martes, 29 de enero de 2008

CIUDADANIA Y MODERNIDAD


«Ser ciudadano es integrar un estatus legal, un estatus moral y una identidad por la que una persona se sabe y se siente perteneciente a su sociedad»


1.*- INTRODUCCION.

" El concepto actual de ciudadano está ligado a la constitución del Estado moderno. Es el Estado el que vincula ciudadanía con nacionalidad. El ciudadano es el sujeto político. El poseedor de un estatuto que le confiere, además de derechos civiles y sociales, los derechos de participación política. Se es ciudadano de un país, no de una ciudad. Se es ciudadano porque se posee una nacionalidad, regulada por un Estado y solamente vale este estatuto en el ámbito de ese Estado ". J. Borja.
Las promesas de la Modernidad.
Anheladas desde el siglo XVIII hasta finales del siglo XX:

*- La libre realización individual.- Libertad de expresión.
*- el incuestionable mejoramiento de las condiciones de vida de
la mayoría de la población.- Dignidad.
*- la igualdad en derechos y deberes.- Igualdad social.
*- la convivencia y la fraternidad.- Solidaridad.
*- el respeto a la vida y a la dignidad humana. Justicia social.
Aunque siguen siendo los contenidos básicos de una ciudadanía por conquistar, y ahora más que nunca los valores instalados en un buen número de jóvenes, son promesas que no se han cumplido, ni al parecer se cumplirán. Porque en el tiempo histórico y político de crisis – acaso final – de la Modernidad: Este es el legado que nos deja el milenio anterior:
El incremento de la desigualdad económico social, inmoralidad y corrupción política, desempleo, pérdida de prestaciones sociales, ruptura de las formaciones tradicionales de resistencia gremial o sindical, daño ecológico, concentración de la riqueza frente a una enorme masa depauperada que vive en condiciones de extrema pobreza, crecimiento de la violencia y del narcotráfico con sus secuelas de muerte e impunidad.
El proyecto Histórico y Político de la Modernidad con industrialización, tomado de La Ilustración, prometió por más de dos siglos Democracia – libertad, dignidad, justicia e igualdad social -, actualmente se encuentra hecho pedazos. Con el agravante que todos y en todo momento somos testigos de tales acontecimientos desde los más diversos confines de la tierra, porque al igual que el número de pobres, hambrientos, desposeídos y miserables, aumenta de manera escandalosa y permanente la calidad y la cobertura del Poder de los medios de comunicación global, como parte del Poder Fáctico Global.

Esta situación viene generando grandes trastornos y fisuras sociales, fracturas políticas nacionales y mundiales que la sociedad tardará en resolver, y que apenas comienza a comprender, pero que las nuevas generaciones son particularmente sensibles. Situación problemática que se torna más compleja en los países pobres, donde el contraste de inclusión y exclusión, hoy - y ayer explotación del hombre por el hombre - de abundancia y pobreza son más notorios, y donde la miseria para cada vez más habitantes avanza con la misma fuerza y velocidad que la producción de riqueza, la explotación de los recursos, las conquistas tecnológicas y la acumulación en cada vez más pocas personas. Paradójicamente, los políticos y las autoridades económicas pregonan a diario a través de los medios de comunicación que la riqueza es cada vez más escasa, y que nuestra sociedad y su modelo de desarrollo no dejan recursos para enfrentar tal situación.
La gravedad de estos problemas estructurales e históricos – no son coyunturales ni del momento - requiere y exige cambios profundos y de una gran inversión social, además de la participación de todos, COMPROMISO - participación ciudadana y participación comunitaria - incluidas las nuevas generaciones. Se requieren las más diversas iniciativas, cambios e innovaciones en los procesos de participación ciudadana, de socialización, educación, comunicación intercultural y liderazgo. Analizar históricamente los contextos sociales, económicos, políticos y culturales nos ayuda a no caer en interpretaciones apresuradas o en salidas fáciles o milagrosas. De allí que las grandes tareas pendientes sociales y políticas están aún presentes, sin embargo desde la década del 80’ "nuevos vientos políticos" mundiales emergen ofertando la solución de los mismos: "La Tierra Prometida está cerca" y "El Palacio de Cristal está a nuestro alcance".

Efectivamente, abordar en el contexto mundial, la problemática y complejidad de la Ciudadanía en la fase de la globalización neoliberal del capitalismo corporativo transnacional, y fundamentalmente en plena crisis de la Modernidad, tiempo histórico de crisis de los grandes Paradigmas y tiempo político del llamado Consenso de Washington, plena y absoluta vigencia de la "Ideología Única o Catecismo Neoliberal", que precisamente desde inicios de la última década del siglo XX, comienza a entronizarse en la "academia mundial", una "diversidad Ideológica y Política" para proteger y servir de "acompañante" del neoliberalismo. El "paraguas" ideológico-político, protector y presentador democrático, que necesitaba el neoliberalismo encontró un buen campo productor de "nuevas ideologías y políticas" que sirvieran para disuadir, confundir, alienar, sustituir muy sutilmente la crisis de la Ideología y la Política Socialista y revolucionaria, tiempos históricos y políticos del Caída del Muro de Berlín y tiempos de crisis de las Ideologías y la Política. Paralelamente el empuje político democrático por ampliar los límites de la sociedad moderna, que los "Nuevos Movimientos Sociales" – ambientalistas, feministas, pacifistas, derechos humanos, derechos civiles, etc – presentan y luchan por el reconocimiento y vigencia de sus derechos constitucionales.
Entre 1980 y 1990, década de grandes reflexiones doctrinarias, tiempos de inflexión política, el nuevo escenario mundial es sumamente profuso a los cambios, pertinente al éxito de nuevas tendencias globales para lograr construir social y políticamente las nuevas Ideologías, no extraídos de la realidad nacional-mundial de los conservadores, "del mundo liberal", sino básicamente de la visualización histórica, proceso de grandes acontecimientos político-sociales que la clase obrera y otros grupos y sectores sociales a partir de su movilización, organización, ideología y política, proyectos políticos, reivindicaciones, triunfos y derrotas marcaron durante los siglos XIX y XX la línea divisoria con los campos ideológico-políticos de dominación, imposición, explotación que las clases dominantes definen la historia de la Modernidad. Esta realidad histórica, social y política sirvió de laboratorio global, para producir una inmensa variedad y diversidad de conceptos y teorías que con urgencia política necesitaba el Neoliberalismo emergente de finales del siglo XX.

Obviamente, una "nueva" realidad mundial preñada de grandes cambios, contradicciones e innovaciones, donde los Académicos – Economistas, Filósofos, Sociólogos, Antropólogos, Comunicólogos, Politólogos, etc - y políticos liberales y neoliberales "resucitan", "reconstruyen" "viejas" teorías y conceptos que en la coyuntura emergen con fuerza y la protección política de Instituciones propias del capitalismo multinacional, logran rápidamente un extraordinario posicionamiento de acompañantes, protectores e interpretes "democráticos" del salvajismo demoledor del neoliberalismo como proyecto ideológico-político estratégico de la Burguesía Corporativa Transnacional. Emerge así en la doctrina Política mundial, conceptos como Sociedad Civil, Ciudadanía, Participación Ciudadana, Pobreza, - relativa y absoluta o extrema- Equidad, Exclusión e Inclusión social, Derechos Humanos, Empoderamiento, Consenso y Concertación, Actores Sociales y Políticos, etc. que definitivamente en una primera etapa sirven de manera absoluta de "buenos acompañantes" políticos del neoliberalismo, protegidos por el "paraguas" institucional de su poder mundial;
Paralelamente, los sectores populares, proletarios, nacionalistas, democráticos se "reponen" políticamente ante el júbilo burgués, de haber derrotado "definitivamente" a su más encarnizado rival y enemigo político del siglo XX – Socialismo y Comunismo – alegría que no duró mucho tiempo, porque la coyuntura nacional y mundial cambió y se transformó significativamente: la Democracia ya no era "más" el gobierno de los gobernantes. Los gobernados de antes tenían una nueva y diferente responsabilidad política, pero era cuestión de tiempo político, las Instituciones nacionales y mundiales fundadas y construidas social y políticamente en tiempo histórico del capitalismo multinacional y pleno auge mundial de la Modernidad – sindicatos, Partidos Políticos, Parlamentos. Naciones Unidas, etc – eran seria y profundamente cuestionados y rebasados en su capacidad representativa, credibilidad y legitimidad. La segunda etapa será totalmente diferente, políticamente, se inició el proceso de recuperación del "terreno social y político expropiado" y de libre "usufructo" del neoliberalismo por cerca de dos décadas e ideológicamente, iniciamos la gran tarea histórica y política en:

