miércoles, 21 de octubre de 2026

EL ESCUDO DE LAS AMÉRICAS REVELA EL INTERÉS DE EE. UU. EN LOS RECURSOS NATURALES DE AMÉRICA LATINA.

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"En la pugna con China por la tecnología, dice Estenssoro, “los últimos espacios que se están disputando son los microchips”, comenta, pues la industria automotriz, que era la gran industria de Estados Unidos y de Europa, ahora está siendo copada por marcas chinas. “Es cuestión de tiempo, quizá en cinco años la Boeing sea de capitales chinos. La tendencia es que China va subiendo y Estados Unidos va bajando”. En este contexto, añade Estenssoro, “el Escudo de Las Américas busca establecer un protectorado económico sobre nuestros países. Es una política de recolonización”. Ricardo Soberón agrega que, para el caso peruano, “en términos de minerales tradicionales como oro, plata, níquel, zinc”, lo que busca Estados Unidos es “asegurar las cadenas de suministro”, y en el caso de los minerales estratégicos, “generar las condiciones para que las empresas norteamericanas y no las chinas sean las que aseguren la compra y venta de esos minerales”. “Estamos en un proceso de confrontación empresarial donde la capacidad de influencia china es fuerte, pero Estados Unidos ha dejado muy claro que en el hemisferio occidental nadie va a entrar a reemplazarlo”.

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Fuentes: Mongabay [Imagen: el litio figura en la lista de minerales estratégicos que interesa a Estados Unidos. Foto: cortesía de AP Photo/Rodrigo Abd.]

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EL ESCUDO DE LAS AMÉRICAS REVELA EL INTERÉS DE EE. UU. 

EN LOS RECURSOS NATURALES DE AMÉRICA LATINA.

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Por Yvette Sierra Praeli | 21/10/2026 | América Latina y Caribe, Ecología social

Fuentes- Revista Rebelión miércoles 21 de octubre del 2026.

La iniciativa impulsada por Donald Trump a la que se han sumado, hasta ahora, 17 presidentes de América Latina, tiene como marco la lucha contra el narcotráfico y la criminalidad organizada. Sin embargo, analistas políticos y economistas de la región coinciden en señalar que el interés principal de Estados Unidos es el acceso a los recursos naturales, en especial a los minerales estratégicos que hay en los países de América Latina.

En marzo de 2026 el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo público el denominado Escudo de Las Américas, una iniciativa de ese país que se presentó como una alianza regional para combatir el narcotráfico y el crimen organizado transnacional.

En ese momento fueron 12 países de América Latina los que se unieron a la iniciativa. Los presidentes de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Trinidad y Tobago fueron parte de esa primera foto en la que aparece Trump sentado en una mesa rodeado de estos mandatarios, todos de pie. Chile, sin embargo, estuvo presente solo como observador, su adhesión formal al Escudo de Las Américas se concretó en septiembre.

Ahora son 17 los países de América Latina y El Caribe que forman parte del Escudo de Las Américas. Entre los últimos que se han sumado están Colombia, con Abelardo de la Espriella, y Perú, con Keiko Fujimori, tras ganar las elecciones presidenciales. Guatemala, Jamaica y Belice también se han unido a esta coalición, mientras Bahamas permanece como observador. Todos los presidentes que se han unido a esta propuesta impulsada por Estados Unidos son afines, en términos ideológicos, a la política de Estados Unidos.

“No es un acuerdo amplio en que todos los países pueden intervenir, sino que es una propuesta que surge desde Washington y que tiene que ver con intereses estratégicos de los Estados Unidos. Es una iniciativa vertical que tiene connotaciones políticas, económicas y militares”, dice el economista ecuatoriano Alberto Acosta, expresidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador.

Acosta agrega que el combate al narcotráfico y al crimen organizado es un pretexto de Estados Unidos para establecer

“un manejo económico que le garantice el control del suministro de los recursos estratégicos «, entre los que se encuentran minerales como el litio y el cobre.

Desde Chile, el economista Fernando Estenssoro, director del doctorado en Estudios Americanos de la Universidad de Santiago de Chile, es más duro en su crítica a esta iniciativa, a la que cataloga como “nefasta para la soberanía de la región” y enmarcada en la pugna geopolítica de Estados Unidos con China. China y Estados Unidos han manifestado su interés por los minerales estratégicos que se encuentran en países de Latinoamérica.

Estenssoro agrega que el interés de Trump está en “los recursos naturales, en el petróleo, en el cobre”, en los minerales críticos y las tierras raras porque “Estados Unidos está en el proceso final de su declinación hegemónica, por tanto, ellos consideran que los recursos de nuestro continente, sobre todo Sudamérica, no pueden ir a parar a manos del ‘enemigo’ [China], sino que tienen que quedar en manos de Estados Unidos”.

El Escudo de las Américas, revela el interés de los Estados Unidos, por los recursos naturales de América latina.

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El interés por los recursos naturales.

“Tenemos más de 20 millones de kilómetros cuadrados y nuestros países son privilegiados en todo tipo de recursos naturales. También en tierras raras y en los minerales estratégicos que son necesarios para la digitalización y para las nuevas tecnologías”, comenta Estenssoro sobre el interés de Estados Unidos en los recursos naturales de América Latina.

Estenssoro menciona que en Sudamérica está

“la mayor reserva de PETRÓLEO del mundo”, refiriéndose a VENEZUELA. “Tenemos LITIO, tenemos AMAZONÍA en Sudamérica, una gran fuente de recursos naturales y, además, un recurso en sí mismo porque presta servicios ecosistémicos. Tenemos agua, desde México hasta la Patagonia”, advierte.

