viernes, 22 de mayo de 2026

LA PRESENCIA DE CHINA EN AMÉRICA LATINA.

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“Pero al mismo tiempo, muchos gobiernos responden con un argumento sencillo, occidente nunca ofreció el nivel de financiamiento e infraestructura que ahora ofrece China, y aquí está la gran contradicción del asunto; para algunos, Beijing representa una oportunidad histórica de crecimiento, desarrollo, modernización y diversificación económica. Para otros, representa el nacimiento de una nueva dependencia extranjera disfrazada de cooperación. Lo cierto es que en 2026 América Latina ya no es un simple espectador del conflicto global, ahora es uno de los campos de batalla más importantes de la disputa entre China y EE. UU. por recursos, tecnología, energía y control económico. China ya no es solamente un comprador de materias primas, se convierte en un actor profundamente metido en sectores clave de la región, como el litio, cobre, puertos, telecomunicaciones, inteligencia artificial, minería, energía, vigilancia digital y movilidad eléctrica. La gran pregunta es si América Latina logrará usar esta relación para fortalecer industrias propias y ganar soberanía económica y desarrollo, o si terminará atrapada en un modelo de dependencia, deuda y control tecnológico extranjero. Porque la pelea por América Latina ya inició, y lo que pase en esta región durante las próximas décadas, podría definir buena parte del nuevo equilibrio mundial. 

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Fuentes: Rebelión.

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LA PRESENCIA DE CHINA EN AMÉRICA LATINA.

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Por Mg. José A. Amesty Rivera | 22/05/2026 | América Latina y Caribe.

Fuentes. Revista Rebelión viernes 22 de mayo del 2026.

La gente común de nuestros pueblos latinoamericanos ya no habla de China solamente como un país lejano que compra petróleo, hierro o soya, ahora se habla de una potencia que se está metiendo “hasta la cocina” en América Latina, y no solo en comercio, también en tecnología, puertos, carreteras, energía, telecomunicaciones, inteligencia artificial, vigilancia digital y hasta en el juego político de la región. 

En 2026, China dejó de ser simplemente “un cliente grande”, hoy es uno de los actores más poderosos dentro de América Latina y está peleando cara a cara con EE. UU. y Europa por el control económico y estratégico del continente.

Y la verdad es que esto no pasa de la noche a la mañana; mientras América Latina se hunde entre deuda, crisis económicas, corrupción, industrias quebradas y gobiernos desesperados buscando financiamiento, Beijing llega ofreciendo plata rápida, obras gigantescas y tecnología sin sermones políticos ni condiciones incómodas.

Ahí fue donde China encuentra la puerta abierta, lo que hace veinte años parecía un simple negocio comercial, hoy es una transformación completa del mapa de poder latinoamericano. 



China ya controla o participa en puertos, redes eléctricas, minas, telecomunicaciones, proyectos energéticos, satélites y sistemas tecnológicos sensibles; su influencia se mete desde las calles de Bogotá hasta las minas de litio en Bolivia, pasando por el petróleo venezolano y los puertos gigantes del Pacífico.

Y mientras muchos gobiernos celebran inversiones y acuerdos, otros advierten que la región podría estar entrando en una nueva forma de dependencia extranjera; porque sí, cambió el jugador, pero el riesgo de subordinación sigue allí.  

El comercio es probablemente la cara más visible de esta expansión, China ya es el principal socio comercial de varios países sudamericanos, compra cantidades cuantiosas de soya, cobre, hierro, petróleo, carne y litio, mientras inunda la región con maquinaria, tecnología, paneles solares, productos industriales y vehículos eléctricos.

Hoy el comercio entre China y América Latina supera el medio billón de dólares al año, una cifra que hace dos décadas parecía pura ciencia ficción. 

Pero detrás de estos números bonitos aparece una realidad incómoda; América Latina sigue exportando materia prima barata e importando productos industrializados, o sea, seguimos jugando el viejo papel de proveedores de recursos mientras otros se quedan con la tecnología, la industria y las ganancias grandes



Brasil es uno de los mejores ejemplos. China se convirtió en el principal comprador de soya brasileña y también absorbe enormes cantidades de hierro, petróleo y carne; hay regiones enteras del agro brasileño que dependen directamente de lo que decida Beijing. Si China compra más, la economía rural respira, si China baja las compras, miles de productores tiemblan. Este nivel de dependencia ya preocupa dentro de sectores industriales brasileños, especialmente porque productos chinos mucho más baratos están golpeando fábricas locales y aumentando la vulnerabilidad económica.

Mientras tanto, empresas chinas avanzan sobre redes eléctricas, energía, puertos y telecomunicaciones. Huawei prácticamente se volvió protagonista del despliegue tecnológico brasileño y juega fuerte en las redes 5G.

Además, marcas chinas de vehículos eléctricos están entrando agresivamente al mercado latinoamericano, desplazando poco a poco a fabricantes occidentales. Y aquí es donde la pelea geopolítica se pone seria, porque el 5G no es solamente internet rápido, aquí también se juega inteligencia artificial, automatización industrial, vigilancia urbana y control de infraestructura crítica. 

Washington lo sabe perfectamente, por esto Estados Unidos lleva años presionando a gobiernos latinoamericanos para frenar el avance tecnológico chino.



Argentina enfrenta otro escenario delicado. El país tiene una de las mayores reservas de litio del planeta, un recurso fundamental para baterías, autos eléctricos y toda la transición energética mundial. China ya se está posicionando fuerte dentro del llamado “triángulo del litio”, compartido con Bolivia y Chile. Pero además del litio, Beijing financió represas, ferrocarriles y proyectos energéticos argentinos. Y el punto más sensible sigue siendo la estación espacial china instalada en Neuquén, en plena Patagonia. Oficialmente es una base científica.

Extraoficialmente, muchos en Washington sospechan posibles usos militares o de inteligencia. Esto demuestra que la competencia entre China y EE. UU. ya no ocurre solamente en Asia o en el Mar del Sur de China, la batalla también se está jugando en territorio latinoamericano. 

Chile ocupa otro lugar clave porque controla algunos de los minerales más importantes para el futuro energético global. El cobre chileno es vital para industrias tecnológicas y eléctricas, mientras el litio se vuelve prácticamente oro moderno; China ya participa en minería, energía y telecomunicaciones chilenas. 

Y EE. UU. mira con preocupación proyectos relacionados con cables submarinos, centros de datos y redes digitales estratégicas, porque quien controle los minerales críticos y la infraestructura digital del futuro tendrá una ventaja brutal sobre la economía mundial. 


Perú se ha convertido en uno de los principales laboratorios de expansión china en infraestructura; empresas chinas tienen enorme presencia en minas de cobre y oro, pero el proyecto que más preocupa a Washington es el mega puerto de Chancay. Este puerto, financiado con capital chino, podría cambiar completamente las rutas comerciales entre Sudamérica y Asia. Para Beijing, es una pieza estratégica dentro de su expansión marítima global, para EE. UU. es otro punto de influencia china creciendo en el Pacífico latinoamericano.

