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“Mirar al futuro. Nuestros resultados basados en proyecciones
climáticas refuerzan este mensaje. Bajo escenarios
de emisiones más altas, el estrés térmico acumulado aumenta de forma
generalizada y se extiende hacia regiones que hoy presentan valores más
moderados. Esto se asocia con pérdidas potenciales de cobertura y con una
mayor fragmentación estructural. Estrés térmico proyectado para
finales de siglo. Bajo un escenario climático moderado (RCP4.5), el estrés
térmico acumulado aumenta y se extiende hacia regiones del
Mediterráneo que actualmente presentan valores más bajos. Alex
Giménez Romero, CC
BY No son predicciones exactas del futuro de cada
pradera, sino escenarios basados en la relación actual entre estrés térmico y
estructura de la posidonia. Pero ayudan a identificar áreas donde el
riesgo podría aumentar y donde la monitorización y la gestión deberían ser
prioritarias. Proteger la posidonia exige reducir
impactos directos: controlar fondeos, evitar daños físicos, mejorar la calidad
del agua y limitar presiones costeras. Aunque todo eso sigue siendo
imprescindible, el calentamiento añade una dificultad nueva: incluso praderas
relativamente poco afectadas por impactos locales pueden estar acumulando
estrés térmico.
“La amenaza silenciosa.
La crisis climática marina no siempre se
manifiesta como una catástrofe repentina. A veces avanza como una presión
lenta, acumulativa y difícil de ver desde la superficie. La posidonia nos
recuerda que no basta con contar olas de calor.
También importa cuánto tiempo permanece caliente el mar, cuántos días
se acumula el estrés y cuánta capacidad de recuperación pierde el
ecosistema por el camino. ¿Seremos capaces de evitar más sufrimientos
para el pulmón marino del Mediterráneo?
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Fuentes: The Conversation.
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EL CALENTAMIENTO DEL MAR ACORRALA A LA POSIDONIA, PULMÓN DEL
MEDITERRÁNEO.
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Por Àlex Giménez Romero | 09/07/2026 | Ecología social.
Fuentes Revista Rebelión jueves 9 de julio del 2026.
Cuando pensamos en el Mediterráneo,
imaginamos playas, acantilados o pueblos costeros. Pero una parte esencial de
este paisaje está bajo el agua: las praderas de Posidonia oceanica.
Aunque a menudo se confunde con un alga, la posidonia es una planta marina. Y
solo vive en este mar.
Sus praderas dan refugio a peces e
invertebrados, estabilizan el sedimento, ayudan a mantener el agua transparente, protegen la
costa frente a la erosión y almacenan
carbono durante largos periodos. Son, en pocas palabras, una
infraestructura natural clave para nuestras costas.
Pero la posidonia está en retroceso. A los impactos locales, tales
como fondeos, contaminación, dragados, obras costeras o aumento de la turbidez,
se suma una presión cada vez más importante: el calentamiento del mar.
El
calor que no mata de golpe.
Cuando hablamos del efecto del calor
sobre los ecosistemas marinos solemos pensar en olas
de calor extremas: la temperatura sube mucho durante unos días y los
organismos no lo resisten. Pero esta visión es incompleta.
A veces el daño no aparece por un
episodio extremo y puntual,
sino por una exposición prolongada a temperaturas moderadamente altas. Un
verano algo más cálido, seguido de otro verano cálido, y después otro,
puede generar una carga de estrés que se acumula lentamente. No mata de
golpe, pero debilita.
Con la posidonia puede ocurrir algo
parecido. Una pradera
no desaparece necesariamente de un día para otro. Puede empezar perdiendo
densidad, abriendo claros, reduciendo su cobertura y fragmentándose en
manchas cada vez más aisladas. Es un deterioro silencioso, pero importante.
Medir
el estrés acumulado.
En nuestro estudio quisimos
medir precisamente el estrés causado por el calor acumulado. Para ello desarrollamos un nuevo
indicador llamado Stress Degree Days, que podríamos traducir
como “grados-día de estrés”. La idea es sencilla: en lugar de
fijarnos solo en el máximo térmico que soporta la planta, sumamos día a día el
estrés térmico que experimenta.
Este indicador se basa en experimentos previos en los que se observó cómo responde la posidonia a distintas temperaturas. Después combinamos esa información con datos de temperatura del mar y con mapas de praderas obtenidos mediante imágenes de satélite e inteligencia artificial. Así pudimos comparar, a escala mediterránea, dónde se acumula más estrés térmico y cómo son las praderas en esas zonas.
Estrés térmico acumulado actual en el
Mediterráneo: las
zonas en verde presentan menor estrés térmico estimado para la Posidonia
oceánica, mientras que las zonas en naranja y rojo indican una mayor
acumulación de calor potencialmente perjudicial para las praderas. Alex
Giménez Romero, CC
BY
El resultado principal es claro: las áreas con mayor estrés térmico
acumulado tienden a presentar praderas con menor cobertura y mayor
fragmentación. Es decir, donde el calor se acumula más, la posidonia
aparece, en promedio, más deteriorada estructuralmente.
Una
relación que hay que interpretar con prudencia.
Esta relación debe interpretarse con
prudencia. En el mar
actúan muchos factores al mismo tiempo. Una pradera puede estar afectada por
fondeos, contaminación, turbidez, impactos históricos o cambios locales en la
dinámica del agua. Por eso seleccionamos zonas relativamente poco
perturbadas y tratamos los resultados como una asociación entre estrés térmico
y estructura de las praderas, no como una prueba definitiva de causa y efecto
en cada localidad.
También comparamos nuestras
estimaciones con
observaciones de campo independientes. Estos datos no cubren todo el
Mediterráneo por igual y muchas zonas están mucho mejor estudiadas
que otras. Aun así, muestran tendencias compatibles con nuestros resultados.
Por
qué importa que una pradera se fragmente.
La fragmentación importa porque una
pradera continua no funciona igual que una pradera rota en pequeños parches. Las praderas densas mantienen
mejor el sedimento, amortiguan el
oleaje, ofrecen más refugio a otras especies y conservan una mayor continuidad
biológica. Cuando aparecen claros y los parches quedan aislados, el
ecosistema puede volverse más vulnerable.
El Mediterráneo no se calienta de
forma uniforme.
Algunas zonas acumulan mucho más estrés que otras. En general, las
regiones del sur y del este aparecen como áreas más expuestas, mientras
que algunas zonas del norte y del oeste podrían actuar como refugios relativos.
Esto no significa que estén a salvo: los refugios dependen de
procesos oceanográficos complejos, como corrientes, mezcla vertical
del agua, vientos y estratificación. Si estos procesos cambian, también
puede cambiar la protección térmica que ofrecen.
Mirar
al futuro.
Nuestros resultados basados en proyecciones climáticas refuerzan este mensaje. Bajo escenarios de emisiones más altas, el estrés térmico acumulado aumenta de forma generalizada y se extiende hacia regiones que hoy presentan valores más moderados. Esto se asocia con pérdidas potenciales de cobertura y con una mayor fragmentación estructural.
Estrés térmico proyectado para finales
de siglo. Bajo un
escenario climático moderado (RCP4.5), el estrés térmico acumulado
aumenta y se extiende hacia regiones del Mediterráneo que actualmente
presentan valores más bajos. Alex Giménez Romero, CC BY
No son predicciones exactas del futuro
de cada pradera, sino escenarios basados en la relación actual entre estrés
térmico y estructura de la posidonia. Pero ayudan a identificar áreas donde el riesgo podría
aumentar y donde la monitorización y la gestión deberían ser prioritarias.
Proteger la posidonia exige reducir
impactos directos: controlar fondeos, evitar daños físicos, mejorar la calidad
del agua y limitar presiones costeras. Aunque todo eso sigue siendo imprescindible, el
calentamiento añade una dificultad nueva: incluso praderas relativamente poco afectadas
por impactos locales pueden estar acumulando estrés térmico.
La
amenaza silenciosa.
La crisis climática marina no siempre se
manifiesta como una catástrofe repentina. A veces avanza como una presión
lenta, acumulativa y difícil de ver desde la superficie.
La posidonia nos recuerda que no basta
con contar olas de calor.
También importa cuánto tiempo permanece caliente el mar, cuántos días
se acumula el estrés y cuánta capacidad de recuperación pierde el
ecosistema por el camino. ¿Seremos capaces de evitar más sufrimientos
para el pulmón marino del Mediterráneo?
Àlex Giménez Romero. Postdoctoral fellow,
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); Instituto de Física
Interdisciplinar y Sistemas Complejos (UIB-CSIC)
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