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Diario la Jornada de la Ciudad de México, el día de ayer (tarde) realizó tres publicaciones muy importantes sobre el secuestro del Presidente Maduro y su Esposa, por el "señor dueño y emperador del mundo"v el presidente Donald Trump de Estados Unidos.
VENEZUELA, LA HORA DEL PUEBLO.
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Por Magdiel Sánchez Quiroz.
Diario La Jornada sábado 3 de enero
del 2026.
El presidente Donald Trump declaró el
3 de enero de 2025 que las fuerzas estadounidenses habían capturado al líder
venezolano Nicolás Maduro tras bombardear la capital, Caracas, y otras
ciudades, en el dramático clímax de un enfrentamiento de meses entre Trump y su
archienemigo venezolano. Foto AFP.
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En la madrugada del 3 de enero de
2026, tropas de Estados Unidos realizaron una criminal incursión en territorio
venezolano. Bombardearon distintos puntos estratégicos de ese país. Dañaron
infraestructura. Asesinaron a militares, civiles y secuestraron al presidente
de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros y a su esposa,
Cilia Flores.
La operación representa el más grave y
violento ataque que haya perpetrado Estados Unidos en contra de un país de
América desde la invasión a Granada (1983) y Panamá (1989).
Desde septiembre de 2025, bajo el
pretexto del combate al narcotráfico, el gobierno de Donald Trump desplegó una
nueva ofensiva contra Venezuela que pasó, de presiones económicas y ataques
contra lanchas que supuestamente transportaban drogas, al secuestro de
embarcaciones petroleras y al máximo cerco naval y aéreo nunca antes visto, con
el fin de derrocar al gobierno de Nicolás Maduro para instaurar un gobierno
títere que entregue el petróleo, el agua y los demás recursos de ese país al
imperialismo.
La ofensiva contra Venezuela se da en
el contexto de que Donald Trump lanzara su corolario de la Doctrina Monroe para
reforzar la hegemonía imperial desgastada por los cambios geopolíticos a nivel
global bajo el dominio mediático global de Estados Unidos, se intenta mostrar
que la operación criminal tiene el respaldo del pueblo de Venezuela.
Solo escasas y marginales muestras de
apoyo a Trump se han visto en algunas ciudades de Europa y América Latina.
Ninguna en Venezuela. Tampoco han logrado que ninguna fuerza política con
presencia real en Venezuela salga a apoyar el secuestro del Presidente.
Sin embargo, las operaciones de terror
sicológico van construyendo la escena ideal para el “cambio de régimen” añorado
por Trump: un Nicolás Maduro esposado y vestido con ropa de reo, presentado
ante un tribunal de Nueva York como si fuera una redición del juicio contra
el Chapo Guzmán.
Degradar a reo común al Presidente y
líder del proceso revolucionario en Venezuela resulta necesario para que el
imperialismo logre avanzar en lo que promete que será “una transición pacífica”
entre la actual presidenta interina de la República, Delcy Rodríguez, y la
antipatriota María Corina Machado y el ex candidato opositor Edmundo
González.
El llamado “cambio de régimen” no es
más que lograr imponer a un gobernante “títere” que entregue los recursos
naturales de ese país a Estados Unidos.
Sin lugar a dudas, el secuestro de Maduro y su esposa, pudo concretarse tanto por errores de inteligencia y seguridad venezolanos como por una infiltración exitosa de Estados Unidos en el círculo de mayor confianza del Presidente venezolano. Sin embargo, aun se está lejos de lograr concretar el cambio de régimen. Los hechos al interior del país lo demuestran.
En Venezuela la inmensa mayoría del
país pasó muy rápidamente de la confusión y conmoción de las primeras horas de
la mañana, a la indignación, el coraje y la disposición de combate. Miles de
personas salieron a las calles a exigir la presentación con vida de su
Presidente y condenaron los hechos militares de Estados Unidos.
