viernes, 6 de junio de 2014

PERÚ: LOS LÍMITES DE LA JUSTICIA ORDINARIA Y EL BAGUAZO. CINCO AÑOS DE ESPERA.

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Cinco años de espera.
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 “Hemos sufrido una agresión que es producto de una conspiración que es la que no quiere que el Perú progrese,  ya sea por intereses externos o por su ignorancia elemental.”
Alan García, dos días después de la tragedia.

"Han pasado cinco años desde que los familiares de los 33 muertos y un desaparecido, en la tragedia conocida como “El Baguazo”, siguen a la espera de una justicia que no sólo es lenta, sino también esquiva. Han sido cinco años de plantones, de protestas y de vigilias en una lucha por defender la memoria. Pero también de un abuso sistemático por parte de un Estado que aún no ve a todos los ciudadanos como iguales. Se trata de la peor tragedia de nuestro país en la última década  y fue gestada por condiciones que siguen latentes. Dos días después de la tragedia, en el día de la bandera, Alan García, entonces presidente, se dirigió al país y señaló que lo que había ocurrido en Bagua estaba plenamente justificado. Sin embargo, todos los testimonios y documentos recabados al respecto, y la opinión de la Comisión Investigadora del Congreso sobre el Baguazo, señalan que se trató de un operativo policial a todas luces errático y que partió tanto de la ignorancia sobre lo que ocurría, como de la improvisación. El costo fue 33 muertos entre policías y civiles, y un desaparecido cuya familia espera, aún, encontrar con vida".

"La historia es conocida. Acababa de firmarse el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y los decretos legislativos para implementarlo, modificaban el régimen de uso de la tierra y la extracción de recursos en la selva. Los nativos, lógicamente, iniciaron una protesta en medio del clima “optimista” que desde el gobierno buscaba implantarse por el acuerdo firmado. La protesta duró meses, el bloqueo de la carretera 57 días, pero en Lima nadie parecía notarlo. Aun así, a tres horas del bloqueo ocurría lo más terrible. La estación 6 de Petroperú llevaba 54 días de tomada por dos mil nativos. Este fue un dato que la ministra del interior, Mercedes Cabanillas, no tomó en cuenta al ordenar el operativo. Dentro de la base se encontraban 35 policías y 13 civiles como rehenes y cuando llegó la noticia de que se estaba desarrollando una lucha en Curva del Diablo, la tragedia llegó a su clímax. Lo que ocurrió después fue vergonzoso. Ningún alto mando de la Policía Nacional ha asumido la responsabilidad por un operativo absurdo. La Ministra del Interior, Mercedes Cabanillas, ha gozado hasta ahora del blindaje aprista. Mercedes Aráoz, la entonces Ministra de Comercio Exterior y Turismo, quien afirmó que si se derogaban los decretos legislativos podía caerse el TLC (una afirmación a todas luces falsa), no ha respondido a la justicia. El ex presidente Alan García continúa a la fecha señalando que lo que ocurrió fue un “asesinato de policías” sin asumir ni un poco de su responsabilidad en la muerte de estos peruanos".


"Hace poco más de un mes, el 14 de mayo, ha iniciado el primer proceso judicial por el caso del Baguazo. Sin embargo, se trata de un proceso en contra de 53 acusados sólo por los hechos de la carretera y no por la Estación 6 y, sobre todo, se trata de un proceso contra indígenas o líderes de organizaciones awajún y wampis. Los responsables políticos siguen impunes. Por otro lado, los familiares de los policías víctimas en esta tragedia se han manifestado contundentemente y han pedido que se abra una denuncia contra Mercedes Cabanillas y rechazan la falta de voluntad del Ministerio Público en terminar la elaboración del expediente correspondiente. Han pasado cinco años de espera y, lamentablemente, esta no parece llegar a su fin. La ideología de “El Perro del Hortelano” se mantiene vigente en un reincidente aspirante a la Presidencia de la República que enfrenta diversas denuncias por casos de corrupción. Mientras tanto, 33 familias siguen esperando respuestas concretas al dolor de sus pérdidas y una mantiene la esperanza de ver al mayor Bazán de regreso. La minera Afrodita, cuyas actividades causaron el conflicto, se mantiene en la zona aunque aparentemente inactiva. El TLC se mantiene vigente y la Consulta Previa, una de las iniciativas más esperadas por la población, sigue siendo letra muerta. ¿Es que acaso no hemos aprendido?". OtraMirada. 5-6-2014.

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PERÚ: LOS LÍMITES DE LA JUSTICIA ORDINARIA Y EL BAGUAZO.

"CINCO AÑOS DE ESPERA".

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Luis Hallazi.

Rebelión jueves 5 de junio del 2014.

“(…) Derrotar las ideologías, absurdas, panteístas que creen que las paredes son dioses, y el aire son dioses en fin. Volver a esas formas primitivas de religiosidad, donde se dice: no me toques ese cerro porque es un Apu y están lleno de espíritus milenarios y no sé qué cosa… bueno si llegamos a eso no haremos nada, no toques esos peces porque son criaturas del Dios Poseidón, volvemos a ese animismo primitivo. Yo pienso que necesitamos más educación, pero ese es un trabajo de largo plazo, eso no se arregla así noma. Porque usted puede ir a cualquier lugar y la población dice no me toquen a mí esa zona, porque es un santuario. Y uno se pregunta ¿santuario de qué? Sí, es un santuario porque ahí están las almas de los antepasados. Oiga, las almas de los antepasado están en el Paraíso seguramente. No están ahí” [1].

Recordar esas palabras del máximo representante de una nación, en el momento cuando ocurrían los violentos enfrentamientos entre la etnia Awajún- Wampis y las fuerzas policiales, con las terribles consecuencias que ya todos conocemos; no solo puede indignar, si no también puede ser la síntesis histórica de la incomprensión cultural de una nación; o los absurdos de una comunidad imaginada que no puede salir de su confusión, que se niega y resiste a reconocer su historia.


Parece ser la vuelta al eterno retorno en palabras de un primer mandatario del siglo XXI que podrían haber salido de alguna crónica del siglo XVI y que va repitiendo sucesivamente hasta nuestros días. Pero además, sin echar una mirada al pasado, estas palabras son la necesidad de hacer evidente la doctrina del perro del hortelano, como una política económica no solo de Gobierno, sino de Estado, sin que importe la forma de ser expresada y que posea en cada frase una transparencia espeluznante.



Awajún-Wampís o la gente de las colinas.

Una dimensión de nuestra humanidad se expresa en mitos, sin ellos el sentido de nuestra existencia sería más vacío de lo que para muchos suele ser; para los Awajun-Wampis las cascadas que bajan de los grandes cerros de la Cordillera del Cóndor constituyen los lugares privilegiados para encontrar a un espíritu llamado Ajutap, una figura central en la cosmovisión de los pueblos Awajún –Wampis, que puede ser descrita como una poderosa esencia impersonal transmitida por los ancestros para proporcionar fuerza a sus almas. Hoy en día en muchos de estos pueblos, los rituales de búsqueda del Ajutap siguen siendo practicados. Este espíritu poderoso es buscado sobre todo por los jóvenes varones, quienes acuden a las tunas (cascadas en el dialecto regional) que bajan de los cerros entre la Cordillera del Cóndor, allí construyen una pequeña choza llamada Ayamtai. Allí toman brebajes alucinógenos de ayahuasca, toé o tabaco y esperan pacientemente la visión del Ajutap, bañándose en las aguas sagradas. Los que reciben el don de la visión obtienen el estatus de Waimako, “grandes guerreros visionarios”, gozando de ciertos pri­vilegios sociales dentro de sus comunidades [2].

