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“En busca de respuestas más de fondo, el Programa Regional para América
Latina y el Caribe (ALC) 2026-2029 del Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) describe los cuatro pilares sobre los que asienta
su visión estratégica y sus prioridades operativas para continuar
progresando hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible durante
los próximos cuatro años. Se trata de la resiliencia como camino
hacia el desarrollo, la gobernanza efectiva para que el desarrollo
sea inclusivo y centrado en las personas, la salud del planeta y
prosperidad para todos por igual mediante economías inclusivas y
resilientes. Además, propone tres “aceleradores” para impulsar el
progreso en todos los sectores: igualdad de género e inclusión, transformación
digital y financiamiento sostenible e innovador.
“Al vincular la gobernanza, el medio
ambiente, la economía
y la inclusión social a través de enfoques integrados y un financiamiento
innovador, este Programa procura ayudar a los países de América
Latina y el Caribe a anticipar y gestionar riesgos, reducir
desigualdades y promover prosperidad siempre dentro de los límites
planetarios aceptables. Y visualiza una región donde el desarrollo
humano sea más inclusivo y equitativo respaldado por instituciones
que cumplen, comunidades que se adaptan y sociedades que
prosperan en medio de la incertidumbre.
“Los conceptos teóricos, así como las
evaluaciones analíticas,
no faltan en un escenario multilateral donde a veces sobreabunda
la tecnocracia. Sin embargo, la dinámica cotidiana, la de abajo,
casi de sobrevivencia, la de una gran mayoría de la población de
América Latina y el Caribe, parece exigir no solo conceptos teóricos
y evaluaciones analíticas, sino también decisiones del poder –ni
más ni menos que eso– y una voluntad política más clara de los gobiernos
para que los Objetivos y las promesas de 2015 se puedan llevar a
cabo. La deuda social y ecológica planetaria es inmensa y los pueblos
esperan propuestas viables y soluciones.
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Fuentes: Rebelión [Imagen: La agricultura sostenible un aporte hacia un desarrollo justo en el continente. Foto Rachel Richardson, PNUMA. Oaxaca, México].
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CONTINENTE CON MULETAS.
El sueño de la equidad latinoamericana y caribeña.
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Por Sergio
Ferrari | 21/09/2026 | América Latina y Caribe
Fuentes Revista Rebelión lunes 21 de septiembre del 2026.
Hacia 2030, América Latina habrá
logrado solamente un 19% de las metas que se propuso para ese año. El
desarrollo sostenible se vislumbra como una quimera para un continente que
avanza con muletas.
Cuando apenas faltan cinco años para
evaluar el cumplimiento de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que la comunidad internacional consensuó
en 2015 y que Naciones Unidas (ONU) adoptó como una hoja de ruta
para el mejoramiento de la vida en el planeta, la señal de fracaso ya
aparece en el horizonte. En particular, en lo referente al combate contra la
pobreza y la reducción de las desigualdades.
Esta magra proyección de un 19%, que Naciones Unidas reiteró el 5 de septiembre, es peor que la de un 23% que la Conferencia Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) anticipaba apenas hace un año. Es decir, cuatro puntos menos en tareas y metas ejecutadas en el marco de un continente que según la misma organización regional reconoce una “desaceleración del crecimiento” en 2026 en 24 de sus 33 países, prolongando así un ciclo de “baja expansión”.
Minúsculos
avances sociales.
Según la ONU, son múltiples las causas que pueden explicar el
cumplimiento tan limitado de unos objetivos consensuados que han sido y siguen
siendo “un llamamiento universal para poner fin a la pobreza, proteger el
planeta y garantizar que para el año 2030 todas las personas disfruten de paz y
prosperidad”. Fundamentalmente, el escaso margen de maniobra de los
gobiernos a nivel fiscal, el bajo crecimiento, la desigualdad y
las propias debilidades institucionales. Todas ellas, dificultades que
impiden convertir las políticas públicas y las inversiones en mejoras
reales y sostenidas para la población. De acuerdo con las últimas
estimaciones, aun cuando el 42% de los Objetivos de Desarrollo Sostenible
avanza en la dirección correcta, lo está haciendo demasiado lentamente,
mientras que el 39% restante ha quedado “estancado o retrocede”.
¿Falta
de medios y de voluntad política?
A la luz de este balance a tres
cuartos del camino,
la pregunta no consiste en qué hacer para mejorar el cumplimiento de estos
ODS, algo que Latinoamérica ya tiene bastante en claro, como lo
evidencian sus numerosos planes, estrategias y compromisos, sino por qué
resulta tan difícil invertir medios a escala suficiente como para que el
continente progrese en sus esfuerzos por un mejoramiento social.
Según CEPAL, la brecha de financiamiento para
el cumplimiento de los Objetivos, aproximadamente 650 mil millones de dólares
anuales, se corresponde con presupuestos públicos sometidos a fuertes
presiones, economías de bajo crecimiento y, no menos toral, países que
deben destinar una parte importante de sus ingresos al elevado costo del
servicio, o repago, de sus respectivas deudas externas.
Otro factor es la dificultad que tienen estos países para generar
y movilizar dinero dentro de su propia región. En 2023, la
recaudación impositiva representó apenas el 21,3% del Producto Interno Bruto
(PBI), es decir, más de 10 puntos porcentuales por debajo del 34%
de lo que recaudan los países de la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económicos (OCDE), el bloque de las naciones más avanzadas
del planeta.
