miércoles, 1 de agosto de 2018

AMÉRICA LATINA Y LA NUEVA DINÁMICA DEL SISTEMA MUNDIAL.

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“La coyuntura latinoamericana. A un ciclo de expansión de la participación social en proyectos políticos populares, de ampliación del gasto público en políticas sociales (aun cuando no se avanzó en cambios económicos estructurales) y de importantes avances en los procesos de integración regional, amenaza imponerse un periodo de reinstauración conservadora en el continente. El regreso a rupturas del estado de derecho y desprecio por el voto popular ya no se da por la vía de los golpes militares, sino a través del uso de representaciones parlamentarias articuladas a poderosas campañas mediáticas desplegadas por los monopolios comunicacionales.  De otro lado, se despliega un boicot sistemático a los proyectos de integración regional y a sus diversos intentos de elaboración estratégica, para retornar una política de realineamiento con la visión hegemónica de Estados Unidos.  Se utiliza el concepto de “autonomía” para suprimir el dominio democrático a instituciones absurdamente poderosas, como los Bancos Centrales, cuyos técnicos pretenden estar por encima de cualquier política pública sujeta a control democrático”.

“Asistimos a un amplio despliegue de acciones sistemáticas de las clases dominantes y los centros hegemónicos del poder mundial para inviabilizar e impedir la consolidación de los avances democráticos en la región.  La ofensiva antidemocrática iniciada con el fallido golpe de Estado contra el gobierno constitucional de Hugo Chávez en Venezuela (11 de abril de 2002), encuentra su auge en el nuevo ciclo de restauración conservadora que se inicia a fines de 2015. Frente a la expansión de los gobiernos populares del siglo XXI, los representantes del gran capital se han volcado a una acción sistemática con el objetivo de restaurar el proyecto neoliberal.  Los argumentos y mecanismos utilizados parecen ser: El convencimiento de que la hegemonía de Estados Unidos sobre el Sistema mundial es, y debe ser, mantenida ante la expansión económica, política e ideológica originada en las regiones consideradas periféricas.  Esta negación sistemática de los hechos conduce a la idea de la restauración de la hegemonía estadounidense como principio ideológico”.


“El intento de preservar el rol determinante del llamado “libre mercado” apoyado en la idea del intercambio entre productores privados organizados por la mano invisible del mercado.  Esta visión ignora el papel fundamental de los monopolios privados y de la intervención estatal como los organizadores de un mercado mundial que determina cada vez más los mercados nacionales y locales. En tercer lugar, frente a los cambios de correlación de fuerza y de las estrategias geopolíticas de alcance regional que se desdoblan cada vez más en estrategias mundiales, el centro del sistema intenta garantizar su hegemonía a través de acciones militares, actos de fuerza y control ideológico que tiene un alto costo económico, financiero y humano. Finalmente, al ignorar los intereses de vastos sectores de la población afectados por estas políticas y despreciar su capacidad de reacción, se configura una visión del mundo y un sistema irracional que pone en riesgo la sobrevivencia de la humanidad, sea a través de la creciente militarización y las guerras permanentes, sea a través de una capacidad colosal de destruir el medio ambiente y el planeta”.

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AMÉRICA LATINA Y LA NUEVA DINÁMICA DEL SISTEMA MUNDIAL.
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Mónica Bruckmann.

ALAI.

América Latina en Movimiento  martes 31 de julio del 2018.

El sistema mundial contemporáneo vive cambios profundos marcados por el desplazamiento de sus centros económicos más dinámicos, desde Europa y los Estados Unidos de América (EUA) hacia Asia.  Estos cambios representan no sólo nuevas tendencias de la lógica de acumulación de la economía mundial, sino también profundas restructuraciones geopolíticas y territoriales.

Desde el 2015, según el informe del Fondo Monetario Internacional, el ranking mundial de economías medidas por su Producto Interno Bruto indica que China desplaza a EUA, ocupando el primer lugar con un PIB de 18.979 mil millones de dólares por poder paritario de compra (PPP).  A la economía china le sigue EUA, India, Japón, Alemania, Rusia, Brasil, Indonesia, Reino Unido y Francia en décimo lugar.  Es decir, de las diez mayores economías del mundo, cinco pertenecen a los BRICS más Indonesia.

