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UNA VISION GENERAL. EL ESCUDO
DE LAS AMÉRICAS es
una coalición política y de seguridad multinacional impulsada por Estados
Unidos, bajo la administración del presidente Donald Trump, cuyo objetivo es
coordinar los esfuerzos militares y policiales en el hemisferio occidental. [1, 2] Los ejes principales de esta iniciativa,
que fue lanzada formalmente durante una cumbre en Doral (Florida), incluyen:
/Combate
a los Cárteles: Busca
desarticular mediante acciones conjuntas y uso de fuerza militar a las
organizaciones criminales transnacionales y redes de narcotráfico. [1, 2]
/Control
Migratorio: Pretende
reducir la inmigración ilegal masiva y coordinar acuerdos para la deportación
de personas y el tráfico de seres humanos. [1, 2, 3, 4, 5]
/Contención
geopolítica: Tiene
como meta mitigar la influencia comercial y estratégica de potencias
extrarregionales, como China, en América Latina. [1, 2, 3, 4]
/Esta alianza informal de cooperación
incluye a más de una docena de naciones de Centroamérica y Sudamérica —cuyos
líderes se han alineado con esta estrategia de seguridad— y para su
implementación Trump creó el cargo de Enviado Especial de Estados Unidos para
el Escudo de las Américas. [1, 2] Para entender
más detalles sobre cómo esta coalición de seguridad busca transformar el rol de
Estados Unidos en el continente.
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Fuentes: Rebelión.
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LA DOCTRINA DONROE,
EL COROLARIO TRUMP Y
LA CONFORMACIÓN DEL «ESCUDO DE LAS AMÉRICAS»
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Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda | 02/07/2026 | América Latina y Caribe, EE.UU.
Fuente Revista Rebelión jueves 2 de julio del 2026.
Con motivo del bicentenario del
Congreso Anfictiónico de Panamá
se han realizado múltiples actividades en varios países e instituciones
académicas de América Latina, aunque en otros nada se hizo. En todo
caso, ese Congreso fue convocado por Simón Bolívar en 1824, tuvo el
propósito de unir en una gran confederación a las naciones independizadas de España,
defender esa libertad alcanzada frente a las amenazas de reconquista, apoyar la
independencia de Cuba y Puerto Rico, abolir la esclavitud y acordar un
foro para la solución de las controversias entre países. Para Bolívar la
unión debía ser hispanoamericana, por su común origen e
historia, de modo que no consideró la participación de Brasil ni de Haití;
pero nunca pensó en los Estados Unidos, aunque sí en Gran Bretaña
simplemente como observador, bajo la consideración estratégica de que podía
frenar cualquier incursión reconquistadora de España. Fue Francisco
de Paula Santander quien invitó a los países nombrados, a pesar de la
resistencia de Bolívar sobre todo frente a los EE. UU. La primera
fase del Congreso, iniciada en 1826, se concretó muy tarde y se continuó
en Tacubaya (México) hasta cerrar sesiones en 1829, sin lograr
los propósitos iniciales. Bolívar se concentró en la unidad de la Gran
Colombia, pero frente a su disolución murió en el desengaño total.
Los investigadores han dado cuenta de una serie de factores que llevaron
al fracaso del Congreso: tardío nombramiento de delegados, las
condiciones insalubres de Panamá, los regionalismos nacientes, así como
los primeros roces entre países, las ambiciones caudillistas y de las
oligarquías regionales, pero, sobre todo, el boicot de los EE.UU.,
que en 1823 proclamaron la Doctrina Monroe resumida en
la frase “América para los americanos”: no querían una Hispanoamérica
unida sin su concurso y participación, recelaban de la presencia inglesa,
detendrían una reconquista europea, pero tampoco apoyaban la
independencia de Cuba y Puerto Rico, y aspiraban a expandir sus
intereses comerciales en el continente.
Julio, presente mes crece la dependencia, con dos "nuevos gobiernos" Perú y Colombia. Feliz el Emperador-
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Por sobre los resultados todavía no
previsibles en la época, Bolívar
fue un genio histórico: retomó el pensamiento de Francisco de Miranda
(1750-1816), pionero en pensar la unidad y en la constitución de un gran
Estado hispanoamericano que se llamaría “Colombia”, pero Bolívar avanzó
en intentar su forma organizativa práctica y que respondiera precisamente a la
matriz histórica en la que se había forjado la hermandad de los pueblos
antes colonizados. Entendió la geopolítica de su tiempo, buscando
preservar la independencia y la identidad hispanoamericana; advirtió,
como ningún otro, el naciente expansionismo estadounidense y su amenaza
continental; visualizó la necesidad de contar con repúblicas y no
con monarcas ni príncipes, sino organizadas bajo los principios y conceptos
ilustrados y liberales: democracia, derechos individuales, soberanía. Además,
agregó las necesarias transformaciones sociales sin las cuales ningún Estado
podía ser democrático, y por ello pensó en la abolición de la esclavitud
y la promoción popular, que fue el punto clave de la reacción conservadora,
interesada en preservar el poder y la propiedad privada en las haciendas y el
comercio, manteniendo el dominio sobre los trabajadores, cuya mayoría en la
región eran indígenas y campesinos sujetos a servidumbre.
