jueves, 6 de junio de 2024

MÉXICO. DESDE LOS MAYAS Y LOS AZTECAS HASTA CLAUDIA SHEINBAUM Y LA CUARTATRANSFORMACIÓN.

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“Pero al igual que en toda América, la independencia no fue completa. En México, le correspondió a Benito Juárez instaurar un cuerpo de leyes e instituciones que condujeran a construir realmente al Estado Mexicano y lo hizo en un momento en que el país se debatía en conflictos internos y externos que debilitaron el poder. Las frágiles instituciones construidas en el período pos colonial no pudieron evitar que Estados Unidos se robara el 55% del territorio mexicano. Juárez no solo edificó el nuevo Estado, sino que lo modernizó y lo hizo más sólido. Pero la modernidad no trajo la ansiada prosperidad para las mayorías, las luchas internas no conseguían dar estabilidad al país, la propiedad de la tierra en manos de unos pocos y el perturbador papel activista de la iglesia católica no ayudaban a crear un clima que contribuyera al desarrollo. Una aguda lucha se desató en el país, en ella destacaron los líderes campesinos Emiliano Zapata y Francisco Villa que se enfrentaron a los remanentes de la larga dictadura de Porfirio Díaz y protagonizaron junto a otros la revolución mexicana de 1910 que tuvo una trascendente participación popular. Los mexicanos no dejaron nunca de luchar hasta que en 1917 se logró la aprobación de una nueva Constitución (vigente aún hoy) que por primera vez incorporaba una serie de derechos sociales en favor de los sectores más humildes de la población, convirtiendo la Carta Magna mexicana en un ejemplo a seguir para toda América Latina.

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MÉXICO. DESDE LOS MAYAS Y LOS AZTECAS HASTA CLAUDIA SHEINBAUM Y LA CUARTATRANSFORMACIÓN.

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Por Sergio Rodríguez Gelfenstein.

Fuente. Prensa Latina. Firmas Selectas.

Ciudad de México. Jueves 6 de junio del 2024.

 

No es casual. Está en los anales. El pueblo mexicano lo hizo una vez más como en muchas otras ocasiones a lo largo de la historia. Es verdad que a Hernán Cortés lo acompañó una Malinche (el domingo pasado también hubo otra cortejando al pasado) pero la memoria nos recuerda a Atotoztli, Tomiyahuatl, Eréndira y Tecuichpo, grandes mujeres que forjaron la nación azteca.

En el siglo XXI hay otra: se llama Claudia Sheinbaum. Como ella misma dice:

“provengo de familia judía y estoy orgullosa de mis abuelos y de mis padres”, pero no olvida que “fui educada como mexicana”. En el país hermano hay muchas Claudias. Yo conozco a varias de ellas.

 


No obstante esto, en su conferencia de prensa matinal del pasado 3 de junio, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) señaló con precisión quién había sido el protagonista de la jornada y quién había jugado el papel principal en el proceso de evolución de su país iniciado en 2018: Dijo AMLO:

“…ayudé en la transformación del país, como lo han hecho millones de mexicanos porque yo no soy el único; a mí me tocó la construcción de un proceso, pero los actores principales, los protagonistas principales de este cambio fueron millones de mujeres y de hombres que han venido luchando”.

He ahí la esencia de lo que la oligarquía no entiende sobre lo que está ocurriendo: el pueblo ha sido el protagonista de los hechos y el intérprete principal de los acontecimientos que condujeron a los extraordinarios resultados electorales del pasado domingo.

Y es que como dije al comienzo, desde la resistencia de aztecas y mayas al colonialismo español signado por el triunfo de la “Noche Triste” y la organización de la defensa de Tenochtitlán que estableció niveles inauditos de resistencia solo superados por el salvajismo, el desprecio, y la barbarie propia de los españoles y su superioridad en materia bélica, los mexicanos no han dejado de luchar. La resistencia fue derrotada, y tuvo un alto costo humano, pero generó un sentimiento de orgullo por lo propio que aún hoy vive en el alma de los mexicanos. Se siente desprecio por la Malinche y altivez por la historia pasada.

Los imperios aztecas y mayas desaparecieron, a pesar de su gran desarrollo científico y tecnológico muy superior al de los europeos en materia de astronomía, medicina, hidráulica, agricultura y arquitectura entre otras. Pero como me decía Moisés Morales el gran sabio y guía de Palenque en Chiapas:

“Que los mayas desaparecieron, ¿y yo qué soy? ¿y qué son toda esta gente que nos rodea? ¿No son acaso los descendientes de aquellos que fundaron estas grandes ciudades de economía floreciente?”. Se refería a Palenque, Toniná, Chichen Itzá, Tulum, Tikal y Copal entre otras portentosas ciudades que ya eran enormes urbes desarrolladas cuando París y Londres eran aun unas aldeas miserables.

