martes, 29 de septiembre de 2026

“GOBIERNO DEL PERU”. 60 DÍAS, LA GRAN CONTINUIDAD POR JUAN DE LA PUENTE.

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“En las últimas semanas las oposiciones han cedido en la agenda grande, la gran agenda política del país que es la recuperación de la democracia, una demanda presente en todas las coyunturas de los 60 días de gobierno. Salvo excepciones personales cada vez más visibles, la política democrática es mediática o principalmente mediática, de modo que los opositores caen en el juego de los grandes medios orgánicos al poder que los tildan de obstruccionistas al mismo tiempo que los insultan, se burlan de su inexperiencia -solo de la inexperiencia opositora porque la inexperiencia de la oficialismo es pasada por alto- adulan y seducen a los posibles tránsfugas, investigan los conflictos de interés de los paramentar sino de los ministros  y colocan debajo de la alfombra los temas más importantes vinculados a la democracia.

“Aceptar y someterse al trading del rival ya tiene sus costos. La última encuesta de IEP deja mal parado al Parlamento que, considerando los votos en la primera y segunda vuelta, debería ser el centro de la recuperación de la democracia. En cambio, se aprecia una gradual subordinación de la agenda democrática original resultado del desplazamiento temático. En la experiencia peruana estos movimientos terminan en dos procesos, el mimetismo político o pérdida de la identidad por la que votaron los electores de los grupos que deberían honrar ese mandato desde la oposición, y la domesticación parlamentaria, un proceso al que asistimos en vivo y en directo entre 2022 y 2026 y que llevaron a la pérdida de inscripción electoral del grupo de izquierda que pactó con la ultraderecha (Perú Libre) y de los partidos del llamado centro político (APP, Somos Perú, AP, Partido Morado). En su diversidad, la oposición tendría siempre que recuperar la palabra como un inicio de la recuperación del cambio. Además, se trata también de recuperar el país o de emprender esa tarea. De lo contrario, la gran continuidad que opera en el ámbito del gobierno también operará en el ámbito de los grupos democráticos que accedieron al ejercicio del poder parlamentario prometiendo recuperar la democracia.

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Keiko Fujimori se refirió a los juicios contra militares durante su discurso en la ONU. Foto: captura de pantalla.

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“GOBIERNO DEL PERU”.

60 DÍAS, LA GRAN CONTINUIDAD,

POR JUAN DE LA PUENTE.

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"Se hace necesario no sólo revisar la naturaleza del gobierno, sino también el papel de las oposiciones."

Por Juan de la Puente. Politólogo. Periodista.

Fuente La República lunes 28 de septiembre del 2026.

A 60 días de iniciado el gobierno no hay manera de ignorar que es la continuación del régimen que administró el país entre diciembre de 2022 y julio de 2026. Este dato, sin embargo, es el segundo en importancia visto con una cartografía de larga duración. El primer dato continúa siendo que tanto la instalación del régimen híbrido 2022-2026 como el ajustado triunfo de Fuerza Popular denotaron el fin de la democracia peruana, en el primer caso su hundimiento, y en el segundo la reiteración de esta decadencia.

Las fuerzas democráticas se prepararon para la reelección del régimen híbrido, cierto, pero no estaban preparadas para que la continuidad sea casi total y cubra la mayoría de los espacios y quehaceres gubernamentales. Hubo poca conciencia de que la continuidad es lo único que puede producir un régimen que solo pudo quedarse en el poder a costa de decenas de muertos, que evitó agónicamente una implosión generalizada y que llegó exhausto al fin del proceso electoral.


En el mejor de los casos, hubo una visión matizada que estimó que el nuevo gobierno tenía la capacidad de innovación para producir una especie de borrón y cuenta nueva y, al mismo tiempo, dejar intacta y servirse de las estructuras del régimen que se impuso de modo cruento. El gobierno contribuyó a esta percepción con el discurso relativamente exitoso de que estaba recibiendo un país destrozado.

Nada de eso ha sucedido. La continuidad es virtualmente absoluta, y aunque existe la posibilidad de giros tecnocráticos neoliberales con distintos grados de autoritarismo, el que Fuerza Popular prometió en la campaña electoral, son cada vez menos probables esos desenlaces innovadores de lo que ahora se tiene como administración del Estado. Cualquier giro neoliberal autoritario sería gemelo del autoritarismo del periodo Boluarte y, aunque se multiplique por varias veces, no se alejaría de ese referente.

La pregunta es cómo asumir la cuestión de la gran continuidad como un hecho concluyente y cómo relacionarla con el primer dato de la realidad, de que esa continuidad sigue haciendo del régimen actual uno no democrático.

Ahí se ubican las primeras dificultades porque el trabajo realizado, especialmente de modo personal por la presidenta, hasta poco antes de su viaje a EE. UU. -por estrategia o por intuición- rebajó varios grados de radicalidad y ferocidad a la nueva administración complementado con un gabinete que expresaba una mayor amplitud de la que se presumía. También es probable que los recientes discursos de la presidenta, hasta ahora un giro narrativo, intenten ser convertidos en realidad, aunque para ello la gran continuidad tendría que asumir la fisonomía de un gran continuismo feroz.

En cualquier caso, la rebaja de radicalidad y ferocidad que se le presumía al nuevo gobierno genera un momento en el que se discute de modo intenso casi todo y muy poco la esencia antidemocrática del gobierno. Las oposiciones también se han dejado llevar por la normalización de la gran continuidad, tanto aquellas cuyo programa mínimo incluía la recuperación de la democracia como las que creen que pueden desempeñar el papel de bisagras con el Ejecutivo.

De acuerdo con lo señalado, se hace necesario no sólo revisar la naturaleza del gobierno, sino también el papel de las oposiciones. En la primera vuelta el Perú votó mayoritariamente contra el pacto parlamentario y en la segunda vuelta, en volumen de votos, la mitad del país votó por una política que pugna por superar el estado de cosas de la República Obscena: las instituciones capturadas, las reglas constitucionales autoritarias, las leyes antidemocráticas y la economía mercantilista, para instalar un régimen democrático, deliberativo e íntegro. Las oposiciones no recibieron un mandato continuista o de mejora continuista, sino de democratización.

En los 60 días de gobierno se sucedieron o agruparon por lo menos nueve pequeñas coyunturas, demasiadas en poco tiempo: el pedido de delegación de facultades, la transformación del LUM, las movilizaciones fuera de Lima por el alza de combustibles y pasajes, las amenazas de paro transportista en Lima, los sucesos de Trujillo a inicios de setiembre, el Escudo de las Américas y la visita de Rubio, los asesores ad honorem y el caso Cerimedo, la interpelación al ministro del Interior y el escalamiento del crimen, y el viaje a Nueva York.



Las oposiciones no recuperaron la palabra en todas estas coyunturas a pesar de que enviaban el aviso sobre el carácter no democrático del gobierno. La delegación de facultades y la escalada del crimen han ocupado entendiblemente la mayoría de sus actividades, y aún en esos casos las oposiciones perdieron la oportunidad de presentarle al país sus innegociables, por ejemplo, incorporar en la delegación de facultades como condición indispensable la supresión de las leyes procrimen y de impunidad.

La relación principal de las oposiciones es con el gobierno y con los grandes medios de comunicación aliados y sostén del gobierno, y solo de modo secundario con la sociedad. Le han arrebatado la agenda al gobierno y minimizado su iniciativa, cierto, pero han hecho de esa agenda un picadillo de temas y convertido en una composición temática.

En las últimas semanas las oposiciones han cedido en la agenda grande, la gran agenda política del país que es la recuperación de la democracia, una demanda presente en todas las coyunturas de los 60 días de gobierno. Salvo excepciones personales cada vez más visibles, la política democrática es mediática o principalmente mediática, de modo que los opositores caen en el juego de los grandes medios orgánicos al poder que los tildan de obstruccionistas al mismo tiempo que los insultan, se burlan de su inexperiencia -solo de la inexperiencia opositora porque la inexperiencia de la oficialismo es pasada por alto- adulan y seducen a los posibles tránsfugas, investigan los conflictos de interés de los paramentar sino de los ministros  y colocan debajo de la alfombra los temas más importantes vinculados a la democracia.

Aceptar y someterse al trading del rival ya tiene sus costos. La última encuesta de IEP deja mal parado al Parlamento que, considerando los votos en la primera y segunda vuelta, debería ser el centro de la recuperación de la democracia. En cambio, se aprecia una gradual subordinación de la agenda democrática original resultado del desplazamiento temático. En la experiencia peruana estos movimientos terminan en dos procesos, el mimetismo político o pérdida de la identidad por la que votaron los electores de los grupos que deberían honrar ese mandato desde la oposición, y la domesticación parlamentaria, un proceso al que asistimos en vivo y en directo entre 2022 y 2026 y que llevaron a la pérdida de inscripción electoral del grupo de izquierda que pactó con la ultraderecha (Perú Libre) y de los partidos del llamado centro político (APP, Somos Perú, AP, Partido Morado).

En su diversidad, la oposición tendría siempre que recuperar la palabra como un inicio de la recuperación del cambio. Además, se trata también de recuperar el país o de emprender esa tarea. De lo contrario, la gran continuidad que opera en el ámbito del gobierno también operará en el ámbito de los grupos democráticos que accedieron al ejercicio del poder parlamentario prometiendo recuperar la democracia.

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lunes, 28 de septiembre de 2026

LAS MALVINAS ARGENTINAS, PERO SUS RIQUEZAS PARA EE. UU. Y GRAN BRETAÑA.

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"Nada que ver con la soberanía. Las resoluciones de Naciones Unidas desalientan innovaciones unilaterales en zonas en disputa. La creación por parte del gobierno argentino del Consejo de Seguridad Nacional y el encuadre de Malvinas como una cuestión de seguridad nacional reflejan un proceso de securitizarían de la causa, desplazando el tema del ámbito diplomático hacia el de la seguridad y los negocios, habilitando una mayor movilización de recursos estatales —defensa, inteligencia, economía y seguridad— frente a una amenaza percibida sobre la soberanía. El riesgo de una retórica belicista es muy grande para Argentina, por lo que debiera priorizar la vía diplomática y el cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas, que hasta ahora han desalentado innovaciones unilaterales en zonas en disputa. Las sanciones anunciadas contra las empresas explotadoras de hidrocarburos en Malvinas son interpretadas como un acto de escalada que lleva a endurecer la posición británica y a reducir el margen para la negociación diplomática.

"La apuesta de Milei y sus asesores nacionales y extranjeros sobre la securitización si bien puede fortalecer el consenso interno en torno a la causa y facilitar la coordinación del aparato estatal, amenaza con aumentar la probabilidad de dinámicas de acción y reacción con el Reino Unido y/o generar efectos colaterales sobre otras áreas de la política exterior, como las relaciones comerciales, la cooperación en defensa y la actuación en foros multilaterales. El gobierno argentino no ha buscado crear un frente sudamericano y espera que Brasil, Chile y Uruguay no cuestionen su posición. Pero lo más probable es que frente a esta situación predomine el silencio.  Hoy Argentina no parece contar con la posibilidad de construir una coalición regional. Este gobierno intenta por todos sus medios que Estados Unidos se involucre en el tema. Ya Argentina y EE. UU. acordaron el Corredor Andes-Atlántico para impulsar infraestructura económica. La iniciativa conjunta apunta a facilitar inversiones públicas y privadas de largo plazo en transporte, energía, minería e infraestructura digital, con participación de empresas y financiamiento estadounidense. O, dicho de otra manera, las Malvinas pueden ser argentinas, pero Estados Unidos quiere las riquezas del Atlántico Sur.

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El servilismo histórico, Servirá de lección para las Nuevas Generaciones de Argentina, América Latina y el Mundo. 

Fuentes CLAE Rebelión. 

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LAS MALVINAS ARGENTINAS, PERO SUS RIQUEZAS PARA

EE. UU. Y GRAN BRETAÑA.

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Por Aram Aharonian | 28/09/2026 | Argentina

Fuente. Revista Rebelión lunes 26 de septiembre del 2026.

Al redefinir las Malvinas como un asunto de seguridad nacional y de desarrollo futuro, el gobierno libertario argentino busca sentar las bases de una política disuasiva frente al avance de la explotación unilateral británica en el Atlántico Sur, una región de creciente relevancia estratégica, mientras Estados Unidos va tomando posiciones en el Atlántico Sur.

El desafío para la Argentina consiste en convertir una coyuntura potencialmente favorable en una estrategia sostenible que no dependa exclusivamente de las decisiones de Washington, que trata denodadamente de no perder su influencia en el Atlántico Sur. 

