sábado, 13 de junio de 2026

FIFA, UNA MAFIA QUE GARANTIZA EL AUTORITARISMO DE TRUMP.

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“En rigor, Gianni Infantino y el grupo de mafiosos que lo rodea han mostrado hasta ahora un silencio cobarde por las aberrantes políticas aplicadas por el gobierno de Estados Unidos para impedir la entrada de árbitros, jugadores, cuerpo técnico, personal de apoyo y, sobre todo, de los principales actores que sustentan el espectáculo, el público que llena los estadios. Al final, la constatación más triste es ver que la entidad que dirige el fútbol mundial se transformó en un rehén del narcicismo y la megalomanía de Trump, mostrándose incapaz de proteger la autonomía y soberanía de su propio torneo y velando por el respeto de las personas que debieran ser los verdaderos protagonistas de la fiesta del fútbol.

“Como Hitler en las Olimpiadas de Berlín en 1936, el presidente Trump desea transformar la Copa del Mundo en un palco de su ambición personal para autoproclamarse como el dueño del planeta y sellar con su alma de déspota las jornadas deportivas que, por bien o por mal, seducen y entusiasman a una parte significativa de la humanidad.

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Fuentes: Rebelión.

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FIFA, UNA MAFIA QUE GARANTIZA EL AUTORITARISMO DE TRUMP.

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Por Fernando de la Cuadra | 13/06/2026 | Mundo.

Fuentes. Revista Rebelión sábado 13 de junio del 2026.

Fuentes: Rebelión.

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Está comenzando la Copa del Mundo 2026 y la fiesta del futbol deja una vez más un sabor amargo entre los amantes de este deporte. Por todo lo visto antes de la inauguración oficial, la actual Copa del Mundo se destaca por la secuencia de barbaridades cometidas en contra de los derechos fundamentales de sus participantes, dentro y fuera de la cancha.

Por cierto, la FIFA cada vez se parece más a un grupo de mafiosos y corruptos que solo se interesan por apropiarse de los millonarios recursos que genera el futbol, no importándole las condiciones restrictivas a la democracia que imponen los países anfitriones. La anterior Copa de 2022 fue realizada en Catar, país administrado por una monarquía absolutista e teocrática que desde mediados del siglo XIX se encuentra bajo el poder discrecional de una única familia, la dinastía Al Thani.

La presente edición de la Copa del Mundo se realizará en tres países, siendo que uno de ellos es gobernado por un psicópata aspirante a transformarse en un tirano con dimensión global. Desde antes que comenzara la Copa, las restricciones del gobierno de Estados Unidos han violado todas las normas de fraternidad universal que deberían representar el espíritu a ser simbolizado por el rey de los deportes.

En una medida inexplicable, el Departamento de Migración norteamericano impidió el ingreso de un árbitro, Omar Artan -ciudadano de Somalia y considerado el mejor juez de África-, bajo el pretexto de que representaría un riesgo para la seguridad interna de la nación. Al respecto, el comunicado oficial de la FIFA antes de condenar esta medida arbitraria, solo se limita a declarar que, en este caso, el gobierno anfitrión es quien decide si puede o no conceder la visa para el ingreso de cualquier ciudadano en ese país.


Arbitro de Somalia, es recibido como HEROE, por su pueblo después de ser Expulsado de los Estrados Unidos. por las políticas migratorias del ICE.

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Las restricciones impuestas por la agencia migratoria también vienen impactando en las posibilidades de ingreso de los equipos de varios países, siendo el caso de Irán el más grave. Según las autoridades de Estados Unidos, las visas para los jugadores y la delegación de ese país ya fueron emitidas, pero estas mismas visas condicionan a que el equipo iraní se hospede en territorio mexicano (Tijuana) y viaje durante el mismo día del partido hacia el territorio estadounidense, regresando ese mismo día a la ciudad mexicana. Todavía está por verse cuál será el trato dispensado a la delegación de Irán en la frontera, pues la política migratoria del ICE se ha caracterizado por su extrema truculencia y imprevisibilidad. Ya el atacante y estrella del equipo de Irak, Aymen Hussein, fue sometido injustamente a un interrogatorio de 8 horas en el Aeropuerto de Chicago, cuando intentaba junto al resto de su delegación entrar al territorio de Estados Unidos para comenzar con los preparativos y entrenamientos necesarios para enfrentar los correspondientes partidos del Grupo I.

El propio Departamento de Estado ha anunciado que los hinchas de Irán y Haití se encuentran totalmente prohibidos de ingresar al país, mientras que participantes de otros países (Senegal y Costa de Marfil) obtendrán sus visas con restricciones o validad limitada. Para los hinchas de estos países y para muchos otros posibles viajeros, la serie de obstáculos administrativos y monetarios impuestos por las autoridades norteamericanas va a significar resignarse a ver la Copa por las pantallas de televisión. Además, los fanáticos que provienen de Argelia, Túnez o Cabo Verde deberán desembolsar valores que podrán llegar a los 15 mil dólares por persona si desean obtener el permiso necesario para ver los juegos. Junto con ello, el miedo a ser abordados por el terrorífico ICE y ser expulsados del país, está provocando la renuncia de gran cantidad de seguidores del fútbol para asistir a los partidos en vivo. Por lo mismo, las empresas de turismo y los hoteles ya se están quejando de tener una caída notable en las reservas de habitaciones durante los días del evento, frustrando las expectativas que existían antes del inicio de la Copa.

Toda esta política restrictiva se aplica a pesar de que Estados Unidos firmó un documento de compromiso con la FIFA para facilitar la concesión de visas o simplificar los procedimientos actualmente vigentes, de forma de no discriminar entre los diversos y eventuales participantes del gigante evento, sea entre los grupos de atletas o sea entre el público.



