martes, 13 de octubre de 2026

EL DERECHO A DESPEDIR AL JEFE.

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"Se dirá también que Uruguay ya tiene el juicio político y las elecciones cada cinco años․ Pero el juicio político es un asunto de élites‚ resuelto entre legisladores que responden a los mismos partidos que sostienen al presidente o a la oposición, más o menos ambos ungidos por los dueños del capital․ Cuando la distancia entre lo prometido en campaña y lo hecho desde el gobierno se exhibe con descarado paternalismo‚ la ciudadanía asiste como espectadora a su propia humillación․ La escuela de la resignación y la queja inconducente ha sido la madre de esta pornografía política. "Una sociedad que aprende que votar es una apuesta irrevocable‚ acaba votando con desconfianza y‚ a la larga‚ dejando de participar․ La vieja constatación que escribíamos en 2013 para una revista jurídica: lo peor que le puede pasar a una democracia es que sus ciudadanos dejen la política en manos de los políticos (Revista Forumul Judecãtorilor, Nr. 1/2014). Al fin de cuentas, en un mundo aleccionado por los dogmas capitalistas, siempre son los amos de las grandes corporaciones y sus marionetas en el sistema político quienes no se someten a sus propias leyes. El “derecho sagrado” de un empresario de quitarle el empleo a alguien que, a su juicio, no está cumpliendo con las expectativas no se aplica a los de arriba. La libertad de los poderosos está protegida por el dinero y la legalidad; la libertad de los sin poder, por los derechos y la legitimidad. Ni unos ni otros se logran y se defienden sin alguna forma de lucha radical.

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Fuentes: Rebelión - Imagen: Mural de Banksy en un muro del Tribunal Real de Justicia en Londres, un juez golpea a una persona que protesta.

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EL DERECHO A DESPEDIR AL JEFE.

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Por Jorge Majfud | 13/10/2026 | Opinión

Fuentes. Revista Rebelión martes 13 de octubre del 2026.

Son los pueblos los que ponen todo el dinero y toda la sangre que alimenta un sistema administrado por la secta de los señores neofeudales, infinitamente más corrupto, más degenerado y brutal que la República y que el Imperio Romano juntos.

Según escribió Cicerón en Disputas tusculanas (casi tres siglos antes del dictador que gobernaba Roma, Julio César), el tirano de Siracusa‚ Dionisio‚ cansado de la adulonería y de la envidia de su cortesano Damocles‚ lo invitó a sentarse en su trono․ Damocles no disfrutó del banquete más de unos minutos․ Cuando miró hacia arriba‚ vio que sobre su cabeza colgaba una espada sostenida por una cerda de caballo․

Era una advertencia política: quien manda vive bajo una permanente amenaza. Si es consciente de ella, estará alerta de las consecuencias de cada una de sus decisiones․ Por entonces, los pueblos eran más temidos que los ricos de la ciudad. Por entonces, eran los más ricos quienes debían costear la mayor parte de las guerras que se atrevían a promover.

Julio César fue asesinado un año después de que Cicerón publicara Disputas tusculanas. No fue asesinado por su pueblo, sino por un grupo de senadores que representaban a la oligarquía romana. Fue un acto de traición mutua, ya que estos senadores habían sido sus principales aliados en el gobierno. Exactamente treinta años después, Plutarco reportó sobre el asesinato de Quinto Sertorio en Hispania a manos de oficiales mercenarios, quienes no recibieron la compensación esperada, lo que produjo el clásico recordatorio de que “Roma no paga traidores”.


Roma. Una conspiración política, más de 60 senadores y más de 20 puñaladas el día que asesinaron a Julio César,
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Dos mil años después‚ hemos logrado el prodigio contrario․ No son los ricos quienes pagan por las guerras que inventan, sino quienes cobran por ellas. Son los pueblos los que ponen todo el dinero y toda la sangre que alimenta un sistema administrado por la secta de los señores neofeudales, infinitamente más corrupto, más degenerado y brutal que la República y que el Imperio Romano juntos.

De forma sistemática, y sobre todo en las auto perceptivas democracias liberales, los traidores son los Julio César y sus oligarcas; son los Quinto Sertorio y sus oficiales. Son los títeres que el titiritero hará que se maten entre sí, para distracción del pueblo. Son los Yamandú Orsi y las Delsy Rodríguez por izquierda. Son los Milei, los Kast, los Fujimori, los Bolsonaro y los de la Espriella por la derecha.

Hemos construido repúblicas donde la espada de Damocles cuelga sobre la cabeza del ciudadano‚ no sobre la del gobernante․ Los presidentes marionetas, luego de haber traicionado a sus pueblos y a sí mismos‚ duermen tranquilos․ Saben o creen que durante cuatro u ocho años‚ pase lo que pase‚ nadie puede tocarlos. Como lo demuestra la historia, esta es una ilusión; pero la historia también demuestra que justicia que tarda no llega, porque los humanos no podemos esperar cien años. Ni siquiera tenemos juventudes de repuesto como forma de reparar el tiempo perdido.