Bolivia también entró de lleno en el tablero geopolítico gracias al litio. Durante años el país tuvo dificultades para industrializar sus reservas, y ahí apareció China ofreciendo financiamiento, tecnología y acuerdos industriales. Además, crecieron convenios relacionados con satélites, telecomunicaciones y vigilancia digital. Muchos ya llaman al litio “el petróleo del siglo XXI”, y no es exageración. El país o bloque que domine ese recurso tendrá poder enorme sobre la economía energética del futuro.

Venezuela representa probablemente uno de los vínculos más profundos entre China y América Latina. Durante años, Beijing prestó miles de millones de dólares respaldados con petróleo venezolano, incluso después del colapso económico, China mantuvo apoyo financiero, tecnológico y diplomático al gobierno venezolano. Empresas chinas participaron en telecomunicaciones, sistemas de monitoreo estatal y vigilancia digital, y esto encendió todas las alarmas en Washington. Porque para EE. UU. no se trata solamente de negocios, también ven una expansión de modelos de control político apoyados en tecnología china.

Colombia muestra otro fenómeno interesante, aunque históricamente fue uno de los aliados más cercanos de Estados Unidos en Sudamérica, China logró avanzar fuerte en infraestructura y tecnología. El metro de Bogotá, construido por un consorcio chino, es uno de los símbolos más visibles de ese avance. Incluso empresarios colombianos comenzaron a mirar más hacia Asia mientras algunos mercados occidentales se desaceleran; esto manda un mensaje clarísimo, hasta los aliados tradicionales de Washington están buscando diversificar relaciones. 



México vive quizás el equilibrio más complicado de todos, su economía depende profundamente de EE. UU., pero China ya se volvió clave en manufactura, electrónica y vehículos eléctricos. Washington acusa constantemente a empresas chinas de usar territorio mexicano para esquivar aranceles y entrar indirectamente al mercado norteamericano. Mientras tanto, fabricantes chinos siguen creciendo gracias a precios más baratos y producción masiva; México intenta jugar en ambos bandos sin romper con ninguno. 

Panamá sigue siendo una joya geopolítica por el canal interoceánico; China entendió hace años que controlar rutas logísticas globales vale tanto como controlar petróleo o minerales. Empresas chinas participaron en puertos, infraestructura marítima y proyectos estratégicos vinculados al comercio internacional, y claro, EE. UU. no piensa quedarse tranquilo viendo cómo Beijing gana terreno en uno de los puntos más sensibles del continente. 

Ecuador también recibió una ola fuerte de capital chino en hidroeléctricas, minería y petróleo, pero varios proyectos terminaron cuestionados por sobrecostos, fallas técnicas y dependencia financiera. Ahí nace otra discusión cada vez más fuerte en América Latina; ¿China realmente ayuda al desarrollo o simplemente está construyendo una nueva forma de dependencia?

Uruguay intenta mantener el equilibrio, comercia cada vez más con China, vende productos agrícolas y fortalece acuerdos tecnológicos, pero sin romper totalmente con Occidente. 

Costa Rica tiene un peso simbólico importante porque fue uno de los primeros países centroamericanos en romper relaciones con Taiwán para reconocer oficialmente a China, desde entonces crecieron inversiones, cooperación tecnológica e infraestructura. Pero también aparecieron investigaciones sobre minería ilegal y tráfico de oro vinculadas a cadenas internacionales conectadas, supuestamente con el mercado chino. Esto demuestra la posibilidad que la expansión económica también puede mezclarse con redes criminales, corrupción y destrucción ambiental. 



En Cuba y Nicaragua, la relación con China tiene además un componente político clarísimo, ambos gobiernos ven en Beijing un aliado frente a sanciones y presiones occidentales; China participa en telecomunicaciones, infraestructura y financiamiento estatal.

En Nicaragua, el acercamiento explotó después de romper relaciones diplomáticas con Taiwán. Y mientras eso ocurre, países como Paraguay enfrentan presiones económicas internas para acercarse también a Beijing.

La pelea diplomática entre China y Taiwán ya aterrizó de lleno en América Latina

Uno de los sectores donde China avanza más rápido es el de vehículos eléctricos, marcas como BYD, Chery, Geely y MG están entrando con fuerza gracias a modelos más baratos y agresivos que muchos competidores occidentales, en este sentido, Brasil, México, Chile y Colombia son mercados prioritarios. 

Esto acelera la transición energética, sí, pero también aumenta la dependencia tecnológica de cadenas industriales controladas por China. Huawei sigue dominando buena parte de las telecomunicaciones latinoamericanas pese a toda la presión de Washington, y aquí ya no estamos hablando solamente de celulares o internet, estamos hablando de inteligencia artificial, automatización, vigilancia urbana y seguridad nacional.

EE. UU. teme que China termine obteniendo acceso privilegiado a infraestructura crítica latinoamericana mediante estas tecnologías. 

El espacio también entró en la pelea. China desarrolla cooperación espacial con Argentina, Bolivia, Venezuela y Brasil, oficialmente son proyectos científicos, pero Washington sospecha posibles usos militares duales. La competencia espacial ya dejó de ser cosa exclusiva de las superpotencias tradicionales



América Latina ahora forma parte del tablero geopolítico; las críticas al avance chino son cada vez más fuertes. Muchos economistas creen que la región corre el riesgo de hundirse otra vez en el viejo modelo extractivista, que es, exportar recursos baratos mientras otros desarrollan industria y tecnología. Otros alertan sobre deuda, pérdida de soberanía y dependencia tecnológica.

Además, comunidades indígenas y grupos ambientalistas denuncian contaminación, destrucción ecológica y conflictos sociales relacionados con proyectos extractivos impulsados por empresas extranjeras, incluidas compañías chinas.

Pero al mismo tiempo, muchos gobiernos responden con un argumento sencillo, occidente nunca ofreció el nivel de financiamiento e infraestructura que ahora ofrece China, y aquí está la gran contradicción del asunto; para algunos, Beijing representa una oportunidad histórica de crecimiento, desarrollo, modernización y diversificación económica. Para otros, representa el nacimiento de una nueva dependencia extranjera disfrazada de cooperación.

Lo cierto es que en 2026 América Latina ya no es un simple espectador del conflicto global, ahora es uno de los campos de batalla más importantes de la disputa entre China y EE. UU. por recursos, tecnología, energía y control económico. China ya no es solamente un comprador de materias primas, se convierte en un actor profundamente metido en sectores clave de la región, como el litio, cobre, puertos, telecomunicaciones, inteligencia artificial, minería, energía, vigilancia digital y movilidad eléctrica.

La gran pregunta es si América Latina logrará usar esta relación para fortalecer industrias propias y ganar soberanía económica y desarrollo, o si terminará atrapada en un modelo de dependencia, deuda y control tecnológico extranjero. Porque la pelea por América Latina ya inició, y lo que pase en esta región durante las próximas décadas, podría definir buena parte del nuevo equilibrio mundial. 

