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“A pesar de las amenazas, Trump no
ha podido acabar con la herencia de las décadas pasadas: China mantiene amplias
relaciones económicas con América Latina y en varios países es el primer
“socio comercial”. Con Rusia sucedió algo parecido, aunque no con
la dimensión que adquirió China. Los BRICS ofrecen un futuro
por construir. Son realidades que involucran no solo a gobiernos
sino a empresarios de la región. De modo que en ese marco de
conformación del mundo multipolar adquiere
particular importancia el reciente, aunque poco publicitado, Primer
Foro de Alto Nivel realizado en Bogotá, Colombia, el 21 de marzo (2026),
entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)
y los países de África Allí se acordó el fomento
de las relaciones económicas y culturales, además de compartir
plenamente los principios de soberanía, independencia y deuda histórica por
la esclavitud transatlántica que durante cuatro siglos del pasado
engrandeció a los imperios europeos. Fue la base para
que la ONU aprobara (25/03/2026) una resolución que condena la
esclavitud como “el crimen de lesa humanidad más grave”,
aunque con el voto en contra de las antiguas potencias coloniales europeas
y, además, de Argentina, mientras Ecuador permaneció
ausente en la votación
"A pesar de los obstáculos, para América Latina la nueva era
multipolar del siglo XXI ofrece el desafío de edificar
el Latino americanismo como geopolítica propia y determinante
para las relaciones internacionales. La cooperación con África y
Asia puede ser provechosa. Pero, ante todo, la región
requerirá de la ampliación de gobiernos progresistas, porque han
demostrado ser los únicos capaces de asumir posiciones soberanas y
de encaminar a cada país en la senda de un progreso que logre el
bienestar colectivo.
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Fuentes: Rebelión.
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EL FINAL DEL "CORTO SIGLO XX".
LA NUEVA ERA MULTIPOLAR DEL SIGLO XXI Y EL DESAFÍO DE DESARROLLAR EL
LATINOAMERICANISMO.
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Por Juan J. Paz-y-Miño
Cepeda | 08/04/2026 | América
Latina y Caribe.
Fuentes Revista Rebelión miércoles 8 de abril del 2026-
El historiador marxista británico Eric
Hobsbawm (1917-2012) en su Historia del Siglo XX (1994)
distinguió un “largo siglo XIX” y un “corto siglo XX”. El primero, que comenzó
con la Revolución Francesa de 1789 y la Revolución Industrial en Inglaterra,
se prolongó hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914. Consolidó
la era de la burguesía por el desarrollo del capitalismo y de
las potencias colonialistas europeas. El segundo, se extendió
entre 1914 y la desintegración de la Unión Soviética (URSS) en 1991/1992. Esta era
de los extremos caracterizó la confrontación entre capitalismo y
socialismo, bajo el ascenso de los Estados Unidos como la gran
potencia que desplazó a Europa y que, luego del derrumbe del socialismo
soviético, consolidó su hegemonía unipolar en el mundo.
A diferencia de Francis Fukuyama que proclamó el “fin de la
historia” alcanzado con la globalización de la economía de mercado libre
y la democracia de tipo occidental (ideas que luego abandonaría
ante las nuevas realidades que adquirió el mundo), el historiador
Hobsbawm, aunque no alcanzó a escribir otro libro sobre el tema,
en conferencias, artículos y entrevistas intuyó el fin de la era del
“corto siglo XX” por el declive de la hegemonía estadounidense y
de la influencia de Occidente, debido al inicio de un
nuevo mundo dominado por Asia, en medio de un “desorden
mundial” que implicaba el colapso del “orden” creado
después de la Segunda Guerra Mundial. Advirtió (y, en cierto modo,
predijo) el ascenso de China que recuperaba su posición
histórica como civilización mundial, bajo un modelo propio de construcción
económica y social. También observó el resurgimiento de Rusia en la era
postsoviética. Pero no alcanzó a visualizar el desarrollo de los BRICS
y el peso que adquiriría el “Tercer Mundo”.
En efecto, en forma paralela, a partir de las reformas
introducidas por el gobierno de Deng Xiaoping en 1978, en las décadas
finales del siglo XX se levantó el poderío de China que, con el avance del siglo XXI desafió
la hegemonía unipolar de los EE. UU. Y, además, a pesar del derrumbe
del socialismo, Rusia también logró despegar su economía y nuevamente pasó
a disputar las relaciones económicas internacionales. A estos
cambios indetenibles se sumó la constitución de los BRIC, en 2009 con Brasil, Rusia, India y China,
grupo al que se sumó Sudáfrica al año siguiente, pasando a denominarse BRICS.
En pleno desarrollo de ese mundo
multipolar, también
se produjo el complejo y contradictorio ascenso de los países del Sur Global en Asia,
África y América Latina, postergados en su desarrollo económico,
social y político independiente. Estas regiones, con largas historias
de intervencionismo e injerencia extranjera, son las que promovieron
las tesis sobre soberanía nacional, anticolonialismo,
antimperialismo, paz, solución pacífica de las controversias
internacionales y libertad para construir sus propios caminos de modernización,
sin sujetarse a los “modelos” que han impuesto las grandes potencias de
Occidente y, sobre todo, los EE. UU. Su convergencia más remota
se halla en la Conferencia de Bandung de 1955, de la cual nació el “Tercer
Mundo”.
Ante este conjunto de procesos que han alcanzado dimensiones
históricas inesperadas, las radicales posturas adoptadas por los EE.
UU. bajo el segundo gobierno de Donald Trump (desde enero 2025) han alterado
las relaciones internacionales. Su gobierno ha dejado en claro
que la seguridad nacional del país, sus intereses económicos, su modelo
de democracia y su influencia mundial no pueden disminuir (https://t.ly/QNMF9 ; https://t.ly/-Hqw_). No interesan más las normas
e instituciones mundiales creadas en la postguerra si la seguridad de EE.
UU. se ve amenazada (https://t.ly/egE8w). Se ha dejado en claro
que China es un adversario al que hay que detener, Rusia el segundo
oponente y los BRICS el siguiente. La Europa de la OTAN creada
en 1949 pasó de ser un continente aliado (a la época contra
la URSS) a otro fuera del concepto de “Hemisferio Occidental”
(Groenlandia y toda América) y compuesto por un conjunto de
países que igualmente tienen que defender los intereses estadounidenses.
Trump ha reaccionado contra los gobiernos de Francia,
Alemania, Italia e incluso la Gran Bretaña, que se negaron a
que las bases militares establecidas en sus territorios sirvan
para la guerra contra Irán. Los ha encarado previendo su salida
de la OTAN y desafiando a los europeos a abastecerse con el petróleo
norteamericano o ir a tomarlo, por sí mismos, en el Medio Oriente, abriendo
la circulación por el estrecho de Ormuz: “Get Your Own Oil” (https://t.ly/rGg9w ; https://t.ly/QZRgH).
Al mismo tiempo, América Latina ha pasado a ser el único refugio
“natural” de la hegemonía en declive de los EE. UU., con la
amenaza del nuevo monroísmo del siglo XXI, cuyo “Corolario
Trump” exige la alineación incondicional de todos los países y gobiernos
de la región a los intereses de EE. UU. De manera directa y especial
tienen que hacerlo aquellos países “en este gran vecindario”
que forman parte, desde ahora, de la sui géneris órbita
geoestratégica del Greater North America (“Gran
América del Norte”), que se extiende desde Groenlandia hasta Ecuador y
desde Alaska hasta Guyana, que no pertenece más al Sur
Global y que, de acuerdo con el Secretario de Defensa, Pete Hegseth,
quien presentó el mapa oficial, constituye una parte integral de
la estructura defensiva inmediata bajo el estricto control militar y político
estadounidense (https://t.ly/VpOVF ; https://t.ly/rv4_3 ).
A pesar de las amenazas, Trump no ha podido acabar con la herencia
de las décadas pasadas: China mantiene amplias relaciones
económicas con América Latina y en varios países es el primer “socio
comercial”. Con Rusia sucedió algo parecido, aunque no con la
dimensión que adquirió China. Los BRICS ofrecen un futuro por
construir. Son realidades que involucran no solo a gobiernos
sino a empresarios de la región. De modo que en ese marco de
conformación del mundo multipolar adquiere
particular importancia el reciente, aunque poco publicitado, Primer
Foro de Alto Nivel realizado en Bogotá, Colombia, el 21 de marzo (2026),
entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)
y los países de África (https://t.ly/LdK9E). Allí se acordó el fomento
de las relaciones económicas y culturales, además de compartir
plenamente los principios de soberanía, independencia y deuda histórica por
la esclavitud transatlántica que durante cuatro siglos del pasado
engrandeció a los imperios europeos. Fue la base para
que la ONU aprobara (25/03/2026) una resolución que condena la
esclavitud como “el crimen de lesa humanidad más grave”,
aunque con el voto en contra de las antiguas potencias coloniales europeas
y, además, de Argentina, mientras Ecuador permaneció
ausente en la votación (https://t.ly/OqV85).
A pesar de los obstáculos, para América Latina la nueva era
multipolar del siglo XXI ofrece el desafío de edificar
el latino americanismo como geopolítica propia y determinante
para las relaciones internacionales. La cooperación con África y
Asia puede ser provechosa. Pero, ante todo, la región
requerirá de la ampliación de gobiernos progresistas, porque han
demostrado ser los únicos capaces de asumir posiciones soberanas y
de encaminar a cada país en la senda de un progreso que logre el
bienestar colectivo.
Blog del autor: Historia y
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