sábado, 23 de junio de 2018

ESTADOS UNIDOS: CUATRO PALABRAS QUE CAMBIARON EL CURSO DE LA HISTORIA.

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EL LLANTO DE NIÑOS SEPARADOS DE SUS PADRES EN LA FRONTERA DE EEUU PROVOCA UN ALUVIÓN DE CRÍTICAS CONTRA TRUMP.- La política de «tolerancia cero» con la  inmigración  prometida por el Gobierno de Donald  Trump en la frontera  entre Estados Unidos y México ha provocado la separación de cientos de familias y que niños  de corta edad -incluso de un año- hayan quedado recluidos sin sus padres, lo que ha generado una ola de críticas de quienes consideran esta medida no solo innecesaria, sino también contraria a los Derechos Humanos.

El Departamento de Seguridad Interior calcula que casi 2.000 menores han sido separados de sus padres o tutores en solo seis semanas e incluso ha difundido imágenes en las que se ve cómo algunos de estos niños están encerrados en jaulas. Los medios también se han hecho eco en los últimos días de historias de desgarro en las que los afectados, en su mayoría procedentes de países centroamericanos, claman a gritos permanecer juntos.

El portal Propublica difundió el lunes una grabación de sonido en la que se escuchan a varios niños llamar a voces a sus padres, ante la indiferencia de unos agentes fronterizos que incluso llegan a ironizar con la «orquesta» de gritos. Una niña salvadoreña de seis años implora que alguien la lleve al menos con su tía y explica que se sabe de memoria su número de teléfono.

«Estados Unidos no será un campo de migrantes y no habrá instalaciones para tener a refugiados», proclamó Trump el lunes, durante el encuentro en la Casa Blanca en el que anunció la creación de una nueva fuerza espacial. «No bajo mi mando», apostilló el presidente, que por ahora no ha dado muestras de cambiar su dura política.

Trump también advirtió el lunes en Twitter de que «los niños" están siendo utilizados por algunos de los peores criminales del mundo como un medio para entrar» en Estados Unidos. Así, aludió a unas cifras de delincuencia «histórica» al otro lado de la frontera y subrayó: «Esto no va a ocurrir en Estados Unidos».

El fiscal general, Jeff Sessions, no dudó en citar la semana pasada la Biblia para justificar la medida y la secretaría de Seguridad Interior, Kirstjen Nielsen, insistió el lunes en que la Administración «no se va a disculpar por hacer su trabajo». «No podemos fingir que todos los que vienen a este país como una familia lo son de verdad», alegó.

Sin embargo, solo parte del Partido Republicano parece entender la «tolerancia cero» con los niños e incluso la primera dama, Melania Trump, reconoció en un simbólico comunicado que «odia» ver cómo las familias son separadas. También se han posicionado en contra el resto de primeras damas vivas -Rosalynn Carter, Hillary Clinton, Laura Bush y Michelle Obama-, en una unidad sin precedentes.

Los ecos de esta polémica han llegado a la ONU, cuyo secretario general, António Guterres, ha abogado por preservar la unidad familiar y por no «traumatizar» a los niños. «Los refugiados y los migrantes siempre deberían ser tratados con respeto y dignidad y de acuerdo con el Derecho Internacional existente», ha añadido. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Raad al Hussein, también ha cuestionado una práctica que implica un «abuso» contra la infancia y que, en su opinión, puede provocar «daños irreparables» y de por vida para los menores afectados. Para Zeid, es «inconcebible» que un país «busque disuadir a los padres infligiendo un abuso así sobre los niños».

La directora ejecutiva del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), Henrietta Fore, ha subrayado que los menores «deben ser protegidos» y «tienen que estar con sus familias». «Hay formas efectivas de garantizar el orden y el control soberano de las fronteras sin someter a las familias al trauma psicológico de la separación entre padres e hijos», ha declarado, por su parte, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi. Las asociaciones de médicos o los obispos de Estados Unidos también se han pronunciado en contra de una práctica que la Unión Americana para las Libertades Civiles (ACLU) ha tachado de «cruel» y que ha recibido la condena unánime de las organizaciones internacionales defensoras de los Derechos Humanos, en la medida en que todas ellas creen que no se está teniendo en cuenta el interés último de los menores.
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Miles de niños hijos de inmigrantes, secuestrados y encarcelados por la política migratoria de "tolerancia cero" del presidente Trump.
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ESTADOS UNIDOS: CUATRO PALABRAS QUE CAMBIARON EL CURSO DE LA HISTORIA.

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Amy Goodman y Denis Moynihan.

Democracy Now!

Rebelión sábado 23 de junio del 2018.

-¿También bebés?

-También bebés.