Las Fuerzas Armadas han demostrado su
unidad y fidelidad para con el pueblo y su Presidente. Más allá del relato que
se ha querido sostener sobre que en Venezuela se vive una dictadura que socava
las libertades civiles, la revolución bolivariana iniciada bajo el liderazgo de
Hugo Chávez en 1998 y hoy continuada por el de Nicolás Maduro, ha logrado
construir una unidad entre el pueblo, las fuerzas armadas, la policía y las
milicias bolivarianas que la operación del 3/01/26 no podrá quebrar tan
fácilmente.
Una organización de 5 mil 336 comunas
y Circuitos Comunales, junto a las Milicias Bolivarianas que ya se encuentran
armadas y desplegadas en todo el territorio nacional. Ellas son la base del
único poder que, más allá del aparato de Estado, puede frenar la ocupación
neocolonial, el poder popular.
Hoy es la hora del pueblo de
Venezuela. La capacidad que éste tenga para defender su territorio calle por
calle, comuna por comuna, así como la determinación que mantenga para no
dejarse quebrar ante cualquier traición o intento de algún político apátrida
que se presente como el capaz de garantizar la transición añorada por Trump,
será la cuestión más determinante del futuro soberano de ese país.
Se vienen días muy difíciles para
Venezuela y para el mundo. En un momento en que los organismos internacionales
mostraron su incapacidad para detener el genocidio en Gaza, contemplamos
aterrados lo que puede venir.
Sin embargo, vencer al horror, aun en
los tiempos más oscuros, es una posibilidad. La esperanza podrá emerger solo
desde abajo, desde el pueblo de Venezuela y de un consecuente movimiento en el
mundo que ocupe las calles y derrote a la indiferencia y al terror.
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Protesta contra la acción militar estadunidense en Venezuela en la Plaza Lafayette, frente a la Casa Blanca en Washington, D.C., el 3 de enero de 2026. Foto Afp.
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NUNCA CON LOS AGRESORES, SIEMPRE CON LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA.
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Por Marcos Roitmam Rosenmann.
Fuente. Diario La Jornada. Sábado 3 de
enero del 2026.
Dos hechos. La fuerza aérea
norteamericana ha penetrado en territorio de la República Bolivariana de
Venezuela, bombardeado Caracas, atacados centros neurálgicos adentrándose en
los Estados de Miranda, Aragua y La Guaira y posteriormente, en una operación
de sustracción, secuestra al presidente constitucional Nicolás Maduro y la
primera dama Cilia Flores para trasladarlo a New York para ser juzgado por
tribunales estadounidenses y acorde a sus leyes bajo la acusación de ser
narcoterrorista. En ningún caso, cabe distraer la atención. Se trata de una
violación del derecho internacional, y lo más grave, sienta un precedente que
nos plantea la siguiente pregunta ¿Qué país latinoamericano, presidente o líder
político será el siguiente objetivo de los Estados Unidos? Y digo bien, Estados
Unidos. Si el brazo ejecutor es la administración Trump, la decisión forma
parte de la concepción imperialista de las relaciones internacionales hacia
Nuestra América y por extensión al resto del mundo dependiente del poderío militar
estadounidense. No nos engañemos, el partido Demócrata y su corriente disque
socialista, guarda un silencio cómplice.
Ahora no caben medias tintas. Encubrir la violación del derecho
internacional, bajo la calificación de ser el Estado venezolano y sus
dirigentes narcoterrorista, solo justifica al agresor. Tampoco sirve ampararse
en el argumento de la oposición interna y en el exterior, que aduce un fraude
electoral en las últimas elecciones presidenciales, hecho que no ha podido
demostrar, negándose a entregar las actas que lo acreditasen. Por tanto,
cualquier tipo de explicación que justifique la incursión militar de las fuerzas
armadas estadounidenses, por venezolanos, traiciona los principios de dignidad
e independencia política sobre los cuales se asienta la soberanía nacional. Lo
demás es demagogia.
