domingo, 12 de abril de 2026

… Y ZAPATA VOLVIÓ.

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“El general Zapata, al morir, nos ha dejado su herencia. Una herencia de abnegación, de espíritu de sacrificio, de amor acendrado a la colectividad, de indiferencia ante el peligro, de fe firmísima ante las dificultades y los obstáculos, de constancia y valor indomable para la lucha, de alta nobleza y de supremo desdén para todo lo que sea interés personal, ambición o egoísmo […]” 

“Hoy, los campesinos, los indígenas, los trabajadores y los mexicanos rendimos homenaje al hombre que con gran rectitud y congruencia nos legó principios y valores, como la lealtad al pueblo y a la palabra empeñada, tan indispensables para la actual transformación.  El grito ¡Zapata vive, la lucha sigue! Es la voz que invoca al espíritu zapatista, es la voz que invoca a la acción. No se equivocó el corridista que un último verso aseguró:  Arroyito revoltoso // ¿qué te dijo aquel clavel? // –Dice que no ha muerto el Jefe // que Zapata ha de volver… 

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Foto X @INEHRM.

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… Y ZAPATA VOLVIÓ.

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Por. Plutarco Emilio García Jiménez*

Fuente- Diario la Jornada. Ciudad de México, domingo 12 de abril de 2026 00:02

Después de la infame traición de Chinameca, el 10 de abril de 1919, el pensamiento y acción generados por el zapatismo siguen presentes en el corazón y el espíritu de lucha del pueblo. Porque a más de 100 años, no sólo lo recordamos, sino que invocamos la presencia de Emiliano Zapata para legitimar y fortalecer las luchas sociales, así como los campesinos invocan la lluvia para hacer germinar sus semillas. 

Al día siguiente del asesinato del Caudillo del Sur, con gran júbilo la prensa nacional e internacional celebraban como un gran triunfo del gobierno y el “heroísmo” del general Pablo González Garza y falseaban la cobarde traición al general Zapata, afirmando que murió en combate. El diario Excélsior, en su edición del 11 de abril, publicó en primera plana: “Murió Emiliano Zapata, el zapatismo ha muerto…” The New York Times celebró el nefando crimen afirmando: “Eliminado Zapata; se pacificará México”. 

Guajardo y sus jefes pensaron que al fin se había cumplido la tarea que Victoriano Huerta y después Francisco I. Madero habían encomendado a Juvencio Robles y Teodoro Jiménez Riverol de que, “para acabar con el mal de raíz”, había que “exterminar la semilla zapatista”. 

Mientras Pablo González era felicitado y premiado por Carranza y ascendido Guajardo gracias a la flaca gloria de su traición, en las montañas de Morelos y los territorios zapatistas se fraguaba la resurrección histórica y política de quien para los campesinos y los indígenas es el apóstol del agrarismo. 


El General, Emiliano Zapata, el Revolucionario más querido de México.

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No lograron Juvencio Robles y sus hordas de asesinos, arrasando y quemando los pueblos, ni Guajardo con su cobarde traición exterminar la semilla zapatista, semilla que desde el 10 de abril de 1919, comenzó a diseminarse en todo Morelos, en todo el país y fuera de nuestras fronteras. 

A lo largo de nueve años de terca y heroica lucha, primero contra la dictadura porfirista, luego contra Madero, Huerta y Carranza, los zapatistas experimentaron diversas formas de acción; además de la lucha armada, pusieron en práctica formas de gobierno comunitario, fortalecieron el municipio, recuperaron la tierra en muchos pueblos de Morelos y Guerrero; mantuvieron la agricultura campesina y la economía rural, dictaron leyes e impartieron justicia en pueblos y ciudades. 

Lo que podemos destacar de la prolongada guerra campesina del zapatismo es su profunda raigambre popular, indígena y campesina. Zapata, los jefes revolucionarios y sus soldados, eran hombres de los pueblos, en su gran mayoría campesinos y peones, acostumbrados a las formas comunitarias de organización social y económica y con un gran amor a la tierra. Por ello, los principios y valores que se resumen en el Plan de Ayala, como democracia, libertad, justicia, respeto a la ley, honestidad, congruencia y respeto a la palabra empeñada, cayeron en tierra fértil y se convirtieron en las semillas revolucionarias de las luchas por la transformación. 

En un manifiesto zapatista, aparentemente sin fecha, rescatado por don Isidro Fabela, los hombres del sur resumen su ideología, su pensamiento hacia la nación y su radical postura frente al carrancismo de la siguiente manera: 

“El zapatismo es la revolución del indio, no pelea por la presidencia […] 

El zapatismo no ha buscado apoyo en el extranjero […] 

El zapatismo no viene a resucitar la odiosa leva […] 

El zapatismo no viene a robar caballos […] 

El zapatismo no prostituye al pueblo con limosnas […]” 

Al final, el manifiesto hacía un llamamiento al pueblo a la lucha y advertía, “Carrancistas: podrán ustedes arrancar de las paredes estos papeles, pero no podrán borrar nunca las razones que están escritas en el corazón de los mexicanos”. 

Estas ideas-fuerza, enraizadas en el profundo sentimiento popular era imposible borrarlas de la historia. Por eso, a más de un siglo de la masacre de Chinameca, los principios universales de “libertad, justicia y ley” del zapatismo están más vigentes que nunca. 

El 15 de abril de 1919, cuando ya había sido sepultado el general Zapata, los generales que formaban parte de su Estado Mayor publicaron un manifiesto al pueblo mexicano, del que recogemos uno de sus más bellos párrafos: 



“El general Zapata, al morir, nos ha dejado su herencia. Una herencia de abnegación, de espíritu de sacrificio, de amor acendrado a la colectividad, de indiferencia ante el peligro, de fe firmísima ante las dificultades y los obstáculos, de constancia y valor indomable para la lucha, de alta nobleza y de supremo desdén para todo lo que sea interés personal, ambición o egoísmo […]” 

Hoy, los campesinos, los indígenas, los trabajadores y los mexicanos rendimos homenaje al hombre que con gran rectitud y congruencia nos legó principios y valores, como la lealtad al pueblo y a la palabra empeñada, tan indispensables para la actual transformación. 

El grito ¡Zapata vive, la lucha sigue! Es la voz que invoca al espíritu zapatista, es la voz que invoca a la acción. No se equivocó el corridista que un último verso aseguró: 

Arroyito revoltoso // ¿qué te dijo aquel clavel? // –Dice que no ha muerto el Jefe // que Zapata ha de volver… 

Y el jefe Zapata volvió. 

*Autor de Zapata en el corazón del pueblo: artículos, ponencias y testimonios sobre zapatismo y movimiento campesino en México y América Latina

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sábado, 11 de abril de 2026

¿QUÉ HA PASADO EN LA TIERRA EN LOS 50 AÑOS QUE HEMOS TARDADO EN VOLVER A LA LUNA?

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“En 1972, en el seno de la ONU, se creó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente para dar una respuesta coordinada a los desafíos ambientales. En 1988, se fundó el panel de expertos para el cambio climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que ha dado forma a todo el conocimiento científico acumulado sobre el calentamiento global. Su trabajo influyó en la firma del Protocolo de Kioto (1997) y del Acuerdo de París (2015) para tratar de frenar las emisiones de gases de efecto invernadero y contener los peores efectos del cambio climático.

“En 1968, las energías renovables representaban una ínfima porción del consumo energético global, totalmente ligado a los combustibles fósiles. Hoy, la eólica, la fotovoltaica, la hidráulica y la biomasa generan el 32% de la electricidad consumida en todo el mundo, según la Agencia Internacional de la Energía. La lista de cosas positivas que hemos logrado en las últimas décadas podría continuar, aunque quizá sea algo más corta que la de las cosas negativas. Especies recuperadas y ecosistemas regenerados, nuevas formas de generar energía, cultivar alimentos o construir ciudades, y mucho más conocimiento sobre las soluciones que tenemos a nuestro alcance. «Si no hacemos lo suficiente para corregir el rumbo de colapso y sufrimiento evitable que llevamos, es porque no nos da la gana. Miles de científicos en todo el mundo estamos intentando que la humanidad abra los ojos, todavía hay mucho que podemos hacer”, concluye Valladares. “Necesitamos entender lo que hay en juego, lo que podemos ganar y lo que podemos perder «.

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Fuentes: Climática [Imagen: La astronauta de la NASA y especialista de la misión Artemis II, Christina Koch, mira por una de las ventanas de la cabina principal de la nave espacial Orion, observando la Tierra, mientras la tripulación viaja hacia la Luna. Foto: NASA]

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¿QUÉ HA PASADO EN LA TIERRA EN LOS 50 AÑOS QUE HEMOS TARDADO EN VOLVER A LA LUNA?

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Por Juan F. Samaniego | 11/04/2026 | Ecología social

Fuentes- Revista Rebelión sábado 11 de abril del 2026.

Desde que la misión Apolo 8 acercó al ser humano a la Luna en 1968 han pasado muchas cosas en nuestro planeta a nivel medioambiental (y no todas han sido negativas).

«Viajáis en una nave espacial llamada Tierra […] Quizás la distancia que nos separa os haga pensar que lo que hacemos nosotros es especial, pero estamos a la misma distancia. Lo que estoy tratando de deciros es que también sois especiales». Las palabras del astronauta Victor Glover desde la cápsula Orion, la nave de la misión Artemis II que ha viajado a la Luna, están cargadas de significado. “En todo este vacío, en esto que llamamos universo, tenéis un oasis, un lugar hermoso donde podemos existir juntos. Esta es una oportunidad para recordar dónde estamos y quiénes somos, que somos lo mismo y que tenemos que superar las cosas juntos”.

Desde lejos, la Tierra parece algo distinto. La aparente inmensidad de sus montañas y sus océanos desaparece y todo queda reducido a una bola de intenso color azul, rodeada de una fina capa de gases, protegida por un escudo magnético todavía más fino. Nuestro planeta, de repente, parece frágil. Este cambio cognitivo, llamado efecto perspectiva, es algo habitual en casi todos los astronautas que han viajado al espacio.

Tal y como recuerda la física y divulgadora Isabel Moreno en un vídeo, este término fue acuñado por el filósofo del espacio Frank White. Según relata la divulgadora, White habló con multitud de astronautas sobre su experiencia y «nunca se encontró a nadie que le dijera que la Tierra estaba condenada, que debíamos abandonar este planeta porque no merecía la pena luchar por él. Al contrario, volvían con un sentimiento de urgencia por contribuir a preservar el mundo». Las palabras de Víctor Glover solo han llegado para recordarnos algo que sabemos desde hace más de 50 años: la Tierra es la única casa que tenemos.

La Tierra en los últimos 50 años.

El 24 de diciembre de 1968, el astronauta William Anders de la misión Apolo 8 (la primera que acercó al ser humano a la Luna) hizo una foto que iba a marcar a la humanidad. Bautizada como Earthrise, la imagen nos permite sentir también el efecto perspectiva a todos aquellos que no hemos abandonado nunca la superficie terrestre. De hecho, se considera que esta fotografía influyó en gran medida en el auge del sentimiento ecologista en todo el planeta. Pero volvamos a la superficie, ¿qué ha pasado aquí abajo desde entonces? ¿Qué rumbo ha tomado el planeta desde que la última nave tripulada alcanzase nuestro satélite en 1972, poniendo fin al programa Apolo?

 

Esta icónica fotografía, tomada a bordo del Apolo 8 por Bill Anders, muestra la Tierra asomándose por encima de la superficie lunar mientras la primera nave espacial tripulada circunnavegaba la Luna, con los astronautas Anders, Frank Borman y Jim Lovell a bordo. NASA.

