jueves, 2 de enero de 2020

2019, EL AÑO DEL RETORNO DEL PROTAGONISMO MILITAR EN LATINOAMÉRICA.

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“¿FRACASOS MOMENTÁNEOS? Los espacios políticos regionales compartidos por los países se habían incrementado en los últimos 15 años, con la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que se sumaron a los existentes desde hace varias décadas, como la Comunidad Andina de Naciones (CAN), MERCOSUR y la Organización de Estados Americanos (OEA). Estos nuevos espacios de integración latinoamericana avizoraban una región más autónoma, con altas expectativas de jugar un rol importante en el mundo, en especial en la búsqueda de la multipolaridad".

“En cuanto al tema militar, en el marco de la UNASUR se hicieron esfuerzos por construir una visión regional de defensa, pero, a lo largo de los encuentros, pronto se hicieron evidentes las diferencias ideológicas, el desinterés y seguramente las presiones externas. El Consejo de Defensa Suramericano (CDS) creado por el Consejo de Jefes de Estado de la UNASUR pretendió ser una instancia de consulta, cooperación y coordinación en materia de defensa, con el afán de "consolidar la región sudamericana como una zona de paz, base para la estabilidad democrática y el desarrollo integral de los pueblos de la región, como contribución a la paz mundial". Dicho proyecto por ahora ha sido dejado de lado. Evidentemente no implica que haya fracasado definitivamente, no obstante, los vientos soplan ahora a favor de los intereses estadounidenses”.

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Bolsonaro y su felicidad militar.
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2019, EL AÑO DEL RETORNO DEL PROTAGONISMO MILITAR EN LATINOAMÉRICA.
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María Luisa Ramos Urzagaste.

Sputnik jueves 2 de enero del 2020.


Sea cual fuere el país latinoamericano al que hagamos referencia, el accionar de sus fuerzas armadas en 2019 ha sido clave en los sucesos políticos y en el destino actual del país.

La gran mayoría de los países latinoamericanos ha pasado por crisis de distinta índole y algunos por severas crisis de gobernabilidad, lo que llevó a los gobernantes a buscar no solo apoyo en movimientos políticos civiles, pero cardinalmente de las fuerzas armadas.

En muchos casos esos apoyos les han proporcionado fortaleza y estabilidad, aclarando que eso no necesariamente implique obtención de legitimidad.

Si bien es cierto que las distintas fuerzas armadas no necesariamente ocuparon el primer plano, que está reservado (por ahora) para los civiles, jugaron un rol vital en varios acontecimientos políticos en la región.

A modo de inventario se pueden listar algunas de sus acciones en 2019: en Chile, apoyo total al presidente Piñera en sus planes de represión a las movilizaciones sociales; en Bolivia sin la acción de las fuerzas armadas, el gobierno de facto de Jeanine Áñez no habría sido posible.

En Colombia, el presidente Iván Duque no podría sostenerse sin la aprobación de la bota militar; en tanto que, en Perú, el presidente Vizcarra recibió un espaldarazo clave cuando decidió disolver el Parlamento.

En Ecuador, si Lenín Moreno no hubiese contado con el apoyo militar, difícilmente habría podido controlar a las masas rebeladas en las calles contra el paquetazo económico del FMI. En Brasil, el presidente y el vicepresidente son de origen militar; y en Nicaragua y en Venezuela desempeñan un papel clave en el sostenimiento de sus gobiernos, aunque su situación difiere de los anteriores en forma y fondo.

Estos ejemplos muestran que los militares están de retorno después de muchos años de haberse mantenido con perfil político bajo.

¿Fracasos momentáneos?

Los espacios políticos regionales compartidos por los países se habían incrementado en los últimos 15 años, con la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que se sumaron a los existentes desde hace varias décadas, como la Comunidad Andina de Naciones (CAN), MERCOSUR y la Organización de Estados Americanos (OEA).

Estos nuevos espacios de integración latinoamericana avizoraban una región más autónoma, con altas expectativas de jugar un rol importante en el mundo, en especial en la búsqueda de la multipolaridad.

En cuanto al tema militar, en el marco de la UNASUR se hicieron esfuerzos por construir una visión regional de defensa, pero, a lo largo de los encuentros, pronto se hicieron evidentes las diferencias ideológicas, el desinterés y seguramente las presiones externas.