Los Awajún y Wampís son etnias de la familia etnolingüística jíbara, aunque esta denominación de jibaro fue dada por los españoles en la época de la conquista de manera despectiva, sin embargo no tardó en hacerse popular, siendo sinónimo del espíritu guerrero de las etnias Ashuar, Awajun-Wampis y otros; lo cierto es que ni en medio de la expansión de la civilización Inca, los pudieron someter, se cuenta que el Inca Tupa Yupanqui trató de conquistar a los Awajún-Wampis de la ceja de selva en un lugar llamado Bracamoros, pero fracasó, el mismo cronista español Pedro de Cieza de León, refieren que Huayna Capac, también fracasó y que volvió huyendo de la furia de los hombres que en esos territorios moraban [3]. Los Awajún-Wampis también se resistieron a ser colonizados por los españoles durante toda la etapa de la conquista, ya en plena Republica en que recién se instalan los Nazarenos (1925), primeros misioneros que realmente logran tener un contacto con dichos pueblos, y después llegarían los jesuitas que se establecieron a partir de 1949 [4].

En ese fatídico 5 de junio se podía divisar a lo lejos rostros pintados de genipa, lanzas de todo tamaño y cánticos guerreros a lo largo de la Curva del Diablo; la reminiscencia de un tiempo de conflictos, donde los Awajún – Wampis, evocaron la tradición guerrera de los pueblos jíbaros y la resistencia histórica a cualquier intento de invasión de sus territorios, cobraba vigencia. Sin embargo, no solo podemos reducir a la etnia Awajun –Wampis como un pueblo guerrero, las instituciones del Estado, empezando por el Poder Ejecutivo, el Poder Judicial, el Ministerio Público y la Policía Nacional, para este caso en concreto deberían reconocer que los territorios donde se desarrolla el pueblo Awajun- Wampis ha tomado protagonismo no de la noche a la mañana, sino a lo largo de miles de años donde el pueblo ha logrado una adaptación al entorno ecológico, a través de una estrategia eficaz de subsistencia, basada en la horticultura, caza, pesca, recolección y otras formas de interacción con su medio; además de poseer un sofisticado conocimiento de la flora y fauna local, que permite un uso racional y sostenible de los recursos naturales y que se ha trasmitido de manera distinta a toda la población colindante. En buena cuenta, dichos recursos forman parte de su territorio, de su hábitat y por tanto son ellos los llamados a protegerlos y defenderlos. 



La judicialización de Bagua.

Los nefastos hechos en Bagua tuvieron como resultado la muerte de 33 personas, 5 indígenas, 5 mestizos de descendencia indígena, 23 policías, muchos de ellos también de descendencia indígena y el desaparecido Mayor Bazán; además de más de 200 heridos provenientes de la represión policial en la Curva del Diablo. Como cualquier sistema que se precie de democrático, se tenía que esclarecer los hechos, analizar por ejemplo bajo qué situación se produce el desalojo, si acaso se pudo prever el desenvolvimiento de estos hechos, cual es la responsabilidad de las autoridades implicadas, es apropiada la justicia ordinaria para juzgar a indígenas Awajun-Wampis y en función de todo ello poder establecer las responsabilidades individuales y colectivas.

A cinco años de los hechos, se ha iniciado uno de los tres procesos abiertos, el primer juicio oral por los sucesos en la Curva del Diablo; los otros dos son los casos de la Estación 6 y el caso de la desaparición del Mayor Bazán. Se trata de un proceso judicial que involucra al menos a 80 procesados, 53 en la Curva del Diablo y 26 en la Estación 6 [5], casi la totalidad de los procesados son de comunidades indígenas Awajún- Wampis, que en su mayoría tienen como lengua materna el Awajún; muchos de ellos no entienden ni hablan el castellano, poseen sus propias prácticas y costumbres tradicionales que conforman su derecho consuetudinario que además cuentan con sus propias estructuras institucionales [6] las cuales poseen normas que les han permitido vivir en armonía; son, aunque al Estado le cueste admitir, una sociedad culturalmente distinta a las peruanos de las urbes.

Bajo esta lógica no se trata de un proceso judicial cualquiera o llamado ordinario, donde una organización criminal delinque en las ciudades o alrededor de ellas, no se trata de un juicio donde a través de procedimientos establecidos se puede individualizar la responsabilidad de los 80 procesados escogidos de manera aleatoria, sin ni siquiera tener resultados objetivos de las pruebas balísticas que demuestren su culpabilidad. El proceso judicial ordinario que enfrenta los 53 procesados se enfrenta a una lógica distinta, una lógica que pone a prueba los instrumentos jurídicos vigentes, que a todas luces son insuficientes para tratar de esclarecer la verdad de los hechos de Bagua. No obstante, este sistema judicial ordinario si tiene las capacidades para establecer un proceso judicial a los responsables políticos que dieron las órdenes para reprimir de manera desproporcional y generar estas consecuencias (33 muertos 1 desaparecido) de la misma manera como para establecer avances efectivos y transparente de un proceso abierto a los responsables militares; sin embargo, recordemos que la Sala Penal y de Apelaciones descartó la presentación de los testimonios del ex presidente Alan García, de los ex ministros Mercedes Cabanillas, Yehude Simon y Mercedes Araos, así como del ex director de la PNP, José Sánchez Farfán; sólo admitió los testimonios de dos miembros militares, Javier Uribe y Elias Muguruza. Esta situación de trato discriminatorio y evidente desequilibrio a la hora de juzgar a los implicados, demuestran que el sistema judicial ordinario lo que busca es culpables; culpables que le permitan cumplir con procedimientos penales de mero trámite y que mejores candidatos que aquellos que están fuera del sistema. 



Límites de la justicia ordinaria hacia una justicia intercultural

Parece estar claro que los más de 80 implicados en los hechos de Bagua están tratando de ser juzgados con un sistema de justicia que no es el adecuado. Un sistema judicial que hace 200 años juzga a indígenas en una lengua distinta a la suya, sin las garantías de un debido proceso culturalmente adaptado a realidades de los sujetos a juzgar, un sistema judicial que todo peruano de la urbe conoce sus deficiencias.

Recordemos que tanto la justicia ordinaria como la justicia comunal gozan de autonomía Constitucional; en el caso de la justicia comunal amparada en el artículo 2 inciso 19, la pluralidad étnica y cultural de la nación, art. 89, la existencia legal y autonomía de las comunidades campesinas y comunidades nativas y art. 149, el derecho a la Justicia Comunal de las comunidades campesinas, comunidades nativas y rondas campesinas; además el nuevo Código Procesal Penal, en el artículo 18, inciso 3, reconoce el derecho de una Justicia Comunal. Sin embargo por razones prácticas y asimilacionistas el Estado solo ha fortalecido a una; hechos como el de Bagua demuestran que es necesario identificar los elementos que la justicia comunal hubiera aportado para intentar reconstruir los hechos y llegar a una verdad jurídica, que respete las diferencias culturales.

No es un problema de leyes, el Perú cuenta con normas suficientes pero nadie las cumple, el Poder Judicial desde 2009 comenzó́ un proceso importante de reformas para darle mayor reconocimiento y validez a la administración de justicia comunal y la justicia de paz (Ley 29824) y teniendo un proyecto de Ley de coordinación de instancias entre la administración de justicia estatal y la administración de justicia comunitaria. Por otro lado, es cierto que ningún sistema te brinda todas las garantías necesarias, pero debemos partir que ambas justicas son incompletas y que un sistema judicial intercultural es el que permitiría establecer las conexiones de ambas realidades y tener la posibilidad de juzgar en mejores condiciones.

