sábado, 7 de noviembre de 2026

¿SISMO POLÍTICO EN ESTADOS UNIDOS?

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"La ola contra la derecha populista mundial se ha manifestado este año en Hungría, Serbia y Brasil. Protestas contra la austeridad neoliberal han surgido en Francia, Italia, Austria, Albania y otros países europeos. Los derechistas nunca cumplieron lo prometido. Para los jóvenes, la expansión descontrolada de la inteligencia artificial amenaza con producir desempleo y aumentar los desastres ecológicos. El uso de la “política de distracción”, promoviendo el odio contra los inmigrantes, los que practican una fe diferente o las personas trans, sólo funciona por poco tiempo en condiciones de crisis económica. A largo plazo, no logran sostener a gobiernos incompetentes y corruptos.

"La gran mayoría de la población resulta indiferente ante la ideología. Esto es una realidad no sólo para la derecha, sino también para la izquierda. El dramaturgo Bertolt Brecht escribió en La ópera de los tres centavos que “primero va el comer, después lo moral”. Si no aseguramos una vida próspera y segura para todos y todas, no contaremos con un futuro sustentable. El camino es claro: los demócratas tienen que impulsar una reforma migratoria y desautorizar las acciones del ICE, promover nuevas leyes electorales que restrinjan el poder de los multimillonarios e impulsar un paquete de garantías sociales y económicas, al igual que avances ecológicos. Este es el reto que enfrentan los demócratas. ¿Estarán a la altura del momento?

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"La ineptitud de Trump y sus asesores aseguraron que los candidatos republicanos fueran incompetentes y corruptos, llevando al Partido Republicano a una derrota histórica". Foto Afp.

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¿SISMO POLÍTICO EN ESTADOS UNIDOS?

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Por. Víctor Silverman y Miguel Tinker Salas.

Fuente. Diario La Jornada Ciudad de México viernes 6 de noviembre del 2026.

“Toda política es local”, decía Tip O’Neill, el presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos durante la década de los 70 y 80. No hay duda de que los triunfos electorales del Partido Demócrata surgen a raíz de la crisis económica que afecta a familias en Estados Unidos. Ante una feroz campaña, la población rechazó la victimización de sus vecinos inmigrantes. Tampoco aceptaron el sacrificio económico que la guerra contra Irán impone. Esfuerzos por reprimir el voto de afrodescendientes movilizaron a la población a votar tanto en pueblos rurales como en centros urbanos. En gran medida, la victoria de los demócratas derivó de la energía entre votantes de color y los jóvenes en comunidades que han cambiado como consecuencia de la migración. Las rebeliones en Mineápolis y Los Ángeles, y manifestaciones contra el ICE por todo el país el año pasado prefiguraron los resultados electorales.

Los demócratas obtuvieron casi una mayoría calificada en el Senado, una mayoría de más de 50 por ciento en la Cámara de Representantes y una mayoría de gobernadores. Hay muchas primicias para mujeres y personas de color: la primera gobernadora indígena, Deb Haaland, en Nuevo México; la primera gobernadora afrodescendiente, Keisha Lance Bottoms, en Georgia; la primera gobernadora latina, Gina Hinojosa, en Texas; el primer senador demócrata en Kansas desde 1932, Adam Hamilton, y muchos más.


Muchos reciben estos resultados como una reafirmación de la razonabilidad fundamental de Estados Unidos. Para otros, las elecciones significan una nueva era, como ocurrió en 1932, cuando se inició el sistema del Estado de bienestar, o en 1980, que inauguró el neoliberalismo. Aunque no somos tan optimistas, no hay duda de que algo importante ha ocurrido en Estados Unidos.

La ineptitud de Donald Trump y sus asesores aseguraron que los candidatos republicanos fueran incompetentes y corruptos, llevando al Partido Republicano a una derrota histórica. La política impulsada por Trump, la imposición de aranceles y su guerra contra Irán en particular, provocaron una inflación persistente. Mientras esto ocurre, Trump, su familia y un grupo de amigos cercanos operan como si el gobierno fuera su cajero automático personal.

La corrupción de esta administración no tiene precedente en la historia de Estados Unidos. La revista financiera Forbes estima que desde que llegó a la Casa Blanca hace dos años, la fortuna personal de Trump ha aumentado en 2.7 mil millones de dólares. Y ni hablar de su familia. La revista Vanity Fair recién publicó una investigación sobre Jared Kushner, yerno de Trump, quien manejaba cuentas clandestinas de miles de millones de dólares.

Tradicionalmente, los estadunidenses toleran la desigualdad e incluso hasta respetan a los ricos. En California, a pesar de la ola liberal, la Proposición 40, que impondría un impuesto único a los multimillonarios para financiar la salud y la educación, fue rechazada por los votantes. Sin embargo, la mayoría de la población rechaza el uso del Estado para enriquecerse y reconocen que el sistema político es injusto y desigual. El caso más concreto en esta elección fue el multimillonario Elon Musk, quien invirtió más de 500 millones de dólares de su propio dinero en candidatos republicanos para determinar los resultados de las elecciones y fracasó. Encuesta tras encuesta, la mayoría de la población indicaba que la economía y la corrupción motivaron sus votos.


Aunque es posible que Estados Unidos esté ante una nueva época, es dudoso que los dirigentes del Partido Demócrata estén dispuestos a hacer lo que los votantes están exigiendo. A pesar de la elección de más de ocho integrantes de los Democratic Socialists of America, los líderes del Partido Demócrata no van a desafiar a los sectores pudientes, ya que éstos también financian sus campañas y comparten su ámbito social. Cuando los demócratas controlaban el gobierno (presidencia, Senado y Cámara de Representantes) durante las administraciones de Barack Obama y Joe Biden, iniciaron importantes reformas, pero nunca promulgaron una reforma migratoria, ni tampoco un plan de salud universal ni mucho menos un proyecto para impulsar la igualdad económica.