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“En el último medio siglo la población humana se ha multiplicado por dos. No es solo que lo hayamos logrado, sino cómo lo hemos hecho: reventando los límites planetarios, generando una profunda inestabilidad en el ciclo del agua y el del carbono, cambiando el clima… De la mano de un sistema socioeconómico completamente insostenible que ha aumentado la huella ambiental per cápita de una manera disparatada”, reflexiona Fernando Valladares, director del grupo de Ecología y Cambio Global del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

Empecemos por uno de los límites planetarios mejor comprendidos: el cambio climático. La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera (uno de los principales gases de efecto invernadero de origen humano y el más abundante) ha pasado de 320 a 430 partes por millón entre 1968 y la actualidad. Esto ha provocado que la temperatura media del planeta sea hoy 1,2 °C más alta que cuando las primeras misiones Apolo llegaron a la Luna. Y ha alimentado eventos meteorológicos cada vez más extremos, el deshielo de glaciares y casquetes polares o la degradación de los océanos.

La integridad de la biosfera, esa fina capa de vida que sostiene todo lo que hacemos los humanos, se ha visto también comprometida en el último medio siglo. De las casi 170.000 especies analizadas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), más de 48.000 están en peligro de extinción. Unas 900 especies han sido oficialmente declaradas como extintas, y eso teniendo en cuenta que el número de plantas y animales analizado es solo una pequeña fracción de la biodiversidad planetaria. De acuerdo con el Informe Planeta Vivo, basado en 5.500 especies, el tamaño promedio de las poblaciones de vida salvaje se ha reducido un 73% desde 1970.

“Hay tres crisis medioambientales muy importantes, la crisis climática, la crisis hídrica y la crisis de biodiversidad, y las tres están estrechamente relacionadas”, señala Valladares. “La más grave es la de biodiversidad, aunque le hayamos prestado menos atención. El cambio climático ha cogido una dinámica exponencial que hace que en los últimos años estemos sobrepasando los peores escenarios previstos. Asociado con todo ello está la crisis del agua: el último informe de la ONU habla ya de bancarrota hídrica. Cada vez más países no tienen agua para cubrir las necesidades esenciales de la gente y en otros muchos, como España, no tenemos agua para mantener todas las actividades económicas e industriales. Como consecuencia, los conflictos bélicos por el agua se han disparado”, añade el ecólogo.

La gran crisis medioambiental que estamos causando en la Tierra tiene también otras caras. Hemos alterado los ciclos del nitrógeno y del fósforo, hemos cambiado los suelos a través de la urbanización y la agricultura, y hemos llenado el planeta de sustancias artificiales: el 80 % de las más de 9.000 millones de toneladas de plástico producidas en la historia todavía se acumula a nuestro alrededor, alcanzando los rincones más remotos del globo.

«La sensibilidad desarrollada por los astronautas que ven la Tierra desde el espacio es muy conmovedora, lo fue en los primeros viajes y lo es ahora, aunque quizá ya no suene tan potente como en su día», asegura Fernando Valladares. «Pero en estos 50 años la gente ha aprendido a esconder más la cabeza en el suelo y a taparse los oídos. El mensaje de los astronautas es muy potente, pero permea relativamente poco en la humanidad en general. Mucha gente permanece ajena a lo que está pasando». Como admite la también meteoróloga Isabel Moreno en su análisis del efecto perspectiva: «sé que desde aquí abajo a veces cuesta tener ese sentimiento de unión o de fe en la humanidad».



¿Porque no hemos ido a  la Luna en los últimos 50 años?

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¿No hemos hecho nada bien?

Batalla geopolítica, guerra de egos en plena guerra fría, búsqueda de la supremacía de Occidente, afán de explorar las fronteras del ser humano, propaganda… La carrera espacial que nos llevó por primera vez a la Luna en 1968 tiene muchas lecturas (al igual que hoy las tiene la misión Artemis II). Pero hay una especialmente potente: el poder de la colaboración.

“La tecnología que se desarrolló en aquel entonces para llevar al ser humano a la Luna, de la cual todavía hoy nos estamos beneficiando, fue un trabajo de miles de personas durante años, un inmenso trabajo colectivo”, explica Valladares.

El poder de este trabajo colectivo ha quedado claro en muchas otras ocasiones desde entonces. En 1986, la mayoría de países aceptó prohibir la caza de cetáceos, después de que estos casi desaparecieran de los océanos. Hoy, la mayoría de las especies se recupera a buen ritmo. En 1989, entró en vigor el Protocolo de Montreal para frenar la contaminación que estaba destruyendo la capa de ozono (el escudo natural de la Tierra frente a la radiación). Hoy, empieza a dar las primeras señales de recuperación.

En 1972, en el seno de la ONU, se creó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente para dar una respuesta coordinada a los desafíos ambientales. En 1988, se fundó el panel de expertos para el cambio climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que ha dado forma a todo el conocimiento científico acumulado sobre el calentamiento global. Su trabajo influyó en la firma del Protocolo de Kioto (1997) y del Acuerdo de París (2015) para tratar de frenar las emisiones de gases de efecto invernadero y contener los peores efectos del cambio climático.

En 1968, las energías renovables representaban una ínfima porción del consumo energético global, totalmente ligado a los combustibles fósiles. Hoy, la eólica, la fotovoltaica, la hidráulica y la biomasa generan el 32% de la electricidad consumida en todo el mundo, según la Agencia Internacional de la Energía. La lista de cosas positivas que hemos logrado en las últimas décadas podría continuar, aunque quizá sea algo más corta que la de las cosas negativas. Especies recuperadas y ecosistemas regenerados, nuevas formas de generar energía, cultivar alimentos o construir ciudades, y mucho más conocimiento sobre las soluciones que tenemos a nuestro alcance.

«Si no hacemos lo suficiente para corregir el rumbo de colapso y sufrimiento evitable que llevamos, es porque no nos da la gana. Miles de científicos en todo el mundo estamos intentando que la humanidad abra los ojos, todavía hay mucho que podemos hacer”, concluye Valladares. “Necesitamos entender lo que hay en juego, lo que podemos ganar y lo que podemos perder «.

