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“La Gran Norteamérica es el nombre del nuevo tablero donde la
soberanía ya no se negocia en foros diplomáticos,
sino que se administra en salas de guerra. A cambio de una supuesta paz,
tutelada, la región entregará recursos naturales y seguridad fronteriza.
El enunciado de esta nueva denominación no es una propuesta de
cooperación, sino una orden de partición. En medio de la atención del mundo a
una guerra que Donald Trump dice haber ganado, y que tiene un
catastrófico impacto económico mundial –que en el plano interno le
está pasando factura con una mayor caída de respaldo a su gestión, situada
en 31%–, el anuncio de la nueva partición de América Latina y el
Caribe ha pasado desapercibido. A diferencia de la Unión Africana, que pese
a las diferencias de idioma, credos, historia y orígenes de sus 55 miembros
ha logrado posiciones comunes frente al cambio climático, el comercio
global o un asiento en el Grupo de los 20, la región
latinoamericana y caribeña ha consolidado el quiebre de la CELAC y, con
ello, su dignidad y soberanía como región. Así, volvemos a ser un
archipiélago de naciones compitiendo entre sí para ver quien agrada más al
Pentágono.
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Fuentes: El Cohete a la Luna - Imagen: La iniciativa de "La Gran América del Norte" fue anunciada por el secretario de Guerra de EE. UU. Pete Hegseth.
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EE. UU. PRESENTA LA INICIATIVA «GRAN AMÉRICA DEL NORTE»
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Por Ariela Ruiz Caro | 07/04/2026 | América Latina y Caribe, EE.UU.
Peruana.
Dra. En Economía.
Fuentes. Revista Rebelión martes 7 de abril del 2026.
Han pasado cinco semanas desde que los
primeros misiles de la operación Furia Épica asesinaron, en el primer día, al líder supremo Alí
Jamenei, a 150 niñas de una escuela y personal educativo, y a la mayor parte de
la cúpula militar (40) y política de Irán. El estallido ha derribado algo
más que infraestructura en el Medio Oriente y, a la fecha, más de 3.500
vidas solo en Irán: ha terminado de demoler las aspiraciones de
coordinación y defensa común de la soberanía en América Latina y el Caribe.
Lo que hasta hace poco más de una década se proyectaba como un conjunto de
naciones capaz de definir o negociar parámetros comunes mínimos para preservar
la autonomía en su política de inserción internacional, hoy está hecho añicos.
Los rayos que guiaron la cooperación regional con gran éxito en el continente
sudamericano, en el marco de la UNASUR, como a nivel regional en la CELAC,
se han extinguido. La región se ha fracturado y una parte de América Latina
y el Caribe confluye hacia la conformación de la “Gran América del Norte”.
Se trata de una nueva iniciativa
enmarcada en la estrategia de seguridad hemisférica del continente americano, que va desde Ecuador hasta
Groenlandia e incluye a todo el Caribe, Centroamérica, México, Colombia,
Venezuela y Guyana. Si bien se trata de una nueva y prepotente delimitación
geográfica, el propósito estratégico de esta redefinición busca fortalecer la
influencia y el control de Washington en el continente, considerando a
los países latinoamericanos y caribeños que engloba como socios clave.
La iniciativa «Gran América del Norte» fue anunciada por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, la víspera de que el Presidente Trump informara a la nación que golpearían extremadamente duro a Irán durante las próximas dos o tres semanas hasta devolverlos a la Edad de Piedra, que es a donde pertenecen, y que habían “diezmado” la marina, la fuerza aérea y las comunicaciones iraníes. Así, ante la inestabilidad en el Medio Oriente, Estados Unidos busca aceleradamente consolidar un bloque económico y energético continental que no dependa de cadenas de suministro de otras regiones.
Adiós Sur Global.
En la nueva Gran América del Norte se
establece que dichas naciones no son parte del denominado Sur Global puesto que se ubican al norte de
la línea ecuatorial y están dentro de la zona de interés directo de defensa
estadounidense. De esta forma se busca garantizar la seguridad de recursos
críticos, rutas marítimas y el Canal de Panamá con el argumento de reforzar la
cooperación en defensa y el control de rutas de narcotráfico que
impactan directamente la seguridad de Estados Unidos.
El Sur Global es un término
geopolítico y socioeconómico,
no puramente geográfico, que agrupa a países de África, América
Latina, el Caribe, la mayor parte de Asia y Oceanía. Representa a naciones
históricamente marginadas, con pasado colonial y que buscan reformar
el orden mundial desigual. Concentran cerca del 85% de la población
mundial. Aunque la mayoría está en el hemisferio sur, incluye a países
del norte como China o India. El término ha evolucionado de significar
“subdesarrollo” a representar una fuerza multipolar que busca autonomía
y equidad en la economía global. Se trata de un contrapeso al
Norte Global, que suele referirse a países desarrollados (Europa,
Estados Unidos, Japón, Canadá, Australia). Con la Gran América del
Norte, Estados Unidos ha decidido que más de una docena de países
latinoamericanos y caribeños dejen de ser parte de este Foro.
¿Y qué han dicho los Presidentes de
México, Colombia y Venezuela, ahora que Estados Unidos les ha dicho que son
parte de la Gran Norteamérica?
Los tres gobiernos han optado por el silencio estratégico, sin emitir declaraciones
directas de rechazo o validación específica sobre el nuevo mapa de Pete
Hegseth, probablemente para ignorar una decisión geográfica y geopolítica que
no ha sido consultada ni acordada, y que no merece la pena tomar
en serio. El Presidente brasileño, a pesar de ser un crítico
constante de la política exterior de Estados Unidos hacia la región y un
defensor de la soberanía y de la búsqueda de intereses comunes
mínimos para defenderse de los conflictos hegemónicos, ha mantenido la
misma posición.
Cabe señalar que al día siguiente del
anuncio de Hegseth, la Presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, agradeció y valoró
positivamente la decisión del gobierno de Donald Trump de retirarla
de la lista de sancionados de la OFAC (Oficina de Control de Activos
Extranjeros). Esta remoción de la “Lista Clinton” (SDN) eliminó
las restricciones financieras y comerciales que pesaban sobre ella desde 2018,
permitiéndole ahora interactuar libremente con empresas e inversionistas
estadounidenses. Delcy calificó la medida como un “paso en la dirección
de la normalización y fortalecimiento de las relaciones” entre Venezuela y
Estados Unidos.
Al llamarla Gran América del Norte,
Hegseth delimita un
espacio que puede controlar de forma efectiva y rápida, dejando al Cono Sur
como una zona de influencia amiga, pero externa al núcleo de
seguridad nacional. La mayoría de los gobiernos de la Argentina,
Brasil, Chile, Paraguay, Perú, Uruguay y Bolivia, que siguen perteneciendo
al Sur Global, por su ubicación geográfica, son considerados como
socios de la retaguardia estratégica enfocados principalmente en asegurar
el suministro de recursos naturales. Washington les exige asumir una
mayor responsabilidad en su propia defensa para que así ellos puedan
concentrar sus recursos en el nuevo núcleo de la Gran Norteamérica y
en el conflicto en el Medio Oriente. Así, Estados Unidos evita la
responsabilidad de defender territorios tan distantes, mientras que líderes
como los Presidentes de la Argentina, Chile, Paraguay o Bolivia operan
como aliados externos bajo el marco del Escudo de las Américas.
Sinfonía en tres actos.
El despliegue del plan Gran
Norteamérica es la culminación
de una política de dominación regional que comenzó a gestarse con la
publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional el 4 de diciembre de 2025,
tal como comentamos en El Cohete. Este documento oficializó la
llamada “Doctrina Donroe”, que restablece el control absoluto de
Washington sobre el hemisferio occidental para asegurar recursos
críticos y frenar la influencia de potencias rivales. Producto de dicha
estrategia, han tenido lugar tres iniciativas importantes que
también informamos en El Cohete:
La Conferencia de las Américas contra
los Cárteles. El 5 de marzo, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, recibió en
la sede del Comando Sur en Doral a los ministros de defensa de 17 países. En esta reunión, en la que también
participaron el secretario de Estado, Marco Rubio, y el asesor Stephen
Miller, se sentaron las bases para justificar ataques militares directos
contra el narcoterrorismo en suelo regional.
