miércoles, 26 de agosto de 2026

¿POR QUÉ ATACAN AL NOBEL QUE DEFIENDE A LA CLASE TRABAJADORA?

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"Para terminar, hay que apuntar que hay muchos aspectos sin concluir en el trabajo de Daron Acemoglu que merecerán un desarrollo en los próximos meses y años, y que son claves para la política pública. La proposición central de Acemoglu es que la tecnología, para que promueva una prosperidad compartida, tiene que estar dirigida. Los críticos, incluido el texto de The Economist, señalan lo ambiguo que resulta eso en la práctica. Tienen razón en este punto, ya que el trazo de Acemoglu y sus coautores apunta en la dirección de intervenir en los destinos del mercado autorregulado a fin de dirigir la tecnología ‘hacia otra parte’. Por la comparación histórica se deduce que el efecto buscado es el fortalecimiento de los sindicatos, de la democracia y del poder frente a las élites (léase, los tecnooligarcas), pero está ausente todavía el ‘cómo’ lograr todo eso.

"Por otro lado, Acemoglu insiste en que la sociedad tiene alternativas a la implantación de tecnología en formas que provocan graves daños a la clase trabajadora. Él acepta que los empresarios buscan elevar sus beneficios y aumentar la productividad promedio del trabajo, aunque esa implantación no produzca bienestar social (en su terminología, que no incremente la productividad marginal del trabajo). Un análisis estructural objetará que un empresario asume una determinada tecnología maximiza dora de beneficios porque está obligado por la competencia, de modo que no está claro cómo podría ser de otra forma sin recurrir a instrumentos clásicos como la regulación estatal. En el fondo, la gramática habitual de un proceso de “dirección tecnológica” es la que tiene que ver con la planificación, el Estado y la protección social; y probablemente por ahí vendrán las próximas discusiones en el campo.

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Fuentes: El diario [Fotografía de archivo del economista turco-estadounidense Daron Acemoglu. EFE/EPA/PONTUS LUNDAHL SWEDEN OUT]

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¿POR QUÉ ATACAN AL NOBEL QUE DEFIENDE A LA CLASE TRABAJADORA?

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Por Alberto Garzón Espinosa | 26/08/2026 | Economía.

Fuentes. Revista Rebelión miércoles 26 de agosto del 2026.

Daron Acemoglu ha utilizado las herramientas de la economía convencional para mostrar que la tecnología y el mercado no producen automáticamente una prosperidad compartida. Aceptar ese razonamiento pone en tela de juicio todas las promesas de los promotores de la IA y aboga por políticas públicas totalmente distintas a las que se defienden desde los centros de poder vinculados a las grandes tecnológicas

Daron Acemoglu, economista ganador del llamado premio Nobel de economía en 2024, acaba de publicar un nuevo libro titulado What Happened to Liberal Democracy? (¿Qué pasó con la democracia liberal?) y la famosa revista The Economist, fundada en 1843 y paradigma de la defensa del libre comercio y del liberalismo económico, ha aprovechado para pasarle algunas facturas. En un artículo que ha sorprendido a todos, la revista aprovechó para lanzar unas dispersas críticas teóricas a su trabajo y, sobre todo, para impugnar el estatus del reputado economista. Quizás la mejor prueba es que The Economist afirma en su titular que Acemoglu es extrañamente poco convincente y que sus argumentos “sobre la IA son además pesimistas hasta el punto de perder credibilidad”. No es de extrañar que el afectado haya considerado el ataque como algo personal y haya tenido que responder públicamente.


Todo apunta a que la causa última del desencuentro se encuentra en el hecho de que el trabajo académico de Acemoglu, que gira en torno al cambio técnico y el papel de la inteligencia artificial, ha desembocado en una propuesta para reforzar a la clase trabajadora. Este punto es precisamente uno de los atacados por The Economist, que etiqueta su enfoque como pesimista e inespecífico. La economista Mònica Martínez Bravo sintetizó bien esta tensión al escribir:

“Qué cosas tan curiosas pasan cuando un Nobel de Economía escribe un libro defendiendo volver a poner a la clase trabajadora en el centro de la política económica”.

En este análisis vamos a ver en qué sentido y hasta qué punto la visión de Martínez Bravo es cierta. Y, de paso, aprovechamos para meternos en el apasionante y preocupante mundo de las consecuencias socioeconómicas de la inteligencia artificial.



El papel de la automatización.

Uno de los grandes interrogantes de la economía es averiguar cuáles son los efectos de la automatización, es decir, de la sustitución de trabajadores humanos por máquinas. ¿Se destruye empleo?, ¿se deprimen los salarios?, ¿se modifica la correlación de fuerzas entre capital y trabajo? Se trata de un debate que, después de doscientos años, no ha derivado en consenso alguno, sino en diferentes enfoques con los que pensar un proceso tan complejo. Y, para entenderlo bien, tenemos que remontarnos a comienzos del siglo XIX.

David Ricardo es considerado uno de los padres fundadores de la economía política. Con veintipocos años se hizo millonario especulando en bolsa y pudo retirarse a sus propiedades a escribir. Su libro Principios de Economía Política y Tributación se convirtió pronto en un indispensable, y sigue siendo la base de la actual teoría del comercio internacional e incluso de la teoría del valor-trabajo del marxismo. En las dos primeras ediciones Principios, Ricardo apenas tuvo nada que decir especial sobre el proceso de automatización, pues compartía el criterio convencional y optimista de los economistas de la época. Es importante que entendamos esta forma de pensar la automatización, porque es a grandes rasgos la que domina en la profesión todavía. Según esta visión, cuando las máquinas sustituyen a trabajadores en un proceso productivo se producen dos efectos. El primero, el obvio de que un cierto número de personas pierden su empleo. El segundo, que la propia introducción de las nuevas máquinas es capaz de crear nuevos puestos de trabajo que absorberán el empleo previamente expulsado.

Es decir, para los economistas no estamos ante un problema preocupante porque la economía se regula de manera que la introducción de máquinas (la incorporación de nueva tecnología) es capaz de mantener el nivel de empleo. Y Ricardo pensaba más o menos esto, pero sólo hasta 1821.

