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“Necesitamos un presidente que tenga amor por el país, que tenga
amor por los ciudadanos, que
tome al Estado como un instrumento enfocado al servicio del bien común. No queremos un
presidente político sino un presidente estadista, que no viva
el hoy, pensando en las próximas elecciones, sino que mire y
camine hacia el mañana, pensando en las futuras generaciones. Quien
mira el hoy y se agota en el hoy, mira simplemente ya el
pasado. Una muestra de ello es la clase política actual que
integra el Congreso. Su acción política se ha
desarrollado en la búsqueda de votos para alcanzar su reelección, sin
importarles el bienestar de los ciudadanos.
“Un presidente estadista no permitiría
seguir precarizando
la explotación minera ilegal, extendiendo los plazos del
REINFO; es un sistema laboral sin derechos ni protección;
que promueve la trata de personas, que agrede y contamina los
recursos naturales, medioambientales, afectando muchos
ecosistemas donde interviene. Un presidente estadista tiene una visión
estratégica a largo plazo, enfocada en el bien común y el futuro del país,
por encima de intereses electorales inmediatos. Esto implica que debe
actuar con prudencia, integridad y experiencia para tomar decisiones
estructurales que beneficien a las próximas generaciones. Un presidente estadista requiere conocimiento
del funcionamiento del Estado, sabiduría, capacidad de diálogo para construir
puentes y generar consensos en temas del bien común.
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SE BUSCA UN PRESIDENTE CON AMOR POR EL PAÍS.
POR MARIANELLA LEDESMA.
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"No queremos un presidente
político sino un presidente estadista, que no viva el hoy, pensando
en las próximas elecciones, sino que mire y camine hacia el mañana,
pensando en las futuras generaciones"
Por Dra. Marianela Ledesma Narváez.
Ex presidenta del Tribunal Constitucional.
Fuente. La Republica domingo 5 de abril
del 2026.
Estamos cerca de elegir a quien
dirigirá el destino de nuestro país por cinco años y para ello, tenemos un
pelotón de postulantes, 36 para ser precisa. Por mandato constitucional (art. 118), quien sea elegido
presidente dirigirá la política general de gobierno, velará por el orden
interno, administrará la hacienda pública, entre otras atribuciones. Los
ciudadanos tenemos el poder-deber de elegir a quien guiará nuestro destino como
país.
Los candidatos presidenciales han
expuesto sus propuestas sobre uno de los problemas que nos agobia: la inseguridad ciudadana y la
lucha contra la criminalidad. Tenemos una lluvia de propuestas
para enfrentar a la criminalidad, que pasan desde la pena de
muerte, la cadena perpetua, el trabajo forzado, las cárceles con serpientes,
etc. Hay un festival de ofertas sobre quien ofrece más mano dura
contra la delincuencia, como si el problema se agotara con ello.
Otros ofrecen desarrollar una mayor inteligencia policial, dotar de mayor armamento y patrulleros a la PNP; sin embargo, ningún candidato ha explicado de dónde se va a obtener el presupuesto para su implementación. Esto es importante precisar, sobre todo si en estos últimos tiempos, los grupos políticos que integran el Congreso vienen aprobando leyes que aumentan el gasto público y exoneraciones tributarias.
Se mira el árbol, pero no el bosque.
Se pretende luchar contra el crimen
sin visibilizar las causas que lo generan; por ahí, algunos candidatos como Mesias Guevara y
Jorge Nieto pusieron en la palestra a las leyes que este Congreso ha
aprobado para beneficiar el juzgamiento y sanción de los criminales;
para proteger los dineros ilícitos que ingresan a la economía,
vaciando de contenido a la Ley de extinción de dominio; y ni
qué decir del allanamiento a las moradas de los investigados, donde el factor
sorpresa (propio de ese tipo de actuaciones) ya no es posible,
reduciendo así la eficacia del allanamiento.
Los candidatos se han preguntado antes
de proponer los severos castigos,
¿qué genera el aumento de la criminalidad? Ninguno ha ensayado una
respuesta que contenga una explicación objetiva y razonable; por
decir, el candidato Ronald Atencio atribuye la criminalidad a la Constitución
actual y considera que la solución es el cambio de Constitución; sin
embargo, bajo una lógica marxista son las condiciones materiales las que
se reflejan en la respuesta jurídica y no a la inversa. Hay
que transformar las condiciones materiales.
La desigualdad material y la delincuencia.
En el debate presidencial, ningún
candidato visibilizó a la desigualdad material como causa de la criminalidad. Esta desigualdad es estructural
y no se ha transformado. Las brechas sociales no se han
reducido. Una muestra de ello es el aumento de la anemia infantil.