El discurso de Milei en Naciones Unidas se produjo después de que Donald Trump señalara que podría revisar la “neutralidad” estadounidense frente al reclamo argentino de soberanía, algo que el mandatario argentino interpretó como “vientos de cambio favorables a nuestro reclamo”.  Sostuvo que este giro podría reducir el respaldo diplomático que Gran Bretaña ha disfrutado y usufructuado históricamente, facilitando que terceros países o empresas trasnacionales se acerquen a la posición argentina. 

En el marco de la Asamblea General de la ONU. Donald Trump se reunió con el primer ministro de Reino Unido, Andy Burnham, en medio de las tensiones entre Estados Unidos y Gran Bretaña que incluye la supuesta revisión de Washington sobre la soberanía de las Islas Malvinas. Burnham hizo una férrea defensa a la autodeterminación de los isleños. 

«Hoy tuviste la amabilidad de permitirnos hablar sobre algunos temas relacionados con el comercio. Mencionamos las Malvinas. Y tuviste la amabilidad de escucharnos sobre esos temas», dijo Burnham.



Nada que ver con la soberanía.

Las resoluciones de Naciones Unidas desalientan innovaciones unilaterales en zonas en disputa. La creación por parte del gobierno argentino del Consejo de Seguridad Nacional y el encuadre de Malvinas como una cuestión de seguridad nacional reflejan un proceso de securitizarían de la causa, desplazando el tema del ámbito diplomático hacia el de la seguridad y los negocios, habilitando una mayor movilización de recursos estatales —defensa, inteligencia, economía y seguridad— frente a una amenaza percibida sobre la soberanía.

El riesgo de una retórica belicista es muy grande para Argentina, por lo que debiera priorizar la vía diplomática y el cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas, que hasta ahora han desalentado innovaciones unilaterales en zonas en disputa. Las sanciones anunciadas contra las empresas explotadoras de hidrocarburos en Malvinas son interpretadas como un acto de escalada que lleva a endurecer la posición británica y a reducir el margen para la negociación diplomática.

La apuesta de Milei y sus asesores nacionales y extranjeros sobre la securitización si bien puede fortalecer el consenso interno en torno a la causa y facilitar la coordinación del aparato estatal, amenaza con aumentar la probabilidad de dinámicas de acción y reacción con el Reino Unido y/o generar efectos colaterales sobre otras áreas de la política exterior, como las relaciones comerciales, la cooperación en defensa y la actuación en foros multilaterales.

El gobierno argentino no ha buscado crear un frente sudamericano y espera que Brasil, Chile y Uruguay no cuestionen su posición. Pero lo más probable es que frente a esta situación predomine el silencio.  Hoy Argentina no parece contar con la posibilidad de construir una coalición regional.

Este gobierno intenta por todos sus medios que Estados Unidos se involucre en el tema. Ya Argentina y EE. UU. acordaron el Corredor Andes-Atlántico para impulsar infraestructura económica. La iniciativa conjunta apunta a facilitar inversiones públicas y privadas de largo plazo en transporte, energía, minería e infraestructura digital, con participación de empresas y financiamiento estadounidense. O, dicho de otra manera, las Malvinas pueden ser argentinas, pero Estados Unidos quiere las riquezas del Atlántico Sur.

El subsecretario de Estado de EE. UU., Christopher Landau, y el canciller argentino, Pablo Quirno, lanzaron el miércoles 23 el Corredor Andes-Atlántico, que busca 

«fortalecer y modernizar la infraestructura que conecta a los sectores económicos clave de Argentina con los principales puertos atlánticos y los mercados occidentales». El comunicado afirmó que, con este nuevo corredor económico, «los Estados Unidos y Argentina avanzan en su compromiso compartido con la seguridad, la protección y la prosperidad del hemisferio occidental y sus cadenas de suministro estratégicas».

El Corredor Andes-Atlántico forma parte de la Asociación del G7 para la Infraestructura y la Inversión Global, y se basa en el respaldo de los EE. UU. a corredores económicos estratégicos a nivel mundial que aseguran las cadenas de suministro estadounidenses y crean oportunidades para sus empresas.  Entre los ya existentes se encuentran el Corredor Económico India-Medio Oriente-Europa, la Ruta Comercial Transcaspiana en Asia Central y el Cáucaso, el Corredor de Lobito en el África subsahariana, y el Corredor Económico de Luzón en Filipinas. 



No sólo el Atlántico Sur, también Vaca Muerta. 

El Gobierno volvió a apostar a los anuncios de grandes inversiones para mostrar resultados de su programa económico, aunque la llegada efectiva de capitales de magnitud sigue sin acompañar las expectativas que la Casa Rosada viene alimentando desde el inicio de la gestión. Esta vez el escenario fue Nueva York y el eje volvió a ser Vaca Muerta. Argentina y Estados Unidos lanzaron este miércoles el denominado Corredor Andes-Atlántico, una iniciativa que contempla financiamiento por hasta 7000 millones de dólares para proyectos de energía, minería e infraestructura.

El financiamiento estará respaldado por el Export-Import Bank de Estados Unidos y apunta a movilizar inversiones estadounidenses hacia sectores considerados estratégicos. El acuerdo representa un respaldo político y financiero importante para el gobierno argentino, pero una cosa es anunciar una disponibilidad de crédito y otra concretar las inversiones. Los 7000 millones de dólares constituyen un marco potencial de financiamiento para distintos proyectos y no un desembolso inmediato de ese monto sobre la economía argentina.

“Las exportaciones de minerales, petróleo y gas aumentarán a través de inversiones estadounidenses e inversiones respaldadas por los Estados Unidos en ferrocarriles, vías navegables, puertos, oleoductos e infraestructura de generación y transmisión de energía, construidas sobre una base de tecnología confiable que busca garantizar una eficiencia óptima y máxima ciberseguridad», se enumeró.

Por el lado del sector energético, se buscará

«desarrollar comercialmente los recursos energéticos de la región de Vaca Muerta mediante inversión, tecnología e instrumentos financieros estadounidenses, incluyendo préstamos directos, garantías de préstamos y productos de seguros para movilizar capital, equipos y proveedores de servicios de los Estados Unidos».

En el caso del sector de minerales, se buscará 

«identificar oportunidades en el marco del Acuerdo Marco de Minerales Críticos EE. UU. -Argentina para respaldar la minería y el procesamiento de minerales críticos, avanzando en los compromisos para asegurar las cadenas de suministro y promover la diversificación de las cadenas de suministro globales».

«El compromiso del presidente (Donald) Trump y el liderazgo de (Javier) Milei se traducen hoy en algo concreto: Estados Unidos y Argentina lanzaron el Corredor Andes-Atlántico, la iniciativa que conectará la matriz productiva argentina con los mercados de Occidente a través de inversión de EE. UU.», afirmó el embajador estadounidense Peter Lamelas.

No se habla de soberanía sino de explotación de los recursos de los que debiera hacer usufructúo la Argentina y no Estados Unidos o el Reino Unido. Pero para ello se necesitan gobiernos que defiendan los intereses del país y de todos y cada uno de los argentinos.

*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

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domingo, 27 de septiembre de 2026

NACIONES DESUNIDAS. Panorama Político Global.

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“Estados Unidos y Brasil tienen elecciones en los próximos días. La actuación de ambos mandatarios estuvo dirigida también a sus propias internas. Lula proyectó el peso y el respeto internacional que concita su figura, mientras que Trump insistió con una sobreactuación del MAGA (Make America Great Again) usando a América Latina de punching ball. En paralelo a la presencia de Milei, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, estaba también en Nueva York. Su visita se desarrolló en dos niveles, uno económico y otro político. Por el primero, se reunió con los acreedores de la deuda que tomó la exgobernadora María Eugenia Vidal y que debió negociar Kicillof. También se reunió con empresarios interesados en conocer a un futuro presidenciable. En el otro plano, el de la política, en vez de buscar con afano una reunión con Trump que no le cedieron, Kicillof se reunió con la antítesis de Trump, el joven alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, quien declaró que, si tuviera la capacidad, hubiera metido preso a Netanyahu. El gobernador bonaerense participó en una reunión de fuerzas populares y progresistas en la que también intervino el mandatario español, Pedro Sánchez. El itinerario fue la contracara del que realizó Milei. Lo más insólito fue que el Presidente argentino responsabilizó a Kicillof por la suba del riesgo país. Dos giras, dos países.

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Milei y Rubio en un pasillo de la Asamblea General de Naciones Unidas. Secretary Marco Rubio. EFE

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NACIONES DESUNIDAS.

Panorama Político Global.

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Milei volvió con poco de la ONU, atrás quedó la curiosidad que provocaba. Sin bilateral con Trump ni respaldo por Malvinas y apenas un encuentro de pasillo con Rubio. Kicillof en una gira diferente.

Por Luis Bruschtein.

Fuente. Página /12 domingo 17 de septiembre del 2026.

Milei y Rubio en un pasillo de la Asamblea General de Naciones Unidas. Secretary Marco Rubio. EFE

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El tono sobregirado de los discursos en la Asamblea General de la ONU fue una fotografía de la tensión extrema en un planeta sacudido por los reacomodos en la circulación del poder, las guerras y el surgimiento de una súper herramienta como la inteligencia artificial “que se desarrolla sin comprender sus consecuencias” como afirmó Javier Milei. Por su parte el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazó a América Latina con intervenir militarmente en cualquier país de la región.

En su afán de atraer al mega tecnológicas, Milei se mostró como ferviente partidario de desarrollar sin regulaciones a la inteligencia artificial, que tendría “grandes consecuencias para las sociedades humanas, algunas de las cuales no llegamos a comprender”. Si no se comprenden esas “grandes consecuencias”, razón demás para desarrollarla tomando todas las precauciones del caso. Milei aplica un razonamiento religioso, que es perfecto para cuestiones religiosas, pero resulta estúpido en un tema científico.

La misma confusión de brutalismo anacrónico desplegó cuando calificó de “genocidio” a la medida que salvó más vidas durante la pandemia mundial. El aislamiento fue una medida traumática y dolorosa, pero era la única solución para una pandemia que no tenía vacuna y era tan contagiosa. Los países que no cumplieron el aislamiento, como Estados Unidos con Donald Trump y Brasil con Jair Bolsonaro tuvieron gran cantidad de víctimas, con sus sistemas de salud desbordados, lo que no sucedió en Argentina, donde el aislamiento se cumplió. En el Estados Unidos de Trump, los cadáveres se apilaban en camiones de transporte de sustancias alimenticias, porque las morgues estaban desbordadas.

El mandatario argentino denunció como “experimento de control social” a una medida que salvó tantas vidas, al mismo tiempo que impulsó con entusiasmo un sistema de control social real, que ya se aplica, como es la inteligencia artificial en el caso de Palantir. En esa doble confusión quedó expuesta la apelación demagógica a la ignorancia como esencia de su discurso y la inclinación por el autoritarismo como idea de gobierno.

En otro momento reafirmó su “firme” alineación con los gobiernos de Donald Trump en Estados Unidos y de Benjamin Netanyahu en Israel. Sólo hubo un corto aplauso del grupo de su comitiva porque el resto del salón estaba vacío durante su discurso. La mayoría de los mandatarios hicieron una defensa del multilateralismo frente a los discursos hegemonistas, como el de Trump. Los europeos expresaron su temor a una “guerra híbrida” con Rusia y los de Medio Oriente apuntaron al temor a que se extendiera la guerra entre Estados Unidos e Irán.

Con un seguimiento sobreactuado a Israel y Estados Unidos, Milei quedó en soledad con su poco creíble defensa de la soberanía argentina en las islas Malvinas. En su momento explicó el cambio abrupto de su posición porque dijo que aprovechaba el enojo de Trump con su socio histórico porque no lo acompañó en los bombardeos a Ormuz. Pero el norteamericano mantuvo una bilateral amistosa con el primer ministro británico, Andy Burnham y no se reunió con Milei. El libertario, que muchas veces demostró que no le importan las Malvinas, jugó la soberanía argentina como moneda de cambio en una negociación entre Estados Unidos y Gran Bretaña y, por supuesto, el tema fue lo primero que quedó de lado.

El secretario del Departamento de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, apenas lo atendió de parado en un pasillo para un intercambio de unos minutos. La única bilateral fue con Netanyahu, que fue repudiado cuando gran parte de las delegaciones se retiraron entre abucheos durante su discurso. La soledad de Netanyahu, el aliado de Milei fue ominosa.

