos valores,
sino que es una estructura que produce y mantiene la muerte
generalizada y hay que llamarla por su nombre.
Se debe ver Dubai como es: una isla
artificial construida sobre la esclavitud.
Cheriese
Dilrajh es una
artista, escritora e investigadora de Open Secrets.
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