domingo, 4 de noviembre de 2018

CÓMO REINVENTAR LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA.

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Nuestra discrepancia Ideológico-Política con el contenido es muy amplia, sin embargo, reconocemos que durante la vigencia política de los “Gobiernos de la Izquierda” Latinoamericanos se cometieron errores políticos de primer nivel, en relación al futuro de la propia “izquierda democrática” y en lo principal al futuro del Proceso de Integración Continental Política: el MERCOSUR, UNASUR Y CELAC. Concentraron toda su política económica en “éxito mundial de los precios de los Commodities”  y centralizan todo su trabajo “reformista, economicista” en las Políticas Sociales y la lucha contra la Pobreza - que realmente fue un éxito reconocido mundialmente- pero, si seguimos caminando en el escenario político, el error de errores – si podemos llamar así, fue –mantener incólume, el viejo modelo extractivo exportador de  materias primas”, herencia colonial. No avanzar políticamente en relación al PODER y la urgencia de la “reforma estructural del ESTADO”, así como lograr la Unidad y centralización POLÍTICA del proceso progresista, con el objetivo de avanzar políticamente con las “Reformas y Cambios Estructurales” que el mismo proceso exigía y la Ciudadanía – desde los Movimientos Socialesparticipó activamente en el proceso político, y las grandes reivindicaciones no se cumplieron, por lo general, desde la propia estructura (in)surgió un  veneno que rápidamente ante la falta de Visión Política y deslinde Ideológico con las “voceros de la Derecha - no se durmieron siempre estuvieron a la expectativa, con la finalidad de contaminar desde dentro el proceso, y lo mejor fue la CORRUPCIÓN que invadió, copando y capturando las Instituciones y los propios Líderes, fueron atrapados con las cientos de formas visibles e invisibles de los millones de la corrupción.

El final de finales es muy conocido, sin embargo, estamos plenamente convencidos, mientras en nuestros continente – hoy el más desigual del mundo y con la población más joven – haya miseria, hambre, extrema pobreza, explotación del hombre por el hombre – hoy con cientos de formas y modelos de contratos – la IZQUIERDA DEMOCRÁTICA Y REVOLUCIONARIA estará presente en defensa – primero a junto a los trabajadores y los Pueblos – de sus DERECHOS SOCIALES – Educación, Salud, Trabajo, Salarios, Vivienda, Servicios Públicos y hoy cultura y medio ambiente. Pero nuestra coincidencia política está presente, en el trabajo político que hoy han asumido las MUJERES no solo en Nuestra América, como histórica responsabilidad y compromiso político, sino a nivel mundial donde hoy se comprueba un LIDERAZGO nuevo, más amplio, moderno y principalmente con un mural de resistencia frente a la CORRUPCIÓN. Pero este nuevo rol y trabajo político nos debe conducir a todos quienes nos Ubicamos, nos Consideramos MILITANTES de IZQUIERDA DEMOCRÁTICA a forjar la UNIDAD superando aquella – disculpen – maldita herencia de la División y el caudillismo – desde dentro y UNIDOS si seremos grandes y triunfadores, porque Nosotros como nos dice el Histórico Guerrillero El Che Guevara, NACIMOS PARA VENCER, NO PARA SER VENCIDOS”.

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CÓMO REINVENTAR LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA.
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 Javier Lafuente.

El País domingo 4 de noviembre del 2018.


El giro conservador en la región y la deriva autoritaria de Venezuela y Nicaragua obligan a las fuerzas progresistas, exitosas a principios de siglo, a buscar nuevas fórmulas

La orgía de poder de la izquierda latinoamericana en el arranque de siglo XXI se terminó. El rojo con el que se perfilaba el mapa del continente hasta hace poco ha cobrado una tonalidad azul. El último latigazo ha sido la victoria de Jair Bolsonaro hace una semana en Brasil. El país más grande de América Latina estará gobernado desde el 1 de enero por un político nostálgico de la dictadura militar, que una semana antes de su triunfo prometió “barrer del mapa a los rojos”, a los que ofreció dos salidas: la cárcel o el exilio.

En menos de un año, Chile ha vuelto a virar a la derecha, e Iván Duque, en Colombia, logró frenar el ascenso de la izquierda. Solo la victoria de Andrés Manuel López Obrador en las últimas elecciones de México ofreció un atisbo de esperanza a la izquierda. Pero el nulo interés del nuevo presidente mexicano —que asumirá el cargo en diciembre— por mirar más al sur de su país la ha socavado. Entretanto, la deriva autoritaria de los gobiernos de izquierda en Venezuela y Nicaragua se agudiza. El reto para evitar que el camino de vuelta al poder se convierta en una travesía en el desierto es mayúsculo.




