domingo, 25 de junio de 2017

LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL EN LA ERA TRUMP.

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CRISIS DEL CAPITALISMO NEOLIBERAL.- El capitalismo, en su versión neoliberal, se impone en el mundo a partir de 1980 con los gobiernos de Margaret Thatcher en el Reino Unido (1979-1990) y Ronald Reagan en los Estados Unidos (1981-1988).

Solimano (2015) considera que el capitalismo neoliberal tiene las siguientes características:

1. Prevalencia de grandes conglomerados que operan en mercados monopólicos y oligopólicos en actividades económicas clave.
2. Legitimización del lucro por encima de otros motivos –como la solidaridad y el altruismo– como mecanismo fundamental para coordinar actividades humanas e incentivar la creación y (re)distribución de la riqueza.
3. Reducción importante del rol del Estado como productor, regulador y redistribuidor en la economía.
4. Concentración del poder económico e influencia política en pequeñas pero poderosas élites económicas; fuerte predominio del capital en la economía y en las decisiones de la política pública.
5. Alta frecuencia de crisis financieras, muy costosas para la sociedad.
6. Debilitamiento de la influencia de los sindicatos y disminución de la participación del trabajo en el ingreso nacional.
7. Control de los medios de comunicación masivos y de otros mecanismos de producción y divulgación de información y conocimientos a favor de intereses privados y conglomerados empresariales.
8. Democracia de baja intensidad con reducida participación ciudadana y fuertemente influenciada por grupos de alta riqueza.

A la luz de la experiencia peruana desde 1990, a esta lista habría que agregar, por lo menos:
La muerte "anunciada" del capitalismo neoliberal, "asesinado" por sus propios productos envenenados  internos que se mundializaron en las 3 décadas de su hegemonía.
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1. Desasalariamiento de la fuerza laboral y proliferación del auto-empleo, la microempresa y el trabajo familiar no remunerado. En el 2015, 48% de los trabajadores y trabajadoras ocupadas en el país estaban en el auto-empleo y en el trabajo familiar no remunerado.

2. Creciente tendencia hacia la estructuración de una economía y sociedad dual, con un segmento pequeño, altamente eficiente, con altos niveles de capital por trabajador, uso intensivo de tecnologías modernas y alta integración a la economía mundial; y otro amplio, mayoritariamente de sobrevivencia, con bajos niveles de capital por trabajador, uso de tecnologías obsoletas y que está básicamente circunscrito a las fronteras nacionales. En el Perú, una trabajadora del sector formal produce 5,4 veces más que un trabajador informal.

3. Captura directa del Estado por parte de grupos de poder económico, en la forma de tecnocracias. Quizás los llamados “ángeles de Charly” sean la expresión más actual de esto. Pero no es el único caso.

4. Tendencia hacia la concentración de los medios de comunicación, no necesariamente en términos de la propiedad, pero sí respecto de la homogenización del discurso y las ideas en materia económica: no hay otro paradigma más que el neoliberal para manejar la economía. Los principales medios tratan de centrar los grandes debates nacionales en torno a menudas disputas caceras y de grupo. Para ellos, ni la Constitución de 1993, ni el modelo económico neoliberal, están o pueden ser puestos en cuestión.

5. Desprecio explícito respecto de formas de organización y comportamiento social que contravengan el paradigma del consumismo e individualismo extremo, con su componente adicional de racismo, machismo y “exitismo”. Basta con salir a la calle o prender la televisión para darse cuenta de ello.

Desde 1980, el ascenso del neoliberalismo vino acompañado por una serie de fenómenos, como la mayor desigualdad en la distribución del ingreso y la riqueza; la preponderancia del sector financiero sobre el sector productivo de la economía (manufactura, agricultura, etc.), fenómeno conocido como “financierismo”; y la mayor frecuencia e intensidad de las crisis financieras. Seguiremos tratando el tema. ALAI. Roberto Machado. Viernes 23 de junio del 2017.


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LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL EN LA ERA TRUMP.
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Roberto Machado.

ALAI lunes 5 de junio del 2017.