Según los análisis prospectivo del PwC, en 2030 la economía China continuará en primer lugar y la economía estadounidense en segundo, pero representando apenas dos tercios de la economía China.  Según la misma fuente, estos cambios se acentuarán hacia el 2050, cuando ocho de las diez mayores economías del mundo pertenecerán a países del sur, incluyendo un país africano.  China continuará en primer lugar, India pasará al segundo lugar, desplazando a EUA al tercer lugar, seguido de Indonesia, Brasil, México, Japón, Rusia, Nigeria y Alemania.

Esto cambios fundamentales en la dinámica de la economía mundial se expresan también claramente en la reconfiguración del sistema financiero internacional, impactado por las fuertes reservas del Banco Asiático, que inicia operaciones con un capital de 200 mil millones de dólares y del Banco de Desarrollo de los BRICS, con un capital inicial de 100 mil millones de dólares y un capital similar para inversiones directas.

Este proceso viene acompañado de nuevas tendencias en la producción científica y tecnológica que muestran un desplazamiento de la producción en Ciencia y Tecnología (C&T) a nivel mundial hacia el sudeste Asiático, principalmente China.  Según los principales indicadores del sector de C&T, este proceso está en curso.  En 2012, el 23.4% de los graduados en ciencias exactas e ingenierías a nivel mundial obtuvo su grado en China, mientras que 23% lo hacía en India, frente a apenas 9,2% graduados en EUA y 11.5% en Europa.  Es decir, casi la mitad de los científicos e ingenieros del mundo se están formando en China e India.  Además, China está abrigando grupos de investigación científica en tecnologías de punta, de alto contenido estratégico, como es el caso del grupo de científicos de la Academia China de Ciencias que estudia el Grafeno, un nuevo material con características de superconductor que tiene el potencial de revolucionar el mercado energético mundial y varias otras ramas de la industria de alto contenido tecnológico.

Para citar algunos otros ejemplos, China tiene ya el segundo acelerador de partículas de alta energía, que hasta hace poco tiempo apenas Europa había conseguido desarrollar en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas-CERN (Ginebra), después de 70 años de intenso trabajo de colaboración científica internacional desde la pos guerra.  En relación al número de súper computadores, Estados Unidos tenía, en 2015, 199 unidades y China 109, pero en 2016, EUA bajó a 165 y China alcanzó 167 super computadoras   Es decir, desde 2016, la mayor concentración de supercomputadores, y de ellos los dos más veloces del mundo, está en China.

Es claro que los BRICS, con participación activa o no de Brasil, están y continuarán jugando un rol fundamental que tiene el potencial de redefinir también la dinámica de las relaciones Sur-Sur.  En este sentido, es fundamental retomar el “Espíritu de Bandung” y los diez principios de coexistencia pacífica como inspiración y estrategia de nuevas formas de relación en el sistema internacional, basados en la soberanía de los pueblos y una agenda de paz.




La reconfiguración del continente Euro-asiático está en pleno desarrollo, a través de la iniciativa china de la Nueva Ruta de la Seda (One belt one road-OBOR) lanzada en setiembre del 2013 a partir de una alianza estratégica Sino-Rusa, que está desplegando importantes proyectos de infraestructura para dinamizar el comercio entre Asia y Europa con gran capacidad de redefinir el futuro del sistema mundial como proceso económico, político y cultural.

El fin del ciclo del fracking y la economía de EUA.

El ciclo de producción de hidrocarburos no convencionales a través de la técnica del fraccionamiento hidráulico que Estados Unidos desarrolló como estrategia de independencia energética asociado a una recuperación de su economía, ha llegado a su fin.  Si el fracking era estimulado por un precio internacional del barril del petróleo superior a los US$100, debajo de US$40 era simplemente inviable.  Desde fines del 2015, prácticamente no hubo nuevas perforaciones de pozos con esta tecnología.  La caída del precio internacional del petróleo a niveles próximos a US$30 desestimuló y paralizó esta industria.  Lo que se hizo fue iniciar procesos de refraccionamiento de pozos en desuso para obtener una producción remanente, aprovechando la inversión en capacidad instalada.  Esto amplió la devastación ambiental y social que esta técnica provoca y no pudo revertir el proceso de caída de la economía del fracking.  Durante el primer trimestre de 2016, las principales empresas del sector anunciaban su falencia económica y, en algunos casos, su reconversión.