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jueves, 21 de mayo de 2026

¿BOLIVIA POR QUÉ DEBE RENUNCIAR RODRIGO PAZ ¿A LA PRESIDENCIA?

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“La reorganización del pueblo frente a los derechos arrebatados. A pesar de la represión y del aparato institucional que bloquea la legalidad – el Tribunal Constitucional Plurinacional y el Tribunal Supremo Electoral actuando como brazos del Poder Ejecutivo–, el pueblo mantiene viva su capacidad de reorganización. Los derechos arrebatados por el Gobierno de Arce y ahora profundizados por Paz no han sido olvidados: están en la memoria colectiva y alimentan la combatividad de sindicatos, organizaciones sociales y sectores populares.

“La resistencia se articula en torno a la defensa de la CPE y a la denuncia de la ilegalidad que impide la participación del instrumento político del Pueblo. Esa energía latente anuncia que la renuncia de Paz no es solo un reclamo político, sino una necesidad para restablecer la soberanía popular para retomar el proceso de cambio y la revolución cultural que vive Bolivia. El ente aglutinador de todas las demandas nítidamente es la Constitución Política del Estado, y ésta se ha convertido en la bandera de lucha de las protestas y demandas populares y en el mayor temor de las minorías privilegiadas.

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Fuentes: Red de Economía Política.

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¿BOLIVIA POR QUÉ DEBE RENUNCIAR RODRIGO PAZ

¿A LA PRESIDENCIA?

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Por | 21/05/2026 | Bolivia

Fuente. Revista rebelión jueves 21 de mayo del 2026.

Desde el 1° de mayo, el pueblo ha puesto sobre la mesa un conjunto de demandas dirigidas al Gobierno, exigiendo que cumpla con su mandato constitucional de hacer respetar y respetar la CPE y, de defender, sin ambigüedades, los intereses nacionales y la voluntad popular que lo llevó al poder, hasta llegar a la demanda de que el Presidente Rodrigo Paz debe renunciar a la presidencia, no por capricho o consigna aislada producto del pueblo movilizado en las calles y carreteras, sino por la conclusión de seis meses de fracaso como Gobierno que se basa en la permanente mentira, la violación a la CPE y el intento de sofocar la voluntad popular.

1. La mentira como argumento y práctica política.

En estos seis meses, el Gobierno de Rodrigo Paz ha convertido la mentira en herramienta cotidiana de gestión. Promesas de estabilidad económica, transparencia institucional y respeto a la Constitución se han revelado como discursos vacíos. La práctica política se sostiene en anuncios sin respaldo técnico, en cifras maquilladas y en narrativas que buscan encubrir la improvisación. La mentira no es un error aislado: es el método de gobierno, un mecanismo de gestión para ganar tiempo mientras la crisis se profundiza y la confianza ciudadana se erosiona.

En estos seis meses, el Gobierno de Rodrigo Paz ha convertido la mentira en una marca corporativa registrada como forma de gobierno, la ha convertido en herramienta cotidiana de gestión. Promesas de estabilidad económica, transparencia institucional y respeto a la Constitución se han revelado como discursos vacíos. La práctica política se sostiene en anuncios sin respaldo técnico, en cifras maquilladas y en narrativas que buscan encubrir la improvisación.



El Gobierno insiste en reciclar el neoliberalismo, mientras convierte a la “CONFEDERACION OBRERA BOLIVIANA” COB y a los trabajadores en objeto de olvido y marginación.

La memoria inmediata nos remite al frustrado D.S. 5503, aquel intento burdo de reinstalar el neoliberalismo, y a los primeros gestos de reorganización del movimiento popular. Pese a ese fracaso, el Gobierno de Paz no cesa en su empeño: ahora retorna con medidas fragmentadas y encubiertas, buscando imponer la receta dictada por los organismos internacionales en beneficio del sector más acaudalado y reaccionario de la economía. En ese camino, relega y desprecia las demandas de la COB y de los trabajadores, hasta el extremo de convertir su rol histórico en objeto de burla y de reducción sistemática dentro de la sociedad boliviana.

La corrupción persistente en el negocio de los hidrocarburos, expresada en la compra de gasolina “basura” y diésel que deterioran el parque automotor; la rebaja de cuatro impuestos que favoreció directamente a las grandes fortunas; y la intención de beneficiar al sector agroindustrial mediante una ley de tierras en perjuicio de la economía comunitaria, constituyen los ejes que revelan y aceleran el frágil manejo del Estado.

En esa virtud falaz, Rodrigo Paz ha diseñado un discurso propio de sofistas, en los que se dirige a los sectores populares como si sus acciones fueran en beneficio a ellos, cuando la realidad demuestra que su proximidad a los sectores agroindustriales y a la banca son los que prevalecen a la hora de beneficiar con sus medidas inconstitucionales.



2. Un plan de gobierno ajeno y la intención de violentar la Constitución Política del Estado (CPE)

Las acciones aplicadas por Rodrigo Paz no corresponden a su propio programa electoral, sino que reproducen medidas de otro candidato y de sectores que buscan imponer un proyecto neoliberal. Esta apropiación revela dos cosas:

Falta de legitimidad política, porque gobierna con un plan que no fue votado.

Intención de modificar la Constitución Política del Estado, debilitando sus garantías y abriendo la puerta a la privatización de recursos estratégicos y a la concentración de poder. La CPE, conquistada como pacto social, se convierte en blanco de una ofensiva que pretende vaciarla de contenido y someterla a intereses externos.

La ausencia de un plan de gobierno se percibe por la debilidad en el discurso improvisado que le obligar a seguir mintiendo, difamando o elucubrando teorías “magníficas” sin contenido ni sentido político, de ahí su aplicación y tibieza al sostenerlo a través de un Órgano Ejecutivo sin claridad política ni técnica en su ejecución, acompañada por una Asamblea Legislativa que desconoce su mandato y por tanto inoperable y parasitaria.

La realidad nos demuestra el surgimiento de nuevos liderazgos populares desde el 1° de mayo. Las COB y sus 16 resoluciones del cabildo, se constituyeron en una línea base para las diferentes expresiones populares que permitieron organizar sus demandas hasta llegar a consolidarse como una consigna de lucha la Renuncia de Rodrigo Paz a la presidencia.

3. La reorganización del pueblo frente a los derechos arrebatados

A pesar de la represión y del aparato institucional que bloquea la legalidad – el Tribunal Constitucional Plurinacional y el Tribunal Supremo Electoral actuando como brazos del Poder Ejecutivo–, el pueblo mantiene viva su capacidad de reorganización. Los derechos arrebatados por el Gobierno de Arce y ahora profundizados por Paz no han sido olvidados: están en la memoria colectiva y alimentan la combatividad de sindicatos, organizaciones sociales y sectores populares.