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viernes, 10 de abril de 2026

TRUMP, DERROTADO.

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“Quienes condujeron a semejante fracaso a la superpotencia fueron, en primer lugar, Benjamín Netanyahu, quien según un chisme de The New York Times engatusó a Trump haciéndole creer que bastaba con decapitar al gobierno de la república islámica para que la institucionalidad iraní se desmoronara (https:// is.gd/RyrlA4) y, por el otro, su secretario de “guerra”, Pete Hegseth, quien había llevado a cabo una purga de mandos profesionales en el Pentágono (https:// is.gd/4DGHcY) para remplazarlos por incondicionales dispuestos a decir “sí” a cualquier tontera que se pasara por la mente del millonario presidente, los cuales fueron incapaces de realizar una evaluación estratégica correcta de las fuerzas en el golfo Pérsico. 

“De acuerdo con diversas fuentes, el círculo cercano a Trump usó durante el conflicto información privilegiada para especular con los vaivenes de los precios petroleros y los zigzagueos declarativos de su figura central.  Es posible que el autoproclamado dictador estadunidense (https://is.gd/ ub6Qnr) haya aprovechado la catástrofe a la que llevó a su país para acrecentar su fortuna personal y familiar; igualmente significativo es que la ignorancia y la bastedad mental de él y de su equipo les impidieron ver que, más allá de los aspectos meramente militares, estaban a punto de romperse los dientes ante un país cohesionado y unificado en lo fundamental, que infravaloraran la cohesión institucional de Irán y que sobrevaloraran los movimientos de disidencia y protesta en esa nación.  Ahora Trump podrá gesticular y amenazar todo lo que quiera, pero está derrotado. 

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Fuente. Foto. Ap.

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TRUMP, DERROTADO

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Por Pedro Miguel.

Fuente Diario la Jornada, Ciudad de México. viernes 10 de abril del 2026.

Desde noviembre de 2024, es decir, desde antes del regreso de Trump a la Casa Blanca, la publicación Responsible Statecraft advertía que

“la capacidad misilística de Estados Unidos se está agotando rápidamente” y que eran, ya para entonces, “insuficientes para abastecer a Ucrania con los interceptores necesarios para mantener sus sistemas de defensa antimisiles (https://is.gd/KzcEAX). 

La situación empeoró significativamente a raíz de las respuestas iraníes de abril, junio y octubre del año pasado a previas agresiones de Tel Aviv y de Washington; el Pentágono no sólo tuvo que fortalecer las defensas de sus bases militares en la región del Pérsico, sino que también requirió ayudar a Israel a reponer sus dotaciones de la munición antibalística que gastó en interceptar centenares de drones y de misiles balísticos y crucero. 

Es importante recordar que tanto los drones kamikaze como los misiles crucero, subsónicos y de vuelo bajo, pueden ser interceptados mediante una diversidad de medios, que va desde las ametralladoras y cañones antiaéreos convencionales hasta los misiles tierra-aire portátiles (Manpads), los aviones caza y también, desde luego, por las baterías del famoso Domo de Hierro israelí, concebido para contrarrestar los cohetes artesanales que han sido lanzados desde Gaza. 



En cambio, la intercepción desde tierra de misiles balísticos, como los que ha desarrollado Irán en grandes cantidades, requiere de misiles estadunidenses Patriot 3 y Thaad y los israelíes Stunner del sistema Honda de David. El otro medio disponible para este propósito es el de los sistemas Aegis instalados en barcos de guerra de Estados Unidos

En sus respuestas del año pasado a los atentados y bombardeos de Netanyahu y Trump, la república islámica fue perfeccionando una estrategia que aplicaría a fondo en 2026: carente de una fuerza aérea y de una armada significativas, Irán ideó un modelo de guerra asimétrica concebido para someter a sus adversarios mediante la derrota aritmética y económica de sus defensas antibalísticas: misiles que tienen un costo de entre 700 mil y 12 millones de dólares, y una fabricación limitada, han sido lanzados en pares para destruir en el aire drones iraníes Shahed y similares que pueden ser producidos en masa por 20 mil o 30 mil dólares (https://is.gd/w8TcJw). 

A sabiendas de que la gran mayoría de sus drones y misiles de crucero serán derribados mediante diversos sistemas, los militares iraníes confían en sus misiles balísticos para lograr una ventaja sobre sus agresores. 

Según el conteo del think tank británico Royal United Services Institute, las existencias israelíes de misiles antiaéreos Arrow 2 y Arrow 3 se acabaron el 27 de marzo; las de Stunner y Tamir, el 6 de abril; en cuanto a las de Thaad, llegarían a su término entre el 11 y el 17 de abril, y no habrá Patriot 3 el 26 de este mes si la confrontación mantenía su ritmo, lo que dejaría a Israel-Estados Unidos a merced de los misiles balísticos de Teherán. Si a eso se le suma la desastrosa jornada del 2 de abril, en la que Washington perdió más de media docena de aeronaves en suelo iraní, más los impactos económicos generados por el cierre del estrecho de Ormuz, la creciente oposición estadunidense a la guerra y el descontento de las petromonarquías por ser lanzadas como carne de cañón frente a Irán, es fácil entender por qué Trump se rindió –aunque disfrazara la derrota de comienzo de negociaciones de paz– el martes pasado. 



Quienes condujeron a semejante fracaso a la superpotencia fueron, en primer lugar, Benjamín Netanyahu, quien según un chisme de The New York Times engatusó a Trump haciéndole creer que bastaba con decapitar al gobierno de la república islámica para que la institucionalidad iraní se desmoronara (https:// is.gd/RyrlA4) y, por el otro, su secretario de “guerra”, Pete Hegseth, quien había llevado a cabo una purga de mandos profesionales en el Pentágono (https:// is.gd/4DGHcY) para remplazarlos por incondicionales dispuestos a decir “sí” a cualquier tontera que se pasara por la mente del millonario presidente, los cuales fueron incapaces de realizar una evaluación estratégica correcta de las fuerzas en el golfo Pérsico. 

