sábado, 4 de abril de 2026

JÜRGEN HABERMAS: ESCRIBIR DESDE LA IRA. 2 Artículos del mismo Autor. JÜRGEN HABERMAS: ESCRIBIR DESDE LA IRA.

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JÜRGEN HABERMAS fue un Filósofo y Sociólogo alemán, nació el 18 de junio de 1929 en la Ciudad de Dusseldorf Alemania. Falleció el 14 de marzo del 2026 en la Ciudad de Sternberg, Alemania, a los 96 años conocido por sus trabajos en filosofía política, ética y teoría del derecho, así como en filosofía del lenguaje. Entre sus aportes más destacados se encuentran la construcción de la teoría de la acción comunicativa, la ética del discurso y la teoría de la democracia ...

La teoría de Jürgen Habermas,   se centra en la Acción Comunicativa, proponiendo que el lenguaje y el diálogo racional son la base para el entendimiento mutuo y la cohesión social. Busca alcanzar consensos mediante el uso de la razón, contraponiendo la "razón comunicativa" a la "racionalidad instrumental" que domina con intereses egoístas.

¿Las 3 condiciones fundamentales según Habermas? La Teoría de la Acción Comunicativa de Jürgen Habermas, escrita en 1981, representa un intento estructurante de la comunicación interpersonal, a partir de lo que el autor considera las tres condiciones de validez del habla: rectitud normativa, verdad y veracidad. Es considerada como su obra más importante. La teoría de la acción comunicativa En 1992 aparece su obra Facticidad y Validez, que según su teoría de la acción comunicativa (TdkH) es considerada su obra más importante.

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JÜRGEN HABERMAS: ESCRIBIR DESDE LA IRA.

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Aunque pocos se acuerdan de ello, antes de dedicarse a la docencia, Habermas fue de hecho periodista independiente. Foto Afp.

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Por Maciek Wisniewski.

Fuente. La Jornada, Ciudad de México 28 de marzo de 2026.

Jürgen Habermas (1929-2026), el célebre pensador alemán que realizó importantes contribuciones a la filosofía, la sociología y los estudios de comunicación y que murió recientemente a los 96 años, siempre llevó una suerte de “doble vida”. Paralelamente a su trayectoria académica como heredero de la Escuela de Frankfurt, fundador de la teoría de la acción comunicativa y teórico de la “democracia deliberativa” Habermas, ha sido también uno de los más importantes intelectuales públicos europeos que intervenía a menudo (t.ly/RnI9a) en diferentes polémicas en la “esfera pública”, el término que él mismo acuñó en su famosa tesis de habilitación (el “segundo doctorado”) y en uno de sus más sonados libros: La transformación estructural de la esfera pública (1962). 

2. Aunque pocos se acuerdan de ello, antes de dedicarse a la docencia, Habermas fue de hecho periodista independiente. Según algunos estudiosos ha sido justo esta experiencia que luego cuando ya desde su “doble trayectoria”, durante más de siete décadas, escribía ensayos periodísticos sobre diversos temas, le ayudó a conservar una suerte de “olfato periodístico” e instinto

 

“para saber cuándo iniciar un debate, a quién elegir adversario y cómo agudizar las oposiciones intelectuales y morales mediante la polémica” (t.ly/4Vg_r). 

3. Esto no quiere decir que todos sus golpes han sido bien dados: la defensa de la intervención de la OTAN en Kosovo o sus crecientemente abstractas defensas del “ideal europeo”, que ignoraban por completo el papel del capitalismo en socavar la democracia (t.ly/aUQd1) vienen a la mente. Pero, como él mismo aseguraba, sus polémicas públicas casi siempre habían estado pensadas y escritas –Habermas nunca aparecía en la televisión ni en la radio− “desde la ira” (t.ly/kvund) en contraste con sus muchas más medidas contribuciones académicas, confirmando este “doble carácter” de su anatomía y explicando quizás algunos tropezones. 

4. El caso del Historikerstreit, el llamado “debate entre los historiadores” que irrumpió en la República Federal Alemana (RFA) a mitades de los 80 es en este contexto particularmente instructivo. Si bien Habermas salió de él decididamente victoriosoescribiendo desde la ira y midiendo también correctamente a sus adversarios y al inconsciente político del público alemán de aquel entoncessu saldo, mirando desde la perspectiva de tiempo, demuestra bien algunas limitaciones y “puntos ciegos” de su pensamiento. 



5. El principal punto de la contención −y algo que desató la ira de Habermas− han sido los afanes de algunos historiadores alemanes conservadores de “dejar atrás el pasado”, cultivar, de nuevo, al nacionalismo (ya que, según ellos, salvo algunos “detalles”, no había nada de que avergonzarse) y tener por fin “una política exterior normal dentro de la OTAN” (no limitada por el peso moral del Holocausto).

