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“Es necesario un juicio a escala de Nuremberg contra la política militar
occidental que ha intentado sumir al mundo entero en el caos político
y económico si no se somete al orden unipolar basado en el dominio
de Estados Unidos. Si otros países no crean una alternativa a la
ofensiva estadounidense-europea-japonesa-wahabí, sufrirán lo que el secretario
de Estado estadounidense Rubio denominó (en su reciente discurso en Múnich)
un resurgimiento de la historia occidental de conquista de los
principios básicos del derecho internacional y la equidad.
“Una alternativa es reestructurar
Naciones Unidas para poner fin a la capacidad de Estados Unidos de bloquear las resoluciones de
la mayoría. Teniendo en cuenta que el secretario general de la ONU,
Antonio Guterres, ha dicho que la organización podría declararse en
quiebra en agosto y tener que cerrar su sede en Nueva York, este es un
momento propicio para trasladarla fuera de Estados Unidos. Estados
Unidos ha prohibido la entrada a Francesca Albanese como consecuencia
de su informe en el que describe el genocidio israelí en Gaza. No
puede haber Estado de derecho mientras el control de la ONU y sus agencias
permanezca en manos de Estados Unidos y sus satélites europeos.
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Fuentes: CounterPunch - Imagen: Las ruinas de la escuela primaria iraní Shajareh Tayyebeh después de un bombardeo israelí-estadounidense que mató a más de 165 niñas y educadores. Fuente: Tasnim News Agency – CC BY 4.0
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EL ATAQUE ESTADOUNIDENSE-ISRAELÍ TIENE COMO OBJETIVO IMPEDIR LA PAZ,
NO PROMOVERLA.
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Por Michael Hudson | 06/03/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo
Fuente- Revista Rebelión viernes 6 de
marzo del 2026
El pasado 27 de febrero, el mediador
de las negociaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán en Omán, el ministro
de Asuntos Exteriores de ese país, Badr Albusaidi, desbarató la engañosa pretensión del presidente
Trump de amenazar con la guerra a Irán por haberse negado a aceptar
sus exigencias de renunciar a lo que el presidente de Estados Unidos
afirmaba que era su intención de fabricar su propia bomba atómica. El ministro
de Asuntos Exteriores de Omán explicó en el programa Face the Nation de
la CBS que el equipo iraní había acordado no acumular uranio enriquecido
y había ofrecido “una verificación completa y exhaustiva por parte del
OIEA”.
Esta nueva concesión constituía un
“avance sin
precedentes. Y si podemos aprovecharlo y seguir avanzando, creo que estamos
cerca de alcanzar un acuerdo” para lograr que “Irán nunca, jamás, tenga
material nuclear con el que fabricar una bomba. Creo que esto es un gran
logro”, afirmaba Albusaidi.
Tras señalar que este avance había
pasado
“muy desapercibido para los medios de comunicación”, destacó que, exigir “cero reservas”, iba mucho más allá de lo que se había negociado durante la Administración del presidente Obama, porque “si no se pueden almacenar materiales enriquecidos, entonces no hay forma de fabricar una bomba”.
El ayatolá Alí Jamenei, que ya había emitido una fatwa contra
cualquier acción de este tipo y se reiteró en esa postura año tras año, convocó
a los líderes chiítas y al jefe militar de Irán para debatir la
ratificación del acuerdo de ceder el control de su uranio enriquecido con el
fin de evitar la guerra.
Bloquear el acceso mundial a las
fuentes de energía que no están bajo su control es la razón por la que EE. UU.
ha atacado a Venezuela, Siria, Irak, Libia y Rusia.
Pero tal capitulación era precisamente lo que ni Estados
Unidos ni Israel podían aceptar. Una resolución pacífica habría impedido el
plan a largo plazo de Estados Unidos de consolidar y militarizar su
control sobre el petróleo de Oriente Medio, su transporte y la inversión
de sus ingresos por exportación de petróleo, y de utilizar a Israel y a Al
Qaeda / ISIS como ejércitos mercenarios para impedir que los países
productores de petróleo independientes actuaran en defensa de sus propios
intereses soberanos.
Al parecer, los servicios de
inteligencia israelíes
alertaron al ejército estadounidense sugiriendo que la reunión en el
complejo del ayatolá ofrecía una gran oportunidad para descabezar a toda
la cúpula responsable de la toma de decisiones. Esto seguía el consejo
del manual militar estadounidense de que matar a un líder político
que Estados Unidos considera antidemocrático desatará los sueños
populares de un cambio de régimen. Esa era la esperanza del bombardeo de la residencia de campo del presidente Putin en
diciembre de 2025, y estaba en línea con el reciente intento de Starlink de movilizar la oposición popular para la revolución
en Irán.
El ataque conjunto de Estados Unidos e
Israel deja claro que
no hay nada que Irán pudiera haber concedido que hubiera disuadido a Estados
Unidos de su antiguo objetivo de controlar el petróleo de Oriente Medio
y utilizar a Israel y a los ejércitos mercenarios del ISIS y Al Qaeda
para impedir que las naciones soberanas de la región emergieran para tomar
el control de sus reservas de petróleo. Ese control sigue siendo un arma
esencial de la política exterior estadounidense. Es la clave de la capacidad
de Estados Unidos para perjudicar a otras economías negándoles el acceso
a la energía si no se adhieren a la política exterior estadounidense.
Esta insistencia en bloquear el acceso mundial a las fuentes de energía que no
están bajo control estadounidense es la razón por la que Estados
Unidos ha atacado a Venezuela, Siria, Irak, Libia y Rusia.
El ataque a los negociadores –la segunda vez que Estados
Unidos actúa de este modo contra Irán– es una traición que pasará a
la historia. La acción buscaba impedir el supuesto avance de Irán hacia la
paz, antes de que sus líderes pudieran desmentir la falsa afirmación de
Trump de que Irán se había negado a renunciar a su deseo de obtener su
propia bomba atómica.
Sería interesante saber cuántos
integrantes del círculo
próximo a Trump apostaron fuerte a que los precios del petróleo se
dispararían cuando los mercados abrieran el lunes por la mañana. La
semana pasada, los mercados subestimaron el riesgo de cerrar el estrecho de
Ormuz y el Golfo del Petróleo. Las compañías petroleras
estadounidenses obtendrán beneficios extraordinarios. China
y otros importadores de petróleo sufrirán. Los especuladores financieros
estadounidenses también se forrarán, porque su producción de petróleo es
nacional. Este hecho podría incluso haber influido en la decisión de
Estados Unidos de interrumpir el acceso mundial al petróleo de Oriente
Medio durante lo que promete ser un largo período.
De hecho, la perturbación comercial y
financiera será tan global
que creo que podemos considerar el ataque del sábado contra Irán
como el verdadero detonante de la Tercera Guerra Mundial. Para la mayor
parte del mundo, la inminente crisis financiera (por no hablar de la indignación
moral) definirá la próxima década de reestructuración política y
económica internacional.
Los países europeos, asiáticos y del Sur Global no podrán obtener petróleo si no es a precios que harán que muchas industrias dejen de ser rentables y que muchos presupuestos familiares sean insuficientes. El aumento de los precios del petróleo también hará imposible que los países del Sur Global paguen sus deudas a punto de vencer en dólares a los tenedores de bonos occidentales, los bancos y el FMI.
Los países solo podrán evitar tener
que imponer austeridad interna, depreciación de la moneda e inflación si reconocen que el ataque de Estados
Unidos (apoyado por Gran Bretaña y Arabia Saudí, con la ambigua
aquiescencia de Turquía) ha puesto fin al orden unipolar
estadounidense y, con él, al sistema financiero internacional
dolarizado. Si esto no se reconoce, la aquiescencia continuará hasta que se
vuelva insostenible, en cualquier caso.
Si esta es la verdadera batalla
inaugural de la Tercera Guerra Mundial, en muchos sentidos es la batalla final para decidir de qué se trató la Segunda
Guerra Mundial. ¿Se derrumbará el derecho internacional como
resultado de la falta de voluntad de suficientes países para proteger las
normas del derecho civilizado que respaldan los principios de la soberanía
nacional, libres de la injerencia extranjera y la coacción, desde la Paz de
Westfalia de 1648 hasta la Carta de las Naciones Unidas? Y con respecto
a las guerras que inevitablemente se librarán, ¿se salvarán
los civiles y los no beligerantes, o serán como el ataque de Ucrania contra su
población de habla rusa en sus provincias orientales, el genocidio de Israel
contra el pueblo palestino, la limpieza religiosa wahabí de las poblaciones
árabes no suníes o, de hecho, las poblaciones iraníes, cubanas y otras que
sufren ataques patrocinados por Estados Unidos?
¿Pueden salvarse las Naciones Unidas
sin liberarse a sí mismas y a sus países miembros del control estadounidense? Una primera prueba de fuego
para ver cómo se están definiendo las alianzas será qué países se suman a la
iniciativa legal para declarar a Donald Trump y su gabinete criminal
de guerra. Se necesita algo más que la actual CPI, en vista de los ataques
personales del Gobierno de Estados Unidos contra los jueces de la CPI
que declararon culpable a Netanyahu.
Es necesario un juicio a escala de
Nuremberg contra la política
militar occidental que ha intentado sumir al mundo entero en el caos
político y económico si no se somete al orden unipolar basado en el
dominio de Estados Unidos. Si otros países no crean una alternativa a la
ofensiva estadounidense-europea-japonesa-wahabí, sufrirán lo que el secretario
de Estado estadounidense Rubio denominó (en su reciente discurso en Múnich)
un resurgimiento de la historia occidental de conquista de los
principios básicos del derecho internacional y la equidad.
Una alternativa es reestructurar
Naciones Unidas para poner fin a la capacidad de Estados Unidos de bloquear las resoluciones de
la mayoría. Teniendo en cuenta que el secretario general de la ONU,
Antonio Guterres, ha dicho que la organización podría declararse en
quiebra en agosto y tener que cerrar su sede en Nueva York, este es un
momento propicio para trasladarla fuera de Estados Unidos. Estados
Unidos ha prohibido la entrada a Francesca Albanese como consecuencia
de su informe en el que describe el genocidio israelí en Gaza. No
puede haber Estado de derecho mientras el control de la ONU y sus agencias
permanezca en manos de Estados Unidos y sus satélites europeos.
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Michael Hudson es economista y
nació en Chicago (EEUU) en 1939. Su nuevo libro The Destiny of
Civilization, será publicado por CounterPunch Books próximamente.
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