domingo, 27 de septiembre de 2015

NACIONES UNIDAS: FRANCISCO UNIÓ MEDIO AMBIENTE CON EXCLUSIÓN SOCIAL. UN BAÑO DE PEOPLE POR TODO MANHATTAN.

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LA IRA DE LOS FÓSILES. Martín Granovsky
Ya están claras dos de las citas que la Presidenta podría tomar para su discurso en las Naciones Unidas. Cuando hable esta semana, difícilmente Cristina Fernández de Kirchner resista la tentación de mencionar las opiniones del Papa sobre el elitismo del Consejo de Seguridad y sobre el carácter predador de la deuda. Más aún cuando, además, los organismos multilaterales trabajan para los acreedores y los buitres o no impiden sus acciones.

Como en la primera etapa de su gira norteamericana, la de Washington y Nueva York, Francisco habló con crudeza, se convirtió en un huracán para el sistema político de los Estados Unidos. La prueba es la renuncia anunciada ayer mismo por el presidente de la Cámara baja, el republicano de Ohio John Boehner. El periodista de The Washington Post Mike DeBonis escribió que Boehner era presionado para que fuese aún más confrontativo con el presidente Barack Obama en temas como gasto público, aborto, inmigración y salud.




El propio Boehner, un católico practicante que lloró en el discurso de Francisco en el Congreso, aclaró que no decidió renunciar sacudido por la emoción que le produjo el Papa.

Es obvio también que el huracán Francisco no pulverizó un sistema político ya hiperpolarizado, con republicanos sin posibilidades de gobernar pero aprovechando su control del Parlamento para trabar lo que pueden. Lo que hizo el Papa con el ventarrón de sus mensajes en favor de los inmigrantes, sus alusiones a Martin Luther King y su insistencia en controlar el calentamiento global del mundo es dejar la crisis al desnudo en toda su dimensión.

Quien hable del cambio climático automáticamente queda sometido a la metralla de James Mountain Imhofe, el senador de Oklahoma que preside la Comisión de Medio Ambiente y Obras Públicas y es un mimado de Big Oil, como llaman en los Estados Unidos a los lobbistas de las grandes empresas de energía y petróleo. La mayoría de sus donantes proviene de Big Oil o de los hermanos Koch, propietarios del poderosísimo grupo Koch Industries y compañeros de ruta del buitre Paul Singer en la pelea contra todo tipo de regulación en cualquier sector de la economía y en la donación de fondos a la ultraderecha republicana.

Ya cuando el Papa lanzó en junio su encíclica sobre el cambio climático Inhofe reivindicó los combustibles fósiles al igual que lo hizo Jeb Bush, hijo del viejo George y hermano del ex presidente. Inhofe es presbiteriano. Jeb Bush es católico. Ubicados en franjas distintas del cristianismo, ambos superan sus diferencias sin embargo gracias al más grande de los combustibles fósiles, el petróleo. El xenófobo Donald Trump y su cabello a la manzanilla son sólo la caricatura del grupo de poder que se empeña desde hace 35 años, cuando Ronald Reagan ganó sus primeras elecciones, en hacer que los Estados Unidos sean cada vez más desiguales. Menos salvajes en sus modos verbales, Inhofe, Koch, Singer o Bush están obsesionados por quitar aún más impuestos a los más ricos y aún más límites a los conglomerados más fuertes. Todos ellos parecen inmunes a noticias recientes como la renuncia del presidente de Volkswagen, Martin Winterkorn, luego de revelaciones según las que esa empresa cometió fraude al instalar en sus autos a gasoil un software para detectar la presencia de controles para la emisión de gases. Otra noticia que marca una tendencia diferente en el mundo es que mientras Francisco visita los Estados Unidos Obama también recibió al presidente chino Xi Jinping. Ya llegaron a dos acuerdos. Uno contra los ciberataques. El otro contra las emisiones de efecto invernadero. Fósiles, abstenerse.

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NACIONES UNIDAS: FRANCISCO UNIÓ MEDIO AMBIENTE CON EXCLUSIÓN SOCIAL.
En su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Papa criticó a los organismos financieros.
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El discurso estuvo teñido de la agenda sobre el desarrollo sostenible y la futura cumbre del clima que se realizará en París. Bergoglio vinculó los problemas del ambiente con los de la pobreza, la exclusión y la explotación económica.

Victoria Ginzberg

Desde Nueva York.- Página /12 sábado 26 de septiembre del 2015.

