&&&&&
“FIDEL CASTRO, ARTÍFICE DE LA DIPLOMACIA CUBANA COMO SÍMBOLO MUNDIAL. La respuesta está en la diplomacia forjada por el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, basada en principios éticos que ningún chantaje logró quebrar. A 100 años de su nacimiento, el 13 de agosto, la periodista y ensayista Katiuska Blanco reveló en entrevista con Prensa Latina las claves de una política exterior que convirtió a Cuba en símbolo de solidaridad y resistencia para los pueblos del mundo. “Fidel ocupó un papel protagónico en la diplomacia revolucionaria que se inauguró con el triunfo de la Revolución, a lo que él llamaba siempre ‘el triunfo de la rebelión’, porque consideraba la Revolución como un proceso inacabado, como algo que había que construir, desarrollar y perfeccionar”, señaló Blanco. La investigadora precisó que el cambio fue radical: “Trae otros preceptos que son los del apoyo a los movimientos revolucionarios en el mundo, a las causas nobles, a los movimientos antiimperialistas, anticolonialistas, a las luchas de los pueblos por sus derechos, por vivir una vida mejor, por desarrollarse”.
PRINCIPIOS INNEGOCIABLES: LA PALABRA DE CUBA.
Blanco identificó los pilares éticos
sobre los que Fidel edificó la política exterior cubana: el respeto a la palabra empeñada,
la lealtad a los principios revolucionarios, el cumplimiento
de los acuerdos diplomáticos y la voluntad de paz con justicia en
función del desarrollo, con respeto al derecho a la soberanía y
la autodeterminación de los pueblos. “Cuba nunca ha sido un país
que promueva la guerra ni la confrontación. Fidel siempre fue un abanderado de
las luchas populares contra la dominación, pero a su vez estaba a favor de los
diálogos”, reafirmó la periodista, quien recordó la participación
cubana en las conversaciones de paz en Colombia como ejemplo de esa
coherencia.
La investigadora rememoró un episodio
que ilustra la
astucia diplomática del líder histórico cubano: “En los años 70, a
un movimiento revolucionario en América Latina se le ocuparon armas y se
informaba que procedían de Cuba. Fidel intervino y dijo: ‘Si las armas proceden
de Cuba, ¿por qué esas armas son de fabricación norteamericana?’. Estaba
convirtiendo el tema en algo reactivo: Cuba no era la promotora, Cuba era la
víctima”. Washington intentó en múltiples ocasiones
condicionar la normalización de relaciones a que Cuba abandonara su solidaridad
internacional. Las exigencias incluían el retiro de su respaldo a las
luchas anticolonialistas de África, la ruptura de vínculos con la Unión
Soviética, y el abandono del apoyo a Puerto Rico y a movimientos
de liberación en Centroamérica.
Fidel rechazó cada una de esas
condiciones. “¡La
solidaridad de Cuba con los pueblos de África no se negocia!”, declaró
ante la posibilidad de canjear la presencia cubana en el continente
africano por el levantamiento del bloqueo estadounidense. Blanco explicó
la lógica detrás de esa intransigencia: “Cuba nunca puso en riesgo
ni la vida de un luchador social, ni a un movimiento revolucionario por interés
propio o porque se aminorará la agresión contra la isla”. En tal sentido,
recordó el caso del llamado “link Age” propuesto por Washington: Cuba se
retiraría de Angola, se levantaría el bloqueo, pero no se cumpliría la
Resolución 435 para la independencia de Namibia ni desaparecería el apartheid
en Sudáfrica. “Cuba no aceptó”, sentenció.
AMÉRICA LATINA: DEL BOGOTAZO AL ALBA.
La vocación latinoamericanista de
Fidel se forjó antes de la Revolución. Blanco recordó que, en 1948, con apenas
21 años, el joven
estudiante viajó a Bogotá con cinco causas a defender: la independencia
de Puerto Rico, la lucha contra las dictaduras de Trujillo en República
Dominicana y de Somoza en Nicaragua, la soberanía panameña sobre
el canal interoceánico y el derecho argentino sobre las Islas Malvinas.
Durante el Bogotazo, tras el asesinato del líder popular Jorge
Eliécer Gaitán, Fidel tomó una decisión que Blanco considera fundacional:
“Razoné que los pueblos eran iguales en todas partes, que su causa era
justa y que mi deber era quedarme, y me quedé toda la noche, esperando el
ataque hasta el amanecer”, recordaría el propio Fidel años después. Tras el
triunfo de 1959, esa vocación se multiplicó. La Revolución cubana inspiró
los procesos de Salvador Allende en Chile, la Revolución Sandinista
en Nicaragua (1979) y, décadas después, la llegada de Hugo Chávez al
poder en Venezuela (1999). La Alianza Bolivariana para los Pueblos de
Nuestra América (ALBA), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y
Caribeños (CELAC), el Foro de São Paulo y la derrota del Área de
Libre Comercio de las Américas (ALCA) llevan la impronta del pensamiento
integracionista de Fidel. Fuente Prensa Latina 18/08/2026/.
/////
Ernesto 'Che' Guevara y Fidel Castro, en una imagen fechada en la década de 1960. Foto Afp.
*****
FIDEL, TU NOMBRE ES REVOLUCIÓN.
*****
Por Emir
Sader. Sociólogo.
Doctor de
Ciencias Sociales.
Fuente.
Diario La Jornada Ciudad de México lunes 17 de agosto del 2026.
Hasta la revolución cubana, la
revolución y el socialismo eran conceptos lejanos para nosotros en Brasil y en
toda Latinoamérica. Se asociaban con Lenin y Mao, un fenómeno asiático
distante.
La revolución cubana nos tomó a todos
por sorpresa. Estaba aquella foto de unos hombres barbudos posando como un
equipo de futbol, que habían derrotado a un dictador en Centroamérica (el Caribe aún no existía como tal
para los medios).
Primero, hubo euforia generalizada. (Una de las Mesquita,
de Estadão, estuvo en uno de los primeros grupos que viajaron a la isla
para celebrar la victoria de la democracia sobre la dictadura). Pronto
el proceso comenzó a tomar forma, volviéndose primero antimperialista, luego
socialista, y la izquierda revolucionaria aquí se identificó cada
vez más con ese proceso.
El debate entre reforma y revolución,
liderado aquí por el Partido Comunista Brasileño (PCB) por un lado y por grupos
revolucionarios por el otro (Polop, PC do B, AP, en orden de aparición,
a partir de 1961), encontró su respuesta en el triunfo de Fidel, el Che
y sus compañeros. Mientras los proyectos reformistas se agotaron
aquí –y los nuestros se agotarían poco después, cinco años
después de la victoria cubana–, el camino revolucionario se abrió a
través de la guerra de guerrillas.
Los problemas que no se resolvieron
aquí o que sólo se abordaron
parcialmente fueron resueltos de la manera más radical y profunda
por la Cuba revolucionaria. La primera medida revolucionaria
que nos impactó profundamente fue la consulta con los estudiantes
sobre si querían suspender el año escolar e ir a enseñar a leer y
escribir a la población cubana, concentrada principalmente en el campo.
Y así, Cuba resolvió el problema del analfabetismo de la manera
más radical y popular.
Al mismo tiempo, en el primer año de la revolución se fundó la Casa de las Américas, que comenzó a reunir a intelectuales latinoamericanos. (Más tarde, Antonio Cándido diría que sólo conoció la literatura latinoamericana por medio de Cuba, a través de la Casa de las Américas. Antes de eso, a lo sumo conocía la literatura argentina, a lo sumo Borges). Se fundó el ICAIC, que impulsaría el cine revolucionario cubano.
Y, en el plano estructural de la
sociedad cubana, se implementaron
una reforma agraria, una reforma urbana y la nacionalización
de las empresas azucareras. A partir de ahí, la confrontación con
Estados Unidos se aceleró, y Cuba, marcando el camino
revolucionario, pasó de su fase nacional y democrática a su fase
antimperialista y socialista. “Revolución socialista o caricatura de
revolución”, en palabras del Che.
En Brasil y Latinoamérica, fue el
momento decisivo para
la izquierda. Los partidos comunistas se sentían incómodos con el triunfo
revolucionario en Cuba y la capacidad de captación de jóvenes que
les brindaba la imagen de Fidel y el Che. Los movimientos de
izquierda radical proliferaron y adoptaron la lucha armada a medida
que se desarrollaba el golpe de Estado en Brasil, poniendo fin
al poder hegemónico del PCB dentro de la izquierda brasileña.
