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"Dos
mil años más tarde, el oro conserva su papel de “valor
refugio”. No porque su precio permanezca estable –es en
condiciones extremas del mercado, de hecho, cuando se mantiene más estable–, sino
porque es líquido (o sea, se
puede convertir fácil y rápidamente en dinero en efectivo) y no
depende de la solvencia de un emisor concreto. Esta condición brinda
tranquilidad a los mercados mundiales, lo que hace que aumente
su demanda en tiempos de inestabilidad política y económica.
"No
obstante, recientes conflictos armados, como la invasión rusa a Ucrania, el conflicto
en Oriente Medio y la crisis energética global,
han derivado en que los bancos centrales de las grandes potencias,
como Estados Unidos o China, hayan intensificado la compra de oro como
una estrategia ante los grandes vaivenes de las economías
y la inestabilidad geopolítica. Se trata de una forma de liberar
activos y reforzar la búsqueda de diversificación, liquidez y protección
frente a riesgos financieros y tensiones geopolíticas.
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Fuentes: The Conversation [Imagen: Antigua mina de oro romana en Las Médulas, León, España].
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DEL ORO ROMANO A LOS RECURSOS CRÍTICOS: LA NUEVA FIEBRE DE LOS
METALES.
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Por Javier
Fernández Lozano y Enrique Ferrari. /143/06/2026/ Ecología Social.
Fuentes Revista Rebelión domingo 14 de junio del 2026.
La Historia
Natural de Plinio
el Viejo es, para muchos, la primera enciclopedia de la historia,
y la
obra de referencia sobre “la naturaleza de todas las cosas”, como él mismo
decía, al menos hasta el Renacimiento, aunque el texto deba más a la tradición
literaria que a la observación y la investigación.
Los años no pasan en balde para textos como este. Plinio no es uno de los clásicos más leídos, pero de los 37 libros que componen esta vastísima obra, con más de 20.000 referencias y más de 400 autores citados, hay uno de ellos que parece haber recuperado actualidad en estos últimos años. Es el libro XXXIII, dedicado en buena medida al oro y la plata. En él, el autor le dio al oro un valor especial como símbolo de la codicia y el poder, y que, en nuestro tiempo, vuelve a ser una pieza central de la geopolítica.
Partícula de oro procedente de los
materiales sedimentarios de la mina de oro romana de Las Médulas. Javier
Fernández Lozano.
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La
dominación del orbis terrarum (“la
totalidad del mundo conocido”) es una constante en la retórica romana:
suponía la capacidad del imperio para “alcanzar los límites del
mundo”. Para Plinio, era el afán romano por hacerse con el
preciado metal lo que los llevó a “bajar a las entrañas de la tierra”.
El escritor, que en sus textos se preguntaba hasta dónde penetraría la
codicia humana , interpretaba la expansión de la
minería como una consecuencia de la avaricia y de la búsqueda de
riqueza.
Mina de oro romana de Las Médulas,
declarada Patrimonio de la Humanidad UNESCO en 1997.
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El regreso a una geopolítica colonial por los recursos.
Para
los romanos, conseguir oro constituyó también un incentivo para
conquistar territorios. Lo fue en el noroeste hispano: tan
solo en las romanas Asturia, Gallaecia y Lusitania se producían
anualmente 20.000 libras de peso en oro, aproximadamente
6,5 toneladas métricas. También se obtenía en otras regiones,
como la provincia romana de la Dacia Trajana (actual
Rumanía), convirtiéndose en un metal estratégico para el
Imperio.
Dos
mil años más tarde, el oro conserva su papel de “valor
refugio”. No porque su precio permanezca estable –es en
condiciones extremas del mercado, de hecho, cuando se mantiene más estable–, sino
porque es líquido (o sea, se
puede convertir fácil y rápidamente en dinero en efectivo) y no
depende de la solvencia de un emisor concreto. Esta condición brinda
tranquilidad a los mercados mundiales, lo que hace que aumente
su demanda en tiempos de inestabilidad política y económica.
No
obstante, recientes conflictos armados, como la invasión rusa a Ucrania, el conflicto
en Oriente Medio y la crisis energética global,
han derivado en que los bancos centrales de las grandes potencias,
como Estados Unidos o China, hayan intensificado la compra de oro como
una estrategia ante los grandes vaivenes de las economías
y la inestabilidad geopolítica. Se trata de una forma de liberar
activos y reforzar la búsqueda de diversificación, liquidez y protección
frente a riesgos financieros y tensiones geopolíticas.
Esta
situación ha llevado a una gran subida del precio de
este metal, hasta superar en el primer trimestre de 2026 los
4.500 dólares por onza. Un incremento vertiginoso,
similar al que se vivió en enero de 1980 como resultado
de la segunda crisis del petróleo y la revolución iraní, y que
supuso una subida interanual nominal cercana al 140 % (más
de lo que subió el precio del petróleo en ese mismo periodo).
Pero,
a diferencia de entonces, ahora la subida del oro ha derivado
en una demanda a corto plazo entre los pequeños ahorradores, que
buscan aprovechar el alza. Esta estrategia podría poner en riesgo la condición
del metal como “valor refugio”, pues las compras y ventas rápidas contribuyen a una mayor
volatilidad y lo convierten en un activo sujeto a
movimientos especulativos.
Hoy
por hoy, el oro es sólo la punta del iceberg. Salvando las
distancias con Roma, las grandes potencias fundamentan ahora su poder en el acceso a las materias
primas que contribuyen al crecimiento y al desarrollo de
los Estados.
En
la geopolítica actual, el acceso a los metales estratégicos es decisivo para
la industria, la defensa, la transición energética y las tecnologías
avanzadas. Sin ellas, las economías del planeta tendrían
enormes dificultades para sostener sectores clave.
Tierras raras, cobre, níquel, wolframio, litio, cobalto y boro son algunas de las materias primas necesarias para la fabricación de teléfonos móviles, vehículos eléctricos o aerogeneradores, y para las que la industria carece actualmente de sustitutos eficientes a gran escala. Muchos de estos recursos se encuentran, además, en zonas muy concretas del planeta y están controlados por unos pocos países. De modo que el cuello de botella no está solo en el proceso extractivo, sino también en el procesamiento de estas materias primas.
Peña del Seo y poblado minero de la
Piela (Cadafresnas, Bierzo), uno de los principales yacimientos de wolframio en
el noroeste de la península ibérica. Javier Fernández Lozano.
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Esta
realidad ha alimentado nuevas formas de competencia geopolítica por
el control de recursos, que recuerdan lógicas coloniales o
neocoloniales. Una amenaza muy tangible que nos ha devuelto
aquella visión de Plinio sobre la condición humana: “¿Hasta dónde penetrará la avaricia del ser humano?”.
Javier Fernández Lozano. Profesor Titular
de Universidad, Área de Prospección e Investigación Minera, Escuela de Minas,
Universidad de León
Enrique Ferrari. Vicedecano de
investigación de la Facultad de Artes y Ciencias Sociales, UNIR – Universidad
Internacional de La Rioja
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