El neoliberalismo, tal como lo hemos conocido, se instala en el mundo en los años 1980 de la mano de los gobiernos de Margaret Thatcher en el Reino Unido y de Ronald Reagan en los Estados Unidos. Hasta el año 2016, tuvo dos rasgos esenciales. En primer lugar, la hiperconcentración del ingreso y la riqueza. En segundo lugar, el “financierismo”, estos es, la predominancia del sector financiero por sobre la economía real. Un tercer elemento, menos significativo que los anteriores, es el de la proliferación de tratados de libre comercio (TLC), que cada vez tienen menos de comercio, y más de temas como los de la protección de inversiones y la propiedad intelectual.

En 2015 el banco Credit Suisse reveló que el 1% más rico de la población mundial concentraba igual riqueza que el 99% restante(1). Una situación inaceptable por donde se le mire. Un informe más reciente de Oxfam también muestra cifras de terror al respecto(2). Entre ellas destacan que 1) en 2015, sólo 62 individuos poseían igual riqueza que la mitad de la población mundial (unos 3.600 millones de personas); en 2010, eran 322 personas; 2) la riqueza de estas 62 personas aumentó en un 45% desde 2010 (US$542 mil millones), hasta alcanzar US$1,76 billones (millones de millones) en 2015; 3) la riqueza del 50% más pobre del  mundo se contrajo en 38% en igual periodo (más de  US$1 billón); 4) en lo que va del siglo XXI, el 50% más pobre del mundo sólo ha recibido el 1% del incremento de la riqueza mundial, mientras que la mitad de esa nueva riqueza ha ido a parar a manos del 1% más rico. Estas cifras evidencian la escandalosa y creciente desigualdad en el planeta al promediar la segunda década del siglo XXI y a 35 años del ascenso del neoliberalismo en el mundo.

Respecto del financierismo, de las doce grandes burbujas y crisis financieras de las que se tiene información desde el siglo XVII, siete han sucedido desde la instalación del capitalismo neoliberal en los años 1980. Las excepciones son la burbuja de los tulipanes holandeses en 1636, la burbuja del Mar del Sur en 1720, la burbuja de Mississippi en 1720, y la crisis bursátil de 1927-1929 en los Estados Unidos que provocó la Gran Depresión de los años 1930. La crisis de la deuda latinoamericana que estalló en 1982, se gestó por el auge de crédito bancario externo facilitado por los petrodólares de los años 1970. Las otras siete crisis financieras, desde la burbuja bursátil y de bienes raíces en Japón de 1985-1989, que precedió al estancamiento y la deflación en la economía japonesa durante los años 1990 y que continúa con idas y venidas, hasta la crisis financiera internacional que estalló en 2008 y que condujo a la Gran Recesión de 2009, sucedieron bajo el ala del neoliberalismo.

La mayor incidencia de crisis financieras propiciadas por el neoliberalismo en el mundo es el resultado directo de la desregulación financiera, del libre movimiento internacional de capitales y del predominio del sector financiero en la economía, lo que genera grandes ganancias privadas especulativas cuando las cosas van bien, que súbitamente se transforman en pérdidas gigantescas que acaban socializándose cuando las cosas van mal.

Con relación a los TLC, en 1994 entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte suscrito entre Estados Unidos, Canadá y México. Luego el primer país trató de expandir este acuerdo a todos los países de Centroamérica, Sudamérica y el Caribe, mediante la construcción del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Sin embargo, esta iniciativa entró en crisis en la Cumbre de Mar del Plata de 2005. Ante las dificultades que enfrentaba el ALCA, durante la década de 2000 Estados Unidos inició la negociación de diversos TLC con países o grupos de países de la región. Por ejemplo, en TLC con Centroamérica y República Dominicana fue suscrito en 2004. Al otro lado del Atlántico, la Unión Europea siguió profundizando su integración comercial y económica, y suscribiendo TLC con terceros países. En Asia, el Japón consolidó su integración comercial con los países del sudeste asiático, mientras que China surgió como nuevo actor desde la década pasada, también intentando suscribir convenios comerciales con otros países. No en vano en el Perú neoliberal entraron en vigencia los TLC con Estados Unidos en 2009, China en 2010, Japón en 2012 y la Unión Europea en 2013.  

