miércoles, 6 de febrero de 2019

EEUU. REALINEA A LATINOAMÉRICA VIENDO A CHINA Y RUSIA.

&&&&&
"Debe señalarse una diferencia sustancial y sustantiva entre el mundo de hace cien años y el del siglo XXI. En el siglo XIX y primera parte del XX la competencia de poderes enfrentaba a cinco potencias europeas que, en lo general, limitaban geográficamente unas con otras y disponían, básicamente, de una potencia similar, con excepción de Inglaterra, cuyo dominio de los mares le había proporcionado, desde el siglo XVIII, una ventaja estratégica sobre las potencias terrestres. El dominio de los mares determinará, en la I Guerra Mundial, la derrota de Alemania y, en la IIGM, que EEUU emerja como superpotencia militar, económica y financiera, lo que le permite diseñar el mundo de acuerdo con sus intereses y sustituir a Inglaterra como potencia marítima hegemónica".

"El siglo XXI ofrece un panorama inédito en los últimos cinco siglos. La "competencia de poderes" no tiene lugar entre potencias europeas, sino entre potencia no europeas, de las cuales una es americana (EEUU), la otra asiática (China) y la tercera euroasiática (Rusia). Dos de esas potencias -Rusia y China- llevan una década labrando una alianza estratégica de magnitud colosal, mientras EEUU siente cada vez más el peso de la geografía. EEUU es un Estado-isla en un continente-isla, es decir, un país separado del resto de continentes por miles y miles de kilómetros. Este aislamiento geográfico, que antaño le permitió convertirse en superpotencia, también le obligó a establecer una red inmensa de bases militares a lo ancho y largo del mundo y -lo más relevante de todo- a depender casi exclusivamente de su poderío naval para hacer presencia efectiva en los lugares más estratégicos del planeta. Sin fuerza naval no hay EEUU".

/////




EEUU. REALINEA A LATINOAMÉRICA VIENDO A CHINA Y RUSIA.
*****

Augusto Zamora R.

Rebelión martes 5 de febrero del 2019.

  
Antes de entrar al tema, es necesario un preámbulo para situarnos en el mundo. Los últimos documentos emitidos por los organismos de poder de EEUU (Casa Blanca, Secretaría de Defensa, Pentágono) repiten en sus páginas que peligra la hegemonía e influencia de EEUU en el mundo: "La seguridad y el bienestar de Estados Unidos están en mayor riesgo que en cualquier otro momento en décadas. La superioridad militar de Estados Unidos, el poder duro de su influencia global y su seguridad nacional, se ha erosionado en grado peligroso. Los rivales y adversarios están desafiando a Estados Unidos en muchos frentes y en muchos dominios. La capacidad de Estados Unidos para defender a sus aliados, sus socios y sus propios intereses vitales está cada vez más en duda. Si el país no actúa rápidamente para remediar estas circunstancias, las consecuencias serán graves y duraderas" (documento de noviembre de 2018).

Quienes amenazan la hegemonía estadounidense son "poderes revisionistas", término que usan en EEUU para referirse a China y Rusia, así como a potencias regionales como Irán o, incluso, Corea del Norte. Otra expresión repetida en esos y otros documentos es "el retorno de la competencia de poderes" a nivel mundial.

Con "poderes revisionistas", las clases dominantes de EEUU se refieren a potencias que tienen la 'osadía' de no aceptar la hegemonía planetaria estadounidense y pretenden 'revisar' el actual reparto del poder mundial, restando imperio a EEUU. Tal 'revisión' la plantea China al no aceptar que la Fuerza Naval de Washington controle el Mar de la China Meridional o Rusia, haciendo frente a la expansión de la OTAN por Europa, por señalar dos hechos muy visuales, aunque el reto de los "poderes revisionistas" es mucho más complejo y amplio (incluye Huawei, por ejemplo). Lo hace Irán, al fortalecerse militarmente y amenazar la supremacía de EEUU en el golfo Pérsico. En suma, son "poderes revisionistas" todos los países que no aceptan a EEUU como un 'poder policial internacional', para recuperar la expresión de Theodore Roosevelt, el primer presidente abiertamente imperialista de la historia estadounidense, hecha en 1904.