De acuerdo con diversas fuentes, el círculo cercano a Trump usó durante el conflicto información privilegiada para especular con los vaivenes de los precios petroleros y los zigzagueos declarativos de su figura central. 

Es posible que el autoproclamado dictador estadunidense (https://is.gd/ ub6Qnr) haya aprovechado la catástrofe a la que llevó a su país para acrecentar su fortuna personal y familiar; igualmente significativo es que la ignorancia y la bastedad mental de él y de su equipo les impidieron ver que, más allá de los aspectos meramente militares, estaban a punto de romperse los dientes ante un país cohesionado y unificado en lo fundamental, que infravaloraran la cohesión institucional de Irán y que sobrevaloraran los movimientos de disidencia y protesta en esa nación. 

Ahora Trump podrá gesticular y amenazar todo lo que quiera, pero está derrotado. 

navegaciones@yahoo.com

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jueves, 9 de abril de 2026

ESTADOS UNIDOS PUEDE GANAR LAS BATALLAS, PERO NO LA GUERRA DE IRÁN. Imperio sin industria, imperio de papel.

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“Irán y la estrategia del desgaste. Irán ha comprendido bien esa limitación del imperio estadounidense y por eso se le enfrenta sin perseguir una victoria militar clásica que nunca podría alcanzar. Le basta con prolongar el conflicto, elevar los costes y tensionar el sistema global No es, ni de lejos, una potencia industrial. Décadas de sanciones han limitado severamente su acceso a tecnología avanzada, su capacidad manufacturera es modesta y sus cadenas de suministro están sometidas a una presión constante. No puede ganar una guerra convencional contra Estados Unidos. Probablemente lo sabe. Pero esa es, exactamente, la clave: no necesita ganarla, sino no perderla inmediatamente. Y para eso, sus limitaciones importan menos que las del adversario, porque la asimetría no opera en el plano de la capacidad total (totalmente a favor de Estados Unidos), sino en el del tiempo para las partes. Cada semana de conflicto que Irán puede sostener —con drones baratos, con la amenaza latente sobre el estrecho de Ormuz o las fuentes de petróleo, gas y azufre— es una semana que Estados Unidos tiene que financiar, reponer y justificar políticamente ante su propia opinión pública. La debilidad, bien administrada, puede ser una forma de resistencia. No porque Irán sea fuerte. Sino porque la guerra de desgaste no la gana quien tiene más, sino quien aguanta más. A Irán no le hace falta ganar la guerra para impedir que Estados Unidos e Israel la ganen.

“La gran potencia que domina el mundo no se enfrenta hoy a un enemigo más fuerte, sino a algo mucho más incómodo que le puede hacer perder la guerra: las consecuencias de su propio éxito. El mismo proceso que permitió maximizar beneficios a sus grandes empresas industriales debilitó la capacidad material necesaria para sostener el poder militar de Estados Unidos. Durante décadas, su poder descansó sobre una combinación de industria, finanzas y fuerza militar. Hoy, esa combinación sigue existiendo, pero ha perdido equilibrio. Sigue teniendo el ejército y las finanzas más poderosas del mundo, pero carece de la base material necesaria para sostener su poder cuando la guerra deja de resolverse en operaciones rápidas y pasa a depender de la capacidad de producción.

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Fuentes: Ganas de escribir.

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ESTADOS UNIDOS PUEDE GANAR LAS BATALLAS, PERO NO LA GUERRA DE IRÁN.

Imperio sin industria, imperio de papel.

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Por Juan Torres López | 09/04/2026 | Economía

Fuentes. Revista Rebelión jueves 9 de abril del 2026-

Lo que está ocurriendo con Estados Unidos en Irán es quizá el mejor ejemplo de cómo esa gran potencia ha construido su enorme poder sobre bases que no permiten sostenerlo indefinidamente y en cualquier condición. Sigue siendo capaz de destruir con una eficacia extraordinaria, pero no está claro que pueda mantener esa capacidad durante el tiempo necesario para ganar la guerra.

Como ha hecho en ocasiones anteriores con otras naciones, el ejército estadounidense es capaz de castigar ahora a Irán con extraordinaria eficacia. Da golpes muy dolorosos a su infraestructura, a sus fuerzas armadas y a su población, y siembra el caos y la destrucción en su territorio y economía. Pero Estados Unidos flaquea y será prácticamente imposible que pueda ganar la guerra cuando se ha encontrado con una resistencia derivada de nuevas formas de hacerla que obligan a mantener los golpes y ofensivas durante mucho tiempo.

Su enorme superioridad militar le permite entrar en la guerra y castigar duramente, pero no le garantiza salir de ella en condiciones de victoria por una razón bastante sencilla: desde hace décadas, Estados Unidos ha ido debilitando progresivamente su base industrial en sectores clave para proporcionarle producción armamentística y autonomía suficientes para enfrentamientos bélicos prolongados.


Imperio sin industria, Imperio de papel.
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Una economía financiarizada.

Al finalizar la segunda guerra mundial, Estados Unidos, cuya población representa­ba el 6% de la población del planeta, tenía un PIB equivalente al 50% mundial, casi el 60% de la producción industrial de todo el mundo y el 80% de todas las reservas de oro existen­tes. Hoy día, esas proporciones son del 25%, el 17% y el 25%, respectivamente.

El giro que lo cambió todo se produjo en el último cuarto del siglo pasado, con la globalización.

Estados Unidos favoreció que sus grandes empresas industriales se desplazaran a los países con mano de obra más barata para obtener mayores beneficios que luego volvían para alimentar su sector financiero. Dejó de ser el gran taller del mundo para convertirse en el centro de mando y de la especulación financiera global. La industria manufacturera pasó de representar el 25% del PIB en 1950 al 9,5 % en 2025. Y en ese mismo periodo las finanzas pasaron del 2,5% al 8% (o del 7% al 22,5% si se le suman los seguros y alquileres).