En declaraciones periodísticas tras su discurso, Milei aseguró que Trump y Netanyahu son seres humanos “excepcionales”. Trump acababa de amenazar a los países latinoamericanos, entre ellos Argentina, con invasiones e intervenciones. Y Netanyahu tiene una orden de captura pedida por la Corte Penal Internacional a raíz de los crímenes de guerra y de lesa humanidad en Gaza. La diplomacia del gobierno de Milei se alejó de los que respaldaban el reclamo argentino por Malvinas y se sometió a la de los países que respaldan a Gran Bretaña.



El premio consuelo que cedió el gobierno de Trump fue un acuerdo sin plata, de financiamiento a futuro de obras para los polos mineros, gasíferos o petroleros, por siete mil millones de dólares. Pero Estados Unidos exigió que el acuerdo sea aprobado a libro cerrado por el Congreso argentino, o sea, sin discutir las cláusulas que lo constituyen.

Lula abrió el plenario con un discurso impecable en el que reivindicó el crecimiento con justicia social como meta socioeconómica, el multilateralismo como ordenamiento internacional y advirtió contra los hegemonismos. En ese punto incluyó la frase que molestó a Trump: “Brasil no cabe en el patio trasero de ninguna potencia”.

Lo siguió Trump, que se cansó de subrayar que su país tiene un “ejército maravilloso y el más fuerte del planeta” lo que ejemplificó con la agresión a Venezuela y el inhumano bloqueo al pueblo cubano. Y advirtió que usará esa fuerza en cualquier país del hemisferio occidental (por América Latina y el Caribe) si considera que están amenazados los intereses de su país. Estados Unidos determina (sea cierto o no) que en determinado país actúa un cartel narcoterrorista y se considera con el derecho de invadirlo. La amenaza pareció una devolución a las palabras de Lula. Insistió con arrogancia en la invasión a Venezuela y se jactó de haberse apoderado de su petróleo, con otra frase brutal: “el botín es para los vencedores”.

Una amenaza de ese calibre siempre es grave. Pero en este caso la gravedad es mayor porque significa que la región perdió soberanía, que los latinoamericanos pasaron a convertirse en ciudadanos de segunda que no pueden tomar decisiones que disgusten a la potencia del Norte. Trump dijo que tiene derecho a intervenir en cualquier país de la región donde opere una banda narco. Para invadir Venezuela, inventó el Cartel de los Soles, que no existía.



Estados Unidos y Brasil tienen elecciones en los próximos días. La actuación de ambos mandatarios estuvo dirigida también a sus propias internas. Lula proyectó el peso y el respeto internacional que concita su figura, mientras que Trump insistió con una sobreactuación del MAGA (Make America Great Again) usando a América Latina de punching ball.

En paralelo a la presencia de Milei, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, estaba también en Nueva York. Su visita se desarrolló en dos niveles, uno económico y otro político. Por el primero, se reunió con los acreedores de la deuda que tomó la exgobernadora María Eugenia Vidal y que debió negociar Kicillof. También se reunió con empresarios interesados en conocer a un futuro presidenciable.

En el otro plano, el de la política, en vez de buscar con afano una reunión con Trump que no le cedieron, Kicillof se reunió con la antítesis de Trump, el joven alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, quien declaró que, si tuviera la capacidad, hubiera metido preso a Netanyahu. El gobernador bonaerense participó en una reunión de fuerzas populares y progresistas en la que también intervino el mandatario español, Pedro Sánchez. El itinerario fue la contracara del que realizó Milei. Lo más insólito fue que el Presidente argentino responsabilizó a Kicillof por la suba del riesgo país. Dos giras, dos países.

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sábado, 26 de septiembre de 2026

EL COMPAÑERO TRUMP,

 

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“Significativamente, debido al acento cada vez más criminal que Marco Rubio le ha impreso al bloqueo contra Cuba, el respaldo a esa política se ha reducido en los últimos dos años, al pasar de 32 a 28 por ciento actual. Y todo ello, a escasas seis semanas de la elección de medio periodo prevista para el 3 de noviembre.  Falta, para completar el cuadro, que el señor gritón se vea en riesgo inminente de perder la mayoría en ambas cámaras y de quedar expuesto a un impeachment y que pretenda suspender esos comicios; es algo que no tiene precedentes, pero tampoco los tenía el intento de golpe de Estado promovido por Trump el 6 de enero de 2021 para no ser desalojado de la Casa Blanca. Pensándolo bien, nadie hasta ahora había hecho más que Trump por acabar con la hegemonía planetaria estadunidense, por reducir la influencia de Washington en el mundo y por dinamitar el poder de la presidencia en Estados Unidos. Tal vez sea momento de reflexionar, de ver al hombre desde un nuevo ángulo y empezar a considerarlo un campeón de las causas contra el imperialismo. Tal vez cuando deje el cargo reclame el crédito por esos inmensos logros, se asuma al fin –tras duras décadas de vivir como un infiltrado– como una persona progresista y proclame: “han vivido en el error; todo este tiempo he estado del lado de ustedes; soy el más radical de los antifas; soy el compañero Trump”.

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Donald Trump enfrenta un escenario de tensiones internacionales y desgaste político interno en Estados Unidos. Foto Afp

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EL COMPAÑERO TRUMP.

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Por Pedro Miguel.

Fuente. Diario La Jornada 26 de septiembre del 2026.

Desde la tribuna más alta de la comunidad internacional, los jefes de Estado de Francia, Jordania, Turquía y España, países aliados de Estados Unidos, expresaron su repudio al genocidio de palestinos perpetrado por Israel. También lo hicieron gobernantes de naciones con vínculos menos estrechos con Washington, como Lula da Silva, de Brasil. Y mientras el asesino Benjamin Netanyahu ladraba ante una sala semivacía, en las calles de Nueva York marchó y fue reprimida una expresión de la sociedad estadunidense del rechazo creciente a ese genocidio.

En lo que debiera ser un altar de la convivencia, el diálogo y la colaboración, Trump amenazó con aniquilar a un país entero, calumnió a México en forma por demás proyectiva –porque los verdaderos epicentros, motores e instigadores del narcotráfico son Estados Unidos y su gobierno– y abogó por la ejecución extrajudicial, la agresión bélica, la intervención ilegal en otros países y el despojo a secas como instrumentos para promover la democracia y algo que él llama “civilización”.

Vayan como antecedentes el contraste entre la promesa–amenaza trumpiana de imponer el dominio total de Washington en este hemisferio y sus constantes agresiones a sus socios continentales más importantes, Canadá y México, y a la mayor economía de Latinoamérica, Brasil. Como consecuencia de esas agresiones, el gobierno de Ottawa ya decidió estrechar sus lazos con la Unión Europea y aflojarlos con su vecino del sur.



O el empecinamiento del amo de la Casa Blanca en destruir la presencia y la influencia de su país en Medio Oriente mediante la prolongación de una guerra a todas luces perdida y el aplazamiento absurdo de una derrota inevitable. La guerra contra Irán ha puesto en evidencia que ante la república islámica los grandes portaaviones estadunidenses sirven para muy poco más que darle una vida de infierno a sus tripulaciones, que las bases militares en la península arábiga, Jordania e Irak son mucho más vulnerables de lo que se pensaba; que, ante la creciente escasez de armas antibalísticas, el Pentágono no ha tenido otro remedio que descobijar a Japón, Corea del Sur, Europa y Ucrania para llevar a Medio Oriente municiones millonarias y de difícil fabricación; y que si Trump ha estado chantajeando a sus aliados europeos para que se involucren en el conflicto, ello se debe principalmente a que la Marina de Estados Unidos, en un afán de modernidad arrogante y temerario, retiró sus barcos dragaminas (clase Avenger e Independence) y quiso remplazarlos por una navaja suiza llamada Litoral Combat Ship, que en teoría sirve para muchas cosas y en la práctica, para ninguna.

Trump prometió evitar las guerras y se ha involucrado en una particularmente desastrosa. Prometió mantener bajos los precios de los combustibles y ha conseguido elevarlos en forma angustiante. Ofreció crear empleos y entre 2024 y 2026, el desempleo pasó de 3.9 a 4.1 por ciento (con un pico de 4.4 el año pasado) de la población económicamente activa. Amenazó a Irán con una guerra económica devastadora y le declaró la guerra a la economía de Estados Unidos. Mandó poner su jeta en una edición conmemorativa de monedas de un dólar –aunque la ley lo prohíbe– y su nombre, antes del de Kennedy en el centro cultural que lleva el segundo; también pretendió darle su apellido al estrecho de Ormuz, aunque no hagan falta pruebas genéticas para determinar que no es hijo suyo.

Como resultado de todo eso y de más, la aprobación de Trump entre la población en general ha caído hasta un histórico 32 por ciento, y en la última semana ese mismo indicador entre los republicanos se deslizó de 82 a 73 por ciento. 

Significativamente, debido al acento cada vez más criminal que Marco Rubio le ha impreso al bloqueo contra Cuba, el respaldo a esa política se ha reducido en los últimos dos años, al pasar de 32 a 28 por ciento actual. Y todo ello, a escasas seis semanas de la elección de medio periodo prevista para el 3 de noviembre. 

Falta, para completar el cuadro, que el señor gritón se vea en riesgo inminente de perder la mayoría en ambas cámaras y de quedar expuesto a un impeachment y que pretenda suspender esos comicios; es algo que no tiene precedentes, pero tampoco los tenía el intento de golpe de Estado promovido por Trump el 6 de enero de 2021 para no ser desalojado de la Casa Blanca.

Pensándolo bien, nadie hasta ahora había hecho más que Trump por acabar con la hegemonía planetaria estadunidense, por reducir la influencia de Washington en el mundo y por dinamitar el poder de la presidencia en Estados Unidos. Tal vez sea momento de reflexionar, de ver al hombre desde un nuevo ángulo y empezar a considerarlo un campeón de las causas contra el imperialismo. Tal vez cuando deje el cargo reclame el crédito por esos inmensos logros, se asuma al fin –tras duras décadas de vivir como un infiltrado– como una persona progresista y proclame: “han vivido en el error; todo este tiempo he estado del lado de ustedes; soy el más radical de los antifas; soy el compañero Trump”.

navegaciones@yahoo.com

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viernes, 25 de septiembre de 2026

¿HA MUERTO EL KEYNESIANISMO?

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“Para Haldane, la consolidación fiscal (es decir, la austeridad) ayudará a impulsar el crecimiento. Para los keynesianos, el “estímulo fiscal” (el gasto público) impulsará el crecimiento. En mi opinión, ambos se equivocan. Lo que impulsa el crecimiento es la inversión en los sectores productivos (que crean valor) de la economía, y lo que impulsa la inversión productiva es el aumento de la rentabilidad del sector capitalista, que aporta entre el 15 % y el 18 % del PIB en inversión, frente a la inversión pública, que representa menos del 3 % del PIB. Mientras se mantenga esa proporción, serán las voces de los capitalistas las que prevalezcan. Y dirán que una deuda pública elevada provoca recesiones, por lo que la única forma de recuperar el crecimiento es reducir la deuda mediante la austeridad. Y, sin embargo, está claro que son precisamente la deuda excesiva y las posteriores crisis del sector capitalista las que llevan a una deuda pública elevada.

“Hay varias formas de reducir la carga de la ratio de deuda: una mayor inflación, que reduce el valor real de la deuda y aumenta el PIB nominal. Esta solución traslada las pérdidas a los tenedores de la deuda, por eso el sector financiero se opone con tanta vehemencia a la inflación. Pero también traslada la carga a la mayoría de los trabajadores a través del aumento del coste de la vida. La otra forma de reducir la ratio de deuda es aumentar el crecimiento del PIB real mediante una mayor inversión. Pero eso no va a pasar mientras la inversión dependa de las expectativas de rentabilidad (“espíritus animales”) del sector capitalista. Y ningún gobierno actual está dispuesto a nacionalizar los sectores estratégicos de la economía capitalista (bancos y grandes empresas) para permitir una expansión de la inversión del sector público. Así que la “consolidación fiscal expansionista” (Haldane) o lo que antes se llamaba austeridad fiscal seguirá siendo la política de los gobiernos procapitalistas. 

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Fuentes: Sin permiso [Foto: Keynes junto al filósofo Bertrand Russell (izquierda) y el escritor Lytton Strachey (derecha) en 1915]

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¿HA MUERTO EL KEYNESIANISMO?

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Por Michael Roberts /25/09/2026/ Economía.

Fuentes. Revista Rebelión viernes 25 de septiembre del 2026.

