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Alejandro Céspedes García: ¿Y qué le recomendarías al nuevo Parlamento bicameral?
"Alberto Vergara: Sí, bueno, ahí, nuevamente, creo que hay la necesidad de recuperar un funcionamiento del Congreso que sea, para usar una frase manida, una oposición sin ser obstruccionista, que visibilice temas clave en el país —que pueden ser, a veces, casos de corrupción—, pero también que politice ciertos temas. En el Perú siempre pensé que había un déficit, a veces, mucho mayor de deliberación que de participación. Es un país en el que desapareció la discusión programática; que a veces se vuelvan a discutir ciertos temas, que se obligue al gobierno a tomar posición sobre algunos asuntos que simplemente se ha acostumbrado a cabalgar de manera inercial o interesada. Y, también, desde luego, pensar hacia adentro las estrategias para que el Congreso no se desplace, gradual o rápidamente, a ser de nuevo un gran bazar en el que todo se compra, todo se alquila y todo el mundo tiene su precio, para depredar lo público.
"Entonces, creo que ahí también —ahora hay el rumor, de hecho La República sacó la nota— de que diputados de Juntos por el Perú se pasarían al fujimorismo y a Renovación Nacional. Ellos, que eran tan diferentes del fujimorismo, que eran el agua y el aceite, serían los primeros en pasarse: ya tendríamos los primeros tránsfugas. Entonces, creo que está la necesidad de mantener una representación nacional que sea eso, nacional, y no la representación del interés particular; tratar de impedir esa deriva que hemos visto tantas veces, y que va a ser inevitable que ocurra, porque, nuevamente, las elecciones en el Perú, ya lo sabemos, no son un hito que modifica radicalmente el mapa político. Encontramos muchas más continuidades que rupturas. Pero, por lo menos, intentar que esa deriva particularista no se produzca, que no llegue a sus peores proporciones. Todo es bien difícil; alguien dijo que en el Perú todo es difícil, pero nada es imposible. Así que, ¿por qué no pensar que se pueden ver algunas mejoras en distintos ámbitos?
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El politólogo peruano advierte de "incentivos perversos" que estarían configurando el gobierno fujimorista. | La República | Marco Cotrina
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ALBERTO VERGARA SOBRE PRIMER MES DE GOBIERNO: “KEIKO FUJIMORI ES MÁS
HIJA DE LA ÚLTIMA DÉCADA QUE DE SU PAPÁ”
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En esta entrevista con La
República, Vergara repasa cómo se ha construido la identidad
nacional peruana en los últimos años a través de la gastronomía
popular, además de analizar el primer mes de gobierno de Keiko Fujimori y sus
diferencias con el de su padre
Por Alejandro
Céspedes García.
Fuente.
La Republica domingo 6 de septiembre del 2026
Alejandro Céspedes García: En tu libro
destacas que lo nacional está construido por procesos que han logrado una
identidad culinaria que nos une y nos pone en alerta contra quienes piensan
distinto. ¿En qué consiste esta identidad y por qué dices que es tan endeble?
Alberto Vergara: En este segundo volumen, me
acerqué a lo gastronómico, a la cocina, para mostrar —me interesaba— el
fenómeno recientísimo, pero profundo, de cómo la comida ha pasado a ser la
dimensión simbólica por la cual los peruanos encuentran ahí la principal forma
de reconocerse en tanto peruanos. Eso es súper reciente: hace treinta años no
hubiera sido así. Hace treinta años, si tú querías graficar la peruanidad, la
gente hubiera dicho el huayno, Vallejo, Machu Picchu, los incas; hubiera
encontrado una serie de símbolos, pero no hubiera acudido a la comida. Hoy,
tanto en el interior del Perú como en el extranjero, el reconocimiento nacional
pasa por esa dimensión culinaria.
Es un proceso muy reciente, pero sobre
todo muy global, porque analizo tanto el fenómeno gastronómico —vamos a decir,
"por arriba", la gran gastronomía— como "por abajo", la
comida popular: la aparición de una cantidad de platos que tiene que ver con
esta construcción nacional, con influencias de todas partes
Alejandro Céspedes García: Anotas el
éxito del 'mostrito' y el 'pollo a la brasa' en esa construcción. Que no
provienen de élites.