Aun cuando las condiciones locales suelen ser determinantes, la ola demócrata en Estados Unidos se nutre de corrientes globales. Como México en 2018, los votantes en Estados Unidos rechazan la corrupción descarada de este gobierno, una característica clave de gobiernos de la derecha populista. Como Nerón ante Roma en llamas, Trump se jactaba públicamente de los millones que él y sus familiares ganaban en criptomonedas, contratos gubernamentales y otras supuestas inversiones.

La ola contra la derecha populista mundial se ha manifestado este año en Hungría, Serbia y Brasil. Protestas contra la austeridad neoliberal han surgido en Francia, Italia, Austria, Albania y otros países europeos. Los derechistas nunca cumplieron lo prometido. Para los jóvenes, la expansión descontrolada de la inteligencia artificial amenaza con producir desempleo y aumentar los desastres ecológicos. El uso de la “política de distracción”, promoviendo el odio contra los inmigrantes, los que practican una fe diferente o las personas trans, sólo funciona por poco tiempo en condiciones de crisis económica. A largo plazo, no logran sostener a gobiernos incompetentes y corruptos.

La gran mayoría de la población resulta indiferente ante la ideología. Esto es una realidad no sólo para la derecha, sino también para la izquierda. El dramaturgo Bertolt Brecht escribió en La ópera de los tres centavos que “primero va el comer, después lo moral”. Si no aseguramos una vida próspera y segura para todos y todas, no contaremos con un futuro sustentable.

El camino es claro: los demócratas tienen que impulsar una reforma migratoria y desautorizar las acciones del ICE, promover nuevas leyes electorales que restrinjan el poder de los multimillonarios e impulsar un paquete de garantías sociales y económicas, al igual que avances ecológicos. Este es el reto que enfrentan los demócratas. ¿Estarán a la altura del momento?

*Profesores eméritos, Departamento de Historia, Pomona College

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viernes, 6 de noviembre de 2026

TRUMP VA DE SALIDA.. Dr, ATILIO. A. BORON.

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"Las razones de fondo para esta debacle republicana son múltiples y serán examinadas en otro artículo. Entre ellas, las consecuencias económicas de la guerra que Trump y Netanyahu están librando en contra de Irán, desatando un aumento generalizado de precios debido a la duplicación del costo del galón de diésel con el consecuente recorte del poder adquisitivo de la población. A eso súmese la indignación provocada por la cruzada para cazar inmigrantes desatada por el ICE y el malestar (más bien la rabia) generalizada por esa política promovida desde la Casa Blanca, reflejada en los bajos niveles de aprobación popular de la figura del presidente, oscilando en torno al 32 o 35 por ciento, según las diversas encuestas.

"Dadas estas circunstancias, la vieja teoría del “pato rengo” retoma plena vigencia después de estos resultados, que entre otras cosas arrojan pesadas sombras de dudas sobre el futuro de James D. Vance y Marco Rubio, aspirantes a conducir a un barco seriamente averiado en medio de una tormenta perfecta en alta mar. Y golpea además con mucha fuerza en contra del ya oxidado “Escudo de las Américas”, esa banda de fachos latinoamericanos de ultraderecha que ve que su jefe está groggy en un rincón del ring y rogando que no le asesten el puñetazo final. Igual de consternado debe estar en estas horas el  Besatraseros mayor del imperio, Javier Milei, viendo cómo se derrumba su alianza mafiosa con Bolsonaro, Bibi y ahora Trump. Por suerte, estará en España para irradiar su mística redentora y lograr que también en España sus amigos de Vox y el PP muerdan el polvo de la derrota.

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Un póster gigante contra Trump y Netanyahu en Teherán. AFP. Anadolu via AFP

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TRUMP VA DE SALIDA.

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El magnate neoyorquino había transformado esta elección legislativa en un plebiscito sobre su gestión en la Casa Blanca. Estos resultados arrojan, entre otras cosas, pesadas sombras de dudas sobre el futuro de James D. Vance y Marco Rubio, aspirantes a conducir a un barco seriamente averiado en medio de una tormenta perfecta en alta mar.

Por Dr. Atilio A. Boron.

Sociólogo.

Dr. en Ciencias Sociales Maestro Universitario

Fuente. Página/12 jueves 6 de noviembre del 2026.

Donald Trump pone punto final a una semana aciaga para las extremas derechas. Comenzó el domingo 25 de octubre con la aplastante derrota sufrida por Flávio Bolsonaro a manos de Luiz Inácio “Lula” da Silva; siguió dos días después con la derrota política, si bien no electoral, de Benjamín Netanyahu en Israel: su rejunte de genocidas y violentos supremacistas obtuvo la mayoría de las bancas en el Kneset, 53, pero los 48 escaños obtenidos por el bloque de centro-derecha opositor tienen condiciones para formar gobierno si logra forjar una coalición con los mal llamados “partidos árabes” (porque incluyen algunas formaciones políticas judías y al partido comunista de Israel) que en una histórica performance se alzaron con 19 escaños. Netanyahu, en cambio, no tiene margen alguno para crear una alianza de gobierno. Y, por último, este martes 3 de noviembre, el electorado le dio la espalda a Trump, en una derrota aplastante.

El magnate neoyorquino había transformado esta elección legislativa en un plebiscito sobre su gestión en la Casa Blanca. Aunque “mi nombre no esté en las listas, saben que yo estoy detrás de cada candidato republicano”, y perdió sin atenuantes. De nada sirvió su demagógica oferta de retribuir con 5.000 dólares a cada ciudadano estadounidense si obtenía mayoría en ambas cámaras del Congreso. La población hizo oídos sordos a su promesa.


Particularmente dolorosa debe haber sido para él y sus multimillonarios compinches la derrota sufrida en Texas, uno de los principales bastiones de los republicanos. Trump se jugó entero en contra de James Talarico, el candidato demócrata que competía contra Ken Paxton, el tenebroso y ultraconservador abogado —¡y fiscal general del estado! — beneficiado con un generoso donativo de Elon Musk (190 millones de dólares), una cifra apenas levemente inferior a la que gastarían los demócratas en toda la campaña y casi la mitad de lo que el dueño de la red social X invirtió para “fortalecer” la democracia estadounidense, perdón. La “plutocracia” que rige los destinos de ese país, y que ascendió a 446 millones de dólares. Lo cierto es que con Talarico retorna al Senado un demócrata por primera vez desde 1988.

Hay que tener en cuenta que la importancia de Texas suele ser subestimada en muchos análisis sobre la política norteamericana: no tiene el atractivo de Nueva York o de California, lo cual es un grueso error. Con sus 32 millones de habitantes, es el segundo estado más grande de la Unión, solo superado por California con sus 39 millones de habitantes. El producto bruto de Texas es de unos 3 billones de dólares, superior al de Brasil (2.2 billones) y al de cualquier otra economía latinoamericana. Si hiciéramos un ranking de las principales economías del mundo, California estaría en el quinto lugar y Texas en el noveno, pisándole los talones a Francia. Además, en su extenso territorio se encuentran cuatro de las diez mayores ciudades de Estados Unidos: Houston, San Antonio, Dallas y Fort Worth.

Por otra parte, con sus 695 mil kilómetros cuadrados, es el segundo estado más grande del país, solo superado por Alaska, con sus 1.700.000 kilómetros cuadrados. Se entiende la desesperación del dueño de Tesla y Starlink y X por retener tan fabuloso emporio. Allí no solo se perdió un senador, sino también la gobernación del estado a manos de Regina “Gina” Hinojosa, de ascendencia mexicana, convertida en la primera latina que gobernará ese estado derrotando ampliamente a Greg Abbott, el gobernador republicano de los últimos diez años y fiel aliado de Trump. Junto con Texas, la otra obsesión de Trump era Kansas, un estado que desde 1932 había sido totalmente adverso a los demócratas, pero esa tradición fue quebrada este martes con el triunfo de un pastor metodista y escritor, Adam Hamilton. Talarico, conviene anotarlo, hasta ahora compartía su tiempo como legislador estatal y como estudiante en el Seminario Presbiteriano de Teología. Ambos se convirtieron en verdugos del magnate neoyorquino. Para colmo de males, el tan vilipendiado (por Trump) candidato demócrata de Michigan, Abdul El-Sayed, triunfó en las elecciones de ese estado, transformándose en el primer senador musulmán en la historia del Senado de Estados Unidos.


Trump es el gran perdedor de estas elecciones, pese a que se involucró como ningún otro presidente en una elección de medio término. Movilizó a sus amigos milmillonarios, que abrieron sus arcas para garantizar que los republicanos mantuvieran su predominio en el Congreso. Las cifras son escandalosas: a los 446 millones de Musk hay que sumar los aportes de Richard y Elizabet Uihlein, 150 millones, Jeff y Janine Yass, 110 millones, la zarina de los casinos Miriam Adelson, 67 millones. Todos esos fondos fueron para la campaña de los republicanos; los demócratas, a su vez, se beneficiaron de la generosidad de George Soros, que aportó 102 millones, Michael Bloomberg hizo una donación de 84 millones y Reid Hoffman y Michelle Yee (Linkedin) aportaron 41 millones de dólares. Si alguna evidencia era necesaria para ratificar la penosa involución de la democracia norteamericana en una oprobiosa plutocracia los datos del financiamiento de la elección de ayer hablan con una elocuencia irrefutable.

Las razones de fondo para esta debacle republicana son múltiples y serán examinadas en otro artículo. Entre ellas, las consecuencias económicas de la guerra que Trump y Netanyahu están librando en contra de Irán, desatando un aumento generalizado de precios debido a la duplicación del costo del galón de diésel con el consecuente recorte del poder adquisitivo de la población. A eso súmese la indignación provocada por la cruzada para cazar inmigrantes desatada por el ICE y el malestar (más bien la rabia) generalizada por esa política promovida desde la Casa Blanca, reflejada en los bajos niveles de aprobación popular de la figura del presidente, oscilando en torno al 32 o 35 por ciento, según las diversas encuestas.

Dadas estas circunstancias, la vieja teoría del “pato rengo” retoma plena vigencia después de estos resultados, que entre otras cosas arrojan pesadas sombras de dudas sobre el futuro de James D. Vance y Marco Rubio, aspirantes a conducir a un barco seriamente averiado en medio de una tormenta perfecta en alta mar. Y golpea además con mucha fuerza en contra del ya oxidado “Escudo de las Américas”, esa banda de fachos latinoamericanos de ultraderecha que ve que su jefe está groggy en un rincón del ring y rogando que no le asesten el puñetazo final. Igual de consternado debe estar en estas horas el  Besatraseros mayor del imperio, Javier Milei, viendo cómo se derrumba su alianza mafiosa con Bolsonaro, Bibi y ahora Trump. Por suerte, estará en España para irradiar su mística redentora y lograr que también en España sus amigos de Vox y el PP muerdan el polvo de la derrota.

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jueves, 5 de noviembre de 2026

DEMOCRACIAS CONTROLADAS, DICTADURAS PARTICIPATIVAS.

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"La verdadera batalla de 2028 no será entre demócratas y republicanos, sino dentro del Partido Demócrata. El aparato y sus donantes intentarán lo de siempre con los rebeldes: absorberlos, domesticarlos o financiar a sus rivales en las primarias. Del otro lado, el vicepresidente JD Vance (un candidato fabricado por Silicon Valley, con una biografía ficticia) o el secretario Marco Rubio (con su historial de ejecuciones sumarias en el Caribe y de niños muertos en los hospitales de Cuba), tendrán que vender otra versión de Make America Great Again, un dogma que no resiste ninguna rendición de cuentas. "El problema central no es un presidente ni un partido, sino una estructura que concentra la riqueza a un ritmo sin precedentes y la convierte en medios, plataformas, campañas y leyes. La redistribución, demonizada como socialismo, es lo que menos se discute. Algunas elecciones se pueden perder; la obscena acumulación de capital nunca está en duda. Sin reformas profundas y sostenidas, los años 40 verán una intifada social hoy impensable, no porque los pueblos sean violentos, sino porque cuando los poderosos les cierran todas las puertas a las reformas, la justicia social encuentra sus 1789. Los nuevos demócratas de la Generación Gaza pueden ganar una elección. Lo que no han ganado, todavía, es la oportunidad de cambiar lo que una o dos elecciones nunca cambiarán. Si no lo hacen ellos, lo hará la historia desatada, que es mucho menos amable.