En su famosa tercera edición de los Principios, Ricardo introdujo un nuevo capítulo donde consideró errónea la visión convencional y reconoció que “estoy convencido ahora de que la sustitución del trabajo humano por la maquinaria es, a menudo, muy perjudicial a los intereses de la clase trabajadora”. El impacto de este cambio fue enorme, y su discípulo John Ramsay McCulloch se quejó ante él amargamente (p. 381) porque entendía que daba pábulo a los movimientos obreros anti maquinaría. Era un tiempo de enorme agitación social, ya que la Revolución Industrial se estaba desplegando en el Reino Unido y estaba transformando radicalmente el modo de vida de la clase trabajadora.

En uartículo académico de 2024, Daron Acemoglu y Simon Johnson trataron justamente este momento histórico. Para ellos el cambio de Ricardo respecto de la maquinaria tuvo que ver con que el hecho de que fuera elegido miembro de la Cámara de los Comunes, es decir, diputado. Gracias a eso, Ricardo fue testigo de lo que realmente estaba ocurriendo en la industria del algodón y, de ese modo, pudo corregir sus ideas previas. Porque lo que estaba pasando no tenía nada que ver con la visión optimista de los economistas, sino que la Revolución Industrial estaba deteriorando gravemente las condiciones de vida de la clase trabajadora.

El artículo, por cierto, se apoya en gran medida en los trabajos de dos gigantes de la historiografía marxista británica, Edward Palmer Thompson y Eric Hobsbawm (aunque también cita, de manera complementaria, al reputado —léase, convencional— historiador Joel Mokyr). Los números de Acemoglu indican que, con la automatización, los salarios reales de los tejedores manuales cayeron un mínimo de un 25%, sin que esos trabajadores pudieran trasladarse a nuevos sectores emergentes. Simplemente, sus condiciones de vida fueron arrasadas por la introducción de maquinaria en la industria. La paradoja es que como la productividad estaba creciendo, y los salarios no, los empresarios ganaron enormes beneficios que elevaron la desigualdad. En palabras que repite mucho Acemoglu, la prosperidad no fue compartida.

La lógica de esta lectura crítica del proceso de automatización ya había sido incorporada en el trabajo de Acemoglu mucho antes. Donde aparece de forma divulgativa con más claridad es en su libro de 2023 Power and Progress (Poder y progreso), coescrito también con Simon Johnson, donde subrayaban que no hay nada automáticamente beneficioso para la sociedad en la introducción de nueva tecnología. Según ellos, que los incrementos de productividad sean compartidos depende de aspectos como el tipo de tecnología, las instituciones (normas, costumbres, leyes) y la orientación que se quiera imprimir desde la sociedad. De manera significativa, Acemoglu y Johnson aceptan que la prosperidad sólo es compartida cuando los avances de la tecnología se apartan del interés egoísta de las élites. De ahí que los autores explicaran que la clave para entender los aumentos de calidad de vida de la clase trabajadora durante la segunda mitad del siglo XIX tuviera que ver con la democratización del sistema político, el crecimiento de los sindicatos y la legislación para proteger los derechos de los trabajadores; elementos todos que obligaban a orientar el cambio tecnológico en otra dirección distinta a la de los meros intereses económicos de las élites. Cualquiera familiarizado con la historia del movimiento obrero puede ver en este razonamiento de Acemoglu y Johnson un elemento político claramente subversivo.

Hay que cuidarse mucho de pensar que esto es solo historia económica, o economía política del siglo XIX. El punto de referencia de Acemoglu es siempre el cambio tecnológico actual, y más concretamente la adopción de la inteligencia artificial en los procesos productivos actuales. Pero Acemoglu usa la historia económica para reflexionar sobre el proceso contemporáneo, preguntándose (en Power and Progress) qué pasa si los economistas convencionales están equivocados y la IA fundamentalmente provoca distorsiones en el mercado de trabajo que incrementan la desigualdad de salarios y empleo, su impacto redistribuye poder hacia las élites, empobrece a miles de millones de personas en el mundo no desarrollado, si refuerza prejuicios étnicos o sociales, o si destruye las instituciones democráticas. Su conclusión ha sido que lo que necesita la sociedad contemporánea es, como ocurrió en el siglo XIX, el crecimiento de contraargumentos y organizaciones que puedan contrarrestar al pensamiento convencional. Para hacerse una idea más completa, baste decir que uno de los últimos artículos de Acemoglu, firmado con David Autor y Simon Johnson, se llama “Building pro-worker artificial intelligence” (Construir una inteligencia artificial favorable a los trabajadores).



No es un economista heterodoxo, lo que lo hace más peligroso.

Aunque a algunos les haya parecido demasiado disidente, debemos recordar que Daron Acemoglu no es un revolucionario en el sentido clásico. Ni siquiera en su disciplina. El primer libro suyo que llegó a mi biblioteca no fue un ensayo, sino su manual Introduction to Modern Economic Growth de 2009. Se trata de un texto de posgrado con álgebra sumamente avanzada y en el que se repasan los modelos de crecimiento económico desde una óptica unilateral: la neoclásica (una teoría ahistórica que abandona muchas de las preocupaciones de los economistas clásicos, como Adam Smith, David Ricardo o Karl Marx). Esta es la dominante en las facultades de economía, y frente a ella se han elevado históricamente otras escuelas de pensamiento, como la poskeynesiana o la marxista, consideradas por ello como heterodoxas. Acemoglu pertenece a esta escuela de pensamiento, y de hecho recientemente ha afirmado que encuentra la discusión sobre el capitalismo “descerebrada”. En la cosmovisión subyacente a los modelos de Acemoglu no hay relaciones de producción, el poder entra como una categoría de capacidad de negociación y captura regulatoria y la visión de las instituciones es débil y nunca estructural. Consecuentemente, su concepto de clase trabajadora no es marxista, pero conduce a lo que él denomina “liberalismo de clase trabajadora”.

Pero todo esto es, para los economistas convencionales, lo que realmente supone un peligro. Porque Acemoglu llega a sus “radicales” conclusiones desde dentro de la profesión y del mainstream. Todo su trabajo académico es una lúcida (y algebraicamente compleja) reformulación de los modelos neoclásicos de progreso técnico. Y cada paso que ha dado en los últimos veinte años, como considerar el reparto del ingreso entre capital y trabajo endógeno al cambio técnico, lo hace sin recurrir a la vastísima cantidad de trabajos heterodoxos que ya pisaron ese camino mucho antes que él. Hoy Acemoglu tiene una visión del comercio que no sería extraña para los autores marxistas, y una visión de la distribución de la renta que reconocerían autores poskeynesianos como Joan Robinson o Nicholas Kaldor. Y ya hemos visto que su lectura de algunos aspectos de la historia económica del siglo XIX presenta sorprendentes puntos de contacto con la historiografía marxista.