La pregunta es qué va a cambiar, si acaso, con la llegada de Donald Trump al gobierno de los Estados Unidos. Lo que apreciamos es que la hiperconcentración del ingreso y la riqueza, así como el financierismo, no sólo continuarán, sino que se profundizarán. Sobre lo primero, el gobierno de Estados Unidos ya anunció la reducción de la tasa del impuesto a la renta corporativa de 35% a 15%, así como la reducción del número de tasas del impuesto a la renta personal de siete a tres, bajando la tasa máxima de 39,6% a 30%. Bajar los impuestos a los ricos es el expediente conocido de los neoliberales de los países desarrollados. Y sus resultados son harto conocidos: grandes pérdidas de recaudación, mayor regresividad (o menor progresividad) del sistema tributario,  e impacto marginal sobre la inversión privada. Con estas medidas, la mayor concentración del ingreso y la riqueza está garantizada.

Sobre el financierismo, Trump está removiendo la ley Dodd-Frank promulgada por Obama en 2010 para evitar que crisis financieras como la que estalló en 2008 vuelva a suceder. Además de incrementar los requerimientos de capital a los bancos, esta ley establece una clara separación entre banca comercial (que capta depósitos y coloca préstamos) y banca de inversión (que recibe fondos para inversiones esencialmente especulativas). Ahora nuevamente se permitirá la fusión de banca comercial con banca de inversión, y se relajarán las medidas regulatorias en el sistema financiero, creando así las condiciones para una nueva crisis financiera como la que estalló en 2008. De modo que el sector financiero seguirá predominando por sobre la economía real, colocando a  la economía global en una situación de vulnerabilidad frente a burbujas y crisis financieras.

Donde sí habrá cambios es en la oleada de TLC, en tanto Trump ya ha liquidado el Tratado Transpacífico (TPP), y está decidido a poner fin o “renegociar” el TLC con Canadá y México. Adicionalmente, el Brexit ha puesto en crisis a la Unión Europea, donde en varios países ya ha habido manifestaciones a favor del retiro de la unión.

De modo que lo más probable es que en adelante veamos un capitalismo neoliberal más concentrador del ingreso y la riqueza (Estados Unidos representa cerca del 25% de la economía mundial), con mayor financierismo y exposición a crisis financieras, pero con menor tendencia hacia la suscripción de TLC. En ciertos casos, incluso con su reversión. Pero cualitativamente, tendremos más de la misma globalización neoliberal que ya conocemos.

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Notas

(1) Credit Suisse (2015). Global wealth report 2015. Octubre. Disponible en:

(2) Oxfam (2016). Una economía al servicio del 1%. Acabar con los privilegios y la concentración de poder para frenar la desigualdad extrema. Informe de Oxfam 210. 18 de enero. Disponible en: https://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/file_attachments/bp210-e...


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sábado, 24 de junio de 2017

EL ESTADO (COLONIAL) Y LA REVOLUCIÓN.

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EL ESTADO. LA TEORÍA MARXISTA.

«Nosotros somos partidarios de la república democrática, como la mejor forma de Estado para el proletariado bajo el capitalismo, pero no tenemos ningún derecho a olvidar que la esclavitud asalariada es el destino reservado al pueblo, incluso bajo la república burguesa más democrática. Más aún. Todo Estado es una «fuerza especial para la represión» de la clase oprimida. Por eso, todo Estado ni es libre ni es popular». Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; «El Estado y la Revolución», 1917).

Karl Marx.

«Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1. que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2. que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3. que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases». (Carta a Joseph Weydemeyer, 1852).

Friedrich Engels.

«Así, pues, el Estado no es de ningún modo un poder impuesto desde fuera de la sociedad. (...) Es más bien un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado; es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables, que es impotente para conjurar. Pero a fin de que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna no se devoren a sí mismas y no consuman a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque, a mantenerlo en los límites del «orden». Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más, es el Estado». (El origen de la familia, la propiedad privada y del Estado, 1884).

