viernes, 24 de abril de 2026

LA LÓGICA OCULTA TRAS EL BLOQUEO DE LOS ESTRECHOS.

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“En el centro de este rompecabezas está la presión sobre China. La medida busca, como objetivo paralelo y nada secreto, estrangular la línea de suministro energético del gigante asiático para forzarlo a mediar con Irán, atrapando a Pekín en el «atolladero de Ormuz». Es una maniobra para que China se queme las manos apagando un fuego que le quema su propia casa. A pesar de la doctrina oficial que habla de estabilidad, muchos analistas advierten que la crisis está debilitando la influencia estadounidense a largo plazo en el Golfo. La narrativa de Washington como proveedor último de seguridad se ha visto dañada, quizás irreparablemente. Los líderes del Golfo, que han visto cómo la Quinta Flota se mantiene al margen mientras sus petroleros arden, están sacando conclusiones. Y esto los está empujando a buscar un papel más independiente y desconfiado en el escenario global. Paradójicamente, la crisis ha creado un vacío de seguridad que las monarquías del Golfo no pueden llenar por sí solas. Desconfían de Estados Unidos, pero ¿a quién más pueden recurrir?

“No existe una potencia alternativa con la capacidad y la voluntad de reemplazar el paraguas militar estadounidense. Ni China ni Rusia quieren o pueden ser los nuevos gendarmes del estrecho. Esta es la gran paradoja que define el nuevo Oriente Medio: el Golfo es hoy más vulnerable que nunca, pero se siente más solo que nunca. Esa soledad los obliga a una diplomacia frenética y ambigua, diversificando sus alianzas con Pekín, Moscú y Ankara, no por amor, sino por puro instinto de supervivencia. Se aferran a cualquier clavo ardiendo para no caer al vacío. Y mientras el mundo contiene la respiración, la amenaza definitiva planea sobre los mercados como un buitre. Con aproximadamente 15 millones de barriles diarios de exportaciones de crudo del CCG varados, la tentación de usar el arma definitiva es grande. Los países del Consejo de Cooperación del Golfo, viendo cómo su riqueza se evapora y su relevancia se desvanece, podrían recurrir a lo que equivale a una «opción nuclear» energética: declarar fuerza mayor en sus contratos de exportación y retirar deliberadamente otro 20% del suministro mundial del mercado. Sería el golpe de gracia a una economía global ya tambaleante, un acto de autodestrucción para recordarle al mundo que, aunque heridos, ellos aún sostienen las llaves del grifo. En este ajedrez de sombras y petróleo, la única certeza es que el manual de la guerra fría ha sido reescrito con tinta de crudo y fuego. Y en la primera página, una frase resuena con fuerza. Quizás, solo quizás, mantenerlo cerrado no fue un error; fue el plan desde el principio.

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Fuentes: El tábano economista.

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LA LÓGICA OCULTA TRAS

EL BLOQUEO DE LOS ESTRECHOS.

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Por Alejandro Marcó del Pont | 23/04/2026 | Economía

Fuentes. Revista Rebelión jueves 23 de abril del 2026.

Fuentes: El tábano economista.

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Quizás mantener cerrado el estrecho de Ormuz fue siempre la estrategia (El Tábano Economista)

Quizás, solo quizás, la historia no sea como nos la han contado. Posiblemente la imagen de un mundo al borde del abismo energético, con los precios del crudo disparados y las bolsas temblando, no sea el reflejo de un error de cálculo estratégico, sino la fotografía precisa del objetivo buscado. Durante semanas, la narrativa dominante ha sido la de un incendio geopolítico fuera de control. Irán, acorralado, cierra el grifo de Ormuz en un acto de desesperación; los hutíes, sus fieles peones, bloquean Bab el-Mandeb; y Estados Unidos, el atribulado bombero global, corre de un lado a otro tratando de apagar las llamas sin quemarse demasiado.

Es una historia muy occidental, cómoda, lineal y, veremos posiblemente, errónea. La hipótesis que debe abrirse paso entre el ruido de los misiles es otra, mucho más incómoda: ¿y si el cierre de los estrechos no es una consecuencia indeseada de la guerra, sino su propósito central? Esta es una variante sofisticada de la tesis del «poder de los puntos de estrangulamiento«, largamente tratado aquí es dos artículos (aquí y aquí). Una doctrina que sostiene que, en un mundo hiperconectado, la capacidad de perturbar los nodos críticos del comercio global otorga un poder más formidable que el de un portaaviones.

Porque controlar no significa necesariamente abrir; a menudo, el verdadero poder reside en la prerrogativa de cerrar, de negar, de asfixiar. Y en esta ecuación, mantener cosidas las arterias de Ormuz y Bab el-Mandeb constituye un desafío estructural no solo para Teherán o Riad, sino, sobre todo, para las principales economías de Asia Oriental y Meridional. El impacto es un terremoto de intensidad variable: una fragilidad existencial en Japón y Corea del Sur, una tormenta perfecta sobre la pujante India y, un golpe quirúrgico a los cimientos del crecimiento chino. No es teoría de la conspiración de salón; es una alternativa fría de los manuales de geopolítica que se escribieron mucho antes de que Donald Trump volviera a poner un pie en la Oficina Oval.



Conviene recordar que, en Washington, ciertas ideas nunca mueren, solo esperan su momento. El manual de Elbridge Colby, «La estrategia de la denegación (The Strategy of Denial), y el meticuloso plan de la Heritage Foundation, el célebre “Project 2025”, no son meros ejercicios académicos para adornar estanterías. Son los planos de una nueva arquitectura de poder. Ambos textos, leídos con la perspectiva que otorga el caos actual, parecen mostrar que asfixiar a China a través de sus líneas de suministro energético no es una opción sobre la mesa, sino la mesa misma sobre la que se está jugando la partida.

La lógica es aplastante y sigue la estela de aquel otro artículo que titulé «Trump no improvisa”. La profesora Helen Thompson, de la Universidad de Cambridge, una de las mentes más lúcidas y respetadas en el análisis de la geopolítica de la energía, ha articulado esta sospecha con la precisión de un cirujano. Thompson argumenta que el hilo conductor constante durante esta segunda administración Trump ha sido la reconfiguración geopolítica del sector energético mundial, y que el cierre efectivo de Ormuz podría no ser un «error» estratégico, sino una característica deliberada del conflicto. En sus propias palabras, «hay que considerar la posibilidad de que parte de lo que está ocurriendo no se trata solo de Irán, sino del intento de la administración Trump de perjudicar a China«.

Si la sabiduría convencional se equivoca, entonces elevar el precio mundial del petróleo y mantenerlo alto podría ser un objetivo bélico fundamental. Es una jugada maestra de doble filo: perjudica a China, que depende de la energía importada, y beneficia a Estados Unidos, que hoy es un exportador neto. Y aquí viene el giro irónico. Sí este es el caso, el control iraní sobre el flujo de petróleo, ese espectro que aterra a Occidente, sería un resultado no solo tolerable, sino deseable para ciertos despachos en Washington.



¿Les parece descabellado? Como siempre, hagan los cálculos. El dinero, ese detector de falsedades infalible, nunca miente. Según el equipo de datos de Dow Jones Markets, desde que estalló esta guerra el pasado 28 de febrero, el sector energético estadounidense que cotiza en bolsa ha engordado su valor de mercado en 93.000 millones de dólares. Casi cien mil millones de razones para no tener prisa por apagar el fuego. Las estimaciones de ingresos para 2026 de estas empresas se han disparado en más de 200.000 millones de dólares, pasando de 1,9 billones a 2,1 billones. Su beneficio neto total estimado ha aumentado un 22%, unos 33.000 millones de dólares adicionales, hasta alcanzar la friolera de 183.000 millones. ¿Casualidad? Llamémoslo un feliz accidente geopolítico para esas mismas élites energéticas que pavimentaron con generosas donaciones el camino de Trump de vuelta a la Casa Blanca. La coincidencia es demasiado perfecta para ser fortuita.

Pero reducir esta compleja ecuación a los balances contables de Exxon o Chevron sería simplista. La conveniencia de cerrar ambos estrechos es una telaraña de intereses mucho más intrincada, donde otros jugadores con agendas propias bailan al borde del precipicio. ¿Qué sucede con el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), esos jeques que veían sus petrodólares fluir como ríos? ¿Qué papel juega Israel en este tablero? ¿Y qué hay de Irán, el supuesto villano de la película? Sobre todo, ¿cómo encajan en esta narrativa las economías de Asia, esos gigantes con los pies de barro energético?

Comencemos por los daños colaterales, porque en esta guerra de desgaste, las víctimas se cuentan por millones de barriles no entregados y puntos de PIB evaporados. Japón es el ejemplo más descarnado de vulnerabilidad extrema. El país del sol naciente es, energéticamente hablando, un rehén de Oriente Medio. Aproximadamente el 95% de sus importaciones de petróleo surcan las aguas que hoy son un cementerio de rutas comerciales, todas pasando por el embudo de Ormuz.

El impacto no se hizo esperar, en el mes siguiente al cierre, el precio del crudo se disparó más de un 80%, y llenar el depósito en Kioto o Kobe se convirtió en un lujo que duplica su coste anterior. La imagen es más elocuente que cualquier gráfico, en la semana posterior al bloqueo, ni un solo petrolero, ni uno, atracó en puerto japonés proveniente de la región. El silencio en los muelles de Yokohama es el sonido de una economía que contiene la respiración.



Corea del Sur, esa otra maravilla industrial asiática, se asoma a un abismo similar. Su economía, un prodigio de exportación y alta tecnología, ha recibido un golpe directo en su corazón productivo. Más del 60% del crudo que alimenta sus fábricas y el 54% de la nafta, un insumo petroquímico tan esencial como el oxígeno para su modelo industrial, transita por el mismo punto de estrangulamiento. La dependencia no es una cuestión de preferencia, es una viga maestra de su arquitectura económica; si cede, el edificio se viene abajo.

Para la India, la tercera economía de Asia, la crisis ha tomado la forma de una tormenta perfecta que azota con furia todos los flancos de su estabilidad macroeconómica y social. El problema de Nueva Delhi no es solo el crudo para mover sus fábricas y sus millones de vehículos. India importa alrededor del 60% de su consumo de Gas Licuado de Petróleo (GLP), ese combustible humilde pero vital que arde en las cocinas de cientos de millones de hogares. Y el 90% de ese volumen llega a través de Ormuz. De repente, la geopolítica de altos vuelos se cuela en la cocina de una familia encareciendo la comida y amenazando la seguridad alimentaria de una nación que depende de fertilizantes que también cruzan, o deberían cruzar, esas aguas. Es un shock multidimensional que erosiona los cimientos mismos de su crecimiento.

Y luego está China, el verdadero elefante en la habitación, o, mejor dicho, el dragón al que se pretende encadenar. Para Pekín, la crisis trasciende lo económico y se convierte en una vulnerabilidad estratégica de primer orden, una línea roja dibujada con crudeza por la «Línea de la Teoría de Colby«. Sostener que el bloqueo de los estrechos es un movimiento deliberado de Washington para asfixiar la «línea de vida» energética china y, con ello, frenar su ascenso geopolítico. Ya no es una tesis marginal en los seminarios universitarios; es una posibilidad que se discute en los centros de poder con la gravedad que merece. Los datos confirman la magnitud de este «Talón de Aquiles». En 2025, el 75% del crudo que devoraba la maquinaria china era importado, un total de 578 millones de toneladas. Arabia Saudita e Irak eran, por este orden, su segundo y tercer proveedor. Estrangular Ormuz es, en la práctica, poner un lazo corredizo alrededor del cuello del crecimiento chino. Y el nudo lo aprieta quien controla el estrecho, o quien se beneficia de que permanezca cerrado.

Mientras el dragón se retuerce, los halcones del Golfo, esos príncipes del petróleo que durante décadas dictaron cátedra sobre la opulencia, están descubriendo que su trono se tambalea. El cierre de facto del paso ha provocado pérdidas económicas que harían temblar al ministro de finanzas más insensible. Se estima que aproximadamente 14,8 millones de barriles de petróleo producidos diariamente por las naciones del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) —Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Omán y Bahréin— quedan varados sin una ruta de exportación viable. Están sentados sobre la mayor reserva de liquidez del mundo que no pueden vender. En conjunto, estos países podrían estar perdiendo hasta 1.200 millones de dólares diarios en ingresos por exportaciones.

Hagan la suma: desde que comenzó el conflicto, la hemorragia acumulada supera los 15.000 millones de dólares en ingresos por petróleo y gas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta un panorama desolador. De las ocho economías más afectadas por el conflicto, cinco se contraerán en 2026. Catar, otrora el país más rico del mundo per cápita, ha sufrido la revisión a la baja más drástica de su pronóstico de crecimiento, una caída de casi 15 puntos porcentuales que refleja el daño extenso en su infraestructura energética.



Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, que cuentan con oleoductos de derivación para sortear el infierno de Ormuz, son «perdedores relativos», una distinción que solo consuela en un club de damnificados. Pero la verdadera pérdida para Riad y Abu Dabi no se mide en barriles o dólares, sino en la erosión acelerada de un pilar geopolítico que sostuvo su estabilidad durante décadas, el viejo y entrañable pacto de «petróleo por seguridad». Estados Unidos garantizaba la libertad de navegación y, a cambio, el Golfo inundaba los mercados con su crudo. Ese pacto, hoy, es papel mojado flotando en las aguas del Golfo Pérsico. Esta crisis está acelerando el giro de las petromonarquías hacia un mundo multipolar, empujándolas a diversificar sus alianzas y a reducir su dependencia histórica de un Washington que, por acción u omisión, parece haberlas abandonado a su suerte.

En este tablero de perdedores, ¿Dónde queda Israel? A primera vista, el Estado judío también sufre un coste estratégico considerable. Con ambos estrechos cerrados, el 99% de su comercio exterior quedaría bloqueado, una asfixia logística de primer orden. Además, perdería su principal fuente de suministro, ya que el 62% de su crudo, proveniente de Azerbaiyán y Kazajistán, llega a sus refinerías tras atravesar esos mismos cuellos de botella. El resultado inmediato sería un incremento de al menos el 15% en los precios de los combustibles. Un disgusto, sin duda.

Pero miren más allá del surtidor de gasolina. Para Israel, esta crisis es, sobre todo, una oportunidad histórica para consolidar su papel como un actor energético y de seguridad indispensable en la región. El principal beneficio estratégico que se abre paso entre los escombros de la guerra es la posibilidad de posicionarse como la ruta terrestre alternativa y segura para el flujo de energía del Golfo hacia una Europa sedienta, sorteando por completo el volátil Estrecho de Ormuz y la amenaza iraní. La infraestructura clave existe y se llama oleoducto Eilat-Ashkelon, una serpiente de acero que conecta el Mar Rojo con el Mediterráneo. Vinculen este conducto con el oleoducto saudí Este-Oeste, el famoso Petroline, y habrán creado un corredor terrestre que evite por completo las aguas controladas por los Guardianes de la Revolución.

Operar este corredor no solo transformaría a Israel en el centro de gravedad del sistema energético mundial, sino que fortalecería de manera irreversible sus lazos estratégicos con los estados del Golfo, creando una enorme palanca económica y geopolítica. La crisis subraya la vulnerabilidad de las monarquías del Golfo ante la sombra alargada de Teherán, lo que refuerza el papel de Israel como un socio de seguridad confiable, el único con la capacidad y la voluntad de plantar cara al enemigo común. Si bien la normalización diplomática abierta puede verse afectada en el corto plazo —las fotos de apretones de manos tendrán que esperar—, la cooperación en seguridad y defensa con países como los Emiratos Árabes Unidos se ha fortalecido significativamente en la oscuridad de las salas de guerra.



Y llegamos al actor principal, Estados Unidos, el director de orquesta de este caos aparente. El bloqueo de Ormuz encaja como un guante en lo que se ha denominado la «Estrategia Abierta» de Washington. Al crear una incertidumbre insoportable en el suministro del Golfo, Estados Unidos busca que los compradores globales —europeos, asiáticos, todos— lo perciban como un proveedor más fiable y seguro. Es la vieja lógica del miedo: compren mi petróleo porque el de los otros puede no llegar.

Aprovechando sus vastas reservas de esquisto y su creciente capacidad de exportación de Gas Natural Licuado (GNL), se posiciona para reemplazar a los países del CCG como la fuente principal de energía para el mundo, especialmente para una Europa desesperada por llenar sus tanques y una Asia que busca desesperadamente rutas seguras. La inestabilidad en la región ha generado una «prima de riesgo de tránsito por Ormuz» que encarece el barril que sale del Golfo y, por contraste, hace que el petróleo estadounidense sea más competitivo. Es una política de «empobrecer al vecino» a escala global.

A diferencia de las economías asiáticas, que se retuercen de dolor, Estados Unidos es menos dependiente del crudo de Ormuz. De hecho, es un beneficiario neto del aumento de los precios globales. Sus ingresos por exportaciones de energía se incrementan, llenando las arcas de sus empresas y permitiéndole, irónicamente, subsidiar el combustible a nivel nacional para mitigar la presión pública y evitar que el votante medio sienta todo el rigor de la crisis en su bolsillo, cosa que todavía no hecho. Es un rompecabezas de poder y dependencia donde la estrategia de Washington busca un delicado y cínico equilibrio, ganar dinero con el sufrimiento ajeno.

En el centro de este rompecabezas está la presión sobre China. La medida busca, como objetivo paralelo y nada secreto, estrangular la línea de suministro energético del gigante asiático para forzarlo a mediar con Irán, atrapando a Pekín en el «atolladero de Ormuz». Es una maniobra para que China se queme las manos apagando un fuego que le quema su propia casa. A pesar de la doctrina oficial que habla de estabilidad, muchos analistas advierten que la crisis está debilitando la influencia estadounidense a largo plazo en el Golfo.

La narrativa de Washington como proveedor último de seguridad se ha visto dañada, quizás irreparablemente. Los líderes del Golfo, que han visto cómo la Quinta Flota se mantiene al margen mientras sus petroleros arden, están sacando conclusiones. Y esto los está empujando a buscar un papel más independiente y desconfiado en el escenario global. Paradójicamente, la crisis ha creado un vacío de seguridad que las monarquías del Golfo no pueden llenar por sí solas. Desconfían de Estados Unidos, pero ¿a quién más pueden recurrir?

