miércoles, 10 de junio de 2026

CONGRESO ANFICTIÓNICO DE PANAMÁ Y LOS IDEALES DE LA UNIÓN HISPANOAMERICANA. Un bicentenario oscuro.

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“El Congreso Anfictiónico fue una asamblea diplomática que se llevó a cabo en 1826 en la Ciudad de Panamá convocada por Simón Bolívar con el objetivo de crear una confederación de repúblicas hispanoamericanas. La idea era que esta unión política y militar sirviera para defender la soberanía de los nuevos países, promover la cooperación y consolidar la independencia frente a posibles amenazas externas. Sin embargo, el congreso no logró sus objetivos principales debido a las rivalidades internas, los desacuerdos entre los delegados y la falta de apoyo de algunas naciones clave. Aunque sus resultados fueron limitados, es considerado un antecedente importante del panamericanismo. Ya la idea de crear una gran nación cuya extensión abarcara a toda Hispanoamérica se había originado con el prócer venezolano Francisco de Miranda, quien propuso el nombre de Colombia para esa eventual nación. Simón Bolívar, también, en la Carta de Jamaica de 1815 expresó:

"Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Nuevo Mundo en una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene su origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse; [...] ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración..."

Simón Bolívar, Carta de Jamaica, Kingston, 6 de septiembre de 1815 El congreso fue convocado por Simón Bolívar, desde Lima, el 7 de diciembre de 1824 y el patriota peruano José Faustino Sánchez Carrión, nombrado por Bolívar ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del Perú, y quien compartía plenamente con Bolívar el ideario de la unidad hispanoamericana, cursó a los gobiernos americanos la invitación. Cuando, después de cien siglos, la posteridad busque el origen de nuestro derecho público, y recuerden los pactos que consolidaron su destino, registrarán con respeto los protocolos del Istmo. En él, encontrarán el plan de las primeras alianzas, que trazará la marcha de nuestras relaciones con el universo. ¿Qué será entonces el Istmo de Corinto comparado con el de Panamá? Simón Bolívar, Convocatoria del Congreso de Panamá, Lima, 7 de diciembre de 1824.

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Fuentes: Rebelión.

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CONGRESO ANFICTIÓNICO DE PANAMÁ Y LOS IDEALES DE LA UNIÓN HISPANOAMERICANA.

Un bicentenario oscuro.

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Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda | 10/06/2026 | América Latina y Caribe

Fuentes. Revista Rebelión miércoles 10 de junio del 2026.

En este año se conmemora el bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá, que expresó los ideales por la unión de la entonces Hispanoamérica, y que contrastan con la situación que vive América Latina en la actualidad.

Dos siglos atrás vivíamos la culminación de los procesos independentistas frente al coloniaje español. Al mismo tiempo nacía una identidad hispanoamericana inédita, por basarse precisamente en el ideal de libertad y el deseo por forjar naciones con gobiernos propios. Francisco de Miranda (1750-1816) soñaba con la constitución de una “Colombia” hispanoamericana, una idea retomada por Simón Bolívar (1783-1830), quien logró fundar la República de Colombia en 1819, como primer paso para la unión de todos los territorios libres. En diciembre de 1824 convocó al Congreso Anfictiónico que se inauguró el 22 de junio de 1826 en Panamá. En su libro Diario del Congreso Anfictiónico de Panamá. Cronología de sus antecedentes, desarrollo y resultados (2025https://t.ly/-8FVB) y en recientes conferencias en las que destaca por la promoción del bicentenario (https://t.ly/9y4Fz) y de las labores de ADHILAC, el historiador cubano Sergio Guerra Vilaboy da cuenta precisa de ese Congreso.



En definitiva, el Congreso se proponía integrar a la gigante región conocida como Hispanoamérica, para garantizar su independencia, coordinar su defensa, arribar a una confederación y liberar a Cuba y Puerto Rico. El peligro provenía de la Santa Alianza y los proyectos de reconquista española. Bolívar pensaba en la comunidad identitaria de Hispanoamérica y por eso no incluía a Haití ni a Brasil. Rechazó la posibilidad de participación de los Estados Unidos, aunque tuvo que ceder a la invitación que había hecho Francisco de Paula Santander; pero, en cambio, confiaba que invitar a Inglaterra con delegados observadores, servía para frenar cualquier afán neocolonizador. Sin embargo, Panamá no fue el mejor sitio para el Congreso y no llegaron varias delegaciones, de modo que asistieron solo las de Colombia (Venezuela, Colombia que incluía Panamá, y Ecuador), también México, Centroamérica y Perú. Hubo resistencias del Río de la Plata (Argentina). Aunque la reunión en Panamá concluyó el 15 de julio, se decidió continuar las sesiones en Tacubaya, México. Pero el Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua solo fue ratificado por Colombia, mientras México y Centroamérica lo archivaron. Además, surgieron problemas internos, como el anti bolivarianismo de Perú o los problemas territoriales entre países nacientes, por lo cual el Congreso terminó sus labores en 1829. Para Bolívar fue el fin del ideal más grande de su vida. Tuvo que concentrarse en procurar la unión de la Gran Colombia, que finalmente también se disolvió. El desencanto de Bolívar fue total y su muerte sería la expresión del fin de la Hispanoamérica unida en una gran nación.