La resistencia se articula en torno a la defensa de la CPE y a la denuncia de la ilegalidad que impide la participación del instrumento político del Pueblo. Esa energía latente anuncia que la renuncia de Paz no es solo un reclamo político, sino una necesidad para restablecer la soberanía popular para retomar el proceso de cambio y la revolución cultural que vive Bolivia.

El ente aglutinador de todas las demandas nítidamente es la Constitución Política del Estado, y ésta se ha convertido en la bandera de lucha de las protestas y demandas populares y en el mayor temor de las minorías privilegiadas.

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miércoles, 20 de mayo de 2026

ODIAR A LAS MUJERES COMO PROPUESTA POLÍTICA.

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"En España algunos influencers de la derecha se jactan de menospreciar a las feminazis, cuatro locas pancarteras de pelo azul como la inteligentísima Marta Carmona, diputada de Más Madrid en la Asamblea de la CAM. En el debate se está introduciendo cada vez con más frecuencia la baja natalidad de los países occidentales, como muestra de una creciente tendencia de esta derecha populista a depreciar a las mujeres sin hijos. Este será uno de los puntos calientes en un futuro próximo, el rol principal de la mujer como madre y la supeditación de su carrera profesional a este “objetivo natural”. El papel de la mujer madre tradicional compite en popularidad al recurso de la victimización masculina. Los que acusan a las mujeres de victimizarse recurriendo falsamente a la violencia sexual y machista están, a su vez, victimizándose como héroes de la libertad de expresión y los derechos pisoteados de los hombres. Ni mujeres ni hombres somos santos ni villanos todos los días de la semana, pero en esta que concluimos hoy, la política socialista Pilar Alegría ha sufrido ataques machistas por las supuestas acciones de José Luis Ábalos, y hemos tenido que recordar que se puede criticar a Isabel Díaz Ayuso sin aludir a su físico. 

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Fuentes: El diario [Imagen: La mesa de autoridades de China y EE. UU. durante la visita de Trump al país asiático. EFE/EPA/MAXIM SHEMETOV / POOL].

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ODIAR A LAS MUJERES COMO PROPUESTA POLÍTICA.

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Por Raquel Marcos Oliva | 20/05/2026 | Feminismos

Fuente Revista rebelión miércoles 20 de mayo del 2026.

Si hay algo que es capaz de unir a toda la derecha populista es que el feminismo ha ido demasiado lejos, y por el camino a arrollado los derechos de los hombres, la competitividad de las empresas, la eficacia de los gobiernos y los ejércitos, la meritocracia, la libertad de expresión y la presunción de inocencia.

Una foto de la cumbre de las dos economías más grandes del planeta, China y EE. UU: en la nutrida mesa para tratar el futuro de todos nosotros no hay sentada una sola mujer. Abro X y, pese a la cruda realidad de la actual hegemonía del hombre fuerte, tuiteros en busca del éxito personal hablan de abolir la peligrosa «Charocracia» (1). En EE. UU. el mundo MAGA comenta lo desastroso que podría ser para el país el voto de las “wine moms” (¿madres del vino?), etiqueta que designa a las mujeres de mediana edad que votan demócrata y son activistas de la defensa de los derechos civiles y los inmigrantes, también conocidas peyorativamente como AWFUL (Affluent White Female Urban Liberal), acrónimo que en inglés significa “horrible”. 

Lara Putnam, profesora de historia en la Universidad de Pittsburgh, y Theda Skocpol, politóloga de Harvard, ya hablaban en 2018 del poder político de las mujeres liberales de mediana edad que sistemáticamente votaban opciones de izquierda, y a partir de ahí las mujeres y, como consecuencia, el feminismo, comenzaron a convertirse en un objetivo evidente de la derecha trumpista. En 2022, Tucker Carlson atacó a Kamala Harris llamándola “madre de vino de bajo cociente intelectual”, uniendo dos de las obsesiones del trumpismo actual, la misoginia y los resultados de las pruebas de inteligencia. Si hay algo que es capaz de unir a toda la derecha populista es que el feminismo ha ido demasiado lejos, y por el camino a arrollado los derechos de los hombres, la competitividad de las empresas, la eficacia de los gobiernos y los ejércitos, la meritocracia, la libertad de expresión y la presunción de inocencia. Ahí es nada, mujeres del mundo. Cualquiera lo diría viendo quién gobierna y tiene el poder y el dinero en los principales países del mundo. Un reciente artículo en The Atlantic analizaba la misoginia de la derecha populista, que no quieren que las mujeres trabajen, tengan opiniones y en los casos más extremos, voten. Hombres como Douglas Wilson, cofundador de la Comunión de Iglesias Evangélicas Reformadas, que opina que debe haber un solo voto por hogar a cargo del “Páter familias”. Para la autora del artículo, Helen Lewis, el masculinismo es el principal punto de unión de la extrema derecha estadounidense e internacional. Los valores masculinos como muestra extrema de virtud y fortaleza y los femeninos, de debilidad e histerismo. 



Los problemas reales de los hombres en educación y en el entorno laboral, propensión a la violencia o al suicidio o pérdida del estatus que deberían tener se convierten en coartadas para un sexismo explícito y desacomplejado de personajes como Nick Fuentes. Se acusa a las mujeres de emascular a los hombres e impedirles ser los héroes que están llamados a ser. Scott Yenor, quien ha declarado que las mujeres modernas son “medicadas, entrometidas y pendencieras”. Ideólogos como Scott Yenor, que enseña filosofía política en la Universidad Estatal de Boise, en Idaho, opinan que las empresas deberían limitarse a ascender a hombres y pagarles un salario familiar mucho más alto que a las mujeres para incentivar que estas se queden en casa teniendo hijos. 

En España algunos influencers de la derecha se jactan de menospreciar a las feminazis, cuatro locas pancarteras de pelo azul como la inteligentísima Marta Carmona, diputada de Más Madrid en la Asamblea de la CAM. En el debate se está introduciendo cada vez con más frecuencia la baja natalidad de los países occidentales, como muestra de una creciente tendencia de esta derecha populista a depreciar a las mujeres sin hijos. Este será uno de los puntos calientes en un futuro próximo, el rol principal de la mujer como madre y la supeditación de su carrera profesional a este “objetivo natural”. El papel de la mujer madre tradicional compite en popularidad al recurso de la victimización masculina. Los que acusan a las mujeres de victimizarse recurriendo falsamente a la violencia sexual y machista están, a su vez, victimizándose como héroes de la libertad de expresión y los derechos pisoteados de los hombres. Ni mujeres ni hombres somos santos ni villanos todos los días de la semana, pero en esta que concluimos hoy, la política socialista Pilar Alegría ha sufrido ataques machistas por las supuestas acciones de José Luis Ábalos, y hemos tenido que recordar que se puede criticar a Isabel Díaz Ayuso sin aludir a su físico. 


Uno de los reproches de la misoginia como ideología política es que las mujeres somos más sensibles a los problemas sociales y nos cuesta aceptar que se deporte a inmigrantes o maten a niños en Gaza. Evidentemente, la empatía no es una cualidad de la que disfrutemos solo las mujeres, pero su punto de vista nos da pistas de la sociedad deseada por esa derecha populista que quiere acallarlas y ponerlas a parir (en las dos acepciones de la expresión). Tras la misoginia evidente, se oculta un desprecio más sutil y general del que estamos a tiempo de defendernos. 

(1) N. de E.: «Charocracia» es un neologismo político y sociológico, originado en foros de internet y la «manosfera», usado de forma despectiva para caricaturizar lo que algunos sectores consideran un poder hegemónico femenino, feminista o burocrático, asociado a la izquierda. El término deriva del despectivo «Charo».

 @rakelmarkos

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martes, 19 de mayo de 2026

CUBA, BOMBAS O MÉDICOS.

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Una egresada mexicana de la escuela recuerda:

“En clase hablábamos mucho de nuestros países. En mi aula compartíamos, si no mal recuerdo, las siguientes procedencias: Ecuador, Bolivia, Surinam, Guyana, Mongolia, Tanzania, Palestina, El Salvador, Jamaica, República Dominicana, México, Guatemala, y San Vicente.

Hablábamos a manera de anécdotas y de análisis. Alguien platicaba su situación y se iba desglosando naturalmente; con el medio ambiente, con el servicio de salud, con la situación política, con los movimientos sociales, con los índices de desarrollo humano. Todo para formar parte de la salud y después parte del proceso de salud-enfermedad. Nunca se nos exigió nada, solamente se nos recordaba: lo único que les pedimos es que vuelvan a sus países y que, tal vez, no le cobren lo mismo al pobre que al rico”.Y añade: “Una de las noches en que más nos comprendimos los estudiantes fue cuando murió Nelson Mandela.

En ese instante corrieron a la Junta Estudiantil queriendo participar y organizar actividades. Después de unas horas de planificación, volví a mi cuarto para estudiar un poco y en el camino atravesé su albergue. Unos metros antes de llegar, escuché gritos al unísono ininteligibles. Cuando llegué al pie de las escaleras, vi a cientos de muchachos corriendo, subiendo y bajando, en una especie de marcha energética, cantando a Mandela. Entonces comprendí lo que hasta entonces había solamente leído: lo que Mandela significaba en la vida de cada uno de mis compañeros y la manera en que habitaba cada uno de sus corazones”. 

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La doctora Mariuska Forteza Sáez es la jefa del servicio de oncopediatría del Instituto Nacional de Oncología de La Habana. Foto Jair Cabrera Torres / Archivo.

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CUBA, BOMBAS O MÉDICOS.

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Por Luis Hernández Navarro.

Fuente. Diario La Jornada. Ciudad de México martes 19 de mayo del 2026.

En su primera estrofa, la canción del rapero argentino Daniel Devita, en solidaridad con los médicos cubanos, dice:

“Sanar o provocar heridas/ Salvar o arrebatar las vidas/Ganar por ser el que más cuida/o matar, ser el campeón homicida”.

Participante en la primera línea de combate por dar salud a su pueblo en pleno recrudecimiento del bloqueo económico, la doctora Mariuska Forteza Sáez es una de las galenas que merecen el reconocimiento de este himno.

Madre de dos hijos, Mariuska es la jefa del servicio de oncopediatría del Instituto Nacional de Oncología de La Habana. 

Allí llegan los casos más difíciles de entre 350 y 400 niños y adolescentes afectados cada año por el mal. En la isla hay mil 400 pequeños con esa enfermedad. Cada día, ella batalla para curarlos y atenderlos, dando lo mejor sí misma.

Es casi una especialista en hacer milagros, aunque diga que no los hace. 

“Los médicos –advierte– no hacemos milagros. Se necesita una infraestructura, recursos, medicinas, combustible. Voluntad existe, también conocimientos y personas dispuestas, pese a todo”.

A las dificultades de tratar un padecimiento tan difícil en una población tan sensible, hay que añadirle la escasez, falta de insumos sanitarios y carencia de repuestos del equipo médico provocados por la nueva vuelta de tuerca del bloqueo estadunidense.

“Donde quiera que vayas a poner la mirada –nos dice en el hospital– vas a ver que hay una complicación extra a la que ya teníamos. Pero, a pesar de todas esas complejidades, todos los pacientes reciben su atención especializada”.

“Todo nuestro empeño –explica en sus redes sociales– se centra en brindar una atención especializada para lograr control de la enfermedad, y tenemos los conocimientos y la voluntad para ello; pero cada día es más difícil”.



A la doctora Forteza –como al resto de sus colegas– le duele enormemente el descenso de la supervivencia de sus niños.

“No son cifras de producción de algo material o de cualquier otra índole –escribe–; son seres humanos, niños que no pudieron disfrutar de la vida; los perdimos, pudiéndolo evitar. Duele”.

Y, a pesar de toda su experiencia, no sabe bien a bien cómo explicarles esto a las madres, que la miran directamente a los ojos, que reciben cada palabra llevándola hasta lo más profundo de su alma.

Pero, a unos cuantos kilómetros de distancia de allí, un imperio sostiene que Mariuska y los miles de médicos y personal sanitario cubanos, así como los científicos capaces de producir las más sorprendentes vacunas y medicamentos para derrotar al mal, que forman el ejército de batas blancas que batalla para procurar la salud de millones de personas, son una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. Y hace todo lo posible para que esos niños con cáncer, y muchos otros enfermos más, no sanen.

Ese mismo imperio quiere estrangular experiencias como la de la Escuela Latinoamericana de Medicina (Elam), una de las criaturas educativas y sanitarias de Fidel Castro. Se fundó en 1999. 

Forma parte del Programa Integral de Salud, que se desarrolló desde octubre de 1998 para atender los desastres naturales causados por los huracanes Mitch Georges, que afectaron a países centroamericanos y caribeños. En ella se entremezclan dos grandes cruzadas de la revolución cubana: la pedagógica y la de salud.

En esta institución educativa, ubicada en las antiguas instalaciones de la Academia Naval Granma, cedidas por el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, se han formado 31 mil profesionales de la salud de 105 países, todos extranjeros. Sus estudiantes provienen de naciones latinoamericanas, caribeñas, de Estados Unidos, África, Asia y Oceanía. Pertenecen a más de 100 grupos étnicos y decenas de religiones. Su objetivo es formar gratuitamente como médicos a jóvenes de otras latitudes. En su mayoría, los alumnos son parte de familias de bajos recursos y de lugares apartados. Visitar la Elan es como llegar a una sucursal de Naciones Unidas. Se escuchan todo tipo de idiomas. 

Una egresada mexicana de la escuela, recuerda:

“En clase hablábamos mucho de nuestros países. En mi aula compartíamos, si no mal recuerdo, las siguientes procedencias: Ecuador, Bolivia, Surinam, Guyana, Mongolia, Tanzania, Palestina, El Salvador, Jamaica, República Dominicana, México, Guatemala, y San Vicente.

Hablábamos a manera de anécdotas y de análisis. Alguien platicaba su situación y se iba desglosando naturalmente; con el medio ambiente, con el servicio de salud, con la situación política, con los movimientos sociales, con los índices de desarrollo humano. Todo para formar parte de la salud y después parte del proceso de salud-enfermedad. Nunca se nos exigió nada, solamente se nos recordaba: lo único que les pedimos es que vuelvan a sus países y que, tal vez, no le cobren lo mismo al pobre que al rico”.



Y añade: “Una de las noches en que más nos comprendimos los estudiantes fue cuando murió Nelson Mandela.

En ese instante corrieron a la Junta Estudiantil queriendo participar y organizar actividades. Después de unas horas de planificación, volví a mi cuarto para estudiar un poco y en el camino atravesé su albergue. Unos metros antes de llegar, escuché gritos al unísono ininteligibles. Cuando llegué al pie de las escaleras, vi a cientos de muchachos corriendo, subiendo y bajando, en una especie de marcha energética, cantando a Mandela. Entonces comprendí lo que hasta entonces había solamente leído: lo que Mandela significaba en la vida de cada uno de mis compañeros y la manera en que habitaba cada uno de sus corazones”. 

Muchos de los médicos graduados regresan a sus lugares de origen para brindar servicios en áreas con escasez de profesionales médicos.

¿Qué peligro representa para Washington una escuela de medicina ejemplar, con muy alto nivel educativo, en la que se han formado incluso ciudadanos estadunidenses? ¿Acaso querer vestir de blanco la vida es una amenaza contra el imperio? Salvar o arrebatar las vidas, he allí el dilema. 

X: @lhan55

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lunes, 18 de mayo de 2026

LA IMPORTANCIA DE AMÉRICA LATINA PARA ESTADOS UNIDOS. Relevantes e Indefensos.

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"El orden mundial no hegemónico. Las guerras reseñadas son las manifestaciones actuales de un “orden mundial no hegemónico” en pleno desenvolvimiento. Retomando las categorías del neogramsciano Robert W. Cox (1926-2018), podemos definir este periodo como uno signado por la puesta en entredicho de las reglas de juego globales, el avance del proteccionismo económico y la desestabilización de los balances estratégico-militares. Para el experto canadiense, un “orden no hegemónico” se caracteriza por la carencia de un liderazgo capaz de combinar coerción y consenso, dando lugar a una fase de “revolución pasiva” a escala planetaria donde las potencias tradicionales intentan preservar sus privilegios frente al surgimiento de nuevas fuerzas sociales y políticas. En este marco, las instituciones internacionales pierden su apariencia de universalidad para convertirse en meros instrumentos de disputa. Tras el breve momento unipolar que siguió a la Guerra Fría, el sistema internacional ha mutado hacia una estructura que, además de “no hegemónica” —según la formulación de Cox— es, en la mirada de Mónica Hirst, Roberto Russell, Ana María Sanjuan y Juan Tokatlian, “posoccidental”. Y añadimos nosotros, incipientemente bipolar. En este último punto diferimos de la caracterización de Mearsheimer, quien considera que habitamos un mundo multipolar, resultado de la competencia entre Estados Unidos, China y Rusia. Nuestra perspectiva sostiene que Rusia, a pesar de su innegable peso nuclear y geográfico, carece de la base material necesaria para constituirse en un polo rector de poder global. Como reflejan los datos económicos, la economía rusa atraviesa una situación de debilidad estructural: es, en términos nominales, al menos 15 veces menor que la de Estados Unidos. Con casi el 40% de su presupuesto federal devorado por el esfuerzo bélico y la seguridad nacional, y un desplome de la inversión extranjera, Moscú se encuentra en una situación de desgaste que la aleja de la paridad estratégica con Washington o Beijing.

"En nuestra mirada, la verdadera competencia sistémica se da, como señalan Hirst et al., entre un “Norte 1” (Estados Unidos) y un “Norte 2” (China). Como bien han analizado estos autores en su caracterización de la dinámica triangular, este nuevo escenario sitúa a nuestra región en una circunstancia inédita de “doble dependencia” respecto de dos competidores con paridades relativas de poder. En este contexto, el alineamiento dogmático y el seguidismo ciego hacia cualquiera de los polos no constituye un buen negocio para un Estado mediano como la Argentina. La autonomía no debe entenderse como un aislamiento caprichoso, sino como la capacidad de diversificar vínculos para proteger el interés nacional en un mundo donde el poder ya no es unipolar y la competencia entre los Nortes tiende a intensificarse sobre las periferias ricas en recursos. Finalmente, es imperioso sopesar que este orden “no hegemónico”, “posoccidental” e incipientemente bipolar otorga a los Estados del Sur Global una mayor relevancia estratégica, pero también los convierte en un terreno decisivo de las crisis internacionales. La capacidad de navegar estas turbulencias depende de una lectura estratégica que reconozca que las grandes potencias son extremadamente sensibles a sus entornos geográficos. Si la Argentina no logra definir sus intereses de forma soberana, corre el riesgo de ser reducida a una mera correa de transmisión de agendas de seguridad ajenas, perdiendo la oportunidad histórica que el ascenso de nuevos polos de poder podría ofrecer para su desarrollo.

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Fuentes: El Cohete a la Luna.

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LA IMPORTANCIA DE AMÉRICA LATINA PARA ESTADOS UNIDOS.

Relevantes e Indefensos.

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Por Luciano Anzelini | 18/05/2026 | América Latina y CaribeEE.UU.

Fuentes- Revista Rebelión lunes 18 de mayo del 2026.

En el actual escenario de fragmentación global, resulta indispensable revisitar las premisas que guían la inserción internacional de las naciones periféricas. Una reciente entrevista concedida a Infobae por John Mearsheimer —referente indiscutido del neorrealismo— sacudió los cimientos de cierta academia regional que se autopercibe marginal. Con la contundencia que lo caracteriza, Mearsheimer sentenció que “América Latina es el área más importante del mundo para Estados Unidos”.

Esta afirmación no es una concesión retórica, sino una derivación lógica de su teoría estructural: para que una potencia pueda proyectar su poder en teatros lejanos, como el este de Asia o Europa, debe garantizar primero una preeminencia incontestada en su propio hemisferio. Según su visión, al ser Washington un hegemón regional, el control sobre el Hemisferio occidental es lo que le otorga la libertad de maniobra necesaria para concentrarse en la contención de otros contendientes sistémicos.

Esta perspectiva sobre la relevancia estratégica de América Latina colisiona con la mirada que han desarrollado destacados analistas como Luis Schenoni y Andrés Malamud. Según estos expertos, nuestra región atraviesa una trayectoria de declive y pierde densidad en indicadores clave como proporción de la población mundial, peso estratégico, volumen comercial, músculo militar y capacidad diplomática. En sus propias palabras, “el apogeo de América Latina brilla a sus espaldas” . Para estos autores, la pérdida de relevancia es un dato estructural: al no representar ya una amenaza de seguridad (como en la Guerra Fría) ni ser una fuente de insumos insustituibles (ante la supuesta autosuficiencia energética de Washington), América Latina se habría convertido en una zona “menos apetecible” y, por ende, crecientemente irrelevante.

Sin embargo, emerge aquí una paradoja analítica que merece ser puntualizada. Grandes académicos, situados en las antípodas ideológicas, coinciden en la centralidad estratégica de nuestro territorio. Mientras Mearsheimer enfatiza el peso del hemisferio como un espacio cuya estabilidad es indispensable para la competencia global, intelectuales de la izquierda latinoamericana como Atilio Borón han sostenido históricamente que ninguna región verdaderamente irrelevante habría sido objeto de la primera doctrina de política exterior estadounidense —la Doctrina Monroe de 1823— ni pionera en contar con un tratado de asistencia militar como el TIAR.

Esta convergencia entre Mearsheimer y Borón sugiere que la supuesta irrelevancia latinoamericana es, en rigor, una apreciación que —cuando se traslada al diseño de políticas— resulta funcional al centro para garantizar el flujo de recursos estratégicos sin la necesidad de negociar con actores autónomos. Subestimar nuestro valor estratégico es el primer paso hacia la claudicación soberana.



Entre el lobby y la improvisación.

El análisis que Mearsheimer efectúa sobre los conflictos en curso revela una profunda carencia de rumbo estratégico en Washington. En Medio Oriente, la guerra entre el eje Washington-Tel Aviv e Irán no parece responder a intereses nacionales estadounidenses cuidadosamente ponderados, sino al influjo desproporcionado de grupos de cabildeo. En palabras de Mearsheimer en su conferencia magistral ante el Parlamento Europeo en noviembre de 2025:

“Estados Unidos tiene una relación especial con Israel sin parangón en la historia. Esta conexión, fruto del enorme poder del lobby israelí en Estados Unidos, no solo implica que Estados Unidos apoyará a Israel incondicionalmente, sino también que las fuerzas estadounidenses participarán en las guerras de Israel, ya sea directa o indirectamente”.

En lo que respecta a la guerra actual, y como ha señalado —entre otros— Fareed Zakaria, nos encontramos ante una presidencia norteamericana construida sobre el bluff y la improvisación, donde la conducción del conflicto carece de una estrategia esclarecida. Aun así, es importante señalar que la escalada militar en curso no es un evento fortuito, sino que tuvo su preludio en junio de 2025 con la agresión sistemática contra instalaciones clave del programa nuclear iraní en sitios como Fordo, Natanz e Isfahán. Estos ataques preventivos no solo han sido decisivos para el desmantelamiento del agonizante orden internacional basado en reglas, sino que, como advirtió Kenneth Waltz hace más de una década, podrían generar el efecto contrario al deseado: convencer a Teherán de que la única vía para disuadir ataques de potencias hostiles es, precisamente, alcanzar capacidades de disuasión atómica.

En el teatro europeo, la guerra entre Rusia y Ucrania encuentra sus causas profundas en la precipitada decisión transatlántica de expandir la OTAN hacia las fronteras rusas. En el mencionado discurso ante el Parlamento Europeo, Mearsheimer fue lapidario:

“Europa y Estados Unidos, de forma imprudente, intentaron incorporar a Ucrania a la OTAN, lo que provocó una guerra perdida con Rusia que aumenta considerablemente las probabilidades de que Estados Unidos abandone Europa y la OTAN quede desmantelada”. En este marco, la insistencia en incorporar a Ucrania a la alianza atlántica fue interpretada por Moscú como una “amenaza existencial que [debía] evitarse a toda costa”.

Según Mearsheimer:

“La guerra de Ucrania, que, según mi parecer, fue provocada por Occidente y, en especial, por Estados Unidos, es la principal causa de la inseguridad europea actual”.

Según su interpretación, Washington y sus aliados ignoraron deliberadamente las líneas rojas de Moscú trazadas desde la cumbre de Bucarest en 2008, lo que condujo inevitablemente a una tragedia que podría haberse evitado mediante la diplomacia.

Rusia, en la mirada de este verdadero analista emblema de las Relaciones Internacionales (RI), no es una potencia con un plan maestro para conquistar Europa de Este, sino un actor que ha recurrido a una guerra preventiva para impedir que su entorno inmediato se transforme en una plataforma militar hostil. Como explicó Mearsheimer ante los eurodiputados, la idea de que Putin busca recrear la Unión Soviética es un argumento carente de evidencia empírica.

Sin embargo, la persistencia de Occidente en alimentar el conflicto ha dejado a Europa en una situación de extrema fragilidad, viéndose forzada a aceptar una dependencia creciente de la seguridad suministrada por Washington. Esta dinámica ha terminado por subordinar los intereses estratégicos de las capitales europeas a los dictados de la Casa Blanca, erosionando los márgenes de autonomía del proyecto comunitario europeo.



El orden mundial no hegemónico.

Las guerras reseñadas son las manifestaciones actuales de un “orden mundial no hegemónico” en pleno desenvolvimiento. Retomando las categorías del neogramsciano Robert W. Cox (1926-2018), podemos definir este periodo como uno signado por la puesta en entredicho de las reglas de juego globales, el avance del proteccionismo económico y la desestabilización de los balances estratégico-militares. Para el experto canadiense, un “orden no hegemónico” se caracteriza por la carencia de un liderazgo capaz de combinar coerción y consenso, dando lugar a una fase de “revolución pasiva” a escala planetaria donde las potencias tradicionales intentan preservar sus privilegios frente al surgimiento de nuevas fuerzas sociales y políticas. En este marco, las instituciones internacionales pierden su apariencia de universalidad para convertirse en meros instrumentos de disputa.

Tras el breve momento unipolar que siguió a la Guerra Fría, el sistema internacional ha mutado hacia una estructura que, además de “no hegemónica” —según la formulación de Cox— es, en la mirada de Mónica Hirst, Roberto Russell, Ana María Sanjuan y Juan Tokatlian, “posoccidental”. Y añadimos nosotros, incipientemente bipolar. En este último punto diferimos de la caracterización de Mearsheimer, quien considera que habitamos un mundo multipolar, resultado de la competencia entre Estados Unidos, China y Rusia.

Nuestra perspectiva sostiene que Rusia, a pesar de su innegable peso nuclear y geográfico, carece de la base material necesaria para constituirse en un polo rector de poder global. Como reflejan los datos económicos, la economía rusa atraviesa una situación de debilidad estructural: es, en términos nominales, al menos 15 veces menor que la de Estados Unidos. Con casi el 40% de su presupuesto federal devorado por el esfuerzo bélico y la seguridad nacional, y un desplome de la inversión extranjera, Moscú se encuentra en una situación de desgaste que la aleja de la paridad estratégica con Washington o Beijing.