Significativamente, ese mismo año la evasión
tributaria en América Latina y el Caribe representó casi el 7% de
su PBI. En otras palabras: mientras los gobiernos del continente
necesitan centenares de miles de millones de dólares adicionales para educación,
infraestructura, protección social, agua y acción climática, una cantidad
extraordinaria de sus recursos potenciales escapa de sus sistemas
tributarios.
Por otra parte, mientras los recursos
internos van
en caída libre, la otrora significativa cooperación externa sigue
disminuyendo debido a que en esta nueva coyuntura bélica mundial los países
más enriquecidos están priorizando sus propios presupuestos de seguridad
y defensa por encima de su histórica solidaridad internacional. En 2024,
esta cooperación cayó un 4,5% a nivel mundial, y solo un escaso 6,7%
de la misma se destinó a América Latina y el Caribe. De allí que CEPAL concluya
que estamos ante un panorama por demás problemático, al que
“se le suma un
escenario internacional más fragmentado y menos previsible que limita las
posibilidades de financiar el desarrollo sostenible en la región”.
En artículo que Noticias ONU publicó recientemente, Joe Atencio
señala que América Latina también confronta una contradicción singular
debido a que muchos de sus países son clasificados internacionalmente
como economías de ingreso medio o medio-alto, lo cual puede limitar
su acceso a financiamiento, aun cuando en la práctica siguen enfrentando profundas
brechas sociales y productivas.
Ejemplo elocuente de esta contracción de la asistencia financiera internacional es la reciente decisión del Estado suizo de retirar totalmente su “cooperación” de la región latinoamericana y caribeña a partir de 2029. La reducción gradual de estos fondos comenzó en 2024. Uno de los argumentos detrás de esta decisión ha sido la necesidad de priorizar países de renta baja en África y Asia, pero en el marco de una reducción significativa de la cooperación al desarrollo en general.
Los
recursos no son todo.
Sin embargo, contar con recursos
tampoco garantiza,
necesariamente, un buen resultado. El gran desafío continental tiene que
ver con su capacidad para convertir una inversión en un servicio
público que funcione y perdure en el tiempo.
Según Atencio, el agua y el saneamiento
constituyen
uno de los ejemplos más contundentes de retos y desafíos. En 2024, 140
millones de personas en América Latina y el Caribe no tenían acceso
a servicios de agua potable gestionados sin riesgos y 324 millones
carecían de servicios de saneamiento sin riesgos. Las diferencias subregionales
son significativas: el acceso al agua potable ese año fue de 83,1% en
América del Sur, 58,9% en el Caribe y 49,2% en Centroamérica.
Pero la falta de inversión no siempre ha sido el único
problema. Como advierte CEPAL, varios recursos destinados al sector agua
(Objetivo número 6, Agua limpia y saneamiento para todos) no han
podido generar aumentos sostenidos de capacidad y calidad debido a redes
incompletas, plantas subdimensionadas y mecanismos insuficientes
para cubrir costos de energía, operación y mantenimiento.
Construir una planta de tratamiento puede generar una fotografía de
repercusión mediática, un acto oficial de inauguración y una cifra
de inversión; sin embargo, mantenerla operativa durante décadas demanda
mucho más, como tarifas viables, personal capacitado, regulación,
mantenimiento, coordinación entre instituciones y presupuestos futuros,
exigencias básicas que no siempre se respetan.
En busca de respuestas más de fondo,
el Programa Regional para América Latina y el Caribe (ALC) 2026-2029 del Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD) describe los cuatro pilares sobre
los que asienta su visión estratégica y sus prioridades operativas
para continuar progresando hacia los Objetivos de Desarrollo
Sostenible durante los próximos cuatro años. Se trata de la resiliencia
como camino hacia el desarrollo, la gobernanza efectiva para que
el desarrollo sea inclusivo y centrado en las personas, la salud
del planeta y prosperidad para todos por igual mediante economías
inclusivas y resilientes. Además, propone tres “aceleradores” para
impulsar el progreso en todos los sectores: igualdad de género e
inclusión, transformación digital y financiamiento sostenible e
innovador.
Al vincular la gobernanza, el medio
ambiente, la economía
y la inclusión social a través de enfoques integrados y un financiamiento
innovador, este Programa procura ayudar a los países de América
Latina y el Caribe a anticipar y gestionar riesgos, reducir
desigualdades y promover prosperidad siempre dentro de los límites
planetarios aceptables. Y visualiza una región donde el desarrollo
humano sea más inclusivo y equitativo respaldado por instituciones
que cumplen, comunidades que se adaptan y sociedades que
prosperan en medio de la incertidumbre.
Los conceptos teóricos, así como las
evaluaciones analíticas,
no faltan en un escenario multilateral donde a veces sobreabunda
la tecnocracia. Sin embargo, la dinámica cotidiana, la de abajo,
casi de sobrevivencia, la de una gran mayoría de la población de
América Latina y el Caribe, parece exigir no solo conceptos teóricos
y evaluaciones analíticas, sino también decisiones del poder –ni
más ni menos que eso– y una voluntad política más clara de los gobiernos
para que los Objetivos y las promesas de 2015 se puedan llevar a
cabo. La deuda social y ecológica planetaria es inmensa y los pueblos
esperan propuestas viables y soluciones.
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