*- primer lugar, "recuperar" y replantear en nuevos tiempos, nuestra doctrina político social – comprendida en conceptos centrales que siempre nos pertenecieron, como: Sociedad Civil, Ciudadanía, Participación Ciudadana, Democracia, Libertad, Justicia, Igualdad Social, política de clases, cohesión social, conciencia de clase, independencia política de clase, etc – y en
*- segundo lugar la reafirmación de estos conceptos centrales en las nuevas tareas políticas y grandes responsabilidades nacionales que ahora tenemos frente al neoliberalismo y todo su poder estratégico global. La tarea y responsabilidad no es fácil aún, el COMPROMISO es el inicio, pero el camino ya está abierto y forjando nuevas alternativas políticas lo hacemos al recorrer el camino que sin duda hoy tiene doble pista, mientras unos – que son pocos, pero poderosos - corren en sentido contrario por su agotamiento político y descomposición ideológica, otros, con organizaciones y con voz y los "otros" simplemente sin nada – somos miles de millones, que no tenemos poder económico, financiero, comercial, pero en cambio tenemos un inmenso poder social, ético, moral, sustentado en nuestra confianza individual y social, nuestro sistema de valores, dignidad, honradez, honestidad, honor, generamos credibilidad institucional y forjamos con nuestro trabajo diario legitimidad pública, avanzamos y corremos en el sentido de la historia y la lucha de nuestros pueblos.

Hoy estamos en el camino democrático de intensa y profunda lucha directa, participativa, dialogante, solidaria para construir socialmente Ciudadanía como fortaleza política de la propia Democracia en el objetivo político por una nueva Sociedad Civil emergente, popular, con capacidad institucional y política e iniciar la gran tarea histórica de forjar nuevas alternativas del Desarrollo Humano sostenible y sustentable, sin duda alguna por el camino del Desarrollo Local con visión Territorial y el fortalecimiento político del Gobierno Local, acompañado de políticas públicas de lucha frontal contra la corrupción y la política del secreto institucional, políticas públicas participativas comunales de lucha contra la pobreza, la exclusión social, la marginación, el hambre, la desnutrición, la deserción escolar y en general contra la desigualdad económico social, en el objetivo por conseguir impulsar políticas públicas en empleo, mejores salarios, mejores condiciones de trabajo y mejor calidad de vida en general de nuestra población, garantizar la institucionalidad política con la finalidad de profundizar el proceso de descentralización y regionalización, vía el fortalecimiento político del Estado-nación y el Compromiso Político Nacional – que no descansa en cómo distribuir equitativa y democráticamente la riqueza, sino en el cómo abordamos y solucionamos desde la política el ORIGEN DE LA RIQUEZA - responsabilidad Ética y Social en el proceso político de forjar consensos, vertebrar nuestra Cohesión Social interna, local, regional, nacional, compromiso y responsabilidad en la integración política continental, conjuntamente con todas nuestras comunidades nacionales desarrollar un camino soberano ante el mundo globalizado, como derecho de nuestros pueblos al futuro, que OTRO MUNDO SÍ ES POSIBLE, forjando un Perú Nuevo dentro de un Mundo Nuevo.
2.*- DEMOCRACIA Y CIUDADANIA.