“Aquí estamos”, me decía Moisés, lamentablemente fallecido hace unos años, y aquí está hoy el pueblo mexicano heredero de grandes tradiciones, haciéndose cargo de su destino. Al igual que otros territorios de la región y al unísono con Venezuela y el Río de la Plata, en 1810 estalló la insurrección, los campesinos e indígenas convocados por el cura del pueblo de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla iniciaron la lucha por la independencia del yugo español. Al igual que Venezuela, en 1821, tras la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, culmina la lucha por la independencia. Antes, entre 1811 y 1815, José María Morelos intentó imprimirle un contenido social a la lucha, asumiendo posiciones más radicales en defensa de los humildes y de la soberanía nacional.

 


Pero al igual que en toda América, la independencia no fue completa. En México, le correspondió a Benito Juárez instaurar un cuerpo de leyes e instituciones que condujeran a construir realmente al Estado Mexicano y lo hizo en un momento en que el país se debatía en conflictos internos y externos que debilitaron el poder. Las frágiles instituciones construidas en el período pos colonial no pudieron evitar que Estados Unidos se robara el 55% del territorio mexicano. Juárez no solo edificó el nuevo Estado, sino que lo modernizó y lo hizo más sólido.

Pero la modernidad no trajo la ansiada prosperidad para las mayorías, las luchas internas no conseguían dar estabilidad al país, la propiedad de la tierra en manos de unos pocos y el perturbador papel activista de la iglesia católica no ayudaban a crear un clima que contribuyera al desarrollo.

Una aguda lucha se desató en el país, en ella destacaron los líderes campesinos Emiliano Zapata y Francisco Villa que se enfrentaron a los remanentes de la larga dictadura de Porfirio Díaz y protagonizaron junto a otros la revolución mexicana de 1910 que tuvo una trascendente participación popular. Los mexicanos no dejaron nunca de luchar hasta que en 1917 se logró la aprobación de una nueva Constitución (vigente aún hoy) que por primera vez incorporaba una serie de derechos sociales en favor de los sectores más humildes de la población, convirtiendo la Carta Magna mexicana en un ejemplo a seguir para toda América Latina.

Aunque se instauró cierta estabilidad y la lucha por el poder se manifestaba en los marcos del sistema, México no lograba despegar en su desarrollo. En 1934, Lázaro Cárdenas fue elegido presidente de la República significando un punto de inflexión en la historia mexicana al tomar decisiones que enfrentaban los mecanismos tradicionales de la política inaugurada tras la revolución de 1910.

Cárdenas apeló a la necesidad de establecer un sistema político y económico que garantizara la igualdad entre todos los mexicanos, para lo cual era fundamental sentar un sistema educativo que le proporcionara acceso a todos. Así mismo, se propuso hacer que los trabajadores y el pueblo jugaran un papel más participativo en la vida nacional, instaurando alianzas con las organizaciones sindicales. Se crearon cooperativas de trabajadores, asumiendo desde el gobierno políticas que se proponían mejorar las condiciones laborales de los obreros, favoreciendo sus luchas en contra de los empresarios nacionales y sobre todo de los extranjeros.

Un momento clave del gobierno de Cárdenas fue en 1936 cuando se aprobó la ley de expropiación de las empresas petroleras extranjeras en cumplimiento del mandato de la Constitución de 1917 que en su artículo 27 establecía el derecho de propiedad de la nación sobre sus recursos naturales. Así, en 1938, por medio de un decreto, esa ley se hizo realidad.



Se inauguró un nuevo período de “estabilidad” en los marcos de la democracia representativa, ahora tutelada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) que había sido creado en 1929 y que gobernó consecutivamente desde 1930 hasta el año 2000. El modelo sui generis establecido por el PRI que se caracterizaba por el control total de la política en lo interno y la defensa de la soberanía nacional sin inmiscuirse en los asuntos de otros países, en lo externo, generó importantes avances sociales en el país, pero, en sus últimos años, el sistema devino centralizador, corrupto y neoliberal, profundizando la dependencia externa de Estados Unidos y la situación de pobreza de las grandes mayorías.