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Fuentes: Página/12 - Imagen: Celebración del Partido Demócrata por la elección de Talarico como nuevo gobernador de Texas, 3 de noviembre de 2026. [Ronaldo Schemidt/AFP]

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DEMOCRACIAS CONTROLADAS, DICTADURAS PARTICIPATIVAS.

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Por Jorge Majfud | 05/11/2026 | EE. UU.

Fuente. Revista rebelión jueves 5 de noviembre del 2026.

La verdadera batalla de 2028 no será entre demócratas y republicanos, sino dentro del Partido Demócrata.

A mediados de octubre, apenas el 30 por ciento de los estadounidenses aprobaba la gestión de Donald Trump. Desde que Gallup comenzó estas encuestas en los años 30, solo cinco presidentes cayeron más bajo: Truman empantanado en Corea; Nixon días antes de renunciar; o George W. Bush entre las ruinas de Irak y de Wall Street. 

En estas elecciones, el voto anticipado fue de 54 millones de ciudadanos (22%). La ansiedad suele indicar un deseo de cambio y predecir un tsunami. Pero no debemos confundir frustración con cambio. Los votantes no eligen otro sistema; eligen otra administración del mismo sistema. El poder, el verdadero, no se somete a referéndum ni nunca lo hará. Nunca un sistema cambió en alguna elección. La esclavitud no fue abolida en las urnas, sino en una guerra civil. Las reformas socialistas de los años 30 no nacieron de algún debate de ideas, sino de la Gran Depresión. 

Bueno, ya sabemos; es folklore: demócratas y republicanos siempre fueron dos facciones de un mismo partido: el del capital financiero, del complejo militar-industrial y de las corporaciones que financian a ambos. Discuten con pasión sobre el aborto o los baños públicos; rara vez sobre el presupuesto del Pentágono o la concentración de la riqueza que escribe las leyes y decide las guerras. En una democracia de mercado, el votante elige el envoltorio, no el contenido. Es terapia de grupo.



Aun así, las elecciones importan. No es lo mismo para un inmigrante manejar mirando por el retrovisor por si aparece un agente de ICE que volver a su casa a disfrutar de una cerveza, aunque no sea más que el alivio del esclavo. 

Por otro lado, la Generación Gaza mueve el tablero y un puño intenta detenerla. Thomas Massie, senador libertario de Kentucky, ganó siete veces su banca oponiéndose a la ayuda a Israel, pero en mayo de 2026 perdió la elección primaria más cara en la historia: más de 32 millones de dólares, unos nueve millones aportados por grupos proisraelíes lo dejaron afuera.

Elon Musk donó a los republicanos unos 446 millones de dólares (una propina para su fortuna), más de lo que recibieron los diez principales candidatos demócratas. Comprar políticos que luego firmarán billonarios contratos con las empresas de los donantes es una corrupción legalizada, tan obscena como la cloaca Epstein.

Así, el sistema electoral de las democracias liberales se ha convertido, si alguna vez no lo fue, en el principal instrumento de extorsión de las élites ―el verdadero poder. Un presidente puede jugar a ser el hombre más poderoso del mundo, pero siempre hasta cierto límite. Si lo cruza, el sistema lo sustituye. Por eso las elecciones son tan importantes. No porque le den el poder al pueblo, sino porque funcionan como una extorsión permanente sobre quien gobierna. 

¿Hay algo nuevo? Algo. Entre los menores de treinta años el rechazo a Trump y a la política tradicional es abrumador. La Generación Gaza heredó deudas universitarias, alquileres imposibles y un planeta en llamas, mientras veía, en tiempo real, lo que los grandes medios llamaban “conflicto de Palestina”. Su opinión sobre el apartheid israelí ya era desfavorable años antes del ataque de Hamás de 2023; el genocidio la radicalizó. Como los estudiantes que presionaron contra el apartheid sudafricano en los 80, el último movimiento universitario fue un golpe moral que hoy se traduce en un nuevo grupo de políticos exitosos. El apoyo incondicional a Israel dejó de ser un consenso bipartidista y se convirtió en un cuestionamiento que alcanzó al mismo capitalismo como dogma. 


Esa generación ya tiene rostros. Zohran Mamdani ganó la alcaldía de Nueva York con el aparato demócrata en contra. Jon Ossoff ganará una banca en el senado en la conservadora Georgia. En Michigan, Abdul El-Sayed, hijo de inmigrantes egipcios, el doctor que defendió “Salud para todos”, resistió una guerra cultural contra su nombre y su religión, y no le tembló la voz para condenar las guerras en Irán y Palestina, se convertirá en el primer senador musulmán. En Texas, donde los demócratas no ganan el Senado desde 1988, James Talarico, exmaestro de 36 años, quien hizo campaña contra los donantes millonarios, con su cristianismo que recuerda más a la Teología de la liberación que a los Predicadores de la prosperidad, podría ganar el Senado.

Lo nuevo no es que estos políticos de izquierda existan, sino que ahora pueden ganar. Hasta Trump ha sugerido terminar con los 3.800 millones de dólares anuales de ayuda militar a Israel (dinero que vuelve a los fabricantes de armas estadounidenses) es una vieja maniobra, pero indica que hasta el poder más reaccionario empieza a hablar el idioma de la Generación Gaza. 

Luego de la derrota, Trump hará lo que hace un buen vendedor: mientras se hunde vende su salvavidas. Como cuando Bolsonaro perdió en Brasil, mentirá que no se involucró. Es la narrativa del empresario, pero también la del religioso: si un rayo cae sobre un templo, es “una prueba divina”; si cae sobre un sindicato, es “un castigo de Dios”. La fe nunca se ajusta a los hechos; los hechos se ajustan a la fe.

La primera tentación de los demócratas triunfantes será el impeachment. Probablemente no les convenga. Destituir a un presidente requiere dos tercios del Senado, y un juicio fallido convertiría a Trump en héroe o mártir. Es más probable que, con el control de comités en el Congreso, crezca la presión para desclasificar los archivos Epstein. Si a una revelación grave se sumara la necesidad psicoanalítica de matar al padre en decadencia, el juicio político dejaría de ser impensable hasta para los republicanos.

En el frente externo, el peligro es la distracción. Washington e Israel preparan planes para reanudar los ataques contra Irán, porque cuando un gobierno pierde en casa, la solución está en victorias afuera. La guerra es la forma más antigua de cambiar de tema. También de sostener una economía que crece para unos pocos.

La verdadera batalla de 2028 no será entre demócratas y republicanos, sino dentro del Partido Demócrata. El aparato y sus donantes intentarán lo de siempre con los rebeldes: absorberlos, domesticarlos o financiar a sus rivales en las primarias. Del otro lado, el vicepresidente JD Vance (un candidato fabricado por Silicon Valley, con una biografía ficticia) o el secretario Marco Rubio (con su historial de ejecuciones sumarias en el Caribe y de niños muertos en los hospitales de Cuba), tendrán que vender otra versión de Make America Great Again, un dogma que no resiste ninguna rendición de cuentas.

El problema central no es un presidente ni un partido, sino una estructura que concentra la riqueza a un ritmo sin precedentes y la convierte en medios, plataformas, campañas y leyes. La redistribución, demonizada como socialismo, es lo que menos se discute. Algunas elecciones se pueden perder; la obscena acumulación de capital nunca está en duda.

Sin reformas profundas y sostenidas, los años 40 verán una intifada social hoy impensable, no porque los pueblos sean violentos, sino porque cuando los poderosos les cierran todas las puertas a las reformas, la justicia social encuentra sus 1789.

Los nuevos demócratas de la Generación Gaza pueden ganar una elección. Lo que no han ganado, todavía, es la oportunidad de cambiar lo que una o dos elecciones nunca cambiarán. Si no lo hacen ellos, lo hará la historia desatada, que es mucho menos amable.

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miércoles, 4 de noviembre de 2026

LOS DEMÓCRATAS TOMAN EL CONTROL TOTAL DEL CONGRESO DE EE. UU. EN UN DURO GOLPE A TRUMP.

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“DEMÓCRATAS DERROTAN A LOS REPUBLICANOS DE TRUMP EN LAS ELECCIONES INTERMEDIAS 2026 Y TOMAN EL CONTROL TOTAL DEL CONGRESO DE EE. UU. Los resultados de las elecciones de medio término castigan la gestión del presidente Los demócratas toman el control total del Congreso de EE. UU. en un duro golpe a Trump.  La derrota pone en jaque a Trump, que ya venía golpeado por la economía y la guerra con Irán. LA oposición logra una victoria histórica en las elecciones intermedias 2026 al ganar el Senado, con triunfos clave en Texas y Kansas, y recuperar la Cámara de Representantes. El Partido Demócrata logró un cambio histórico al asegurar la mayoría en el Senado tras ganar en bastiones clave como Texas y Kansas, donde el candidato azul no triunfaba desde hace décadas.

"Esta victoria, impulsada por el descontento de los electores con la administración de Donald Trump, se sumó a la recuperación de la Cámara de Representantes. Según las proyecciones de las cadenas CNN y NBC News, "la oposición sumó sus primeras victorias en las elecciones intermedias de Estados Unidos del 3 de noviembre y recuperaría el control de la Cámara de Representantes", un resultado que concluye con dos años de hegemonía republicana en el Capitolio. Durante la jornada comicial se renovaron 435 escaños parlamentarios y 35 bancas senatoriales en todo el territorio estadounidense. Aunque la contienda por la Cámara Alta mostró cifras muy disputadas en sus primeras horas, los triunfos del bloque opositor en zonas históricamente conservadoras inclinaron de forma definitiva la balanza institucional. Con este triunfo legislativo doble, el oficialismo enfrenta la recta final del mandato presidencial con un contrapeso total en el Poder Legislativo.

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Trump dijo que el partido republicano habría ganado por un “margen aplastante” si él hubiera sido candidato AFP. AFP

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LOS DEMÓCRATAS TOMAN EL CONTROL TOTAL DEL CONGRESO DE EE. UU. EN UN DURO GOLPE A TRUMP.  

Los resultados de las elecciones de medio término castigan la gestión del presidente.

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Los demócratas ganaron varios bastiones republicanos como Kansas, Texas y Carolina del Sur. La derrota pone en jaque a Trump, que ya venía golpeado por la economía y la guerra con Irán.

Por. Guido Vasallo.

Fuente. Página /12 miércoles 4 de noviembre del 2026.

Los demócratas tomaron el control de ambas cámaras este martes, según las proyecciones de los medios estadounidenses, provocando una derrota contundente de los republicanos del presidente Donald Trump en las elecciones de medio término. Después de quedarse con la mayoría en la Cámara de Representantes, los demócratas ganaron varios bastiones republicanos como Kansas, Texas, Carolina del Norte, Carolina del Sur o Iowa, con lo que podrán restringir considerablemente los poderes del presidente estadounidense durante el resto de su mandato.

En vivo. Dura derrota de Trump en las elecciones de Estados Unidos.

El partido republicano se vio visiblemente afectado por la creciente impopularidad de Trump, los efectos de sus políticas y la guerra iniciada por EE.UU. e Israel contra Irán hace más de ocho meses. En su primera reacción pasada la medianoche, Trump afirmó que el partido republicano habría ganado por un “margen aplastante” si él hubiera sido candidato.

