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JÜRGEN HABERMAS fue un Filósofo y Sociólogo alemán, nació el 18 de junio de 1929 en la
Ciudad de Dusseldorf Alemania.
Falleció el 14 de marzo del 2026 en la Ciudad de Sternberg, Alemania, a los
96 años conocido por sus trabajos en filosofía política, ética y teoría del derecho, así como en filosofía del lenguaje. Entre sus aportes más destacados se encuentran la construcción de la teoría de la acción
comunicativa, la ética del
discurso y la teoría de la
democracia ...
La teoría de Jürgen Habermas, se centra en la Acción
Comunicativa, proponiendo que el lenguaje y el diálogo racional
son la base para el entendimiento mutuo y la cohesión social. Busca
alcanzar consensos mediante el uso de la razón, contraponiendo la "razón
comunicativa" a la "racionalidad instrumental" que domina
con intereses egoístas.
¿Las 3 condiciones fundamentales según
Habermas? La Teoría
de la Acción Comunicativa de Jürgen Habermas, escrita en 1981,
representa un intento estructurante de la comunicación interpersonal, a
partir de lo que el autor considera las tres condiciones de validez
del habla: rectitud normativa, verdad y veracidad.
Es considerada como su obra más importante. La teoría de la acción comunicativa En 1992 aparece
su obra Facticidad y Validez, que
según su teoría de la acción comunicativa (TdkH) es considerada su obra más
importante.
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JÜRGEN HABERMAS: ESCRIBIR DESDE LA IRA.
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Aunque pocos se acuerdan de ello,
antes de dedicarse a la docencia, Habermas fue de hecho periodista
independiente. Foto Afp.
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Por Maciek Wisniewski.
Fuente. La Jornada, Ciudad de México 28
de marzo de 2026.
Jürgen Habermas (1929-2026), el
célebre pensador alemán que realizó importantes contribuciones a la filosofía,
la sociología y los estudios de comunicación y que murió recientemente a los 96
años, siempre llevó una suerte de “doble vida”. Paralelamente a su trayectoria
académica como heredero de la Escuela de Frankfurt, fundador de la teoría
de la acción comunicativa y teórico de la “democracia deliberativa” Habermas,
ha sido también uno de los más importantes intelectuales públicos europeos
que intervenía a menudo (t.ly/RnI9a) en diferentes polémicas en la
“esfera pública”, el término que él mismo acuñó en su famosa tesis de
habilitación (el “segundo doctorado”) y en uno de sus más sonados
libros: La transformación estructural de la esfera pública (1962).
2. Aunque pocos se acuerdan de ello,
antes de dedicarse a la docencia, Habermas fue de hecho periodista
independiente. Según
algunos estudiosos ha sido justo esta experiencia que luego cuando ya
desde su “doble trayectoria”, durante más de siete décadas, escribía
ensayos periodísticos sobre diversos temas, le ayudó a conservar
una suerte de “olfato periodístico” e instinto
“para saber cuándo
iniciar un debate, a quién elegir adversario y cómo agudizar las oposiciones
intelectuales y morales mediante la polémica” (t.ly/4Vg_r).
3. Esto no quiere decir que todos sus
golpes han sido bien dados:
la defensa de la intervención de la OTAN en Kosovo o sus crecientemente abstractas
defensas del “ideal europeo”, que ignoraban por completo el papel
del capitalismo en socavar la democracia (t.ly/aUQd1) vienen a la mente.
Pero, como él mismo aseguraba, sus polémicas públicas casi siempre habían
estado pensadas y escritas –Habermas nunca aparecía en la televisión
ni en la radio− “desde la ira” (t.ly/kvund) en contraste con
sus muchas más medidas contribuciones académicas, confirmando este “doble
carácter” de su anatomía y explicando quizás algunos
tropezones.
4. El caso del Historikerstreit, el llamado “debate entre los historiadores” que irrumpió en la República Federal Alemana (RFA) a mitades de los 80 es en este contexto particularmente instructivo. Si bien Habermas salió de él decididamente victorioso −escribiendo desde la ira y midiendo también correctamente a sus adversarios y al inconsciente político del público alemán de aquel entonces− su saldo, mirando desde la perspectiva de tiempo, demuestra bien algunas limitaciones y “puntos ciegos” de su pensamiento.
5. El principal punto de la contención
−y algo que desató la ira de Habermas−
han sido los afanes de algunos historiadores alemanes conservadores
de “dejar atrás el pasado”, cultivar, de nuevo, al nacionalismo (ya que,
según ellos, salvo algunos “detalles”, no había nada de que
avergonzarse) y tener por fin “una política exterior normal dentro
de la OTAN” (no limitada por el peso moral del Holocausto).
