sábado, 8 de junio de 2024

“EN UN GOBIERNO AUTÓCRATA, LAS ONG. SON UN PODER QUE TIENES QUE ELIMINAR”.

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—Revisando estadísticas encontré que ya son más de 3.600 ONG ilegalizadas en Nicaragua. ¿Por qué Ortega persigue a las ONG? ¿Para sofocar la disidencia? —Le voy a responder no solamente como político sino también como director ejecutivo de una ONG que fue cancelada. Cuando explotó la crisis sociopolítica yo era el director de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social, principal centro de pensamiento económico de corte liberal que proponía políticas de mercado, de fomento de las inversiones. El trabajo de las ONG, aún en Gobiernos democráticos, no es bienvenido. A los Gobiernos no les gusta que las ONG los critiquen, que evalúen sus políticas, que propongan alternativas. Aun en un Estado democrático siempre hay confrontación de puntos de vista. 

Es parte de la democracia. Pero en un Gobierno autócrata, las ONG significan un poder que tienes que eliminar, porque lo que quiere es cooptar todos los espacios de poder. Generalmente la izquierda tiende a tener más ONG que la derecha y, curiosamente, esas ONG eran utilizadas por Ortega para atacar a los Gobiernos de centroderecha. Pero cuando llegó el juego cambió. Es decir, cuando estas ONG, por muy afines ideológicamente que sean, lo empiezan a criticar, las comienza a eliminar. Esto ocurre de manera masiva a partir del 2018. Simplemente se decide que todo tipo de ONG tiene que ser eliminada. Quedan muy pocas.

—¿Qué asociaciones han sido eliminadas? —Las relacionadas con la Iglesia católica, como Cáritas. Se eliminó a los Boy Scouts, a la Cruz Roja. Se eliminó también a asociaciones de periodistas, de ganaderos y agricultores.

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Desterrado Chamorro estuvo en prisión un par de años acusado de traición a la Patria. Denuncia que su país es lo más parecido a una dictadura de tipo norcoreana.

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“EN UN GOBIERNO AUTÓCRATA, LAS ONG. SON UN PODER QUE TIENES QUE ELIMINAR”.

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Juan Sebastián Chamorro, excandidato presidencial de Nicaragua y expatriado por la dictadura de Daniel Ortega, explicó cómo ha sido el proceso de eliminación de las ONG en su país. Algunas lecciones -y advertencias- podemos extraer los peruanos del caso nicaragüense.

Por. Enrique Patriau. Periodista. (Entrevista).

Fuente Diario la República sábado 8 de junio del 2024.


—Es Corea del Norte. En Nicaragua básicamente no existe ningún tipo de libertad de ninguna índole. Se ha violentado el derecho a la libre prensa. No hay medios de comunicación independientes, todos están operando desde el exilio. No hay libertad de expresión. Si cualquier persona muestra una opinión, va presa, así sea el hermano de Daniel Ortega (Humberto Ortega), como pasó la semana pasada. No hay libertad de movilización. Cualquier agrupación de más de diez personas es disuelta, así sea para fines humanitarios o sociales. No hay libertad de asociación. Todos los derechos humanos han sido violentados. Hay asesinatos, acoso, confiscación, desapariciones forzadas, desaparición del debido proceso, encarcelamientos. Los juicios violan todos los procedimientos y, una vez preso, se violan también los derechos mínimos que cualquier prisionero -como lo fui yo- debería tener.

—Y hay exilios forzados.

—Y la desnacionalización. Es decir, el retiro de la nacionalidad bajo argumentos de traición a la patria, además de la confiscación de activos. De tal manera que queda muy poco de los derechos que deberían existir en una sociedad libre o democrática. Para ponerle un ejemplo, en mi caso, de los treinta derechos incluidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se han violentado veinte de ellos. Eso para que tenga una idea de lo que es la dictadura de Daniel Ortega y de su esposa, la vicepresidenta -o, mejor dicho, la vicedictadora- Rosario Murillo.

—-¿Hay cálculos de cuántos presos políticos hay en Nicaragua?