La izquierda que llegó a gobernar era diversa. El péndulo oscilaba desde el Frente Amplio de Uruguay hasta el extremo más autoritario de Hugo Chávez en Venezuela

El octogenario ex presidente uruguayo, gran referente de la izquierda latinoamericana, José Mujica lanzó una suerte de SOS tras la victoria de Bolsonaro a quien le quisiera escuchar:
“Hay que aprender de los errores cometidos y volver a empezar. Tampoco creer que cuando vencemos tocamos el cielo con la mano y hemos llegado a un mundo maravilloso. Apenas hemos subido un escalón. No hay derrota definitiva ni triunfo definitivo”.
La izquierda que llegó a gobernar en casi toda la región en la última década era diversa. El péndulo oscilaba desde el centro-izquierda de la Concertación chilena y el Frente Amplio de Uruguay hasta el extremo más autoritario del militar Hugo Chávez en Venezuela, apoyado por la Cuba de Fidel Castro. Entremedias, NéstorCristina Kirchner reformularon el populismo de izquierda en Argentina, y Lula da Silva en Brasil y Evo Morales en Bolivia ambos sindicalistas, provenientes de los movimientos sociales anti-neoliberales— desarrollaron, al menos en sus primeros mandatos, una política macroeconómica estable y una política exterior pragmática, sobre todo en el caso brasileño, y más difuminada en el caso del presidente boliviano.


A diferencia de los actuales Gobiernos conservadores, que no actúan como un bloque, aquella izquierda se aglutinó en organismos de integración como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) o la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA), hoy todos en ruinas.


“En la segunda mitad del siglo XX las élites y muchos votantes trasladaron durante años la imagen de que la izquierda no podía gobernar por ser violenta o revolucionaria, o que cuando lo hizo, como con Allende en Chile, había fracasado. Su reto en el siglo XXI era demostrar que podían gobernar, y en buena medida lo hicieron”, asegura Steven Levitsky, profesor de Harvard y coautor de Cómo mueren las democracias.

La fortaleza de la izquierda en el continente fue alimentada —cuando no engordada— por la bonanza petrolera y los altos precios de las materias primas, que permitieron desarrollar ambiciosos proyectos de redistribución de la riqueza. Los Gobiernos redujeron la pobreza, la desigualdad. También —salvo en casos como los de Brasil, Uruguay o Chile— intensificaron el control sobre los medios de comunicación, y los dirigentes buscaban, siguiendo la estela del omnipresente Chávez, ser reelegidos o perpetuarse en el poder.


La caída del precio del petróleo frenó drásticamente el crecimiento de muchos países, pero no parece ser el único motivo del colapso de la izquierda. “En el proceso de reconstrucción de las élites económicas, la corrupción se desató”, opina el historiador cubano Rafael Rojas, quien apunta a la trama de Odebrecht, el gigantesco caso de sobornos y adjudicación de obras públicas que estalló en Brasil y salpicó a la clase política de casi todo el continente, como paradigma regional.


La fortaleza de la izquierda en el continente fue alimentada por la bonanza petrolera y los altos precios de las materias primas

De alguna manera, la izquierda no supo administrar el éxito, consolidarlo. El discurso antiestablishment con el que se desmarcaban de las clases políticas tradicionales, que les sirvió para llegar al poder y de la oligarquía, se volteó.
“Millones de personas que no necesariamente compartían una idea positiva de lo que hacía la izquierda en el Gobierno se han activado políticamente”, opina Sandra Borda, politóloga de la Universidad de los Andes en Colombia. “El gran error fue no construir instituciones sólidas. En muchos casos se lograron los objetivos que se plantearon, pero no cambiaron las formas, y las formas son importantísimas. La gente terminó por olvidar los fines, porque los medios parar alcanzarlos eran los mismos. Y la derecha sabía que eso se lo iban a cobrar más duro a la izquierda, y se encargaría de que lo pagaran”, añade.
 




El péndulo comenzaba a oscilar de nuevo al mismo tiempo que Venezuela, destacado exponente del socialismo del siglo XXI, agudizaba su deriva autoritaria y con ello la crisis de la izquierda en América Latina. Caracas se sitúa como el epicentro de este colapso. Chávez, como hiciera en su momento Castro, desarrolló un trabajo político y dialéctico que lo colocó en el centro de todo. La máxima de que nadie podía ser de izquierdas sin querer a Chávez caló en el imaginario de millones de personas, no solo latinoamericanas. Pese a la heterogeneidad de los Gobiernos progresistas, la Venezuela petrolífera de Chávez, con el apoyo de la Cuba castrista, se convirtió en líder regional. Solo el carismático Lula logró erigirse en contrapeso del líder venezolano hasta finales de su segundo mandato. Pero para entonces, la subordinación a Caracas era mayoritaria.