La Cumbre del Escudo de las Américas. Dos días después, el 7 de marzo,
en la reunión en el Doral Miami, los Presidentes suscribieron la Carta
del Doral que selló una alianza que institucionaliza la cooperación
militar y el intercambio de inteligencia.
La Directiva del 31 de marzo. Finalmente, la formalización de
la Gran Norteamérica cerró el círculo, fragmentando el continente y enterrando,
por ahora, las aspiraciones de autonomía de la UNASUR y la CELAC. En
efecto, la Gran Norteamérica es la definición de una zona de influencia
en la que todo lo que sucede desde Groenlandia hasta Ecuador es un asunto
de seguridad interna de Estados Unidos. Así, la cooperación voluntaria
es reemplazada por el establecimiento de un bloque de seguridad
integrado donde la soberanía local se supedita a la seguridad de Estados
Unidos.
Nada nuevo bajo el sol.
La voracidad de Estados Unidos por el
acceso a los recursos naturales
de la región no es nueva y las intervenciones militares en la región
y en el mundo siempre han tenido sabor a petróleo o a algún recurso
natural. Los objetivos nunca han sido la democracia, la
libertad, el respeto a la institucionalidad o algunos de esos valores que han
servido siempre de pretextos.
Recordemos a la generala
estadounidense Laura Richardson, ex jefa del Comando Sur, cuando, sin eufemismos, se refirió
en enero de 2023 a la riqueza de recursos naturales de la región y
cómo estos constituyen un tema de seguridad nacional para su país
frente a sus adversarios China y Rusia. Entonces señaló que
“la región era
importante por todos sus ricos recursos y elementos de tierras poco comunes, el
triángulo del litio en la Argentina, Bolivia y Chile, donde se concentra el 60%
del litio en el mundo, tan necesarios para la tecnología”. También dijo que “tenemos
31% del agua dulce del mundo en esta región y el Amazonas como los pulmones del
mundo (…) Con ese inventario, a Estados Unidos le queda mucho por hacer”. Por
eso, Richarson señalaba, en una conferencia en el think tank Atlantic
Council, la necesidad de “controlar la región” a cualquier costo.
Lo que la administración de Trump ha hecho es simplemente acelerar
los tiempos y avanzará sin tregua en medio de la poca resistencia que
ofrece una región mayormente doblegada, y en medio del estruendoso
fracaso de su aventura guerrerista conjunta con Israel en Irán, más allá
de sus mensajes triunfalistas.
Conclusión.
La Gran Norteamérica es el nombre del
nuevo tablero donde la soberanía ya no se negocia en foros diplomáticos, sino que se administra en salas
de guerra. A cambio de una supuesta paz, tutelada, la región entregará
recursos naturales y seguridad fronteriza. El enunciado de esta nueva
denominación no es una propuesta de cooperación, sino una orden de
partición.
En medio de la atención del mundo a
una guerra que Donald Trump
dice haber ganado, y que tiene un catastrófico impacto económico mundial
–que en el plano interno le está pasando factura con una mayor caída de
respaldo a su gestión, situada en 31%–, el anuncio de la
nueva partición de América Latina y el Caribe ha pasado desapercibido.
A diferencia de la Unión Africana, que pese a las diferencias de
idioma, credos, historia y orígenes de sus 55 miembros ha logrado
posiciones comunes frente al cambio climático, el comercio global o un
asiento en el Grupo de los 20, la región latinoamericana y caribeña ha
consolidado el quiebre de la CELAC y, con ello, su dignidad y soberanía
como región. Así, volvemos a ser un archipiélago de naciones compitiendo
entre sí para ver quien agrada más al Pentágono.
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