sábado, 8 de agosto de 2026

“NO ACEPTAMOS ESTA ARGENTINA PARA UNOS POCOS” Organizaciones sociales y sindicales marcharon de Liniers a Plaza de Mayo por “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”

 &&&&&

“El secretario general de la UTEP, Alejandro Gramajo, destacó el amplio acompañamiento social a la marcha, incluido el del movimiento estudiantil. Y agradeció las contundentes palabras del obispo García Cuerca, “su bendición y su acompañamiento, la bendición a las herramientas de trabajo que expresan todo lo que hacen cotidianamente los trabajadores de la economía popular, produciendo y cuidando en las comunidades”.

“En la desconcentración, y mientras sonaba el Indio Solari -otro ícono dibujado en las banderas-, el barro de la plaza mostraba todo lo que había pasado allí el día anterior. No solo la lluvia intensa. También algunos papeles y carteles que quedaron recordando una continuidad en la calle.“Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende. Fíjate de qué lado de la mecha te encontrás”, decía un cartel que tenía pintados un hornero y una bandera argentina.  Alguien se había ocupado de resguardarlo cuidadosamente entre las rejas de la pirámide. También pasó a formar parte de esta marcha.

/////


Acto final, marcha San Cayetano. El acto central incluyó un homenaje a Taty Almeida, a cargo de Adolfo Pérez Esquivel y María Adela Antokoletz. Guido Piotrkowski.

*****


“NO ACEPTAMOS ESTA ARGENTINA PARA UNOS POCOS”

Organizaciones sociales y sindicales marcharon de Liniers a Plaza de Mayo por “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”

*****

A horas de la derrota oficial por la Ley de Tierras, una multitud convocada por los movimientos sociales, la CGT y las dos CTA marchó para reclamar contra el ajuste del Gobierno que provoca miseria, deudas y desocupación. Antes de la partida de San Cayetano, el arzobispo porteño destacó que “el sueldo no alcanza y hay gente que revuelve la basura para comer”.

Organizada por la UTEP junto a la CGT y las dos CTA, la convocatoria trazó un duro diagnóstico social y un urgente llamado a la unidad en la lucha.

Por Karina Micheletto.

Fuente. Página /12 sábado 8 de agosto del 2026.

“Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”. Una consigna tan concreta como poderosa movilizó a organizaciones sindicales, sociales y políticas a marchar a lo largo de quince kilómetros, partiendo desde Liniers para concluir en un acto en Plaza de Mayo. Fue después de las palabras del obispo García Cuerva y la conmovedora manifestación en el santuario de San Cayetano (ver nota aparte), que todos los años expresa un sentir popular arraigado, pero que esta vez dejó evidenciado algo más en el clima social, una continuidad palpable de la jornada de protesta y represión del jueves frente al Congreso.

“Este gobierno no solo ajusta, también necesita construir enemigos. Y ha elegido a los trabajadores y a sus organizaciones como las principales destinatarias de sus agravios”, se denunció en el documento que leyeron integrantes de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular.


Bajo una bandera que reclamaba “Unidad de las trabajadoras y los trabajadores para reconstruir la Argentina”, y junto a referentes sociales y sindicales, las palabras elegidas trazaron un duro diagnóstico, y también un llamado a la acción en unidad.

“Nos quieren convencer de que los trabajadores somos el problema. Pero el problema nunca fue quien trabaja; el problema es un modelo económico que concentra riqueza para unos pocos y condena a las grandes mayorías a la exclusión. El problema es un gobierno que remata nuestra soberanía y le pone el cartel de venta a nuestro territorio nacional”, advirtieron. “Están destruyendo derechos conquistados en décadas de lucha. Quieren imponer una sociedad donde el mercado decida quién merece vivir con dignidad y quién queda descartado. No vamos a aceptar esta Argentina para pocos”.

Junto a la UTEP, la CGT, las dos CTA y los distintos sindicatos que las integran dieron muestras de la declamada unidad en la asistencia y la organización. Y con ellos organizaciones como La Poderosa, el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (integrado entre otros por Curas en Opción por los Pobres y Curas Villeros), Barrios de Pie, el Movimiento Evita, Cuba MTR, entre muchas banderas.

Pero si hubo una bandera multiplicada en momentos y asistentes, también en cantidad de carteles, remeras, pañuelos y pines, fue la de “Las Malvinas son Argentinas” que quedó como un ícono tras el partido Argentina - Inglaterra.

Junto a esas letras fijadas en aerosol en una sábada de hotel, aparecieron aquí y allá los símbolos de la economía popular. El carrito cartonero, las ollas, los cucharones, los delantales de las que cuidan y dan de comer en los barrios. Ellas marcharon en primera fila y fueron de las primeras en entrar a la plaza, tras la larga caminata.


El homenaje a Taty.

Sobre el escenario hubo también un momento para un homenaje a TATY ALMEIDA, a cargo de Adolfo Pérez Esquivel y María Adela Antokoletz, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.

“Estamos viendo resurgir la rebelión de las conciencias, la resistencia del pueblo que está harto de la entrega y el desprecio de un presidente que hizo 17 viajes a Estados Unidos y ni uno solo a una provincia, a hablar con un conciudadano”, le dijo el Nobel de la Paz a Página/12.

A sus “recién casi 95 años″, Pérez Esquivel también contó que el jueves intentó llegar a la manifestación en defensa de la tierra, pero la policía se lo impidió. Como a muchos y muchas, el desproporcionado vallado policial y la represión que enseguida empezó a “correr a la gente para afuera de la plaza” lo obligaron a volver sin poder llegar al Congreso. “Si el pueblo se une y resiste, este engendro se termina”, aseguró.

Verdura, leche y solidaridad.

La jornada en Plaza de Mayo arrancó a las 11 con un “verdurazo” solidario: cooperativas frutihortícolas de La Plata y la cooperativa láctea Colonia Ferrari distribuyeron 500 litros de leche y 500 kilos de verduras, principalmente de hoja verde. “Acá nadie se salva solo”, resaltaban también los feriantes de la UTEP, que montaron sus puestos a lo largo de la calle, frente a la Catedral y la siguiente.

Hubo otras formas de visibilizarían. Una muestra de fotos en las rejas de la pirámide puso en valor los distintos trabajos de la economía popular. Y mostró datos contundentes: Desde fines de 2023 a abril de 2026 cayeron 141 mil puestos de trabajo. Se incorporaron más de 400 mil monotributistas. Más de 9 millones de personas trabajan en la informalidad. Argentina es el país con peor salario de la región: 250 dólares, contra los 600 o 700 de Costa Rica, México o Uruguay.

En un puesto informativo se denunciaron las obras en barrios populares paralizadas por el gobierno nacional, con el pedido de “no frenar lo que funciona”. “Si el Estado retrocede, avanza el narcotráfico”, advertía el reclamo por la restitución del FISU, el Fondo de Integración Socio Urbana, que mientras funcionó financió más de 1.200 obras en mil barrios.


Las y los que marcharon.

Pasadas las 2 de la tarde, las columnas con un enorme cartel de la UTEP y carteles de las distintas organizaciones ingresaron a la plaza por Avenida de Mayo. Al momento del acto alcanzaron las 50 mil personas, según el cálculo de los organizadores.

A las figuras religiosas tradicionales -la Virgen de Luján, San Cayetano, las espigas con la estampita- se sumaron otras como un Papa Francisco “cartonero”, hecho artesanalmente. Y a las consignas de “Unidad de los trabajadores”, las de “La tierra no se vende, se defiende”.

“Reconocimiento salarial para las cuidadoras comunitarias”, pedía el colorido cartel que llevaban las mujeres de las primeras filas. “Fue muy cansadora la caminata, pero hermosa. Es cansador, pero da mucha fuerza a la vez”, le dijeron a Página/12 Romina y Lorena, de la organización 25 de Mayo, una responsable de una panificadora, la otra docente a cargo de un espacio de primera infancia.

En el documento consensuado que leyeron, las organizaciones recordaron los 10 años que se están cumpliendo de esta marcha, con esta misma consigna de “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”, renovada cada vez.

“Son diez años de este camino colectivo, inspirado en aquella histórica movilización de Paz, Pan y Trabajo de 1982, cuando el movimiento obrero enfrentó a la dictadura cívico-militar marchando desde esta Catedral hasta Liniers”, evocaron. “Esa lucha sigue siendo un faro para quienes creemos que la dignidad del pueblo se defiende con organización y solidaridad”.

Entre las consignas leídas en el escenario, se repitió el pedido de libertad para Cristina Kirchner y para Milagro Sala.

El secretario general de la UTEP, Alejandro Gramajo, destacó el amplio acompañamiento social a la marcha, incluido el del movimiento estudiantil. Y agradeció las contundentes palabras del obispo García Cuerca,

“su bendición y su acompañamiento, la bendición a las herramientas de trabajo que expresan todo lo que hacen cotidianamente los trabajadores de la economía popular, produciendo y cuidando en las comunidades”.

En la desconcentración, y mientras sonaba el Indio Solari -otro ícono dibujado en las banderas-, el barro de la plaza mostraba todo lo que había pasado allí el día anterior. No solo la lluvia intensa. También algunos papeles y carteles que quedaron recordando una continuidad en la calle.

“Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende. Fíjate de qué lado de la mecha te encontrás”, decía un cartel que tenía pintados un hornero y una bandera argentina.

Alguien se había ocupado de resguardarlo cuidadosamente entre las rejas de la pirámide. También pasó a formar parte de esta marcha.

*****

viernes, 7 de agosto de 2026

AMERICA LATINA. NUESTRA AMERICA. LA PATRIA GRANDE. ARGENTINA. MILES DE PERSONAS SE MANIFESTARON PARA DECIR QUE "LA TIERRA NO SE VENDE" Una violenta represión para aplacar la resistencia social.

 &&&&&

“Gases, palos y razias. A partir de las cinco de la tarde, cuando comenzó la represión, el clima cambió completamente. Más de dos mil efectivos de fuerzas federales avanzaron sobre la plaza de los Dos Congresos, con una violencia que fue creciendo a medida que la gente resistía e intentaba volver a la plaza. Los efectivos tiraron gases de manera generalizada, provocando corridas, ahogamientos y escenas de pánico que se extendieron hasta la avenida 9 de Julio y por la avenida Callao. A pesar de que el antecedente de Pablo Grillo, el fotógrafo al que hirieron gravemente al dispararle con un gas lacrimógeno, está aún fresco, se volvió a ver a la policía disparando gases directo hacia los manifestantes, en lugar de hacerlo apuntando al cielo. Cuando cayó el sol, escuadrones en moto salieron en razzia para desalojar por completo las calles Rivadavia, Hipólito Yrigoyen y avenida de Mayo. Y a lo largo de esas calles hicieron detenciones al voleo. Fuentes policiales informaron que hubo al menos once manifestantes detenidos, bajo los cargos de “atentado y resistencia a la autoridad”. El número de heridos, al cierre de esta edición, aún no estaba claro.

/////



La represión frente al Congreso se extendió durante cuatro horas. Leandro Teysseire

*****    

AMERICA LATINA. NUESTRA AMERICA. LA PATRIA GRANDE. ARGENTINA. MILES DE PERSONAS SE MANIFESTARON PARA DECIR QUE "LA TIERRA NO SE VENDE"

Una violenta represión para aplacar la resistencia social.