En América del Sur, por ejemplo, se ubica el denominado Triángulo del LITIO, un espacio geográfico entre ARGENTINA, BOLIVIA Y CHILE que concentra la mayor cantidad de reservas mundiales de este elemento, que es un componente básico para almacenar energía en las baterías que alimentan vehículos, teléfonos, plantas solares, entre otros equipos.

Sudamérica también tiene grandes reservas de otro mineral estratégico: el COBRE. Un material de gran demanda en la industria de la construcción por su importancia para la fabricación de cables eléctricos, tuberías y sistemas térmicos, además de ser importante para la industria automotriz por su uso en la fabricación de motores y componentes electrónicos. El primer productor de cobre en el mundo es CHILE, mientras que Perú ocupa el tercer lugar en la lista. En ambos países, China es el principal comprador de este mineral.

Sin embargo, el interés en el cobre no está solo en estas dos naciones. Aunque ARGENTINA y COLOMBIA no han sido grandes protagonistas en la industria del COBRE en la región, actualmente  buscan abrirse paso en el mercado global, señala una investigación publicada por Mongabay Latam en julio de este año. El potencial es claro: el 40 % de las reservas mundiales de este metal se encuentran en Latinoamérica por lo que Estados Unidos, China e incluso la Unión Europea están en la búsqueda de nuevas alianzas con los países de la región.

En la Declaración conjunta relativa a la soberanía del hemisferio, publicada por el Departamento de Estado de Estados Unidos, el 22 de septiembre de 2026, se mencionan los tres pilares del Escudo de Las Américas: económico, de seguridad y coordinación multilateral. El que se refiere a la economía dice específicamente que se va a potenciar

“la cooperación económica, explorando mecanismos de control de las inversiones, salvaguardando las cadenas de suministro de minerales críticos mediante un abastecimiento diversificado y confiable; y promoviendo normativas sobre proveedores de confianza para la infraestructura digital, que se apliquen de forma no discriminatoria”.

“Es un juego de palabras, porque lo que quieren es asegurarse el control de los recursos naturales”, comenta Acosta sobre el texto que se incluye en la declaración de Estados Unidos.

En ese contexto, menciona los tratados bilaterales de inversiones que el país norteamericano está firmando con los países que forman parte del Escudo de Las Américas. Por ejemplo, menciona el convenio suscrito con ECUADOR, en marzo de este año, “para asegurar el acceso a los recursos estratégicos”.

El 4 de febrero de 2026, Ecuador y Estados Unidos firmaron un acuerdo marco para la cooperación que incluye el suministro y procesamiento de minerales estratégicos como oro, cobre, plomo y tierras raras, además de manufacturas industriales y productos del sector forestal y maderero. El acuerdo ha sido cuestionado por el Legislativo ecuatoriano.

En marzo de 2026, Chile y Estados Unidos también firmaron una Declaración Conjunta para establecer consultas de mecanismos que fortalezcan las cadenas de suministro de minerales críticos y tierras raras. Ese mismo mes, PERÚ Y ESTADOS UNIDOS firmaron un Memorándum de Entendimiento sobre cooperación en minerales críticos y tierras raras.

“Lo que se quiere es minimizar la presencia de China en el continente”, dice Acosta sobre la importancia geopolítica de esta iniciativa. Pero también suma otro componente detrás del Escudo de Las Américas: “la militarización de las sociedades”.

PERU SUMA AL ESCUDO DE LAS AMERICAS.
Perú confirmó su incorpioración al Escudo de las Américas.

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¿Territorios militarizados?

Para Acosta lo que está haciendo Estados Unidos es utilizar esta guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado “para asegurarse el control de nuestros países”. Pone como ejemplo

“la ley que se aprobó [en Ecuador] hace un par de meses [en agosto]” porque “abre la puerta a la militarización de los territorios donde hay minerales para romper la resistencia de las comunidades que defienden esos espacios vitales, señalándolos como narcoterroristas de ser del caso”. Y es que Donald Trump, durante su intervención en la versión 81 de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, el pasado 22 de septiembre, dijo que «Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas contra América ganen terreno en ningún lugar del hemisferio occidental. Y, de ser necesario, utilizaremos nuestro poderío militar sin igual para asegurar los vitales intereses nacionales de Estados Unidos».

Trump aprovechó la asamblea de la ONU para realizar una reunión con los presidentes y representantes de los países que forman parte del Escudo de Las Américas que estuvieron en Nueva York. Durante la cita mencionó la riqueza natural de estos países y les pidió evitar que potencias externas hostiles se apoderen de ella.

Ricardo Soberón, exdirector ejecutivo de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida) de Perú, también habla de lo que significa el Escudo de Las Américas para el país y para Latinoamérica.

“El costo de haber suscrito ese acuerdo político es demasiado grande para Perú porque acarrea acuerdos sobre inversiones, sobre explotación de minerales estratégicos, una posición frente a China y al puerto de Chancay. Hay muchas cosas por fuera de la lucha contra la criminalidad. A mi juicio, ha sido un terrible error. No ha habido una interlocución, un diálogo, un acuerdo entre países”.

Soberón considera lamentable que Perú y otros países de la región hayan “agachado la cabeza a este acuerdo” que, supuestamente, no es vinculante porque no es un tratado internacional, sino un acuerdo político.

