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“Las consecuencias de una visión occidental imperante. Por último, y no menos relevante, el denominado mapa de las narrativas propuesto en el
artículo Climate Change–»The Measure of All Things»: The Missing Map of
Climate Narratives, ofrece evidencias del carácter predominantemente
occidental y etnocéntrico de la construcción discursiva hegemónica
sobre el cambio climático. En particular, pone de manifiesto
cómo dicha perspectiva no solo se origina en marcos epistemológicos
occidentales, sino que además tiende a proyectarse de
manera universalizante sobre territorios y contextos cuyas lógicas y
racionalidades socioculturales difieren sustancialmente. En consecuencia,
múltiples narrativas no occidentales –vinculadas a topografías,
cosmologías y marcos relacionales alternativos– no se encuentran
representadas ni disponen de un lugar claramente identificable
dentro de dicho esquema analítico. En contraste, las
contribuciones emanadas del Informe Brundtland y del Protocolo de
Kioto sí aparecen incorporadas, lo que evidencia un sesgo hacia los marcos
institucionales y normativos dominantes y, a su vez, limita la capacidad
del mapa para entablar un diálogo verdaderamente plural con narrativas
alternativas.
“Los hallazgos concuerdan con otros estudios, cuyos principales resultados
identifican “factores institucionales y estructurales” que limitan a
los autores del Sur Global o de los territorios no occidentales en su
capacidad de contribuir en la misma medida que el Norte
Global. Es más, existe un riesgo significativo de subestimar
o ignorar formas de conocimiento local y enfoques comunitarios,
incluyendo los saberes tradicionales de los pueblos indígenas de la
Amazonía (por ejemplo, los yanomami y los kayapó en Brasil), de los
sami en Finlandia
y Noruega, o de los aborígenes australianos, como los yolngu
y los noongar, que consagran conocimientos ancestrales sobre la
naturaleza y la interdependencia entre los seres humanos y los ecosistemas. Reconocer
y valorar estas perspectivas resulta fundamental para diseñar estrategias
climáticas más inclusivas, efectivas y culturalmente pertinentes.
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Fuentes: The Conversation.
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LA NARRATIVA QUE HA IMPERADO SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO ES LA
OCCIDENTAL.
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Por Zarina Kulaeva | 11/03/2026 | Ecología social
Fuentes Revista Rebelión miércoles 11 de marzo del 2026.
La historia del cambio climático comenzó a tomar forma a finales
de la década de 1960, en un contexto marcado por la creciente preocupación
científica y social por los efectos de la actividad humana sobre el medio
ambiente.
Un hito clave en este proceso fue la
publicación de Primavera silenciosa en 1962, de Rachel Carson, uno de los libros más influyentes sobre el uso
indiscriminado de productos químicos agrícolas, pesticidas y otras sustancias
sintéticas (DDT) que contaminaban las aguas, afectando
gravemente a las poblaciones de aves y fauna silvestre e infligiendo riesgos
significativos para la salud humana.
El impacto de esta obra fue tal que,
solo tres años después, en 1965, la Comisión de Contaminación Ambiental de
Estados Unidos elaboró un informe exhaustivo sobre la “calidad de nuestro medio ambiente”. En él alertaba sobre la contaminación, la gestión del
agua y la salud pública, para presentarlo al entonces presidente Lyndon B. Johnson.
Un año más tarde, en 1966, Johnson promulgó la National
Traffic and Motor Vehicle Safety Act, legislación que sentó las bases
para una regulación más estricta de la industria automotriz en materia de
seguridad y control de emisiones. Como resultado de este nuevo marco
normativo, y del creciente escrutinio público sobre el impacto ambiental
del transporte, la empresa General Motors publicó en 1970 el folleto
titulado Progress
toward Pollution-Free Cars, en el que reconocía la necesidad de avanzar
hacia vehículos menos contaminantes.
Ese mismo año, el 22 de abril de 1970, se instauró oficialmente la celebración del Día de la Tierra, que marcó un punto de inflexión en la articulación de políticas, movimientos sociales y compromisos institucionales en favor de la protección del medio ambiente.