La frase "retorno de la competencia de poderes" hace referencia y nos devuelve al siglo XIX e inicios del XX, cuando las grandes potencias europeas -Inglaterra, Alemania, Francia, Austria, Rusia- competían entre sí por el reparto colonial y la prevalencia de su hegemonía en vastas regiones del mundo, competencia que provocará la I Guerra Mundial. Desaparecida la Unión Soviética y, con ello, las rivalidades ideológicas, el mundo, para EEUU, ha vuelto a un escenario decimonónico, donde no se confrontan ideologías, sino políticas de poder puro, zonas de influencia, reparto de mercados. Y, como hace un siglo, lo que no pueda la política, lo tendrá que hacer el poder militar.

Debe señalarse una diferencia sustancial y sustantiva entre el mundo de hace cien años y el del siglo XXI. En el siglo XIX y primera parte del XX la competencia de poderes enfrentaba a cinco potencias europeas que, en lo general, limitaban geográficamente unas con otras y disponían, básicamente, de una potencia similar, con excepción de Inglaterra, cuyo dominio de los mares le había proporcionado, desde el siglo XVIII, una ventaja estratégica sobre las potencias terrestres. El dominio de los mares determinará, en la I Guerra Mundial, la derrota de Alemania y, en la IIGM, que EEUU emerja como superpotencia militar, económica y financiera, lo que le permite diseñar el mundo de acuerdo con sus intereses y sustituir a Inglaterra como potencia marítima hegemónica.

El siglo XXI ofrece un panorama inédito en los últimos cinco siglos. La "competencia de poderes" no tiene lugar entre potencias europeas, sino entre potencia no europeas, de las cuales una es americana (EEUU), la otra asiática (China) y la tercera euroasiática (Rusia). Dos de esas potencias -Rusia y China- llevan una década labrando una alianza estratégica de magnitud colosal, mientras EEUU siente cada vez más el peso de la geografía. EEUU es un Estado-isla en un continente-isla, es decir, un país separado del resto de continentes por miles y miles de kilómetros. Este aislamiento geográfico, que antaño le permitió convertirse en superpotencia, también le obligó a establecer una red inmensa de bases militares a lo ancho y largo del mundo y -lo más relevante de todo- a depender casi exclusivamente de su poderío naval para hacer presencia efectiva en los lugares más estratégicos del planeta. Sin fuerza naval no hay EEUU.


Dicho en los términos del más relevante geopolítico del siglo XX, Halford Mackinder, EEUU es una potencia marítima que debe, desde hace una década, hacer frente a dos formidables potencias terrestres… a las que EEUU teme y ese temor, en los últimos años, no ha dejado de acrecentarse, como se puede comprobar leyendo sus últimos análisis estratégicos, declaraciones de ex altos funcionarios y comentarios de ex militares. La alianza ruso-china es conocida en EEUU como "la pesadilla de [Zbigniew] Brezinski", el ex consejero de Seguridad Nacional de James Carter, quien, en 2017, afirmó que "el escenario más peligroso [para EEUU] sería una gran coalición de China y Rusia , unida no por ideología, sino por agravios complementarios".

La materialización de la 'pesadilla de Brezinski' ha llevado, a EEUU, a hacer un examen general de sus debilidades, posibilidades y potencialidades de cara a una colisión que se cree inevitable, así como a elaborar un nuevo diseño del mundo. El bipolar de la Guerra Fría era claro y simple, con esferas de influencia intocables y áreas en disputa que daban lugar a guerras periféricas que nunca llevaron a choques directos. El mundo actual no se parece en nada al bipolar. No hay dos superpotencias, sino tres potencias enormes (China, Rusia y EEUU), una gran potencia emergente (India) y potencias regionales con intereses propios (Irán, Paquistán, Indonesia, Corea del Norte), lo que hace del mundo una telaraña de difíciles equilibrios pero -atención- las potencias que crecen son las asiáticas y Rusia, mientras EEUU se encoje, como piel de zapa de la novela de Balzac.

En diciembre de 2018, se hizo público en EEUU un nuevo informe elaborado por varias agencias federales, en el que se lee: "Este informe se enfoca en amenazas emergentes de largo alcance, aquellas que pueden ocurrir en aproximadamente 5 años o más, o aquellas que pueden ocurrir durante un período de tiempo desconocido". Afirma el informe que "la naturaleza de la guerra ha evolucionado para incluir conflictos en la “zona gris”, definida como el área entre la guerra y la paz, donde los adversarios más débiles han aprendido a tomar el territorio y avanzar en sus agendas mediante formas no reconocidas como “guerra” por las democracias occidentales. Además, estos conflictos de zonas grises pueden desbordar las estructuras económicas y de seguridad de EEUU. Los funcionarios del DOD [Department of Defense] agregaron que los adversarios de todo el mundo pueden erosionar las democracias, a menudo utilizando instituciones democráticas, en la zona gris de conflicto. Los funcionarios del ODNI [Office of the Director of National Intelligence] también señalaron que China y Rusia están siguiendo estrategias en la zona gris para lograr sus objetivos sin recurrir al conflicto militar". Sigue diciendo el informe que "funcionarios del DOD proporcionaron una lista de ejemplos significativos recientes de éxito de adversarios en la zona gris de conflicto, varios de los cuales se han producido sin consecuencias significativas, entre ellas:

"• China utiliza acuerdos económicos bilaterales para marginar los marcos multilaterales de Estados Unidos en Asia, África, América Latina y el Pacífico;

"• “Hombres fuertes” en países como Venezuela, Egipto y Turquía que utilizan instituciones democráticas para promover nuevos paradigmas independientes de las normas liberales occidentales".

Estamos ya en el punto. Venezuela, como el resto de Latinoamérica, es parte de esa "zona gris de conflicto" donde EEUU está 'obligado' a presentar batalla no militar para impedir que China y Rusia sigan avanzando en detrimento de EEUU. El 6 de enero, al tiempo que lanzaba la campaña para derrocar al presidente Nicolás Maduro, el secretario de Estado Mike Pompeo dirigía diatribas contra China, afirmando que "donde China se presente, sea en Brasil, Ecuador, Chile o cualquier parte", EEUU "está preparado para luchar" contra la potencia asiática. Expresiones que recuerdan a las de Rex Tillerson, justo un año antes. Tillerson afirmó que "América Latina no necesita nuevas potencias imperiales" y que "la creciente presencia rusa es alarmante también, pues continúa vendiendo armas y equipamiento militar a regímenes hostiles" a EEUU. "Nuestra región debe estar en guardia contra los poderes lejanos que no reflejan los valores fundamentales de la región", dijo Tillerson. Debió decir los intereses de EEUU.

EEUU, obviamente, quiere el petróleo y los recursos de Venezuela (y los de toda Latinoamérica), pero por motivos diferentes que en el pasado. Para EEUU, ahora, lo relevante es presentar batalla y ganar la guerra en esta "zona gris de conflicto" por la simple razón de que Latinoamérica, al igual que en las dos guerras mundiales, debe volver a ser la retaguardia fiel y obediente de EEUU de cara a la colisión con China y Rusia, una colisión "que puede ocurrir en aproximadamente 5 años o más". EEUU quiere retomar el control de la región para afianzar su seguridad pues, de darse la colisión, la presencia enemiga en su revalorizado patio trasero agravaría su debilidad.

"Cinco años o más" nos sitúa en el año 2024 y siguientes. En mi último libro (Réquiem polifónico por Occidente) señalaba "2025 como año angular de la mayor parte de los programas militares de alta tecnología" que están desarrollando Rusia, China y EEUU. ¿Pura coincidencia de fechas o, simplemente, vivimos un periodo de paz armada previo a un conflicto que iniciaría su reacción con aroma nuclear a partir de 2025? Ya se verá.

