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“Donald Trump ha articulado una serie de amenazas y acciones concretas que,
en conjunto, buscan sembrar dudas
sobre la legitimidad del proceso y preparar el terreno
para no reconocer una eventual derrota republicana. En una
medida inédita, Trump anunció en su red Truth Social una recompensa
de un millón de dólares para cualquier persona que denuncie un caso
de fraude electoral (en comicios pasados o en los próximos) que derive
en una detención y condena. Esta oferta busca incentivar la creación
de un relato de fraude generalizado que justifique una impugnación
posterior. Existe un temor real a que Trump utilice la fuerza del
Estado para intimidar a votantes o interrumpir el recuento. Se ha especulado
con la posibilidad de que invoque la Ley de Insurrección para desplegar
la Guardia Nacional o de que agentes federales lleven a cabo
redadas migratorias cerca de los colegios electorales, para intimidar
a las minorías. El propio Trump ha expresado su arrepentimiento por no
haber confiscado las máquinas de votación en 2020.
“El martes 27, antes de partir hacia
dos actos de campaña en Texas,
un periodista le preguntó a Trump si respetaría el resultado,
fuera cual fuese. Respondió que sí, «si son elecciones honestas». La
fórmula es conocida: en 2016 prometió aceptar el resultado «si
gano»; en 2020 se negó a comprometerse; después perdió más de
sesenta demandas contra el escrutinio y jamás reconoció su
derrota. Siete de cada diez estadounidenses, según una encuesta
difundida en octubre, no creen que acepte el resultado de este
martes. Dicen que Milei vuelve a sentir el mismo escozor de samba que lo
atravesó el último domingo.
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JIM LO SCALZO. EFE
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EL PRECIPICIO ELECTORAL DE TRUMP.
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Por Jorge
Elbaum.
Fuente. Página /12 domingo 1 de noviembre del 2026.
Las elecciones legislativas del martes
3 de noviembre definirán el control del Congreso, pondrán a prueba la capacidad
de Donald Trump para
condicionar la institucionalidad electoral y habilitarán el relanzamiento
de las investigaciones, en la Cámara de Representantes, relativas a
los Archivos
Epstein. El impacto de la elección de medio término será relevante,
sobre todo, para América latina y el Caribe (ALyC), que vienen sufriendo
la ofensiva de la Doctrina
Donroe impulsada mediante bombardeos en aguas internacionales,
secuestros, financiamientos políticos ilegales y mecanismos de guerra
híbrida. Uno de los mandatarios de la región, Javier Milei, será uno
de los más atentos, dada la frustración vivida una semana atrás,
en la segunda vuelta electoral en Brasil, y su posterior complicidad
en la fuga de Favio Bolsonario. El futuro político y judicial del
presidente argentino depende cada vez más del magnate neoyorquino y
de la capacidad de este último para sostenerlo en términos financieros y
garantizarle un refugio seguro para 2027, para el caso de que abandone
sus ansias de reelección o que sea derrotado.
Los antecedentes de la campaña electoral estadounidense incluyen maniobras de extorsión, amenazas a los colegios electorales, propagación de noticias falsas, generación de pánico contra inmigrantes y contra los ciudadanos que no portan una imagen compatible con el fenotipo de los WASP (blancos anglosajones y protestantes). Este entramado persecutorio se combina con
(a) un malestar económico subyacente,
motivado por una inflación
sostenida, que repercute en lo que se conoce como la “asequibilidad”,
término con el que se designa el aumento del costo de vida. La Oficina
de Estadísticas Laborales informó que en septiembre el índice de precios
al consumidor aumentó un 3,7% interanual y un 0,6 mensual. En doce
meses, la energía subió 20 puntos porcentuales y los hidrocarburos,
un 35%. A este malestar se suman
(b) la incapacidad militar de derrotar
a la República Islámica de Irán,
que impulsó el incremento de la energía, y
(c) las promesas incumplidas de la
nueva panacea económica imperial, la Inteligencia Artificial (IA), que concentra una gran parte
de las inversiones, pero que todavía no brinda los beneficios esperados.
El último viernes, las acciones de Intel —uno de los animadores centrales
de la IA— se desplomaron un 25% después de que el
fabricante de chips informara resultados insuficientes.
Durante el último año, el inquilino de
la Casa Blanca ordenó al Departamento de Justicia (DOJ, por sus siglas en inglés) que atemorizara
a los sectores racializados y a los más vulnerables, para impedir
que voten. Además, se dispone a llevar a cabo apelaciones en todos los
Estados donde sean derrotados sus candidatos. En Alaska,
el DOJ advirtió que un triunfo de la senadora demócrata Mary Peltola
sería considerado como fraudulento porque la justicia electoral de ese
Estado aceptó a un candidato independiente que es un homónimo del postulante
MAGA, Sullivan. En California, los agentes federales
denunciaron que existen 20 mil votantes registrados cuya ciudadanía
debe ser cuestionada. El objetivo de los republicanos es impedir
que los ciudadanos legalmente nacionalizados concurran a las urnas ante
el potencial peligro de ser detenidos por el ICE (Servicio de
Inmigración y Control de Aduanas), por “portación de rostro”.
El martes 3 se empezará a completar el escrutinio de un largo proceso que se inició meses atrás con la emisión de los sufragios por correo. Ese mecanismo, disponible en casi la mitad de los Estados, fue cuestionado por Trump, pero el último 11 de agosto, un tribunal federal bloqueó cautelarmente la orden trumpista de 2026 que limitaba el reparto de papeletas por el Servicio Postal a listas de electores habilitados. Posteriormente, la Corte Suprema habilitó esa histórica forma de sufragio, situación que se constituyó en uno de los grandes reveses judiciales del republicano. Los votos que se empezarán a contabilizar el martes a la noche serán la base para la elección de las 435 bancas de la Cámara de Representantes. Serán el insumo, también, para la designación de las 35 bancas del Senado, aproximadamente un tercio de los 100 escaños efectivos.
En 36 Estados también se elegirán
gobernadores y magistrados de Cortes Supremas de 24 Estados. Además, en más de dos docenas de
los Estados se llevarán a cabo “elecciones de retención” en las que
la ciudadanía decidirá si los jueces en funciones tienen que ser
revocados o pueden continuar en funciones. Las elecciones de integrantes
del poder
judicial son abiertamente invisibilizadas
por los medios de ALyC para impedir que dichos procedimientos puedan
ser imitados a nivel regional.
El otro componente de la elección se
relaciona con el desbalance
de los recursos de campaña. Elon Musk destinó 366 millones de
dólares a grupos y campañas republicanas en el último año. El
monto refiere a la propaganda, la publicidad, la organización
territorial y, sobre todo, a la visibilidad diferencial que tienen
los candidatos. La supuesta equidad del voto convive con una escandalosa
disparidad para imponer imágenes, destrozar a rivales y manipular
consciencias. Además de los aportes de los tecnooligarcas, conviven
—para esta campaña— flujos de dinero
opaco que suman un total de mil millones de dólares, dos
tercios de los cuales han sido “invertidos” en los candidatos
republicanos.
Donald Trump ha articulado una serie
de amenazas y acciones
concretas que, en conjunto, buscan sembrar dudas sobre la legitimidad
del proceso y preparar el terreno para no reconocer
una eventual derrota republicana. En una medida inédita, Trump anunció
en su red Truth Social una recompensa de un millón de dólares para
cualquier persona que denuncie un caso de fraude electoral (en
comicios pasados o en los próximos) que derive en una detención y
condena. Esta oferta busca incentivar la creación de un relato de
fraude generalizado que justifique una impugnación posterior.
Existe un temor real a que Trump utilice la fuerza del Estado para
intimidar a votantes o interrumpir el recuento.
Se ha especulado con la posibilidad de
que invoque la Ley de
Insurrección para desplegar la Guardia Nacional o de que agentes
federales lleven a cabo redadas migratorias cerca de los colegios
electorales, para intimidar a las minorías. El propio Trump ha expresado
su arrepentimiento por no haber confiscado las máquinas de votación en
2020.
El martes 27, antes de partir hacia
dos actos de campaña en Texas,
un periodista le preguntó a Trump si respetaría el resultado,
fuera cual fuese. Respondió que sí, «si son elecciones honestas». La
fórmula es conocida: en 2016 prometió aceptar el resultado «si
gano»; en 2020 se negó a comprometerse; después perdió más de
sesenta demandas contra el escrutinio y jamás reconoció su
derrota. Siete de cada diez estadounidenses, según una encuesta
difundida en octubre, no creen que acepte el resultado de este
martes. Dicen que Milei vuelve a sentir el mismo escozor de samba que lo
atravesó el último domingo.
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