Alberto Vergara: Y que no son por
antonomasia peruanos. Es la llegada al Perú de formas europeas de cocinar el
pollo. O, en el caso del mostrito, que es con arroz chaufa, tiene influencia
china. Y entonces puedes encontrar cómo esa dimensión tan fundamental de la
construcción nacional de los últimos años, en realidad, es una forma nacional
de procesar algo que hace muy poco hubiera podido ser leído como algo ajeno.
Alejandro Céspedes García: Hasta el
papa León XIV contrató a una cocinera peruana al Vaticano, y tras su elección
las redes explotaron con memes de comida.
Alberto Vergara: Sí, y que ahora el agua bendita
iba a ser Inca Kola y la hostia unos chifles (risas) Es decir, mi punto es que
hace treinta años graficar la peruanidad del papa no hubiera pasado por la
comida.
Alejandro Céspedes García: Al final de
tu texto también destacas que nuestro desafío principal no es la lealtad
nacional como la que puede generar un ceviche, sino la injusticia y la
indolencia ante la pobreza. Y estamos como estamos. En la actualidad hay
algunos peruanos que siguen esperando que Keiko Fujimori gobierne como su
padre. ¿Existen realmente similitudes entre Alberto y Keiko?
Alberto Vergara: Yo creo que, en lo fundamental,
no. Yo creo que Keiko Fujimori es más hija de los últimos diez años que de su
padre. Es decir, tal vez el padre es una buena forma de llegar al gobierno, de
plantear la diferencia. El padre supuso una gran ruptura en el Perú. Te puede
gustar más o te puede gustar menos, pero creo que si de algo estamos claros es
que el gobierno de Alberto Fujimori supone la ruptura de un statu quo que
prevalecía en el país. Es decir, en un montón de ámbitos, Alberto Fujimori
resetea el país de unas maneras, con unas consecuencias, que pocos gobiernos en
la historia del Perú han tenido.

Es decir, tú puedes decir que, en el
plano estatal, la derrota de Sendero Luminoso y de los grupos subversivos es la
readquisición de las funciones básicas de un Estado, de la estatalidad, del
monopolio de la violencia. En términos políticos, el autogolpe y toda una serie
de prácticas que él impone —el desprecio a la deliberación, a la partidocracia,
al Congreso— es la llegada del mundo del independiente, del outsider,
del tránsfuga. Resetea la política también y, además, resetea la economía:
rearticula, renueva la relación entre economía, Estado y sociedad en el Perú,
cosa que queda sellada y sacramentada en la Constitución del 93.
Entonces es alguien, diría,
transformador, un modernizador —con corrupción, con violaciones a los derechos
humanos, con autoritarismo—, pero no es un agente del statu quo; es
un agente del cambio. Que, por cierto, no lo hace porque él sea un personaje
iluminado; lo hace porque funciona dentro de una coalición con actores que,
cada uno, tenía interés en el cambio: es una coalición recambio. Tenías a los
militares, que querían sobre todo la cuestión de seguridad; tenías a los
empresarios; y tienes, por supuesto, el Consenso de Washington en los noventa y
las reformas de mercado en toda América Latina.
Alejandro Céspedes García: ¿Estás
diciendo que ella no cambiará nada?
Alberto Vergara: Estoy diciendo que ella es lo
opuesto. El padre encarna un momento de transformaciones; ella encarna el statu
quo, y por lo menos en este mes en el Ejecutivo deja ver que es también un
agente —creo que en la campaña se notó— cuya inclinación es a reproducir
el statu quo, no a transformarlo. Entonces, en ese sentido
fundamental, de lectura con distancia histórica, más allá de los detalles, ella
es, digamos, lo contrario del padre: es una fuerza del statu quo y
no de su transformación.
Alejandro Céspedes García: ¿Y si la
comparas con Pedro Castillo?