El papa Francisco entró en el recinto de la Asamblea General de Naciones Unidas poco antes de las diez de la mañana. Caminó despacio por el pasillo mientras representantes de todo el mundo lo aplaudían de pie. Los ejes de su discurso fueron los problemas ambientales y la exclusión social. Pero no como dos temas aislados, sino interconectados. También vinculado con ambos asuntos, Jorge Bergoglio aseguró que los organismos financieros deben “velar por el desarrollo sostenible y la no sumisión asfixiante a los sistemas crediticios que lejos de promover el progreso someten a las poblaciones a mecanismos de mayor pobreza y dependencia”. Los primeros aplausos llegaron cuando mencionó que todos los países deben tener la misma participación en el Consejo de Seguridad de la ONU así como en las instituciones económicas internacionales.

Fue un día atípico en la ONU. Era el inicio de la Asamblea General y también de la Cumbre sobre Desarrollo Sostenible. El organismo, sus autoridades y trabajadores están acostumbrados a las medidas de seguridad y los visitantes importantes, ya que todos los septiembres se reúnen aquí decenas de jefes de Estado. Esta oportunidad, si embargo, fue especial. Cuando todavía era de noche y los carteles de Times Square brillaban, incluido uno gigante con la figura de Francisco con el que el gobierno de la ciudad de Nueva York le dio la bienvenida, ya había gente esperando para ingresar a la sede del organismo internacional.

Antes de hablar en la Asamblea, el Papa tuvo otras actividades en el edificio ubicado entre la Primera Avenida y el East River: se reunió con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon y con otras autoridades y funcionarios y luego habló para algunos trabajadores del lugar. Los que pudieron participar de este último evento habían ganado un sorteo. De la misma forma fueron seleccionados quienes pudieron ver al Papa en la procesión en el Central Park, en la misa en el Madison Square Garden o en el recorrido del jueves por la Quinta Avenida. A los empleados de la ONU les habló en inglés: “Ustedes son expertos trabajadores, funcionarios, secretarias, intérpretes, cocineros, empleados de mantenimiento, personal de seguridad. Estén tranquilos que su trabajo contribuye al mantenimiento de la ONU”, destacó que venían de distintas partes del mundo y pidió “que se respeten uno al otro, que se preocupen el uno del otro, que estén cerca”. Finalmente, pidió “que les den un saludo a los miembros de sus familias y a los colegas que no pudieron estar con nosotros por la lotería”. Dentro del edificio, Francisco se movió en algunos lugares con un carrito tipo golf y fue vivado por los pasillos. Cuando entró al recinto de la Asamblea, también se escucharon gritos de apoyo.

Bergoglio mencionó que no fue el primer Papa en hablar ante la ONU, aunque Ban Ki-moon dijo a su turno que ninguno había participado de una apertura de la Asamblea General y le agradeció por “hacer historia”. El discurso estuvo teñido de la agenda sobre el desarrollo sostenible y la futura cumbre del clima que se realizará en París. El tema coincide con la preocupación del Papa, que dedicó su encíclica Laudato Si a los problemas del ambientes y los vinculó a la vez con los de la pobreza, la exclusión y la explotación económica. Francisco habló en castellano y en seguida envió un mensaje interno al organismo internacional sobre la necesidad de que todos los países valgan igual, incluso en el Consejo de Seguridad, donde cinco potencias (Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China) tiene poder de veto. También habló de equidad en relación con el sistema financiero y los organismos de crédito internacional. “La reforma y adaptación de los pueblos siempre es necesaria, para progresar hacia el objetivo último de conceder a todos los países sin excepción una participación real y equitativa en las decisiones. Es necesaria una mayor equidad en los cuerpos con efectiva capacidad, como el Consejo de Seguridad, lo mismo para los organismos financieros o los grupos especialmente ideados para afrontar crisis económicas, para ayudar a mitigar todo tipo de abuso o usura con los países en vías de desarrollo. Los organismos financieros han de velar por el desarrollo sostenible y la no sumisión asfixiante de estos a sistemas crediticios que lejos de promover el progreso someten a las poblaciones a mecanismos de mayor pobreza, exclusión y dependencia”, dijo en una mención que en la Argentina no puede pasar desapercibida ni quedar desligada del conflicto con los fondos buitre ni al marco regulatorio sobre la reestructuración de la deuda soberana que fue aprobada por la Asamblea General de la ONU hace tres semanas. El tema, tanto la votación que se hizo en el organismo internacional por impulso de la Argentina como la alusión del Papa al respecto, serán mencionadas seguramente por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que llegará hoy a Nueva York y hablará el lunes en la ONU (ver aparte).

En otro de los tramos más políticos de su discurso, Francisco respaldó el acuerdo que Estados Unidos y cinco potencias realizaron con Irán y que fue rechazado por los republicanos y el estado de Israel: “Es una prueba de las posibilidades de la voluntad política. Hago votos para que sea duradero y eficaz”.

Vestido de blanco, con los anteojos puestos y su cruz colgando en el pecho, el Papa mencionó que “la promoción de la soberanía del derecho, la justicia, es requisito indispensable para obtener el ideal de la fraternidad” y que “ningún individuo o grupo humano se puede considerar omnipotente ni autorizado a pasar por sobre los derechos de otras personas o agrupaciones”. Aseguró que era necesario “consolidar la protección del ambiente y acabar con la exclusión”, que “cualquier daño al ambiente es un daño a la humanidad” y que el daño al ambiente va acompañado por la exclusión. “La exclusión económica y social es una negación de la fraternidad humana y un gravísimo atentado a la dignidad humana y al ambiente. Los más pobres son los que más sufren. Son descartados por la sociedad, obligados a vivir del descarte y sufren las consecuencias del abuso del ambiente. Esta es la cultura del descarte”. Instó a los líderes mundiales a adoptar una agenda para el desarrollo sostenible y a alcanzar resultados sobre el cambio climático, pero pidió que las acciones no sean solo declarativas: “El mundo reclama de todos los gobernantes una voluntad efectiva para mejorar el ambiente y vencer los fenómenos de la exclusión social y económica con su triste consecuencia de trata de seres humanos, comercio de órganos, explotación sexual niños, tráficos de drogas y armas, terrorismo y crimen internacional organizado”.

También hubo menciones para los temas más tradicionales de la Iglesia, como el “derecho de la familia a educar y de la Iglesia a colaborar con las familias” y la “libertad religiosa”. Y terminó con una cita del Martín Fierro: “los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera, tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos se pelean los devoran los de afuera”. El final fue con aplausos, pero todavía había una sorpresa: un coro lo esperaba para cantar “Duerme, negrito”, la canción de cuna tradicional que grabó Atahualpa Yupanqui y popularizó Mercedes Sosa. Luego llegó Shakira con “Imagine”, aunque el Papa se tuvo que ir; tenía una apretada agenda que cumplir.


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UN BAÑO DE PEOPLE POR TODO MANHATTAN.
El Papa  fue a la ONU, al Memorial del 11-9, a una Escuela de Harlem y al Madison Square Garden.

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El día estuvo marcado por su atención a los inmigrantes, uno de los temas centrales de su visita. La misa en el famoso estadio la dedicó a “los ciudadanos de segunda categoría, los que esconden el rostro por no tener una ciudadanía”.

Victoria Ginzberg

Página /12 sábado 26 de septiembre del 2015.

Cansaba sólo verlo. La ONU, el Memorial del 11 de septiembre, los niños de la escuela de Harlem, 80 mil personas en el Central Park y otras 20 mil en el Madison Square Garden. El papa Francisco, a sus 78 años, recorrió ayer Manhattan de Sur a Norte, pero el día estuvo marcado por su atención a los inmigrantes, que fue uno de los temas centrales de su visita a Estados Unidos. La misa en el famoso estadio, de hecho, la dedicó a “los ciudadanos de segunda categoría, los que esconden el rostro por no tener una ciudadanía”.

Después de hablar en la ONU, Jorge Bergoglio se dirigió al Ground Zero, donde rezó frente a las dos piletas que marcan como dos agujeros en la tierra la ubicación que tenían las Torres Gemelas antes de que fueran derribadas en los atentados del 11 de septiembre de 2001. Francisco se inclinó para dejar una rosa blanca ante los nombres de las víctimas y habló con un grupo de familiares y socorristas antes de ingresar en el museo, donde compartió el acto con representantes de distintas comunidades. Estuvieron el rabino Elliot Cosgrove y el imán Jaled Latif, además de representantes del hinduismo, el budismo, el jainismo, el sijismo, el judaísmo, los nativos americanos, los musulmanes y de otras ramas del cristianismo. Francisco dijo que tenía una mezcla de sentimientos por estar en ese lugar, “donde miles de vidas fueron arrebatadas en un acto insensato de destrucción”. “Aquí el dolor es palpable”, añadió y mencionó que el agua que cae en el Memorial “nos recuerda todas esas vidas que se fueron bajo el poder de aquellos que creen que la destrucción es la única forma de solucionar los conflictos”.

“Este lugar de muerte se transforma también en un lugar de vida, de vidas salvadas, un canto que nos lleva a afirmar que la vida está siempre destinada a triunfar sobre los profetas de la destrucción, sobre la muerte. Espero que nuestra presencia aquí sea una potente señal de nuestras voluntades de compartir y reafirmar el deseo de ser fuerzas de reconciliación, fuerzas de paz y justicia en esta comunidad y en cualquier lugar del mundo”, sostuvo.

En los alrededores del Memorial, en la zona de Wall Street, los seguidores del Papa y los curiosos se amontonaron para intentar verlo pasar. Pero aquí no estaba prevista su aparición, así que lo único que se podía detectar era su figura dentro del auto. Esto no desalentó a los muchos que hicieron guardia con sus teléfonos celulares y sus banderas de distintos países latinoamericanos. Ni a los vendedores ambulantes que buscaban colocar sus remeras, banderas y pins de Francisco. “Ya está, ya está en el uptown”, decía un policía para que los fans desalojaran la zona. El Papa se había retirado a descansar. Su siguiente actividad fue en una escuela del Harlem hispano. Allí conversó con un grupo de niños, que tuvieron que explicarle cómo funcionaba una pantalla touch con la que habían preparado una actividad para mostrarle. El Papa se refirió en esa escuela a la experiencia de ser inmigrante, de extrañar la tierra y hacer nuevos amigos. Recibió como regalo de un grupo de jornaleros un casco y unas botas y les dejó un “homework” a los estudiantes: “Recen por mí”. También recordó al Premio Nobel de la Paz Martin Luther King. “El dijo un día: ‘Tengo un sueño’. El soñó que muchos niños, muchas personas, tuvieran igualdad de oportunidades. Él soñó que muchos niños como ustedes tuvieran acceso a la educación. Es hermoso tener sueños y poder luchar por ellos”, les dijo. “Sé que uno de los sueños de sus padres, de sus educadores, es que ustedes puedan crecer con alegría. Siempre es muy bueno ver a un niño sonreír. Acá se los ve sonrientes: sigan así y ayuden a contagiar la alegría a todas las personas que tienen cerca”, agregó.

Desde Harlem, Francisco viajó al Central Park, una zona más acomodada de la isla. Allí lo esperaron 80 mil personas, que querían estar cerca para verlo pasar en el papamóvil. Para acceder al lugar había que tener una entrada que se entregó a través de un sorteo, pero no faltaron los vivos que buscaron revenderlas por cien dólares. El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, y el arzobispo de la ciudad, Timothy Dolan, condenaron este hecho y dijeron que nadie debía comprar esos tickets. Finalmente tuvieron que prohibir la oferta en el sitio de Internet.

Los que sí tenían boletos empezaron a llegar muy temprano al Central Park. Había que pasar rigurosos controles de seguridad para acceder al área y algunos comenzaron a hacer la fila a la madrugada para estar bien ubicados. El acceso se abrió a las once de la mañana (la procesión se hizo a las cinco de la tarde) y sólo se podía ingresar con agua, una cámara de fotos y carritos de bebés. Mascotas, paraguas, mochilas o sillas quedaron excluidos, aunque una campera liviana estaba permitida. Y aunque ayer el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, definió a Francisco como “el papa de las selfies”, los palitos fueron prohibidos. El clima acompañó, hizo calor, aunque no demasiado y estuvo soleado.

El día terminó en el Madison Square Garden, donde el Papa continuó su pelea para reivindicar los derechos de los inmigrantes. “En las grandes ciudades, bajo el ruido del tránsito, bajo ‘el ritmo del cambio’, quedan silenciados tantos rostros por no tener ‘derecho’ a ciudadanía, no tener derecho a ser parte de la ciudad, los extranjeros, los hijos de éstos (y no sólo) que no logran la escolarización, los privados de seguro médico, los sin techo, los ancianos solos”, dijo e invitó a los neoyorquinos a salir al encuentro de sus prójimos: “Vayan, una y otra vez, vayan sin miedo, sin asco, vayan”, afirmó.

Aunque al Papa le gusta salirse de los protocolos, no deja tampoco detalles librados al azar. Para el caso, la silla que usó en la misa fue elaborada por tres jornaleros: Fausto Hernández, de República Dominicana, Francisco Santamaría, de Nicaragua, y Héctor Rojas, de México. El trabajo les fue encargado por la arquidiócesis de Nueva York a través de organizaciones comunitarias.


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