En estas condiciones, AMLO accede a la presidencia en 2018 (antes, le habían robado el triunfo en 2006 mediante un gigantesco fraude electoral) e inicia la Cuarta Transformación que es mucho más que la realización de una serie de medidas políticas que cualquier gobierno hace cuando llega a la administración de un país. Ahora se trataba de dar continuidad a la historia para producir los cambios que el país necesitaba. Lo explicaba el mismo presidente AMLO en su alocución durante el 75° periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU el 22 de septiembre de 2020:

“las tres primeras transformaciones fueron: “… la independencia, […] la reforma y […] la revolución y ahora estamos empeñados, comprometidos en llevar a cabo la Cuarta Transformación de la vida pública del país, sin violencia y de manera pacífica”.

Hoy, cuando Claudia Sheinbaum ha sido elegida como presidenta de México, América Latina celebra con júbilo tal acontecimiento. Desde las guerras de independencia los destinos de México han estado indisolublemente ligados a la de sus hermanos del sur. Colombia (la Grande), fundada por el Libertador Simón Bolívar, fue el primer país que reconoció la independencia de México, el primero que envió un diplomático y fue el primer país con el que México firmó un tratado de Unión, Liga y Confederación.

Los esfuerzos de Bolívar por la unidad latinoamericana tuvieron en el presidente mexicano Guadalupe Victoria y su canciller Lucas Alamán, sus más firmes aliados. En Tacubaya, México, se intentó dar continuidad a los esfuerzos no concretados en Panamá en 1826.

No obstante, los gobiernos neoliberales (bajo mandato de Washington) que comenzaron a gobernar México en las postrimerías del siglo XX, condujeron a un alejamiento ostensible del país con América Latina. Fue precisamente el presidente López Obrador quien retomó los ideales de integración regional que propugnaron Bolívar y Victoria.

 


Ahí está su impronta: recuperación y revitalización de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) bajo el manto integracionista del Libertador Simón Bolívar; rechazo absoluto sin cortapisas al ilegal bloqueo estadounidense contra Cuba: no aceptación y negativa a inmiscuirse en los asuntos internos de Venezuela; supremo esfuerzo por salvaguardar la integridad personal del presidente boliviano Evo Morales tras el golpe de Estado de 2019, permitiendo dar continuidad al proceso político de ese país; rompimiento de relaciones con Ecuador ante la ilegal incursión en la Embajada de México en Quito violatoria de todos los preceptos del derecho internacional; apoyo irrestricto a todos los procesos democráticos de la región sin inmiscuirse en la dinámica política interna; enaltecimiento y respeto inconmensurable a Salvador Allende como ícono de la democracia popular y la defensa de la soberanía nacional en nuestra región…y hay mucho más.

En el tercer debate entre los candidatos presidenciales, realizado el pasado 19 de mayo, Claudia Sheinbaum, citando a Mario Benedetti, recordó que “el sur también existe”. En ese sentido, afirmó que “…vamos a seguir ampliando las relaciones con América Latina y el Caribe, y el fortalecimiento de la CELAC”. Es lo que esperamos los países y pueblos del sur porque como le escribió Bolívar al líder mexicano Agustín de Iturbide en carta fechada el 10 de octubre de 1821:

“En el mal la suerte nos unió; el valor nos ha unido en la desgracia; y la naturaleza, desde la eternidad, nos dio un mismo ser para que fuésemos hermanos y no extranjeros…”.

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miércoles, 5 de junio de 2024

RESPONSABILIDAD DE LA INDUSTRIA MILITAR Y LA GUERRA EN LA DESTRUCCIÓN DEL AMBIENTE.

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DÍA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE. 5 DE JUNIO. ONU INSTA A RESTAURAR LAS TIERRAS Y ECOSISTEMAS DEGRADADOS. NACIONES UNIDAS, EL SECRETARIO GENERAL DE LA ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS (ONU), ANTÓNIO GUTERRES, instó hoy a los países a cumplir sus compromisos para Restaurar las Tierras y los Ecosistemas Degradados. Se están Aniquilando Bosques y Praderas, y se está Minando la fuerza de la Tierra para sostener los Ecosistemas, la Agricultura y las Comunidades. El Mensaje llega el Día Mundial del Medio Ambiente, a celebrarse hoy (5 de junio), cuyo tema Central este año es Restauración de las Tierras, Desertificación y Resiliencia frente a las Sequías. Informes de la Convención de las Naciones Unidas contra la Desertificación dan cuenta que hasta el 40% de las zonas terrestres del planeta están degradadas, lo cual afecta directamente a la población mundial. Muestran además que el número y la duración de los períodos de sequía aumentaron un 29% desde el año 2000 y, si no se toman medidas urgentes, las sequías podrían afectar a más de tres cuartas partes de la población global en 2050.



