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“El Congreso Anfictiónico fue una asamblea diplomática que
se llevó a cabo en 1826 en la Ciudad de Panamá convocada por Simón Bolívar con el
objetivo de crear una confederación de repúblicas hispanoamericanas. La
idea era que esta unión política y militar sirviera para defender la
soberanía de los nuevos países, promover la cooperación y consolidar la
independencia frente a posibles amenazas externas. Sin embargo, el congreso
no logró sus objetivos principales debido a las rivalidades internas,
los desacuerdos entre los delegados y la falta de apoyo de algunas
naciones clave. Aunque sus resultados fueron limitados, es
considerado un antecedente importante del panamericanismo.
Ya la idea de crear una gran nación cuya extensión abarcara a
toda Hispanoamérica se
había originado con el prócer venezolano Francisco de
Miranda, quien propuso el nombre de Colombia para esa eventual
nación. Simón Bolívar, también, en la Carta de Jamaica de 1815 expresó:
"Es una idea grandiosa
pretender formar de todo el Nuevo Mundo en una sola nación con un
solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene su
origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente,
tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de
formarse; [...] ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese
para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que
algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los
representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre
los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras
tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna
época dichosa de nuestra regeneración..."
Simón Bolívar, Carta de Jamaica,
Kingston, 6 de septiembre de 1815
El congreso fue convocado por Simón Bolívar, desde Lima,
el 7 de diciembre de 1824 y el patriota peruano José
Faustino Sánchez Carrión, nombrado por Bolívar ministro de
Gobierno y Relaciones Exteriores del Perú, y quien compartía plenamente
con Bolívar el ideario de la unidad hispanoamericana, cursó a los gobiernos
americanos la invitación. Cuando, después de cien siglos, la
posteridad busque el origen de nuestro derecho público, y recuerden
los pactos que consolidaron su destino, registrarán con respeto los
protocolos del Istmo. En él, encontrarán el plan de las primeras
alianzas, que trazará la marcha de nuestras relaciones con el universo.
¿Qué será entonces el Istmo de Corinto comparado con el de Panamá? Simón
Bolívar, Convocatoria del Congreso de Panamá, Lima, 7 de diciembre de 1824.
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Fuentes: Rebelión.
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CONGRESO
ANFICTIÓNICO DE PANAMÁ Y LOS IDEALES DE LA UNIÓN HISPANOAMERICANA.
Un bicentenario
oscuro.
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Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda | 10/06/2026 | América Latina y Caribe
Fuentes. Revista Rebelión miércoles 10 de junio del 2026.
En
este año se conmemora el bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá, que
expresó los ideales por la unión de la entonces Hispanoamérica, y que
contrastan con la situación que vive América Latina en la actualidad.
Dos siglos atrás vivíamos la culminación de los procesos independentistas frente al coloniaje español. Al mismo tiempo nacía una identidad hispanoamericana inédita, por basarse precisamente en el ideal de libertad y el deseo por forjar naciones con gobiernos propios. Francisco de Miranda (1750-1816) soñaba con la constitución de una “Colombia” hispanoamericana, una idea retomada por Simón Bolívar (1783-1830), quien logró fundar la República de Colombia en 1819, como primer paso para la unión de todos los territorios libres. En diciembre de 1824 convocó al Congreso Anfictiónico que se inauguró el 22 de junio de 1826 en Panamá. En su libro Diario del Congreso Anfictiónico de Panamá. Cronología de sus antecedentes, desarrollo y resultados (2025, https://t.ly/-8FVB) y en recientes conferencias en las que destaca por la promoción del bicentenario (https://t.ly/9y4Fz) y de las labores de ADHILAC, el historiador cubano Sergio Guerra Vilaboy da cuenta precisa de ese Congreso.
En
definitiva, el Congreso
se proponía integrar a la gigante región conocida como Hispanoamérica,
para garantizar su independencia, coordinar su defensa, arribar a
una confederación y liberar a Cuba y Puerto Rico. El peligro
provenía de la Santa Alianza y los proyectos de reconquista española.
Bolívar pensaba en la comunidad identitaria de Hispanoamérica y por eso
no incluía a Haití ni a Brasil. Rechazó la posibilidad
de participación de los Estados Unidos, aunque tuvo que ceder a
la invitación que había hecho Francisco de Paula Santander; pero,
en cambio, confiaba que invitar a Inglaterra con delegados
observadores, servía para frenar cualquier afán neocolonizador. Sin
embargo, Panamá no fue el mejor sitio para el Congreso y no
llegaron varias delegaciones, de modo que asistieron solo las
de Colombia (Venezuela, Colombia que incluía Panamá, y Ecuador),
también México, Centroamérica y Perú. Hubo resistencias del Río de la
Plata (Argentina). Aunque la reunión en Panamá concluyó el 15 de julio,
se decidió continuar las sesiones en Tacubaya, México. Pero
el Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua solo
fue ratificado por Colombia, mientras México y Centroamérica lo archivaron.
Además, surgieron problemas internos, como el anti bolivarianismo de
Perú o los problemas territoriales entre países nacientes, por lo
cual el Congreso terminó sus labores en 1829. Para Bolívar fue el
fin del ideal más grande de su vida. Tuvo que concentrarse en
procurar la unión de la Gran Colombia, que finalmente también se
disolvió. El desencanto de Bolívar fue total y su muerte sería la
expresión del fin de la Hispanoamérica unida en una gran nación.
Ahora
bien, la división de Hispanoamérica
en una veintena de países con sus respectivos intereses y
caminos de construcción de sus Estados nacionales impidió que durante
el siglo XIX pudiera articularse una geoestrategia común ante el ascenso
y desarrollo del capitalismo europeo y norteamericano. Desde el
mismo Congreso Anfictiónico, los EE. UU. desempeñaron un papel desestabilizador,
especialmente en Tacubaya, dejando en claro sus intereses
comerciales y permaneciendo “neutral” ante Cuba y Puerto Rico,
todavía colonias españolas y a pesar de la proclamada Doctrina Monroe
(1823). Gran Bretaña también estuvo claramente orientada a garantizar su
hegemonía comercial y naval, neutralizar la competencia de los EE. UU.
y sin apoyar a las independencias en el Caribe. América
Latina creció como región primario-exportadora, dependiente y con poderosas
oligarquías que dominaron largamente en los países, impidiendo la unidad
de intereses ante las potencias.
En
cambio, con el avance de las décadas
y de dos siglos, no se pudo impedir que surgiera
una conciencia de identidad común entre las sociedades latinoamericanas.
Sobre esa base se cultivó el ideal de la unión entre pueblos
considerados como hermanos. Algunos gobernantes lograron
expresarlo. El caudillo liberal ecuatoriano Eloy Alfaro incluso
pretendió revivir la Gran Colombia y en 1896 convocó a un Congreso
continental (se realizó en México) boicoteado por EE.
UU. Ese Congreso aprobó un contundente documento contra la Doctrina
Monroe, que debía sujetarse al derecho público americano y,
además, abogó por la independencia de Cuba y Puerto Rico.
El latino
americanismo social continuó
desarrollándose en el siglo XX. Y cada vez más los países y
sus historias o coyunturas específicas han pasado a ser
conocidas y compartidas, fortaleciendo la hermandad, a pesar de las
diferencias y hasta conflictos. Una época de convergencia
latinoamericanista inédita se produjo al iniciarse el siglo XXI con
los triunfos de gobiernos progresistas que caracterizaron la “marea
rosa” de la región. Entonces se articularon políticas y
geoestrategias comunes, con cuestionamientos a las “Cumbres de
las Américas” promovidas por EE. UU. y la consagración de la CELAC
como organismo propio de los países latinoamericanos. El ciclo
posterior, en cambio, ha demostrado que los gobiernos empresariales y
neoliberales que han ganado terreno en el continente no tienen
intención alguna de articular políticas y geoestrategias latinoamericanistas.
A todos interesan exclusivamente los buenos negocios, el mercado
norteamericano y las relaciones comerciales abiertas con cualquier otro
país del mundo, vistas como espacio para la ampliación de las
esferas simplemente empresariales. Los resultados sociales
de esas políticas son nefastos. Contrastan con ellos los avances de
los pocos gobiernos progresistas en la región.
A
esa realidad se ha sumado el segundo gobierno de Donald Trump (2025-hoy) que ha proclamado la Doctrina
Donroe con el Corolario Trump, según la cual
los EEUU no admitirán en el continente gobiernos disidentes ni la
presencia de intereses de los países a los que considera como adversarios,
a la cabeza de los cuales se ubica China, luego Rusia, pero
también los BRICS (https://t.ly/ljTqm). Bajo esas nuevas
orientaciones todos los países de América Latina y el Caribe están
amenazados. Además, el Secretario de Estado Marco Rubio ha declarado, en
forma abierta y directa:
“La Administración
Trump ya no tolerará regímenes marxistas
radicales en
nuestro hemisferio que busquen amenazar l
seguridad nacional
de EE. UU. y participar en operaciones de
influencia para
exportar su “revolución” venenosa y malvada a
nuestro país y al
resto del mundo”
(https://t.ly/ZyRmd).
Desde luego, se
refleja la reacción de una potencia que ha
perdido su anterior
hegemonía y se repliega sobre el
“hemisferio
occidental” (América) ante un mundo multipolar
que la ha desplazado.
En
el bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá nuestra América Latina vive una de las épocas más oscuras
de la historia contemporánea. La soberanía e independencia de cada
país están sujetas al nuevo americanismo donroísta. Y los gobiernos
empresariales de la región, con oligarquías en el poder o derechas
políticas a su servicio, no tienen problema alguno en subordinarse a
semejante posición.
Historia
y Presente – blog
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