miércoles, 30 de abril de 2014

MIGRACIONES Y MIGRANTES: UNA MIRADA CRÍTICA.

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La migración es un proceso histórico, de carácter económico, social, cultural, político y en general la gente o las familias o pueblos enteros migran hoy por razones múltiples, que van desde la pobreza extrema, la desocupación, la sub-ocupación, la informalidad, como también por razones de educación, salud, vivienda, trabajo de las familias. Hoy también pueblos enteros migran de un país a otro e incluso intercontinentales por causa de carácter cultural – guerra interna, xenofobia, racismo, etc. – o pueblos que migran por o son expulsados de sus territorios por problemas originados por la guerra entre Etnias diferentes, o en bandos político-sociales enfrentados en relación al gobierno – gana uno y persigue al opositor. Por lo general estas son las causas principales de la migración interna, continental e incluso transcontinental que obliga hoy a  millones de seres humanos a abandonar su país y que al final las Naciones Unidas deben velar por su seguridad y en defensa de la vida.

Pero hoy producto de la crisis estructural del sistema capitalista – la Poli-crisis sistémica, en la era de la transnacionalización de los monopolios imperialistas, la crisis del modelo financiero especulativo de la economía de casino o la globalización neoliberal – se presenta otro tipo de migraciones. La salida de millones de seres humanos – jóvenes profesionales, trabajadores o el retorno de millones de ciudadanos de las mega-ciudades a sus antiguos países de origen.  La migración de miles de ciudadanos de la Unión Europea – por causas de la crisis estructural del sistema y la políticas de austeridad, ajuste y reajuste de carácter criminal que aplica la Troika – el gobierno financiero-político del FMI, la CE.U.E y el B.C.E – ha originado – y continua que el mayor problema hoy es el desempleo y pobreza extrema de millones de ciudadanos, realidad hiriente y cruel que está originando que millones se dirijan a los países de Economías emergentes - América latina, - China, India, Australia, Taiwán, Tailandia, Singapur, Corea del Sur , etc. La corrupción, el fracaso de las élites político-financieras en los gobiernos, la inseguridad ciudadana, la economía criminal – y su vasta ramificación – sumado todo al final dan lugar hoy a la globalización de la desigualdad económico-social, la mundialización de la indiferencia, el caos y al violencia, generan migración y también destruyen migración cuando es ilegal.


La juventud en millones de los países en "desarrollo" (tercer mundo) migran por razones de trabajo, como hoy lo hacen millones de los países desarrollados capitalistas hacia el "tercer mundo". La mundialización del desempleo es una de las consecuencias dramáticas, violentas e inhumanas de la crisis estructural del sistema capitalista.
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Obviamente existe en el escenario mundial, en su múltiple complejidad un fenómeno económico-social, cultural y político – centro de llegada final de la mega ciudad o la Ciudad-Global del siglo XXI -  donde millones de población agraria – campesinos, agricultores – pequeños y medianos – sean expulsados violentamente – parecido a los orígenes del capitalismo del siglo XVII y XVIII – son expulsados por razones de ocupación de sus tierras – la vuelta de la re-feudalización – o  la explotación de los recursos naturales de sus territorios – materias primas, biodiversidad – agua, energía, tierras – y Conocimientos Ancestrales por la gran inversión del capital corporativo global – el nuevo proceso del capitalismo de la desposesión y el Consenso de los Commodities -. Estas son algunas de las razones, causas que hoy generan las migraciones internas, en el propio país; las migraciones sur-norte – de los países del Tercer Mundo – hoy “países en desarrollo” – hacia los países desarrollados. Estados Unidos, Europa, Japón, etc. y hoy también la migración sur-sur. (migración de poblaciones de países en crisis o menor desarrollo hacia los países de mayor crecimiento macro-económico – Algunos desarrollados- Ejm. Población migrante del Perú hacia Chile y Argentina; población migrante de Bolivia hacia Argentina o población de Venezuela, Perú, Bolivia hacia Brasil.
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En las ciudades del Tercer Mundo - hoy países "en desarrollo" -ciudades centralizadas, como también ciudades intermedias - fracasadas en su desarrollo por el centralismo dominante y asfixiante - cuántos niños asisten al Colegio y si hay condiciones de parte del Estado en relación a una buena educación de calidad, asistencia en salud y respeto de sus derechos sociales.
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MIGRACIONES Y MIGRANTES: UNA MIRADA CRÍTICA.
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Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info).

Martes 29 de abril del 2014.

Las migraciones humanas son un fenómeno tan viejo como la Humanidad misma. De acuerdo a las hipótesis antropológicas más consistentes se estima que el primer ser humano, el Homo habilis, hizo su aparición en un punto determinado del planeta (el centro de África) y de ahí migró por toda la faz del globo. De hecho el ser humano es el único ser viviente que ha migrado y se ha adaptado a todos los rincones del mundo, cosa que ningún otro ser vivo, animal o vegetal, ha podido hacer.

Las migraciones no constituyen una novedad en la historia; siempre las ha habido, y generalmente han funcionado como un elemento dinamizador del desarrollo social. Hoy día, sin embargo, y desde hace varios años con una intensidad creciente, se plantean como un “problema”. Pero… ¿problema para quién?

La gente ha migrado históricamente de un sitio a otro:
a) forzada por las circunstancias algunas veces, y
b) voluntariamente otras, casi como aventura personal.

En este último caso la población migrante buscó nuevos horizontes simplemente movida por el humano afán de conocer cosas nuevas, del descubrimiento. Las primeras, las migraciones forzosas, se han debido a diversas causas, pero en general puede afirmarse que aparecen ligadas a contingencias naturales: catástrofes, hambrunas, empeoramiento en las condiciones de habitabilidad de una región. Sólo recientemente el fenómeno ha adquirido una dimensión masiva de proporciones antes nunca vistas, apareciendo motivado por razones de orden puramente social: guerras, discriminaciones, persecuciones, pero más aún, y fundamentalmente: pobreza. Sólo en la segunda mitad del siglo XX puede decirse que empieza a constituirse en un verdadero problema, perdiendo definitivamente su carácter de factor de progreso, de aventura positiva. Hoy por hoy, 3.000 personas diariamente huyen de la pobreza de los países del Sur buscando oportunidades en el Norte próspero y desarrollado.

La forma que ha adquirido el desarrollo actual del sistema-mundo centrado en el modelo capitalista es paradójica: la riqueza y el bienestar crecen a pasos agigantados para algunos, los menos, pero para muchísimos otros también crece –en forma inversamente proporcional– su marginación, su falta de posibilidades, su precariedad. La dinámica social en curso, curiosamente, aunque se amplía en potencialidades productivas, en tecnologías más efectivas, en acceso al confort, no termina de resolver problemas ancestrales de la Humanidad en cuanto a mejoramiento de las condiciones de vida sino que, por el contrario, para una gran mayoría, las empeora. Ello fuerza movimientos migratorios cada vez más masivos… ¡y desesperados!

Las guerras, quizá la peor catástrofe no natural, desde siempre han sido un factor determinante de migraciones. Las llamadas “guerras de baja intensidad” de las últimas décadas, incluidas aquellas desarrolladas en el marco de la Guerra Fría (fría para las dos superpotencias enfrentadas, terriblemente caliente para los países del Tercer Mundo donde en verdad se libró), han dejado un saldo de migrantes forzosos como nunca anteriormente se había contabilizado. Seguramente contribuye a estos movimientos cada vez más masivos de población la proliferación de comunicaciones más desarrolladas en todo el mundo que achican distancias globalizando y homogeneizando posibilidades y alternativas. En estas migraciones forzosas prácticamente se huye por una imperiosa necesidad de sobrevivencia, es cuestión de vida o muerte.

Pero hay otras migraciones igualmente masivas, donde la población escapa de circunstancias quizá no tan mortíferas como una guerra, pero igual o peor de nocivas: se huye de la pobreza (¡que también es de vida o muerte!). Eso es demostrativo de los tiempos que corren: el sistema capitalista mundial crea unos pocos focos de prosperidad y empobrece brutalmente a las mayorías populares. No habiendo opción en sus países de origen, esas enormes masas de pobres buscan el bienestar de esas islas de salvación.


En la Ciudad-Global - centro donde convergen millones de seres humanos que hoy son expulsados de sus territorios por la gran inversión del capital corporativo global - los niños - son las primeras víctimas directas. Son miles o millones los que no van al colegio y unos pocos, si van pero en que condiciones?.
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Las penurias que deben pasar los migrantes en su marcha hacia la supuesta salvación son enormes, terribles. En estos últimos años de crisis sistémica, esas penurias se acrecentaron. Y justamente por esa crisis global del sistema capitalista, las condiciones de recepción de migrantes en el Norte se ponen cada vez más duras, más denigrantes incluso.

Hay ahí una doble moral en juego: por un lado se aprovecha la mano de obra barata, casi regalada, que llega a los bolsones de desarrollo en el Norte; y por otro, se le pone trabas cada vez mayores alentándola a no migrar. Es real que la crisis económica hace que muchos trabajadores oriundos de los países desarrollados estén escasos de trabajo, pero el endurecimiento de los obstáculos migratorios con los trabajadores del Sur busca no sólo desestimularlos sino también –¿básicamente?– chantajearlos, pagando salarios bajísimos y ofreciendo condiciones de super explotación. El antiguamente llamado “ejército de reserva industrial”, es decir: las poblaciones desocupadas y siempre listas a trabajar por migajas, no ha desaparecido. Hoy se presenta como fenómeno global, mundial. Se lo declara problema, pero al mismo tiempo es lo que ayuda a mantener bajos los salarios.

No hay dudas que ese endurecimiento torna el viaje de los migrantes una verdadera pesadilla. Luego, si sobreviven a condiciones extremas y logran ingresar a las “islas de salvación” (Estados Unidos, Canadá, Europa, Japón), su estadía allí, en general en condiciones de irregularidad, aumenta la pesadilla.

Ahora bien –y ahí está el sentido de este escrito–, permítasenos esta reflexión: suele levantarse la voz, lastimera por cierto, en relación a las penurias de los migrantes indocumentados. Suele decirse que la vida que llevan en los países del Norte es deplorable, lo cual es cierto. Y suele exigirse también un mejor trato de parte de esos países para con la enorme masa de migrantes irregulares. Todo eso está muy bien. Es, salvando las distancias, como preocuparse por la situación actual de los niños de la calle. Pero ese dolor, expresado en la lamentación por la situación de esas poblaciones especialmente vulnerables y vulnerabilizadas (los migrantes indocumentados, la niñez de la calle) queda coja si no se ve también la otra cara del problema: ¡la verdadera y principal cara! ¿Por qué hay millones y millones de migrantes que escapan de sus países de origen forzados por la situación económica? La cuestión no es tanto pedir un trato digno en los países de llegada sino plantearse el porqué tienen que escapar.

En vez de quedarnos con la lamentación y victimización del migrante, ¿por qué no denunciar con la misma energía la injusticia estructural que los fuerza a migrar? Pedir que los países de acogida los legalicen no está mal. Pero ¿por qué no trabajar denodadamente para lograr que nadie tenga que migrar en esas condiciones, porque su país de origen no le brinda las posibilidades mínimas de sobrevivencia?

Del mismo modo que nadie debe discriminar ni castigar a un niño de la calle (él es el síntoma visible de un proceso social mucho más complejo), del mismo modo nadie debe excluir, segregar o maltratar a un migrante en condición de irregularidad. Pero ¡cuidado!: si alguien tiene que salir huyendo de su sociedad natal porque ahí no puede sobrevivir, es ahí donde hay que trabajar para cambiar esa injusta y deplorable situación. Llorar por los efectos visibles puede ser muy bienintencionado, pero poco efectivo para afrontar con posibilidades de éxito las inequidades.

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