Contraria y sorprendentemente, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, se ha dedicado a lisonjear al abusivo presidente Trump concediéndole un bizarro Premio FIFA de la Paz, el que le fue entregado el mismo día del sorteo de los grupos, en una actitud de sumisión y abyección que debería avergonzar a cualquier dirigente deportivo que posea un mínimo de pudor y decoro. No es gratuito precisamente que la portada de la revista deportiva L´equipe muestre a Infantino como una marioneta ridícula manipulada por Trump.

Por lo mismo, la pregunta que queda suspendida es la siguiente:

¿Será posible organizar una actividad deportiva de confraternización universal, en países que se destacan por su carácter despótico y antidemocrático?

Para la FIFA la respuesta es simple. Claro que se puede, si el evento significa la obtención ganancia y lucro para enriquecer el bolsillo de los delincuentes de cuello y corbata que controlan el organismo.

En rigor, Gianni Infantino y el grupo de mafiosos que lo rodea han mostrado hasta ahora un silencio cobarde por las aberrantes políticas aplicadas por el gobierno de Estados Unidos para impedir la entrada de árbitros, jugadores, cuerpo técnico, personal de apoyo y, sobre todo, de los principales actores que sustentan el espectáculo, el público que llena los estadios. Al final, la constatación más triste es ver que la entidad que dirige el fútbol mundial se transformó en un rehén del narcicismo y la megalomanía de Trump, mostrándose incapaz de proteger la autonomía y soberanía de su propio torneo y velando por el respeto de las personas que debieran ser los verdaderos protagonistas de la fiesta del fútbol.

Como Hitler en las Olimpiadas de Berlín en 1936, el presidente Trump desea transformar la Copa del Mundo en un palco de su ambición personal para autoproclamarse como el dueño del planeta y sellar con su alma de déspota las jornadas deportivas que, por bien o por mal, seducen y entusiasman a una parte significativa de la humanidad.

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viernes, 12 de junio de 2026

FÁBRICA Y TERRITORIO: DOS CULTURAS POLÍTICAS.

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“Los problemas de nuevo tipo que van surgiendo son: cómo defenderse mejor frente a la violencia militar-narco-paramilitar que confluyen para facilitar el despojo; cómo y de qué modos construir lo nuevo en los territorios propios para que no sea calco y copia de lo viejo. Son debates mayores. Un tema difícil de resolver, en el que poco hemos avanzado, es cómo se pueden relacionar ambas culturas políticas, la del trabajo asalariado y la del territorio, la que mira al Estado y la que construye autonomías. 

“Es posible que una sola de esas dos culturas no sea suficiente para frenar al capitalismo, por lo que parece necesario tender puentes y, con suerte, hermanarse. Estoy convencido de que las autonomías son el mejor modo de defender la vida, pero también comprendo que para las poblaciones urbanas se trata de un desafío tan potente, que parece inalcanzable.

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Foto Afp.

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FÁBRICA Y TERRITORIO: DOS CULTURAS POLÍTICAS.

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Por Raúl Zibechi.

Fuente- Diario La Jornada, Ciudad de México. viernes 12 de abril del 2026.

En buena parte del siglo XX, pero también en una porción del siglo anterior, los capitalistas se empeñaron en conseguir trabajadores, en particular calificados, para poder explotarlos y aumentar su riqueza. El centro de la vida económica giraba en torno al trabajo asalariado. Los empleados se convirtieron en clase mediante conflictos con los capitalistas y el Estado, construyeron sindicatos y partidos para disputarles el poder político. 

Con la “revolución mundial de 1968” (Wallerstein), el capital se sintió acorralado y comenzó a desmantelar los complejos fabriles tradicionales, trasladando las fábricas hacia China y Asia, y automatizando las plantas de producción, para luego robotizarlas, evitando de ese modo la presencia molesta de los obreros. El núcleo de la acumulación pasó del capital productivo al especulativo. 

La acumulación por despojo o robo (Harvey), pasó a ser más importante que la reproducción ampliada del capital (Marx), que nunca desapareció pero dejó de ser el núcleo del enriquecimiento capitalista en Occidente. En paralelo, pero como parte de un mismo proceso, el capital más concentrado fue monopolizando el poder político, tomando por asalto los Estados-nación para convertirlos en escudos de sus intereses. Las llamadas libertades democráticas son cada vez más restringidas, cuando existen. 


Con estos cambios aparecen también nuevos desafíos para las personas oprimidas y explotadas del mundo. El más importante, es que la cultura de la acción colectiva del periodo de hegemonía industrial (siempre en Occidente), ya no resultaba suficiente ni útil en el periodo del despojo. La centralidad que tuvieron las fábricas, el salario y las relaciones con el Estado (desde la confrontación hasta la negociación) pasaron a ocupar un lugar mucho menos importante en la vida real. 

Pero no así en la conciencia colectiva, de modo que el mundo del trabajo siguió operando casi del mismo modo. Esto es algo habitual en la historia social, ya que la cultura en general, y la cultura política en particular, evolucionan de manera mucho más lenta que las relaciones sociales. Aunque las artes suelen anticipar lo que viene y mantienen el filo de la crítica, la potencia creativa suele ser aplastada por la machacona hostilidad de los grandes medios y la mercantilización de las manifestaciones artísticas, de modo que la creatividad termina sujetándose al mercado o se asfixia en los márgenes. 

