miércoles, 28 de mayo de 2014

ECUADOR: ¿LA REVOLUCIÓN CIUDADANA TIENE QUIÉN LA DEFIENDA?.

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Revolución Ciudadana, sin ciudadanos, es el título quizás demasiado exigente, en una sociedad como la ecuatoriana y latinoamericana, escenario donde es muy difícil y complejo forjar y construir Ciudadanía, por el carácter propio, complejo, múltiple de la, propia sociedad, y además por el propio concepto y su visión Polisémica,  su amplitud y polarización hoy en el proceso de construcción. La Ciudadanía es un proceso social y cultural nunca terminado y siempre renovado, una sociedad desde sus orígenes en la Independencia hace 200 años, encierra dominante una profunda desigualdad económico-social, - desigualdad estructural, multidimensional - una sociedad donde las élites y clases dominantes han ejercido y siguen ejerciendo un poder absoluto, un poder basado y sustentado básicamente en un estilo piramidal, en cual las clases explotadas, populares, se han  mantenido en la base de la pirámide sin derecho alguno o con derechos constitucionales muy reducidos, excluidos, marginados o  históricamente desconocidos. Escenario continental, donde las  minorías nacionales, étnicas, originarias, los amplios sectores campesinos y  otros como la gran migración del campo a la ciudad, centro del proceso de urbanización en América Latina - y el de “cholificación” en Perú – en todos los países del continente mayorías nacionales – han sido mantenidas fuera, al margen, o marginados y cercenados sus derechos fundamentales, realidad que jamás se les permitió ser parte de un proceso de "Ciudadanía Moderna", que  venía con la propia Independencia - Ciudadanía Liberal, Cívica, Republicana - y menos el reconocimiento de su propia  Ciudadanía Cultural, Étnica, Nacional.

El proceso post-neoliberal en Venezuela – el socialismo del siglo XXI y la revolución bolivariana – el Estado Plurinacional de Bolivia – la revolución de los Movimientos Sociales – o la propia Revolución Ciudadana en Ecuador, o la Democratización de la democracia del Frente Amplio en Uruguay, o el propio proceso reformista-populista (o social-demócrata de Lula en Brasil)  son procesos políticos inéditos, propios y respuestas políticas a las condiciones socio-económicas dominantes, y al propio carácter de las políticas que implementó el  neoliberalismo, la revolución no es copia ni calco, es creación heroica de cada pueblo”        nos explicaba en forma clara y profunda el Amauta José Carlos Mariátegui hacen más de 80 años. Por eso cada proceso, sea cual sea su carácter socio-político, pero sí estamos convencidos cuál es finalmente su camino – el salir como proceso democrático del dominio neoliberal de las potencias imperialistas -. Nosotros no podemos exigir, que los procesos políticos hoy vigentes se dirijan en tal sentido, que ejecuten tales políticas, porque los “comunistas” o los “socialistas” del siglo XX en  su procesos revolucionarios los conquistaron y construyeron como expresión de su revolución. Se acabó la imposición, se terminó el modelo ejemplar o la enseñanza histórica que un pueblo o varios pueblos forjaron. Fue una victoria, un ejemplo de la Revolución en su tiempo histórico y político. Nuestro respeto en la historia.



 En pleno siglo XXI las teorías políticas, el pensamiento político del Libertador Simón Bolívar, constituyen la fuente doctrinaria que hoy impulsan y orientan los procesos revolucionarios en América Latina. Cada proceso político responde al carácter de las condiciones propias de cada país, porque la revolución "no es copia, menos calco, es creación heroica de los pueblos".
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Pero en muchos de los procesos políticos “post-neoliberales”, hoy plenamente vigentes en Nuestra América, no es el pueblo organizado, no son sus instituciones y organizaciones de clase por lo más en crisis que estén las tradicionales – pero en varios países han sido sustituidas o se han centralizado y/o concatenado, unificado, en los hoy vigentes Movimientos Sociales antiglobalización - las que participan y toman y asumen decisiones de Estado en forma permanente o aislada. Por lo general las “decisiones” político-estatales vienen desde arriba, son impuestas por el mandatario de turno, tienen sello y firma de redentores – el Líder, Caudillo o personaje Histórico, “bíblico”, "mesiánico",  -  y en ese sentido es sumamente riesgoso forjar e imponer un “nuevo” proceso político, tendiente a construir una Nueva Democracia, en el epicentro de un modelo neoliberal del capitalismo salvaje, por lo general violento, impositivo, demonizado y diabólico en sus políticas. El nuevo proceso político que rompe cadenas neocoloniales, domino neo-feudales,  intereses de las elites financiero-político neoliberales, exige y es trabajo de socializar experiencias, democratizar las instituciones democráticas con el objetivo estratégico de Democratizar la Democracia.

Sin embargo, tomando, seleccionando, sistematizando, lo más importante del proceso en los años que van en vigencia, tenemos que lo positivo, lo rescatable, lo importante, lo trascendental es su poderoso ímpetu, energía, fuerza, coraje como hoy se enfrentan primero a las fuerzas reaccionarias, conservadoras y ultra-derechistas en cada país y en lo fundamental a los emisarios y defensores de oficio de los poderes facticos locales y globales; segundo, la lucha diaria que imprimen en relación la “dictadura política” que ejercen los medios de comunicación, sobre todo cuando quieren imponer su propia Agenda de Gobierno y realizan un “linchamiento político” contra los líderes del movimiento. En tercer lugar debemos ser sumamente críticos contra la corrupción – el mal que hoy destruye la política en su conjunto – y en cuarto lugar debemos recuperar – comenzar de cero – reconstruir la CONFIANZA. Es necesario e impostergable que nuestro pueblo – la nueva Sociedad Civil Real, emergente, plural, popular, democrática – base del Poder Local Popular – escenario de las clases y la lucha de clases – recinto histórico donde se fraguan las ideas preliminares y derechos para construir Ciudadanía, en donde (in)surgen los Nuevos Líderes Comunitarios, portadores de un Nuevo Capital Político y Democrático, recuperen la confianza, con el objetivo de reconstruir la credibilidad en la democracia y la legitimidad de la opinión pública en las instituciones fundamentales de la misma Democracia, proceso dialéctico que constituye y representa la base, la esencia que alimenta y retroalimenta el proceso político en la construcción de una Nueva Democracia de Ciudadanos, Participativa, Cívica y Republicana de profundo respeto con nuestra Madre Naturaleza.
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La solidaridad de los procesos políticos revolucionarios, progresistas, reformistas, frente a la agresión diaria y permanente del imperialismo, constituye el sello y firma de los procesos. Hoy es importante la cohesión social y política interna para forjar la unidad en la integración latinoamericana.
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ECUADOR: ¿LA REVOLUCIÓN CIUDADANA TIENE QUIÉN LA DEFIENDA?.
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Boaventura de Sousa Santos

Blog Público.

