jueves, 21 de junio de 2018

¿EL “MATERIALISMO HISTÓRICO” ES UNA FILOSOFÍA DE LA HISTORIA?.

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Como sabemos, el materialismo histórico ha sido desacreditado como metarrelato moderno, y una de las razones aducidas fue la de haber compartido el “mito colectivo” del progreso. Las filosofías posmodernas trivializaron el problema al postular un supuesto paradigma del progreso que no distingue al marxismo y al socialismo de una amalgama de tradiciones y movimientos desde los años de la Ilustración.

No obstante, hay que reparar en que las diversas corrientes que formaron parte de la tradición socialista desde el siglo XIX compartieron la idea del carácter positivo e inevitable del progreso social.

Y ciertamente durante el pasado siglo XX el marxismo, como teoría y 000000000movimiento de masas, aseguró la expansión del progresismo entre los movimientos sociales y políticos del mundo, a partir de tres grandes realizaciones:

1) La ideología de la II Internacional, ya mencionada, que, como impugnara Gramsci, hacía de la emancipación el resultado inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas y de las contradicciones propias del capitalismo.

2) La ideología del comunismo de corte soviético y del llamado “socialismo real”, heredera de la anterior pero con su propia tensión entre un proyecto de resistencia a la modernización capitalista y un proyecto ultramoderno, de superación de esa modernidad mediante un “salto adelante” hacia el futuro de la humanidad.

3) La ideología del “desarrollo socialista” que involucró a las experiencias del Tercer mundo, acompañando los movimientos de descolonización. Se trata de un proyecto de desarrollo para la “periferia” de la economía mundial capitalista, con énfasis en la planificación del Estado como antídoto al subdesarrollo.

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¿EL “MATERIALISMO HISTÓRICO” ES UNA FILOSOFÍA DE LA HISTORIA?.

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Wilder Pérez Varona.

La Tizza.

Rebelión viernes 8 de junio del 2018.

Ponencia del I Congreso Internacional Marx en el siglo XXI, Desafíos para la transformación del mundo actual y la Revolución Bolivariana, 5 de mayo del 2018.

Marx ha sido atacado siempre, pero no en todos los casos a raíz de su propia teoría, sino que se le ha hecho responsable de elaboraciones que pertenecen al marxismo posterior. Una solución socorrida ha sido distinguir a Marx de todo marxismo.
Creo que no es posible hoy pretender una vuelta a un Marx puro, sin “ismos”, sin dar cuenta de lo que ha sido el marxismo histórico y las experiencias socialistas de transformación que han reclamado su inspiración. Rescatar hoy, lo valioso del legado de Marx supone examinar y tomar posición sobre este tema. Un legado no es algo que se recibe tal cual, supone nuestra intervención, nuestra decisión sobre qué considerar valioso y qué no.

Uno de los mecanismos para descalificar las ideas de Marx ha sido tildarlas de utópicas. Hoy las utopías son imprescindibles porque el orden de dominación desafía la capacidad de imaginar otra forma de vida y sustenta su hegemonía en ello.

Es cierto que Marx y sobre todo Engels reivindicaron el carácter científico de sus propuestas, como opuesto a lo utópico. En su contexto, consideraban necesario poner el conocimiento al servicio de la emancipación del trabajo, en lugar de abandonar la ciencia a los representantes del orden establecido. Y por enfrentar además utopías doctrinarias, mesianismos secularizados que anunciaban el advenimiento del cielo en la tierra, sin hacerse cargo de las condiciones reales que pretendían superar. Como el propio Marx escribió, la ignorancia nunca ayudó a nadie.

Paradójicamente, ya al final de su vida Marx tuvo que lidiar con que sus propuestas fueran erigidas en nueva doctrina, que alcanzaría más tarde proporciones inconmensurables.

No se trata de culpar o exculpar a Marx, sino de analizar su propia evolución y valorar en qué medida logró o no desprenderse de esquemas precedentes y contemporáneos, hasta qué punto su crítica y su compromiso con los explotados y oprimidos le permitió formular problemas y crear conceptos que puedan y deban ser hoy dignos de recuperar.

Voy a esbozar entonces un problema que, como enuncia el título, resulta bien espinoso, toda vez que las revoluciones poseen una vocación finalista, teleologicista, inevitable. Pero al fin y al cabo, vengo de una Revolución que, como dijo el Che, fue realizada contra las oligarquías dominantes y contra los dogmas revolucionarios.
I
Lo que se ha conocido como materialismo histórico o concepción materialista de la historia ha sido retrotraído a la redacción de La Ideología alemana por Marx y Engels (1845–6). Comoquiera que esta obra solo fue íntegramente publicada en 1932, fueron el Manifiesto comunista y sobre todo el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política de 1859 los textos que la socialdemocracia de los años 80 y 90 canonizara para postular y divulgar entre los partidos de masas la nueva concepción del mundo.

