domingo, 13 de octubre de 2019

AMÉRICA LATINA.LA DERECHA LATINOAMERICANA SE PUDRE. LA DERECHA INCENDIA LA REGIÓN: ESTALLIDOS SOCIALES, REALIDAD REAL Y REALIDAD VIRTUAL.

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LA DERECHA LATINOAMERICANA SE PUDRE.

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Emir Sader.

Rebelión miércoles 9 de octubre del 2019.

El retorno eufórico de la derecha a gobiernos latinoamericanos ha producido la derrota espectacular de Mauricio Macri, el estado de excepción de Lenín Moreno en Ecuador para intentar contener la ira popular en contra de su paquete neoliberal y la proyección de Bolsonaro como el más ridículo, bufón y grotesco jefe de Estado del mundo. Esos eran los personajes que iban a poner las economías de nuestros países en línea, a sanear las finanzas públicas, a recuperar el prestigio internacional de nuestros países, a terminar con la corrupción, a superar los gobiernos populistas y a lograr para nuestros países la estabilidad, el desarrollo y el bienestar social.
Han pasado pocos años, no muchos meses, para que los heroicos personajes de la restauración neoliberal sean ridiculizados –Macri, Lenín Moreno, Bolsonaro-. ¿Quién da algo por ellos? ¿Quién cree que Macri va a dar vuelta a las elecciones argentinas? ¿Quién cree que Moreno va a lograr salir indemne de la crisis ecuatoriana actual? ¿Quién cree que Bolsonaro es el futuro de Brasil?

La derecha ha vuelto al gobierno de países que habían recuperado los pueblos de esos países haciendo que volvieran a crecer, en los que se había reducido la desigualdad, recuperado las buenas relaciones de cooperación con sus vecinos, logrado estabilidad política, convivencia pacífica y democrática entre las fuerzas políticas, sociales y culturales y se consiguiera que el Estado fuese respetado debido a sus políticas de gobernar para todos y garantizar los derechos de todos. ¡Basta mirar cuál es la situación de países como Argentina, Brasil, Ecuador, entregados a la recesión, al desempleo, a la miseria, a la perdida de apoyo y de legitimidad de sus gobiernos, a pocos años de que presidentes de derecha hayan vuelto al gobierno de esos países, para darnos cuenta de que la derecha hizo de todo, legal e ilegal, para frenar a los gobiernos de izquierda y volver a la presidencia de esos países!

¡Lo que era el Ecuador de Rafael Correa y lo que se ha vuelto en manos de alguien elegido en base al éxito del gobierno de Correa, para traicionar a todo con lo que se había elegido, hacer lo que la derecha planteaba y poner al país al borde del caos, con ocupación militar de las calles de Ecuador!

Lo que era el Brasil de Lula, país respetado a nivel mundial, con un presidente que ha dejado su mandato con el 80% de referencias negativas en los medios, pero con el 87% de apoyo de la población. Brasil crecía y distribuía renta, saliendo del Mapa del hambre. Y lo que es en manos de un presidente que nadie respeta, que ha hecho volver al país la miseria y la violencia desenfrenada.

Néstor y Cristina rescataron a Argentina de la peor crisis de su historia, logrando que el país vuelva a desarrollarse y a generar empleos. Lograron superar el endeudamiento con el FMI y volvió a ser un país respetado en el mundo. En comparación con el país que Macri no tiene vergüenza de entregar de nuevo a las fuerzas democráticas, un país que cumple tres años de estanflación, con el pueblo sufriendo miseria y hambre.

Pero hay una lógica en la locura de lo que la derecha hace en esos países y quiere hacer en otros. Su misión es, antes que nada, hacer perder legitimidad y apoyo popular a los liderazgos populares más importantes que esos países han tenido. Esos líderes se han convertido en los principales enemigos de las oligarquías locales y de la política norteamericana, porque con sus políticas consiguieran la confianza de sus pueblos y el prestigio internacional, con políticas que privilegian los procesos de integración regional y no los tratados de libre comercio con los EE.UU.

En segundo lugar, para substituir las políticas económicas que han privilegiado el desarrollo del mercado interno de consumo de masas, por el retorno de las políticas de ajuste fiscal, que promueven los intereses del capital financiero. Retoman el modelo neoliberal, vigente en el capitalismo mundial, a pesar de que ha llevado a las grandes potencias a una profunda y prolongada recesión. Sacar el modelo antineoliberal es terminar con un ejemplo de política económica alternativa, que prueba que no hay un solo camino, como el consenso de Washington y el pensamiento único tratan de imponer.