“Según la Organización Internacional para las Migraciones, la degradación del suelo afecta de manera directa la vida de las personas y sus medios de subsistencia, amenazando la seguridad alimentaria y del agua, y provocando migración y desplazamiento. El organismo destacó que, cada año, millones de personas son desplazadas por las catástrofes; solo en 2023, los desastres provocaron 26,4 millones de nuevos desplazamientos internos. De acuerdo con el Banco Mundial, sin una acción climática y para el desarrollo, temprana y concertada, más de 216 millones de personas podrían convertirse en migrantes climáticos internos en 2050. “Pese a que la humanidad depende de la tierra, en todo el mundo, una combinación tóxica de contaminación, caos climático y eliminación de la biodiversidad está convirtiendo tierras sanas en desiertos y ecosistemas prósperos en zonas muertas”, advirtió Guterres.  En consecuencia, subrayó, se pierden las cosechas, desaparecen las fuentes de agua, se debilitan las economías y corren peligro las comunidades, lo que afecta más gravemente a los más pobres. Definió este proceso como «ciclo mortal”, pues el uso de la tierra es responsable del 11% de las emisiones de dióxido de carbono que calientan el planeta, las cuales, a su vez, potencian la desertificación, por lo que, sentenció, “es hora de salir de este ciclo”. Fuente. Prensa Latina. /5/06/2024/.

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RESPONSABILIDAD DE LA INDUSTRIA MILITAR Y LA GUERRA EN LA DESTRUCCIÓN DEL AMBIENTE.

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Por Edgar Isch L. | 05/06/2024 | Ecología social

Fuentes: Rebelión

Fuentes Revista Rebelión miércoles 5 de junio del 2024-

El metabolismo entre sociedad y naturaleza tiene puntos de equilibrio muy difusos, por lo que su fragilidad crece en medida que la sociedad utiliza un territorio cada vez mayor, extrae recursos en mayores cantidades o interviene, interrumpe y altera los ciclos naturales. La capacidad humana de afectar a la naturaleza ha crecido con el tiempo y, en el periodo que se asume como “capitaloceno”, se expresa de manera violenta, generando una situación inédita en la historia humana de destrucción y alteración. El capitalismo, en general, ha roto el metabolismo y ha puesto en peligro a la existencia de la misma especie humana, entre tantas otras.

En el momento presente, que se corresponde con la fase del imperialismo, tenemos una situación generada en la disputa, principalmente de las potencias mundiales, que se distribuyen áreas de influencia inestables y conflictivas, en espera de garantizar su rol en la dominación del mundo. Entramos así en un momento en que se ha regularizado el uso de la guerra como una herramienta y con desastrosos efectos para los seres humanos y los territorios. El hecho que se llegue a casos de genocidio que prácticamente se transmiten de manera instantánea, o que sin rubor se mencione una guerra mundial, no dejan sino pensar en la barbarie, como una opción de futuro distópico, que debe detenerse a tiempo.



Cabe señalar que, contrario a los anuncios realizados en décadas pasadas de un nuevo orden mundial que vería desaparecer los conflictos bélicos, estos han crecido en número (hay 56 guerras activas según semFYC, 2024), intensidad y violencia.  Eso lleva a preguntarse sobre los efectos que estos conflictos tienen en el metabolismo social y natural, aunque no ha sido un tema tratado con detalle.

La destrucción de territorios, implicando la destrucción biológica de especies que allí habitan, es el efecto más visible. Pero en el interior del territorio podría existir un cúmulo de especies aún no identificadas y en riesgo de desaparecer, la reducción del número de individuos de otras afectando la cadena trófica o las interrelaciones biológicas. Los territorios atacados, en varias de estas guerras, incluyen bosques nativos, causando efecto negativo en la captura de gases de efecto invernadero. Pero también se afectan durante los entrenamientos militares de gran impacto, como son los ejercicios militares que suman a varios países a la vez.

Considerando que el ser humano tiene en su entorno no solo un medio ambiente natural sino también uno construido, es obvio pensar en la destrucción del mismo en cada bombardeo. Se destruyen viviendas y caminos, pero también las plantas para tener agua potable, los hospitales y escuelas. De esta manera se destruye el derecho humano a tener un ambiente seguro, sano y libre de contaminación. La salud física y mental es atacada de manera intencional al realizar la guerra sin importar la muerte de civiles.