Chávez, como hiciera en su momento Castro, desarrolló un trabajo político y dialéctico que lo colocó en el centro de todo

“La crisis actual de la izquierda está directamente relacionada con la muerte de Hugo Chávez y de Fidel Castro y con el colapso de Venezuela. La mayor evidencia ha sido el giro abiertamente dictatorial que han dado en los últimos años Nicolás Maduro en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua”, opina en este sentido el historiador Rafael Rojas. No obstante, mientras la represión emprendida por el otrora esperanzador líder sandinista ha sido criticada, sin ápice de condescendencia, por la izquierda a nivel global, cierta ambigüedad sigue planeando sobre Venezuela.
La crítica sin ambages es uno de los principales retos para la nueva generación de dirigentes.

“Cualquier construcción de un liderazgo de izquierda en América Latina pasa por el acto de desmarcarse de la Venezuela de Maduro. Con él, el chavismo se ha visto reducido a una mera máquina para perpetuarse en el poder”, considera Humberto Beck, profesor del Colegio de México. “Esto no debe confundirse, sin embargo, con una condena categórica de todas las experiencias bolivarianas, muy diversas y complejas, incluyendo la propia historia, ya casi de dos décadas, del chavismo”, añade.

En esta línea, Manuel Canelas, viceministro de Planificación de Bolivia, de 36 años, uno de los nuevos dirigentes con más proyección, opina que los que llegan ahora

“no tienen por qué comprar el ciclo anterior por completo, pero lo que hay que evitar es que la derecha imponga que eres heredero del Gobierno de Maduro o de los últimos años de Cristina Fernández. Debes poder criticar y evitar que la derecha caracterice todo lo anterior. Y la primera oleada de dirigentes no tiene que exigir en ningún caso continuidad”, añade.
 

“El principal reto de la izquierda es reinventarse más allá de los dos modelos predominantes en las últimas décadas: el modelo bolivariano y el modelo socialdemócrata”, ahonda Beck. “Por diversos motivos, ambos modelos están agotados y se requiere algo más”. Con los Gobiernos conservadores los avances en la conquista de derechos individuales han sido bloqueados. Macri en Argentina rechazó apoyar la legalización del aborto; los líderes sociales caen como chinches en la Colombia posterior a la firma del acuerdo de paz; y la victoria de Bolsonaro ha alarmado a mujeres, negros y activistas LGTB, y ha puesto en evidencia el poder de la Iglesia evangélica y su agenda conservadora. Además, la xenofobia camina de la mano de los migrantes que siguen huyendo de Centroamérica y Venezuela. Porque la última contribución del chavismo a la crisis de la izquierda ha sido forzar un éxodo masivo de venezolanos que ha dado alas a los conservadores más recalcitrantes de la región.
El rechazo a las minorías es, sin embargo, un fenómeno que no solo incumbe a América Latina.Nadie esperaba este tipo de reacción ante el progresismo mundial. La aversión se ha internacionalizado más de lo que esperábamos”, admite el profesor de Harvard Steven Levitsky.

Con los Gobiernos conservadores los avances en la conquista de derechos individuales han sido bloqueados

Otro de los retos que se plantean hoy es que ningún dirigente de izquierda puede asumir el liderazgo que en su día tuvo Chávez o, en menor medida, LulaGustavo Petro en Colombia, y Fernando Had­dad en Brasil no lo lograron, en buena medida por el silencio de otros líderes progresistas que prefirieron no darles un apoyo explícito, a costa de que la derecha y la ultraderecha lograsen la victoria. El pasado julio, las elecciones en México dejaron un sabor agridulce para las fuerzas progresistas. La victoria de López Obrador aupó a la izquierda al poder por primera vez, no tanto quizá por su credo como por la de los equipos que lo rodean. Todos los líderes al sur de México consideraron su triunfo como una suerte de renacer de la izquierda, pero las declaraciones del presidente electo —“la mejor política exterior es una buena política interna”— auguran que no tiene la menor intención de aunar fuerzas.

La esperanza para la izquierda quizá resida en mujeres, como Verónika Mendoza en Perú, Beatriz Sánchez en Chile o Manuela D’Ávila (candidata a vicepresidenta con Haddad), a las que se les augura un larga carrera política. Y muchas miradas se centran en la gestión como alcaldesa de Claudia Sheinbaum en la capital de México, la ciudad de habla hispana más grande del mundo, como antesala de mayores aventuras.
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sábado, 3 de noviembre de 2018

LA REBELIÓN ES EL ÚNICO CAMINO PARA COMBATIR EL DESAJUSTE CLIMÁTICO.