Poco a poco, los pueblos fueron descubriendo que la mutación capitalista convirtió los territorios en el centro de la acumulación a través del despojo. La década de 1990 fue decisiva, con el despliegue del neoliberalismo que generó ondas sísmicas que reorganizaron completamente las industrias y el mundo del trabajo. 

En esos mismos años hubo un cambio de gran calado en el concepto mismo de territorio, que dejó de ser el espacio donde se asienta el monopolio de la violencia legítima (Weber), para desplegarse una diversidad de territorios dentro mismo del Estado-nación. Lo realmente nuevo es el papel de los pueblos que viven en los territorios: pueblos originarios, negros y campesinos, principalmente, aunque las periferias urbanas comenzaron a jugar un papel destacado. 

La acumulación por despojo supone desplazar poblaciones para reordenar los territorios en beneficio del capital (subcomandante Marcos), lo que en realidad visibiliza a los sujetos colectivos que se asientan en ellos. Aunque no quiero caer en un determinismo simplificador, creo que la transformación del capitalismo y del Estado, y la emergencia de nuevos sujetos colectivos, está en la base del ascenso de una nueva cultura política que comenzó a despegar, también, en la década de 1990. 

Esta nueva cultura de la acción colectiva, que coloca en el centro los territorios y a los pueblos que los habitan, gira en torno al autogobierno territorial y la defensa de sus espacios, modos que denominamos autonomía. No es casualidad que las autonomías levanten vuelo en todo el continente justo cuando el despojo se intensifica, porque para los pueblos es el mejor modo de defender el territorio y la vida. 

Los problemas de nuevo tipo que van surgiendo son: cómo defenderse mejor frente a la violencia militar-narco-paramilitar que confluyen para facilitar el despojo; cómo y de qué modos construir lo nuevo en los territorios propios para que no sea calco y copia de lo viejo. Son debates mayores. Un tema difícil de resolver, en el que poco hemos avanzado, es cómo se pueden relacionar ambas culturas políticas, la del trabajo asalariado y la del territorio, la que mira al Estado y la que construye autonomías. 

Es posible que una sola de esas dos culturas no sea suficiente para frenar al capitalismo, por lo que parece necesario tender puentes y, con suerte, hermanarse. Estoy convencido de que las autonomías son el mejor modo de defender la vida, pero también comprendo que para las poblaciones urbanas se trata de un desafío tan potente, que parece inalcanzable.

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jueves, 11 de junio de 2026

LOS IMPONDERABLES DEL FÚTBOL Y EL EVENTUAL «FRACASO» DE LA COPA MUNDIAL 2026: ALGUNOS ESCENARIOS POSIBLES.

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“Otro imponderable son los recientes anuncios de probables marchas y protestas en la Ciudad de México previstas para el próximo jueves 11 de junio y que desembocarían en las inmediaciones del Estado Azteca, recinto donde se realizará la inauguración de la Copa Mundial. En medio de la crisis de violencia, de la criminalización de los pobres y de las estrategias de “limpieza social” que caracterizan a México desde hace varios lustros, colectivos de docentes, transportistas, organizaciones campesinas, empleados del sector salud, pensionados del sector público, colectivos de colonos que radican alrededor del Estadio Azteca y madres buscadoras de desaparecidos, marcharán desde distintos puntos de la ciudad para llegar al recinto tres veces mundialista. La inconformidad social, si es que ésta tiene bases populares y no es mediada por agentes dedicados a cooptar la acción colectiva, no es para menos: tan solo en Monterrey, el gobierno local instaló lonas y vallas para encubrir las condiciones de vida en las que viven miles de habitantes alrededor de aquellos corredores y vialidades por las que cruzarán las delegaciones deportivas y los turistas en su camino al estadio (https://shre.ink/3otW). Misma fortuna experimenta la ciudad de Guadalajara con la privatización de facto de su centro histórico vía el territorio delimitado para el FIFA Fan Fest y las quejas ciudadanas por la exclusión padecida en este evento futbolístico.

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Fuentes: Rebelión.

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LOS IMPONDERABLES DEL FÚTBOL Y EL EVENTUAL «FRACASO» DE LA COPA MUNDIAL 2026:

ALGUNOS ESCENARIOS POSIBLES.

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Por Isaac Enríquez Pérez | 11/06/2026 | EconomíaMundo

Fuentes. Revista Rebelión jueves 11 de junio del 2026.

Si bien la Copa Mundial de la FIFA es, históricamente, un negocio privado altamente rentable, que aprovecha la pasión de las aficiones y el despliegue en un aparato global de comercialización que de manera sincronizada actúa sin mecanismos reguladores de su condición monopolística, no por ello deja de exponerse a tropiezos y a problemáticas imprevistas como parte de la misma voracidad de quienes organizan la justa mundialista.

Con un impacto económico total previsto por 80.000 millones de dólares –30.500 millones de dólares solo para los Estados Unidos– y ganancias que la FIFA estima para sí misma por entre 11.000 y 14.000 millones de dólares –cifra esta última que casi duplicaría los 7.500 millones de dólares embolsados por este organismo internacional privado durante el ciclo mundialista Catar 2019-2022–. A esas cifras no se les catalogaría como fracaso y menos si se trata de un mundial de fútbol publicitado como el más grande de la historia (48 selecciones nacionales, 104 partidos, tres países organizadores).

Sin embargo, a unos cuantos días del inicio de la Copa Mundial el ánimo de las poblaciones de los tres países sede no precisamente expresan el propio de una gran fiesta deportiva. En un estudio realizado en Estados Unidos durante el mes de marzo por Pew Research Center, se señala que el 66% de la población encuestada no muestra interés alguno en seguir la justa mundialista, que el evento solo será probablemente seguido por el 28% y que solo el 14% mostrará un mayor interés y atención. De esa población encuestada y que muestra intereses por el Mundial 2026, el 54% son migrantes, destacando los asiáticos con un 44% e hispanohablantes con un 42% (https://shre.ink/3ott).