Partimos e iniciamos nuestro análisis e interpretación "ubicados" en el tiempo histórico y tiempo político, crisis de la Modernidad, como proceso de construcción social y cultural de la ciudadanía, asumiendo una crítica doctrinaria profunda y proponiendo alternativas a la democracia electoral, delegativa y representativa; democracia que genera desencanto generalizado, descontento y desconfianza institucional, diariamente es cuestionada y muchas veces rechazada con violencia por su ineficiencia, su manto de corrupción que la cubre, protege o maquilla generalmente, sin capacidad institucional para resolver los problemas complejos y plurales coyunturales de carácter económico, político, social, cultural, ambiental, educativo, empleo, salarios, seguridad, etc, realmente existentes, menos aún tiene o dispone de la fuerza y energía institucional e intentar abordar los grandes y principales problemas estructurales e históricos que el país es depositario históricamente, los mismos que se expresan en el quehacer de la vida cotidiana y en las propias políticas de la vida, con referencia a la complejidad histórico - estructural como las coyunturales, cotidianos y/o contingencia. En ese sentido encontramos en el contexto político de la democracia actual las siguientes manifestaciones:

*- "Institucionalización" de una cultura de súbditos no participativa. Por ello queremos cambiar una fe que hace súbditos por una fe que cree y haga hombres libres y ciudadanos. Es necesario, desarrollar mecanismos y alternativas democráticas tendientes a consolidar prácticas e iniciativas de la población para que intervenga organizadamente en la fiscalización, resolución y transparencia de las instituciones y gobiernos locales, regionales y nacionales.
*- Práctica permanente del clientelismo social y político imperante en todos los niveles, el más visible en la política partidaria en los Gobiernos de turno. El clientelismo social como práctica política partidaria permanente, logra destruir las instituciones y la propia vida política. Genera conflicto, corrupción, violencia de grupos desde la sociedad civil. El cuestionamiento es permanente. El descontento y desencanto en los gobiernos de turno crece permanentemente.
*- En las democracias de los países en desarrollo se acentúa con fuerte visibilidad, manifestaciones de alto nivel de abstención política, volatilidad electoral, improvisación de "cuadros" políticos como de Programas de Gobierno, inexperiencia de los actores políticos y sociales, o en su lugar copamiento absoluto de la dirección del "Partido" o del "movimiento" por una elite político-empresarial y/o familiar que lo detenta como propiedad privada, realidad social y política que definitivamente vulnera la participación, genera incertidumbre y ausencia total de estímulo para hacer efectiva su canalización. Hay una continua y permanente desconfianza institucional, un creciente distanciamiento – mucha tensión y polarización radical - entre la ciudadanía y el Estado, un restringido espacio local ( propio del Estado demo-liberal burgués, porque jamás consideró la importancia estratégica del espacio local-territorial en relación con el fortalecimiento de una nueva alternativa, de un camino distinto de desarrollo humano sostenible y sustentable.) en general se manifiesta corrupción en distintos niveles, incapacidad manifiesta y continua del Estado para resolver los problemas de políticas de la vida cotidiana; impunidad y deslegitimación, desgano desinterés e improvisación – léase incapacidad representativa y apatía política – por la participación en los procesos electorales, una sociedad indiferente e inconforme frente a un ausente sistema institucional que canalice y haga más fluida y eficiente su participación ciudadana.
*- Permanente desarrollo asfixiante de la tecnocracia y la burocracia. La primera aparente salvadora de la ineficiencia de políticos mediocres y corruptos: la segunda como componente del clientelismo político partidario y familiar: el Nepotismo. Precisamente la mejor "venta" que ha hecho el neoliberalismo y sus partidarios es presentarnos la tecnocracia y sus tecnócratas como la "solución" a los grandes males políticos y la propia sociedad. El Gobierno de turno siempre transforma de acuerdo a sus nefastos intereses la administración pública como el espacio social y la "mesa bien servida" para copar sus nuevas vacantes con sus partidarios, familiares y recomendados. Burocracia, Nepotismo y Clientelaje que harán ineficientes las instituciones del Estado.
