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“Irán también insinuó que podría imponer un peaje como compensación
por la destrucción del país,
dado que los diez puntos del acuerdo de paz contemplan el pago de reparaciones
por los daños de guerra. Asimismo, incluye el levantamiento de todas las
sanciones (primarias y secundarias) y el desbloqueo de los activos iraníes en
el extranjero. El acuerdo provisional reconoce el derecho de Irán a enriquecer
uranio (disputado por Israel), e Irán se comprometió –nuevamente- a no producir
una bomba atómica El líder demócrata en la estadounidense Cámara de
Representantes, Hakeem Jeffries, señaló: «Está completamente desequilibrado», obviamente
refiriéndose al mandatario. Incluso entre los republicanos y sus aliados, se
alzan voces de protesta e indignación contra su violencia y su retórica
agresiva e irrespetuosa, con la que promete devastar Irán y «eliminar una
civilización entera». Destruye centrales eléctricas, carreteras, puentes,
ferrocarriles y plantas desalinizadoras.
“Diputados y senadores
republicanos advirtieron que Trump podría cometer genocidio y crímenes de
guerra si ataca la infraestructura civil de Irán. En uno de los ataques más
duros contra el presidente, la comentarista política y partidaria de Trump, Candace Owens, lo calificó de «lunático
genocida» y pidió la intervención del Congreso y las Fuerzas Armadas. Lo
peor es que en América Latina hay muchos que quieren imitar a Trump. Claro, no
al derrotado, sino al que se llevaba los países por delante, saqueándolos
violentamente, siempre en el sacrosanto nombre de la democracia y la
“civilización” occidental y cristiana.
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Fuentes: CLAE – Rebelión.
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TRUMP NO SÓLO PIERDE LA GUERRA, SINO LA EMPATÍA
Y QUIZÁ HASTA EL JUICIO.
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Por Aram Aharonian | 14/04/2026 | EE.UU.
Fuentes Revista rebelión martes 14 de abril del 206
¿Cómo se pone fin a una guerra que, al
inicio de las operaciones, se suponía que terminaría en una semana? ¿Cómo se
declara el fin de una guerra en la que la victoria se ha proclamado en
repetidas ocasiones?, se preguntan los analistas internacionales. El fin de una
civilización, anunciado por Trump, es otra contradicción: Estados Unidos gana
la guerra, pero Irán no es derrotado. Trump anuncia una victoria pírrica, y los
ayatolás siguen gobernando.
El problema mayor no es que Donald
Trump perdiera la guerra. Según la revista SERA (y muchos otros), ya había
perdido el juicio, después que la empatía y la sensibilidad humana. Se embarcó
en una guerra sin sentido contra Irán y salió derrotado. Irán fue masacrado,
parte de su liderazgo fue asesinado, miles de ciudadanos fueron asesinados y
una parte de su infraestructura y arsenales militares fueron destruidos. SERA
señala que por suerte, también carece de inteligencia (contaminada por el
narcisismo) y, con su arrogancia característica, empieza a disparar su
ametralladora giratoria sin rumbo ni propósito.
En geopolítica, el fracaso de Trump agrava aún más el aislamiento de Estados Unidos. Europa ya no confía en la alianza con Washington y comienza a buscar su propio camino hacia la defensa y nuevas alianzas económicas y diplomáticas. «Esta guerra no es nuestra», declaró el ministro de Asuntos Exteriores alemán, resumiendo la declaración de independencia europea ante la guerra estadounidense-israelí en el Golfo.
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A pesar de que la prensa trasnacional
trata de maquillar la realidad Trump perdió la guerra y está perdiendo el rumbo
en poco más de un año en el cargo. Exalta el poder militar y aumenta la
agresividad estadounidense, llevando al país al aislamiento, a la pérdida de su
liderazgo global y a la destrucción de su imagen como nación democrática y
socio confiable. Si dependiera de Trump, el «imperio estadounidense» se hundirá
en el lodo de su propia arrogancia: eso sería beneficioso para la paz mundial.