Alberto Vergara: Yo diría que, por lo que hemos
visto en este mes, que el peligro mayor en el Perú sigue siendo el desorden
antes que la tiranía. Es más peligrosa la mediocridad que te lleve al
desgobierno que la producción de un régimen autoritario, totalitario. Yo creo
que ni la izquierda ni la derecha estaban en capacidad de producir realmente
eso. Uno podría decir, como Mafalda, que esto no es el “acabose” sino el
"continuose". Y, la verdad, la veo perdida, en el sentido de que en
ella me parece un problema más grave que en otros, porque ella ha vendido la
idea de que con ella llega el orden. Pensemos en la inseguridad y muchas otras
incertidumbres que aquejan a los peruanos. No tiene el poder ni siquiera para
dar un indicador de que está pensando cómo transforma eso; peor aún, ni
siquiera da la imagen de tener poder, autoridad, control sobre su gobierno.
Es decir: el ministro de Justicia dice
una cosa, el ministro de Cultura dice otra; el jefe de la Policía dice una
cosa, el ministro de Defensa dice otra; el ministro de Educación nombra a
alguien y luego se desnombra. En fin, en solo un mes hay un montón de estos
casos en los cuales está claro que ella manda poco sobre el país y sobre su
gabinete.}
Alejandro Céspedes García: ¿Manda poco
porque tiene poco poder, o manda poco por incompetente?
Alberto Vergara: A mí me da la impresión de que,
en realidad, la incapacidad para gobernar proviene, en primer lugar, de la
incompetencia, y, en segundo lugar, porque tiene unos incentivos perversos, me
parece, para sostener el statu quo que produce el desorden en el país.
Alejandro Céspedes García: ¿De qué
incentivos perversos hablas?
Alberto Vergara: Por ejemplo, en Trujillo. ¿Cuál
ha sido el interés fundamental del gobierno? ¿Ha sido resolver el crimen,
capturar a los malhechores, hacer una investigación seria para entender qué ha
ocurrido? ¿O estaban realmente desesperados por hacer control de daños
mediático ante lo que ocurría? Además, un control de daños mediático realmente
malo: unos aprendices de brujo, mentirosos amateurs del asunto.
Y a mí me parece que tiene que ver con
que ella y su gente, su grupo, necesita una policía poco profesional,
precarizada, corrupta, que pueda funcionar en los márgenes o por fuera de la
ley, porque, eventualmente, cuando haya que reprimir, cuando haya algún
problema que los involucre, los necesita en esa condición de poco profesional.
Pero esa misma condición de policía —del sector del Interior— poco profesional,
sin reforma, es lo mismo que hace imposible que tú puedas solucionar la
situación de inseguridad y criminalidad del país.
Entonces, por eso digo que están los
incentivos: no lo tienen. Por eso es que, a esa misma policía, que todo el
mundo sabe que en Trujillo hace años está involucrada, de una u otra manera,
con la corrupción y con el crimen —no digo que lean los informes, pero podrían
leer la novela de Marco Avilés sobre el crimen en Trujillo, una excelente
novela—, se darían cuenta de que hace años que eso funciona así. Pero, en
realidad, es a esa policía a la que hay que destacar, premiar, amnistiar,
llenar de loas, porque saben que eventualmente la van a necesitar: son un roto
para un descosido. Por eso creo que ese es un ejemplo, por ejemplo, en donde el
incentivo del gobierno, lamentablemente, no está en poder hacer un buen
gobierno.
Alejandro Céspedes García: Déjame
hacer un poco de abogado del diablo: dicen que es muy poco tiempo para evaluar
al gobierno. Comparado con los primeros días de gobiernos de la última década,
¿cómo observas este primer mes frente a ese riesgo de anarquía que mencionas?
Alberto Vergara: Yo creo que hay dos cosas. Vamos
a tratar de, como dices tú, seguir en tu línea de abogado del diablo, dando el
beneficio de la duda. Yo creo que una cosa que podemos decir de positivo es
que, primero, a diferencia, como dices, de lo que hemos visto en los últimos
años, apareció un gabinete de ministros. En los últimos años nos habíamos
acostumbrado a que no había ministros, básicamente, que no había conducción.
Ahora, por lo menos, hay un gabinete más visible. Más visible no quiere decir
que sea más efectivo, porque no necesariamente es un buen gabinete —más allá de
que creo que hay un par de ministros que pueden serlo, que lo son—.