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La confianza, observa Edelman Corporation, “es ahora el factor decisivo que nos indica si una sociedad puede funcionar”. Lamentablemente, nuestra desconfianza está plenamente justificada. Aquellos que han destruido la credibilidad en las instituciones explotan su colapso, arremetiendo contra la élite liberal (asociándola a aquellas personas vinculadas de alguna forma a las instituciones públicas) mientras trabajan para la élite real e iliberal. Como señala el economista político William Davies, la “soberanía” se usa como un código para rechazar la noción misma de gobernar como “un conjunto de actividades complejas, modernas y basadas en hechos que requieren experiencia técnica y funcionarios permanentes”. En ninguna parte es más evidente el abismo entre los intereses públicos y privados que en la respuesta de los gobiernos a la crisis climática. Hace escasas fechas, la ministra de energía del Reino Unido, Claire Perry, anunció que había pedido a sus asesores que elaboraran una hoja de ruta hacia una economía sin emisiones de carbono. El mismo día, comenzó el fracking en Preston New Road en Lancashire, habilitado por el permiso que la propia Perry coló el día anterior al receso veraniego del Parlamento británico”.

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LA REBELIÓN ES EL ÚNICO CAMINO PARA COMBATIR EL DESAJUSTE CLIMÁTICO
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El Captor. Economía Mundial.

Miércoles 31 de octubre del 2018.

Es difícil de creer hoy en día, pero el espíritu prevaleciente entre la élite culta fue una vez la vocación de servicio público. Como documentó el historiador Tony Judt en "Algo anda mal", la ambición más importante entre los universitarios de los años 50 y 60 era servir a su país a través del gobierno o las profesiones liberales. Su enfoque podría haber sido patricio y a menudo inflexible, pero sus intenciones fueron en su mayoría públicas y cívicas, no privadas y pecuniarias.

Hoy en día, la noción de servicio público parece tan pintoresca como una oficina de correos local. Asumimos que aquellos que nos gobiernan arrasan con lo que pueden, permitiendo que bancos y corporaciones depredadoras desplumen lo público para cobrar a continuación su recompensa en forma de lucrativos cargos directivos. Como revela la encuesta del Informe "Barómetro de Confianza" de Edelman Corporation,  la confianza hacia las instituciones se ha derrumbado en todo el mundo, y principalmente hacia los gobiernos.

En cuanto a las élites económicas, a medida que emergen las consecuencias de su propia codicia y egoísmo, se limitan a buscar, como los oligarcas romanos que huyeron del colapso del imperio occidental, su supervivencia entre la muchedumbre indignada. Un ensayo del visionario autor Douglas Rushkoff publicado este verano, en el que documenta sus conversaciones con algunas de las personas más ricas del mundo, revela que sus preocupaciones más apremiantes consisten en encontrar un refugio contra la descomposición climática y el colapso económico y social. ¿Deberían irse a Nueva Zelanda o Alaska? ¿Cómo pagarán sus guardaespaldas una vez que el dinero carezca de valor? ¿Podrían “subir” sus mentes a las super computadoras? Survival Condo, la compañía que ha convertido los antiguos silos de misiles de Kansas en bunkers fortificados, ha vendido hasta el momento todas las unidades.

La confianza, observa Edelman Corporation, “es ahora el factor decisivo que nos indica si una sociedad puede funcionar”. Lamentablemente, nuestra desconfianza está plenamente justificada. Aquellos que han destruido la credibilidad en las instituciones explotan su colapso, arremetiendo contra la élite liberal (asociándola a aquellas personas vinculadas de alguna forma a las instituciones públicas) mientras trabajan para la élite real e iliberal. Como señala el economista político William Davies, la “soberanía” se usa como un código para rechazar la noción misma de gobernar como “un conjunto de actividades complejas, modernas y basadas en hechos que requieren experiencia técnica y funcionarios permanentes”.

En ninguna parte es más evidente el abismo entre los intereses públicos y privados que en la respuesta de los gobiernos a la crisis climática. Hace escasas fechas, la ministra de energía del Reino Unido, Claire Perry, anunció que había pedido a sus asesores que elaboraran una hoja de ruta hacia una economía sin emisiones de carbono. El mismo día, comenzó el fracking en Preston New Road en Lancashire, habilitado por el permiso que la propia Perry coló el día anterior al receso veraniego del Parlamento británico.

