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“La ultraderecha como nuevo Talón de Hierro. El propio Trump y la mayoría de los
líderes europeos
provienen de la oligarquía y sus acciones contrarias a las mayorías
están encaminadas a fortalecer los privilegios de ésta utilizando la inacción
de las masas como base para crear enemigos que hagan posible
redoblar el poder de la minoría acaudalada y sus corporaciones,
los paralelismos con El Talón de Hierro son indudables mientras imponen
como el enemigo a vencer a Rusia, China e Irán. El
desarrollo de la inteligencia artificial en Occidente es un escenario soñado por la
oligarquía al poner en peligro los puestos de trabajo bajando el
precio que pagan por éste, manteniendo a los trabajadores bajo una amenaza
permanente, obligándoles a doblar el enfrentamiento fratricida por
la sobrevivencia. La transnacional ultraderechista es la conexión internacional
de la oligarquía que cubre a Occidente con un manto de reaccionarismo,
asalta a los gobiernos con una fórmula exitosa repetida como un manual
de acción al usar el miedo en la crisis de seguridad o la inmigración
para lograr el apoyo electoral popular.
“Para denigrar a Rusia se usa el
término de oligarcas
para denominar a los capitalistas que se hicieron con las empresas
privatizadas como si fuera exclusivo de países atrasados y antidemocráticos,
pero para los súper millonarios de Occidente de las empresas
tecnológicas, verdaderos representantes de la oligarquía, ese apelativo
es considerado peyorativo. Para consolidar el poder, Putin tuvo
que poner en su lugar a los oligarcas que destruyen la cohesión del
Estado con el pueblo al inclinarse por el servicio de los
intereses occidentales. En la lucha contra la oligarquía el marco mental
de análisis de los partidos y la clase popular es siempre
atávicamente legalista, les cuesta asumir que la ley ha sido superada,
que el conflicto de clase es una realidad usada desde el poder para aplastar
a los trabajadores en la versión del Talón de Hierro del siglo XXI.
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Fuentes: Rebelión.
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EL TALÓN DE HIERRO APLASTA A LOS TRABAJADORES DE OCCIDENTE.
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Por Ignacio Figueroa Foessel | 04/09/2026 | Opinión
Fuente. Revista Rebelión viernes 4 de septiembre del 2026,
El presidente socialista Salvador
Allende en su discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1972 advirtió a los pueblos del poder
corruptor y el latrocinio de las corporaciones, sus capacidades para determinar
la política tanto como de hacer girar los intereses nacionales en torno de sus
beneficios particulares:
“las grandes
empresas transnacionales no sólo atentan contra los intereses genuinos de los
países en desarrollo, sino que su acción avasalladora e incontrolada se da
también en los países industrializados donde se asientan. Ello ha sido
denunciado en los últimos tiempos en Europa y Estados Unidos, lo que ha
originado una investigación en el propio Senado norteamericano. Ante este
peligro, los pueblos desarrollados no están más seguros que los
subdesarrollados”.
La advertencia de Allende se convirtió
en clarividente al anunciar cuál sería el devenir de las corporaciones como actores fundamentales en la
construcción de poder político/económico en los años subsiguientes, hasta
nuestros tiempos donde las corporaciones se transforman en los aliados
indispensables del poder imperial.
Los Estados Unidos construyen su
agenda internacional
siguiendo los intereses de sus corporaciones como un ariete que prepara
el terreno político con una armadura económica que se vuelve militar
cuando los países resisten a los postulados corporativos apelando a
condicionantes nacionales o de soberanía. El acuerdo petrolero de EE.
UU. con Venezuela firmado hace unos días es un ejemplo de aquello.
El caso chileno con el golpe de Estado
que derrocó a la Unidad Popular con la muerte del presidente Allende fue un manual de cómo se produce
la simbiosis entre corporaciones y poder desestabilizador imperial
usando a las fuerzas militares nacionales en contra de su propia
nación y pueblo.
En la misma línea de anticipación que
presentó Allende en 1972 se encuentra en la novela de Jack London de 1908
llamada “El Talón de Hierro”,
donde se plantea la toma del poder político y económica total por
parte de la oligarquía en una guerra civil desde la plutocracia
hacia el pueblo organizado en partidos políticos y sindicatos:
“con mano férrea y
su talón de hierro, dominaba a millones; transformaba la confusión en orden;
del mismísimo caos obtenía su forja, su estructura y fundamento”.
Las palabras de London parecen describir cómo el régimen
de Trump gestiona la política interna y la geopolítica al imponer el
caos como arma que favorece su posición hegemónica para mantener la
supremacía del poder mundial.
La perspicacia de London viene de la
mano con una capacidad
de análisis de cómo el poder de la corporación aglutina la fuerza
económica de la minoría oligárquica como rector absoluto de
la sociedad tempranamente en los albores del siglo XX. La sociedad y el
conjunto de la apariencia democrática dan paso a una dictadura brutal
de la minoría de los acaudalados que disponen de todas las instituciones
tanto como los poderes del Estado los que usan sin pudor para aplastar a los
trabajadores.
La propia organización de los
proletarios es usada
para justificar las acciones antidemocráticas junto a la represión total
de estos, en un escenario que prefigura el nazismo o el fascismo como la
unidad política entre partido, Estado y corporación.
En la distopía de El Talón de Hierro se usa a los sindicatos para crear una “casta” de privilegiados para destruir al dividir el movimiento popular al favorecer a los trabajadores de las empresas imprescindibles para el funcionamiento de la maquinaria industrial como los ferrocarriles, el acero, el hierro y los obreros altamente cualificados que hacen funcionar las fábricas y las locomotoras. Se crea una “aristocracia obrera” (término acuñado por Mijaíl Bakunin y Friedrich Engels) que aniquila la posibilidad de unidad clave para la resistencia, mientras el grueso del proletariado es lanzado hacia los brazos de la miseria.
El Neoliberalismo preparó el terreno.
El modelo de las corporaciones como
ariete de la
fuerza económica del Estado comenzó temprano en la formación
capitalista, ya en 1600 en Inglaterra la reina Isabel I otorgó licencia
a la Compañía Británica de las Indias Orientales para la explotación
de los países colonizados por la fuerza militar. La creación de
la compañía significó la privatización como acto cofundador de la
colonización de la India y un modelo que ha seguido profundizando debido
al éxito en traspasar el capital desde el Estado a manos de la oligarquía.
El neoliberalismo puso una piedra más en la construcción de la corporación
transnacional como detentadora del poder económico/político total. La
oligarquía usa todas las prerrogativas del Estado, pero en una dictadura
encubierta sin la presencia de un tirano, sino que con una apariencia
de democracia manejada completamente por ellos. Usan el egoísmo para
que el pueblo quiera ser como los privilegiados o pertenecer a la casta
de los trabajadores elegidos, sean estos de las industrias claves o
los que son promovidos a la clase de los capataces o a la gerencia.
El modelo de las empresas militares de
contratistas
ha sido un salto cualitativo del neoliberalismo para hacer de la guerra
un negocio aún más lucrativo para el poder corporativo. Existió un boom
de estas empresas en los EE. UU. desde 1990, en la Guerra del Golfo
de 1991 o la invasión de Irak en 2003.
En Occidente, ya sea en los EE.UU., Europa o Latinoamérica el sistema democrático está siendo reemplazado abiertamente por el Talón de Hierro de la oligarquía aprovechando la destrucción del tejido social llevado a cabo por el neoliberalismo, esa visión extrema del capitalismo en conjunto con la aniquilación de los movimientos revolucionarios dejaron la puerta abierta para la toma del poder total por la plutocracia cuando Occidente se ve envuelto en una lucha existencial por mantener la hegemonía frente a la amenaza creciente de un oriente comunitario que se hace fuerte al ofrecer al Sur Global la esperanza de relaciones horizontales.
La ultraderecha como nuevo Talón de Hierro.
El propio Trump y la mayoría de los
líderes europeos
provienen de la oligarquía y sus acciones contrarias a las mayorías
están encaminadas a fortalecer los privilegios de ésta utilizando la inacción
de las masas como base para crear enemigos que hagan posible
redoblar el poder de la minoría acaudalada y sus corporaciones,
los paralelismos con El Talón de Hierro son indudables mientras imponen
como el enemigo a vencer a Rusia, China e Irán.
El desarrollo de la inteligencia
artificial en Occidente
es un escenario soñado por la oligarquía al poner en peligro los
puestos de trabajo bajando el precio que pagan por éste, manteniendo
a los trabajadores bajo una amenaza permanente, obligándoles a
doblar el enfrentamiento fratricida por la sobrevivencia.
La transnacional ultraderechista es la conexión internacional
de la oligarquía que cubre a Occidente con un manto de reaccionarismo,
asalta a los gobiernos con una fórmula exitosa repetida como un manual
de acción al usar el miedo en la crisis de seguridad o la inmigración
para lograr el apoyo electoral popular.
Para denigrar a Rusia se usa el
término de oligarcas
para denominar a los capitalistas que se hicieron con las empresas
privatizadas como si fuera exclusivo de países atrasados y antidemocráticos,
pero para los súper millonarios de Occidente de las empresas
tecnológicas, verdaderos representantes de la oligarquía, ese apelativo
es considerado peyorativo. Para consolidar el poder, Putin tuvo
que poner en su lugar a los oligarcas que destruyen la cohesión del
Estado con el pueblo al inclinarse por el servicio de los
intereses occidentales.
En la lucha contra la oligarquía el
marco mental de
análisis de los partidos y la clase popular es siempre atávicamente legalista,
les cuesta asumir que la ley ha sido superada, que el conflicto de
clase es una realidad usada desde el poder para aplastar a los
trabajadores en la versión del Talón de Hierro del siglo XXI.
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