Cada cuatro o cinco años, los ciudadanos de los países auto percibidos como democracias plenas, como la uruguaya, firman un contrato en blanco․ Eligen a un presidente y‚ si después descubren que las promesas eran de utilería‚ solo les queda la terapia, la resignación y la paciencia republicana hasta que el circo regrese al pueblo․

Lo que les espera los vende patria, cusando los pueblos despierten.

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Uruguay se enorgullece‚ con alguna razón‚ de su tradición cívica‚ que incluye el plebiscito y el referéndum‚ como el de 1989 que confirmó la impunidad para los violadores de los Derechos Humanos y en los noventa frenó las privatizaciones en contra del casi unánime apoyo de los políticos a favor del Conceso de Washington․ Pero ni Uruguay ni Argentina ni Brasil ni Chile ni Paraguay ni Perú tienen un mecanismo para que los ciudadanos revoquen a sus presidentes․ Los impeachment no son confiables, porque están mediados por un cuerpo representativo inventado para la “responsable estabilidad” de los mayores accionistas de cada país.

En las democracias controladas, las leyes las escriben los poderosos, los señores feudales del capital, casi siempre residentes de las capitales imperiales. Cuando los intereses de los trabajadores no los ofende ni los incomodan por su modestia, también salen aprobarse como logros del pueblo organizado. Con todo, una ley puede derogarse; un mandato no. Menos cuando la marioneta le hace buena letra a aquellos que tienen el verdadero poder de promover, comprar, extorsionar y remover․

Otras sociedades tienen este instrumento de remoción, aunque pocas veces han sido usados․ En California‚ Gray Davis fue destituido en 2003‚ mientras que Newsom sobrevivió a su recall en 2021․ En Venezuela‚ Bolivia, Ecuador y México‚ la revocatoria se ha incluido en las constituciones de esos países durante las presidencias de Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Manuel López Obrador. En Colombia (aprobada por César Gaviria)‚ la revocatoria está disponible para alcaldes y gobernadores‚ pero los requerimientos son tan altos que no hay casi casos․

Como resulta más que obvio, el instrumento no es suficiente para una democracia más justa y directa, pero no deja de ser una útil espada de Damocles y un instrumento democrático no se mide por las veces que se usa‚ sino por lo que evita․ Un extintor tampoco está para apagar incendios todos los días․ La revocatoria no es sólo un castigo․ Es‚ ante todo‚ una forma de educación política․

Las objeciones son previsibles: el instrumento puede convertirse en el arma de los malos perdedores; puede derivar en un estado de campaña permanente․ Los experimentos históricos dicen lo contrario y, además, siempre hay que comenzar una reflexión política preguntándonos si estos argumentos les sirven a quien tiene el verdadero poder o a los pueblos. También las generosas donaciones se usan para hacer el mal. Por eso, cada proyecto de reforma debe ser cuidadoso en su letra para garantizar ese derecho popular y evitar un nuevo secuestro de las buenas intenciones.

La instrumentalización puede exigir que un alto porcentaje de ciudadanos firmen y que no se pueda hacer en el primer ni en el último año del mandato․ El diseño correcto de un instrumento es la forma civilizada de no renunciar a él․

Se dirá también que Uruguay ya tiene el juicio político y las elecciones cada cinco años․ Pero el juicio político es un asunto de élites‚ resuelto entre legisladores que responden a los mismos partidos que sostienen al presidente o a la oposición, más o menos ambos ungidos por los dueños del capital․ Cuando la distancia entre lo prometido en campaña y lo hecho desde el gobierno se exhibe con descarado paternalismo‚ la ciudadanía asiste como espectadora a su propia humillación․ La escuela de la resignación y la queja inconducente ha sido la madre de esta pornografía política.

Una sociedad que aprende que votar es una apuesta irrevocable‚ acaba votando con desconfianza y‚ a la larga‚ dejando de participar․ La vieja constatación que escribíamos en 2013 para una revista jurídica: lo peor que le puede pasar a una democracia es que sus ciudadanos dejen la política en manos de los políticos (Revista Forumul Judecãtorilor, Nr. 1/2014).

Al fin de cuentas, en un mundo aleccionado por los dogmas capitalistas, siempre son los amos de las grandes corporaciones y sus marionetas en el sistema político quienes no se someten a sus propias leyes. El “derecho sagrado” de un empresario de quitarle el empleo a alguien que, a su juicio, no está cumpliendo con las expectativas no se aplica a los de arriba. La libertad de los poderosos está protegida por el dinero y la legalidad; la libertad de los sin poder, por los derechos y la legitimidad.

