miércoles, 4 de febrero de 2026

POR LA AGRESIVIDAD DE LAS REDADAS MIGRATORIAS EN MINNEAPOLIS........ LA JUSTICIA FRANCESA ALLANÓ LA SEDE DE X EN PARÍS.

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Ciudadanos, Amigos y Amigas, publicamos dos Artículos diferentes, de dos realidades distintas hoy y una introducción que analiza e informa la realidad de las Plataformas y la flagrante violación de los Derechos de los Niños y Adolescentes.

ESPAÑA PROHIBIRÁ EL ACCESO A LAS REDES SOCIALES A LOS MENORES DE 16 AÑOS. TAMBIÉN AUMENTARÁ EL CONTROL DE LAS PLATAFORMAS DIGITALES.  Pedro Sánchez hizo el anuncio en la Cumbre Mundial de Gobiernos. Su advertencia sobre lo que ocurre en el universo digital. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado este martes que España prohibirá el acceso a las redes sociales a menores de 16 años y adoptará otras medidas para aumentar el control de las plataformas digitales y que sus directivos tengan que asumir responsabilidades por las infracciones en sus redes. Sánchez ha hecho este anuncio en su intervención ante el plenario de la Cumbre Mundial de Gobiernos que se celebra en Dubai y en la que participan una treintena de jefes de Estado y de Gobierno.



“Para Sánchez, es necesario hacer de las plataformas digitales un espacio saludable, y por ello ha anunciado que la próxima semana su Gobierno aprobará una serie de medidas, entre ellas esa prohibición de acceso a las redes sociales a menores de 16 años. Para ello, ha explicado que las plataformas deberán adoptar medidas de control efectivas y barreras reales que funcionen para impedir ese acceso a los menores. Responsabilidad de las plataformas.  Sánchez ya había anunciado su intención de pedir responsabilidades a los directivos de estas plataformas, y este martes ha concretado las medidas que va a poner en marcha su Gobierno. Así, ha asegurado que, para impedir su impunidad, serán legalmente responsables de las infracciones que se cometan en las plataformas digitales de las que son responsables.

“Además, se tipificará como delito la manipulación de los algoritmos y la amplificación de contenido ilegal, y se estudiará junto a la Fiscalía las vías para investigar las posibles infracciones legales de Grok, TikTok e Instagram. Sánchez advirtió que las redes sociales “se han convertido en un Estado fallido, donde se ignoran las leyes, se toleran los delitos y la desinformación vale más que la verdad” Sánchez ha anunciado igualmente la creación de un sistema de rastreo, cuantificación y trazabilidad que permita establecer lo que ha denominado "una huella de odio y polarización “. De la misma forma, el presidente del Gobierno ha informado de que España se ha unido a cinco países europeos en la Coalición de los Dispuestos Digitales para avanzar de manera coordinada y eficaz en la aplicación de una regulación más estricta, rápida y eficaz de las plataformas sociales.

“Según el presidente del Gobierno, la primera reunión de esta coalición se va a hacer efectiva en los próximos días. Sánchez ha considerado necesarias esas medidas y ese esfuerzo conjunto debido a que las redes sociales se han convertido en “un Estado fallido, un lugar donde se ignoran las leyes, donde se toleran los delitos y donde la desinformación vale más que la verdad y la mitad de los usuarios sufren ataques de odio". Pornografía Infantil. Cómo ejemplo ha recordado, que Tik Tok ha sido acusada de tolerar cuentas maliciosas que comparten materiales de pornografía infantil generados por inteligencia artificial- Instagram de espiar a millones de usuarios de Android en todo el mundo y Facebook se ha usado para “desplegar cientos de campañas de desinformación e interferencia extranjera en elecciones nacionales y regionales”. Fuente. Página /12. /3/01/2026/.

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                        Agentes del ICE detienen a un manifestante en                                             Minneapolis. (AFP/AFP)

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POR LA AGRESIVIDAD DE LAS REDADAS MIGRATORIAS EN MINNEAPOLIS.

Los demócratas reclaman el desmantelamiento del ICE.

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El pedido de un grupo de congresistas de diversos caucus incluye la renuncia de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, y la apertura de un juicio político en su contra.

Mundo. Página/12.

Fuente. Página /12 martes 3 de febrero del 2026.

Un grupo de congresistas demócratas reclamó este martes la renuncia de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, y el desmantelamiento del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) tras la muerte de dos ciudadanos estadounidenses en las redadas migratorias que encabezó en enero en la ciudad de Minneapolis, perteneciente al estado de Minnesota.

“Necesitamos desmantelar el ICE. Y, en el proceso, a la persona que dirige la agencia, bajo cuya supervisión se han cometido estas atrocidades. Debería dimitir o ser destituida”, declaró el líder del Caucus Hispano, Adriano Espaillat, en una rueda de prensa afuera de la sede de la agencia en Washington.

Otros líderes --entre ellos del Caucus Asiático y del Pacífico Americano del Congreso, el Caucus Negro del Congreso y el Caucus de Mujeres Demócratas-- exigieron también un juicio político contra la secretaria de Seguridad, muy cuestionada tras los sucesos en Minneapolis. En ese sentido, a modo de protesta corearon “Noem debe irse” y mostraron carteles con el mensaje “Sacar al ICE de nuestras ciudades”.



Por su parte, Espaillat celebró la decisión de una jueza federal que ha prohibido temporalmente al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) impedir que los miembros del Congreso visiten los centros de detención de inmigrantes sin previo aviso.

“Vamos a poder ejercer nuestras responsabilidades y deberes de supervisión sin ningún tipo de impedimento ni presión por parte del ICE o de la secretaria”, subrayó.

El miembro del Comité de Asuntos Exteriores Joaquín Castro se mostró aliviado por la liberación el pasado domingo de Liam Conejo, niño ecuatoriano de cinco años, y su padre, que estaban detenidos desde el 22 de enero en Minneapolis, pero denunció que muchos más menores y familias permanecen en el mismo centro de detención de ICE

Actualmente hay un bebé de dos años encarcelado allí, y una madre detenida con sus dos hijos celebrará mañana el decimoctavo cumpleaños de su hijo mayor”, aseguró el legislador, además de acusar a Noem de permitir y supervisar un “mecanismo de crueldad y perversidad construido” por la Administración del presidente Donald Trump.

El avance del ICE.

La Casa Blanca lanzó el pasado diciembre la llamada operación “Metro Surge”, un conjunto de operativos para arrestar a migrantes indocumentados en Minnesota, gobernado por los demócratas, después de que el gobierno pusiera el foco sobre casos de malversación de fondos federales ligados a la comunidad somalí del estado. Las agresivas redadas han sido rechazadas por las autoridades locales y por miles de manifestantes, que han protestado durante las últimas semanas para exigir la salida de ICE del estado.