La Copa Mundial de la FIFA 2026 fue sistemáticamente diseñada y promovida por sus organizadores y patrocinadores como un macroevento elitista y excluyente en esencia. No solo por los altos precios de las entradas a los estadios y de los servicios anexos que requieren los turistas que acudirán a las sedes, sino porque la promoción se canalizó a sectores sociales privilegiados como los consumidores de alto poder adquisitivo, los ejecutivos de corporaciones, el turismo de alta gama, los personajes del medio del espectáculo, los directivos y exjugadores y los influencers. Ese es el nicho de mercantilización de la FIFA y sus socios comerciales, quedando el resto de los 1.500 millones de aficionados confinados, si bien les resulta, a la televisión de paga y atados al sofá de su casa. El mundial de fútbol no es más de los pueblos, no se vive en las calles, ni en los barrios y ni entre los aficionados de las clases sociales populares. Un mundial que se percibe como cuando el propio dueño de la casa no es invitado a la fiesta pese a que aportó –a través de sus impuestos– los insumos necesarios para su organización y realización.

Aunque en principio no será un fracaso financiero para la FIFA y sus socios y patrocinadores, existen varios imponderables que se vienen gestando desde meses atrás y otros que se harán presentes, de golpe, en cuanto inicie y avance el torneo.

Por ejemplo: a dos semanas para el inicio del Mundial, el 80% de los hoteles de las ciudades estadounidenses mundialistas se quejan de que las reservaciones de habitaciones están muy por debajo de lo previsto, incluso a niveles distantes de las habitaciones ocupadas en veranos de los últimos años. Se estima también que los boletos en condición de reventa para 90% de los partidos experimentan una caída de los precios marcados por la especulación en un inicio. Las altas temperaturas veraniegas –que afectarán el rendimiento físico de los jugadores en 97 partidos– y el “golpe de calor” (estrés térmico peligroso) que pesará sobre 26 de los 104 partidos y que afectarán especialmente a las sedes estadounidenses, se erigen como un factor condicionante del propio Mundial, donde los expertos de la World Weather Attribution recomiendan incluso reprogramar esos encuentros afectados por las condiciones climáticas (https://shre.ink/3ot8). Y los controles y las redadas migratorias que afectarán, incluso emocionalmente, a los turistas provenientes de aquellos países ideológicamente enfrentados con el Gobierno de los Estados Unidos. No menos importante será el previsible nivel de juego que rondará la mediocridad cuando menos en su fase de grupos y hasta la fase de octavos de final, debido en gran medida al incremento sustancial de las selecciones nacionales que acudirán a la competencia desde las distintas regiones del mundo.



Algunos de estos condicionantes del Mundial son estructurales, como el clima y el intenso y crítico calor. Si bien era algo imprevisto, surge en los últimos días como un imponderable que puede afectar drásticamente los encuentros de fútbol. Otros estás relacionados con las relaciones de poder y la ausencia de regulaciones estatales que subyacen en el sistema algorítmico de precios estipulado en condiciones monopolísticas por la FIFA. Otros tienen que ver con el propio cambio geopolítico contemporáneo y el proceso neoaislacionista que impulsa una facción de las elites plutocráticas estadounidenses –la que promueve y respalda a Donald Trump– y que se traducen en controles migratorios sobre jugadores, delegaciones y turistas provenientes de países con los cuales el Gobierno estadounidense guarde alguna enemistad.

Existen varios escenarios de cara a estos condicionantes que es necesario analizar:

a) Un Mundial en el que, al rodar el balón, todo salga como lo planeado por sus principales beneficiarios, opacándose la crítica y el descontento en cuanto los cracks realicen su mayor esfuerzo e invadan el firmamento con jugadas espectaculares y de antología, tal como lo fueron los mundiales anteriores a 1986. Estadios, por supuesto, a rebosar de aficionados gustosos de ese espectáculo y dispuestos a derrochar su poder adquisitivo. Lo cual evidenciaría el éxito del macroexperimento de la FIFA fundamentado en el fútbol/corporación y la elitización del fútbol a través del espectáculo/negocio global, fundamentados en la exclusión sistemática del aficionado tradicional.

b) Un Mundial sin cupos a tope en los estadios y en los hoteles disponibles para el evento y con un espectáculo en la cancha oprimido por la calidad deficitaria de más del 70% de los combinados nacionales que competirán. Con multitudes de aficionados sin mayor vínculo que el de la plataforma streaming y con la resignación de no poder ni acercarse a los recintos mundialistas debido a las restricciones impuestas por la llamada “última milla de la FIFA”. A este escenario se agregan los partidos disminuidos y detenidos por los “golpes de calor” entre los jugadores e, incluso, la posibilidad de tormentas eléctricas en algunas sedes tal como ocurrió en el Mundial de Clubes durante el verano de 2025. El negocio de la FIFA no se alteraría al existir amplios márgenes de ganancia vía los derechos de transmisión de los encuentros, la publicidad y la venta de merchandise, pese a amplios sectores de los estadios vacíos por los precios exorbitantes de las entradas.