El ministro ha justificado el fracking basándose en que ayuda al país a realizar una “transición hacia una economía con menos emisiones de carbono”. Pero el gas del fracking tiene emisiones netas similares o peores a las liberadas con la quema del carbón. Como ya se estaba saliendo de la era del carbón en el Reino Unido sin ninguna ayuda del fracking, esto es en realidad una transición para alejarse de las energías renovables y volver a los combustibles fósiles. El gobierno de Reino Unido ha promovido la transición mediante la prohibición efectiva de los parques eólicos en tierra, al tiempo que ha anulado las decisiones locales para imponer el fracking por decreto estatal. Además, para evitar que las entidades locales recuperen el control, tiene la intención de conceder un permiso de planificación general a los operadores del fracking. Nada de esto tiene sentido, hasta que recuerdas la relación íntima que existe entre la industria de los combustibles fósiles, la City (donde Perry hizo su fortuna) y el partido Tory, engrasada por las donaciones políticas que fluyen de ambos sectores hacia las arcas del partido. Estas personas no están sirviendo a la nación. Se están sirviendo unos a otros.

En Alemania, el gobierno que anunció estar llevando a cabo una gran transición hacia la energía verde, en lugar de eso, inunda de dinero público la industria del carbón y despliega a un ejército de policías para desalojar a los manifestantes de un parque natural, con el fin de talarlo para instalar una mina de lignito. El gobierno alemán, en representación de la industria del carbón y de la industria del automóvil, ha saboteado el intento de la UE de mejorar su objetivo de emisiones de carbono. Antes de que fuera reelegida, ya apunté que Angela Merkel era la peor villana que podía imaginarse contra la ecología mundial. También podría ser la mejor directora de comunicación de las principales multinacionales: puede engañar, volver a engañar y destruir. Y la gente todavía la llama “Mamá”.

Otros gobiernos ostentan desvergonzadamente su servicio a los intereses privados, ya que evaden la censura al ser dueños de la corrupción. Un informe del gobierno de los EE. UU. sobre eficiencia energética publicado en julio reconoce, inusualmente, que las temperaturas globales probablemente aumentarán en 4 grados centígrados este siglo. Luego utiliza este pronóstico para argumentar que no tiene sentido producir vehículos más limpios, porque el desastre ocurrirá de todos modos. En otros lugares, se censura todo lo que se diga institucionalmente sobre el desajuste climático. Cualquier agencia que busque evitarlo es capturada y redirigida.

En Australia, el nuevo primer ministro, Scott Morrison, ha convertido la quema de carbón en una doctrina sagrada. No me sorprendería si el único trozo de carbón que haya manejado sea el que mostró en el parlamento australiano. Pero él ensucia sus manos todos los días en nombre de la industria. Estos hombres con corazones negros y uñas limpias se enorgullecen de sus lealtades.

Con Bolsonaro asumiendo el poder en Brasil, sus acciones de aniquilamiento parecerán leves en comparación. Afirma que el cambio climático es una fábula inventada por una “conspiración global”, y busca retirarse del acuerdo de París, abolir el Ministerio de Medio Ambiente, poner el comité de carne de res del Congreso (que representa a la industria de ganadería asesina y destructiva) a cargo de la agricultura, abrir la Cuenca del Amazonas para esquilmarla y desmantelar casi todas las protecciones ambientales e indígenas.

Con la excepción de Costa Rica, ningún gobierno tiene las políticas necesarias para prevenir más de dos grados centígrados el calentamiento global, por no hablar de 1,5. La mayoría, como el Reino Unido, Alemania, los Estados Unidos y Australia, nos empujan hacia el borde de sus amigos. Entonces, ¿qué hacemos cuando nuestros propios representantes han vendido el servicio público al servicio privado?

El 31 de octubre hablaré sobre el lanzamiento de La rebelión contra la extinción en la Plaza del Parlamento en Londres. Este es un movimiento dedicado a la desobediencia disruptiva y no violenta que protesta contra el colapso ecológico. Los tres héroes encarcelados por tratar de detener el fracking el mes pasado, cuyas sentencias extravagantes acaban de ser anuladas, probablemente sean los primeros de cientos. La intención es convertir este levantamiento nacional en internacional.

Esta preparación para el sacrificio, tras una larga historia de revueltas políticas y religiosas, es esencial para motivar y movilizar a las personas a que se unan a una lucha existencial. Es entre esas personas donde ahora se encuentra el sentido de servicio público del que adolecen los actuales gobiernos. Que tengamos que tomar medidas tan drásticas para defender lo común muestra el nivel de abandono al que nos enfrentamos.


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