Este último texto en particular devino, pese a las advertencias de Engels, no en hilo conductor de la investigación histórica sobre las condiciones concretas de existencia de las formaciones sociales, sino en modelo o esquema prefabricado para reducir el conjunto de aquellas a su determinación económica. El materialismo histórico recibió de este modo su obra canónica. Los debates teóricos en torno al materialismo histórico y al valor práctico de sus conclusiones tomaron cuerpo desde entonces en estrategias y tácticas asumidas por los movimientos revolucionarios adscritos a esta concepción.
 




De manera general, el materialismo histórico, de la mano de los ideólogos de la II Internacional, fue el modo en que se codificó y divulgó una teoría abstracta del movimiento histórico sustentada en la existencia de leyes de la historia, de un modelo universal de evolución y transición. Es decir, se presentó como “el marxismo” una concepción fatalista de la historia que sometía el devenir de las sociedades a una necesidad externa, abstracta y casi mística.

Esta ortodoxia marxista, institucionalizada luego por los partidos y estados comunistas, pretendió garantizar la correspondencia entre dos cosas diferentes: la “concepción del mundo” del movimiento socialista que reivindicaba la obra de Marx, sostenida sobre la idea de la misión histórica de la clase obrera; y la doctrina o sistema atribuido a Marx, basada en el determinismo económico.

Como sabemos, el materialismo histórico ha sido desacreditado como metarrelato moderno, y una de las razones aducidas fue la de haber compartido el “mito colectivo” del progreso. Las filosofías posmodernas trivializaron el problema al postular un supuesto paradigma del progreso que no distingue al marxismo y al socialismo de una amalgama de tradiciones y movimientos desde los años de la Ilustración.

No obstante, hay que reparar en que las diversas corrientes que formaron parte de la tradición socialista desde el siglo XIX compartieron la idea del carácter positivo e inevitable del progreso social.

Y ciertamente durante el pasado siglo XX el marxismo, como teoría y 000000000movimiento de masas, aseguró la expansión del progresismo entre los movimientos sociales y políticos del mundo, a partir de tres grandes realizaciones:

1) La ideología de la II Internacional, ya mencionada, que, como impugnara Gramsci, hacía de la emancipación el resultado inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas y de las contradicciones propias del capitalismo.

2) La ideología del comunismo de corte soviético y del llamado “socialismo real”, heredera de la anterior pero con su propia tensión entre un proyecto de resistencia a la modernización capitalista y un proyecto ultramoderno, de superación de esa modernidad mediante un “salto adelante” hacia el futuro de la humanidad.

3) La ideología del “desarrollo socialista” que involucró a las experiencias del Tercer mundo, acompañando los movimientos de descolonización. Se trata de un proyecto de desarrollo para la “periferia” de la economía mundial capitalista, con énfasis en la planificación del Estado como antídoto al subdesarrollo.



Existe aún otro elemento, implícito en lo anterior, que concierne a la representación marxista de la historia como progreso, y que se refiere al carácter unitario, integrador, de la historia.

Esta unicidad de la historia se ha captado según una lógica de sucesión que distingue determinadas “etapas” de la evolución. Generalmente, la historia ha sido pensada como un proceso, ciertamente accidentado, pero que conduce a un estadio social superior justo porque en él son resueltas las contradicciones y desigualdades anteriores. Y este proceso ha sido fundamentado sobre tres ideas: el carácter lineal e irreversible del tiempo histórico; el desarrollo entendido como un perfeccionamiento técnico y moral; y la existencia de una capacidad incrementada de transformación, que compete tanto al dominio y transformación de la naturaleza, como a la capacidad de autotransformación del hombre como ente colectivo (sustento para la autonomía de los sujetos).

II

Ahora bien, ¿hay en Marx realmente una filosofía de la historia? ¿De qué filosofía se trata? O bien, ¿en qué medida Marx forma parte de la tradición evolucionista y progresista del siglo XIX? Antes de ocuparme brevemente de estas interrogantes, unos apuntes sobre lo que puede ser llamado filosofía en Marx.

Marx revolucionó la práctica de la filosofía al conferir a su actividad teórica crítica otro lugar, problemas y objetivos. Su obra conforma una totalidad abierta, sujeta a diversas y siempre nuevas interpretaciones: desde este punto de vista, resulta arbitraria la distinción entre obras filosóficas, históricas y económicas. Los postulados y conclusiones presentes en su obra sufren cambios, alteraciones, renovaciones, a partir de los grandes acontecimientos que procuró comprender y que sometieron a duras pruebas su teoría. Su pensamiento no puede ser estudiado como si se tratara de un sistema: hay que volver a trazar su evolución, con sus crisis y refundaciones.

