domingo, 4 de enero de 2026

VENEZUELA, LA HORA DEL PUEBLO.... NUNCA CON LOS AGRESORES, SIEMPRE CON LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA... ESTADOS UNIDOS ATACA VENEZUELA Y SECUESTRA A SU PRESIDENTE EN UNA OPERACIÓN ILEGAL

 &&&&&

Diario la Jornada de la Ciudad de México, el día de ayer (tarde) realizó tres publicaciones muy importantes sobre el secuestro del Presidente Maduro y su Esposa, por el "señor dueño y emperador del mundo"v el presidente Donald Trump de Estados Unidos. 




VENEZUELA, LA HORA DEL PUEBLO.

*****

Por Magdiel Sánchez Quiroz.

Diario La Jornada sábado 3 de enero del 2026.

El presidente Donald Trump declaró el 3 de enero de 2025 que las fuerzas estadounidenses habían capturado al líder venezolano Nicolás Maduro tras bombardear la capital, Caracas, y otras ciudades, en el dramático clímax de un enfrentamiento de meses entre Trump y su archienemigo venezolano. Foto AFP.

*****

En la madrugada del 3 de enero de 2026, tropas de Estados Unidos realizaron una criminal incursión en territorio venezolano. Bombardearon distintos puntos estratégicos de ese país. Dañaron infraestructura. Asesinaron a militares, civiles y secuestraron al presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros y a su esposa, Cilia Flores

La operación representa el más grave y violento ataque que haya perpetrado Estados Unidos en contra de un país de América desde la invasión a Granada (1983) y Panamá (1989).

Desde septiembre de 2025, bajo el pretexto del combate al narcotráfico, el gobierno de Donald Trump desplegó una nueva ofensiva contra Venezuela que pasó, de presiones económicas y ataques contra lanchas que supuestamente transportaban drogas, al secuestro de embarcaciones petroleras y al máximo cerco naval y aéreo nunca antes visto, con el fin de derrocar al gobierno de Nicolás Maduro para instaurar un gobierno títere que entregue el petróleo, el agua y los demás recursos de ese país al imperialismo. 

La ofensiva contra Venezuela se da en el contexto de que Donald Trump lanzara su corolario de la Doctrina Monroe para reforzar la hegemonía imperial desgastada por los cambios geopolíticos a nivel global bajo el dominio mediático global de Estados Unidos, se intenta mostrar que la operación criminal tiene el respaldo del pueblo de Venezuela. 

Solo escasas y marginales muestras de apoyo a Trump se han visto en algunas ciudades de Europa y América Latina. Ninguna en Venezuela. Tampoco han logrado que ninguna fuerza política con presencia real en Venezuela salga a apoyar el secuestro del Presidente. 

Sin embargo, las operaciones de terror sicológico van construyendo la escena ideal para el “cambio de régimen” añorado por Trump: un Nicolás Maduro esposado y vestido con ropa de reo, presentado ante un tribunal de Nueva York como si fuera una redición del juicio contra el Chapo Guzmán.

Degradar a reo común al Presidente y líder del proceso revolucionario en Venezuela resulta necesario para que el imperialismo logre avanzar en lo que promete que será “una transición pacífica” entre la actual presidenta interina de la República, Delcy Rodríguez, y la antipatriota María Corina Machado y el ex candidato opositor Edmundo González. 

El llamado “cambio de régimen” no es más que lograr imponer a un gobernante “títere” que entregue los recursos naturales de ese país a Estados Unidos.

Sin lugar a dudas, el secuestro de Maduro y su esposa, pudo concretarse tanto por errores de inteligencia y seguridad venezolanos como por una infiltración exitosa de Estados Unidos en el círculo de mayor confianza del Presidente venezolano. Sin embargo, aun se está lejos de lograr concretar el cambio de régimen. Los hechos al interior del país lo demuestran.



En Venezuela la inmensa mayoría del país pasó muy rápidamente de la confusión y conmoción de las primeras horas de la mañana, a la indignación, el coraje y la disposición de combate. Miles de personas salieron a las calles a exigir la presentación con vida de su Presidente y condenaron los hechos militares de Estados Unidos. 

Las Fuerzas Armadas han demostrado su unidad y fidelidad para con el pueblo y su Presidente. Más allá del relato que se ha querido sostener sobre que en Venezuela se vive una dictadura que socava las libertades civiles, la revolución bolivariana iniciada bajo el liderazgo de Hugo Chávez en 1998 y hoy continuada por el de Nicolás Maduro, ha logrado construir una unidad entre el pueblo, las fuerzas armadas, la policía y las milicias bolivarianas que la operación del 3/01/26 no podrá quebrar tan fácilmente.

Una organización de 5 mil 336 comunas y Circuitos Comunales, junto a las Milicias Bolivarianas que ya se encuentran armadas y desplegadas en todo el territorio nacional. Ellas son la base del único poder que, más allá del aparato de Estado, puede frenar la ocupación neocolonial, el poder popular.

Hoy es la hora del pueblo de Venezuela. La capacidad que éste tenga para defender su territorio calle por calle, comuna por comuna, así como la determinación que mantenga para no dejarse quebrar ante cualquier traición o intento de algún político apátrida que se presente como el capaz de garantizar la transición añorada por Trump, será la cuestión más determinante del futuro soberano de ese país.

Se vienen días muy difíciles para Venezuela y para el mundo. En un momento en que los organismos internacionales mostraron su incapacidad para detener el genocidio en Gaza, contemplamos aterrados lo que puede venir. 

Sin embargo, vencer al horror, aun en los tiempos más oscuros, es una posibilidad. La esperanza podrá emerger solo desde abajo, desde el pueblo de Venezuela y de un consecuente movimiento en el mundo que ocupe las calles y derrote a la indiferencia y al terror.

*****

Protesta contra la acción militar estadunidense en Venezuela en la Plaza Lafayette, frente a la Casa Blanca en Washington, D.C., el 3 de enero de 2026. Foto Afp.

*****

NUNCA CON LOS AGRESORES, SIEMPRE CON LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA.

*****

Por Marcos Roitmam Rosenmann.

Fuente. Diario La Jornada. Sábado 3 de enero del 2026.

Dos hechos. La fuerza aérea norteamericana ha penetrado en territorio de la República Bolivariana de Venezuela, bombardeado Caracas, atacados centros neurálgicos adentrándose en los Estados de Miranda, Aragua y La Guaira y posteriormente, en una operación de sustracción, secuestra al presidente constitucional Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores para trasladarlo a New York para ser juzgado por tribunales estadounidenses y acorde a sus leyes bajo la acusación de ser narcoterrorista. En ningún caso, cabe distraer la atención. Se trata de una violación del derecho internacional, y lo más grave, sienta un precedente que nos plantea la siguiente pregunta ¿Qué país latinoamericano, presidente o líder político será el siguiente objetivo de los Estados Unidos? Y digo bien, Estados Unidos. Si el brazo ejecutor es la administración Trump, la decisión forma parte de la concepción imperialista de las relaciones internacionales hacia Nuestra América y por extensión al resto del mundo dependiente del poderío militar estadounidense. No nos engañemos, el partido Demócrata y su corriente disque socialista, guarda un silencio cómplice.

Ahora no caben medias tintas. Encubrir la violación del derecho internacional, bajo la calificación de ser el Estado venezolano y sus dirigentes narcoterrorista, solo justifica al agresor. Tampoco sirve ampararse en el argumento de la oposición interna y en el exterior, que aduce un fraude electoral en las últimas elecciones presidenciales, hecho que no ha podido demostrar, negándose a entregar las actas que lo acreditasen. Por tanto, cualquier tipo de explicación que justifique la incursión militar de las fuerzas armadas estadounidenses, por venezolanos, traiciona los principios de dignidad e independencia política sobre los cuales se asienta la soberanía nacional. Lo demás es demagogia.