6. Este argumento político ha sido acompañado igualmente, como en caso de Ernst Nolte, el principal exponente de la tesis del “Tercer Reich como un régimen cualquiera” (sic), por los argumentos historiográficos más elaborados, aunque igualmente escandalosos, como p.ej. el afán de Nolte de presentar al nazismo como apenas una “respuesta” al bolchevismo (sic) y al Auschwitz como una mera “copia” del gulag (sic). 

7. Y si bien −como se ha dicho− Habermas resultó muy hábil en repeler estos intentos de la derecha alemana de relativizar a los crímenes nazis y de redimirse a sí misma −siendo la Historikerstreit el clásico ejemplo de un exitoso debate “de un buen lado de la historia”−, con el tiempo todo a lo que se oponía en su momento el autor de La transformación… y todo lo que le provocaba la ira quedó perfectamente normalizado, mientras lo que él proponía como alternativa (“identidad posconvencional”, “patriotismo constitucional”) se desvaneció en el aire sin ningún rastro. 

8. Hoy, las comparaciones entre bolchevismo y nazismocontrovertidas antes no sólo en el contexto alemán− están a la orden del día y una suerte de “neonoltenismo” que aceleró el giro a la derecha en la cultura política ante todo en Europa Central post-1989, es parte del marco intelectual dominante. Al final, es Nolteque murió en 2016−, condenado al ostracismo en su tiempo quien ganó en realidad el Historikerstreit y Habermas quien lo había perdido (t.ly/B2Hs0). 

9. La mejor prueba de esto es la popularidad del historiador estadunidense Timothy Snyder cuyas Tierras de sangre (2010) son una versión apenas disimulada y diluida de las tesis de Nolte y que tanto ha hecho para exonerar a los colaboracionistas de la SS en Ucrania o en países bálticos. Sintomáticamente ha sido precisamente Snyder que después de que Habermas en 2022 señalara algunas reservas respecto al papel de Alemania en la guerra en Ucrania (Zeitenwendem, cambio de era), que estuvo en la primera fila de la crítica pontificando que el pensador alemán “se equivocaba hoy, tal como se equivocó en el Historikerstreit (sic) (t.ly/yqvx_). 

10. Despreciar al “posheroísmo” de Habermas, fruto −al igual que su “optimismo comunicativo” − de un contexto geopolítico particular ya inexistente, es hoy algo muy, incluso demasiado (t.ly/ A8KWa), fácil. Al igual que lamentar simplemente que todo lo que le causaba, con buenas razones, la ira en los 80: el rearme (“los reflejos belicosos”), el giro nacionalista, el revisionismo histórico derechista, acabó bien normalizado en las décadas subsiguientes. Pero el hecho que lo poco que sobrevivió de su crítica durante el Historikerstreit: la defensa incondicional de la singularidad del Holocausto acabó teniendo −tal como lo demostró su propia postura ante el genocidio en Gaza−, consecuencias catastróficas, es mucho más difícil de desgranar.

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En su más famosa incursión como un intelectual público −el 'Historikerstreit' en los años 80− Habermas se opuso a los historiadores de derecha, quienes pretendían relativizar los crímenes nazis al compararlos con las atrocidades del estalinismo e incluso vincularlos casualmente. Foto Wikimedia Commons.

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JÜRGEN HABERMAS: ESCRIBIR DESDE LA IRA.

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Por Maciek Wisniewski/II.  

Fuente. La Jornada Ciudad de México sábado 4 de abril del 2026.

1. En su más famosa incursión como un intelectual público −el Historikerstreit en los años 80 (véase: t.ly/U65hz)− Habermas se opuso a los historiadores de derecha (Ernst Nolte et al.) quienes pretendían relativizar los crímenes nazis al compararlos con las atrocidades del estalinismo e incluso vincularlos casualmente. Sus contundentes y “escritos desde la ira” artículos defendían, por el contrario, la “singularidad histórica” del Holocausto representando por décadas –en ojos de muchos comentaristas e historiadores− lo mejor de una postura progresista. 

2. No obstante, con el paso tiempo, el “santificado” por el argumento de la incomparabilidad del Holocausto −el fundamento en el que se erigió también toda la memoria histórica en Alemania Federal post-1945−, al consolidar el tabú de relacionar el exterminio judío con cualquier otro acontecimiento histórico, acabó degradando el modelo alemán de “luchar por superar el pasado” (vergangenheitsbewältigung). Puesto por mucho tiempo como un paradigma a emular en otros contextos nacionales, este modelo se volvió un antiejemplo (t.ly/zFou6) y la postura de Alemania (ya por décadas unificada) y del propio Habermas frente al genocidio de Israel en Gaza han sido las gotas que derramaron el vaso. 

3. En noviembre de 2023mientras los políticos israelíes exponían abiertamente sus fantasías del exterminio palestino, el ejército israelí las hacía realidad y varios estudiosos del genocidio encendieron las luces rojas− Habermas, junto con un grupo de otros teóricos, publicó una carta criticando la comparación de la guerra de Israel en Gaza con los horrores del siglo pasado.

Escribía que la respuesta al ataque de 7-O “está justificada en principio” y que “los criterios de juicio se desmoronan por completo cuando se atribuye las intenciones genocidas a las acciones de Israel” (sic) (t.ly/qIOzs). 

4. Si alguien se pregunta como una postura correcta durante el Historikerstreit pudo traducirse décadas más tarde en una perspectiva sumamente exclusivista y esencialmente anti universalista −algo que un grupo de otros estudiosos influenciados por la Escuela de Frankfurt (Nancy Fraser, Adam Tooze et al.) le reprochó en una contracarta escribiendo: “Nunca Más” no puede aplicar sólo a Israel y a los israelíes y también debe significar la posibilidad de que lo de Gaza puede constituir un genocidio (t.ly/kqXvf), la respuesta es que sus semillas ya estaban allí. 


Adiós al maestro Jürgen Habermas, uno de los pensadores más influyentes de la Alemania d ela Posguerra. 
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5. Resulta que otra de tantas paradojas de este archidebate (véase: la parte I) es que, al representar la alineación final de la memoria del Holocausto con los “valores occidentales” −algo que calurosamente promovía Habermas−, selló también el derivado de una “culpa histórica imborrable” apoyo incondicional de Alemania a Israel que mutó en una suerte de la “razón del Estado” (Staatsräson) de la que Habermas ha de considerarse el padrino intelectual. 

6. Si bien el principal culpable por arruinar por décadas los intentos correctos de historiar al Holocausto comparativamente en Alemania y otros países ha sido Nolte, con sus “tonterías revisionistas”, que abusaban de la analogía con tal de empujar sólo su argumento absolutorio respecto a la derecha alemana, −siendo éste, curiosamente, el autor que tanto ha hecho antes para avanzar los estudios comparativos con sus Tres caras del fascismo (1963)−, pero la inamovible postura anti comparativa de Habermas ha tenido más impacto negativo a largo plazo. 

7. Como bien observó recientemente Wolfgang Streeck, fue justamente la prohibición de Habermas contra las comparaciones que llegó a regir todo el conjunto de normas, informales y formales, que regulan el discurso político biempensante en Alemania respecto a este tema y ha sido específicamente la “línea habermasiana” que dictó que lo que ocurría en Gaza “no era ni podía de ninguna manera ser un genocidio” (t.ly/ iLqwr). 

8. Si bien este desenlace ya es conocido y para muchos significó la bancarrota, no sólo de Habermas sino de toda la filosofía occidental llena de orientalismo y ciega a las situaciones coloniales, pocos parecen acordarse de que en 2021, durante el llamado “nuevo Historikerstreit−otro debate de menor alcance en el que un grupo de historiadores abogaba por dejar atrás precisamente la prohibición de comparar el Holocausto con otros genocidios y crímenes coloniales (parte del “catequismo alemán”), e ir más allá de su singularidad (t.ly/ EN8u_)− Habermas tomó una postura sorpresivamente abierta. 

9. Aunque reiteró la centralidad del Holocausto, admitió que la memoria alemana no debe estar “congelada” y tiene que incluir también otros traumas históricos como el colonialismo (t.ly/kCRxL). Si siguiera esta pista en 2023, en vez de retornar por defecto al “compromiso alemán con Israel y su derecho a existir” hubiera podido ver tal vez algunos parecidos entre la campaña punitiva israelí y un cierto acontecimiento en la historia alemana que desde el principio resultaba iluminador −he aquí el meollo del potencial educativo de las comparaciones− para entender lo ocurrido. 

10. Como bien anotó ya en octubre de 2023 Raz Segal, la mejor analogía histórica para Gaza no era el Holocausto (por si alguien la proponía), sino el exterminio de los herero y los nama −en lo que hoy es Namibia y lo que era una colonia alemana a principios del siglo XX−, por las tropas imperiales del káiser en respuesta a una sublevación y masacre de colonos blancos (t.ly/3VxGJ). 

Incapaz no obstante de ver el genocidio más allá del judeocidio cuya “singularidad” le dictaba las lealtades políticas acríticas, Habermas quedó preso de sus propios tabúes y una versión de historia que en algún momento parecía progresista, pero que en otro resultó ser un gran punto ciego.

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