Los discursos de Fidel se difundieron
ampliamente mediante
la edición internacional de Granma y otros canales,
como los publicados en Uruguay o Argentina, que luego se transmitían
en Cuba. En ocasiones, se veían imágenes de la Plaza de la Revolución
repleta de millones de personas escuchando los discursos de Fidel,
que duraban horas. “¡Patria o muerte, venceremos!” se hizo conocido por
todos.
Fidel se convirtió en el líder de
izquierda más importante del mundo
en el siglo XX, proyectando la imagen de la revolución cubana a escala
mundial. Sus viajes, desde Estados Unidos hasta países de África,
como Argelia, y Asia, como Vietnam, llevaron su discurso
internacionalista por todo el mundo.
Tuvo que afrontar difíciles dilemas. Cuando el primer ciclo de movimientos
guerrilleros –Venezuela, Perú, Guatemala– fue derrotado, Cuba quedó
condenada al aislamiento, aún más porque los partidos comunistas
tampoco eran un aliado importante. La muerte del Che consolidó
este aislamiento en el continente. Fidel, una vez más, tuvo la
audacia de establecer una alianza estratégica con la URSS, dado que China
había cerrado las puertas a esta posibilidad.
Con esto, Fidel aseguró el futuro de
la revolución en un pequeño país
caribeño, exportador de azúcar, rodeado por la mayor potencia
imperialista de la historia. Pero tuvo que someter a la isla a la división
del trabajo del bloque socialista, que no preveía la industrialización
de Cuba, el sueño del Che cuando era ministro de Economía
al inicio de la revolución. Sin embargo, Cuba garantizaba el suministro
de petróleo, el armamento necesario y la seguridad de un mercado
con buenos precios para su producción azucarera. Fue el periodo
de mayor desarrollo económico en Cuba y de mayor mejora en las condiciones
de vida de su población.
Fidel tuvo la oportunidad de ejercer
su audacia revolucionaria
de diversas maneras, por ejemplo, cuando envió tropas cubanas de élite
para detener el avance de las tropas sudafricanas en Angola, hazaña
que se logró con éxito. O cuando apoyó abiertamente a las fuerzas
sandinistas, creyendo que la victoria era posible con Estados Unidos
neutralizado.
*****
Fidel había reconocido que el campo socialista ya no existía y EU intentaría una vez más torcerle el brazo. Foto Luis Castillo.
*****
FIDEL EL PUEBLO Y LA VERDAD.
*****
Por Carlos Fazio.
Fuente, Diario La Jornada Ciudad de
México lunes 17 de agosto del 2026.
A zancadas entre dos siglos al frente
de una revolución de los humildes,
por los humildes y para los humildes en la mayor de las Antillas,
Fidel encarnó hasta el final de sus días la conexión estructurada
entre la dirigencia y la masa, como señaló Ernesto Guevara
en El socialismo y el hombre en Cuba, texto
dirigido a Carlos Quijano, director del semanario Marcha de
Montevideo, en 1965. Allí el Che dijo cómo
desde el inicio de la lucha armada se había ido gestando ese vínculo
estrecho entre “el pueblo, masa todavía dormida” y los barbudos de la
Sierra Maestra.
Ese diálogo entre Fidel y el pueblo
masa al que había que
movilizar mientras se creaban las condiciones subjetivas para la victoria;
ése decir la verdad, siempre, más allá de los errores, había
iniciado en su fase final el 14 de abril de 1958 desde una radio
clandestina ubicada en Pata de la Mesa, en el Alto de Conrado. Desde
allí, a través de los micrófonos de Radio Rebelde, Fidel
pronunció sus primeras palabras denunciando el control absoluto de la
prensa, escrita, radial y televisiva por la tiranía de Fulgencio
Batista: “Mientras ocultan la verdad a toda costa, divulgan la mentira por
todos los medios.”
La confianza y la credibilidad de las
transmisiones de Radio Rebelde radicaba en el contacto directo con el pueblo de
los líderes de la gesta revolucionaria, comenzando por Fidel,
mediante un lenguaje ajeno a formalismos retóricos y sobre la base de la
más absoluta transparencia. Además de dar a conocer la vitalidad
del foco guerrillero en la Sierra Maestra y romper el cerco
mediático de la dictadura batistiana, que impedía a la población
tomar el pulso de la creciente actividad insurgente, la emisora
perfiló un inédito modelo de comunicación asociado a las luchas
populares. Sumado a su inmediatez y capacidad multiplicadora –las
emisiones fueron realizadas diariamente desde el 24 de febrero de 1958
hasta el 1° de enero de 1959 en dos horarios nocturnos–, las transmisiones
a través del éter generaron un mayor impacto en la población,
pudiendo superar las dificultades de circulación de la prensa escrita
clandestina. Se agregaba a ello su papel estratégico por ser un
medio de divulgación masivo y por su carácter esclarecedor,
orientador y movilizador, sobre la base de que todos los mensajes
estaban avalados por la verdad.