Ni unos ni otros se logran y se defienden sin alguna forma de lucha radical.

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lunes, 12 de octubre de 2026

¡YA NO QUIERO SER SOLO UN SOBREVIVIENTE! POR MARIANELLA LEDESMA.

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“Keiko Fujimori representa políticamente, en buena medida, la continuidad de una identidad política vinculada a su padre y, por ello, sus acciones de gobierno tendrán que definir qué memoria debe prevalecer. Unos recuerdan a Fujimori padre enfrentando al terrorismo y la crisis económica, y recuperando el orden; otros, como el líder de un gobierno autoritario, violador de derechos humanos, corrupto y que promovió el debilitamiento democrático. Sospecho que Fujimori hija escribirá su propia historia, no como una estadista, sino como la continuación de Dina Boluarte II. Si sobrevivir implica perder la alegría, no podemos resignarnos a ser solo sobrevivientes. Hay que asumir el cambio, la posibilidad de decidir sobre nuestra propia existencia y dejar un futuro para los que vienen, como dice Víctor Heredia. Sin embargo, en el caso peruano, el futuro no es alentador: basta mirar la estadística migratoria de miles de jóvenes que abandonan nuestro país para buscar mejores posibilidades de vida y desarrollo.

“No se trata de elegir entre sobrevivir al terrorismo, sobrevivir a la inseguridad, sobrevivir a la crisis económica o sobrevivir a la inestabilidad política. Se trata de vivir bajo un Estado social que funcione y que, al mismo tiempo, respete nuestros derechos. Un Estado que tenga como eje principal a la persona humana y el cumplimiento de sus deberes constitucionales, como proteger a la población de las amenazas contra su seguridad (art. 44 de la Constitución). La canción de Víctor Heredia, “Sobreviviendo”, es una demanda ética y social al Estado y a la sociedad: no basta con preservar formalmente la vida; una sociedad democrática debe crear condiciones para que las personas puedan desarrollar una existencia digna, segura y con futuro. Por ello, quizá la frase que mejor resume toda la canción sea: “Ya no quiero ser solo un sobreviviente”.

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La República.

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¡YA NO QUIERO SER SOLO UN SOBREVIVIENTE!

POR MARIANELLA LEDESMA.

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"Hay que recordar que una democracia no solo debe permitir votar, sino evitar que el ciudadano tenga que escoger entre libertad y seguridad, esto es, entre vivir y sobrevivir"

Por Marianela Ledesma.

Abogada. Dr en Derecho.

Ex Presidente del Tribunal Constitucional.

Fuente. La República lunes 12 de octubre del 2026.

Una de las canciones de Víctor Heredia nos invita a preguntarnos: ¿cómo vivimos? Sobreviviendo, diríamos, ¡sobreviviendo!

En nuestro país, no se vive, sino que se sobrevive, y ello implica una diferencia profunda. Vivir implica disfrutar, proyectarse, tener esperanza y libertad. Sobrevivir implica, simplemente, resistir ante circunstancias que amenazan constantemente la vida y la dignidad. No se debe buscar que las personas estén jurídicamente vivas, sino que tengan las condiciones sociales que les permitan vivir realmente.

Bajo una sensación de cansancio histórico, algunos dirán: ¿cuándo en el Perú se pudo vivir? La mayoría de los peruanos somos sobrevivientes históricos. Contemporáneamente, hemos sobrevivido a la hiperinflación del primer gobierno de García, al terrorismo y, ahora, tenemos que hacer frente a la criminalidad y a los pasivos del desorden ambiental que genera la minería ilegal.

Nuestro país está enfermo, sigue enfermo; adolece de muchos problemas, como la inestabilidad política, la debilidad institucional, una permanente corrupción, el aumento de la criminalidad, la desigualdad y la informalidad económica, a lo que se agregan los conflictos socioambientales vinculados a la minería ilegal e informal, la trata de personas, la tala ilegal, la afectación de los territorios de las comunidades en la Amazonía, el pasivo ambiental acumulado en muchas partes de nuestro territorio, etc. Todo ello afecta nuestro bienestar. Sin embargo, me pregunto si quienes ejercen el gobierno tendrán un real compromiso por gestionar estas enfermedades.

Frente a este abanico de males, se ofertó una serie de soluciones en estas últimas elecciones generales. Sin embargo, nada ha cambiado: seguimos con el mismo libreto, con los mismos políticos y funcionarios de siempre.



Ya no se vive, sino se sobrevive.

En estos últimos tiempos se ha incrementado la inseguridad ciudadana y la criminalidad. El sicariato y la extorsión, que buscan el cobro de cupos locales (a pequeños y grandes negocios), junto con la corrupción, son la mayor preocupación de la ciudadanía.