La clave es que Acemoglu ha llegado a conclusiones muy similares a la de las escuelas postkeynesianas e incluso marxistas, pero empleando otros conceptos y métodos. Los economistas convencionales no pueden criticarle por falta de brillantez técnica, ampliamente acreditada, pero están asustados por las conclusiones políticas que se extraen de su desviación.

Con Joseph Stiglitz ya se había ensayado la jugada. El economista estadounidense recibió el Nobel en el año 2001 por sus contribuciones a la teoría neoclásica, en particular por sus análisis con información asimétrica, y durante los años noventa destacó, entre otras cosas, por su crítica a la versión dura de la economía ecológica. Gracias a todo ello se convirtió en el economista jefe del Banco Mundial, una de las instituciones encargadas de promover el ‘Consenso de Washington’ entre los países en desarrollo, es decir, de imponer políticas neoliberales. Antes de terminar su mandato, Stiglitz abandonó su cargo y en 2002 publicó su libro Globalization and Its Discontents, donde cuestionó gran parte de la política neoliberal. Se trataba de un duro diagnóstico que a los estudiantes de posgrado de Economía Internacional y del Desarrollo siempre nos pareció ilustrativo: un neoclásico criticando las conclusiones de su viejo paradigma.

Como ahora, también The Economist fue punta de lanza contra lo que les parecía un giro inadmisible, afirmando con ironía que “Stliglitz podría haber escrito un buen libro sobre globalización. Quizás la próxima vez” y reconociendo que era un economista brillante antes de rebajar completamente su estatus. No fue el único ejemplo, ya que el entonces director de investigación del FMI (la otra pata neoliberal en el sistema internacional), Kenneth Rogoff, atacó duramente a Stiglitz y asentó la conclusión generalizada entre los economistas convencionales, a saber, que como académico Stiglitz era un genio con una mente maravillosa, pero que como político era mucho menos impresionante. Es el precedente más claro del artículo de The Economist contra Daron Acemoglu.

Lo que podemos esperar en los próximos años es un proceso, encabezado por parte de la comunidad mainstream y del que The Economist es solo la avanzadilla, para intentar devaluar la reputación de Acemoglu, no tanto en sus bases técnicas sino por sus “extravagancias” políticas. Como ya hemos visto, no es el primer caso y probablemente no será el último, pero la lógica está impresa desde hace mucho tiempo. El aura de respetabilidad en la comunidad de los economistas convencionales es dependiente tanto de las bases técnicas (con una alta sofisticación matemática, lo que hace muy inaccesible su comprensión para el público general) como de la “razonabilidad” de las conclusiones políticas. Recordemos que el premio Nobel de Economía no es tal, ya que Alfred Nobel nunca consideró entregar uno de esta materia. Que hoy exista un premio Nobel de Economía es resultado del interés del banco central sueco que, en 1968 y en un contexto de duro enfrentamiento con los socialdemócratas suecos (que estaban desplegando su vía reformista al socialismo), necesitaba mejorar la reputación de quienes defendían sus posiciones políticas (conservadoras). El gran economista sueco Gunnar Myrdal recibió el premio en 1974, pero su propia interpretación es que como era un “radical” (sus propias palabras) le hicieron compartirlo con un “reaccionario”, Friedrich Hayek. En 1977, escribió un breve artículo reconociendo que se equivocó al aceptarlo, que la economía no es una ciencia equivalente a la física o las “ciencias duras” y que, ojo, no debería existir el premio Nobel. Lo que sugería, en última instancia, es que se trataba de un reconocimiento muy cargado de valores y principios políticos.



Consecuencias para la actualidad.

El trabajo de Daron Acemoglu tiene, para mí, muchos límites. Quizás el más obvio es que, a pesar de girar en torno a la tecnología y el cambio técnico, toda consideración sobre la energía está ausente. Hablar de la transformación de la economía del siglo XIX en el Reino Unido sin mencionar el papel del carbón es extraño. También resulta problemática la escasa atención a la dimensión imperial de la industrialización británica, es decir, al hecho de que el comercio colonial, la esclavitud, la extracción de recursos y la posición de Gran Bretaña en la economía mundial formaron parte de las condiciones históricas en las que se produjo la Revolución Industrial. Esto tiene que ver con otro punto ampliamente criticado a Acemoglu, esta vez desde la heterodoxia, y presente en libros anteriores como Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty (Por qué fracasan los países), coescrito con James Robinson. La visión del desarrollo económico de Acemoglu es institucionalista, atribuyendo a aspectos tales como la innovación, la democracia o los tipos de gobierno la variable central que determina qué países crecen y cuáles no.

Pero su interpretación sobre la inteligencia artificial y su énfasis en el modelo de tareas —que no se automatizan empleos sino tareas— y la constatación de que los efectos de la automatización dependen del poder y de instituciones como las leyes es correcto y crucial para nuestro presente. Es cierto que otras tradiciones pueden ofrecer enfoques más agudos y estructurales sobre el papel de la tecnología, pero la originalidad y brillantez de Acemoglu es que ha llegado al mismo destino que autores heterodoxos, aunque por otro camino. Existen complementariedades entre las diferentes tradiciones que merecen la pena explotar. Por ejemplo, su insistencia en diferentes trabajos en que la tecnología puede usarse (mal) para elevar el control sobre los trabajadores (cosa que la IA ya está haciendo) puede beneficiarse mucho de toda la tradición marxista que nace con el fantástico libro del marxista Harry Braverman y que revolucionó toda la teoría sobre el mercado de trabajo. O el papel de la distribución del ingreso, que es no sólo un aspecto moral sino también de eficiencia económica (sobre todo en modelos donde la demanda juega un papel importante).

Para terminar, hay que apuntar que hay muchos aspectos sin concluir en el trabajo de Daron Acemoglu que merecerán un desarrollo en los próximos meses y años, y que son claves para la política pública. La proposición central de Acemoglu es que la tecnología, para que promueva una prosperidad compartida, tiene que estar dirigida. Los críticos, incluido el texto de The Economist, señalan lo ambiguo que resulta eso en la práctica. Tienen razón en este punto, ya que el trazo de Acemoglu y sus coautores apunta en la dirección de intervenir en los destinos del mercado autorregulado a fin de dirigir la tecnología ‘hacia otra parte’. Por la comparación histórica se deduce que el efecto buscado es el fortalecimiento de los sindicatos, de la democracia y del poder frente a las élites (léase, los tecnooligarcas), pero está ausente todavía el ‘cómo’ lograr todo eso.