Rebelión miércoles 28 de mayo del 2014.

Los intelectuales de América Latina, entre los que me considero por adopción, han cometido dos tipos de errores en sus análisis de los procesos políticos de los últimos cien años, sobre todo cuando contienen elementos nuevos, ya sean ideales de desarrollo, alianzas para construir el bloque hegemónico, instituciones, formas de lucha, estilos de hacer política. Por supuesto, los intelectuales de derecha también han cometido muchos errores, pero aquí no me ocuparé de ellos. El primer error ha consistido en no hacer un esfuerzo serio para comprender los procesos políticos de izquierda que no encajan fácilmente en las teorías marxistas y no marxistas heredadas. Las primeras reacciones a la Revolución cubana son un buen ejemplo. El segundo tipo de error ha consistido en silenciar, por complacencia o temor de favorecer a la derecha, las críticas de los errores, desviaciones y hasta perversiones por las que han pasado estos procesos, perdiendo así la oportunidad de transformar la solidaridad crítica en instrumento de lucha.

Desde 1998, con la llegada de Hugo Chávez al poder, la izquierda latinoamericana ha vivido el período más brillante de su historia y tal vez uno de los más brillantes de la izquierda mundial. Obviamente, no podemos olvidar los primeros momentos de las Revoluciones rusa, china y cubana ni tampoco los éxitos de la socialdemocracia europea durante la posguerra. Pero los gobiernos progresistas de los últimos quince años son particularmente notables por varias razones: se producen en un momento de gran expansión del capitalismo neoliberal ferozmente hostil a proyectos nacionales en divergencia con él; son internamente muy diferentes, dando cuenta de una diversidad de la izquierda hasta entonces desconocida; nacen de procesos democráticos con una elevada participación popular, ya sea institucional o no institucional; no exigen sacrificios a las mayorías en nombre de un futuro glorioso, sino que tratan, por el contrario, de transformar el presente de quienes nunca tuvieron acceso a un futuro mejor.

Escribo este texto siendo muy consciente de la existencia de los errores mencionados y sin saber si tendré éxito en evitarlos. Además, me centro en el caso más complejo de todos los que constituyen el nuevo período de la izquierda latinoamericana. Me refiero a los gobiernos de Rafael Correa en Ecuador, en el poder desde 2006. Para empezar, algunos puntos de partida. En primer lugar, se puede discutir si los gobiernos Correa son de izquierda o de centroizquierda, pero me parece absurdo considerarlos de derecha, como pretenden algunos de sus opositores de izquierda. Dada la polarización instalada, creo que estos últimos sólo reconocerán que Correa fue en última instancia de izquierda o centroizquierda en los meses (o días) siguientes a la eventual elección de un gobierno de derecha. En segundo lugar, es opinión ampliamente compartida que Correa ha sido, “a pesar de todo”, el mejor presidente que Ecuador ha tenido en las últimas décadas y el que ha garantizado mayor estabilidad política después de muchos años de caos. En tercero, no cabe duda de que Correa ha emprendido la mayor redistribución de la renta de la historia de Ecuador, contribuyendo a la reducción de la pobreza y al fortalecimiento de las clases medias. Nunca tantos hijos de las clases trabajadoras llegaron a la universidad. ¿Pero por qué todo esto, que es mucho, no es suficiente para tranquilizar al “oficialismo” y convencerlo de que el proyecto de Correa, con o sin él, proseguirá después de 2017 (próximas elecciones presidenciales)?

Aunque Ecuador vivió en el pasado algunos momentos de modernización, Correa es el gran modernizador del capitalismo ecuatoriano. Por su amplitud y ambición, el programa de Correa tiene algunas similitudes con el de Kemal Atatürk en la Turquía de las primeras décadas del siglo XX. Ambos están presididos por el nacionalismo, el populismo y el estatismo. El programa de Correa se basa en tres ideas principales. La primera es la centralidad del Estado como conductor del proceso de modernización y, vinculada a ella, la idea de soberanía nacional, el antiimperialismo estadounidense (cierre de la base militar de Manta; expulsión de personal militar de la embajada de Estados Unidos; lucha agresiva contra Chevron y la destrucción ambiental que ha causado en la Amazonia) y la necesidad de mejorar la eficiencia de los servicios públicos. La segunda, “sin perjudicar a los ricos”, es decir, sin alterar el modelo de acumulación capitalista, consiste en generar con urgencia recursos que permitan llevar a cabo políticas sociales (compensatorias, en el caso de la redistribución de la renta, y potencialmente universales, en el caso de la salud, la educación y la seguridad social) y construir infraestructuras (carreteras, puertos, electricidad, etc.) con el fin de volver la sociedad más moderna y equitativa. En tercer lugar, por estar todavía subdesarrollada, la sociedad no está preparada para altos niveles de participación democrática y ciudadanía activa, que pueden resultar disfuncionales para el ritmo y la eficacia de las políticas en curso. Para que esto no ocurra, hay que invertir mucho en educación y desarrollo. Hasta entonces, el mejor ciudadano es aquel que confía en el Estado, que conoce bien cuál es su verdadero interés.

¿Este vasto programa choca o no con la Constitución de 2008, considerada una de las más progresistas y revolucionarias de América Latina? Veámoslo. La Constitución apunta a un modelo alternativo de desarrollo (e incluso a una alternativa al desarrollo) fundada en la idea de buen vivir, una idea tan nueva que sólo puede formularse correctamente en una lengua no colonial, el quechua: sumak kawsay. Esta idea presenta desdoblamientos muy interesantes: la naturaleza como ser vivo y, por tanto, limitado, sujeto y objeto de cuidado, y nunca como recurso natural inagotable (los derechos de la naturaleza); la economía y la sociedad intensamente pluralistas, orientadas por la reciprocidad, la solidaridad, la interculturalidad y la plurinacionalidad; Estado y política con un carácter altamente participativos, involucrando diferentes formas de ejercicio democrático y de control ciudadano del Estado.

Para Correa (casi) todo esto importante, pero se trata de un objetivo a largo plazo. A corto plazo, y de manera urgente, es necesario crear riqueza para redistribuir los ingresos, realizar políticas sociales e infraestructuras esenciales para el desarrollo del país. La política tiene que asumir un carácter sacrificial, dejando de lado lo que más valora para que un día pueda rescatarlo. Así, es necesario intensificar la explotación de recursos naturales (minería, petróleo, agricultura industrial) antes de que sea posible depender menos de ellos. Para ello, es preciso llevar a cabo una agresiva reforma de la educación superior y una vasta revolución científica basada en la biotecnología y la nanotecnología para crear una economía del conocimiento a medida de la riqueza de la biodiversidad del país. Todo esto sólo dará frutos (tenidos como ciertos) muchos años después.



"La revolución ciudadana" a pesar del carácter vertical de su origen y su propio proceso político, hoy tienen su apoyo, simpatía y militancia de los sectores populares. Su gran problema, como en todo América Latina, es como construimos Ciudadanía  Moderna, Participativa, Cívica  y Republicana, en pleno siglo XXI y el epicentro del neoliberalismo salvaje.
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A la luz de esto, el Parque Nacional Yasuní, tal vez el más rico en biodiversidad del mundo, tiene que ser sacrificado y la explotación petrolera realizada, a pesar de las promesas iniciales de no hacerlo, no sólo porque la comunidad internacional no colaboró en la propuesta de no explotación, sino sobre todo porque los ingresos previstos derivados de la explotación están vinculados a inversiones en curso y su financiación por países extranjeros (China) tiene como garantía la explotación petrolera. En esta línea, los pueblos indígenas que se han opuesto a la explotación son vistos como obstáculos al desarrollo, víctimas de la manipulación de dirigentes corruptos, políticos oportunistas, ONG al servicio del imperialismo o jóvenes ecologistas de clase media, ellos mismos manipulados o simplemente inconsecuentes.

La eficiencia exigida para llevar a cabo tan amplio proceso de modernización no puede verse comprometida por el disenso democrático. La participación ciudadana es bienvenida, pero sólo si es funcional y eso, de momento, sólo puede garantizarse si recibe una mayor orientación del Estado, es decir, del Gobierno. Con razón, Correa se siente víctima de los medios de comunicación que, como ocurre en otros países del continente, están al servicio del capital y la derecha. Trata de regular los medios de comunicación y la regulación propuesta tiene aspectos muy positivos, pero a la vez tensa la cuerda y polariza las posiciones de tal modo que de ahí a la demonización de la política en general hay un corto paso. Periodistas son intimidados, activistas de movimientos sociales (algunos con una larga tradición en el país) son acusados ​​de terrorismo y la consecuente criminalización de la protesta social parece cada vez más agresiva. El riesgo de transformar adversarios políticos, con los que se discute, en enemigos que es necesario eliminar, es grande. En estas condiciones, el mejor ejercicio democrático es el que permite el contacto directo de Correa con el pueblo, una democracia plebiscitaria de nuevo tipo. Al igual que Chávez, Correa es un comunicador brillante y sus habituales apariciones semanales en los programas de radio y televisión de los sábados (“sabatinas”) son un ejercicio político de gran complejidad. El contacto directo con los ciudadanos no tiene como objetivo que estos participen en las decisiones, sino más bien que las ratifiquen mediante una socialización seductora que se presenta desprovista de contradicción.

Con razón, Correa considera que las instituciones del Estado nunca han sido social o políticamente neutrales, pero es incapaz de distinguir entre neutralidad y objetividad en base a procedimientos. Por el contrario, piensa que las instituciones estatales deben involucrarse activamente en las políticas del Gobierno. Por eso es natural que el sistema judicial sea demonizado si toma alguna decisión hostil al Gobierno y celebrado como independiente en caso contrario; que la Corte Constitucional se abstenga de decidir sobre cuestiones polémicas (como en el caso de la comunidad de La Cocha en materia de justicia indígena) si las decisiones pueden perjudicar lo que se juzga el interés superior del Estado; que un dirigente del Consejo Nacional Electoral, encargado de verificar las firmas para una consulta popular sobre la no explotación de petróleo en Yasuní, promovida por el movimiento Yasunidos, se pronuncie públicamente contra la consulta antes de efectuar la verificación. La erosión de las instituciones, típica del populismo, es peligrosa sobre todo cuando estas no son fuertes desde el principio debido a los privilegios oligárquicos de siempre. Y es que cuando el líder carismático abandona la escena (como ocurrió trágicamente con Hugo Chávez), el vacío político alcanza proporciones incontrolables debido a la falta de mediaciones institucionales.

Y esto resulta aún más trágico en cuanto es cierto que Correa ve su papel histórico como la construcción del Estado-nación. En tiempos de neoliberalismo global, el objetivo es importante e incluso decisivo. No obstante, se le escapa la posibilidad de que este nuevo Estado-nación sea institucionalmente muy diferente del modelo de Estado colonial o Estado criollo y mestizo precedente. Por eso la reivindicación indígena de la plurinacionalidad, en vez de ser manejada con el cuidado que la Constitución recomienda, es demonizada como peligro para la unidad (es decir, la centralidad) del Estado. En lugar de diálogos creativos entre la nación cívica, que consensualmente es la patria de todos, y las naciones étnico-culturales, que exigen respeto por la diferencia y autonomía relativa, se fragmenta el tejido social, centrándose más en los derechos individuales que en los colectivos. Los indígenas son ciudadanos activos en construcción, pero las organizaciones indígenas independientes son corporativas y hostiles al proceso. La sociedad civil es buena siempre que no esté organizada. ¿Una insidiosa presencia neoliberal dentro del postneoliberalismo?



Es necesario, importante democratizar las instituciones fundamentales, con la finalidad de democratizar el movimiento político y la "revolución ciudadana", que real y objetivamente se fortalezca en el apoyo y "militancia" revolucionaria de la propia Ciudadanía. Hay que "abrir", ampliar, el proceso político - superando contradicciones internas - a todo el poderoso movimiento indígena y popular.
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Se trata, por tanto, del capitalismo del siglo XXI. Hablar del socialismo del siglo XXI es, por el momento, y en el mejor de los casos, un objetivo lejano. A la luz de estas características y contradicciones dinámicas que el proceso dirigido por Correa contiene, centroizquierda es quizá la mejor manera de definirlo políticamente. Tal vez el problema resida menos en el Gobierno que en el capitalismo que él promueve. Paradójicamente, parece componer una versión postneoliberal del neoliberalismo. Cada remodelación ministerial ha producido el fortalecimiento de las élites empresariales vinculadas a la derecha. ¿Será que el destino inexorable del centroizquierda es deslizarse lentamente hacia la derecha, tal y como ha sucedido con la socialdemocracia europea? Si esto ocurriese, sería una tragedia para el país y el continente. 

Correa generó una mega-expectativa, pero perversamente la manera en que pretende que no se convierta en una mega-frustración corre el riesgo de apartar a los ciudadanos, como quedó demostrado en las elecciones locales del pasado 23 de febrero, en las que el movimiento Alianza País, que lo apoya, sufrió un fuerte revés. Cuesta creer que el peor enemigo de Correa es el propio Correa. Al pensar que tiene que defender la Revolución ciudadana de ciudadanos poco esclarecidos, malintencionados, infantiles, ignorantes, fácilmente manipulables por políticos oportunistas o enemigos procedentes de la derecha, Correa corre el riesgo de querer hacer la Revolución ciudadana sin ciudadanos, o lo que es lo mismo, con ciudadanos sumisos. Los ciudadanos sumisos no luchan por aquello a lo que tienen derecho, sólo aceptan lo que les es dado. ¿Puede aún Correa rescatar la gran oportunidad histórica de llevar a cabo la Revolución ciudadana que se propuso? Pienso que sí, pero el margen de maniobra es cada vez más reducido y los verdaderos enemigos de la Revolución ciudadana parecen estar cada vez más cerca del Presidente. Para evitar esto, y en solidaridad con la Revolución ciudadana, todos debemos contribuir a impulsarla.