La intervención de la OPEP para administrar el precio internacional del petróleo y los acuerdos de la última reunión de junio de 2018, muestran pocas condiciones de recuperación de la industria del fracking.  La recuperación paulatina del precio internacional del petróleo durante los últimos meses es insuficiente para redinamizar esta industria, que tuvo su mejor momento con el precio del barril del petróleo superior a 100 dólares americanos.  Todos los datos evidencian que el ciclo del fracking terminó y, sin embargo, aún se mantiene, con mucho esfuerzo mediático, la expectativa de crecimiento económico de EUA asociado a esta industria.

Es importante señalar que, durante todo el período de “autosuficiencia energética” Estados Unidos no sólo no dejó de importar hidrocarburos, sino que amplió sus importaciones beneficiado por el bajo precio del petróleo en el mercado mundial.  Esto significa que durante todo el período de auge del fracking, Estados Unidos amplió considerablemente su reserva estratégica de petróleo, hecho que en términos geopolíticos tiene un peso relevante.

Esta guerra de expectativas generada por el fracking permitió articular una nueva ofensiva política para desestabilizar los gobiernos de la región que, en alguna medida, se propusieron una gestión soberana de sus recursos naturales.  No es por casualidad que, en marzo de 2015, el presidente Obama declara que Venezuela, país que detenta la primera reserva mundial de petróleo a nivel mundial, es una “amenaza inusual y extraordinaria” a su seguridad nacional, creando condiciones para una intervención militar en ese país.  Tampoco es aleatorio el hecho de que la crisis política brasileña haya comenzado exactamente en la Petrobrás y que uno de los primeros decretos que la derecha brasileña, que articuló y condujo el golpe de Estado parlamentario en este país, propusiera la suspensión del régimen jurídico que otorga a la Petrobrás la gestión exclusiva de las reservas de petróleo en el off shore brasileño (presal, como se le llama en Brasil) que, como se sabe, podrían colocar a Brasil como uno de los principales productores de petróleo a nivel mundial.  Durante los últimos meses, se puso en práctica una entrega acelerada de los lotes de petróleo del presal a empresas transnacionales, principalmente de capital estadounidense, así como una política articulada de desestructuración de la empresa estatal Petrobrás, desindustrialización del sector que convirtió a Brasil en un importador de diésel, con graves consecuencias económicas para el país.

Frente a la inminencia de un nuevo periodo de recesión, Estados Unidos intenta reactivar su industria militar a través de una sistemática presión para validar el acuerdo de la OTAN que establece una inversión del 2% del PIB, de los países miembros, en gasto militar.  Ningún país de la UE llega a este nivel.  Son dos los argumentos usados para este fin: la conocida guerra contra el “terrorismo” y la recientemente acuñada “amenaza rusa”.  Queda claro que EUA no puede financiar ningún nuevo frente de guerra sin ayuda de sus aliados y socios, que también atraviesan por una crisis económica profunda.  El gasto militar mundial expresa estos cambios: EUA, que durante la primera década del siglo XXI tuvo 50% de gasto militar mundial, ha disminuido considerablemente su participación mundial: en 2017 representa apenas 35%, seguido de China con 13% del gasto militar mundial y Rusia en tercer lugar con 3.8%, según información del SIPRI (Military Expenditure database, 2 de mayo de 2018).

De otro lado, Trump expresa la tendencia a disminuir el comercio mundial a través del proteccionismo económico, mientras que la victoria de los grupos conservadores en América Latina, y Brasil en particular, apuntan hacia una búsqueda de ampliación de comercio con Estados Unidos y Europa a partir de la exportación de materias primas.  Las expectativas de los reaccionarios de la periferia entran en choque con las tendencias y expectativas de los reaccionarios del centro.

La coyuntura latinoamericana.

A un ciclo de expansión de la participación social en proyectos políticos populares, de ampliación del gasto público en políticas sociales (aun cuando no se avanzó en cambios económicos estructurales) y de importantes avances en los procesos de integración regional, amenaza imponerse un periodo de reinstauración conservadora en el continente.

El regreso a rupturas del estado de derecho y desprecio por el voto popular ya no se da por la vía de los golpes militares, sino a través del uso de representaciones parlamentarias articuladas a poderosas campañas mediáticas desplegadas por los monopolios comunicacionales.  De otro lado, se despliega un boicot sistemático a los proyectos de integración regional y a sus diversos intentos de elaboración estratégica, para retornar una política de realineamiento con la visión hegemónica de Estados Unidos.  Se utiliza el concepto de “autonomía” para suprimir el dominio democrático a instituciones absurdamente poderosas, como los Bancos Centrales, cuyos técnicos pretenden estar por encima de cualquier política pública sujeta a control democrático.