Marx se nos presenta como un historicista. Por tomar dos ejemplos de alcance indudable, su crítica de la ideología y del fetichismo mercantil se sustenta en el reconocimiento de la historicidad de las relaciones sociales. Tanto la conciencia teórica autonomizada como la representación espontánea inducida por las relaciones mercantiles asumen la forma de una “naturalización” ficticia que niega el tiempo histórico, su dependencia de condiciones históricas concretas y por ende transitorias. En este sentido, la crítica de Marx remite a una oposición entre el punto de vista metafísico y una perspectiva radicalmente historicista.

Sin embargo, la historia en Marx posee también otro sentido. Las condiciones propias del capitalismo (la contradicción entre centralización de los medios de producción y la socialización creciente del trabajo) contienen en sí la necesidad del comunismo. Claro que Marx no identifica directamente el progreso a la modernidad, ni al liberalismo o al capitalismo. No hallamos en Marx la idea positivista de un esquema continuo y ascendente (digamos al estilo de Comte, que entendía el progreso como “desarrollo del orden”).

La dialéctica de Marx muestra, al respecto, la siguiente ambivalencia: el capitalismo es progresista en tanto hace inevitable el comunismo, y este último en tanto resuelve las contradicciones del capitalismo. En lugar de un esquema lineal hallamos en Marx una representación de contradicciones irresolubles, de crisis y del papel de la violencia, que acaban por conferir sentido a un modo de producción y ponerlo al servicio de aquello que se le opone.

Los teóricos del siglo XIX buscaron leyes del cambio histórico, a fin de situar la sociedad moderna entre un pasado separado por las revoluciones y un futuro presentido por los conflictos de entonces. Esta búsqueda desembocó en esquemas evolucionistas, un campo que no era unívoco, pues en él se enfrentaron las tendencias hacia la conservación del orden establecido con aquellas que se oponían al mismo.

Marx, al abordar la historia de las “formaciones sociales” como determinadas por su modo de producción, elabora una línea de evolución progresiva de los modos de producción. Este esquema distingue a las sociedades según un criterio intrínseco, el de la socialización; es decir, según la capacidad de los individuos para controlar colectivamente sus condiciones de existencia. Este criterio permite evaluar los avances y retrocesos, tanto entre sociedades como en el curso de la historia de una sociedad.

Esta idea de evolución progresiva es en Marx inseparable de la posibilidad de que sean inteligibles las formaciones sociales, con sus tendencias y coyunturas. Es el análisis de los modos de producción lo que permite conocer y dar sentido a la sucesión de las formaciones sociales concretas.

De este modo, el célebre prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política presenta un esquema de causalidad histórica. Se trata de un programa de investigación y explicación, de un proyecto con vistas a una aplicación concreta. Compuesto por pares categoriales (fuerzas productivas y relaciones de producción, vida material y conciencia de sí) e incluso metafóricos (base y superestructura), este esquema, tan influyente y a la vez debatido en los campos de la ciencia y la política, se halla preso de una tensión entre una visión totalizadora de la historia (hecha de fases de evolución y sucesivas revoluciones) y su postulado sobre las contradicciones de la vida material como motor efectivo del cambio.

Ahora bien, para discutir la filosofía de la historia en Marx no podemos quedarnos al nivel de los enunciados generales, sino que hay que pasar a los análisis concretos en que explicita los conceptos que propone. La puesta en práctica de su esquema general, en El Capital, permite introducir matices en la representación de Marx sobre el desarrollo de las relaciones sociales.
 




Distingamos para ello tres niveles de análisis, que irán en un grado de generalidad decreciente. Para tener una medida de evaluación, examinaremos esos niveles con relación al papel que desempeña en ellos la lucha de clases.

1) Existe un primer nivel, el más finalista y determinista, que representa la línea de sucesión de los modos de producción (del asiático al comunista). Se trata de un esquema global de la historia sustentado en la productividad del trabajo. Hay que decir que esta secuencia no excluye el estancamiento y ni siquiera el retroceso.

En este nivel, a cada modo de producción corresponden ciertas formas de propiedad, cierto tipo de desarrollo de las fuerzas productivas y de relación entre el Estado y la economía y, por lo tanto, cierta forma de la lucha de clases. Solo que esta aparece como resultado del conjunto, no como principio explicativo del desarrollo.

2) Hay un segundo nivel, que es el de la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción, en la forma que asume bajo el capitalismo. No se trata aquí de la manida oposición del carácter dinámico de las fuerzas productivas a la fijeza de la forma de propiedad burguesa.

Más bien, Marx analiza en él la contradicción entre dos tendencias: entre la socialización de la producción (concentración, racionalización, expansión mercantil, universalización de la tecnología) y la fragmentación de la fuerza de trabajo, la explotación e incertidumbre para la clase obrera, en su condición de desposeída de los medios de producción.

Solo la lucha de clases puede resolver esta contradicción intrínseca del capitalismo. La “expropiación de los expropiadores” y reapropiación de las fuerzas sociales absorbidas en el movimiento esquizofrénico de valorización del capital constituye la solución necesaria de aquella contradicción, irresoluble en los marcos del capitalismo.