Vladimir Ilich Uliánov, Lenin.

«Lo fundamental en la doctrina de Marx es la lucha de clases. Así se dice y se escribe con mucha frecuencia. Pero esto no es exacto. De esta inexactitud se deriva con gran frecuencia la tergiversación oportunista del marxismo, su falseamiento en un sentido aceptable para la burguesía. En efecto, la doctrina de la lucha de clases no fue creada por Marx, sino por la burguesía, antes de Marx, y es, en términos generales, aceptable para la burguesía. Quien reconoce solamente la lucha de clases no es aún marxista, puede mantenerse todavía dentro del marco del pensamiento burgués y de la política burguesa. Circunscribir el marxismo a la doctrina de la lucha de clases es limitar el marxismo, bastardearlo, reducirlo a algo que la burguesía puede aceptar. Marxista sólo es el que hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. En esto es en lo que estriba la más profunda diferencia entre un marxista y un pequeño -o un gran- burgués adocenado. En esta piedra de toque es en la que hay que contrastar la comprensión y el reconocimiento real del marxismo». (El Estado y la Revolución, 1917).

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En homenaje a una de las más extraordinarias Obras - EL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN de Vladimir Ilich Uliánov,  publicada hace 100 años. 1917,
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EL ESTADO (COLONIAL) Y LA REVOLUCIÓN.
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Raúl Zibechi.

La Jornada sábado 24 de junio del 2107.


Ha transcurrido un siglo desde   que Lenin escribiera una de las piezas más importantes del pensamiento crítico: El Estado y la revolución. La obra fue escrita entre las dos revoluciones de 1917, la de febrero que acabó con el zarismo, y la de octubre que llevó a los soviets al poder. Se trata de la reconstrucción del pensamiento de Marx y Engels sobre el Estado, que estaba siendo menoscabado por las tendencias hegemónicas en las izquierdas de aquel momento.

Las principales ideas que surgen del texto son básicamente dos. El Estado es un órgano de dominación de una clase, por lo que no es apropiado hablar de Estado libre o popular. La revolución debe destruir el Estado burgués y remplazarlo por el Estado proletario que, en rigor, ya no es un verdadero Estado, puesto que ha demolido el aparato burocrático-militar (la burocracia y el ejército regular) que son sustituidos por funcionarios públicos electos y revocables y el armamento del pueblo, respectivamente.

Este no-verdadero-Estado comienza un lento proceso de extinción, cuestión que Lenin recoge de Marx y actualiza. En polémica con los anarquistas, los marxistas sostuvieron que el Estado tal como lo conocemos no puede desparecer ni extinguirse, sólo cabe destruirlo. Pero el no-Estado que lo sustituye, que ya no cuenta ni con ejército ni con burocracia permanentes, sí puede comenzar a desaparecer como órgano de poder-sobre, en la medida que las clases tienden también a desaparecer.

La Comuna de París era en aquellos años el ejemplo predilecto. Según Lenin, en la comuna el órgano de represión es la mayoría de la población y no una minoría, como siempre fue el caso bajo la esclavitud, la servidumbre y la esclavitud asalariada.

Véase el énfasis de aquellos revolucionarios en destruir el corazón del aparato estatal. Recordemos que Marx, en su balance sobre la comuna, sostuvo que la clase obrera no puede simplemente tomar posesión del aparato estatal existente y ponerlo en marcha para sus propios fines.

Hasta aquí una brevísima reconstrucción del pensamiento crítico sobre el Estado. En adelante, debemos considerar que se trata de reflexiones sobre los estados europeos, en los países más desarrollados del mundo que eran, a la vez, naciones imperiales.

En América Latina la construcción de los estados-nación fue bien diferente. Estamos ante estados que fueron creados contra y sobre las mayorías indias, negras y mestizas, como órganos de represión de clase (al igual que en Europa), pero además y superpuesto, como órganos de dominación de una raza sobre otras. En suma, no sólo fueron creados para asegurar la explotación y extracción de plusvalor, sino para consolidar el eje racial como nudo de la dominación.