Por otro lado, Acemoglu insiste en que la sociedad tiene alternativas a la implantación de tecnología en formas que provocan graves daños a la clase trabajadora. Él acepta que los empresarios buscan elevar sus beneficios y aumentar la productividad promedio del trabajo, aunque esa implantación no produzca bienestar social (en su terminología, que no incremente la productividad marginal del trabajo). Un análisis estructural objetará que un empresario asume una determinada tecnología maximiza dora de beneficios porque está obligado por la competencia, de modo que no está claro cómo podría ser de otra forma sin recurrir a instrumentos clásicos como la regulación estatal. En el fondo, la gramática habitual de un proceso de “dirección tecnológica” es la que tiene que ver con la planificación, el Estado y la protección social; y probablemente por ahí vendrán las próximas discusiones en el campo.

En definitiva, espero haber mostrado por qué creo, junto con otros economistas, que se explica la crítica de The Economist a un economista ampliamente reputado y brillante. El problema de Acemoglu para el mainstream es que ha utilizado las propias herramientas conceptuales de la economía convencional para mostrar que la tecnología y el mercado no producen automáticamente una prosperidad compartida. Aceptar ese razonamiento implica poner en tela de juicio todas las promesas de los promotores de la IA (y también los costes que lleva asociados, donde la energía de nuevo juega un papel central) y abogar por políticas públicas totalmente distintas a las que se defienden desde los centros de poder vinculados a las grandes empresas tecnológicas. Para mí, ese camino es muy fructífero y es claro que necesitamos más prosperidad compartida, es decir, más intervenciones y políticas como las de Acemoglu.

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martes, 25 de agosto de 2026

CERIMEDO Y LA CARA SUCIA DEL TECNOFASCISMO SUDAMERICANO.

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“El nuevo escándalo de Cerimedo confirmaría la existencia de una red transnacional de influencia que combina milicias digitales, violencia y corrupción. Los brasileños quieren saber si los servicios que presta son pagados por la familia Bolsonaro. Dado el historial de Cerimedo, no parece razonable pensar que estas valiosas consultorías se realicen únicamente por motivos ideológicos. ¿Podría haber recibido dinero del oscuro fondo creado por el abogado de Eduardo Bolsonaro en Estados Unidos, el mismo que se utilizó para recibir los millones del banquero Daniel Vorcaro, supuestamente destinados a la producción de la película «Dark Horse»? Existe un proyecto internacional en marcha para desestabilizar las democracias, del cual Cerimedo es una figura clave. Este es un caso que ni los medios de comunicación ni las autoridades brasileñas pueden olvidar.  Cerimedo está en prisión, Nadia está denunciando los hechos y las piezas de un rompecabezas transnacional comienzan a encajar. Si alguien cuestiona la relación de la familia Bolsonaro con Cerimedo, es casi seguro que las cosas se pondrán feas, señala Intercept Brasil.

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Fuentes: CLAE - Rebelión - Imagen: Fernando Cerimedo, asesor del presidente Paz, es detenido en Bolivia.

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CERIMEDO Y LA CARA SUCIA DEL TECNOFASCISMO SUDAMERICANO.

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Por Aram Aharonian | 25/08/2026 | América Latina y Caribe

Fuente Revista Rebelión martes 25 de agosto del 2026.

Hasta hace unos años, Fernando Cerimedo no existía ni como actor de reparto entre las primeras líneas del mundo político: quizá fue Javier Milei quien lo mandó al estrellato (o viceversa). Quien acabaría siendo un gurú de las derechas radicales latinoamericanas no destacaba en las redes sociales en Argentina, ni siquiera en momentos en que Twitter, plataforma que, al crecer en audiencias, convertía temas de conversación en asuntos de agenda pública, en movilizaciones masivas y terremotos políticos.

Por decisión del Juez boliviano Wilson Espada, se aplicó la pena máxima de detención preventiva, de 180 días, a Fernando Cerimedo a quien se acusa del intento de homicidio de su expareja Nadia Beller. A las denuncias de la víctima se sumaron el secuestro de mensajes de chat del acusado que lo comprometen: Uno de ellos que fue dirigido a un tal ECK dice: “Nos vendió Nadia. O la eliminamos o estamos jodidos. ¿Conocés a alguien que pueda hacer ese trabajo?”. Según el expresidente Evo Morales, ECK es Erik Correa Gonzales, Jefe de Inteligencia del gobierno de Rodrigo Paz, presidente de Bolivia.

La celeridad con que actuó la policía que detuvo a Cerimedo cuando trataba de abordar un avión con destino a Buenos Aires, y la decisión del juez de allanar inmediatamente su domicilio donde se encontró una granja de bots, y mucho dinero en efectivo, concuerdan con el rápido posicionamiento del vicepresidente de Bolivia, Edman Lara, abogado y exoficial de la policía, en conflicto con el presidente Paz.

Desde que se conoció el intento de asesinato de Nadia Beller, pareja de Cerimedo, Lara empezó a dar conferencias de prensa exigiendo un rápido esclarecimiento de los hechos y contestándole al presidente argentino Javier Milei que salió a respaldar a Cerimedo, uno de sus asesores estrella.

Nadia Beller denunció que Rodrigo Paz y Cerimedo eran socios en maniobras de contrabando de combustible, mensaje que encastra al presidente boliviano que no puede ocultar su relación con el “experto comunicacional” argentino. Pero ocurre que Cerimedo, que fue el fundador de la Derecha Diario, no solamente tenía relación con el presidente boliviano y Javier Milei: estuvo involucrado en el intento de golpe de Estado en Brasil para evitar que asumiera Lula y en las últimas elecciones en Honduras, donde intervino activamente la CIA para asegurar a Masry Asfua como presidente.

Beller volvió a denunciar en Facebook que el atentado en su contra fue un “crimen de Estado” y reclamó respuestas a las autoridades bolivianas por un episodio ocurrido durante su internación: vinculó imágenes tomadas el día del ataque con una fotografía que había difundido posteriormente de un hombre que, según su relato, intentó ingresar a su habitación en la Clínica Las Américas, donde permanecía internada. En las fotografías del día del atentado aparece un hombre con campera amarilla, jean desgastado y zapatillas blancas, una vestimenta que coincide con la de la persona que posteriormente se presentó en el hospital.


Cerimedo y la cara sucia del Tecnofascismo Sudamericano.

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La desinformación.

Al “asesor” Cerimedo se lo ha presentado como un operador oscuro, experto en campañas sucias, manipulador de cuentas falsas y de granjas de trolls y hábil en el manejo de la desinformación. Más que negar las acusaciones, Cerimedo las minimiza, las resignifica: le importa su reputación y sale a defenderla en la arena pública (a fuerza de cartas documento, de reclamos de rectificación, de exigencia de derecho a réplica en medios de comunicación privados) cuando está en desacuerdo con alguna afirmación.

En Brasil, el Supremo Tribunal Federal lo investigó como presunto integrante de una organización creada para atacar al sistema electoral y realizar acusaciones falsas de fraude en 2022, pero finalmente esas acusaciones no se transformaron en una imputación formal.

«La desinformación sobre el supuesto fraude electoral de Brasil fue el final para Bolsonaro, pero le sirvió de empujón a Cerimedo.

A esta altura está claro que los partidarios de Bolsonaro están preparando el terreno para impugnar nuevamente los resultados electorales. Flavio Bolsonaro –el candidato para enfrentar a Lula da Silva- siguió los pasos de su padre y se reunió con embajadores en Brasilia para difundir información falsa sobre las máquinas electrónicas de votación. Dos días después, su hermano Eduardo hizo una transmisión en directo con Fernando Cerimedo experto conspirador argentino contra la democracia en Latinoamérica.

En Bolivia, el ¿nuevo gurú? de la derecha regional apoyó al libertario Jaime Dunn, quien al final se bajó de la carrera presidencial, pero dejó bien parado a Cerimedo: Numen, que identifica a su consultora, es el nombre de una academia de formación en estrategias digitales y políticas, de la que egresó Catalina Paz, hija del actual presidente boliviano y encargada de redes sociales de su padre durante la campaña electoral.

Cerimedo afirmó que asesoró a Rodrigo Paz en la segunda vuelta electoral a pesar de que “no podría haber pagado por mis servicios, que son muy caros”. Tras las elecciones, se transformó en su principal asesor.

El vicepresidente boliviano Edman Lara, un expolicía que entró en colisión con Rodrigo Paz apenas ganaron las elecciones, se deslindó del escándalo y señaló que Cerimedo es el asesor personal del presidente, quien lo contrató en la segunda vuelta electoral:

“es un tipo maquiavélico capaz de todo (…) ha intentado moldearme a su manera, pero yo nunca lo he dejado”.

La defensa de Cerimedo, a cargo de la abogada Margarita Arce, sostiene que fue un «autoatentado» planificado por la propia Beller. Pero ella, recuperándose en la Clínica Las Américas de Santa Cruz de la Sierra, – embarazada de cuatro meses, presuntamente de Cerimedo – dijo al diario argentino Clarín que su expareja le mandó sicarios porque ella “podía contar todo lo que sabía”, principalmente su rol como consultor en el gobierno boliviano, que no estaba blanqueado.

También aseguró tener pruebas de presuntos negocios irregulares de Paz y su familia y que Cerimedo filtró los audios en los que Diego Spagnuolo, exdirector de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), denunciaba que la hermana del presidente y Secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, dirigía un esquema de corrupción. También acusó a Cerimedo de ser “agente de la CIA” y mencionó explícitamente maniobras de lavado de dinero.


Cerimedo y Milei. La cara sucia del Tecnofascismo sudamericano.
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Las milicias del tecnofascismo.

Hace unas semanas, El País de España publicó dos extensos reportajes dedicados a la figura de Elon Musk. En ambos textos se describía con detalle su trayectoria empresarial. Se analizaba su influencia sobre la industria tecnológica global y se destacaba su capacidad para alterar mercados, gobiernos y formas de comunicación.

Sin embargo, resultaba llamativo que apenas se mencionara o quedaran directamente invisibilizadas su ideología de extrema derecha, su apoyo a fuerzas neofascistas en distintos países, su utilización de las redes sociales para amplificar discursos de odio y la difusión de sus narrativas xenófobas que alentaron los pogromos racistas de Belfast y hoy trata de que la región se llene de gobiernos libertarios, fascistoides.

Más allá de la discusión concreta sobre cada caso, ambos ejemplos ilustran un fenómeno más amplio: la creciente convergencia entre poder económico, poder militar, poder tecnológico, poder mediático y poder político. Ese fenómeno puede describirse mediante un concepto cada vez más utilizado en la investigación y los movimientos sociales: el tecnofascismo.

El nuevo escándalo de Cerimedo confirmaría la existencia de una red transnacional de influencia que combina milicias digitales, violencia y corrupción. Los brasileños quieren saber si los servicios que presta son pagados por la familia Bolsonaro. Dado el historial de Cerimedo, no parece razonable pensar que estas valiosas consultorías se realicen únicamente por motivos ideológicos.

¿Podría haber recibido dinero del oscuro fondo creado por el abogado de Eduardo Bolsonaro en Estados Unidos, el mismo que se utilizó para recibir los millones del banquero Daniel Vorcaro, supuestamente destinados a la producción de la película «Dark Horse»?

Existe un proyecto internacional en marcha para desestabilizar las democracias, del cual Cerimedo es una figura clave. Este es un caso que ni los medios de comunicación ni las autoridades brasileñas pueden olvidar.  Cerimedo está en prisión, Nadia está denunciando los hechos y las piezas de un rompecabezas transnacional comienzan a encajar. Si alguien cuestiona la relación de la familia Bolsonaro con Cerimedo, es casi seguro que las cosas se pondrán feas, señala Intercept Brasil.

Aram Aharonian: Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

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lunes, 24 de agosto de 2026

ESO DE GOBERNAR, NO ERA TAN FÁCIL, POR ROSA MARÍA PALACIOS.

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“Dos asuntos son la primera y más urgente preocupación del país y ambos están en el discurso de Galarreta. El primero es la seguridad. El segundo, el clima. El problema más grave es que en ambos hay un conjunto de medidas sueltas, pero ningún plan. ¿Las medidas pueden ser positivas? Sin duda. Hacer control migratorio y regular el uso de motocicletas son acciones deseables, pero ¿son las fundamentales? Usar cuarteles en desuso como cárceles es una medida transitoria, pero no eficiente a largo plazo. El ahora diputado Harvey Colchado (que conoce del tema) ha propuesto un par de medidas legislativas bastante más eficaces y sensatas para acabar con la extorsión. Y todo pasa por dinero invertido en la Policía. Solo así se hace inteligencia. Rodear a los penales de soldados no va a reducir ni el sicariato ni la extorsión.