A tal efecto, identifico tres tareas básicas. En primer lugar, hay que democratizar la propia democracia, combinando democracia representativa con verdadera democracia participativa. La democracia que se construye únicamente desde arriba siempre corre el riesgo de convertirse en autoritarismo en relación a los de abajo. Por mucho que le cueste, Correa tendrá que sentirse suficientemente seguro de sí mismo para, en lugar de criminalizar el disenso (siempre fácil para quien tiene el poder), dialogar con los movimientos, las organizaciones sociales y con los jóvenes unidos, aunque los considere “ecologistas infantiles”. Los jóvenes son los aliados naturales de la Revolución ciudadana, de la reforma de la educación superior y de la política científica, si esta se lleva a cabo con sensatez. Alienar a los jóvenes parece un suicidio político.

En segundo lugar, hay que desmercantilizar la vida social, no sólo a través de políticas sociales, sino también a través de la promoción de economías no capitalistas, campesinas, indígenas, urbanas, asociativas. Ciertamente, no está en consonancia con el buen vivir entregar bonos a las clases populares para que se envenenen con la comida basura que inunda los centros comerciales. La transición al post-extractivismo se hace con cierto post-extractivismo y no con la intensificación del extractivismo. El capitalismo, abandonado a sí mismo, sólo conduce a más capitalismo, por trágicas que sean las consecuencias.

En tercer lugar, hay que compatibilizar la eficiencia de los servicios públicos con su democratización y descolonización. En una sociedad tan heterogénea como la ecuatoriana, hay que reconocer que el Estado, para ser legítimo y eficaz, tiene que ser un Estado heterogéneo, conviviendo con la interculturalidad y, de manera gradual, con la propia plurinacionalidad, siempre en el marco de la unidad del Estado garantizada por la Constitución. La patria es de todos, pero no tiene que ser de todos de la misma manera. Las sociedades que fueron colonizadas todavía hoy están divididas en dos grupos de poblaciones: los que no pueden olvidar y los que no quieren recordar. Los que no pueden olvidar son aquellos que tuvieron que construir como suya la patria que comenzó siéndoles impuesta por extranjeros; los que no quieren recordar son aquellos a los que les cuesta reconocer que la patria de todos tiene en sus raíces una injusticia histórica que está lejos de ser eliminada y que es trabajo de todos eliminarla gradualmente.

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* Traducción de Antoni Aguiló.


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martes, 27 de mayo de 2014

POR QUÉ NO AL TRATADO ESTADOS UNIDOS – UNIÓN EUROPEA.

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“El TTIP, también conocido como Acuerdo Trasatlántico de Libre Comercio (TAFTA, por sus siglas en inglés), tiene su origen en la oscura tradición de los acuerdos multilaterales para la progresiva liberalización del comercio mundial que promueve la Organización Mundial del Comercio (OMC) a partir de su constitución formal a mediados de los 80 del siglo pasado, y, como su nombre apunta, representa la culminación de la liberalización del comercio y la inversión a ambos lados del Atlántico, la “carta blanca” a las corporaciones transnacionales que cada vez más gobiernan el mundo sin ambages.  El inicio de las negociaciones del TTIP data de Febrero de 2013, cuando Obama y los líderes de la UE se comprometieron en ellas como estrategia de defensa en un intento de recuperar la hegemonía Occidental seriamente amenazada y desplazada ante el avance de las economías emergentes de los BRICS (Brasil-Rusia-India-China-Sudáfrica), y las élites políticas y corporativas tienen la intención de culminarlas a finales de 2014”.

“Más allá de la eliminación de los aranceles y la apertura recíproca de los mercados a los inversores de cada parte del Atlántico, las negociaciones del TTIP se están centrando en eliminar lo que en realidad se interpone más profundamente en el camino hacia los beneficios corporativos, las mismas regulaciones que protegen a los trabajadores, a los consumidores, y al medioambiente. Con tal objetivo, la UE y EEUU quieren “armonizar” sus estándares y normas, “armonización” que solo puede ser a la baja dado el objetivo de profundizar en la liberalización del comercio y la inversión, lo que equivale a una reducción y degradación de las normas sociales y medioambientales a favor de los intereses de las corporaciones para que puedan mover libremente su capital, bienes y trabajo. Además, el acuerdo también busca crear nuevos mercados abriendo el sector de los servicios públicos y la adjudicación de contratos por parte de la administración a las corporaciones transnacionales, lo que amenaza con provocar más olas de privatizaciones en sectores clave como la sanidad y la educación. En tal sentido, por ejemplo, funcionarios del gobierno del Reino Unido han reconocido que una de las tres prioridades del TTIP es “completar el mercado único” dentro de la UE, en concreto abriendo el sector de los servicios públicos y su contratación a empresas privadas de otros Estados miembros”.

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La suscripción de un Tratado Estados Unidos y la Unión Europea de libre comercio e inversiones, (TAFTA, por sus siglas en inglés), por parte de las mayores potencias comerciales, de inversiones, etc., del mundo, que abarcará rebajas aduaneras y sobretodo unos cambios en las normas regulatorias que influirán decisivamente en el ámbito de la producción y prestación de bienes y servicios, afectando a sus calidades, reglas de emisión de contaminación, a las inversiones, derechos de propiedad, capacidad legislativa de los estados y otros muchos etcéteras, que no tengan un escrutinio y participación pública lo más extensa posible. Este Tratado por su envergadura y sus resultados provocará, sin ninguna duda, alineamientos de normas productivas e inversiones a escala mundial.

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POR QUÉ NO AL TRATADO ESTADOS UNIDOS – UNIÓN EUROPEA.
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Santiago González Vallejo - Omal

Lunes, 26 de Mayo de 2014 09:50

En resumen del por qué no, ese Tratado favorece una globalización de menos derechos laborales y sociales. Favorece a las grandes corporaciones y personas propietarias. No busca una armonización al alza de derechos y regulaciones ambientales.

Seis razones por las que el tratado Estados Unidos-Unión Europea solo beneficia a las patronales y corporaciones.

Primero, por las formas. No es de recibo en sociedades democráticas que un asunto de este calibre, la suscripción de un Tratado Estados Unidos y la Unión Europea de libre comercio e inversiones, por parte de las mayores potencias comerciales, de inversiones, etc., del mundo, que abarcará rebajas aduaneras y sobretodo unos cambios en las normas regulatorias que influirán decisivamente en el ámbito de la producción y prestación de bienes y servicios, afectando a sus calidades, reglas de emisión de contaminación, a las inversiones, derechos de propiedad, capacidad legislativa de los estados y otros muchos etcéteras, que no tengan un escrutinio y participación pública lo más extensa posible. Este Tratado por su envergadura y sus resultados provocará, sin ninguna duda, alineamientos de normas productivas e inversiones a escala mundial.

Los negociadores, no puramente tecnócratas, están rodeados de más de 600 lobbys de las diferentes corporaciones multinacionales y patronales. Los documentos y negociaciones son opacos y secretos para el común. No se ha dejado participar a los sindicatos y a otros grupos de la sociedad civil. Incluso, en algún caso extremo, los goteos de información interesados, se hacen exclusivamente a empresarios previamente seleccionados.

Después de las negociaciones, por supuesto, habrá la posibilidad de hablar. Ya los diferentes ‘gobiernos’, las patronales y corporaciones habrán decidido. Y eso no se puede consentir. Y no basta que después de la cuarta ronda de negociaciones la Unión Europea haga una encuesta.

Segundo, por razones de estricta libertad laboral y para evitar la degradación de las normas laborales y sociales, evitando el dumping social y por apoyo al trabajo digno. Efectivamente, cuando los sindicatos en las reuniones de la Organización Mundial de Comercio mostrábamos nuestras reticencias a que fuera sólo el precio de las mercancías el único patrón de medida de las mismas, ya señalábamos los peligros de incentivar un comercio basado en las desiguales condiciones de trabajo y las normas sociales porque provocaban un dumping social y erosionaban la base sociolaboral de aquellas economías con mejores estándares.

Pues bien, Estados Unidos es un campeón de los incumplimientos de las normas laborales. Mayor que, por ejemplo, Colombia. No ha ratificado 6 de las 8 principales convenciones de la OIT, entre ellas las que conciernen a la libertad sindical (nº 87) y a la negociación colectiva (nº 98). Sólo ha ratificado 14 de los 189 actuales convenios. Por el contrario, todos los países de la Unión Europea han ratificado los 8 convenios fundamentales, y en el caso de España, por ejemplo, se han ratificado 133 de los 189 vigentes.

Hay ejemplos continuos en Estados Unidos de restricciones a la libertad sindical y de escasez de negociación colectiva. Constatamos que hay una falta de vacaciones remuneradas, asistencia sanitaria y prestaciones previsionales universales. Si estamos en tiempos de crisis y golpes a los trabajadores europeos, los trabajadores estadounidenses tienen un brazo atado a la espalda.

Tercero. Europa se ha dotado de unos compromisos relevantes de reducción de emisiones de CO2 y otros contaminantes. Esto significa una adaptación industrial y normas de producción y calidades de los productos con los costes iniciales que eso supone. Pero tomar medidas contra el cambio climático es una cosa de todos. Si Arcelor-Mittal, General Motors, u otro industrial deslocalizan la producción europea, para realizarla en otro país con normas ambientales laxas, no se conseguirá que se luche contra el cambio climático eficazmente y se producirá un perjuicio para la economía europea. Por lo que sabemos, parece que las intenciones de ese Tratado son invalidar las normas más rigurosas y fortalecer la falta de normas o dejarlas más laxas

Cuarto. Esa erosión calculada de las normas más rigurosas, sean europeas –las más- o estadounidenses –las menos-, en lo que respecta al medioambiente, que parece pretenderse de estas negociaciones opacas del Tratado, se repite en asuntos fitosanitarios, alimentación, el comercio de servicios públicos, etc.

Quinto. La competencia vía precios de las mercancías y la búsqueda incesante de localización productiva e inversiones trae, si no hay más criterios, una competencia fiscal a la baja. Se podría producir una continua disminución de los ingresos fiscales, sobretodo de los impuestos sobre el capital, un traslado bascular parcial a los impuestos indirectos y a una menor presión fiscal, donde la falta de un impuesto sobre las transacciones financieros y la elusión fiscal propician el olvido, en la agenda política de los negociadores, de los paraísos fiscales. Estados Unidos, donde sus corporaciones como Amazon, Google,…eluden los impuestos con el beneplácito de su Gobierno, tiene una presión fiscal del 24 por ciento significativamente menor que la de los países de la Unión Europea, incluyendo a Irlanda, Holanda, Luxemburgo, Austria o España donde también se hacen pinitos para que sus grandes empresas y personas multimillonarias dejen de pagar impuestos.

Sexto. El capítulo dedicado a la protección de las inversiones (o corporaciones), sus normas de arbitraje, por lo que sabemos, deja en preeminencia a éstas sobre la capacidad legislativa. Y de la democracia. Parece basarse más en una ‘democracia’ censitaria exclusivo de las multinacionales.

En resumen del por qué no, ese Tratado favorece una globalización de menos derechos laborales y sociales. Favorece a las grandes corporaciones y personas propietarias. No busca una armonización al alza de derechos y regulaciones ambientales. ¿Se imaginan un tratado de discusión pública al servicio de la ciudadanía y cuya prioridad fuera la protección social por encima de los intereses económicos? Quizá lo único coherente es la opacidad de los negociadores y los gobiernos que no quieren desvelar a quien sirven.

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lunes, 26 de mayo de 2014

EL CAPITAL, LAS ESTRATEGIAS DE DESARROLLO LOCAL Y LAS ONG. Una reflexión crítica de interrelaciones.

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Es posible identificar tres razones generales porque las estrategias de desarrollo local podrían ser consideradas como las más adecuadas para los intereses del capital, además de la pertinencia de las estrategias de desarrollo en general para el capital como se ha descrito en la sección anterior. En primer lugar, estas estrategias no cuestionan el sistema. Están permitidas y controladas por el estado. En realidad, como reproducen las estructuras sociales y económicas “externas” y, en cierto modo, agrandan el mercado interno (local), las estrategias de desarrollo local sostienen, difunden y profundizan la ideología capitalista en la sociedad.

En segundo lugar, las estrategias de desarrollo local no toman en cuenta las existentes estructuras de clase dentro de las comunidades. Como Veltmeyer (2003: 44) sostiene, las comunidades no sólo están divididas en clases, pero con frecuencia están sumergidas en conflictos de clase. Aunque, como era de esperar, esto hace la implementación de estas estrategias bastante difíciles porque ningún proyecto es capaz de incluir o representar a toda la población o comunidad, esto no es de ninguna preocupación como las estrategias de desarrollo local tienen el objetivo de ocultar y distraer la atención de estas estructuras de clase.

En tercer lugar, las estrategias que apuntan al desarrollo local están condicionadas y limitadas por las estructuras externas y los intereses nacionales e internacionales, muchas veces plasmados en los tratados bilaterales de libre comercio y acuerdos de cooperación firmados con el FMI, el BM y la OMC. A medida que estas estructuras son consideradas como dadas y no pueden ser cambiadas y retadas, las estrategias de desarrollo local contribuyen a la desmovilización de la población contra la invasión “extranjera” de sus territorios. En el contexto de la creciente presencia de las industrias extractivas en las zonas de las comunidades indígenas, estas estrategias tienen el objetivo de moldear la aceptación de esta población ante el ataque a sus hábitats y medios de subsistencia mediante la introducción de proyectos que podrían proporcionar fuentes alternativas de generación de ingresos.
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“Las iniciativas de desarrollo local toman fuerza en la década de los años ochenta del siglo pasado, con el agotamiento del modelo fordista de desarrollo que, para esa época, no se ajustaba a las exigencias del desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas. El progreso tecnológico de esa etapa planteaba la necesidad de buscar formas productivas mucho más flexibles y eficientes que garantizaran mayor calidad de las producciones, a tenor de las nuevas exigencias de la demanda mundial. Según la teoría del desarrollo económico local, resultaba extremadamente difícil lograr lo antes expuesto en los marcos del modelo de producción fordista. Comienza a tomar fuerza la idea de que esa reestructuración tecnológica y organizativa, ese ajuste productivo mucho más flexible, es de hecho más factible en el ámbito del territorio local, el potenciar los recursos de carácter endógeno”.
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EL CAPITAL, LAS ESTRATEGIAS DE DESARROLLO LOCAL Y LAS ONG.

Una reflexión crítica de interrelaciones.
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Jan Lust.

Rebelión lunes 26 de mayo del 2014.

Resumen: El objetivo del proyecto capitalista de desarrollo es facilitar y contribuir a la expansión de la acumulación de capital. Las estrategias de desarrollo local tienden a desmovilizar la población, a desviar la atención de los pobres de las estructuras de poder político y económico reales y asegurar los pilares locales del sistema capitalista global. Las ONG, que son financiadas por las agencias de cooperación internacional para el desarrollo, son las transmisoras adecuadas de estas estrategias y podrían ser consideradas como las bases locales del imperialismo.

 Introducción.

Desde hace unos sesenta años los teóricos del desarrollo están discutiendo el problema del “subdesarrollo” y las cuestiones relacionadas con la misma en lo que se ha denominado como el Tercer Mundo. Hasta la fecha, no han sido capaces de encontrar e introducir soluciones duraderas al problema de “subdesarrollo”.

Las estrategias que han sido implementadas para hacer frente a la cuestión del “subdesarrollo” tomaron, y toman aún, las restricciones del modo capitalista de producción y distribución como algo dado. De hecho, aunque los teóricos del desarrollo que elaboraron sus estrategias en las décadas de los años 50 y 60 del siglo pasado, criticaron las estructuras externas e internas que hicieron el “progreso” muy difícil y elaboraron propuestas que apuntaron a un cambio de estas estructuras; sin embargo, estas proposiciones fueron confinadas dentro del marco general capitalista. Se podría argumentar que estos teóricos estaban más preocupados por la expansión del sistema capitalista y la mejora de su funcionamiento que por las causas fundamentales del “subdesarrollo” en sí.

En la actualidad, las estrategias de desarrollo no cuestionan las causas del “subdesarrollo”, al igual que los teóricos de desarrollo de los años 50 y 60. Todo esto es comprensible, ya que la correlación de fuerzas de clase al nivel internacional favorece las clases dominantes y estos no están interesados ​​en erradicar las raíces de “subdesarrollo”. Incluso podría decirse que todas las estrategias de desarrollo que no rompen las restricciones del modo de producción capitalista se oponen a los intereses (históricos) de las clases dominadas, ya que tratan de desviar la atención de las clases populares del proceso hacia la creación de una sociedad basada en los principios socialistas.


En este artículo se discute la relación entre el proyecto capitalista de desarrollo, las estrategias de desarrollo local y el papel de las organizaciones No-gubernamentales (ONG) financiadas internacionalmente. Intentamos mostrar que las estrategias de desarrollo local, como parte del proyecto capitalista de desarrollo general, son las más apropiadas para mantener la base de la acumulación de capital. Las iniciativas de desarrollo local financiadas por las agencias de cooperación internacional para el desarrollo y ejecutados por las ONG podrían, incluso, ser consideradas como reaccionarias, ya que encierran a la población en sus comunidades y parecen tener la intención de desviarla de la lucha contra las causas reales de la explotación, la opresión y la miseria. 



"Empoderamiento de las Mujeres".- En las últimas décadas, muchas organizaciones volcadas en la lucha contra la pobreza se han enfocado en  la importancia de empoderar a las mujeres. Un proceso que ha sido llamado empoderamiento y definido según la Real Academia Española como el proceso de “hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido”. Pero ¿A caso, de qué se trata cuando hablamos de empoderar a las mujeres en África? ¿Qué aplicabilidad tiene en sociedades donde las funciones de la mujer suelen estar todavía muy confinadas a la esfera doméstica, privando la mayoría de ellas al control y/o a la propiedad de la tierra? Recordemos que la tierra es todavía el mayor recurso sobre el cual un 80% de las mujeres de África suelen trabajar, y la principal fuente de subsistencia alimentaria. Sin embargo,  muy pocas mujeres tienen derechos sobre la tierra – tal como lo ilustra la siguiente infografía.
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El proyecto capitalista de desarrollo y la transformación social de la sociedad.

El proyecto de desarrollo que surgió a finales de los años 40 ─el Programa de Cuatro Puntos lanzado en 1949 por el ex presidente de los Estados Unidos, Harry Truman─ estaba destinado a mantener a los países recientemente descolonizados en el “mundo libre” de la explotación capitalista y la opresión. Durante el paso del tiempo, este proyecto no ha cambiado su objetivo esencial, es decir, facilitar y crear bases para la expansión de la acumulación de capital por parte de las empresas del “Norte”.

El modo de producción capitalista se basa en la propiedad privada de los medios de producción. Sobre la base de esta propiedad, el capitalista individual es capaz de extraer plusvalía de los productores directos y transformarla en capital con el fin de sobrevivir en la “batalla” con otros capitalistas y para expandir su producción. Esta relación de explotación muestra que los explotadores (capitalistas) no solo necesitan a los explotados (los productores) para su propia supervivencia como capitalistas, sino también deben mantener (reproducir) esta relación para sobrevivir como clase. Una transformación social de la sociedad implicaría la transferencia de los medios de producción en manos de la sociedad a través de un proceso de nacionalización y socialización y, por tanto, la eliminación política y económica, como clase, de los dueños de los medios de producción. Los programas de desarrollo descartan esta posibilidad o, más bien, intentan aumentar la base económica, social e ideológica del modo de producción capitalista.

El Estado, en la sociedad capitalista, es un colectivo de todos los organismos institucionales que sirven al propósito del capital colectivo. Su tarea principal es la de mantener las condiciones generales para la reproducción del modo de producción capitalista. Sin embargo, los proyectos de desarrollo incluyen, en muchas ocasiones, organismos del Estado como socios y no los consideran como enemigo de clase. Una transformación social de la sociedad apunta a la destrucción del estado capitalista y de una democratización profunda de la sociedad.  

La globalización neoliberal es la forma institucionalizada, al nivel mundial, de la explotación y la opresión por parte del centro capitalista. Bajo el liderazgo de los Estados Unidos, la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) sirven a los intereses de las corporaciones transnacionales. Los proyectos de desarrollo financiados por instituciones internacionales no tienen el objetivo de superar las causas fundamentales del “subdesarrollo”, sino “para allanar el camino para el capital, para crear las condiciones necesarias para el desarrollo económico y social”. (Petras y Veltmeyer, 2011:105).

Las relaciones entre el centro y la periferia podrían definirse en términos políticos, económicos y militares como dominación y dependencia. Estas relaciones son, sin embargo, no lineales y estáticas, sino dinámicas y cambian con el tiempo (Petras y Veltmeyer, 2011: 105). Aunque los capitalistas del “Norte” y del “Sur” tienen conflictos de intereses económicos y pueden tener objetivos políticos opuestos, sin embargo, estos conflictos se desvanecen cuando el propio sistema está cuestionado o está en peligro. Es precisamente por estas razones que los proyectos de desarrollo financiados internacionalmente tienen la intención de:

1) ayudar a mantener la estabilidad política que podría verse afectada por la rebelión de las masas empobrecidas y hambrientas,

2) encerrar a la población en proyectos de pequeña escala como un medio para mistificar las estructuras que yacía en el fondo de su situación socio-económica particular, y


3) el desarrollo de los pequeños mercados locales como mecanismos para la generación de ingresos y para la difusión de la ideología capitalista. Una sociedad en camino a la transformación social rompe las cadenas con el centro capitalista, levanta su población de la miseria y la convierte en objeto y sujeto de su propio desarrollo. 


Grave error, demasiado radicalismo, o falta de visualización política sobre lo que realmente constituyen y representan las ONG en una sociedad de clases: Simplemente las ONG - con el fin de trabajar con profesionales progresistas, demócratas o incluso de izquierda - consideramos con suficiente claridad y apertura democrática que las ONG, son "parte muy pequeña o reducida" de la Sociedad Civil. Toman y adquieren cierto prestigio y nivel, allí  donde las organizaciones sociales, sindicales y políticas han sido liquidadas o destruidas por las dictaduras. En cambio, una mirada profunda, dialéctica, en regímenes democráticos, su papel es muy limitado, porque es el Poder Local Popular - emergente, plural, democrático - los nuevos Liderazgos comunitarios y la Nueva Ciudadanía Intercultural, la base principal, central, fundamental que fragua el nuevo proceso, y representa la Sociedad Civil, Real, como escenario de escenarios de las clases y la lucha de clases".
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Estrategias de desarrollo local: sus limitaciones y su idoneidad para el capital.

La elaboración y la implementación de las estrategias de desarrollo local están recibiendo cada vez mayor atención. La resistencia contra las políticas neoliberales impuestas por Washington formó exactamente una de las principales razones para la implementación de nuevas estrategias de desarrollo. Las estrategias que apuntaron a la participación de los pobres en la elaboración y ejecución de proyectos de desarrollo (“empoderamiento”) y que podrían ser convertidas en pilares locales del sistema capitalista en general fueron consideradas como las más apropiadas.

El “empoderamiento” de los pobres, es decir, dar a los pobres la capacidad de toma de decisiones sobre cuestiones relacionadas a los proyectos de desarrollo local, no es más que una construcción ideológica ya que las clases dominantes no son dispuestas a transferir o compartir su poder real. Dado que estos proyectos se limitan a pequeñas comunidades y no son una amenaza para las estructuras que causan su pobreza, el “empoderamiento” de los pobres es ilusorio. Además, al dar a los pobres la administración y la responsabilidad sobre su “propio desarrollo”, distrae su atención a las estructuras de poder político y económico real y restringe sus actividades al entorno local (Veltmeyer, 2011: 188). El “empoderamiento” sirve al objetivo de mantener a los pobres lejos de los movimientos sociales que cuestionan las estructuras de explotación y opresión de la sociedad.

Es posible identificar tres razones generales porque las estrategias de desarrollo local podrían ser consideradas como las más adecuadas para los intereses del capital, además de la pertinencia de las estrategias de desarrollo en general para el capital como se ha descrito en la sección anterior. En primer lugar, estas estrategias no cuestionan el sistema. Están permitidas y controladas por el estado. En realidad, como reproducen las estructuras sociales y económicas “externas” y, en cierto modo, agrandan el mercado interno (local), las estrategias de desarrollo local sostienen, difunden y profundizan la ideología capitalista en la sociedad.

En segundo lugar, las estrategias de desarrollo local no toman en cuenta las existentes estructuras de clase dentro de las comunidades. Como Veltmeyer (2003: 44) sostiene, las comunidades no sólo están divididas en clases, pero con frecuencia están sumergidas en conflictos de clase. Aunque, como era de esperar, esto hace la implementación de estas estrategias bastante difíciles porque ningún proyecto es capaz de incluir o representar a toda la población o comunidad, esto no es de ninguna preocupación como las estrategias de desarrollo local tienen el objetivo de ocultar y distraer la atención de estas estructuras de clase.

En tercer lugar, las estrategias que apuntan al desarrollo local están condicionadas y limitadas por las estructuras externas y los intereses nacionales e internacionales, muchas veces plasmados en los tratados bilaterales de libre comercio y acuerdos de cooperación firmados con el FMI, el BM y la OMC. A medida que estas estructuras son consideradas como dadas y no pueden ser cambiadas y retadas, las estrategias de desarrollo local contribuyen a la desmovilización de la población contra la invasión “extranjera” de sus territorios. En el contexto de la creciente presencia de las industrias extractivas en las zonas de las comunidades indígenas, estas estrategias tienen el objetivo de moldear la aceptación de esta población ante el ataque a sus hábitats y medios de subsistencia mediante la introducción de proyectos que podrían proporcionar fuentes alternativas de generación de ingresos.

Las agencias que promueven las estrategias de desarrollo local tienen sus oficinas en los centros imperialistas. Aquellos que con frecuencia ponen en práctica estas estrategias, tienen sus bases en los países que son objeto de estas estrategias. A estos organismos nos dirigimos en la siguiente sección.
Organizaciones No-Gubernamentales: transmisores del proyecto capitalista de desarrollo.

Las estrategias de desarrollo local han sido, frecuentemente, elaboradas y ejecutadas por las ONG. [1] No ponemos en duda los objetivos, a menudo bien intencionados, de personas que trabajan para estas organizaciones. Sin embargo, esto no nos puede retener de un análisis crítico del significado político de las ONG y su función para el capital.

Las ONG están, en muchos casos, financiadas por las agencias internacionales de cooperación para el desarrollo. [2] Estas agencias fueron creadas para facilitar y contribuir a la expansión de la acumulación de capital por parte de las corporaciones del “Norte”. Las ONG tienen la tarea de introducir una retórica colaboracionista de clase. Destacan los proyectos y no los movimientos, y se centran en los aspectos financieros -técnicos de la ayuda de los proyectos en vez en las condiciones estructurales que moldean la vida de la gente todos los días (Petras y Veltmeyer , 2003: 169, 172).

Las ONG no solo son directa e indirectamente funcionales para el capital, sino también su existencia se ajusta perfectamente dentro de la ola de la globalización neoliberal que atormentaba a los llamados países en desarrollo en los años 80 y 90. Como “pertenecen” a lo que se ha denominado la sociedad civil, convenía increíblemente bien a la agenda neoliberal. El retiro del Estado de su “función de desarrollo” en la década de los 80 permitió a estas organizaciones hacerse cargo, en cooperación con el Estado (Petras, 2011: 94), de algunas de sus funciones sociales claves. Además, al pasar estas funciones a la “sociedad civil”, las clases dominantes lograron dirigir la atención de las masas empobrecidas a sí mismas en lugar de las estructuras opresoras que causan su miseria.

Las agencias de cooperación internacional para el desarrollo, y en particular las ONG financiadas por estas agencias, podrían ser consideradas como las suaves manos reaccionarias del capital como su función política es contribuir a evitar todos los caminos posibles hacia un sistema en el cual los seres humanos sean las fuerzas impulsoras de desarrollo de la sociedad en lugar de los intereses y necesidades del capital (transnacional). Estas ONG están creadas para hacer la práctica de la explotación y la opresión menos cruel y políticamente aceptable para la población, los encierran a alternativas de desarrollo local que no forman ninguna amenaza para la burguesía local y mistifican y desvían el descontento con respecto a las estructuras de poder de las corporaciones con el fin de evitar el análisis de clase del imperialismo y la explotación capitalista (Petras y Veltmeyer, 2003: 166).


Afirmaba Pierre Bourdieu que a la teología neoliberal, al fin y al cabo una forma de fundamentalismo utópico, hay que oponer lo que Ernst Bloch denominaba «utopía reflexiva». Ante todo, esta postura exige una toma de conciencia de las posibilidades reales de la sociedad que se pretende transformar. Requiere también rechazar el fatalismo que confía en que las contradicciones del mundo bastan por sí mismas para cambiarlo. E implica igualmente repudiar el «activismo por el activismo, puro voluntarismo basado en un exceso de optimismo». Ponerse al servicio de este «utopismo racional», huyendo de toda claudicación ante la hegemonía conservadora e investigando, con los aperos de las ciencias sociales, lo que las sociedades pueden ir dando de sí para su evolución en sentido anticapitalista, tales habrían de ser, según Bourdieu, los deberes del intelectual crítico.
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Conclusiones: transformación social en vez de desarrollo.

Las estrategias de desarrollo local que se implementan dentro de una sociedad capitalista sirven, esencialmente, a los intereses de las clases dominantes, ya que estas estrategias no apuntan a una transformación social, sino más bien tratan de ampliar y profundizar las bases para la acumulación del capital. En las sociedades capitalistas que apuntan, en cierto modo, a la transformación social, como es actualmente en Venezuela y Bolivia, consideramos, sin embargo, las estrategias locales de desarrollo cruciales para la continuación, profundización y aseguramiento de este proceso, ya que podría aumentar sus bases de apoyo en la sociedad.

La idoneidad de las estrategias de desarrollo local para el capital no nos lleva a rechazar estas estrategias ya que consideramos que estas son importantes no sólo para la reducción de la pobreza, sino también podrían ser utilizadas por las fuerzas revolucionarias para elevar la conciencia de clase de la población cuando ellos vinculan la “problemática local” con el sistema social; cuando son capaces de conectar cuestiones locales con temas nacionales e internacionales y estructuras de poder.

La lucha para la transformación social al nivel local no debe conducir a las fuerzas revolucionarias a tratar de convertir a las ONG que son financiadas por las agencias imperialistas de apoyo en catalizadores de un proceso revolucionario hacia el socialismo. Las iniciativas que apuntan a este objetivo estarán, indudablemente, sujetas a la corrupción y provocan un debilitamiento general de las fuerzas para la transformación social. La obra política e ideológica devastadora de estas ONG ha de ser combatida creando estructuras locales independientes para la transformación social y desarrollar y promover alternativas concretas revolucionarias. [3]

Una estrategia que apunta a la transformación social de la sociedad necesariamente, tiene que estar basada en la conciencia social de la población y su situación socio- económica, ya que es la única manera de conectar el proyecto de transformación social a la realidad de las masas y conquistar su conciencia. La necesidad de cambio comienza con la conciencia de que esto es posible.

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Bibliografía

Petras, James (2011), “Globalización, imperialismo y desarrollo”, en Henry Veltmeyer (coord.), Herramientas para el cambio: Manual para los estudios críticos del desarrollo, La Paz, Plural editores.

Petras, James & Henry Veltmeyer (2011), “Rethinking imperialist theory and US imperialism in Latin America”, en HAOL, no. 26.

Petras, James & Henry Veltmeyer (2003), La globalización desenmascarada. El imperialismo en el siglo XXI, México D.F., Miguel Ángel Porrúa, UAZ.
Veltmeyer, Henry (2011), “Capital social y desarrollo local”, en Henry Veltmeyer (coord.), Herramientas para el cambio: Manual para los estudios críticos del desarrollo, La Paz, Plural editores.

Veltmeyer, Henry (2003), “La dinámica de la comunidad y las clases sociales”, en Henry Veltmeyer & Anthony O’ Malley (coords.), En contra del neoliberalismo. El desarrollo basado en la comunidad en América Latina, México, Miguel Ángel Porrua, UAZ.

Notas

[1] Con el fin de ser absolutamente claro acerca de este asunto, nos gustaría hacer hincapié en la palabra “frecuentemente”. Las ONG no son las únicas agencias que elaboran e implementan estrategias de desarrollo local. Va más allá del propósito de este artículo para identificar los otros actores.

[2] En lo que sigue, nos referimos específicamente a las ONG que son financiadas por las agencias internacionales de cooperación para el desarrollo. Somos conscientes de la existencia de ONG que no se ubican en la categoría de “transmisores del proyecto capitalista de desarrollo” y tampoco están financiadas por estas agencias.

[3] Cuando se habla sobre la construcción de las estructuras locales de transformación social, no nos referimos a la creación de estructuras de poder dual, sino más bien a las bases políticas y sociales a nivel local.

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