“En la Radio Rebelde –afirmó Fidel− no se puso nunca ni una bala de más, ni se dijo una mentira”.
Cuando la revolución apenas empezaba a gatear –no habían pasado
ni dos semanas de la victoria–, el aparato propagandístico de Estados
Unidos de la era Eisenhower, principalmente a través de sus agencias
cablegráficas AP y UPI, revistas como Life,
Newsweek, US News and World Report y sus principales periódicos,
montó una campaña de intoxicación mediática internacional acusando a
Fidel Castro y a otros dirigentes del proceso de convertir al país
en un “baño de sangre” con los juicios de los tribunales revolucionarios
y las sanciones de fusilamiento a un grupo de los más connotados
criminales de guerra de la dictadura de Batista.
En respuesta, Fidel convocó a la “Operación
Verdad” en el hotel Habana Riviera de la capital cubana los días 21 y 22 de
enero de 1959. Allí comenzó
el enfrentamiento que hoy conocemos como guerra mediática. Muchos
años después, Fidel dijo:
“Si no se está
dispuesto a desafiar los riesgos de cualquier tipo, los riesgos de agresión
militar como los riesgos de su propaganda, no se puede dar respuesta adecuada
al enemigo; intimidarse frente a la propaganda es como intimidarse frente a los
fusiles del enemigo. No hay que tener miedo a nada”. Pocos meses después nacía
la agencia Prensa Latina (PL).
En 1989, tras la implosión de la URSS
y la descomposición del campo socialista en Europa Oriental, la dirección cubana se vio obligada
a aplicar el llamado Periodo Especial. En septiembre de 1990, al
abordar las dificultades que enfrentaban el país y la Revolución
ante la gravedad de la situación en Cuba, Fidel dijo:
“Ahora, les pregunto
(…) ¿Qué vamos a hacer, darnos por vencidos? ¿Rendirnos? ¡Jamás! ¿Qué vamos a
hacer? ¿Vamos a renunciar a la revolución? ¿Renunciar al socialismo? ¿Renunciar
a la independencia? ¡Jamás! Lo que debemos hacer es resistir, luchar y vencer,
por supuesto.”
Cuba vivía una trágica soledad. Desde
Washington, la administración
de George Bush padre intentó sacar réditos. Acorralar a Cuba
fue la consigna. Fidel había reconocido que el campo socialista
ya no existía y EU intentaría una vez más torcerle el brazo.
La contradicción volvía a ser anexión versus independencia nacional. EU
exploraba nuevos mecanismos de presión y su nueva punta de lanza
para la etapa sería el denominado “Proyecto TV Martí”. Para
justificar su accionar subversivo desestabilizador, los políticos
estadunidenses se escudaban en una doctrina de seductora y demagógica
denominación: “Libre flujo de información”. Pero la “Tele-agresión”
−como la denominaron los cubanos− era una acción de ablandamiento
con claros objetivos políticoideológicos. Producto del
Documento de Santa Fe II, formaba parte de la guerra sicológica al servicio
de la desinformación. Fidel la calificó como una estación “gusana” y
“subversiva” al servicio del Departamento de Estado. La emisora
comenzó a transmitir a las 1 horas 45 minutos del 27 de marzo de 1990,
pero no habían pasado 10 minutos, cuando la eficaz interferencia
electrónica de un grupo de científicos y técnicos cubanos pareció
dar la razón a quienes, en EU, consideraron que el proyecto era una “estupidez”.
Fidel lo explicó como una cuestión de soberanía e independencia.
Dijo:
“Una vez más, esta
es la guerra entre David y Goliat. Una guerra electrónica. Y ahora bien, ¿por
qué fue derrotado Goliat? Por bruto.”
Hoy, cuando la guerra cognitiva
arrecia y el líder ya no está, la isla sigue sus enseñanzas: resiste y lucha. Y
sin duda, vencerá.
*****