—Por supuesto. En primer lugar, todos los que hemos pasado por las cárceles desde el 2018, que fue cuando explotó la crisis sociopolítica, han sido unos 1.600 presos políticos. 1.200 en los primeros dos años. Logramos su liberación a través de una mesa de negociación en el 2019. Luego hay una camada grande de 222 (detenidos) donde estaba yo. Estuvimos casi dos años presos. Y después de nuestra excarcelación, destierro y desnacionalización, hubo otra redada de otros líderes, sobre todo en zonas rurales y aisladas del país, lo que da en estos momentos unos 130 presos políticos, aproximadamente.

—Ha muerto bajo custodia policial un ciudadano nicaragüense-norteamericano que se llamaba Eddie Montes, asesinado con una bala AK 47 en la parte baja de la ingle durante una protesta. Y también bajo custodia policial se encontraba el general en retiro Hugo Torres Jiménez, que murió en febrero del 2022 por deficiencias en la atención médica. En todas partes del mundo existe un mínimo de tratamiento. Hugo tenía 78 años, requería atención médica especializada, y no se sabe de qué murió. Simplemente la dictadura para evitar que se diera una investigación cremó el cadáver y le entregó las cenizas a la familia. De ese nivel de brutalidad estamos hablando. Y luego hay una serie de presos políticos que han fallecido posteriormente a su encarcelamiento, producto de secuelas psicológicas y físicas que sufrieron. Un compañero mío de celda, Michael Healy Lacayo, un prominente empresario agroindustrial y presidente de la principal cámara de negocios de Nicaragua, falleció hace unos cuatro meses producto de un infarto fulminante. Tenía 60 años. Obviamente fue secuela de la tortura psicológica, el aislamiento que sufrimos, la falta de comunicación.



—¿Cómo se produce el tránsito de Nicaragua hacia una dictadura de estilo norcoreano, tal como la ha descrito?

—Ortega tiene dos períodos de mandato de gobierno. Uno comienza el 19 de julio de 1979 y termina el 25 de abril de 1990. El segundo periodo es desde el 2007 hasta ahora. Ortega nunca fue un demócrata. Es actualmente uno de los dictadores de mayor edad en toda la camada de líderes que existen en América Latina. Y esto es tal vez como una reflexión para los hermanos peruanos: el autócrata nace autócrata, el demócrata se compromete con la idea democrática. Ortega, y a mí me lo ha dicho mucha gente, nunca creyó en las elecciones, nunca creyó en un proceso democrático. Siempre quiso el modelo de partido único que le inspiraba la experiencia de Fidel Castro, en Cuba.

—Revisando estadísticas encontré que ya son más de 3.600 ONG ilegalizadas en Nicaragua. ¿Por qué Ortega persigue a las ONG? ¿Para sofocar la disidencia?

—Le voy a responder no solamente como político sino también como director ejecutivo de una ONG que fue cancelada. Cuando explotó la crisis sociopolítica yo era el director de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social, principal centro de pensamiento económico de corte liberal que proponía políticas de mercado, de fomento de las inversiones. El trabajo de las ONG, aún en Gobiernos democráticos, no es bienvenido. A los Gobiernos no les gusta que las ONG los critiquen, que evalúen sus políticas, que propongan alternativas. Aun en un Estado democrático siempre hay confrontación de puntos de vista. Es parte de la democracia. Pero en un Gobierno autócrata, las ONG significan un poder que tienes que eliminar, porque lo que quiere es cooptar todos los espacios de poder. Generalmente la izquierda tiende a tener más ONG que la derecha y, curiosamente, esas ONG eran utilizadas por Ortega para atacar a los Gobiernos de centroderecha. Pero cuando llegó el juego cambió. Es decir, cuando estas ONG, por muy afines ideológicamente que sean, lo empiezan a criticar, las comienza a eliminar. Esto ocurre de manera masiva a partir del 2018. Simplemente se decide que todo tipo de ONG tiene que ser eliminada. Quedan muy pocas.

—¿Qué asociaciones han sido eliminadas?