Pocas dudas pueden haber de que Latinoamérica es considerada por EEUU "zona gris de conflicto" y de que EEUU quiere acabar con los gobiernos, partidos y líderes que cree aliados de China y Rusia, lo que los convierte en enemigos de EEUU. Venezuela, en primer lugar, por ser, bajo el chavismo, la mejor y más fuerte aliada de esos países. A la guerra se han sumado los principales miembros de la OTAN y las oligarquías nativas, éstas, simplemente, para recuperar los gobiernos (el poder nunca lo han perdido). No es casualidad que Lula esté preso (y Brasil de figurante en los BRICS) y Rafael Correa y Cristina Fernández perseguidos judicialmente, ni que las elecciones de 2018 fueran robadas en Honduras… Hay un plan que busca alinear a la región contra China y Rusia de cara al conflicto que viene. Lo más parecido al plan de EEUU contra Venezuela es la operación Maidán, en Ucrania, que tumbó al pro-ruso Yanukovich y llevó al poder al atlantista y anti-ruso Poroshenko. La OTAN quiere elecciones en Venezuela porque está convencida de que, como en Ucrania, ganarán los pro-yanquis y 'recuperarán' el país.

Esos son los planes; otras, las realidades. Venezuela no es Ucrania ni Maduro Yanukovich. Tampoco estamos en 1919, EEUU no es lo que era y, además, enfrenta un problema existencial: ¿cómo podría EEUU sustituir a China como destino de las exportaciones latinoamericanas, si éstas crecieron 30% en 2017 y 28% en 2018? Obedecer a EEUU significaría la ruina de las oligarquías nativas sudamericanas. El surgimiento de un grupo mediador, liderado por México y Uruguay, es demostrativo de que Latinoamérica no es Europa y de que el poder de EEUU ya no es incontestado. Y, como planteó el ex consejero presidencial Pat Buchanan, "si el Plan A no tiene éxito, y Maduro… desafía nuestra demanda… ¿qué hacemos entonces? ¿Cuál es el Plan B? "¡Assad debe irse!" dijo Barack Obama. Bueno, Assad sigue ahí, y Obama se ha ido".

Veremos otras batallas por el dominio de otras "zonas grises de conflicto", las más inmediatas en Ucrania y Argentina, donde habrá elecciones este 2019. Mientras, la carrera armamentista sigue y EEUU quiere extenderla al espacio. La retirada de EEUU del acuerdo de prohibición de misiles de corto y medio alcance acerca un escenario de conflicto. Rusia respondió anunciando el desarrollo de misiles hipersónicos de corto y mediano alcance. China probó hace poco 'el cañón más poderoso del mundo', que estaría listo en 2025 y que, disparado desde Filadelfia, convertiría en reliquia Washington en 90 segundos. En 2025 escribiré desde un búnker y un país de cuyo nombre no quiero acordarme, para no dar pistas tempranas de mi tocata y fuga.

AUGUSTO ZAMORA R. es autor de Réquiem polifónico por Occidente (Akal, octubre 2018) y Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos (Akal, 2016, 3ª edición 2018).

*****

martes, 5 de febrero de 2019

MULTIPOLARISMO Y PLURIVERSALISMO EN LA GEOPOLÌTICA DE LA CRISIS MUNDIAL.

&&&&&
"Emergencia de proyectos alternativos.
Aprovechando la “oportunidad histórica” que representa esta crisis mundial y transición histórica, el siglo XXI ha dado lugar a la reemergencia de proyectos estratégicos alternativos al globalismo financiero neoliberal capitalista, reivindicando la particularidad y dignidad de pueblos-naciones, culturas y civilizaciones otras, las cuales han sido históricamente oprimidas e invisibilizadas por el Occidente blanco, europeo y angloamericano. Nuestra América constituye un claro ejemplo de ello, con el “cambio de época”, “giro a la izquierda” o emergencia del proyecto nacional popular latinoamericano en los distintos procesos políticos del subcontinente".

"Esta crisis mundial se encuentra en pleno proceso de desarrollo, y lejos de haberse resuelto con la imposición de un ganador o un conjunto de ganadores, se profundiza día a día. Así es que, mientras que en Nuestra América tomaban fuerza los discursos acerca del “fin de ciclo” de los gobiernos nacional-populares y el proyecto latinoamericanista a raíz de la derrota del kirchnerismo en Argentina en 2015, la destitución de Dilma Rousseff mediante un golpe de Estado parlamentario en Brasil en 2016, la crisis económica y política en la Venezuela chavista desde la muerte de Chávez en 2013-2014, principalmente, ello no respondía a un cierre de las condiciones generales excepcionales a nivel mundial. Por lo contrario, los fenómenos del Brexit en Reino Unido y la victoria de Trump en Estados Unidos, ocurridos en 2016, marcan una nueva fase de profundización de la crisis, como expresión de amplias y diversas fuerzas sociales que emergen contra la globalización financiera transnacional (tanto “por derecha” como “por izquierda”) en el seno de las últimas potencias hegemónicas del sistema-mundo".

/////






MULTIPOLARISMO Y PLURIVERSALISMO EN LA GEOPOLÌTICA DE LA CRISIS MUNDIAL.

Proyectos Estratégicos en disputa.

*****

Wim Dierckxsens, Walter Fomento,  Julián Bilmes.

ALAI- América Latina en Movimiento.

Martes 5 de febrero del 2019.

Introducción-

La crisis mundial en que nos encontramos, de carácter estructural y civilizatorio, ha dado lugar a la emergencia de diversos proyectos estratégicos alternativos a la globalización financiera neoliberal, reivindicando la particularidad de pueblos-naciones, culturas y civilizaciones otras, oprimidas e invisibilizadas por el Occidente blanco, europeo y angloamericano.

En un mundo en transición histórico-espacial, se desarrollará en este trabajo una lectura geopolítica de la crisis mundial en pos de dar cuenta de la disputa por la reconfiguración del ordenamiento mundial y social, y los actores que protagonizan la misma. Ello nos llevará a afirmar que los proyectos de las fuerzas antiimperialistas que luchan por salir de la situación de dependencia, subordinación y subdesarrollo, en las históricas periferias del sistema-mundo, encuentran oportunidades de respaldo coaligándose con los esquemas de poder que impulsan un orden mundial multipolar, en tiempos en que la escala del Poder-Valor-Estado no es ya continental sino planetaria.

Tanto el proyecto que parte de China y los BRICS como el proyecto humanista ecuménico/interreligioso que emerge desde la iniciativa del Papa Francisco -pero que pone de manifiesto diálogos, acuerdos y una estrategia común de las cinco grandes religiones monoteístas- ofrecen perspectivas de consolidación y realización de los proyectos nacionales antiimperialistas del mundo, dado el enfrentamiento de aquéllos con el capitalismo financiero global que amenaza la supervivencia de la naturaleza y la humanidad misma con sus destructivos e insostenibles patrones de acumulación, producción y consumo. Y se anuda aquí, como necesario horizonte futuro, la propuesta pluriversal de mundo.

Un mundo en crisis estructural, sistémica y de civilizaciones.

Para pensar las condiciones para una geopolítica antiimperialista hoy, es menester situar y contextualizar la situación mundial en que nos encontramos. El siglo XXI dio lugar a una profunda crisis mundial, de carácter estructural y sistémico, que redefine el ordenamiento mundial y social, abre una transición histórico-espacial de orden geopolítico, y ello da lugar a condiciones de posibilidad excepcionales para los procesos emancipatorios en las periferias del sistema mundo (Dierckxsens y Formento, 2018).

Esta crisis mundial y transición histórica en curso pone en cuestión el diseño del orden mundial, desde el unipolarismo estadounidense-angloamericano instituido hacia 1989-1991 hacia una creciente multipolaridad, a la par que se pone en cuestión la potencia hegemónica y el “centro de gravedad” del poder mundial, desde Estados Unidos (EUA) y el polo angloamericano occidental hacia los polos emergentes con centro en China, el Asia-Pacífico y los BRICS1 (Dierckxsens y Formento, 2016). Ello da lugar, a su vez, a una posible desoccidentalización del mundo ante la reemergencia asiática, para volver a centrarse en Oriente cinco siglos después de constituida la modernidad occidental capitalista, con sus implicancias en términos civilizatorios (Arrighi, 2007; Dussel, 2004).

El carácter civilizatorio de la crisis mundial se aprecia en el cuestionamiento creciente del proyecto ilustrado universalista de la Modernidad eurocéntrica, que conlleva colonialidad, racismo epistémico y sometimiento de pueblos y naciones diferentes (Grosfoguel, 2008). Se ha abierto en la actualidad una fuerte disputa y debate de orden civilizatorio. Si con la conferencia de Bandung en 1955 y la creación del Movimiento de Países No Alineados se dio una primera oleada del despertar de las naciones y pueblos del Sur, algunas de cuyas naciones se cuentan entre las más antiguas de la historia universal, en la actualidad nos encontramos en una segunda oleada (Amin, 2018).