La derecha latinoamericana volvió a los gobiernos de países como Argentina, Brasil, Ecuador, demostrando que no han aprendido nada de su fracaso anterior y del éxito de los gobiernos progresistas. Fracasan de nuevo, fracasan mejor, fracasan más, son y serán derrotadas de nuevo.

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Presidentes de América latina. Neoliberales con política fracasadas, fieles servidores de la Política impuestas por el Fondo Monetario Internacional -. FM:I. Macri, de Argentina, Moreno de Ecuador, Duque de Colombia, Vizcarra de Perú, Bolsonaro de Brasil, Piñera de Chile. Hoy Argentina, Ecuador y Brasil son centro de grandes conflictos sociales y políticas ante el fracaso total de las políticas neoliberales. Perú, es la lucha contra la corrupción y un Congreso absolutamente fracasado y el fiel servidor de la corrupción. Chile Centro de la lucha con los pueblos originarios, Mapuches y lucha de los trabajadores por las 8 horas de trabajo. Colombia, tiene grandes e históricos problemas estructurales: Narcotráfico, guerrillas internas, desplazados internos más 7 millones, lucha con los pueblos originarios y el primer país de inseguridad de líderes sindicales y pueblos indígenas. Asesinatos selectivos.

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AMÉRICA LATINA. LA DERECHA INCENDIA LA REGIÓN: ESTALLIDOS SOCIALES, REALIDAD REAL Y REALIDAD VIRTUAL.

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Aram Aharonian.

ALAI. América latina en Movimiento.

Viernes 11 de octubre del 2919.

Las políticas neoliberales de varios gobiernos de derecha en nuestra región despertaron la protesta y efervescencia social. Las protestas callejeras en Ecuador, Perú, Argentina, Brasil, entre otras naciones tienen en común el rechazo a las políticas económicas neoliberales, impulsadas por Washington y el Fondo Monetario Internacional, el repudio a la corrupción de las dirigencias políticas y los abusos empresariales.


Son los pueblos los que vienen haciendo el balance de la enorme desigualdad social, la alta concentración de la riqueza en cada vez menos manos, la profundización de la inequidad social y la consolidación de lacras como el narcotráfico, la corrupción y la delincuencia común como corolario del crecimiento de la pobreza, los procesos migratorios, la pérdida de soberanía y la desvergüenza de los gobiernos y parlamentos, o sea la elite política, el poder fáctico

Mientras, las grandes trasnacionales se han ido apropiando de nuestros yacimientos, bosques y fuentes acuíferas, favorecidos por privatizaciones y licitaciones a dedo de empresas nacionales. Son ellas las que van dictando las decisiones políticas, sobornando trasnacionalmente a nuestros gobernantes, amparados por tratados de libre comercio depredadores de nuestras economías y de nuestras soberanías

Pero ellas también controlan los grandes medios de comunicación y las redes sociales. Por eso no es de extrañar que los principales medios (diarios, portales, televisoras) de nuestro continente se hayan abstenido de informar lo que realmente sucede en Ecuador hoy, como tampoco lo hacen con las matanzas y el narcotráfico y paramilitarismo en Colombia, la corrupción parlamentaria en Perú, y también la calamitosa situación en Haití que ocultan.

La información hoy nos llega directamente a través de los protagonistas, de aquellos que en las calles se juegan el futuro de sus patrias, salteándose la censura de las llamadas redes sociales. Nuevamente la realidad virtual fabricada por los medios hegemónicos -siguiendo las directivas del Departamento de Estado estadounidense y del Comando Sur-, se debate contra la realidad-real: los pueblos en las calles, los estallidos sociales.

Y desde las usinas de la desinformación salen lastimosos esfuerzos por imponer sus imaginarios colectivos. Como que la Secretaría General de la OEA

“condena enérgicamente los actos de violencia registrados en los últimos días en Quito. Es totalmente inaceptable el secuestro de policías y militares, así como el destrozo y saqueo de bienes públicos, el incendio de patrulleros y ataques a ambulancias”. El pueblo no existe para ellos.

Y, paradojalmente, considera fundamental que todas las partes respeten el término constitucional por el que fue electo el presidente Lenin Moreno y reitera su rechazo a cualquier forma de interrupción de su gobierno. ¿Por qué no sostienen el mismo discurso para con Venezuela?

La culpa la tienen los otros, para la derecha. Lenín Moreno responsabilizó a Rafael Correa y Nicolás Maduro de querer dar un golpe de Estado en su país, y la prensa hegemónica quiso imponerlo como imaginario colectivo.

Sin ningún pudor, Moreno dijo que

“hay individuos externos pagados y organizados para utilizar la movilización de los indígenas con fines de saqueo y desestabilización”, denunció el mandatario. Quizá estos elementos extraños lograron disfrazarse de millones de ciudadanos, de campesinos, trabajadores, estudiantes, indígenas.

La derecha incendia la región

Hagamos un cuadro de situación de la región: Donald Trump enfrenta un juicio político, Iván Duque viene de hacer el ridículo en Naciones Unidas al presentar un dossier para atacar a Venezuela mientas en su país siguen los asesinatos de líderes sociales, campesinos, indígenas y hasta de candidatos a las elecciones regionales.

Y hay que recordar que Colombia sigue siendo el principal exportador de cocaína del mundo, con destino a asegurar el abastecimiento del mercado estadounidense. Jair Bolsonaro viene de haber protagonizado uno de los más vergonzosos discursos en la ONU. La elite política del Perú hace aguas por todos lados, mientras el pueblo en la calle exige que se vayan todos (los políticos, claro) en medio de una corrupción generalizada que incluyó nada menos que a los últimos cinco presidentes.

Perú es también sede del vociferante Grupo de Lima, armado por Washington para agredir a Venezuela. Mauricio Macri está en su cuenta regresiva tras con una crisis económico, financiera y social sin precedentes, tras sumir al país en la pobreza, el desempleo y la fuga estrepitosa de capitales.

El presidente de Honduras Juan Orlando Hernández, instalado con fraudes electorales por Washington, quedó al descubierto como otro narcopolítico: recibió millones de dólares de quizá el narcotraficante más mediático de los últimos tiempos, el Chapo Guzmán.

Mientras, el (¿aún?) presidente ecuatoriano Lenín Moreno, entró en la vorágine de los paquetazos fondomonetaristas y logró que se levantara el pueblo exigiendo su renuncia inmediata. Moreno, quien llegó a la presidencia bajo el ala del expresidente Rafael Correa optó por lo que hacen todos los gobiernos de derecha: la brutal represión y la imposición del estado de excepción, que incluye la censura de prensa, mientras huía a Guayaquil.

Trump y los gobiernos aliados-cómplices de la derecha regional, están experimentando –en distintas magnitudes- crisis simultáneas, pero siempre obviando hablar de sus temas internos, de sus problemas, de su desprecio por los pueblos y haciendo lo que siempre: echarle la culpa de su corrupción y mal gobierno a los de afuera. Es mucho más fácil y para ello cuentan no solo con el apoyo estadounidense, de la triste Organización de Estados Americanos (OEA) y de los medios cartelizados, trasnacionales y nacionales.

En los últimos tiempos, la culpa de todo lo que les sucedía se las endosaban al gobierno venezolano, al que no han logrado derrocar pese a todos sus esfuerzos, amenazas, bloqueos, campañas de desinformación, fake-news… Pero las realidades de sus países, de las que ninguno de estos presidentes habló en la ONU, van explotando, van incendiando la región.

Este incendio no lo pueden apagar y quizá apelen a algún tipo de agresión mayor a Venezuela, a través del alicaído Grupo de Lima, la OEA o el belicista Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Una –otra- forma de desviar la atención de los problemas internos de sus países, de las masacres, del irrespeto a los derechos humanos, del hambre y la miseria en que sumieron a sus pueblos.

También ha quedado el publicitado combate a las drogas y al narcotráfico, bandera de Washington adoptada por estos gobiernos xenuflexos. Más allá del vergonzoso discurso de Duque en la ONU, el autoproclamo presidente interino de Venezuela, Juna Guaidó, apareció en videos y fotos amparado y protegido por grupos paramilitares y narcotraficantes colombianos. Súmelo a ello el escándalo del narcopresidente hondureño.

No es casual que el pedido de juicio político a Trump sobreviniera tras el discurso del mandatario estadounidense en la ONU, donde una vez más restó su responsabilidad en los errores y horrores de sus políticas –y de todos los males del mundo- y se los endosó a aquellos países que considera sus enemigos, como China, Rusia, Irán, Corea del Norte Nicaragua, Venezuela.

Los gobiernos neoliberales están incendiando nuevamente la región. ¿Es hora del regreso de gobiernos progresistas?

ARAM AHARONIAN. Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y surysurtv.

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