3) Finalmente, existe un tercer nivel, que es de la transformación del mismo modo de producción, del proceso de la acumulación capitalista. Los análisis sobre la producción de plusvalor absoluto y relativo, la lucha por la jornada laboral o las etapas de la revolución industrial muestran el modo en que evoluciona la relación entre capitalistas y trabajadores.

De esta manera, la lucha de clases aparece como un proceso que se constituye desde ambos lados: los obreros, al reaccionar ante la explotación, obligan a los capitalistas a renovar sus métodos de dirección y producción de plusvalor, a través de los cuales presionan sobre el “trabajo necesario” y el grado de autonomía de los obreros. En este sentido, la lucha de clases misma deviene un factor de la acumulación: por ejemplo, el logro de la limitación de la jornada laboral influye sobre los métodos de organización “científica” del trabajo y sobre las innovaciones tecnológicas.

A este nivel, la lucha de clases aparece además a través de la intervención mediadora del Estado entre capital y trabajo, ante el agravamiento del antagonismo de clases, como muestra la introducción de “regulaciones sociales” del trabajo.

 




III
De este contraste entre el esquema general y los análisis de El Capital podemos extraer algunas conclusiones.

Para Marx la historia adquiere sentido y puede ser explicada solo si se combinan varios niveles de análisis, desde la línea de evolución de toda la sociedad hasta el antagonismo cotidiano en el proceso de trabajo.

El examen de la evolución del pensamiento de Marx muestra que su originalidad consiste en recurrir cada vez menos a modelos de explicaciones preexistentes y hacia un tipo de racionalidad sin precedentes. Su referente fundamental es la misma lucha de clases, en el cambio incesante de sus condiciones y formas.

La concepción de la historia en Marx se desarrolla, precisamente, como sustentada en la intervención determinante de la lucha de clases en el decurso mismo de la historia. Dicho de otro modo, la impronta de la lucha de clases en la historia no puede ser sujetada a esquemas o momentos dialécticos preexistentes: esta lucha constituye en sí misma desarrollos que propician secuencias abiertas, procesos no programados, irreductibles a una lógica externa y anterior.

Desde muy temprano, Marx había proclamado que la tarea de superar el horizonte capitalista no era puramente teórica, sino que pertenecía al dominio de la práctica histórica real. Ya la célebre frase con que inicia el Manifiesto (“La historia de todas las sociedades anteriores a la nuestra es la historia de luchas de clases”), invierte la lógica de la “explotación del hombre por el hombre” al rechazar todo principio de evolución que no sea el de las fuerzas que crean los movimientos de masas al entrar en conflicto con sus condiciones de existencia.

Las revoluciones, como auténticos acontecimientos, surgen siempre a destiempo. Como tal, no hallan nunca una teoría ya preparada para interpretarlas y servirles de orientación. Si transforman los contornos de lo que se creía posible (como decía Fernando Martínez), es porque ponen en entredicho las representaciones sobre la necesidad del cambio, y, en el límite, la certeza del avance. Por tanto, deben ser juzgadas a partir de las propias transformaciones que realizan sobre sus condiciones de partida, considerando su propia lógica resultante.

Marx fue un pensador de las contradicciones, de los antagonismos. Hacerse cargo del efecto que ello produjo sobre su propia teoría es una condición necesaria para apropiarnos de su legado, de cara a las condiciones actuales. Con las posibilidades impensables que forzaron, los límites que hallaron en su curso y las deformaciones que padecieron, las revoluciones que su obra inspirara han sido, con todo, su mejor atalaya para valorarlo.

Wilder Pérez Varona, Instituto de Filosofía de Cuba.

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¿ANTROPOCENO? MÁS BIEN “CAPITALOCENO”.

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ANTROPOCENO: LA ERA DEL IMPACTO DEL SER HUMANO EN LA TIERRA.- Parte de la comunidad científica señala que ya hemos entrado en una nueva era geológica. Descubre en este vídeo cuál de Las eras geológicas son períodos de tiempo que comprenden todas las rocas formadas durante ese tiempo. Su uso permite dividir y estudiar las diferentes etapas por las que ha pasado el planeta desde su creación hasta el presente.

Seguro que conoces el Cenozoico, Mesozoico o el Paleozoico, pero ¿has oído hablar del Antropoceno? Durante los últimos doscientos años la humanidad ha dejado una huella tan negativa en el medioambiente que algunos científicos lo describen como una nueva era geológica: la era del impacto del ser humano sobre la Tierra o Antropoceno.

Desde el período preindustrial, y especialmente a partir de la segunda mitad del siglo pasado, la degradación del medioambiente y el cambio climático de origen humano han aumentado a un ritmo jamás visto en ninguna otra época de la historia.