El uso de distintos productos contaminantes, desde el plomo de las balas, pasando por explosivos y llegando a gases, fósforo blanco o radioactividad, acrecientan las consecuencias mencionadas anteriormente. Estos contaminantes continúan causando efecto por muchos años, ampliando su daño ambiental y a las poblaciones víctimas de las guerras de dominación.

Estados Unidos, como primera potencia militar mundial, entre 2001 y 2017 en acciones militares y su industria emitió 1.200 millones de toneladas métricas de gases de efecto invernadero (Crawford, 2019). Por su lado, la huella de carbono del sector industrial/militar y de las fuerzas armadas de los 27 países miembros de la Unión Europea en el año 2019 fueron estimadas de 24,8 millones de tCO2e (Parkinson y Cottrell, 2021). En síntesis, conforman uno de los sectores que más inciden en el cambio climático, que presenta ya fenómenos climáticos extremos con enormes daños a la vida.

Sin embargo, la guerra es también un gran negocio para unas cuantas industrias y consume unas enormes cantidades de recursos. De acuerdo con SIPRI (2024) el crecimiento total de presupuesto militar a nivel global entre 2022 y 2023 fue del 6,8%, hasta alcanzar los 2,44 billones de dólares, lo que marcaría el mayor incremento anual desde 2009. Los 31 miembros de la OTAN gastaron 1,34 billones de dólares, lo que equivale al 55% del gasto militar mundial.

En comparación, para enfrentar

“las crisis del clima, la biodiversidad y la degradación de la tierra sólo podrán contenerse si se invierten 536.000 millones de dólares anuales en los próximos 30 años” (ONU, 2021). Es decir, la quinta parte del gasto militar de 2023. Gasto militar que crece año tras año, mientras el requisito ambiental se mantiene fijo, ampliando cada año la brecha.

En el marco de la crisis integral del sistema, Centre Delàs d’Estudis per la Pau (2021), señala que:

“El complejo militar industrial… Es un sistema que no tiene en cuenta los límites ecológicos y del planeta, que no respeta la dignidad de todas las personas, que utiliza esquemas patriarcales de violencia, que no se plantea una actuación coordinada a nivel planetario ante las crisis globales, y que no acepta la visión feminista de la igualdad esencial de todas las personas, descartando algo tan fundamental como su cuidado”.



Pero en lo que si piensan es en cómo “blanquear” su actividad. Por ejemplo, hablan de contar con “munición verde” y “amistosas con el medio ambiente”. Una de las empresas empeñadas en este gesto propagandístico es Bae Sistems (Sunday Times, 2006), que es a la vez una de las más grandes a nivel mundial, habla de

“limitar los daños colaterales y minimizar el impacto en el medio ambiente, en la medida de lo posible”. Solo le falta decir que serán armas inteligentes y que no matarán. Pero un arma en manos de las potencias será utilizada para imponerse en el mundo, matando y esclavizando. Lo demás, lo demuestra la historia reciente, no les importa.

El guerrerismo imperialista también pretende justificarse en “derechos” que se otorgan a sí mismos. Israel sostiene tener el derecho de realizar un genocidio; Estados Unidos, el derecho de atacar y sancionar pueblos enteros; Rusia, el derecho de invadir Ucrania; y se puede seguir con un largo etcétera. Lo obligatorio es desmitificar esa manera de justificar su violencia masiva y denunciar al guerrerismo y las industrias de armamento.

La defensa del medio ambiente, así como la defensa de la vida misma, incluida la de los seres humanos, involucra hoy la lucha contra los afanes de dominio mundial a través de las guerras. Justicia ambiental y guerra imperialista son totalmente opuestos

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martes, 4 de junio de 2024

UN GIRO MÁS HACIA LA DERECHA. ELECCIONES PARLAMENTARIAS EUROPEAS, ENCUESTAS Y TENDENCIAS

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“Debate electoral concordante con una Europa demacrada. Aunque sea casi imposible evaluar cabalmente la dinámica política de cada uno de los veintisiete países de la Unión Europea previa a las próximas elecciones, la tendencia global señala un común denominador: un debate muy pobre sobre el proyecto común europeo debido a que ha cedido su espacio pre-electoral a los temas más puntuales y polarizantes que dominan la agenda en cada uno de los Estados miembros. En otras palabras: dicho debate solo serviría para plebiscitar la relación de fuerzas internas en cada uno de esos países, no para consensuar un programa de futuro para la Europa comunitaria. La discusión de fondo sobre Europa casi no se percibe a nivel nacional, excepto en algunos espacios televisivos. En España, por ejemplo, estas últimas semanas las diversas fuerzas políticas han estado argumentando muy poco sobre sus proyectos estratégicos para el continente y siguen enfrascadas en una áspera disputa doméstica con una agenda centrada en los casos de corrupción (de unos y otros), la amnistía en Cataluña y el reciente reconocimiento español del Estado Palestino.

“La situación en Francia no es muy diferente. El martes 28 de mayo el sitio Web del cotidiano Le Figaro evaluaba el debate televisivo entre dirigentes políticos galos sobre las elecciones europeas de la noche anterior. Lo calificó como “angustioso espectáculo”, haciéndose eco del historiador Maxime Tandonnnet, quien opinó que “ilustra el gran disparate de este inicio de campaña y la creciente desconexión entre ciudadanos y políticos”. Significativo el título del artículo de Le Figaro: “Un debate grotesco a imagen de una elección para desahogarse”.

“Por su parte, en un artículo intitulado “Elecciones europeas: una campaña marcada por el declive de la ambición ecológica”, el cotidiano Le Monde del 23 de mayo afirmó que, “convertidas en chivos expiatorios o invisibles, las cuestiones climáticas están casi ausentes, relegadas a la periferia de los debates para las elecciones del 9 de junio”. Según Le Monde, dicha omisión muy bien podría “desesperar a científicos y activistas” en cuanto a la incapacidad de la política para actuar en favor del medio ambiente. Tal vez el debate programático europeo principal (y tal vez el único de este tipo) fue el del 23 de mayo en Bruselas entre cinco de los candidatos cabezas de lista y con aspiraciones a presidir la Unión Europea. Una vez más, los Estados miembros de la UE delegaron en esa superestructura política la discusión de contenidos prácticamente inexistentes a nivel nacional.

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UN GIRO MÁS HACIA LA DERECHA. ELECCIONES PARLAMENTARIAS EUROPEAS, ENCUESTAS Y TENDENCIAS.

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Por Sergio Ferrari | 04/06/2024 | Europa

Fuentes. Revista rebelión martes 3 de junio del 2024.

Fuentes: Rebelión [Imagen: protestas de agricultores europeos contra las políticas de la UE para el agro. Foto ATTAC]

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Entre el 6 y el 9 de junio los ciudadanos de veintisiete países elegirán sus 720 diputados al Parlamento Europeo a través de sufragio universal, directo, proporcional y secreto. El posible reforzamiento de la derecha y la extrema derecha, así como la minimización del debate sobre temas esenciales como el cambio climático enmarcan esta compleja coyuntura continental.

Las elecciones comenzarán en los Países Bajos el jueves 6 de junio. Continuarán en Irlanda el viernes 7 y en Eslovaquia, Letonia y Malta el sábado 8. En la República Checa el 7 y el 8, mientras que en Italia tendrán lugar el sábado 8 y el domingo 9. Los ciudadanos de los otros veinte países de la Unión Europea (Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Croacia, Dinamarca, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Lituania, Luxemburgo, Polonia, Portugal, Rumanía, y Suecia) concurrirán a las urnas el domingo 9 de junio.

Los eurodiputados electos que portarán el mandato de 450 millones de sus compatriotas de la Unión Europea (UE) deberán designar una nueva presidencia de la Comisión Europea para el próximo quinquenio, además de constituirse como el nuevo poder legislativo comunitario rol que compartirá con el Consejo de la Unión, órgano con representación ministerial de los países.

El primer paso luego de la elección consiste en formar los diferentes grupos o bancadas teniendo en cuenta las respectivas afinidades político-ideológicas. Para que un grupo puede existir debe reunir al menos 23 diputados de un mínimo de 7 países.



En estas próximas elecciones se elegirán 720 diputados, 15 más que en la votación anterior. Proporcionalmente, las naciones con más ciudadanos tienen la mayor representación. Tal es el caso de Alemania, con 96 diputados; Francia, 81; Italia, 76; España, 61 y Polonia, 53. Le siguen Rumania, con 33, Países Bajos, 31 y Bélgica, 22. Todos los otros Estados cuentan con 22 eurodiputados o menos. Sin embargo, lo más importante, a fin de cuentas, será la cantidad de congresistas con que contará cada una de las diferentes bancadas del Parlamento Europeo, desde la extrema derecha a la extrema izquierda del abanico continental.