Pese a ello, la jueza federal Katherine Menéndez avaló el sábado que continúen las redadas migratorias ordenadas por el presidente de Estados Unidos, al rechazar una medida cautelar solicitada por el fiscal general de Minnesota, Keith Ellison, y por los alcaldes de Minneapolis y Saint Paul. Ellos habían pedido frenar los operativos al considerar que el DHS violó diversas protecciones constitucionales.

Ante la creciente presión, Trump ordenó ese mismo día retirar la presencia de agentes federales en las manifestaciones en Minneapolis y en otras ciudades demócratas, pero prometió que seguirán defendiendo las instalaciones propiedad del Gobierno federal.

“Los agentes federales protegerán con gran firmeza, todos los edificios federales que estén siendo atacados por estos lunáticos, agitadores e insurrectos pagados”, recalcó en una publicación en su red social, Truth Social. “No se permitirá escupir en la cara a nuestros oficiales, no se darán puñetazos ni patadas a nuestros vehículos, ni se lanzarán piedras ni ladrillos a nuestros vehículos ni a nuestros Guerreros Patriotas. De ser así, esas personas sufrirán consecuencias iguales o mayores”, detalló.

Trump había relevado unos días antes el mando operativo y envió a la zona a su zar fronterizo, Tom Homan, en busca de una desescalada, aunque ha prometido que las redadas continuarán.

“No estamos renunciando a nuestra misión en absoluto; simplemente estamos trabajando de manera inteligente”, puntualizó Homan durante una conferencia de prensa. También precisó que la retirada de las fuerzas depende de la cooperación y que “un delincuente en la cárcel significa menos agentes en las calles”.



La muerte de Pretti y Good.

En el transcurso de los operativos en Minneapolis, murieron por disparos dos personas, Renée Good y Alex Pretti, ambos de 37 años y nacionalidad estadounidense, hechos que contribuyeron a la indignación en todo el país y en la bancada demócrata. El lunes, un breve informe divulgado por la oficina del equipo forense del condado de Hennepin, en Monneapolis, sostiene que Pretti murió por múltiples heridas de bala en el hospital Hennepin Healthcare y que su caso se trata de un homicidio --al igual que el caso de Good--.

El medio ProPublica dio a conocer que los agentes que dispararon a Pretti son Jesús Ochoa, de la Patrulla Fronteriza (USBP), y Raymundo Gutiérrez, de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). En paralelo, la secretaria de Seguridad Nacional de EE. UU., Kristi Noem, anunció que los agentes de inmigración desplegados en Minneapolis empezarán a llevar cámaras corporales a raíz de las muertes de Good y Pretti y que la orden se extenderá a todo el país a medida que haya presupuesto disponible.

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President Donald Trump delivers remarks at the US-Saudi Investment Forum Elon Musk looks on as US President Donald Trump speaks at the US-Saudi Investment Forum at the John F. Kennedy Center for the Performing Arts in Washington, DC on November 19, 2025. (Photo by Brendan SMIALOWSKI / AFP) (BRENDAN SMIALOWSKI/AFP).

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LA JUSTICIA FRANCESA ALLANÓ LA SEDE DE X EN PARÍS.

Algoritmos, discursos de odio y control estatal bajo la lupa.

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El operativo se enmarca en una causa por contenidos ilegales, fallas en la moderación y el rol de la inteligencia artificial. Elon Musk fue citado a declarar.

Por- Mundo Página /12.

Fuente. Página /12 martes 3 de febrero del 2026.

El allanamiento de la sede de X (ex Twitter) en París, ordenado por la Justicia francesa, marcó un punto de inflexión en la relación entre los Estados europeos y las grandes plataformas digitales. El operativo, realizado este martes por la Fiscalía de París con intervención de su unidad especializada en ciberdelitos, se inscribe en una investigación penal de alcance creciente que apunta a la responsabilidad de la empresa en la difusión de contenidos ilegales, la opacidad de sus algoritmos y el rol de la inteligencia artificial en la circulación de discursos dañinos.

La medida incluyó el secuestro de documentación interna y material digital en las oficinas francesas de la red social, con el objetivo de reconstruir cómo funcionan los sistemas de moderación, recomendación y generación de contenidos. En paralelo, la Justicia citó a declarar al propietario de la compañía, Elon Musk, y a la exdirectora ejecutiva Linda Yaccarino, además de convocar como testigos a trabajadores de la filial local.


La investigación se originó a partir de denuncias presentadas por legisladores franceses, que alertaron sobre posibles sesgos algorítmicos en X capaces de distorsionar el debate público y amplificar mensajes de odio o desinformación. Con el correr de los meses, la causa se amplió y comenzó a incorporar hipótesis más graves, vinculadas a la difusión de material de abuso sexual infantil, la circulación de deepfakes sexuales la persistencia de contenidos negacionistas del Holocausto, todos ellos delitos tipificados por la legislación francesa.

Uno de los ejes centrales del expediente es el papel de Grok, el sistema de inteligencia artificial desarrollado por X, que no sólo organiza la visibilidad de los contenidos, sino que también produce textos e imágenes de forma automática. Según los investigadores, la herramienta habría contribuido a la generación y propagación de materiales ilegales, lo que abre un debate clave sobre la responsabilidad penal de las empresas tecnológicas por los actos de sus sistemas automatizados.

Desde la Fiscalía remarcaron que el allanamiento no implica, por ahora, una imputación formal contra Musk ni contra otros directivos, pero sí representa una escalada significativa en la causa. Las citaciones para declarar fueron presentadas como voluntarias, aunque la Justicia busca establecer si la empresa cumplió con sus obligaciones de prevención, control y remoción de contenidos ilegales, tal como exige la normativa francesa y europea.



El caso de X se inscribe en un endurecimiento del enfoque regulatorio en Europa frente a las plataformas digitales. En los últimos años, la Unión Europea avanzó con marcos legales que obligan a las empresas tecnológicas a asumir mayores responsabilidades sobre lo que circula en sus servicios, en especial cuando están en juego la protección de menores, la violencia simbólica y los discursos de odio. Francia aparece ahora a la vanguardia de ese proceso, al llevar el conflicto al terreno penal.

Desde la compañía, X rechazó las acusaciones y calificó la investigación como un ataque a la libertad de expresión, un argumento recurrente desde que Musk tomó el control de la red social y desmanteló buena parte de sus equipos de moderación. Para los denunciantes, en cambio, el problema no es la expresión sino la ausencia de controles efectivos y la decisión empresarial de priorizar la viralización por sobre el impacto social de los contenidos.

Más allá del desenlace judicial, el allanamiento en París expone una tensión de fondoquién regula el espacio público digital y bajo qué reglas. La causa contra X pone en discusión los límites del poder de las plataformas, el rol de la inteligencia artificial en la producción de sentido y la capacidad de los Estados para hacer cumplir sus leyes frente a corporaciones globales. Un debate que ya no se libra sólo en el plano político o cultural, sino también en los tribunales.

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martes, 3 de febrero de 2026

PESADILLA AMERICANA. LA DECADENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS.

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“Este es un proyecto a largo plazo, con lo cual el trumpismo tiene en mente mantenerse en el gobierno más allá de este gobierno. Así considera la posibilidad de una re-reelección de Trump (o su sucesión por alguien similar como JD Vance), y la posible suspensión de las elecciones en aquellos estados opositores, utilizando la conmoción interna generada por el accionar de ICE. ¿Es posible un golpe de Estado? Todo puede ser, pero lo más probable es una agudización del conflicto interno. Esto a pesar de que las políticas de Trump retienen un 45% de apoyo de la opinión pública, sobre todo en el sur y el medio oeste. Mientras tanto lo que se nota es que la crisis norteamericana continúa sin interrupción, generando desesperación y una agudización de las luchas entre los sectores dominantes. Y también que los sectores dominantes siempre recurrieron, como una salida a las crisis norteamericanas, a la guerra. Estamos ante un nuevo brinkmanship, o sea pararse frente al abismo a ver quién cede primero antes de caerse al barranco.

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Fuentes: Diario Tiempo Argentino.

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PESADILLA AMERICANA. 

LA DECADENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS.

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Por Pablo Pozzi | 03/02/2026 | EE.UU.

Fuentes. Revista Rebelión martes 3 de febrero del 2026.

Hace un cuarto de siglo Zbigniew Brzezinski opinó que el poderío norteamericano no era tanto un producto de su fortaleza sino, más bien, de la debilidad de sus oponentes en el mundo post Unión Soviética. Como tal, él opinaba que la hegemonía norteamericana se vería seriamente cuestionada a principios del nuevo milenio o sea después del tiempo necesario para que fueran surgiendo nuevos contrincantes que sintetizaran la nueva realidad. Este tema fue retomado por el sociólogo brasileño Helio Jaguaribe.

Sólo cinco días antes del ataque a las Torres Gemelas, Jaguaribe consideraba que “el poder de Estados Unidos es inestable” por lo que asistimos al “unimultilateralismo: una unipolaridad con reminiscencias del multilateralismo. Es decir, un híbrido” (Clarín, 7 de septiembre de 2001). 

Con Fabio Nigra estudiamos el tema en 2008, justo cuando ocurrió la crisis subprime. En ese entonces, coincidimos con Zbigniew Brzezinski. El poder norteamericano era omnímodo en 1992, más por la debilidad de las otras potencias que por virtudes propias. Sus problemas económicos, sus fracasos militares (sobre todo en Irak), el estancamiento de la propuesta del ALCA, sus dificultades con sus aliados de la OTAN, más la emergencia de competidores nuevos (China y la India) o la reaparición de algunos viejos, como Japón y Rusia, implicaban claros límites a este poder. Las respuestas de los grupos de poder en torno a los Clinton y a los Bush (que algunos analistas han tildado de «republícratas», porque forman un único partido que controlan a los dos partidos mayoritarios) no han hecho más que agudizar los problemas.


Brzezinski, junto con personajes como Howard Baker (exjefe de gabinete de Ronald Reagan), creía que había que aprovechar el colapso de la URSS para reducir el gasto militar y usar ese dinero para modernizar el aparato productivo y la infraestructura de Estados Unidos. Plantearon que tendrían diez años antes que los nuevos desafíos se convirtieran en realidad. El sector contrario, en general vinculado al complejo militar industrial, proponía profundizar el poderío militar norteamericano, proyectarlo aún más a través del mundo, y así exigir un tributo o un diezmo a diversos países, mientras se hacía con sus mercados y recursos naturales, y ganar tiempo para resolver sus problemas. Ambos planteaban resolver, de distinta manera, tanto la caída en la productividad norteamericana, como el creciente déficit en su balanza comercial. Las remesas de capital en la década de 1990, derivadas del saqueo de Europa del Este, de la deuda externa del Tercer Mundo, y del flujo de dinero derivado de actividades como el narcotráfico y el armamentismo, llevó a una balanza de pagos superavitaria que ocultó los problemas de fondo, y al triunfo de la segunda posición. La crisis subprime de 2008 transparentó el fracaso de esta opción, y el salvataje de Obama a los bancos junto con los incrementos en gasto militar generaron un déficit de presupuesto que apenas si se ocultaba tras la venta de bonos de Tesoro y el hecho de que el dólar era moneda de referencia.

Al mismo tiempo se notaban fracturas importantes entre los sectores dominantes. Los llamados “prusianos” (o sea el complejo militar industrial, petroleras, y un sector informático) habían promovido diversas guerras (los Balcanes, Libia e Iraq en particular) no sólo como forma de enriquecerse y acceder a recursos naturales como el petróleo, sino como forma de negar estos recursos a sus competidores y también de generar un caos mundial que dificultara la competencia. Sus contrarios, denominados “los cowboys” (alimenticias, agribusiness, y los volcados al comercio mundial) se vieron afectados por esto, particularmente porque muchos habían extendido sus operaciones a China y Rusia. Unas 150 corporaciones establecieron sucursales en China, y otro tanto invirtieron en Rusia. El resultado fue una disputa solapada entre estos sectores, que derivó en el primer gobierno de Trump. Su política, que respondía a los intelectuales del Claremont Institute, insistía que Estados Unidos no era más grande, y que por ende debía proteger el mercado interno, promover el comercio, reducir las tensiones internacionales, y dividir Rusia de China, esta última considerada como el principal competidor a nivel comercial.


Decadencia? La Inminente caída del Imperio Norteamericano.
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El fracaso de esta política surgió tanto de las disputas internas entre sectores de poder, como de que China aprovechó el relativo aislacionismo de Trump para penetrar profundamente mercados norteamericanos como América Latina. El gobierno de Biden representó un nuevo avance de “los prusianos”, promoviendo la guerra de Ucrania (para debilitar a Rusia y la Unión Europea), dándole mano libre a Israel con los palestinos y con Irán y Siria, y desatando guerras regionales en Yemen y diversos lugares de África y Asia. El resultado fue el debilitamiento del dólar como moneda de referencia, y el aumento del endeudamiento hasta llegar a un 130% del PBI.