Estas cuatro palabras, emitidas por la cadena de noticias CBS en 1969, tuvieron un profundo impacto en la opinión pública estadounidense, en la presidencia de Nixon y en el curso de la Guerra de Vietnam. Esta semana, la pregunta sobre los bebés volvió a escucharse en la Casa Blanca, esta vez en torno a los miles de niños inmigrantes, algunos de apenas unos meses, arrancados de los brazos de sus madres y padres y encarcelados en jaulas por orden del presidente Donald Trump.

La pregunta “¿También bebés?” fue planteada hace medio siglo por el experimentado periodista de investigación Mike Wallace a un joven veterano de guerra de Vietnam llamado Paul Meadlo. “También bebés”, respondió Meadlo, un soldado raso del ejército que, junto con muchos otros soldados estadounidenses, había llevado a cabo una incursión contra un poblado vietnamita llamado My Lai el 16 de marzo de 1968.

Lo que siguió llegó a conocerse como la Masacre de My Lai. Los soldados estadounidenses masacraron a más de 500 civiles en el transcurso del día. “Suplicaban y decían: ‘No, no’. Y las madres abrazaban a sus hijos y… bueno, seguimos disparando. Ellos agitaban los brazos y suplicaban”, le declaró Meadlo a Wallace.

Meadlo llegó a la entrevista con CBS gracias a un joven periodista independiente llamado Seymour Hersh, que estaba investigando la masacre. Hersh localizó a Meadlo, obtuvo su testimonio y lo convenció de hacer la entrevista para CBS. Lo que el periodista descubrió sobre la masacre de My Lai lo atormenta hasta el día de hoy. En una entrevista para Democracy Now! sobre su nuevo libro, Reporter: A Memoir (Periodista: una autobiografía, en español), Hersh expresó:

“En lugar de encontrarse con el enemigo, en el poblado solo había familias, mujeres, niños y ancianos. Y entonces comenzaron a asesinarlos. Los arrojaron a una zanja, violaron a las mujeres, los mataron. Arrojaban a los bebés y les disparaban con bayonetas. Esto fue difícil de procesar para mí, fue muy difícil en el primer año. Algunas de las cosas que mantuve fuera del artículo inicial eran simplemente horrendas”.

En cuanto a la aparición de Meadlo en CBS , Hersh recordó: “Mike Wallace, que era fuerte como un toro, le preguntó cinco veces en esa entrevista, ‘¿También bebés?’ y siguió repitiendo ‘¿También bebés?’”.

Más adelante, Hersh publicó el informe sobre la masacre en la pequeña agencia de noticias antibélicas Dispatch News Service, después de que varios de los principales medios estadounidenses la rechazaran. En 1970 recibió el Premio Pulitzer por esta investigación. Hersh considera que existen paralelismos entre aquella situación y la cobertura que finalmente está haciendo la prensa sobre la actual crisis de separación de familias inmigrantes. “Esto podría ser un punto de inflexión”, opinó Hersh.
 
 
Niño inmigrante secuestrado, encarcelado y  separado de sus padres. Presos en cárceles por al política "tolerancia cero" del presidente Trump. Actos verdaderamente criminales. Un nuevo "Niño Símbolo" de la Inmigración mundializada  producto de la miseria, el saqueo del capitalismo corporativo global de los recursos naturales, así como la profunda, salvaje e inhumana desigualdad social 2018.
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Hoy vemos fotos de niños y niñas llorando junto a sus padres y madres esposados, y hemos podido escuchar una grabación publicada por el medio ProPublica donde se escucha a los niños gritar “¡Mamá! ¡Papi!” mientras un guardia se burla de ellos, diciéndoles “Bueno, aquí tenemos una orquesta. Solo falta el director”. Autoridades electas y medios de comunicación se han congregado en la región fronteriza de Estados Unidos y México para exigir el acceso a los centros de detención. La secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, fue interrogada en una conferencia de prensa en la Casa Blanca acerca de por qué su departamento solo había publicado fotos de niños de más de 10 años de edad encarcelados en jaulas y ninguna foto de niñas o niños pequeños. “¿Dónde están las niñas? ¿Dónde están los bebés?”, le preguntaron varias veces. La confusión de la secretaria Nielsen sobre el paradero de bebés y niñas desató reacciones aún más fuertes.

La política de Trump de “tolerancia cero” hacia inmigrantes indocumentados y solicitantes de asilo en la frontera sur de Estados Unidos, anunciada por el fiscal general Jeff Sessions el pasado 6 de abril, permitió que el Departamento de Seguridad Nacional, con su Servicio de Inmigración y Control de Aduanas y su Patrulla Fronteriza, arrestara a los adultos sospechosos de cruzar la frontera sin la documentación adecuada, y los separara de sus hijos. La cantidad de niños y niñas secuestrados por estos organismos es mayor a 2.300. La revista electrónica The Intercept estima que han sido más de 3.700 desde octubre.

