domingo, 25 de septiembre de 2016

LA SITUACIÓN DE LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE.

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LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE.- El 25 de setiembre del 2015, 193 líderes mundiales se comprometieron con 17 Objetivos Mundiales para lograr 3 cosas extraordinarias en los próximos 15 años. "Erradicar la pobreza extrema. Combatir la desigualdad y la injusticia. Solucionar el cambio climático. Los objetivos mundiales podrían lograr estas cosas. En todos los países. Para todas las personas".

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio, ODM, que se lanzaron en 2000 fijaron el 2015 como el año objetivo. "Reconociendo el éxito de estos objetivos – y el hecho de que una nueva agenda de desarrollo se necesitaba para después de 2015 – los países acordaron en 2012 en Río+20, la Conferencia sobre el Desarrollo Sostenible, establecer un grupo de trabajo abierto para desarrollar un conjunto de objetivos de desarrollo sostenible. Después de más de un año de negociaciones, el Grupo de Trabajo Abierto presentó su recomendación para los 17 objetivos de desarrollo sostenible.

Hay 17 objetivos de desarrollo sostenible con 169 metas a diferencia de los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) con 21 metas. Los complejos desafíos que existen en el mundo hoy en día exigen que una amplia gama de cuestiones estén cubiertas. Es, asimismo, importante abordar las causas fundamentales de los problemas y no sólo los síntomas. A diferencia de los ODM, que fueron elaborados por un grupo de expertos a puerta cerrada, los objetivos de desarrollo sostenible son el resultado de un proceso de negociación que involucró a los 193 Estados Miembros de la ONU y también la participación sin precedentes de la sociedad civil y otras partes interesadas.

Esto llevó a la representación de una amplia gama de intereses y perspectivas. Los objetivos son de amplio alcance, ya que se abordarán los elementos interconectados del desarrollo sostenible: el crecimiento económico, la inclusión social y la protección del medio ambiente. Los ODM se centraron principalmente en la agenda social. Los ODM estaban dirigidos a los países en desarrollo, en particular los más pobres, mientras que los objetivos de desarrollo sostenible se aplicarán a todo el mundo, los ricos y los pobres".


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LA SITUACIÓN DE LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE.
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Santiago González Vallejo.

Rebelión sábado 24 de setiembre del 2016.

A punto de cumplirse el primer año de la aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS, (Asamblea de las Naciones Unidas, septiembre de 2015) es un buen momento de revisión sobre cuál es su grado de cumplimiento y si forman parte de la agenda y prioridad de los gobiernos y si existen mecanismos internacionales de velar por su cumplimiento.

Creemos, como en tantas esferas de la política, que hay datos y opiniones contradictorias. Como los propios ODS. Éstos nacen forzados entre la comprensión de que los antiguos Objetivos de Desarrollo del Milenio tenían una visión (y su proyección) de ricos a pobres, de ‘norte a sur’ insuficiente en un mundo global e interdependiente, donde lo que se hace (y cómo lo hace) en un territorio afecta (positiva o negativamente) a otro territorio. Pensemos en el ciclo del agua y su disponibilidad en cuencas que afecten a varios países, por ejemplo. Por lo tanto, los ODS han tenido un planteamiento ambicioso, universal, para todos los países y de mutua exigencia. Pero de la filosofía a su plasmación en el texto o en los indicadores de medición de resultados que informarán sobre el cumplimiento de los objetivos, hay un trecho.

Los ODS han nacido con una contradicción insuperable. Se plantea la prosperidad universal como resultado exclusivamente del crecimiento económico, que a su vez, se entiende como más bienes, más producción,… Por supuesto hay párrafos para todos los gustos y muy deseables que se pueden entender como que el resultado final es de una botella medio llena. Pero las contradicciones e insuficiencias no se limitan a si existe el dilema ‘bienestar’ universal versus ‘crecimiento’ en un planeta finito. Ya en una conferencia inmediatamente anterior a la aprobación de los ODS hubo otra conferencia en paralelo sobre financiación al desarrollo. En Addis Abeba se entendió que el comercio era el motor de la riqueza, la movilización de recursos financieros nacionales la gasolina junto a las inversiones privadas exteriores y donde las remesas o las ayudas al desarrollo, el famoso 0,7, se mantenían para contentar a ‘todos’. Pero no se quiso hacer mención sobre los paraísos fiscales o de una autoridad internacional que tuviera como cometido la fiscalidad internacional. Y todos sabemos, desde Obama al último presidente de un país, que las multinacionales tienen más poder que los estados, planifican la producción y la forma de conseguirla a escala planetaria y que muchos de los textos de las conferencias internacionales tienen muñidores de ese ámbito. Y, mientras tanto, en este año la dinámica que está rigiendo el mundo es el crecimiento de la desigualdad o el pillaje de los recursos y una asimétrica distribución.

Pero también hay éxitos, y la burocracia funciona. Aunque para algunos pueda chocar este elemento, creemos que es un paso positivo que la maquinaria burocrática esté en marcha. Se celebró en Nueva York una conferencia de alto nivel sobre desarrollo y allí algunos países ofrecieron su plan de cumplir los ODS y modelos de organizarse para ello que han servido de contraste, reflexión y, hasta motivación para que otros países creen, mejoren o revisen sus actuaciones y sus modelos de participación. Va a haber en los próximos días en el seno de las Naciones Unidas una retahíla de discursos de los jefes de estado o de gobierno que se ‘retratarán’ sobre sus trabajos de cumplimentación o intentarán disfrazar sus olvidos. A finales de año, en Nairobi se podrá discutir nuevamente la eficacia de la ayuda en donde es difícil que eludan la responsabilidad de las multinacionales y los paraísos fiscales. 

Por otros motivos, hay acuerdos, aunque ya se verá su alcance, para suscribir por parte de otros países diferentes a la Unión Europea, Estados Unidos, China, Brasil,.. los acuerdos de París (voluntarios) para reducir la emisión de contaminantes a la atmosfera. Todo ello, puede servir para el trabajo y presión de las organizaciones populares para mejorar su incidencia social.

En nuestro país llevamos un año en blanco (es decir, en retroceso). No puede servir de excusa un gobierno en funciones. La maquinaria de la administración, pero también los grupos organizados podrían haber intentado –que no se ha hecho- tomar la iniciativa, de participación, consensos y redacción de planes, aunque sea en formato de estudios. Y tener estrategias, aunque fueran varias y contradictorias, para llevar a cabo los ODS junto a una agenda de participación para tener instrumentos de contraste y discusión con un futuro gobierno.

La situación de claroscuro sobre el grado de cumplimiento y las dinámicas para alcanzarlos van a mantenerse durante los próximos años. Pero depende, como siempre, de la capacidad de movilización intelectual (pensamos en otros indicadores de desarrollo y la capacidad de divulgarlos e imponerlos) y callejera para transformar buenos deseos en realidades. Porque si a todos nos compete este mundo, a todos nos compete dar soluciones y llevarlas a cabo.

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Santiago González Vallejo es economista, Unión Sindical Obrera y relaciones Externas de SOTERMUN.


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sábado, 24 de septiembre de 2016

“CATALUÑA ACABARÁ SIENDO REPÚBLICA”. BARCELONA.

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GALICIA Y PAÍS VASCO.- La campaña de las elecciones regionales en Galicia y País Vasco (norte) concluye este viernes, en un ambiente agitado por el arriesgado intento del líder socialista Pedro Sánchez de formar un gobierno alternativo en España, que podría costarle el cargo. Después de nueve meses de parálisis política que mantienen a España con un gobierno interino, dirigido por el conservador Mariano Rajoy y su Partido Popular (PP), las formaciones esperan que el paisaje se despeje tras los comicios gallegos y vascos de este domingo. La doble cita electoral se presenta muy mal para los socialistas del PSOE. Según los sondeos, serían terceros en Galicia, donde el PP repetiría mayoría absoluta, seguido de En Marea, una plataforma integrada por Podemos, el gran rival de los socialistas en la izquierda. En el País Vasco ganara de nuevo el Partido Nacionalista Vasco, sin mayoría absoluta, y el PSOE quedaría cuarto, con el peor resultado de su historia en esta región, por detrás de los separatistas de izquierda de EH Bildu y Podemos. Pese a ello, Pedro Sánchez está intentando formar una coalición de gobierno para España después de estos comicios, para poner fin al bloqueo y apartar del poder a Rajoy.
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“Soy el primer canciller de la Generalitat con funciones específicas de política exterior.”
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“CATALUÑA ACABARÁ SIENDO REPÚBLICA”.

Entrevista a Raúl Romeva, Consejero de Asuntos Exteriores del Gobierno Catalán.
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Romeva señaló que el presidente catalán Puidgemont ya había adelantado que la actitud del gobierno español no iba a frenar el deseo y el compromiso asumido en septiembre del año pasado de llevar a Cataluña hacia la secesión.

Página /12 sábado 24 de setiembre del 2016.

Desde su adolescencia seguía de manera casi obsesiva el trabajo del biólogo marino francés Jacques-Yves Cousteau. Su sueño era convertirse en capitán de un barco, como Cousteau en su mítico Calypso investigando los secretos de los océanos, pero su carrera política se superpuso a aquel anhelo. Sin embargo, como el primer consejero de Asuntos Exteriores, Relaciones Internacionales y Transparencia del Gobierno de la Generalitat de Cataluña, es uno de los que lleva el timón del navío del independentismo catalán.
Raül Romeva, que capitanea la lista de Junts Pel Sí (JxSí), visitó Buenos Aires esta semana y participó de varias actividades como la “II Jornada sobre Derechos Humanos Lluís Companys” en el Casal de Catalunya, oportunidad en la que dialogó con Página/12. Es Licenciado en Economía, Doctor en Relaciones Internacionales, escribió varios libros, fue profesor de universidad, parlamentario, ecologista militante y trabajó para la UNESCO. Luego de ser eurodiputado de los ecosocialistas durante diez años, se convirtió en uno de los hombres más fuertes de la Generalitat del presidente regional catalán Carles Puidgemont, cuyo propósito es llevar a Cataluña a la separación con España.
“Soy el primer canciller de la Generalitat con funciones específicas de política exterior. En la etapa de transición en la que estamos, mi función está en construir un departamento de relaciones exteriores que tiene que acabar siendo una cancillería como la que tienen todos los estados. Además, tengo otra función que es la gestión de la acción exterior. El papel que tiene Cataluña en el mundo es cada vez más interdependiente”.
Puidgemont, elegido en enero mediante un pacto entre independentistas y el partido anticapitalista Candidatura de Unidad Popular (CUP) con un mandato de 18 meses para llevar a Cataluña a la secesión, defiende la posibilidad de un referéndum pactado con el Estado español. Considera que esa es la vía para resolver el reclamo secesionista y la única alternativa a la ruptura unilateral. En esa línea, Romeva asegura que el diálogo y la democracia es la postura de la cual no se van a mover.
“A nadie le conviene una situación de conflicto cuando hay una solución fácil. Lo que ofrecemos ante este problema, es que si no lo podemos hacer por la vía negociada, lo vamos a hacer igualmente”.
A modo de análisis, dice que Cataluña está en una transición desde la post autonomía hacia la pre independencia, porque está convencido que acabará siendo un país preparado para ser un estado independiente.
“Hay tres razones por las cuales acabaremos siendo república. Primero, por la necesidad práctica de gestionar el día a día que reclama que Cataluña tenga ciertas capacidades. Luego, existe una demanda ciudadana democrática que nuestro gobierno reivindica. Somos un gobierno de transición con un mandato ciudadano y tenemos el proyecto en común de crear un nuevo estado. El tercer elemento, es que no existe una alternativa, ni siquiera una opción de España federal que represente mejor la diversidad de realidad que existen en el país”.
El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, rechaza de forma determinante la posibilidad de un referéndum y así lo volvió a expresar durante un reciente debate de su investidura, que resultó fallida por el bloqueo político en el que se encuentra España desde hace más de ocho meses por la imposibilidad de llegar a un acuerdo que tienen los principales líderes de los partidos. Una de las trabas a la separación se encuentra en la Constitución española cuyo artículo 2 declara indisoluble la unidad de la Nación y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran. Para el consejero catalán existe una negación de la realidad y advierte que negarla no hará que desaparezca.
“El gobierno español tiene una obsesión por negar lo que tiene frente a sus narices. Ni siquiera nos dan la posibilidad de sentarnos en una mesa de diálogo y que se hable cara a cara. En vez de debatir, el gobierno lo que hace es amenazar, utilizar las instituciones del estado y el ejército, para generar una tensión creciente. Así no vamos a ir a ninguna parte”. Puidgemont ya había adelantado que la actitud del gobierno no iba a frenar el deseo y el compromiso asumido en septiembre del año pasado de llevar a Cataluña hacia la secesión.
Todos los 11 de septiembre, en Cataluña se celebra la llamada Diada, que es una fiesta nacional. Hace cinco años que en ese día, hay manifestaciones multitudinarias que se promulgan a favor de la creación de un Estado independiente. Según Romeva hubo un cambio radical por parte de los ciudadanos catalanes.
“El 87 por ciento de la población entiende que la mejor fórmula es el referéndum. Porque es la vía democrática, la vía de las urnas. Lo aceptan incluso para votar por el NO. Pero igualmente creen que hay que someterse a una consulta popular”.
Además, asegura que en el mundo en general se está hablando de lo mismo: la soberanía.
“El paradigma de la soberanía está evolucionando y eso está en el trasfondo de los debates de toda Europa. Se está debatiendo qué se decide, quién decide y a quién afecta lo que se decide. Desde Grecia hasta Reino Unido con el Brexit, también Escosia. Eso interpela a todos los catalanes que queremos una respuesta y para quienes no hay lugar para las amenazas, el uso de la fuerza, ni la judicialización de la política”.
Y en referencia a los catalanes que no quieren separarse de España, Romeva dice que es por razones sentimentales de pertenencia y que hay otros que tienen muchos temores infundados que se resolverían con tan sólo tener un debate para darles argumentos y explicaciones.
Hace dos semanas, el presidente Puidgemont comunicó que antes de la próxima Diada del año que viene, el Parlamento convocará una asamblea constituyente para sentar las bases de la nueva república Catalana. A su vez, anunció que el 28 de septiembre volverá a ofrecer al estado español la posibilidad de un referéndum pactado.
“Nuestra fecha de caducidad es julio del 2017”, afirma Romeva y continúa: “Para ese entonces Cataluña va a decidir y vamos a llegar con todas las estructuras preparadas. Vamos a tener las leyes a punto, que las estamos trabajando para poder completar la transición hacia la república. Finalmente, vamos a tener el proceso constituyente. Nosotros queremos construir un país y eso será dotándose de una Constitución”.
Entrevista: Florencia Garibaldi.
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viernes, 23 de septiembre de 2016

ENTREVISTA A FRANCOIS HOUTART, SOCIÓLOGO Y TEÓLOGO: “El bien común de la Humanidad como matriz de la Nueva Sociedad”.

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Tenemos una tarea clara: la superación del capitalismo. Pero también nos encontramos con múltiples barreras como la enajenación o la pérdida de la esperanza. ¿Qué hacer en estas circunstancias difíciles?  Precisamente por la situación que vivimos debemos tratar de redefinir la tarea de la izquierda y reflexionar sobre las estrategias posibles. Por eso me parece que un trabajo de conjunto entre movimientos sociales e intelectuales va a ser necesario primero para redefinir las metas (definir qué tipo de sociedad queremos); aquí entra la propuesta de Bien Común de la Humanidad, donde tocamos un espectro que va desde la relación con la naturaleza hasta la organización colectiva de la política y la sociedad, y también la espiritualidad, la manera de vivir las cosas en lo cotidiano...  Entonces, el primer aspecto significa que juntos debemos trabajar por una redefinición colectiva de las metas de la sociedad, no solamente con intelectuales que tienen toda la verdad que se debe imponer a las masas. No, este concepto de vanguardia es obsoleto. Debe ser un trabajo colectivo: por una parte con la experiencia de los movimientos políticos y sociales de izquierda que debemos recoger y tratar de sistematizar, y por otra parte, con el trabajo de los intelectuales. Con todos los logros que hemos desarrollado en los dos últimos siglos, la reflexión fundamental del marxismo, pero también de otras corrientes intelectuales que pueden ser útiles. La cuestión es cómo redefinir la meta fundamental de la humanidad y de la sociedad.

El segundo aspecto es cómo definir las transiciones. Es evidente que no podemos construir el socialismo o comunismo instantáneamente. Eso provocaría catástrofes económicas derivadas del boicot y de los embargos o incluso intervenciones militares. Eso no es posible, pero sí, podemos pensar transiciones, es decir, pasos que nos ayudan a construir el paradigma nuevo. No se trata de adaptar el capitalismo a nuevas situaciones sino de construir una sociedad diferente. En cuanto a la cuestión de cómo construir transiciones, hay que hacerlo desde una perspectiva dialéctica, sin caer en la idea del progreso de la modernidad –un progreso lineal sobre un planeta inagotable (un concepto muy capitalista de la “modernidad”, por cierto.  Es necesario redefinir la modernidad, encontrar transiciones y actores que pueden actuar en cada aspecto. Este es el gran reto no solamente para América Latina sino también para el mundo entero. Y ya podemos empezar, de forma humilde y cotidiana, a pequeña escala, como lo han hecho por ejemplo los zapatistas, y después poco a poco ampliar esta visión para construir otra matriz de desarrollo humano. Esto es absolutamente necesario frente a la destrucción de la naturaleza que el capitalismo está provocando, y también de destrucción humana, cultural y espiritual.