Causas del Antropoceno

A la hora de analizar qué motivos han provocado la aparición de esta nueva era geológica, se pueden hablar de dos causas principales: el modelo de producción de energía y el modelo de consumo de recursos. La energía producida a partir del carbón, petróleo y gas natural emite grandes cantidades de gases de efecto invernadero, principales causantes del calentamiento global. Por otro lado, el crecimiento de la población propicia que se necesite de una mayor utilización de recursos naturales que, en la actualidad, sobrepasa la capacidad de la Tierra para regenerarlos.

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¿ANTROPOCENO? MÁS BIEN “CAPITALOCENO”.

Entrevista.

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James W. Moore-

Rebelión 21 de junio del 2018.

En el debate de la crisis ecológica global, se habla cada vez más del Antropoceno, término resultante de la combinación de las palabras griegas “anthropos” (humano) y “kainos” (nuevo). Este concepto se refiere a la escala global del impacto de la actividad humana en la composición y funcionamiento del “sistema de la tierra”. En su versión más común, la idea del Antropoceno se basa principalmente en consideraciones ecológicas. Esto apunta especialmente a la extinción acelerada de un mayor número de especies, la progresiva reducción de la disponibilidad de combustibles fósiles y el aumento de emisiones de gases de invernadero, incluidos el dióxido de carbono y el metano. Aunque se trata de un fenómeno muy reciente a escala geológica, ha quedado ya bien establecido que la actividad antrópica (es decir, de origen humano) es causa directa de estos fenómenos y ha influido profundamente en las transformaciones del medio ambiente a escala global.

La perspectiva de una “ecología-mundo”, desarrollada por Jason W. Moore, no discute parte alguna de este cuadro desde un punto de vista descriptivo; logra, sin embargo, captar algunos otros aspectos que también están respaldados por algunos datos indiscutibles. El sociólogo norteamericano critica el relato “antropocénico” porque se centra sólo en los efectos de la degradación ecológica. De este modo, se está en realidad descuidando el análisis de las causas de ese deterioro, lo que hace por tanto más difícil identificar a los responsables de la crisis ecológica y buscar soluciones políticas al problema. Por el contrario, debemos ir a la raíz del asunto, reconociendo que el capitalismo, si bien no tiene disposiciones para ser un sistema respetuoso con el medio ambiente, es en sí mismo, inevitablemente, un sistema ecológico.

Visto en este contexto, puede tomarse el impulso hacia la insostenibilidad ambiental por parte del capitalismo como algo ya inherente en la organización del trabajo que apunta a la acumulación ilimitada. Gracias a esta oportuna puesta al día de este concepto contemporáneo, el juego de herramientas teóricas está demostrando su continuada pertinencia, señalando que la coacción forzada del trabajo (tanto humano como no humano), subordinada al imperativo del beneficio a cualquier precio      —y por tanto de la acumulación ilimitada —es lo que está provocando la ruptura del equilibrio del ecosistema. No hablamos entonces del Antropoceno, sino más bien del “Capitaloceno”.

Nos encontramos con Moore en Ragusa [Sicilia], donde Salvo Torre, profesor de la Universidad de Catania, ha organizado un seminario intensivo sobre “ecología-mundo” y la actual crisis global crisis, programado para antes del congreso de Nápoles el 9 de junio con el título “Ecologie politiche del presente”, que incluirá también a otros especialistas académicos también implicados en la investigación de cuestiones de ecología política y conflictos socio-ecológicos. Conversan con Moore Gennaro Avallone (Universidad de Salerno) y Emanuele Leonardi (Universidad de Coimbra).

De acuerdo con su perspectiva, trabajo y naturaleza son dos caras de la misma moneda, sobre todo si se considera la necesidad capitalista de producir grandes cantidades de bienes a un coste cada vez menor. ¿Cómo se constituye la relación, entonces, entre naturaleza barata y trabajo barato?

Mi punto de partida es la consciencia de que el capitalismo no es sólo una práctica de explotación económica del trabajo, sino también —y de modo más fundamental — una forma histórica de dominación que se extiende al trabajo doméstico, el trabajo servil y el trabajo que implica a la naturaleza. En este sentido, el capital siempre tiene necesidad de producir naturaleza barata, con el fin de relanzar continuamente el proceso de acumulación. Esta palabra, “barata”, no se refiere solo a su bajo coste. Debería entenderse más bien como una estrategia abarcadora, en la que la reducción del precio queda subordinada a un deterioro más general, en términos de una dignidad y respeto “menores” asignados a los sujetos dominados: las mujeres, los pueblos colonizados y el medio ambiente. De acuerdo con este punto de vista, el trabajo barato es el único elemento de una  naturaleza que se ve sometida a violencia por el capital, y en la que debería pensarse tanto en términos de una dinámica económica dirigida a rebajar los costes salariales, es decir, el coste, así como el valor, de la mano de obra, así como en términos de un proyecto de expansión del trabajo no remunerado, el cual, aunque se haya vuelto invisible, se produce en el terreno de la reproducción humana.

En su libro sostiene que en la actual situación económica el capitalismo ha agotado su propia capacidad de producir naturaleza barata. ¿De dónde proviene esta convicción?     

Cada ciclo de acumulación de riqueza ha requerido de al menos cuatro elementos baratos. Estos llamados “cuatro baratos”, que se reducen a los bienes necesarios para la acumulación de riqueza, han sido la mano de obra, los alimentos, la energía y las materias primas. Cada una de las grandes olas de acumulación de riqueza a escala global se ha desarrollado basándose en amplias reconstrucciones de la “ecología-mundo”, que se han centrado en las revoluciones agrícolas. El momento presente es el último en una larga historia de limitaciones y crisis a las que se ha enfrentado el capital. Sin embargo, creo que hoy las condiciones que pueden reproducir esta suerte de proceso ya no están presentes, primordialmente a causa del cambio climático, que tiene el efecto de aumentar los costes y reducir la disponibilidad de cada uno de estos elementos. La naturaleza nos está pasando la factura, y exige el pago de lo que hemos ido extrayendo de ella durante siglos.  

Un flagrante ejemplo reciente de esto lo constituye el coste progresivamente más elevado de la agricultura, tanto en términos de energía como de biología. El consumo de reservas a escala planetaria es tan elevado que, para 2050, las cosechas que se planten rendirán considerablemente por debajo de cualquier expectativa probable del mercado alimentario global. 
 

Su campo de investigación tiene una dimensión militante explícita. ¿Cuáles son los principales instrumentos de movilización que ofrece esta perspectiva de la “ecología-mundo”?

Mi esperanza es que esta investigación teórica pueda proporcionar conocimientos útiles para los movimientos sociales de todo el mundo que luchan no sólo contra los efectos sino contra las causas de raíz del cambio climático. Naomi Klein ha recurrido a un término muy apropiado, “Blocadia” para referirse a esta zona de conflicto transnacional e itinerante que incluye y vincula en común luchas sindicales, movimientos ecológicos por la justicia climática y movimientos populares de extraordinaria potencia como Black Lives Matter [movimiento norteamericano contra la violencia policial que se ceba en la población negra], Idle No More [movilizaciones de protesta de pueblos aborígenes canadienses] y Standing Rock [nombre de la reserva de los sioux de Dakota centro de las protestas por el paso de oleoductos a través de sus tierras]. Creo que es hora de hacerse la pregunta de cómo podemos construir una contra-hegemonía post-capitalista, lo que podría contrarrestar de modo eficaz las desastrosas políticas medioambientales impuestas por el neoliberalismo.

En el libro que escribí junto a Raj Patel, A History of the World in Seven Cheap Things [Historia del mundo a través de siete cosas baratas] (en italiano Una storia del mondo a buon mercato, publicado por Feltrinelli), tratamos de mostrar algunas indicaciones para alcanzar esta meta y hablamos acerca de la ecología de las reparaciones, que incluye compensaciones monetarias por la deuda ecológica, pero que, por supuesto, no se reducen a eso. Sobre todo, identificamos diferentes formas de redistribución de riqueza —tanto sociales como medioambientales — igualmente indispensables, así como la reinvención del trabajo más allá de su forma asalariada.   

Al fin y al cabo, ¿quién ha dicho que el trabajo no debería ser otra cosa que un trajín diario y no una alegre forma de compartir? En este punto, es importante ser claro: la revolución ecológica resulta absolutamente incompatible con la llamada “ética del trabajo”, que además no es otra cosa que una dolorosa herencia del colonialismo.

En resumen, no discutimos que se requieren trabajo duro y esfuerzos para producir lo que se necesita para el bienestar social, pero pedimos que el trabajo se haga, en la medida de lo posible, más pleno de sentido y agradable. Por encima de todo, tenemos la esperanza de que las luchas de las y los trabajadores puedan cambiar radicalmente la actual relación perversa entre trabajo, vida y juego, que el capitalismo está imponiendo violentamente.

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JASON W. MOORE enseña Historia del Mundo y Ecología-Mundo en el Departamento de Sociología de la Universidad de Binghamton (Nueva York). Es coordinador del World-Ecology Research Network.

Fuente: Il manifesto global, 10 de junio de 2018

Traducción: Lucas Antón.

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miércoles, 20 de junio de 2018

LOS NIÑOS POBRES DE LA OCDE.

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“Lo que está claro, es que con toda la pobreza también afecta a los niños de los países considerados más ricos. Hoy en día, en la Unión Europea hay 26 millones de niños en riesgo de pobreza o exclusión social. Desde la crisis económica del 2008 ha sumido a un número creciente de niños en la pobreza relativa en los países más desarrollados del mundo, incluido los de la OCDE lo que revela que la pobreza infantil es un reto que se afronta en todo el mundo y que exigen soluciones efectivas a nivel mundial. Los niños representan casi la mitad de la población mundial que vive en situación de pobreza extrema. Aun así, más de 900 millones de personas (o una de cada siete) todavía viven en esa situación.

Los últimos datos publicados revelan que el 47% de quienes viven en extrema pobreza tienen 18 años o menos. Si queremos erradicar la pobreza algún día, se necesitan cambios de fondo y erradicando los sistema económico de corte neoliberal y distribuyendo de forma equitativa y justa la riqueza nacional de cada país. Finalmente cabe destacar que la pobreza infantil y su ascenso en la escala social, abarca múltiples dimensiones que van más allá del dinero únicamente. Para los niños, la pobreza significa carecer de acceso a aspectos esenciales de la vida, tales como la nutrición, la salud, el agua, la educación, la recreación o un lugar digno donde vivir”.

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Cerca de un millón y medio de niños vive en situación de pobreza severa en España.
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LOS NIÑOS POBRES DE LA OCDE.

OCDE: Organización de Cooperación y Desarrollo Económico.

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Eduardo Andrade Bone.

Rebelión miércoles 20 de junio del 2018.

El mejoramiento de las condiciones de vida de los estratos sociales con menor poder adquisitivo en los países más desarrollado y cuyo grupo está representado por los 24 países que forman parte de la OCDE, parecen poco promisorios. Países con diferentes niveles de desarrollo y con economías macro neoliberales, muestran ser incapaces de resolver la situación socio-económica de los sectores sociales con menores ingresos.

Así se desprende de un nuevo reporte dado a conocer por la OCDE (15.06.18), en los que se destaca que hacen falta en promedio alrededor de cinco generaciones, para que una persona considerada pobre, suba a un nivel medio dentro de la escala social. Lo que refleja una vez más lo injusto que ha sido la aplicación de medidas económicas de corte capitalista, perversa y anti humana, que no contribuyen a mejorar las condiciones de vida de forma equitativa y justa.

El informe destaca además que existe un estancamiento en el ascenso dentro de la escala social en los países de este conglomerado, en donde se manifiesta que los ingresos, el oficio o la profesión, junto al nivel de educación, se van heredando generación tras generación.

Al respecto el documento de la OCDE en algunos de sus párrafos más importante expresa: “En promedio, en los países de la OCDE, tomará al menos cinco generaciones para que un niño de una familia de la parte inferior de la escala de ingresos suba a la mitad de ésta”, se expresa en el estudio. Lo que refleja que el sistema capitalista imperante en estas naciones castiga de forma inhumana a los niños procedentes de los sectores sociales más pobre de cada uno de los países de la OCDE, en donde los derechos del niño, según la UNICEF no cuentan para nada.

Ahora los países latinoamericanos que mayormente destacan en castigo y flagelo hacia los más pobres se mencionan a Brasil, en donde tomarían 9 generaciones para salir de la pobreza, en Colombia se tomarían 11 generaciones para dejar atrás sus pésimas condiciones de vida. Países además en los cuales ha imperado políticas económicas capitalistas promovidas por las oligarquías y sus representantes políticos de centro derecha. En el caso de Brasil solo bajo el gobierno de Lula y Dilma Rousseff , se promovieron e impulsaron reformas que mejoraban gradualmente la situación de los más pobres.

Ahora en países como Chile, la aplicación del modelo económico neoliberal heredado de la dictadura, aún imperante, tampoco ha contribuido a mejorar la situación de los sectores sociales más pobres. En un país que junto a Colombia son considerados además como los mayores con grandes desigualdades sociales existente a escala global. En donde la brecha entre unos pocos ricos y la gran mayoría que vive con salarios de sobrevivencia y altamente endeudados, es muy alta y como dice el informe, no tiene nada de “gloriosa”.

La investigación al referirse a Chile, Francia o Alemania, destaca que en estos países tomaría alrededor de seis generaciones para que puedan superar el flagelo de la pobreza, que afecta a niños, mujeres y ancianos. Lo que refleja que la situación de los llamados países del “bienestar social” europeo, tampoco es tan bullante o ejemplar. De allí que el sector social que percibe menores ingresos (15%), tiene pocas posibilidades de mejorar su situación socio-económica.

Ahora está claro que el mejoramiento en las condiciones de vida en cada uno de los países de la OCDE, suele tener matices diferentes, por ejemplo el informe destaca que en naciones como Dinamarca, Finlandia, Suecia y Noruega, solo toma tres generaciones para mejorar la tendencia, en donde los sectores sociales más desfavorecidos suelen ser los de origen extranjeros, que independientemente de sus actividad laboral y de ingresos, suelen ser considerados los estratos sociales más bajo o pobres dentro de cada uno de estos países.