En la mayor parte de los países latinoamericanos, los administradores del Estado-nación (tanto las burocracias civiles como las militares) son personas blancas que despojan y oprimen violentamente a las mayorías indias, negras y mestizas. Este doble eje, clasista y racista, de los estados nacidos con las independencias no sólo no modifica los análisis de Marx y Lenin, sino que los coloca en un punto distinto: la dominación estatal no puede sino ejercerse mediante la violencia racista y de clase.

Si aquellos consideraban al Estado como un parásito adherido al cuerpo de la sociedad, en América Latina no sólo parasita (figura que remite a la explotación), sino que es una máquina asesina, como lo muestra la historia de cinco siglos. Una maquinaria que ha unificado los intereses de una clase que es, a la vez, económicamente y racialmente dominante.

Llegados a este punto, quisiera hacer algunas consideraciones de actualidad.


La primera, es que la realidad del mundo ha cambiado en el siglo anterior, pero esos cambios no han modificado el papel del Estado. Más aún, podemos decir que vivimos bajo un régimen donde los estados están al servicio de la cuarta guerra mundial contra los pueblos. O sea, los estados le hacen la guerra a los pueblos; no estamos ante una desviación sino ante una realidad de carácter estructural.

La segunda es que, tratándose de destruir el aparato estatal, puede argumentarse (con razón) que los sectores populares no tenemos la fuerza suficiente para hacerlo, por lo menos en la inmensa mayoría de los países. Por eso, buena parte de las revoluciones son hijas de la guerra, momento en el cual los estados colapsan y se debilitan en extremo, como sucede en Siria. En esos momentos, surgen experiencias como la de los kurdos en Rojava.

No tener la fuerza suficiente, no quiere decir que deba darse por bueno ocupar el aparato estatal sin destruir sus núcleos de poder civil y militar. Todos los gobiernos progresistas (los pasados, los actuales y los que vendrán) no tienen otra política hacia los ejércitos que mantenerlos como están, intocables, porque ni siquiera sueñan con entrar en conflicto con ellos.

El problema es que ambas burocracias (pero en particular la militar) no pueden transformarse desde dentro ni de forma gradual. Suele decirse que las fuerzas armadas están subordinadas al poder civil. No es cierto, tienen sus propios intereses y mandan, aún en los países más democráticos. En Uruguay, por poner un ejemplo, los militares impidieron hasta hoy que se conozca la verdad sobre los desaparecidos y las torturas. Tanto el actual presidente, Tabaré Vázquez, como el anterior, José Mujica, se subordinaron a los militares.

Es muy poco serio pretender llegar al gobierno sin una política clara hacia las burocracias civil y militar. Las más de las veces, las izquierdas electorales eluden la cuestión, esconden la cabeza como el avestruz. Luego hacen gala de un pragmatismo sin límites.

Entonces, ¿qué hacer cuando no hay fuerza para derrotarlos?

Los kurdos y los zapatistas, además de los mapuche y los nasa, optaron por otro camino: armarse como pueblos, a veces con armas de fuego y otras veces con armas simbólicas como los bastones de mando. No es cuestión de técnica militar sino de disposición de ánimo.

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viernes, 23 de junio de 2017

DECLARACIÓN DE LA CONFERENCIA MUNDIAL DE LOS PUEBLOS POR UN MUNDO SIN MUROS HACIA LA CIUDADANÍA UNIVERSAL.

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CON RESPECTO A LA MIGRACIÓN FORZADA Y EL DERECHO DE LOS REFUGIADOS.-Hemos verificado como principales causas de esta crisis los conflictos bélicos e intervenciones militares, el cambio climático y las enormes asimetrías económicas entre los Estados y al interior de ellos. Estas situaciones destructivas tienen su origen en el orden mundial dominante, que en su voracidad desmedida por el lucro y la apropiación de los bienes comunes genera violencia, promueve desigualdades, y destruye a la Madre Tierra. La crisis migratoria es una de las manifestaciones de la crisis integral de la globalización neoliberal. La movilidad humana es un derecho arraigado en la igualdad esencial del ser humano. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, no responde a una decisión voluntaria de las personas sino a situaciones de necesidad que llegan a extremos de una migración forzada. Al dolor del desarraigo se suman las situaciones de injusticia, exclusión, discriminación y explotación que sufren las personas en tránsito y en los países receptores que atentan contra su dignidad, sus derechos humanos elementales, y en no pocas ocasiones, contra su propia vida”.