Ahora bien, la división de Hispanoamérica en una veintena de países con sus respectivos intereses y caminos de construcción de sus Estados nacionales impidió que durante el siglo XIX pudiera articularse una geoestrategia común ante el ascenso y desarrollo del capitalismo europeo y norteamericano. Desde el mismo Congreso Anfictiónico, los EE. UU. desempeñaron un papel desestabilizador, especialmente en Tacubaya, dejando en claro sus intereses comerciales y permaneciendo “neutral” ante Cuba y Puerto Rico, todavía colonias españolas y a pesar de la proclamada Doctrina Monroe (1823). Gran Bretaña también estuvo claramente orientada a garantizar su hegemonía comercial y naval, neutralizar la competencia de los EE. UU. y sin apoyar a las independencias en el Caribe. América Latina creció como región primario-exportadora, dependiente y con poderosas oligarquías que dominaron largamente en los países, impidiendo la unidad de intereses ante las potencias.

En cambio, con el avance de las décadas y de dos siglos, no se pudo impedir que surgiera una conciencia de identidad común entre las sociedades latinoamericanas. Sobre esa base se cultivó el ideal de la unión entre pueblos considerados como hermanos. Algunos gobernantes lograron expresarlo. El caudillo liberal ecuatoriano Eloy Alfaro incluso pretendió revivir la Gran Colombia y en 1896 convocó a un Congreso continental (se realizó en México) boicoteado por EE. UU. Ese Congreso aprobó un contundente documento contra la Doctrina Monroe, que debía sujetarse al derecho público americano y, además, abogó por la independencia de Cuba y Puerto Rico.



El latino americanismo social continuó desarrollándose en el siglo XX. Y cada vez más los países y sus historias o coyunturas específicas han pasado a ser conocidas y compartidas, fortaleciendo la hermandad, a pesar de las diferencias y hasta conflictos. Una época de convergencia latinoamericanista inédita se produjo al iniciarse el siglo XXI con los triunfos de gobiernos progresistas que caracterizaron la “marea rosa” de la región. Entonces se articularon políticas y geoestrategias comunes, con cuestionamientos a las “Cumbres de las Américas” promovidas por EE. UU. y la consagración de la CELAC como organismo propio de los países latinoamericanos. El ciclo posterior, en cambio, ha demostrado que los gobiernos empresariales y neoliberales que han ganado terreno en el continente no tienen intención alguna de articular políticas y geoestrategias latinoamericanistas. A todos interesan exclusivamente los buenos negocios, el mercado norteamericano y las relaciones comerciales abiertas con cualquier otro país del mundo, vistas como espacio para la ampliación de las esferas simplemente empresariales. Los resultados sociales de esas políticas son nefastos. Contrastan con ellos los avances de los pocos gobiernos progresistas en la región.

A esa realidad se ha sumado el segundo gobierno de Donald Trump (2025-hoy) que ha proclamado la Doctrina Donroe con el Corolario Trump, según la cual los EEUU no admitirán en el continente gobiernos disidentes ni la presencia de intereses de los países a los que considera como adversarios, a la cabeza de los cuales se ubica China, luego Rusia, pero también los BRICS (https://t.ly/ljTqm). Bajo esas nuevas orientaciones todos los países de América Latina y el Caribe están amenazados. Además, el Secretario de Estado Marco Rubio ha declarado, en forma abierta y directa:

La Administración Trump ya no tolerará regímenes marxistas

radicales en nuestro hemisferio que busquen amenazar l

seguridad nacional de EE. UU. y participar en operaciones de

influencia para exportar su “revolución” venenosa y malvada a

nuestro país y al resto del mundo” (https://t.ly/ZyRmd).

Desde luego, se refleja la reacción de una potencia que ha

perdido su anterior hegemonía y se repliega sobre el

“hemisferio occidental” (América) ante un mundo multipolar

que la ha desplazado.

En el bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá nuestra América Latina vive una de las épocas más oscuras de la historia contemporánea. La soberanía e independencia de cada país están sujetas al nuevo americanismo donroísta. Y los gobiernos empresariales de la región, con oligarquías en el poder o derechas políticas a su servicio, no tienen problema alguno en subordinarse a semejante posición.

Historia y Presente – blog

www.historiaypresente.com

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martes, 9 de junio de 2026

EL PUEBLO ESTÁ ENFRENTADO A UN GOBIERNO SIN APOYO POPULAR. Rodrigo Paz perdió la legitimidad.

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“La economía política de la crisis se refleja en este protagonismo popular: mientras el Estado concentra beneficios en las élites y reproduce medidas impuestas desde afuera, el pueblo organiza su propia agenda de justicia distributiva y de soberanía. La legitimidad que nace desde abajo no se mide en indicadores macroeconómicos, sino en la capacidad de resistir, de mantener viva la memoria y de proyectar un futuro donde la democracia se reconstruya en las calles y carreteras. La legitimidad no se decreta, se construye. Y cuando el gobierno quiebra la Constitución, se sostiene en una justicia corrupta y concentra beneficios para las élites, pierde toda autoridad moral y política. Hoy, las calles y carreteras son el verdadero escenario de la democracia: allí el pueblo recuerda que la justicia no puede ser comprada, que los derechos no se negocian y que la dignidad no se posterga. La crisis que vivimos es el precio de la corrupción y de la traición al pacto social. Pero también es la oportunidad de reorganizar la fuerza popular, de levantar una legitimidad nueva que nazca desde abajo, desde la resistencia y la memoria. Porque cuando el pueblo habla en las calles y carreteras, ningún poder puede fingir legitimidad.

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Fuentes: Red de Economía Política.

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EL PUEBLO ESTÁ ENFRENTADO A UN GOBIERNO SIN APOYO POPULAR.

Rodrigo Paz perdió la legitimidad.

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Por | 09/06/2026 | Bolivia

Fuentes. Revista Rebelión martes 9 de junio del 2026.

RED DE ECONOMÍA POLÍTICA.