En la actual legislatura a punto de concluir su mandato, los grupos con mayor peso son el Partido Popular Europeo (de tendencia demócrata cristiana, centro derecha), con 177 representantes. La actual presidenta del Parlamento Europeo, Ursula von der Leyen, pertenece al mismo. Le siguen la Alianza Progresista, mayormente socialdemócrata, con 140, y Renovar Europa (Renew Europa), una alianza de liberales y demócratas, con 102. Los Verdes constituyen la cuarta fuerza, con 72 parlamentarios. Y le siguen el grupo de extrema derecha CRE (Conservadores y Reformistas, que incluye entre otros a Hermanos de Italia de Giorgia Meloni y al español Vox de Santiago Abascal) con 68; la no menos derechista Identidad y Democracia (que incluye a Marine Le Pen de Francia y Matteo Salvini de Italia) con 59; y la extrema izquierda con 37 eurodiputada-os. 50 representantes sesionan individualmente, sin pertenecer a un grupo determinado.




Todavía más a la derecha

A escasos días del inicio de las elecciones, los sondeos de muy diversas fuentes coinciden en un escenario marcado por un fortalecimiento del centro derecha, así como un significativo salto adelante de la extrema derecha más dura y radical, que de una u otra forma buscarán crear nuevas alianzas en la próxima legislatura. Las tendencias en los cuatro países de la UE más poblados, y por lo tanto con mayor cantidad de diputados, puede servir de brújula indicativa.

La última semana de mayo, y basándose en sondeos de la encuestadora alemana Politpro, el periódico Frankfurter Rundschau proyectabauna victoria cómoda en ese país de las fuerzas democratacristianas (CDU/CSU), con un 30% de la intención del voto. En segundo lugar, la extrema derecha AfD, con casi el 16%. Los socialistas y los Verdes estarían disputándose la tercera posición, con algo más del 14% cada una. A la luz de otras encuestas, el cotidiano alemán proyectaba resultados en la misma dirección, con diferencias de porcentaje no significativas entre la segunda y la cuarta posición.

Sin duda la crisis reciente de la AfD, cuyo candidato y cabeza de lista Maximilian Krah, fue penalizado por sus declaraciones abiertamente pronazis, puede perjudicarla, restándole expectativas electorales en relación a sus proyecciones precedentes. Sin embargo, de confirmarse estos sondeos, la hegemonía en Alemania quedará en manos de la derecha democristiana y de la extrema derecha xenofóbica.).

En Francia, según la encuesta Ifop-Fiducial publicada el 27 de mayo, el Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen, con el candidato Jordan Barella como cabeza de lista, obtendría el 33,5%. Muy por detrás, Renacimiento (Renaissance), de Emmanuel Macron, un 16%, mientras que la alianza Partido Socialista-Plaza Pública se quedaría con el 14,5% de los votos. Los Verdes, los Republicanos y la progresista Francia Insumisa oscilarían, según este mismo sondeo, entre el 7 y el 8% de los votos por cada fuerza. En el país galo, estos resultados significarían, por un lado, una dura sanción al Gobierno actual; por el otro, una victoria incuestionable de la extrema derecha lepeniana.




En el caso de Italia, según el sitio informativo helvético Swissinfo, a fines de mayo todo indicaba que la actual primer ministra Giorgia Meloni, de la extrema derecha, podría ganar con más del 27% del voto, superando así a la principal formación opositora, el Partido Democrático (PD) de centro-izquierda, que obtendría un 21%. En tercer lugar, y con 16%, quedaría el Movimiento 5 Estrellas (M5S). Las otras dos fuerzas de derecha aliadas a Meloni (la Liga y Fuerza Italia) se disputarían el cuarto y el quinto puesto con un 8% cada una. Al igual que en otros países, también en Italia la tendencia predominante apunta a muy buenos resultados en las urnas para la extrema derecha y el espectro de derecha).

En España, y según el promedio de sondeos de DatosRTVE publicado el 23 de mayo, el opositor Partido Popular obtendría el 35,7% de los votos y 24 eurodiputados, muy por encima de su resultado en las últimas elecciones europeas, en 2019. De esta manera aventajaría por 7 puntos y 5 eurodiputados al Partido Socialista (PSOE), el cual obtendría el 28,2% de los votos y 19 eurodiputados. VOX, de extrema derecha, podría conseguir 6, en tanto que la progresista Sumar, 4. De confirmarse estos sondeos, también en España la derecha recuperaría posiciones y se proyectaría hacia adelante.



