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“Ahora bien, parte de esto puede revisarse
a medida que la situación evolucione. Todavía podríamos ver más de lo que
Rubio y el partido de la guerra quieren, que es la acumulación de
impulso hacia una invasión directa mucho mayor. El umbral ya ha sido
cruzado, y la administración no se preocupó demasiado por construir
apoyo público (escaso) ni por elaborar un fundamento legal. Una victoria
rápida y fácil lubrica el camino hacia acciones más arriesgadas. Si
dependiera de Rubio, sospecho, esto no adoptaría la forma de una
ocupación de Venezuela, que sería un desastre al estilo
Irak, sino de una operación equivalente en Cuba.
Y aunque sospecho que allí encontrarían mucha más resistencia, lo que
exigiría un compromiso militar mucho mayor, no se puede descartar por
completo la posibilidad de una incursión rápida y exitosa. Tampoco
quiero dar la impresión de ser triunfalista o complaciente respecto del
declive estadounidense: un imperio moribundo es una bestia peligrosa y
hará pagar un alto precio en sangre por su decadencia. Cuanto más
desesperado esté, más temerario se volverá, incluso sin un liderazgo tan
notoriamente torpe, incompetente y auto engrandecido. Sin embargo, por
el momento, y hasta donde puedo ver, esto es realmente el poder estadounidense
consumiéndose a sí mismo en el acto mismo de ejercerse. Y creo que es
importante no ceder ante el espectáculo del poder soberano, porque sus
efectos dependen en gran medida de que la gente compre ese espectáculo.
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Fuentes: Patreon – Jacobin.
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LA DOCTRINA DONROE:
UNA RELACIÓN IMAGINARIA CON UN DECLIVE REAL.
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Por Richard Seymour | 09/02/2026 | EE.UU.
Fuentes. Revista Rebelión lunes 9 de febrero del 2026.
El ataque contra Venezuela no es
síntoma de un nuevo auge imperial sino, por el contrario, una prueba de su
decadencia. Pero el poder estadounidense consumiéndose a sí mismo no deja de
ser una bestia muy peligrosa.
Así como Lutero se puso la máscara de
San Pablo, la administración Trump
se reviste con los atuendos del imperialismo del siglo XIX («la
Doctrina Donroe»). La edad menos heroica convoca a los muertos de la
historia mundial, en este caso no para inspirar un heroísmo real. Eso sería
peligroso. Los convoca, en cambio, para producir un simulacro, una mera
imagen digital, de heroísmo.
Se supone, creo, que debemos quedar deslumbrados por el gesto teatral, por la exhibición de poder bruto, por la facilidad sin fricciones con la que Estados Unidos llevó adelante su incursión en Caracas, despachando 150 aeronaves y puñados de fuerzas especiales y agentes del FBI, y dejando unas pocas decenas de soldados muertos, la mayoría de ellos, según se informó, cubanos.
Cuando Marcos Rubio habló sobre el
secuestro de Nicolás Maduro en la conferencia de prensa en la Casa Blanca, estaba eufórico.
«Si yo viviera en La
Habana y formara parte del gobierno, estaría preocupado». El cambio de régimen
en Cuba es,
evidentemente, lo que Rubio y la derecha de Miami desean. Rubio
viene sosteniendo dentro de la administración Trump que el efecto dominó
de la caída de un régimen provocaría el derrumbe de todos los gobiernos de
izquierda de la región. El senador Lindsey Graham también insistió
en esa línea: «Esperen a Cuba. … Sus días están contados. Un día nos vamos a
despertar, espero que, en 2026, y en nuestro patio trasero vamos a tener
aliados en estos países haciendo negocios con Estados Unidos».
Trump, por su parte, volvió sobre su tema
favorito: el petróleo, y cómo Estados Unidos debería ser dueño de todo,
y cómo fue robado a Exxon, etcétera. Pero también enfatizó un relato
regional y amenazó con nuevas intervenciones en Colombia y México,
afirmando que Gustavo Petro estaba «produciendo cocaína» y
«enviándola a Estados Unidos», y que Claudia Sheinbaum gobernaba aterrorizada
por los cárteles. ¿Qué sigue? Groenlandia, le dijo a The Atlantic. Tal vez
incluso Canadá. La Doctrina Donroe no reconoce límites territoriales dentro de
su hemisferio de influencia.
Sí, creo que se supone que debemos
quedar impresionados, sin pensar demasiado en los resultados. Se supone que debemos olvidar el
dilema de un imperio moribundo, en el que casi todo lo que se hace para
frenar su declive termina disminuyendo su capacidad futura de acción.
Las cosas siguen siendo algo confusas, pero por ahora se pueden afirmar
algunas cuestiones. Primero, la incursión fue fácil porque el régimen
estaba vaciado por dentro. Maduro tenía cubanos defendiéndolo porque no
podía confiar en venezolanos. Su círculo íntimo estaba infiltrado por un
agente de la CIA y su secuestro parece haber sido una rendición
negociada por quienes estaban cerca de él. El secuestro no provocó
ninguna movilización popular y casi ninguna resistencia por parte de las
Fuerzas Armadas, a diferencia de lo que habría ocurrido si esto se hubiera intentado
contra Chávez. Segundo, la incursión fue fácil por su
ambición limitada. Trump se jacta de estar «dirigiendo» Venezuela y
amenaza con «botas sobre el terreno», pero eso no ocurrió. Dejaron al
aparato del PSUV a cargo. No hubo botas sobre el terreno y no hubo cambio
de régimen, hubo madurismo sin Maduro y la pobre María Corina Machado,
que venía audicionando para el papel, suplicando por una intervención y
prometiendo conferencias empresariales para privatizar todo lo que
no estuviera atornillado, quedó afuera porque es demasiado impopular
para gobernar. Sin duda, las redes de la CIA seguirán operando en Venezuela
y, también sin duda, un régimen bajo presión puede ser inducido a hacer concesiones
significativas para que Trump quede bien. Pero eso plantea la pregunta
de qué podrían pedir que no pudiera haberse inducido a Maduro a conceder.
Circulan muchos malos argumentos según los cuales esto fue en realidad
una apuesta por controlar las notoriamente infladas reservas
«probadas» de petróleo de Venezuela. Como señala el economista James
Meadway, eso mismo sería un síntoma de declive. Una administración que
cedió la batalla por el control de la energía del futuro a China,
por razones puramente ideológicas, estaría luchando por el control de la
energía del pasado. Pero sinceramente no creo que eso sea lo que está en
juego. Maduro estaba perfectamente dispuesto a ofrecerle concesiones
petroleras a las corporaciones estadounidenses. Chevron produce
actualmente alrededor de una cuarta parte del petróleo del país. Podrían
ampliar fácilmente las exenciones a las sanciones si quisieran que saliera
más petróleo de Venezuela. A menos que uno realmente crea las tonterías
que Trump viene diciendo sobre que Venezuela roba petróleo
estadounidense, algo de lo que incluso el Washington Post, alineado
ideológicamente con la Casa Blanca, se burla, no hay ninguna razón por
la que no pudieran trabajar con Maduro del mismo modo que pueden
trabajar con Delcy Rodríguez. Tampoco puede tratarse de liberalización
económica, porque, aunque Machado es más agresiva en ese terreno, el
PSUV viene impulsando privatizaciones desde 2020. Quien piense que el gobierno
venezolano todavía representa algún tipo de camino socialista o
anticapitalista está tristemente engañado: en este punto es una máquina
administrativa.
Entonces, ¿qué más hay? La reciente
Estrategia de Seguridad Nacional, entre toda su retórica alucinatoria, alude de manera oblicua al objetivo
de mantener fuera de América Latina a influencias hostiles. Esto
probablemente se refiera a China, que efectivamente es, como escribí antes,
una potencia comercial en ascenso en la región. Sin embargo, para empezar,
sabemos que incluso los gobiernos de extrema derecha preferidos por la administración
estadounidense encontraron seductoramente fácil tratar con China. Después
de toda una serie de campañas electorales en las que se multiplicó el pánico
sinofóbico, siguen comerciando con Pekín sin problemas. Machado
probablemente haría lo mismo. La República Popular China no necesita formar
alianzas con gobiernos de izquierda. Además, las tácticas
estadounidenses, caprichosas, de intimidación, incentivos, acuerdos y violencia
teatral, probablemente sean un regalo para el poder blando chino, y no
solo a largo plazo.
Eso nos deja con la gran idea de Rubio de una
reversión hemisférica anticomunista. Pero lo único que la sostiene
es la teoría del dominó de la Guerra Fría, que ni siquiera se aplicó bien a
los movimientos y Estados comunistas reales. La idea de que el efecto demostración
de la decapitación pública de un Estado desencadenará una reacción en
cadena contra la izquierda es absurda. Y si América Latina alguna vez
fue el «patio trasero» que evoca Lindsey Graham, hace tiempo que
dejó de serlo. La época en la que unos pocos filibusteros podían aspirar
a conquistar o desestabilizar Estados latinoamericanos para su propio
beneficio, la era de la Doctrina Monroe original, terminó hace mucho.
También terminó la era de la instalación de dictaduras de seguridad nacional
mediante intervenciones rápidas y sucias, para después dejarlas
gobernar. Y, por ahora, también terminó la era de las contrarrevoluciones con
escuadrones de la muerte. No se puede aspirar seriamente a dominar un
continente de Estados industrialmente avanzados, socialmente diferenciados y
políticamente complejos mediante este tipo de castigos espectaculares. Hay
que tratar a los Estados de la región como actores por derecho propio,
no como clientes o sirvientes.
Ahora bien, parte de esto puede revisarse a medida que la situación
evolucione. Todavía podríamos ver más de lo que Rubio y el partido de la
guerra quieren, que es la acumulación de impulso hacia una invasión directa
mucho mayor. El umbral ya ha sido cruzado, y la administración no se
preocupó demasiado por construir apoyo público (escaso) ni por
elaborar un fundamento legal. Una victoria rápida y fácil lubrica el
camino hacia acciones más arriesgadas. Si dependiera de Rubio, sospecho,
esto no adoptaría la forma de una ocupación de Venezuela, que sería un
desastre al estilo Irak, sino de una operación equivalente en Cuba.
Y aunque sospecho que allí encontrarían mucha más resistencia, lo que
exigiría un compromiso militar mucho mayor, no se puede descartar por
completo la posibilidad de una incursión rápida y exitosa. Tampoco
quiero dar la impresión de ser triunfalista o complaciente respecto del
declive estadounidense: un imperio moribundo es una bestia peligrosa y
hará pagar un alto precio en sangre por su decadencia. Cuanto más
desesperado esté, más temerario se volverá, incluso sin un liderazgo tan
notoriamente torpe, incompetente y auto engrandecido.
Sin embargo, por el momento, y hasta
donde puedo ver, esto es realmente el poder estadounidense consumiéndose a sí
mismo en el acto mismo de ejercerse. Y
creo que es importante no ceder ante el espectáculo del poder soberano,
porque sus efectos dependen en gran medida de que la gente compre ese
espectáculo.
Artículo publicado el 5 de enero
en Patreon.
Traducción: Pedro Perucca
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