Asistimos a un amplio despliegue de acciones sistemáticas de las clases dominantes y los centros hegemónicos del poder mundial para inviabilizar e impedir la consolidación de los avances democráticos en la región.  La ofensiva antidemocrática iniciada con el fallido golpe de Estado contra el gobierno constitucional de Hugo Chávez en Venezuela (11 de abril de 2002), encuentra su auge en el nuevo ciclo de restauración conservadora que se inicia a fines de 2015.

Frente a la expansión de los gobiernos populares del siglo XXI, los representantes del gran capital se han volcado a una acción sistemática con el objetivo de restaurar el proyecto neoliberal.  Los argumentos y mecanismos utilizados parecen ser:

El convencimiento de que la hegemonía de Estados Unidos sobre el Sistema mundial es, y debe ser, mantenida ante la expansión económica, política e ideológica originada en las regiones consideradas periféricas.  Esta negación sistemática de los hechos conduce a la idea de la restauración de la hegemonía estadounidense como principio ideológico.

El intento de preservar el rol determinante del llamado “libre mercado” apoyado en la idea del intercambio entre productores privados organizados por la mano invisible del mercado.  Esta visión ignora el papel fundamental de los monopolios privados y de la intervención estatal como los organizadores de un mercado mundial que determina cada vez más los mercados nacionales y locales.

En tercer lugar, frente a los cambios de correlación de fuerza y de las estrategias geopolíticas de alcance regional que se desdoblan cada vez más en estrategias mundiales, el centro del sistema intenta garantizar su hegemonía a través de acciones militares, actos de fuerza y control ideológico que tiene un alto costo económico, financiero y humano.

Finalmente, al ignorar los intereses de vastos sectores de la población afectados por estas políticas y despreciar su capacidad de reacción, se configura una visión del mundo y un sistema irracional que pone en riesgo la sobrevivencia de la humanidad, sea a través de la creciente militarización y las guerras permanentes, sea a través de una capacidad colosal de destruir el medio ambiente y el planeta.

La disputa global por recursos naturales y la recolonización del mundo.
La expansión de la demanda de recursos naturales a nivel mundial profundiza estas contradicciones.  La disputa por el acceso, gestión y apropiación de recursos naturales estratégicos se convierte en un elemento central de la acumulación capitalista que privatiza y financieriza la naturaleza.  La visión estratégica de Estados Unidos, que establece que el acceso y gestión de recursos naturales es una “cuestión de seguridad nacional” que garantiza “la salud de su economía y de su población”, ha sido capaz de articular una estrategia multidimensional de apropiación de recursos naturales a nivel global, en la medida en que las principales reservas de los mismos se encuentran fundamentalmente fuera de su territorio continental y de ultramar.  A partir de esta visión, EUA ha desplegado un conjunto de políticas de recolonización de los territorios y los países que detentan estos recursos.

La complejidad de la coyuntura mundial y regional y los cambios en las tendencias y escenarios futuros posibles y probables exigen un gran esfuerzo de análisis y un nuevo proceso de acumulación de las fuerzas progresistas para retomar el camino de la integración regional y la recuperación de la soberanía de los pueblos y los gobiernos.  El reciente triunfo de Manuel López Obrador en México puede ser el inicio de este nuevo ciclo.
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Monica Bruckmann es profesora del Departamento de Ciencia Política y del Programa de Posgrado en Historia Comparada de la Universidad Federal de Río de Janeiro-UFRJ; Presidenta de ALAI.

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LOS OPULENTOS SE CONFABULAN PARA DEJARNOS ATRÁS. LA SUPERVIVENCIA DE LOS MÁS RICOS

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“El cine y la televisión representan estas fantasías para nosotros. Las pelis de zombis pintan un escenario postapocalíptico en el que las personas no son mejores que los muertos vivientes, y parecen saberlo. Lo peor es que estas ficciones invitan al espectador a imaginar el futuro como una batalla entre los humanos que quedan, en la que unos pierden y otros ganan, en la que la supervivencia de un grupo depende de la desaparición de otro. Incluso la serie de TV Westworld –basada en una novela de ciencia ficción en la que se pierde el control de los robots– terminaba su segunda temporada con la gran revelación: los seres humanos somos más simples y predecibles que la inteligencia artificial que creamos. Los robots se dan cuenta de que cada uno de nosotros puede reducirse a unas pocas líneas de código, y de que somos incapaces de tomar decisiones deliberadas. ¡Demonios! ¡Hasta los robots de esa serie quieren escapar de los confines de su cuerpo y pasar el resto de sus días en una simulación virtual!

“La gimnasia mental que requiere tan profundo cambio de papeles entre los humanos y las máquinas se basa en presuponer que los humanos son una porquería. Hace falta cambiarlos o distanciarse de ellos, para siempre. Y así llegamos hasta esos multimillonarios de la tecnología lanzando vehículos eléctricos al espacio, como si eso simbolizara algo más que su poder para promocionar su negocio. Y si un puñado de personas logra alcanzar la velocidad de escape y, de alguna manera, consigue sobrevivir dentro de una burbuja en Marte –a pesar de nuestra incapacidad de mantener una burbuja así ni siquiera en la Tierra, en cualquiera de los dos multimillonarios experimentos Biosphere–, el resultado no será tanto una continuación de la diáspora humana como un bote salvavidas para la élite”.


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8 de los millonarios más ricos del mundo, tienen más riqueza que el 60% de la población mundial, es decir más riqueza que 4,500 millones de seres humanos. Es parte de la Mundialización de la Desigualdad Económico-Social que nos deja, como el "mejor producto" enfermo y envenenado, la globalización neoliberal o globalización de las élites mundiales, hoy en "su crisis final". Entre los 8, están aquí los "opulentos", super millonarios" de la Tecnología, la Cuarta Revolución Industrial, la era digital.

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LOS OPULENTOS SE CONFABULAN PARA DEJARNOS ATRÁS.
LA SUPERVIVENCIA DE LOS MÁS RICOS.
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Douglas Rushkoff.

Future Human.

Rebelión miércoles 1 de agosto del 2018.

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo.

El año pasado me invitaron a un complejo privado de superlujo para pronunciar una conferencia magistral ante lo que yo suponía que sería en torno a una centena de gerentes de bancos de inversión. La cantidad que me ofrecieron en pago era, con diferencia, la mayor suma que jamás me habían pagado por una charla (más o menos la mitad de mi salario anual como profesor universitario). Querían saber mi opinión sobre “el futuro de la tecnología”.

Nunca me ha gustado disertar sobre el futuro. El turno de preguntas y respuestas suele acabar como un juego de salón en el que se me pide la opinión sobre las últimas tendencias tecnológicas como si se trataran de indicadores de cotizaciones bursátiles para potenciales inversores: blockchain, impresiones en 3D, CRISPR (1), etc. El público pocas veces está interesado en aprender sobre estas nuevas tecnologías o su impacto potencial; lo único que desean es saber si deben invertir en ellas o no. Pero el dinero es poderoso caballero, así que acepté dar la charla.

A mi llegada me condujeron a una sala donde supuse que debía esperar. Pero en lugar de colocarme un micrófono o llevarme hasta el escenario, me sentaron en una simple mesa circular mientras iba llegando mi público: cinco tipos superricos –todos hombres– pertenecientes al nivel más elevado del mundo de las finanzas especulativas. Tras una pequeña conversación intrascendente, me di cuenta de que no tenían el menor interés en la información que había preparado sobre el futuro de la tecnología. Estaban ahí con sus propias preguntas.

Comenzaron de una manera bastante inofensiva. ¿Ethereum o bitcoin? ¿Es la informática cuántica algo real? Poco a poco, pero con firmeza, se fueron aproximando a los temas que en verdad les interesaban.

¿Qué región se verá menos afectada por la crisis climática que se avecina, Nueva Zelanda o Alaska? ¿Es cierto que Google está habilitando un lugar para alojar el cerebro de Ray Kurzweil (2)? En caso afirmativo, ¿su conciencia seguirá activa durante la transición, o morirá para luego renacer como alguien completamente nuevo? Para acabar, el director general de una correduría de bolsa explicó que estaba terminando de construir su propio búnker subterráneo y preguntó: “¿Cómo puedo mantener la autoridad sobre mi personal de seguridad después del suceso?”

El “Suceso”. Ese fue el eufemismo que utilizaron para referirse al colapso medioambiental, los disturbios sociales, la explosión nuclear, el virus incontrolable o el hacker de [la serie] Mr. Robot que hace caer todo el sistema.
Esta fue la única pregunta a la que dedicamos en resto de la hora. Sabían que necesitarían guardias armados para proteger sus recintos de la muchedumbre enfurecida. ¿Pero de qué modo remunerarían a sus guardianes cuando el dinero no valiera nada? ¿Que impediría que los guardianes escogieran a su propio líder? Los multimillonarios pensaban en el uso de cerraduras de combinación cuyo código solo conocieran ellos para proteger sus reservas de comida. U obligar a los guardias a llevar algún tipo de collares disciplinarios a cambio de su supervivencia. O quizás diseñar robots que ejercieran las funciones de guardianes y trabajadores, si dicha tecnología podía desarrollarse a tiempo.

Eso es lo que me chocó: para esos caballeros, esto era una conversación sobre el futuro de la tecnología. Siguiendo el ejemplo de Elon Musk (3), que pretende colonizar Marte, Peter Thiel (4) y su proyecto parar revertir el proceso de envejecimiento, o Sam Altman y Ray Kurzweil que pretenden subir sus cerebros a superordenadores, estos tipos se estaban preparando para un futuro digital que tenía mucho menos que ver con la construcción de un mundo mejor que con trascender por completo la condición humana y aislarse del peligro actual y muy real de cambio climático, aumento del nivel del mar, migraciones masivas, pandemias globales, pánico nativista y agotamiento de los recursos. Para ellos, el futuro de la tecnología solo tiene importancia si les ayuda a una cosa: huir.

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Las valoraciones exageradamente optimistas sobre el papel de la tecnología en la mejora de la sociedad humana no tienen nada de malo. Pero la corriente actual que contempla una utopía poshumana es otra cosa. Tiene menos que ver con la transformación de la humanidad en una nueva forma de ser que con la búsqueda de trascender todo lo que es humano: el cuerpo, la interdependencia, la compasión, la vulnerabilidad y la complejidad. Los filósofos de la tecnología llevan años señalándolo: en la actualidad, la visión transhumanista reduce de un modo demasiado simplista toda la realidad a los datos, hasta llegar a la conclusión de que “los humanos no son más que objetos procesadores de información”.


Supone la reducción de la evolución humana a un videojuego en el que alguien gana cuando encuentra la puerta de salida y luego permite que algunos de sus mejores amigos le acompañen en el viaje. ¿Serán Musk, Bezos, Thiel... Zuckerberg? Estos multimillonarios son los presuntos ganadores de la economía digital, el mismo panorama de “supervivencia de los más fuertes” que alimenta la mayor parte de sus movimientos especulativos.

Es evidente que no siempre fue así. Hubo un momento, a comienzos de los años noventa, en el que el futuro digital parecía estar abierto a nuestra innovación. La tecnología se estaba convirtiendo en un área de juegos para la contracultura, que veía en ella la oportunidad de crear un futuro más inclusivo, distribuido y favorable al ser humano. Pero los intereses empresariales establecidos solo consideraban su nuevo potencial extractivo, y demasiados tecnólogos se vieron seducidos por el unicornio de la oferta pública de venta de los nuevos activos financieros. Los valores de futuro digitales se veían como el mercado de futuros del algodón: algo sobre lo que hacer previsiones y apuestas. Así que prácticamente cada discurso, cada artículo, cada estudio o cada documentación técnica se consideraba relevante solo sí señalaba a un indicador bursátil. El futuro dejó de ser algo que creamos mediante nuestras elecciones cotidianas o nuestra esperanza en la humanidad para convertirse un escenario predestinado sobre el que apostamos con nuestro capital de riesgo, pero al que llegamos de forma pasiva.

Esto liberaba a todo el mundo de las implicaciones morales de las actividades en las que estuviera envuelto. El objetivo del desarrollo tecnológico dejó de ser la prosperidad colectiva y se convirtió en la supervivencia personal. Y lo que es peor: llamar la atención sobre esto suponía, tal y como experimenté yo mismo, declararse involuntariamente enemigo del mercado o un cascarrabias contrario a la tecnología.