Se encuentra en desarrollo, pues, un cambio profundo de paradigma: del “choque de civilizaciones” (Huntington, 2005), de carácter racista, xenófobo y supremacista occidental, hacia un nuevo enfoque de “alianza de civilizaciones”, para promover nuevas formas de convivencia planetaria, basadas en el respeto mutuo, la tolerancia como principio fundamental, la diversidad cultural y civilizatoria como posibilidad de enriquecimiento y no de exclusión (Bruckmann y Dos Santos, 2015), de carácter ya no universal sino pluriversal (Dussel, 2004).

Esta crisis mundial emerge con toda potencia con el estallido financiero del 2008 en EUA, en tanto crisis del sistema capitalista: una crisis de sobreacumulación y realización, resueltas con financiarización y creación de las famosas “burbujas” especulativas (Harvey, 2014), que contiene una pugna entre proyectos estratégicos con diferentes modos de territorialidad y proyección de poder, disputando a lo interno de EUA y el polo angloamericano occidental (Formento y Merino, 2011). Dada la incesante construcción de poder para la “acumulación sin fin” de capital (Arrighi, 2014), se aprecia una profunda disputa entre “imperios financieros” por las bases de la acumulación y reproducción capitalista: conflicto que da cuenta de que se ha producido una ruptura en el núcleo del poder mundial angloamericano, lo cual hace a su vez a la específica forma en que se expresa esta crisis global, y la emergencia del multipolarismo como opción de poder (Dierckxsens y Formento, 2016).

Un conflicto que enfrenta al clásico imperialismo norteamericano con un nuevo imperialismo de escala global, es decir, a aquellos intereses y actores de escala continental que tienen asentado su poderío (económico, político, militar, ideológico-cultural) en el Estado-nación estadounidense y el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte, según sus siglas en inglés), enfrentados a intereses y actores que han dado el salto hacia una escala global, en base a la consolidación de una nueva forma de capital dominante que ha emergido con la globalización neoliberal (denominada Red Financiera Global), impulsando una nueva institucionalidad y tendencial estatalidad global supranacional (Formento y Merino, 2011).

Emergencia de proyectos alternativos.

Aprovechando la “oportunidad histórica” que representa esta crisis mundial y transición histórica, el siglo XXI ha dado lugar a la reemergencia de proyectos estratégicos alternativos al globalismo financiero neoliberal capitalista, reivindicando la particularidad y dignidad de pueblos-naciones, culturas y civilizaciones otras, las cuales han sido históricamente oprimidas e invisibilizadas por el Occidente blanco, europeo y angloamericano. Nuestra América constituye un claro ejemplo de ello, con el “cambio de época”, “giro a la izquierda” o emergencia del proyecto nacional popular latinoamericano en los distintos procesos políticos del subcontinente.

Esta crisis mundial se encuentra en pleno proceso de desarrollo, y lejos de haberse resuelto con la imposición de un ganador o un conjunto de ganadores, se profundiza día a día. Así es que, mientras que en Nuestra América tomaban fuerza los discursos acerca del “fin de ciclo” de los gobiernos nacional-populares y el proyecto latinoamericanista a raíz de la derrota del kirchnerismo en Argentina en 2015, la destitución de Dilma Rousseff mediante un golpe de Estado parlamentario en Brasil en 2016, la crisis económica y política en la Venezuela chavista desde la muerte de Chávez en 2013-2014, principalmente, ello no respondía a un cierre de las condiciones generales excepcionales a nivel mundial. Por lo contrario, los fenómenos del Brexit en Reino Unido2 y la victoria de Trump en Estados Unidos, ocurridos en 2016, marcan una nueva fase de profundización de la crisis, como expresión de amplias y diversas fuerzas sociales que emergen contra la globalización financiera transnacional (tanto “por derecha” como “por izquierda”) en el seno de las últimas potencias hegemónicas del sistema-mundo3.

Lejos de asistir a un “fin de ciclo” del proyecto nacional popular latinoamericano y los procesos emancipatorios antiimperialistas, consideramos que sigue abierta la oportunidad histórica que brindan esas condiciones generales de crisis mundial para la reemergencia y el desarrollo de un proyecto estratégico propio (soberano, autónomo, alternativo y antiimperialista), en una “segunda oleada” del proceso emancipatorio y revolucionario (García Linera, 2016).

A diferencia de las condiciones mundiales con que contó la “primera oleada” emancipatoria y revolucionaria en Nuestra América, existen hoy en día esquemas de poder alternativos, de carácter multipolar y potencialmente pluriversal, expresados en la propuesta BRICS comandada por el eje China-Rusia, y el humanismo ecuménico interreligioso comandado por el Vaticano del Papa Francisco. Esto es, proyectos estratégicos que confrontan y se presentan como alternativas sistémicas y civilizatorias frente a las variantes del proyecto estratégico del capitalismo financiero angloamericano.

El BRICS, si bien nace como estrategia de bancas financieras globales para apalancar y conducir la expansión del capital transnacional y darle “solución espacial” de la crisis capitalista (Harvey, 2014), y por ello, aparecían como tendenciales actores de una nueva institucionalidad global multilateral, cambia su carácter. Luego de la crisis financiera global de 2008 estos actores avanzan en la pretensión de constituirse en nuevos polos de poder mundial, desarrollando mayores niveles de autonomía relativa, aprovechando la crisis e internas en el viejo centro del poder mundial para impulsar sus propios proyectos estratégicos, lo cual se manifiesta ya claramente en la cumbre del BRICS en Fortaleza, en 2014. Allí se lanza la propuesta de un Nuevo Banco de Desarrollo y un Fondo de Reservas de Contingencia, dos instrumentos que aparecieron como alternativas a los organismos internacionales de crédito tradicionales -FMI y BM-, buscando así una mayor soberanía productiva y una nueva arquitectura financiera global (Schulz, 2016). Junto con el megaproyecto de transporte comercial y productivo euroasiático denominado Nueva Ruta de la Seda y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, los BRICS comenzaron a perfilar nítidamente su apuesta por un nuevo orden mundial multipolar (Dierckxsens y Formento, 2016).

Por otro lado, y en creciente articulación con el anterior, con la elección de Jorge Bergoglio para constituirse como nuevo Papa de la Iglesia Católica, en 2013, emerge lo que puede denominarse como humanismo ecuménico interreligioso: un planteo de articulación de las cinco grandes religiones monoteístas que incluye también la cosmogonía de las religiones de pueblos originarios (el denominado “poliedro”), en busca de retomar diálogos y establecer acuerdos en defensa de la vida y el ser humano, frente a un capitalismo salvaje que pone en riesgo la continuidad de la naturaleza y la especie con sus actuales patrones de acumulación, producción y consumo, irracionales e insostenibles (Dierckxsens y Formento, 2017).

Escala planetaria de Poder-Valor-Estado.

La emergencia de esquemas de poder mundial alternativos presenta condiciones favorables en términos de respaldo internacional para una eventual próxima oleada emancipatoria en América Latina, y para los proyectos nacional-populares y antiimperialistas del orbe, en tiempos en que ha escalado el umbral de poder (Gullo, 2015). En efecto, a raíz del estudio del devenir de la crisis mundial se puede afirmar que en la actualidad el poder se impone, define y proyecta a nivel planetario, dada la globalización financiera transnacional de la presente fase del capitalismo y la emergencia de esos proyectos alternativos (Dierckxsens y Formento, 2016). Según esta lectura y abordaje geoestratégicos, quedan superadas y subordinadas las nociones de potencias, superpotencias o imperialismos de país central, tanto de escala nacional como continental, con sus respectivos modos de territorialidad preponderantes. Si bien los Estados-nacionales y sus respectivos gobiernos no han desaparecido, sino que juegan un papel de relevancia (y de hecho su número se ha ampliado en las últimas décadas), va quedando cada vez más en evidencia la limitación que presenta un enfoque acotado únicamente a ellos, en un mundo el que las grandes empresas transnacionales y las redes financieras globales que las articulan y coordinan, los superan ampliamente en escala, poderío y capacidad de diseño y desarrollo de estrategias.

Se aprecia en la actualidad la progresiva desarticulación del Estado-nación en tanto instrumento y escala del Poder-Valor-Estado, en pos de la tendencial imposición de un Estado transnacional global sin barreras nacionales a la libre circulación de capital (Dierckxsens y Formento, 2016). Un diseño institucional y proto-estatal global que se puede observar en instrumentos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), la Organización Mundial de Comercio (OMC), el G20 y mega-acuerdos de comercio e inversiones como el Tratado Transpacífico y Transatlántico. Si bien luego de la Segunda Guerra Mundial se imponen ya en Occidente con el tratado de Bretton Woods un conjunto de organismos multilaterales, como el FMI y el BM, la forma dominante de entonces era multinacional, mientras que ahora es transnacional. En la actualidad nos encontramos en un momento de transición histórica, en que los bloques económicos se caracterizan por una etapa intermedia en la superación del capital transnacional de todo tipo de frontera.

Ello plantea una dificultad adicional para las perspectivas emancipatorias. Si el desarrollo del pensamiento geopolítico latinoamericano (Barrios, 2017) da cuenta de la necesidad de constituir un Estado continental industrial en Nuestra América en pos de obtener la masa de poder suficiente para poder actuar en forma soberana en el escenario internacional (Methol Ferré, 2009), no es menos cierto que en este siglo XXI y en plena crisis mundial, ese bloque gran-nacional, o polo regional de poder, precisa hacer causa común o ser parte en aquellos esquemas de poder mundial para sustentar la apuesta por salir de la histórica condición de dependencia/subordinación que lo de en posición de vasallo.

Se trata de una oportunidad histórica de romper con esa condición que marcó su inserción subordinada en el sistema-mundo, dejando de reproducir el modelo de acumulación primario financiero exportador y apostando a la industrialización regional basada en el desarrollo científico-tecnológico y la producción de conocimiento orgánica a ese proceso. Lo cual sólo puede ser realizado por una segunda oleada de gobiernos populares en Nuestra América que se planteen estos desafíos, elaborando una agenda estratégica regional ante la convulsionada dinámica mundial (Bruckmann y Dos Santos, 2015).

Sobre la necesaria propuesta pluriversal de mundo

La necesaria propuesta pluriversal de mundo como horizonte futuro encuentra condiciones y perspectivas de ser en esta vía, entendemos. Retomamos el concepto de pluriversalismo, de los estudios decoloniales y la filosofía de la liberación, para referirnos a iniciativas estratégicas que contienen una pluralidad de proyectos y actores convergiendo en una estrategia que es de escala planetaria, no centrada en una iniciativa dominante sino en una síntesis de iniciativas que incluye lo diverso y heterogéneo, es decir, no en tanto síntesis que subsume sino como articulación de diversidades. Por ello la nominación de pluriversalismo y no otro universalismo, como lo fue la propuesta universal eurocéntrica de civilización en donde la historia de la civilización (única) se iniciaba con la configuración civilizatoria europea y concluía con su expansión, mediante la europeización del mundo. Ese universalismo abstracto eurocéntrico se auto concebía como realización y plenitud de la historia de la civilización universal, lo cual coincidía con la iniciativa intelectual europea (francesa/británica/germana) de los siglos XVI y XVII, con intelectuales como Descartes, Kant, Hegel y otros.

El uso del concepto de pluriversalismo para nominar y dar cuenta de la potencialidad que se halla en los esquemas de poder mundial alternativos al globalismo financiero neoliberal, viene a dar cuenta de la escala planetaria de tales iniciativas, a la par de que no hay una sola iniciativa estratégica que convoca, sintetiza y subsume a otras sino que expresa un diálogo y coexistencia de civilizaciones e iniciativas civilizatorias. Por ello hablamos de crisis de civilizaciones para confrontar con los planteos eurocéntricos de crisis civilizatoria (entendida como una única civilización que entra en crisis). Lo que se encuentra en cuestionamiento y transición es la propuesta civilizatoria universalista eurocéntrica angloamericana, pero el actor que produce la crisis que es pluriversal es un diálogo de civilizaciones, lo cual hace que la crisis sea de civilizaciones.
*****