El problema es que “debajo de ese paraguas van a venir una serie de cartas, acuerdos, memorándum de entendimiento”.

El experto peruano también menciona los acuerdos sobre minerales estratégicos firmados con Argentina, Chile, Perú, Bolivia, y lo sucedido en Venezuela, donde Estados Unidos

“se ha adueñado del sector petrolero a partir de una decisión militar”. El exjefe de DEVIDA precisa que el Escudo de Las Américas ha logrado “asentar su presencia en la región sin ofertas financieras concretas” y recuerda que iniciativas como el Plan Colombia contaban con fondos comprometidos, pero que en esta ocasión solo se trata de “discursos vacíos de Donald Trump y Marco Rubio, utilizando la mayor presión política posible y los hechos del 3 de enero en Caracas que permiten dar cuenta de lo que es capaz de hacer Estados Unidos en la región”.

El Escudo de las Américas, revela el interes de los Estados Unidos, por los recursos naturales de América Latina.
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Los minerales detrás de la tecnología.

Para Alberto Acosta, lo que Estados Unidos pretende es asegurar la tecnología para la inteligencia artificial, la cual requiere gran cantidad de minerales.

“Actualmente, el consumo de minerales no solo es para la transición energética, sino que hay otros dos rubros que no siempre aparecen: el armamentismo y la inteligencia artificial”, precisa.

Los minerales estratégicos y minerales críticos son necesarios para los sistemas de inteligencia artificial. Foto: Creative Commons Attribution 2.0 Generic

En el caso de las armas se requieren minerales de punta para su elaboración y lo mismo sucede con la inteligencia artificial. La lista de minerales usados para la fabricación de armas incluye grafito, cobalto, aluminio, litio, manganeso y tierras raras, entre otros. En el caso de la inteligencia artificial están el cobre, el litio, el níquel, el cobalto y las tierras raras, entre otros.

“Ambas cosas tienen mucho que ver con los intereses de Washington. Estados Unidos es un imperio en decadencia y su talón de Aquiles es la tecnología”, asegura Acosta.

El economista ecuatoriano agrega que el gobierno de Trump está tratando de “disputar espacios tecnológicos con China” y parte de esa disputa es asegurar el acceso a minerales estratégicos.

“No sólo son minerales, agua, biodiversidad, sino que, simultáneamente, Washington cuenta todavía con una gran ventaja comparativa que es su fortaleza militar”, menciona.

Estenssoro también entra al campo de la disputa por los minerales estratégicos y las tierras raras y pinta un panorama para los próximos 15 o 30 años cuando

“la escasez de los recursos sea brutal”. “Eso lo saben todas las agencias estratégicas, está probado por Naciones Unidas, solo que antes se veía como un futuro muy lejano y hoy día está aquí”.

En la pugna con China por la tecnología, dice Estenssoro, “los últimos espacios que se están disputando son los microchips”, comenta, pues la industria automotriz, que era la gran industria de Estados Unidos y de Europa, ahora está siendo copada por marcas chinas.

“Es cuestión de tiempo, quizá en cinco años la Boeing sea de capitales chinos. La tendencia es que China va subiendo y Estados Unidos va bajando”. En este contexto, añade Estenssoro, “el Escudo de Las Américas busca establecer un protectorado económico sobre nuestros países. Es una política de recolonización”. Ricardo Soberón agrega que, para el caso peruano,

“en términos de minerales tradicionales como oro, plata, níquel, zinc”, lo que busca Estados Unidos es “asegurar las cadenas de suministro”, y en el caso de los minerales estratégicos,

“generar las condiciones para que las empresas norteamericanas y no las chinas sean las que aseguren la compra y venta de esos minerales”. “Estamos en un proceso de confrontación empresarial donde la capacidad de influencia china es fuerte, pero Estados Unidos ha dejado muy claro que en el hemisferio occidental nadie va a entrar a reemplazarlo”.

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martes, 20 de octubre de 2026

EL PLAN DE TRUMP PARA DOMINAR A CANADÁ.

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"Comentarios y apreciaciones son reproducidos y amplificados en un extenso tejido de medios alternativos como Rebel News y Canada Proud, vinculados a MAGA y responsables de difundir narrativas en donde se señala a Alberta como una provincia oprimida y explotada por el poder central. Además, estaría operando un amplio ecosistema de redes sociales impulsado en gran medida por IA y por bots. Sin embargo, ninguna campaña sería posible sin tomar en cuenta la enorme influencia del canal informativo Fox News y, especialmente, de Postmedia, la mayor cadena de periódicos canadiense, en buena medida perteneciente a Chatham Asset Management, un fondo de inversión estadounidense con sede en Nueva Jersey.

"Según un promedio de los últimos relevamientos, aproximadamente un 70% de los habitantes de Alberta cree que la provincia debería seguir formando parte de Canadá, mientras que un 25% se declara a favor de la separación. Si, llegado el caso, los secesionistas obtienen mejores números a los contabilizados hasta ahora en las encuestas, siempre podrán sembrar el recurso del fraude para invalidar la elección. Y pese a su eventual derrota, la APP podría reivindicar su labor y asegurar el llamado a un nuevo referéndum en un futuro cercano. Para sus líderes vale, en todo caso, evidenciar que el movimiento independentista de Alberta sigue vivo, más allá de los contratiempos.