Dos visiones contrapuestas sobre el clima.
La historia del cambio climático tiene, no obstante, precedentes aún más
influyentes. Robin Lybbi profesora emérita de la
Universidad Nacional de Australia,
relata en su último libro The Environment.
A History of the Idea que en 1949 se celebraron dos
conferencias muy relevantes en el ámbito del medio ambiente y la conservación
de los recursos. Por un lado, tuvo lugar la Conferencia Científica de las Naciones Unidas sobre la
Conservación y Utilización de los Recursos (UNSCCUR) y por el otro, la Conferencia Técnica Internacional
sobre la Protección de la Naturaleza (ITCPN). Ambas se celebraron en Lake
Success, Nueva York.
Como describe Lybbi en su libro.
“Más de 500
delegados de unos cincuenta países asistieron a la UNSCCUR. El desarrollo
económico fue una de las principales preocupaciones […] Por el contrario, la
reunión de la International Technical Conference on the Protection of
Nature (ITCPN) fue más pequeña, con representación de más continentes pero
con menos delegados de cada uno de ellos, y se centró directamente en la
protección de la naturaleza. Las mujeres representaron hasta una décima parte
de los asistentes a la ITCPN, mientras que, significativamente, en la U.N.
Scientific Conference on Conservation and Utilization of
Resources (UNSCCUR) las mujeres fueron casi inexistentes, lo que subraya
aún más los vínculos de esta última con la seguridad, la economía y la alta
política”.
Así, comenzaron a consolidarse dos enfoques diferenciados
frente al cambio climático y la gestión ambiental. Por un lado,
la UNSCCUR promovía la resolución de los problemas ecológicos
mediante la innovación tecnológica y la modernización, mientras que el ITCPN
defendía la prevención, subrayando la necesidad de minimizar el impacto
de la actividad humana sobre los ecosistemas. Con el paso del tiempo,
y con la llegada del siglo XXI, estas perspectivas se reflejaron en las estrategias
de mitigación y adaptación al cambio climático. Inicialmente concebida como un
complemento de la mitigación, la adaptación ha adquirido creciente
relevancia, consolidándose como una estrategia indispensable para
enfrentar los impactos inevitables del cambio climático.
De hecho, como evidencia el nuevo mapa de las narrativas
climáticas presentado en recientes estudios, tanto la mitigación como la adaptación
encuentran su origen en compromisos internacionales como el Protocolo
de Kioto de 1997.
Este, a su vez, incorpora gran parte de la conceptualización del desarrollo
sostenible propuesta por el Informe Brundtland en 1987.
No sorprende, por tanto, que estas narrativas estén estrechamente interconectadas, dada la complejidad del fenómeno climático y la persistencia de la idea de progreso. Durante estas décadas, la fe ciega en el desarrollo tecnológico sirvió como fuerza unificadora para grandes inversiones en la promoción de nuevas infraestructuras; mientras que el acceso sin restricciones a los recursos naturales facilitó su mercantilización, modificación y la generación de beneficios a expensas del agotamiento de estos.
‘Oportunidad de inversión’.
En este sentido, el cambio climático se ha convertido en una
importante “demanda de innovación mucho más generalizada y poderosa
que cualquier programa medioambiental”, según Robert W. Fri, subdirector de la Agencia de
Protección Ambiental de Estados Unidos entre 1971 y 1973. Tampoco nos ha de
extrañar que la promulgación de la modernización por medio de la
conferencia de UNSCCUR se haya materializado años más tarde en
las ideas de eco-modernización, estrechamente vinculadas con la idea del
desarrollo sostenible.