El espíritu unionista del Congreso de
Panamá demostró la
existencia de un hispanoamericanismo social que
identificaba como hermanos a los habitantes de las distintas regiones. Sobre
esta base, durante la vida republicana, esa identidad se consolidó. Por
eso hubo algunos intentos por lograr la asociación común de los países,
mientras una creciente intelectualidad comprendía y fomentaba la unidad. En
el siglo XX ese “espíritu” continuó, pero como latino americanismo
social, debido a que este nuevo nombre adoptado por la región se
generalizó, en contraposición al “hispanismo” que todavía sostenían los
partidos conservadores. Hoy, todo latinoamericano se siente hermano
de los demás.
No debe confundirse esta matriz social
e histórica con el “panamericanismo”,
nombre que se adoptó, por primera, vez en la Primera Conferencia
Panamericana (Washington, 1889-1890) convocada por Estados Unidos,
a fin de lograr la unión continental en torno a sus intereses comerciales,
aduaneros y monetarios. Una de las mayores resistencias provino de Argentina,
que rechazó alejarse de los socios europeos para privilegiar a EE.
UU., postulando “América para la humanidad” en clara contraposición
a la doctrina Monroe. Y el mayor intelectual crítico que vivió
estos momentos fue José Martí (1853-1895), quien advirtió en “Nuestra
América” el peligro de la expansión de los EE. UU., que despegaban a su era
imperialista.
El Imperio a través de la Historia, crece la Dependencia, de la Doctrina Monroe a la actual "El Donrroismo".
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Desde entonces, puede constatarse
que latino americanismo y panamericanismo han marcado la dialéctica de
las relaciones entre la región y los EE. UU. El “Corolario
Roosevelt” (1904) postuló el “derecho” intervencionista de los EE. UU.;
pero el paso fundamental de proyección del panamericanismo fue la fundación
de la OEA en 1948. Después han continuado otras acciones que solo han
buscado mantener la hegemonía de los EE. UU. sobre el continente,
manipulando el monroísmo: la expansión del neoliberalismo en la
región por las condiciones del FMI, el Consenso de Washington y, además,
las Cumbres de las Américas.
Sin embargo, esa trayectoria se ha
roto en la actualidad
con la Doctrina Donroe, el Corolario Trump y la conformación del “Escudo
de las Américas” (Shield of the Americas, marzo 2026), que
desechó a la OEA y creó un americanismo selectivo con
12 gobiernos identificados con las derechas políticas,
mientras se excluyó a cualquier gobierno progresista o de izquierda.
Esa ruptura es, al mismo tiempo, una amenaza, pues el injerencismo
buscará que triunfen gobiernos derechistas. La nueva estrategia
privilegia la alianza/subordinación militar, el combate al “narcoterrorismo”
y a la migración ilegal y, ante todo, el freno a la presencia
en el “Hemisferio Occidental” de potencias “adversarias”: China a
la cabeza, pero además, Rusia y los BRICS. No se respetan
las soberanías nacionales, sino el alineamiento.
La contraposición del latino
americanismo no ha
podido tener igual éxito, a pesar de la “marea rosa” de inicios del siglo
XXI. En cierto modo, las políticas desarrollistas de los 60 y 70 que
llevaron a la “integración” a través de ALALC/ALADI, Pacto
Andino/Comunidad Andina o MERCOSUR, recogían el “espíritu” unionista, pero
fueron, ante todo, proyectos con fines empresariales y comerciales.
En cambio, han sido fieles al latino americanismo social tanto ALBA
(2004), UNASUR (2008) y, sobre todo CELAC (2010) que convocó a 33
países de la región, con exclusión de EE. UU. y Canadá.
En la actualidad, con predominio de
gobernantes de
derecha y la recuperación del modelo empresarial-neoliberal, no
hay posibilidad alguna de volver a la unidad latinoamericanista.
Peor aún con la subordinación demostrada por esos gobiernos a los
intereses y estrategias de los EE. UU. En consecuencia, Cuba sigue aislada
y bajo un redoblado bloqueo que bien puede derivar en invasión militar;
Venezuela ha sido intervenida; la amenaza ronda a Nicaragua; y los progresismos
en Brasil, México y Uruguay están bajo la mira imperial. En ese marco
actúa el injerencismo, como lo han demostrado las recientes elecciones
en Perú y Colombia, no solo por parte de los EE. UU., sino por
varios gobiernos como los de Argentina y Ecuador, que abiertamente
se pronunciaron por los candidatos derechistas en ambos países.
Historia y Presente – blog.
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