Debate electoral concordante con una Europa demacrada.

Aunque sea casi imposible evaluar cabalmente la dinámica política de cada uno de los veintisiete países de la Unión Europea previa a las próximas elecciones, la tendencia global señala un común denominador: un debate muy pobre sobre el proyecto común europeo debido a que ha cedido su espacio pre-electoral a los temas más puntuales y polarizantes que dominan la agenda en cada uno de los Estados miembros. En otras palabras: dicho debate solo serviría para plebiscitar la relación de fuerzas internas en cada uno de esos países, no para consensuar un programa de futuro para la Europa comunitaria. La discusión de fondo sobre Europa casi no se percibe a nivel nacional, excepto en algunos espacios televisivos.

En España, por ejemplo, estas últimas semanas las diversas fuerzas políticas han estado argumentando muy poco sobre sus proyectos estratégicos para el continente y siguen enfrascadas en una áspera disputa doméstica con una agenda centrada en los casos de corrupción (de unos y otros), la amnistía en Cataluña y el reciente reconocimiento español del Estado Palestino.

La situación en Francia no es muy diferente. El martes 28 de mayo el sitio Web del cotidiano Le Figaro evaluaba el debate televisivo entre dirigentes políticos galos sobre las elecciones europeas de la noche anterior. Lo calificó como “angustioso espectáculo”, haciéndose eco del historiador Maxime Tandonnnet, quien opinó que

“ilustra el gran disparate de este inicio de campaña y la creciente desconexión entre ciudadanos y políticos”. Significativo el título del artículo de Le Figaro: “Un debate grotesco a imagen de una elección para desahogarse”.

Por su parte, en un artículo intitulado

“Elecciones europeas: una campaña marcada por el declive de la ambición ecológica”, el cotidiano Le Monde del 23 de mayo afirmó que, “convertidas en chivos expiatorios o invisibles, las cuestiones climáticas están casi ausentes, relegadas a la periferia de los debates para las elecciones del 9 de junio”. Según Le Monde, dicha omisión muy bien podría “desesperar a científicos y activistas” en cuanto a la incapacidad de la política para actuar en favor del medio ambiente. Tal vez el debate programático europeo principal (y tal vez el único de este tipo) fue el del 23 de mayo en Bruselas entre cinco de los candidatos cabezas de lista y con aspiraciones a presidir la Unión Europea. Una vez más, los Estados miembros de la UE delegaron en esa superestructura política la discusión de contenidos prácticamente inexistentes a nivel nacional.

Este silencio político pre-electoral con respecto a un proyecto europeo global podría desvirtuar aún más la imagen que el ciudadano corriente tiene de la UE: apenas una moneda en común, con un grupo de tecnócratas que la dirigen desde Bruselas, y eventuales fuentes de financiamiento para proyectos concretos o situaciones de emergencia como durante la pandemia. Como mucho, una alianza militar para solicitar y asegurar más apoyo bélico a Kiev en la guerra ruso-ucrania.

Todo muy lejos del concepto fundacional del Tratado de Maastricht de 1992, que cimentó esta construcción europea como

“una nueva etapa en el proceso creador de una Unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa, donde las decisiones serán tomadas de la forma más próxima posible a los ciudadanos”.

Y aún más lejos del gran desafío de una nueva Europa Social que sindicatos y fuerzas progresistas percibieron entonces como una posibilidad en el marco de un proyecto para promover

“un alto nivel de empleo y de protección social, la elevación del nivel y de la calidad de vida, la cohesión económica y social y la solidaridad entre los Estados miembros.

Distancia histórica que en solo treinta años separa diametralmente de esa perspectiva de continente vigoroso a un continente envejecido. Una Europa, la actual, con retrocesos en su importancia geopolítica internacional, conservadora, y cada día más dispuesta a brindar más espacio a las extremas derechas. Y que percibe la guerra intra continental como la única posibilidad de cimentar una unidad europea, que en la actualidad parece tener pies de barro.



Esa Europa, además, seriamente cuestionada por movilizaciones contestarias. Como, en los últimos meses, las masivas protestas agrarias; las concurridas manifestaciones en Alemania contra la extrema derecha o las últimas demostraciones — en casi cada país–, de denuncia de la agresión del Gobierno israelí contra Palestina y que cuestionan, también, la pasividad institucional de la Unión Europea.

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