Finalmente, el límite de ambos sistemas, son los derechos humanos. Sin embargo el caso Bagua está obedeciendo a una lógica contraria, por lo que es necesario primero identificar los diferentes vulneraciones a los derechos humanos y los vicios de nulidad que está trayendo el proceso, para lo cual se necesita una coordinación permanente entre los acusados y principalmente los abogados de estos. A la vez, es necesario abrir otro frente para que el Estado reconozca las particularidades de este proceso y busque darle un trato diferente que permita al menos llevar un juicio que derive en la absolución de los implicados o en la aplicación de la Ley de Amnistía para los indígenas acusados. Los diferentes actores deben incidir en el Estado para que sepa que esta es una oportunidad más para la reconciliación con los pueblos indígenas del Perú y la aplicación con buena fe de todas las prerrogativas que le corresponden, para que Bagua no se repita.

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 Notas

1]- Entrevista a Alan García realizada por Cecilia Valenzuela:
2]- Garra Simone, El deperatar de Kumpanam: Historia y mito en el marco de un conlcito socioambiental en la Amazónia, Revista Anthropológica /Año XXX N° 30. 2012.
3]- Ibid pag. 10
4]- Valoración Cultural de los Awajun- Wampis, Documento 10, Conservación Internacional Perú.
5]- Castillo Fernández Marlene, ¿Justicia o Injusticia que lleva 59 meses?: el Juicio a los 53 procesados del caso Curva del Diablo, sin juicio a los responsables políticos y militares.
6]- Convenio N°- 169 OIT artículo 8, artículo 9.

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jueves, 5 de junio de 2014

EL G-77 Y LA DESCOLONIZACIÓN DE LA GEOPOLÍTICA. ¿QUÉ ES EL G-77 MÁS CHINA?.

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Qué es el G-77, más China.
Establecimiento:
El Grupo de 77 (G-77) fue establecido el 15 de junio de 1964 por setenta y siete países en desarrollo, signatarios de la “Declaración Conjunta de los Setenta y Siete Países”, emitida al final de la primera sesión de la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (UNCTAD) en Ginebra. Comenzando con la primera Reunión Ministerial del Grupo de los 77 en Argel (Argelia) del 10 al 25 de octubre de 1967, que adoptó la Carta de Argel, una primera estructura institucional se desarrolló gradualmente, la cual llevó a la creación de Capítulos del Grupo de los 77, con oficinas de enlace en Ginebra (UNCTAD), Nairobi (UNEP), París (UNESCO), Roma (FAO/IFAD), Viena (UNUDI), y el Grupo de los 24 (G-24) en Washington, D.C. (FMI y Banco Mundial). A pesar de que los miembros del G-77 han sumado hasta contar 133 (2014) más china, se retuvo el nombre original debido a su significado histórico.

El G-77 - 133 países en desarrollo, más China, fundado el 15 de junio de l964. Tiempos históticos y político de la Guerra Fría - Capitalismo-Socialismo. Moscú. Washington. Hoy representan una gran alternativa , en "El Cambio de Época, Histórica", en defensa de los "derechos de la Madre Tierra", el "Vivir bien" y la descolonización de la geopolìtica en un mundo multipolar.
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Metas:
El grupo de los 77 es la organización intergubernamental de países en vías de desarrollo más grande en las Naciones Unidas, la cual provee a los países del sur de los medios para articular y promover sus intereses colectivos económicos y el mejoramiento de su capacidad conjunta de negociación respecto de los grandes temas económicos dentro del sistema de las Naciones Unidas, así como la promoción de la cooperación Sur-Sur para el desarrollo.
Estructura:
Las modalidades de funcionamiento y operación del trabajo del G-77 en sus varios Capítulos tienen ciertos rasgos mínimos en común, tales como la similitud en la membrecía, la toma de decisiones y ciertos métodos de operación. Un Presidente, que hace las veces de portavoz, coordina la acción del Grupo en cada Capítulo. La Presidencia, el cuerpo político más alto dentro de la estructura organizacional del Grupo de los 77, rota según una base regional (entre África, Asia-Pacífico y América Latina y el Caribe) y es ejercida por un año en todos los Capítulos. Actualmente, el Estado Plurinacional de Bolivia ejerce la Presidencia del Grupo de los 77 en Nueva York por el año 2014.
La Cumbre del Sur es el cuerpo supremo de toma de decisiones del Grupo de los 77. La primera y la segunda Cumbres del Sur tuvieron lugar en La Habana, Cuba, del 10 al 14 de abril de 2000, y en Doha, Qatar, del 12 al 16 de junio de 2005, respectivamente. De acuerdo al principio de rotación geográfica, la Tercera Cumbre del Sur tendrá lugar en África.
La reunión Anual de Ministros de Relaciones Exteriores del Grupo de 77 se acuerda al inicio de la sesión regular la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York cada septiembre. Periódicamente, se sostienen reuniones sectoriales y ministeriales en preparación para las sesiones del UNCTAD y las Conferencias Generales de la ONUDI y la UNESCO. También se llama a encuentros ministeriales especiales según se necesite, como por ejemplo la ocasión del 25 aniversario del Grupo (en Caracas, en junio de 1989); el 30 aniversario (en Nueva York, en junio de 1994), y el 40 aniversario (en Sao Paulo, en junio de 2004). Otras reuniones ministeriales sectoriales en varios campos de cooperación en interés del grupo se acuerdan, con el objeto de buscar la cooperación Sur – Sur.
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Bolivia, fue elegida por aclamación, para presidir el G77 más China. Durante el año 2014 al 2015. China con su Presidente de ese entonces Hu Jintao, respaldó ampliamente que Bolivia y su Presidente Evo Morales, vuelva a presidir después de 24 años. (presidió en 1990). En mérito a esta Resolución Bolivia, organiza la Cumbre del G77 más China, en Homenaje a su 50 Aniversario, para el 14 y 15 de junio en la Ciudad de Santa Cruz.

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EL G-77 Y LA DESCOLONIZACIÓN DE LA GEOPOLÍTICA.
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Rafael Bautista (especial para ARGENPRESS.info)

Domingo 1 de junio del 2014.

Las recientes crisis en Ucrania y Siria manifiestan la compleja transición hacia un mundo sin centro hegemónico único; lo que se está denominando el “incipiente mundo multipolar” (las áreas en disputa manifiestan esta tónica). El siglo XXI amanece con un nuevo mundo emergente que ya no presupone, ni cultural ni civilizatoriamente, la hegemonía occidental. El “gran relato” neoliberal del “fin de la historia” se hizo pedazos el 11 de septiembre de 2001 y su última cruzada, llamada el “choque de civilizaciones”, es derrotada en Siria y Ucrania.

Es decir, el fenómeno de la colonización, consustancial al mundo moderno, empieza a desmoronarse en el nuevo siglo. Incluso las nuevas potencias emergentes, si optaran por asegurarse áreas de influencia, ya no podrían hacerlo según las prerrogativas que adoptaron las potencias occidentales cuando se repartieron el África y el Oriente. La sobrevivencia de un mundo multipolar pende del siguiente detalle: los términos en que se expresen las alianzas geopolíticas sólo podrían cimentarse en una cooperación mutua y estratégica y ya no en exclusivas relaciones de dominación.