Por el contrario, los paradigmas
centrados en el decrecimiento que orientan hacia la reducción de la
producción y el consumo en el Norte Global, a una construcción
autodeterminada de la sociedad en el Sur Global y a desarrollar
procesos de decisión democráticos más participativos para
solucionar problemas ecológicos,
han permanecido más marginales. Y se debe no únicamente a la
primacía de la idea de progreso, el desarrollo tecnológico y la
maximización de la eficiencia, sino también al uso insaciable
de los recursos naturales. Tampoco es nada nuevo. En un diálogo
de hace más de 2 000 años, Hipócrates conversa con Demócrito
sobre este ávido impulso del ser humano que:
“por deseos
insaciables” llega “hasta los confines de la tierra y sus abismos infinitos,
fundiendo plata y oro, sin dejar nunca de adquirir más, y siempre preocupado
por tener más, para no caer en la ruina” (Hippocrates, 1839, carta 17).
No resulta sorprendente que el
decrecimiento se
plantee en abierta contraposición a la apuesta exclusiva por el desarrollo
tecnológico y la maximización de la eficiencia como ejes rectores del progreso.
Tal como se expone en Degrowth.info –plataforma mediática
independiente impulsada por un colectivo político internacional orientado
a difundir y articular las perspectivas del decrecimiento–, esta perspectiva
pone de relieve hasta qué punto las posturas críticas frente a la
concepción lineal del progreso han ocupado históricamente un lugar
marginal en el debate público.
En este sentido, Diana M. Liverman, profesora emérita de Geografía en
la Universidad de Arizona, ha señalado cómo el cambio climático ha
sido conceptualizado en términos económicos como “una oportunidad de
inversión”. Esta capitalización del cambio climático y de los gases de
efecto invernadero se evidencia mediante instrumentos como los mercados de carbono y la influencia del orden
neoliberal en la “comodificación”
de la naturaleza.
Llamamos
“comodificación” al fenómeno mediante el cual bienes, servicios, ideas o
recursos naturales, anteriormente no comerciales, se transforman en productos
básicos intercambiables en el mercado, valorados principalmente por su precio.
Este enfoque revela la tensión persistente entre la gestión ambiental basada en la prevención y la explotación de oportunidades económicas derivadas del cambio climático, un dilema que sigue configurando las políticas climáticas contemporáneas.
Las consecuencias de una visión occidental imperante.
Por último, y no menos relevante, el denominado mapa de las narrativas propuesto en el
artículo Climate Change–»The Measure of All Things»: The Missing Map of
Climate Narratives, ofrece evidencias del carácter predominantemente
occidental y etnocéntrico de la construcción discursiva hegemónica
sobre el cambio climático. En particular, pone de manifiesto
cómo dicha perspectiva no solo se origina en marcos epistemológicos
occidentales, sino que además tiende a proyectarse de
manera universalizante sobre territorios y contextos cuyas lógicas y
racionalidades socioculturales difieren sustancialmente.
En consecuencia, múltiples narrativas
no occidentales –vinculadas
a topografías, cosmologías y marcos relacionales alternativos– no se
encuentran representadas ni disponen de un lugar claramente
identificable dentro de dicho esquema analítico. En contraste,
las contribuciones emanadas del Informe Brundtland y del Protocolo
de Kioto sí aparecen incorporadas, lo que evidencia un sesgo hacia
los marcos institucionales y normativos dominantes y, a su vez, limita
la capacidad del mapa para entablar un diálogo verdaderamente plural con
narrativas alternativas.
Los hallazgos concuerdan con otros estudios, cuyos principales resultados
identifican “factores institucionales y estructurales” que limitan a
los autores del Sur Global o de los territorios no occidentales en su
capacidad de contribuir en la misma medida que el Norte
Global. Es más, existe un riesgo significativo de subestimar
o ignorar formas de conocimiento local y enfoques comunitarios,
incluyendo los saberes tradicionales de los pueblos indígenas de la
Amazonía (por ejemplo, los yanomami y los kayapó en Brasil), de los
sami en Finlandia
y Noruega, o de los aborígenes australianos, como los yolngu
y los noongar, que consagran conocimientos ancestrales sobre la
naturaleza y la interdependencia entre los seres humanos y los ecosistemas.
Reconocer y valorar estas perspectivas
resulta fundamental para diseñar estrategias climáticas más inclusivas,
efectivas y culturalmente pertinentes.
Zarina Kulaeva. Postdoctoral research fellow,
UOC – Universitat Oberta de Catalunya.
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