N°14 – junio 5/2026

La legitimidad de un gobierno no se sostiene únicamente en las urnas. Deviene de la autoridad moral, del respeto y de lo justo que es un presidente con su pueblo. Si el pueblo acepta, reconoce y respalda a su presidente y obedece las directrices políticas y económicas que dicte o proponga, entonces diremos que la autoridad cuenta con legitimidad, que cuenta con el respaldo sino el cariño de los sectores populares. En Bolivia, esas grandes mayorías hoy le exigen ¡que renuncie!!! y con ello, le dieron la espalda a un presidente y a su gestión, que, en solo 6 meses, echó por tierra algún atisbo de que el neoliberalismo no regresaría al país.

Rodrigo Paz ha perdido toda la legitimidad y está en la disyuntiva de aferrarse a un estado de sitio o dejar el poder, evitando mayor sacrificio de vidas.



1. La legitimidad se gana o se pierde.

La pérdida de legitimidad del gobierno de Rodrigo Paz no fue un accidente ni un error de gestión. Es consecuencia de las medidas económicas dictadas contrarias a las postuladas en la campaña electoral; su “programa de centro” con el que llegó al poder, no prometía medidas neoliberales agresivas como las que hoy sostiene y defiende, pese a haber retrocedido en varios intentos. El abismo entre el respaldo popular (mandato) a todas las promesas y las decisiones gubernamentales asumidas al llegar a la Plaza Murillo, convierte a su gestión en un engaño, en una impostura, en un acto político fraudulento, sostenido en la mentira y la demagogia.

Desde la perspectiva de la economía política, la crisis dejada por Arce Catacora -inflada y sobredimensionada por la banca, la oligarquía, la derecha y los medios de comunicación- al no resolverse, desnudó la contradicción entre el relato oficialista de estabilidad y la realidad del pueblo que enfrenta el deterioro de la economía familiar, colas inmensas para comprar gasolina y diésel, inflación, desempleo y precariedad. Las medidas económicas del gobierno de Rodrigo Paz concentran beneficios en los sectores privilegiados y distribuye los costos sociales sobre las mayorías, vulnerando la Constitución y el pacto social que sostiene al Estado Plurinacional. Se hizo todo lo contrario de lo que se prometió y la decepción llegó al límite.

Los bloqueos y marchas son la respuesta popular de rechazo, denuncia, enojo, condena a ese cambio a ese giro, a ese salto al neoliberalismo fracasado. No son simples actos de protesta coyuntural, sino la explicitación de una ruptura, de un abandono y rechazo social a un presidente y gobierno que ya no les representa y al que perdieron todo el respeto. El bloque social popular votó con la esperanza de que Rodrigo Paz podría respetar las grandes conquistas económicas, sociales políticas y culturales logradas por el pueblo en los últimos años frente a las amenazas de la extrema derecha de Tuto Quiroga; seis meses después, han pasado a un desprecio y enojo popular que se mide en los adjetivos más duros y crueles contra el presidente. La legitimidad institucional se vació, cuando el pueblo, en las calles y carreteras, demuestra que la verdadera democracia, se mide en la justicia distributiva y en la defensa de los derechos conquistados.



2. La ruptura con la Constitución y el pacto social.

La pérdida de legitimidad del gobierno no se limita a la gestión económica: se profundiza en el terreno político y jurídico. El intento de modificar, vaciar o reinterpretar la Constitución Política del Estado (CPE), convierte al gobierno en un actor que rompe el pacto fundacional del Estado

Plurinacional. No hablamos de errores administrativos, sino de una ofensiva consciente contra los derechos conquistados por el pueblo.

Al debilitar la CPE, se debilitan también los mecanismos de respeto a los derechos humanos, de redistribución de la riqueza, de soberanía, de control social y de participación democrática. El resultado es un Estado que deja de ser garante de derechos para transformarse en administrador de intereses externos y de élites internas.

La legitimidad se fractura porque el pacto social – ese acuerdo que dio origen al Estado Plurinacionalya no se respeta. La protesta en las calles y carreteras es, entonces, también una defensa de la Constitución: un recordatorio de que la democracia boliviana no puede sobrevivir si se mutila su base jurídica y social, que en Bolivia no se puede gobernar sin la participación del pueblo.

Por eso, las calles y carreteras se han convertido en el verdadero tribunal popular. Allí, sindicatos, comunidades y sectores movilizados reclaman lo que la justicia auto prorrogada les negó: el respeto a la Constitución, la defensa de los derechos conquistados y la recuperación de un pacto social roto. La medida del Estado de Sitio simplemente traerá luto al país.



3. La legitimidad de las medidas populares.

La pérdida de legitimidad del gobierno abre un nuevo escenario: la reorganización popular frente a un poder que ya no les representa. Cuando las instituciones se vacían de dignidad y la justicia se corrompe, es el pueblo quien asume el rol de garante de derechos y memoria. Las calles y carreteras se convierten en espacios de soberanía, dónde la Central Obrera Boliviana (COB), comunidades campesinas y pueblos originarios, transportistas y organizaciones sociales levantan su voz contra un gobierno que los excluye.

La resistencia no es únicamente social: es moral y política. Los bloqueos y marchas expresan la dignidad de sectores que se niegan a aceptar la precariedad como destino. Cada punto de resistencia en las carreteras es también un recordatorio de los derechos arrebatados y de la necesidad de reconstruir un pacto social desde abajo. En este sentido, la movilización popular no solo desafía al gobierno, sino que plantea una alternativa de legitimidad basada en la acción colectiva y en la defensa de la Constitución.

La economía política de la crisis se refleja en este protagonismo popular: mientras el Estado concentra beneficios en las élites y reproduce medidas impuestas desde afuera, el pueblo organiza su propia agenda de justicia distributiva y de soberanía. La legitimidad que nace desde abajo no se mide en indicadores macroeconómicos, sino en la capacidad de resistir, de mantener viva la memoria y de proyectar un futuro donde la democracia se reconstruya en las calles y carreteras.