En nuestra mirada, la verdadera competencia sistémica se da, como señalan Hirst et al., entre un “Norte 1” (Estados Unidos) y un “Norte 2” (China). Como bien han analizado estos autores en su caracterización de la dinámica triangular, este nuevo escenario sitúa a nuestra región en una circunstancia inédita de “doble dependencia” respecto de dos competidores con paridades relativas de poder. En este contexto, el alineamiento dogmático y el seguidismo ciego hacia cualquiera de los polos no constituye un buen negocio para un Estado mediano como la Argentina. La autonomía no debe entenderse como un aislamiento caprichoso, sino como la capacidad de diversificar vínculos para proteger el interés nacional en un mundo donde el poder ya no es unipolar y la competencia entre los Nortes tiende a intensificarse sobre las periferias ricas en recursos.

Finalmente, es imperioso sopesar que este orden “no hegemónico”, “posoccidental” e incipientemente bipolar otorga a los Estados del Sur Global una mayor relevancia estratégica, pero también los convierte en un terreno decisivo de las crisis internacionales. La capacidad de navegar estas turbulencias depende de una lectura estratégica que reconozca que las grandes potencias son extremadamente sensibles a sus entornos geográficos. Si la Argentina no logra definir sus intereses de forma soberana, corre el riesgo de ser reducida a una mera correa de transmisión de agendas de seguridad ajenas, perdiendo la oportunidad histórica que el ascenso de nuevos polos de poder podría ofrecer para su desarrollo.



El Atlántico Sur y las Fuerzas Armadas.

Este panorama global tiene implicancias directas para la seguridad internacional y la defensa nacional de la Argentina. La creciente relevancia de nuestra región no es una concesión semántica o diplomática, sino un dato concreto derivado de nuestros activos: parte del “Triángulo del Litio”, el yacimiento de Vaca Muerta y, fundamentalmente, nuestra posición como llave de acceso a la Antártida. El Atlántico Sur ha dejado de ser un espacio remoto para convertirse en el epicentro de una puja por recursos ictícolas, hidrocarburíferos y potencialmente mineros (nódulos polimetálicos), vigilados de cerca por el enclave colonial británico en Malvinas, que actúa como base militar de la alianza anglo-norteamericana en la región.

Frente a este desafío soberano, el actual gobierno ha optado por un proceso de “desnacionalización estratégica”. Este fenómeno —que hemos abordado minuciosamente en artículos previos— se traduce, en términos de gestión pública, en una parálisis del planeamiento de la defensa nacional: a más de dos años de iniciada la administración Milei, el Poder Ejecutiv0o ha sido incapaz de emitir la Directiva de Política de Defensa Nacional (DPDN); y el Ministerio de Defensa de llevar adelante la responsabilidad del planeamiento estratégico-militar del sector, dejando un vacío que ha sido llenado con las instrucciones del Pentágono.

El resultado es un desfinanciamiento crítico del Instrumento Militar. El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés), el think tank más prestigioso en el seguimiento de información militar a nivel global, acaba de publicar su último anuario, correspondiente a 2025. El estudio exhibe que el gasto en defensa de la Argentina se halla en un piso histórico, siendo el más bajo de la región.

La inversión en defensa ha caído al 0,56% del PBI, un deterioro significativo si se lo compara con el 0,85% destinado en 2015 (último año del gobierno de Cristina Fernández), lo que evidencia un abandono sistemático de la capacidad de defensa del territorio nacional. A todo esto, debe añadirse que el presupuesto 2026 eliminó el financiamiento del FONDEF (Fondo Nacional de Defensa), un programa creado por ley en 2020 que garantizaba la asignación anual del 0,8% de los gastos corrientes del Estado al reequipamiento militar.

A este cuadro de menesterosidad presupuestaria se suma el peligroso proceso de policialización de las Fuerzas Armadas. Al intentar convertir a los militares en policías de frontera para la lucha contra el “narcomenudeo” —a través de iniciativas como la “Operación Roca”— se desvían recursos y atención de aspectos clave de la misión primaria como la protección de la soberanía en el Atlántico Sur.

Esta desnaturalización ignora las lecciones más elementales del Informe Rattenbach, que demostró cómo un instrumento militar distraído en funciones de seguridad interna y politizado carece —más allá de ciertas excepciones notables de algunas de sus unidades en la guerra de 1982— de la aptitud profesional para enfrentar con éxito un conflicto convencional. Y no puede menospreciarse, en un mundo conflictivo, incierto y pugnante como el actual, el reciente presagio de un líder prudente —en el sentido realista del término— como Luiz Inácio Lula da Silva, quien afirmó: “Si no nos preparamos para defendernos, en cualquier momento nos invaden”.

La Argentina, sin renunciar jamás a su estrategia diplomática de recuperación de las islas Malvinas —tal como lo prescribe la disposición transitoria primera de la Constitución Nacional—, debe entender que la diplomacia no puede ser efectiva si no está acompañada de una defensa activa. Es indispensable fortalecer las capacidades de control, vigilancia, reconocimiento e inteligencia estratégica en el Atlántico Sur. Solo mediante un incremento de los costos económicos y militares para el ocupante británico se podrá dotar de peso real a los reclamos en los foros internacionales.

Renunciar a la disuasión autónoma para transformarse en una fuerza policial subordinada no solo compromete la integridad territorial, sino que nos sitúa en una fase de indefensión crítica frente a potencias que, como el Reino Unido, hoy refuerzan activamente su preparación militar en el Atlántico Sur.



De peones a arquitectos.

Resulta indispensable recuperar la lucidez estratégica para comprender el mundo que habitamos. Como señalábamos al inicio, la sentencia de John Mearsheimer sobre la máxima relevancia de América Latina para los Estados Unidos no es un elogio, sino una advertencia sobre la intensidad de la disputa que se avecina en nuestro propio entorno geopolítico. Ignorar esta centralidad en favor de un relato de irrelevancia solo facilita la entrega de nuestros recursos y la fragmentación de nuestra soberanía.

América Latina, en general, y la Argentina, en particular, se encuentran ante una encrucijada. En un orden mundial “no hegemónico”, “posoccidental” e incipientemente bipolar, la “occidentalización dogmática” y la policialización de nuestras Fuerzas Armadas constituyen una claudicación que compromete el futuro de la nación. El desafío es, por tanto, reconstruir una política exterior y de defensa profesionales, centradas en la procura de mayores márgenes de autonomía y en la defensa del Atlántico Sur y su proyección antártica, que sean capaces de navegar las turbulencias de la discordia global con un esclarecido sentido nacional.

Solo a través de la conciencia de nuestra importancia estratégica, tal como lo reconocen con lucidez desde el realista Mearsheimer hasta el marxista Borón, podremos dejar de ser peones en juegos ajenos para convertirnos en arquitectos de nuestra propia seguridad internacional.

Luciano Anzelini es doctor en Ciencias Sociales (UBA) y profesor de Relaciones Internacionales (UBA-UNSAM-UNQ-UTDT).

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