“Para desgracia del país, el domingo pasado, mientras Keiko influencer hablaba de maquillaje, una lluvia histórica anegó el sur de Lima. siete milímetros son nada en una ciudad con drenaje y extensas áreas verdes. Lima no tiene ninguna de las dos. Más al sur, afectando Arequipa, Moquegua y Tacna, varias quebradas secas se activaron, interrumpiendo la Panamericana Sur. En el Perú las carreteras son las arterias de la economía. Si se cortan, el país se infarta. Dos escenarios, urbano y carreteras, que son solo un pequeño anticipo de lo que nos espera con un Fenómeno del Niño bautizado por la prensa como 'Godzilla'. Algunos modelos pronostican que puede ser el peor de los que se tenga registro.

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ESO DE GOBERNAR, NO ERA TAN FÁCIL, POR ROSA MARÍA PALACIOS.

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Keiko Fujimori se convirtió en congresista el 2006. Los veinte años siguientes se preparó para ser presidenta. Este es el examen final.

Por Rosa María Palacios.

Abogada. Periodista. 

Fuente La República lunes 24 de agosto del 2026.


Hasta el momento, el gobierno ha producido tres documentos que deberían expresar sus intenciones políticas. El primero, el discurso de Keiko Fujimori el 28 de julio. El segundo, el abortado proyecto de ley de delegación de facultades; y el tercero, el discurso ante el Congreso de Luis Galarreta con las líneas centrales de la política general de gobierno. Estos son textos oficiales, emanados de funcionarios públicos, titulares del Poder Ejecutivo (presidenta, presidente del Consejo de Ministros, ministro de Economía) con un mandato constitucional expreso: gobernar. El problema, es que, en apenas tres semanas, los tres no coinciden.

Tomemos, por ejemplo, el tema de los feriados. El ministro de Economía tenía una posición a favor de la revisión, bien sustentada en su proyecto. La presidenta lo desautorizó y Galarreta ni lo mencionó. ¿Aumento del sueldo mínimo? Lo anuncia la presidenta, el ministro lo parte en dos, y lo posterga; y Galarreta ni lo recuerda. ¿Obra pública? Fujimori se quedó sola. Ni Cuba, ni Galarreta han hablado de las obras que ella ofreció el 28 de julio. Y así podríamos seguir.

La inconsistencia no está en las tres distintas manos que escribieron tres distintos textos. El problema es que el trío más poderoso el Perú no está alineado. Obviamente, hay consenso (hasta con la oposición) en lo que es inminente. Nadie se opone a reducir la delincuencia o la anemia infantil, y todos queremos que los niños entiendan lo que leen. Pero, en asuntos que pueden ser impopulares, Fujimori y Galarreta corren y Cuba (que es el único que puede defender técnicamente sus reformas) se está quedando solo. Hasta la solicitud de facultades legislativas, parece que ya solo será para revisar tributación de pymes.

Pero, además de la incoherencia interna, hay otro problema. Las normas que el fujimorismo promovió, para el enemigo, son las normas con las que tiene que gobernar. El primer obstáculo, ya superado, es la iniciativa de gasto del Congreso, pero el daño causado aún no ha sido remediado y en esto se juega todo, en solitario, el ministro de Economía. Va a tener que enfrentar a maestros que creían que volvía la cédula viva (un régimen pensionario impagable), a militares que iban por lo mismo y a trabajadores CAS que cobrarían como personal nombrado. Su única esperanza es el Tribunal Constitucional, que no es precisamente, un templo del liberalismo económico. Sobre el déficit fiscal ni una palabra de Galarreta o Fujimori. Tal vez, porque saben que es ridículo culpar a gobiernos anteriores como en pleno debate lo hizo el ahora diputado de Fuerza Popular, José Arista. ¿El exviceministro de Hacienda de Alan García, exgobernador, exministro de Economía de Manuel Merino y de Dina Boluarte, reclama por la mala gestión de gobiernos anteriores?



Keiko Fujimori se especializó en fastidiar a los ministros de Kuczynski con citaciones, interpelaciones y censuras. Con Pedro Castillo no tenía una bancada tan grande, pero construyó una alianza para lo mismo. Uno de los objetivos fue controlar todas las contrataciones de personal de alto nivel en el Ejecutivo, bajo la premisa de no permitir que los incompetentes amigos de Castillo entren al poder. Se impusieron normas tan rígidas que hoy Galarreta se queja de la imposibilidad de atraer al Ejecutivo a personal calificado o de confianza.

El peor ejemplo de este control sobre el Ejecutivo es el caso de Óscar Arriola, comandante general de la Policía. El ministro del Interior ha reconocido que no puede sustituirlo porque la Ley 31570 (aprobada con entusiasmo por las hoy bancadas de gobierno) lo prohíbe. Dijo Astudillo ante el Congreso: “¿Por qué pasó? Ya no es materia de análisis”. Pues yo sí creo que debemos recordar. Pedro Castillo había cambiado cinco comandantes generales de Policía en 13 meses de gobierno. Con razón o sin ella, era una prerrogativa del presidente de la República. Como tantas otras cosas que le quitaron a la institución presidencial en el quinquenio pasado, obligaron a que se dé estabilidad de dos años a quien fuera nombrado. 82 votos a favor tuvieron para aprobar la norma, votos de muchos de los reelegidos hoy de Fuerza Popular y Renovación Popular. Por supuesto, ahora el ministro del Interior pide que deroguen la norma. ¿Por qué la van a derogar los mismos que la aprobaron? ¿No está la demostración más evidente de que Fuerza Popular ha mal gobernado el país por años?

Al margen de la ley, poca vergüenza puede tener un funcionario para no renunciar cuando el ministro dice que solo lo mantiene porque está impedido de removerlo. Pero eso de la vergüenza parece ser un valor olvidado en la Policía Nacional. Restarle 500 muertos a la estadística embrujada de asesinatos da cuenta de cómo va la moral interna. ¿Así creen que van a vencer al crimen? ¿Con un líder descalificado por el propio gobierno?