El Consejo de Defensa Suramericano (CDS) creado por el Consejo de Jefes de Estado de la UNASUR pretendió ser una instancia de consulta, cooperación y coordinación en materia de defensa, con el afán de "consolidar la región sudamericana como una zona de paz, base para la estabilidad democrática y el desarrollo integral de los pueblos de la región, como contribución a la paz mundial". Dicho proyecto por ahora ha sido dejado de lado.

Evidentemente no implica que haya fracasado definitivamente, no obstante, los vientos soplan ahora a favor de los intereses estadounidenses.




Retorno del militarismo en América Latina de la mano de EEUU.

La región latinoamericana ha perdido mucha fuerza e ímpetu de convertirse en un actor geopolítico global. Han primado los intereses foráneos, por ahora. Hace una década, a pesar de las diferencias ideológicas evidentes, se perfilaba una región autónoma y que ganaba estatura política y económica.

Los factores que influyeron en la actual situación seguramente son varios, entre ellos el cambio geopolítico global por la llegada de Donald Trump al Gobierno de EEUU; la inadecuada lectura de parte de los Gobiernos progresistas de sus nuevas realidades sociales, con amplias masas de clase media muy interconectadas a redes sociales; los errores y, como consecuencia, desaparición del mapa político regional de los Gobiernos que lideraban esas visiones integracionistas.

Ante estas circunstancias, EEUU tiene la mesa servida y ha vuelto a desempolvar y a poner en boga sus dos instrumentos clave para el ejercicio de la hegemonía norteamericana y lograr alinear estratégicamente a la región a sus intereses: el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y los acuerdos bilaterales de asistencia militar.

Bajo ambos paraguas, ahora ha puesto en acción varios proyectos con amplia gama de actividades, y el ala operativa es el Comando Sur (USSouthcom) por sus siglas en inglés. Valga decir que este es uno de la decena de comandos de EEUU distribuidos en el mundo. El Comando Sur es el responsable de planificar, operar y coordinar en todo el territorio de Latinoamérica y el Caribe.
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USSouthcom se acerca a los países necesitados de ayuda en salud por ejemplo con su proyecto "promesa duradera", que utiliza un buque itinerante por varios países, brindando ayuda médica a algunas poblaciones hasta entrenamientos de distinto tipo. Además de estos formatos, existen otros específicos para cada país.

Este año que concluye fueron relevantes las reuniones ministeriales de coordinación a la cabeza del secretario de Estado, Mike Pompeo, y las visitas a los países, para observar los entrenamientos, incluso en países como Costa Rica, que se jactan de no tener fuerzas armadas.

Las visitas mutuas para no olvidar a los amigos son también importantes, como el caso de Colombia, que es un aliado especial de Estados Unidos y, por supuesto, los entrenamientos en el Caribe no han cesado.

Durante la Conferencia Sudamericana de Jefes de las Fuerzas Aéreas y Lideres Sénior, realizada en noviembre de 2019 bajo el lema La cooperación como estrategia hacia el progreso, a la que asistieron más de 50 participantes de EEUU, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay y Perú, el general de División de EEUU Andrew Croft alertó a sus colegas sobre los desafíos de la región y dijo que "estos desafíos combinados con Estados y actores malignos en la región amenazan nuestras democracias y valores compartidos".

Pero fue más allá al afirmar:

"Cuando la política es incierta es cuando nosotros, como militares de nuestra nación, debemos estar más seguros de nuestros valores, capacidades y cooperación para mantener la seguridad en nuestro hemisferio".

Otra área vital en las acciones de EEUU sobre la región son los ejercicios militares anuales bajo el nombre de UNITAS, en el marco del TIAR desde el año 1959, pero ahora están mucho más activos y han sumado a otros países.

Se han hecho más intensos los entrenamientos, en sus fases UNITAS Pacífico y UNITAS Atlántico, como los de agosto pasado en Brasil, en el marco de la UNITASLX y UNITAS en Chile, que para el Gobierno chileno le permite cumplir con dos áreas de la Misión de la Armada de Chile: "Defensa de la Soberanía e Integridad Territorial" y "cooperación Internacional y Apoyo a la Política Exterior".

Ecuador será la sede de UNITAS 2020 y el Gobierno de Lenín Moreno ya se prepara para tal efecto y recibirá no solo entrenamiento, sino también tecnología de parte de sus amigos estadounidenses.