*****

A pesar del temporal, las calles del Congreso se llenaron de gente que rechazó la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Hubo gases, balas de goma y manifestantes heridos.

Por Laura Vales.

Fuente Página /12 viernes 7 de agosto del 2026.  

Mientras el Senado sesionaba, miles de personas se juntaron en la plaza del Congreso para rechazar la ley bautizada por el Gobierno como de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. La protesta fue muy masiva: a pesar de que llovió, cubrió la plaza, la avenida de Mayo hasta la 9 de Julio y también parte de la avenida Callao. La gente se manifestó con banderas celestes y blancas, con carteles de “La patria no se vende” y una variante para la ocasión, “La tierra no se vende”. Permaneció reclamando frente al Congreso desde la una hasta las cinco de la tarde, cuando las fuerzas de seguridad comenzaron a reprimir. Tiraron gases lacrimógenos, avanzaron con camiones hidrantes sobre los manifestantes e hicieron detenciones. Una fotoperiodista recibió un golpe en la cabeza y un manifestante, un impacto en el ojo. A pesar de la violencia policial, muchos manifestantes insistieron en volver a la plaza o sus calles cercanas, donde entonaron el himno nacional y volvieron a sonar cantitos históricos, como “el pueblo unido jamás será vencido” y “que se vayan todos”. La bronca contra Javier Milei se expresó fuerte.

Si bien el Gobierno quitó del debate en el Senado el capítulo de la ley más resistido, que habilitaba la venta indiscriminada de tierras a extranjeros, la manifestación opositora no consideró saldado el tema. La protesta se hizo igual, con el reclamo de que el proyecto fuera rechazado entero, incluyendo las partes que quedaron en pie: la habilitación de desalojos express para los inquilinos que no puedan pagar a tiempo su alquiler, la desregulación de la Ley de Manejo del Fuego —que protege los bosques y humedales de la especulación inmobiliaria— y la quita de herramientas al Estado para que pueda hacer expropiaciones.

La fuerte reacción que se vio en la calle tuvo una inspiración impensada, el reclamo por la soberanía argentina sobre las islas Malvinas: la bandera que la selección nacional levantó en el partido contra Inglaterra —“Las Malvinas son argentinas”—, impresa hasta con la misma tipografía, saltó desde el Mundial de Fútbol a la protesta de este jueves, llevada por la gente en sus remeras y pancartas.


El gobernador bonaerense Axel Kicillof también estuvo en la protesta y denunció “la locura de la venta de las tierras rurales a capitales extranjeros” y la de los “los otros capítulos de esta ley que también son nefastos”.

En medio de la represión, llevados por la rabia de haber sido gaseados, grupos de manifestantes descolgaron de los hoteles internacionales de la zona las banderas norteamericanas. Si no las quemaron fue porque llovía.

La represión en las inmediaciones del Congreso se extendió durante cuatro horas, todo un dato para medir el clima social, el malestar que hizo que los manifestantes intentaran volver a la plaza. A su vez, el operativo anti-protesta volvió a mostrar efectivos que disparan al cuerpo de las personas, en lugar de apuntar hacia el cielo o a los pies, como indican los protocolos para el uso de armas llamadas “menos letales”.

Entre los heridos de la jornada hubo una fotoperiodista con un golpe en la cabeza, desde atrás, que debió ser trasladada al hospital. La médica que la atendió en la calle contó que la joven sangraba por el oído y que tuvo un traumatismo de cráneo. Otro manifestante recibió un impacto en un ojo de lo que parecía una bala de goma.


Sueltos y organizados.

El día había amanecido con una tremenda tormenta, por lo que todo hacía pensar que la protesta se iba a diluir. Por la mañana, algunas calles del centro se anegaron e incluso granizó en la avenida 9 de Julio. Sin embargo, al mediodía el temporal se hizo menos intenso y empezaron a llegar a la plaza los primeros grupos, encolumnados con sindicatos y partidos de la oposición. El peronismo, los partidos de izquierda, la CGT, las dos Centrales de Trabajadores Argentina y la Unión de Trabajadores de la Economía Popular fueron algunos de los convocantes a la jornada de protesta, y los primeros en pasar por la plaza.

La organización social estacionó frente al Congreso un camión de verduras, que repartió entre los que iban llegando. “Soy jubilada, estoy yendo a un centro de día para poder comer porque cobro la mínima y no me alcanza”, contó una de las mujeres en la fila. Las agrupaciones de jubilados, que cada miércoles se ligan una represión, también estuvieron en esta protesta.

A las dos de la tarde, dentro del Congreso, los senadores arrancaron con el debate. La lluvia paró por un rato y entonces más gente se acercó a la plaza, llenando las calles que la bordean y luego ocupando la avenida de Mayo.

Como en todas las protestas callejeras que consiguen ser numerosas, esta fue muy heterogénea: había militantes peronistas y de izquierda, gremios, delegaciones de los pueblos originarios y movimientos sociales, cada uno detrás de su bandera identificatoria.

Pero un elemento novedoso es que aparecieron, además, grupos nuevos, formados muy recientemente. Gente que se estuvo relacionando a través de las redes contra el proyecto de extranjerización del país y que decidió juntarse en la plaza. Ese fue el caso de los Autoconvocados por Nuestra Tierra, que se reunieron frente a la calesita. Para muchos, era la primera vez que se veían cara a cara e incluso que salían a protestar.

Un chico de pelo largo empuñó un megáfono y le habló al grupo:

“No estamos acá para confrontar con la policía, ni para hacer una guerra ni una lucha. Estamos para presentarnos, con responsabilidad, por un futuro mejor para todos nosotros”, dijo.

Sin dudas, había temor por el operativo anti-protesta del Gobierno, que desplegó en la calle a la Policía Federal y de la Ciudad, la Gendarmería, la Prefectura y el Servicio Penitenciario, y valló el frente del edificio del Congreso. Y era un miedo con razón.

La manifestación, al menos hasta que empezaron los gases, tuvo un tono festivo. Sobre la avenida de Mayo, el grupo de percusión teatral El Choque Urbano llevó sus tambores y un cantante que arengó a los presentes: “El que no salta vota la ley”, desafió en un momento, y toda la cuadra se puso a saltar.

Los militantes de Soberanxs hicieron una acción participativa: llevaron 22 mil metros de lino cortado en retazos de medio metro, y aerosoles para proponerle a cada manifestante que escribiera la consigna que quisiera. “Fuera Peter Thiel de la Argentina”, escribió una chica. Otro manifestante puso en la suya “Caputo a la horca”. Otro puso “La tierra no se entrega”.



Gases, palos y razias.

A partir de las cinco de la tarde, cuando comenzó la represión, el clima cambió completamente. Más de dos mil efectivos de fuerzas federales avanzaron sobre la plaza de los Dos Congresos, con una violencia que fue creciendo a medida que la gente resistía e intentaba volver a la plaza.

Los efectivos tiraron gases de manera generalizada, provocando corridas, ahogamientos y escenas de pánico que se extendieron hasta la avenida 9 de Julio y por la avenida Callao. A pesar de que el antecedente de Pablo Grillo, el fotógrafo al que hirieron gravemente al dispararle con un gas lacrimógeno, está aún fresco, se volvió a ver a la policía disparando gases directo hacia los manifestantes, en lugar de hacerlo apuntando al cielo.

Cuando cayó el sol, escuadrones en moto salieron en razzia para desalojar por completo las calles Rivadavia, Hipólito Yrigoyen y avenida de Mayo. Y a lo largo de esas calles hicieron detenciones al voleo.

Fuentes policiales informaron que hubo al menos once manifestantes detenidos, bajo los cargos de “atentado y resistencia a la autoridad”. El número de heridos, al cierre de esta edición, aún no estaba claro.

*****

TERREMOTO MONETARIO EN JAPÓN CON RIESGO DE TSUNAMI GLOBAL.

 &&&&&

“El riesgo de tsunami. Por supuesto, sería pura imprudencia asegurar que las dificultades de Japón van a provocar una crisis financiera mundial. Pero igual de imprudente resulta minimizar la importancia de lo que está ocurriendo. El propio secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha pedido que el mecanismo FIMA se amplíe en los próximos meses y cuando el bombero pide más potencia al extintor no tranquiliza, sino que más bien señala la medida del incendio. Precisamente, porque el problema al que se quiere hacer frente no es puntual, sino estructural, tanto en Japón como en las finanzas globales. Si se siguen acumulando tensiones, alguno de los grandes tenedores de deuda y títulos estadounidenses se verá obligado, antes o después, a venderlos para poder salvar sus muebles. Y el contagio, entonces, será inmediato, global y quizá imparable.

Durante años se ha dicho que los mercados financieros distribuían bien el riesgo y lo que ahora estamos comprobando es justamente lo contrario

“Contemplar la cotización del yen como si ese fuera el problema es como detener la atención en el dedo que señala a la Luna. Lo que el terremoto monetario de Japón está poniendo de relieve es lo irreal y frágil del presupuesto sobre el que se sostiene el edificio de las finanzas internacionales: aumentar sin cesar la deuda (el gran negocio de los bancos y de las grandes empresas cada vez más volcadas en otorgar crédito privado) gracias a tipos de interés extraordinariamente bajos y confiando exclusivamente en que el orden lo impongan los mercados. Es pronto para saber si nos encontramos ante una simple turbulencia o ante el comienzo de una transformación mucho más profunda. Durante años se repitió que Japón demostraba que las montañas de deuda podían sostenerse indefinidamente. Tal vez lo que estamos viendo ahora sea exactamente lo contrario: el primer aviso serio de que incluso las excepciones históricas tienen un límite. Y, sobre todo, algo mucho más importante. Durante años se ha dicho que los mercados financieros distribuían bien el riesgo y lo que ahora estamos comprobando una vez más es justamente lo contrario. La globalización financiera no ha eliminado los riesgos, los ha conectado, y una tensión monetaria localizada puede recorrer el planeta en cuestión de horas.

/////


Fuentes: CTXT [Foto: Donald Trump y Sanae Takaichi, primera ministra japonesa, en el Palacio de Akasaka (Tokio), el martes 28 de octubre de 2025. / Daniel Torok (White House)].

*****


TERREMOTO MONETARIO EN JAPÓN CON RIESGO DE TSUNAMI GLOBAL.

*****

Por Juan Torres López | 06/08/2026 | Economía

Fuentes. Revista Rebelión jueves 6 de agosto del 2026.

La globalización financiera no ha eliminado los riesgos, los ha conectado, y una tensión monetaria localizada puede recorrer el planeta en cuestión de horas

Mientras medio mundo sigue pendiente de los aranceles de Trump, de las guerras o de la inteligencia artificial, en Japón se está produciendo uno de los movimientos financieros más peligrosos de los últimos años. Tanto, que hasta el Gobierno de Estados Unidos ha considerado necesario intervenir para intentar frenarlo. El pasado 3 de agosto, Tokio y Washington confirmaron oficialmente que días antes habían comprado yenes de forma coordinada en los mercados. Ha sido la primera operación conjunta de esta naturaleza desde 1998 y la última vez que ambos países actuaron juntos en el mercado del yen fue en marzo de 2011 para debilitarlo, por cierto, justo después del terremoto y el tsunami de Töhoku. 

En este artículo voy a tratar de explicar de la forma más sencilla posible qué está sucediendo y lo que podría venir después.

La larga excepción japonesa

La economía de Japón se está comportando desde hace décadas como un caso verdaderamente excepcional. Tras el estallido de su burbuja inmobiliaria y bursátil, a comienzos de los años noventa del siglo pasado, el país entró en un período de crecimiento débil, con tipos de interés próximos a cero y sin apenas inflación.

Desde entonces, el Estado fue acumulando una gigantesca deuda pública que se sitúa en torno al 235% del PIB, con diferencia la más alta del mundo desarrollado. Aunque, en contra de lo que generalmente se afirmaba que iba a ocurrir, esa montaña de deuda no produjo el colapso de la economía. Gracias al ahorro de los propios japoneses y a las compras masivas de deuda por parte del Banco de Japón y con tipos de interés artificialmente bajos, se pudieron financiar los déficits sin grandes problemas.

Sin embargo, eso ocurrió de forma excepcional, gracias a condiciones muy difíciles de reproducir que han empezado a desaparecer.

Lo que oculta la intervención de EE. UU. es una falla estructural del sistema financiero internacional, un peligro real de la que apenas se habla.



El equilibrio que dejó de serlo.

El aparente estado de bonanza de la economía japonesa comenzó a mostrarse de otro modo cuando, ya en 2019, empezaron a registrarse cuellos de botella en el comercio internacional que se agravaron con las tensiones inflacionistas posteriores a la COVID, a la invasión de Ucrania y, ya más tarde, con la guerra en Irán.

Los tipos de interés y la rentabilidad de los bonos de otros países subían, y los casi nulos de Japón llevaron a que los capitales buscasen mayor rentabilidad en el exterior, al mismo tiempo que disminuía el ahorro interior y que los gobiernos de derecha aumentaban el gasto público y bajaban impuestos. El coste de la financiación del Estado empezó a aumentar justo cuando el gran volumen de deuda acumulada hace que cualquier incremento de los intereses tenga efectos multiplicados.

En esas condiciones, la cotización del yen bajaba rápidamente, aumentando así el problema, porque una moneda más débil favorece las exportaciones, pero también encarece las importaciones de energía, alimentos y materias primas que en gran volumen realiza Japón, lo que impulsa las subidas de precios. Y, en esas condiciones, la política monetaria se enfrenta a una disyuntiva fatal: para evitar el hundimiento de la divisa necesitaría fuertes alzas de los tipos de interés, pero si las lleva a cabo con ese fin, la deuda pública se dispararía por el coste de los intereses, justo cuando más está gastando un gobierno empeñado en aumentar su potencia militar.

Estados Unidos entra en juego.

Sin posibilidades reales de aumentar los tipos de interés lo suficiente, lo que han venido haciendo las autoridades japonesas ha sido comprar su propia moneda en los mercados internacionales. Para hacerlo necesitan gastar reservas, y el gran temor, lo que de verdad late en el trasfondo de todo esto, es que, si esas reservas no bastan, acaben teniendo que vender de forma masiva los activos más líquidos que poseen: los bonos del Tesoro de Estados Unidos.

Precisamente para evitar ese escenario, las autoridades monetarias han recurrido a dos artificios muy reveladores en la intervención que han llevado a cabo.

Por un lado, Japón ha anunciado que utilizará un mecanismo de la Reserva Federal, el llamado repo FIMA, que le permite acceder hasta a 60.000 millones de dólares por día entregando temporalmente sus bonos de Estados Unidos como garantía durante un máximo de siete días, sin tener que venderlos. Y, por otro, la Reserva Federal, en vez de vender dólares para comprar yenes (lo que bajaría la cotización del dólar), lo que hizo fue vender euros de sus reservas, un movimiento insólito (como explico después) que sorprendió a todos los operadores.

Son dos movimientos que apuntan a lo mismo: no quieren que se encienda la mecha de una venta forzada de deuda estadounidense ni que el dólar se deprecie en exceso.

Si la operación fuese puntual o de escasa cuantía, a Estados Unidos podría afectarle, porque al haber más oferta de bonos debe subir su rendimiento y eso encarece su financiación, pero sólo temporalmente y sin mayores problemas.

Sin embargo, Estados Unidos ha hecho en las últimas semanas lo que no suele hacer: intervenir para defender la moneda de otro país y, menos aún, cuando se trata de una economía avanzada, como la japonesa, de la que se supone que tiene un banco central con suficientes instrumentos para resolver sus problemas monetarios.

Lo que oculta, por tanto, la intervención de Estados Unidos es una falla estructural del sistema financiero internacional, un peligro real de la que apenas se habla: la peligrosa interrelación entre las finanzas de las grandes potencias y el riesgo al que está sometida la deuda estadounidense.

EE. UU. no está ayudando a Japón por generosidad, sino para evitar que se produzca un terremoto monetario que llevaría a un tsunami que alcanzaría a su economía

Estados Unidos logró disponer de un privilegio único: la moneda que imprime a su voluntad es la más deseada y utilizada por los demás países, lo que significa que puede emitirla sin cesar. Puede endeudarse emitiendo bonos de su Tesoro mientras haya suficientes dólares circulando y los demás países vayan obteniendo excedentes que materialicen en la divisa estadounidense. Pero si, por el contrario, las demás economías entran en crisis y se ven obligadas a obtener liquidez para mantener la cotización de sus propias monedas, como le ocurre ahora a Japón, la deuda que peligra es la de Estados Unidos.

Japón es hoy día uno de los mayores poseedores de deuda pública estadounidense (en torno a 1,2 billones de dólares) y también de otros activos, como acciones (1,2 billones) o deuda de empresas (300.000 millones de dólares). Si el gobierno y el banco central de Japón tuvieran que deshacerse de una parte considerable de esos títulos, lo que provocaría sería un problema de gran dimensión en Estados Unidos: la Reserva Federal quizá se viera obligada a elevar los tipos de interés, encareciendo la financiación del Gobierno estadounidense y desestabilizando al conjunto del sistema financiero internacional.

Estados Unidos no está ayudando a Japón por generosidad, sino para evitar que se produzca allí un terremoto monetario que, con toda probabilidad, llevaría consigo un tsunami que alcanzaría a su propia economía.



Especulación como telón de fondo.

Lo que hay que retener y comprender bien es cómo un problema monetario japonés puede convertirse en un problema de todos.

Durante años, los tipos de interés casi nulos de Japón convirtieron al yen en la moneda favorita para una operación especulativa muy rentable pero muy peligrosa llamada “carry trade”. Los especuladores se endeudan en yenes prácticamente gratis para invertir ese dinero en activos de mayor rendimiento en el resto del mundo, desde bonos estadounidenses hasta bolsas o criptomonedas.

El problema de este mecanismo es que, cuando el yen se aprecia bruscamente, por ejemplo, si los bancos centrales salen a comprarlo, ese enorme entramado de posiciones especulativas se deshace en cadena y obliga a vender activos por todo el planeta para devolver los préstamos contraídos en yenes porque dejan de ser rentables. Algo que ya ocurrió en agosto de 2024, cuando una subida relativamente modesta del yen fue suficiente para provocar una caída bursátil global de varios días.

Es difícil calcular con exactitud la magnitud de este tipo de operaciones, pero en cualquier caso es muy grande. En su acepción más amplia, se estima que ese carry trade en Japón movía unos 20 billones de dólares en 2023, más de cinco veces el PIB de Japón y un volumen que se ha mantenido e incluso aumentado su componente especulativa desde entonces. Y aunque se acepte que sólo una parte, quizá unos cuatro billones de dólares, corresponda a posiciones especulativas capaces de deshacerse en tromba, se trataría de uno de los mayores, menos vigilados y más peligrosos motores de liquidez del planeta. En palabras textuales de BCA Reasearch en febrero de 2026, “una bomba de relojería”.

Europa dispone de una de las grandes monedas internacionales, pero rara vez ejerce un liderazgo equivalente en la gobernanza monetaria mundial

El euro paga, sin comerlo ni beberlo, y China juega otra partida.

Para no debilitar al dólar al ayudar al yen, la Reserva Federal financió la compra de yenes vendiendo euros, lo que pilló a contrapié a los mercados y metió al euro en un conflicto que no era el suyo. El euro ha servido como instrumento financiero de la operación, pero la Unión Europea no apareció como actor político de la respuesta. Una nueva muestra de la paradoja europea: dispone de una de las grandes monedas internacionales, pero rara vez ejerce un liderazgo equivalente en la gobernanza monetaria mundial. 

Y, mientras tanto, este proceso ha puesto de relieve un contraste interesante entre lo que ocurre en Japón y lo que hace China.

Tokio vende, o tiene miedo a tener que vender, porque está acorralado, ha de defender su moneda y trata de vender dólares y títulos estadounidenses a la desesperada. Pekín, por el contrario, lo hace por estrategia, de forma deliberada, sostenida y ordenada, no por necesidad como Japón. Ahora bien, ambos movimientos tienen el mismo efecto: erosionan el privilegio que permite a Estados Unidos financiarse barato porque el resto del mundo necesita y desea sus dólares. Y la paradoja es que una parte creciente de la deuda récord que está tensionando las finanzas japonesas se destina a un rearme militar acelerado pensado, sobre todo, en enfrentarse a China. Pero, en ese proceso, Japón debilita su economía, endeudándose hasta el límite de lo sostenible, para armarse contra el país que, por el contrario, se fortalece al desprenderse con calma del dólar y acumular oro.

Sólo pagar los intereses de la deuda va a llevarse en torno a la décima parte del presupuesto de Japón en 2026.



La compra de yenes alivia, pero no es solución.

Cuando uno o varios bancos centrales intervienen masivamente en el mercado de divisas para frenar la caída brusca de una moneda, como ahora hacen los de Japón y Estados Unidos, la caída puede frenarse. Pero no se eliminan las causas que la provocan.

Japón sigue teniendo una deuda gigantesca y, aunque se la debe principalmente a los propios japoneses, ya se está viendo que no va a poder hacerlo continuamente sin soportar tensiones muy fuertes. Las cifras marean: el rendimiento de su bono a 40 años ha superado el 4% por primera vez, el de su bono a 10 años ha llegado a rebasar al de la deuda china, lo que nunca había sucedido, y sólo pagar los intereses de la deuda va a llevarse en torno a la décima parte del presupuesto del Estado en 2026.

El envejecimiento de la población es acelerado y eso frena el crecimiento potencial de la economía japonesa; su gobierno de extrema derecha se ha embarcado en una carrera de gasto militar muy costosa, reduce al mismo tiempo los impuestos, y el Banco de Japón no sale del dilema realmente irresoluble que hemos comentado.

La economía japonesa va a seguir sufriendo los mismos desequilibrios que han generado tensiones en las finanzas internacionales, y todo eso ocurre porque se ha permitido que exista un sistema financiero global casi totalmente interconectado, en donde hay plena libertad de movimientos para el capital sin que apenas existan mecanismos de contención o reequilibrio que no sean el tipo de intervenciones puntuales que hemos comentado.

El riesgo de tsunami.

Por supuesto, sería pura imprudencia asegurar que las dificultades de Japón van a provocar una crisis financiera mundial. Pero igual de imprudente resulta minimizar la importancia de lo que está ocurriendo.

El propio secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha pedido que el mecanismo FIMA se amplíe en los próximos meses y cuando el bombero pide más potencia al extintor no tranquiliza, sino que más bien señala la medida del incendio. Precisamente, porque el problema al que se quiere hacer frente no es puntual, sino estructural, tanto en Japón como en las finanzas globales.

Si se siguen acumulando tensiones, alguno de los grandes tenedores de deuda y títulos estadounidenses se verá obligado, antes o después, a venderlos para poder salvar sus muebles. Y el contagio, entonces, será inmediato, global y quizá imparable.

Durante años se ha dicho que los mercados financieros distribuían bien el riesgo y lo que ahora estamos comprobando es justamente lo contrario

Contemplar la cotización del yen como si ese fuera el problema es como detener la atención en el dedo que señala a la Luna. Lo que el terremoto monetario de Japón está poniendo de relieve es lo irreal y frágil del presupuesto sobre el que se sostiene el edificio de las finanzas internacionales: aumentar sin cesar la deuda (el gran negocio de los bancos y de las grandes empresas cada vez más volcadas en otorgar crédito privado) gracias a tipos de interés extraordinariamente bajos y confiando exclusivamente en que el orden lo impongan los mercados.

Es pronto para saber si nos encontramos ante una simple turbulencia o ante el comienzo de una transformación mucho más profunda. Durante años se repitió que Japón demostraba que las montañas de deuda podían sostenerse indefinidamente. Tal vez lo que estamos viendo ahora sea exactamente lo contrario: el primer aviso serio de que incluso las excepciones históricas tienen un límite. Y, sobre todo, algo mucho más importante. Durante años se ha dicho que los mercados financieros distribuían bien el riesgo y lo que ahora estamos comprobando una vez más es justamente lo contrario. La globalización financiera no ha eliminado los riesgos, los ha conectado, y una tensión monetaria localizada puede recorrer el planeta en cuestión de horas.

Juan Torres López es economista y catedrático jubilado de Economía Aplicada

*****


miércoles, 5 de agosto de 2026

BRASIL. ARGENTINA. EL PRESIDENTE LULA ORDENÓ RETIRAR A SU EMBAJADOR EN ARGENTINA. La representación de Brasil quedó reducida a un encargado de negocios.

 &&&&&

"La respuesta de Lula. En un primer momento, Lula respondió los primeros insultos recurriendo a la ironía. Cuando le preguntaron qué opinaba de esas agresiones, dijo que no sabía quién era ese “tipo”. Luego las calificó como disparate. Pero Milei volvió a los insultos. En la capital de Brasil siguieron con atención esas declaraciones televisivas de Milei. Es más, llegaron a contabilizar que consideró a Lula “ladrón” y “corrupto” en cuatro oportunidades.

"En el acto del PT donde quedó consagrada su candidatura presidencial, Lula tuvo un momento dedicado a Milei al sostener que él no necesita del apoyo externo, como el que el argentino le brinda a Flávio Bolsonaro, porque él recibe el apoyo del pueblo brasileño. “Quiero estar preparado para que nadie invada este país para llevarse al presidente, como han invadido. Quiero estar preparado para la paz, no para la guerra”, afirmó Lula en un doble mensaje a la Casa Rosada y la Casa Blanca. En rigor, con todo este apoyo que está recibiendo el hijo de Bolsonaro, tanto de parte de Milei como de Trump, queda claro que el hijo del golpista no tiene todo el apoyo popular que necesita para poder sacar a Lula de Brasilia. Todo se resolverá el próximo 4 de octubre, cuando algo más de 158 millones de brasileños elijan por cuarta vez a Lula o se sumerjan en las oscuras aguas de la ultraderecha.

/////




BRASIL. ARGENTINA. EL PRESIDENTE LULA ORDENÓ RETIRAR A SU EMBAJADOR EN ARGENTINA.

La representación de Brasil quedó reducida a un encargado de negocios.

“Un presidente convertido en un payaso belicoso”

*****

Luego de que Milei lo llamara “ladrón”, “presidiario” y “basura socialista”, el mandatario brasileño suspendió por tiempo indeterminado el regreso de Julio Bitelli a Buenos Aires.

Por. Felipe Yapur.

Fuente. Página /12 miércoles 5 de agosto del 2026.

Todo tiene un límite. El presidente Luis Inácio Lula da Silva se cansó de los ataques e insultos de Javier Milei, que, en las últimas tres apariciones mediáticas, se dedicó a agredir al mandatario brasileño. Este martes, el canciller de ese país, Mauro Vieira, convocó al embajador argentino Daniel Raimondi, a quien le entregó una protesta formal y un anuncio: a partir de ahora Brasil rebaja su presencia diplomática y, hasta nuevo aviso, al frente de la embajada en Buenos Aires quedará el encargado de negocios. Es, sin duda, el peor momento de las relaciones diplomáticas entre la Argentina y Brasil desde la restauración de la democracia. Por el momento, la cancillería brasileña le indicó al embajador Julio Bitelli que no regresará a Buenos Aires. En tanto, el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino no emitió opinión sobre lo acontecido.


El embajador Julio Bitelli junto a su presidente Lula da Silva. Ricardo Stuckert.

*****

Milei había viajado a São Paulo el 25 de julio pasado con la intención de reunirse con el detenido Jair Bolsonaro. El juez del máximo tribunal de justicia de Brasil, Alexandre de Moraes, se lo impidió y desde ese momento, mientras compartía un acto con Flávio Bolsonaro, candidato presidencial, insultó a Lula llamándolo ladrón y hasta presidiario. También atacó al juez. Nadie en el programa le recordó que Bolsonaro cumple prisión domiciliaria condenado por encabezar un intento de golpe de Estado contra Lula. En sus apariciones mediáticas de este domingo y martes, Milei afirmó que lo llama presidiario porque supuestamente quedó libre por “un error administrativo”.

El error administrativo al que se refiere Milei es, por lo menos, una falacia, ya que en realidad Lula fue liberado por la Corte de su país al comprobar que el entonces juez Sergio Moro había actuado con parcialidad al condenarlo en 2019. La liberación ocurrió en 2021 y Lula pudo ser elegido nuevamente presidente.

El domingo, Milei reiteró sus ataques contra el presidente brasileño. En un programa de televisión, sin interrupciones ni advertencias, aseguró que la supuesta “campaña antiargentina” viralizada en redes sociales durante la Copa Mundial de Fútbol fue motorizada “con recursos e influencers” por Brasil, México, el Partido Demócrata de Estados Unidos y el presidente Pedro Sánchez en España. Lo dijo sin presentar una sola prueba. Tampoco se la pidieron.

El mandatario argentino llegó a considerar que no es comparable la campaña que tildó a los argentinos de racistas con sus dichos sobre Lula durante su paso por São Paulo.

“Yo no ataqué a los brasileños. Yo fui en defensa de los brasileños de bien”, aseguró Milei e insistió: “Yo hablé de Lula, el corrupto, el ladrón, el presidiario”.

Luego de esas declaraciones en Brasil, el gobierno de ese país llamó en consulta a su embajador, Julio Bitelli. En algún momento en Itamaraty se llegó a considerar que sería preciso demorar el retorno de Bitelli a Buenos Aires. Sin embargo, se decidió guardar silencio y esperar que la tensión diplomática desescale.


Julio Bitelli, embajador de Brasil en Argentina. Adrián Pérez.

*****

Es más, durante el fin de semana siguiente, el vocero presidencial, Adrián Ravier, llegó a decir que las diferencias entre ambos mandatarios eran ideológicas. Un argumento raro para justificar insultos, pero Ravier desde que asumió la vocería ha recurrido a este tipo de argumentos para justificar lo que no puede explicar.

El canciller Pablo Quirno, en cambio, llegó a decir que las relaciones se iban a restablecer. Una declaración que parecía que la buena vecindad se podía recuperar. Quirno, al menos eso pareció, no contaba con que Milei redoblara su apuesta y volviera a proferir sus insultos.

Ahora bien, el reinicio de las agresiones contra Lula está claramente enmarcado en un intento por incidir en la campaña presidencial de Brasil, donde Lula lleva la delantera en las preferencias electorales. Milei, que responde sin chistar a las órdenes de Donald Trump y al que quiere halagar en todo momento para poder ser su referente en América del Sur, insistió con los ataques al mismo momento en que el gobierno de los Estados Unidos canceló la visa de la embajadora de Brasil en Washington, María Luiza Viotti. El argumento esgrimido por la Casa Blanca es una supuesta medida de reciprocidad por la demora del gobierno brasileño en conceder el beneplácito al embajador estadounidense, Danny Parson, designado para Brasilia.

“Es mucho más leve decirle ladrón al ladrón que el propio acto de robar”, insistió Milei contra Lula y manifestó que el objetivo de su injerencia política en Brasil fue “cambiarle el signo” político.

“Por el bien de los brasileños, sacarse a los corruptos y chorros de encima siempre es bueno. Sacarse a los zurdos siempre es bueno, de encima”, sostuvo este martes durante una entrevista con un canal de streaming. Además, insistió en que Lula “estuvo preso” y lo acusó de haber intervenido en la campaña presidencial argentina de 2023 para favorecer a Sergio Massa.

“Cuando yo arranqué esta carrera en el 2021, había un solo país azul y todo era rojo. Hoy es mayoritariamente azul y lo que pasa es que no se ve en el mapa porque Brasil está rojo”, señaló el presidente argentino, que la semana pasada estuvo presente en la asunción de Keiko Fujimori en Perú y ahora viajará a Colombia para participar de la asunción del ultraderechista colombiano, Abelardo de la Espriella.



La respuesta de Lula.

En un primer momento, Lula respondió los primeros insultos recurriendo a la ironía. Cuando le preguntaron qué opinaba de esas agresiones, dijo que no sabía quién era ese “tipo”. Luego las calificó como disparate.

Pero Milei volvió a los insultos. En la capital de Brasil siguieron con atención esas declaraciones televisivas de Milei. Es más, llegaron a contabilizar que consideró a Lula “ladrón” y “corrupto” en cuatro oportunidades.

En el acto del PT donde quedó consagrada su candidatura presidencial, Lula tuvo un momento dedicado a Milei al sostener que él no necesita del apoyo externo, como el que el argentino le brinda a Flávio Bolsonaro, porque él recibe el apoyo del pueblo brasileño.

“Quiero estar preparado para que nadie invada este país para llevarse al presidente, como han invadido. Quiero estar preparado para la paz, no para la guerra”, afirmó Lula en un doble mensaje a la Casa Rosada y la Casa Blanca.

En rigor, con todo este apoyo que está recibiendo el hijo de Bolsonaro, tanto de parte de Milei como de Trump, queda claro que el hijo del golpista no tiene todo el apoyo popular que necesita para poder sacar a Lula de Brasilia.

Todo se resolverá el próximo 4 de octubre, cuando algo más de 158 millones de brasileños elijan por cuarta vez a Lula o se sumerjan en las oscuras aguas de la ultraderecha.

*****