La legitimidad no se decreta, se construye. Y cuando el gobierno quiebra la Constitución, se sostiene en una justicia corrupta y concentra beneficios para las élites, pierde toda autoridad moral y política. Hoy, las calles y carreteras son el verdadero escenario de la democracia: allí el pueblo recuerda que la justicia no puede ser comprada, que los derechos no se negocian y que la dignidad no se posterga.

La crisis que vivimos es el precio de la corrupción y de la traición al pacto social. Pero también es la oportunidad de reorganizar la fuerza popular, de levantar una legitimidad nueva que nazca desde abajo, desde la resistencia y la memoria. Porque cuando el pueblo habla en las calles y carreteras, ningún poder puede fingir legitimidad.

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lunes, 8 de junio de 2026

OTRO FÚTBOL Y OTRO MUNDO SON POSIBLES… E IMPRESCINDIBLES.

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“Asistiremos a una sofisticada ingeniería tecnológica, que fuera de la competencia deportiva ya está siendo usada para vigilar a las poblaciones y asesinar selectivamente. Los juegos tendrán lugar en un escenario geopolítico que, más allá de sus resultados deportivos estará signado por un nuevo (des)equilibrio internacional que ya no estará asentado sobre la hegemonía del eje occidental. Sucede que el fútbol y el deporte en general, absorbido por intereses mezquinos, convierte la alegría en mercancía y el juego en negocio. Los mundiales y megaproyectos deportivos no favorecen a las comunidades, ponen las ganancias por encima de la vida y venden la ilusión efímera de que la felicidad puede vestirse con la casaca de un equipo nacional. Frente al futbol espectáculo, frente al fútbol que oculta la desigualdad y la discriminación, es preciso reivindicar el futbol de los barrios, de las comunidades y de los pueblos. El fútbol que siempre nace y se nutre del corazón de los desheredados, de los excluidos y despojados.

“Otro fútbol es posible e imprescindible, el que sirve al encuentro y a la paz, no a la división, a la manipulación o al enfrentamiento. Ese fútbol que hoy crece desde la convicción de todas y todos aquellos que queremos un mundo justo, con igualdad de derechos y oportunidades de desarrollo para todo ser humano sobre la Tierra, por el solo hecho de haber nacido. Un mundo humanista.

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Fuentes: Rebelión.

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OTRO FÚTBOL Y OTRO MUNDO SON POSIBLES… E IMPRESCINDIBLES.

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Por Javier Tolcachier | 08/06/2026 | Otro mundo es posible.

Fuente. Revista Rebelión lunes 8 de junio del 2026

En pocos días más, las y los aficionados al fútbol (y no solo ellos y ellas) tendrán sus ojos puestos en las incidencias de la Copa Mundial de Fútbol 2026. Un torneo que se disputará en medio de una crisis sistémica, también de proporciones mundiales y que al igual que muchas de sus ediciones anteriores pretenderá distraer de problemas severos e inocultables.

Haciendo un breve recuento, el primer campeonato tuvo lugar en Uruguay en 1930, en medio de la Gran Depresión ocasionada por la burbuja financiera en los Estados Unidos. Cuatro años después, la Copa se jugó en la Italia de Benito Mussolini. El fascismo descubrió que once jugadores podían serle de gran utilidad, sobre todo con el triunfo que obtuvo la escuadra nacional.

En 1938, Francia hospedó el torneo con la sombra de la guerra que se desataría poco tiempo después. Doce años después, la Copa saldría de su escondite en una caja de zapatos, debajo de la cama del vicepresidente de la FIFA para viajar al Brasil, quien perdió la final con el equipo uruguayo en un memorable partido definitorio en el Maracaná.

Suiza, que se había mantenido neutral durante la Guerra, debía simbolizar el regreso de la paz en el Mundial de 1954. Sin embargo, el mundo había entrado en una nueva guerra entre el bloque socialista y el bloque capitalista capitaneado por los Estados Unidos. Alemania, que regresaba al torneo después de haber estado prohibida su participación, venció a los favoritos húngaros en la final.



La Unión Soviética consiguió participar por primera vez en la sexta edición que se jugó en Suecia en 1958. La lucha por la liberación del colonialismo entraba a las canchas. Por vez primera tuvieron un cupo para participar seleccionados de Asia y África.

En 1962, dos años después del terrible terremoto de Valdivia, la Copa se jugó en Chile. Uno de los cuatro estadios utilizados era propiedad de la minera estadounidense Braden Copper Company – nacionalizada nueve años después por el gobierno de Salvador Allende. Brasil se llevó el trofeo de la mano de Garrincha y Pelé, pero la alegría desatada no duró mucho. El país, presidido por el progresista João Goulart, se vería ensombrecido por el golpe militar de 1964, dictadura que recién vería su fin veintiún años después.

En el 66´ la corona volvería a Europa y la ganó el local Inglaterra, mientras que en México 1970, en plena ebullición de la ola de rebeldía juvenil y a dos años de la masacre de estudiantes en Tlatelolco, Brasil consagraría su tercer triunfo. Los alemanes ganarían su segundo trofeo también como locales en 1974 superando, una vez más, al favorito equipo magiar. Pocos meses antes había ocurrido el embargo petrolífero de los países árabes, como represalia al apoyo que prestaron varios países occidentales a Israel en la guerra de Yom Kippur.

Mientras tanto, sangrientas dictaduras se ensañaban con los impulsos revolucionarios en América Latina. El mundial de 1978 intentaría tapar en Argentina la terrible violación a los Derechos Humanos de los sucesivos gobiernos militares que dejaría treinta mil víctimas.

Los mundiales jamás han estado separados de la política, del dinero o del poder.

España, poco después del fin de la dictadura franquista, organizó la Copa en 1982, en la que por primera vez participaron equipos de todos los continentes, un preludio de la globalización en ciernes.

En México 86, la “mano de Dios” y los pies de Maradona llevaron a Argentina a lograr su segundo galardón, derrotando en fase de cuartos de final a la escuadra inglesa, con las heridas aun frescas de la guerra en las colonizadas Islas Malvinas. Los sudamericanos no pudieron revalidar su título en el siguiente Mundial en Italia (1990), cayendo ante el conjunto alemán, cuyo pueblo celebraba la reciente reunificación nacional.



Regida por la preeminencia del neoliberalismo, en 1994 el Mundial de fútbol se disputó en los Estados Unidos, un país sin tradición en este deporte. En 1998, el evento tendría lugar en Francia con el triunfo de la escuadra gala en el Estadio de Saint-Denis, un suburbio de París con una gran población inmigrante. Tiempo después, la ultraderechista Marine Le Pen calificaría a este barrio de la periferia capitalina como un área «fuera de control», una «zona sin ley» en manos de «escoria».

En el evento inaugural del siglo XXI, la Copa se disputó en Corea del Sur y Japón, siendo atravesada esta edición por la rampante corrupción de altos directivos de la FIFA. El lema del torneo siguiente, disputado en Alemania en 2006, (“El mundo entre amigos») no pudo plasmarse en el juego, rompiéndose el récord del mayor número de tarjetas amarillas y rojas. Fuera de la cancha, millones de personas sensibles habían llenado las calles en contra de la invasión estadounidense a Irak. Esta furiosa avanzada por recursos petrolíferos y control geopolítico había intentado legitimarse como “guerra contra el terrorismo islámico”, estigmatizando a las poblaciones musulmanas, sin distinción alguna, como fanáticos peligrosos.

El enorme Nelson Mandela celebraría la elección de Sudáfrica como sede del primer Mundial en suelo africano en 2010 a pesar de la enorme erogación financiera que suponía la construcción de nuevos estadios, mientras el país seguía cargando las enormes desigualdades heredadas del apartheid. También en Brasil, cuatro años después, el alto coste de las millonarias obras motivaron extendidas protestas por parte de la población brasileña, antes y durante el torneo. El clamor popular, más allá de la habitual euforia futbolera que caracteriza al país insistió – con toda la razón – en que hubiera sido mucho más importante que el dinero de los estadios se hubiera invertido en hospitales y escuelas.

La vigésima edición fue en Rusia 2018, cuya elección como sede fue cuestionada por presuntas denuncias de corrupción. El entonces primer ministro Vladimir Putin dijo que consideraba las investigaciones como un intento de los Estados Unidos de expulsar a Joseph Blatter del cargo de presidente de la FIFA como castigo por su apoyo a Rusia como anfitrión del certamen. La elección del Reino de Qatar para el certamen 2022 tuvo idénticas sospechas, sumadas a los cuestionamientos por la violación de derechos humanos. En esa edición, en un final no apto para dolencias cardíacas, Argentina obtuvo su tercer trofeo.

La inminente Copa Mundial de Fútbol 2026, organizado por México, Estados Unidos y Canadá, no logrará ocultar el intento de limpieza étnica de la población palestina, los bombardeos israelíes y estadounidenses contra Irán, el secuestro del presidente venezolano, las redadas antiinmigrantes y las agresivas medidas y la descarada injerencia del gobierno reaccionario de Donald Trump. Será un Mundial con una guerra abierta entre Rusia y Ucrania, conflictos armados en Sudán y República Democrática del Congo, catástrofes climáticas y la continuidad del expolio de los recursos naturales para beneficiar a unos pocos conglomerados financieros. Ningún gol podrá aliviar las violaciones a los derechos humanos, la violencia contra las mujeres, los intentos de recolonización, la discriminación racista o el incremento de las afecciones de salud mental.

Asistiremos a una sofisticada ingeniería tecnológica, que fuera de la competencia deportiva ya está siendo usada para vigilar a las poblaciones y asesinar selectivamente. Los juegos tendrán lugar en un escenario geopolítico que, más allá de sus resultados deportivos estará signado por un nuevo (des)equilibrio internacional que ya no estará asentado sobre la hegemonía del eje occidental.



Sucede que el fútbol y el deporte en general, absorbido por intereses mezquinos, convierte la alegría en mercancía y el juego en negocio. Los mundiales y megaproyectos deportivos no favorecen a las comunidades, ponen las ganancias por encima de la vida y venden la ilusión efímera de que la felicidad puede vestirse con la casaca de un equipo nacional.

Frente al futbol espectáculo, frente al fútbol que oculta la desigualdad y la discriminación, es preciso reivindicar el futbol de los barrios, de las comunidades y de los pueblos. El fútbol que siempre nace y se nutre del corazón de los desheredados, de los excluidos y despojados.

Otro fútbol es posible e imprescindible, el que sirve al encuentro y a la paz, no a la división, a la manipulación o al enfrentamiento. Ese fútbol que hoy crece desde la convicción de todas y todos aquellos que queremos un mundo justo, con igualdad de derechos y oportunidades de desarrollo para todo ser humano sobre la Tierra, por el solo hecho de haber nacido. Un mundo humanista.

Javier Tolcachier es investigador del Centro Mundial de Estudios Humanistas, comunicador en Agencia Internacional de Noticias Pressenza e integrante del Secretariado del Foro Humanista Mundial.

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domingo, 7 de junio de 2026

EL REPRESENTANTE DE LA IZQUIERDA ENFRENTA A LA HIJA DEL DICTADOR EN EL BALOTAJE ESTE DOMINGO EN PERÚ. Perú: Robert Sánchez desafía el poder de Keiko Fujimori.

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Indulto a Castillo. Sánchez, que fue ministro de Comercio

Exterior durante todo el gobierno de Pedro Castillo, entre julio de 2021 y diciembre de 2022, ha anunciado desde el primer día de su campaña el indulto a Castillo si llega a la presidencia. Ha convertido el sombrero campesino de ala ancha que usaba Castillo en el símbolo de su campaña. Ofrece un gobierno amplio de coalición nacional, convocando a sectores más allá de la izquierda. Ya ha avanzado en cerrar acuerdos en ese sentido. Para enfrentar la creciente delincuencia ha anunciado como primera acción derogar las “leyes procrimen”, dadas por el actual Congreso controlado por una coalición derechista que encabeza el fujimorismo, que limitan la capacidad fiscal para investigar al crimen organizado y la corrupción política. También anuncia que impulsará que el nuevo Congreso derogue las leyes de impunidad que favorecen a los acusados de violaciones a los derechos humanos dadas por el actual Parlamento. Se ha comprometido a mantener al Perú en la Corte IDH.

“En el terreno económico, ofrece mejorar la recaudación  

fiscal y terminar con las exoneraciones tributarias a grandes grupos de poder económico para invertir esos recursos en fortalecer los programas sociales, aumentar los presupuestos para educación y salud, respetar la autonomía del Banco Central de Reserva, programas de apoyo a las micro y pequeñas empresas y a la agricultura familiar que es la mayoritaria en el país, defender los derechos laborales, el aumento del sueldo mínimo, priorizar el combate a la pobreza.

“El amplio triunfo de Sánchez en el debate del domingo pasado,

el respaldo que ha recibido en los últimos días de varios candidatos presidenciales de distintas tendencias, su alianza con partidos políticos desde la izquierda a la centroderecha y con sindicatos y organizaciones sociales, los mensajes esta semana en redes sociales de líderes de opinión y personalidades que habían dicho viciarían su voto y que ahora señalan que por el peligro autoritario que representa el fujimorismo han decidido cambiar y votarán por Sánchez, le han dado a la candidatura progresista un importante impulso en el decisivo tramo final de la campaña. Está por verse si le alcanza.

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Roberto Sánchez reacciona durante una reunión con corresponsales extranjeros. Paolo Aguilar. EFE.

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EL REPRESENTANTE DE LA IZQUIERDA ENFRENTA A LA HIJA DEL DICTADOR EN EL BALOTAJE ESTE DOMINGO EN PERÚ.

Perú: Robert Sánchez desafía el poder de Keiko Fujimori.

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Con el resultado abierto los peruanos van a las urnas envueltos en una crisis de inestabilidad política y desborde de la delincuencia.

Por. Carlos Noriega.

Fuente. Página /12 sábado 6 de junio del 2026.

Desde Lima

Envueltos en una crisis de inestabilidad política y desborde de la delincuencia, este domingo los peruanos van a las urnas para elegir un nuevo gobierno para los próximos cinco años. En la última década ningún presidente ha podido terminar su mandato, el país ha tenido ocho jefes de Estado en los últimos diez años. Más de 27 millones de peruanos elegirán entre el izquierdista Roberto Sánchez y la ultraderechista Keiko Fujimori. Para la elección de este domingo llegan en un empate técnico, lo que deja el resultado abierto. Keiko Fujimori postula a la presidencia por cuarta ocasión consecutiva. En las tres anteriores perdió en el balotaje, una sombra que la persigue, que la ha cubierto de una fama de perdedora en las instancias decisivas.

Keiko postula reivindicando la dictadura de su padre, Alberto Fujimori, quien fue sentenciado por crímenes de lesa humanidad y corrupción. Sánchez lo hace como heredero político del expresidente Pedro Castillo, el maestro rural de izquierda que en diciembre de 2022 fue destituido y encarcelado por su fallido intento de cerrar el Congreso controlado por la derecha que maniobraba para derrocarlo.


Cancha inclinada.

Ha sido una campaña con la cancha inclinada contra la candidatura progresista. Los grandes medios se han alineado en una campaña de ataques y desprestigio contra Sánchez, y de lavado de los muchos cuestionamientos y denuncias de corrupción que tiene el fujimorismo. Insólitamente, los medios han presentado como la carta de la democracia y la estabilidad a Keiko Fujimori, que reivindica una dictadura y que en los últimos años ha utilizado su poder en el Congreso para capturar el sistema de justicia y ha sido un factor clave en la inestabilidad política de la última década.

Durante la campaña se ha visto, de un lado a una candidata respaldada, además de los grandes medios, por los grandes grupos económicos y todo el establishment, que para ganar votos ha apostado al miedo a la izquierda y a un supuesto comunismo que lo estatizaría todo, y del otro lado a un candidato de discurso popular, impulsado por los sectores más pobres y excluidos, que llama a detener el autoritarismo fujimorista y enfrentar las grandes desigualdades y la pobreza. Una polarización que se asemeja a la de 2021, cuando Castillo derrotó a Keiko. Como en 2021, el fujimorismo saca una importante ventaja en Lima, que es un tercio del electorado. Sánchez, como Castillo hace cinco años, gana con una amplia diferencia en las zonas andinas, entre la población rural.



Qué dicen los sondeos.

Keiko encabeza los sondeos por una diferencia mínima que está dentro del margen de error, por lo que las encuestadoras hablan de empate técnico. En la última semana se ha registrado una tendencia al alza de Sánchez. El pasado domingo, en las últimas encuestas que la ley permite difundir, la diferencia a favor de Keiko era entre dos y cuatro puntos. Esta semana se ha reducido a entre 0,4 y un punto. Página 12 tuvo acceso este sábado a dos sondeos realizados por las encuestadoras para sus clientes empresariales, que la ley prohíbe difundir en el país.