¿Ha muerto el keynesianismo?, se pregunta Andy Haldane, execonomista jefe del Banco de Inglaterra, en un artículo publicado en el Financial Times. La respuesta de Haldane es: “El keynesianismo, si no está muerto, podría estar en desuso”.

¿Qué quiere decir con eso y por qué plantea esta pregunta? En resumen, Haldane considera que la teoría keynesiana (es decir, que las crisis económicas o el estancamiento se pueden superar aumentando el gasto público, lo que “podría reavivar el espíritu animal del sector privado y, con él, el crecimiento”) ya no funciona. La razón es que “cuando la deuda es la enfermedad, la medicina fiscal puede ser tan perjudicial como curativa”, ya que hace subir los rendimientos de los bonos y, por lo tanto, aumenta el coste de financiación para el sector privado.

Entonces, ¿Cuál es la solución? Haldane dice que, en lugar de gastar más, los gobiernos tienen que ahorrar más, es decir, recortando el gasto y/o subiendo los impuestos para que el sector privado pueda expandirse. En esencia, Haldane está planteando un nuevo (o viejo) argumento a favor de la austeridad: recortar los servicios públicos, excepto en defensa (suponiendo que consideres la defensa como un servicio público), y subir los impuestos para que la mayoría de nosotros paguemos la deuda creciente.

Hay tantas cosas que fallan en esta llamada “consolidación expansionista”, como la llama Haldane (la idea de que recortar la deuda pública puede, de hecho, fomentar el gasto privado y la confianza), que cuesta saber por dónde empezar.

En primer lugar, ¿por qué son tan altos los niveles de deuda pública en las principales economías capitalistas? ¿Se debe al gasto desmesurado de los gobiernos en servicios públicos, prestaciones sociales, infraestructuras y pensiones? Esto es, sencillamente, falso.

En la OCDE, el gasto público social representaba menos del 10 % del PIB en 1960, pero desde entonces se ha más que duplicado hasta situarse, de media, en algo más del 20 % en toda la OCDE. Pero dos tercios de este gasto se destinan a pensiones y servicios sanitarios, ya que la población de las principales economías está envejeciendo. El resto del gasto social es una mezcla de ayudas a los ingresos para la población en edad de trabajar y servicios sociales distintos de la sanidad. No supera, de media, el 6,5 % del PIB. Las ayudas a los ingresos, que representan el 1,6 % del PIB, corresponden a prestaciones en efectivo por enfermedad y discapacidad; el 1,1 %, a prestaciones familiares en efectivo; y el 0,6%, a prestaciones por desempleo. Este gasto es minúsculo comparado con las ayudas públicas a la industria (1,5 %, ahora en su nivel más alto desde la crisis financiera mundial de 2008) y a la defensa (que ahora ronda de media el 2,0-2,5 % y se prevé que suba al 3,0-5,0 % del PIB para finales de esta década).



Basta con fijarse en el Reino Unido. El grupo de expertos Resolution Foundation calcula que el gasto total en seguridad o asistencia sociales en Gran Bretaña en 2025-26 será del 10,8 % del PIB. Esto supone un 0,8 % del PIB más que en vísperas de la crisis financiera mundial de 2007-08. Pero en comparación con 2012-13 (el punto álgido de la recesión posterior a la crisis financiera global), el gasto total en asistencia social ha disminuido un 1,2 % del PIB. Además, se prevé que el gasto en asistencia social solo aumente un 0,1 % del PIB hasta 2029-30.

Así que cuando Haldane habla de la necesidad de poner fin al “estímulo fiscal” al estilo keynesiano debido a la deuda pública excesiva, esto no se puede achacar al gasto en bienestar social.

Además, Haldane no explica por qué los niveles de deuda pública han aumentado tanto en las principales economías. Pero si se observa la serie temporal de la deuda pública en relación con el PIB, se ve claramente que los aumentos más bruscos y discontinuos se produjeron coincidiendo con las crisis financieras y las recesiones de la economía capitalista. Fueron estas las que obligaron a los gobiernos a rescatar a los bancos y otras instituciones financieras en 2008-2009 y a financiar a los empresarios y las empresas durante la caída provocada por la pandemia de la COVID. Tanto antes, como entre estos dos acontecimientos, los niveles de deuda pública apenas subieron.

En cuanto a los déficits presupuestarios anuales, de nuevo los mayores déficits se registraron durante el periodo de las dos crisis económicas, ya que los gobiernos destinaron más fondos al desempleo y otras prestaciones, al tiempo que recibían menos ingresos fiscales.

En los periodos de crecimiento relativamente más rápido (1991-2007), los déficits presupuestarios anuales se situaron de media en el 3 % del PIB, al igual que entre 2014 y 2019. Los déficits anuales han sido más elevados desde el final de la recesión provocada por la pandemia, lo cual se debe al aumento de los costes por intereses a medida que se acumulaba la deuda y subían los tipos de interés, junto con un crecimiento económico muy débil en la mayoría de las principales economías. A lo largo de los periodos de austeridad, mientras que la mayoría de la gente se enfrentaba a impuestos más altos, otros se beneficiaron de recortes en el impuesto sobre la renta (sobre todo los grupos con rentas más altas) y en el impuesto de sociedades. Eso significó que los ingresos fiscales del gobierno, como porcentaje del PIB, se mantuvieron estables en torno al 36 % del PIB, lo que garantizó un aumento de los déficits presupuestarios anuales.

Haldane sostiene que las políticas keynesianas de gestión macroeconómica (es decir, el aumento del gasto público y la reducción de los impuestos para impulsar el crecimiento económico) han “quedado obsoletas” en el mundo actual de elevada deuda pública, ya que las medidas keynesianas harán que aumente la deuda, no el crecimiento. Haldane considera que esto significa que el famoso “multiplicador” keynesiano ya no funciona. El multiplicador keynesiano sostiene que el aumento del gasto público impulsa el consumo y la inversión, lo que a su vez conduce a un mayor crecimiento del PIB real. Ese crecimiento del PIB real superará el gasto adicional y la deuda pública, por lo que se autofinanciará.



Lo que yo planteo aquí es que el problema del multiplicador no es que no funcione en un contexto de elevada deuda pública, sino que no funciona en una economía capitalista si la rentabilidad del capital no aumenta gracias al gasto público.  Como Guglielmo Carchedi y yo ya explicamos allá por 2013, la diferencia entre el multiplicador keynesiano (la relación entre la variación del gasto público y el crecimiento) y el multiplicador marxista (es decir, la relación entre la variación de los beneficios y el crecimiento) es que

“en el multiplicador keynesiano, … la rentabilidad juega un papel secundario y los efectos (del gasto público) sobre la economía son siempre aparentemente positivos. En el multiplicador marxista, la rentabilidad es fundamental… La cuestión es sin rondas de inversiones sucesivas generan una tasa de ganancia superior, inferior o igual a la tasa media de ganancia original”.

Como explicamos en nuestro artículo, lo que importa en una economía capitalista no es la evolución de la “demanda agregada”, sino la evolución de la rentabilidad del capital. El multiplicador keynesiano es un motor de crecimiento débil en comparación con el multiplicador marxista de la rentabilidad (véase World in Crisis, p. 26, gráfico 1.10).

Tras el fin de la Gran Recesión, hay pocas pruebas de que los países que registraron déficits presupuestarios más elevados y, por lo tanto, aumentaron la deuda del sector público, se recuperaran más rápido y aumentaran más el PIB que los que no lo hicieron. Varios estudios muestran que el llamado multiplicador keynesiano (la relación entre el crecimiento real del PIB y el aumento del gasto público o del déficit presupuestario) está poco correlacionado con la recuperación económica tras 2009. La Comisión Europea constató que el multiplicador keynesiano se situó muy por debajo de 1 en el periodo posterior a la Gran Recesión. El coste medio en términos de producción de un ajuste fiscal equivalente al 1 % del PIB no superó el 0,5 % del PIB para la UE en su conjunto.

El argumento de Haldane contra el multiplicador keynesiano es diferente. Afirma que el aumento del gasto público, incluso si se destina a inversión pública en lugar de a “bienestar” o servicios públicos, en realidad frenará el crecimiento.

“En un estudio de 44 países, Ilzetzki, Mendoza y Végh encuentran pruebas de que el estímulo fiscal frena el crecimiento (un multiplicador fiscal negativo) cuando la deuda pública de los países supera el 60 % del PIB. Dado que todos los países del G7 tienen ratios de deuda por encima de este umbral, ¿podríamos estar entrando ahora en la zona gris de las políticas keynesianas?”

Aquí Haldane recurre a la desacreditada teoría de Rogoff y Reinhart, quienes argumentaban en su malogrado libro, Esta vez es diferente, que las economías con altos ratios de deuda pública (ellos proponían un umbral del 90 % del PIB) tendrían un crecimiento menor y, finalmente, sufrirían una crisis financiera. El estudio empírico en el que se basaba esta afirmación quedó posteriormente en evidencia por estar plagado de errores de codificación y estadísticos. Es cierto que otros estudios, como el que cita Haldane, muestran una correlación entre una elevada deuda pública y un menor crecimiento. Pero ¿implica eso que es la elevada deuda pública la que frena el crecimiento o es al revés: que la ralentización del crecimiento o las recesiones propiamente dichas provocan un aumento de la deuda pública? Es claramente lo segundo, como demuestran los datos anteriores.



Y si buscamos en el aumento de la deuda la causa del menor crecimiento y de las crisis financieras, la deuda del sector privado (en particular, la deuda corporativa excesiva y la deuda financiera, es decir, lo que Marx llamaba capital ficticio) es una culpable mucho más probable que la deuda pública. El aumento de la deuda privada empezó a superar a la deuda pública en relación con el PIB en el llamado periodo neoliberal y se mantuvo mayor que la deuda pública hasta la crisis financiera mundial de 2008-2009.

Y como señaló recientemente la OCDE:

“Desde 2008, la emisión de bonos corporativos ha crecido significativamente por encima de la tendencia, mientras que la inversión empresarial no lo ha hecho. La emisión acumulada de bonos por parte de empresas no financieras entre 2009 y 2023 fue 12,9 billones de dólares superior a la tendencia anterior a 2008, mientras que la inversión empresarial fue 8,4 billones de dólares inferior. En lugar de destinarse a la inversión productiva, gran parte de la deuda de los últimos años se ha utilizado para financiar operaciones financieras como refinanciaciones y repartos de dividendos a los accionistas. Esto sugiere que es poco probable que la deuda existente se amortice por sí sola a través de los rendimientos de la inversión productiva”.

Para Haldane, la consolidación fiscal (es decir, la austeridad) ayudará a impulsar el crecimiento. Para los keynesianos, el “estímulo fiscal” (el gasto público) impulsará el crecimiento. En mi opinión, ambos se equivocan. Lo que impulsa el crecimiento es la inversión en los sectores productivos (que crean valor) de la economía, y lo que impulsa la inversión productiva es el aumento de la rentabilidad del sector capitalista, que aporta entre el 15 % y el 18 % del PIB en inversión, frente a la inversión pública, que representa menos del 3 % del PIB. Mientras se mantenga esa proporción, serán las voces de los capitalistas las que prevalezcan. Y dirán que una deuda pública elevada provoca recesiones, por lo que la única forma de recuperar el crecimiento es reducir la deuda mediante la austeridad. Y, sin embargo, está claro que son precisamente la deuda excesiva y las posteriores crisis del sector capitalista las que llevan a una deuda pública elevada.

Hay varias formas de reducir la carga de la ratio de deuda: una mayor inflación, que reduce el valor real de la deuda y aumenta el PIB nominal. Esta solución traslada las pérdidas a los tenedores de la deuda, por eso el sector financiero se opone con tanta vehemencia a la inflación. Pero también traslada la carga a la mayoría de los trabajadores a través del aumento del coste de la vida. 

La otra forma de reducir la ratio de deuda es aumentar el crecimiento del PIB real mediante una mayor inversión. Pero eso no va a pasar mientras la inversión dependa de las expectativas de rentabilidad (“espíritus animales”) del sector capitalista. Y ningún gobierno actual está dispuesto a nacionalizar los sectores estratégicos de la economía capitalista (bancos y grandes empresas) para permitir una expansión de la inversión del sector público. Así que la “consolidación fiscal expansionista” (Haldane) o lo que antes se llamaba austeridad fiscal seguirá siendo la política de los gobiernos procapitalistas. 

Michael Roberts es un economista marxista británico afincado en la City de Londres, que habitualmente publica en su blog

Texto original: TeNetxRecession

Traducción: viento sur

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