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“Keiko Fujimori representa políticamente, en buena medida, la continuidad
de una identidad política vinculada a su padre y, por ello, sus
acciones de gobierno tendrán que definir qué memoria debe
prevalecer. Unos recuerdan a Fujimori padre enfrentando al
terrorismo y la crisis económica, y recuperando el orden; otros,
como el líder de un gobierno autoritario, violador de derechos
humanos, corrupto y que promovió el debilitamiento democrático.
Sospecho que Fujimori hija escribirá su propia historia, no como
una estadista, sino como la continuación de Dina
Boluarte II. Si
sobrevivir implica perder la alegría,
no podemos resignarnos a ser solo sobrevivientes. Hay que asumir
el cambio, la posibilidad de decidir sobre nuestra propia existencia
y dejar un futuro para los que vienen, como dice Víctor Heredia. Sin
embargo, en el caso peruano, el futuro no es alentador: basta
mirar la estadística migratoria de miles de jóvenes que abandonan
nuestro país para buscar mejores posibilidades de vida y desarrollo.
“No se trata de elegir entre
sobrevivir al terrorismo,
sobrevivir a la inseguridad, sobrevivir a la crisis económica
o sobrevivir a la inestabilidad política. Se trata de vivir bajo
un Estado social que funcione y que, al mismo tiempo, respete
nuestros derechos. Un Estado que tenga como eje principal a la persona
humana y el cumplimiento de sus deberes constitucionales, como proteger
a la población de las amenazas contra su seguridad (art. 44 de la
Constitución). La canción de Víctor Heredia, “Sobreviviendo”, es una demanda
ética y social al Estado y a la sociedad: no basta con preservar
formalmente la vida; una sociedad democrática debe crear condiciones
para que las personas puedan desarrollar una existencia digna,
segura y con futuro. Por ello, quizá la frase que mejor resume
toda la canción sea: “Ya no quiero ser solo un
sobreviviente”.
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La República.
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¡YA NO QUIERO SER SOLO UN SOBREVIVIENTE!
POR MARIANELLA LEDESMA.
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"Hay que recordar que una
democracia no solo debe permitir votar, sino evitar que el
ciudadano tenga que escoger entre libertad y seguridad, esto es, entre vivir y
sobrevivir"
Por Marianela Ledesma.
Abogada. Dr en Derecho.
Ex Presidente del Tribunal Constitucional.
Fuente. La República lunes 12 de octubre del 2026.
Una de las canciones de Víctor Heredia
nos invita a preguntarnos: ¿cómo vivimos? Sobreviviendo, diríamos,
¡sobreviviendo!
En nuestro país, no se vive, sino que
se sobrevive, y ello
implica una diferencia profunda. Vivir implica disfrutar,
proyectarse, tener esperanza y libertad. Sobrevivir
implica, simplemente, resistir ante circunstancias que amenazan constantemente
la vida y la dignidad. No se debe buscar que las personas estén
jurídicamente vivas, sino que tengan las condiciones sociales que les
permitan vivir realmente.
Bajo una sensación de cansancio
histórico, algunos
dirán: ¿cuándo en el Perú se pudo vivir? La mayoría de los peruanos
somos sobrevivientes históricos. Contemporáneamente, hemos sobrevivido a
la hiperinflación del primer gobierno de García, al terrorismo y,
ahora, tenemos que hacer frente a la criminalidad y a los pasivos del
desorden ambiental que genera la minería ilegal.
Nuestro país está enfermo, sigue enfermo; adolece de muchos
problemas, como la inestabilidad política, la debilidad
institucional, una permanente corrupción, el aumento de la
criminalidad, la desigualdad y la informalidad económica, a
lo que se agregan los conflictos socioambientales vinculados a la minería
ilegal e informal, la trata de personas, la tala ilegal, la afectación
de los territorios de las comunidades en la Amazonía, el pasivo
ambiental acumulado en muchas partes de nuestro territorio, etc.
Todo ello afecta nuestro bienestar. Sin embargo, me pregunto si
quienes ejercen el gobierno tendrán un real compromiso por gestionar
estas enfermedades.
Frente a este abanico de males, se ofertó una serie de soluciones
en estas últimas elecciones generales. Sin embargo, nada ha cambiado:
seguimos con el mismo libreto, con los mismos políticos y
funcionarios de siempre.
Ya no se vive, sino se sobrevive.
En estos últimos tiempos se ha
incrementado la inseguridad ciudadana y la criminalidad. El sicariato y la
extorsión, que buscan
el cobro de cupos locales (a pequeños y grandes negocios), junto con
la corrupción, son la mayor preocupación de la ciudadanía.
El analista de datos Juan Carbajal ha alertado que las denuncias por
secuestro apuntan a superar los 5.000 casos en 2026. Es la cifra
más alta registrada desde 2020, con un promedio de 14 casos diarios a
nivel nacional.
¿Qué hacer frente al incremento de la
criminalidad? Esa problemática
ha sido materia de la oferta electoral en las recientes elecciones
generales. El fujimorismo, grupo político ganador, ha puesto énfasis en
el ejercicio de la “mano dura” y ha pedido al Congreso que le
delegue facultades para legislar y enfrentar la criminalidad.
La Cámara de Diputados ha otorgado
esas facultades y
continuará su trámite en el Senado. Eso significa que pronto
veremos:
a) la mano dura y el orden, comenzando
por la reforma policial;
b) la intervención del régimen carcelario;
c) la modificación de las leyes que
dificultan la investigación y el juzgamiento de la criminalidad;
d) el tratamiento especializado para la
delincuencia juvenil;
e) la dotación de recursos materiales
para la investigación del Ministerio Público;
f) el control migratorio, teniendo en
cuenta que la criminalidad supera fronteras territoriales; y
g) un procedimiento penal sumarísimo,
pero con garantías mínimas, etc.
Las facultades para legislar que
solicitó el Ejecutivo
se han concedido, en este primer tramo, por la Cámara de
Diputados. Pronto, el partido de gobierno tendrá todo en sus manos; veremos
cómo gestiona los recursos del Estado para controlar la criminalidad, a
partir del marco jurídico que el Ejecutivo elaborará.
Hay que recordar que una democracia no solo debe permitir votar, sino evitar que el ciudadano tenga que escoger entre libertad y seguridad, esto es, entre vivir y sobrevivir.
¡Memoria que lástima!
La palabra sobreviviendo representa también a una parte de la sociedad
que continúa marcada por las heridas de su pasado político.
Por un lado, existe un sector de ciudadanos
que puede interpretar al fujimorismo como una forma de “sobrevivir”
frente al terrorismo, la inseguridad, la crisis económica o el
desorden político.
Pero existe otra memoria, completamente distinta: la de
quienes recuerdan el autoritarismo, la corrupción, las violaciones
de derechos humanos y el debilitamiento institucional.
La canción de Víctor Heredia incorpora la memoria colectiva
para mostrar cómo determinados acontecimientos históricos permanecen
en la conciencia de una sociedad. Recordar no siempre es un
acto neutral. Hay acontecimientos históricos que continúan
afectando emocional y socialmente a quienes los vivieron y a las
generaciones posteriores. Por ello, hay una deuda social
pendiente con las familias de los desaparecidos en la época del
conflicto armado y de las personas asesinadas en las protestas
sociales contra el gobierno de Dina Boluarte, quienes hasta hoy
no encuentran justicia, por citar algunos casos.
Keiko Fujimori representa
políticamente, en buena
medida, la continuidad de una identidad política vinculada a su
padre y, por ello, sus acciones de gobierno tendrán que definir
qué memoria debe prevalecer. Unos recuerdan a Fujimori padre
enfrentando al terrorismo y la crisis económica, y recuperando el
orden; otros, como el líder de un gobierno autoritario, violador
de derechos humanos, corrupto y que promovió el debilitamiento democrático.
Sospecho que Fujimori hija escribirá su propia historia, no como
una estadista, sino como la continuación de Dina Boluarte II.
Si sobrevivir implica perder la
alegría, no
podemos resignarnos a ser solo sobrevivientes. Hay que asumir el
cambio, la posibilidad de decidir sobre nuestra propia existencia y
dejar un futuro para los que vienen, como dice Víctor Heredia. Sin
embargo, en el caso peruano, el futuro no es alentador: basta
mirar la estadística migratoria de miles de jóvenes que abandonan
nuestro país para buscar mejores posibilidades de vida y desarrollo.
No se trata de elegir entre sobrevivir
al terrorismo, sobrevivir
a la inseguridad, sobrevivir a la crisis económica o sobrevivir a
la inestabilidad política. Se trata de vivir bajo un Estado social
que funcione y que, al mismo tiempo, respete nuestros derechos.
Un Estado que tenga como eje principal a la persona humana y el cumplimiento
de sus deberes constitucionales, como proteger a la población de
las amenazas contra su seguridad (art. 44 de la Constitución).
La canción de Víctor Heredia,
“Sobreviviendo”, es
una demanda ética y social al Estado y a la sociedad: no basta con preservar
formalmente la vida; una sociedad democrática debe crear condiciones
para que las personas puedan desarrollar una existencia digna,
segura y con futuro. Por ello, quizá la frase que mejor resume
toda la canción sea: “Ya no quiero ser solo un
sobreviviente”.
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