6. Este argumento político ha sido
acompañado igualmente, como en caso de Ernst Nolte, el principal exponente de la
tesis del “Tercer Reich como un régimen cualquiera” (sic), por
los argumentos historiográficos más elaborados, aunque igualmente escandalosos,
como p.ej. el afán de Nolte de presentar al nazismo como apenas una
“respuesta” al bolchevismo (sic) y al Auschwitz como una mera “copia”
del gulag (sic).
7. Y si bien −como se ha dicho−
Habermas resultó muy hábil
en repeler estos intentos de la derecha alemana de relativizar a
los crímenes nazis y de redimirse a sí misma −siendo la Historikerstreit el
clásico ejemplo de un exitoso debate “de un buen lado de la historia”−,
con el tiempo todo a lo que se oponía en su momento el autor de La
transformación… y todo lo que le provocaba la ira quedó
perfectamente normalizado, mientras lo que él proponía como alternativa
(“identidad posconvencional”, “patriotismo constitucional”)
se desvaneció en el aire sin ningún rastro.
8. Hoy, las comparaciones entre
bolchevismo y nazismo
−controvertidas antes no sólo en el contexto alemán− están a la orden
del día y una suerte de “neonoltenismo” que aceleró el giro a la
derecha en la cultura política ante todo en Europa Central post-1989,
es parte del marco intelectual dominante. Al final, es Nolte −que
murió en 2016−, condenado al ostracismo en su tiempo quien ganó
en realidad el Historikerstreit y Habermas quien lo
había perdido (t.ly/B2Hs0).
9. La mejor prueba de esto es la
popularidad del historiador estadunidense Timothy Snyder cuyas Tierras de sangre (2010)
son una versión apenas disimulada y diluida de las tesis de
Nolte y que tanto ha hecho para exonerar a los colaboracionistas
de la SS en Ucrania o en países bálticos. Sintomáticamente ha sido
precisamente Snyder que después de que Habermas en 2022 señalara
algunas reservas respecto al papel de Alemania en la guerra en
Ucrania (Zeitenwendem, cambio de era), que estuvo en la
primera fila de la crítica pontificando que el pensador
alemán “se equivocaba hoy, tal como se equivocó en el Historikerstreit”
(sic) (t.ly/yqvx_).
10. Despreciar al “posheroísmo” de
Habermas, fruto −al
igual que su “optimismo comunicativo” − de un contexto geopolítico
particular ya inexistente, es hoy algo muy, incluso demasiado
(t.ly/ A8KWa), fácil. Al igual que lamentar simplemente que todo
lo que le causaba, con buenas razones, la ira en los 80: el rearme
(“los reflejos belicosos”), el giro nacionalista, el
revisionismo histórico derechista, acabó bien normalizado en las décadas
subsiguientes. Pero el hecho que lo poco que sobrevivió de su crítica
durante el Historikerstreit: la defensa incondicional de la singularidad
del Holocausto acabó teniendo −tal como lo demostró su propia postura
ante el genocidio en Gaza−, consecuencias catastróficas, es mucho más
difícil de desgranar.
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En su más famosa incursión como un intelectual público −el 'Historikerstreit' en los años 80− Habermas se opuso a los historiadores de derecha, quienes pretendían relativizar los crímenes nazis al compararlos con las atrocidades del estalinismo e incluso vincularlos casualmente. Foto Wikimedia Commons.
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JÜRGEN HABERMAS: ESCRIBIR DESDE LA IRA.
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Por Maciek
Wisniewski/II.
Fuente. La Jornada Ciudad de México
sábado 4 de abril del 2026.
1. En su más famosa incursión como un
intelectual público −el Historikerstreit en los años 80 (véase: t.ly/U65hz)− Habermas se opuso a
los historiadores de derecha (Ernst Nolte et al.) quienes
pretendían relativizar los crímenes nazis al compararlos con las atrocidades
del estalinismo e incluso vincularlos casualmente. Sus contundentes y
“escritos desde la ira” artículos defendían, por el contrario, la “singularidad
histórica” del Holocausto representando por décadas –en ojos de
muchos comentaristas e historiadores− lo mejor de una postura progresista.
2. No obstante, con el paso tiempo, el “santificado” por el argumento
de la incomparabilidad del Holocausto −el fundamento en el que se erigió
también toda la memoria histórica en Alemania Federal post-1945−, al
consolidar el tabú de relacionar el exterminio judío con cualquier
otro acontecimiento histórico, acabó degradando el modelo
alemán de “luchar por superar el pasado” (vergangenheitsbewältigung).
Puesto por mucho tiempo como un paradigma a emular en otros contextos
nacionales, este modelo se volvió un antiejemplo (t.ly/zFou6) y la postura
de Alemania (ya por décadas unificada) y del propio Habermas frente al
genocidio de Israel en Gaza han sido las gotas que derramaron el
vaso.
3. En noviembre de 2023 −mientras los políticos israelíes
exponían abiertamente sus fantasías del exterminio palestino, el ejército
israelí las hacía realidad y varios estudiosos del genocidio encendieron
las luces rojas− Habermas, junto con un grupo de otros teóricos, publicó
una carta criticando la comparación de la guerra de Israel en Gaza con los horrores
del siglo pasado.
Escribía que la respuesta al ataque de 7-O
“está justificada en principio” y que “los criterios de juicio se
desmoronan por completo cuando se atribuye las intenciones genocidas a las
acciones de Israel” (sic) (t.ly/qIOzs).
4. Si alguien se pregunta como una
postura correcta durante el Historikerstreit pudo traducirse décadas más
tarde en una perspectiva sumamente exclusivista y esencialmente anti
universalista −algo que un grupo de otros estudiosos influenciados por la Escuela
de Frankfurt (Nancy Fraser, Adam Tooze et al.) le reprochó
en una contracarta escribiendo: “Nunca Más” no puede aplicar
sólo a Israel y a los israelíes y también debe significar la posibilidad de
que lo de Gaza puede constituir un genocidio (t.ly/kqXvf), la
respuesta es que sus semillas ya estaban allí.
Adiós al maestro Jürgen Habermas, uno de los pensadores más influyentes de la Alemania d ela Posguerra.
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5. Resulta que otra de tantas
paradojas de este archidebate
(véase: la parte I) es que, al representar la alineación final de la memoria
del Holocausto con los “valores occidentales” −algo que calurosamente
promovía Habermas−, selló también el derivado de
una “culpa histórica imborrable” apoyo incondicional de Alemania a
Israel que mutó en una suerte de la “razón del Estado”
(Staatsräson) de la que Habermas ha de considerarse el padrino
intelectual.
6. Si bien el principal culpable por
arruinar por décadas
los intentos correctos de historiar al Holocausto comparativamente
en Alemania y otros países ha sido Nolte, con sus “tonterías
revisionistas”, que abusaban de la analogía con tal de empujar sólo
su argumento absolutorio respecto a la derecha alemana, −siendo
éste, curiosamente, el autor que tanto ha hecho antes para avanzar los estudios
comparativos con sus Tres caras del fascismo (1963)−,
pero la inamovible postura anti comparativa de Habermas ha tenido
más impacto negativo a largo plazo.
7. Como bien observó recientemente
Wolfgang Streeck, fue
justamente la prohibición de Habermas contra las comparaciones
que llegó a regir todo el conjunto de normas, informales y
formales, que regulan el discurso político biempensante en Alemania
respecto a este tema y ha sido específicamente la “línea
habermasiana” que dictó que lo que ocurría en Gaza “no era ni
podía de ninguna manera ser un genocidio” (t.ly/ iLqwr).
8. Si bien este desenlace ya es
conocido y para muchos significó la bancarrota, no sólo de Habermas sino de
toda la filosofía occidental llena de orientalismo y ciega a las
situaciones coloniales, pocos parecen acordarse de que en 2021, durante
el llamado “nuevo Historikerstreit” −otro debate de menor
alcance en el que un grupo de historiadores abogaba por dejar atrás
precisamente la prohibición de comparar el Holocausto con otros
genocidios y crímenes coloniales (parte del “catequismo alemán”), e
ir más allá de su singularidad (t.ly/ EN8u_)− Habermas tomó una
postura sorpresivamente abierta.
9. Aunque reiteró la centralidad del
Holocausto, admitió
que la memoria alemana no debe estar “congelada” y tiene que
incluir también otros traumas históricos como el colonialismo
(t.ly/kCRxL). Si siguiera esta pista en 2023, en vez de retornar por defecto
al “compromiso alemán con Israel y su derecho a existir” hubiera podido ver
tal vez algunos parecidos entre la campaña punitiva israelí y un cierto
acontecimiento en la historia alemana que desde el principio
resultaba iluminador −he aquí el meollo del potencial educativo de
las comparaciones− para entender lo ocurrido.
10. Como bien anotó ya en octubre de
2023 Raz Segal, la mejor analogía histórica para Gaza no era el Holocausto (por si alguien la proponía), sino
el exterminio de los herero y los nama −en lo que hoy es Namibia
y lo que era una colonia alemana a principios del siglo XX−, por
las tropas imperiales del káiser en respuesta a una sublevación y
masacre de colonos blancos (t.ly/3VxGJ).
Incapaz no obstante de ver el
genocidio más allá
del judeocidio cuya “singularidad” le dictaba las lealtades
políticas acríticas, Habermas quedó preso de sus propios tabúes y una versión
de historia que en algún momento parecía progresista, pero que en otro resultó
ser un gran punto ciego.
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