miércoles, 7 de octubre de 2026

EL RETORNO DE LA DOCTRINA MONROE: AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE EN EL NUEVO TABLERO GLOBAL.

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“Este reposicionamiento se manifiesta en diversas iniciativas estadounidenses en la región. Por un lado, el renovado interés en infraestructuras críticas, como el Canal de Panamá o el puerto de Chancay en Perú, así como las presiones políticas para asegurar condiciones favorables de uso y limitar la influencia china, evidencian la centralidad geoeconómica de los corredores logísticos globales. Por otro lado, los acuerdos de cooperación militar en países como Ecuador reflejan una estrategia de mayor presencia en el Pacífico latinoamericano, vinculada tanto a la gestión de la geoestrategia militar como a los intereses minerales ubicados en la Zona Clarion-Clipperton. La atención creciente sobre puertos, bases logísticas y corredores marítimos en el Pacífico, así como la disputa en el Caribe, particularmente en torno a Venezuela y Cuba, responden a esta lógica de un mundo en proceso de reorganización.

“Así, la región no solo resulta relevante por sus recursos, sino también por su posición geopolítica en la arquitectura del comercio global y en la estrategia militar. El control territorial ya no se ejerce únicamente mediante el dominio directo, sino que se articula a través de redes logísticas, acuerdos de seguridad y mecanismos de influencia económica. La disputa contemporánea combina así dimensiones geoeconómicas y geoestratégicas en un mismo proceso. En este tablero de ajedrez reconfigurado, América Latina y el Caribe se consolidan como un espacio estratégico en la reorganización del poder global.

“El principal desafío para la región no radica en la escasez de recursos, sino en las limitaciones para gestionar y gobernar soberanamente su abundancia. En un contexto de creciente multipolaridad, la construcción de estrategias regionales de cooperación no solo es deseable, sino necesaria para evitar la profundización de una inserción subordinada y dependiente en una economía global en plena reorganización. En última instancia, América Latina y el Caribe enfrentan una disyuntiva estructural: continuar siendo el territorio donde otros disputan el futuro o constituirse en un actor capaz de intervenir activamente en la definición de las reglas de esa disputa. La región no es infortunada; es estratégicamente rica en un sistema que históricamente ha transformado su riqueza en subordinación.

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Fuentes: Rebelión.

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EL RETORNO DE LA DOCTRINA MONROE: 

AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE EN EL NUEVO TABLERO GLOBAL.

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Por Héctor López-Terán | 07/10/2026 | América Latina y Caribe.

Fuente Revista Rebelión miércoles 7 de otubre del 2026.

En 1823, el presidente James Monroe advirtió a las potencias europeas que el continente americano ya no era territorio de colonización. Dos siglos después, la Casa Blanca ha vuelto a esa doctrina ahora con un ‘corolario Trump’ inscrito en su Estrategia de Seguridad Nacional para disputarle a China el acceso a los minerales que sostienen la nueva oleada tecnológica

En el contexto actual, marcado por la transición hacia un orden internacional multipolar, América Latina y el Caribe adquieren una renovada relevancia estratégica. La demanda de minerales críticos —como el litio, el cobre o el molibdeno— podría multiplicarse exponencialmente en las próximas décadas, impulsada por la innovación tecnológica, las nuevas tecnologías de la información, la automatización, la digitalización y la incorporación de energías renovables. Esa demanda podría reconfigurar en la región la geografía de la extracción y, con ella, la organización económica y las relaciones sociales asociadas. [i] El resultado es un tablero de disputa integrado por los minerales, el monopolio tecnológico de las manufacturas y las energías renovables, que se expresa en la contienda global entre Estados y sus corporaciones.

Estados Unidos llega debilitado a esta contienda. Su capitalismo financiarizado —más orientado a la ganancia financiera que a la producción— privilegió durante años la rentabilidad de corto plazo, relocalizó su producción fuera del país y limitó así su propia transformación industrial. Enfrente tiene a China. Este país, a partir de una estrategia económica y política articulada tanto en el plano interno como externo, ha logrado posicionarse progresivamente como un actor central en la economía mundial. Hoy, su poder económico no solo se sustenta en su capacidad industrial y tecnológica, sino también en la concentración de insumos estratégicos, su extracción y refinación, así como en el incremento sostenido de la innovación. En contraste, Estados Unidos ha desarrollado una vulnerabilidad estratégica estructural, caracterizada por su creciente dependencia de minerales provenientes del exterior: su lista oficial de minerales críticos incluye hoy sesenta, diez más que la de 2022, particularmente para sectores clave como los semiconductores, la tecnología, la electrónica, la industria nuclear y la defensa. [II]

En esta disputa, América Latina y el Caribe emergen como un espacio clave para garantizar el acceso a recursos estratégicos. Su riqueza mineral la sitúa en el centro de las estrategias geopolíticas contemporáneas, intensificando la competencia entre potencias por el acceso a los yacimientos de la región. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe [III], la región alberga cerca del 35 % del molibdeno, el 40 % del cobre y el 50 % del litio de las reservas mundiales.   Pese a esta riqueza minera explotada desde tiempos coloniales, la región continúa ocupando una posición subordinada en la economía mundial. Esta condición no es contingente: responde a una posición periférica producida históricamente por la dinámica del capitalismo global, que ha relegado a la región.



Históricamente, la centralidad de la región ha estado vinculada a los recursos que sustentan los distintos ciclos de acumulación capitalista. El carbón fue fundamental para la Revolución Industrial británica; el petróleo, para la hegemonía estadounidense y la consolidación del capitalismo fósil; y, en la actualidad, los minerales críticos sostienen una nueva oleada tecnológica y de reorganización económica. Aunque la relevancia de cada recurso ha variado según el periodo histórico, la expansión constante de la frontera extractiva ha reforzado el patrón de acumulación, bajo nuevas formas técnicas y organizativas, pero manteniendo una orientación exportadora destinada al beneficio de los mercados externos y a los procesos de reconfiguración tecnológica de los países centrales. La demanda mundial de ciertos recursos naturales, indispensables para la reproducción metabólica del capitalismo en materia y energía, ha anclado a la región en una posición estratégica. Pero esa centralidad se debe a lo que la región tiene, no a lo que transforma: la dependencia tecnológica ha impedido que su riqueza se traduzca en la. transformación de sus matrices productivas

Estados Unidos ha respondido al avance de China en la región —que Pekín enmarca en su documento de política hacia América Latina y el Caribe, actualizado en 2025— con una estrategia de reposicionamiento que combina instrumentos diplomáticos, económicos y militares. Con Donald Trump, la Doctrina Monroe se reactualiza en formas, más confrontativas y directas, orientadas al control político y económico de la región, con el objetivo de limitar la presencia de actores extrarregionales y garantizar el acceso a recursos estratégicos que respalden sus cadenas de suministro. La estrategia se expresa en la noción de un “mundo libre” promovida por la Estrategia de Seguridad Nacional y por diversas declaraciones del presidente Trump.

