&&&&&
“En el contexto del creciente antagonismo entre
las economías de Estados Unidos y China, y
sus respectivas alianzas imperialistas, la pervivencia de la
Revolución Cubana implica dos problemas para el imperialismo
rumbo a su futura conflagración mundial. Por una parte, para
el imperialismo en general, Cuba significa el ejemplo latente de que la
alternativa a la guerra y barbarie imperialista es
el socialismo. Por otra parte,
para los intereses de los monopolios estadunidenses en
particular, la pervivencia de Cuba implica un obstáculo para la alineación
omnímoda de los países de la región, a la alianza con Estados Unidos en
su confrontación contra China, que es el
camino que dicta la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados
Unidos.
“Sin
embargo, el imperialismo olvida que también son vigentes las líneas de la
Segunda Declaración que afirman que las revoluciones no se exportan, y
que Cuba da el ejemplo de que “la revolución es posible, que los
pueblos pueden hacerla”. Esta lección dada al mundo es ya irreversible, pero el
pacífico pueblo de Martí aún puede dar otra lección al mundo en su confrontación
con el imperialismo, cumpliendo la advertencia que el poeta
chileno Pablo Neruda escribió para los monopolios estadunidenses en su
Canto General: “No entres a Cuba, que del fulgor marino/ de los
cañaverales sudorosos, / hay una sola oscura mirada que te espera, / un solo
grito hasta morir o matar”.
/////
Fidel Castro durante la Segunda Declaración de La Habana, el 4 de febrero de 1962. Foto Cubadebate.
*****
LA SEGUNDA DECLARACIÓN DE LA HABANA HOY.
*****
Por Ángel
Chávez Mansilla.
Fuente. La Jornada. Ciudad de México viernes 3 de abril del 2026.
Frente a más de un millón de personas
congregadas en la Plaza de la Revolución, el 4 de febrero de 1962 el comandante
Fidel Castro Ruz presentó la Segunda Declaración de La Habana, documento trascendental de la Revolución
Cubana que, con la sentencia: “el deber de todo revolucionario es hacer
la revolución”, y la idea central de que la revolución es posible en
otros países de Latinoamérica, inspiró en las siguientes décadas la acción
de miles de jóvenes insatisfechos con la vida que les ofrecía el mundo
capitalista.
Esta declaración fue la respuesta al
embate imperialista
que buscaba aislar a Cuba en el ámbito internacional, pues a partir de
la VIII Reunión de consulta de ministros de relaciones exteriores de la Organización
de Estados Americanos (OEA), reunida en Punta del Este a finales de enero
de 1962, se decidió expulsar a Cuba de la OEA e impulsar la
ruptura de relaciones de los países con la naciente revolución. La respuesta
de Fidel, redactor de la Segunda Declaración, fue la afirmación del
carácter socialista de la revolución, señalando que, en la reunión de Punta
del Este, Uruguay: “Cuba habló por el socialismo
y Estados Unidos por el capitalismo”, y
además sentenció que en otros países de América Latina también era posible
desarrollar una revolución con ese carácter.
De esta forma Fidel daba la enseñanza de que, ante la agresión
imperialista, la respuesta era la ofensiva. Tal lección la retrató
didáctica al hablar de su experiencia con una picúa, pez barracuda
que lo persiguió mientras nadaba, y que cuanto más se replegaba Fidel,
más se envalentonaba el pez, y sólo hasta que decidió dar la vuelta y
enfrentar a la alimaña, ésta salió en desbandada. Pero ¿qué
implica hoy la ofensiva? La afirmación del carácter socialista de la
Revolución Cubana, reconociendo que la solidaridad con Cuba no es solamente
una causa humanitaria, sino también la defensa del proyecto de sociedad
antagónica al capitalismo.
El carácter socialista de la
Revolución Cubana, públicamente afirmado en el mitin del 16 de abril de 1961, pero previamente anunciado en la
condena de “la explotación del hombre por el hombre” en la Primera
Declaración de La Habana el 2 de septiembre de 1960, fue el motivo que
llevó al imperialismo a desatar el virulento ataque contra el pueblo
de Cuba. La afirmación del socialismo llevó al imperialismo a ejercer
el embargo económico y comercial contra Cuba, la invasión militar
en Bahía de Cochinos, las acciones terroristas y los cientos de
atentados contra Fidel Castro; y es lo que hoy lleva a la orden
ejecutiva de Donald Trump para restringir el suministro de petróleo
a Cuba.
Aunque los propagandistas del capital
cuestionan la posibilidad
de una revolución socialista hoy, ésta sigue siendo tan posible como
en 1962, pues como se explica en la Segunda Declaración de La Habana, la
revolución es producto de condiciones objetivas de la época de crisis
del imperialismo, y aún hoy vivimos “el
choque del mundo que nace y el mundo que muere”. Con la agresión contra Cuba el imperialismo
busca blindarse de que nuevas revoluciones surjan una vez que se abra
la caja de Pandora que es la guerra de dimensión global que está
por venir. En el pasado y hoy, lo que buscan los monopolios
al agredir a Cuba es “disipar el miedo que los atormenta y el fantasma de la
revolución”.
En el contexto del creciente
antagonismo entre las economías de Estados Unidos y China, y sus respectivas alianzas
imperialistas, la pervivencia de la Revolución Cubana implica
dos problemas para el imperialismo rumbo a su futura conflagración
mundial. Por una parte, para el imperialismo en general,
Cuba significa el ejemplo latente de que la alternativa a la guerra y barbarie
imperialista es el socialismo. Por otra parte, para los intereses
de los monopolios estadunidenses en particular, la pervivencia de Cuba
implica un obstáculo para la alineación omnímoda de los países de la
región, a la alianza con Estados Unidos en su confrontación contra China, que es el camino que dicta la nueva
Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos.
Sin embargo, el imperialismo olvida
que también son
vigentes las líneas de la Segunda Declaración que afirman que
las revoluciones no se exportan, y que Cuba da el ejemplo de que
“la revolución es posible, que los pueblos pueden hacerla”. Esta lección
dada al mundo es ya irreversible, pero el pacífico pueblo de
Martí aún puede dar otra lección al mundo en su confrontación con el
imperialismo, cumpliendo la advertencia que el poeta
chileno Pablo Neruda escribió para los monopolios estadunidenses en
su Canto General:
“No entres a Cuba, que
del fulgor marino/ de los cañaverales sudorosos, / hay una sola oscura mirada
que te espera,/ un solo grito hasta morir o matar”.
Ante el recrudecimiento de la agresión
contra Cuba se
requiere la hermandad de los trabajadores del mundo. La solidaridad
de los pueblos del mundo con el pueblo de Cuba y su revolución debe implicar ahora el impulso de
acciones para romper el cerco energético impuesto contra Cuba. En
el caso del pueblo de México, la afirmación de la soberanía nacional,
para que no se permita el amedrentamiento de otros gobiernos y se restablezca
el comercio de petróleo mexicano para el pueblo cubano.
Exigir el envío de petróleo a Cuba es un paso con el que el pueblo
trabajador de México afirma su independencia de las decisiones del imperialismo,
tanto el que tiene asiento en Estados Unidos como el que anida en
nuestra propia nación. Es el primer paso para afirmar la vigencia de
la sentencia final de la Segunda Revolución de La Habana, que la
humanidad ha dicho ¡basta! Y ha echado a andar, y que su marcha no se
detendrá.
*Historiador de la ENAH
*****

No hay comentarios:
Publicar un comentario