Los demócratas festejaron en Virginia, Massachusetts, Delaware, Nueva Jersey, Rhode Island e Illinois, estados que se presentaban como victorias claras para los demócratas en su carrera por el Senado. Los republicanos retenían varios de los escaños del Senado en los que tradicionalmente se imponen, entre ellos los de Florida, Virginia Occidental, Wyoming y Tennessee. Estos comicios ponían en juego 35 escaños de la Cámara Alta, los 435 de la Cámara de Representantes y más de 30 gobernaciones estatales.

La derrota republicana en el Senado abre la puerta a un nuevo intento de destitución de Trump, tras las dos votaciones de censura que sufrió en su primer mandato (2017-2021). Trump aseguró que estaba dispuesto a convertirse en “Mr Veto” y bloquear las iniciativas legislativas de un Congreso opositor, lo que elevaría aún más la temperatura política del país.

Gabriel Puricelli, coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas, dijo en diálogo con Página/12: “Trump le hace pagar al partido republicano el alto costo de sus dos promesas incumplidas más reprochadas por sus votantes: la suba de los precios con más impacto en el consumo de los hogares y las nuevas guerras y agresiones a otros países”.


Las disputas clave en el Senado.

Los primeros resultados llegaron desde el estado sureño de Virginia, donde el senador demócrata Mark Warner, que buscaba la reelección, ganó las elecciones derrotando al republicano Bert Mizusawa con el 59 por ciento de los votos. CNN recordó que la victoria de Warner se produce en un estado con una de las mayores concentraciones de empleados federales, quienes sufrieron en carne propia las consecuencias de los recortes presupuestarios de Trump al inicio de su segundo mandato.

El senador demócrata Jon Ossoff retuvo su escaño en Georgia, un estado en el que Trump ganó en las elecciones de 2024 y que llegó a las urnas tras un récord de participación anticipada. Ossoff, el senador más joven del país y una de las figuras demócratas mencionadas como posible aspirante a la candidatura presidencial de 2028, venció al republicano Mike Collins sumando más del 65 por ciento de los votos, de acuerdo con el recuento parcial de votos.

En un resultado histórico, James Talarico se convirtió en el primer senador demócrata elegido por Texas en 38 años. La demócrata Annie Andrews ganó sorpresivamente la elección al Senado por Carolina del Sur frente a la republicana Darline Graham, según las proyecciones de las cadenas CNN y NBC News. El último demócrata que ganó una elección al Senado por ese estado del sudeste fue Firtz Hollings en 1998.

El candidato demócrata por Nuevo Hampshire al Senado, Chris Pappas, venció a su rival republicano y se convertirá en el primer hombre abiertamente gay en el Senado estadounidense. La republicana Ashley Moody ganó la banca en el Senado estadounidense que dejó Marco Rubio tras asumir como secretario de Estado del presidente Donald Trump, en una reñida contienda contra la demócrata Angie Nixon. El otro triunfo republicano, al cierre de esta edición, se daba en Virginia Occidental.

Cabe destacar también a la demócrata Gina Hinojosa, quien se convertirá en la primera gobernadora latina de Texas, poniendo fin a más de tres décadas de dominio republicano en el cargo. Por su parte el republicano Byron Donalds fue elegido nuevo gobernador de Florida tras imponerse al demócrata David Jolly, y se convertirá en el primer mandatario negro en la historia de ese estado.

Los datos preliminares de boca de urna y de voto por adelantado apuntaban a una mayor participación con respecto a 2022 en estados considerados clave para el control del Senado. Más de 60 millones de estadounidenses votaron ya por anticipado, casi 15 millones más que en las elecciones de medio mandato de 2022.

Gonzalo Fiore Viani, doctor en Relaciones Internacionales (CONICET), aseguró a este diario:

“Los primeros resultados arrojan una clara debacle en el ala trumpista del partido republicano. Los demócratas están logrando un verdadero tsunami azul. Todo indica que serán dos años complejos para lo que queda de la administración Trump”. Según Fiore Viani “va a haber una reorganización dentro del propio partido republicano”, mientras que “los posicionamientos internacionales de EE. UU. también se encuentran en crisis”.


Trump en el centro del ring.

A medida que se cierran las urnas y el optimismo republicano flaquea, los funcionarios de la Casa Blanca insisten en que Trump no interferirá en las elecciones declarando la ley marcial ni instando a los funcionarios a no certificar los resultados electorales. Trump trató de movilizar a su base con más de dos docenas de actos de campaña desde principios de octubre, la gran mayoría en estados en los que ganó fácilmente en 2024, lo que pone de relieve hasta qué punto los republicanos estaban a la defensiva.

Las encuestas de opinión muestran que lo que más preocupa a los votantes es la economía hogareña y que desaprueban la gestión de Trump en este tema, después de que su política arancelaria y su decisión de atacar Irán en febrero aumentaran los costos dentro del país. Los candidatos republicanos, por su parte, tuvieron dificultades para distanciarse de un presidente que exige lealtad y rara vez reconoce sus errores.

Trump enfrenta el peor índice de popularidad de un presidente a medio mandato, con cerca de un 70 por ciento de desaprobación. El 53 por ciento de los votantes latinos se declararon “extremadamente motivados” para acudir a las urnas, una suba considerable si se compara con el 41 por ciento de hace cuatro años, según el centro de estudios Pew. Trump ganó casi la mitad de esos votos en 2024. Ahora solo el 24 por ciento de los votantes de esa importante minoría aprueba su gestión de gobierno. “Va camino de perder todo lo ganado entre los latinos en 2022 como consecuencia de las deportaciones masivas indiscriminadas”, remarcó Puricelli a este diario.

La posible reacción de Trump.

Una Cámara de Representantes o un Senado demócratas podrán iniciar investigaciones sobre los “negocios en beneficio propio” —según los demócratas— en el gobierno de Trump y exigir concesiones para aprobar leyes. Un Senado demócrata también tendrá el poder de bloquear los nombramientos de Trump, incluidas las candidaturas a la Corte Suprema de Estados Unidos si surgieran vacantes.

Según una encuesta del Instituto de Estudios Gubernamentales de la UC Berkeley, el 63 por ciento de los votantes del estado de California, bastión demócrata, temen que el gobierno de Trump intente frenar el recuento de votos tras las elecciones de este martes. ¿El republicano tiene algún margen para volver a agitar el fantasma del fraude o las irregularidades si se confirma una derrota contundente?

“No tiene margen en los hechos”, aseguró Puricelli, aunque, agrega, “alguien que no aceptó aún haber perdido la presidencial del 2020 es probable que cuestione todo. No hay que olvidar que el movimiento MAGA pasó los últimos seis años ubicando leales en juntas electorales, secretarías de estado y otros organismos estaduales encargados de certificar resultados electorales. Ningún grupo político invierte tanto tiempo y esfuerzo en acumular semejante poder de fuego si no está dispuesto a usarlo”.

Trump recibió el martes por la noche a miembros del gabinete y asesores políticos en el Salón Este de la Casa Blanca, para seguir de cerca los resultados. Su humor no parecía ser el mejor, ya que arremetió contra Fox News por una encuesta sobre las elecciones de medio mandato en las que vio “un ataque premeditado” contra sus políticas. La encuesta de la cadena, cercana a Trump, mostraba que el 87 por ciento de los ciudadanos consultados estaban preocupados por el precio de los combustibles y un 68 por ciento desaprobaba la gestión presidencial.

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martes, 3 de noviembre de 2026

ESTADOS UNIDOS: MÁS QUE EL CONGRESO EN JUEGO.

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“La diversidad del electorado estadounidense constituye otro elemento que puede influir en el resultado. Los votantes latinos, los trabajadores sin título universitario, los electores de las zonas suburbanas y los independientes no conforman bloques homogéneos: sus prioridades pueden variar según el estado, la situación laboral, la edad y las circunstancias familiares. Por ejemplo, para estas elecciones se observa una amplia movilización del electorado latino que después de ser crucial en la victoria de Trump en noviembre de 2024, está inclinándose hacia el lado demócrata en 2026. Citada en la prensa local, la presidenta de la organización Voto Latino, María Teresa Kumar, describió el alcance de esta participación durante una reciente conferencia virtual. “No estamos viendo un goteo. Es el tsunami que Voto Latino venía pronosticando. Los votantes latinos están acudiendo a sufragar de forma anticipada porque saben exactamente lo que está en juego: no es un debate abstracto, es absolutamente personal”, advirtió.

"Las elecciones de medio término no determinan quién ocupa la presidencia, pero pueden modificar sustancialmente las condiciones en las que un mandatario ejerce su poder. Si los demócratas recuperan una o ambas cámaras, tendrían mayores herramientas para supervisar a la administración, influir en el presupuesto y negociar o bloquear iniciativas legislativas. Si, por el contrario, los republicanos mantienen el control, Trump conservaría un entorno parlamentario más favorable para impulsar su agenda, aunque no sin obstáculos para aprobar iniciativas.

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Trump se juega em control del Congreso en las Elecciones de medio Término de Estados Unidos.
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ESTADOS UNIDOS: MÁS QUE EL CONGRESO EN JUEGO.

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Washington (Prensa Latina) Estados Unidos tendrá elecciones de medio término hoy 3 de noviembre en un escenario de creciente tensión política, con la economía como centro de las preocupaciones de votantes y el control del Congreso en la mira de republicanos y demócratas.

Fuente. Prensa Latina. martes 3 de noviembre del 2026.

18:14 ( UTC -05:00 )

Por Deisy Francis Mexidor

Corresponsal jefa en Estados Unidos

Pero más que una renovación de bancadas en la totalidad de la Cámara de Representantes, 435 asientos, y en 35 de las 100 butacas del Senado, los comicios constituirán una prueba para el liderazgo del presidente Donald Trump y para la disposición de los electores a respaldar o cuestionar el rumbo de la actual administración republicana.

Para no pocos observadores, la economía será el principal examen que deberán pasar los dos partidos.

El debate de fondo pasa por el costo de la vida, la inmigración, la gestión presidencial y el dinero que mueve la campaña. Proyecciones de OpenSecrets alertan que el gasto total podría rondar los 11 mil 900 millones de dólares, una cifra récord en este tipo de comicios.

Recuerdan informes de prensa que los candidatos y los partidos compiten en un ecosistema donde también pesan los Super PACs, los grandes donantes y las reglas sobre el financiamiento electoral.

La inflación, los precios de los combustibles, la situación del empleo y el acceso a servicios esenciales inciden directamente en la percepción ciudadana sobre el desempeño del Gobierno.

Será entonces la economía el pase de factura y en este contexto, para votantes descontentos la guerra contra Irán está asociada directamente con las dificultades del día a día.

David Swanson, cofundador y director ejecutivo de la organización pacifista World BEYOND War, dijo a Prensa Latina que si se analiza en más detalle la causa fundamental de tales problemas, es el desvío de enormes sumas de dinero hacia el presupuesto militar y los bolsillos de los más ricos, cuando deberían destinarse al gasto público útil.



EN EL RANGO DE LAS PROBABILIDADES.

Swanson afirmó que este 3 de noviembre es probable que algunas personas que votaron por Donald Trump en 2024 -considerándolo un supuesto ‘candidato de la paz’- lo hagan ahora en contra de cualquier miembro de su formación, vista como el ‘partido de la guerra’.

“Otros, en cambio, considerarán que el esfuerzo es inútil y optarán por abstenerse”, enfatizó.

La buena noticia es que esta apertura hacia un nuevo enfoque podría propiciar la elección de un número sin precedentes de representantes y senadores mucho mejores -quizás una docena aproximadamente-, lo que permitiría -al menos en teoría- que un bloque de legisladores progresistas ejerciera influencia durante el próximo año, comentó.

Estos se enfrentarían tanto a la cúpula de su propio partido como al de Trump, agregó.

Sobre las políticas migratorias del presidente Trump, especialmente las redadas y las deportaciones, Swanson comentó que el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) goza de una impopularidad aún mayor que las guerras en el extranjero.

“Quienes proponen su abolición (del ICE) -o la del Departamento de Seguridad Nacional en su totalidad- saldrán beneficiados por ello. De hecho, obtendrían un beneficio aún mayor si formaran parte de un partido que plantee, de manera creíble, la posibilidad de tomar tales medidas”, señaló.

Según Swanson, “el maltrato a los inmigrantes es la única gran promesa de campaña que Trump ha cumplido; sin embargo, para aquellos votantes que realmente creyeron que maltratar a los inmigrantes mejoraría sus propias vidas, el espejismo se está disipando, ya que sus condiciones de vida no han mejorado”.

Por otro lado, muchos electores que antes no prestaban mucha atención han sido testigos de estos abusos y, en consecuencia, han pasado a oponerse a ellos, expresó al insistir que

“cualquier intento de militarizar los centros de votación resultará, probablemente, muy impopular, además de intimidatorio”.

Espero que cualquier manipulación flagrante de los resultados electorales, que exija a gritos una respuesta mediante protestas masivas y no violentas, derive precisamente en eso; aunque, cabe señalar, tal posibilidad se verá obstaculizada por la intimidación y la deportación de muchos de nuestros mejores activistas: los inmigrantes, concluyó.


DE PREFERENCIAS ELECTORALES.

Para algunos analistas, la verdadera dimensión de esta elección reside precisamente en que no solo se decidirá quién ocupará los escaños del Congreso, sino también qué margen político tendrá la Casa Blanca y qué capacidad demostrará la oposición para transformar sus críticas en una alternativa legislativa.

Las encuestas -que solo son instrumentos para medir tendencias en un momento específico y jamás sustituirán a las urnas- han ido ofreciendo una fotografía de las preferencias actuales. Consistentemente muestran en el rango de las probabilidades que los demócratas podrían convertirse en una ola en este 2026.

Uno de los sondeos más ilustrativos se aplicó entre finales de septiembre y principios de octubre por el Pew Research Center, y encontró que el 84% de los votantes registrados consideró a la economía un asunto muy importante para decidir su voto.

La proporción alcanzó el 88% entre quienes respaldan a los candidatos demócratas y el 82% entre los simpatizantes republicanos.

El estudio, que reveló también un descenso en la aprobación general del presidente Trump, advirtió que, aunque los electores discrepen sobre las soluciones, la situación económica representa una preocupación compartida.

Además, el Pew Research Center registró una ventaja de ocho puntos porcentuales para los candidatos demócratas en la preferencia general por el Congreso al obtener 44% frente al 36% los republicanos entre los votantes registrados.

“Todos tenemos que salir a votar”, expresó Amanda Saunders, afroamericana residente en Washington DC y votante demócrata, a esta reportera.

“Si me preguntas por qué voto, pues mi respuesta es simple: los precios en los supermercados y la inflación que estamos viviendo ahora mismo son como una depresión silenciosa para nosotros”.

Cambiar el ritmo de las cosas ahora mismo en la economía y en el gobierno -añadió Saunders- requiere salir a votar. “Yo lo hice ya”, subrayó.

Según las estadísticas, este año el voto anticipado alcanza números récord. Cerca de 55 millones, superando ampliamente los 46 millones registrados antes de los comicios de 2022.

El Laboratorio de Elecciones de la Universidad de Florida reveló que existe un aumento de la participación previo a la jornada electoral, con más de la mitad de las papeletas emitidas de manera presencial.


OTROS ELEMENTOS PARA VALORAR.

La diversidad del electorado estadounidense constituye otro elemento que puede influir en el resultado. Los votantes latinos, los trabajadores sin título universitario, los electores de las zonas suburbanas y los independientes no conforman bloques homogéneos: sus prioridades pueden variar según el estado, la situación laboral, la edad y las circunstancias familiares.

Por ejemplo, para estas elecciones se observa una amplia movilización del electorado latino que después de ser crucial en la victoria de Trump en noviembre de 2024, está inclinándose hacia el lado demócrata en 2026.

Citada en la prensa local, la presidenta de la organización Voto Latino, María Teresa Kumar, describió el alcance de esta participación durante una reciente conferencia virtual.

“No estamos viendo un goteo. Es el tsunami que Voto Latino venía pronosticando. Los votantes latinos están acudiendo a sufragar de forma anticipada porque saben exactamente lo que está en juego: no es un debate abstracto, es absolutamente personal”, advirtió.

Las elecciones de medio término no determinan quién ocupa la presidencia, pero pueden modificar sustancialmente las condiciones en las que un mandatario ejerce su poder.

Si los demócratas recuperan una o ambas cámaras, tendrían mayores herramientas para supervisar a la administración, influir en el presupuesto y negociar o bloquear iniciativas legislativas.

Si por el contrario, los republicanos mantienen el control, Trump conservaría un entorno parlamentario más favorable para impulsar su agenda, aunque no sin obstáculos para aprobar iniciativas.

El 3 de noviembre no ofrecerá una respuesta definitiva a la profunda división y polarización que corroe a la sociedad estadounidense, pero sí establecerá una nueva correlación de fuerzas en Washington y revelará hasta qué punto los votantes escogerán entre mantener el rumbo actual o introducir cambios en el ejercicio del poder.

Trump matizó hace poco aquello de “la edad de oro de Estados Unidos” anda a la vuelta de la esquina. El mensaje de la bonanza prometida y los bajos precios desde el primer día de su gobierno chocan casi dos años después con la realidad de los bolsillos estresados.

Cerca de 250 millones de electores en el norteño país están convocados a decidir la próxima mayoría en el próximo Congreso -el número 120-, cuya inauguración será el 3 de enero de 2027.

arb/dfm

#congreso #Donald Tump #republicanos

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