La securitización —es decir, presentar el narcotráfico, las organizaciones criminales y la migración como amenazas a la seguridad nacional— opera como mecanismo de legitimación de la intervención geopolítica: permite ampliar la presencia estadounidense en la región bajo marcos discursivos renovados y acompaña un reajuste de la presencia militar en el hemisferio occidental. La seguridad se convierte así en el lenguaje moral de la intervención: justifica tanto el combate a los grupos criminales del hemisferio como la contención de la denominada “amenaza extranjera”. Esa doble agenda tomó forma en marzo de 2026 con el Escudo de las Américas, respaldado por una docena de gobiernos de la región. A su vez, las diferencias políticas y la fragmentación diplomática regional sirven para reimpulsar la presencia militar estadounidense bajo una versión renovada de la estrategia aplicada durante el último cuarto del siglo XX.



Frente a esta presión, América Latina y el Caribe atraviesan un momento de inflexión: la Casa Blanca ha profundizado la divergencia de posiciones políticas entre los países de la región. Mientras algunos gobiernos han optado por alineamientos estratégicos con Estados Unidos, priorizando acuerdos de seguridad, inversión y cooperación militar como en los casos de Argentina, Ecuador y Colombia, otros han buscado preservar márgenes de autonomía frente a las presiones externas, como México y Brasil. Esta fragmentación limita la capacidad de acción colectiva y genera conflictos internos. Lejos de ser un accidente, esta desintegración funciona como una condición que facilita la presión externa, reproduciendo patrones históricos de subordinación y control derivados de la política exterior estadounidense. La región sigue apareciendo en la estrategia estadounidense más como un archipiélago de intereses nacionales que como un bloque articulado, capaz de negociar no solo los beneficios del ciclo extractivo, sino también la transferencia tecnológica que exige la reorganización económica contemporánea.

Desde la perspectiva estadounidense, América Latina y el Caribe sigue siendo concebida como un espacio de alta relevancia estratégica. Más allá de la noción retórica de “patio trasero”, que expresa una relación de subordinación, la región representa para Estados Unidos un territorio clave para la proyección del poder económico, político y militar, especialmente en un contexto en el que se hacen cada vez más evidentes los dos modelos económicos en disputa. Estados Unidos impulsa una reorganización económica interna orientada a la reindustrialización —mediante subsidios e inversiones para repotenciar los sectores en los que perdió competitividad—, acompañada de una política exterior altanera, amenazante y beligerante, destinada a garantizar el acceso preferente a recursos estratégicos y a contener la influencia de actores extrarregionales. China, en cambio, promueve una estrategia anclada en la economía real y en una propuesta de gobernanza global, expresada en su XV Plan Quinquenal (2026–2030) y en la Iniciativa de Desarrollo Global.  Ante su ya evidente desventaja frente al país asiático, los estadounidenses recurren, quizás, a lo que pudieran ser sus dos últimos instrumentos de poder: la jerarquía del dólar y su aparato militar.

Este reposicionamiento se manifiesta en diversas iniciativas estadounidenses en la región. Por un lado, el renovado interés en infraestructuras críticas, como el Canal de Panamá o el puerto de Chancay en Perú, así como las presiones políticas para asegurar condiciones favorables de uso y limitar la influencia china, evidencian la centralidad geoeconómica de los corredores logísticos globales. Por otro lado, los acuerdos de cooperación militar en países como Ecuador reflejan una estrategia de mayor presencia en el Pacífico latinoamericano, vinculada tanto a la gestión de la geoestrategia militar como a los intereses minerales ubicados en la Zona Clarion-Clipperton. La atención creciente sobre puertos, bases logísticas y corredores marítimos en el Pacífico, así como la disputa en el Caribe, particularmente en torno a Venezuela y Cuba, responden a esta lógica de un mundo en proceso de reorganización.

Así, la región no solo resulta relevante por sus recursos, sino también por su posición geopolítica en la arquitectura del comercio global y en la estrategia militar. El control territorial ya no se ejerce únicamente mediante el dominio directo, sino que se articula a través de redes logísticas, acuerdos de seguridad y mecanismos de influencia económica. La disputa contemporánea combina así dimensiones geoeconómicas y geoestratégicas en un mismo proceso. En este tablero de ajedrez reconfigurado, América Latina y el Caribe se consolidan como un espacio estratégico en la reorganización del poder global.

El principal desafío para la región no radica en la escasez de recursos, sino en las limitaciones para gestionar y gobernar soberanamente su abundancia. En un contexto de creciente multipolaridad, la construcción de estrategias regionales de cooperación no solo es deseable, sino necesaria para evitar la profundización de una inserción subordinada y dependiente en una economía global en plena reorganización. En última instancia, América Latina y el Caribe enfrentan una disyuntiva estructural: continuar siendo el territorio donde otros disputan el futuro o constituirse en un actor capaz de intervenir activamente en la definición de las reglas de esa disputa. La región no es infortunada; es estratégicamente rica en un sistema que históricamente ha transformado su riqueza en subordinación.

Notas:

[I] Rivera Ríos, M., Araujo Loredo, O., García Veiga, J., & Lujano López, J. B. (2023). El capitalismo del quinto Kondratiev. Acumulación de capital, tecnología digital y procesossocioinstitucionales.

[II] Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2024, diciembre 8). Minerales críticos para la transición energética y la electromovilidad: Oportunidades para el desarrollo económico con desafíos socioambientales | Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

[III] Ministerio de Relaciones Exteriores de China, & Gobierno de la República Popular China. (2025). Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe.

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martes, 6 de octubre de 2026

LA URGENCIA DE REMONTAR ESTA NUEVA BATALLA ELECTORAL.