Durante décadas, la operación funcionó. Estados Unidos podía endeudarse sin descanso para comprar bienes —muchos de ellos estratégicos— porque el dólar seguía siendo la moneda de referencia global. La afluencia de beneficios financieros compensaba su déficit comercial.

Esa acumulación de poder financiero permitió consolidar un poder militar global sin precedentes. Con una moneda de reserva mundial y capacidad casi ilimitada de endeudamiento, Estados Unidos sostuvo un ejército desplegado en cientos de bases y afrontó guerras extremadamente costosas, como la de Irak, sin comprometer su estabilidad a corto plazo.



Las limitaciones de un imperio sin industria.

Con el paso del tiempo, sin embargo, esa situación ha ido mostrando una gran fragilidad en todos los terrenos y particularmente en el militar.

China aprovechó la globalización para desarrollar una base industrial mucho más sólida, mientras que las sucesivas intervenciones militares estadounidenses contribuyeron a que otros países buscaran alternativas al dólar. Al mismo tiempo, los beneficios financieros se concentraban en Wall Street y se orientaban a la especulación, deteriorando progresivamente la infraestructura material de la economía estadounidense.

La economía financiarizada de Estados Unidos se fue convirtiendo en una de papel, frente a las de otros países y fundamentalmente la de China que habían optado por consolidar a la industria como su principal motor y sostén. Y algo parecido le comenzó a ocurrir a su capacidad militar.

Estados Unidos mantiene un despliegue global con cientos de bases, pero dedica la mayor parte de su presupuesto a sostener esa estructura: entre un 30% y un 40% se destina a personal, otro 20–30% a operaciones y mantenimiento, y solo en torno a un 15–20% a la adquisición de nuevos sistemas.

Este modelo comienza a mostrar sus límites cuando las guerras dejan de decidirse por la superioridad inicial y pasan a depender de la capacidad de sostener el esfuerzo en el tiempo.

En conflictos recientes, Estados Unidos ha tenido que emplear grandes cantidades de munición de alta precisión en periodos muy cortos de tiempo (más de 800 misiles Tomahawk en poco más de un mes de guerra en Irán). Diversos informes del propio Departamento de Defensa y análisis de centros independientes advierten de que la capacidad de producción actual es limitada y que la reposición de estos sistemas puede llevar años. Cada vez tiene más dificultad para sostener ritmos de consumo propios de una guerra prolongada.

La fabricación de los nuevos sistemas de defensa y ataque requiere cadenas de suministro complejas: componentes electrónicos, sistemas de guiado y materiales avanzados que no se producen en masa. Son caros, sofisticados y lentos de fabricar y, sobre todo, dependen de un ecosistema productivo global y no autónomo en Estados Unidos.

Durante décadas, la ventaja estadounidense consistió en poder producir más que nadie. Hoy mantiene la capacidad de destruir más que ningún otro país, pero tiene crecientes dificultades para reponer al mismo ritmo esa capacidad. Estados Unidos sigue teniendo el ejército más poderoso del mundo, pero depende de una base industrial que ya no controla plenamente.

Su industria militar está diseñada para conflictos cortos y tecnológicamente dominados, no para guerras largas de desgaste donde lo decisivo es la capacidad de producción sostenida.

El propio Departamento de Defensa ha advertido de vulnerabilidades en áreas críticas como la microelectrónica, los materiales estratégicos o los componentes industriales. Incluso se han detectado dependencias inesperadas en la cadena de suministro de sistemas avanzadosen las infraestructuras de las bases y donde se producen las municiones.

Ya no basta con tener dinero para ganar guerras si no se puede transformar rápidamente en producción, porque el dinero no fabrica misiles si no existe la capacidad industrial para hacerlo.

Como han advertido diversos informes del propio sistema de defensa estadounidense, el problema no es únicamente el consumo de munición, sino la capacidad de reposición. La base industrial de defensa “no está adecuadamente preparada para el entorno actual” y, en escenarios de alta intensidad, Estados Unidos podría quedarse sin determinados sistemas en cuestión de días. Reponerlos no es inmediato: puede llevar años, e incluso más de ocho en algunos casos, mientras que la producción de ciertos misiles requiere hasta dos años. La cuestión, por tanto, no es si puede destruir más que nadie, sino si puede sostener ese ritmo de destrucción en el tiempo. Como señalaba recientemente la analista Mackenzie Eaglen, del conservador American Enterprise Institute«guerra tras guerra, Estados Unidos sigue quedándose sin municiones».

Y a esta enorme limitación se une otra no menos limitante para Estados Unidos. La guerra moderna introduce una enorme asimetría de costes, como también se está comprobando en Irán: hay que utilizar sistemas de defensa muy caros para neutralizar amenazas mucho más baratas. Los drones de bajo coste obligan a utilizar interceptores que multiplican varias veces su precio y eso hace que la superioridad tecnológica deje de ser una ventaja cuando no se puede sostener.

Dicho todo esto de otro modo más simple: Estados Unidos sigue teniendo el ejército más poderoso, eficaz y con mayor capacidad de dar un golpe letal, pero siempre que la guerra no se alargue demasiado.



Irán y la estrategia del desgaste.