Dos asuntos son la primera y más urgente preocupación del país y ambos están en el discurso de Galarreta. El primero es la seguridad. El segundo, el clima. El problema más grave es que en ambos hay un conjunto de medidas sueltas, pero ningún plan. ¿Las medidas pueden ser positivas? Sin duda. Hacer control migratorio y regular el uso de motocicletas son acciones deseables, pero ¿son las fundamentales? Usar cuarteles en desuso como cárceles es una medida transitoria, pero no eficiente a largo plazo. El ahora diputado Harvey Colchado (que conoce del tema) ha propuesto un par de medidas legislativas bastante más eficaces y sensatas para acabar con la extorsión. Y todo pasa por dinero invertido en la Policía. Solo así se hace inteligencia. Rodear a los penales de soldados no va a reducir ni el sicariato ni la extorsión.

Para desgracia del país, el domingo pasado, mientras Keiko influencer hablaba de maquillaje, una lluvia histórica anegó el sur de Lima. siete milímetros son nada en una ciudad con drenaje y extensas áreas verdes. Lima no tiene ninguna de las dos. Más al sur, afectando Arequipa, Moquegua y Tacna, varias quebradas secas se activaron, interrumpiendo la Panamericana Sur. En el Perú las carreteras son las arterias de la economía. Si se cortan, el país se infarta. Dos escenarios, urbano y carreteras, que son solo un pequeño anticipo de lo que nos espera con un Fenómeno del Niño bautizado por la prensa como 'Godzilla'. Algunos modelos pronostican que puede ser el peor de los que se tenga registro.

¿Estuvo a la altura el gobierno? Seis días para abrir pase en la Panamericana (sigue restringido mientras escribo) y un pésimo manejo de la comunicación por parte del ministro de Economía es el saldo de esta primera semana. Falta de todo. Motobombas, helicópteros, puentes Bailey, batallones de ingeniería de las Fuerzas Armadas, lugares de refugio, centros hospitalarios designados como a prueba de inundaciones. Es decir, un inventario es urgente y no lo conocemos. ¿Lo conoce el Ejecutivo?

Keiko Fujimori se convirtió en congresista en 2006. Los veinte años siguientes se preparó para ser presidenta. Este es el examen final. Ser oposición, en mayoría, es fácil. Se hace daño y no respondes por este. Ser gobernante es otra cosa y las respuestas al país no van a llegar desde la frivolidad.

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domingo, 23 de agosto de 2026

BOLIVIA. EDMAND LARA: “LO DE MILEI ES UNA IRRESPONSABILIDAD, UNA INTROMISIÓN EN LA JUSTICIA” Entrevista con el vicepresidente de Bolivia sobre el caso Cerimedo.

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“– ¿Sabe si tiene vínculos con Estados Unidos y la CIA? No podría decir eso. Lo único que sé es que cuando Cerimedo llega después de la primera vuelta, el presidente nos dice: “Es una persona que maneja redes sociales y que ha sido muy importante en la victoria de Javier Milei y en las elecciones de Argentina”. Así lo presentó– Ayer Milei compartió mensajes en redes sociales que hablaban de que esto fue un autoatentado y que vinculaban a Evo Morales, y también algunos mensajes que se burlaban de la víctima. ¿Cómo analiza eso? – Si eso hizo Javier Milei, es una falta de respeto, una irresponsabilidad, una intromisión a la Justicia boliviana, porque él debería informarse de que existe un examen médico forense que establece que sí hubo lesiones por impactos de arma de fuego, lesiones muy graves, por cierto. Hay imágenes captadas por cámaras de videovigilancia del momento en que los sicarios disparan contra la humanidad de la víctima. Hay conversaciones, chats, llamadas que han sido extraídas del propio teléfono de Fernando Cerimedo, que establecen que él tuvo comunicación con los sicarios antes, durante y después del hecho, en tiempo real. Entonces, si el presidente Milei está haciendo ese tipo de declaraciones, me parece muy irresponsable de su parte.

– ¿Le podrían dar la libertad a Cerimedo? En mi país, cuando se tiene poder, todo es posible. La Justicia no es de las mejores. Y si se trata del asesor del Presidente, todo puede pasar.

-- ¿Pudo leer la carta en la que desmiento las acusaciones? Está buscando justificar lo que no se puede justificar. Hay indicios suficientes para presumir que es el autor intelectual del atentado. Está complicándose cada día más. Debería dejar de mentir y asumir su responsabilidad.

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Bolivian Vice-President Edmand Lara AFP -. AFP

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BOLIVIA. EDMAND LARA: “LO DE MILEI ES UNA IRRESPONSABILIDAD, UNA INTROMISIÓN EN LA JUSTICIA”

Entrevista con el vicepresidente de Bolivia sobre el caso Cerimedo.

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En diálogo con Página/12, Lara cuenta que el consultor era presentado como asesor personal del presidente Rodrigo Paz, pero que su influencia excedía ese rol: le daba órdenes a los ministros. Sobre el atentado contra Nadia Beller, sostiene que “hay indicios suficientes para presumir que es el autor intelectual”. Las críticas al mandatario argentino.

Por Sebastián Cazón.

Fuente. Página 12. sábado 22 de agosto del 2026.

Fernando Cerimedo ocupaba una oficina junto a la del presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, en el Palacio de Gobierno. Era presentado por el mandatario como su asesor personal y daba órdenes en las reuniones de gabinete. Según el vicepresidente Edmand Lara, la influencia del consultor argentino excedía ampliamente el área de comunicación: intervenía en decisiones de la gestión y ostentaba su poder en las sombras.

“Tenía un cargo, pero no figuraba en ninguna planilla, no tenía ningún memorando. Nunca supimos de dónde se le pagaba”, explicó Lara en diálogo con Página/12.

En medio de la denuncia por el atentado contra Nadia Beller, Lara aseguró que Cerimedo mantenía vínculos aceitados con la Policía boliviana y que los chats extraídos de su teléfono revelan comunicaciones con un teniente coronel de la fuerza antes, durante y después del ataque. “Hay indicios suficientes para presumir que es el autor intelectual”, sostuvo y cuestionó a Javier Milei por compartir mensajes que defienden la teoría del autoatentado:

“Es una falta de respeto. Una irresponsabilidad e intromisión a la Justicia boliviana”.