"Elon Musk, el principal aportante del Partido Republicano y una de las figuras centrales de la ultraderecha, ya lo dictaminó: no sólo pretendió renunciar a la ciudadanía canadiense legada por su madre bajo la idea de que “Canadá no es un país real”, sino que además fijó el camino a seguir por la extrema derecha secesionista cuando pocos días atrás aseguró: “Quebec debería separarse. Estarían mejor. Alberta y Saskatchewan también deberían separarse”. Como actualmente ocurre con América Latina, no hay mayores dudas de que la política intervencionista y el incentivo a la fragmentación de Canadá continuarán y, probablemente, se profundizarán, como parte de una estrategia central de dominación impuesta por la Casa Blanca.

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Trump AFP.

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EL PLAN DE TRUMP PARA DOMINAR A CANADÁ.

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Por Daniel Kersffeld.

Fuente. Página /12 lunes 19 de octubre del 2026.

“Cuando se refería a Canadá como el Estado N° 51, Trump en realidad no pensaba en todo el país, sino sólo en Alberta”. El comentario del experto republicano Brandon Weichert, analista de seguridad y de geopolítica cercano a la política titular de la Casa Blanca, resulta revelador sobre titular de la Casa Blanca frente a la crisis que se vive actualmente en su vecino del norte.

Ubicada en el oeste de Canadá, Alberta posee la cuarta mayor reserva probada de petróleo en todo el mundo, solo superadas por Venezuela, Arabia Saudita e Irán. Tiene, además, importantes yacimientos de carbón, níquel, litio y tierras raras. Considerada como un bastión conservador en un país gobernado por liberales durante más de una década, ostenta el PIB per cápita más alto y es un importante contribuyente a las finanzas federales. Sin embargo, las políticas energéticas y ambientales impulsadas desde Ottawa han generado una creciente tensión entre la provincia y el gobierno federal, en una relación que muchos albertanos consideran injusta y abusiva.

La votación por la progresiva autonomía que se celebrará el 19 de octubre resultará clave no solo para Alberta, sino también para el futuro del país y de sus complejas relaciones con los Estados Unidos inmersas en una amplia puja comercial. En tanto que el gobierno de Mark Carney no dudó en calificar esta iniciativa como un nuevo Brexit debido a sus probables efectos económicos.

El referéndum de Alberta será el tercero que se produce en Canadá, después de los realizados en Quebec en 1980 y 1995. Dados los profundos lazos entre los gobiernos de Canadá y de Estados Unidos, las presidencias de Jimmy Carter y Bill Clinton, respectivamente, apoyaron enfáticamente el statu quo del vecino del norte. La situación ahora sería distinta, prácticamente opuesta.


El injerencismo desde el gobierno de Trump resulta deliberado y evidente y apuntaría tanto a fragmentar políticamente como a quebrar económicamente a uno de sus principales socios comerciales. Si bien la Casa Blanca cuenta con la cercanía ideológica de la primera ministra albertana Danielle Smith (festejó el triunfo electoral de Trump en el 2024 en su residencia de Mar-a-Lago), el principal medio utilizado es el movimiento político que devino en el principal portavoz del autonomismo y, en algunos casos, también de la integración con los Estados Unidos.

Aunque el movimiento separatista de Alberta existe desde 1930, hasta hace un tiempo se trataba de un fenómeno marginal. Sin embargo, la pandemia y las restricciones sanitarias crearon un terreno fértil para su resurgimiento, que finalmente tomaría forma en el Proyecto de Prosperidad de Alberta (APP, por su sigla en inglés) una corriente de ultraderecha, fundamentada en la paranoia colectiva y en creencias conspirativas como la alianza entre China y Canadá para ahogar cualquier tipo de independentismo. Además, ha sido capaz de aglutinar a distintas células separatistas y, en apenas un lustro, creció exponencialmente, sobre todo, gracias a su poderosa inserción en línea.

Si las medidas frente al Covid 19 fueron el caldo de cultivo, las elecciones de abril de 2025, ganadas por el liberalismo, se convirtieron en el detonante para la definitiva conformación del sector secesionista. Tres meses después, la APP presentó una petición formal para convocar a un referéndum sobre la autonomía de la provincia, que resultó aprobada a principios de este año.

Desde el gobierno de Estados Unidos se tomó nota del ambiente político que se estaba generando al norte de sus fronteras y comenzó a respaldar a los disidentes y a los disconformes. El beneficio para APP fue indudable, ya que la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump establece que se “recompensará y fomentará a los movimientos ampliamente alineados” con el objetivo de dominar el hemisferio occidental y asegurar el control de sus recursos naturales. Sus dirigentes comprobaron que el apoyo de la Casa Blanca, lejos de ser circunstancial, hoy resulta estratégico.


Según atestiguó uno de los fundadores de APP, el abogado Jeffrey Rath, en 2025 los principales líderes de la organización realizaron tres viajes a Washington, donde mantuvieron reuniones reservadas con altos directivos del Departamento de Estado para analizar el posible apoyo estadounidense en caso de que la iniciativa independentista prosperara. Se habría hablado sobre la viabilidad de una Alberta independiente con un mercado común con Estados Unidos y cero aranceles. La nueva república también adoptaría el dólar estadounidense en detrimento del dólar canadiense, con una línea de crédito de 500 mil millones de dólares estadounidenses para ayudar a que el naciente país se ponga en marcha. Se llegó a plantear, incluso, la logística y los recursos prácticos para la definitiva integración de la provincia separatista a los Estados Unidos.