Pero, efectivamente, volvió un
gabinete, y creo que, en algún sentido, en el país vuelve un poquito, al menos,
la política. Es decir, nos acostumbramos, los últimos años, a que había una
aplanadora permanente de nada más que impunidad y microchoreo. Creo que ahora
aparecen ciertos debates: la Cámara de Diputados le dice que no a esto, el
Ejecutivo tiene que explicar. Hay como la reaparición de un poquito de
política, que me parece saludable. No es ese mundo en el cual el Ejecutivo y el
Legislativo estaban todos en combina, en el cual todo el plan que tenían era
una gran repartija. Ahora me parece que vuelve un poco la política, y eso está
bien, de un lado.
Pero, del otro lado, está —insisto, lo
principal, me parece— que volvemos a lo de la continuidad: la incompetencia, la
mediocridad. Me parece que eso es lo que hereda, esencialmente, de los últimos
diez años. Los últimos diez años son lo que ha sido la verdadera escuela
política de Keiko Fujimori: ese mundo detrás, en el Congreso, organizando el
toma y daca de las leyes que dan impunidad, que dan prebendas, que
clientelizan.
Alejandro Céspedes García: De hostigar
al opositor.
Alberto Vergara: De hostigar al opositor, por
supuesto. Pero de gobernar, nada. Es ese mercado persa, el mundo del toma y
daca, en el cual todo tiene su precio. Y ese mundo no te prepara para gobernar,
no te prepara para el mundo del Ejecutivo. Más bien, creo que se acostumbraron
a ese espacio de politiquería, y por eso no tienen planes, no tienen
iniciativas, no tienen cuadros, no tienen la competencia.
Alejandro Céspedes García: Y pretende
gobernar haciendo TikToks
Alberto Vergara: Exactamente. Termina siendo una cosa
un poco frívola, desconectada, y de gente que, aun cuando tratas de recuperar a
gente de los noventa, o de hace varios años, ya no tiene contacto con el
Estado. El Estado no es lo que era, la sociedad no es lo que era, y entonces
están ahí, más bien perdidos en el intento de ser Ejecutivo.
Alejandro Céspedes García: El gabinete
Galarreta ha solicitado facultades legislativas para gobernar, y una diputada,
Rossana Alayza, les respondió que para eso bastan los decretos de urgencia. ¿Es
una victimización que el gobierno le eche la culpa al Congreso por no poder
gobernar?
Alberto Vergara: Mira, honestamente,
independientemente de que les den o no les den esas facultades, a mí me parece
que, al gobierno, más que facultades legislativas, lo que le hace falta son
facultades políticas. Yo los veo... más que facultades legislativas, necesitan
facultades para gobernar, competencia para gobernar.
Luego, no es un problema, en esencia;
no es la legalidad vigente la que les impide o les bloquea realizar una serie
de cosas, ¿no? Es mucho más eso: tener las ideas, las iniciativas, el
conocimiento, la competencia para gobernar, y por el momento lo que vemos, más
bien, es que no tienen mucha idea en ese ámbito. Entonces, las facultades
legislativas no parecieran ser el centro de la carencia.
Alejandro Céspedes García: Vinculando
esto con el plano global: el Perú se abre a las iniciativas del gobierno de
Trump y hace unos días rompió relaciones con Irán. Pareciera que se está
administrando para el gobierno de Trump y no para el país.
Alberto Vergara: Bueno, hay varias cosas ahí.
Primero, sí, y no es la única. Creo que hay un alineamiento decidido de muchos
de los gobiernos de la región con Estados Unidos, y el nuestro no es la
excepción. Digamos que, el caso del canciller Espá, o es una imposición de los
Estados Unidos, o les pareció que era una forma de quedar muy bien con ellos
poniendo a alguien que haya sido funcionario de ellos por muchos, muchos años.
Entonces, creo que eso es algo que está ocurriendo. De hecho, habrá que ver:
Marco Rubio llega al Perú la próxima semana, así que habrá que ver cómo se
sigue desarrollando esa relación y qué impacto tiene para nosotros, sobre todo
en la relación con China, que creo que es la que más debería cuidar el Perú, la
relación con los dos países. Pero vamos a ver si tenemos la capacidad y la
voluntad de poder hacerlo.
Alejandro Céspedes García: Pero Trump
está a punto de perder terreno en el parlamento por cómo lleva su gobierno en
los comicios de medio término de EE. UU. ¿Estamos llegando a la cúspide de esta
anarquía libertaria?
Alberto Vergara: Yo creo que sí. Me da la
impresión, por una serie de dimensiones, de que nadie tiene hoy mucha capacidad
en América Latina de realizar, realmente, gobiernos decididamente exitosos. La
capacidad estatal no te alcanza, la economía política de los países tampoco te
da para redistribuir, el crecimiento económico es mucho menor del que debería
ser, la criminalidad y la inseguridad avanzan, y al mismo tiempo tienes
sociedades mucho más impacientes, por no decir neurotizadas por el teléfono y
su avalancha incontenible de videos y malas noticias. En ese contexto, no es
tan fácil construir, a partir del mandato que se recibe en las elecciones, un
gobierno efectivo. Creo que no es fácil hoy y no lo está siendo para muchos de
esos gobiernos, ¿no?
Milei, por ejemplo, ha tenido éxito en
reducir la inflación, pero sigue siendo una inflación del treinta por ciento
anual; la capacidad de generar reservas ha sido mucho más lenta de la que se
deseaba o se esperaba. Uno podría decir que Noboa, en Ecuador, a pesar de todo
el performance bukelista, la verdad es que no consigue reducir
de manera importante la tasa de homicidios en Ecuador; de hecho, perdió un
referéndum importante hace unos meses. No sé, creo que es más fácil tener una
retórica inflamada para excitar a los propios y enervar a los contrarios que
tener, realmente, la capacidad de construir gobiernos eficaces. Y me temo que
el fujimorismo pasará un poco por ahí también. Curiosamente, me parece que, en
lo que hemos visto en los últimos años y en este mes en el Ejecutivo, no encaja
en esa derecha radical nueva: la de Bukele, la de Milei, la de Bolsonaro. No
tiene ese ánimo, no tiene ese afán polarizante, no tiene esa relectura de la
historia del país, no se ve como un punto de quiebre; no hay una lectura, no
hay batalla cultural.

Alejandro Céspedes García: ¿Cómo que
no? ¿Y el LUM?
Alberto Vergara: El LUM me parece que es una
controversia de este momento en la que ni siquiera están de acuerdo; fíjate que
no se ponen de acuerdo: el ministro de Justicia se lo quiere llevar, el
ministro de Cultura dice que no, que el LUM se queda ahí. Me parece que eso es,
nuevamente, mediocridad: ni siquiera tienen un discurso establecido sobre qué
quieren hacer con el LUM. Es decir, si sabemos lo que quisieran es que no
exista nada, ¿no? Pero, ni siquiera a ese nivel tienes un desarrollo
ideológico, programático, un discurso sobre el asunto; es más bien un rechazo
visceral, identitario, digamos. Es una derecha que ni siquiera cumple con esas
características. Y tampoco, obviamente, es ya una derecha neoliberal: me parece
que está claro, desde hace años, que el fujimorismo erosiona el orden
macroeconómico cada vez que puede, que es un actor principal del debilitamiento
tecnocrático del país, que ha apoyado todas las normas que el Consejo Fiscal
dice que están haciendo un boquete en la economía peruana. Entonces, tampoco es
una derecha neoliberal: es una derecha del patrimonialismo.
O sea, un partido de intuiciones, de
prácticas, de reflejos patrimonialistas, que es la utilización constante de lo
público para beneficiar a mi familia, a mi partido, a mi clan, a mis
militantes, y, obviamente, también para perjudicar al adversario. Esa forma de
relación con lo público, con los recursos, con la ley, me parece que es mucho
más saliente en el fujimorismo que esta vena contemporánea de derecha
populista, radical, reaccionaria, o de la derecha más neoliberal. De hecho, en
el discurso de Keiko, en su toma de posesión, la palabra que más repite es
"Estado".
Alejandro Céspedes García: ¿Qué le
recomendarías al gobierno?
Alberto Vergara: Puede parecer una gran
ingenuidad. Pero yo creo que no hay un destino marcado a ser un gobierno
lamentable. El otro día Felipe Portocarrero me decía: "Estamos a la
deriva, pero no hemos naufragado".