*- La contradicción manifiesta entre el proceso democrático de "democratizar la democracia" y la sociedad de masas, desestructurada, plural, compleja, etc . Polarización que hoy se manifiesta con mayor fuerza entre el centro y periferie, entre los países ricos y los "pobres", o "subdesarrollados", entre las clases sociales: la Gran Burguesía Transnacional y el Nuevo Proletariado Mundial despojado globalmente de todos los derechos laborales y sociales; la cultura elitizada presente en las grandes ciudades de los países del G-7 y la OCDE, la cultura de la Opulencia y la cultura existente en los barrios marginales, asentamientos humanos, suburbios y arrabales de estas mismas ciudades de millones de seres humanos inmersos a diario en la llamada cultura de la basura o sub-culturas de la sobre vivencia .
*- La permanente y demoledora despolitización de la vida pública que ha llevado a cabo el neoliberalismo. El nuevo individualismo, - hiper-individualismo - como expresión de la desideologización y despolitización masiva, el desempleo crónico y generalizado, demolición de las Instituciones del tejido social y el propio Estado nación, hoy "jibarizado", destrucción progresiva del sistema de valores, desconfianza, deslegitimación y cultura del desencanto democrático, fortalecimiento y protección de la cultura del secreto, la violencia y corrupción, el riesgo e incertidumbre permanente, la inseguridad ciudadana y el terrorismo entre otros han contribuido con acierto a la despolitización masiva de la vida diaria y del conjunto de la población.
*- La disolución de la identidad colectiva. Identidad colectiva cultural, se da cuando una persona se reconoce o reconoce a otra persona como miembro de su pueblo. La identidad cultural no es otra cosa que el reconocimiento de un pueblo como "si mismo". La pretendida imposición de la llamada globalización cultural en todas sus manifestaciones, especialmente a través de los medios de comunicación, las industrias culturales en general - música, bailes, videos, Dvd, editoriales, libros, revistas; comida rápida, lencería, modas, etc - religión y sectas religiosas, elites profesionales y la "inteligenzzia" occidental y financiada por las grandes Corporaciones y Filántropos - léase Cooperación Internacional en algunas ONGs y líneas de Investigación en algunas Universidades - la doctrina con "absoluta dependencia" y de " simple seguimiento ", de algunos nuevos movimientos sociales - pacifistas, gays y lesbianas, ambientalistas, feministas, derechos humanos, de genero y sexistas, etc.- prácticas deportivas y medicinales masificadas, entre las más visibles y diversificadas, a diario destruyen nuestra vida cotidiana, nuestros valores colectivos, nuestra cultura, nuestra identidad colectiva y todo a nombre de la calidad, la competitividad, la excelencia y la modernidad.
*- La desactivación de la militancia de base, frente a la creciente profesionalización y burocratización de la política. El desencanto y desconfianza en la democracia y en los políticos profesionales, a su turno la ausencia total de trabajo político en la juventud, nula participación en la vida pública comunitaria de la población, crisis institucional de la escuela, la iglesia y la familia que en su tiempo contribuyeron decididamente formando personalidad, crisis cultural cívica, democrática y política, en conjunto han generado toda una corriente: la "anti-política", burocrática, corrupta, desnacionalizada; espacios sociales propios para una "excelente" práctica de la video-democracia, la video-política y en general mantener una democracia de electores y consumidores y no una democracia de ciudadanos.
El malestar democrático que padecemos es plural, complejo y penetrante, por la degradación, manipulación, mentira institucionalizada, corrupción de los hechos y actividades democráticas, cuya fragilidad e insuficiencia son patentes, visibles y de dominio público, especialmente del "ciudadano de a pie", cuya retórica "consolidación" viene a ser bastante cuestionable. Por ello es, impostergable asumir ética y responsabilidad social desde la sociedad civil, en el nivel que nos corresponda denunciar la esclerosis de las Instituciones políticas, se transforma en una forma de esperanza y contribuye indirectamente a construir entre otras propuestas, confianza activa personal, confianza social y confianza institucional.
