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“La OTAN ha incorporado la seguridad energética como parte de la defensa colectiva
desde su Concepto Estratégico de Madrid (2022),
con énfasis en proteger infraestructuras críticas (desgasificadoras,
gasoductos, cables submarinos). En abril de 2026, aliados de la OTAN
y la industria se reunieron en Bruselas para discutir implicaciones
de los desarrollos en Oriente Medio sobre la seguridad de
infraestructuras críticas submarinas y energía. Las respuestas de la OTAN
se articulan en tres pistas: operaciones marítimas en el Báltico
y el Mediterráneo para vigilar infraestructuras y disuadir sabotajes;
sanciones y presión económica contra la flota fantasma rusa y
redes de evasión; y diversificación de suministros: contratos con Catar,
Argelia, Noruega y EE. UU., y desarrollo de terminales de GNL flotantes
en el Mediterráneo y el Mar del Norte.
“Paradójicamente, la OTAN también ejercita con Argelia:
fragatas griegas e italianas hicieron escala en Orán (septiembre
2026) y realizaron ejercicios PASSEX con la marina argelina, visitando
la base de Mers El-Kébir. Esto muestra un enfoque dual: Argelia es a
la vez socio energético clave y espacio de influencia rusa, por lo que la OTAN
busca mantener canales de comunicación y disuasión al mismo tiempo. Pero la
tensión es evidente. Mientras el eje Washington-Tel Aviv-Rabat busca
asegurar el flanco sur del Estrecho de Gibraltar con capacidades A2/AD
marroquíes, Argelia responde reforzando su rol como centro gasístico y
manteniendo la puerta abierta a Rusia en el Mediterráneo occidental.
“Sí, Gibraltar será el
próximo escenario de crisis.
Se encuentra en esta rivalidad su fundamento más sólido. El Estrecho ya
no es solo un paso marítimo, es el nudo gordiano donde se anudan la rivalidad Marruecos-Argelia,
la expansión de la influencia israelí, la seguridad energética europea, la
contención de Rusia, China e Irán, y la competencia sinoestadounidense
por el comercio global. La próxima crisis en la «cerrajería marítima»
mundial tiene todos los números para escribirse en sus orillas. Y
cuando eso ocurra, Europa se dará cuenta de que ha estado demasiado ocupada
mirando hacia el este como para notar que el sur se le escapaba de las manos.
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Fuentes: El tábano economista.
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GIBRALTAR, LA PRÓXIMA GUERRA DE LOS ESTRECHOS.
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Por Alejandro Marcó del Pont | 21/09/2026 | Economía
Fuente. Revista Rebelión, martes 22 de septiembre del 2026.
Estrecho de Gibraltar el escenario de
múltiples rivalidades geopolíticas (El Tábano Economista)
La pregunta ya no es retórica. En un mundo donde los mares abiertos
dejan de ser espacios neutrales para convertirse en campos de batalla
silenciosos, los estrechos marítimos son las nuevas trincheras de la geopolítica.
Y en el extremo occidental del Mediterráneo, donde el Atlántico se cuela
entre dos continentes, se está jugando una partida que define el futuro
energético y comercial de Europa. Mientras el planeta miraba hipnotizado
hacia el, Mar Rojo las fichas se movían en el Estrecho de Gibraltar,
ese paso de apenas 14 kilómetros que separa Europa de África y que hoy
se ha convertido en el eslabón lógico de una cadena de puntos de
estrangulamiento que el comercio global no puede permitirse perder.
Los mapas dicen siempre la verdad. Y los mapas muestran que el grueso
del comercio mundial no circula por el océano abierto, aunque lo atraviese.
Circula por ocho o nueve puertas: Ormuz, Malaca, Suez, Bab el-Mandeb, el
Bósforo, Panamá, los estrechos daneses y Gibraltar. Así como Ormuz
y Bab el-Mandeb se convirtieron en armas geopolíticas en manos de actores
estatales y no estatales, el Estrecho de Gibraltar está dejando de ser
un «paso seguro» para transformarse en un tablero de ajedrez donde se
decide el futuro energético de Europa y el dominio de su flanco sur. La
era de los mares abiertos podría estar llegando a su fin, y cada potencia debe
prepararse para la próxima lucha por el poder marítimo y la seguridad de sus
rutas.
El centro de gravedad marítimo se ha desplazado hacia el oeste. La inversión de Marruecos de 7.000 millones de dólares en el puerto de Tánger Med ya ha superado a la de Algeciras en España. Al mismo tiempo, el Estrecho de Gibraltar se ha convertido en un elemento esencial para la seguridad energética europea. España opera seis terminales de regasificación, el 40% de la capacidad de la UE. Tres gasoductos cruzan el lecho marino: el GME (Argelia-Marruecos-España, suspendido en 2021), el Medgaz (Argelia-España) y el Transmed (Argelia-Italia). Cualquier interrupción tendría consecuencias inmediatas para los precios de la energía en Europa. Y en un contexto de Ormuz y Bab el-Mandeb bloqueados o severamente amenazados, Gibraltar se perfila como la única puerta mediterránea fiable para el comercio y la energía intercontinentales, con cerca de 100.000 tránsitos anuales y alrededor del 20% del comercio marítimo mundial pasando por allí.
Pero Gibraltar no es solo un paso
marítimo. Es el nudo
gordiano donde se anudan la rivalidad Marruecos-Argelia, la expansión de
la influencia israelí en África, la seguridad energética europea, la
contención de Rusia, China e Irán, y la competencia sinoestadounidense
por el comercio global. La reconfiguración del flanco sur de Europa no
es una hipótesis, es un proceso en marcha que se articula en dos proyectos
estratégicos contrapuestos. Por un lado, el eje Washington-Tel Aviv-Rabat
busca consolidar el control del Estrecho de Gibraltar como eslabón de
una arquitectura de seguridad occidental. Por otro, Argelia despliega
una estrategia de resistencia que combina alianzas con Rusia, China e
Irán con un uso sofisticado de su posición como proveedor energético clave de Europa.
Lo que se disputa no es solo el control de un paso marítimo, sino la
arquitectura de seguridad y energía del Mediterráneo occidental.
La alianza entre Marruecos, Tel Aviv y
Washington es, en 2026,
un eje trilateral que redibuja el equilibrio de poder en el Magreb y
coloca a Gibraltar en el centro de una estrategia occidental de
control del Mediterráneo y de contención de rivales. No es solo un
acuerdo diplomático: es una arquitectura de seguridad, tecnología militar,
inteligencia y energía que busca asegurar el Estrecho de Gibraltar como
«puerta única» segura del Mediterráneo y, al mismo tiempo, dar a EE.
UU. e Israel un socio regional con capacidad de presión sobre Europa.
Esta alianza no busca simplemente «influir» en Gibraltar,
busca controlarlo. Según el análisis del especialista
español Enrique Arias Gil, «lo que buscaban Israel y EE. UU.,
utilizando a Marruecos como proxy contra España, es el
control total del Estrecho de Gibraltar». La lógica es la siguiente:
dado que Gibraltar pertenece al Reino Unido y Ceuta
pertenece a España, si Marruecos obtuviera el control de Ceuta,
Washington y Tel Aviv tendrían control completo sobre ambas orillas
del Estrecho.
El punto de inflexión son los Acuerdos
de Abraham (2020),
que normalizan relaciones entre Marruecos e Israel a cambio del
reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara
Occidental. Ese reconocimiento se mantiene bajo Biden y se refuerza
en la práctica. Israel también reconoce formalmente la integridad territorial
marroquí (2023) y, en 2026, ambos países anuncian nuevos acuerdos de
protección de inversiones y cooperación económica. Para EE. UU., Marruecos
es un «pivote de estabilidad» en África: aliado predecible, útil
para contener yihadismo, frenar influencia china y rusa en el Sahel
y asegurar el flanco occidental del Mediterráneo. Para Israel, Rabat
es profundidad estratégica en el mundo árabe y un mercado clave para su
industria de defensa (drones, defensa aérea, satélites, guerra electrónica).
¿Qué implica esta alianza para Gibraltar? Marruecos ha montado en el norte una red de capacidades Anti-Acceso y Denegación de Área (A2/AD) que cubre el espacio aeronaval del Estrecho, Ceuta, Melilla y el Mar de Alborán. Esa arquitectura incluye defensa aérea de largo y medio alcance, fuegos de precisión de largo alcance, y drones MALE y satélites de vigilancia para vigilancia 24/7 del Estrecho.
El objetivo no es invadir territorio
español, sino
encarecer y condicionar cualquier acción militar en el Estrecho, creando
una «burbuja de exclusión» que disuada o limite la libertad de acción de
España y la OTAN en la zona. Desde la perspectiva de Washington,
esto es «inversión estratégica en la estabilidad del Estrecho»: un
aliado directo (Marruecos) con capacidades avanzadas para vigilar y, si
fuera necesario, negar el uso del Estrecho a actores hostiles. Desde el
punto de vista israelí, es profundidad estratégica y venta de armas. El
eje redefine el flanco sur de la OTAN y la UE: ya no es España el
interlocutor privilegiado en el Magreb, sino Marruecos, con respaldo
directo de EE. UU. e Israel.
La alianza también tiene una dimensión energética. El
Gasoducto Atlántico Nigeria-Marruecos (AAGP) es impulsado por Marruecos como
un corredor de 6.900 km que transportaría gas desde África Occidental
a través de 13 países costeros hasta Marruecos, y de allí a Europa
a través de las conexiones marítimas con España. De su capacidad total
de 30.000 millones de metros cúbicos anuales, 15.000 millones
se dirigirían a la industria marroquí y a las redes energéticas
europeas. A esto se suman proyectos de cables eléctricos Marruecos-Portugal
y Marruecos-Europa (Sila Atlantik a Alemania, Qantara Med a Francia).
En este esquema, Marruecos se posiciona como respaldo energético
para Europa, reduciendo la dependencia de Argelia y Rusia, pero
aumentando su propia relevancia estratégica frente a la UE. Gibraltar es
el embudo por donde pasan (o pueden pasar) los flujos energéticos atlánticos
hacia el Mediterráneo, lo que refuerza el interés de EE. UU. e
Israel en que ese paso esté bajo influencia occidental y no sujeto a vetos europeos
o españoles.
Frente al cerco estratégico occidental, Argelia despliega
una carta que ningún actor puede ignorar, su posición como proveedor energético
clave de la Unión Europea. En 2025, Argelia entregó 40 mil millones
de metros cúbicos a la UE, aproximadamente el 13-14% de
las importaciones totales europeas. La mayor parte de este gas se
transporta por gasoducto: TransMed hacia Italia (26,4 bcm) y Medgaz
hacia España (8,0 bcm), evitando así los puntos de estrangulamiento
marítimos vulnerables como Ormuz.
La UE ha reconocido explícitamente a
Argelia como «socio
estratégico fiable», incluyéndola en la lista de países exentos de
controles adicionales de origen, junto a Estados Unidos, Catar y Noruega.
Argelia ha destinado el 95% de sus exportaciones totales de GNL al
mercado europeo en 2025, y la UE ha eximido los cargamentos
argelinos de procedimientos de preauditoria, un privilegio concedido hasta
ahora solo a Estados Unidos y Catar.
Argelia vende no solo gas, lo utiliza como instrumento de
influencia política. Aprovechando la crisis energética europea, Argel ha
renegociado precios con Italia y España, exigiendo incrementos del 15%
al 20% para cualquier suministro adicional, ya sea por gasoducto o por vía
marítima. En 2025, el país destinó cerca de 30.000 millones de
metros cúbicos a Europa, de los cuales 21.000 millones fueron a Italia
y 9.000 millones a España.
La rivalidad Argelia-Marruecos se proyecta también sobre el futuro
del gas africano hacia Europa. Existen dos megaproyectos rivales
para transportar gas nigeriano al Mediterráneo: Gasoducto
Transahariano (TSGP): impulsado por Argelia,
con 4.128 km que unirían Nigeria con Argelia a través de Níger,
conectando con las terminales de exportación del Mediterráneo que
alimentan a Italia y España. Argelia puso en marcha la construcción de
su tramo en junio de 2026, con la participación de Sonatrach, la NNPC
nigeriana y Sonidep de Níger
Y el Gasoducto Atlántico
Nigeria-Marruecos: impulsado
por Marruecos con apoyo de Israel y Estados Unidos, un corredor
de 6.900 km que transportaría gas desde África Occidental a través de 13
países costeros hasta Marruecos, y de allí a Europa a través
de las conexiones marítimas con España. De su capacidad total de 30.000
millones de metros cúbicos anuales, 15.000 millones se dirigirían a
la industria marroquí y a las redes energéticas europeas. (ver
mapa)
La reconfiguración del flanco sur de
Europa no es una hipótesis,
es un proceso en marcha. El eje Washington-Tel Aviv-Rabat busca
consolidar un cordón sanitario que contenga a Rusia, China e Irán,
utilizando a Marruecos como pivote militar y logístico, y el control del
Estrecho como cerrojo estratégico. La crisis de Ceuta, la presión
migratoria y el rearme israelí de Marruecos son instrumentos de esta
estrategia. Rusia, por su parte, mantiene presencia en el Mediterráneo
a través de su relación con Argelia, con visitas regulares de la flota
del Norte a Argel y Orán, y el despliegue de fragatas modernas cerca de las
rutas de la OTAN. El objetivo ruso no es reemplazar a Argelia
como proveedor, sino mantener presencia e inteligencia en el flanco sur de la OTAN,
y tener capacidad de disuadir o perturbar rutas energéticas y navales
occidentales en caso de escalada.
La OTAN ha incorporado la seguridad
energética como parte
de la defensa colectiva desde su Concepto Estratégico de Madrid (2022),
con énfasis en proteger infraestructuras críticas (desgasificadoras,
gasoductos, cables submarinos). En abril de 2026, aliados de la OTAN
y la industria se reunieron en Bruselas para discutir implicaciones
de los desarrollos en Oriente Medio sobre la seguridad de
infraestructuras críticas submarinas y energía. Las respuestas de la OTAN
se articulan en tres pistas: operaciones marítimas en el Báltico
y el Mediterráneo para vigilar infraestructuras y disuadir sabotajes;
sanciones y presión económica contra la flota fantasma rusa y
redes de evasión; y diversificación de suministros: contratos con Catar,
Argelia, Noruega y EE. UU., y desarrollo de terminales de GNL flotantes
en el Mediterráneo y el Mar del Norte.
Paradójicamente, la OTAN también ejercita con Argelia:
fragatas griegas e italianas hicieron escala en Orán (septiembre
2026) y realizaron ejercicios PASSEX con la marina argelina, visitando
la base de Mers El-Kébir. Esto muestra un enfoque dual: Argelia es a
la vez socio energético clave y espacio de influencia rusa, por lo que la OTAN
busca mantener canales de comunicación y disuasión al mismo tiempo. Pero la
tensión es evidente. Mientras el eje Washington-Tel Aviv-Rabat busca
asegurar el flanco sur del Estrecho de Gibraltar con capacidades A2/AD
marroquíes, Argelia responde reforzando su rol como centro gasístico y
manteniendo la puerta abierta a Rusia en el Mediterráneo occidental.
Sí, Gibraltar será el próximo
escenario de crisis.
Se encuentra en esta rivalidad su fundamento más sólido. El Estrecho ya
no es solo un paso marítimo, es el nudo gordiano donde se anudan la rivalidad Marruecos-Argelia,
la expansión de la influencia israelí, la seguridad energética europea, la
contención de Rusia, China e Irán, y la competencia sinoestadounidense
por el comercio global. La próxima crisis en la «cerrajería marítima»
mundial tiene todos los números para escribirse en sus orillas. Y
cuando eso ocurra, Europa se dará cuenta de que ha estado demasiado ocupada
mirando hacia el este como para notar que el sur se le escapaba de las manos.
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