Toda oposición es legítima hasta que
rompe las reglas del juego democrático, manifestando su aval a una invasión
extranjera. Más, si
tras la decisión se encubre un pacto espurio de entregar sus recursos y
riquezas naturales al imperialismo a cambio de recuperar el poder. No nos
engañemos, esta operación, diseñada desde el Pentágono, la Casa Blanca, la CIA
y el departamento de Estado, tiene en Maria Corina su fiel servidora. Mientras
Donald Trump declara a Fox News: estamos tomando ahora una decisión sobre el
próximo paso respecto al liderazgo venezolano (…) evaluaremos si Machado puede
liderar Venezuela…” Machado declara en las redes: “EEUU ha cumplido la
promesa…Hoy estamos preparados para hacer valer nuestro mandato y tomar el
poder”
La guerra de la desinformación se
adueña del espacio y en guerra, los aliados de Estados Unidos toman la
delantera. Nada sobre
las movilizaciones que en Venezuela apoyan la revolución. Menos aún,
periodistas, académicos pongan el acento en la violación del derecho
internacional o la ilegitimidad del secuestro. Todos los entrevistados se
muestran condescendientes. Tibias declaraciones de presidentes, como Pedro
Sánchez en España, quien, en Twiter, el 24 de febrero de 2022 “condena
la agresión de Rusia a Ucrania y se solidariza con el gobierno y el pueblo
ucraniano”; y hoy 3 de enero de 2026, escribe:
El gobierno de España
está haciendo un seguimiento exhaustivo de los acontecimientos en
Venezuela…Hacemos un llamamiento a la desescalada y a la responsabilidad…” Sin
comentarios.
Pero no nos engañemos, los
representantes de Estados Unidos en América latina, sea Donald Trump, Joe
Biden, Billy Clinton, Barack Obama, George Bush, Richard Nixon o John Kennedy, no son sus embajadores, tienen
nombres y apellidos y son representan a los miembros de la plutocracia o forman
parte de sus fuerzas armadas. Ellos han sido aupados al poder arrodillándose
ante el inquilino de turno de la Casa Blanca y solicitando golpes de Estado,
acciones encubiertas, apoyo financiero y campañas desestabilizadoras. Recordemos
algunos: Anastasio Somoza, Jorge Ubico, Rafael Trujillo, Castelo Branco,
Augusto Pinochet, Alfredo Stroessner, Hugo Banzer, Jorge Videla y si hablamos
de civiles: Joaquín Balaguer, Jair Bolsonaro, Javier Milei, Felipe Calderón,
Nayib Bukele y el electo presidente Honduras Nasry Asfura. Pero son muchos.
En otras palabras: los enemigos están dentro. Desprecian al pueblo, odian
profundamente a las clases populares, comportándose como cipayos. ¿Cómo si
no interpretar las palabras de Milei apoyando fanáticamente la agresión y
secuestro del presidente Nicolás Maduro y Celia Flores?
Es la hora de la verdad. Ya no hay
tiempo para contemporizar.
La sociedad internacional, si aún le queda algo de dignidad, debe no solo
condenar la agresión, sino mostrar el apoyo al gobierno de la República
bolivariana de Venezuela, pedir la libertad del Presidente Maduro y Cilia
Flores en manos de los secuestradores. Corina Machado
no es una opción, expresa el odio, la venganza y la muerte de toda opción
democrática. Si así aparece la traición se consuma. Asistimos a un fin de
ciclo. Con o sin Nicolás Maduro la revolución bolivariana debe seguir
construyendo su camino. Claudicar no es parte del legado victorioso de Simón
Bolívar.
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Simpatizantes de Nicolás Maduro se congregan y se abrazan en el centro de Caracas tras el anuncio de Donald Trump sobre la supuesta captura y salida del mandatario venezolano del país. Foto: Ap
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ESTADOS UNIDOS ATACA VENEZUELA Y SECUESTRA A SU PRESIDENTE EN UNA
OPERACIÓN ILEGAL.
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Por Taroa Zúñiga y Vijay Prashad.
Fuente. Diario La Jornada sábado 3 de
enero del 2026.
Poco después de las dos de la
madrugada del 3 de enero de 2026, hora de
Venezuela, y violando el Artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas,
los Estados Unidos iniciaron un ataque contra varios puntos del país,
incluida Caracas, la capital. Los
habitantes se despertaron por fuertes estruendos, destellos de luz y la
presencia de grandes helicópteros en el cielo. Pronto comenzaron a circular
videos en redes sociales, aunque sin contexto claro. La confusión y los rumores
inundaron las plataformas digitales.
Al cabo de una hora, el cielo quedó en
silencio. El
presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció que sus fuerzas
habían llevado a cabo ataques contra Venezuela y que habían capturado al
presidente Nicolás Maduro Moro y a su esposa, Cilia Flores. Poco
después, la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, confirmó que
se desconoce el paradero de Maduro y Flores. La fiscal general de Estados
Unidos, Pamela Bondi, confirmó que Maduro y Flores se encontraban en
territorio estadounidense y que habían sido acusados de “conspiración
de narcoterrorismo”
El resultado de este ataque sigue
siendo incierto. El
Gobierno bolivariano permanece en control, aun cuando su presidente ha sido
secuestrado y la población se encuentra conmocionada, aunque desafiante. No
está claro si los Estados Unidos volverán a atacar ni si el gobierno
estadunidense cuenta con un plan político definido para el escenario posterior
a esta ofensiva.
La
guerra contra Venezuela
El ataque del 3 de enero no
es el primero contra Venezuela. De hecho, la campaña de presión comenzó
en 2001, cuando el gobierno de Hugo Chávez promulgó
la Ley de Hidrocarburos, de acuerdo con las disposiciones de soberanía
establecidas en la Constitución Bolivariana de 1999. Esa campaña ha incluido, entre otros elementos (esta
lista es ilustrativa, no exhaustiva):
● 2001: Financiamiento estadunidense a grupos
sociales y políticos antibolivarianos a través de la National Endowment
for Democracy y USAID.
● 2002: Participación de los Estados Unidos
en el intento de Golpe de Estado.
● 2002: Creación, por parte de la Oficina de
Iniciativas de Transición de USAID, de un programa específico para Venezuela.
● 2003–2004: Financiamiento y dirección política
del grupo Súmate (liderado por María Corina Machado)
para promover un referéndum revocatorio contra Chávez.
● 2004: Desarrollo de una estrategia de cinco
puntos para “penetrar” la base social de Chávez, “dividir” el chavismo,
“aislar” al presidente, fortalecer grupos como Súmate y
“proteger los intereses comerciales vitales de Estados Unidos”.
● 2015:
El presidente Barack Obama firma
una orden ejecutiva que declara a Venezuela como una “amenaza extraordinaria”,
base legal de las sanciones posteriores.
● 2017:
Prohibición del acceso de Venezuela
a los mercados financieros estadunidenses.
● 2018:
Presión sobre bancos internacionales
y empresas navieras para sobreactuar sanciones ilegales, junto con la
incautación de las reservas de oro del Banco Central de Venezuela por parte del
Banco de Inglaterra.
● 2019:
Creación de un “gobierno interino” mediante el “nombramiento” de Juan
Guaidó como
presidente autorizado por los Estados Unidos; organización de una sublevación
fallida; congelamiento de la venta de petróleo venezolano y confiscación de
activos petroleros en el extranjero.
● 2020:
Intento de secuestro de Maduro mediante la Operación Gedeón, junto con una campaña de “máxima
presión” durante la pandemia, incluida la negativa del FMI a permitir el
uso de las propias reservas de Venezuela.
● 2025:
Regalo del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado, acompañado de un pronunciamiento del
Comité Nobel que instó a Maduro a abandonar el poder.