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DECLARACIÓN DE LA CONFERENCIA MUNDIAL DE LOS PUEBLOS POR UN MUNDO SIN MUROS HACIA LA CIUDADANÍA UNIVERSAL.
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ALAI.- América Latina en Movimiento.

Tiquipaya. Bolivia.- Jueves 22 de junio del 2017.


Los movimientos sociales, y ciudadanos y ciudadanas del mundo, reunidos en Tiquipaya, Bolivia, los días 20 y 21 de junio de 2017, tras escuchar los testimonios de migrantes y refugiados, y debatir colectivamente desde nuestra memoria histórica y la pluralidad de nuestras identidades, aprobamos la siguiente Declaración, a fin de poner de manifiesto nuestra visión y propuestas ante los Estados y la Comunidad Internacional con relación a la denominada crisis migratoria.

Los pueblos del mundo somos conscientes de la necesidad de seguir impulsando con mayor fuerza un nuevo orden mundial, cuyas características sean:

§  El establecimiento de las relaciones de complementariedad, equidad y solidaridad entre las personas y pueblos; el reconocimiento y universalización del acceso a los servicios básicos como derechos fundamentales, mismos que no pueden ser objeto de lucro y especulación de grupos privados.

§  La más amplia participación ciudadana en la elaboración e implementación de las políticas públicas trascendiendo a las oligarquías, dinastías, monarquías y otras formas de jerarquías políticas.

§  Una nueva arquitectura financiera internacional, donde no existan organismos multilaterales al servicio del capital transnacional y garantizar la propiedad social de los recursos naturales.

§  La convivencia armónica con la Madre Tierra y el respeto de sus derechos; asumiendo que la naturaleza puede vivir sin los seres humanos, pero los seres humanos no podemos vivir al margen de ella, conculcando sus derechos y destruyendo el hábitat.

§  La construcción de la paz verdadera, que no solo es la inexistencia de conflictos bélicos, sino también la superación de la violencia estructural que se traduce en el acceso equitativa de la riqueza y las oportunidades de desarrollo.

Hemos verificado como principales causas de esta crisis los conflictos bélicos e intervenciones militares, el cambio climático y las enormes asimetrías económicas entre los Estados y al interior de ellos. Estas situaciones destructivas tienen su origen en el orden mundial dominante, que en su voracidad desmedida por el lucro y la apropiación de los bienes comunes genera violencia, promueve desigualdades, y destruye a la Madre Tierra. La crisis migratoria es una de las manifestaciones de la crisis integral de la globalización neoliberal.




 Los Sindicatos Boloivianos, han sido activos participantes en la Conferencia Mundial, sin Muros, hacia la forja y reconocimiento de la Ciudadanía Universal.
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La movilidad humana es un derecho arraigado en la igualdad esencial del ser humano. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, no responde a una decisión voluntaria de las personas sino a situaciones de necesidad que llegan a extremos de una migración forzada. Al dolor del desarraigo se suman las situaciones de injusticia, exclusión, discriminación y explotación que sufren las personas en tránsito y en los países receptores que atentan contra su dignidad, sus derechos humanos elementales, y en no pocas ocasiones, contra su propia vida.

Los discursos hegemónicos, potenciados por las corporaciones mediáticas trasnacionales, promueven una visión negativa de los migrantes, ocultando los aportes que éstos realizan a los países receptores en términos económicos, demográficos y socioculturales. Vemos con preocupación el avance de posiciones neocoloniales, intolerantes y xenofóbicas que atentan contra la cooperación entre los Pueblos y constituyen una verdadera amenaza para la paz mundial. Paradójicamente, estas posiciones se sostienen desde los centros de poder global, principales responsables de la violencia estructural, la inequidad planetaria y el cambio climático, en perjuicio de los acreedores de la deuda social y ambiental: los pobres y los pueblos pobres.

Es por ello, que desde las bases sociales promovemos el siguiente decálogo de propuestas para derribar los muros que nos dividen y construir una Ciudadanía Universal, que consagre el derecho de todos y todas a tener y gozar en plenitud de los mismos derechos, para el vivir bien de la humanidad.

§  Superar la perspectiva hegemónica de política migratoria que plantea una gestión de las migraciones de manera “regular, ordenada y segura”, por una visión humanista que permita “acoger, proteger, promover e integrar” a las personas migrantes.

§  Rechazar la criminalización de la migración que encubre falsos enfoques de seguridad y control. De manera particular exigimos la eliminación de los “centros de detención de migrantes”.

Exigir la destrucción de muros físicos que separan a los pueblos; muros invisibles legales que persiguen y criminalizan; muros mentales que utilizan el miedo, la discriminación y la xenofobia para separarnos entre hermanos. De igual manera, denunciamos los muros mediáticos que descalifican o estigmatizan a los migrantes, y apostamos por promover la creación de medios alternativos de comunicación.

§  Crear una Defensoría Mundial de los Pueblos por los Derechos de las personas migrantes, refugiados, asilados, apátridas, víctimas de trata y tráfico, que promueva la libre movilidad y los derechos humanos.

Solicitamos al pueblo y al gobierno de Bolivia, gestionar la creación de una secretaria de coordinación para efectivizar el cumplimiento de las resoluciones de esta declaración de la Conferencia Mundial de los Pueblos por un Mundo sin Muros hacia la Ciudadanía Universal.

§  Exigir a los gobiernos la creación y/o fortalecimiento de Ciudadanías Regionales que permitan la movilidad intrarregional y el pleno ejercicio de sus derechos, como puente hacia una ciudadanía universal.

§  Demandar que los gastos públicos destinados a la guerra y la criminalización de los migrantes, sean utilizados para la creación de programas de integración, que garanticen el ejercicio pleno de los derechos de las personas migrantes y sus familias.

§  Impulsar políticas locales que permitan ciudades y sociedades integradoras, donde se hagan efectivos en la vida cotidiana de los migrantes los derechos a vivienda, salud, educación, seguridad social, bajo los principios de complementariedad, solidaridad, hermandad y diversidad.

§  Convocar a todos los gobiernos del mundo a luchar de manera conjunta contra las redes criminales que trafican con seres humanos, y declarar la trata y el tráfico de personas como delito lesa humanidad.

§  Actualizar, fortalecer y avanzar en el sistema multilateral y sus instrumentos internacionales referidos a migrantes, refugiados y sus familias, en especial:

a) La “Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y sus familiares”, ya que ésta no ha sido ratificada por ningún país del norte receptor de migrantes;

b) La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de ACNUR e incorporar nuevas concepciones referentes a desplazados y refugiados climáticos.

c) Participar activamente en la negociación del Pacto Mundial que se celebrará el 2018 en Naciones Unidas;

d) Proclamar en la Asamblea General de las Naciones Unidas el Decenio Internacional para un Mundo sin Muros hacia la Ciudadanía Universal.

§  Superar el enfoque de “fronteras rígidas” por una visión que las entienda como puentes de integración para la unidad entre los pueblos y la acogida de los migrantes, donde la lucha contra el crimen trasnacional organizado se encare en un marco de cooperación entre los Estados.

Impulsar el vivir bien en los lugares de origen de las personas migrantes, para que la movilidad sea siempre voluntaria y no forzosa como efecto de la pobreza, la violencia y el cambio climático, denunciando el impacto del accionar irresponsable de las empresas trasnacionales, y aplicando sanciones a aquellas que atenten contra la permanencia de las familias en su lugar de origen.

§  Promover la movilización popular a escala mundial, para que se reconozca en las instancias intra e internacionales el carácter inalienable de los derechos de las personas en movilidad para derribar los bloqueos, intervenciones y muros, que unilateralmente levantan los poderosos para perpetuar la desigualdad y la injusticia social en el mundo.

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