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“Estados Unidos, como poder hegemónico, ha
instaurado la barbarie como proceso devastador del género humano y la
naturaleza. El terrorismo global de Estado o terrorismo trasnacional cuenta con
la complicidad de la ONU, y gobiernos supuestamente democráticos, que
establecen, paradójicamente, una democracia despojada de todo contenido
participativo y justicia social, con violaciones permanentes a los derechos
humanos, lo que viene a demostrar que históricamente capitalismo y democracia
son incompatibles.
“Para
el caso de México, el contexto de esta trágica situación no es otro que el
continuismo de la llamada Cuarta Transformación, con la extensión de sus mega
proyectos y programas clientelares individualizados, que en múltiples regiones
operan en clave contrainsurgente, o como la “ingeniería de conflictos” de la
recolonización de los territorios, en el proceso de una visible y creciente
militarización del país, la presencia y actividad permanente del crimen
organizado, el otro actor armado del capitalismo que va despoblando y
desposeyendo, fragmentando los tejidos comunitarios, que desgasta las
resistencias, y descabeza los movimientos, recluta juventud por doquier y
secuestra su futuro.
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Una mujer palestina reacciona frente a las fuerzas de seguridad israelíes que revisan la documentación de los pasajeros durante una redada militar israelí en el campamento de refugiados de Qalandia, en la Cisjordania ocupada por Israel, el 6 de agosto de 2026. Foto.
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TERRORISMO GLOBAL DE ESTADO, MILITARIZACIÓN Y RECOLONIZACIÓN DE LOS
TERRITORIOS.
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Por Gilberto López y Rivas.
Fuente, Diario La Jornada Ciudad de
México sábado 8 de agosto del 2026.
La actual forma de acumulación
capitalista se caracteriza por la exacerbación máxima de la violencia y las
contradicciones sistémicas, que abandonan toda mediación y las formas
relativamente pacíficas con las que capitalismo impuso su hegemonía.
Las guerras neocoloniales que incluyen la ocupación de países y territorios, la militarización, la criminalización de las oposiciones por la vía de las supuestas “lucha contra el terrorismo” y “guerra contra el narcotráfico”, el terrorismo de Estado global y nacional, y la violación continua y creciente de los marcos jurídicos nacionales e internacionales, son características de esta etapa del capitalismo en la que el Estado se sostiene con base en la coerción y la represión civilizatoria, una guerra generalizada contra la fuerza de trabajo, los pueblos, la ciudadanía y la sociedad civil.
Todo el andamiaje de cohesión,
control, mediatización, regulación de las contradicciones sociales basadas en
las conquistas de la clase trabajadora: contratos, sindicatos, prestaciones,
del llamado eufemísticamente, Estado benefactor, se vienen abajo, y la
explotación y dominación quedan al desnudo, repercutiendo brutalmente sobre la
sobrevivencia de millones de seres humanos.
La fuerza de trabajo queda expuesta a
la criminalización, persecución y agravamiento de sus condiciones laborales y
de vida, a la violación de los derechos humanos elementales, particularmente de
los millones de trabajadores migrantes. Se produce la exclusión de trabajadores
por la automatización, la edad, el género y los orígenes étnico-nacionales. Se
instala la inestabilidad laboral, trabajo precarizado, informal, desempleo
masivo y la penetración del narcotráfico y el crimen organizado en los ámbitos
urbano y rural.
Nos encontramos en las derivas de lo que los mayas zapatistas han denominado como tormenta que no es ni metafórica ni simbólica y que alude no a una visión apocalíptica o de vocaciones proféticas milenaristas, sino a la posibilidad real y fundada científicamente de una catástrofe de escala mundial, que Carlos Taibo denomina colapso, esto es, el hundimiento general y masivo del sistema dominante, caracterizado por reducciones sustanciales en la producción industrial; el derrumbe simultáneo y combinado de carácter financiero, comercial, político, social, cultural y ecológico, debido a sus propias contradicciones, que están teniendo lugar: el cambio climático, el agotamiento de las materias primas energéticas, la agresión contra la biodiversidad, las condiciones sociales de pobreza, hambre, desplazamientos forzados masivos, incremento exponencial de la mortalidad por enfermedades curables, guerras por materias primas y el agua, genocidios, etnocidios, ecocidios, terrorismos de Estado, proliferación de armas nucleares, derrumbe de las mega urbes y el paso a las necrópolis, extensión de las bandas criminales.
Asimismo, se impone el terrorismo
global de Estado para caracterizar la política de violencia perpetrada por
aparatos estatales imperialistas en el ámbito mundial, contra pueblos y
gobiernos, con el propósito de infundir terror y en violación de las normas del
derecho nacional e internacional.
En el estudio y análisis del
terrorismo se ha enfatizado el de grupos de todo el espectro político, obviando
el papel del imperialismo estadunidense y los estados capitalistas en el
establecimiento del terrorismo interno e internacional. El terrorismo global de
Estado violenta los marcos de la represión “legal” y apela a métodos
extrajudiciales, extensivos e intensivos para aniquilar a la oposición política
y la protesta social planetaria. Recordar las 867 bases militares
estadunidenses distribuidas por los cinco continentes.
Estados Unidos, como poder hegemónico,
ha instaurado la barbarie como proceso devastador del género humano y la
naturaleza. El terrorismo global de Estado o terrorismo trasnacional cuenta con
la complicidad de la ONU, y gobiernos supuestamente democráticos, que
establecen, paradójicamente, una democracia despojada de todo contenido
participativo y justicia social, con violaciones permanentes a los derechos
humanos, lo que viene a demostrar que históricamente capitalismo y democracia
son incompatibles.
Para el caso de México, el contexto de
esta trágica situación no es otro que el continuismo de la llamada Cuarta
Transformación, con la extensión de sus mega proyectos y programas clientelares
individualizados, que en múltiples regiones operan en clave contrainsurgente, o
como la “ingeniería de conflictos” de la recolonización de los territorios, en
el proceso de una visible y creciente militarización del país, la presencia y
actividad permanente del crimen organizado, el otro actor armado del capitalismo
que va despoblando y desposeyendo, fragmentando los tejidos comunitarios, que
desgasta las resistencias, y descabeza los movimientos, recluta juventud por
doquier y secuestra su futuro.
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