La participación del primer círculo de confianza de Trump y de varios directivos de MAGA resultó fundamental para la consolidación de APP. Y más allá de las expresiones presidenciales, replicadas por voceros, intérpretes y comentaristas como Weichert, quien califica a Alberta como “pieza clave” de la estrategia de anexión estadounidense, hubo otras figuras de primera línea del gobierno y del entorno presidencial que se refirieron a la voluntad secesionista de la provincia canadiense.

Así, en el último Foro de Davos, en enero pasado, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, consideró a Alberta como un “socio natural” para los Estados Unidos. El publicista Steve Bannon fue más allá y consideró las implicaciones geopolíticas de la conquista de territorio canadiense ya que, en su opinión, el norte ártico, otrora una barrera natural, se había convertido en un punto débil que podía facilitar la penetración rusa. Según el ex asesor de Trump, el gobierno debía avanzar sobre Alberta como también lo está haciendo ahora sobre Ucrania, no sólo por sus amplias riquezas naturales, sino también para preservar un borde amurallado contra Rusia.

Otras figuras del movimiento MAGA fueron aún menos sutiles. El representante republicano Andy Ogles, de Tennessee, aplaudió abiertamente al movimiento independentista afirmando que

“La gente quiere soberanía” y que “Quieren lo que tiene Estados Unidos”, en tanto que el senador por Utah, Mike Lee, añadió que “Podría ser como nuestro propio ‘Texas helado del Norte’”, en referencia al estado, originalmente mexicano que, en 1845, luego de nueve años de independencia, resolvió su anexión a Estados Unidos. Hasta la exgobernadora de Alaska, Sarah Palin, sin cargo oficial actual, pero todavía ligada al ultraconservador Tea Party, se sumó a la corriente separatista.

Comentarios y apreciaciones son reproducidos y amplificados en un extenso tejido de medios alternativos como Rebel News y Canada Proud, vinculados a MAGA y responsables de difundir narrativas en donde se señala a Alberta como una provincia oprimida y explotada por el poder central. Además, estaría operando un amplio ecosistema de redes sociales impulsado en gran medida por IA y por bots. Sin embargo, ninguna campaña sería posible sin tomar en cuenta la enorme influencia del canal informativo Fox News y, especialmente, de Postmedia, la mayor cadena de periódicos canadiense, en buena medida perteneciente a Chatham Asset Management, un fondo de inversión estadounidense con sede en Nueva Jersey.

Según un promedio de los últimos relevamientos, aproximadamente un 70% de los habitantes de Alberta cree que la provincia debería seguir formando parte de Canadá, mientras que un 25% se declara a favor de la separación. Si, llegado el caso, los secesionistas obtienen mejores números a los contabilizados hasta ahora en las encuestas, siempre podrán sembrar el recurso del fraude para invalidar la elección. Y pese a su eventual derrota, la APP podría reivindicar su labor y asegurar el llamado a un nuevo referéndum en un futuro cercano. Para sus líderes vale, en todo caso, evidenciar que el movimiento independentista de Alberta sigue vivo, más allá de los contratiempos.

Elon Musk, el principal aportante del Partido Republicano y una de las figuras centrales de la ultraderecha, ya lo dictaminó: no sólo pretendió renunciar a la ciudadanía canadiense legada por su madre bajo la idea de que “Canadá no es un país real”, sino que además fijó el camino a seguir por la extrema derecha secesionista cuando pocos días atrás aseguró:

“Quebec debería separarse. Estarían mejor. Alberta y Saskatchewan también deberían separarse”.

Como actualmente ocurre con América Latina, no hay mayores dudas de que la política intervencionista y el incentivo a la fragmentación de Canadá continuarán y, probablemente, se profundizarán, como parte de una estrategia central de dominación impuesta por la Casa Blanca.

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lunes, 19 de octubre de 2026

BRASIL. GEOPOLÍTICA, PODER RELIGIOSO, guerra informativa y disputa por la hegemonía en el siglo XXI.

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“Brasil, América Latina y el futuro de la multipolaridad. Brasil se encuentra situado en una encrucijada histórica de indudable magnitud continental y global.

  • La vía de la soberanía y la multipolaridad (Lula y los BRICS): Ofrece al país y a la región márgenes concretos de autonomía financiera, diversificación tecnológica, industrialización verde y una inserción soberana en el emergente orden multipolar del Sur Global.
  • La vía de la subordinación hemisférica (Bolsonarismo y alineamiento occidental): Conlleva el riesgo de la reprimarización económica, la pérdida de protagonismo estratégico internacional, la fractura institucional interna y la subordinación a los intereses geoestratégicos de Washington y Bruselas.
  • El factor del bloque conservador-evangélico: Constituye un fenómeno estructural de largo plazo que trasciende los ciclos electorales coyunturales, combinando la penetración económica capitalista, el control algorítmico de las subjetividades y una agenda moral restrictiva que redefine los contornos de la democracia y los derechos sociales en América Latina.

La disputa por Brasil es, en definitiva, la disputa por el sentido del siglo XXI latinoamericano: la disyuntiva entre actuar como sujeto activo y soberano de la historia mundial o reincidir en la condición secular de territorio subordinado a designios ajenos.

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Fuentes: Clave China [Imagen: Lula y Bolsonaro representan los dos polos opuestos sobre los que gira la política brasileña. Créditos: Clave China]

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BRASIL. GEOPOLÍTICA, PODER RELIGIOSO, guerra informativa y disputa por la hegemonía en el siglo XXI.

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Por Lidia Fagale | 19/10/2026 | Brasil

Fuente. Revista Rebelión lunes 19 de octubre del 2026.

En este artículo la autora analiza las próximas elecciones presidenciales brasileñas desde la perspectiva del Sur global, como un conflicto entre multilateralismo (lulismo) y sometimiento al imperialismo norteamericano (bolsonarismo); en ese sentido, además de analizar las elecciones en clave interna, por lo que se detiene en el poder evangélico y en la guerra de desinformación, analiza la influencia de los BRICS y especialmente de China.

Brasil como laboratorio del nuevo orden mundial.

Las elecciones brasileñas suelen ser presentadas por el análisis convencional como una confrontación superficial entre izquierda y derecha, entre lulismo y bolsonarismo, o entre modelos económicos divergentes. Sin embargo, esa lectura resulta radicalmente insuficiente. Lo que ocurre en Brasil trasciende el marco de la competencia electoral ordinaria: la principal potencia latinoamericana se ha convertido en el epicentro y laboratorio de la transición histórica que atraviesa el sistema internacional.

Brasil es simultáneamente miembro fundador de los BRICS, socio comercial clave de China en América Latina, actor gravitante del G20, potencia agroalimentaria global, poseedor de una densa base industrial y de recursos estratégicos esenciales para la transición energética, y una de las pocas naciones del Sur Global con capacidad real para incidir en el diseño del orden global. Por esta razón, las disputas que sacuden a la sociedad brasileña portan una dimensión planetaria. El conflicto no se reduce a quién habita el Palacio del Planalto, sino a cuál será la inserción internacional de América Latina durante las próximas décadas.

Por primera vez desde el fin de la Guerra Fría, la región se encuentra ante una bifurcación histórica. De un lado emerge un proyecto anclado en el multilateralismo, la cooperación Sur-Sur, la ampliación de los BRICS, la integración regional, la soberanía tecnológica y la neoindustrialización. Del otro se consolidan corrientes asociadas a las nuevas derechas occidentales, a la restauración de la seguridad hemisférica tradicional y al alineamiento incondicional con Washington. Brasil es el terreno donde ambos universos colisionan de manera frontal.

La crisis de representación y la polarización brasileña.

La polarización política en Brasil no es una anomalía pasajera, sino el síntoma profundo de una crisis orgánica y de representación institucional. Los partidos políticos tradicionales, desgastados por sucesivos escándalos de corrupción y por la incapacidad de procesar las demandas sociales de las periferias urbanas, han cedido terreno ante esquemas de polarización identitaria y afectiva.

  • El lulismo encarna la continuidad progresista y reformista, con eje en la inclusión social, la reducción de la desigualdad estructural, el fortalecimiento del Estado y la defensa de la soberanía regional.
  • El bolsonarismo representa el polo opuesto: un giro radical hacia la derechización conservadora, que combina el liberalismo económico de mercado con promesas de orden punitivo, rearme moral y alineamiento hemisférico con los centros de poder occidental.
  • La fragmentación del Congreso Nacional (el fenómeno del Centrão) refleja la descomposición de la legitimidad partidaria, donde el pragmatismo de cuotas de poder condiciona e inmoviliza crónicamente al Poder Ejecutivo, volviendo ingobernable al país sin amplias e inestables negociaciones clientelares.

Brasil y el liderazgo latinoamericano.

La gravitación de Brasil en América Latina responde a su condición de potencia subcontinental ineludible. Con más de la mitad del territorio y de la población sudamericana, su estabilidad y orientación política determinan el destino de los mecanismos de integración regional.

Históricamente, la política exterior brasileña ha oscilado entre dos almas: el «americanismo» pro-occidental (que prioriza la sintonía con Estados Unidos) y el «globalismo autónomo» (que busca diversificar vínculos y proyectar a Brasil como líder del Sur Global). Cuando Brasil asume un rol articulador en América del Sur —impulsando UNASUR o fortaleciendo el Mercosur—, la región gana autonomía frente a las presiones extracontinentales. En contraste, cuando el país se repliega bajo mandatos ideológicos de alineamiento hemisférico, el regionalismo sudamericano se desarticula, dejando a los Estados individuales a merced de la asimetría negociadora frente a las superpotencias.


Lula, el multilateralismo y la construcción política del Sur Global.

La política exterior del tercer mandato de Luiz Inácio Lula da Silva se estructura en torno a una premisa fundamental: la construcción de márgenes efectivos de autonomía soberana en un mundo en transición hacia la multipolaridad.

La diplomacia presidencial lulista ha recuperado los ejes de la «política externa activa y altiva», articulando:

  • La profundización de la asociación estratégica con la República Popular China.
  • El relanzamiento y expansión de los BRICS como contrapeso financiero y político a las instituciones de Bretton Woods.
  • La revitalización de la cooperación Sur-Sur con el continente africano y el Sur global.
  • La reivindicación del multilateralismo jurídico a través de la reforma de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Consejo de Seguridad.
  • Una postura firme de independencia frente a los conflictos sistémicos globales.

Como sintetizó magistralmente Lula ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: «Brasil no cabe en el patio trasero de nadie». Dicha formulación conceptual trasciende la diplomacia brasileña: interpela al conjunto de América Latina a romper con el tutelaje histórico.

China, inversiones, industrialización y desarrollo.

La relación bilateral entre Brasil y China constituye el eje gravitacional de la economía política sudamericana contemporánea. Lejos de reducirse a un mero intercambio comercial de materias primas por manufacturas, el vínculo ha adquirido una densidad estratégica compleja.