Toda oposición es legítima hasta que rompe las reglas del juego democrático, manifestando su aval a una invasión extranjera. Más, si tras la decisión se encubre un pacto espurio de entregar sus recursos y riquezas naturales al imperialismo a cambio de recuperar el poder. No nos engañemos, esta operación, diseñada desde el Pentágono, la Casa Blanca, la CIA y el departamento de Estado, tiene en Maria Corina su fiel servidora. Mientras Donald Trump declara a Fox News: estamos tomando ahora una decisión sobre el próximo paso respecto al liderazgo venezolano (…) evaluaremos si Machado puede liderar Venezuela… Machado declara en las redes: “EEUU ha cumplido la promesa…Hoy estamos preparados para hacer valer nuestro mandato y tomar el poder”

La guerra de la desinformación se adueña del espacio y en guerra, los aliados de Estados Unidos toman la delantera. Nada sobre las movilizaciones que en Venezuela apoyan la revolución. Menos aún, periodistas, académicos pongan el acento en la violación del derecho internacional o la ilegitimidad del secuestro. Todos los entrevistados se muestran condescendientes. Tibias declaraciones de presidentes, como Pedro Sánchez en España, quien, en Twiter, el 24 de febrero de 2022 “condena la agresión de Rusia a Ucrania y se solidariza con el gobierno y el pueblo ucraniano”; y hoy 3 de enero de 2026, escribe:

El gobierno de España está haciendo un seguimiento exhaustivo de los acontecimientos en Venezuela…Hacemos un llamamiento a la desescalada y a la responsabilidad…” Sin comentarios.



Pero no nos engañemos, los representantes de Estados Unidos en América latina, sea Donald Trump, Joe Biden, Billy Clinton, Barack Obama, George Bush, Richard Nixon o John Kennedy, no son sus embajadores, tienen nombres y apellidos y son representan a los miembros de la plutocracia o forman parte de sus fuerzas armadas. Ellos han sido aupados al poder arrodillándose ante el inquilino de turno de la Casa Blanca y solicitando golpes de Estado, acciones encubiertas, apoyo financiero y campañas desestabilizadoras. Recordemos algunos: Anastasio Somoza, Jorge Ubico, Rafael Trujillo, Castelo Branco, Augusto Pinochet, Alfredo Stroessner, Hugo Banzer, Jorge Videla y si hablamos de civiles: Joaquín Balaguer, Jair Bolsonaro, Javier Milei, Felipe Calderón, Nayib Bukele y el electo presidente Honduras Nasry Asfura. Pero son muchos. En otras palabras: los enemigos están dentro. Desprecian al pueblo, odian profundamente a las clases populares, comportándose como cipayos. ¿Cómo si no interpretar las palabras de Milei apoyando fanáticamente la agresión y secuestro del presidente Nicolás Maduro y Celia Flores?

Es la hora de la verdad. Ya no hay tiempo para contemporizar. La sociedad internacional, si aún le queda algo de dignidad, debe no solo condenar la agresión, sino mostrar el apoyo al gobierno de la República bolivariana de Venezuela, pedir la libertad del Presidente Maduro y Cilia Flores en manos de los secuestradores. Corina Machado no es una opción, expresa el odio, la venganza y la muerte de toda opción democrática. Si así aparece la traición se consuma. Asistimos a un fin de ciclo. Con o sin Nicolás Maduro la revolución bolivariana debe seguir construyendo su camino. Claudicar no es parte del legado victorioso de Simón Bolívar.