En el caso de España se destaca por ser un país con altos y bajos entre los diversos grupos sociales y sus respectivos ingresos ya que se necesitan cuatro generaciones para que los estratos sociales de menor poder adquisitivo puedan subir en la escala social y en donde también la infancia ha sido muy golpeada. Además hay que tener en cuenta que a partir de la crisis económica premeditada creada por el capitalismo global en el 2008, España fue duramente golpeada disparándose los índices de desempleo y castigando a miles de españoles a la pobreza y el exilio económico. Hoy el país ibérico aún no se recupera del todo y su crecimiento económico pasa por una inestabilidad que aún genera incertidumbre en la población.

Ahora cual niños obedientes, los gobiernos encabezados por los socialistas y los herederos del franquismo (partido popular), no trepidaron en aplicar las directrices económicas de las mafias del Banco Central Europeo y el FMI, aplicando la reducción del gasto público y afectando las políticas sociales, en donde la situación de pobreza de los niños, no es una excepción. De la aplicación de las políticas económica de corte capitalistas en España se pueden decir muchas cosas, pero lo claro, es que no han sido beneficiosas para la gran mayoría de los españoles.

El informe de la OCDE destaca además que los estratos sociales más altos, no suelen ser afectados por este péndulo macro económico neoliberal, pues están en condiciones de defenderse mucho mejor ante las adversidades que impone el sistema capitalista en cada país.

La OCDE expresa en otro de los párrafos de su documento que

“en promedio, en 16 de los 24 países de este conglomerado, apenas 17% de los niños de origen pobre logran subir hasta lo más alto en la escala social en términos de ingresos cuando llegan a la edad adulta, mientras que 42% de los niños de familias ricas se mantienen estables ”.

Lo que no dice por cierto la OCDE, es que la situación de pobreza de los niños en los países desarrollados y subdesarrollados como Chile y Colombia, obedece a las nefastas políticas económicas neoliberales y que solo benefician al 5% más rico de cada país y que en términos políticos son aplicadas por agrupaciones política de centro derecha, que están al servicio del poder del dinero. Ahora y según informaciones aparecida en la página W/DW de Alemania, alrededor de 2 millones de niños viven en el umbral de la pobreza. En EE.UU. viven 16 millones de niños en la pobreza de acuerdo a informaciones publicadas por Children International.

Ahora cuando se trata de “resolver” la situación de pobreza de los sectores sociales más golpeados por el capitalismo, su situación no pasa más allá de cambios cosmético o políticas de parche y no soluciones efectivas y reales.

De allí que cabe mencionar que en los países más desarrollados del planeta crece gradualmente la desigualdad social, la brecha entre unos pocos ricos y el crecimiento gradual de la pobreza a escala global, afectando a niños, mujeres y ancianos pobres de cada país.

Lo que está claro, es que con toda la pobreza también afecta a los niños de los países considerados más ricos. Hoy en día, en la Unión Europea hay 26 millones de niños en riesgo de pobreza o exclusión social. Desde la crisis económica del 2008 ha sumido a un número creciente de niños en la pobreza relativa en los países más desarrollados del mundo, incluido los de la OCDE lo que revela que la pobreza infantil es un reto que se afronta en todo el mundo y que exigen soluciones efectivas a nivel mundial.

Los niños representan casi la mitad de la población mundial que vive en situación de pobreza extrema. Aun así, más de 900 millones de personas (o una de cada siete) todavía viven en esa situación.

Los últimos datos publicados revelan que el 47% de quienes viven en extrema pobreza tienen 18 años o menos. Si queremos erradicar la pobreza algún día, se necesitan cambios de fondo y erradicando los sistema económico de corte neoliberal y distribuyendo de forma equitativa y justa la riqueza nacional de cada país.

Finalmente cabe destacar que la pobreza infantil y su ascenso en la escala social, abarca múltiples dimensiones que van más allá del dinero únicamente. Para los niños, la pobreza significa carecer de acceso a aspectos esenciales de la vida, tales como la nutrición, la salud, el agua, la educación, la recreación o un lugar digno donde vivir.

Ahora las medidas de protección social en países como los de la OCDE y donde se aplican políticas económicas impopulares, dichos planes son meros paliativos y suelen tener un carácter temporal, postergando por generaciones las soluciones reales a la pobreza y su carácter hereditario.

Los datos y estudios que entregan diversos organismos internacionales al respecto, constituyen la base para erradicar la pobreza infantil. Los estudios demuestran sin embargo que solo la mitad de los países del mundo manejan datos sobre pobreza infantil, pero los gobiernos con política económicas neoliberales muestran muy poco interés en que los antecedentes sean publicados con mayor frecuencia, pues acusan las carencia de un sistema injusto y degradante que finalmente se encuentra al servicio del 5% más rico de cada país y nada más.

Eduardo Andrade Bone, comunicador social, analista político y corresponsal de prensa

AIP/MP

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