  • Comercio y exportaciones: Las exportaciones brasileñas hacia el mercado chino han superado los 105.700 millones de dólares, mientras que el intercambio bilateral total ronda los 157.500 millones de dólares, consolidando a China como el socio comercial indiscutido de Brasil.
  • Acuerdos y cooperación tecnológica: Durante los cónclaves bilaterales entre Lula da Silva y Xi Jinping se han suscrito decenas de acuerdos estratégicos enfocados en infraestructura crítica, telecomunicaciones de 5G, transición energética, innovación digital, aeroespacial y cooperación científica.
  • El dilema de la neoindustrialización: El desafío central para Brasil radica en evitar la reprimarización absoluta de su economía —limitándose a proveer soja, mineral de hierro y petróleo crudo— y aprovechar las inversiones y la transferencia tecnológica china para impulsar una nueva fase de industrialización avanzada, transición verde y generación de empleo calificado.


La Doctrina Monroe, la seguridad hemisférica y la disputa por América Latina.

En el trasfondo de la geopolítica sudamericana opera una tensión histórica estructural: la persistencia de la Doctrina Monroe (1823) y la concepción de América Latina como «patio trasero» e indiscutible esfera de seguridad nacional de los Estados Unidos.

A lo largo de dos siglos, Washington ha desplegado un repertorio multiforme para asegurar su primacía hemisférica: desde intervenciones militares directas y apoyo a dictaduras militares en el siglo XX, hasta condicionamientos financieros a través del FMI y el BID, presiones diplomáticas, doctrinas de seguridad hemisférica y guerra jurídica (lawfare).

La irrupción de China como principal socio económico y financiero de América del Sur alteró esta ecuación unipolar. Para la superpotencia norteamericana, la presencia comercial y de infraestructura china en Brasil y la región es leída no solo como competencia económica, sino como una amenaza directa a su seguridad nacional, reviviendo tensiones de carácter hegemónico que condicionan la política interna y externa del subcontinente.

Trump, Bolsonaro y las derechas transnacionales.

El alineamiento del gobierno de Jair Bolsonaro con la administración de Donald Trump representó la expresión más acabada de subordinación geopolítica voluntaria en la historia reciente de Brasil.

Esta corriente de la nueva derecha transnacional operó bajo una contradicción ideológica profunda: mientras discursivamente enarbolaba un nacionalismo estridente y una retórica furiosamente anticomunista y pro-estadounidense, en los hechos subordinaba los intereses soberanos de Brasil a la agenda geoestratégica de Washington.

Las consecuencias de este eje incluyeron el debilitamiento de los foros regionales de integración, el aislamiento diplomático de Brasil en los espacios multilaterales globales, la subordinación en materia de defensa y tecnología espacial, y una gestión negacionista de crisis globales que subordinó la soberanía sanitaria y ambiental a mandatos ideológicos de ultraderecha.


El poder evangélico como corporación económica, mediática e ideológica.

La transformación más profunda en la estructura de poder de la sociedad brasileña contemporánea es la emergencia del neopentecostalismo como un conglomerado polifacético que opera simultáneamente como corporación económica, imperio mediático y actor político transnacional.

  • Arquitectura económica y patrimonial: Iglesias como la Universal del Reino de Dios (liderada por Edir Macedo), Assembleia de Deus e Igreja Mundial movilizan presupuestos colosales. Se estiman en más de R$ 21.500 millones anuales los ingresos generados por negocios colaterales que incluyen redes de televisión, emisoras de radio, editoriales, sellos musicales, agencias de turismo religioso y plataformas de comercio electrónico.
  • Dominio mediático: El control férreo de canales de televisión abierta (como Récord TV), cadenas radiales y ejércitos de cuentas en redes sociales permite a estas corporaciones fehacientes modelar el flujo informativo cotidiano de millones de ciudadanos.
  • La Bancada Evangélica en el Congreso: Articulada transversalmente más allá de los partidos formales, esta bancada legislativa funciona como un bloque de presión ideológica capaz de vetar o condicionar cualquier avance normativo en materia de derechos civiles, laicos o de género.
  • Transnacionalización conservadora: El modelo neopentecostal brasileño ha trascendido fronteras, expandiéndose con éxito por Argentina, Uruguay, Paraguay, Perú y Centroamérica, exportando una matriz de conservadurismo moral y teología de la prosperidad.

Las redes sociales evangélicas y la producción digital de subjetividades.

El poder evangélico contemporáneo ha migrado exitosamente del púlpito tradicional al ecosistema algorítmico digital. La construcción de identidades políticas ya no se procesa primariamente en el templo físico, sino a través de un denso entramado hiperconectado.

  • Ecosistemas multiplataforma: La socialización de millones de fieles y ciudadanos transcurre de manera simultánea en grupos masivos de WhatsApp y Telegram, canales dinámicos de YouTube, perfiles de Instagram y transmisiones en directo (streaming) de cultos y prédicas.
  • Mega-influencers religiosos: Figuras pastorales y laicas con arrastre masivo —tales como Bruno Leonardo (con decenas de millones de seguidores), Deive Leonardo e Isadora Pompeo— ejercen una influencia cotidiana muy superior a la de los partidos políticos tradicionales, prescribiendo no solo pautas espirituales, sino interpretaciones morales de la vida pública y electoral.
  • La Teología de la Prosperidad como algoritmo cultural: Al vincular directamente el éxito financiero y material con la ortodoxia de la fe, este corpus doctrinal legitima el individualismo meritocrático radical, sintonizando perfectamente con las lógicas del capitalismo digital de plataformas analizadas por teóricos como Shoshana Zuboff.


La desinformación como forma de poder.

Los procesos electorales brasileños de 2018 y 2022 confirmaron que la desinformación masiva no constituye un accidente técnico ni una distorsión marginal, sino una forma institucionalizada de ejercicio de poder político en la era digital.

  • Comunidades interpretativas: Las redes de bulos y noticias falsas operan mediante la articulación emocional de comunidades cerradas (especialmente en WhatsApp), donde los hechos empíricos son subordinados a marcos narrativos de carácter religioso, moral o conspirativo.
  • Mitologías de campaña: La circulación masiva de artefactos ideológicos falsos —tales como el mito del denominado «kit gay» en las escuelas, supuestas amenazas inminentes a la familia tradicional o teorías conspirativas orientadas a deslegitimar el sistema de urnas electrónicas del Tribunal Superior Eleitoral (TSE)— demostró una altísima eficacia para fragmentar el debate público y polarizar los afectos colectivos.
  • Guerra cultural permanente: La batalla política contemporánea ha desplazado el eje de la disputa informativa hacia la captura de los marcos interpretativos de la población, haciendo de la posverdad un recurso de dominación ideológica sistemática.
  • Corrupción, lawfare y disputa por el sentido común.

La instrumentalización de la corrupción como narrativa política constituye uno de los resortes más potentes en la historia reciente de Brasil, operando como un dispositivo central de reorganización del mapa político y judicial.

  • El ciclo de Lava Jato y el caso Lula: La Operación Lava Jato, nacida en Curitiba en 2014, canalizó un legítimo descontento ciudadano contra la corrupción sistémica, pero operó selectivamente como un mecanismo de persecución judicial (lawfare). La condena y encarcelamiento de Luiz Inácio Lula da Silva durante 580 días buscó sacarlo de la contienda electoral de 2018, hasta que el Supremo Tribunal Federal (STF) anuló formalmente los procesos en 2021 al comprobarse la absoluta parcialidad y falta de competencia de los tribunales de origen.
  • El contraste con el clan Bolsonaro: Años más tarde, los procesos judiciales contra Jair Bolsonaro —culminados con condenas severas por su participación directa en la intentona golpista de 2022— y las investigaciones por corrupción e irregularidades financieras que salpicaron a su círculo familiar (incluyendo a sus hijos Eduardo y Flávio Bolsonaro), fueron interpretados por sus bases electorales bajo una narrativa de persecución política y martirio cristiano.
  • La complicidad de los grandes medios: Conglomerados mediáticos tradicionales (como O Globo, Folha de S. Paulo y O Estado de S. Paulo) cumplieron un rol determinante en la validación y amplificación de los relatos anticorrupción orientados a erosionar al progresismo, mientras minimizaban o relativizaban las derivas autoritarias de la ultraderecha



BRICS, Mercosur y la reconfiguración del orden mundial.

Frente a las tendencias de fragmentación global y las presiones proteccionistas del Norte Global, Brasil apuesta de manera estratégica por el fortalecimiento de los espacios de concertación geopolítica y comercial alternativos.

  • El peso económico de los BRICS: Con un volumen comercial bilateral que superó los 234.800 millones de dólares en 2025 entre Brasil y el bloque ampliado, los BRICS se han consolidado como el principal anclaje de la diversificación comercial brasileña.
  • El Nuevo Banco de Desarrollo (NBD): Presidido por la exmandataria brasileña Dilma Rousseff y dotado con un capital de 100.000 millones de dólares, el NBD representa una herramienta fundamental para financiar infraestructura verde, digitalización y proyectos de desarrollo autónomo mediante el uso de monedas locales, sustrayéndose de la condicionalidad asfixiante de los organismos financieros tradicionales occidentales.
  • Las tensiones en el Mercosur: Si bien Brasil impulsa activamente un acuerdo comercial equilibrado entre el Mercosur y China, las divergencias internas —impulsadas por pulsiones bilaterales uruguayas, vacilaciones argentinas y los complejos condicionamientos geopolíticos de Paraguay derivados de su reconocimiento diplomático a Taiwán— complican la consolidación de un bloque regional cohesionado frente a las potencias globales.

Brasil, América Latina y el futuro de la multipolaridad.

Brasil se encuentra situado en una encrucijada histórica de indudable magnitud continental y global.

  • La vía de la soberanía y la multipolaridad (Lula y los BRICS): Ofrece al país y a la región márgenes concretos de autonomía financiera, diversificación tecnológica, industrialización verde y una inserción soberana en el emergente orden multipolar del Sur Global.
  • La vía de la subordinación hemisférica (Bolsonarismo y alineamiento occidental): Conlleva el riesgo de la reprimarización económica, la pérdida de protagonismo estratégico internacional, la fractura institucional interna y la subordinación a los intereses geoestratégicos de Washington y Bruselas.
  • El factor del bloque conservador-evangélico: Constituye un fenómeno estructural de largo plazo que trasciende los ciclos electorales coyunturales, combinando la penetración económica capitalista, el control algorítmico de las subjetividades y una agenda moral restrictiva que redefine los contornos de la democracia y los derechos sociales en América Latina.

La disputa por Brasil es, en definitiva, la disputa por el sentido del siglo XXI latinoamericano: la disyuntiva entre actuar como sujeto activo y soberano de la historia mundial o reincidir en la condición secular de territorio subordinado a designios ajenos.

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