Irán ha comprendido bien esa limitación del imperio estadounidense y por eso se le enfrenta sin perseguir una victoria militar clásica que nunca podría alcanzar. Le basta con prolongar el conflicto, elevar los costes y tensionar el sistema global

No es, ni de lejos, una potencia industrial. Décadas de sanciones han limitado severamente su acceso a tecnología avanzada, su capacidad manufacturera es modesta y sus cadenas de suministro están sometidas a una presión constante. No puede ganar una guerra convencional contra Estados Unidos. Probablemente lo sabe. Pero esa es, exactamente, la clave: no necesita ganarla, sino no perderla inmediatamente. Y para eso, sus limitaciones importan menos que las del adversario, porque la asimetría no opera en el plano de la capacidad total (totalmente a favor de Estados Unidos), sino en el del tiempo para las partes. Cada semana de conflicto que Irán puede sostener —con drones baratos, con la amenaza latente sobre el estrecho de Ormuz o las fuentes de petróleo, gas y azufre— es una semana que Estados Unidos tiene que financiar, reponer y justificar políticamente ante su propia opinión pública. La debilidad, bien administrada, puede ser una forma de resistencia. No porque Irán sea fuerte. Sino porque la guerra de desgaste no la gana quien tiene más, sino quien aguanta más. A Irán no le hace falta ganar la guerra para impedir que Estados Unidos e Israel la ganen.

La gran potencia que domina el mundo no se enfrenta hoy a un enemigo más fuerte, sino a algo mucho más incómodo que le puede hacer perder la guerra: las consecuencias de su propio éxito. El mismo proceso que permitió maximizar beneficios a sus grandes empresas industriales debilitó la capacidad material necesaria para sostener el poder militar de Estados Unidos.

Durante décadas, su poder descansó sobre una combinación de industria, finanzas y fuerza militar. Hoy, esa combinación sigue existiendo, pero ha perdido equilibrio. Sigue teniendo el ejército y las finanzas más poderosas del mundo, pero carece de la base material necesaria para sostener su poder cuando la guerra deja de resolverse en operaciones rápidas y pasa a depender de la capacidad de producción.

Al final, como casi siempre, la cuestión no es quién golpea más fuerte, sino quién puede seguir haciéndolo cuando las facturas empiezan a llegar. En este caso, en forma de una capacidad de producción de la que Estados Unidos carece en estos momentos.

P.S. Después de haber entregado este artículo para publicar, se informa del ultimátum de Trump a Irán: si no abre el estrecho, destrozará la civilización, dice. Afirma que bombardeará instalaciones civiles, fuentes de energía… cualquier cosa que se le ponga por delante. No le preocupa reconocer que se va a convertir (si no lo era ya) en un criminal de guerra. No creo que esto invalide la tesis de mi artículo. Más bien lo contrario. Estados Unidos debe tratar de ganar dando golpes cada vez más letales y rápidos, precisamente por lo que acabo de señalar. Quizá me haya equivocado con el título y debería haber dicho Imperio sin industria, imperio brutal.

Publicado en ctxt.es el 7 de abril de 2026

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miércoles, 8 de abril de 2026

EL FINAL DEL "CORTO SIGLO XX". LA NUEVA ERA MULTIPOLAR DEL SIGLO XXI Y EL DESAFÍO DE DESARROLLAR EL LATINOAMERICANISMO.

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“A pesar de las amenazas, Trump no ha podido acabar con la herencia de las décadas pasadas: China mantiene amplias relaciones económicas con América Latina y en varios países es el primer “socio comercial”. Con Rusia sucedió algo parecido, aunque no con la dimensión que adquirió China. Los BRICS ofrecen un futuro por construir. Son realidades que involucran no solo a gobiernos sino a empresarios de la región. De modo que en ese marco de conformación del mundo multipolar adquiere particular importancia el reciente, aunque poco publicitado, Primer Foro de Alto Nivel realizado en Bogotá, Colombia, el 21 de marzo (2026), entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y los países de África  Allí se acordó el fomento de las relaciones económicas y culturales, además de compartir plenamente los principios de soberanía, independencia y deuda histórica por la esclavitud transatlántica que durante cuatro siglos del pasado engrandeció a los imperios europeos. Fue la base para que la ONU aprobara (25/03/2026) una resolución que condena la esclavitud como “el crimen de lesa humanidad más grave”, aunque con el voto en contra de las antiguas potencias coloniales europeas y, además, de Argentina, mientras Ecuador permaneció ausente en la votación 
"A pesar de los obstáculos, para América Latina la nueva era multipolar del siglo XXI ofrece el desafío de edificar el Latino americanismo como geopolítica propia y determinante para las relaciones internacionales. La cooperación con África y Asia puede ser provechosa. Pero, ante todo, la región requerirá de la ampliación de gobiernos progresistas, porque han demostrado ser los únicos capaces de asumir posiciones soberanas y de encaminar a cada país en la senda de un
progreso que logre el bienestar colectivo.

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Fuentes: Rebelión.

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EL FINAL DEL "CORTO SIGLO XX".

LA NUEVA ERA MULTIPOLAR DEL SIGLO XXI Y EL DESAFÍO DE DESARROLLAR EL LATINOAMERICANISMO.

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Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda | 08/04/2026 | América Latina y Caribe.

Fuentes Revista Rebelión miércoles 8 de abril del 2026-

El historiador marxista británico Eric Hobsbawm (1917-2012) en su Historia del Siglo XX (1994) distinguió un “largo siglo XIX” y un “corto siglo XX”. El primero, que comenzó con la Revolución Francesa de 1789 y la Revolución Industrial en Inglaterra, se prolongó hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914. Consolidó la era de la burguesía por el desarrollo del capitalismo y de las potencias colonialistas europeas. El segundo, se extendió entre 1914 y la desintegración de la Unión Soviética (URSS) en 1991/1992. Esta era de los extremos caracterizó la confrontación entre capitalismo y socialismo, bajo el ascenso de los Estados Unidos como la gran potencia que desplazó a Europa y que, luego del derrumbe del socialismo soviético, consolidó su hegemonía unipolar en el mundo.