Alejandro Céspedes García: Pero vaya
que vivimos en tormenta.
Alberto Vergara: Sí, sí, seguro. Pero eso implica
que ella se haga cargo, que asuma, que rectifique también, porque ella tiene
que reconocer que ha producido, en buena parte, con su acción en los últimos
diez años, a este país. Entonces, tiene que hacerse cargo de eso. Y eso implica
que no se sienta cómoda con los adulones que aparecen, con su entorno pituco,
sino que se dé cuenta de que, en este momento, su compromiso ya no es con su
partido ni con sus problemas judiciales, sino con el Perú, con un país en donde
vivir es, cada día más, una agonía, una angustia, y que, por lo tanto, tiene el
deber de intentar movernos de ahí.
Y, de hecho, esto lo conversaba el
otro día con Eduardo Dargent: cómo, en los últimos años, en esta ideologización
cretina de las élites políticas y empresariales, todo lo que fuera alguna
reforma pasó a ser visto como "caviar". Reformas que ni siquiera eran
de izquierda, sino que serían sensatas en cualquier país del mundo, pasaron a
ser censuradas por "caviares". Entonces, creo que el gobierno debería
tener un margen para recuperar algunas de esas reformas necesarias. La
seguridad, de la que hablábamos hace un rato, me parece esencial. Tiene que
romper con la inercia y con ciertos incentivos que tiene, en términos
patrimonialistas, personales, particularistas, pero que ahora le toca pensar en
el interés general. En fin, puede parecer muy improbable, pero en el Perú todo
es raro...
Alejandro Céspedes García: Hablas como
si la presidenta estuviese acogotada. ¿O es ella quien acogota a su séquito?
Alberto Vergara: Por el momento, no veo que
acogote a su séquito. Para ser honesto, tampoco le veo, como mucha gente
esperaba, un ánimo despiadadamente revanchista. Por el momento, digamos, me
parece que acogotaba más a sus bancadas que a su gabinete.
Alejandro Céspedes García: ¿Y qué le
recomendarías al nuevo Parlamento bicameral?
Alberto Vergara: Sí, bueno, ahí, nuevamente, creo
que hay la necesidad de recuperar un funcionamiento del Congreso que sea, para
usar una frase manida, una oposición sin ser obstruccionista, que visibilice
temas clave en el país —que pueden ser, a veces, casos de corrupción—, pero
también que politice ciertos temas. En el Perú siempre pensé que había un
déficit, a veces, mucho mayor de deliberación que de participación. Es un país
en el que desapareció la discusión programática; que a veces se vuelvan a
discutir ciertos temas, que se obligue al gobierno a tomar posición sobre
algunos asuntos que simplemente se ha acostumbrado a cabalgar de manera
inercial o interesada. Y, también, desde luego, pensar hacia adentro las
estrategias para que el Congreso no se desplace, gradual o rápidamente, a ser
de nuevo un gran bazar en el que todo se compra, todo se alquila y todo el
mundo tiene su precio, para depredar lo público.
Entonces, creo que ahí también —ahora
hay el rumor, de hecho La República sacó la nota— de que
diputados de Juntos por el Perú se pasarían al fujimorismo y a Renovación
Nacional. Ellos, que eran tan diferentes del fujimorismo, que eran el agua y el
aceite, serían los primeros en pasarse: ya tendríamos los primeros tránsfugas.
Entonces, creo que está la necesidad de mantener una representación nacional
que sea eso, nacional, y no la representación del interés particular; tratar de
impedir esa deriva que hemos visto tantas veces, y que va a ser inevitable que
ocurra, porque, nuevamente, las elecciones en el Perú, ya lo sabemos, no son un
hito que modifica radicalmente el mapa político. Encontramos muchas más
continuidades que rupturas. Pero, por lo menos, intentar que esa deriva
particularista no se produzca, que no llegue a sus peores proporciones. Todo es
bien difícil; alguien dijo que en el Perú todo es difícil, pero nada es
imposible. Así que, ¿por qué no pensar que se pueden ver algunas mejoras en
distintos ámbitos?
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