En una reciente publicación titulada Let's Get to Work, el almirante Craig S. Faller, comandante del Comando Sur de EEUU, recordó que

"los acontecimientos en Bolivia, Perú, Ecuador, Chile y Brasil demuestran que los militares apolíticos y profesionales que protegen los derechos de sus ciudadanos se han convertido en el estándar, lo cual es crítico en situaciones volátiles y políticamente cargadas. Junto con los continuos esfuerzos anticorrupción, América Latina y el Caribe podría servir como modelo para el resto del mundo, especialmente para los países cuyos públicos luchan por identificar el valor [y la capacidad de recuperación] de la gobernanza democrática".

El mandamás del Comando Sur de EEUU hizo una advertencia al subrayar que "está en juego el futuro del orden internacional basado en normas, cada vez más socavado por China y Rusia". Faller subrayó, además, que la estrategia de defensa nacional de EEUU ordena a sus militares que "mantengan las ventajas en el hemisferio occidental".

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miércoles, 1 de enero de 2020

HONOR Y GLORIA AL PUEBLO CHILENO.

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FELIZ AÑO 2020. CHILE MILES EN “PLAZA DE LA DIGNIDAD”. FIN DE AÑO CON REPRESIÓN. CARABINEROS SACÓ A LA CALLE LOS CAMIONES HIDRANTES EN PLENA CELEBRACIÓN. CINISMO: PIÑERA PIDIÓ “RECUPERAR la AMISTAD y la UNIDAD de los CHILENOS”. Miles de chilenos recibieron el año nuevo en la Plaza Italia,” PLAZA de la DIGNIDAD” ubicada en el centro de SANTIAGO, epicentro del estallido social que vive el país desde hace ya más de dos meses. En la plaza santiaguina hubo una fiesta que duró hasta el alba y se homenajeó a los muertos hasta que los Carabineros llegaron para reprimir.


“AÑO NUEVO CON DIGNIDAD” fue el lema de la convocatoria, que se vio interrumpida cuando la fuerza de seguridad arribó con camiones hidrantes y dispersó a los asistentes. "Mientras la gente celebra pacíficamente el Año Nuevo en la Plaza, @Carabdechile dispara perdigones a manifestantes y hay personas quemadas por agua de carro lanza aguas. Un joven herido en su pierna y varios más detenidos en 48 comisaría. 2020 parte con represión”, escribió en su cuenta de la red Twitter la organización Observadores DDHH.


EN LA NOCHE HUBO CENAS de fin de año y puestos callejeros de comida, batucadas y fuegos artificiales. También se homenajeó a las víctimas del estallido social y decenas de personas se congregaron con velas en la plaza que los manifestantes rebautizaron "PLAZA DIGNIDAD". Allí hubo cánticos que han sido la banda sonora de la protesta desde octubre: "El pueblo unido jamás será vencido", "CHILE DESPERTÓ" o "El baile de los que sobran", de la banda local Los Prisioneros.



Más de 100 mil Ciudadanos chilenos asistieron a la Plaza Italia. Hoy Plaza de la Dignidad. "El pueblo unido jamás será vencido".
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LA NOCHE HABÍA TRANSCURRIDO en un ambiente pacífico y festivo, muy diferente al del 27 de diciembre, cuando los Carabineros dispersaron a los manifestantes con violencia y un hombre murió electrocutado al caer en una fosa con cables. Además de Santiago, otro punto con represión en el cambio de año fue VALPARAÍSO.

POR SU PARTE, EL PRESIDENTE SEBASTIÁN PIÑERA habló al país con motivo del año nuevo y definió a 2019 como un año “duro y difícil", que "dejó heridas en el cuerpo y el alma" del país y pidió "recuperar la amistad y la unidad entre los chilenos" para sanarlas. El mandatario negó que haya una política sistematizada para atacar a los manifestantes y se comprometió a investigar los hechos.

EL ESTALLIDO COMENZÓ EN OCTUBRE con las protestas por el aumento del boleto de subte y es el hecho más grave que vive el país desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet, que dejó de miles de desaparecidos y torturados. El descontento provocó algo que parecía imposible: una consulta prevista para abril, a fin de tener una nueva Constitución que reemplace la Carta Magna pinochetista vigente desde 1980.

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HONOR Y GLORIA AL PUEBLO CHILENO.
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Manuel Cabieses.

Rebelión miércoles 1 de enero del 2020.


Me pongo de pie, me quito el sombrero y grito a todo pulmón: ¡Viva el glorioso pueblo chileno!

Es el pueblo -en su más amplia y generosa acepción- el protagonista de la rebeldía que convirtió el 2019 en un año que pasará a la historia de las luchas sociales de nuestra patria.

Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, y hasta los niños que hoy desbordan las calles con su protesta magnífica, son descendientes de las heroicas luchas contra la explotación y la discriminación de los siglos XIX y XX. La rebeldía que se levantó iracunda se forjó en la pampa salitrera, en el sur mapuche y campesino, en la Patagonia austral y en los puertos y ciudades de esta delgada “línea de luz” como llamó a Chile el gran Carlos Droguett.

La nuestra es una historia cuajada de matanzas y abusos que, sin embargo, jamás extirparon el furor rebelde que latía en el corazón del pueblo. 2019 pasará a la historia como ejemplo de ese coraje histórico. Es una página gloriosa escrita por millones de chilenos y chilenas. El pueblo de todas las edades y condiciones sociales, proclamó ¡basta! al sistema que lo oprime y humilla. El laboratorio de experimentación y cuna del neoliberalismo -la más inhumana expresión del capitalismo-, se puso de pie y reclama una Asamblea Constituyente que eche los cimientos de una República democrática y participativa. El poder popular pugna por ser definitivamente reconocido como la piedra angular de la sociedad.

Existe una evidente continuidad histórica entre el 18 de octubre y el 11 de septiembre. En la perspectiva del tiempo, esas fechas se hermanarán como anverso y reverso de nuestra trágica historia.




El presidente Salvador Allende lo anunció en La Moneda en llamas: “más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

Esto es lo que hoy sucede: el hombre libre se ha echado a andar y ha convertido las calles en barricadas de la libertad. En realidad, el pueblo nunca dejó de luchar. Bajo el terrorismo de estado, hombres y mujeres entregaron sus vidas para reconquistar la libertad secuestrada por los oligarcas y asesinos con uniforme. La heroica resistencia contra el terrorismo de estado -que costó más de tres mil víctimas y decenas de miles de prisioneros torturados- forma parte de las raíces históricas de la rebeldía del pueblo chileno.

Nuestro país quiere vivir de manera diferente a la que impuso el neoliberalismo con ayuda de las bayonetas. Anhela una democracia con justicia social, una paz entre iguales, una institucionalidad -sujeta al escrutinio popular y a la revocación de sus mandatos- que haga respetar los derechos y deberes de los ciudadanos.

Resulta mezquino –y deliberadamente desorientador- calificar la protesta y rebeldía solo como un “estallido social”. Se han cumplido más de 70 días de un fenómeno social, político y cultural que desconoce a todas las instituciones del Estado. No es un “estallido”, es un proceso insurreccional que ha desfondado la institucionalidad y disipado -con un solo bufido de millones- la falsa imagen del “oasis” del conformismo y la resignación en América Latina.

Esta insurrección no tiene liderazgo reconocido ni un itinerario predeterminado. Sin embargo, tiene millones de voces que señalan el rumbo del movimiento: un cambio profundo y definitivo. La demanda que globaliza el conjunto de protestas parciales es una nueva Constitución elaborada por una Asamblea Constituyente. A partir de la cual los chilenos construyamos una nueva sociedad de iguales.

Más de 27 muertos, centenares de heridos, miles de detenidos y torturados cuesta ya esta lucha. La represión policial ha dejado en claro que los carabineros de Pinochet son los mismos de Piñera.

Es iluso creer que el proceso insurreccional en marcha va a tragarse el sapo de una “Convención Constituyente”, como la que ha fabricado la casta política. Lo previsible es una ola de presión de masas para que la “Convención” rompa sus ataduras y limitaciones y asuma las funciones de una Asamblea Constituyente, depositaria del poder originario. Para el éxito de ese propósito hay que permanecer unidos tal como en el primer día de la insurrección de octubre.

Los enemigos del cambio -con la casta política a la cabeza- intentan dividir y desalentar al pueblo. Se iniciará una guerra sicológica millonaria en recursos para ganar el plebiscito del 26 de abril. La respuesta necesaria consiste en afianzar la unidad social sin sectarismos ni oportunismos. El enemigo común es la oligarquía que pretende convertir la Constituyente en una farsa más de las numerosas que registra nuestra historia.

Debemos confiar en nuestras propias fuerzas. Tenemos el orgullo de pertenecer a un pueblo valiente y rebelde que no permitirá que se vuelva a bloquear su derecho a vivir en una sociedad gobernada por la justicia social, las libertades públicas y los derechos humanos.

A la Asamblea Constituyente corresponde echar las bases de esa sociedad que la esperanza del pueblo mantiene viva desde hace más de un siglo.

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