miércoles, 1 de julio de 2026

CINISMO IMPERIAL. “EL IMPERIO CONTRA VENEZUELA”

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"La causa de consecuencias también las tuvo presentes. Le siguieron los dañinos pormenores del desamparo familiar, sus muertos y desheredados que se cuentan por miles. Hizo hincapié en las ausentes normas constructivas para prevenir desastres, como las actuales del México poster remotos.  Describió la incapaz infraestructura física y organizativa (hospitales, rescatistas y otros medios) para atender tan urgentes y vastas necesidades. Lo que nunca mencionó fue lo causado por el bloqueo estadunidense (y occidental) arriba descrito en parte. Una revisión de la prensa y radiotelevisiva arroja similar panorama. 

"Toda falta de prevención y auxilio reparador se debe a la incapacidad gubernamental de Maduro y secuaces. Trump jamás reconocerá que tiene buena tajada de culpa por su avidez de negocio, pulsiones geopolíticas y garra de pirata incautado de todo bien venezolano posible. El gobierno impuesto por su designio sólo podrá moverse en la acotada y entreguista dirección ordenada por sus vigilantes.  Él es el dueño de la nación y su petróleo. Así lo ha declarado repetidamente. Pero, la derecha interna e internacional, obviará, con sus múltiples medios, toda responsabilidad. Saldrán no sólo impunes, sino serán los implacables jueces de esta terrible y dolorosa historia. El recuento completo sólo aparecerá en este diario.

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Los daños de los terremotos simultáneos en Venezuela son inmensos e inmerecidos. Pero los recursos, de variada clase, indispensables para atenderlos y recuperarse de tan grotesco mal, son sumamente escasos. Foto Ap.

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CINISMO IMPERIAL.

“EL IMPERIO CONTRA VENEZUELA”.

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Por Luis Linares Valdez.

Fuente. Diario La Jornada, Ciudad de México miércoles 1 de julio del 2026.

Los daños de los terremotos simultáneos en Venezuela son inmensos e inmerecidos. Pero los recursos, de variada clase, indispensables para atenderlos y recuperarse de tan grotesco mal, son sumamente escasos. La pronunciada escasez viene de lejos, aunque buena parte surge del truculento presente también. Codiciosas miradas de una inclemente superpotencia mundial han sido, al mismo tiempo, altivas, insensibles y arrogantemente interesadas en desterrar la creciente influencia china. 

No se puede ignorar, tampoco, el dañino influjo de la corrupción que emana del piratesco talente estadunidense, mezclado con la irreflexiva ambición interna de la élite local. La pasión central, sin contemplación que valga una reflexión de sano propósito por este ahorcado país, ahora en honda desgracia, era y aún es, la pretensión de apropiarse de sus recursos mineros. Un caudal inmenso de petróleo crudo corre en las entrañas de Venezuela. Se empareja con otros muchos minerales de gran valor. Nadie, ningún país, se hace merecedor de esta bíblica plaga que le cayó de repente.

Parte en la forma de furia natural, acompasada por la dura mano que maneja hilos de poder a escala mundial. Ni siquiera en los días del independentismo chavista pudieron los venezolanos manejar, con soberana actitud, sus enormes recursos. La oposición interna al legendario personaje fue una actividad continua, feroz y ávida. La peculiar manera de enfrentar los muchos problemas del país que los apretaban, desde una izquierda, esbozada como nacionalista, tuvo campo propicio para su desenvoltura. 



De inmediato, la pesada y poderosa garra imperial se opuso y dio inicio al periodo de duras restricciones impuestas. Medidas que fueron cercando las posibilidades de utilizar sus propios recursos y nacientes capacidades para beneficio popular. Un largo periodo, de indebidas apropiaciones entreguistas, presidieron la tentativa del presidente Chávez al intentar gobernar su país. La misma adopción de políticas democráticas nacionalistas fue motivo de dura oposición interna e internacional. 

Un serrano grupo de líderes internos, de escasa monta, inauguró un periodo de rebeliones y golpes de Estado que trataron de obstaculizar cualquier avance. Y así, con ese telón de fondo, se actuó durante el periodo en que gobernó el rebelde militar. Sus sucesores recibieron, de facto, una nación asediada en sus variados frentes.

El gobierno del presidente Maduro nunca pudo ejercer funciones de manera, digamos, un tanto, libre. Nunca tuvo acceso a sus reservas externas, las incautó el Banco de Inglaterra donde estaban depositadas. Tampoco pudo operar la empresa venezolana (Citgo) vendedora de 10 por ciento de la gasolina en Estados Unidos. Fue incautada por arbitraria decisión de Trump. Es una valiosa empresa que han tratado de subastar y trasladarla a socios y amigos del magnate. 

La criticada capacidad estadunidense para imponer sanciones financieras dejó a Venezuela sin poder negociar bien externo alguno. Fueran estos alimentos o partes de repuesto para la industria petrolera. Más de 500 sanciones se impusieron al gobierno, ahora bajo Maduro, sucesor de Chávez por voto popular. En estos días, posteriores a los terremotos y la tragedia humana concomitante, la narración del enviado de Televisa de la tragedia fue notable en varios aspectos. 



Describió puntualmente la terrible destrucción habida. La causa de consecuencias también las tuvo presentes. Le siguieron los dañinos pormenores del desamparo familiar, sus muertos y desheredados que se cuentan por miles. Hizo hincapié en las ausentes normas constructivas para prevenir desastres, como las actuales del México poster remotos. 

Describió la incapaz infraestructura física y organizativa (hospitales, rescatistas y otros medios) para atender tan urgentes y vastas necesidades. Lo que nunca mencionó fue lo causado por el bloqueo estadunidense (y occidental) arriba descrito en parte. Una revisión de la prensa y radiotelevisiva arroja similar panorama. 

Toda falta de prevención y auxilio reparador se debe a la incapacidad gubernamental de Maduro y secuaces. Trump jamás reconocerá que tiene buena tajada de culpa por su avidez de negocio, pulsiones geopolíticas y garra de pirata incautado de todo bien venezolano posible. El gobierno impuesto por su designio sólo podrá moverse en la acotada y entreguista dirección ordenada por sus vigilantes. 

Él es el dueño de la nación y su petróleo. Así lo ha declarado repetidamente. Pero, la derecha interna e internacional, obviará, con sus múltiples medios, toda responsabilidad. Saldrán no sólo impunes, sino serán los implacables jueces de esta terrible y dolorosa historia. El recuento completo sólo aparecerá en este diario.

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