Cerimedo, Asesor de varios gobiernos de derecha y ultraderecha en América latina. Por eso la defensa de Milei y su intromisión en la Justicias Boliviana,

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– ¿Qué impacto tiene el caso Cerimedo en la política boliviana?

Es muy negativo para Rodrigo Paz. Tener a un asesor personal involucrado en un hecho tan grave como el atentado contra la vida de su expareja, que además espera un hijo de él, es un hecho que ha conmocionado a todo un país. Al Presidente prácticamente se lo ha tragado la tierra, no da la cara. Hay acusaciones muy fuertes en contra de él y de su familia. El vocero es el único que ha salido, pero con contradicciones. Han salido a negar la existencia de Cerimedo, pero hay imágenes muy contundentes donde se lo ve participar de actividades. Yo he participado en reuniones de gabinete con ministros con Cerimedo. El presidente nos lo presentó como su asesor personal, tenía una oficina al lado del presidente en el Palacio de Gobierno y ahora salen a negarlo. Eso indigna.

– ¿Cerimedo tenía cargo formal?

Tenía el cargo de asesor personal, pero no figuraba en ninguna planilla, no tenía ningún memorando. Nunca supimos de dónde se le pagaba, pero entiendo que algo debe haber ganado. ¿Cómo estuvo tanto tiempo acá? ¿Con qué va a pagar sus gastos de alimentación y demás? El Presidente nunca dijo de dónde se le pagaba.

Han encontrado cantidades fuertes de dinero en las viviendas que habitaba Cerimedo. Hay muchas cosas que investigar. Pero que era asesor del Presidente, lo era; que tomaba decisiones, tomaba. Que tenía influencia en el Gobierno, la tenía. Incluso hasta para decirle a un ministro: “Agarrá el teléfono y decile ‘a ese lo tienes que contratar, a él lo tienes que poner de director’”. Tenía mucho poder.

– Siendo un hombre tan poderoso, ¿cree que la investigación judicial va a avanzar?

Aquí, en mi país, el que tiene poder y plata queda impune. Hay ministros del Presidente involucrados en hechos de corrupción y no pasa nada. Se los aprehende, se los tiene en una sala VIP con privilegios dentro de la Policía, luego se los manda a su casa con arresto domiciliario. Ojalá Cerimedo no tenga el mismo privilegio porque el hecho en el que está involucrado es muy grave. Mandó a quitarle la vida a su exesposa, que espera un hijo de él. Imagínese de lo que es capaz.



– ¿Es cierto que cuenta con protección policial, como dijo Nadia Beller?

La tiene. Cerimedo siempre tuvo poder sobre la Policía boliviana. Incluso los chats, las conversaciones que fueron colectadas de su dispositivo telefónico revelan que una de las personas que mantiene comunicación antes, durante y después del hecho de esta tentativa de feminicidio sería un miembro de la Policía boliviana, en el grado de teniente coronel, que viene a ser el director nacional de Inteligencia de la Fuerza Especial Antinarcóticos.

En una de las viviendas de Cerimedo encontraron exmilitares que, al ver la presencia de la Fiscalía y la Policía, se fugaron del lugar con sacos de dinero. Encontraron también dinero difícil de justificar y granjas de bots. La propia víctima ha manifestado que Cerimedo tiene un grupo especial que controla él, que es parte de la Policía boliviana. Todo lo que está denunciando Beller se está corroborando y resulta que es verdad.

– Y hay mensajes muy comprometedores en el celular de Cerimedo que hablan de “eliminarla”.

Sí, lo comprometen directamente. Lo vinculan al hecho y dan cuenta de que él sería el autor intelectual. Porque él cita a la víctima en ese lugar, mantiene comunicación durante y después del hecho. Este coronel le informaba en tiempo real, le decía: “Ya le han disparado, ha sobrevivido, la están llevando en ambulancia”. Y ahí es que Cerimedo intenta huir del país mediante un pasaje que adquiere de Boliviana de Aviación para escapar a la Argentina.

– ¿Qué relación hay entre el consultor argentina y el exmilitar peruano al que detuvieron hoy con 700.000 dólares?

– El día de ayer hubo allanamientos por parte de la Fiscalía y la Policía. Este militar huyó de una casa de cambios donde se presume que Cerimedo lavaba dinero y que también enviaba y recibía dinero del exterior. Según el comunicado de las Fuerzas Armadas, ya no sería parte de la institución: habría pedido su baja voluntariamente en 2024. Lo que llama la atención es cómo un exmiembro del Ejército está vinculado a Cerimedo. En las imágenes se lo ve armado y el día de hoy fue aprehendido.

Él manifiesta que huyó porque temía por su seguridad y que escapó con la bolsa con los 700.000 dólares, pero asegura que se le perdieron en el camino.

– ¿Sabe si tiene vínculos con Estados Unidos y la CIA?

– No podría decir eso. Lo único que sé es que cuando Cerimedo llega después de la primera vuelta, el presidente nos dice: “Es una persona que maneja redes sociales y que ha sido muy importante en la victoria de Javier Milei y en las elecciones de Argentina”. Así lo presentó.

– Ayer Milei compartió mensajes en redes sociales que hablaban de que esto fue un autoatentado y que vinculaban a Evo Morales, y también algunos mensajes que se burlaban de la víctima. ¿Cómo analiza eso?

– Si eso hizo Javier Milei, es una falta de respeto, una irresponsabilidad, una intromisión a la Justicia boliviana, porque él debería informarse de que existe un examen médico forense que establece que sí hubo lesiones por impactos de arma de fuego, lesiones muy graves, por cierto. Hay imágenes captadas por cámaras de videovigilancia del momento en que los sicarios disparan contra la humanidad de la víctima.

Hay conversaciones, chats, llamadas que han sido extraídas del propio teléfono de Fernando Cerimedo, que establecen que él tuvo comunicación con los sicarios antes, durante y después del hecho, en tiempo real. Entonces, si el presidente Milei está haciendo ese tipo de declaraciones, me parece muy irresponsable de su parte.

– ¿Le podrían dar la libertad a Cerimedo?

– En mi país, cuando se tiene poder, todo es posible. La Justicia no es de las mejores. Y si se trata del asesor del Presidente, todo puede pasar.

-- ¿Pudo leer la carta en la que desmiento las acusaciones?

– Está buscando justificar lo que no se puede justificar. Hay indicios suficientes para presumir que es el autor intelectual del atentado. Está complicándose cada día más. Debería dejar de mentir y asumir su responsabilidad.

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