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"Obviamente que la cuestión no es así tan fácil de resolver y esa decisión tampoco pasa por una decisión personal, como lo ha señalado el propio presidente Lula. En estos momentos Brasil y México son los únicos países capaces de liderar la contención a la arremetida de una derecha neofascista que asola al continente. Si la situación actual es dramática, un triunfo del bolsonarismo en Brasil acabará con cualquier manifestación de soberanía y autonomía por parte de nuestros países, que se vienen doblegando abyectamente a los caprichos de Trump y sus secuaces. Con todas las dificultades en el horizonte, el pueblo brasileño que todavía cree en la democracia y en la independencia deberá aumentar sus esfuerzos para salir triunfante este próximo 25 de octubre. De lo contrario, tiempos aún más sombríos se abatirán sobre nuestra región.

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Fuentes: Rebelión / Socialismo y Democracia [Imagen: Lula da Silva en su primera intervención tras conocerse los resultados del primeo turno de las elecciones celebradas el 4 de octubre de 2026. Créditos: Paulo Pinto/Agencia Brasil]

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LA URGENCIA DE REMONTAR ESTA NUEVA BATALLA ELECTORAL.

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Por Fernando de la Cuadra | 06/10/2026 | Brasil

Fuente Revista Rebelión martes 6 de septiembre del 2026.

En este artículo el autor realiza una lectura de los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en clave optimista, ya que sostiene que hay una puerta abierta para la esperanza, siempre que el pueblo que cree en la democracia y en la soberanía salga a votar el próximo 25 de octubre.


Antes del pleito de este domingo, la casi totalidad de las encuestan daban como ganador al presidente Lula da Silva -aunque por un estrecho margen-, en torno de dos o cuatro puntos porcentuales. Con el 100 por ciento de los cómputos escrutados ya en la madrugada, esta situación se invirtió y aparece Flavio Bolsonaro con un 47,03 por ciento de los votos, frente al actual mandatario que obtuvo un 45,16 por ciento, es decir, poco menos de 2 puntos de diferencia.

Estos datos representan una sorpresa evidente, no obstante, no implican una catástrofe incontrarrestable. Las estrategias que surgen en primera instancia se orientan a obtener el voto de otros tres candidatos (Cury, Santos y Caiado), que juntos obtuvieron el 7,31 por ciento de los sufragios. Indagaciones recientes revelaron que muchos de los electores de esos 3 candidatos derrotados se inclinarían por Flavio Bolsonaro, aunque la mayoría de ellos poseen una fuerte resistencia o rechazo a los dos candidatos que continúan en la disputa presidencial.

Por lo mismo, el verdadero trabajo para construir una mayoría en la segunda vuelta debe orientarse hacia quienes anularon, votaron en blanco y, especialmente, hacia quienes no comparecieron a las urnas. Estos últimos superan el 20 por ciento de los electores, lo cual suma más de 33 millones de votantes. Es un conjunto considerable de personas que es ineludible convencer en tres semanas, personas que desistieron de la idea de que su voto puede hacer la diferencia para mejorar sus condiciones y su calidad de vida.



Va a ser una lucha titánica sacar a estos millones de potenciales electores de su pasividad y revertir su decepción con la política y su ausencia de credibilidad en la participación ciudadana, pero es un esfuerzo urgente y necesario que va a ser asumido desde ahora por el equipo y los apoyadores del presidente Lula. La misma noche de la contienda y después de conocerse los resultados, Lula declaró que “El resultado es muchas veces inesperado, confieso de que estaba convencido de que iría a ganar en la primera vuelta, pero eso ya sucedió en otras ocasiones. A partir de mañana comenzaremos una nueva campaña, una campaña apenas entre dos candidatos, donde podremos mostrar la diferencia entre las propuestas que existen para Brasil”.

Dependiendo de la disposición y del trabajo que se despliegue en estas próximas semanas es probable que Lula da Silva consiga su cuarto mandato al frente de los destinos del país. Sin embargo, de ganar la elección, su mayor desafío seguirá siendo como lidiar con un Congreso tomado por la extrema derecha. En efecto, el Partido Liberal, del clan Bolsonaro, consiguió elegir a 19 senadores, que se suman a los 9 que permanecen. Otros partidos de extrema derecha (Novo) y de derecha (Unión Brasil, Republicanos, PP o PSD) ocuparán otras 28 sillas en el Senado, creando una mayoría confortable de más de dos tercios entre los 81 senadores. En la Cámara de Diputados, la situación es parecida, con una expresiva presencia de los partidos de extrema derecha y de derecha a partir de 2027.


Con el desplazamiento del poder desde el Ejecutivo hacia el Legislativo, utilizando para ello los mecanismos de las enmiendas parlamentarias y los fondos partidarios basados en el resultado de las elecciones, la tendencia será que los partidos del espectro de ultraderecha tendrán mayor autonomía para consolidar su vida política y financiera, pudiendo chantajear con mayor vigor al gobierno Lula, en caso de ser reelecto. Un escenario nefasto que ha llevado incluso a algunos analistas a señalar que el Presidente Lula se debería proteger de este futuro complejo y desistir de su empeño para obtener un nuevo mandato.

Obviamente que la cuestión no es así tan fácil de resolver y esa decisión tampoco pasa por una decisión personal, como lo ha señalado el propio presidente Lula. En estos momentos Brasil y México son los únicos países capaces de liderar la contención a la arremetida de una derecha neofascista que asola al continente. Si la situación actual es dramática, un triunfo del bolsonarismo en Brasil acabará con cualquier manifestación de soberanía y autonomía por parte de nuestros países, que se vienen doblegando abyectamente a los caprichos de Trump y sus secuaces. Con todas las dificultades en el horizonte, el pueblo brasileño que todavía cree en la democracia y en la independencia deberá aumentar sus esfuerzos para salir triunfante este próximo 25 de octubre. De lo contrario, tiempos aún más sombríos se abatirán sobre nuestra región.

Fernando de la Cuadra es doctor en Ciencias Sociales, editor del blog Socialismo y Democracia, autor del libro De Dilma a Bolsonaro: itinerario de la tragedia sociopolítica brasileña (editorial RIL, 2021) y coeditor del libro EP Thompson en Chile: solidaridad, historia y poesía de un intelectual militante (Ariadna Ediciones, 2024).

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lunes, 5 de octubre de 2026

AMERICA LATINA, EL PROTECTORADO DE LA ÉLITE ENERGÉTICA Y TECNOLÓGICA DE EE. UU.

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“Silicon Valley y las grandes tecnológicas de inteligencia artificial necesitan dos insumos en escala masiva: energía barata y abundante, porque los data centers consumen gigavatios, y minerales críticos —litio, cobre, tierras raras, níquel, cobalto— para baterías, chips y electrónica. El petróleo venezolano ayuda a mantener precios energéticos competitivos. El Triángulo del litio y el cobre de Chile y Perú, bajo mayor influencia estadounidense, reducen la dependencia de cadenas controladas por Beijing. Microsoft, Google, Amazon, Meta, Nvidia, AMD y Oracle ganan seguridad de suministro.

“El sector energético estadounidense —Chevron, ExxonMobil, ConocoPhillips y las empresas de servicios como Halliburton y Schlumberger— encuentra en la rehabilitación de la industria petrolera venezolana contratos, inversión y participación en la renta. La minería de minerales críticos y el capital financiero que financia defensa, energía e infraestructura completan el círculo de ganadores.

“América Latina no es el fin. Es el medio. Energía para alimentar data centers y la base industrial. Minerales para baterías, chips y sistemas de defensa. Estabilidad política y exclusión de China y Rusia para garantizar el suministro a largo plazo. Las élites locales que colaboran, como se vio con Rodríguez, administran el territorio, legitiman los acuerdos y capturan una porción de la renta. El valor agregado y el poder de decisión permanecen del otro lado. Por eso, una elección, no cambia la influencia. El resto —gobiernos, poblaciones y parte de las propias élites regionales— queda como variable de ajuste dentro de un esquema de primacía hemisférica diseñado para sostener la carrera tecnológica y militar de Estados Unidos. Lo que se exhibió en la ONU no fue un incidente. Fue la confirmación pública de quién manda, quién agradece y para quién trabaja realmente el protectorado.

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Fuentes: El tábano economista.

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AMERICA LATINA,

EL PROTECTORADO DE LA ÉLITE ENERGÉTICA Y TECNOLÓGICA DE 

EE. UU.

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Por Alejandro Marcó del Pont | 05/10/2026 | Economía, Venezuela

Fuentes. Revista Rebelión lunes 5 de octubre del 2026.

Cuando la presidenta agradece al que se llevó al presidente (El Tábano Economista)

El podio de mármol de la Asamblea General de las Naciones Unidas ha escuchado durante décadas llamados a la paz, a la cooperación y al fin de las desigualdades. El 22 de septiembre de 2026 escuchó otra cosa. Donald Trump subió a esa tribuna y habló como quien dicta condiciones. Amenazó con “aniquilar” a Irán. Celebró haber detenido a “un criminal, un dictador” llamado Nicolás Maduro. Reivindicó el derecho a usar la fuerza militar en cualquier punto del hemisferio occidental si considera que hay una amenaza. Y, refiriéndose al petróleo venezolano, soltó la frase más antigua del poder: “Al vencedor le pertenecen los despojos”.

Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, estaba presente y escuchaba. Al día siguiente subió al mismo podio. Agradeció explícitamente a Trump y a su Gobierno por

“su disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación”. Calificó de histórica la reunión bilateral. Valoró el acuerdo energético como uno de los más grandes jamás firmados. Habló de “renacimiento”. Prometió elecciones sin fijar fecha. No mencionó a Maduro. El tono no fue de denuncia. Fue de alineamiento y gratitud.

Esa secuencia —el vencedor reivindicando el botín y la autoridad local agradeciendo en el máximo foro mundial— es la imagen más nítida de un protectorado de facto. No hay tropas de ocupación permanente ni anexión jurídica. Hay tutela. Estados Unidos controla los recursos estratégicos, gran parte de los ingresos y las condiciones de la transición. El Gobierno interino mantiene la fachada de soberanía y colabora abiertamente.

El precedente es grave. Un Estado poderoso puede entrar en territorio ajeno, secuestrar a un jefe de Estado y juzgarlo en sus tribunales bajo la etiqueta de “aplicación de la ley”, sin autorización del Consejo de Seguridad. La Carta de las Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier país. La inmunidad de los jefes de Estado en ejercicio también queda vulnerada. Cuando un miembro permanente del Consejo de Seguridad actúa así y el sistema solo emite declaraciones, las reglas se revelan selectivas. La ONU se convierte cada vez más en escenario de legitimación o de queja, no en mecanismo real de contención del poder.



Pero Trump no improvisa, ya lo hemos dejado en claro en otros artículos, por lo que seguir la secuencia resulta revelador. Los discursos de la ONU (amenaza a Irán, celebración de la captura de Maduro, afirmación de primacía hemisférica seguidos al pie de la letra, son la expresión pública de una cadena de documentos que se viene ejecutando con disciplina). El Project 2025 de la Heritage Foundation que aportó el plan de gobierno y de personal. El libro de Elbridge Colby, La estrategia de la denegación (The Strategy of Denial), suministró la teoría: denegar a China la hegemonía en Asia, especialmente en torno a Taiwán, concentrando recursos y eliminando distracciones. La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 y la Estrategia de Defensa Nacional 2026 tradujeron esa lógica en política oficial: prioridad en el Indo-Pacífico y fortificación del hemisferio occidental. El  Plan estratégico del Departamento de Estado para los años fiscales 2026-2030 coronó el edificio. Su Objetivo 2 se titula sin rodeos “El hemisferio occidental y el establecimiento de la Doctrina Donroe”.

Trump es el ejecutor ruidoso de un manual escrito antes. La “estrategia de denegación” de Colby exige que EE. UU. no pelee en dos frentes de gran potencia al mismo tiempo. Por él Europa debe asumir más carga, Medio Oriente debe “gestionarse” o neutralizarse, y el hemisferio occidental debe quedar asegurado como patio trasero estable, libre de influencia china/rusa y de amenazas (migración, drogas, gobiernos hostiles). Solo así se puede concentrar fuerza real en el Indo-Pacífico.

En el esquema que une cada uno de los documentos, las élites estadounidenses son el sujeto principal cuyas necesidades se atienden. América Latina funciona, en esta lógica, como la góndola del supermercado que abastece energía y minerales críticos a bajo costo relativo y con control geopolítico. Trump no inventa el menú: ejecuta lo que esas élites requieren para mantener primacía tecnológica y militar frente a China.

Ya no se trata solo de expulsar influencia militar extra-hemisféricas como la doctrina Monroe de 1823. Ahora incluye contrarrestar a China y Rusia en lo económico, en la infraestructura y en la deuda; fortalecer alianzas estratégicas en la región, y reprimir carteles y narcotráfico, incluso con fuerza si se considera necesario. La captura de Maduro, el control del petróleo y la normalización con Rodríguez son la aplicación concreta de ese capítulo.



El complejo militar-industrial es el gran beneficiario estructural. Requiere reindustrialización de la base de defensa —submarinos, misiles, drones, municiones, construcción naval— para desplegar capacidades de denegación en Asia. Un hemisferio estabilizado libera presupuesto, atención y plataformas. Lockheed Martin, RTX, Northrop Grumman, General Dynamics, Huntington Ingalls y el ecosistema de contratistas firman acuerdos de largo plazo y una narrativa que justifica presupuestos elevados.

Silicon Valley y las grandes tecnológicas de inteligencia artificial necesitan dos insumos en escala masiva: energía barata y abundante, porque los data centers consumen gigavatios, y minerales críticos —litio, cobre, tierras raras, níquel, cobalto— para baterías, chips y electrónica. El petróleo venezolano ayuda a mantener precios energéticos competitivos. El Triángulo del litio y el cobre de Chile y Perú, bajo mayor influencia estadounidense, reducen la dependencia de cadenas controladas por Beijing. Microsoft, Google, Amazon, Meta, Nvidia, AMD y Oracle ganan seguridad de suministro.

El sector energético estadounidense —Chevron, ExxonMobil, ConocoPhillips y las empresas de servicios como Halliburton y Schlumberger— encuentra en la rehabilitación de la industria petrolera venezolana contratos, inversión y participación en la renta. La minería de minerales críticos y el capital financiero que financia defensa, energía e infraestructura completan el círculo de ganadores.

América Latina no es el fin. Es el medio. Energía para alimentar data centers y la base industrial. Minerales para baterías, chips y sistemas de defensa. Estabilidad política y exclusión de China y Rusia para garantizar el suministro a largo plazo. Las élites locales que colaboran, como se vio con Rodríguez, administran el territorio, legitiman los acuerdos y capturan una porción de la renta. El valor agregado y el poder de decisión permanecen del otro lado. Por eso, una elección, no cambia la influencia.

El resto —gobiernos, poblaciones y parte de las propias élites regionales— queda como variable de ajuste dentro de un esquema de primacía hemisférica diseñado para sostener la carrera tecnológica y militar de Estados Unidos. Lo que se exhibió en la ONU no fue un incidente. Fue la confirmación pública de quién manda, quién agradece y para quién trabaja realmente el protectorado.

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domingo, 4 de octubre de 2026

FE, POLÍTICA Y DESIGUALDAD: UNA ENCRUCIJADA LATINOAMERICANA.

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“Viaje y test. A este continente polarizado y en ebullición, llegará el 6 de noviembre el papa León XIV, comenzando su gira en Uruguay y continuándola en Argentina y Perú. Según el Cardenal Spengler este viaje reafirma “la urgencia de anunciar y testimoniar el Evangelio a todos, manteniendo viva la opción preferencial por los pobres, la defensa de la justicia, la promoción de la ética, del bien común y el cuidado de la Casa Común”.

“Para Washington Uranga, periodista especializado en temas religiosos del cotidiano argentino Página 12 y responsable del medio independiente 4 Palabras, la visita del sumo pontífice al continente tendrá una particular trascendencia no solo para la Iglesia Católica, sino también para el conjunto de la sociedad latinoamericana. Su estadía en Argentina, por ejemplo, “promete convertirse en un choque de dos modelos, entre la doctrina social de la Iglesia y el dogma del ajuste libertario, que puede derivar en una intensa disputa simbólica que ya inquieta al gobierno de Javier Milei”.

“Uranga afirma que, en la actual coyuntura, la Conferencia Episcopal argentina es muy crítica hacia al gobierno y constituye, en la práctica, “la principal oposición”. Y recuerda que en un reciente documento que publicaron los obispos a inicios de septiembre al concluir la Semana Social insistieron en que la persona humana nunca debe ser la variable del ajuste económico estructural. En ese documento reafirmaron su compromiso con la justicia social, ratifican la decisión de caminar junto al pueblo “escuchando el clamor de la tierra y de los pobres”, y subrayan que la paz es fruto de la justicia y se cimenta en la verdad histórica. León XIV se reconoce como heredero de Francisco y en ese sentido, “este viaje al continente será una verdadera prueba de fuego para medirlo en los hechos” concluye Uranga.

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Fuentes: Rebelión [Foto: Nelson Villarreal activo defensor de derechos humanos en Uruguay y asesor de la Conferencia Pastoral de su país en temas de Memoria. Foto NV uso libre]

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FE, POLÍTICA Y DESIGUALDAD: 

UNA ENCRUCIJADA LATINOAMERICANA.

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Por Sergio Ferrari | 03/10/2026 | América Latina y Caribe

Fuentes. Revista rebelión domingo 4 de octubre del 2026.

En el último año en varios países de América Latina asumieron gobiernos que, como los de Chile, Ecuador, Colombia y Perú, se alinean detrás del presidente norteamericano Donald Trump y multiplican discursos integristas cuando no mesiánicos. En ese contexto de un continente que gira hacia la derecha tienen particular importancia las elecciones presidenciales en Brasil, así como la próxima visita de noviembre del papa León XIV a Sudamérica. En esta particular coyuntura de una región mayoritariamente cristiana – profundamente debilitada y polarizada en lo económico-, adquiere una dimensión particular la pregunta sobre qué permanece todavía vigente de la Teología de la Liberación promotora del cambio social y nacida allí en la década de los 60.


"El compromiso central de la iglesia con los pobres fue incorporado por el papa Francisco al propio magisterio y a la Constitución de la Iglesia”,

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Proyectos confrontados.

«Si algo sigue siendo constante dentro del amplio mundo de la cristiandad latinoamericana es la existencia de dos sectores o proyectos», explica Nelson Villarreal Durán, filósofo, catedrático, especialista uruguayo en temas religiosos y asesor de la Conferencia Episcopal de su país en temas ligados a la memoria y a la búsqueda de desaparecidos durante la dictadura.

Lo que se denomina Teología de Liberación, explica Villarreal,

“sigue presente en la dinámica de muchas comunidades, en sus prácticas cotidianas e incluso se consolidó y penetró en la estructura cultural católica y también evangélica como un método para partir de la realidad. Este aspecto metodológico es clave, porque la Teología de la Liberación con el método VER (la realidad, mediada por las ciencias sociales), JUZGAR (enfoque bíblico), ACTUAR (praxis transformadora), se distingue de otras concepciones teológicas abstractas, en particular defendidas en Europa”.

El papa Francisco dio legitimidad a algunos de los conceptos que eran sus pilares, y los incorporó en sus encíclicas y documentos. De igual forma, su sucesor León XIV,

“marcado por su propia experiencia durante años en el trabajo pastoral en barrios y comunidades humildes de Perú los mantiene y defiende en tanto esencia de la práctica de una Iglesia centrada en los pobres”. Ambos “sostienen que el ser cristiano es estar con los pobres y excluidos, a favor del ambiente, defender la Tierra y oponerse a la guerra. Y esta concepción sigue teniendo una fuerza importante en la Iglesia latinoamericana”. En general, las Conferencias Episcopales del continente, con un buen número de obispos y cardenales designados por el papa Francisco, “defienden en parte esos lineamientos que, paradójicamente, hasta su elección, habían sido combatidos por el propio poder institucional del Vaticano”.
Por otra parte, el otro proyecto de Iglesia,

“también sigue existiendo y es asumido por un sector del obispado y cuerpo sacerdotal, especialmente los curas más jóvenes. Prioriza los temas morales a los políticos, se nutre de todo lo que expresa la religiosidad popular para estar en consonancia con la base social y aboga por valores tradicionales, negando los valores que se generan en las nuevas realidades sociales y culturales. Representa una visión conservadora que coincide con la que propugnan los sectores más reaccionarios de las iglesias evangélicas. Si para aquellos, por ejemplo, la Virgen es la expresión de un tipo de familia, de igual forma, los tele-evangelistas reivindican desde su perspectiva la familia tradicional y la práctica espiritual despolitizada”.

Según Villarreal, esa iglesia tradicional se entrelaza con los nuevos gobiernos conservadores. Y completa:

“si la Teología de la Liberación nutrió a comunidades eclesiales, movimientos sociales del campo y la ciudad, fuerzas y gobiernos progresistas en todo el continente, los sectores tradicionales y sus discursos fundamentalistas sustentan las propuestas de esta nueva derecha hoy en expansión”.

“La voz de los sin voz frente a las injusticias”

El rol principal de la Iglesia
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“anclada en el Evangelio y en su rica tradición, es ser señal de contradicción ante cualquier poder político”, afirma en entrevista exclusiva el Cardenal brasilero Jaime Spengler quien preside en la actualidad tanto la Conferencia Episcopal de su país como el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM).  “La Iglesia estuvo, está y estará lista para colaborar donde haya determinación política para cuidar de la vida y promoverla -sobre todo la de los más vulnerables-, en conformidad con los valores evangélicos”. En las últimas décadas, precisa el Cardenal Spengler, “ha sido frecuentemente la voz de los sin voz frente a regímenes de excepción y a injusticias promovidas por fuerzas oscuras en la sociedad”.

Si se trata de conceptualizar el catolicismo latinoamericano, el prelado brasilero menciona la larga tradición y la religiosidad popular. Reconoce el surgimiento de diversas denominaciones cristianas y no cristianas que han comenzado a desafiar a la Iglesia y sus opciones pastorales. Pero también subraya con optimismo el

“regreso de fieles a la comunidad católica, destacándose el impresionante número de adultos que buscan los sacramentos de la iniciación cristiana” aunque no subestima la preocupación por el crecimiento del número de jóvenes que se declaran «sin religión».

En recientes declaraciones a ADN/CELAM, el Cardenal Spengler llamó a un ejercicio profundo de discernimiento y participación de los cristianos (contra toda forma de abstención) en las próximas votaciones de Brasil. Citó como referencia para poder optar en las urnas, el capítulo 10 del Evangelio de Juan:

«He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Lo que nos lleva a posicionarnos y expresarnos en este momento de la historia es la preocupación por la vida y la vida digna de nuestro pueblo”

En una entrevista publicada a mediados de septiembre en el periódico religioso italiano Avvenire el Cardenal brasilero se pronunció a favor de un

“diálogo entre el Norte y el Sur globales [como] una respuesta a la injusticia. Y a Trump”. Expresó su preocupación “por las acciones del presidente de Estados Unidos en Sudamérica” y llamó a “unir las mejores energías de ambos hemisferios para redimir la vida de todos, no solo de unos pocos”



Viaje y test.

A este continente polarizado y en ebullición, llegará el 6 de noviembre el papa León XIV, comenzando su gira en Uruguay y continuándola en Argentina y Perú. Según el Cardenal Spengler este viaje reafirma

“la urgencia de anunciar y testimoniar el Evangelio a todos, manteniendo viva la opción preferencial por los pobres, la defensa de la justicia, la promoción de la ética, del bien común y el cuidado de la Casa Común”.

Para Washington Uranga, periodista especializado en temas religiosos del cotidiano argentino Página 12 y responsable del medio independiente 4 Palabras, la visita del sumo pontífice al continente tendrá una particular trascendencia no solo para la Iglesia Católica, sino también para el conjunto de la sociedad latinoamericana. Su estadía en Argentina, por ejemplo,

“promete convertirse en un choque de dos modelos, entre la doctrina social de la Iglesia y el dogma del ajuste libertario, que puede derivar en una intensa disputa simbólica que ya inquieta al gobierno de Javier Milei”.

Uranga afirma que, en la actual coyuntura, la Conferencia Episcopal argentina es muy crítica hacia al gobierno y constituye, en la práctica, “la principal oposición”. Y recuerda que en un reciente documento que publicaron los obispos a inicios de septiembre al concluir la Semana Social insistieron en que la persona humana nunca debe ser la variable del ajuste económico estructural. En ese documento reafirmaron su compromiso con la justicia social, ratifican la decisión de caminar junto al pueblo “escuchando el clamor de la tierra y de los pobres”, y subrayan que la paz es fruto de la justicia y se cimenta en la verdad histórica. León XIV se reconoce como heredero de Francisco y en ese sentido, “este viaje al continente será una verdadera prueba de fuego para medirlo en los hechos” concluye Uranga.

Conceptos con los que coincide también Italo Cherubini, teólogo italiano-suizo que formó parte del Grupo de Trabajo que redactó la nueva Constitución vaticana.

Considera que el viaje de León XIV tendrá un particular componente simbólico para la iglesia y para el poder,

“en particular lo que suceda en Argentina y más aún en Perú, donde el actual papa ejerció toda su vida pastoral, hasta que Francisco lo convocó a integrarse en su equipo en el Vaticano”.

Los sectores más conservadores tratarán de buscar en este viaje signos que los refuercen.

“Sin embargo, estoy convencido que no hay posibilidad de grandes sorpresas. El compromiso central de la iglesia con los pobres fue incorporado por el papa Francisco al propio magisterio y a la Constitución de la Iglesia”, insiste Cherubini. Quien concluye que “León XIV, aunque diferente a Francisco en algunas cuestiones formales, viene ratificando las renovadas premisas esenciales doctrinarias. La Teología de la Liberación que nació en América Latina ya hace parte de la misma doctrina de la Iglesia”, concluye.

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sábado, 3 de octubre de 2026

TRUMP PERDIÓ LA GUERRA COMERCIAL CONTRA CHINA.

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"Trump invitó a algunos de los oligarcas multimillonarios más poderosos del mundo a sentarse literalmente a la mesa con él y Xi, entre ellos Elon Musk, Jensen Huang y Tim Cook (el presidente ejecutivo de Apple, que es la segunda corporación más valiosa del mundo por capitalización de mercado). Entre los demás altos ejecutivos de empresas que fueron invitados a la fastuosa gala se encontraban Mark Zuckerberg (CEO de Meta), Jeff Bezos (presidente ejecutivo de Amazon), Sundar Pichai (CEO de Google/Alphabet), Satya Nadella (CEO de Microsoft) y Sam Altman (CEO de OpenAI). A ellos se unieron los directores ejecutivos de importantes corporaciones del complejo militar-industrial, la industria automotriz, las grandes petroleras, las grandes farmacéuticas, los medios de comunicación y el sector de artículos de lujo. Al final de este artículo se encuentra la lista completa de ejecutivos de empresas que la administración Trump invitó a la cena en la Casa Blanca con el presidente Xi. En conjunto, estos ejecutivos poseían una fortuna de 2,4 billones de dólares. Son los oligarcas en cuyo nombre se elaboran las políticas del Gobierno estadounidense.

"La verdadera razón de la pausa en la guerra comercial: las principales corporaciones estadounidenses no podrían funcionar sin China. China tiene el mercado de consumo más grande del mundo, con una población de 1.400 millones de personas, de las cuales más de 900 millones pertenecen a la clase media mundial. Las corporaciones estadounidenses como Microsoft han dominado durante mucho tiempo el mercado chino, pero en los últimos años han ido perdiendo cuota de mercado gradualmente por dos razones principales: primero, China ha desarrollado sus propias empresas tecnológicas nacionales; y segundo, la guerra comercial y tecnológica de Estados Unidos provocó que Pekín tomara represalias restringiendo su acceso. Además, muchas empresas estadounidenses siguen dependiendo en gran medida de China y de su extensa cadena de suministro. Tesla fabrica la mayoría de sus vehículos eléctricos en China (el 54% a finales del primer semestre de 2026), en su enorme «gigafábrica» de Shanghái. Estas corporaciones estadounidenses simplemente no podrían operar sin China. La fallida guerra comercial nuclear de Trump tuvo un efecto contraproducente y puso de manifiesto la gran dependencia que la economía estadounidense sigue teniendo de China.

La tregua político-económica a corto plazo que la Administración Trump negoció con China era una cuestión de necesidad para estas corporaciones. Esto no significa que la guerra comercial haya terminado a largo ni siquiera a mediano plazo. Washington busca desvincular gradualmente la economía estadounidense de China y el Departamento de Estado impulsa la creación de una nueva cadena de suministro global que excluya al gigante asiático. Sin embargo, este proceso llevará años, si no décadas. Esto explica el alto el fuego temporal entre Estados Unidos y China y por qué Trump ha suavizado repentinamente su retórica anti China y ha posado sonriente ante las cámaras junto al presidente Xi Jinping.

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Fuentes: Observatorio de la crisis [Sam Altman y Mark Zuckerberg en la cena de gala en la Casa Blanca en septiembre de 2026]

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TRUMP PERDIÓ LA GUERRA COMERCIAL CONTRA CHINA.

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Por Ben Norton | 03/10/2026 | Economía

Fuentes Revista rebelión sábado 3 de octubre del 2026.

La cumbre arrojó pocos resultados, pero simbolizó la derrota de Estados Unidos en la guerra comercial. Ahora, las principales corporaciones estadounidenses quieren entrar en el mercado chino. Por eso Trump las invitó a cenar en la Casa Blanca.

El presidente chino, Xi Jinping, fue invitado a Washington el pasado mes de septiembre, donde asistió a una cumbre de tres días con Donald Trump.

Esta reunión tuvo una amplia cobertura mediática, pero arrojó muy pocos resultados concretos .

La cumbre, que transcurrió sin incidentes, simbolizó dos puntos clave: primero, que Estados Unidos ha perdido claramente la guerra comercial que libró contra China; y segundo, que las corporaciones estadounidenses están intentando desesperadamente acceder al enorme mercado chino.

La guerra comercial de Estados Unidos fracasó.

Trump inició la guerra comercial durante su primer mandato como presidente. Posteriormente, su sucesor demócrata, Joe Biden, la continuó en gran medida, imponiendo aranceles de hasta el 100% al sector tecnológico chino y prohibiendo la exportación de chips de inteligencia artificial al gigante asiático.

Cuando Trump inició su segundo mandato en 2025, intensificó drásticamente el conflicto hasta convertirlo en el equivalente a una guerra comercial nuclear. En abril de ese año, la guerra económica de la Casa Blanca contra China alcanzó su punto álgido, con aranceles generales exorbitantes del 145% .

China se defendió del ataque comercial de Trump, respondiendo con aranceles recíprocos del mismo nivel, al tiempo que restringía la exportación de elementos de tierras raras, sin los cuales muchas empresas estadounidenses simplemente no pueden funcionar (especialmente las de Silicon Valley y el complejo militar-industrial).

Esto conmocionó a Washington y a las grandes corporaciones en cuyos intereses actúa.

En última instancia, la Administración Trump se vio obligada a dar marcha atrás. La guerra comercial resultó contraproducente, perjudicando la economía estadounidense y demostrando de forma concluyente que Estados Unidos depende mucho más de China que viceversa.

Actualmente, incluso los principales medios de comunicación estadounidenses reconocen que Trump perdió la guerra comercial .

Trump invita a los principales directores ejecutivos de grandes empresas a acompañarlo en su viaje a China

Este contexto es crucial para comprender el viaje de Trump a China en mayo pasado.



En esta reunión, ambas partes anunciaron un estancamiento político. Si bien las tensiones siguen siendo altas, describieron su relación como de «estabilidad estratégica» temporal, un término utilizado en los estudios de relaciones internacionales que significa que ninguna de las partes tiene incentivos para intensificar aún más el conflicto, ya que podría resultar contraproducente y socavar su propia seguridad, con consecuencias más negativas que positivas.

