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“Frente a los Papas europeos, que difícilmente podían entender
las realidades latinoamericanas, son
los Papas Francisco (2013-2025) y León XIV (desde 2025), los que mejor han comprendido al “Tercer Mundo”: el primero, por ser argentino y haber hecho su vida en el país de su origen, y el segundo, que siendo norteamericano, ejerció su misión en África y como Obispo de Chiclayo en Perú (2014-2023), hasta el llamado de Francisco para que ejerciera como Prefecto Dicasterio para los Obispos y Presidente de la Pontificia
Comisión para América Latina. Francisco supo valorar la TL y, en sus Encíclicas Laudato Sí (2015)
y Fratelli Tutti (2020)
también integró la visión ecológica,
la casa común de los seres humanos,
la crítica al mercado y la explotación que genera. León XIV ha impactado enormemente en el
mundo con su reciente Encíclica Magnifica
Humanitas (https://t.ly/Zw3Bx), cuyo eje está en los desafíos éticos, sociales y humanos de la
Inteligencia Artificial. Sus propuestas
son inéditas. El pontífice advierte sobre el “paradigma tecnocrático y el poder digital”, que se concentran en pocas manos. La idea
puede ser asimilada al concepto
paralelo que introdujo el economista
griego Yanis Varoufakis (Tecnofeudalismo: El sigiloso sucesor del capitalismo, 2024) al analizar el “tecnofeudalismo”
como era postcapitalista al servicio
de una élite de nuevos “señores feudales” que se apropian del trabajo general de quienes usan redes y tecnologías actuales. El Papa aboga por “desarmar”
la IA y la tecnología si se utilizan
como instrumentos de dominación. Y demanda solidaridad y paz, con iguales
críticas al afán desmedido de
acumulación de riqueza y concentración del poder.
“Estas actualizaciones de la DSI obviamente han despertado
las reacciones de la oligarquía
tecnológica que domina el mundo
y de aquellos que siguen viendo el
fantasma “comunista” y la supuesta inclinación
“política” de los dos últimos Papas
por el “Tercer Mundo” y los pobres. De
modo que en América Latina la DSI
también ha pasado a formar parte de
los “progresismos” perseguidos y odiados por el imperio del tecnocapital, el empresariado oligárquico regional y los gobiernos de las derechas políticas que los representan. De otro
lado, el Papa León XIV también ha
realizado críticas directas y públicas
a la administración de Donald Trump
por sus agresivas políticas
injerencistas como en Irán o
Venezuela, el recrudecimiento del
bloqueo a Cuba (mientras el exilio
cubano de Miami le exige
condenar al régimen de la isla), la persecución a los migrantes y el armamentismo del país bajo una «ilusión de omnipotencia», lo cual demuestra una clara conciencia histórica del Pontífice sobre el mundo
multipolar en marcha.
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Fuentes: Rebelión.
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DOCTRINA SOCIAL CATÓLICA PARA EL SIGLO XXI.
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Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda | 03/06/2026 | Opinión
Fuentes Rebelión miércoles 3 de junio del
2026.
Hay una trayectoria histórica muy importante de la que puede llamarse iglesia
popular en América Latina, anterior incluso a la formulación de la
Doctrina Social de la Iglesia Católica (DSI), que debe ser reconocida como
parte de los procesos de liberación social en la región.
En la historiografía tradicional fue una constante concebir a la iglesia
católica bien como eje de civilización espiritual desde la conquista y el
coloniaje (versión
conservadora) o bien como institución de oscurantismo
y opresión (versión liberal), a lo cual se sumó la versión marxista dogmática que simplemente redujo la religión a ser el “opio
del pueblo”. Pero fue el filósofo
Enrique Dussel (1934-2023) el primero
en cuestionar esas tradiciones ideológicas en su monumental Historia General de la Iglesia en
América Latina (https://t.ly/_XFIV), que coordinó con otros autores. Cabe
encontrar una dialéctica entre la
“Cristiandad opresora” y la “Iglesia
profética popular”, que ha permitido
entender no solo el vínculo de las
élites religiosas con el poder, sino la diferenciación marcada por una iglesia vinculada a la defensa de lo popular: en el siglo XVI las primeras críticas a la conquista y el coloniaje en manos de Bartolomé de las Casas, Antonio de
Montesinos y el obispo Vasco de Quiroga (organizó «pueblos-hospitales» en Michoacán
basados en la Utopía de
Tomás Moro); las misiones de
dominicos, franciscanos o jesuitas
en comunidades indígenas y pueblos “fronterizos”; en los siglos XVII y XVIII las Reducciones o Misiones Jesuíticas del
Paraguay, que crearon comunidades de
indígenas guaraníes autónomas;
el bajo clero durante las independencias, con figuras como Miguel Hidalgo y José María Morelos en
México; y, con mayor actualidad, las
Comunidades Eclesiales de Base (CEB) desde la década de 1960, que mantuvieron la resistencia especialmente contra las dictaduras militares de la Guerra Fría.
