&&&&&
“La pregunta política es inevitable: ¿por qué Estados Unidos, bajo una
administración que hizo campaña con «América First» y contra guerras
interminables, está librando un conflicto que aumenta los precios de la
gasolina para sus votantes, beneficia a Irán (su adversario declarado)
con ingresos más altos, favorece a Rusia (otro adversario) con precios
más elevados y contribuye a las empresas petroleras de Texas que no necesitan
ayuda del gobierno? La respuesta incómoda es que la guerra se ha
convertido en su propia justificación. Los actores que se benefician
del caos (empresas petroleras, Irán, Rusia) tienen incentivos
para mantener la tensión, mientras los perdedores consumidores
estadounidenses y mundiales no tienen poder de veto. Como
señaló Neil Quilliam de Chatham House: «Ahora que Ormuz ha sido
cerrado, puede ser cerrado una y otra , y eso plantea una gran amenaza para la
economía global».
“Esa prima de 40 dólares por
barril es una transferencia
de riqueza de los consumidores a los productores. Cuánto afectará
a Trump esta contradicción en las urnas de noviembre
dependerá de cuánto crean los votantes en la «Operación Paria
Económico» sin mirar los resultados concretos. Pero la evidencia sugiere
que los estadounidenses ya han hecho sus cálculos: 75% considera
que la guerra no vale el costo, 41% cree que Trump carece de un plan
coherente, y solo 15% piensa que ha cumplido sus objetivos. La «Operación Paria Económico» es, en última
instancia, el reconocimiento de que Estados Unidos ha alcanzado los límites de
lo que se puede lograr a través de sanciones y presión económica. El bloqueo
mismo, un acto de guerra bajo derecho internacional, es un
reconocimiento de que las sanciones empleadas durante décadas «no han
cumplido su propósito previsto». Trump siempre ha tenido múltiples
estrategias de salida. Pero como nota el análisis de CNN: «Las guerras
tienen una manera de superar los planes de un presidente». La pregunta que
queda abierta es si los votantes estadounidenses castigarán en noviembre
esta contradicción entre la retórica de «América First» y una guerra
que beneficia a adversarios declarados mientras perjudica a las
familias estadounidenses. La respuesta, como algunas veces en política, la
darán las urnas.
/////
OPERACIÓN «PARIA ECONÓMICO»:
LA ÚLTIMA CARTA DE TRUMP EN EL CALLEJÓN
IRANÍ.
*****
Por Alejandro Marcó del
Pont | 31/08/2026 | Economía
Fuentes Revista Rebelión lunes 31 de agosto del 2026.
«Seguimos luchando y presionando sin
tener que enviar más tropas al terreno» (El Tábano Economista)
Cuando una potencia hegemónica no
puede lograr sus objetivos máximos en una guerra y, al mismo tiempo, no puede
permitirse el costo político de una rendición diplomática explícita,
recurre a las sanciones económicas como cortina de humo. La
«Operación paria económico», anunciada por el secretario del Tesoro Scott
Bessent el 25 de agosto de 2026, es menos un arma de destrucción masiva
contra Irán y más un escudo político doméstico para enmascarar un punto
muerto estratégico, mientras el ciudadano medio subsidia esa ambigüedad con
su inflación y su seguridad energética.
En la práctica, esta ofensiva
económica representa una admisión tácita de que la opción militar está agotada,
que la coalición
internacional para un aislamiento total es imposible, y que lo único que queda
es mantener una presión simbólica que permita a los políticos
actuales sobrevivir a las elecciones de medio término sin tener que
explicar por qué el conflicto no resolvió nada. Trump puede
seguir diciendo que «seguimos luchando y presionando» sin tener que
enviar más tropas al terreno, apelando a una base que apoya la presión máxima,
pero se opone abrumadoramente a «botas en el suelo».
Los objetivos originales de la campaña
militar estadounidense contra Irán eran
ambiciosos y completamente imprecisos, por decir lo menos: asesinato del
líder supremo Ali Khamenei, cambio de régimen, finalizar el
enriquecimiento de uranio, desmantelamiento nuclear completo, eliminación
del arsenal de misiles balísticos y drones, y ahora, como objetivo
mínimo viable, la apertura del Estrecho de Ormuz. Casi siete meses
después del inicio de la ofensiva en febrero de 2026, ninguno de estos
objetivos se ha cumplido. Irán no solo mantiene su régimen
intacto, sino que ha demostrado una resiliencia que pocos analistas
occidentales anticiparon.
En el libro «Cómo
funcionan las sanciones.
Irán y el impacto de la guerra económica«, publicado en 2024 por
Stanford University Press, se explora la eficacia limitada de las
sanciones económicas contra la República Islámica. Aunque la obra
tiene una perspectiva que no pudo considerar los cambios recientes en la
región por su fecha de aparición, su tesis central se mantiene vigente:
Irán lleva 47 años bajo sanciones occidentales y ha desarrollado una
«economía de resistencia» sofisticada, con sustitución de
importaciones, descentralización de plantas energéticas y un aparato
bien aceitado para evadir sanciones petroleras. Como concluyen
los autores, las sanciones
«no han obligado a Irán
a estancarse», sino
que, por el contrario, «lo han obligado a innovar, aunque no de maneras que
resulten aceptables para Occidente».
Esta experiencia iraní no pasó
desapercibida para
otros actores globales. Rusia aprendió directamente de la experiencia iraní
frente a sanciones. Un análisis de IUVM
Press señala que
«la experiencia de
tres años de Rusia frente a sanciones extensas, comparada con el casi medio
siglo de sanciones integrales de Irán, prueba la resiliencia histórica de la
nación y gobierno iraní «. Moscú ha adoptado un modelo asimilable al que
otros países sancionados pueden seguir, adaptando las lecciones teheraníes a su
propio contexto energético y financiero.
A esto se suma el factor chino, que ha advertido explícitamente a Washington que tomará represalias si se amplían las sanciones secundarias contra empresas chinas debido a su cooperación con Irán. China, el mayor importador de petróleo iraní, ha declarado que tomará todas las medidas necesarias contra la «represión del comercio con Teherán». El 7 y el 13 de abril de 2026, el Consejo de Estado de China promulgó dos reglamentos para contrarrestar las sanciones extranjeras: las Disposiciones sobre Seguridad Industrial y de la Cadena de Suministro (Ordenes del Consejo de Estado n.º 834 y 835) y las Disposiciones sobre Jurisdicción Extraterritorial.
Fuentes: El tábano economista [Imagen: "Callejón sin salida" de Jules Alfant]
*****
Estas normas complementan la autoridad
existente de Beijing
para tomar represalias contra sanciones extranjeras, incluyendo medidas contra
empresas extranjeras que implementen dichas restricciones. La idea es
clara: terminar con los tratados de empresas extranjeras que
tomen acciones contra China, no permitir contratos
o ventas de esas empresas en el mercado chino.
Todo da la impresión de que las
sanciones son
un juego de sombras, una venta de humo diplomático. El «Día D
económico», en el vocabulario hiperbólico de Donald Trump, es
tan limitado como hueco. Trump se refirió a la operación como «la
operación económica más aplastante jamás emprendida contra país alguno».
Sin embargo, casi siete meses después del inicio de la ofensiva
estadounidense contra Teherán, la economía iraní, aunque dañada,
está lejos de estar descarrilada. Las exportaciones de petróleo
iraníes no solo se mantuvieron, sino que se recuperaron a niveles
superiores a los del acuerdo nuclear en 2024, sosteniéndose
en 2025 y principios de 2026.
Si las palabras ganaran guerras, el conflicto de Donald Trump
con Irán habría terminado hace mucho tiempo. Pero lo cierto es que Trump
está atrapado en dos trampas que él mismo ha creado: una geopolítica
y otra interna. La influencia de Irán sobre el Estrecho de Ormuz
y su negativa a ceder le impiden poner fin a la guerra de forma
definitiva a un precio militar aceptable. Meses después del ataque,
la opinión generalizada es que es Trump quien necesita urgentemente poner
fin a un conflicto que, con las elecciones de mitad de mandato a la vuelta
de la esquina, ha hundido su índice de aprobación al 30%, el más
bajo desde que asumió la presidencia y uno de los niveles más
bajos con los que un líder estadounidense ha afrontado unas elecciones
legislativas.
En medio de una campaña electoral donde los republicanos enfrentan
riesgos significativos de perder al menos una cámara del Congreso,
las sanciones contra Irán ofrecen beneficios políticos y estratégicos
limitados para la administración Trump, mientras imponen
costos económicos tangibles al ciudadano medio estadounidense. Las
sanciones permiten a Trump proyectar acción decisiva sin comprometer
tropas terrestres, apelando a votantes que apoyan la presión
máxima, pero se oponen a «militares en el terreno» (58% de
votantes de Trump se oponen a enviar tropas). Sin embargo, este
beneficio es marginal: solo 38% de los estadounidenses apoyan las sanciones,
y la guerra en general es vista como «no vale la pena el costo» por 75%
de la población.
La administración argumenta que
debilitar la economía iraní
reduce la capacidad de Teherán para financiar proxis regionales y
desarrollar armas nucleares. Sin embargo, 41% de los estadounidenses
cree que Trump carece de un plan coherente para Irán, y solo 15%
piensa que ha cumplido sus objetivos.
¿Qué le aportan las sanciones realmente al ciudadano medio estadounidense? El shock en los precios de la energía, derivado de la tensión en el Estrecho de Ormuz y las sanciones, han alterado la trayectoria de la inflación. La gasolina subió alrededor de un 17% desde el inicio del conflicto, impactando directamente el bolsillo de las familias. Los precios de alimentos y fertilizantes permanecen elevados debido a la guerra, afectando el costo de vida que los votantes identifican como su principal preocupación.
Lo que queda claro es que la «Operación Paria
Económico» no es una estrategia ofensiva confiada, sino más bien un
intento desesperado de enmarcar una derrota y encontrar una salida
política a un conflicto que se ha convertido en una trampa electoral
para los republicanos. Como señaló Kurt Bardella, ex asistente del Congreso:
«Lo que estamos
viendo ahora es el completo desmoronamiento de todo lo que Donald Trump, MAGA y
los republicanos dijeron que eran. Estaban contra los conflictos interminables
en Medio Oriente y comenzaron un conflicto en Medio Oriente sin una estrategia de
salida».
El Estrecho de Ormuz marca una contradicción fundamental entre los negocios de las élites y el impacto sobre la población y su voto. El cierre del Estrecho ha creado una economía de guerra que beneficia a actores específicos, mientras perjudica a la sociedad estadounidense promedio. Los datos confirman esta intuición de manera contundente.
¿Quiénes ganan con el Estrecho
cerrado? La lista
es ilustrativa. Irán vio sus ingresos petroleros aumentar 37% en
marzo de 2026 frente al año anterior. Ahora vende petróleo con 20% de
prima sobre precios previos a la guerra, cuando antes vendía
con descuento de 10-15 dólares por barril por riesgo de sanciones.
Arabia Saudita aumentó sus ingresos petroleros 4,3% a pesar de
que las exportaciones cayeron 26%, gracias a que los precios más
altos compensaron con creces la reducción de volúmenes. Omán
aumentó 26% sus ingresos en marzo de 2026, gracias a sus puertos en
el Mar Arábigo como salida alternativa del Estrecho.
Las empresas petroleras
estadounidenses de Texas
reportaron ganancias
extraordinarias. Exxon Móvil informó una ganancia neta
de 14.530 millones de dólares entre abril y junio, un incremento interanual
del 105%, mientras que sus ingresos ascendieron a 116.020 millones de
dólares, un 42% más que en igual período del año anterior. Chebrón
casi cuadruplicó sus beneficios al registrar una utilidad
de 12.070 millones de dólares, un salto del 385% respecto del segundo
trimestre de 2025. Sus ingresos crecieron 56% y alcanzaron los 70.060
millones de dólares. La petrolera rusa Rosneft aumentó sus ventas
en un mes 14.500 millones de dólares.
El Estrecho cerrado genera una redistribución de riqueza
hacia productores petroleros y empresas energéticas, mientras
impone costos a los consumidores y a países sin alternativas
logísticas. La pregunta política es inevitable:
¿por qué Estados
Unidos, bajo una administración que hizo campaña con «América First» y contra
guerras interminables, está librando un conflicto que aumenta los precios de la
gasolina para sus votantes, beneficia a Irán (su adversario declarado)
con ingresos más altos, favorece a Rusia (otro adversario) con precios
más elevados y contribuye a las empresas petroleras de Texas que no necesitan
ayuda del gobierno?
La respuesta incómoda es que la guerra
se ha convertido en su propia justificación. Los actores que se benefician
del caos (empresas petroleras, Irán, Rusia) tienen incentivos
para mantener la tensión, mientras los perdedores consumidores
estadounidenses y mundiales no tienen poder de veto. Como
señaló Neil Quilliam de Chatham House:
«Ahora que Ormuz ha
sido cerrado, puede ser cerrado una y otra , y eso plantea una gran amenaza
para la economía global».
Esa prima de 40 dólares por barril es una transferencia de riqueza
de los consumidores a los productores. Cuánto afectará a Trump
esta contradicción en las urnas de noviembre dependerá de cuánto
crean los votantes en la «Operación Paria Económico» sin mirar los
resultados concretos. Pero la evidencia sugiere que los estadounidenses
ya han hecho sus cálculos: 75% considera que la guerra no vale el
costo, 41% cree que Trump carece de un plan coherente, y solo 15%
piensa que ha cumplido sus objetivos.
La «Operación Paria Económico» es, en última instancia, el
reconocimiento de que Estados Unidos ha alcanzado los límites de lo que
se puede lograr a través de sanciones y presión económica. El bloqueo
mismo, un acto de guerra bajo derecho internacional, es un
reconocimiento de que las sanciones empleadas durante décadas «no han
cumplido su propósito previsto».
Trump siempre ha tenido múltiples
estrategias de salida. Pero como nota el análisis de CNN: «Las guerras tienen una manera de
superar los planes de un presidente». La pregunta que queda abierta
es si los votantes estadounidenses castigarán en noviembre esta
contradicción entre la retórica de «América First» y una guerra que beneficia
a adversarios declarados mientras perjudica a las familias
estadounidenses. La respuesta, como algunas veces en política, la darán las
urnas.
*****
.jpg)