El resultado de la guerra es un
autoengaño: los estadounidenses dicen salir victoriosos. Pero los iraníes no
son derrotados. El fin de una civilización, en el discurso melodramático de
Donald Trump, forma parte de una retorcida narrativa que –como es habitual-
poco tiene que ver con la realidad, pero en definitiva es la “realidad” que
quieren escuchar , que quieren imponer los estadounidenses. Pero a pesar de
Trump y el genocida Benjamín Netanyahu, Irán, como nación y como proyecto de
poder civilizatorio, perdurará.
Dado su desastroso historial, su
prepotencia, la agresión permanente e los migrantes, los delirios de
apropiación de los países y de sus riquezas, la oposición política a su
arrogante presidente está creciendo en Estados Unidos. Tras la movilización de
aproximadamente ocho millones de personas en casi todas las ciudades grandes y
medianas del país —las protestas No Kings—, los líderes del Partido Demócrata
están empezando a reaccionar, y ya circulan en el Congreso peticiones de
destitución contra el presidente. Pero no hay que hacerse demasiadas
ilusiones.
El narcisista Trump sigue proclamando
la victoria, a pesar de haber logrado únicamente la destrucción parcial del
arsenal de misiles iraní, pero a un costo enorme en términos materiales,
humanos, diplomáticos y políticos, incluyendo un daño interno significativo en
Estados Unidos. Los pequeños y ricos países del Golfo Pérsico han descubierto
que no pueden contar con Washington para su protección ante una posible
agresión externa. China y Rusia simplemente observan y cosecharán las
consecuencias de las aventuras de Trump.
Irán emergió victorioso, resistió la
maquinaria de guerra más poderosa del planeta y continúa siendo gobernado por
la teocracia de los ayatolás, contrariamente a lo que afirman Trump y
Netanyahu. En el acuerdo de alto el fuego provisional, Teherán accedió a
reabrir el estrecho de Ormuz, pero mantuvo la «soberanía iraní sobre la ruta»,
una prerrogativa que no tenía antes de la agresión trumpista. Ahora Trump
quiere bloquearlo.
Irán también insinuó que podría imponer un peaje como compensación por la destrucción del país, dado que los diez puntos del acuerdo de paz contemplan el pago de reparaciones por los daños de guerra. Asimismo, incluye el levantamiento de todas las sanciones (primarias y secundarias) y el desbloqueo de los activos iraníes en el extranjero. El acuerdo provisional reconoce el derecho de Irán a enriquecer uranio (disputado por Israel), e Irán se comprometió –nuevamente- a no producir una bomba atómica
El líder demócrata en la
estadounidense Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, señaló: «Está
completamente desequilibrado», obviamente refiriéndose al mandatario. Incluso
entre los republicanos y sus aliados, se alzan voces de protesta e indignación contra
su violencia y su retórica agresiva e irrespetuosa, con la que promete devastar
Irán y «eliminar una civilización entera». Destruye centrales eléctricas,
carreteras, puentes, ferrocarriles y plantas desalinizadoras.
Diputados y senadores
republicanos advirtieron que Trump podría cometer genocidio y crímenes de
guerra si ataca la infraestructura civil de Irán. En uno de los ataques más
duros contra el presidente, la comentarista política y partidaria de Trump, Candace
Owens, lo calificó de «lunático genocida» y pidió la intervención del Congreso
y las Fuerzas Armadas.
Lo peor es que en América Latina hay
muchos que quieren imitar a Trump. Claro, no al derrotado, sino al que se
llevaba los países por delante, saqueándolos violentamente, siempre en el
sacrosanto nombre de la democracia y la “civilización” occidental y cristiana.
*Periodista y comunicólogo uruguayo.
Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación
para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano
de Análisis Estratégico (CLAE)
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