A diferencia de Francis Fukuyama que proclamó el “fin de la historia” alcanzado con la globalización de la economía de mercado libre y la democracia de tipo occidental (ideas que luego abandonaría ante las nuevas realidades que adquirió el mundo), el historiador Hobsbawm, aunque no alcanzó a escribir otro libro sobre el tema, en conferencias, artículos y entrevistas intuyó el fin de la era del “corto siglo XX” por el declive de la hegemonía estadounidense y de la influencia de Occidente, debido al inicio de un nuevo mundo dominado por Asia, en medio de un “desorden mundial” que implicaba el colapso del “orden” creado después de la Segunda Guerra Mundial. Advirtió (y, en cierto modo, predijo) el ascenso de China que recuperaba su posición histórica como civilización mundial, bajo un modelo propio de construcción económica y social. También observó el resurgimiento de Rusia en la era postsoviética. Pero no alcanzó a visualizar el desarrollo de los BRICS y el peso que adquiriría el “Tercer Mundo”.



En efecto, en forma paralela, a partir de las reformas introducidas por el gobierno de Deng Xiaoping en 1978, en las décadas finales del siglo XX se levantó el poderío de China que, con el avance del siglo XXI desafió la hegemonía unipolar de los EE. UU. Y, además, a pesar del derrumbe del socialismo, Rusia también logró despegar su economía y nuevamente pasó a disputar las relaciones económicas internacionales. A estos cambios indetenibles se sumó la constitución de los BRIC, en 2009 con Brasil, Rusia, India y China, grupo al que se sumó Sudáfrica al año siguiente, pasando a denominarse BRICS.

En pleno desarrollo de ese mundo multipolar, también se produjo el complejo y contradictorio ascenso de los países del Sur Global en Asia, África y América Latina, postergados en su desarrollo económico, social y político independiente. Estas regiones, con largas historias de intervencionismo e injerencia extranjera, son las que promovieron las tesis sobre soberanía nacional, anticolonialismo, antimperialismo, paz, solución pacífica de las controversias internacionales y libertad para construir sus propios caminos de modernización, sin sujetarse a los “modelos” que han impuesto las grandes potencias de Occidente y, sobre todo, los EE. UU. Su convergencia más remota se halla en la Conferencia de Bandung de 1955, de la cual nació el “Tercer Mundo”.

Ante este conjunto de procesos que han alcanzado dimensiones históricas inesperadas, las radicales posturas adoptadas por los EE. UU. bajo el segundo gobierno de Donald Trump (desde enero 2025) han alterado las relaciones internacionales. Su gobierno ha dejado en claro que la seguridad nacional del país, sus intereses económicos, su modelo de democracia y su influencia mundial no pueden disminuir (https://t.ly/QNMF9 ; https://t.ly/-Hqw_). No interesan más las normas e instituciones mundiales creadas en la postguerra si la seguridad de EE. UU. se ve amenazada (https://t.ly/egE8w). Se ha dejado en claro que China es un adversario al que hay que detener, Rusia el segundo oponente y los BRICS el siguiente. La Europa de la OTAN creada en 1949 pasó de ser un continente aliado (a la época contra la URSS) a otro fuera del concepto de “Hemisferio Occidental” (Groenlandia y toda América) y compuesto por un conjunto de países que igualmente tienen que defender los intereses estadounidenses. Trump ha reaccionado contra los gobiernos de Francia, Alemania, Italia e incluso la Gran Bretaña, que se negaron a que las bases militares establecidas en sus territorios sirvan para la guerra contra Irán. Los ha encarado previendo su salida de la OTAN y desafiando a los europeos a abastecerse con el petróleo norteamericano o ir a tomarlo, por sí mismos, en el Medio Oriente, abriendo la circulación por el estrecho de Ormuz: “Get Your Own Oil” (https://t.ly/rGg9w ; https://t.ly/QZRgH).



Al mismo tiempo, América Latina ha pasado a ser el único refugio “natural” de la hegemonía en declive de los EE. UU., con la amenaza del nuevo monroísmo del siglo XXI, cuyo “Corolario Trump” exige la alineación incondicional de todos los países y gobiernos de la región a los intereses de EE. UU. De manera directa y especial tienen que hacerlo aquellos países “en este gran vecindario” que forman parte, desde ahora, de la sui géneris órbita geoestratégica del Greater North America (“Gran América del Norte”), que se extiende desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska hasta Guyana, que no pertenece más al Sur Global y que, de acuerdo con el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien presentó el mapa oficial, constituye una parte integral de la estructura defensiva inmediata bajo el estricto control militar y político estadounidense (https://t.ly/VpOVF ; https://t.ly/rv4_3 ).
 
A pesar de las amenazas, Trump no ha podido acabar con la herencia de las décadas pasadas: China mantiene amplias relaciones económicas con América Latina y en varios países es el primer “socio comercial”. Con Rusia sucedió algo parecido, aunque no con la dimensión que adquirió China. Los BRICS ofrecen un futuro por construir. Son realidades que involucran no solo a gobiernos sino a empresarios de la región. De modo que en ese marco de conformación del mundo multipolar adquiere particular importancia el reciente, aunque poco publicitado, Primer Foro de Alto Nivel realizado en Bogotá, Colombia, el 21 de marzo (2026), entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y los países de África (https://t.ly/LdK9E). Allí se acordó el fomento de las relaciones económicas y culturales, además de compartir plenamente los principios de soberanía, independencia y deuda histórica por la esclavitud transatlántica que durante cuatro siglos del pasado engrandeció a los imperios europeos. Fue la base para que la ONU aprobara (25/03/2026) una resolución que condena la esclavitud como “el crimen de lesa humanidad más grave”, aunque con el voto en contra de las antiguas potencias coloniales europeas y, además, de Argentina, mientras Ecuador permaneció ausente en la votación (https://t.ly/OqV85).
 
A pesar de los obstáculos, para América Latina la nueva era multipolar del siglo XXI ofrece el desafío de edificar el latino americanismo como geopolítica propia y determinante para las relaciones internacionales. La cooperación con África y Asia puede ser provechosa. Pero, ante todo, la región requerirá de la ampliación de gobiernos progresistas, porque han demostrado ser los únicos capaces de asumir posiciones soberanas y de encaminar a cada país en la senda de un progreso que logre el bienestar colectivo.

Blog del autor: Historia y Presente

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