—Las relacionadas con la Iglesia católica, como Cáritas. Se eliminó a los Boy Scouts, a la Cruz Roja. Se eliminó también a asociaciones de periodistas, de ganaderos y agricultores.

—Incluso leí que cerraron una que trabajaba con perros callejeros. ¿Es verdad?

—Exactamente. Es que el concepto es que no puede haber ninguna agrupación de personas que haga una labor social, económica, espiritual sin el control absoluto del Gobierno. Estas personas básicamente recogían animalitos de la calle, perros y gatos. En su mentalidad es una amenaza al poder, por muy absurdo que parezca lo que estamos hablando, Enrique. Pero es que estamos hablando de una dictadura totalmente enferma que ve sombras de competencia en todos lados. La Iglesia católica y las iglesias protestantes hacían un enorme trabajo de llegar donde el Estado no, pero el argumento es “si no llega el Estado, no va a llegar nadie”. Es muy importante decir que este no es un patrón que inventó Daniel Ortega. Esto ha ocurrido en Rusia, en Venezuela. Son leyes que establecen los Gobiernos autoritarios para cortar recursos, eliminar a las ONG. ¿Por qué? Porque entienden que compiten con el poder político.



—En el Perú se pretende aprobar una ley sobre las ONG con la excusa de fortalecerlas y supervisar mejor los fondos que reciben. Las ONG han advertido que podría ser peligroso para su funcionamiento. Una asociación civil, Transparencia, dedicada a ver temas relativos con la democracia, ha dicho que es un grave atentado contra la libertad de organizaciones civiles, empresariales y religiosas y que preocupa seriamente que se siga el modelo de control político de dictaduras como la de Venezuela, Nicaragua y Rusia. Es más, la embajada de Canadá pidió una reunión con la comisión del Congreso para hacerle saber sus observaciones. Usted vio cómo fue el proceso en su país. ¿Este tipo de proyectos debería ser motivo de alarma para los peruanos?

—Por supuesto que sí. El lenguaje siempre es el mismo: fortalecer las instituciones, la transparencia, evitar el lavado de dinero. Pero ahí te lo están diciendo, o sea te quieren tener agarrado para después acusarte. El mensaje es el mismo, el mecanismo es el mismo, el objetivo es el mismo y el resultado, lamentablemente, es el mismo. Porque al final del día a quien afectas es al beneficiario final de esta organización sin fines de lucro que trata de presentar alguna solución a un problema social, así sea una sociedad caritativa que da apoyo del exterior, o un centro de pensamiento que puede aportar con ideas sobre cómo construir una mejor sociedad. El mundo necesita de las ONG. Entonces si alguna ONG, por ejemplo, canadiense, se siente intimidada por lo que puede pasar en un país, pues se va a otro. Necesidades hay en todas partes del mundo.

“Lo que está tratando de hacer Ortega es establecer una dinastía”

—¿Qué sostiene a Ortega en estos momentos? ¿El poder militar?

—Efectivamente, el poder militar. El Ejército y la Policía. Se mantiene en el poder desde el 2006 con reelecciones inconstitucionales, pero se “voló las trancas”, como decimos en nicaragüense, y luego reformó la Constitución. La camarilla de los más leales está dentro de la jefatura del Ejército y la Policía. Es un número pequeño de altos oficiales que lo sostienen en el poder. Yo diría que, si hubiera una elección libre y transparente, Ortega no llegaría ni al 15% de la votación, que en sí es bastante para todo lo que ha hecho, porque también hay que reconocer que existe un hueso duro de gente radical y fanatizada que ve a Ortega como la única solución.

 


Poder. Según Chamorro, Daniel Ortega sueña con una dinastía. Foto: AFP.

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—¿Qué tendría que ocurrir para que haya un cambio político en Nicaragua?

—Un trabajo que nosotros como posición estamos haciendo –y vamos a seguirlo haciendo hasta que se está restablezca la democracia– es debilitar ese pilar de poder que hemos estado hablando: el militar, el poder de la fuerza. Ortega no es inmortal, tiene 78 años y la naturaleza hace también su trabajo. Los nicaragüenses han perdido esperanza en el país. Ese otro elemento: el 10% de la población, como mínimo, se ha ido en los últimos seis años hacia Estados Unidos, Costa Rica y España. Efectivamente, cuando ya se ha llegado a este nivel de control absolutista veo muy difícil que simplemente decida “bueno, ahora me retiro, voy a ir a mi casa a cuidar a mis nietos”. Estos dictadores no salen de esa de esa manera. Nosotros apostamos evidentemente a la vía cívica y pacífica, llevar a la justicia internacional a los perpetradores de todos estos crímenes de lesa humanidad, incluyendo los más de 350 asesinados que han ocurrido.

—El estilo de gobernar de Ortega se ha ido endureciendo con los años.

—Exactamente. Por eso cuando hablo de Corea del Norte no exagero, porque lo que Ortega está tratando de hacer es establecer una dinastía en la que el poder sea trasladado a su esposa cuando él desaparezca. Uno de sus hijos se está entrenando en cargos públicos. Las señales son inequívocas. Aquí estamos hablando de una dinastía que, curiosamente, surge de una lucha en contra de la dinastía de los Somoza. La historia a veces es circular.

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viernes, 7 de junio de 2024

COLAPSOS LOCALIZADOS, DEUDA ECOLÓGICA Y POLÍTICAS PÚBLICAS.

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"Es aquí donde resulta oportuno y al mismo tiempo complejo, preguntarse sobre las responsabilidades políticas y geopolíticas de este desastre. PRIMERO: en términos geopolíticos, no cabe duda de que lo sucedido en Rio Grande do Sul está ligado a la crisis climática, y debería colocar en el ojo de la tormenta la cuestión de la deuda climática o ecológica, que los países del Norte global tienen para con el Sur global. Verdad de perogrullo, no sólo los países del Norte y sus empresas petroleras –Estados Unidos, Europa-, potencias emergentes como China, hoy principal emisora de Co2 en el mundo y Rusia, potencia primario-exportadora (pónganla en la categoría geopolítica que mejor le corresponda), son los grandes contaminadores de nuestra atmósfera. No solo han generado las condiciones de la crisis climática actual, tal cual la conocemos hoy, sino que se han venido des responsabilizando de modo sistemático en el plano internacional de la deuda ecológica que vienen arrastrando para con los países más pobres y periféricos, que además de no ser los responsables de la contaminación, son los que más padecen hoy los múltiples impactos del cambio climático, bajo la forma de los eventos extremos. Por caso, la región latinoamericana, es responsable solo del 8% de las emisiones de CO2 a nivel mundial y África apenas roza el 3%.Para completar las vueltas del modelo imperial de la deuda ecológica, resulta ser que son los países centrales los que luego deciden los “préstamos” y “ayudas” y sus modalidades de implementación, a través de organismos internacionales, a los países del sur, afectados por colapsos localizados, para intentar reconstruir sus sociedades y economías siempre “vulnerables”, engrosando así la odiosa deuda externa. Así, al calor de la crisis climática, el círculo perverso entre deuda ecológica y deuda externa entra en una suerte de reproducción ampliada.

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Fuentes: El diario [Imagen: Porto Alegre y 497 municipios fueron afectados por las lluvias.]

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COLAPSOS LOCALIZADOS, DEUDA ECOLÓGICA Y POLÍTICAS PÚBLICAS.

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Por Maristella Svampa | 07/06/2024 | Ecología social

Fuentes Revista Rebelión. Viernes 7 de junio del 2024.


Las inundaciones en Rio Grande do Sul, una de las áreas más ricas y poderosas de Brasil, dejaron un saldo de 163 muertos, más de 80 personas sin localizar y 640.000 personas que se han visto obligadas a dejar sus casas. ¿Servirá esta dolorosa tragedia como plataforma latinoamericana para invocar y reclamar más que nunca la enorme deuda climática que los países del Norte tienen para con los del Sur?

La era de los colapsos localizados ha comenzado, escribimos hace muy poco tiempo en este diario. No es ninguna buena noticia, aun si creo ineludible el punto de partida para poder pensar y abrir a otros horizontes de futuro. Por eso hoy quisiera volver sobre el colapso ecológico y sus rostros actuales; porque el colapso está entre nosotros, sin que eso signifique que el planeta se acabará de un día para el otro o en el corto plazo, en una suerte de black out o apagón energético generalizado. Sin dudas, la crisis energética afectará severamente a nuestros países y nuestras vidas, pero ésta es de mediano plazo, si bien algunos países -Cuba, Ecuador, Venezuela y numerosos estados de África, entre otros-, por diversas razones, ya están siendo afectados por cortes generales de energía, con las consecuencias que todo ello conlleva. 



Hecha esta primera aclaración, en el “mientras tanto”, somos cada vez más conscientes de lo que significa la aceleración de la crisis climática en los territorios. Ahora, hoy, en el corto plazo, como seres humanos que atravesamos estos nuevos tiempos del Antropoceno/Capitaloceno Postpandémico, vemos con claridad que sufriremos cada vez más los embates letales de los colapsos localizados, producidos por eventos extremos catastróficos (e incluso por cadenas de eventos extremos que se refuerzan entre sí) tales como las fuertes lluvias, inundaciones, sequias, incendios, tornados, fuertes vientos, olas de calor y/o de frío, entre otros.

Y lo que sucede ahora en Rio Grande do Sul es una ilustración tremenda y devastadora de un colapso localizado, sin duda; lo cual debe ayudarnos a pensar y preguntarnos a conciencia acerca de cuáles pueden ser nuestras respuestas como sociedad ante los desastres climáticos. En esta línea, me gustaría avanzar algunas ideas, que nos ayuden a comprender el desafío que afrontamos y nos sitúen en un plano no solo local, sino también multiescalar, porque después de todo, la crisis climática es global, pero tiene decididos impactos locales.

La visualización trágica y letal que proporciona Rio Grande do Sul sobre los colapsos localizados nos muestra cómo estos pueden amplificarse y adoptar la gran escala. Para el caso de Brasil, no se trata solo de una gran ciudad colapsada (Porto Alegre), sino de unos 497 municipios afectados. Al día de hoy se contabilizan más de 163 fallecidos; más de 80 personas sin localizar; más de 640.000 personas que se han visto obligadas a dejar sus casas, incluidas 65.000 que están refugiadas en escuelas y gimnasios. La destrucción no solo continúa -porque la lluvia ha vuelto- sino que es inconmensurable, incontable y para millones de personas que lo han perdido todo o casi todo, ya nada volverá a ser como antes. Son, de ahora en más, vidas dañadas.

En términos alimentarios, las pérdidas son enormes y pueden afectar la soberanía alimentaria del gran país vecino.

“Rio Grande do Sul aporta 12,6% del PIB agrícola de la nación, de acuerdo con Bradesco. Casi 70% del arroz y 13% de los productos lácteos de Brasil provienen de ese estado, según un informe de la corporación estadounidense S&P Global divulgado el 13 de mayo” dice un artículo reciente de AP. En términos económicos, grandes y pequeños productores rurales, numerosas empresas -desde automotrices, con sus maquinarias, hasta la industria cárnica- se han visto afectadas. La reconstrucción será lenta y requerirá toda la colaboración entre gobiernos regionales y el gobierno nacional, a cargo del presidente Lula da Silva.



En términos geopolíticos, no cabe duda de que lo sucedido en Rio Grande do Sul está ligado a la crisis climática, y debería colocar en el ojo de la tormenta la cuestión de la deuda climática o ecológica

Es aquí donde resulta oportuno y al mismo tiempo complejo, preguntarse sobre las responsabilidades políticas y geopolíticas de este desastre. PRIMERO: en términos geopolíticos, no cabe duda de que lo sucedido en Rio Grande do Sul está ligado a la crisis climática, y debería colocar en el ojo de la tormenta la cuestión de la deuda climática o ecológica, que los países del Norte global tienen para con el Sur global. Verdad de perogrullo, no sólo los países del Norte y sus empresas petroleras –Estados Unidos, Europa-, potencias emergentes como China, hoy principal emisora de Co2 en el mundo y Rusia, potencia primario-exportadora (pónganla en la categoría geopolítica que mejor le corresponda), son los grandes contaminadores de nuestra atmósfera. No solo han generado las condiciones de la crisis climática actual, tal cual la conocemos hoy, sino que se han venido des responsabilizando de modo sistemático en el plano internacional de la deuda ecológica que vienen arrastrando para con los países más pobres y periféricos, que además de no ser los responsables de la contaminación, son los que más padecen hoy los múltiples impactos del cambio climático, bajo la forma de los eventos extremos. Por caso, la región latinoamericana, es responsable solo del 8% de las emisiones de CO2 a nivel mundial y África apenas roza el 3%.

Para completar las vueltas del modelo imperial de la deuda ecológica, resulta ser que son los países centrales los que luego deciden los “préstamos” y “ayudas” y sus modalidades de implementación, a través de organismos internacionales, a los países del sur, afectados por colapsos localizados, para intentar reconstruir sus sociedades y economías siempre “vulnerables”, engrosando así la odiosa deuda externa. Así, al calor de la crisis climática, el círculo perverso entre deuda ecológica y deuda externa entra en una suerte de reproducción ampliada.

PRIMERA CONCLUSIÓN, entonces: en la era de los colapsos ambientales localizados, la deuda ecológica y la deuda externa requieren de modo urgente ser revisitadas con nuevas propuestas internacionalistas desde el Sur global. Es necesario cortar este nudo gordiano antes de que sea demasiado tarde. Ni siquiera estamos hablando todavía de la transición socio ecológica, sino de la adaptación a la crisis climática. Y no hay posibilidad alguna de pensar en respuestas efectivas y a gran escala a la crisis climática desde la periferia global, si no es incorporando la deuda climática y externa en el centro de nuestras agendas públicas.



La deforestación de la Amazonia combinada con el cambio climático global tiene consecuencias muy devastadoras

SEGUNDO. Cabe preguntarse también,

¿son acaso nuestros países completamente inocentes frente a la gravedad de los colapsos localizados, asociados a la desesperante crisis climática? Arrastramos una larga historia de extractivismo, producto de nuestra inserción en el sistema de división internacional del trabajo. Mucho hemos escrito sobre esto. Como sostienen F. Cantamutto y M. Schoor, esto ha dado origen a un “mandato exportador” que fuerza a nuestras economías a convertirse en exportadora de commodities o productos primarios. No obstante, como decían los buenos dependentistas en los años 70, la dependencia tiene un “afuera” (dominación externa) pero también un “adentro” (elites cómplices y un sistema de relaciones de poder -políticas y económicas- acorde a ello).

La deforestación de la Amazonia combinada con el cambio climático global tiene consecuencias muy devastadoras. Asimismo, a nivel regional, los cambios en el uso del suelo y la expansión de la frontera del agronegocio es uno de los grandes responsables del desastre. Entre 1985 y 2022, Rio Grande do Sul, uno de los centros de la actividad sojera del país, perdió 3,6 millones de hectáreas de vegetación nativa, un 22%, según una red liderada por Eduardo Vélez, de MapBiomas, un consorcio climático de oenegés y universidades brasileñas. Esto se ha extremado en el contexto del gobierno bolsonarista y sus continuidades. Por ejemplo, Rio Grande do Sul es una región gobernada por sectores extremos -no todos ellos bolsonaristas-, que niegan el cambio climático. Sabemos que desde 2019 hubo un desmantelamiento agresivo de políticas ambientales por parte del gobernador Eduardo Leite, del centro derechista PSDB, para favorecer a los señores del agronegocios, entre otros grandes empresarios terratenientes. Sabemos que esta no fue la primera inundación tampoco, sino la cuarta en menos de un año, tras las inundaciones de julio, septiembre y noviembre de 2023, que produjeron la muerte de 75 personas. Finalmente, el actual gobernador fue advertido: el diputado local Adão Pretto Filho, del Partido de los Trabajadores (PT), sostuvo que

“En su opinión, las severas inundaciones que afectan a Rio Grande do Sul podrían haberse evitado o haber tenido un impacto menor, si el Gobierno local no hubiese ignorado un informe elaborado por la Comisión de Representación Externa de la Asamblea Legislativa de Rio Grande do Sul. Finalizado en agosto de 2023, este documento presentaba distintas propuestas para combatir los efectos del cambio climático en varios municipios del estado”.



SEGUNDA CONCLUSIÓN, entonces: a la hora actual, quien mira hacia el costado y crea que la crisis climática está disociada del extractivismo, sobre todo, de la expansión de la frontera petrolera (y ahora del fracking), así como de los desmontes de millones de hectáreas y los cambios en los usos del suelo en favor del agronegocio, no solo obra de mala fe o ejerce un cinismo de patas cortas, sino que contribuye a impulsar el ecocidio en ciernes. Más simple: vistos los estragos múltiples y de largo aliento que producen los colapsos localizados, la asociación entre crisis climática y extractivismos cobra ahora rasgos criminales.

Ojalá lo sucedido en Rio Grande do Sul no se lo trague el ojo miope de la desmemoria y del tiempo acelerado

Y, sin embargo, vemos que el extractivismo encuentra un impulso cada vez mayor. En Argentina, de ser aprobado el RIGI (Régimen de Incentivo a Grandes Inversiones), incluido en la Ley Bases, que tiene entre sus manos el Senado de la Nación, promoverá un extractivismo recargado en todas sus formas, a través de la transnacionalización y el otorgamiento de privilegios a mineras y petroleras que, entre otras cosas, tendrán más derecho al agua que cualquier ciudadano común. Con la aprobación del RIGI, nuestra pregunta ya no será con qué herramientas públicas afrontar la crisis climática –porque no las habrá, no estarán disponibles- sino más bien cuál será el próximo colapso localizado en el país de “la libertad individual” y del sálvese-quien-pueda.

Una reflexión final. Todo indica que los colapsos localizados irán multiplicándose, afectando ciudades y regiones enteras, tal como sucedió y continúa sucediendo ahora en Rio Grande do Sul, una de las áreas más ricas y poderosas de Brasil. No obstante, en tiempos de memoria corta, el olvido todo se lo traga de modo acelerado. En septiembre de 2023 hubo un colapso localizado en Libia.  Las fuertes lluvias de la tormenta mediterránea Daniel causaron inundaciones letales en el este de ese país y dos represas se desbordaron. Una pared de agua de varios metros de alto arrasó con la ciudad de Derna, en la costa, causando la muerte de más de 11.000 personas. La consternación internacional fue mayor. Durante días, el mar estuvo devolviendo lodo y cadáveres. Hoy nadie recuerda lo ocurrido en Libia, ya no aparece en los portales de noticias. Sin embargo, cuando los reflectores se apagan, y los medios de comunicación dejan de mirar, a oscuras el daño persiste, amplificado por la normalización de la catástrofe.

Ojalá lo sucedido en Rio Grande do Sul no se lo trague el ojo miope de la desmemoria y del tiempo acelerado. Y que esta dolorosa tragedia sea la plataforma latinoamericana para invocar y reclamar más que nunca la enorme deuda climática que los países del Norte tienen para con los del Sur, así como para cuestionar el criminal negacionismo climático que hoy se difunde en nuestros países, de la mano de sectores de derecha y ultraderecha. Urge tomar conciencia de que vivimos en un planeta dañado y que por ello nuestra meta debe ser proteger del daño mayor, con toda la energía individual y solidaridad colectiva, todo aquello que existe: vidas humanas y no humanas, territorios, ecosistemas y bienes. Nuestro imperativo de época es repensar los modelos de desarrollo e instrumentar políticas públicas con un Estado presente (un Estado ecosocial), para hacerlos sostenibles para la vida

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