No existe una potencia alternativa con la capacidad y la voluntad de reemplazar el paraguas militar estadounidense. Ni China ni Rusia quieren o pueden ser los nuevos gendarmes del estrecho. Esta es la gran paradoja que define el nuevo Oriente Medio: el Golfo es hoy más vulnerable que nunca, pero se siente más solo que nunca. Esa soledad los obliga a una diplomacia frenética y ambigua, diversificando sus alianzas con Pekín, Moscú y Ankara, no por amor, sino por puro instinto de supervivencia. Se aferran a cualquier clavo ardiendo para no caer al vacío.

Y mientras el mundo contiene la respiración, la amenaza definitiva planea sobre los mercados como un buitre. Con aproximadamente 15 millones de barriles diarios de exportaciones de crudo del CCG varados, la tentación de usar el arma definitiva es grande. Los países del Consejo de Cooperación del Golfo, viendo cómo su riqueza se evapora y su relevancia se desvanece, podrían recurrir a lo que equivale a una «opción nuclear» energética: declarar fuerza mayor en sus contratos de exportación y retirar deliberadamente otro 20% del suministro mundial del mercado.

Sería el golpe de gracia a una economía global ya tambaleante, un acto de autodestrucción para recordarle al mundo que, aunque heridos, ellos aún sostienen las llaves del grifo. En este ajedrez de sombras y petróleo, la única certeza es que el manual de la guerra fría ha sido reescrito con tinta de crudo y fuego. Y en la primera página, una frase resuena con fuerza. Quizás, solo quizás, mantenerlo cerrado no fue un error; fue el plan desde el principio.

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jueves, 23 de abril de 2026

LA SALUD DEL AGUA EUROPEA EN PELIGRO.

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“Las voces expertas consultadas para este análisis coinciden a la hora de señalar que las metas establecidas por la DMA, que en un principio se pidieron para 2015 y posteriormente han sido pospuestas hasta 2027, están lejos de cumplirse. Menos del 40% de las aguas superficiales de la UE alcanza buen estado ecológico, es decir, tiene buena salud, según los últimos datos de la propia Comisión Europea, que en el apartado químico sitúa el porcentaje por debajo del 30%. Respecto a la situación del agua subterránea, el mapa interactivo elaborado por Datadista deja entrever el “desastre de los acuíferos en Europa”.

“En este contexto y con agravantes como la emergencia climática, que provoca sequías prolongadas y grandes inundaciones, “la DMA sigue siendo un instrumento válido que hay que mantener, mejorando su implementación”, indicó La Roca en el webinar “¿Está en riesgo la protección del agua en Europa?”, organizado recientemente por la FNCA. De hecho, en 2019 se realizó una revisión de la Directiva y se aplaudió el impacto positivo que hasta entonces había tenido en el agua de Europa. Ahora, sin embargo, los intereses van por otro lado.

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Fuentes: CTXT [Imagen: El río Gállego a su paso por los Mallos de Riglos. / Grand Parc-Bourdeaux (vía Wikimedia Commons)]

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LA SALUD DEL AGUA EUROPEA EN PELIGRO.

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Por J. Marcos | 23/04/2026 | Ecología social

Fuentes Revista Rebelión jueves 23 de abril del 2026.

Las presiones del ‘lobby’ minero asedian la legislación europea que protege los ríos, los ecosistemas y, a la postre, la salud de la ciudadanía.

Biscarrués sigue vivo. El embalse que durante años amenazó con borrar del mapa a este pequeño pueblo oscense finalmente no inundó sus calles gracias a una legislación europea de principios de siglo que, por vez primera, pensó en las aguas como parte de un ecosistema y no como un recurso económico que explotar. Corría el año 2017. Después de 35 años de lucha, una sentencia de la Audiencia Nacional dejó el proyecto en papel mojado por incumplir la Directiva Marco del Agua (DMA). Aprobada en 2000, esta normativa está ahora en peligro.

Los principios de conservación y de no deterioro que han cuidado las aguas de Europa (ríos, lagunas, acuíferos, costas) están en entredicho por el nuevo planteamiento de la Comisión Europea: “Simplificar para lograr una competitividad sostenible”. Con el objetivo de reducir la dependencia exterior de materias primas y diversificar el suministro de cara a la llamada transición energética, la Comisión se ha propuesto desregular antes del verano varias normativas ambientales, entre las que destaca la dedicada al agua, una directiva aplaudida durante años por personas expertas y activistas por la defensa del medio ambiente.

El reposicionamiento de la UE ha suscitado una fuerte controversia porque, en la práctica, extiende una especie de alfombra roja a los planes extractivistas. Diversas entidades de la sociedad civil, entre ellas las ecologistas, se han apresurado a denunciar los riesgos que conlleva esta revisión, tanto para los ecosistemas como para la salud de las personas.

Anunciado en diciembre de 2025, el Plan de Acción RESourceEU dedica 3.000 millones de euros a “acelerar el despliegue” de “proyectos de materias primas fundamentales para la competitividad de la UE”; en otras palabras, se pretende facilitar al bloque comunitario la reducción de su dependencia energética de países como China, de donde por ejemplo provienen más del 90 por ciento de las tierras raras. No hay que olvidar que la minería provoca altos impactos en el medio ambiente y, por tanto, también en el agua.


La crisis del agua, amenazan la Paz. 
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Esta “reforma exprés” de la DMA debilita el llamado principio de no deterioro, es decir, la obligación que tienen los Estados de cuidar la calidad del agua.

La revisión de la DMA 

“significa que vamos a tener impactos ecológicos y también impactos en la salud pública, impactos que pagará toda la ciudadanía en forma de más necesidad de depuración o en forma de no poder usar ni disfrutar del agua de nuestros ríos y acuíferos”, explica por teléfono Julia Martínez, directora técnica de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA).

El río Gállego, al que iban a poner un bozal en forma de muro de hormigón a su paso por Biscarrués, sigue tronando. Con rafting, nabatas y actividades acuáticas variadas, las personas del entorno disfrutan de un tramo de río vivo, libre, mordiente, divertido

“Los ríos son un patrimonio ecológico ambiental, pero también cultural e identitario, personal y colectivo”, ha dicho Martínez en alguna ocasión. Desde la bravura del agua, los Mallos de Riglos, una formación geológica de inmensas paredes y cúpulas redondeadas es la postal contemporánea del Prepirineo, la sombra que vigila un tramo del Gállego que sigue vivo. La última gran victoria contra el modelo de gestión del agua que ha operado en España durante más de un siglo: hormigón en los ríos para que dejen de correr.

De forma paralela a la prometida reducción burocrática, la desregulación que busca Europa reduce los requisitos de protección y rebaja los mecanismos de control. La clave, indica en un manifiesto conjunto la quincena de entidades que ha levantado la voz, reside en que esta “reforma exprés” de la DMA que debilita el llamado principio de no deterioro, es decir, la obligación que tienen los Estados de cuidar la calidad del agua. Aseguran que, una vez aprobada, la revisión

“facilitará la aprobación de nuevos proyectos mineros sin las suficientes garantías en cuanto a la salud de las personas y de los ecosistemas acuáticos y en cuanto a la transparencia y la participación pública en las decisiones que afectan al interés público superior”. También recuerdan las organizaciones firmantes que se pueden reducir o eliminar las obligaciones respecto a sustancias químicas.

Cléo Moreno, de la oenegé ClientEarth, habla de un “vaciamiento de la Directiva”. Esta asesora jurídica en derecho medioambiental considera por videollamada que se están tomando decisiones “muy prematuras” y “no basadas en la evidencia científica”. En la actualidad hay dos campañas de adhesión abiertas, una de ámbito estatal y otra europea, para que tanto personas como organizaciones apoyen estas demandas y logren cambiar los planes de la Comisión Europea, que mantiene abierta (hasta el 14 de abril) una consulta pública para la revisión y modificación de la DMA.



El poder de la patronal.

Como antesala a la reforma de la DMA planteada por la Comisión Europea, que se ha fijado como plazo para su aprobación este segundo semestre de 2026, una investigación periodística realizada por DeSmog ha revelado que las reuniones del sector minero con el funcionariado europeo se triplicaron en 2025:

de las 30 reuniones celebradas en 2024 a las 108 del pasado año, según los registros del portal de transparencia de la UE. Al menos ocho de estos encuentros tuvieron que ver de forma directa con el Plan de Acción RESourceEU, otros 19 se centraron en minerales críticos y hubo dos más sobre agua; en conjunto, un aumento del 220 por ciento sobre estos temas con respecto al ejercicio anterior.

Las cifras arrojan un promedio de 2,7 entrevistas con la patronal minera por cada representante de la CE, el doble de las que mantuvieron estos mismos delegados con personal de la Oficina Europea del Medio Ambiente, la principal coalición europea de organizaciones sin ánimo de lucro que luchan para proteger la legislación medioambiental.

Las reuniones del sector minero con el funcionariado europeo se triplicaron en 2025.

Euromines, la Asociación Europea de Industrias Mineras, Minerales Metálicos e Industriales, defiende ante CTXT que este incremento refleja “la complejidad” del

“elevado número de iniciativas legislativas y políticas que han afectado al sector de las materias primas en los últimos años”. Fuentes oficiales de esta asociación sostienen por escrito que sus demandas no tienen nada que ver con una “licencia para contaminar”, sino que están sujetas a “estrictas medidas de seguridad”. En líneas generales, el sector minero subraya que flexibilizar la normativa de protección del agua es fundamental para aumentar la extracción de metales y minerales raros, materiales con una demanda disparada por su utilización en las baterías de los vehículos coches eléctricos, también en la instalación de placas solares y aerogeneradores.



Más allá de las reuniones con las más altas esferas de la política europea, las principales asociaciones del sector, entre ellas Euromines, piden la eliminación del principio de no deterioro y una flexibilización en el plazo que tienen los Estados miembros para garantizar que las masas de agua gocen de buena salud. Hasta ahora solo en casos muy puntuales y especialmente graves se permitía la exención de algún criterio de la Directiva. Y si bien el sector minero es el que a priori mejor parado puede salir de la flexibilización, los centros de datos, las centrales hidroeléctricas, la industria farmacéutica o la ganadería intensiva también se verían beneficiadas de una menor protección del agua en Europa.

Sectores como el minero, el energético y el agroquímico,

“aunque fuertemente dependientes de agua limpia y abundante, está usando su poder para evadir y debilitar la DMA, bajo el pretexto de la simplificación”, advierte la alianza ecologista Living Rivers Europe en su informe ‘El papel de la industria en la resiliencia hídrica: cómo algunos lideran y otros destruyen’.

Objetivos sin cumplir.

El Consejo de la Unión Europea ha actualizado recientemente varias normativas que atañen a la calidad del agua, como la actualización de contaminantes, una nueva directiva para las aguas residuales y otra sobre los micro plásticos en agua potable. Los colectivos que defienden el agua recalcan que, más allá de las cuestiones técnicas, está en juego quién o quiénes deciden sobre el agua, si la ciudadanía europea o si las industrias extractivas capitalistas, y con qué criterios.

Las voces expertas consultadas para este análisis coinciden a la hora de señalar que las metas establecidas por la DMA, que en un principio se pidieron para 2015 y posteriormente han sido pospuestas hasta 2027, están lejos de cumplirse. Menos del 40% de las aguas superficiales de la UE alcanza buen estado ecológico, es decir, tiene buena salud, según los últimos datos de la propia Comisión Europea, que en el apartado químico sitúa el porcentaje por debajo del 30%. Respecto a la situación del agua subterránea, el mapa interactivo elaborado por Datadista deja entrever el “desastre de los acuíferos en Europa”.

En este contexto y con agravantes como la emergencia climática, que provoca sequías prolongadas y grandes inundaciones, “la DMA sigue siendo un instrumento válido que hay que mantener, mejorando su implementación”, indicó La Roca en el webinar “¿Está en riesgo la protección del agua en Europa?”, organizado recientemente por la FNCA. De hecho, en 2019 se realizó una revisión de la Directiva y se aplaudió el impacto positivo que hasta entonces había tenido en el agua de Europa. Ahora, sin embargo, los intereses van por otro lado.

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miércoles, 22 de abril de 2026

30 MILLONES DE DÓLARES POR HORA: LOS BENEFICIOS DE LAS PETROLERAS CON LA GUERRA.

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“María Pastukhova, directora del programa de transición energética de E3G, afirmó que, mientras los hogares, el transporte y la industria sigan dependiendo del petróleo y el gas, el Reino Unido y otros importadores de combustibles fósiles seguirán expuestos a las crisis de precios globales provocadas por conflictos, cuellos de botella y el contagio del mercado. No importa si las moléculas proceden del Mar del Norte o del extranjero; la exposición del Reino Unido sigue siendo la misma (…) Por lo tanto, aumentar la producción de combustibles fósiles en el Reino Unido es una respuesta débil a la inseguridad energética.

“Un portavoz del Gobierno británico declaró: El Gobierno está decidido a defender los intereses de la ciudadanía en esta crisis. Estamos impulsando con mayor intensidad y rapidez una energía limpia de origen nacional que podamos controlar para proteger al pueblo británico y reducir las facturas de forma definitiva. También hemos tomado medidas para evitar prácticas desleales como la especulación con los precios, ayudar a quienes dependen del gasóleo de calefacción y garantizar que los hogares y las empresas obtengan ahora un trato justo en sus facturas.

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Fuentes: Viento sur.

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30 MILLONES DE DÓLARES POR HORA: LOS BENEFICIOS DE LAS PETROLERAS CON LA GUERRA.

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Por Damian Carrington | 22/04/2026 | Economía

Fuentes. Revista Rebelión miércoles 22 de abril del 2026.

Las 100 principales empresas petroleras y gasísticas del mundo obtuvieron más de 30 millones de dólares cada hora en beneficios no ganados durante el primer mes de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, según un análisis exclusivo para The Guardian. Saudi Aramco, Gazprom y ExxonMobil se encuentran entre los mayores beneficiarios de esta bonanza, lo que significa que quienes más se oponen a la acción climática siguen prosperando.

El conflicto incrementó el precio del petróleo hasta una media de 100 dólares por barril en marzo, lo que supuso unos beneficios extraordinarios por la guerra, estimados en 23.000 millones de dólares para las empresas durante ese mes. Los suministros de petróleo y gas tardarán meses en volver a los niveles previos a la guerra y las empresas obtendrán 234.000 millones de dólares a finales de año si el precio del petróleo sigue rondando los 100 dólares de media. Este análisis utiliza datos de un proveedor líder de inteligencia, Rystad Energy, analizados por Global Witness.

Los beneficios extraordinarios provienen de los bolsillos de la gente corriente, que paga precios elevados para repostar sus vehículos y suministrar energía a sus hogares, así como de las empresas, que incurren en facturas de energía más elevadas. Docenas de países han reducido los impuestos sobre los combustibles para ayudar a los consumidores en dificultades, lo que significa que esos países, entre ellos Australia, Sudáfrica, Italia, Brasil y Zambia, están recaudando menos fondos para los servicios públicos.



La presión para que se apliquen impuestos sobre los beneficios extraordinarios obtenidos por las empresas petroleras y gasísticas gracias a la guerra está aumentando, y la Comisión Europea está estudiando una solicitud de los ministros de Finanzas de Alemania, España, Italia, Portugal y Austria para

“enviar un mensaje claro de que quienes se benefician de las consecuencias de la guerra deben aportar su granito de arena para aliviar la carga que recae sobre la población en general”.

“Permitiría financiar ayudas temporales, especialmente para las y los consumidores, y frenar el aumento de la inflación sin imponer cargas adicionales a los presupuestos públicos”, afirmaron los ministros en una carta del 4 de abril. La factura de la UE en combustibles fósiles ha aumentado en 22.000 millones de euros desde el inicio de la guerra de Irán.

Con diferencia, Aramco es la mayor beneficiaria, ya que se estima que obtendrá unos beneficios por la guerra de 25.500 millones de dólares en 2026 si el precio del petróleo se sitúa en una media de 100 dólares. Esto se suma a los enormes beneficios que habitualmente obtiene la empresa saudí, mayoritariamente de propiedad estatal: 250 millones de dólares al día entre 2016 y 2023. Arabia Saudí lleva décadas liderando con éxito los esfuerzos para bloquear y retrasar la acción contra la crisis climática internacional.



Tres empresas rusas –Gazprom, Rosneft y Lukoil– podrían obtener unos beneficios de guerra relacionados con Irán estimados en 23.900 millones de dólares a finales de año. El conflicto ha beneficiado las arcas de Vladimir Putin para su propia guerra en Ucrania, ya que Rusia recibió ingresos por exportación de petróleo de 840 millones de dólares al día en marzo, un 50 % más que en febrero, según un análisis del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio.

ExxonMobil, que tiene un largo historial negacionista sobre el cambio climático, obtendrá 1.000 millones de dólares en beneficios de guerra no ganados en 2026 si el precio de 100 dólares se mantiene. Shell obtendrá un impulso de 6.800 millones de dólares. El valor de ambas empresas, al igual que el de otras, ha aumentado significativamente debido a las subidas de los precios de las acciones en el mes posterior al inicio de la guerra de Irán: ExxonMobil vale 118.000 millones de dólares más, y Shell 34.000 millones de dólares más.

Chevron va camino de obtener unos beneficios extraordinarios de 9.200 millones de dólares gracias a la guerra de Irán. El director ejecutivo de la empresa, Mike Wirth, también se ha beneficiado vendiendo acciones de Chevron por valor de 104 millones de dólares entre enero y marzo.

Es probable que el impacto de la guerra de Irán sea duradero, y el director de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, la describió el lunes como el mayor shock de la historia para el mercado energético mundial.

La escalada de los precios del petróleo y el gas llevó al responsable de clima de la ONU, Simon Stiell, a advertir a mediados de marzo que:

“La dependencia de los combustibles fósiles está socavando la seguridad nacional y la soberanía y sustituyéndolas por servilismo y costes crecientes”. Afirmó que las energías renovables podrían proteger a las personas y a las naciones de las subidas de precios: “La luz solar no depende de estrechos marítimos angostos y vulnerables”.



Los beneficios de la guerra de Irán para las empresas petroleras y gasísticas se suman a lo que ha sido durante décadas un negocio sumamente lucrativo para los Estados petroleros y los accionistas. Durante el último medio siglo, el sector del petróleo y el gas ha obtenido una media de 1 billón de dólares al año en beneficios netos cada año, y mucho más en años de crisis como 2022, cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania. El sector de los combustibles fósiles también se beneficia de subvenciones explícitas que ascendieron a 1,3 billones de dólares en 2022, según el Fondo Monetario Internacional.

Patrick Galey, director de investigaciones periodísticas de Global Witness, afirmó:

“Los momentos de crisis mundial siguen traduciéndose en beneficios extraordinarios para las grandes petroleras, mientras que la gente corriente paga el plato. Hasta que los gobiernos no superen su adicción a los combustibles fósiles, todo nuestro poder adquisitivo seguirá siendo rehén de los caprichos de los hombres fuertes”.

Jess Ralston, responsable de energía de la Energy and Climate Intelligence Unit, afirmó:

Esta crisis del petróleo y el gas ilustra una vez más el coste de nuestra dependencia de los combustibles fósiles, tan volátiles. (…) Invertir en tecnologías de cero emisiones netas no solo es el camino hacia la seguridad energética permanente, sino también la única forma de restablecer el equilibrio del sistema climático. Los llamamientos a aumentar la producción de combustibles fósiles y a dar marcha atrás en las medidas de cero emisiones netas ante esta nueva crisis no harían más que socavar nuestra seguridad energética y aumentar nuestra exposición a los efectos perjudiciales del cambio climático.



Beth Walker, experta en política energética del grupo de expertos E3G, afirmó:

“Los gobiernos deberían utilizar los impuestos sobre los beneficios extraordinarios para acelerar la transición hacia la energía verde, en lugar de profundizar la dependencia de los combustibles fósiles”.

Saudi Aramco, Shell y TotalEnergies se negaron a hacer comentarios y ExxonMobil, Chevron, Gazprom, Petrobras y ADNOC no respondieron a la solicitud de comentarios.

Los beneficios de guerra estimados se calcularon utilizando la base de datos UCube de Rystad Energy, que integra datos globales campo por campo, noticias e inteligencia, y tiene en cuenta la demanda de petróleo y gas para proyectar cuánto puede suministrar cada yacimiento.

Los beneficios extraordinarios de la guerra se calcularon comparando el flujo de caja libre generado por la producción de petróleo y gas en marzo, cuando el petróleo se situó en una media de 100 dólares por barril, frente a los 70 dólares antes de la guerra de Irán. Estos datos representan los beneficios estimados del sector upstream, tras deducir impuestos y regalías, así como los gastos de capital y operativos.

Los habitantes de los países que están aumentando su capacidad de energía renovable están protegidos en parte de las subidas de precios y de los beneficios de guerra. La energía eólica y solar en el Reino Unido en marzo permitió evitar 1.000 millones de libras en importaciones de gas. Entre 2010 y 2025, la energía eólica ahorró a las y los consumidores unos 100.000 millones de libras.

Maria Pastukhova, directora del programa de transición energética de E3G, afirmó que, mientras los hogares, el transporte y la industria sigan dependiendo del petróleo y el gas, el Reino Unido y otros importadores de combustibles fósiles seguirán expuestos a las crisis de precios globales provocadas por conflictos, cuellos de botella y el contagio del mercado.

No importa si las moléculas proceden del Mar del Norte o del extranjero; la exposición del Reino Unido sigue siendo la misma (…) Por lo tanto, aumentar la producción de combustibles fósiles en el Reino Unido es una respuesta débil a la inseguridad energética.

Un portavoz del Gobierno británico declaró:

El Gobierno está decidido a defender los intereses de la ciudadanía en esta crisis. Estamos impulsando con mayor intensidad y rapidez una energía limpia de origen nacional que podamos controlar para proteger al pueblo británico y reducir las facturas de forma definitiva. También hemos tomado medidas para evitar prácticas desleales como la especulación con los precios, ayudar a quienes dependen del gasóleo de calefacción y garantizar que los hogares y las empresas obtengan ahora un trato justo en sus facturas.

Damian Carrington, editor de Medio Ambiente de The Guardian

Texto original: The Guardian

Traducción: viento sur

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martes, 21 de abril de 2026

LAS CONCENTRACIONES DE ADOLESCENTES EN CIUDADES COMO CHICAGO, NUEVA YORK Y LOS ÁNGELES. Las teen takeovers de los jóvenes pobres: un fenómeno en Estados Unidos.

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Detroit, una ciudad que se declaró en bancarrota en 2013 y que es quizás el mejor ejemplo de la decadencia del estilo de vida estadounidense, pasó de ser la cuarta ciudad del país a una sin industria por la crisis automotriz de 2008/2010. Su alcaldesa, Mary Sheffield, la primera mujer que llegó a gobernarla en 325 años de historia (Detroit se fundó en 1701), declaró que está intentando evitar las concentraciones juveniles en la ciudad: “Nos estamos uniendo todos, la comunidad, las fuerzas del orden, todas las partes interesadas, para asegurarnos de crear espacios seguros para nuestros jóvenes, de que exista un cierto nivel de responsabilidad parental en el cumplimiento del toque de queda”. Las “teens takeovers” generan un conflicto de impredecible desenlace que el gobierno de Trump decidió suprimir de raíz con políticas de mano dura y represión a los más jóvenes. No parece haberlo logrado hasta el momento y el problema puede írsele de las manos, como ya se observa con nitidez en las calles de Estados Unidos. Es un combustible que aviva el fuego de las protestas contra su régimen, el capitalismo decadente y el autoritarismo de una élite minoritaria en la nación más beligerante del planeta.

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Protesta de los "teens takeovers" en Chicago, cuyo alcalde, Brandon Johnson, pertenece al ala izquierda del partido demócrata. (Capturas de Video)

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LAS CONCENTRACIONES DE ADOLESCENTES EN CIUDADES COMO CHICAGO, NUEVA YORK Y LOS ÁNGELES.

Las teen takeovers de los jóvenes pobres: un fenómeno en Estados Unidos.

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Menores de barriadas pobres, generalmente negros, toman el espacio público y desafían el toque de queda ya instaurado en distintos centros urbanos.

Por Gustavo Veiga.

Fuente. Página /12 lunes 21 de abril del 2026.

Estados Unidos hoy está cruzado por un fenómeno social que devino en problema político. Tiene que ver con el uso del espacio público, con quién ocupa sus calles. Las llamadas “teens takeovers” (tomas de control de adolescentes) mantienen en vilo a autoridades distritales, estatales y amenazan con transformarse en un conflicto federal. En el país que gobierna Donald Trump, las multitudes van ganando espesura popular con distintas motivaciones.

Las protestas “No kings” de millones de personas se reproducen contra el autoritarismo del presidente; las que se organizaron contra el ICE cuestionan la política migratoria draconiana de su régimen y las que crecen contra la guerra en Irán o a favor de la causa palestina –incluso aquellas lideradas por activistas judíos– suelen terminar con decenas de detenciones. Lo que no estaba en los planes de nadie es que crecieran las concentraciones de jóvenes en diferentes ciudades, solo por el hecho de juntarse, causar disturbios o divertirse. Las protagonizan menores de barriadas pobres, generalmente negros, que desafían el toque de queda ya instaurado en distintos centros urbanos.



Grandes ciudades como Los Ángeles, Nueva York y Chicago fueron escenario de estas prácticas que cuestionan el orden establecido por los adultos y además se viralizan gracias al uso de las redes sociales. Las convocatorias para reunirse en parques, centros comerciales o distritos donde viven personas de alto poder adquisitivo no son nuevas, pero en 2026 se multiplicaron como hechos disruptivos de una costa a la otra de EE. UU.

Las movilizaciones conocidas como teens takeovers ya se realizaban en barrios muy específicos de unas pocas ciudades. Allá por 2023 e incluso antes, en Chicago, la tercera en habitantes del país que gobierna Brandon Johnson, un alcalde negro y maestro de escuela que pertenece al ala izquierda del partido Demócrata hubo este tipo de aglomeraciones adolescentes que no habían llamado demasiado la atención.

Pero durante el segundo mandato de Trump, que ya se acerca al año y medio, estas reuniones se viralizaron y pusieron en jaque a las autoridades locales. El pasado 7 de abril, el Washington Post se preguntaba en un artículo

“por qué las ‘tomas de control de adolescentes’ en Washington D. C. se han convertido en un foco de controversia política”. En el desarrollo del artículo se mencionaba que “las grandes concentraciones de fin de semana, a veces tumultuosas, han dado lugar a detenciones, un toque de queda más estricto y eventos alternativos, pero las soluciones a largo plazo siguen siendo difíciles de encontrar”.


Washington DC, elimina restricciones nocturnas, Adolescentes celebran en las calles y el temor al caos .....
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Los políticos en la capital de EE. UU. no lograron hasta ahora ponerse de acuerdo sobre cómo enfrentar este fenómeno, que en varias ocasiones devino en espectáculo violento. En Washington, donde los índices criminales disminuyeron en el último tiempo, ahora es tema de discusión la extensión del toque de queda para menores, que no pueden ser más de ocho en cualquier encuentro sobre el espacio público.

El 13 de abril, Jeanine Pirro, la fiscal federal para el distrito de Columbia –donde se ubica la capital–,

definió a las teens takeovers como “supuestas reuniones sociales” que “se convierten en un caos criminal”. No solo pidió que se prolongue el toque de queda. También declaró en la cadena Fox News: “Ya basta. Todos en Washington D. C. tienen derecho a una ciudad segura y al derecho de vivir en disfrute tranquilo sin el temor a invasiones juveniles y la anarquía. ¡Es hora de bajar la edad de responsabilidad y recuperar nuestras calles!”.

La mujer es una aliada incondicional de Trump. Justificó su teoría conspirativa sobre el presunto “robo” de las elecciones en 2020 cuando era presentadora de la cadena Fox y antes de ser nombrada jueza y luego fiscal federal por los republicanos. Hoy lidera la mano dura contra adolescentes que en promedio rondan los 14 años.

En la capital actualmente es ilegal que grupos de más de 8 menores se reúnan en determinadas zonas a partir de las 20. Este tipo de reuniones masivas se extendió por todo el país. Desde Florida hasta Virginia, pasando por Chicago, Los Ángeles y Nueva York.

¿Cuáles pueden ser las causas del problema en un país ya de por sí convulsionado por las políticas extremistas de Trump a nivel interno contra los migrantes, los jóvenes universitarios y los caídos del sistema? Podría responderse que el abandono institucional de la juventud, la privatización de los espacios públicos y hasta la postergación de los barrios más pobres de las grandes urbes.

La problemática se convirtió en una discusión de Estado en Chicago, donde se conocieron las primeras tomas de posesión en 2023 que entre adolescentes afroamericanos eran conocidas popularmente como “trends” (tendencias). Así se las llamaba también a estas convocatorias a tomar el espacio público en los mensajes.

Tres años después, la repetición de estos encuentros, en ocasiones violentos y en otras no, provocó que autoridades de Chicago se reunieran con representantes de Meta, la dueña de Facebook e Instagram. Trabajan en un plan que le ponga freno a las movilizaciones de jóvenes que se dan de manera más o menos espontánea.

La situación de descontrol en el espacio público generó una respuesta desde el mundo adulto

Los padres de estos jóvenes movilizados apelaron a sus propias “tomas de control”. Ya lo hicieron en Chicago, con lo que se extiende la brecha entre dos generaciones.


Detroit, crónica de una quiebra anunciada. Del poderío automotriz a una bancarrota.  Los jóvenes las grandes victimas. 
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Detroit, una ciudad que se declaró en bancarrota en 2013 y que es quizás el mejor ejemplo de la decadencia del estilo de vida estadounidense, pasó de ser la cuarta ciudad del país a una sin industria por la crisis automotriz de 2008/2010. Su alcaldesa, Mary Sheffield, la primera mujer que llegó a gobernarla en 325 años de historia (Detroit se fundó en 1701), declaró que está intentando evitar las concentraciones juveniles en la ciudad:

“Nos estamos uniendo todos, la comunidad, las fuerzas del orden, todas las partes interesadas, para asegurarnos de crear espacios seguros para nuestros jóvenes, de que exista un cierto nivel de responsabilidad parental en el cumplimiento del toque de queda”.

Las “teens takeovers” generan un conflicto de impredecible desenlace que el gobierno de Trump decidió suprimir de raíz con políticas de mano dura y represión a los más jóvenes. No parece haberlo logrado hasta el momento y el problema puede irsele de las manos, como ya se observa con nitidez en las calles de Estados Unidos. Es un combustible que aviva el fuego de las protestas contra su régimen, el capitalismo decadente y el autoritarismo de una élite minoritaria en la nación más beligerante del planeta.

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