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Francois Houtart, Sociólogo y Teólogo de la Liberación, una voz autorizada para opinar sobre la Izquierda, los movimientos sociales y los gobiernos progresistas de izquierda en América Latina.
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ENTREVISTA A FRANCOIS HOUTART, SOCIÓLOGO Y TEÓLOGO: “El bien común de la Humanidad como matriz de la Nueva Sociedad”.
Teólogo de la Liberación.
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Cira Pascual Marquina.

Politik.

Rebelión viernes 23 de setiembre del 2016.

Esta conversación con el sociólogo y teólogo de la liberación François Houtart, que apareció por primera vez en el número 17 del mensuario PolítiK, explora los límites de los procesos de cambio en América Latina y el concepto de bien común de la humanidad.

-Cira Pascual Marquina (CPM): En el libro Más allá de la economía, el bien común de la humanidad (2013), planteas que para asegurar la continuidad de la humanidad y de la vida en el planeta hay que construir un nuevo paradigma en el que el bien común esté por encima del bien individual. ¿Podrías explicar el concepto de “bien común de la humanidad”?

-François Houtart (FH): El concepto de bien común de la humanidad tiene varias dimensiones. La primera es la dimensión de lo que se llaman los comunes o en inglés the commons: los bienes que no son individuales sino comunes, por ejemplo la tierra antes del capitalismo y hoy en día los servicios públicos. Hay muchas luchas en el mundo para proteger, recuperar o aumentar la dimensión de los bienes públicos. Ahora tenemos como bienes públicos la educación, la salud, pero también el agua, la comunicación, etc. Este es un primer nivel de lo que podemos llamar el bien común de la humanidad.

Sin embargo hay un segundo nivel, y el segundo nivel es el concepto clásico del bien común: cosas que le pertenecen al conjunto de la sociedad y que no pueden ser propiedad de individuos como, por ejemplo, en una ciudad, los parques o los espacios verdes, etc. Eso es un bien común. Pero hay sectores que no son directamente materiales, que son más bien de tipo jurídico, por ejemplo el código de circulación (si no se organiza, es el caos). En verdad este es un concepto que existe ya desde la filosofía griega, en particular Aristóteles, que reconoce que hay espacios en la vida colectiva que son espacios comunes, de bien común, y esta fue la base sobre la que la iglesia católica construyó su doctrina social.

Pero pienso que debemos ir un poco más allá y por eso he hablado del bien común de la humanidad: un principio de organización de la vida colectiva de la humanidad en el planeta que se base sobre la vida y no sobre la muerte... así este concepto se opone al concepto fundamental del sistema capitalista. Y cuando digo que el nuevo paradigma se basa sobre la vida, esto implica la posibilidad de crear, de conservar, de mejorar la propia vida –la vida en su sentido completo, no solamente la vida física, biológica, sino también la vida cultural, la vida espiritual–. Y no solamente construir en función de la vida de los seres humanos, sino también de otros géneros: los animales, las plantas, etc. Lo que se llama hoy el derecho de la naturaleza.

Este concepto es más amplio que el concepto de los comunes y que el concepto del bien común, pero integra estos dos conceptos. Este concepto que he llamado el bien común de la humanidad, es evidentemente un nombre; no importa el nombre, lo que importa es el contenido. Podemos darle otros nombres, por ejemplo el sumak kawsay que es el buen vivir, el concepto de los indígenas andinos, o podemos llamarlo socialismo del siglo XXI.

-CPM: En el libro que mencioné anteriormente enumeras cuatro elementos clave para aterrizar el concepto del bien común de la humanidad; podríamos decir que estos elementos son una especie de hoja de ruta para organizar la tarea colectiva en cuanto a la definición de la nueva sociedad postcapitalista. ¿Puedes explicárnoslos?

-FH: Sí, debemos concretar las cosas porque todo esto puede parecer algo abstracto. Precisamente he tratado de ver, como sociólogo, qué significa esto en la práctica de la vida colectiva humana. Por eso he tomado cuatro realidades fundamentales de toda sociedad, que son, por una parte la relación con la naturaleza, ya que ninguna sociedad puede vivir sin la naturaleza; después la producción material de la vida, porque la vida no es una abstracción y sin producción material no hay vida; la organización social de la vida, que debe ser colectiva en lo social y en lo político; y finalmente la cultura, porque el género humano es el único que puede reflexionar sobre su propia realidad y eventualmente anticipar el futuro, y que es, como dicen los mayas, “la parte consciente de la naturaleza”.