Al mismo tiempo, esto generó una crisis interna con aumento de la inflación, mayores niveles de desempleo, y la caída del nivel de legitimidad del sistema político a niveles nunca vistos. Esta fue la base del segundo triunfo electoral de Trump, que prometió cumplir las propuestas de su primer gobierno, mientras adoptaba buena parte de la agenda “prusiana”.

Para llevar esto adelante necesitaba movilizar a la opinión pública, y apuntó a hacerlo con su campaña contra los inmigrantes, y contra aquellos que “se aprovechan de nosotros” fueran ellos aliados como los países de la OTAN, o competidores como China. Al mismo tiempo, se lanzó a recuperar su “patio trasero” y sus recursos naturales y mercados. De ahí la invasión a Venezuela y las presiones sobre gobiernos, como el de Argentina, que dejaran de comerciar con China.



Este es un proyecto a largo plazo, con lo cual el trumpismo tiene en mente mantenerse en el gobierno más allá de este gobierno. Así considera la posibilidad de una re-reelección de Trump (o su sucesión por alguien similar como JD Vance), y la posible suspensión de las elecciones en aquellos estados opositores, utilizando la conmoción interna generada por el accionar de ICE. ¿Es posible un golpe de Estado? Todo puede ser, pero lo más probable es una agudización del conflicto interno. Esto a pesar de que las políticas de Trump retienen un 45% de apoyo de la opinión pública, sobre todo en el sur y el medio oeste.

Mientras tanto lo que se nota es que la crisis norteamericana continúa sin interrupción, generando desesperación y una agudización de las luchas entre los sectores dominantes. Y también que los sectores dominantes siempre recurrieron, como una salida a las crisis norteamericanas, a la guerra. Estamos ante un nuevo brinkmanship, o sea pararse frente al abismo a ver quién cede primero antes de caerse al barranco.

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lunes, 2 de febrero de 2026

EL COMERCIO DE LA DEVALUACIÓN GLOBAL, EL DÓLAR EN LETRAS ROJAS.

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“En resumen, la encrucijada de 2026 presenta un panorama donde las herramientas económicas tradicionales de Estados Unidos están oxidadas por el peso de su deuda. La búsqueda de una ventaja competitiva a través de un dólar más débil y dinero barato, aunque tentadora a corto plazo, enciende las mechas de la desdolarización y la desfiatización a nivel global, mientras mina los cimientos financieros internos.

“El oro, que brilla en los balances de los bancos centrales y en las carteras de los inversores cautelosos, es el termómetro de esta fiebre. No mide solo el miedo a un conflicto o a una recesión, mide una erosión fundamental de la confianza en el sistema monetario construido alrededor del dólar fiduciario. Las consecuencias internas —inflación persistente, riesgo de crisis fiscal y financiera, y pérdida de poder adquisitivo— son el precio potencial de navegar esta tormenta sin un cambio de rumbo estructural. El gran comercio global ya no es solo de bienes, sino de confianza, y el dólar, por primera vez en décadas, se negocia en letras rojas.

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Fuentes: El tábano economista.

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EL COMERCIO DE LA DEVALUACIÓN GLOBAL,

EL DÓLAR EN LETRAS ROJAS.

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Por Alejandro Marcó del Pont | 02/02/2026 | Economía

Fuentes Revista Rebelión lunes 2 de febrero del 2026.

El oro brilla cuando el papel moneda se empaña (El Tábano Economista)

Esta antigua verdad resume la encrucijada financiera global de nuestros días, donde dos fenómenos distintos pero entrelazados, la desdolarización y la «desfiatización» están reconfigurando el orden económico. Existe confusión entre ambos conceptos, aunque sus efectos son tangibles. La desdolarización es el proceso por el cual países y actores globales reducen su dependencia del dólar estadounidense en el comercio, las reservas y las transacciones internacionales, optando por otras monedas como el euro, el yuan o sistemas de pagos bilaterales.

La desfiatización, en cambio, es un movimiento más profundo, un alejamiento de toda moneda fiduciaria —es decir, aquella emitida por un gobierno sin un respaldo físico como el oro— hacia activos considerados de valor intrínseco, como el metal dorado o las criptomonedas. El disparado precio del oro, que a inicios de 2026 supera los 5.500 dólares la onza, no es solo una huida hacia un valor seguro, es la señal más clara de una desvalorización general de las monedas fiduciarias respecto a un patrón histórico, una desfiatización en ciernes.



Ambos procesos se retroalimentan en el panorama actual. Una conjunción de factores —una deuda pública estadounidense que supera los 38 billones de dólares, tasas de interés relativamente bajas, ventas significativas de bonos del Tesoro por parte de inversores extranjeros y una perceptible depreciación del dólar— crea un cóctel volátil. Este cóctel eleva los riesgos de una crisis que podría ser fiscal, financiera o monetaria, con repercusiones que trascienden las fronteras de Estados Unidos. La desdolarización, al minar la confianza en el dólar, acelera la desfiatización, impulsando a bancos centrales de todo el mundo a acumular oro como un seguro contra la inestabilidad. En enero de 2026, esta dinámica es ya un hecho observable, no una mera teoría.

Las políticas internas de Estados Unidos, en un año electoral como 2026, intensifican esta tormenta perfecta. La Administración enfrenta la presión de maquillar los resultados económicos de cara a las elecciones de medio término. El camino que parece seguir tiene dos vectores principales. El primero es puramente económico: una devaluación deliberada del dólar, combinada con tasas de interés bajas para contener el costo del servicio de la deuda y una potencial monetización de esa deuda —es decir, que la Reserva Federal financie al Gobierno comprando sus bonos directamente—. Esta receta busca un estímulo a corto plazo, un dólar más débil hace las exportaciones estadounidenses más baratas y competitivas, lo que podría aumentar el crecimiento y el empleo en sectores como la manufactura, un escenario ideal para la campaña electoral.



Sin embargo, los efectos secundarios de esta medicina son graves. Un dólar depreciado encarece inmediatamente las importaciones, desde componentes electrónicos hasta bienes de consumo, añadiendo presión inflacionaria a la economía. Las tasas bajas, al inyectar más liquidez (más dólares en circulación), avivan ese fuego inflacionario. Esto crea un círculo vicioso: los inversores, temerosos de que el dólar pierda valor, buscan refugio en el oro, impulsando aún más su precio en una espiral de desfiatización. Para el ciudadano común, esto se traduce en un poder adquisitivo erosionado, especialmente para los bienes importados, y podría forzar eventualmente a la Reserva Federal a subir las tasas de interés de nuevo, estrangulando el crecimiento que se pretendía estimular.

El segundo vector es geopolítico y supone un riesgo aún mayor. Un escenario hipotético, pero plausible dada la retórica y las tensiones, implicaría un conflicto militar con Irán. Una escalada de este tipo, con ataques a instalaciones petroleras o el cierre del estratégico del Estrecho de Ormuz —por donde pasa el 20% del petróleo global— generaría una conmoción inmediata. Los precios del crudo podrían dispararse por encima de los 150 dólares por barril, provocando un shock energético global. Aunque Estados Unidos es ahora un productor neto de petróleo gracias al shale, no sería inmune. Los precios de la gasolina se elevarían, impulsando la inflación interna de manera abrupta. Un conflicto prolongado podría desencadenar déficits energéticos y una recesión, además de un mayor gasto militar que agravaría la crisis fiscal.

Las consecuencias externas de cualquiera de estos dos caminos son profundas. Un dólar en declive y un petróleo caro remodelan el panorama global. En el corto plazo, una crisis geopolítica podría causar una apreciación repentina del dólar como refugio, pero este efecto sería temporal. A largo plazo, tanto la devaluación buscada como la inestabilidad acelerarían la desdolarización. Países emergentes con deudas denominadas en dólares, como Argentina o Turquía, verían encarecerse brutalmente sus obligaciones, aumentando el riesgo de impagos. Las economías asiáticas, grandes importadoras de energía, sufrirían desaceleración e inflación, aunque China, con sus acuerdos alternativos con Rusia e Irán, podría amortiguar parcialmente el golpe. Europa, recuperándose de la crisis energética post-Ucrania, se vería condenada a precios del gas aún más altos. Todo esto empujaría a bloques como los BRICS a redoblar sus esfuerzos para comerciar en sus propias monedas, abandonando el dólar.



El núcleo del problema, sin embargo, reside en la frágil base de la economía estadounidense, su colosal deuda. Aquí es donde la situación actual se distingue de episodios históricos como el Acuerdo de Plaza de 1985, cuando las potencias económicas coordinaron una devaluación ordenada del dólar. Entonces, la deuda de Estados Unidos era manejable, alrededor del 40% del PIB. Hoy, supera el 120%. Una devaluación en este contexto es un arma de doble filo extremadamente peligrosa. Si bien puede actuar como un «impago suave», al erosionar el valor real de la deuda y como una «compensación» para los aranceles, su efecto en la confianza de los inversores podría ser catastrófico.

El sistema se sostiene sobre la disposición del mundo a comprar y mantener bonos del Tesoro estadounidense. Si los acreedores extranjeros perciben que el dólar es un cubo de hielo que se derrite de manera deliberada, exigirán tasas de interés mucho más altas para seguir financiando la deuda. Esto desencadenaría una crisis fiscal. Un aumento brusco en los rendimientos de los bonos haría que el servicio de la deuda se disparara, consumiendo una parte cada vez mayor del presupuesto federal. Pero el daño sería más profundo: los bonos existentes, que pagan intereses más bajos, perderían valor instantáneamente. Los balances de bancos, fondos de pensiones y compañías de seguros —llenos de estos bonos— se debilitarían, pudiendo provocar una crisis financiera como la de 2008, pero con el Gobierno demasiado endeudado para rescatar al sistema con facilidad. El colapso de varios bancos regionales en 2023 fue un pequeño anticipo de este riesgo.

En este escenario de pánico, la Reserva Federal se vería entre la espada y la pared. Podría verse forzada a monetizar la deuda de manera masiva —imprimiendo dinero para comprar los bonos que nadie más quiere—, lo que alimentaría una inflación galopante, una verdadera crisis monetaria. O podría subir las tasas para defender el dólar, hundiendo la economía en una recesión profunda. Es el dilema entre una crisis inflacionaria y una deflacionaria. La llamada «dominancia fiscal», donde la política fiscal dictada por la necesidad de financiar la deuda domina a la política monetaria, se haría realidad.

Las tensiones sociales y políticas dentro de Estados Unidos, visibles en eventos como las protestas y la confrontación federal en Minneapolis a principios de 2026, añaden otra capa de riesgo. Un Gobierno que recurra a medidas autoritarias para contener el malestar, en medio de una crisis económica, erosionaría aún más la confianza institucional, tanto interna como externa. Para el votante, la combinación de una inflación importada, la pérdida del valor de sus ahorros y la inestabilidad social podría ser determinante en las urnas de noviembre de 2026, castigando a quien esté en el poder.



En resumen, la encrucijada de 2026 presenta un panorama donde las herramientas económicas tradicionales de Estados Unidos están oxidadas por el peso de su deuda. La búsqueda de una ventaja competitiva a través de un dólar más débil y dinero barato, aunque tentadora a corto plazo, enciende las mechas de la desdolarización y la desfiatización a nivel global, mientras mina los cimientos financieros internos.

El oro, que brilla en los balances de los bancos centrales y en las carteras de los inversores cautelosos, es el termómetro de esta fiebre. No mide solo el miedo a un conflicto o a una recesión, mide una erosión fundamental de la confianza en el sistema monetario construido alrededor del dólar fiduciario. Las consecuencias internas —inflación persistente, riesgo de crisis fiscal y financiera, y pérdida de poder adquisitivo— son el precio potencial de navegar esta tormenta sin un cambio de rumbo estructural. El gran comercio global ya no es solo de bienes, sino de confianza, y el dólar, por primera vez en décadas, se negocia en letras rojas.

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domingo, 1 de febrero de 2026

ANTE LA AGRESIÓN IMPERIALISTA, DECIMOS CON BOLÍVAR: «DESPIERTO CADA CIEN AÑOS CUANDO DESPIERTA EL PUEBLO»

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“Casi 100 años después, en la agonía de ese siglo y comienzo del XXI, Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela. Se propuso -a partir de la aprobación de una nueva Constitución- cambiar las reglas de juego para que fueran los venezolanos quienes usufrutuaran la enorme riqueza nacional. La respuesta de Washington fue casi automática: en abril de 2002 organizaron, armaron y financiaron un golpe de Estado contra el presidente Chávez quien fue repuesto por el pueblo en su cargo en menos de 72 horas. Así mismo, desde Estados Unidos se ordenó un sabotaje a la industria petrolera que generó pérdidas directas por ventas no realizadas por casi 15 mil millones de dólares, una contracción del 9% del PIB de 2003 y el abandono de la industria de unos 18.000 trabajadores calificados, todo lo cual ocasionó un impacto significativo en el fisco nacional por la reducción de ingresos fiscales.