Así que en lugar de considerar la ética implícita en empobrecer y explotar a la mayoría en nombre de una minoría, la mayor parte de los académicos, periodistas y escritores de ciencia ficción se dedicaron a descifrar enigmas mucho más abstractos y rocambolescos: ¿Es correcto que un agente de bolsa utilice drogas inteligentes? ¿Deberíamos colocar implantes a los niños para que aprendan idiomas extranjeros? ¿Queremos que los vehículos inteligentes prioricen la vida de los peatones sobre la de sus pasajeros? ¿Debería la democracia ser la forma de gobierno de las primeras colonias marcianas? ¿Los cambios en el ADN socaban la identidad personal? ¿Deberían tener derechos los robots?

Aunque plantearse ese tipo de cuestiones pueda resultar un entretenimiento filosófico, supone un pobre sustituto de los auténticos dilemas morales relacionados con el desarrollo tecnológico desenfrenado en nombre del capitalismo corporativo. Las plataformas digitales han convertido lo que ya era un mercado explotador y extractivo (pensemos en Walmart) en algo aun más deshumanizador (pensemos en Amazon). La mayoría de nosotros nos dimos cuenta de estos inconvenientes al presenciar la automatización y precarización del empleo y el declive del comercio local.

Pero las consecuencias más devastadoras del capitalismo digital desenfrenado se las llevan el medio ambiente y los pobres globales. Algunos de nuestros ordenadores y smartphones se fabrican utilizando redes de mano de obra esclava. Estas prácticas están tan profundamente arraigadas que una compañía llamada Fairphone, creada desde abajo para fabricar y comercializar teléfonos móviles éticos, llegó a la conclusión de que su objetivo era imposible. Su fundador ahora califica con tristeza su producto como “un teléfono más ético”.

Mientras tanto, la minería de metales raros y la eliminación de nuestros dispositivos ultra-digitales fuera de uso destruyen hábitats humanos, reemplazándolos por vertederos tóxicos, en los que familias de campesinos rebuscan para vender a los fabricantes los materiales que pueden reutilizarse.

Esta externalización de la pobreza que queda “fuera de la vista y fuera de la mente” no desaparece simplemente por habernos cubierto los ojos con gafas de realidad virtual y estar inmersos en una realidad alternativa. Cuanto más ignoremos las repercusiones sociales, económicas y medioambientales, mayor será el problema. Esto, a su vez, motiva más aislamiento y retraimiento y una fantasía apocalíptica aún mayor, además de tecnologías y planes de negocio cada vez más descabellados. El ciclo se retroalimenta.

Cuanto más nos identificamos con esta visión del mundo, más consideramos a los seres humanos como el problema y a la tecnología como la solución. La esencia del ser humano se considera no tanto un rasgo como un virus. Por muy sesgadas que sean, las tecnologías se consideran neutrales. Cualquier mala conducta que induzcan en nosotros no es sino un reflejo de nuestra esencia corrupta. Es como si la culpa de todos nuestros problemas estuviera en algún tipo de salvajismo humano. Igual que la ineficacia del mercado local del taxi puede “resolverse” con una aplicación que lleve a la ruina a los taxistas, las molestas inconsistencias de la psique humana pueden corregirse con una actualización digital o genética.

Según la más reciente ortodoxia tecnosolucionista, el futuro de la humanidad alcanzará su clímax cuando colguemos nuestra conciencia en un ordenador o, aún mejor, cuando aceptemos que la propia tecnología es nuestro sucesor evolutivo. Como si fuéramos miembros de una secta gnóstica, estamos deseosos de entrar en la próxima fase trascendente de nuestra evolución abandonando nuestros cuerpos y dejándolos atrás junto con nuestros pecados y problemas.



Tom Cruise, considerado entre los 10 Actores de Cine, más millonarios del mundo. Es protagonista de Películas de primer nivel. Como "Entrevista con el Vampiro". "El último Samurái", "La Era del Rock".
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El cine y la televisión representan estas fantasías para nosotros. Las pelis de zombis pintan un escenario postapocalíptico en el que las personas no son mejores que los muertos vivientes, y parecen saberlo. Lo peor es que estas ficciones invitan al espectador a imaginar el futuro como una batalla entre los humanos que quedan, en la que unos pierden y otros ganan, en la que la supervivencia de un grupo depende de la desaparición de otro. Incluso la serie de TV Westworld –basada en una novela de ciencia ficción en la que se pierde el control de los robots– terminaba su segunda temporada con la gran revelación: los seres humanos somos más simples y predecibles que la inteligencia artificial que creamos. Los robots se dan cuenta de que cada uno de nosotros puede reducirse a unas pocas líneas de código, y de que somos incapaces de tomar decisiones deliberadas. ¡Demonios! ¡Hasta los robots de esa serie quieren escapar de los confines de su cuerpo y pasar el resto de sus días en una simulación virtual!

La gimnasia mental que requiere tan profundo cambio de papeles entre los humanos y las máquinas se basa en presuponer que los humanos son una porquería. Hace falta cambiarlos o distanciarse de ellos, para siempre.

Y así llegamos hasta esos multimillonarios de la tecnología lanzando vehículos eléctricos al espacio, como si eso simbolizara algo más que su poder para promocionar su negocio. Y si un puñado de personas logra alcanzar la velocidad de escape y, de alguna manera, consigue sobrevivir dentro de una burbuja en Marte –a pesar de nuestra incapacidad de mantener una burbuja así ni siquiera en la Tierra, en cualquiera de los dos multimillonarios experimentos Biosphere–, el resultado no será tanto una continuación de la diáspora humana como un bote salvavidas para la élite.

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Cuando los inversores de riesgo me preguntaron cuál era la mejor manera de mantener su autoridad sobre los servicios de seguridad tras “el suceso”, les sugerí que lo mejor que podían hacer era tratar bien a esas personas desde ya. Deberían relacionarse con el personal de seguridad como si fueran miembros de su propia familia. Y cuanto más puedan generalizar esta ética inclusiva al resto de sus prácticas empresariales, la gestión de la cadena de suministro, las iniciativas de sostenibilidad, y la distribución de la riqueza, menos probabilidades habrá de que llegue a producirse un “suceso”. Toda esta brujería tecnológica podría orientarse desde el momento presente hacia otros intereses menos románticos pero más colectivos.

Mi optimismo les hizo mucha gracia, pero no terminaron de creérselo. No les interesaba saber cómo evitar la calamidad; estaban convencidos de que ya habíamos llegado demasiado lejos. A pesar de todo su poder y riqueza, no creían poder influir en el futuro. Se limitaban a aceptar el escenario futuro más sombrío y a poner todo el dinero y la tecnología posible para aislarse, sobre todo si no pueden conseguir una plaza en el cohete a Marte.

Afortunadamente, todos aquellos que carecemos de los fondos necesarios para renegar de nuestra humanidad contamos con opciones mucho mejores a nuestro alcance. No necesitamos utilizar la tecnología de manera tan antisocial y atomizadora. Podemos convertirnos en los consumidores con el perfil que nuestros dispositivos móviles y nuestras plataformas quieren que seamos, o podemos recordar que los humanos verdaderamente evolucionados no avanzan solos.

La esencia del ser humano no está en la huida o la supervivencia individual. Es un trabajo de equipo. El futuro de la humanidad, cualquiera que sea, nos afectará a todos.

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Notas del traductor (tomadas de Wikipedia):

(1): Los CRISPR (en inglés: clustered regularly interspaced short palindromic repeats, en español repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas) son familias de secuencias de ADN en bacterias. Tienen aplicaciones en ingeniería genética y biotecnología.

(2): Experto tecnólogo de sistemas y de Inteligencia Artificial y eminente futurista . Presidente de la empresa informática Kurzweil Technologies, que se dedica a elaborar dispositivos electrónicos de conversación máquina-humano y aplicaciones para personas con discapacidad .

(3): Físico , inversor y magnate cofundador de PayPal , Tesla, SpaceX , Hyperloop , SolarCity , The Boring Company y OpenAI . Su fortuna se estima en 17.400 millones de dólares. En diciembre de 2016, fue nombrado como la 21ª persona más poderosa del mundo por la revista Forbes .

(4): Empresario, administrador de fondos de inversión libre y capitalista de riesgo . Thiel cofundó PayPal y fue su director ejecutivo . Actualmente preside Clarium Capital, un fondo de inversión libre macroglobal que administra más de 2.000 millones de dólares, y es socio administrador de The Founders Fund , un fondo de capital de riesgo de 275 millones de dólares. Fue uno de los primeros inversores de Facebook y está en su Consejo de Administración

Douglas Rushkoff es autor del libro Team Human, de próxima publicación, y del podcast TeamHuman.fm

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