c) Un tercer escenario sugeriría que además de la exclusión sistemática del aficionado tradicional y la extrema elitización del fútbol como espectáculo/negocio, se conjuguen una serie de condicionantes donde los factores geopolíticos jueguen en contra del propio Mundial al momento en que el turista decida no acudir a los Estados Unidos por los riesgos migratorios que ello suponga, incluida la negación del ingreso al país anfitrión, la expulsión o incluso la deportación de este. La racionalidad del turista privilegiará su seguridad y estabilidad y el no exponerse a actos arbitrarios de las autoridades migratorias. De hecho, ya se suscitan esos eventos a unos días de inaugurarse el Mundial: la selección de Irán, si bien sus miembros lograron sus visas, fueron obligados a instalar su campamento en un hotel de Tijuana (México) y a trasladarse a los estadios estadounidenses los días de los cotejos y volver de inmediato a la misma ciudad mexicana; Omar Artanárbitro somalí con gafete FIFAsufrió la denegación del ingreso a los Estados Unidos sin mayor razón que su nacionalidad; misma fortuna corren periodistas y aficionados provenientes de países non gratos, a quienes se les rechazó la visa o sufrieron detenciones al ingresar a los Estados Unidos. Entonces, si se suscitan estadios, hoteles y recintos turísticos sin los cupos esperados, y se generaliza un desdén por el Mundial desde múltiples sectores poblacionales internos y externos, más una expulsión masiva del aficionado hasta del mismo sofá de su casa tras los altos costes de las suscripciones a las plataformas que transmitirán los partidos, o incluso de los restaurantes y bares que no cuenten con los permisos y licencias correspondientes, entonces podría hacerse real el fantasma que el propio medio de Newsweek anunció en semanas pasadas, y que denominó como “el riesgo de convertirse en un fracaso colosal” (https://shre.ink/3otB).

Si este último escenario se presenta, la FIFA estaría obligada a dar un amplio giro de tuerca en torno a su estrategia de hipermercantilización. El sueño de Gianni Infantino de convertir al Mundial 2026 en “mil años de mundiales a la vez” y de contar con “104 superbowls” en un solo torneo, se desplomaría por su propio peso. Tan solo la asociación de hoteleros de la ciudad de Nueva York (AHLA, por sus siglas en inglés), estima pérdidas hasta por cien millones de dólares en cuanto a la ocupación hotelera en este verano.

Otro imponderable son los recientes anuncios de probables marchas y protestas en la Ciudad de México previstas para el próximo jueves 11 de junio y que desembocarían en las inmediaciones del Estado Azteca, recinto donde se realizará la inauguración de la Copa Mundial. En medio de la crisis de violencia, de la criminalización de los pobres y de las estrategias de “limpieza social” que caracterizan a México desde hace varios lustros, colectivos de docentes, transportistas, organizaciones campesinas, empleados del sector salud, pensionados del sector público, colectivos de colonos que radican alrededor del Estadio Azteca y madres buscadoras de desaparecidos, marcharán desde distintos puntos de la ciudad para llegar al recinto tres veces mundialista. La inconformidad social, si es que ésta tiene bases populares y no es mediada por agentes dedicados a cooptar la acción colectiva, no es para menos: tan solo en Monterrey, el gobierno local instaló lonas y vallas para encubrir las condiciones de vida en las que viven miles de habitantes alrededor de aquellos corredores y vialidades por las que cruzarán las delegaciones deportivas y los turistas en su camino al estadio (https://shre.ink/3otW). Misma fortuna experimenta la ciudad de Guadalajara con la privatización de facto de su centro histórico vía el territorio delimitado para el FIFA Fan Fest y las quejas ciudadanas por la exclusión padecida en este evento futbolístico.

Estos escenarios, sin lugar a duda, abren varias aristas para el análisis: la Copa Mundial de la FIFA 2026 se entrevera con las múltiples crisis del capitalismo, tanto la civilizatoria como con la relacionada con el agotamiento del modelo del crecimiento económico ilimitado, y que en aras de subsanarlo intensifica los procesos de hipermercantilización de la vida social. A lo que se suma una cruenta disputa en torno a la construcción de significaciones y al control respecto a la formación de identidades territoriales a partir de un fenómeno social como el fútbol. La disputa estriba en hacer efectivo o no el derecho al ocio y al esparcimiento. Una eficaz regulación del Estado, el riesgo es urgente, en aras de evitar que estas múltiples crisis se salgan de madre y que fenómenos como el fútbol se tornen cada vez más distantes de las clases sociales populares.

Académico en la Universidad Autónoma de Zacatecas, escritor y autor del libro “La gran reclusión y los vericuetos sociohistóricos del coronavirus. Miedo, dispositivos de poder, tergiversación semántica y escenarios prospectivos”. Twitter: @isaacepunam

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miércoles, 10 de junio de 2026

CONGRESO ANFICTIÓNICO DE PANAMÁ Y LOS IDEALES DE LA UNIÓN HISPANOAMERICANA. Un bicentenario oscuro.

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“El Congreso Anfictiónico fue una asamblea diplomática que se llevó a cabo en 1826 en la Ciudad de Panamá convocada por Simón Bolívar con el objetivo de crear una confederación de repúblicas hispanoamericanas. La idea era que esta unión política y militar sirviera para defender la soberanía de los nuevos países, promover la cooperación y consolidar la independencia frente a posibles amenazas externas. Sin embargo, el congreso no logró sus objetivos principales debido a las rivalidades internas, los desacuerdos entre los delegados y la falta de apoyo de algunas naciones clave. Aunque sus resultados fueron limitados, es considerado un antecedente importante del panamericanismo. Ya la idea de crear una gran nación cuya extensión abarcara a toda Hispanoamérica se había originado con el prócer venezolano Francisco de Miranda, quien propuso el nombre de Colombia para esa eventual nación. Simón Bolívar, también, en la Carta de Jamaica de 1815 expresó:

"Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Nuevo Mundo en una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene su origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse; [...] ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración..."

Simón Bolívar, Carta de Jamaica, Kingston, 6 de septiembre de 1815 El congreso fue convocado por Simón Bolívar, desde Lima, el 7 de diciembre de 1824 y el patriota peruano José Faustino Sánchez Carrión, nombrado por Bolívar ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del Perú, y quien compartía plenamente con Bolívar el ideario de la unidad hispanoamericana, cursó a los gobiernos americanos la invitación. Cuando, después de cien siglos, la posteridad busque el origen de nuestro derecho público, y recuerden los pactos que consolidaron su destino, registrarán con respeto los protocolos del Istmo. En él, encontrarán el plan de las primeras alianzas, que trazará la marcha de nuestras relaciones con el universo. ¿Qué será entonces el Istmo de Corinto comparado con el de Panamá? Simón Bolívar, Convocatoria del Congreso de Panamá, Lima, 7 de diciembre de 1824.

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Fuentes: Rebelión.

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CONGRESO ANFICTIÓNICO DE PANAMÁ Y LOS IDEALES DE LA UNIÓN HISPANOAMERICANA.

Un bicentenario oscuro.

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Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda | 10/06/2026 | América Latina y Caribe

Fuentes. Revista Rebelión miércoles 10 de junio del 2026.

En este año se conmemora el bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá, que expresó los ideales por la unión de la entonces Hispanoamérica, y que contrastan con la situación que vive América Latina en la actualidad.

Dos siglos atrás vivíamos la culminación de los procesos independentistas frente al coloniaje español. Al mismo tiempo nacía una identidad hispanoamericana inédita, por basarse precisamente en el ideal de libertad y el deseo por forjar naciones con gobiernos propios. Francisco de Miranda (1750-1816) soñaba con la constitución de una “Colombia” hispanoamericana, una idea retomada por Simón Bolívar (1783-1830), quien logró fundar la República de Colombia en 1819, como primer paso para la unión de todos los territorios libres. En diciembre de 1824 convocó al Congreso Anfictiónico que se inauguró el 22 de junio de 1826 en Panamá. En su libro Diario del Congreso Anfictiónico de Panamá. Cronología de sus antecedentes, desarrollo y resultados (2025https://t.ly/-8FVB) y en recientes conferencias en las que destaca por la promoción del bicentenario (https://t.ly/9y4Fz) y de las labores de ADHILAC, el historiador cubano Sergio Guerra Vilaboy da cuenta precisa de ese Congreso.



En definitiva, el Congreso se proponía integrar a la gigante región conocida como Hispanoamérica, para garantizar su independencia, coordinar su defensa, arribar a una confederación y liberar a Cuba y Puerto Rico. El peligro provenía de la Santa Alianza y los proyectos de reconquista española. Bolívar pensaba en la comunidad identitaria de Hispanoamérica y por eso no incluía a Haití ni a Brasil. Rechazó la posibilidad de participación de los Estados Unidos, aunque tuvo que ceder a la invitación que había hecho Francisco de Paula Santander; pero, en cambio, confiaba que invitar a Inglaterra con delegados observadores, servía para frenar cualquier afán neocolonizador. Sin embargo, Panamá no fue el mejor sitio para el Congreso y no llegaron varias delegaciones, de modo que asistieron solo las de Colombia (Venezuela, Colombia que incluía Panamá, y Ecuador), también México, Centroamérica y Perú. Hubo resistencias del Río de la Plata (Argentina). Aunque la reunión en Panamá concluyó el 15 de julio, se decidió continuar las sesiones en Tacubaya, México. Pero el Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua solo fue ratificado por Colombia, mientras México y Centroamérica lo archivaron. Además, surgieron problemas internos, como el anti bolivarianismo de Perú o los problemas territoriales entre países nacientes, por lo cual el Congreso terminó sus labores en 1829. Para Bolívar fue el fin del ideal más grande de su vida. Tuvo que concentrarse en procurar la unión de la Gran Colombia, que finalmente también se disolvió. El desencanto de Bolívar fue total y su muerte sería la expresión del fin de la Hispanoamérica unida en una gran nación.

Ahora bien, la división de Hispanoamérica en una veintena de países con sus respectivos intereses y caminos de construcción de sus Estados nacionales impidió que durante el siglo XIX pudiera articularse una geoestrategia común ante el ascenso y desarrollo del capitalismo europeo y norteamericano. Desde el mismo Congreso Anfictiónico, los EE. UU. desempeñaron un papel desestabilizador, especialmente en Tacubaya, dejando en claro sus intereses comerciales y permaneciendo “neutral” ante Cuba y Puerto Rico, todavía colonias españolas y a pesar de la proclamada Doctrina Monroe (1823). Gran Bretaña también estuvo claramente orientada a garantizar su hegemonía comercial y naval, neutralizar la competencia de los EE. UU. y sin apoyar a las independencias en el Caribe. América Latina creció como región primario-exportadora, dependiente y con poderosas oligarquías que dominaron largamente en los países, impidiendo la unidad de intereses ante las potencias.

En cambio, con el avance de las décadas y de dos siglos, no se pudo impedir que surgiera una conciencia de identidad común entre las sociedades latinoamericanas. Sobre esa base se cultivó el ideal de la unión entre pueblos considerados como hermanos. Algunos gobernantes lograron expresarlo. El caudillo liberal ecuatoriano Eloy Alfaro incluso pretendió revivir la Gran Colombia y en 1896 convocó a un Congreso continental (se realizó en México) boicoteado por EE. UU. Ese Congreso aprobó un contundente documento contra la Doctrina Monroe, que debía sujetarse al derecho público americano y, además, abogó por la independencia de Cuba y Puerto Rico.



El latino americanismo social continuó desarrollándose en el siglo XX. Y cada vez más los países y sus historias o coyunturas específicas han pasado a ser conocidas y compartidas, fortaleciendo la hermandad, a pesar de las diferencias y hasta conflictos. Una época de convergencia latinoamericanista inédita se produjo al iniciarse el siglo XXI con los triunfos de gobiernos progresistas que caracterizaron la “marea rosa” de la región. Entonces se articularon políticas y geoestrategias comunes, con cuestionamientos a las “Cumbres de las Américas” promovidas por EE. UU. y la consagración de la CELAC como organismo propio de los países latinoamericanos. El ciclo posterior, en cambio, ha demostrado que los gobiernos empresariales y neoliberales que han ganado terreno en el continente no tienen intención alguna de articular políticas y geoestrategias latinoamericanistas. A todos interesan exclusivamente los buenos negocios, el mercado norteamericano y las relaciones comerciales abiertas con cualquier otro país del mundo, vistas como espacio para la ampliación de las esferas simplemente empresariales. Los resultados sociales de esas políticas son nefastos. Contrastan con ellos los avances de los pocos gobiernos progresistas en la región.

A esa realidad se ha sumado el segundo gobierno de Donald Trump (2025-hoy) que ha proclamado la Doctrina Donroe con el Corolario Trump, según la cual los EEUU no admitirán en el continente gobiernos disidentes ni la presencia de intereses de los países a los que considera como adversarios, a la cabeza de los cuales se ubica China, luego Rusia, pero también los BRICS (https://t.ly/ljTqm). Bajo esas nuevas orientaciones todos los países de América Latina y el Caribe están amenazados. Además, el Secretario de Estado Marco Rubio ha declarado, en forma abierta y directa:

La Administración Trump ya no tolerará regímenes marxistas

radicales en nuestro hemisferio que busquen amenazar l

seguridad nacional de EE. UU. y participar en operaciones de

influencia para exportar su “revolución” venenosa y malvada a

nuestro país y al resto del mundo” (https://t.ly/ZyRmd).

Desde luego, se refleja la reacción de una potencia que ha

perdido su anterior hegemonía y se repliega sobre el

“hemisferio occidental” (América) ante un mundo multipolar

que la ha desplazado.

En el bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá nuestra América Latina vive una de las épocas más oscuras de la historia contemporánea. La soberanía e independencia de cada país están sujetas al nuevo americanismo donroísta. Y los gobiernos empresariales de la región, con oligarquías en el poder o derechas políticas a su servicio, no tienen problema alguno en subordinarse a semejante posición.

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martes, 9 de junio de 2026

EL PUEBLO ESTÁ ENFRENTADO A UN GOBIERNO SIN APOYO POPULAR. Rodrigo Paz perdió la legitimidad.

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“La economía política de la crisis se refleja en este protagonismo popular: mientras el Estado concentra beneficios en las élites y reproduce medidas impuestas desde afuera, el pueblo organiza su propia agenda de justicia distributiva y de soberanía. La legitimidad que nace desde abajo no se mide en indicadores macroeconómicos, sino en la capacidad de resistir, de mantener viva la memoria y de proyectar un futuro donde la democracia se reconstruya en las calles y carreteras. La legitimidad no se decreta, se construye. Y cuando el gobierno quiebra la Constitución, se sostiene en una justicia corrupta y concentra beneficios para las élites, pierde toda autoridad moral y política. Hoy, las calles y carreteras son el verdadero escenario de la democracia: allí el pueblo recuerda que la justicia no puede ser comprada, que los derechos no se negocian y que la dignidad no se posterga. La crisis que vivimos es el precio de la corrupción y de la traición al pacto social. Pero también es la oportunidad de reorganizar la fuerza popular, de levantar una legitimidad nueva que nazca desde abajo, desde la resistencia y la memoria. Porque cuando el pueblo habla en las calles y carreteras, ningún poder puede fingir legitimidad.

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Fuentes: Red de Economía Política.

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EL PUEBLO ESTÁ ENFRENTADO A UN GOBIERNO SIN APOYO POPULAR.

Rodrigo Paz perdió la legitimidad.

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Por | 09/06/2026 | Bolivia

Fuentes. Revista Rebelión martes 9 de junio del 2026.

RED DE ECONOMÍA POLÍTICA.

N°14 – junio 5/2026

La legitimidad de un gobierno no se sostiene únicamente en las urnas. Deviene de la autoridad moral, del respeto y de lo justo que es un presidente con su pueblo. Si el pueblo acepta, reconoce y respalda a su presidente y obedece las directrices políticas y económicas que dicte o proponga, entonces diremos que la autoridad cuenta con legitimidad, que cuenta con el respaldo sino el cariño de los sectores populares. En Bolivia, esas grandes mayorías hoy le exigen ¡que renuncie!!! y con ello, le dieron la espalda a un presidente y a su gestión, que, en solo 6 meses, echó por tierra algún atisbo de que el neoliberalismo no regresaría al país.

Rodrigo Paz ha perdido toda la legitimidad y está en la disyuntiva de aferrarse a un estado de sitio o dejar el poder, evitando mayor sacrificio de vidas.



1. La legitimidad se gana o se pierde.

La pérdida de legitimidad del gobierno de Rodrigo Paz no fue un accidente ni un error de gestión. Es consecuencia de las medidas económicas dictadas contrarias a las postuladas en la campaña electoral; su “programa de centro” con el que llegó al poder, no prometía medidas neoliberales agresivas como las que hoy sostiene y defiende, pese a haber retrocedido en varios intentos. El abismo entre el respaldo popular (mandato) a todas las promesas y las decisiones gubernamentales asumidas al llegar a la Plaza Murillo, convierte a su gestión en un engaño, en una impostura, en un acto político fraudulento, sostenido en la mentira y la demagogia.

Desde la perspectiva de la economía política, la crisis dejada por Arce Catacora -inflada y sobredimensionada por la banca, la oligarquía, la derecha y los medios de comunicación- al no resolverse, desnudó la contradicción entre el relato oficialista de estabilidad y la realidad del pueblo que enfrenta el deterioro de la economía familiar, colas inmensas para comprar gasolina y diésel, inflación, desempleo y precariedad. Las medidas económicas del gobierno de Rodrigo Paz concentran beneficios en los sectores privilegiados y distribuye los costos sociales sobre las mayorías, vulnerando la Constitución y el pacto social que sostiene al Estado Plurinacional. Se hizo todo lo contrario de lo que se prometió y la decepción llegó al límite.

Los bloqueos y marchas son la respuesta popular de rechazo, denuncia, enojo, condena a ese cambio a ese giro, a ese salto al neoliberalismo fracasado. No son simples actos de protesta coyuntural, sino la explicitación de una ruptura, de un abandono y rechazo social a un presidente y gobierno que ya no les representa y al que perdieron todo el respeto. El bloque social popular votó con la esperanza de que Rodrigo Paz podría respetar las grandes conquistas económicas, sociales políticas y culturales logradas por el pueblo en los últimos años frente a las amenazas de la extrema derecha de Tuto Quiroga; seis meses después, han pasado a un desprecio y enojo popular que se mide en los adjetivos más duros y crueles contra el presidente. La legitimidad institucional se vació, cuando el pueblo, en las calles y carreteras, demuestra que la verdadera democracia, se mide en la justicia distributiva y en la defensa de los derechos conquistados.



2. La ruptura con la Constitución y el pacto social.

La pérdida de legitimidad del gobierno no se limita a la gestión económica: se profundiza en el terreno político y jurídico. El intento de modificar, vaciar o reinterpretar la Constitución Política del Estado (CPE), convierte al gobierno en un actor que rompe el pacto fundacional del Estado

Plurinacional. No hablamos de errores administrativos, sino de una ofensiva consciente contra los derechos conquistados por el pueblo.

Al debilitar la CPE, se debilitan también los mecanismos de respeto a los derechos humanos, de redistribución de la riqueza, de soberanía, de control social y de participación democrática. El resultado es un Estado que deja de ser garante de derechos para transformarse en administrador de intereses externos y de élites internas.

La legitimidad se fractura porque el pacto social – ese acuerdo que dio origen al Estado Plurinacionalya no se respeta. La protesta en las calles y carreteras es, entonces, también una defensa de la Constitución: un recordatorio de que la democracia boliviana no puede sobrevivir si se mutila su base jurídica y social, que en Bolivia no se puede gobernar sin la participación del pueblo.

Por eso, las calles y carreteras se han convertido en el verdadero tribunal popular. Allí, sindicatos, comunidades y sectores movilizados reclaman lo que la justicia auto prorrogada les negó: el respeto a la Constitución, la defensa de los derechos conquistados y la recuperación de un pacto social roto. La medida del Estado de Sitio simplemente traerá luto al país.



3. La legitimidad de las medidas populares.

La pérdida de legitimidad del gobierno abre un nuevo escenario: la reorganización popular frente a un poder que ya no les representa. Cuando las instituciones se vacían de dignidad y la justicia se corrompe, es el pueblo quien asume el rol de garante de derechos y memoria. Las calles y carreteras se convierten en espacios de soberanía, dónde la Central Obrera Boliviana (COB), comunidades campesinas y pueblos originarios, transportistas y organizaciones sociales levantan su voz contra un gobierno que los excluye.

La resistencia no es únicamente social: es moral y política. Los bloqueos y marchas expresan la dignidad de sectores que se niegan a aceptar la precariedad como destino. Cada punto de resistencia en las carreteras es también un recordatorio de los derechos arrebatados y de la necesidad de reconstruir un pacto social desde abajo. En este sentido, la movilización popular no solo desafía al gobierno, sino que plantea una alternativa de legitimidad basada en la acción colectiva y en la defensa de la Constitución.

La economía política de la crisis se refleja en este protagonismo popular: mientras el Estado concentra beneficios en las élites y reproduce medidas impuestas desde afuera, el pueblo organiza su propia agenda de justicia distributiva y de soberanía. La legitimidad que nace desde abajo no se mide en indicadores macroeconómicos, sino en la capacidad de resistir, de mantener viva la memoria y de proyectar un futuro donde la democracia se reconstruya en las calles y carreteras.

La legitimidad no se decreta, se construye. Y cuando el gobierno quiebra la Constitución, se sostiene en una justicia corrupta y concentra beneficios para las élites, pierde toda autoridad moral y política. Hoy, las calles y carreteras son el verdadero escenario de la democracia: allí el pueblo recuerda que la justicia no puede ser comprada, que los derechos no se negocian y que la dignidad no se posterga.

La crisis que vivimos es el precio de la corrupción y de la traición al pacto social. Pero también es la oportunidad de reorganizar la fuerza popular, de levantar una legitimidad nueva que nazca desde abajo, desde la resistencia y la memoria. Porque cuando el pueblo habla en las calles y carreteras, ningún poder puede fingir legitimidad.

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