“Aunque Venezuela logró reponerse de este duro golpe a su economía, al igual que en el Chile de Salvador Allende cuando el Consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Henry Kissinger, ordenó “hacer gritar” la economía chilena, a partir de entonces Estados Unidos hizo uso en Venezuela de su amplio arsenal de instrumentos de agresión contra los gobiernos de los presidentes Hugo Chávez y Nicolás Maduro quien asumió en 2013. En este ámbito podemos anotar: financiamiento de la oposición, intentos de fracturar las fuerzas armadas, alianza con el narcotráfico y las bandas paramilitares colombianas, alianza con la delincuencia organizada interna, sabotajes a la industria petrolera, a la industria eléctrica y al Consejo Nacional Electoral, intento de asesinato del presidente Maduro y otros altos dirigentes del país, invasión por mar, invasión por tierra con apoyo de los presidentes colombianos, alteración artificial del precio de la moneda venezolana, creación de una organización internacional denominada “Grupo de Lima” para derrocar al gobierno de Venezuela.

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ANTE LA AGRESIÓN IMPERIALISTA, DECIMOS CON BOLÍVAR:

«DESPIERTO CADA CIEN AÑOS CUANDO DESPIERTA EL PUEBLO»

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Por Sergio Rodríguez Gelfenstein.

Licenciado en Estudios Internacionales, Magister en Relaciones Internacionales y Globales. Doctor en Estudios Políticos.

Firmas Selectas- febrero 2026.

Prensa Latina domingo 1 de febrero del 2026.

La incursión militar de Estados Unidos en Venezuela es expresión del talante intervencionista que ha caracterizado a ese país casi desde el momento de su creación en 1776. Una raza maldita surgida de europeos empobrecidos expulsados de sus países e imbuidos de un supuesto don divino que según ellos los convirtió en un pueblo elegido por Dios, se dio a la tarea de inventarun país después de exterminar a los pueblos originarios que desde tiempos inmemoriales vivían en ese territorio.

A partir de entonces, su resentimiento, su odio contra la humanidad y su sed insaciable de destruir todo lo que no sea de ellos o apoderarse de lo que necesitan a través de la imposición y la fuerza, es la característica de un Estado cuyas élites lo han hecho despreciable para una buena parte de la humanidad mientras que otra parte, medios de comunicación mediante, lo han transformado en un paraíso donde muchos quieren ir a pesar de que son maltratados, despreciados y explotados.

En el caso de Venezuela, la acción intervencionista de Estados Unidos ha estado presente desde los tiempos de la lucha por la independencia. Sin embargo, en ese momento el Libertador entendió que ellos, igual que los ingleses, eran “aliados eventuales y muy egoístas”. En ese contexto, Bolívar recomendó dialogar y negociar con ellos usando

“un lenguaje dulce e insinuante para arrancarles su última decisión, y ganar tiempo, mientras tanto”.

Como una maldición perversa venida desde el norte, cada vez que comienza un siglo (ha ocurrido en los tres de la vida republicana) Estados Unidos eleva sus garras al nivel de zarpas para agredir al país en un nivel superior. Al empezar el siglo XIX, tras su encuentro con el enviado especial del presidente Monroe, Juan, B. Irvine en 1818, el Libertador comprendió el carácter intervencionista y agresivo del país del norte cuando constató que los puntos de vista de Irvine eran radicalmente opuestos a los suyos, lo cual impidió llegar a acuerdos.



Bolívar le hizo saber al diplomático estadounidense que no aceptaría intromisiones de su país en los asuntos internos de Venezuela, así mismo, en el caso particular que se debatía referido al bloqueo del río Orinoco por parte de las fuerzas patriotas, rechazó contundentemente la posición de Irvine cuando pretendió dictar pautas respecto del derecho de Venezuela a tomar medidas políticas o militares para el mejor desarrollo de la guerra contra el colonialismo español.

Cuando comenzó el siglo XX y durante sus primeros años, Estados Unidos empezó a desarrollar una abierta intervención en los asuntos internos de Venezuela teniendo como eje el manejo del negocio petrolero que transformó al país -en la primera mitad de esa centuria- en uno de los grandes productores y exportadores mundiales quedando signado por esta huella que le generó una identidad particular en el coro de las naciones hasta los días que vivimos.

El siglo XIX venezolano se caracterizó por una larga seguidilla de gobiernos militares, donde la autocracia y el caudillismo definieron la gestión gubernamental ante la debilidad institucional y la ausencia del Estado en importantes regiones del país. Dos figuras, José Antonio Páez y Antonio Guzmán Blanco coparon el quehacer de la vida política.

Parecía que ese siglo finalizaría bajo esta marca y así lo refleja la memoria de la “historia oficial”, sin embargo, la llegada al poder de Cipriano Castro establece -además del enlace entre dos siglos- la señal de lo que sería una propuesta de transformación del país en su relación con las formas de dominación y subordinación de este al capital imperialista.

Aunque la forma de llegada al poder de Castro no significó mayor diferencia respecto al de sus antecesores y siendo que su discurso no variaba -en esencia- del que los caudillos de la época trazaban, su negativa a satisfacer las reclamaciones financieras de naciones europeas que optaron por el ataque, bombardeo y posterior bloqueo de las costas venezolanas, marcaron para la República un punto de inflexión del devenir político en su trato con Estados Unidos y el resto de potencias del Viejo Continente.


En el contexto de la época, debe hacerse mención como hecho notorio, que el Embajador de Estados Unidos en Venezuela Francis Loomis había sido acusado de conspirar contra el gobierno venezolano bajo presión de la empresa New York and Bermúdez Company. Esta compañía había logrado una concesión maderera -sin autorización del Estado venezolano- a través de una transferencia recibida de Horace R. Hamilton y George A. Phillips, empresarios privados que la habían obtenido en 1884 durante el gobierno de Antonio Guzmán Blanco para la explotación de “recursos naturales”.

El gobierno de Venezuela rechazó la transferencia cuando se descubrió que el territorio en cuestión estaba en las inmediaciones del lago de asfalto más grande del continente, el gigantesco lago Guanoco. La Bermúdez Company había tenido innumerables pleitos con gobiernos anteriores al no poder demostrar la validez de la concesión y los términos de la operación.

El gobierno del presidente Castro inició acciones legales para lograr la conculcación de la concesión, con lo que se inició un gran conflicto con el Trust del Asfalto que ejercía alta influencia en el gobierno de Estados Unidos.