Las últimas bravuconadas que Occidente despliega bélicamente no hacen sino mostrarnos su decadencia profunda. Ya no pudo invadir Siria, y eso le está costando, no sólo credibilidad sino, sobre todo, la desconfianza en su capacidad militar. Incluso podría decirse que el 3 de septiembre de 2013 se evitó la tercera guerra mundial, cuando el sistema de defensa aéreo ruso S300-PS, desde la base de Tartus, en Siria, intercepta y destruye misiles tomahowks (lanzados desde la base gringa de Rota, en la bahía de Cádiz), que tenían como destino Damasco. Desde entonces queda demostrado que los rusos han recuperado su importancia militar; lo cual equilibra un mundo que había sido capturado por Estados Unidos (según Ehud Barack, exministro de asuntos militares de Israel, eso debilita a Estados Unidos en todo el mundo). Desde el triunfo de Rusia ante Georgia, por Osetia del Sur, el 2008, puede decirse que la geopolítica del siglo XX ha sido dislocada en favor de una nueva reconfiguración planetaria.

En Ucrania termina de rematarse la cosa, puesto que la injerencia occidental, comandada por Estados Unidos, no hace sino, para su propia desgracia, acercar aún más a China y Rusia, lo cual significa, en lo venidero, el viraje definitivo de la economía mundial hacia el Oriente. El último acuerdo monumental entre Rusia y China (cuyo comercio bilateral alcanzará, para el 2020, los 200.000 millones de dólares), no sólo ratifica la hegemonía de una Eurasia oriental, en torno a la restauración comercial de la “ruta de la seda”, sino hasta posibilita que China se expanda hacia Occidente (los más que probables ejercicios militares conjuntos entre Rusia y China en pleno Mar Negro). Ni Estados Unidos ni Europa tienen la musculatura, ni económica ni militar, para hacer valer sus sanciones económicas a una Rusia que, aliada de China, ya no tiene necesidad de supeditarse a un Occidente en plena decadencia.

El mundo y su cartografía geopolítica, tal cual había sido concebida por las potencias occidentales, desde el siglo XIX, está feneciendo. Esto quiere decir que la disposición centro-periferia, pertinente al mundo moderno, ya no tiene sentido. Como tampoco tiene sentido, frente a la crisis climática y energética, un sistema económico que sólo sabe administrar el despojo sistemático de vida (humanidad y naturaleza) en favor de los fetiches del mundo moderno: el capital y el mercado. La crisis es civilizatoria y sólo puede ser comprendida, en su verdadera magnitud, desde una perspectiva multidimensional.

Esto quiere decir que, tampoco las ciencias modernas, en su crisis epistemológica, estarían a la altura de dar razón de la crisis. Si todas parten de los mitos y prejuicios modernos, ¿cómo podrían auscultar una crisis que la originan estos mismos mitos y prejuicios? La crisis actual manifiesta una rebelión de los límites mismos de un mundo que es finito; pero la ciencia moderna, la economía capitalista y el mismo paradigma del desarrollo, suponen recursos de aprovechamiento infinitos como presupuesto de un progreso también infinito.

Este presupuesto da origen a la sociedad moderna. Pero es un presupuesto falso, porque los recursos no son infinitos. Ni la naturaleza ni el trabajo humano pueden garantizar un progreso sin fin. Un crecimiento sin límites es una pura ilusión trascendental. Por eso el mundo moderno se halla en la peor de sus encrucijadas; pues si su economía se basa en el crecimiento económico, este crecimiento supone el aprovechamiento desmedido de energía fósil. Sin energía se hace imposible crecer. Crecer para el primer mundo significa aumentar su consumo de energía; pero si añadimos a esto que el mito moderno de los países ricos es crecer indefinidamente, fieles al modelo de desarrollo y progreso infinito, resulta que su propia forma de vida, basada en el crecimiento infinito, ya no puede sostenerse. Entonces, lo que se vislumbra, como consecuencia de esta crisis, es el colapso cultural y civilizatorio de la modernidad occidental. No siendo ya el primer mundo dueño de la energía del planeta (desde el 2003, cuando British Petroleum confirma el fracaso de la guerra de Irak), ya no puede subvencionar su desarrollo con la miseria que genera su economía en el resto del planeta.

La crisis financiera se vincula también a la crisis energética, que es la otra cara de la rebelión de los límites ante las pretensiones ilimitadas de un crecimiento sin fin. Este crecimiento es ya insostenible ante la evidencia del agotamiento paulatino de los recursos energéticos. Lo cual hace más vulnerable la estabilidad a futuro de un dólar que, sin petróleo, no tiene nada que lo sostenga (a no ser sus bombas nucleares). El primer mundo requiere cada vez más energía para crecer económicamente, pero si ya no dispone de energía barata y abundante, todo su complejo industrial y tecnológico se estanca. Entra en crisis. Tanto su producción como su consumo ya no pueden sostenerse. La crisis manifiesta aquello. La crisis climática es la rebelión de los límites: el mundo es finito.

Por eso el mito de la globalización encierra una aporía insoluble: si el mundo es uno, entonces no es infinito. El sistema-mundo-moderno-occidental choca entonces con la fuente de donde emana todo lo que hace posible la vida: la naturaleza es única, lo cual no quiere decir que sea infinita. Única quiere decir vulnerable. Su finitud es constatación de su condición de sujeto. Por eso no puede no tener derechos. Si la vida procede de ella es porque es Madre. Por eso le decimos Pacha Mama. La extracción indiscriminada que se hace de sus componentes vitales, en torno a una acumulación excesiva de ganancias, hace imposible que pueda reponer lo que se le ha quitado: la sobre-explotación de un recurso conduce a la destrucción paulatina de todo su contexto vital. A esto llamamos extractivismo, prototípico del capitalismo.

La curva geofísica de Hubbert fue diseñada para mostrarnos que todo elemento depletable, como el petróleo, alcanza una cúspide en su explotación, para nunca más superar aquello. Según el World Energy Outlook (informe anual de la Agencia Internacional de Energía del 2010) esta cúspide a nivel mundial ya se habría alcanzado el 2006. Y, si es cierto que la cúspide de todos los hidrocarburos, además del uranio, se daría el 2018, entonces se hace imprescindible una transformación en la base energética; pero los países ricos no responden de modo sensato a esta realidad sino que apuestan por un peligro aún mayor: los agrocombustibles.

Pareciera que los países ricos, al no encontrar salida a su crisis, optan por meterse más en ella. Pues esta supuesta solución a la crisis energética supondría un holocausto alimenticio a nivel global (la subida de los precios de granos y alimentos corrobora una tendencia de carácter especulativo que aprovecha ufano el capital financiero).

La pelea energética es ahorita la tónica de los dislocamientos geopolíticos. Para el imperio es imprescindible la combinación dólar-petróleo. Sin petróleo no puede sostener su infraestructura bélica planetaria. Si tiene el petróleo tiene el control. Entonces la situación en Ucrania y Siria nos lleva también a reflexionar acerca de la amenaza sistemática que ejercen los poderes fácticos en Venezuela. Necesitan del petróleo venezolano para equilibrar su poder ante estas nuevas derrotas en Ucrania y Siria.



La economías emergentes - las economías BRIChS - Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica - sumando a ello las economías neo-emergentes - hoy representan un fuerte y decisivo apoyo económico-social, político e Institucional, a los países del G77 más China, sobre todo en esta coyuntura política mundial, donde la "vieja" Europa se hunde - y el colapso de Occidente es inminente - con la bancarrota del capitalismo. Es tiempo político Multilateral - en el Cambio de Época Histórica" de trabajar por una "nueva civilización humana".

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Estados Unidos persigue su soberanía energética recapturando a Latinoamérica. Por eso el TLCAN con México reaviva la “Doctrina Monroe”, por eso lo que sucede en Venezuela forma parte de su estrategia geopolítica ante el ascenso de China y Rusia; las bases militares gringas de Colombia y Perú ya no apuntan sólo a Venezuela sino también a Brasil. No sólo el Orinoco sino el Amazonas son áreas geoestratégicas para restaurar un mundo unipolar (parece que Brasil, aun siendo parte de los BRICS, no se ha anoticiado de esto).

Esta lectura nos sirve para diagnosticar, establecer y determinar el contexto epocal que subyace a la celebración de la “50 reunión cumbre del G77”. Esta cumbre que se realizará en Bolivia es inédita, pues si en sus inicios el G77 sólo coordinaba programas de cooperación en materia de comercio y desarrollo para una mejor integración en el mercado mundial, la nueva reconfiguración geopolítica y geoeconómica actual, sienta las bases para hacer de este grupo un contrapeso a la hegemonía -en decadencia- de los países ricos.

No sólo Bolivia, sino el ALBA y hasta el MERCOSUR, tienen la mejor oportunidad de liderar una transición con perspectiva mundial. Por eso la necesidad de contar, en la actualidad, con una perspectiva geopolítica ya no sólo coyuntural sino acorde con este proceso de transición planetaria. Politizar la cumbre G77 es fundamental para que nuestros países sitúen a nuestra región en el nuevo centro de gravedad de la transición civilizatoria del siglo XXI. Por eso el “vivir bien” y la “descolonización” ya no pueden diluirse en la pura retórica sino consolidarse como el discurso pertinente a un mundo en transición civilizatoria.

El G77 nace dentro del paradigma del desarrollo y en un mundo repartido entre dos potencias. Con la imposición de un mundo unipolar, el grupo no tenía más carácter que el exclusivamente declarativo. Pero con la decadencia del mundo unipolar y el ascenso de los BRICS, nuevos márgenes de acción se presentan para este tipo de grupos (también es el caso de los “no alineados”), pues los mismos organismos internacionales (pertinentes a la hegemonía gringa) se hallan seriamente cuestionados; entonces, ante el declive de unos y el ascenso de otros, el G77 se halla en condiciones nunca antes experimentadas, pues el mundo moderno atraviesa, por vez primera, la ausencia del poder hegemónico occidental, pero a su vez, también se encuentra en medio de una crisis civilizatoria que amenaza a la supervivencia propia del planeta.


“La narrativa geopolítica deberá recuperar las historias negadas y los horizontes culturales olvidados. Si el G77, y Bolivia y los países del ALBA, están a la altura de liderar la transición civilizatoria, lo que lógicamente debería acontecer es la posibilidad de fundar, en el mediano plazo, una nueva “Liga de las Naciones”.

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En ese contexto, la reunión en Bolivia podría despertar una conciencia global de un necesario cambio de paradigma frente a la decadencia del capitalismo. Sólo una mancomunidad de esfuerzos de los países pobres podría augurar nuevas vías que puedan apostar las economías periféricas, con el fin de desprenderse definitivamente de las prerrogativas de los países ricos (ahora en crisis profundas) y proponerse despegues económicos que ya no busquen una integración subordinada al capital y al mercado globales sino de una reconstrucción de sus propias economías. Este periodo de transición hacia un nuevo sistema económico mundial durará por lo menos un siglo; no se sabe qué adviene pero la economía no puede continuar con las prerrogativas propias del modelo de producción, consumo y acumulación actual.

El ascenso de las potencias emergentes no sólo reequilibran el poder global sino que hace posible descentrar la economía y la política globales. La disposición centro-periferia es lo que ya no puede mantenerse; con el ascenso de los BRIChS se reivindican culturas y civilizaciones que el mundo moderno las consideró arcaicas y superadas del todo. India y China vuelven a tener la importancia global anterior a la modernidad. Por eso no es raro que una buena parte de la literatura gringa hable del “choque de civilizaciones”. Occidente se siente amenazada por el despertar de las civilizaciones que supuso atrasadas, lo cual no hace sino desmentir su presunta superioridad civilizatoria.

Para este año China será la primera economía mundial y para el 2020 China superará en lo tecnológico, económico, científico, educativo, etc., a la suma conjunta de Europa y Estados Unidos. Solo en el índice PISA, que mide el nivel educativo en el mundo, de los 10 primeros puestos, 7 son países asiáticos (hasta Vietnam está por encima de Estados Unidos). Es decir, la decadencia del primer mundo es ya una cuestión de hecho.

En ese contexto, el primer mundo ya no es más modelo civilizatorio. Y la economía que patrocinó por cinco siglos ya no es más sostenible. Energéticamente el mundo ya no puede seguir el modelo de consumo occidental; a lo cual hay que añadir que las potencias emergentes no son autosuficientes y ya no pueden hablar en los términos colonialistas que lo hacían Europa y Estados Unidos. La colonización ya no sería posible de reeditarse en el siglo XXI.

Esto quiere decir que, un mundo multipolar, permite pensar una situación mucho más rica y compleja: la ceropolaridad. Este concepto es novedoso en la geopolítica y quiere describir un mundo sin hegemonías concentradas. Pues tampoco las nuevas potencias emergentes, pueden decidir todo sin contar con los afectados; esto significa que ninguna potencia puede ejercer, de modo único, su influencia sobre todos los acontecimientos.

Cuando los poderes hegemónicos retroceden en algo, las soberanías nacionales, aunque mínimas, despiertan a nuevas apuestas; y si estas apuestas se generalizan, entonces tenemos una coyuntura como la actual: un “cambio de época”. Una nueva disposición geopolítica planetaria con ya no un solo centro abre márgenes de acción para los países pobres. Pero estos, de modo aislado, no podrían superar su situación. Sólo la cooperación y las alianzas estratégicas podrían enfrentar, de modo más plausible, la arremetida de los países ricos.

Estas alianzas no pueden prescindir de los BRIChS. China recupera el pacífico como centro de la economía global y eso supone también que los flujos comerciales se des-occidentalicen. Junto a la India establecen una nueva geografía de la economía mundial. Por primera vez, después de 500 años, América aparece otra vez al extremo oriente del oriente, mostrando el verdadero sentido y dirección de la civilización humana. Occidente nunca fue la culminación del desarrollo de la civilización humana. Las implicaciones de este tipo de recambios van a tener sus repercusiones hasta en lo cultural.

Aliarse a los BRIChS no tendría que significar avalar, o peor, remedar su modelo de crecimiento económico. Pero en una nueva cartografía geopolítica y un nuevo mapa institucional global, nuestros países podrían demandar, en condiciones más favorables, una transformación del modelo productivo y de consumo que ha originado el capitalismo. Por eso necesitamos reafirmar la creación de una nueva arquitectura financiera global. Se dice que nadie, en el contexto global, es independiente del todo; se es independiente en la medida en que se conoce y se aprovecha, en beneficio propio, el grado de dependencia que se tiene.

Una transformación del modelo productivo supone una nueva arquitectura financiera y ésta presupone un nuevo marco jurídico del derecho, nacional e internacional, que le devuelva la soberanía a los pueblos. Cuestionar todo aquello supone también advertir que no es un modelo de desarrollo lo que ha entrado en crisis sino el propio desarrollo; el afán de control y dominio de la naturaleza, reducida a objeto a disposición, es lo que ya no puede sostenerse. La propia concepción que de naturaleza tiene el capitalismo y la modernidad, es lo que hace insostenible todo sistema económico. Por eso, la defensa de “derechos de la Madre tierra”, el “vivir bien”, la “descolonización”, se constituyen en criterios epocales que sostienen una toma de conciencia global; esto es lo que establece, en nuestro caso, un liderazgo nunca antes imaginado y que nos abriría la posibilidad de establecer una agenda mundial.

Los desafíos son grandes, por ejemplo, desafiar al mismo mercado global supone la promoción de sistemas de producción locales y tecnologías ancestrales o la recuperación de economías campesinas comunitarias como base de la soberanía alimentaria. Sólo aquello podría remediar, en un 50%, la emisión de gases de efecto invernadero (que provoca las gran agroindustria). La autosuficiencia alimentaria es parte de la consolidación de alternativas en la economía e, inevitablemente, de la revalorización de las culturas antes despreciadas.

El nivel de agresión y destrucción del proceso de producción capitalista, destaca una invariable en su propia lógica: destruir para producir. En ese sentido, la decadencia del capitalismo arrastra al mundo y a la vida en su conjunto. Las implicancias a futuro de esta decadencia es la que obliga al mundo a proponerse nuevas alternativas. Por eso la respuesta no puede provenir del primer mundo, pues la apuesta de éste es únicamente alterar el rumbo que está adquiriendo el mundo multipolar e impedir definitivamente su consolidación.


Un Mundo Multipolar – en el Nuevo Orden Mundial – es multidimensional, por el propio carácter y naturaleza del capitalismo del desastre, capitalismo salvaje, economía de casino, economía de libre mercado global – es decir la globalización neoliberal – por su carácter multidimensional. El Mundo Multipolar del nuevo Milenio no es sólo económico, financiero-comercial, es también social, político, cultural, ambiental, industrias culturales, innovación tecnológico – redes sociales, economía de la guerra, economía criminal – y sus diversas variantes – es inseguridad ciudadana, es envejecimiento de la población, es la Ciudad Global y la concentración de las “nuevas” formas de extrema pobreza, es globalización de la desigualdad económico-social, de la indiferencia, de la inseguridad, globalización de la crisis de valores, de las instituciones, pero también mundialización de la solidaridad, como de la Insurgencia Ciudadana. En “fotografía” en tiempo real, es el Mundo Multipolar.

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En Ucrania, la opción occidental consiste en restaurar el orden hegemónico unipolar; pues la sobrevivencia de Europa misma se encuentra en entredicho. La dependencia del gas ruso le aleja de la esfera gringa y le convierte en una semi-colonia energética de una economía cuyo centro se hace cada vez más oriental. Los dislocamientos geopolíticos de este nuevo siglo hacen resurgir a la región euroasiática como lugar estratégico para controlar y dominar al mundo. Para Occidente es vital recuperar esa zona, pues sus estrategas consideran que Ucrania es la entrada a Eurasia, donde vive el 75% de la población mundial y donde se hallan ¾ partes de toda la energía conocida. Capturando a Ucrania se trata de impedir que la economía se orientalice, pues si Rusia se acerca a China (y a India), Occidente deja de tener la importancia que una vez tuvo y su economía no podría ya reponer su predominio (por eso hasta Alemania juega doble, pues también se acerca a China y Rusia, aunque no renuncia a su pertenencia occidental).

El G77 no puede desatender este nuevo contexto que está alterando por completo el tablero geopolítico mundial. En medio de un incipiente mundo multipolar, la visión que se tenga no puede reducirse a lo meramente local. En un mismo mundo compartido, todo tiene relación con todo. Una nueva lectura del relacionamiento internacional pasa por una actualización geopolítica de un mundo en transición. La narrativa actual es geopolítica, pero no una geopolítica provinciano-imperial sino una geopolítica verdaderamente mundial.

Esto nos posibilita advertir también el carácter ideológico, unilateral y hasta plagado de un provincianismo cultural de los marcos teórico-conceptuales de las relaciones internacionales y la diplomacia, como disciplinas sociales. Estas disciplinas tienen una reducida perspectiva europeo-norteamericana, que justifica un excepcionalismo inadmisible hoy en día. La decisiva dependencia que tienen estas disciplinas de la política exterior norteamericana, delata también una profunda ignorancia de otros mundos culturales y civilizatorios que no pueden ser reducidos a la mirada occidental.

Esto nos lleva a advertir que, si el mundo que viene será multipolar, nuestra geopolítica deberá también, acorde con ese nuevo mundo, tener una visión multidimensional de implicancias globales, o sea, deberemos aprender a ver el mundo desde una perspectiva propia. Si los chinos, hindúes, iraníes y rusos, propician think tanks propios, con perspectivas geopolíticas radicalmente distintas a las de europeos y gringos, no menos debemos realizar en este lado del mundo. El asunto, en definitiva es, o producimos una perspectiva propia de lo que sucede en el mundo o nos contentamos con la perspectiva usual, que es la occidental. De una determinada narración se deduce una determinada posición. Si la narración es la decadente, la moderno-occidental, entonces lo que se deduce es la defensa de los intereses y los valores moderno-occidentales.

El mundo es lo que se interpreta de éste. O descubres el mundo o te lo encubren. La política exterior de nuestros países ha estado siempre constituida a partir de los marcos teórico-conceptuales de la narración geopolítica imperial. Desprenderse de aquello supone producir una nueva narración geopolítica que de nacimiento a un nuevo tipo de relaciones internacionales. Lo usual en teoría de las relaciones internacionales ha sido siempre la lectura abstracta, descontextualizada, sin historia, usando conceptos meramente formales, que ordenaban un pasivo reacomodo a las situaciones impuestas. La geopolítica parecía patrimonio del centro, por eso hasta la izquierda ingenua entendía ésta como una disciplina imperial (sumidos en la lectura hacia adentro olvidaban a menudo el mundo real en el cual se encontraban).

Las lecturas hegemónico-imperiales están en crisis, develando el provincianismo de la visión del centro ante un mundo de ascensos civilizatorios que no logran comprender. Occidente nunca conoció al mundo, por eso mira atónito el ascenso de las potencias emergentes y descubre que no tiene otra cosa que la fuerza bruta para imponerse. El afamado historiador de la Universidad de Yale, Paul Kennedy, sostiene que los asuntos internacionales no andan bien en el mundo político y social y que incluso estarían comenzando a desmoronarse, tanto institucional como discursivamente. Pero este desmoronamiento lo ve como un atentado al “mundo libre”, es decir, no es capaz de ver que se trata del desmoronamiento cultural-civilizatorio de la propia hegemonía occidental, es decir, el llamado “mundo libre”.

La conclusión que este tipo de personajes -muy influyentes en ámbitos de poder- presenta, es que el mundo está desquiciado. Esa visión delata a un centro que ya no sabe leer un nuevo mundo emergente. Para Charles Hill, legendario funcionario del Departamento de Estado, el antiguo orden conocido como el siglo norteamericano, que era parte de la era moderna, parece estar apagándose. Su diagnóstico es revelador, pues señala que la era que viene “ya no será moderna”; pero lo que constituiría una esperanza para el resto del mundo pobre, él lo ve como “nada agradable”.

Por supuesto, desde el imperio no es nada agradable perder su preeminencia; por eso hace bien David Brooks (columnista del New York Times) en señalar que el orden moderno al cual se refiere Hill, es un sistema de Estados que encarnan los dos grandes vicios de las relaciones internacionales: el deseo de dominio expansivo y de eliminación de la diversidad. De ello se puede colegir que las mismas relaciones internacionales no fueron nunca concebidas para un mundo multipolar no occidental. Para el imperio, la geopolítica ha sido la defensa exclusiva de sus intereses, a los cuales llama sus valores. Un mundo multipolar y policéntrico es algo inconcebible para la geopolítica imperial, pero una necesidad a ser pensada en la geopolítica de nuestros países. Por eso tiene sentido hablar de una descolonización de la geopolítica.

La transición civilizatoria no puede ser ciega. Advertir el sentido potencial de una nueva reconfiguración planetaria, sin hegemonía única, permite diseñar una nueva fisonomía global más acorde a una realidad diversa y plural. Por eso la visión provinciana de la geopolítica imperial ya no sirve para interpretar el sentido de la transición. La narrativa geopolítica deberá recuperar las historias negadas y los horizontes culturales olvidados. Si el G77, y Bolivia y los países del ALBA, están a la altura de liderar la transición civilizatoria, lo que lógicamente debería acontecer es la posibilidad de fundar, en el mediano plazo, una nueva “Liga de las Naciones” (como reconocimiento además a sus verdaderos inspiradores: la liga indígena Iroquesa).

Si todas las instituciones mundiales ya no cuentan con legitimidad, pues todas ellas responden a la disposición centro-periferia, prototípica de la hegemonía moderno-occidental, la propia ONU debería desaparecer y dar lugar a una nueva y más democrática organización. El G77 contiene la mayor concentración de países miembros de la ONU, por tanto, su legitimidad es considerable. Un nuevo mundo en ciernes no puede amanecer con instituciones arcaicas.
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Rafael Bautista es autor de “la Descolonización de la Política. Introducción a una Política Comunitaria”, Plural editores, la Paz, Bolivia.
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miércoles, 4 de junio de 2014

LA CRISIS DEL ESTADO LIBERAL Y THOMAS PIKETTY (PARTE I - II. ).

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Una visión política sobre el “capitalismo del siglo XXI” de Thomas Piketty, Su libro publicado en marzo ya es "best seller" y su impacto ha sido comparado con el que tuvo Adam Smith, Marx y Keynes. El libro tiene unas 650 páginas, fue publicado en inglés el 10 de marzo, trepó al puesto número uno de la lista de best sellers de Amazon en Estados Unidos en abril y su impacto ha sido comparado con el que tuvo Adam Smith en el siglo XVIII, Karl Marx en el XIX y John Maynard Keynes en el XX. En el presente artículo de J. F. Coloane, “La crisis el Estado Liberal”, formula una visión política del trabajo de Pikety en relación a la crisis política, la crisis del Estado liberal y la crisis política en relación a separación, pérdida con el sistema económico del libre mercado global. Libro, elogiado por los premios Nobel de Economía, Paul Krugman y Joseph Stiglitz, encomiado por el influyente editor del diario Financial Times, Martin Wolf, y analizado en profundidad por el semanario The Economist. "Capital in the 21st Century", del economista francés Thomas Piketty, contiene un duro ataque al capitalismo y un rasgo que considera inherente a su funcionamiento: una creciente desigualdad que tarde o temprano será "intolerable". El mensaje recuerda (al igual que el título de la obra) las predicciones de Karl Marx sobre el inevitable antagonismo entre una minoría cada vez más rica y una mayoría cada vez más relegada. No en vano The Economist apodó a Piketty "el moderno Marx", pero entre las sorpresas de este supuesto heredero del autor de Das Kapital y el "Manifiesto Comunista" está el hecho de que fue recibido simultáneamente por la Casa Blanca y el Fondo Monetario Internacional para que explicara sus tesis. En su reseña para The New York Review Paul Krugman buscó sintetizar el interés que despierta el libro. "Presenta un nuevo modelo que integra el concepto de crecimiento económico con el de distribución de ingresos salariales y riqueza. Cambiará el modo en que pensamos sobre la sociedad y la economía", escribió Krugman.

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“El fundamento para la tesis principal del libro, de Thomas Piketty, sostenida con un voluminoso examen de datos de los últimos 300 años, es que la riqueza ha aumentado a mayor velocidad que el crecimiento económico en estos tres siglos y que eso ha impactado en la desigualdad que, de seguir así, será en este siglo XXI semejante a la que existía en el victoriano siglo XIX. La crítica más sólida que se ha hecho a esta tesis viene por izquierda y es que, lejos de exagerar el estado de cosas, Piketty subestima la real dimensión de la desigualdad”.
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LA CRISIS DEL ESTADO LIBERAL Y THOMAS PIKETTY (PARTE I).
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Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Lunes 2 de junio del 2014.

En las últimas tres décadas, desde las bases del Estado liberal, principalmente aquellas que fortalecen la independencia de los poderes del estado y la justicia social, no ha sido posible sustentar políticamente el sistema económico impuesto en la década de 1980 y su instrumento central: ajuste estructural con acento en la privatización, la desregulación y apertura indiscriminada del mercado global.

Todo llevado a cabo además con cierto desenfreno, como si el mundo se fuera a acabar. Por esa ruta se llegó a liquidar los pactos sociales que generaron el llamado Estado de bienestar haciendo aumentar la desigualdad, uno de los objetos de análisis del popular libro de Thomas Piketty (TP) “El Capitalismo del Siglo 21”.

Desde John Maynard Keynes y posteriormente Joseph A. Schumpeter, que no aparecía un economista difundido con tanto entusiasmo por los medios. Su asunto es la desigualdad producida por la acumulación de capital como fenómeno histórico que se arrastra por varios siglos. No solo aborda el rasgo primordial de esa acumulación, sino que atisba la desigualdad política que pareciera ser irreversible, al menos se transforme el actual modelo económico. Tanto Keynes como Schumpeter tuvieron impacto en las políticas públicas, y en el caso de Piketty no debería ser diferente, en teoría.

Una conclusión es que el capitalismo se ha fatigado de la desigualdad que ha producido, gestando al mismo tiempo una crisis política que le cuesta administrar. El libro ha generado una corriente de detractores en la corriente más conservadora y no escasean desde la izquierda los que observan un filo aséptico en la ideología de su discurso. Todo eso está bien porque reabre el debate del futuro destino del capitalismo sin una institucionalidad política o de entidades fuera del circuito del capital, que lo pueda sustentar. En breve, la crisis del Estado liberal que siempre se escurre en el debate.

Esta formidable obra de historia económica que se populariza con la velocidad de un rayo es la oportunidad para afirmar aquel aspecto clave de un sistema económico que se quedó sin un sistema político que lo legitime y que no sea con formas coercitivas o autoritarias que nacen en la economía y se insertan en los mecanismos para gobernar bajo la apariencia de una democracia.

El marco de relaciones impuesto por el ajuste económico estructural de la década de 1980 ha sido concentrador de poder y de riqueza y al mismo tiempo ha levantado un temor a la pérdida del orden y la fragmentación de opciones políticas. Al ampliarse el rango de representatividad con el pluralismo político creado con la modernización, el modelo de una estructura de libre mercado desatado y rector de opciones políticas, en definitiva ha acabado por amenazar a la política en el sentido liberal. De allí la ola de conservadurismo que asola a Europa y otras zonas del globo.

El tema central del dilema del Estado liberal con el actual sistema económico, es su inclinación de concebir la democracia con altos grados de calidad en la representatividad. Entiéndase por calidad, la aceptación de altos grados de tolerancia al pluralismo, a la solidaridad y a la igualdad de derechos y obligaciones. El sistema político liberal ha evolucionado hasta un punto en que el sistema económico implantado en los años 80 e impuesto a espaldas del desarrollo de mayor libertad y solidaridad, se ve retrógrado y señala una involución del propio sistema capitalista.

De allí que surja la necesidad de gobernar a través de grandes consensos o pactos, no entre Estado y sociedad, sino entre competidores por el poder político para proteger la falta de sincronía entre sistema económico y sistema político. Es aquí donde yace el problema mayor que consiste en que el sistema económico impuesto socava las bases mismas del Estado liberal.

Es importante anotar que el trabajo del economista francés hacer recordar la tradición analítica de economistas indios como Kkrishna Bharadwaj, Sukhamoy Chacravarty, Amiya Kumar Bagchi, por mencionar algunos nombres en una sana tradición en India de revisar constantemente las perspectivas del capitalismo. La diferencia entre TP y los analistas Indios consiste en que éstos no solo abordan materias económicas desde la Economía Política, sino que lo hacen con la mirada puesta en la sustentabilidad política a partir de la naturaleza y la trasformación del Estado, como principal garante (político) de la mantención de un sistema.

Pero ojo, el caso de India es emblemático. A pesar de la vasta influencia del progresismo analítico por más de cinco décadas en las políticas de desarrollo en India, esta inmensa nación también ha caído en la ola conservadora. Al elegir recientemente a Narendra Modi como jefe de Estado, representando una coalición que invoca un nacionalismo hindú exacerbado y un reduccionismo sectario en la imposición de ciertos valores, indica que algo pasó en India en el desarrollo de las ideas progresistas que al asumir el control del estado tampoco han podido administrar las demandas sociales.

El desafío en el análisis de Thomas Piketty no está en cuestionar los supuestos errores de cálculo en la desigualdad histórica que le atribuyen, sino en posicionar la crisis del Estado liberal con todas sus letras sin la ambigüedad analítica que ha prevalecido hasta ahora. En general, la crisis política del Estado liberal se analiza a retazos y no en forma integral en concomitancia con la aplicación del llamado modelo neoliberal en los años 80, que de liberal tiene muy poco.

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“En su "Historia del siglo XX", el recientemente fallecido historiador Eric Hobsbawm aporta otro ángulo que lleva a la misma conclusión: “Una de las ironías del siglo XX fue que la Revolución de Octubre, que tenía como objeto la eliminación del capitalismo, terminó salvándolo al obligarlo a reformarse y planificar su economía con políticas redistributivas como el New Deal, escribía el historiador británico a principios de los 90. Con la caída del Muro de Berlín, el capitalismo volvió a sus viejas raíces del laissez faire, hoy rebautizadas como neoliberalismo”.
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LA CRISIS DEL ESTADO LIBERAL Y THOMAS PIKETTY. ( parte II).
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Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Miércoles 4 de julio del 2014.

Al observar las características actuales de los sistemas políticos y los partidos políticos, nos encontramos con el dilema de fondo del Estado liberal en las actuales condiciones del sistema económico, que se encapsula a veces con el fenómeno más general de la globalización. Es la realidad de un sistema económico en búsqueda de un nuevo sistema político porque el actual ya no le sirve.

Los referéndums realizados en Francia y los Países Bajos en 2005 rechazando esa constitución única han sido indicadores emblemáticos de la crisis del Estado liberal en el corazón territorial del liberalismo. Diversas expresiones políticas en Europa como la dificultad de realizar referéndums para asentar la constitución única europea, así como la ola de conservadurismo y el fortalecimiento de la extrema derecha en las últimas elecciones en Gran Bretaña, Francia, Alemania y Dinamarca, ilustran la falta de sincronía entre sistema económico y sistema político.

En Estados Unidos el avance de la extrema derecha se ha hecho sentir en las dificultades que ha tenido Barack Obama para desarrollar su programa de reformas social demócratas, para muchos más inocuas que “en la medida de lo posible”. Todo da cuenta de un sistema político que se embotella y no está dando cuenta de la diversidad de posiciones que enfrenta el sistema económico.

El caso de Chile también es significativo porque siendo un alumno privilegiado de las medidas del ajuste estructural de los años 80 y con una trayectoria de 30 años de implementarlas, exhibe un sistema político de representatividad cuestionado e incapaz de abordar las reformas al modelo que los movimientos sociales exigieron en 2011 y 2012. En un círculo vicioso digno de una manual de Sociología de la frustración, en Chile la derecha y el conservadurismo durante casi la totalidad de los 25 años post dictadura, han gobernado a través de una social democracia condicionada por el peso del gran capital transnacional y sus inversiones.

El actual gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, apoyado por una nueva coalición de centro izquierda llamada Nueva Mayoría, sufre también los embates de esa ola ultraconservadora que surge justamente cuando el Estado liberal entra en etapas de mayor crisis. Sucedió en la década de 1970 y se prolongó hasta década siguiente que es cuando se aplica el ajuste económico que tenía como propósito, no solo el libre mercado desatado, sino la virtual destrucción de la política y su sustento mayor, que es la legitimidad del Estado como el único gran mediador.

Es en la ola conservadora donde se refugia el gran capital en la actual crisis del Estado liberal. Se sostiene sobre los sistemas rígidos de reproducción de liderazgo y que permanecen protegidos al cambio mostrando facetas de confrontación y división que se confunde con debate y democracia. La crisis revitaliza las doctrinas conservadoras que recurre a los remanentes de la guerra fría donde prevalece la cultura del control y la desconfianza para dominar, con el uso de redes que se superponen a las personas que eligen representantes. Más que redes, se trata de infiltrar las bases de la ciudadanía, en sus niveles más básicos de autonomía política para someterse al dictamen de los órganos del poder, entre ellos, los partidos políticos dominados por el gran capital. No hay mucho de misterio en esto y la tonada es monótona.

La estructura de los partidos políticos consolidada en la era pos segunda guerra mundial y orientada a defender el gran capital, ha conformado estancos rígidos de poder con partidos blindados absorbiendo todo el clima de la confrontación. Se benefician partidos cuyos objetivos consisten en acceder a cuotas de poder y mantenerse en un sistema corporativo del poder político, económico y militar, formando el sistema mayor que se expresa en el gobierno y el estado. Charles Wright Mills, lo describe magistralmente en un clásico, La Elite del Poder (The Power Elite.1956), apoyo sociológico indispensable y que al parecer desapareció de las lecturas regulares en el estudio de la política.

Los sistemas políticos y de partidos en este escenario de poder corporativo, ven reducidas las posibilidades de representatividad efectiva y real en el sentido de no poder expresar la diversidad de necesidades en una población cada vez más multifacética y con intereses más complejos. La ausencia de un sistema político más horizontal y participativo que lo sustente, es en el fondo la ventaja del actual sistema económico, porque con horizontalidad pierde eficacia y en donde la representatividad solo puede aplicarse con verticalidad.

Una matriz analítica más amplia se hace cada vez más necesaria y bien por Thomas Piketty, el economista que ha denunciado la desigualdad histórica como ninguno otro. Qué mejor oportunidad para introducir la crisis política del Estado liberal en el debate en una perspectiva más masiva. Para que los detentores del actual modelo que sofoca palpen la amenaza real y no solo en la abstracción del análisis o, en el peor de los casos, en un sistema político que ya no presta los servicios requeridos. No es solo la cooptación del sistema político, es más que eso. Es el fracaso del estado liberal frente a ese gigantesco mundo corporativo del gran capital cooptando las pocas garantías que ofrece de justicia social.

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