Decenas de activistas defensores de los derechos de los inmigrantes han organizado protestas en todo el país contra la orden de Trump desde el mismo día de su emisión. El movimiento se fue multiplicando. Muchos congresistas exigieron ver a los niños encarcelados. Gobernadores demócratas y republicanos comenzaron a emitir órdenes ejecutivas para retirar o impedir que las tropas de la Guardia Nacional dependientes de sus estados acudan a la frontera para ayudar al Departamento de Seguridad Nacional. Varias aerolíneas se unieron en su rechazo de transportar a los niños separados de sus padres. El miércoles, finalmente, Trump emitió una orden ejecutiva que revierte su propia decisión. Desde ahora, las familias ya no serán separadas al atravesar la frontera.

Sin embargo, eso no soluciona la crisis de los miles de niños y niñas que ya han sido arrancados de los brazos de sus padres. No se generó un mecanismo para reunir a los padres, de los cuales algunos ya han sido deportados, con sus hijos, que todavía están en jaulas, cárceles y campamentos de emergencia establecidos a lo largo de todo el país en 17 estados.

Hace cincuenta años, cuatro palabras escuchadas en todo el país cambiaron el curso de la Guerra de Vietnam: la pregunta “¿También bebés?” y la respuesta “También bebés”. Cuatro palabras que se escucharon esta semana, “Mamá, mamá. Papi, papi”, expusieron la crueldad del gobierno de Trump y cambiaron poderosamente el curso del debate sobre la inmigración.

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© 2018 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

AMY GOODMAN es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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viernes, 22 de junio de 2018

COLOMBIA EN LA OTAN: EL CABALLO DE TROYA EN AMÉRICA LATINA.

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QUE ES LA OTAN.- La Organización del Tratado del Atlántico Norte u OTAN (en inglésNorth Atlantic Treaty Organization o NATO; en francésOrganisation du Traité de l'Atlantique Nord u OTAN), también denominada Alianza del AtlánticoAlianza del Atlántico Norte o Alianza Atlántica, es una alianza militar  Intergubernamental basada en el Tratado del Atlántico Norte o Tratado de Washington firmado el 4 de abril de 1949. La organización constituye un sistema de defensa colectiva, en la cual los Estados miembros acuerdan defender a cualquiera de sus miembros si son atacados por una potencia externa. El cuartel general de la OTAN se encuentra en BruselasBélgica, uno de los 29 Estados miembros de la organización que se extiende por Norteamérica y Europa. La última incorporación fue Montenegro, en junio de 2017. Además, hay 21 países que colaboran con la OTAN dentro del programa Asociación para la Paz, con otros 15 países involucrados en programas de diálogo y 9 países como socios globales como AustraliaColombiaCorea del Sur, Japón. El gasto militar combinado de todos los países miembros de la OTAN supera el 76 % del gasto militar mundial.

En sus primeros años, la OTAN no era mucho más que una asociación política. Sin embargo, la guerra de Corea hizo que se planteara una coalición permanente, y desde entonces se creó una nueva estructura militar bajo la dirección de los comandantes de Estados Unidos. El curso de la Guerra Fría llevó a las naciones rivales a crear el Pacto de Varsovia, que se formó en 1955. Siempre se han manifestado dudas sobre la alianza europeo-norteamericana ante una invasión soviética, desacuerdos que se plasmaron con la creación por parte de Francia de la fuerza de choque nuclear, y finalmente con su retirada del comando integrado de la alianza en 1966.
 
Después de la caída del Muro de Berlín en 1989, la organización intervino dentro de la guerra de Yugoslavia, lo que se convirtió en la primera intervención conjunta de la OTAN, y también después en 1999. Políticamente la organización ha ido mejorando sus relaciones con los antiguos miembros del Bloque del Este, que culminaron al incorporarse varios miembros del Pacto de Varsovia entre 1999 y 2004. En septiembre de 2001 ha sido la única ocasión en que un país miembro, Estados Unidos, ha invocado el Artículo 5 del tratado reivindicando la ayuda en su defensa. A partir de entonces los países miembros colaboraron con los Estados Unidos en la guerra de Afganistán y en la de Irak. El artículo 4 del tratado prevé llamar a consulta a los países miembros y ha sido convocado cuatro veces, tres de ellas por Turquía, la primera por la guerra de Irak y las dos restantes por ataques recibidos durante la Guerra Civil Siria, la cuarta ha sido invocada por Polonia durante la Crisis de Crimea de 2014, debido a la movilización de tropas rusas en la frontera polaca con Kaliningrado y las maniobras rusas en el mar Báltico.

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COLOMBIA EN LA OTAN: EL CABALLO DE TROYA EN AMÉRICA LATINA.

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Revista globalización. Junio del 2018.