Reflexionando sobre estos cuatro elementos fundamentales de toda sociedad podemos entrar en detalles, especialmente comparando con la situación actual del sistema capitalista. Por ejemplo, en cuanto a las relaciones con la naturaleza: ¿cómo ve el capitalismo la naturaleza? Para el capitalismo la naturaleza es recursos naturales, es decir, una naturaleza que se debe explotar, y explotar en función de los intereses del capital y de la acumulación del capital. Por el contrario, en lo que se refiere a la nueva organización del bien común de la humanidad, la naturaleza debe ser respetada: es la fuente de toda vida, de la vida física, biológica, cultural, espiritual, y en este sentido la naturaleza no es solamente un objeto de explotación.

Esto, si queremos ir más allá en la práctica, tiene muchas consecuencias para la vida cotidiana y también para la organización nacional e internacional. Por ejemplo, si aceptamos que la naturaleza es la fuente de la vida, no podemos aceptar que personas individuales o corporaciones, grandes empresas multinacionales, se apropien de la naturaleza (y en particular las riquezas naturales que son los minerales, las fuentes de energía, etc.) por la simple razón que estas cosas deben entrar en la concepción del bien común. Aquí no digo que no se debe extraer, porque la madre tierra es generosa, sino que se debe hacer respetando los derechos de la naturaleza, la posibilidad de regenerarse y de continuidad de la vida. Este es un ejemplo práctico. También, por ejemplo, no se puede aceptar la mercantilización de bienes básicos para la vida como las semillas o como el agua. Ese es un primer paso.

El segundo es la producción de la base material de la vida. Como he dicho, cada vida tiene su base material y no se puede continuar sin esta base. Ahora la base material de la vida –la economía–, está organizada por la lógica del capital. El capital es el único motor de la economía, con su necesidad inagotable de tener ganancias para poder acumularse. Frente a esto la lógica debe ser absolutamente diferente: no una lógica de acumulación del capital, de valorización única del valor de cambio. Porque hay dos tipos de valores para todo servicio o bien: el valor de uso, es decir lo que es útil para la humanidad, para la naturaleza, para el mundo, y el valor de cambio o lo que permite ganancia. Solamente el valor de cambio, es decir, si una cosa es una mercancía, contribuye a la acumulación del capital. Por eso en el capitalismo todo debe convertirse en mercancía. Esta es la lógica del capital. Debemos salir de esta lógica, con todas las consecuencias en cuanto a la propiedad de los medios de producción, significa, en lo práctico, que no podemos aceptar la dominación del capital financiero, los paraísos fiscales, etc.

Un tercer elemento es la organización social y política, que debe ser democrática, para permitir que todos los seres humanos sean actores y no solamente sujetos de una política decidida desde arriba o por una minoría. No hay nada menos democrático que la economía capitalista que concentra el poder y desconoce lo que se llaman las “externalidades”: los daños ambientales y los daños sociales, que no paga el capital. Se deben promover procesos democráticos en todas las instituciones, desde las políticas y económicas hasta las culturales, sociales, religiosas. Esto también debe extenderse a todas las relaciones sociales, como las relaciones entre hombres y mujeres. Este es el tercer aspecto que tiene muchas aplicaciones en el mundo.

Finalmente, en cuanto a la cultura, hablamos de la interculturalidad. El hecho de no permitir que la cultura occidental, totalmente inmersa en el concepto de modernización, absorbida por la lógica del capital, sea la única cultura aceptable en el mundo, y comprender que todas las culturas, los saberes y las espiritualidades pueden contribuir al bien común de la humanidad y a la ética necesaria para esta construcción.

Ahora, todo esto puede parecer una bella utopía pero no lo es. No es una utopía en el sentido de ilusión, porque en el mundo hay millares de grupos que luchan por construir mejores relaciones con la naturaleza, por otro tipo de economía social y solidaria, por los derechos de todos los grupos humanos y finalmente por la interculturalidad. Esto significa que existe ya en la realidad la posibilidad de perseguir valores que no son puramente abstractos, sino que ya son el proyecto concreto de muchos movimientos y organizaciones en el mundo. Por eso pienso que sobre esta base se puede construir una perspectiva nueva. 
 


 La juventud latinoamericana y su gran compromiso y activa participación en los procesos políticos en defensa de sus derechos a la Educación, Salud, Cultura, Transporte, Medio Ambiente, como también en procesos políticos revolucionarios pos.neoliberales.
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-CPM: En algunas intervenciones has planteado que los procesos de cambio en América Latina se caracterizan por ser posneoliberales, pero todavía no se han dado pasos concretos hacia el postcapitalismo. ¿Podrías profundizar sobre esta caracterización de los procesos en Nuestra América y cómo avanzar hacia el postcapitalismo?

