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“Estados temerosos, ejemplos ilustrativos. La relación entre el esclavismo
histórico y el racismo actual,
como acaba de afirmar el Comité de expertos de las Naciones Unidas hace
unos pocos días, es tan estrecha como desencadenante, dos expresiones de una misma
violencia segregacionista y de dominación. Sin embargo, muchos Estados
no parecen reconocer esta lectura y por lo tanto se niegan a pronunciarse
contra la brutalidad del sistema esclavista. En una
decisión histórica hace menos de seis meses, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó
una resolución que califica la trata transatlántica de esclavos y la
esclavitud racializada de africanos como “el crimen de lesa
humanidad más grave” de la historia. Promovida por una coalición
de 60 países africanos, caribeños y latinoamericanos, la resolución
reconoce que dicho sistema de explotación, que se prolongó durante
más de cuatro siglos, constituye una violación del derecho internacional
que no prescribe y que sus consecuencias siguen afectando a millones de personas
en el mundo. Aunque aprobada con una cómoda mayoría de 123 votos a
favor, 52 países del bloque occidental (prácticamente todos los europeos
y Japón) se abstuvieron. Estados Unidos, Argentina e Israel
fueron los únicos que se opusieron.
“La trata y la esclavitud de personas
africanas, alega la resolución, representan “la injusticia más inhumana”
debido a “su magnitud, duración, carácter sistémico, brutalidad y consecuencias
perdurables que siguen estructurando la vida de todas las personas a través de
regímenes racializados de trabajo, propiedad y capital”. La instauración de
este sistema alega la resolución, no tiene precedentes históricos: es
el “el primer régimen mundial que codificó a los seres humanos y a sus
descendientes como propiedad hereditaria, enajenable y perpetua”, lo cual
convirtió “la reproducción humana en un mecanismo de acumulación de capital”
e institucionalizó “la jerarquía racial como principio rector del orden
político y económico internacional”.
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Fuentes: Rebelión [Foto: Selección de fútbol francesa Mundial 2026]
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EL VENENO DE LA DISCRIMINACIÓN.
Esclavitud ayer, racismo hoy.
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Por Sergio
Ferrari | 07/09/2026 | Mundo.
Fuentes. Revista Rebelión lunes 7 de septiembre del 2026.
El reciente Mundial de Fútbol no hizo
más que poner en evidencia en la gran vidriera internacional el peso cotidiano
que tienen el racismo y la discriminación.
Lo que pasó en muchos estadios circuló en las redes y animó
debates que develaron un mal social que, lejos de extinguirse, se refuerza.
Y en algunos casos, estrechamente integrado a políticas negacionistas de los
mismos Estados.
No sorprende, entonces, que el 31 de
agosto el Comité de las Naciones Unidas para la Eliminación de la
Discriminación Racial
recordara, una vez más, que
“la esclavitud no es
solo cosa del pasado [y que] sus efectos siguen presentes en forma de
desigualdad sistémica y racismo”.
Este Comité de 18 miembros examina los informes que los países
miembros presentan periódicamente sobre las medidas que han adoptado para
combatir el racismo y la segregación.
Los daños vinculados con la trata y la
esclavitud de pueblos africanos durante siglos, subrayó el Comité, persisten en forma
de
“discriminación
racial sistémica y desigualdades estructurales”. Y “la violencia racializada,
los estereotipos y las barreras estructurales alimentan las desigualdades en
esferas como la educación, la salud y la movilidad económica, entre otras”. Se
trata de una nefasta herencia de la esclavitud, reforzada en el presente por
“políticas que perpetúan el racismo contra las personas negras”. De allí la
necesidad imperiosa de “aplicar una justicia reparadora integral que combine
indemnizaciones, restitución, rehabilitación y reformas estructurales”. Y de
recordar y advertir que el paso del tiempo no puede servir de pretexto para que
los Estados se nieguen a reconocer estas injusticias históricas y adoptar
“medidas adecuadas de justicia reparadora y rendición de cuentas por estos
crímenes”
El
racismo en el deporte y la contra mirada.
Para el reciente Campeonato Mundial,
la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) estableció un servicio dedicado al
seguimiento y el control de los contenidos que pudieran circular en las redes
sociales. Su análisis de 6 millones de publicaciones y comentarios en la
fase de grupos le permitió detectar 89.000 ofensas, 11% de las cuales
fue de corte netamente racista. Porcentaje que representa no solo un incremento
del 3% con respecto a la misma fase del Mundial de Catar en 2022, sino
también un aumento notable de contenidos mucho más ofensivos que los de cuatro
años antes.
Durante el último Mundial no faltaron
las polémicas mediáticas y sociales a raíz de expresiones descalificativas por
personalidades políticas, como las de la senadora paraguaya Celeste
Amarilla contra el jugador francés Kylian Mbappé. Por su parte, Mariano
Rajoy, expresidente del gobierno español y antiguo dirigente del
Partido Popular, profirió comentarios sobre la selección francesa que buena
parte de la prensa internacional consideró xenófobos y degradantes y ante los
cuales las autoridades galas reaccionaron en forma oficial.
En algunos estadios no faltaron
cánticos racistas,
como ocurrió en varias ocasiones con la hinchada de la selección argentina,
una de las más numerosas y eufóricas a lo largo del campeonato. Por sus
eslóganes discriminatorios, la Comisión de Disciplina de la FIFA castigó con
particular rigor a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Además del
componente financiero de la sanción, los dos próximos partidos que la selección
argentina juegue como local deberá hacerlo solamente con la mitad del
estadio habilitado. Adicionalmente, una parte del monto impuesto por la
sanción deberá destinarse a promover un plan de lucha contra la discriminación
en los estadios argentinos.
El problema no se limita al Mundial. Las agresiones retóricas racistas
contra los jugadores, al igual que los cánticos y las consignas
discriminatorias, son frecuentes, por no decir generalizadas, en las
competiciones futbolísticas en muchas partes del mundo, especialmente en Europa
y América Latina. Por esta razón, desde hace unos cuantos años numerosas
asociaciones nacionales y continentales han estado promoviendo campañas contra
el racismo en el deporte. En Europa, por ejemplo, Fútbol contra el Racismo
(FARE), plataforma que reúne a individuos, asociaciones y organizaciones no
gubernamentales que promueven iniciativas contra este flagelo.
Un buen número de clubes han puesto en
marcha iniciativas
en esa misma dirección. Entre otros, el Celtic, en Escocia, cuya “Green
Brigade” propaga sus contenidos antifascistas y contra la exclusión, y el Barcelona,
en España, en colaboración con la “Fundación contra el Racismo” y la
iniciativa “La Liga VS Racismo”. El club St. Pauli, en Alemania, una de
las instituciones más progresistas en el ambiente deportivo a nivel
continental, en sus estatutos oficiales sostiene valores antirracistas,
anti homofóbicos, antifascistas y feministas. Así mismo, todos los años desde1996
al presente, el club Young Boys, de la ciudad de Berna, la
capital suiza, activa la campaña “Unidos contra el Racismo”.
Asociada con organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional,
este programa ha confrontado todo tipo de expresión discriminatoria en el
deporte. Prácticamente en cada partido de local en su Estadio Wankdorf,
Young Boys proyecta mensajes que apuntan a fomentar una conciencia
colectiva antirracista y de respeto a las diversidades.
Estados
temerosos, ejemplos ilustrativos.
La relación entre el esclavismo
histórico y el racismo actual,
como acaba de afirmar el Comité de expertos de las Naciones Unidas hace
unos pocos días, es tan estrecha como desencadenante, dos expresiones de una misma
violencia segregacionista y de dominación. Sin embargo, muchos Estados
no parecen reconocer esta lectura y por lo tanto se niegan a pronunciarse
contra la brutalidad del sistema esclavista.
En una decisión histórica hace menos
de seis meses, la Asamblea
General de las Naciones Unidas aprobó una resolución que califica la
trata transatlántica de esclavos y la esclavitud racializada de africanos
como “el crimen de lesa humanidad más grave” de la historia.
Promovida por una coalición de 60 países africanos, caribeños y
latinoamericanos, la resolución reconoce que dicho sistema de
explotación, que se prolongó durante más de cuatro siglos, constituye
una violación del derecho internacional que no prescribe y que sus
consecuencias siguen afectando a millones de personas en el mundo. Aunque
aprobada con una cómoda mayoría de 123 votos a favor, 52 países
del bloque occidental (prácticamente todos los europeos y Japón) se abstuvieron.
Estados Unidos, Argentina e Israel fueron los únicos que se
opusieron.
La trata y la esclavitud de personas
africanas, alega la resolución, representan
“la injusticia más
inhumana” debido a “su magnitud, duración, carácter sistémico, brutalidad y
consecuencias perdurables que siguen estructurando la vida de todas las
personas a través de regímenes racializados de trabajo, propiedad y capital”. La instauración de este sistema alega
la resolución, no tiene precedentes históricos: es el “el primer
régimen mundial que codificó a los seres humanos y a sus descendientes como
propiedad hereditaria, enajenable y perpetua”, lo cual convirtió “la
reproducción humana en un mecanismo de acumulación de capital” e
institucionalizó “la jerarquía racial como principio rector del orden político
y económico internacional”.
Racismo
enraizado.
En Suiza, en 2025, se registraron 1245
casos de discriminación racial,
lo que representa un aumento del 3% con respecto al año precedente.
Según un estudio elaborado por la Comisión Federal contra el Racismo
publicado en abril de este año las personas negras siguen siendo las más
afectadas, mientras que el incremento más pronunciado se observó en el
racismo anti musulmán. Sostiene el documento helvético que tras el
fuerte aumento de casi el 40% registrado en 2024, las cifras se han «estabilizado
en un nivel alto. Los motivos de discriminación más frecuentes
siguen siendo el racismo contra las personas negras (33 %) y la xenofobia
(30 %). También un aumento significativo en los casos de racismo anti
musulmán (23 % en 2025 en comparación con el 17 % en 2024). Le
siguen el racismo antiárabe (9 %), el racismo contra las personas
de origen asiático (8 %) y el antisemitismo (5 %).
En Alemania, un detallado estudio
recientemente publicado constató que la discriminación en ese país
es masiva. Fenómeno que se expresa en la cotidianeidad, por ejemplo,
en la búsqueda de vivienda, el trabajo e incluso el supermercado. ¿Por
qué creen las víctimas de estas diferentes formas de prejuicio que son
discriminadas?, pregunta la encuesta alemana. El grupo más numeroso de encuestados,
aproximadamente un 42%, se siente discriminado por su origen, el color
de su piel y los prejuicios raciales. Otro 24%, en su mayoría
mujeres, atribuye su discriminación a su identidad de género. La edad,
la orientación religiosa y condiciones adversas de salud también
son motivos de discriminación.
En España, estadísticas oficiales informan que solo en el mes de junio
se detectaron más de 40.000 contenidos de odio en las redes sociales
y que el lenguaje agresivo explícito se constató en el 89% de los
mensajes monitorizados. Según el Observatorio Español del Racismo y
la Xenofobia, los mensajes que aluden a la inseguridad ciudadana,
en muchos casos descontextualizados o falsos, aglutinan el 69%
de los contenidos agraviantes detectados. Llamativamente, los contenidos agresivos
en el ámbito deportivo comprenden el 16% del total.
En España, durante el reciente Mundial
de Fútbol, se detectó
una circulación significativa de mensajes racistas e islamófobos,
con un volumen llamativo de contenidos hostiles y discriminatorios sobre
origen e identidad, como ocurrió con el jugador de la selección española
Lamine Yamal. Reiteradas agresiones verbales contra Yamal, casi
siempre por parte de sus rivales deportivos directos en la misma España,
se registran a partir de octubre de 2024. Es de imaginar que buena parte
de los ataques a Yamal también tienen que ver con su decisión de
enarbolar una bandera palestina el año pasado cuando su club ganó
el campeonato español
Por su parte, la Federación española
SOS Racismo recoge en
su reciente informe anual 528 denuncias verificadas de actos racistas
y discriminatorios, en su mayoría dentro y desde el propio ámbito institucional,
y casi siempre de la mano de la negación de acceso a distintos servicios
públicos. Este dato resulta especialmente significativo en el marco de la nueva
Estrategia de la Unión Europea contra el Racismo para los años 2026-2030,
cuyo objetivo prioritario es “la lucha contra el racismo estructural”,
es decir, las políticas institucionales y las concepciones culturales
Esclavismo-racismo-discriminación: un explosivo componente antisocial
del cual no puede desprenderse la sociedad planetaria en general y cuya
defensa se convierte en política oficial de los Estados negacionistas.
Estados que, por otra parte, subestiman sistemáticamente la
esclavitud histórica y edulcoran la segregación contra todo lo que es diverso y
diferente
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