El analista de datos Juan Carbajal ha alertado que las denuncias por secuestro apuntan a superar los 5.000 casos en 2026. Es la cifra más alta registrada desde 2020, con un promedio de 14 casos diarios a nivel nacional.

¿Qué hacer frente al incremento de la criminalidad? Esa problemática ha sido materia de la oferta electoral en las recientes elecciones generales. El fujimorismo, grupo político ganador, ha puesto énfasis en el ejercicio de la “mano dura” y ha pedido al Congreso que le delegue facultades para legislar y enfrentar la criminalidad.

La Cámara de Diputados ha otorgado esas facultades y continuará su trámite en el Senado. Eso significa que pronto veremos:

a) la mano dura y el orden, comenzando por la reforma policial; b) la intervención del régimen carcelario;

c) la modificación de las leyes que dificultan la investigación y el juzgamiento de la criminalidad;

d) el tratamiento especializado para la delincuencia juvenil;

e) la dotación de recursos materiales para la investigación del Ministerio Público;

f) el control migratorio, teniendo en cuenta que la criminalidad supera fronteras territoriales; y

g) un procedimiento penal sumarísimo, pero con garantías mínimas, etc.

Las facultades para legislar que solicitó el Ejecutivo se han concedido, en este primer tramo, por la Cámara de Diputados. Pronto, el partido de gobierno tendrá todo en sus manos; veremos cómo gestiona los recursos del Estado para controlar la criminalidad, a partir del marco jurídico que el Ejecutivo elaborará.

Hay que recordar que una democracia no solo debe permitir votar, sino evitar que el ciudadano tenga que escoger entre libertad y seguridad, esto es, entre vivir y sobrevivir.


¡Memoria que lástima!

La palabra sobreviviendo representa también a una parte de la sociedad que continúa marcada por las heridas de su pasado político.

Por un lado, existe un sector de ciudadanos que puede interpretar al fujimorismo como una forma de “sobrevivir” frente al terrorismo, la inseguridad, la crisis económica o el desorden político.

Pero existe otra memoria, completamente distinta: la de quienes recuerdan el autoritarismo, la corrupción, las violaciones de derechos humanos y el debilitamiento institucional.

La canción de Víctor Heredia incorpora la memoria colectiva para mostrar cómo determinados acontecimientos históricos permanecen en la conciencia de una sociedad. Recordar no siempre es un acto neutral. Hay acontecimientos históricos que continúan afectando emocional y socialmente a quienes los vivieron y a las generaciones posteriores. Por ello, hay una deuda social pendiente con las familias de los desaparecidos en la época del conflicto armado y de las personas asesinadas en las protestas sociales contra el gobierno de Dina Boluarte, quienes hasta hoy no encuentran justicia, por citar algunos casos.

Keiko Fujimori representa políticamente, en buena medida, la continuidad de una identidad política vinculada a su padre y, por ello, sus acciones de gobierno tendrán que definir qué memoria debe prevalecer. Unos recuerdan a Fujimori padre enfrentando al terrorismo y la crisis económica, y recuperando el orden; otros, como el líder de un gobierno autoritario, violador de derechos humanos, corrupto y que promovió el debilitamiento democrático. Sospecho que Fujimori hija escribirá su propia historia, no como una estadista, sino como la continuación de Dina Boluarte II.

Si sobrevivir implica perder la alegría, no podemos resignarnos a ser solo sobrevivientes. Hay que asumir el cambio, la posibilidad de decidir sobre nuestra propia existencia y dejar un futuro para los que vienen, como dice Víctor Heredia. Sin embargo, en el caso peruano, el futuro no es alentador: basta mirar la estadística migratoria de miles de jóvenes que abandonan nuestro país para buscar mejores posibilidades de vida y desarrollo.

No se trata de elegir entre sobrevivir al terrorismo, sobrevivir a la inseguridad, sobrevivir a la crisis económica o sobrevivir a la inestabilidad política. Se trata de vivir bajo un Estado social que funcione y que, al mismo tiempo, respete nuestros derechos. Un Estado que tenga como eje principal a la persona humana y el cumplimiento de sus deberes constitucionales, como proteger a la población de las amenazas contra su seguridad (art. 44 de la Constitución).

La canción de Víctor Heredia, “Sobreviviendo”, es una demanda ética y social al Estado y a la sociedad: no basta con preservar formalmente la vida; una sociedad democrática debe crear condiciones para que las personas puedan desarrollar una existencia digna, segura y con futuro. Por ello, quizá la frase que mejor resume toda la canción sea: “Ya no quiero ser solo un sobreviviente”.

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domingo, 11 de octubre de 2026

PROTESTAS SACUDEN TABLERO POLÍTICO FRANCÉS.

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Así, la candidata de RN, Marine Le Pen, y los exprimeros ministros Édouard Philippe y Gabriel Attal, de la centroderecha, coinciden en rechazar la violencia que consideran injustificada de los jóvenes y la necesidad de mantener el orden público, destaca Le Monde. El secretario nacional del Partido Socialista, Oliver Fauré, acusa al poder de haber despreciado a la juventud y respondido con la fuerza, mientras el jefe de los diputados socialistas, Boris Vallaud, llama a prohibir granadas utilizadas contra los liceístas. Lo cierto es que las protestas estudiantiles, que en 1968 confluyeron con una huelga general que llegó a movilizar a millones de trabajadores y pusieron en jaque al gobierno de Charles de Gaulle, constituyen una sacudida al tablero político, difícil de ignorar.

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Fot. Prensa latina.

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PROTESTAS SACUDEN TABLERO POLÍTICO FRANCÉS.

LA EDUCACIÓN.

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Por Antonio Rondón.

Fuente. Prensa latina sábado 10 de octubre del 2026.

París, 11 oct (Prensa Latina) Tres semanas de protestas estudiantiles constituyen hoy una sacudida para el tablero político francés, con la amenaza de “posarse” como un problema social más amplio, en medio de la situación económica nacional.

El presidente francés, Emmanuel Macron, se mantuvo más bien al margen de la crisis de los estudiantes, para, en su lugar, dedicarse a buscar cómo asegurar los suministros energéticos de su país, mientras delegó responsabilidades al primer ministro Sébastien Lecornu.

La coincidencia en dos ocasiones, el 29 de septiembre y el 6 de octubre, de las manifestaciones en los liceos con dos llamados de huelga de centrales sindicales del sector público y el paro convocado para el 13 de este mes, hablan, precisamente, de señales inquietantes.

El politólogo Frédéric Dabi, director general de la firma Ifop, interpreta el fenómeno como una crisis más amplia de escucha política, no únicamente como una protesta contra el mandatario, cuyo nombre apareció en las demostraciones juveniles con un sentido bien negativo.

Tal descontento se alimenta de la falta de recursos educativos y de la incertidumbre sobre el futuro, en un país sometido a tensiones presupuestarias, pérdida de poder adquisitivo y conflictos laborales, considera Dabi.



La fusión de esos elementos constituye un motivo clave de preocupación para las autoridades galas, más allá de los innegables excesos de vandalismo observados en varias decenas de instituciones de todo el territorio francés.

El caldo de cultivo está en la falta de climatización en las aulas y de personal docente, las clases sin cubrir, las condiciones materiales de los centros, la incertidumbre sobre el futuro y la percepción de que las instituciones no escuchan a los jóvenes.

Más allá de que en el presupuesto para 2027 figuren reducciones de educadores del nivel primario y secundario, como afirma el diario Le Monde, un reclamo que sale cada vez más a relucir en las protestas es el futuro de los adolescentes, un punto difícil de resolver en breve.

El caso es que cuando se habla del futuro de la juventud, se llega al asunto estratégico sobre oportunidades del futuro de la fuerza laboral en Francia y ello se acerca a las reclamaciones que hace, por ejemplo, el sector público contra recortes del presupuesto.

La cadena continúa con las demandas cada vez más frecuentes de una clase obrera que se resiste a aceptar recortes en el presupuesto de 2027 de 54 mil millones de euros que atañen a la pensión de los jubilados, además de las reducciones para el sector público.


Francia enfrenta grandes dificultades con el alza de los combustibles que se une a un verano catastrófico para la economía nacional: sequía sin precedentes, incendios forestales y una canícula que dejó daños por unos 15 mil millones de euros, comenta BFMTV.

Todo ello presiona a la inflación, con un aumento de los precios que lleva a la sociedad gala a hacer, cada vez con más frecuencia, cuestionamientos sobre pasos en política exterior del ejecutivo, señalan expertos del canal France 24.

Por otro lado, las protestas tienen una interesante acogida en la opinión pública gala: una encuesta de Ipsos-BVA para el diario Le Parisien mostró que el 54 por ciento de los interrogados apoya las manifestaciones estudiantiles.

Las demandas de reducir el número de alumnos por aula y renovar los centros educativos reciben el respaldo del 82 por ciento y el 79, respectivamente.

Además, el 69 por ciento prefiere que el Gobierno dialogue con los liceístas antes que limitarse a terminar las movilizaciones.

Tal disposición de la opinión pública y el carácter abarcador de las demostraciones convirtió ese asunto en un punto inevitable en la campaña electoral presidencial, lo cual obligó a los diferentes candidatos a pronunciarse sobre un problema sin resolver.

La Francia Insumisa, de Jean-Luc Mélenchom se vio implicada en las protestas, al respaldar en las calles el reclamo de los estudiantes, un hecho convertido en diana de partidos de la derecha como la ultraderechista Alianza Nacional (RN) y la centroderecha.

Así, la candidata de RN, Marine Le Pen, y los exprimeros ministros Édouard Philippe y Gabriel Attal, de la centroderecha, coinciden en rechazar la violencia que consideran injustificada de los jóvenes y la necesidad de mantener el orden público, destaca Le Monde.

El secretario nacional del Partido Socialista, Oliver Fauré, acusa al poder de haber despreciado a la juventud y respondido con la fuerza, mientras el jefe de los diputados socialistas, Boris Vallaud, llama a prohibir granadas utilizadas contra los liceístas.

Lo cierto es que las protestas estudiantiles, que en 1968 confluyeron con una huelga general que llegó a movilizar a millones de trabajadores y pusieron en jaque al gobierno de Charles de Gaulle, constituyen una sacudida al tablero político, difícil de ignorar.

ro/to

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sábado, 10 de octubre de 2026

NAVI PILLAY, JURISTA Y EXPRESIDENTA DEL GRUPO DE EXPERTOS DE LA ONU QUE ACUSÓ A ISRAEL DE GENOCIDIO, PREMIO NOBEL DE LA PAZ 2026.

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“En este sentido, Navi Pillay ha exigido “responsabilidades a los Estados y a los líderes nacionales y ha aportado esperanza a las víctimas de la violencia y los conflictos”, valora el Comité Nobel. “En todos los cargos que ha ocupado, ha hecho hincapié en la responsabilidad de las personas y los Estados de respetar el Estado de derecho. También ha contribuido a definir las normas y los principios jurídicos pertinentes. Cuando el Tribunal Penal Internacional para Ruanda estableció que la violación y la violencia sexual podían constituir un crimen contra la humanidad —además de un genocidio—, su influencia fue un factor determinante. En el mismo caso, la señora Pillay desempeñó un papel decisivo en otro avance jurídico: por primera vez, un acusado se enfrentó a cargos de incitación al genocidio basándose únicamente en la difusión de propaganda”, agrega.

“El director del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo, Haakon Gjerløw, considera que la concesión del Premio Nobel de la Paz a Navi Pillay es “una elección acertada y oportuna” por parte del Comité Nobel. “Pone de relieve la necesidad de un orden mundial estable y basado en el derecho para promover la paz, y sitúa la rendición de cuentas en el centro de los procesos de paz”, dice en un comunicado. “En un momento en el que estos marcos jurídicos se ven sometidos a una presión cada vez mayor, este premio envía un mensaje claro: la paz no solo depende del liderazgo político, sino también de instituciones internacionales sólidas y creíbles, y de las personas valientes que dedican su vida a defenderlas”.

En medio de la catarata de reacciones positivas, la concesión del premio ha levantado ampollas en Israel, como es habitual cada vez que una persona destacada o institución internacional pone en tela de juicio sus acciones contra la población palestina, que han provocado una condena generalizada. El Ministerio de Asuntos Exteriores israelí ha asegurado que, con el reconocimiento, el Comité Nobel ha premiado “la mayor mentira del siglo XXI” y “Joseph Goebbels (el otrora jefe de la propaganda nazi) seguramente estará aplaudiendo desde el infierno”. “Si existiera un premio a las mentiras, el odio y los libelos de sangre, Navi Pillay no sería solo una aspirante. Sería la favorita”, reza su mensaje en la red social X, en el que también acusa a la galardonada de desempeñar un papel en la “implacable demonización de Israel, con motivaciones políticas”, y en la supuesta promoción de lo que denomina la “genomentira”, un juego de palabras entre genocidio y mentira. “Conceder a Pillay el Premio Nobel de la Paz no es un reconocimiento de la justicia. Es la grotesca instrumentalización de un premio para legitimar el odio y los prejuicios contra Israel”, añade.

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Fuentes: El diario [Foto: Imagen de archivo de Navi Pillay. Martial Trezzini / EFE]

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NAVI PILLAY, JURISTA Y EXPRESIDENTA DEL GRUPO DE EXPERTOS DE LA ONU QUE ACUSÓ A ISRAEL DE GENOCIDIO, PREMIO NOBEL DE LA PAZ 2026.

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Por. Por Icíar Gutiérrez | 10/10/2026 | Feminismos.

Navi Pillay, jurista y expresidenta del grupo de expertos de la ONU que acusó a Israel de genocidio, premio Nobel de la Paz 2026

Navanethem “Navi” Pillay, distinguida jurista sudafricana con una dilatada carrera en instituciones en defensa del orden jurídico mundial ha sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2026 “por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional”, según ha anunciado este viernes el presidente del Comité Nobel Noruego, Jørgen Watne Frydnes, que se ha referido a ella como “una de las grandes defensoras de los principios jurídicos internacionales de nuestra época”.

Pillay, de 85 años, fue jueza de la Corte Penal Internacional y presidenta del Tribunal Penal Internacional para Ruanda. También fue Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) y presidió de 2021 a 2025 la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado, que concluyó el año pasado que Israel había cometido genocidido en la Franja de Gaza. En la actualidad, es magistrada de la Corte Internacional de Justicia en el caso en el que Myanmar está acusado de genocidio.

“El Premio Nobel de la Paz de 2026 se concede a una persona que, con una valentía e integridad excepcionales, ha marcado el camino hacia un orden jurídico mundial más completo. La galardonada de este año ha desempeñado un papel fundamental a la hora de garantizar que se juzguen los crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad y el genocidio”, ha destacado el presidente del Comité Nobel. “El compromiso de Navi Pillay con los principios jurídicos universales y su firme brújula moral han sido constantes a lo largo de su dilatada carrera”, ha proseguido Jørgen Watne Frydnes, que ha destacado en primer lugar cómo la galardonada nació en el seno de una familia de origen tamil indio bajo el régimen del apartheid en Durban, en Sudáfrica, y se convirtió en abogada “y pionera en el ámbito jurídico, enfrentándose a una profunda discriminación estructural, segregación y exclusión”.

“Existe un hilo conductor que va desde sus primeros trabajos en defensa de Nelson Mandela y otras personas que se rebelaron contra el apartheid hasta su labor como jueza en algunos de los casos judiciales internacionales más importantes de nuestro tiempo”, ha añadido, antes de subrayar cómo “su independencia, su experiencia y su firmeza” la han convertido “en una de las juristas internacionales más respetadas de nuestro tiempo”.

“Si aplauden más fuerte, tal vez comparta este premio con Trump”

Agnes Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional, ha compartido en X un vídeo de la reacción de Pillay al galardón. Ambas se encontraban nada menos que en Núrenberg.

Tras recibir una ovación, Pillay bromea, provocando la risa de los presentes: “Si aplauden un poco más fuerte, tal vez comparta este premio con Trump”. Un guiño a lo que ocurrió con el último Nobel de la Paz, cuando el premio recayó en la líder de la oposición venezolana María Corina Machado, quien posteriormente entregó su medalla de oro del Nobel al presidente de EEUU. También explica que ya le habían comunicado que había ganado. “Le dije: ‘Debe de ser una broma”.

“Lo último que hice fue el informe sobre Gaza en el que se calificaba lo que está ocurriendo allí de genocidio. Una de las principales reacciones a ese informe [fue] que se me elogiara por mi valentía… ¿por qué se necesita valentía para decir la verdad?”, dice Pillay en el vídeo, entre aplausos.



Galardón en tiempos de presión contra el derecho internacional.

Con este galardón, el Comité Nobel ha querido lanzar un mensaje en tiempos de turbulencias.

“En una época de retos existenciales —entre los que se incluyen más guerras y conflictos de los que el mundo ha visto en mucho tiempo—, el derecho internacional ya no es solo un complemento de la paz y la seguridad. Es una necesidad absoluta. Y, sin embargo, el sistema del derecho internacional se encuentra sometido a una presión tremenda, y sus instituciones están siendo objeto de ataques. Observamos un giro hacia la política del poder a expensas de los marcos jurídicos y del respeto global por la ley y la justicia. Cada vez que la fuerza se impone al derecho, se socava la estabilidad, la confianza y la coexistencia pacífica”.

“Al otorgar el Premio Nobel de la Paz de este año, el Comité Noruego del Nobel quiere recordar al mundo que el Estado de derecho —tanto nacional como internacional— sustenta el sistema que hemos establecido para garantizar la paz y resolver los conflictos de forma no violenta. La paz requiere justicia”, ha añadido el presidente de la institución. “La historia ha demostrado que un mundo que funciona sin el imperio de la ley es injusto, imprudente e inhumano. Los jueces —aquellos que custodian la delgada línea roja entre el orden y el caos— merecen, por tanto, todo nuestro reconocimiento. Pero hoy, cuando estos mismos jueces son sancionados y sus instituciones son objeto de ataques, necesitamos personas con valentía, visión y determinación, cualidades que Navi Pillay demuestra en su labor como jueza”.

En un momento en el que estos marcos jurídicos se ven sometidos a una presión cada vez mayor, este premio envía un mensaje claro: la paz no solo depende del liderazgo político, sino también de instituciones internacionales sólidas y creíbles, y de las personas valientes que dedican su vida a defenderlas

Haakon Gjerløw — director del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo

En este sentido, Navi Pillay ha exigido

“responsabilidades a los Estados y a los líderes nacionales y ha aportado esperanza a las víctimas de la violencia y los conflictos”, valora el Comité Nobel. “En todos los cargos que ha ocupado, ha hecho hincapié en la responsabilidad de las personas y los Estados de respetar el Estado de derecho. También ha contribuido a definir las normas y los principios jurídicos pertinentes. Cuando el Tribunal Penal Internacional para Ruanda estableció que la violación y la violencia sexual podían constituir un crimen contra la humanidad —además de un genocidio—, su influencia fue un factor determinante. En el mismo caso, la señora Pillay desempeñó un papel decisivo en otro avance jurídico: por primera vez, un acusado se enfrentó a cargos de incitación al genocidio basándose únicamente en la difusión de propaganda”, agrega.



El director del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo, Haakon Gjerløw, considera que la concesión del Premio Nobel de la Paz a Navi Pillay es “una elección acertada y oportuna” por parte del Comité Nobel. “Pone de relieve la necesidad de un orden mundial estable y basado en el derecho para promover la paz, y sitúa la rendición de cuentas en el centro de los procesos de paz”, dice en un comunicado. “En un momento en el que estos marcos jurídicos se ven sometidos a una presión cada vez mayor, este premio envía un mensaje claro: la paz no solo depende del liderazgo político, sino también de instituciones internacionales sólidas y creíbles, y de las personas valientes que dedican su vida a defenderlas”.

En medio de la catarata de reacciones positivas, la concesión del premio ha levantado ampollas en Israel, como es habitual cada vez que una persona destacada o institución internacional pone en tela de juicio sus acciones contra la población palestina, que han provocado una condena generalizada. El Ministerio de Asuntos Exteriores israelí ha asegurado que, con el reconocimiento, el Comité Nobel ha premiado

“la mayor mentira del siglo XXI” y “Joseph Goebbels (el otrora jefe de la propaganda nazi) seguramente estará aplaudiendo desde el infierno”. “Si existiera un premio a las mentiras, el odio y los libelos de sangre, Navi Pillay no sería solo una aspirante. Sería la favorita”, reza su mensaje en la red social X, en el que también acusa a la galardonada de desempeñar un papel en la “implacable demonización de Israel, con motivaciones políticas”, y en la supuesta promoción de lo que denomina la “genomentira”, un juego de palabras entre genocidio y mentira. “Conceder a Pillay el Premio Nobel de la Paz no es un reconocimiento de la justicia. Es la grotesca instrumentalización de un premio para legitimar el odio y los prejuicios contra Israel”, añade.

Sucede a María Corina Machado.

La jurista sudafricana sucede así a la política opositora venezolana María Corina Machado, una elección que vino rodeada de polémica. En un gesto controvertido, Machado le entregó a Donald Trump su medalla del Nobel de la Paz poco después de que Estados Unidos secuestrara y encarcelara al entonces presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. La decisión recibió amplias críticas de la clase política noruega y llevó al Instituto Nobel a aclarar que el premio es inseparable del ganador e intransferible y que un laureado no puede compartirlo con otros ni transferirlo una vez que ha sido anunciado. Trump, que ahora libra una guerra contra Irán, lleva tiempo anhelando el premio y ha afirmado repetidamente que lo merece.

Este año, el Comité Nobel noruego había recibido 287 candidaturas para el premio de este año. Únicamente publica el número total de aspirantes y no confirma nombres hasta pasado medio siglo, que sólo se pueden conocer antes si los revelan quienes los han nominado. Los analistas habían señalado como posibles candidatos la Estación Espacial Internacional, los equipos de emergencia en Sudán, los defensores de los derechos de la infancia en Ucrania y dos de los principales tribunales internacionales.

La historia ha demostrado que un mundo que funciona sin el imperio de la ley es injusto, imprudente e inhumano. Los jueces —aquellos que custodian la delgada línea roja entre el orden y el caos— merecen, por tanto, todo nuestro reconocimiento. Pero hoy, cuando estos mismos jueces son sancionados y sus instituciones son objeto de ataques, necesitamos personas con valentía, visión y determinación, cualidades que Navi Pillay demuestra en su labor como jueza.



El Comité Nobel Noruego.

Según el testamento de Alfred Nobel, el magnate sueco creador de los premios, pueden designar candidatos al premio de la Paz catedráticos de universidad en Derecho, Historia y Ciencias Políticas, parlamentarios, antiguos laureados y miembros de tribunales internacionales, entre otros.

El de la Paz es el único de los seis premios Nobel que se otorga y se entrega fuera de Suecia, en Oslo, por deseo expreso del creador de los premios. Su testamento estipuló que se concedería a la persona

“que más o mejor haya trabajado por la fraternidad entre las naciones, por la abolición o reducción de los ejércitos permanentes y por la celebración y promoción de congresos de paz”. Lo decide el Comité Noruego del Nobel, un organismo independiente de cinco miembros designado por el Parlamento noruego.

En 125 años de historia, antes de esta nueva edición, el Nobel de la Paz ha premiado a 28 organizaciones y 112 personas. De ellas, solo 20 eran mujeres.

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