-FH: Sí, yo pienso que hay muchos aspectos en todos los dominios. Voy a tomar solo un ejemplo práctico: el problema de la agricultura. Los países que se dicen progresistas en América Latina –y que realmente han sido posneoliberales en el sentido que han reconstruido un Estado que trabaja por una cierta redistribución de la riqueza y también por un mejor acceso a los servicios como la educación o la salud para las clases desfavorecidas– promueven el monocultivo para la exportación, con todas sus consecuencias ambientales: destrucción de la selva amazónica, destrucción de los suelos, contaminación de las aguas, y también, finalmente, daños muy graves para las poblaciones, para la salud, y en cuanto a los efectos sociales como las migraciones hacia las grandes ciudades o al exterior.

Así han promovido esta agricultura en detrimento de la agricultura campesina, que podría dar una respuesta muchísimo mejor a la primera función de la agricultura, que es nutrir la población: es un hecho que la agricultura campesina en América Latina está nutriendo más del 60% de la población del continente. Una segunda función es participar en la regeneración de la Madre Tierra: muchas veces los campesinos trabajan con agricultura orgánica y de manera respetuosa de la naturaleza. Y, finalmente, el bienestar de los campesinos, frente a una agricultura de monocultivos, mucho más productiva, pero que proletariza al campesino o lo integra al sistema capitalista de monopolios, que crea dependencia de las grandes multinacionales de producción o de distribución. La agricultura campesina no es una cosa arcaica, del pasado, sino una cosa del futuro, y esto es reconocido incluso por la FAO.

Lo que hemos visto en América Latina es un intento de construir sociedades posneoliberales –pero no postcapitalistas, y en este sentido continuando con la idea de la modernización de las sociedades, y finalmente con un “capitalismo moderno”; esto tiene como consecuencia, por ejemplo en el campo de la agricultura, que no se promueve una nueva agricultura campesina que podría resolver muchos de los problemas de la pobreza rural y también de la producción de alimentos y de la soberanía alimentaria. Este es un ejemplo, pero podríamos dar otros ejemplos de otros aspectos que nos permiten decir que los ensayos de cambio, de los países progresistas, que fueron muy interesantes y tuvieron varios logros muy reales, finalmente no han transformado la lógica fundamental de la organización de las sociedades. Por eso me parece que desarrollar el concepto de Bien Común de la Humanidad podría ser un paso adelante frente a la crisis que afecta a todos estos países actualmente.

-CPM: Hablando de la crisis, un camino que impulsa el Gobierno Bolivariano para la salida es el Arco Minero. Se supone que explotar el oro y otros minerales en la enorme cuenca del Orinoco nos ayudará a salir de la crisis. Así, tras el anuncio de apertura, más de 150 corporaciones mineras han expresado interés, y ya se han firmado contratos con la canadiense Gold Reserve y con empresas chinas. ¿Qué opinión tienes sobre este tipo de propuestas?

-FH: Esta situación no es particular a Venezuela aunque el caso del Arco Minero es impresionante. Encontramos situaciones similares, tal vez a menor escala, en Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina. El problema es que la única respuesta que ven los gobiernos progresistas actuales frente a la crisis, que es una crisis a escala mundial y que afecta a muchos de estos países porque son exportadores de bienes primarios (explotación minera, petrolera o agrícola), es abrirse más al mercado y entrar en políticas de tipo neoliberal. Evidentemente es una contradicción fundamental. Pienso que estos gobiernos no han reflexionado suficientemente sobre las alternativas al capitalismo.

Debemos reconocer la realidad: Estas medidas contradicen de manera fundamental lo que se ha planteado como meta, y vemos un creciente abismo entre el discurso y las prácticas. La verdad es que estas prácticas van a llevar a una mayor concentración del capital y al desconocimiento de las externalidades, es decir, la destrucción de la naturaleza y la destrucción social y cultural. Eso debemos reconocerlo y debemos tratar de ver qué soluciones podemos encontrar que no entren en contradicción con lo que se había propuesto.

-CPM: Tenemos una tarea clara: la superación del capitalismo. Pero también nos encontramos con múltiples barreras como la enajenación o la pérdida de la esperanza. ¿Qué hacer en estas circunstancias difíciles?

-FH: Precisamente por la situación que vivimos debemos tratar de redefinir la tarea de la izquierda y reflexionar sobre las estrategias posibles. Por eso me parece que un trabajo de conjunto entre movimientos sociales e intelectuales va a ser necesario primero para redefinir las metas (definir qué tipo de sociedad queremos); aquí entra la propuesta de Bien Común de la Humanidad, donde tocamos un espectro que va desde la relación con la naturaleza hasta la organización colectiva de la política y la sociedad, y también la espiritualidad, la manera de vivir las cosas en lo cotidiano...

Entonces, el primer aspecto significa que juntos debemos trabajar por una redefinición colectiva de las metas de la sociedad, no solamente con intelectuales que tienen toda la verdad que se debe imponer a las masas. No, este concepto de vanguardia es obsoleto. Debe ser un trabajo colectivo: por una parte con la experiencia de los movimientos políticos y sociales de izquierda que debemos recoger y tratar de sistematizar, y por otra parte, con el trabajo de los intelectuales. Con todos los logros que hemos desarrollado en los dos últimos siglos, la reflexión fundamental del marxismo, pero también de otras corrientes intelectuales que pueden ser útiles. La cuestión es cómo redefinir la meta fundamental de la humanidad y de la sociedad.

El segundo aspecto es cómo definir las transiciones. Es evidente que no podemos construir el socialismo o comunismo instantáneamente. Eso provocaría catástrofes económicas derivadas del boicot y de los embargos o incluso intervenciones militares. Eso no es posible, pero sí, podemos pensar transiciones, es decir, pasos que nos ayudan a construir el paradigma nuevo. No se trata de adaptar el capitalismo a nuevas situaciones sino de construir una sociedad diferente. En cuanto a la cuestión de cómo construir transiciones, hay que hacerlo desde una perspectiva dialéctica, sin caer en la idea del progreso de la modernidad –un progreso lineal sobre un planeta inagotable (un concepto muy capitalista de la “modernidad”, por cierto.

Es necesario redefinir la modernidad, encontrar transiciones y actores que pueden actuar en cada aspecto. Este es el gran reto no solamente para América Latina sino también para el mundo entero. Y ya podemos empezar, de forma humilde y cotidiana, a pequeña escala, como lo han hecho por ejemplo los zapatistas, y después poco a poco ampliar esta visión para construir otra matriz de desarrollo humano. Esto es absolutamente necesario frente a la destrucción de la naturaleza que el capitalismo está provocando, y también de destrucción humana, cultural y espiritual.

-CPM: Has mencionado en algunas intervenciones que para entender la sociedad hay que hacerlo en términos de clase. En el periódico PolítiK estamos absolutamente de acuerdo. ¿Podrías profundizar sobre la necesidad del análisis de clase?

-FH: El análisis de la sociedad desde una perspectiva de clases es ciertamente importante. También es verdad que en el siglo XIX –en la Europa en que Carlos Marx reflexionó y escribió– la clase obrera era la clase fundamental para iniciar el cambio. En este sentido el papel de la clase obrera para cambiar el conjunto de la sociedad era absolutamente fundamental. Hoy en día debemos reflexionar frente a la realidad actual: una clase obrera muy segmentada por el sistema capitalista y que ha cambiado en los países industrializados, donde han desplazado la actividad de producción hacia las periferias y que se especializan en servicios.

Esto significa que la clase obrera hoy es diferente a la clase obrera del siglo XIX europeo o norteamericano. Así, otras clases sociales, como los campesinos por ejemplo, están también afectadas por la lógica del capital, y hoy vemos que frente a esta destrucción sistemática del pequeño campesinado, hay movimientos que son más radicales que el movimiento obrero. En particular, en el plano internacional, la Vía Campesina, la organización mundial de los campesinos, es más radical contra la Organización Mundial del Comercio o el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional que la organización Internacional de los sindicatos. Este es un hecho y debemos reflexionar sobre las nuevas realidades.

Es verdad que son los trabajadores los que enfrentan la contradicción fundamental con el capital, pero ya no son solo los trabajadores industriales, también están los trabajadores del campo, los precarizados, todos estos grupos sociales que son afectados hoy por la lógica del capital, y por eso la lucha y la organización de la lucha social debe ser pensada de otra manera que en el siglo XIX. Esta es una de las tareas para los movimientos sociales y los movimientos políticos de izquierda, para no equivocarse ni en el vocabulario –lo cual es secundario pero importante–, ni en las prácticas sociales y políticas, es decir: la definición de las luchas sociales.

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