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“La Sociología de los BRICS analiza
cómo el bloque de potencias emergentes (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica
y sus nuevos miembros ampliados en BRICS+) reconfigura las relaciones sociales,
las desigualdades globales, las identidades del Sur Global y las estructuras de
poder frente a la hegemonía occidental”.
“VARIAS POTENCIAS NO GARANTIZAN UN MUNDO JUSTO. La palabra «multipolaridad», habitualmente relacionada con
los BRICS, describe un mundo donde varias potencias
tienen capacidad para influir en las decisiones internacionales. Puede
sonar prometedor frente a un orden dominado por una sola. Pero no
explica cómo gobiernan esas potencias ni qué hacen con el poder
que consiguen. Antes de la Primera Guerra Mundial ya
existían varios grandes imperios. Competían por colonias, mercados y
recursos, mientras millones de personas permanecían sometidas. Su
coexistencia no impidió la guerra. La historia no tiene por qué repetirse
exactamente, pero enseña que repartir el poder entre más Estados no
basta para terminar con la dominación.
“Nueva Delhi ha confirmado que
hay gobiernos capaces de disputar privilegios occidentales. Esa
disputa puede abrir oportunidades que sería absurdo despreciar. Pero
aprovecharlas en beneficio popular requiere organización, derechos y
capacidad para intervenir en las decisiones económicas. Ninguna de esas
potencias hará automáticamente ese trabajo por quienes viven de su
salario. Por eso, apoyar la resistencia frente a las agresiones
de Estados Unidos no obliga a justificar todo lo que hagan sus
competidores. Los trabajadores necesitan defender sus intereses
también frente a los empresarios de su propio país. El cambio decisivo llegará
cuando puedan decidir qué se produce, para qué y cómo se reparte. Tener
más banderas alrededor de una mesa no resuelve quién sigue quedándose con
el fruto de su trabajo.
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Fuentes: Canarias semanal.
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LA CUMBRE DE LOS BRICS Y EL ESPEJISMO DE LA EMANCIPACIÓN «POR
ARRIBA»
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Por Manuel
Medina | 15/09/2026 | Economía
Fuentes. Revista rebelión martes 15 de septiembre del 2026.
La cooperación entre los gobiernos del
BRICS abre nuevas posibilidades comerciales y financieras sin por ello acabar
con las desigualdades dentro de sus países
Los BRICS quieren que Estados Unidos y Europa
«manden menos» en la economía mundial. ¿Pero significa eso que automáticamente
sus trabajadores vivirán mejor? Los acuerdos de Nueva Delhi sobre
monedas, préstamos y comercio permiten explicar qué puede cambiar y qué seguirá
siendo igual si la riqueza sigue permaneciendo en las mismas manos.
Los pasados días 12 y
13 de septiembre se reunieron, en Nueva Delhi, los gobiernos de
los «países BRICS» con la finalidad de
tomar acuerdos que les permitan ampliar el comercio en monedas nacionales,
mejorar las conexiones entre sus sistemas de pagos y reclamar
reformas en las instituciones económicas internacionales.
Por otra parte, la Cumbre celebrada,
también ha servido para mantener conversaciones entre gobiernos
enfrentados en y por la guerra en Oriente Próximo.
Pero antes
de ofrecer más información sobre esta cumbre conviene recordar quiénes son
los BRICS. Se trata de una agrupación de naciones cuyo
nombre reúne las iniciales de Brasil, Rusia, India, China y
Sudáfrica —esta última, por su nombre en inglés, South África—.
Con el tiempo se han incorporado otros países, aunque el grupo ha conservado
esas mismas siglas.
Sus gobiernos coinciden en que Estados
Unidos y las potencias europeas continúan conservando demasiado poder
para decidir sobre asuntos que afectan a todos. Desean cambiar ese
reparto y disponer de más libertad para comerciar, invertir y
defender sus intereses.
Hasta aquí, la idea resulta muy comprensible. La dificultad empieza cuando se supone que ese cambio traerá necesariamente una vida mejor para sus respectivos pueblos. Para averiguarlo, hay una interrogante que debe responder a una pregunta sencilla, pero también clave: cuando decimos que un país gana, ¿quién gana dentro de ese país?
CUBA. Estuvo presente en la Cumbre de los BRICS en Nueva Delhi. India.
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QUERER QUE WASHINGTON MANDE MENOS
TIENE RAZONES.
La simpatía que en
la actualidad despiertan los BRICS no ha surgido de la nada.
Muchos países conocen lo que significa depender de decisiones tomadas
fuera de sus fronteras. Si necesitan un préstamo, pueden encontrarse con
exigencias que afectan a sus servicios públicos. Si una potencia bloquea
sus pagos internacionales, pueden tener dificultades para comprar productos
necesarios, aunque dispongan de dinero.
Por eso importa mucho
contar con otras opciones. Un gobierno que puede acudir a distintos
prestamistas tiene más posibilidades de negociar. Un país que
dispone de varios compradores para sus exportaciones depende
menos de que uno de ellos deje de comprarle. Esa mayor libertad puede ayudar
a resistir presiones.
Pensemos, por ejemplo,
en un agricultor obligado a vender toda su cosecha a un único comprador.
Si aparece otro, quizá consiga un precio mejor. Pero todavía necesitaremos
saber si el agricultor posee la tierra o la trabaja para un gran propietario.
En el segundo caso, el dueño puede cobrar más por la cosecha sin aumentar
el salario de quienes la recogieron. Con el comercio entre países ocurre
algo parecido: las ventajas no se reparten solas.
«La Cumbre de Nueva Delhi permite entender por qué comerciar con otras monedas y conseguir nuevos prestamistas no equivale a transformar la sociedad»
¿QUÉ SIGNIFICA COMERCIAR SIN DÓLARES?
Uno de los acuerdos
de Nueva Delhi busca facilitar los pagos en monedas
nacionales. Esto no significa que haya nacido una moneda común de
los BRICS. La delegación india precisó que no existe
actualmente una propuesta de ese tipo. Se trata de hacer más sencillos y
baratos los pagos entre países utilizando las monedas que ya tienen.
Para entenderlo,
imaginemos una empresa
brasileña que compra maquinaria china. Aunque ninguna de
las dos empresas sea estadounidense, el pago puede hacerse en
dólares. Eso obliga a conseguir esa moneda y utilizar los
bancos y mecanismos necesarios para poder transferirla. Si pueden pagar
directamente en reales o yuanes, quizá reduzcan gastos y algunas
dependencias.
Pero pagar de otra manera no
resuelve todos los problemas. Quien recibe una moneda necesita poder
utilizarla después. Si vende mucho a un país y apenas le compra nada, puede
acumular dinero que no le resulte fácil gastar. Por eso hacen falta acuerdos y
mecanismos que funcionen, además de buenas intenciones.
Hay otra cuestión
todavía más importante. La empresa brasileña de nuestro ejemplo puede
ahorrar en el pago de su maquinaria y mantener los mismos salarios. La fábrica
china puede vender más sin reducir la jornada de sus trabajadores. Cambiar
de moneda puede, evidentemente, beneficiar al
negocio; pero para que beneficie también a los
empleados, hacen falta decisiones y fuerzas capaces de conseguirlo.
UN BANCO DIFERENTE, PERO
UN BANCO.
Los BRICS cuentan
también con el Nuevo Banco de Desarrollo, creado para financiar
infraestructuras y otros proyectos. Puede prestar
dinero para mejorar el transporte, el abastecimiento de agua o la energía.
Su estrategia también contempla financiar operaciones privadas y
conceder parte de sus créditos en monedas nacionales.
«Detrás de los acuerdos
entre gobiernos hay empresas, bancos y trabajadores cuyos intereses no
coinciden, aunque compartan bandera»
Disponer de esa
financiación puede ser muy útil. Una población que necesita agua
corriente no debería esperar indefinidamente porque los
prestamistas habituales no consideren prioritaria su obra. Pero, para
valorar un préstamo, hay que seguir el dinero hasta su destino. ¿Quién
recibe los fondos? ¿Quién construye? ¿Quién será dueño de
las instalaciones? ¿Cuánto pagarán los usuarios?
Por un momento,
imagine el lector una carretera. Puede comunicar pueblos
aislados y facilitar el acceso a un hospital. También
puede construirse principalmente para transportar minerales desde una mina
hasta un puerto. Incluso puede cumplir ambas funciones. Saber qué
banco la financia no basta para conocer cómo se repartirán sus
ventajas.
Además, el propio
banco necesita conseguir dinero y devolverlo a quienes se lo prestan.
Eso limita sus decisiones. En 2022, el Nuevo Banco de Desarrollo suspendió
nuevas transacciones en Rusia, uno de sus países fundadores,
ante las restricciones y la incertidumbre del momento. Este episodio
mostró claramente que tener un Banco propio no significa quedar fuera de
las presiones del sistema financiero internacional.
«El debilitamiento del
dominio occidental puede abrir oportunidades, pero su aprovechamiento depende
de quién controla la economía y quién decide sobre sus recursos».
QUIEREN MÁS PODER EN
LAS INSTITUCIONES EXISTENTES.
La Cumbre que
motiva este artículo, ha reclamado cambios en el Fondo
Monetario Internacional y el Banco Mundial. Son dos
instituciones económicas que tienen como cometido, entre otros,
prestar dinero a los países y tienen una gran influencia sobre
sus políticas económicas.
Los BRICS quieren que las economías emergentes tengan más voz en sus
decisiones. También han defendido el comercio
internacional frente a los aranceles impuestos
unilateralmente, es decir, los impuestos que un país cobra a determinados
productos extranjeros importados.