Lo más destacable del viaje del presidente estadounidense a Pekín fue que invitó a los directores ejecutivos de las principales corporaciones estadounidenses a acompañarlo.

Estuvieron presentes junto a Trump en sus reuniones con el presidente Xi y otros altos funcionarios chinos.

De hecho, cuando Trump voló a China, le acompañaron en el Air Force One Elon Musk, el oligarca más rico del planeta, y Jensen Huang, el director ejecutivo de Nvidia, que ahora es la corporación más valiosa del mundo por capitalización de mercado gracias al auge de la IA.

Esto simbolizaba cómo las políticas del gobierno estadounidense son elaboradas por y para estas poderosas corporaciones.

Ahora que la guerra comercial de Estados Unidos contra China ha fracasado —al menos a corto plazo— estas corporaciones están intentando abrirse paso a duras penas en el enorme mercado chino.



En la cena en la Casa Blanca Trump invito a los principales directores ejecutivos de grandes empresas.

La cumbre que Trump sostuvo con el presidente Xi en Washington el pasado mes de septiembre dio como resultado muy pocos acuerdos concretos.

Sin embargo, lo más destacado del viaje de tres días fue una cena celebrada en la Casa Blanca el 24 de septiembre, a la que asistieron ejecutivos de lo más selecto de las corporaciones estadounidenses.

Trump invitó a algunos de los oligarcas multimillonarios más poderosos del mundo a sentarse literalmente a la mesa con él y Xi, entre ellos Elon Musk, Jensen Huang y Tim Cook (el presidente ejecutivo de Apple, que es la segunda corporación más valiosa del mundo por capitalización de mercado).

Entre los demás altos ejecutivos de empresas que fueron invitados a la fastuosa gala se encontraban Mark Zuckerberg (CEO de Meta), Jeff Bezos (presidente ejecutivo de Amazon), Sundar Pichai (CEO de Google/Alphabet), Satya Nadella (CEO de Microsoft) y Sam Altman (CEO de OpenAI).

A ellos se unieron los directores ejecutivos de importantes corporaciones del complejo militar-industrial, la industria automotriz, las grandes petroleras, las grandes farmacéuticas, los medios de comunicación y el sector de artículos de lujo.

Al final de este artículo se encuentra la lista completa de ejecutivos de empresas que la administración Trump invitó a la cena en la Casa Blanca con el presidente Xi.

En conjunto, estos ejecutivos poseían una fortuna de 2,4 billones de dólares. Son los oligarcas en cuyo nombre se elaboran las políticas del Gobierno estadounidense.



La verdadera razón de la pausa en la guerra comercial: las principales corporaciones estadounidenses no podrían funcionar sin China.

China tiene el mercado de consumo más grande del mundo, con una población de 1.400 millones de personas, de las cuales más de 900 millones pertenecen a la clase media mundial.

Las corporaciones estadounidenses como Microsoft han dominado durante mucho tiempo el mercado chino, pero en los últimos años han ido perdiendo cuota de mercado gradualmente por dos razones principales: primero, China ha desarrollado sus propias empresas tecnológicas nacionales; y segundo, la guerra comercial y tecnológica de Estados Unidos provocó que Pekín tomara represalias restringiendo su acceso.

Además, muchas empresas estadounidenses siguen dependiendo en gran medida de China y de su extensa cadena de suministro.

Tesla fabrica la mayoría de sus vehículos eléctricos en China (el 54% a finales del primer semestre de 2026), en su enorme «gigafábrica» de Shanghái.

Estas corporaciones estadounidenses simplemente no podrían operar sin China.

La fallida guerra comercial nuclear de Trump tuvo un efecto contraproducente y puso de manifiesto la gran dependencia que la economía estadounidense sigue teniendo de China.

La tregua político-económica a corto plazo que la Administración Trump negoció con China era una cuestión de necesidad para estas corporaciones.

Esto no significa que la guerra comercial haya terminado a largo ni siquiera a mediano plazo. Washington busca desvincular gradualmente la economía estadounidense de China y el Departamento de Estado impulsa la creación de una nueva cadena de suministro global que excluya al gigante asiático.

Sin embargo, este proceso llevará años, si no décadas. Esto explica el alto el fuego temporal entre Estados Unidos y China y por qué Trump ha suavizado repentinamente su retórica anti China y ha posado sonriente ante las cámaras junto al presidente Xi Jinping.

Lista de ejecutivos de empresas estadounidenses invitados por la Casa Blanca a asistir a la cena Trump-Xi el 24 de septiembre.

Grandes empresas tecnológicas:

Elon Musk, CEO de Tesla y SpaceX

Jensen Huang, CEO de NVIDIA

Mark Zuckerberg, CEO de Meta

Jeff Bezos, presidente de Amazon

Tim Cook, presidente ejecutivo de Apple

Sundar Pichai, director ejecutivo de Google/Alphabet

Satya Nadella, CEO de Microsoft

Sam Altman, CEO de OpenAI

Mundo financiero:

Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase

Larry Fink, director ejecutivo de Blackrock

Stephen Schwarzman, director ejecutivo de Blackstone

David Solomon, director ejecutivo de Goldman Sachs

Jane Fraser, directora ejecutiva de Citigroup

Lynn Martin, presidenta de la Bolsa de Nueva York

Ryan McInerney, CEO de Visa

Michael Miebach, CEO de Mastercard

Complejo militar-industrial:

Kelly Ortberg, CEO de Boeing

James Taiclet, director ejecutivo de Lockheed Martin

Larry Culp, director ejecutivo de GE Aerospace

Otras empresas tecnológicas:

Michael Dell, CEO de Dell Technologies

Eric Yuan, CEO de Zoom

La directora ejecutiva de AMD, Lisa Su

Sanjay Mehrotra, CEO de Micron

Cristiano Amon, CEO de Qualcomm

Medios de comunicación, cine y televisión:

David Ellison, director ejecutivo de Paramount Skydance

Artículos de lujo:

Bernard Arnault, director ejecutivo de LVMH

Grandes farmacéuticas:

Albert Bourla, director ejecutivo de Pfizer

Grandes petroleras:

Darren Woods, director ejecutivo de ExxonMobil

Coches:

La directora ejecutiva de General Motors, Mary Barra

Principal donante de Trump:

Miriam Adelson, viuda de Sheldon Adelson, difunto director ejecutivo de Las Vegas Sands.

Ben Norton, periodista económico estadounidense

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