Este país dispuso la cantidad de 130 mil dólares para financiar la conspiración llamada “Revolución Libertadora”. La Bermúdez Company decide -en los primeros años del gobierno de Castro- acercarse a Manuel Antonio Matos, un banquero devenido en General, opositor furibundo a Castro al sentirse afectado por la ruptura del presidente con el sector financiero.

Matos se da a la tarea de organizar un ejército uniendo a todas las facciones que adversaban a Castro. Aunque logró el apoyo de la Compañía Francesa del Cable Interoceánico y la alemana del Gran Ferrocarril de Venezuela quienes ofrecieron ayuda logística y financiera a la “Libertadora”, Matos es derrotado en la Batalla de La Victoria el 2 de noviembre de 1902 poniendo fin a la intentona y consolidando el poder de Castro en la conducción del país. Loomis es removido de su cargo y sustituido por Herbert. W Bowen, personaje que va a tener notoria participación en los hechos que iban a vivirse en fechas posteriores.

Hacerse de la economía venezolana en plena expansión petrolera era una ambición no enmascarada por las potencias europeas. En estas condiciones, supuestos países adeudados apelaron al cobro compulsivo de esa “deuda” sabiendo que esta solución no era factible en las condiciones que lo exigían, por lo que recurrieron a la intervención militar.

Los hechos se desataron cuando fuerzas navales de Inglaterra, Alemania e Italia, asaltaron y posteriormente destruyeron de manera parcial los puertos venezolanos para finalmente bloquearlos, al mismo tiempo que bombardearon Puerto Cabello e hicieron un intento fallido para desembarcar en las costas del estado Zulia que no se consumó por las particulares condiciones de navegación en el lago de Maracaibo y la contundente respuesta de las fuerzas armadas venezolanas apostadas en el castillo de San Carlos de la Barra ubicado en la entrada del lago. Días después Francia, Holanda, España, Bélgica y hasta México se unieron a la reclamación.

La respuesta del presidente venezolano conmocionó al país cuando el 9 de diciembre de 1902, proclamó: “La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria”. En un primer instante se supuso que Estados Unidos daría una contundente respuesta a la agresión europea en el marco de la aplicación de la Doctrina Monroe, sin embargo, esto no ocurrió. La explicación del gobierno estadounidense se fundamentaba en que la misma no era aplicable en situaciones de incumplimiento de compromisos por alguna nación americana.

Esta actitud que aparecía como una respuesta neutral al hecho acaecido, escondía -sin embargo- la verdadera intención del nuevo imperio al fijar los límites de acción de la intervención europea, estableciendo que ella fuera sólo una medida de presión para cobrar la deuda pero impidiendo la profundización de la operación militar para que no llegara a una invasión con tropas, acción sólo concebida en nuestro continente para su realización por parte del ejército de Estados Unidos en el marco de la aplicación de la Doctrina Monroe, demarcando -de esta manera- y con precisión, el ámbito de su influencia expansionista.

Contraria a la aplicación de la Doctrina Monroe, desde América Latina surgió una propuesta transformada en materia de doctrina de derecho internacional americano a partir de la posición fijada por el ministro de Relaciones Exteriores de Argentina Luis María Drago que expuso la ilegalidad de las acciones militares para cobrar deudas surgidas de empréstitos contraídos por el Estado.



Por su parte, el argumento del presidente Roosevelt para oponerse a la Doctrina Drago se fundamentó en que la intervención en un país, no se contradecía con la propuesta del jurista argentino si no estaba ligada a la conquista de territorios.

Sin embargo, dicha acción y la actuación del gobierno estadounidense a través de su representante en Caracas fueron una clara intervención en los asuntos internos del país, trocando en su favor la actitud desmesurada de una Europa que veía decaer su poder en el continente. En medio de la debilidad estructural del sistema político venezolano y de su absoluta precariedad financiera, el presidente Castro se vio obligado a negociar con los deudores el pago de las acreencias nombrándose al embajador Bowen como negociador por Venezuela después de haberse aceptado la mediación de Estados Unidos en el conflicto. Se firman así los “Protocolos de Washington” sin que ningún venezolano tuviera “arte ni parte” en la gestión de estos. Cada uno de estos 10 instrumentos -uno con cada nación acreedora- fue acordado por Bowen con estos países.

Es ampliamente conocido que Bowen tomó decisiones propias sin consultar al gobierno venezolano. Los Protocolos son una verdadera afrenta a Venezuela y una imposición fuera de toda cordura al interés nacional. Bowen adujo que tanto él como su presidente ya se habían comprometido con los reclamantes bajo esas condiciones que resultaban perniciosas para Venezuela, pero que no podían modificarse.

Huelgan comentarios respecto al tenor de la negociación al margen no sólo del Derecho Internacional Público, también del Derecho Internacional Privado, pero más allá de la Doctrina, está sólidamente sustentado en documentos que reposan en poder de la República que la deuda reclamada era sencillamente inexistente, que no había pruebas que la respaldaran y que las reclamaciones eran inviables porque los reclamantes no tenían derecho a ella, incluso porque los documentos utilizados habían sido ilegalmente forjados.

Todo este suceso que se hubiera podido solventar mediante una negociación bilateral con cada una de las partes, fue en realidad el instrumento perfecto para la medición de fuerzas entre Estados Unidos y las potencias europeas. Europa quiso saber cuánta fuerza había acumulado Washington en su afán de aplicar la Doctrina Monroe. Estados Unidos, por su parte, quería que los países americanos entendieran que sus intereses económicos en el continente iban a ser salvaguardados a cualquier costo.



Por esta razón había que ponerle coto al intento nacionalista que el general Cipriano Castro intentaba en Venezuela. Una mezcla de instrumentos militares, presión económica e injerencia diplomática habían resuelto este conflicto a favor de la naciente potencia imperialista fallando a favor de sus aliados europeos y sembrando un precedente de lo que sobrevendría en el siglo XX americano.

En 1904, Estados Unidos implementó el Corolario Roosevelt a la Doctrina Monroe mediante el cual se auto atribuía la “responsabilidad” de intervenir en cualquier país del continente si se ponía en peligro o se amenazaba la propiedad o los derechos de las empresas estadounidenses. Fue un complemento necesario para Estados Unidos en los inicios de su etapa imperialista.

El incumplimiento de los pagos acordados en los Protocolos de Washington fue la justificación para el golpe de Estado que Juan Vicente Gómez, cercano a Castro, pero más proclive a los intereses extranjeros, le diera en 1908 a quien era su jefe y amigo.

Es importante decir que la propia embajada de Estados Unidos en Venezuela había informado a su gobierno en 1907 que el gobierno venezolano había terminado de cancelar la deuda con las potencias agresoras tal como se había establecido en las instancias jurídicas, y que se disponía a pagar la deuda minoritaria a otros países acreedores.

Estos hechos mantuvieron las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela en una situación de franco deterioro en la medida que se adentraba el siglo. Las potencias extranjeras nunca cesaron en su intención de derrocar al gobierno de Castro.

Éste no consiguió sostener la alianza que había logrado construir ante la invasión extranjera ni siquiera pudo mantener la unidad de su partido, el Liberal Restaurador en el cual Juan Vicente Gómez comenzó a liderar una camarilla de descontentos con Castro.

Ante la enfermedad del presidente, se empieza a vislumbrar la posibilidad de su salida del poder. Diversas facciones pugnaban por desplazar al mandatario que convalecía, pero fue Gómez quien inició contactos con el gobierno norteamericano con el objeto de obtener su apoyo para una futura conspiración.


La partida de Castro hacia Europa a fin de recibir tratamiento médico puso en funcionamiento la confabulación interna que tuvo en Estados Unidos, un evidente aliado. El propio secretario de Estado de Estados Unidos Philander Knox se puso al frente de dicha componenda ofreciendo sustento para un Golpe de Estado, además convocó a las potencias europeas para lograr su apoyo.

El 19 de diciembre fue la fecha elegida para consumar el ascenso de Gómez al poder mientras el presidente Castro permanecía en Europa. En breve arribaron a La Guaira los acorazados de guerra estadounidenses Maine, Des Moines y North Carolina. Así mismo, el Alto Comisionado de Washington, William I. Buchanan llegó a Caracas para ofrecer el respaldo irrestricto del gobierno estadounidense a Gómez. A cambio, éste se comprometió a variar la política nacionalista de Castro por una a favor de inversionistas extranjeros y sus países.

Las circunstancias políticas en que se desarrolló la dictadura de Juan Vicente Gómez trazaron la señal sobre la cual iba a desarrollar su política exterior, en particular en su relación con Estados Unidos. Durante su gobierno, la industria petrolera pasó a transformarse en el centro de la economía y en el eje sobre el cual giraba el quehacer de la República. Su afán de sostenerse en el poder mediante la represión contó siempre con el apoyo de Estados Unidos que se hizo de la “vista gorda” ante los innumerables hechos que violentaban cualquier obligación democrática.

El interés en los gigantescos recursos energéticos de Venezuela para un país en expansión que emergía al siglo XX como primera potencia industrial y financiera del mundo después de su irrupción en la guerra hispano-cubana, y la firma del Tratado de París de 1898 y su apropiación del territorio de Panamá donde construiría el canal, pero sobre todo donde instalaría un enorme poderío militar para ejercer su labor de control del hemisferio occidental.

Necesitaba del dominio y vigilancia de las gigantescas reservas petrolíferas que emanaban a raudales del subsuelo venezolano. Nada más útil a sus intereses que un gobierno servil y corrupto al que pudieran manejar a su antojo.

Casi 100 años después, en la agonía de ese siglo y comienzo del XXI, Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela. Se propuso -a partir de la aprobación de una nueva Constitución- cambiar las reglas de juego para que fueran los venezolanos quienes usufrutuaran la enorme riqueza nacional.


La respuesta de Washington fue casi automática: en abril de 2002 organizaron, armaron y financiaron un golpe de Estado contra el presidente Chávez quien fue repuesto por el pueblo en su cargo en menos de 72 horas.

Así mismo, desde Estados Unidos se ordenó un sabotaje a la industria petrolera que generó pérdidas directas por ventas no realizadas por casi 15 mil millones de dólares, una contracción del 9% del PIB de 2003 y el abandono de la industria de unos 18.000 trabajadores calificados, todo lo cual ocasionó un impacto significativo en el fisco nacional por la reducción de ingresos fiscales.

Aunque Venezuela logró reponerse de este duro golpe a su economía, al igual que en el Chile de Salvador Allende cuando el Consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Henry Kissinger, ordenó “hacer gritar” la economía chilena, a partir de entonces Estados Unidos hizo uso en Venezuela de su amplio arsenal de instrumentos de agresión contra los gobiernos de los presidentes Hugo Chávez y Nicolás Maduro quien asumió en 2013.

En este ámbito podemos anotar: financiamiento de la oposición, intentos de fracturar las fuerzas armadas, alianza con el narcotráfico y las bandas paramilitares colombianas, alianza con la delincuencia organizada interna, sabotajes a la industria petrolera, a la industria eléctrica y al Consejo Nacional Electoral, intento de asesinato del presidente Maduro y otros altos dirigentes del país, invasión por mar, invasión por tierra con apoyo de los presidentes colombianos, alteración artificial del precio de la moneda venezolana, creación de una organización internacional denominada “Grupo de Lima” para derrocar al gobierno de Venezuela.

También, casi 1.000 sanciones a líderes venezolanos y a su industria petrolera, declaración de Venezuela como una amenaza «inusual y extraordinaria» a la seguridad nacional de Estados Unidos, campañas de mentiras, tergiversaciones y falsificaciones de la realidad nacional a través de los medios corporativos de comunicación, actividades conspirativas de la embajada de Estados Unidos en Caracas y una larga lista de otras acciones.

En tiempos recientes se pasó al despliegue de una flota en el mar Caribe para impedir el comercio petrolero de Venezuela y posibilitar la destrucción de pequeñas embarcaciones de pescadores, la autorización a la CIA para realizar operaciones encubiertas contra el país hasta llegar a una incursión armada que produjo la muerte de 83 ciudadanos, heridas a más de 100 y el secuestro del presidente Maduro y su esposa.


El gobierno nazi que se ha entronizado en Estados Unidos solo tiene parangón en la historia en su antecesor alemán Adolfo Hitler durante el siglo pasado. El talante imperialista propio de Washington casi desde su nacimiento como país ha llegado a niveles nunca antes vistos.

Nosotros en Venezuela tenemos la responsabilidad de resistir este momento tenebroso de la historia, y el mundo tendrá que decidir si acepta luchar contra la expansión del nazismo o convivir armoniosamente con él. Antes fue Palestina, Irán, Yemen, el este de Ucrania, Sudán, la República Centroafricana, Haití y Venezuela. Groenlandia y Europa están a punto de sumarse a la lista.

Pero, así como cada cien años sufrimos en lugar cimero el incremento de la brutalidad y la irracionalidad estadounidense, también tenemos presente que, cuando el poeta Pablo Neruda le preguntó al Libertador: “Padre, ¿[…] eres o no eres o quién eres?, él le contestó: «Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo».

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