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"Como ocurrió en Brasil bajo el Gobierno de Bolsonaro entre 2019 y 2023, y como está ocurriendo hoy en Argentina bajo el de Milei, subraya el Informe de la UNI Global, estos gobiernos terminan socavando la capacidad de los sindicatos para obtener los recursos que necesitan para continuar funcionando. Por otra parte, Chile ha complicado considerablemente la realización de huelgas al imponer un nivel excesivo de “servicio mínimo” como el que Milei promueve en Argentina. En tanto, Ecuador y Perú están limitando las manifestaciones sindicales a áreas designadas como de “bajo impacto”, mientras que Trinidad y Tobago ha restringido los lugares donde se puede manifestar, concretamente, a zonas alejadas de las instituciones públicas. En Panamá y El Salvador los líderes sindicales han sido procesados y encarcelados).
"¿Alternativas viables ante este
programa antisindical?
Más que recetas teóricas, es el momento de reforzar la unidad
de los movimientos sociales a nivel nacional y regional. El Informe de
la CSI vislumbra esta propuesta de “organización, negociación y
campaña juntos”, lo que dará poder a los trabajadores y también a
las trabajadoras para revertir esta erosión de sus derechos y construir
un futuro más justo, inclusivo y democrático para todos. En
tiempos en que las instituciones democráticas se encuentran bajo
constante presión, los sindicatos no solo defienden los derechos
en el trabajo, también salvaguardan la misma democracia.
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Fuentes: Rebelión.
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LOS MULTIMILLONARIOS GOLPEAN A LA DEMOCRACIA.
Ofensiva antisindical mundial.
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Por Sergio Ferrari | 04/08/2026 | Economía.
Fuentes Revista Rebelión martes 4 de agosto del 2026.
Cuestionado por mal comportamiento
laboral el Gobierno argentino recibió una fuerte sanción. La principal
confederación sindical mundial ubica a Argentina entre los 10 peores países en
cuanto a respeto de los derechos sindicales.
Tabla de posiciones que significa una
verdadera condena a Javier Milei. Inmutable
y luego de algunas semanas el Gobierno argentino parece no haberse dado por
aludido ante esas serias críticas internacionales. Sigue adelante con
su programa macro de ajustes -robustecido por la reciente visita al país
de la directora del Fondo Monetario Internacional- y de medidas antisindicales.
Por su parte, las organizaciones
sindicales y los movimientos sociales ratificaron el 22 de julio su “Plan de
lucha” contra
el Gobierno de Milei, anticipando una marcha en la primera semana
de agosto y una movilización cuando el Gobierno convoque a patronales
y sindicatos al Consejo del Salario Mínimo con el objetivo de definir el
nuevo ingreso básico.
La radiografía gremial que publicó en
junio pasado la Confederación Sindical Internacional (CSI), la organización de trabajadores
más grande del mundo reconoce como tendencia mundial un aumento de
las violaciones de la libertad de expresión y de reunión a lo largo
del último año, así como de los casos de agresión violenta contra
trabajadores y ataques frontales contra las libertades civiles, como
puede verse por la cantidad de arrestos y detenciones de trabajadores y sus
representantes.
En su Informe de 2026 El Índice Global de los Derechos de la CSI. Los peores países del mundo para los trabajadores y también a las trabajadoras, esta organización expresa su preocupación por la persecución de líderes sindicales, algo cada vez más habitual en un número cada vez mayor de países y advierte sobre el uso cada vez más frecuente de las nuevas tecnologías como método de control y para vigilar, disciplinar y silenciar a los trabajadores. Además, evalúa que cada vez son menos los gobiernos que consultan a los sindicatos antes de enmendar o promulgar leyes laborales.
Alarmante ataque al sindicalismo.
El diagnóstico de la CSI, entidad que aglutina 344 centrales
y federaciones de 171 países con más de 200 millones de
miembros, es contundente: lo que está ocurriendo es una
erosión global de los principios democráticos, resultado de lo que califica
como un “golpe de Estado de los multimillonarios contra la democracia”.
Como un desgaste financiado por los ricos e implementado por
líderes autoritarios y de extrema derecha.
“El acaparamiento de
beneficios y el hecho de que las expectativas de recaudación de impuestos sobre
el patrimonio no se cumplan en la práctica”, alega la CSI, “hacen que este
golpe de Estado se traduzca en un deterioro del nivel de vida”. En consecuencia,
las reivindicaciones de los trabajadores y también a las trabajadoras, que
deberían constituir la base de la DEMOCRACIA, son acalladas, mientras que
aquellos que las socavan concentran más riqueza en sus manos.
Para la CSI, se trata de
“un patrón que los
poderosos preferirían mantener oculto: el debilitamiento sistemático de la democracia
mediante ataques a los trabajadores, a los sindicatos y a la negociación
colectiva”. Desde la represión de las huelgas hasta la erosión de
las medidas de protección jurídica y la criminalización de los
sindicatos, nada de esto constituye incidentes aislados, sino tácticas de
una estrategia más amplia que pretende silenciar la disidencia y afianzar las
desigualdades.
Varios porcentajes ilustran el
deterioro de los derechos laborales esenciales. En el 50% de los países, por
ejemplo, hubo ataques contra la libertad de expresión y reunión. En 75
países (el 50% de los evaluados) se ha arrestado o detenido
trabajadores, un récord histórico. El derecho al registro legal de
los sindicatos se ha visto obstaculizado en el 75% de los países.
El derecho de huelga se vulneró en el 87% de los países. La negociación
colectiva se restringió en 121 países, el mismo número que el año
anterior, y en tres de cada cuatro países se obstaculizó la libertad
de asociación, así como de formación de sindicatos y la afiliación a los
mismos.
Europa y las Américas (Norte, Centro y Suramérica) se han llevado las peores calificaciones desde 2014, año en que se creó este Índice. A modo de advertencia y sanción, cada año la CSI señala los peores diez países, es decir, los que menos respetan los derechos sindicales. En 2026 Argentina entra en dicha categoría con otras dos naciones latinoamericanas, Panamá y Ecuador; Turquía y Bielorrusia en Europa; Túnez, Egipto, Nigeria y Suazilandia, en África, y Myanmar (Birmania) en Asia.
Caer más bajo, casi imposible: el mal ejemplo argentino.
Argentina está hoy entre los peores
calificados en
cuanto a derechos sindicales y su ubicación en la lista empeoró
por segundo año consecutivo, pasando de “la existencia de violaciones
regulares de los derechos” a una situación en la que
“los trabajadores no
tienen garantizados sus derechos”. Según la CSI, “desde su llegada al poder en
2023, el presidente de extrema derecha Javier Milei ha encabezado un programa
radicalmente antisindical, socavando derechos básicos de los trabajadores, libertades
civiles y la actividad sindical”.
Este descenso brusco y sin precedentes en apenas 24 meses deja a Argentina
en el nivel 3 de 5 en una escala donde 5+ es el peor, el de “derechos
no garantizados debido a la destrucción del Estado de derecho”. El mismo nivel
en el que se encuentran únicamente naciones con situaciones de conflicto
extremo, catástrofes o guerras, desde Haití a Sudán del Sur,
pasando por Siria, Burundi y Libia. Argentina se acerca
peligrosamente a esta calificación extrema.
La evaluación que la CSI hace de
Argentina
detalla los hechos concretos detrás de tan mala nota. Por ejemplo, la imposición
de parte del Gobierno de niveles obligatorios de servicios “mínimos”
sobre los trabajadores. Es decir, la exigencia de que, en un contexto
de huelga, de todo modo continúen proveyendo las funciones y
tareas estrictamente necesarias para proteger las instalaciones de la
empresa y garantizar la prestación de servicios, y con severas
sanciones por incumplimiento. Además, el hecho de que los trabajadores
y los sindicalistas deban enfrentar abusos sistemáticos y una reducción
del espacio cívico. En agosto de 2025, recuerda la CSI, la policía
detuvo a Federico Giuliani, secretario general de la sección
cordobesa de la Asociación de Trabajadores del Estado (Central de
Trabajadores de la Argentina Autónoma, o ATE-CTA A), junto con otros
14 manifestantes. Una vez en libertad, Giuliani se vio obligado a
huir a España en calidad de refugiado político.
Como respuesta a la ofensiva
gubernamental del Gobierno de Milei en los últimos 30 meses, las tres confederaciones
sindicales argentinas más importantes convocaron varias huelgas.
Según el Centro de Economía Política (CEPA), durante ese mismo
periodo cerraron 28.262 empresas y se perdieron 350.000 puestos de
trabajos formales, lo que ilustra la dimensión del proyecto
antisocial del actual Gobierno.
En el frente de resistencia contra
Milei no
solo se encuentran el movimiento sindical y en especial los
sectores más combativos del mismo. Son centenares las movilizaciones
sociales a nivel local, regional y nacional, así como el aumento
de la represión. Cada miércoles desde hace varios meses, el
Movimiento de Jubilados se moviliza en las principales ciudades del país.
Cada 24 de marzo (aniversario del golpe de Estado de 1976), miles
de personas salen a la calle por la Memoria y ahora también con
consignas antigubernamentales. Fuerza creciente y muy significativa
la de las mujeres y las diversidades que se autoconvocan dos veces
por año. La última Marcha del Orgullo LGBTIQ+, en noviembre de
2025, congregó, según diversas fuentes, más de un millón y medio de
participantes, y miles de personas se movilizaron en febrero
de este año con la segunda Marcha del Orgullo Antifascista y Antirracista
para reclamar contra la precarización de la vida y la reforma laboral
aplicada por el Gobierno, iniciativa que reduce los derechos de
los trabajadores y busca debilitar a los sindicatos.
En su Tercer Informe Especial de la Represión a la Protesta Social, publicado en enero, la Comisión Provincial de la Memoria constata que, en 2025, 4 de cada 10 movilizaciones públicas fueron reprimidas y que en 34 de las 79 marchas hubo represión (17 de 60 el año anterior); que unas 1.369 personas fueron heridas (1.216 heridos el año anterior), algunas de enorme gravedad, como ocurrió con el fotorreportero Pablo Grillo, y que dos personas perdieron la visión en un ojo. También, que se duplicó la cantidad de trabajadores de prensa heridos y aumentaron las detenciones arbitrarias con respecto a las del año anterior.
Ultraderecha vs. sindicatos latinoamericanos.
Una delegación de la UNI Global, principal confederación
internacional de sindicatos del sector de servicios, con sede en Nyon,
Suiza, visitó la región sudamericana a fines de junio de este año. En
su informe sobre esa visita sostiene que
“Argentina no es un
caso aislado [ya que en] todas las Américas, gobiernos de derecha ganan las
elecciones y muchos de ellos llevan a cabo la misma política una vez en el
poder”. ¿De qué manera? Invocando la noción de urgencia económica para imponer
reformas por decreto, lo cual les permite eludir el debate y la consulta.
Como ocurrió en Brasil bajo el Gobierno de Bolsonaro
entre 2019 y 2023, y como está ocurriendo hoy en Argentina bajo el
de Milei, subraya el Informe de la UNI Global, estos gobiernos
terminan socavando la capacidad de los sindicatos para obtener los
recursos que necesitan para continuar funcionando.
Por otra parte, Chile ha complicado considerablemente la
realización de huelgas al imponer un nivel excesivo de “servicio
mínimo” como el que Milei promueve en Argentina. En tanto, Ecuador
y Perú están
limitando las manifestaciones sindicales a áreas designadas como de “bajo
impacto”, mientras que Trinidad y Tobago ha restringido los
lugares donde se puede manifestar, concretamente, a zonas
alejadas de las instituciones públicas. En Panamá y El Salvador los líderes
sindicales han sido procesados y encarcelados).
¿Alternativas viables ante este
programa antisindical?
Más que recetas teóricas, es el momento de reforzar la unidad
de los movimientos sociales a nivel nacional y regional. El Informe de
la CSI vislumbra esta propuesta de “organización, negociación y
campaña juntos”, lo que dará poder a los trabajadores y también a
las trabajadoras para revertir esta erosión de sus derechos y construir
un futuro más justo, inclusivo y democrático para todos. En
tiempos en que las instituciones democráticas se encuentran bajo
constante presión, los sindicatos no solo defienden los derechos
en el trabajo, también salvaguardan la misma democracia.
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