viernes, 18 de agosto de 2017

ELEANOR MARX, LA CUESTIÓN DE LA MUJER Y EL SOCIALISMO.

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El feminismo socialista es una corriente teórica y política que hace una crítica tanto del capitalismo como del patriarcado, enfatizando las esferas tanto pública como privada la vida de las mujeres, y que argumenta que la liberación sólo puede ser lograda a través de poner fin a las fuentes tanto económicas como. Comparte ciertos aspectos de la teoría del feminismo radical relacionados con su crítica del papel del patriarcado, y con el feminismo liberal en relación con la necesidad de luchar por derechos iguales en la sociedad actual, sin esperar que se derroque el capitalismo. Al mismo tiempo, rechaza el planteamiento central del feminismo radical de que el patriarcado es la única o central fuente de la opresión de las mujeres, y la idea fundamental del feminismo liberal de que las mujeres se pueden liberar en el marco de la sociedad de clases sin una transformación de las relaciones de producción su opresión, ya que es clave para la existencia misma del capitalismo. Las feministas y los aliados socialistas creen que la sociedad debe ser reestructurada para terminar con la propiedad privada y la esclavitud doméstica, dar lugar a alguna fórmula de colectivización de las tareas del hogar y del cuidado de las y los hijos, lograr una liberación sexual tanto de mujeres como hombres, y crear las condiciones para poner un alto a la violencia de género.

Esta teoría nace en el momento de expansión de la industrialización y del surgimiento del movimiento obrero; en los inicios del siglo XX, se caracteriza por ser un movimiento social centrado en las mujeres de la clase obrera y en sus condiciones de trabajo, así como de la incorporación de todas las mujeres al mercado laboral como una manera de independizarse de los hombres, aunque también lucha por el derecho al voto. Posteriormente, en los años sesenta y setenta del siglo XX, volvió a surgir en los Estados Unidos, Europa y América Latina planteando un cuestionamiento a la forma en que la izquierda tradicional y la llamada "nueva izquierda" abordaba, o no, "la cuestión de la mujer", como algo secundario, a ser pospuesto. En el siglo XXI, ha habido un resurgimiento de interés en las teorías socialistas y una nueva reivindicación del feminismo socialista y marxista.

Una de las autoras enmarcada tradicionalmente en la corriente del socialismo es FLORA TRISTÁN, dentro de las denominadas socialistas utópicas. Si bien sus reivindicaciones y argumentos son similares a los del FEMINISMO LIBERAL,  en ella se produce un giro de clase que establece como referente a las mujeres obreras; reivindica la educación de las mujeres como base de una sociedad más justa y del bienestar no sólo de las mujeres sino también de los varones.

Otra socialista importante en la lucha por los derechos de las mujeres es CLARA ZETKIN,  , quien afirma que “…los intereses de las mujeres no son homogéneos, sino que están en función de su pertenencia a las diferentes clases sociales”. En el caso de las mujeres de la alta burguesía la principal reivindicación de Zetkin cambia respecto a los autores anteriores y se refiere al derecho a disponer de su patrimonio frente a los varones. Para las mujeres de la pequeña burguesía sin embargo el derecho más importante, al igual que en el feminismo burgués, es el del voto, que les es negado porque los hombres se oponen a la posibilidad de que modifiquen las leyes laborales que permitan el acceso a la libre competencia de las mujeres por los trabajos liberales asalariados. En cuanto a las mujeres de la clase proletaria, considera que su situación es muy similar a la de los varones que se han convertido en fuerza de trabajo para el capital y por lo tanto cuando desaparezca la subordinación obrera desaparecerá también la de las mujeres. Este último punto es uno de los aspectos que más se han criticado del feminismo socialista, la idea poco realista de la igualdad entre hombres y mujeres en las clases bajas y que el socialismo pudiese acabar con la subordinación de las mujeres cuando para el socialismo la cuestión femenina ha sido la cuestión siempre aplazada.

Hasta ALEJANDRA KOLLINTAI,  que es la primera autora socialista de cuya obra se puede concluir lo contrario: que la revolución no podrá realizarse hasta que no se haya resuelto la cuestión femenina. Para construir un mundo mejor además de modificar las relaciones de producción era necesaria según Marx la aparición de un hombre nuevo con nuevos valores y costumbres. KOLLONTAI tendrá la valentía de afirmar que el cambio social se ha iniciado y ha comenzado en las mujeres, en el nacimiento de lo que ella denomina “la mujer nueva”, consciente de su opresión en un mundo concebido por y para varones, en el que su papel se define por sus relaciones y su individualidad no tiene valor. Para ella las mujeres nuevas “…se presentan a la vida con exigencias propias, heroínas que afirman su personalidad, heroínas que protestan de la servidumbre de la mujer dentro del estado, en el seno de la familia, de la sociedad, heroínas que saben luchar por los derechos”

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(Eleanor Marx. Internet Archive Book Images 16 de Agosto de 2017)





ELEANOR MARX, LA CUESTIÓN DE LA MUJER Y EL SOCIALISMO.

Feminismo y Socialismo Marxista.

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Josefina L. Martínez.

Rebelión viernes 18 de agosto del 2017.


Escritora, actriz, organizadora sindical, militante socialista y feminista, fue la primera productora de Madame Bovary al inglés y la primera biógrafa de su padre, Karl Marx. La Historia de una Mujer que se ganó un nombre propio en la Historia del Socialismo.


Mayo de 1871. Francia se encuentra conmocionada por la Comuna de París, que concentra las esperanzas de la clase obrera y el odio de la burguesía europea. Durante la semana sangrienta del 20 de mayo fueron asesinados más de 30.000 trabajadores y más de 8.000 encarcelados. Pocos días antes, dos mujeres jóvenes cuyo apellido podía hacer saltar las alarmas de la policía francesa ingresaban al país con nombre falso.

Jenny y Eleanor Marx iban a Burdeos para buscar a su hermana, Laura, cuyos hijos estaban enfermos. Su esposo, Paul Lafargue, había desaparecido poco antes, después de viajar a París para ponerse al servicio de la Comuna. Jenny y Eleanor ayudaron a poner a salvo a la familia Lafargue atravesando los Pirineos, pero cuando regresaron a Francia para borrar sus huellas fueron detenidas. Retenidas en arresto domiciliario durante una semana, serían interrogadas sobre el supuesto escondite de armas y artefactos para construir bombas. 

La prensa europea acusaba a Marx de ser el artífice de la Comuna, por lo que sus hijas eran consideradas peligrosas. La policía francesa perseguía a las pétroleuses, mujeres que habían tenido un papel destacado durante la Comuna, como la amiga personal de los Marx, Elisabeth Dimitrioff. Cuando su padre muere, en 1883, Eleanor tiene 28 años y junto con Engels trabajan para preservar su legado, sus manuscritos y su correspondencia Eleanor Marx tenía 16 años y ésta fue su primera experiencia política, que la marcará para siempre. Cuando regresa a Londres se pone a militar activamente, participa en la organización del Congreso de la Asociación Internacional de Trabajadores y en el comité de ayuda a los refugiados de la Comuna de París. Su perfecto manejo del inglés, alemán y francés le permite hacer de intérprete y se ocupa de organizar el primer acto de aniversario en homenaje a los comuneros. 

Algunos, como el húngaro exiliado Leo Frankel, se enamoran perdidamente de la joven Marx. Pero quien despierta su interés es otro destacado comunero, el vasco francés Hippolyte Prosper-Olivier Lissagaray, quien poco después escribirá la primera historia sobre la Comuna de París con la ayuda de Eleanor. “Hans Röckle era un mago que llevaba una tienda de juguetes: hombres y mujeres de madera, animales fantásticos, gnomos y gigantes. 

Las dificultades económicas lo obligaban a vender sus creaciones al diablo y los muñecos vivían grandes aventuras hasta regresar a la tienda”. Con seis años, la pequeña Tussy, como la llamaban en casa, escuchaba por las noches las historias que inventaba su padre. En ese período, Marx pasaba horas trabajando en sus manuscritos para El Capital, con la pequeña Eleanor jugando a su lado o montando a caballo sobre sus hombros. Sumida en grandes dificultades económicas, la familia Marx sobrevivía con la ayuda de Federico Engels, el General, como llamaba Tussy a su “segundo padre”. 

En la casa de Jenny y Karl Marx todos eran lectores. Colecciones de historia, filosofía, las recientes obras de Darwin, escritos de Hegel, Rousseau y Fourier, novelas de Balzac y Dickens, la poesía de Goethe. El preferido era Shakespeare, que Tussy aprendió a recitar de memoria desde chica y despertó su amor por el teatro. 

A los 18 años, Tussy busca independizarse --algo raro para una mujer soltera en la Inglaterra victoriana--, encuentra trabajo enseñando en una academia de mujeres en Brighton y mantiene una relación --por momentos clandestina-- con Lissagaray. Pero una crisis de nervios, la mala alimentación y el deterioro de su salud la obligan a regresar a Londres. Su actividad política no decae y en los años siguientes participa en los debates sobre Irlanda, los intentos de formación de un partido socialista independiente y la campaña de amnistía para los comuneros. Cuando su padre muere, en 1883, Eleanor tiene 28 años y junto con Engels trabajan para preservar su legado, sus manuscritos y su correspondencia. 

Le escribe a Kautsky: “Su obra debe conservarse tal como es y todos debemos intentar aprender de ella. Así todos podremos caminar con sus largas piernas”. La mujer y el socialismo Golpeado por la muerte de su gran amigo, Engels revisa los estudios de Marx sobre la cuestión de la familia en la historia y da forma a su libro El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), obra pionera del feminismo socialista. Eleanor colabora, leyendo y discutiendo los borradores. Publica junto con su esposo, Edward Aveling, su propio trabajo: La cuestión de la mujer, un punto de vista socialista. Eleanor defiende que la lucha por la emancipación de las mujeres solo puede lograrse en el socialismo, y que ésta es un prerrequisito para aquel. Durante el agitado año de 1886, Eleanor y Aveling recorren 35 ciudades de Estados Unidos invitados por el Partido Socialista Laborista. 

Habla sobre la situación de los trabajadores y las mujeres obreras. El movimiento sindical norteamericano es un hervidero, después del encarcelamiento de los mártires de Chicago, que serán fusilados ese mismo año. El éxito de la gira solo se enturbia al final por unas denuncias contra Aveling, que derrocha parte del dinero del SLP en gastos superfluos. Aveling esconde a Eleanor sus relaciones con numerosas mujeres y miente sobre sus deudas. Contra la opinión de muchos dirigentes sindicales, Eleanor planteaba la necesidad de organizar a las mujeres y a los trabajadores no calificados. 

En la década siguiente Eleanor Marx se dedica a numerosas tareas políticas y de organización del movimiento obrero. Participa del Congreso de fundación de la Segunda Internacional, donde conoce a Clara Zetkin (traduce su discurso sobre las mujeres) y cumple un papel destacado colaborando con las huelgas de los portuarios, los trabajadores del gas y las fábricas químicas de Silvertown. Auspicia la formación de la primera sección de mujeres en el Sindicato de trabajadores del gas, asesora a las trabajadoras de comercios en huelga y apoya la organización sindical de las obreras más explotadas que pelaban cebollas en fábricas alimenticias. 

Contra la opinión de muchos dirigentes sindicales, Eleanor planteaba la necesidad de organizar a las mujeres y a los trabajadores no calificados. Después del fallecimiento de Engels, Eleanor recibe la mayoría de los papeles de Marx y se dedica a editar sus manuscritos. En 1897 publica Salario, precio y ganancia, mientras avanza en la biografía de Marx, pero el creciente deterioro de su vida personal le impide continuar. Aveling miente cada vez más y acumula deudas a costa suya. 

Finalmente, la crisis alcanza su cenit cuando Eleanor se entera que Edward se ha casado con otra mujer, usando un nombre falso. Sumida en una grave crisis personal, Eleanor muere a los cuarenta y tres años en marzo de 1898 después de ingerir veneno. Al igual que la protagonista de la novela de Flaubert, Eleanor no logró sobrellevar su propia tragedia privada. Muchos de sus amigos y allegados consideraron a Aveling responsable --directo o indirecto-- de su muerte, y éste fallece pocos meses después. 

El triste final de Eleanor Marx no oscurece la intensidad de su vida, sus aportes al movimiento obrero y al feminismo socialista. Como escribe su biógrafa, Rachel Holmes, “Eleanor Marx cambió el mundo. En el proceso, se revolucionó a sí misma.” 

El 4 de mayo de 1890, 250.000 trabajadores se reunieron en Hyde Park, en Londres, para celebrar por primera vez el día internacional de los trabajadores. Eleanor Marx tomó la palabra ese día desde la tribuna. Al terminar el discurso, citó una de sus estrofas preferidas de Shelley:

Alzaos cual leones tras un largo sueño.
En número invencible. 
Sacudíos vuestras cadenas y que caigan a la tierra como el rocío
que durante el sueño se posó sobre vosotros. 
Vosotros sois muchos y ellos son pocos.
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