Puede entenderse que, en América Latina, si bien no surgió una DSI, si se configuraron momentos
históricos en los que se denunció el
sistema de opresión y explotación, incluyendo formulaciones teóricas y también prácticas, en defensa de las poblaciones sometidas y explotadas. Tampoco
puede sostenerse que la iglesia europea fuera
siempre monolítica y al servicio de la
opresión. Cabe recordar a los Padres
de la Iglesia (siglos IV y V)
como San Juan Crisóstomo, para quien «el rico es un ladrón»; los movimientos mendicantes del siglo XIII;
el Humanismo Cristiano del siglo XVI con
Tomás Moro; el catolicismo social
francés y alemán (siglo XIX); y,
finalmente, el nacimiento de la DSI.
El Papa León XIII (1878-1903), con su Encíclica Rerum Novarum (1891) fue el fundador de la DSI. Estaba en pleno avance el capitalismo europeo, de modo que el Papa defendió la dignidad de los trabajadores y la necesidad de su protección con derechos que impidan los abusos de la industrialización. Le siguió Pío XI (1922-1939) con Quadragesimo Anno (1931), quien retomó el tema obrero y, adicionalmente, condenó el fascismo, los totalitarismos y el marxismo (la Revolución Rusa triunfó en 1917). Pero el gran renovador fue Juan XXIII (1958-1963) con Mater et Magistra (1961), Pacem in Terris (1963) y la convocatoria al Concilio Vaticano II, que reformaron el culto y potenciaron la defensa de los derechos humanos y la paz mundial. Pablo VI (1963-1978) en Populorum Progressio (1967) habló de desarrollo integral contra la brecha entre países ricos y pobres. Juan Pablo II (1978-2005) escribió tres Encíclicas, exaltando la dignidad humana y el trabajo, condenando al “capitalismo salvaje”, pero, al mismo tiempo, convirtiéndose en un actor fundamental en el derrumbe de la URSS y en un radical cuestionador de la Teología de la Liberación nacida en América Latina.
En efecto, tras el Concilio Vaticano II, la Conferencia
del Episcopado Latinoamericano en Medellín (1968) consagró la Teología de la Liberación (TL). Entre sus teóricos cabe nombrar a: Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Hugo
Assmann, Jon Sobrino, Juan Luis Segundo, Hélder Câmara, Manuel Larraín, Marcos
McGrath. Y el eje doctrinario fue la
“opción preferencial por los pobres” y la denuncia de las “estructuras
de pecado” contra las que era
socialmente lícito combatir. Desde sus inicios, la TL fue atacada de “comunista”
incluso porque sus mentores aceptaron
el marxismo como método de investigación socioeconómica;
pero, sobre todo, porque la opción por
los pobres fue determinante en el surgimiento
de las CEB y una potente Iglesia popular en toda Latinoamérica.
Frente a los Papas europeos, que difícilmente podían entender
las realidades latinoamericanas, son
los Papas Francisco (2013-2025) y León XIV (desde 2025), los que mejor han comprendido al “Tercer Mundo”: el primero, por ser argentino y haber hecho su vida en el país de su origen, y el segundo, que siendo norteamericano, ejerció su misión en África y como Obispo de Chiclayo en Perú (2014-2023), hasta el llamado de Francisco para que ejerciera como Prefecto Dicasterio para los Obispos y Presidente de la Pontificia
Comisión para América Latina.
Francisco supo valorar la TL y, en sus Encíclicas Laudato
Sí (2015) y Fratelli
Tutti (2020) también integró la
visión ecológica, la casa común de
los seres humanos, la crítica al
mercado y la explotación que
genera. León XIV ha impactado
enormemente en el mundo con su reciente Encíclica Magnifica
Humanitas (https://t.ly/Zw3Bx), cuyo eje está en los desafíos éticos, sociales y humanos de la
Inteligencia Artificial. Sus propuestas
son inéditas. El pontífice advierte sobre el “paradigma tecnocrático y el poder digital”, que se concentran en pocas manos. La idea
puede ser asimilada al concepto
paralelo que introdujo el economista
griego Yanis Varoufakis (Tecnofeudalismo: El sigiloso sucesor del capitalismo, 2024) al analizar el “tecnofeudalismo”
como era postcapitalista al servicio
de una élite de nuevos “señores feudales” que se apropian del trabajo general de quienes usan redes y tecnologías actuales. El Papa aboga por “desarmar”
la IA y la tecnología si se utilizan
como instrumentos de dominación. Y demanda solidaridad y paz, con iguales
críticas al afán desmedido de
acumulación de riqueza y concentración del poder.
Estas actualizaciones de la DSI obviamente han despertado
las reacciones de la oligarquía
tecnológica que domina el mundo
y de aquellos que siguen viendo el
fantasma “comunista” y la supuesta inclinación
“política” de los dos últimos Papas
por el “Tercer Mundo” y los pobres. De
modo que en América Latina la DSI
también ha pasado a formar parte de
los “progresismos” perseguidos y odiados por el imperio del tecnocapital, el empresariado oligárquico regional y los gobiernos de las derechas políticas que los representan. De otro
lado, el Papa León XIV también ha
realizado críticas directas y públicas
a la administración de Donald Trump
por sus agresivas políticas
injerencistas como en Irán o
Venezuela, el recrudecimiento del
bloqueo a Cuba (mientras el exilio
cubano de Miami le exige
condenar al régimen de la isla), la persecución a los migrantes y el armamentismo del país bajo una «ilusión de omnipotencia», lo cual demuestra una clara conciencia histórica del Pontífice sobre el mundo
multipolar en marcha.
Historia y Presente – blog www.historiaypresente.com
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