La desnutrición crónica infantil afecta al 20% de niños menores de
cinco años en zonas rurales. El 36,5% de la población -dice el
INEI- sufre de un déficit calórico (hambre real). El Perú
registra su peor situación nutricional de los últimos 10 años,
según el Índice Global del Hambre 2023.
La desigualdad hace que los jóvenes
que provienen de hogares
con bajos recursos económicos no tengan la posibilidad de continuar
estudios superiores o técnicos, lo que tendrá un impacto directo en su
futuro laboral.
La posibilidad de lograr un cupo en el
programa social Beca 18 es reducida. De los 20.000 jóvenes que cada año
postulan, solo 5.000 logran alcanzar el apoyo estatal. Nos preguntamos,
¿qué hacen los jóvenes que no
alcanzaron un cupo en Beca 18?
¿Qué actividad asumen para sobrevivir?
¿Qué proyecto de vida pueden emprender
los jóvenes en un modelo que no ha permitido en décadas construir un Estado
social, donde las oportunidades sean para todos y no para un puñado de ellos?
Por ello, no debe llamar la atención
que nuestros jóvenes busquen
emigrar del país y que sea el robo agravado el delito que más
cometen. Además, en el caso de delitos graves como el sicariato, se
reporta que ocho de cada nueve detenidos son menores de edad.
Las cifras macroeconómicas de nuestro país ubican el crecimiento del PBI en un 3,4%; frente a ello, nos preguntamos cómo se traduce esto en la mejoría de los servicios de los ciudadanos (educación, salud, trabajo, transporte, seguridad, etc.) y sobre todo, en la población del interior del país. Necesitamos una transformación en la gestión del presupuesto público que apunte a la satisfacción de dichos servicios, de manera universal.
Estado precario frente al crimen.
La precariedad del Estado se busca
deliberadamente mantener,
para evitar la construcción de un Estado profesional, fuerte, robusto
que haga frente a las imperfecciones del mercado bajo este modelo
de economía liberal.
Basta mirar la respuesta que brinda la
burocracia estatal para encontrar ineficiencia. Cuando se pide protección frente
a la criminalidad, encontramos que quien está llamado a realizar
esa tarea está infestado también por la criminalidad. No es una novedad
que el apoyo policial tenga un costo económico ilegal, tampoco lo
es que los miembros de las organizaciones criminales estén integrados
por algunos miembros de la PNP. La reorganización radical de la PNP
es una variable para considerar en esta lucha.
La capacidad en las cárceles, frente
al incremento de la población penitenciaria, ha rebalsado. ¿Qué acciones se han tomado al
respecto? El hacinamiento carcelario es una problemática que se ha incrementado
exponencialmente en esta última década y se requiere ampliar la capacidad
de los centros penitenciarios.
La migración venezolana es otro tema al que recurren
los postulantes a la presidencia, como si ella fuera la causa de los
males. No se tiene una lectura de la real dimensión de grupo. La
estadística del INPE refiere que ella representa el 1% de la población
carcelaria.
Se busca un estadista.
Necesitamos un presidente que tenga
amor por el país, que tenga amor por los ciudadanos, que tome al Estado como un
instrumento enfocado al servicio del bien común. No queremos un
presidente político sino un presidente estadista, que no viva
el hoy, pensando en las próximas elecciones, sino que mire y
camine hacia el mañana, pensando en las futuras generaciones. Quien
mira el hoy y se agota en el hoy, mira simplemente ya el
pasado. Una muestra de ello es la clase política actual que
integra el Congreso. Su acción política se ha
desarrollado en la búsqueda de votos para alcanzar su reelección, sin
importarles el bienestar de los ciudadanos.
Un presidente estadista no permitiría
seguir precarizando
la explotación minera ilegal, extendiendo los plazos del
REINFO; es un sistema laboral sin derechos ni protección;
que promueve la trata de personas, que agrede y contamina los
recursos naturales, medioambientales, afectando muchos
ecosistemas donde interviene.
Un presidente estadista tiene una
visión estratégica a largo plazo, enfocada en el bien común y el futuro del
país, por encima
de intereses electorales inmediatos. Esto implica que debe actuar con
prudencia, integridad y experiencia para tomar decisiones estructurales
que beneficien a las próximas generaciones.
Un presidente estadista requiere
conocimiento del funcionamiento del Estado, sabiduría, capacidad de diálogo
para construir puentes y generar consensos en temas del bien común.
Ya Winston Churchill decía:
“el político se
convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y
no en las próximas elecciones.”
Necesitamos encontrarlo y pronto. Esa
es nuestra tarea en estas próximas elecciones.
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