De acuerdo con la encuestadora Ipsos, Keiko tiene 44,1 por ciento y Sánchez 43,7 por ciento. El pasado domingo, esta misma encuestadora le daba a Fujimori 40,4 por ciento, contra 38,3 por ciento de Sánchez. Un sondeo de Datum le da a Fujimori 44,9 por ciento y a Sánchez 43,9 por ciento. El domingo pasado, Datum le otorgaba a Fujimori 39,7 por ciento y a Sánchez 35,4 por ciento.



Nerviosismo.

En el fujimorismo han pasado de la arrogancia al nerviosismo. Cuando se sentían seguros ganadores, la dirigencia fujimorista rechazó la posibilidad de convocar a otras fuerzas políticas, no pudieron ocultar su ADN autoritario. En la víspera de la elección, cuando ya no sentía segura su victoria, Keiko difundió un video en el que llamaba al excandidato presidencial de derecha Carlos Álvarez a trabajar juntos, a lo que hasta ahora se había negado. Un día antes había elogiado al ultraderechista excandidato presidencial Rafael López Aliaga, que le dio su apoyo.

Keiko declaró el viernes que si llega a la presidencia evaluaría un indulto a los expresidentes Pedro Castillo, cuyo respaldo ha sido clave para el éxito electoral de Sánchez, y Martín Vizcarra, rival del fujimorismo, sentenciado por corrupción y con cierto nivel de respaldo. Antes había atacado duramente a Sánchez por ofrecer el indulto para Castillo. Una movida interpretada como un acto de desesperación para buscar votos. Con la esperanza de fortalecer su candidatura, su equipo de campaña difundió en la víspera de la elección el respaldo que ha recibido de personajes de la derecha internacional, como el candidato presidencial colombiano Abelardo de la Espriella y la venezolana María Corina Machado.

La candidata fujimorista ha centrado su campaña en proponer mano dura para enfrentar la creciente delincuencia. Ha dicho que si llega a la presidencia retiraría al Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), cuya defensa de los derechos humanos considera una limitación para combatir la delincuencia. Defender el equilibrio fiscal y macroeconómico son sus propuestas económicas centrales, pero la bancada parlamentaria fujimorista se ha convertido en la mayor amenaza al equilibrio fiscal con una serie de exoneraciones tributarias a grandes empresarios. Sobre esas exoneraciones la candidata ha guardado silencio.



Indulto a Castillo.

Sánchez, que fue ministro de Comercio Exterior durante todo el gobierno de Pedro Castillo, entre julio de 2021 y diciembre de 2022, ha anunciado desde el primer día de su campaña el indulto a Castillo si llega a la presidencia. Ha convertido el sombrero campesino de ala ancha que usaba Castillo en el símbolo de su campaña. Ofrece un gobierno amplio de coalición nacional, convocando a sectores más allá de la izquierda. Ya ha avanzado en cerrar acuerdos en ese sentido. Para enfrentar la creciente delincuencia ha anunciado como primera acción derogar las “leyes procrimen”, dadas por el actual Congreso controlado por una coalición derechista que encabeza el fujimorismo, que limitan la capacidad fiscal para investigar al crimen organizado y la corrupción política. También anuncia que impulsará que el nuevo Congreso derogue las leyes de impunidad que favorecen a los acusados de violaciones a los derechos humanos dadas por el actual Parlamento. Se ha comprometido a mantener al Perú en la Corte IDH.

En el terreno económico, ofrece mejorar la recaudación fiscal y terminar con las exoneraciones tributarias a grandes grupos de poder económico para invertir esos recursos en fortalecer los programas sociales, aumentar los presupuestos para educación y salud, respetar la autonomía del Banco Central de Reserva, programas de apoyo a las micro y pequeñas empresas y a la agricultura familiar que es la mayoritaria en el país, defender los derechos laborales, el aumento del sueldo mínimo, priorizar el combate a la pobreza.

El amplio triunfo de Sánchez en el debate del domingo pasado, el respaldo que ha recibido en los últimos días de varios candidatos presidenciales de distintas tendencias, su alianza con partidos políticos desde la izquierda a la centroderecha y con sindicatos y organizaciones sociales, los mensajes esta semana en redes sociales de líderes de opinión y personalidades que habían dicho viciarían su voto y que ahora señalan que por el peligro autoritario que representa el fujimorismo han decidido cambiar y votarán por Sánchez, le han dado a la candidatura progresista un importante impulso en el decisivo tramo final de la campaña. Está por verse si le alcanza.

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DECLIVE HEGEMÓNICO, ASCENSO DEL SUR GLOBAL ¿DESCOLONIZACIÓN?

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“La migración se vuelve un indicador esclarecedor, es decir, las potencias en ascenso suelen integrar fuerza de trabajo, y las potencias en declive tienden a securitizar fronteras y administrar la crisis mediante exclusión. Por eso Estados Unidos endurece sus políticas migratorias, criminaliza a los migrantes y busca cerrar fronteras, construir muros, aumentar las inhumanas deportaciones y fortalecer el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, todo lo cual refleja no sólo racismo estructural sino debilitamiento económico y social interno. China y otras economías asiáticas, por el contrario, avanzan en un proceso distinto: absorben a su población, amplían mercados internos, desarrollan infraestructura y, progresivamente atraen migración.  Por otro lado, la resistencia al orden hegemónico estadunidense no proviene de un único bloque ideológico, sino que es heterogéneo lo que podría explicar tanto la conformación de organismos tales como el BRICS+ y por qué es el Sur global el que busca alcanzar un orden mundial multipolar y la autonomía estratégica para Asia, África, América Latina y Medio Oriente. 

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El presidente chino, Xi Jinping junto al mandatario bnrasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín, el 13 de mayo de 2025. Foto Afp

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Por. Ana María Aragonés.

Fuente. Diario La Jornada Ciudad de México sábado 6 de junio del 2026.

En el siglo XX, la crisis de 1929 y la Segunda Guerra Mundial debilitaron a las viejas potencias europeas, lo que permitió la independencia formal de países de Asia, África y el Caribe. Parecía darse por hecho que independencia era igual a descolonización, pero el colonialismo se amplió a través de la consolidación de la dependencia, la deuda, el comercio desigual, el control tecnológico y una profunda subordinación, sobre todo a los organismos internacionales creados al término de la guerra. 

La hegemonía inglesa entró en declive, tomó su lugar Estados Unidos y el colonialismo continuó. Las potencias coloniales crearon fronteras y dividieron a los países manteniendo en su interior grupos étnicos distintos que, enfrentados entre ellos, les permitía a esas potencias imponer líderes y caciques que actuaron en favor del colonizador. 

Si algún líder buscaba la superación de esas condiciones era, en muchas ocasiones, asesinado, como fue el caso de Thomas Sankara en 1987, presidente del llamado Alto Volta, nombre que él mismo cambió a Burkina Faso en 1984. En relación con América Latina, el efecto emancipador de los teóricos latinoamericanos fue cercenado por las brutales dictaduras para impedir que la región superara dependencia y subordinación. 



Hay que resaltar que veintinueve países asiáticos y africanos recién independizados decidieron, frente a la bipolaridad de la Guerra Fría, reunirse en Bandung (Indonesia) en la Conferencia Afroasiática en 1955. 

Se reunieron “no para pedir un lugar en la mesa del poder mundial, sino para construir otra mesa”, y lanzaron un conjunto de principios para la coexistencia pacífica que hoy suenan actuales (Javier Vadell). Sin embargo, como señala el autor, la globalización neoliberal en los años 90 y la implosión de la Unión Soviética fragmentaron al Sur global y “el espíritu de Bandung se declaró obsoleto”. 

En el siglo XXI ocurre algo comparable, pero en otro nivel. La crisis de 2008 mostró los límites del capitalismo financiero occidental y se aceleró el cuestionamiento del orden unipolar construido tras la Guerra Fría

Estados Unidos está en un declive hegemónico que se expresa en parte por un desplazamiento estructural del centro económico eurooccidental mundial hacia el sudeste asiático, dentro del cual China representa el caso más sobresaliente no sólo porque resistió la subordinación colonial, sino que logró industrializarse, desarrolló tecnología a niveles extraordinarios, sacó de la pobreza a 800 millones de personas y ha mostrado una sustancial disciplina económica con el cumplimiento de los llamados planes quinquenales. 

China está dispuesta a relacionarse con otros países no a través de amenazas, sino de la cooperación. Por eso resultan de enorme interés proyectos como la iniciativa de la franja y la Ruta de la Seda, que se han convertido en un centro de articulación económica para Asia, África y partes de América Latina. No obstante, China enfrenta problemas demográficos: por un lado, el envejecimiento de la población, además de la caída de los índices de natalidad. 

Estas son consecuencias de las políticas demográficas impuestas a partir de 1979 que obligaba a las parejas a tener sólo un hijo, de lo contrario eran seriamente penalizados, sobre todo laboralmente. Ahora esa política se ha flexibilizado; sin embargo, hay una enorme resistencia por parte de las parejas no solo acostumbradas a familias con un sólo hijo, sino al elevado costo que supone.



Pero, por otro lado, lo que muestran los datos de su modelo económico actual es que China ya no sólo retiene población que es absorbida en sectores industriales, tecnológicos y urbanos, sino que comienza a atraer migración, mostrando una transformación histórica del sistema mundial y confirmando así algunos supuestos que hemos ido planteando. 

En primer lugar, que procesos de desarrollo absorben a la población nativa, se elimina prácticamente la emigración forzada y se hace efectivo el derecho a no migrar. Por eso, las ciudades chinas empiezan a atraer estudiantes, trabajadores especializados, comerciantes y empresarios extranjeros, especialmente del Sur global. 

Es importante recordar que hace pocos años realizamos un estudio en el que claramente se observaba que en Estados Unidos, la migración proveniente de China alcanzaba niveles superiores a los migrantes procedentes de México, lo que sucedía por primera vez. Ahora la situación ha dado un vuelco. 

La migración se vuelve un indicador esclarecedor, es decir, las potencias en ascenso suelen integrar fuerza de trabajo, y las potencias en declive tienden a securitizar fronteras y administrar la crisis mediante exclusión. Por eso Estados Unidos endurece sus políticas migratorias, criminaliza a los migrantes y busca cerrar fronteras, construir muros, aumentar las inhumanas deportaciones y fortalecer el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, todo lo cual refleja no sólo racismo estructural sino debilitamiento económico y social interno. China y otras economías asiáticas, por el contrario, avanzan en un proceso distinto: absorben a su población, amplían mercados internos, desarrollan infraestructura y, progresivamente atraen migración. 

Por otro lado, la resistencia al orden hegemónico estadunidense no proviene de un único bloque ideológico, sino que es heterogéneo lo que podría explicar tanto la conformación de organismos tales como el BRICS+ y por qué es el Sur global el que busca alcanzar un orden mundial multipolar y la autonomía estratégica para Asia, África, América Latina y Medio Oriente. 

“Alianzas sin subordinación, solidaridad sin amenazas” Aime Césaire

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