martes, 21 de febrero de 2017

OTRO MITO LIBERAL QUE LOS HECHOS DESMIENTEN.

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“La inflación es el proceso mediante el cual ocurre un aumento de precios dentro de un tiempo determinado, requiriéndose pagar una mayor cantidad de dinero por un mismo producto, para Keynes es “la oferta de medios de pago (dinero y crédito) superior a la oferta de bienes”  y para Marx, aunque no definió directamente el termino moderno de inflación, si trato el tema del valor de un producto tomando en cuenta la oferta y demanda del mercado, conceptualizándola como “la competencia entre compradores y vendedores, la relación entre la demanda y la oferta, entre la apetencia y la oferta. La competencia que determina el precio de una mercancía tiene tres aspectos. La misma mercancía es ofrecida por diversos vendedores. Quien venda mercancías de igual calidad a precio más barato, puede estar seguro de que eliminará del campo de batalla a los demás vendedores y se asegurará mayor venta. Por tanto, los vendedores se disputan mutuamente la venta, el mercado”.

“Todos quieren vender, vender lo más que puedan, y, si es posible, vender ellos solos, eliminando a los demás. Por eso unos venden más barato que otros. Tenemos, pues, una competencia entre vendedores, que abarata el precio de las mercancías puestas a la venta. Pero hay también una competencia entre compradores, que a su vez, hace subir el precio de las mercancías puestas a la venta. Y, finalmente, hay la competencia entre compradores y vendedores; unos quieren comprar lo más barato posible, otros vender lo más caro que puedan. El resultado de esta competencia entre compradores y vendedores dependerá de la relación existente entre los dos aspectos de la competencia mencionada más arriba; es decir, de que predomine la competencia entre las huestes de los compradores o entre las huestes de los vendedores. La industria lanza al campo de batalla a dos ejércitos contendientes, en las filas de cada uno de los cuales se libra además una batalla intestina. El ejército cuyas tropas se pegan menos entre sí es el que triunfa sobre el otro.”  de igual forma argumenta que, si “la oferta de una mercancía es inferior a su demanda, la competencia entre los vendedores queda anulada o muy debilitada. Y en la medida en que se atenúa esta competencia, crece la competencia entablada entre los compradores. Resultado: alza más o menos considerable de los precios de las mercancías. Con mayor frecuencia se da, como es sabido, el caso inverso, y con inversos resultados: exceso considerable de la oferta sobre la demanda; competencia desesperada entre los vendedores; falta de compradores; lanzamiento de las mercancías al malbarato” .

"Tomando en cuenta lo desarrollado por Marx, y que dentro de la lógica del capital éste priva sobre la sociedad, y “como el ejercito que mas poder tiene dentro del mercado es el que se pega menos entre sí”, el aumento de precios se debe a diversos factores que motivan en algunos casos o inducen en otros al incremento en la cantidad de dinero que se debe pagar para adquirir este producto. Dentro de la economía capitalista la inflación adquiere un carácter mayoritariamente inducido por los dueños del capital y los medios de producción, para obtener mayores tasas de ganancia con los mismos niveles de costo o con niveles de costo menores al incremento, que maximizan los niveles de plusvalía y reducen el poder adquisitivo del pueblo. En el capitalismo se crean distorsiones o burbujas que afectan a las clases más desfavorecidas. No pretendo decir con esto que la inflación es un “invento” del capitalismo, pero sí que es una forma de apropiación de recursos".


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OTRO MITO LIBERAL QUE LOS HECHOS DESMIENTEN.

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Juan Torres López.

ALAI lunes 20 de febrero del 2017.

Una de las creencias más firmes de los economistas liberales es que la inflación es el resultado de un crecimiento de la cantidad de dinero en circulación y, sobre todo, que la creación de dinero siempre genera subida de precios. Una creencia tan fuerte como para que uno de los economistas liberales españoles más brillantes, Juan Ramón Rallo, la lleve al subtítulo de su último libro, Contra la Teoría Monetaria Moderna. Por qué imprimir dinero sí genera inflación (Deusto 2017).

 Se puede decir que esta última afirmación es una creencia porque los datos, la evidencia empírica e incluso el sentido común, como indicaré más adelante, muestran sin lugar a dudas que no es eso lo que ocurre en la realidad.

