sábado, 7 de noviembre de 2026

EUROPA: EL RETORNO DE LA REVOLUCIÓN SOCIAL.

 &&&&&

¿QUÉ ES UNA REVOLUCIÓN SOCIAL?

Una revolución social es un cambio radical y acelerado en la estructura de la sociedad que transforma el sistema político, económico o de clases dominante. Cualquier revolución social es un shock para la sociedad, cuyas consecuencias se pueden sentir durante años y décadas. Es como una terapia de choque: en el caso de la evolución, los cambios ocurren lentamente, y en el caso de la revolución, inmediatamente, de manera muy abrupta y rápida. En la mayoría de los casos, las consecuencias negativas prevalecen sobre las positivas, pero lo primero es lo primero.

Esta definición se entiende como cualquier cambio revolucionario en la sociedad que lleve a un cambio en el sistema social. En consecuencia, las revoluciones industriales, científica o científico-tecnológica no tienen nada que ver con este término. Todos ellos también modifican la sociedad, pero no lo hacen de manera tan abrupta, y no suelen ir acompañados de conflictos a gran escala.

Causas de la revolución social.

La lista completa de razones puede ser muy larga. Por lo general, los estados de ánimo revolucionarios en la sociedad surgen cuando el número de personas insatisfechas con el sistema existente supera una cierta masa crítica. Al mismo tiempo, es importante que estos sentimientos sean apoyados tanto por la élite (que dirigirá la revolución) como por la masa principal de la población (que será su principal fuerza motriz, por así decirlo, los músculos).

Che Guevara se ha convertido en un símbolo de la revolución en todo el mundo.

*****

Las revoluciones sociales no son espontáneas, suelen ser iniciadas por un grupo de organizadores que luchan por el poder, y son fruto de un largo y arduo trabajo. No siempre terminan con éxito: la historia conoce muchos más ejemplos de intentos fallidos de organizar una revolución que exitosos. E incluso el éxito no garantiza el logro de objetivos a largo plazo, porque con el tiempo todo puede volver a la normalidad. En Inglaterra y Francia, las revoluciones sociales en un principio condujeron al derrocamiento de la monarquía absoluta y al establecimiento de un sistema republicano, pero en ambos casos, poco después de estos hechos, la monarquía fue nuevamente restaurada.

Consecuencias de las revoluciones sociales.

En cualquier caso, causan un enorme daño a la sociedad, pudiendo retrasarla décadas en su desarrollo. Los eventos revolucionarios casi siempre conllevan derramamiento de sangre a mayor o menor escala. Francia, potencia líder en Europa antes de 1789, tardó décadas en estabilizarse políticamente tras la Revolución: una guerra civil interior, el Terror y las guerras napoleónicas se sucedieron, ralentizando su desarrollo económico frente a países como Reino Unido.

Las consecuencias económicas de las revoluciones sociales son aún más globales. A veces pueden no aparecer de inmediato, pero en un año, dos, cinco o diez se harán sentir con toda su fuerza. Cuantos más daños a la infraestructura y a la población se hayan causado durante los hechos revolucionarios, más graves serán. Por ejemplo, después de la revolución en Cuba, este país se convirtió en un peón en el juego entre los EE. UU. y la URSS, y como resultado se convirtió en uno de los estados más pobres del mundo.

Fuente. Cuales. Administrador.

/////

Manifestantes se movilizan en calles europeas en medio del descontento por las condiciones económicas y sociales. Foto Ap

*****


EUROPA: EL RETORNO DE LA REVOLUCIÓN SOCIAL.

*****

Por Claudio Albertani.

Fuente. Diario La Jornada, Ciudad de México viernes 6 de noviembre del 2026.

Tengo dos pasiones: la fanfarria y la revolución,

las huelgas y los sabotajes,

las ZAD y las manifestaciones espontáneas.

Tengo dos pasiones: la fanfarria, la revolución,

resistamos, hagamos realidad el sueño,

¡que la tierra entera se levante!

Himno de la revuelta estudiantil.

Nadie lo había previsto. La televisión, los partidos políticos y los grandes periódicos no tienen otra explicación que la denostación, pero los hechos hablan por sí solos. Los liceos empezaron a movilizarse a mediados de septiembre con demandas estrictamente educativas. 

Frente al deterioro de las escuelas, la falta de profesores y el hacinamiento, pedían más presupuesto. Macron –el rey sin corona, responsable del desmantelamiento de los servicios públicos y, particularmente, del desastre educativo– los reprimió con extrema dureza. Antes lo había hecho con los chalecos amarillos (2018-2020), la ZAD –Zona a Defender– de Notre-Dame-des-Landes (2018), las protestas por las pensiones (2019-2020 y 2023), los ecologistas de Sainte-Soline (2023), y las revueltas en los suburbios tras el asesinato de Nahel Merzouk por parte de la policía en Nanterre (2023), sin olvidar las movilizaciones contra el genocidio en Palestina.

Creía salirse con la suya, pero el 17 de octubre la manifestación contra el costo de la vida –convocadas semanas antes por sindicatos, asociaciones vecinales y partidos de izquierda– se convirtió en otra cosa: a las 11 de la mañana, la Place de la République estaba llena y no se podía entrar. El recorrido de tres kilómetros y medio hasta la Place de Clichy desbordó calles y bulevares: marcharon más de 100 mil personas; 400 mil en el resto de Francia.

La Revolución Social más importante de la Historia.
*****

Explotó, acto seguido, la cólera de los jóvenes: se habla de 3 mil comercios dañados y mil detenciones; 8 mil en toda Francia desde el principio del movimiento. Las fotografías de la torre del palacio municipal de Limoges en llamas dieron la vuelta al mundo. El lunes 19, el Louvre –el museo más famoso del mundo– no abrió sus puertas: las estudiantes bloquearon los accesos al grito de “dinero para la cultura, no para las guerras”. Francia, no lo olvidemos, ha invertido cerca de 8 mil millones de euros en la impopular guerra de Ucrania.

Impresiona ver cómo los estudiantes se han adueñado del espacio público. Emocionan su creatividad, el humor, las orquestas callejeras, las fanfarrias, sus bailes y su teatro. La inteligencia colectiva no tiene prejuicios: echa mano incluso de la inteligencia artificial; basta ver el reel de la Pantera Rosa ridiculizando a los policías. Destaca la claridad política de los estudiantes: explican sus razones con lucidez e ironía. Entonan La Internacional, Bella Ciao, El pueblo unido jamás será vencido y La Marsellesa, rescatada tras un siglo de nacionalismo rancio.

El primer ministro, Sébastien Lecornu, cree tener la solución: toques de queda parciales y prohibición de concentrarse a partir de las ocho de la noche en los centros históricos y los suburbios conflictivos. No va a funcionar: esto no tiene precedentes. Leo en un blog del movimiento: “¡Al basurero de la historia esos pájaros de mal agüero que daban por arruinada a una generación a causa de las redes sociales y la IA!”. Es verdad. Además, las reivindicaciones de los estudiantes son igualitarias: piden educación y cultura, pero también una vida mejor para todos (https://tinyurl.com/mx223ed3).


Ese mismo fin de semana Milán ardió durante dos noches; Turín y Bolonia registraron severos disturbios. Inmediatamente, los medios corporativos pusieron el grito en el cielo argumentando que el “malvado” Putin estaba detrás de los facinerosos. Pero el escenario era similar al de Francia: adolescentes hartos de tanta injusticia saquearon tiendas de moda. Algunos regalaron prendas a personas en situación de calle. Completamente desbordados, los policías confesaron que no sabían cómo lidiar con estos “sujetos inéditos”. Una explicación plausible se encuentra en el Manifiesto del Movimiento 17 de Octubre, difundido vía Instagram y Telegram: “Somos jóvenes hartos de esperar; no nos representa nadie. Nos representamos solos. No confiamos en la política institucional; los partidos institucionales y los sindicatos forman parte del mismo Estado al que nos oponemos. Necesitamos algo nuevo” (bit.ly/4dTeH3M).

En respuesta, la neofascista Giorgia Meloni inventó el delito de “participación violenta en manifestación” –hasta cinco años de cárcel por sumarse a un grupo de cinco o más personas–, extendió el arresto preventivo a los menores de edad y exigió que los padres paguen por los daños causados por sus hijos: ser adolescente es ahora un indicio de delito. Y desplegó quinientos paracaidistas en Milán para reforzar el contingente militar.

Las protestas no se limitan a Francia e Italia. En España, el trágico caso del desalojo de María del Carmen Abascal Martín (Maricarmen) ha detonado una histórica ola de indignación popular. En Portugal, las calles de las principales ciudades se llenan de manifestaciones por la falta de vivienda. Albania es el caso menos documentado, aunque no por ello de menor importancia: un movimiento cívico contra la corrupción y contra un desarrollo turístico de lujo vinculado a Jared Kushner, yerno de Donald Trump, se ha transformado en un factor de movilización nacional hasta ahora desconocido.

Todo esto desconcierta. De París a Tirana, se respira la misma alegría irreverente. Quienes pontificaban sobre una generación embrutecida por las pantallas –y desde el poder la tildaban de apolítica– se topan hoy con lo contrario: una politización extrema que no pasa por las urnas, sino por el cuerpo, la calle y el humor. La revolución social no regresa como doctrina ni como programa, sino como experiencia: la idea de que otra vida es posible aquí y ahora y la firme decisión de vivirla en común. Enhorabuena.

Posdata: dedico estas palabras a la memoria de Raoul Vaneigem, incansable profeta de las pasiones alegres.

*UACM, plantel San Lorenzo Tezonco

*****

No hay comentarios: