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PREGUNTO Y PIENSO MUY TEMPRANO HOY EN LA MAÑANA. ¿SOMOS O NO UN GOBIERNO DEMOCRATICO, ELEGIDO EN ELECCIONES DEMOCRATICAS? ¿Somos Una verdadera Democracia?, que no es capaz de acabar con el crimen, el sicariato y toda la estructura nacional de un País, que se encuentra controlado, "mordido" por la INSEGURIDAD, LA CORRUPCIÓN Y EL CRIMEN ORGANIZADO". Es importante, necesario - la aplicar, recurrir con “música y propaganda” opción que solo un Gobierno "débil en Democracia, sin Programa de Gobierno y principalmente que NO ha tenido la capacidad política de eliminar, desde el primer día, si se considera “un nuevo gobierno" con toda la, Herencia de leyes procrimen que dejaron ellos y sus socios del pasado Congreso de la República. Hoy ellos viven un “fortuna de vida con toda la Corrupción acumulada”, y el presente gobierno, que ha sido la "cabeza política y el mando de ese congreso del Pacto Corrupto No se atreve a eliminar, ninguna de la Leyes Pro-Crimen. Podrá haber hasta el Mejor Plan del Mundo contra la Delincuencia, copiado o preparado por el propio gobierno, pero, todo en funcionamiento sobre una estructura molida por la propia CORRUPCIÓN. Donde y cómo actúan o aplican el MEJOR PROGRAMA ANTICRIMEN, SI HAY LEYES QUE PROTEGEN A LOS GRUPOS DELINCUENCIALES”. Toda pura propaganda para seguir engañando a la Ciudadanía Nacional, quienes somos víctimas directas de la distintas y variadas formas del crimen organizado- Hasta los límites de la aplicación directa hoy de los millones de la ECONOMÍA DELICTIVA EN LA CIUDAD. Pablo Raúl.
"Nadie pone en cuestión la necesidad de
construir cárceles. Solo para cubrir la demanda actual se necesita duplicar el
número de plazas. ¿Por
qué hace 20 años que no se construye un penal nuevo? Porque es
impopular. Nadie lo quiere cerca y nadie ve ese gasto como una
prioridad. Pero tiene que hacerse urgentemente. Lo siguiente es
modificar las leyes que amputaron a la Policía su capacidad de investigar.
Reducir la escucha telefónica autorizada por un juez a solo dos meses
es un error grave (tributo del Congreso anterior a los hermanitos).
Obstaculizar la colaboración eficaz, la extinción de dominio y los allanamientos,
o reducir la prescripción, solo favorece a los criminales. Llamar a todos «terroristas»,
pero restringir el tipo penal de «crimen organizado», revela las intenciones.
"Acabar con la corrupción policial
parece imposible, pero el Perú tiene amplia experiencia evadiéndola a través de
grupos de élite. No
hay otra forma, por ahora. Grupos policiales limpios, con una inversión
tecnológica importante (software de interceptación de WhatsApp,
reconocimiento facial y escuchas masivas de teléfonos dentro de las
cárceles), pueden producir inteligencia que garantice capturas y
condenas. Eso no se hace con visores nocturnos y trajes de Rambo.
Tampoco se resuelve en TikTok. Mucho menos en El Salvador.
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Keiko Fujimori y Nayib Bukele compartieron durante visita de la presidenta peruana a El Salvador | Foto: Presidencia del Perú.
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LA PEREGRINA DE BUKELE, POR ROSA MARÍA PALACIOS.
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Acabar con la corrupción policial
parece imposible, pero el Perú tiene amplia experiencia evadiéndola a través de
grupos de élite. No hay otra forma, por ahora.
Por Rosa María Palacios-
Abogada y Periodista
Fuente La Republica lunes 2 de noviembre del 2026
El peregrinaje a Bukele se ha vuelto
un ritual político latinoamericano. Desde usar su nombre («el Bukele peruano»,
«alguien como Bukele»),
hasta presidentes que van de visita; «expertos» salvadoreños que van
vendiendo sus servicios por la región; gobernadores, alcaldes y una
diversidad de funcionarios públicos que desfilan por los distintos
niveles de la administración pública salvadoreña. Algunos, quiero creer,
irán a buscar la varita mágica para resolver un problema multifactorial y
se irán con las manos vacías. La varita no existe. Pero otros, que
bien lo saben, van para tratar de que algo se les pegue del presidente
más popular de América. Como ha podido saborear Keiko Fujimori, tampoco
funciona.
El Salvador es el país más pequeño de América continental. Apenas tiene una superficie de 21.041 km². Para que hagan los números, el Perú tiene 1.285.215 km². Puedes meter dentro de nuestro país 61 veces el territorio de El Salvador. Como se ha mencionado varias veces, es del tamaño de ICA, que tiene 21.327 km². Sin embargo, es un país densamente poblado para esa superficie, con un poco más de 6 millones de habitantes, según el censo de 2024.
Según cifras oficiales proporcionadas
este mes por el mismo Bukele, en una conferencia de prensa con la presidenta de
Costa Rica, tienen 120.956
personas en prisión. De ellas, 96.457 están vinculadas a pandillas.
Estas han sido calificadas como «terroristas». Sin embargo, Bukele ha
anunciado que en menos de una década el 70% de los presos de El Salvador
estarán libres, aunque ha tenido declaraciones anteriores
contradictorias. Se ha anunciado una pronta liberación de un contingente
importante de presos, aunque las cifras han variado en diversas
declaraciones y han llegado al 50%.
Vamos, otra vez, a los números. El
Salvador tiene hoy aproximadamente
al 2% de su población en la cárcel. Mayoritariamente, se trata de
población joven que está excluida de un mercado laboral que necesita
mano de obra. ¿Cuánto es el 2% de la población del Perú si consideramos 34
millones de habitantes? 680.000 presos. ¿Cuántos presos hay hoy
en nuestro país? Más de 103.000, repartidos en 69 penales. La capacidad
instalada penitenciaria del Perú está diseñada para 41.764 personas.
Si ya tenemos un grave problema de hacinamiento, ¿dónde van a meter a
500.000 presos más si se quiere imitar a Bukele?
Estas cifras son públicas y muy
básicas. ¿No las conoce la Cancillería peruana? ¿No debía advertir a la
presidenta sobre las profundas diferencias que existen entre las dos
realidades? En
2015, El Salvador llegó a tener una tasa de 105 asesinatos por cada
100.000 habitantes. En 2025 cerró con una tasa de 1,3 por cada 100.000
habitantes. Bajar de 103 a 1 es, por supuesto, un éxito. Sin
embargo, Bukele asumió el poder en 2019, ya con una tasa de 36 asesinatos
por cada 100.000 habitantes. A pesar de poner en práctica un plan de
seguridad que redujo para 2021 esa tasa a 17,6, fue en 2022 cuando radicalizó
las medidas, luego de un ataque letal de las maras (pandillas) en marzo.
¿Cuál es la tasa actual de homicidios
en el Perú? Según cifras del INEI, en 2025 tuvimos 10,7 homicidios por cada
100.000 habitantes. ¿La cifra está aumentando? Lamentablemente, sí. En 2021 fue
de 8,6; en 2023, de 9,3; y en 2024, de 10,1. Por eso es que Bukele
miraba a Keiko casi con compasión. Nuestras cifras, siendo trágicas en
su aumento, no son ni remotamente las de El Salvador. Apenas hace cuatro
años estaban en 17,6. ¿Esto no lo sabía el Ministerio de Justicia? Por supuesto
que lo saben. Y obviamente lo saben las autoridades de El Salvador, que
no terminan de entender qué podría querer Keiko Fujimori de una visita de
cuatro días.
Estas son las cifras frías. Ahora
hablemos de costos. ¿Qué le cuesta a una sociedad tener al 2% de su población
presa? Lo han denunciado
desde la prensa libre hasta organizaciones de todo calibre: miles de inocentes
están presos. No hay nada que se parezca a un debido proceso. Juicios
exprés y colectivos, con suerte, o presos sin condena. Las condiciones
pueden ser duras en un penal, pero estas no pueden condenar a muerte a cientos
de internos. No hay proteína, no hay visitas. Los castigos
físicos y otras formas de tortura también han sido denunciados. Bukele ha justificado
la modificación de la Constitución para reelegirse y planea hacerlo de
nuevo en 2029, en su rol de «pacificador». Por supuesto, la
«medicina amarga» que le ofreció a su pueblo es cada vez más difícil de
tragar. Miles de salvadoreños están felices de vivir en paz mientras
lloran la ausencia de hijos inocentes, de los que no tienen noticias
desde hace ya varios años. Eso, ¿es imitable en el Perú?
El asesinato, el sicariato, la
extorsión y el secuestro son realidades duras en el Perú. Pasar de dos a seis asesinatos
diarios en un quinquenio es una tragedia que sí tiene cura. Una solución
que no pasa por someter al país a una dictadura. No es cierto que
solo un régimen autoritario puede combatir el crimen. Es más bien la excusa que
todo aspirante a dictador usa para perpetuarse en el poder.
Sorprendió que un aburrido Bukele
fuera quien le pinchara el globo a Keiko Fujimori. Se lo tuvo que decir él para que
lo entienda: este modelo no es para el Perú. Un trabajo más prolijo de
los ministros que acompañaron a la presidenta le habría ahorrado el papelón.
Sin embargo, el viaje puede iluminar al gobierno para que haga ya lo que sí
puede y tiene que hacer.
Nadie pone en cuestión la necesidad de
construir cárceles. Solo para cubrir la demanda actual se necesita duplicar el
número de plazas. ¿Por
qué hace 20 años que no se construye un penal nuevo? Porque es
impopular. Nadie lo quiere cerca y nadie ve ese gasto como una
prioridad. Pero tiene que hacerse urgentemente. Lo siguiente es
modificar las leyes que amputaron a la Policía su capacidad de investigar.
Reducir la escucha telefónica autorizada por un juez a solo dos meses
es un error grave (tributo del Congreso anterior a los hermanitos).
Obstaculizar la colaboración eficaz, la extinción de dominio y los allanamientos,
o reducir la prescripción, solo favorece a los criminales. Llamar a todos «terroristas»,
pero restringir el tipo penal de «crimen organizado», revela las intenciones.
Acabar con la corrupción policial
parece imposible, pero el Perú tiene amplia experiencia evadiéndola a través de
grupos de élite. No
hay otra forma, por ahora. Grupos policiales limpios, con una inversión
tecnológica importante (software de interceptación de WhatsApp,
reconocimiento facial y escuchas masivas de teléfonos dentro de las
cárceles), pueden producir inteligencia que garantice capturas y
condenas. Eso no se hace con visores nocturnos y trajes de Rambo.
Tampoco se resuelve en TikTok. Mucho menos en El Salvador.
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