● 2025–2026:
Ataques a pequeñas embarcaciones
frente a las costas venezolanas, despliegue de una armada para establecer un
embargo y confiscación de petroleros venezolanos.
El ataque del 3 de enero forma parte de esta guerra iniciada en 2001 y que continuará mucho después de que se enfríen los motores de los helicópteros Chinook.
El águila está furiosa
Cuando el gobierno de los
Estados Unidos decide actuar de manera unilateral —ya sea contra Irak en 2003 o
contra Venezuela entre 2001 y 2026— ninguna fuerza ha logrado detenerlo.
En 2003, millones de personas, incluso dentro de Estados Unidos, se
manifestaron contra la guerra y la mayoría de los gobiernos del mundo
advirtieron sobre sus consecuencias. Sin embargo, los gobiernos
de George W. Bush y Tony Blair avanzaron igualmente con una
guerra ilegal.
Esta vez, potencias regionales y
globales advirtieron a los Estados Unidos que una guerra en Sudamérica y el Caribe sería
profundamente desestabilizadora. Así lo señalaron líderes de países vecinos
como Brasil y Colombia, así como potencias como China,
cuyo enviado especial, Qiu Xiaoqi, se reunió con Maduro apenas
horas antes del ataque estadunidense. Si el mundo no pudo detener a los Estados
Unidos en 2003, tampoco ha logrado frenar su guerra obsesiva por el petróleo
venezolano desde 2001 hasta hoy.
El ataque fue programado para que
Trump pudiera
presentarse ante el Congreso estadunidense el 4 de enero, durante
su discurso anual, y proclamar una gran victoria. Pero no hay ninguna victoria
aquí. Se trata de otro episodio de unilateralismo que no mejorará la situación
mundial. La guerra ilegal de los Estados Unidos contra Irak terminó con
su retirada tras la muerte de más de un millón de civiles; lo mismo ocurrió en
Afganistán y Libia, países devastados por el águila estadounidense.
Es imposible imaginar un futuro
distinto para Venezuela si los Estados Unidos continúan con los bombardeos y despliega tropas terrestres. Nada
bueno surge de estas guerras de “cambio de régimen”, y tampoco surgirá
aquí. No es casual que Brasil y Colombia observen este ataque con
inquietud: saben que su único resultado será una desestabilización prolongada
de la mitad norte de Sudamérica, sino de toda América Latina. Esto es
exactamente lo que ocurrió en el norte de África; el bombardeo de Nigeria
por parte de Trump es parte de los restos del ataque de la OTAN contra Libia
en 2011.
Trump recibirá una ovación de pie en
el Congreso, pero el
precio ya ha sido pagado por cientos de civiles muertos en Venezuela y
por millones que luchan por sobrevivir a la guerra híbrida de largo aliento
impuesta por los Estados Unidos durante las últimas dos décadas.
Este artículo ha sido elaborado por Globetrotter. Taroa Zúñiga Silva
es escritora y coordinadora de medios en español para Globetrotter. Es directora de la editorial La
Trocha y miembro de la cooperativa Mecha, un proyecto del Ejército
Comunicacional de Liberación. Es coeditora, junto con Giordana García Sojo,
del libro Venezuela, vórtice
de la guerra del siglo XXI (2020).
Vijay Prashad es un historiador,
editor y periodista
indio. Es miembro de la redacción y corresponsal en jefe de Globetrotter. Es
editor en jefe de LeftWord Books y
director del Instituto
Tricontinental de Investigación Social. Ha escrito más de 20 libros, entre
ellos Las
Naciones Oscuras y Las
Naciones Pobres. Sus libros más recientes son Luchar
nos hace humanos: aprendiendo de los movimientos por el socialismo, La retirada: Irak,
Libia, Afganistán y la fragilidad del poder estadounidense y Sobre Cuba: 70 años de
Revolución y Lucha (los dos últimos en coautoría con Noam
Chomsky).
Fuente: Globetrotter
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