El ingreso de Colombia a la OTAN se concretó el pasado 31 de mayo y tiene por objetivo controlar la región. Dese el punto de vista geopolítico es la puerta de ingreso de EEUU en Sudamérica para desestabilizar Venezuela, pero también para disciplinar a los movimientos populares.

Es el único país de América Latina que asume el papel de "socio global" de la Alianza Atlántica lo que lo coloca como aliado privilegiado de los países del Norte junto a Afganistán, Australia, Irak, Japón, República de Corea, Mongolia, Nueva Zelanda y Pakistán.


Aunque Colombia no sea miembro pleno de la OTAN, ya que no pertenece a la región del Atlántico Norte, jugará un papel importante en la cooperación militar y en las tareas que le asignen los países más poderosos del mundo.

Desde el punto de vista geográfico, Colombia ocupa un lugar privilegiado al ser el único país sudamericano que tiene costas en el océano Pacífico y en el Caribe. Tiene fronteras porosas con Venezuela, además de lindar con Ecuador y Brasil.

Por eso Colombia juega un papel central en la estrategia de EEUU para la región. Nicholas Spykman(1893-1943), el teórico geopolítico que tuvo mayor influencia sobre la política exterior de Estados Unidos en el siglo XX, consideraba que los países caribeños, incluyendo Colombia y Venezuela, formaban una zona de influencia donde "la supremacía de Estados Unidos no puede ser cuestionada".


Esta es una de las razones por las cuales los países más ricos del mundo decidieron que Colombia debe ingresar tanto en la OTAN como en la OCDE, y hacerlo de modo simultáneo, otorgando un cheque en blanco a la elite de ese país en la cual parecen confiar plenamente.


La segunda razón es de carácter militar. Según el ranking de la revista Military Power Review, las Fuerzas Armadas de Colombia dieron un salto en la región sudamericana pasado del quinto al segundo lugar, sólo detrás de Brasil, "impulsada por la importante asistencia militar de los Estados Unidos para el combate al narcotráfico, con énfasis en la inteligencia, modernización y profesionalización de sus Fuerzas Armadas".

En paralelo, el presupuesto militar de Colombia es con mucha diferencia el mayor de la región, según el "Balance Militar de América del Sur 2017", publicado por Nueva Mayoría. Bogotá dedica el 3,4% del PBI anual a la defensa, frente al 1,3% de Brasil y el 1% de Argentina para 2016. Si se mide el gasto militar en porcentaje del presupuesto de la nación, Colombia dedica nada menos que el 15% frente al 7% de Ecuador y el 6% de Venezuela.


A ese enorme gasto hay que sumar la ayuda en equipos de Estados Unidos. Pero lo que las coloca como las primeras Fuerzas Armadas del continente es su capacidad de operación sobre el terreno. La larga guerra contra las guerrillas, en particular las FARC, les ha proporcionado una amplia experiencia y capacidad de combate en la acción directa, algo que no sucede con las Fuerzas Armadas de los demás países de la región, que no enfrentan serios combates desde hace por lo menos tres décadas (la guerra de las Malvinas en 1982 enfrentó a Argentina con Gran Bretaña, con una estrepitosa derrota de la primera).


La tercera cuestión que explica la opción del Norte por Colombia se relaciona con su larga experiencia en el control de los movimientos populares. El país ha sido un laboratorio de neutralización de la protesta social, que fue acotada por una hábil combinación de represión, infiltración y cooptación. De hecho Colombia es el único país sudamericano donde la vieja oligarquía de la tierra y la cruz sigue dominando desde la independencia, hace ya doscientos años.

Al parecer, el papel asignado es el de exportar el modelo de utilización del narcotráfico para enfrentar a los movimientos populares con el menor costo político y de legitimidad para las Fuerzas Armadas. El general Oscar Naranjo, actual vicepresidente, fue jefe de Policía de Colombia y asesor de seguridad del presidente mexicano Enrique Peña Nieto desde 2012 hasta su retorno a Bogotá en 2014.


Naranjo es considerado el "mejor policía del mundo" por haber desarticulado los cárteles de Cali y Medellín, y por haber dirigido en 1993 la operación que terminó con la vida de Pablo Escobar. Sin embargo, ha sido acusado en Colombia de mantener relaciones directas con jefes del narcotráfico, con los que solía mantener relaciones fluidas, según la página de la periodista Carmen Aristegui.


El periodista e investigador Carlos Fazio lo presenta de este modo: "Graduado en montajes mediáticos y otros trucos sucios, Naranjo, hombre de la Agencia Antidrogas estadunidense (DEA) y producto de exportación de Washington para el subcontinente, tiene una orden de arresto por asesinato, girada por un tribunal de Sucumbíos, Ecuador, y ha sido incriminado por sus nexos con el ex capo del Norte del Valle, Wílber Varela, en el juicio que se ventila actualmente en la corte del distrito Este de Virginia, Estados Unidos".

Por eso Fazio lo define como "uno de los arquitectos de la actual narcodemocracia colombiana" que se caracteriza por una fachada electoral, que denominan democracia, combinada con la guerra sucia contra los movimientos populares.

La "colombianización" de México tiene como resultado el asesinato de más de 200.000 personas y la desaparición de 40.000 en la llamada guerra contra el narcotráfico que es en realidad una agresión sin precedentes contra los sectores populares organizados, las mujeres pobres y los pueblos originarios.


En síntesis, a Colombia le fue entregada la llave para el control geopolítico de la región (con especial hincapié en Venezuela) y para el disciplinamiento de la disidencia social. En algún momento los estrategas del Pentágono comprendieron que no debe repetirse la historia reciente, cuando la acción popular derribó una decena de gobiernos aliados de Washington en las décadas de 1990 y 2000, abriendo grietas por las que llegaron al gobierno fuerzas políticas contrarias a los Estados Unidos.

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jueves, 21 de junio de 2018

¿EL “MATERIALISMO HISTÓRICO” ES UNA FILOSOFÍA DE LA HISTORIA?.

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Como sabemos, el materialismo histórico ha sido desacreditado como metarrelato moderno, y una de las razones aducidas fue la de haber compartido el “mito colectivo” del progreso. Las filosofías posmodernas trivializaron el problema al postular un supuesto paradigma del progreso que no distingue al marxismo y al socialismo de una amalgama de tradiciones y movimientos desde los años de la Ilustración.

No obstante, hay que reparar en que las diversas corrientes que formaron parte de la tradición socialista desde el siglo XIX compartieron la idea del carácter positivo e inevitable del progreso social.

Y ciertamente durante el pasado siglo XX el marxismo, como teoría y 000000000movimiento de masas, aseguró la expansión del progresismo entre los movimientos sociales y políticos del mundo, a partir de tres grandes realizaciones:

1) La ideología de la II Internacional, ya mencionada, que, como impugnara Gramsci, hacía de la emancipación el resultado inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas y de las contradicciones propias del capitalismo.

2) La ideología del comunismo de corte soviético y del llamado “socialismo real”, heredera de la anterior pero con su propia tensión entre un proyecto de resistencia a la modernización capitalista y un proyecto ultramoderno, de superación de esa modernidad mediante un “salto adelante” hacia el futuro de la humanidad.

3) La ideología del “desarrollo socialista” que involucró a las experiencias del Tercer mundo, acompañando los movimientos de descolonización. Se trata de un proyecto de desarrollo para la “periferia” de la economía mundial capitalista, con énfasis en la planificación del Estado como antídoto al subdesarrollo.

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¿EL “MATERIALISMO HISTÓRICO” ES UNA FILOSOFÍA DE LA HISTORIA?.

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Wilder Pérez Varona.

La Tizza.

Rebelión viernes 8 de junio del 2018.

Ponencia del I Congreso Internacional Marx en el siglo XXI, Desafíos para la transformación del mundo actual y la Revolución Bolivariana, 5 de mayo del 2018.

Marx ha sido atacado siempre, pero no en todos los casos a raíz de su propia teoría, sino que se le ha hecho responsable de elaboraciones que pertenecen al marxismo posterior. Una solución socorrida ha sido distinguir a Marx de todo marxismo.
Creo que no es posible hoy pretender una vuelta a un Marx puro, sin “ismos”, sin dar cuenta de lo que ha sido el marxismo histórico y las experiencias socialistas de transformación que han reclamado su inspiración. Rescatar hoy, lo valioso del legado de Marx supone examinar y tomar posición sobre este tema. Un legado no es algo que se recibe tal cual, supone nuestra intervención, nuestra decisión sobre qué considerar valioso y qué no.

Uno de los mecanismos para descalificar las ideas de Marx ha sido tildarlas de utópicas. Hoy las utopías son imprescindibles porque el orden de dominación desafía la capacidad de imaginar otra forma de vida y sustenta su hegemonía en ello.

Es cierto que Marx y sobre todo Engels reivindicaron el carácter científico de sus propuestas, como opuesto a lo utópico. En su contexto, consideraban necesario poner el conocimiento al servicio de la emancipación del trabajo, en lugar de abandonar la ciencia a los representantes del orden establecido. Y por enfrentar además utopías doctrinarias, mesianismos secularizados que anunciaban el advenimiento del cielo en la tierra, sin hacerse cargo de las condiciones reales que pretendían superar. Como el propio Marx escribió, la ignorancia nunca ayudó a nadie.

Paradójicamente, ya al final de su vida Marx tuvo que lidiar con que sus propuestas fueran erigidas en nueva doctrina, que alcanzaría más tarde proporciones inconmensurables.

No se trata de culpar o exculpar a Marx, sino de analizar su propia evolución y valorar en qué medida logró o no desprenderse de esquemas precedentes y contemporáneos, hasta qué punto su crítica y su compromiso con los explotados y oprimidos le permitió formular problemas y crear conceptos que puedan y deban ser hoy dignos de recuperar.

Voy a esbozar entonces un problema que, como enuncia el título, resulta bien espinoso, toda vez que las revoluciones poseen una vocación finalista, teleologicista, inevitable. Pero al fin y al cabo, vengo de una Revolución que, como dijo el Che, fue realizada contra las oligarquías dominantes y contra los dogmas revolucionarios.
I
Lo que se ha conocido como materialismo histórico o concepción materialista de la historia ha sido retrotraído a la redacción de La Ideología alemana por Marx y Engels (1845–6). Comoquiera que esta obra solo fue íntegramente publicada en 1932, fueron el Manifiesto comunista y sobre todo el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política de 1859 los textos que la socialdemocracia de los años 80 y 90 canonizara para postular y divulgar entre los partidos de masas la nueva concepción del mundo.

Este último texto en particular devino, pese a las advertencias de Engels, no en hilo conductor de la investigación histórica sobre las condiciones concretas de existencia de las formaciones sociales, sino en modelo o esquema prefabricado para reducir el conjunto de aquellas a su determinación económica. El materialismo histórico recibió de este modo su obra canónica. Los debates teóricos en torno al materialismo histórico y al valor práctico de sus conclusiones tomaron cuerpo desde entonces en estrategias y tácticas asumidas por los movimientos revolucionarios adscritos a esta concepción.
 




De manera general, el materialismo histórico, de la mano de los ideólogos de la II Internacional, fue el modo en que se codificó y divulgó una teoría abstracta del movimiento histórico sustentada en la existencia de leyes de la historia, de un modelo universal de evolución y transición. Es decir, se presentó como “el marxismo” una concepción fatalista de la historia que sometía el devenir de las sociedades a una necesidad externa, abstracta y casi mística.

Esta ortodoxia marxista, institucionalizada luego por los partidos y estados comunistas, pretendió garantizar la correspondencia entre dos cosas diferentes: la “concepción del mundo” del movimiento socialista que reivindicaba la obra de Marx, sostenida sobre la idea de la misión histórica de la clase obrera; y la doctrina o sistema atribuido a Marx, basada en el determinismo económico.

Como sabemos, el materialismo histórico ha sido desacreditado como metarrelato moderno, y una de las razones aducidas fue la de haber compartido el “mito colectivo” del progreso. Las filosofías posmodernas trivializaron el problema al postular un supuesto paradigma del progreso que no distingue al marxismo y al socialismo de una amalgama de tradiciones y movimientos desde los años de la Ilustración.

No obstante, hay que reparar en que las diversas corrientes que formaron parte de la tradición socialista desde el siglo XIX compartieron la idea del carácter positivo e inevitable del progreso social.

Y ciertamente durante el pasado siglo XX el marxismo, como teoría y 000000000movimiento de masas, aseguró la expansión del progresismo entre los movimientos sociales y políticos del mundo, a partir de tres grandes realizaciones:

1) La ideología de la II Internacional, ya mencionada, que, como impugnara Gramsci, hacía de la emancipación el resultado inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas y de las contradicciones propias del capitalismo.

2) La ideología del comunismo de corte soviético y del llamado “socialismo real”, heredera de la anterior pero con su propia tensión entre un proyecto de resistencia a la modernización capitalista y un proyecto ultramoderno, de superación de esa modernidad mediante un “salto adelante” hacia el futuro de la humanidad.

3) La ideología del “desarrollo socialista” que involucró a las experiencias del Tercer mundo, acompañando los movimientos de descolonización. Se trata de un proyecto de desarrollo para la “periferia” de la economía mundial capitalista, con énfasis en la planificación del Estado como antídoto al subdesarrollo.



Existe aún otro elemento, implícito en lo anterior, que concierne a la representación marxista de la historia como progreso, y que se refiere al carácter unitario, integrador, de la historia.

Esta unicidad de la historia se ha captado según una lógica de sucesión que distingue determinadas “etapas” de la evolución. Generalmente, la historia ha sido pensada como un proceso, ciertamente accidentado, pero que conduce a un estadio social superior justo porque en él son resueltas las contradicciones y desigualdades anteriores. Y este proceso ha sido fundamentado sobre tres ideas: el carácter lineal e irreversible del tiempo histórico; el desarrollo entendido como un perfeccionamiento técnico y moral; y la existencia de una capacidad incrementada de transformación, que compete tanto al dominio y transformación de la naturaleza, como a la capacidad de autotransformación del hombre como ente colectivo (sustento para la autonomía de los sujetos).

II

Ahora bien, ¿hay en Marx realmente una filosofía de la historia? ¿De qué filosofía se trata? O bien, ¿en qué medida Marx forma parte de la tradición evolucionista y progresista del siglo XIX? Antes de ocuparme brevemente de estas interrogantes, unos apuntes sobre lo que puede ser llamado filosofía en Marx.

Marx revolucionó la práctica de la filosofía al conferir a su actividad teórica crítica otro lugar, problemas y objetivos. Su obra conforma una totalidad abierta, sujeta a diversas y siempre nuevas interpretaciones: desde este punto de vista, resulta arbitraria la distinción entre obras filosóficas, históricas y económicas. Los postulados y conclusiones presentes en su obra sufren cambios, alteraciones, renovaciones, a partir de los grandes acontecimientos que procuró comprender y que sometieron a duras pruebas su teoría. Su pensamiento no puede ser estudiado como si se tratara de un sistema: hay que volver a trazar su evolución, con sus crisis y refundaciones.

Marx se nos presenta como un historicista. Por tomar dos ejemplos de alcance indudable, su crítica de la ideología y del fetichismo mercantil se sustenta en el reconocimiento de la historicidad de las relaciones sociales. Tanto la conciencia teórica autonomizada como la representación espontánea inducida por las relaciones mercantiles asumen la forma de una “naturalización” ficticia que niega el tiempo histórico, su dependencia de condiciones históricas concretas y por ende transitorias. En este sentido, la crítica de Marx remite a una oposición entre el punto de vista metafísico y una perspectiva radicalmente historicista.

Sin embargo, la historia en Marx posee también otro sentido. Las condiciones propias del capitalismo (la contradicción entre centralización de los medios de producción y la socialización creciente del trabajo) contienen en sí la necesidad del comunismo. Claro que Marx no identifica directamente el progreso a la modernidad, ni al liberalismo o al capitalismo. No hallamos en Marx la idea positivista de un esquema continuo y ascendente (digamos al estilo de Comte, que entendía el progreso como “desarrollo del orden”).

La dialéctica de Marx muestra, al respecto, la siguiente ambivalencia: el capitalismo es progresista en tanto hace inevitable el comunismo, y este último en tanto resuelve las contradicciones del capitalismo. En lugar de un esquema lineal hallamos en Marx una representación de contradicciones irresolubles, de crisis y del papel de la violencia, que acaban por conferir sentido a un modo de producción y ponerlo al servicio de aquello que se le opone.

Los teóricos del siglo XIX buscaron leyes del cambio histórico, a fin de situar la sociedad moderna entre un pasado separado por las revoluciones y un futuro presentido por los conflictos de entonces. Esta búsqueda desembocó en esquemas evolucionistas, un campo que no era unívoco, pues en él se enfrentaron las tendencias hacia la conservación del orden establecido con aquellas que se oponían al mismo.

Marx, al abordar la historia de las “formaciones sociales” como determinadas por su modo de producción, elabora una línea de evolución progresiva de los modos de producción. Este esquema distingue a las sociedades según un criterio intrínseco, el de la socialización; es decir, según la capacidad de los individuos para controlar colectivamente sus condiciones de existencia. Este criterio permite evaluar los avances y retrocesos, tanto entre sociedades como en el curso de la historia de una sociedad.

Esta idea de evolución progresiva es en Marx inseparable de la posibilidad de que sean inteligibles las formaciones sociales, con sus tendencias y coyunturas. Es el análisis de los modos de producción lo que permite conocer y dar sentido a la sucesión de las formaciones sociales concretas.

De este modo, el célebre prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política presenta un esquema de causalidad histórica. Se trata de un programa de investigación y explicación, de un proyecto con vistas a una aplicación concreta. Compuesto por pares categoriales (fuerzas productivas y relaciones de producción, vida material y conciencia de sí) e incluso metafóricos (base y superestructura), este esquema, tan influyente y a la vez debatido en los campos de la ciencia y la política, se halla preso de una tensión entre una visión totalizadora de la historia (hecha de fases de evolución y sucesivas revoluciones) y su postulado sobre las contradicciones de la vida material como motor efectivo del cambio.

Ahora bien, para discutir la filosofía de la historia en Marx no podemos quedarnos al nivel de los enunciados generales, sino que hay que pasar a los análisis concretos en que explicita los conceptos que propone. La puesta en práctica de su esquema general, en El Capital, permite introducir matices en la representación de Marx sobre el desarrollo de las relaciones sociales.
 




Distingamos para ello tres niveles de análisis, que irán en un grado de generalidad decreciente. Para tener una medida de evaluación, examinaremos esos niveles con relación al papel que desempeña en ellos la lucha de clases.

1) Existe un primer nivel, el más finalista y determinista, que representa la línea de sucesión de los modos de producción (del asiático al comunista). Se trata de un esquema global de la historia sustentado en la productividad del trabajo. Hay que decir que esta secuencia no excluye el estancamiento y ni siquiera el retroceso.

En este nivel, a cada modo de producción corresponden ciertas formas de propiedad, cierto tipo de desarrollo de las fuerzas productivas y de relación entre el Estado y la economía y, por lo tanto, cierta forma de la lucha de clases. Solo que esta aparece como resultado del conjunto, no como principio explicativo del desarrollo.

2) Hay un segundo nivel, que es el de la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción, en la forma que asume bajo el capitalismo. No se trata aquí de la manida oposición del carácter dinámico de las fuerzas productivas a la fijeza de la forma de propiedad burguesa.

Más bien, Marx analiza en él la contradicción entre dos tendencias: entre la socialización de la producción (concentración, racionalización, expansión mercantil, universalización de la tecnología) y la fragmentación de la fuerza de trabajo, la explotación e incertidumbre para la clase obrera, en su condición de desposeída de los medios de producción.

Solo la lucha de clases puede resolver esta contradicción intrínseca del capitalismo. La “expropiación de los expropiadores” y reapropiación de las fuerzas sociales absorbidas en el movimiento esquizofrénico de valorización del capital constituye la solución necesaria de aquella contradicción, irresoluble en los marcos del capitalismo.

3) Finalmente, existe un tercer nivel, que es de la transformación del mismo modo de producción, del proceso de la acumulación capitalista. Los análisis sobre la producción de plusvalor absoluto y relativo, la lucha por la jornada laboral o las etapas de la revolución industrial muestran el modo en que evoluciona la relación entre capitalistas y trabajadores.

De esta manera, la lucha de clases aparece como un proceso que se constituye desde ambos lados: los obreros, al reaccionar ante la explotación, obligan a los capitalistas a renovar sus métodos de dirección y producción de plusvalor, a través de los cuales presionan sobre el “trabajo necesario” y el grado de autonomía de los obreros. En este sentido, la lucha de clases misma deviene un factor de la acumulación: por ejemplo, el logro de la limitación de la jornada laboral influye sobre los métodos de organización “científica” del trabajo y sobre las innovaciones tecnológicas.

A este nivel, la lucha de clases aparece además a través de la intervención mediadora del Estado entre capital y trabajo, ante el agravamiento del antagonismo de clases, como muestra la introducción de “regulaciones sociales” del trabajo.

 




III
De este contraste entre el esquema general y los análisis de El Capital podemos extraer algunas conclusiones.

Para Marx la historia adquiere sentido y puede ser explicada solo si se combinan varios niveles de análisis, desde la línea de evolución de toda la sociedad hasta el antagonismo cotidiano en el proceso de trabajo.

El examen de la evolución del pensamiento de Marx muestra que su originalidad consiste en recurrir cada vez menos a modelos de explicaciones preexistentes y hacia un tipo de racionalidad sin precedentes. Su referente fundamental es la misma lucha de clases, en el cambio incesante de sus condiciones y formas.

La concepción de la historia en Marx se desarrolla, precisamente, como sustentada en la intervención determinante de la lucha de clases en el decurso mismo de la historia. Dicho de otro modo, la impronta de la lucha de clases en la historia no puede ser sujetada a esquemas o momentos dialécticos preexistentes: esta lucha constituye en sí misma desarrollos que propician secuencias abiertas, procesos no programados, irreductibles a una lógica externa y anterior.

Desde muy temprano, Marx había proclamado que la tarea de superar el horizonte capitalista no era puramente teórica, sino que pertenecía al dominio de la práctica histórica real. Ya la célebre frase con que inicia el Manifiesto (“La historia de todas las sociedades anteriores a la nuestra es la historia de luchas de clases”), invierte la lógica de la “explotación del hombre por el hombre” al rechazar todo principio de evolución que no sea el de las fuerzas que crean los movimientos de masas al entrar en conflicto con sus condiciones de existencia.

Las revoluciones, como auténticos acontecimientos, surgen siempre a destiempo. Como tal, no hallan nunca una teoría ya preparada para interpretarlas y servirles de orientación. Si transforman los contornos de lo que se creía posible (como decía Fernando Martínez), es porque ponen en entredicho las representaciones sobre la necesidad del cambio, y, en el límite, la certeza del avance. Por tanto, deben ser juzgadas a partir de las propias transformaciones que realizan sobre sus condiciones de partida, considerando su propia lógica resultante.

Marx fue un pensador de las contradicciones, de los antagonismos. Hacerse cargo del efecto que ello produjo sobre su propia teoría es una condición necesaria para apropiarnos de su legado, de cara a las condiciones actuales. Con las posibilidades impensables que forzaron, los límites que hallaron en su curso y las deformaciones que padecieron, las revoluciones que su obra inspirara han sido, con todo, su mejor atalaya para valorarlo.

Wilder Pérez Varona, Instituto de Filosofía de Cuba.

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