Para hablar de democracia moderna, creemos y estamos plenamente convencidos que hay que referirnos necesariamente a la participación en sus diferentes modalidades y actividades, que en su complejidad pero con homogeneidad en la perspectiva de forjar la cohesión social, asumiremos tareas y responsabilidades diáfanas y transparentes frente a las profusas tendencias alienantes que adornan a la democracia ficticia, inoperante y severamente rechazada democracia delegativa, representativa, liberal y burguesa.
El totalitarismo enraizado en la apatía, desencanto y despolitización es en apariencia lo que nos conmueve y alarma, sin embargo, el peligro está en que estas expresiones masivas de apatía muy sutilmente trasladan individuos, grupos, actores sociales y hasta multitudes por el camino del desencanto y la violencia. La derrota es su meta. La convulsión social y la turbulencia política de carácter coyuntural pueden ser "su remedio" pero, con conducción y dirección institucional inteligente, como parte del carácter plural, complejo y cualitativamente relevante de la participación ciudadana.
Recordemos que a lo largo de los siglos, los contenidos y concepciones de la Ciudadanía se han ido ampliando y haciendo más complejos por lo real y general existente en distintas formas de explotación y exclusión, por la ampliación de los derechos existentes, que se han ido conquistando; por lo general a partir de las luchas de los explotados contra el poder establecido, los explotados contra la explotación del hombre por el hombre y el reconocimiento de sus derechos integrales, as¡ como por los intentos legítimadores y modernizantes del Estado Nación.
En el propio escenario de la politología global expresa claramente O'Donell que la ciudadanía es una construcción socio-cultural nunca acabada y siempre renovada, es decir, que como proceso de construcción social y no una realidad objetiva y predeterminada, las personas de una sociedad requieren ser formadas como ciudadanos. De la misma forma, Jordi Borja anota que la ciudadanía es un status, es decir, un reconocimiento social y jurídico por el cual una persona tiene derechos y deberes por su pertenencia a una comunidad en general, de base territorial o cultural.
La consolidación democrática necesita de ciudadanos. La Escuela como Institución propia de la modernidad aparece como agente socializador en la "formación de ciudadanos" o "formación cívica". La formación de ciudadanos se materializa en iniciativas, contenidos e instancias educativas particulares y es impartida desde diferentes agentes socializadores que son responsables de la misma. Por ello ciudadanía y democracia son conceptos multidimensionales, dinámicos, polisémicos y socio-históricamente contextualizados, visualización que hace posible que sean interpretados de diferentes formas. La ciudadanía acepta la diferencia social, respeta la diversidad cultural, pero también crítica y combate con fuerza institucional la desigualdad económico social, base principal de la exclusión, el desempleo, la marginación, la pobreza, la miseria, el hambre y en general la explotación del ser humano y la liquidación de los derechos humanos en general.
Es claro que una propuesta de desarrollo como modernidad nos pone directamente frente al tema de la democracia moderna – básicamente democracia directa - y coloca en primer plano la vigencia de los derechos económicos, sociales y culturales, que responden a los valores de igualdad, solidaridad, reciprocidad y la no discriminación, resaltando la universalidad, la integralidad y la interdependencia de este conjunto de derechos con los civiles y políticos.
Desde esta perspectiva debemos entender la democracia, además de como un método para elegir gobernantes, como el derecho de los gobernados y no de los gobernantes, como una manera de construir, garantizar y expandir la libertad, la justicia y el progreso, organizando los conflictos y las tensiones que generan las luchas por el poder. Se trata, en otras palabras, de entender la ciudadanía como fundamento de la democracia, por lo que ésta debe evaluarse por su capacidad de garantizar y expandir aquella en su contexto civil, social y política.

Recordemos que a lo largo de los 3 últimos siglos, los contenidos y concepciones de la ciudadanía se han ido ampliando y haciendo cada vez más complejos por el reconocimiento de distintas formas de explotación y por la ampliación de los derechos existentes, que se han ido conquistando, por lo general, a partir de las luchas de los explotados contra la explotación del hombre por el hombre, así como por los intentos legitimadores y modernizantes de los Estados Nación, intentos que siempre han respondido a "formas de conciliación" o "negociación de intereses y derechos", de parte de los sectores dominantes frente a la permanente lucha por la conquista y vigencia universal de los derechos. Por ello, claramente convenimos, en afirmar que la ciudadanía, es una construcción social y cultural nunca acabada y siempre renovada.
Recordemos que en un texto clásico, Marshall distingue tres tipos de derechos (civiles, políticos y sociales) que en un proceso histórico originan diversas dimensiones ciudadanas.
*- La ciudadanía civil se refiere a los derechos necesarios para la libertad individual, la de expresión, pensamiento y acción, la libertad de propiedad y contrato y el derecho a la justicia y corresponde al siglo XVIII.
*- La ciudadanía política supone el derecho a participar en el ejercicio del poder a través del sufragio universal y apareció en el siglo XIX. Derechos que desde sus inicios – Revolución Francesa de 1789 - fueron significativamente excluyentes con la mayoría de los componentes de la sociedad moderna.
*- La ciudadanía social implica los derechos al bienestar, la seguridad y la vida civilizada de acuerdo a los niveles de cada sociedad.
Paralelamente, los procesos de construcción de ciudadanía han ido de la mano con las luchas por la autonomía e independencia frente a las distintas restricciones impuestas o asumidas. La desigualdad económico-social ha estado a la base del desarrollo de las distintas formas de ciudadanía dado que el surgimiento de éstas se dio en condiciones de marcada exclusión. Así, la dimensión civil de la ciudadanía, tuvo en sus orígenes al derecho de propiedad como su base, mientras que la dimensión política excluyó inicialmente a todos los "diferentes" (obreros, jóvenes, mujeres, campesinos, indígenas, negros etc), que tuvieron que luchar por su reconocimiento e incorporación. A finales del siglo XVIII se construyeron las bases de la cultura democrática que tuvieron sus máximas expresiones en las revoluciones francesa y americana que recién se universalizaron en los siglos posteriores, mientras a finales del siglo XIX los movimientos socialista y obrero pusieron en cuestión derechos sociales y económicos que dieron lugar a las revoluciones proletarias y al Estado de bienestar.
De allí que la ciudadanía, como concepto y como práctica social aparezca siempre con un gran potencial transformador. Su contenido ambivalente y muchas veces contradictorio la hacen un "espacio en disputa" por su carácter parcial y excluyente así como por los intentos permanentes de los explotados por negociar y presionar su ampliación y su propia propuesta de solución. El resultado es el principio movilizador de la ciudadanía que se define en la dinámica "exclusión/inclusión" en relación a la sociedad y sus poderes.
Recordemos que las formas de expansión de la ciudadanía, históricamente han respondido a un doble movimiento:
1.- Desde abajo, a partir de las luchas de los grupos no hegemónicos que han impulsado procesos democratizadores buscando ampliar sus derechos ciudadanos;
2.- Desde arriba, como respuesta a la presión de los explotados o como parte de las lógicas de legitimación y modernización del Estado.
Por lo general, los derechos ciudadanos impulsados desde arriba, han significado una continuidad del orden prevaleciente y han sido utilizados como mecanismos de cooptación y clientelismo, aunque han ampliado el horizonte social de referencia, mientras los derechos ciudadanos generados desde abajo han significado la ampliación real de los derechos ciudadanos así como la expansión del propio espacio de ejercicio ciudadano.
Planteadas así las teorías y asumiendo que en los distintos procesos de cambio la exigencia de derechos parece un punto de partida, es claro que la construcción de ciudadanía es un proceso conflictivo, de confrontación y diálogo social, de conquista permanente de derechos formales y de exigencia de políticas públicas para materializarlos. La ciudadanía, en esta aproximación, no es otra cosa que un tipo de igualdad básica asociada a la idea de pertenencia a una comunidad, que en términos modernos es equivalente a los derechos y obligaciones de los que están dotados todos los individuos por pertenecer a un Estado nacional. Como resulta obvio, la construcción de ciudadanía está directamente concatenada a la democracia moderna, ampliando y recreando sus límites y horizontes hacia la participación, la solidaridad y la comunicación intercultural.
*******

No hay comentarios: