martes, 8 de septiembre de 2015

SOCIOLOGÍA DEL FRAUDE. LO QUE VENDRÁ.

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Sociología del Fraude – el Fraude Político – es hasta ahora muy común en varios países de América latina, en especial en aquellos países donde el Sistema de Vigilancia – control – o de Procesos Electorales – es aún incipiente, no genera confianza en  el Ciudadano votante, lo cual al final del proceso electoral sirve de justificación por lo general, a los perdedores o a quienes perdieron por escasos votos. Una primera mirada que exige que el Sistema Democrático asuma desde el inicio legitimidad Constitucional, es decir, que la Ciudadanía tenga plena confianza en el proceso electoral y las propias Instituciones propias de la Democracia gocen de credibilidad política de la Opinión Pública, desde el principio.

Una segunda Opinión se presenta cuando este sistema de procesos electorales, así como otras instituciones encargadas del sistema de Ciudadanos inscritos y con derecho a voto, debe igualmente funcionar en paralelo y al mismo ritmo con camina todo el Sistema Electoral. Organismo que debe precisarnos de acuerdo a los adelantos técnicos número de ciudadanos, edad, localidad de votación – primero para eliminar quién desee originar un fraude político con Boletas de Identificación adulteradas; segundo, para eliminar desde el arranque el llamado “voto golondrino” – precisamente en localidades pequeñas, alejadas o mesas distintas de grandes urbes electorales recurrir a los “votantes pagados y trasladados de una localidad a otra – o muy simple con boletas falsas sustituir a votantes fallecidos, viajantes, enfermos, etc.

En tercer lugar con un Sistema de Procesos Electorales que goce de toda la confianza de la Ciudadanía, garantiza  al buen votante, al partido político y genera reconocimiento nacional e internacional, cuando se elimina – pero en forma drástica – la presencia de los llamados “partidos vientres de alquiler” – el negocio político en todo proceso electoral, vender la representación a los mercaderes de la política, a empresarios y comerciantes que desean “incursionar” valerse de la política y aún el negocio les puede resultar absolutamente más redondo cuando intencionalmente se reciben grandes fajos de miles de billetes verdes – y uno cree haber hecho el negocio de su vida – y simplemente estás abriendo el camino al ingreso del narcotráfico en la política, incluso más allá a la economía criminal en todas sus formas visibles e invisibles.


En cuarto lugar, el fraude político se puede presentar cuando desde el principio, del arranque del proceso electoral, comprometes corrupta y criminalmente a varias seudo “instituciones” que falsa y con arreglos en mesa y tras bambalinas, te generan en la Opinión Pública, que la “encuesta” nacional – amarrada por supuesto – te presenta una mayoría y sigue la mayoría y al final comprometes al fallido sistema tecnológico de los organismos de procesos electorales que “validen” tu candidatura: es la forma más destructiva y corrupta como la Sociología Política descubre el largo proceso del Fraude Político.

Y finalmente, localidades muy alejadas, donde están presentes familias, amigos, socios, unidos en movimientos políticos recurren al llamado “anforazo” – cambio de los resultados finales en una “nueva” Ánfora y si no da resultado al secuestro salvaje de las Actas electorales – muy común en varios países de Nuestra América – . Cambiarlas por otras que “garanticen” nuestro “triunfo” o muy simple las desaparecen o las queman para anular el proceso electoral. Una primera aproximación como miramos desde la Sociología Política – que grande y como avanzamos en todo los campos del saber humano – cuando se presenta y prepara el fraude electoral y como se debe exigir la Modernización de los Sistemas de Procesos Electorales. Un proceso electoral transparente, garantizado por Organismos de Procesos Electorales, que generen CONFIANZA en la Opinión Pública, en un Sistema Democrático, las Instituciones Constitucionales  desde el principio – no solo ganan credibilidad de la Ciudadanía sino lo más importante y fundamental del sistema democrático es que dicho proceso electoral transparente, democrático, participativo, proporciona a las instituciones legitimidad constitucional, legitimidad de trabajo y rendición de cuentas, y legitimidad de evaluación final de la representación política constitucional.

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SOCIOLOGÍA DEL FRAUDE. LO QUE VENDRÁ.
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La Prensa lunes 7de septiembre del 2015.

Ya hemos comentado lo evidente y muy fácil de comprobar en cualquier hemeroteca: en este año electoral, planteamos, un par de meses antes de los comicios, que tanto en letras de molde como en diversos cenáculos politizados se batía el parche con los riesgos de un fraude generalizado. ¿Error o qué?
La radiografía de las PASO exhibió -seguro- un cuadro robusto a favor del oficialismo, tal vez no del todo suficiente para éste, pero harto preocupante para sus oponentes. De allí en más, los vaticinios acerca de la falta de transparencia gubernamental en estos asuntos comenzaron a intensificarse hasta hallar en Tucumán un ámbito supuestamente ideal para poner en marcha la mar de sospechas, inicialmente sólo preventivas, hasta que una distancia de catorce puntos separó del peronismo a una alianza antigubernamental, sin el massista Vargas.

Este ha demostrado que la ominosa quema de urnas surgió de capillas de dirigentes opositores, claro que alejadas de presencias periodísticas celosas, por casualidad, o no, en actos que encendieron otros faroles, con toda la apariencia de lucir exagerados o imaginarios: lo pronosticado -se dijo- se habría corporizado poniendo a todo el sistema en alerta, aun para octubre o noviembre. ¿Cuál era, o es, la impronta de tales actores? A su vez, ¿cómo identificarlos? No es fácil, pero, no obstante, hay algunas pistas culturosas o pitucas. 

DUDA METODICA

Cualquiera sabe que el macrismo adoptó un camino de duda metódica acompañada de denuncias encendidas para todos los procesos electorales en que resultó perdidoso desde el voto electrónico de Salta pasando por el sistema santafesino de boleta única hasta arribar al engorroso escrutinio tucumano de los llamados acoples que, como señaló un presidenciable, la casi totalidad de los partidos intervinientes aprobaron, y hasta usufructuaron, según fuese el caso.

Aun así, sigue en algo parecido a la incompleta definición el identikit (o el ADN social) de quienes parecen aferrarse sin pruebas a los hipertícs denunciatorios. Veamos.

Es útil precisar, entonces, el papel de los objetores frente a los derechos que constituyen parte de una reparación social irrenunciable, y sin por ello resultar así como meros sujetos pasivos, aludiendo a quienes algunos suponen carentes de aptitud para distinguir derechos y obligaciones ciudadanas propias, en función, claro, de sus respectivos intereses. ¿Manipuladores sorprendidos in fraganti?

No es, a su vez, secreto alguno que en los padrones generales de cualquier punto del país puede haber individuos dedicados a intentos, lamentablemente a veces no fallidos, de las más de las veces mínimos trapicheos comiciales y otras yerbas al estilo de robos de boletas, debiendo aclararse que siempre están sujetos a miles y miles de controles entre autoridades comiciales, variopintos fiscales partidarios, integrantes de Fuerzas Armadas y de Seguridad, y sin descartar el papel del Correo como mero, y también supervisado, transportista de urnas y telegramas.

¿Será, entonces, que, en San Miguel de Tucumán o en cualquier otra gran urbe, luce imposible el fraude, mientras que frente a los mayoritarios padrones de los restantes distritos de esa y otras provincias, impera el viva la Pepa por estar conformados por colonizados justicialistas carentes de cultura?

No se trata, seguro, de toda la oposición. Pero bien vale precaverse de cierta industria de la soberbia de voz alzada para imponer, usando malas artes, lo que no se supo ganar por la persuasión y el voto mayoritario de los ciudadanos. En Democracia, la sociología del fraude, erróneamente proclamado y a cargo de malos perdedores, luce impregnada de fracasos imposibles de ocultar. Se les cree poco. 

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