El economista Richard Vague, ejecutivo bancario, inversor e investigador académico, ha estudiado lo ocurrido desde 1960 en 47 países cuyo PIB representa el 91% del mundial y sus datos no dejan lugar a dudas (pueden verse con detalle en su texto original: Rapid Money Supply Growth Does Not Cause Inflation).

Vague ha definido diferentes escenarios posibles de expansión monetaria (tomando distintas tasas de crecimiento de la oferta monetaria y periodos de tiempo) y los ha relacionado con lo ocurrido en los índices de precios de todas esas economías en el largo periodo estudiado. Sus conclusiones no dejan lugar a dudas.

En la inmensa mayoría de los casos, después de periodos de gran crecimiento de la oferta monetaria no se han producido episodios o fases de alta inflación y, por otro lado, cuando se han producido fases de alta inflación resulta que en la gran mayoría de las ocasiones no han estado precedidas de incremento de la oferta monetaria. Y eso ha ocurrido tanto en países grandes, medianos o pequeños. No es cierta, por tanto, la creencia de los economistas liberales: no es verdad que el aumento de la oferta de dinero (y mucho menos imprimir dinero, como dice Rallo) genere inflación.

El estudio de Vague ha ido más allá y también echa por alto otras creencias paralelas de los economistas liberales. En concreto, ha demostrado que tampoco es cierto que el aumento de la deuda pública, la caída de los tipos de interés o el aumento del balance de los bancos centrales generen inflación. En la gran mayoría de los casos, cuando todo ello se ha producido no ha habido después fases de alta inflación y, cuando ha habido periodos de alta inflación, en la mayoría de los casos no han estado precedidos ni de crecimiento de la deuda pública, ni de caídas en los tipos de interés ni de aumentos en el balance de los bancos centrales.

Los hechos desmienten la creencia liberal pero también lo hace, como decía más arriba, el simple sentido común.

Para que el incremento de la masa monetaria (y mucho más el del dinero legal al que alude Rallo) genere inflación deben darse inexcusablemente las siguientes condiciones:

a) Que el incremento del dinero no se quede en los balances de los bancos sino que se traslade a la economía.

b) Que el incremento del dinero que se traslade a la economía no se ahorre o se dedique a amortizar deuda sino que se gaste en consumo de bienes y servicios.

c) Que haya pleno empleo de los recursos y no oferta ociosa.
Solo si se dan estas tres condiciones es cierto que aumentar el dinero en circulación producirá una fuerte e indeseable inflación.

Una prueba clara de todo ello es lo que ha pasado en los últimos años cuando las autoridades monetarias tanto en Estados Unidos, como en la Unión Europea o en Japón, han aumentado hasta límites impresionantes la cantidad de dinero sin que haya generado inflación.

En Estados Unidos, por ejemplo, la base monetaria (depósitos de los bancos privados en la Reserva Federal más el dinero legal en manos del público) creció en cuatro meses, de septiembre de 2008 a enero de 2009, 898.000 millones de dólares, es decir, prácticamente lo mismo que aumentó desde 1940 a 2008.

Si la creencia de los economistas liberales fuera cierta los precios tendrían que haberse disparado hasta cifras astronómicas en ese periodo y lo cierto fue, sin embargo, que de 2008 a 2010 se produjo deflación en Estados Unidos, es decir, que bajaron los precios (más o menos desde un 4%  anual a finales de 2008 al -2% a mediados de 2010).

La pregunta que cualquier persona se hará a la vista de lo que acabo de decir es por qué los economistas liberales defienden esta tesis, a pesar de ser tan contrarias a la realidad y al sentido común. Lo he explicado brevemente en otras ocasiones (por ejemplo aquí: Lo que hay detrás de la política liberal contra la inflación) y con más detalle en mi último libro Economía para no dejarse engañar por los economistas (Deusto 2016) así que ahora solo dejaré una pista: siempre que se aplican políticas económicas fundadas en esa creencia liberal equivocada da la casualidad de que quienes salen beneficiados son los grupos sociales de mayor renta y riqueza. Los errores en economía no solo tienen causas sino también propósitos.


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