Sus gobiernos consideran que el reparto actual les
concede menos poder del que corresponde al tamaño de sus economías. Quieren participar
más en la dirección de esas instituciones y conseguir mejores condiciones
para sus actividades económicas. Esa aspiración no incluye acabar con el poder
de los grandes propietarios sobre las empresas y el trabajo.
Pero aquí conviene detenerse. Un
empresario puede enfrentarse a otro porque quiere una parte mayor del
negocio. Esa disputa puede ser muy dura, pero ambos pueden
coincidir en mantener bajos los costes laborales. La competencia
entre países tampoco elimina el conflicto entre propietarios y
trabajadores dentro de cada uno de ellos.
SENTARSE JUNTOS NO SIGNIFICA QUERER
LO MISMO.
La reunión entre
representantes de Irán y Emiratos Árabes Unidos ayuda a
entender otra característica del grupo. Ambos aceptaron una declaración que pide contención y protección
de la población civil. El presidente iraní se reunió
además con el príncipe heredero de Abu Dabi. Fue un contacto
diplomático importante entre países enfrentados por la guerra, aunque no
resolvió sus diferencias.
Los BRICS permiten
mantener conversaciones y alcanzar acuerdos concretos. Sin embargo, sus
miembros no forman un equipo que actúe siempre con un mismo propósito. Cada
gobierno protege sus alianzas, sus empresas y sus necesidades.
Pueden colaborar en un asunto y competir en el siguiente.
China necesita compradores para
sus productos. India quiere desarrollar sus propias
industrias, que pueden competir con las chinas. Los exportadores de
energía buscan clientes, mientras los compradores buscan
precios favorables. Compartir unas siglas no hace desaparecer esas
diferencias. Tampoco convierte a todos sus integrantes en defensores
de las mismas causas.
UN PAÍS MÁS RICO PUEDE TENER TRABAJADORES
POBRES.
Cuando se anuncia que una
economía crece,
falta explicar cómo se reparte lo que produce. Las exportaciones
pueden aumentar mientras los salarios apenas avanzan. Una empresa
puede conquistar mercados extranjeros y exigir más esfuerzo a su
plantilla. El éxito que celebra un gobierno o determinadas clases sociales
puede ser percibido de manera muy distinta en una oficina de
dirección y en los asalariados de una fábrica.
Esto también
ocurre cuando un país vende materias primas a otro miembro de los BRICS. Si
exporta minerales baratos y compra después productos
industriales caros, puede seguir dependiendo de otros para obtener maquinaria y
tecnología. Cambiar de comprador no significa que controle una
parte mayor del negocio.
Para saber si
una relación comercial mejora esa situación, debemos mirar sus
resultados. ¿Se aprende a fabricar dentro del país? ¿Se crean
empleos con derechos? ¿Los ingresos permiten mejorar la sanidad y la
educación? ¿Las comunidades siguen conservando sus tierras? Estas
preguntas dicen infinitamente más sobre el desarrollo que una ceremonia de
firma de acuerdos.
VARIAS POTENCIAS NO GARANTIZAN
UN MUNDO JUSTO.
La palabra «multipolaridad», habitualmente
relacionada con los BRICS, describe un mundo donde varias
potencias tienen capacidad para influir en las decisiones internacionales. Puede
sonar prometedor frente a un orden dominado por una sola. Pero no
explica cómo gobiernan esas potencias ni qué hacen con el poder
que consiguen.
Antes de
la Primera Guerra Mundial ya existían varios grandes
imperios. Competían por colonias, mercados y recursos, mientras
millones de personas permanecían sometidas. Su coexistencia no impidió la
guerra. La historia no tiene por qué repetirse exactamente, pero enseña
que repartir el poder entre más Estados no basta para terminar con la
dominación.
Nueva Delhi ha
confirmado que hay gobiernos capaces de disputar privilegios
occidentales. Esa disputa puede abrir oportunidades que sería absurdo
despreciar. Pero aprovecharlas en beneficio popular requiere organización,
derechos y capacidad para intervenir en las decisiones económicas. Ninguna
de esas potencias hará automáticamente ese trabajo por quienes viven de su
salario.
Por eso, apoyar
la resistencia frente a las agresiones de Estados Unidos no
obliga a justificar todo lo que hagan sus competidores. Los trabajadores
necesitan defender sus intereses también frente a los empresarios de su
propio país. El cambio decisivo llegará cuando puedan decidir qué se
produce, para qué y cómo se reparte.
Tener más banderas
alrededor de una mesa no resuelve quién sigue quedándose con el fruto de
su trabajo.
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MANUEL MEDINA es
profesor de Historia, divulgador de temas relacionados con esa materia y
coautor de varios libros, entre los que se encuentran «El gran
reajuste» y «Los BRICS: Esperanza o ilusión», ambos de la Editorial
Semilla, y el último de próxima aparición en el curso del presente mes de
septiembre.
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