*****

Simpatizantes de Nicolás Maduro se congregan y se abrazan en el centro de Caracas tras el anuncio de Donald Trump sobre la supuesta captura y salida del mandatario venezolano del país. Foto: Ap

*****

ESTADOS UNIDOS ATACA VENEZUELA Y SECUESTRA A SU PRESIDENTE EN UNA OPERACIÓN ILEGAL.

*****

Por Taroa Zúñiga y Vijay Prashad.

Fuente. Diario La Jornada sábado 3 de enero del 2026.

Poco después de las dos de la madrugada del 3 de enero de 2026, hora de Venezuela, y violando el Artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas, los Estados Unidos iniciaron un ataque contra varios puntos del país, incluida Caracas, la capital. Los habitantes se despertaron por fuertes estruendos, destellos de luz y la presencia de grandes helicópteros en el cielo. Pronto comenzaron a circular videos en redes sociales, aunque sin contexto claro. La confusión y los rumores inundaron las plataformas digitales.

Al cabo de una hora, el cielo quedó en silencio. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció que sus fuerzas habían llevado a cabo ataques contra Venezuela y que habían capturado al presidente Nicolás Maduro Moro y a su esposa, Cilia Flores. Poco después, la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, confirmó que se desconoce el paradero de Maduro y Flores. La fiscal general de Estados Unidos, Pamela Bondi, confirmó que Maduro y Flores se encontraban en territorio estadounidense y que habían sido acusados de “conspiración de narcoterrorismo”

El resultado de este ataque sigue siendo incierto. El Gobierno bolivariano permanece en control, aun cuando su presidente ha sido secuestrado y la población se encuentra conmocionada, aunque desafiante. No está claro si los Estados Unidos volverán a atacar ni si el gobierno estadunidense cuenta con un plan político definido para el escenario posterior a esta ofensiva.

La guerra contra Venezuela

 El ataque del 3 de enero no es el primero contra Venezuela. De hecho, la campaña de presión comenzó en 2001, cuando el gobierno de Hugo Chávez promulgó la Ley de Hidrocarburos, de acuerdo con las disposiciones de soberanía establecidas en la Constitución Bolivariana de 1999. Esa campaña ha incluido, entre otros elementos (esta lista es ilustrativa, no exhaustiva):

●      2001: Financiamiento estadunidense a grupos sociales y políticos antibolivarianos a través de la National Endowment for Democracy y USAID.

●      2002: Participación de los Estados Unidos en el intento de Golpe de Estado.

●      2002: Creación, por parte de la Oficina de Iniciativas de Transición de USAID, de un programa específico para Venezuela.

●      2003–2004: Financiamiento y dirección política del grupo Súmate (liderado por María Corina Machado) para promover un referéndum revocatorio contra Chávez.

●      2004: Desarrollo de una estrategia de cinco puntos para “penetrar” la base social de Chávez, “dividir” el chavismo, “aislar” al presidente, fortalecer grupos como Súmate y “proteger los intereses comerciales vitales de Estados Unidos”.

●      2015: El presidente Barack Obama firma una orden ejecutiva que declara a Venezuela como una “amenaza extraordinaria”, base legal de las sanciones posteriores.

●      2017: Prohibición del acceso de Venezuela a los mercados financieros estadunidenses.

●      2018: Presión sobre bancos internacionales y empresas navieras para sobreactuar sanciones ilegales, junto con la incautación de las reservas de oro del Banco Central de Venezuela por parte del Banco de Inglaterra.

●      2019: Creación de un “gobierno interino” mediante el “nombramiento” de Juan Guaidó como presidente autorizado por los Estados Unidos; organización de una sublevación fallida; congelamiento de la venta de petróleo venezolano y confiscación de activos petroleros en el extranjero.

●      2020: Intento de secuestro de Maduro mediante la Operación Gedeón, junto con una campaña de “máxima presión” durante la pandemia, incluida la negativa del FMI a permitir el uso de las propias reservas de Venezuela.

●      2025: Regalo del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado, acompañado de un pronunciamiento del Comité Nobel que instó a Maduro a abandonar el poder.

●      2025–2026: Ataques a pequeñas embarcaciones frente a las costas venezolanas, despliegue de una armada para establecer un embargo y confiscación de petroleros venezolanos.

El ataque del 3 de enero forma parte de esta guerra iniciada en 2001 y que continuará mucho después de que se enfríen los motores de los helicópteros Chinook.



El águila está furiosa

 Cuando el gobierno de los Estados Unidos decide actuar de manera unilateral —ya sea contra Irak en 2003 o contra Venezuela entre 2001 y 2026— ninguna fuerza ha logrado detenerlo. En 2003, millones de personas, incluso dentro de Estados Unidos, se manifestaron contra la guerra y la mayoría de los gobiernos del mundo advirtieron sobre sus consecuencias. Sin embargo, los gobiernos de George W. Bush y Tony Blair avanzaron igualmente con una guerra ilegal.

Esta vez, potencias regionales y globales advirtieron a los Estados Unidos que una guerra en Sudamérica y el Caribe sería profundamente desestabilizadora. Así lo señalaron líderes de países vecinos como Brasil y Colombia, así como potencias como China, cuyo enviado especial, Qiu Xiaoqi, se reunió con Maduro apenas horas antes del ataque estadunidense. Si el mundo no pudo detener a los Estados Unidos en 2003, tampoco ha logrado frenar su guerra obsesiva por el petróleo venezolano desde 2001 hasta hoy.

El ataque fue programado para que Trump pudiera presentarse ante el Congreso estadunidense el 4 de enero, durante su discurso anual, y proclamar una gran victoria. Pero no hay ninguna victoria aquí. Se trata de otro episodio de unilateralismo que no mejorará la situación mundial. La guerra ilegal de los Estados Unidos contra Irak terminó con su retirada tras la muerte de más de un millón de civiles; lo mismo ocurrió en Afganistán y Libia, países devastados por el águila estadounidense.

Es imposible imaginar un futuro distinto para Venezuela si los Estados Unidos continúan con los bombardeos y despliega tropas terrestres. Nada bueno surge de estas guerras de “cambio de régimen”, y tampoco surgirá aquí. No es casual que Brasil y Colombia observen este ataque con inquietud: saben que su único resultado será una desestabilización prolongada de la mitad norte de Sudamérica, sino de toda América Latina. Esto es exactamente lo que ocurrió en el norte de África; el bombardeo de Nigeria por parte de Trump es parte de los restos del ataque de la OTAN contra Libia en 2011.

Trump recibirá una ovación de pie en el Congreso, pero el precio ya ha sido pagado por cientos de civiles muertos en Venezuela y por millones que luchan por sobrevivir a la guerra híbrida de largo aliento impuesta por los Estados Unidos durante las últimas dos décadas.

Este artículo ha sido elaborado por Globetrotter. Taroa Zúñiga Silva es escritora y coordinadora de medios en español para Globetrotter. Es directora de la editorial La Trocha y miembro de la cooperativa Mecha, un proyecto del Ejército Comunicacional de Liberación. Es coeditora, junto con Giordana García Sojo, del libro Venezuela, vórtice de la guerra del siglo XXI (2020).

Vijay Prashad es un historiador, editor y periodista indio. Es miembro de la redacción y corresponsal en jefe de Globetrotter. Es editor en jefe de LeftWord Books y director del Instituto Tricontinental de Investigación Social. Ha escrito más de 20 libros, entre ellos Las Naciones Oscuras y Las Naciones Pobres. Sus libros más recientes son Luchar nos hace humanos: aprendiendo de los movimientos por el socialismoLa retirada: Irak, Libia, Afganistán y la fragilidad del poder estadounidense y Sobre Cuba: 70 años de Revolución y Lucha (los dos últimos en coautoría con Noam Chomsky).

Fuente: Globetrotter

*****

No hay comentarios: