domingo, 5 de enero de 2025

UNA ALIANZA PARA EL PROGRESO CRIMINAL, POR ALBERTO VERGARA.

 &&&&&

“Lo paradójico es que aquello que se viene puede perfectamente convivir con dos situaciones que son, en principio, positivas. De un lado, puede coexistir con algún tipo de recuperación económica. Del otro, con unas elecciones generales que cumplan con los estándares democráticos mínimosPero, además de paradójico, es peligroso. Lo que quiero decir es que, si a una sociedad criminalizada y desregulada como la peruana le entra dinero, el caos y la violencia será mayor. Y si le entra un chorro de plata conoceremos el estado de naturaleza. O el Ecuador. O como Trinidad y Tobago, una estrella del crecimiento económico caribeño, con un PBI per cápita de 19.000 dólares (el peruano bordea apenas los 8.000), que acaba de declarar el estado de emergencia por una ola tremenda de homicidios y criminalidad. El dinero en este contexto significa más problemas, no menos. Pero los ricos seguirán recibiendo su generoso bono anual y, desde un auto blindado, nos conminarán a resaltar que el Perú avanza. Y algo semejante podemos señalar de las elecciones del 2026. El Ejecutivo y el Legislativo han profundizado las reglas escritas y no escritas de la política peruana que nos trajeron hasta aquí. Bajo esas reglas, unas elecciones legítimas difícilmente alterarán nuestra trayectoria.  Así, la larga degradación peruana da una vuelta de tuerca perversa: aquello que debía ser antídoto ahora es veneno. Y la alianza para el progreso criminal ha acelerado el proceso.

/////




UNA ALIANZA PARA EL PROGRESO CRIMINAL,

POR ALBERTO VERGARA.

*****

El Ejecutivo y el Legislativo han establecido una alianza para el progreso de la criminalidad. Al desmontar el Estado de derecho y la democracia, empujan el país hacia la violencia. El asesinato de Andrea Vidal y el presunto homicidio de Nilo Burga ilustran bien la dinámica.

 

Por Alberto Vergara. Politólogo.

Fuente. La República Lima domingo 5 de enero del 2025.

Desde hace algunos años, cuando me invitan a hablar sobre el Perú, subrayo que lo que está en peligro aquí no es necesariamente el crecimiento económico; lo que está en riesgo es algo más elemental: la convivencia pacífica.

Martín Caparrós ha escrito con acierto que “la civilización es descuidarse”. Pues en el Perú se trabaja para producir lo contrario: el peligro interminable. Una vida regida por el susto sin fin y un perenne estado de alerta. El año pasado ya había sido de terror con 1.500 homicidios; en el 2024 se superaron los 2.000.

Este deslizamiento hacia el descontrol social es consecuencia inevitable de la demolición firme y a consciencia del Estado de derecho y de la democracia. El Estado de derecho —en breve: ser gobernados por la ley y no por los caprichos del mandamás— se encarga de resolver pacíficamente las disputas diarias y normales que produce cualquier sociedad. La democracia, a su turno, se aboca a procesar de manera pacífica los inevitables conflictos políticos que surgen en cualquier comunidad. Los mecanismos y agentes de ambos son diferentes, pero permiten la convivencia civilizada.



El presunto asesinato de Nilo Burga (aunque…  ¿alguien cree que se suicidó con una puñalada en la nuca?) y el de Andrea Vidal son un ejemplo más del tránsito hacia unos terrenos en los cuales ni la democracia ni el Estado de derecho son capaces ya de procesar los conflictos de una sociedad, cada vez más, salida de control. Y al colapso de la política siguen el desorden y la violencia.

Repasemos ambos crímenes, en primer lugar, desde el deteriorado Estado de derecho peruano. Los dos trasparentan hasta qué punto la criminalidad se ha impuesto sobre la legalidad. Demasiada gente, en todas las clases sociales, prospera burlando la ley o torciéndola. La economía del oro ilegal, del narcotráfico, de la trata de personas, del tráfico de terrenos, del transporte informal, de la extorsión y un vasto etcétera se ampliaron y fortalecieron con consecuencias transversales. El 87% de los peruanos afirma en una encuesta que alguna actividad ilegal es un motor principal de la economía en su región.

Gradualmente, la sociedad acostumbrada a florecer gambeteando la ley se ha infiltrado en los espacios donde se produce la ley y ahora busca algo distinto: legislar a la medida de sus intereses. Brilla el legislador de arriendo para intereses criminales. Así, se ha pasado de burlar la ley a producirla —a veces desactivándola, a veces reformándola— para, justamente, ya no tener que burlarla. Por eso se trata de un país con leyes y sin Estado de derecho.    



Las dos muertes evidencian tal dinámica. En una, al inicio está la expansión de la trata de personas y de la prostitución filtrándose hacia la política y, en la segunda, se origina en la popular y extendida corrupción estatal, sin importar el nivel de Gobierno. La criminalidad no atajada por la ley se condensó y ascendió al centro del poder, con sus códigos y prácticas. Conflictos surgidos en actividades al margen de la ley se resuelven al margen de la ley. Pero ya no en los callejones de la ciudad ni en la lejana selva, sino en los predios del Congreso o el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social. O de comisarías donde se apaña el descuartizamiento y luego ocurren convenientes suicidios. La ley hizo agua en todas partes

(La manifestación más macabra de todo esto se aprecia en las cuestiones criminales, pero, en realidad, se trata de un hábito anti-institucional que lo impregna todo: si gastamos demasiado y transgredimos las reglas fiscales, se les modifica para legalizar el desmanejo económico; si la pobreza aumenta, alteramos los criterios para medirla. Y así sucesivamente).

Por tanto, el Estado de derecho es una coladera; la justicia o la policía son, para todo fin práctico, inútiles (se despide a los mejores policías o se captura los tribunales). Ahora bien, quiero subrayar que hay países en América Latina con actividades criminales presentes en la política que no se orillan hacia la violencia caótica. En Paraguay o Bolivia, por ejemplo, diversas economías ilícitas vulneran el Estado de derecho y también se infiltran en las instituciones nacionales y, sin embargo, la política pone algunos límites a la criminalidad y su violencia. Digamos que poseen un escenario de extensa criminalidad con baja violencia. (El politólogo Juan Pablo Luna ha desarrollado esto en varios trabajos recientes).



Y aquí es donde mete su cuchara la degradación democrática. Si el Estado de derecho no controla el crimen, la representación política puede ayudar a que la ilegalidad no engendre el caos violento. Tanto en Paraguay como en Bolivia hay partidos políticos que —aunque clientelares, corruptos y con más de un vínculo hacia las economías ilícitasconsiguen ordenar esa presencia criminal. No es la utopía republicana, desde luego, pero ofrecen un mecanismo de coordinación que ataja la expansión de la violencia.

En el Perú, en cambio, la ausencia de representación política facilita la expansión del crimen y anticipa más desorden. Regresemos a las dos muertes. Según las investigaciones periodísticas, Andrea Vidal y el resto de las visitadoras trabajaban bajo el mando de Jorge Torres Saravia, quien era el director del área legal del Congreso. Aunque resulta evidente que Torres ha sido cercano a Alianza para el Progreso, la verdad es que podría estar en cualquier otra agrupación y circulará por donde haga falta. Si lo miramos con frialdad, Torres es solamente otro personaje de reparto pateando la calle, viendo quién lo contrata y así ganarse alguito, seguramente adiestrado en el oficio de grabar y filtrar, franelear, chantajear y traicionar. Un ambulante de la política y la función pública. A cada temporada debe encontrar una nueva esquina donde ofrecer su know how. Su arte, como el de Juanito Alimaña, es alinearse con el que está arriba. Nada más. No hay partido ni líder partidario que lo domestique. 

Algo parecido ocurre con el presunto y muy probable homicidio de Nilo Burga. Más allá de dedicarse a una actividad digna de la historia universal de la infamiaenriquecerse alimentando a los niños más pobres del Perú con carne de caballo podrida—, los “políticos” con los cuales surge no son propiamente políticos. Son más como corsarios saltando de nave en nave para arranchar lo que puedan al Estado.

En este caso, Burga prospera en el universo del Midis —aquel ministerio presidido por Dina Boluarte durante toda la presidencia de Pedro Castillo (menos los últimos once días, vivaza)— y de Qali Warma, donde trabajó con Fredy Hinojosa, vocero de la presidenta y exaprista. Es decir, hace la plaza con otros átomos libres de la política, viendo qué se destaza. Boluarte guarda silencio; Hinojosa no pudo ser detenido gracias a una ley del Congreso, el presidente del Legislativo se desentiende. Un asesinato con 40 balazos a quien laboraba en una presunta red de prostitución en el Congreso no les merece atención. (Como se decía en la colonia: el muerto a la sepultura y el vivo a la travesura). Nuevamente, no hay partido ni líder que los ponga en vereda, ni a ellos ni a los intereses que movilizan. Los “políticos” reconocen que no tienen futuro y se saben muy mediocres; el incentivo es desfalcar hoy, ni siquiera hace falta ya guardar las apariencias.

Entones, en resumen, ni el Estado de derecho ni la representación política le ajustan las bridas a la industria de la ilegalidad. Para decirlo desde la salsa, se soltaron los caballos. Y nadie con algún poder buscar devolverlos a las caballerías. Galopan fueteados por la renta que las economías criminales secretan y por el entendimiento entre Ejecutivo y Legislativo: la alianza para el progreso criminal.



Y no hace falta un diploma de Hogwarts para adivinar lo que viene.

Lo paradójico es que aquello que se viene puede perfectamente convivir con dos situaciones que son, en principio, positivas. De un lado, puede coexistir con algún tipo de recuperación económica. Del otro, con unas elecciones generales que cumplan con los estándares democráticos mínimos

Pero, además de paradójico, es peligroso. Lo que quiero decir es que, si a una sociedad criminalizada y desregulada como la peruana le entra dinero, el caos y la violencia será mayor. Y si le entra un chorro de plata conoceremos el estado de naturaleza. O el Ecuador. O como Trinidad y Tobago, una estrella del crecimiento económico caribeño, con un PBI per cápita de 19.000 dólares (el peruano bordea apenas los 8.000), que acaba de declarar el estado de emergencia por una ola tremenda de homicidios y criminalidad. El dinero en este contexto significa más problemas, no menos. Pero los ricos seguirán recibiendo su generoso bono anual y, desde un auto blindado, nos conminarán a resaltar que el Perú avanza.

Y algo semejante podemos señalar de las elecciones del 2026. El Ejecutivo y el Legislativo han profundizado las reglas escritas y no escritas de la política peruana que nos trajeron hasta aquí. Bajo esas reglas, unas elecciones legítimas difícilmente alterarán nuestra trayectoria. 

Así, la larga degradación peruana da una vuelta de tuerca perversa: aquello que debía ser antídoto ahora es veneno. Y la alianza para el progreso criminal ha acelerado el proceso.

*****

TRAGEDIAS DE UNA SOCIEDAD SIN ESTADO.

 &&&&&

“Es obvio que estas extravagancias teóricas no son inocentes. No creo que Milei o Sturzenegger sean tan ignorantes como para desconocer lo que se enseña en las primeras clases de cualquier curso de historia económica. En realidad, esos disparates pseudo-teóricos tienen por misión justificar al redoblado pillaje que la clase capitalista practica sobre la sociedad argentina. Sería ingenuo suponer que estamos en presencia de un debate en el terreno de las ideas. Octavio Paz advertía sobre la necesidad de distinguir las ideas -es decir, construcciones intelectuales finamente elaboradas y respaldadas por los datos de la experiencia- de las meras ocurrencias que podían surgir de la cabeza de un neófito o de un publicista al servicio de una causa impresentable. La destrucción del estado y la magia de los mercados son ocurrencias que justifican una política que favorece al gran capital y hunde en la miseria y la exclusión social a la gran mayoría de la sociedad.

/////




TRAGEDIAS DE UNA SOCIEDAD SIN ESTADO.

*****

Por. Atilio A. Borón.

Sociólogo. Dr. En Ciencias Sociales.

Fuente. Página /12 sábado 4 de enero del 2025.

Imagen: Redes sociales

El brutal experimento económico en que se encuentra inmersa la Argentina no sólo está empobreciendo aceleradamente al grueso de la población (aunque las amañadas cifras oficiales pretendan hacernos creer lo contrario) sino que también está obligando a muchas empresas a cerrar sus puertas, no sólo las más chicas, y desplomando el nivel de actividad en los sectores más intensivos de mano de obra, como la construcción, por ejemplo.

En su desenfreno ideológico el alucinado profeta que nos gobierna y sus aviesos consejeros se empeñan en destruir al Estado, justificando esta conducta recurriendo a las elucubraciones de algunos economistas que jamás fueron seriamente tomados en cuenta por gobierno alguno o los CEOs de las principales empresas para quienes los subsidios estatales, las exenciones impositivas y las compras de un vigoroso sector público (por ejemplo, armas) son la garantía de las superganancias de sus corporaciones y de sus fenomenales remuneraciones que se miden en decenas y hasta centenares de millones de dólares por año. La remuneración media de los CEOs de las 500 más grandes empresas según Standard and Poor fue de casi 18 millones de dólares por año, pero con un lote de privilegiados que se acerca a los 200 millones. Por eso sonríen condescendientes cuando escuchan a Milei decir que va a destruir al Estado, ese que precisamente les garantiza los réditos extraordinarios de sus empresas y los fabulosos salarios con que son remunerados sus directivos.



El extremo ideologismo del funcionariado mileísta es un dato novedoso aún en un país tan dado a las exageraciones como la Argentina.

“Soy el topo que destruye al Estado desde dentro” es una de esas frases del presidente que los manuales de historia económica incorporarán en su listado de las mayores aberraciones jamás enunciadas por un economista y a la vez jefe de Estado. En una entrevista concedida al sitio de noticias estadounidense The Free Press Milei abundó en detalles y dijo, textualmente, que “Es como estar infiltrado en las filas enemigas, la reforma del Estado la tiene que hacer alguien que odie el Estado y yo odio tanto al Estado que estoy dispuesto a soportar todo este tipo de mentiras, calumnias, injurias, tanto sobre mi persona como mis seres más queridos, que son mi hermana y mis perros y mis padres con tal de destruir al Estado”.

Frase inquietante, porque revela que lo que establece la política económica de este país no es una serena evaluación racional de las condiciones en que se desenvuelve la economía argentina sino un trauma psicológico del ocasional ocupante de la Casa Rosada: su visceral odio al Estado. Ni Margaret Thatcher ni Ronald Reagan llegaron a decir algo siquiera superficialmente semejante a lo de Milei.

Ambos eran políticos conservadores y se tomaban en serio la función de gobernar y sabían que el Estado era un instrumento esencial para apoyar a las empresas privadas, promover el crecimiento económico y garantizar la estabilidad del orden social. Milei, en cambio, es un iluminado que busca revivir un mundo que nunca existió: un capitalismo de mercados libérrimos y sin Estados que interfiriesen con sus regulaciones y disposiciones legales. Tal cosa sólo existe en su imaginación y la de alguno de sus prosélitos. La ignorancia que exhibe en este asunto es asombrosa. Alguien de su entorno debería recordarle al presidente que el gasto público en relación al PIB en los países del G-7 oscila entre el 42 % (Japón) y el 58 % (Francia). En Gabón, uno de los países más pobres de África, este guarismo es 23 % y en Burundi y Sudán del Sur la cifra es aún menor. Hacia allá nos conducen las políticas de Milei, no hacia aquellos paraísos a los que llegaríamos luego de trajinar por el tenebroso “valle de la transición” durante 35 o 40 años. Esta película, recordémoslo, ya la vimos durante el menemismo y sabemos cómo terminó.



Pero no es esa --la del topo-- la única frase que expresa la barbarie intelectual y política del actual elenco gobernante. El cruzado de la desregulación, Federico Sturzenegger, acuñó otra para la historia de los disparates cuando dijo que “para cada necesidad habrá un mercado.” Frase insanablemente errónea a la luz de la historia económica mundial y que sin embargo Milei calificó de “genial.” Además, aquel enunciado revela una inmoralidad imperdonable al convertir a las necesidades humanas -salud, educación, abrigo, bienestar- en mercancías que se deben transar en un mercado. Si Sturzenegger tuviera razón ¿por qué en esta cruel Argentina anarco-capitalista no se constituyó un mercado para proveer de medicamentos oncológicos a las decenas de personas que fallecieron por esa causa? ¿Y por qué si el gobierno redujo drásticamente la distribución de medicamentos gratuitos los laboratorios farmacéuticos lejos de competir en el mercado se confabulan para aumentar sus precios?, como Adam Smith ya lo advirtiera en La Riqueza de las Naciones.

Es obvio que estas extravagancias teóricas no son inocentes. No creo que Milei o Sturzenegger sean tan ignorantes como para desconocer lo que se enseña en las primeras clases de cualquier curso de historia económica. En realidad, esos disparates pseudo-teóricos tienen por misión justificar al redoblado pillaje que la clase capitalista practica sobre la sociedad argentina. Sería ingenuo suponer que estamos en presencia de un debate en el terreno de las ideas. Octavio Paz advertía sobre la necesidad de distinguir las ideas -es decir, construcciones intelectuales finamente elaboradas y respaldadas por los datos de la experiencia- de las meras ocurrencias que podían surgir de la cabeza de un neófito o de un publicista al servicio de una causa impresentable. La destrucción del estado y la magia de los mercados son ocurrencias que justifican una política que favorece al gran capital y hunde en la miseria y la exclusión social a la gran mayoría de la sociedad.

El Estado que alegre e irresponsablemente destruye Milei a contrapelo de la realidad de los capitalismos desarrollados es el que desafía una orden judicial girada al Ministerio del Capital Humano, para que entregue los alimentos que obran en su poder a comedores y merenderos populares. Crueldad ante los flagelos de la pobreza e irresponsabilidad mayúscula del gobierno porque allí donde el Estado se retira, destruido por el topo vengador, aparece el narco para ofrecer lo que las autoridades se empeñan en retener. Este fenómeno ya es perceptible en algunas villas dentro de la misma ciudad de Buenos Aires y en el conurbano bonaerense, con lo cual la situación social de esos sectores se agrava porque no sólo habrá que combatir a la pobreza sino también desalojar al narco.



Expresiones como las ya mencionadas son coartadas que pretenden disimular el carácter ferozmente antipopular, inclusive racista, del proyecto del capital más concentrado de este país y de sus socios extranjeros que ha puesto en marcha el gobierno de La Libertad Avanza. Pérfidas consignas de una batalla cultural encaminada a crear las condiciones para la instauración del darwinismo social de mercado”, que consagra la supervivencia de los más aptos y la sumisión de los pobres y vulnerables, desarmados ideológicamente por los medios de comunicación y las redes sociales que maneja el gran capital y sus representantes en el gobierno. Los ganadores en el desigual combate que se libra cuando el Estado abdica de su función arbitral nunca son los mejores, los más buenos, patriotas y virtuosos sino los que están dispuestos a cometer cualquier crimen o incurrir en cualquier delito con tal de “aumentar el tamaño de sus bolsillos”, cosa que se ha propuesto el régimen de Milei según su propia confesión. 

*****

sábado, 4 de enero de 2025

LOS MOVIMIENTOS ECOLOGISTAS, LA «ECONOMÍA VERDE» Y EL COLONIALISMO. Posibles soluciones.

 &&&&&

“El colonialismo.  Los países del primer mundo son del primer mundo porque son colonialistas, espoliadores y extractivistas del tercer y cuarto mundo. Y gracias a este expolio una minoría de los habitantes del primer mundo pueden estar colmados de lujo y de pseudonecesidades, es decir, puede practicar el consumismo (consumir cosas innecesarias) contaminador de suelo aire y agua y agotador de los recursos no renovables. Dicho de otra manera, con el colonialismo consumista abandonamos el consumo de cosas estrictamente necesarias (como hace la naturaleza) para sumergirnos en el consumismo de lo que es innecesario, en la obsolescencia programada y en el usar y tirar, todos cursan con arrojo de ingentes cantidades de residuos y la generación de multitud de GEIS. En la naturaleza existe solo el consumosolo consume lo estrictamente necesario. A la naturaleza no le da por practicar el consumismo de pseudo necesidades.

“Las ansias por el consumismo automáticamente generan (para abastecer de pseudonecesidades) el productivismo o producción de productos innecesarios. Y este productivismo está directamente relacionado con la aceleración del neocolonialismo que, además de esquilmar recursos, produce gran cantidad de GEIS que ocasionan una gran contaminación global, y la aparición de efecto invernadero cuyo resultado es el ya más que evidente calentamiento global y cambio climático. Por todo esto está siendo muy necesario y urgente terminar con el consumismo y el neocolonialismo.

/////




LOS MOVIMIENTOS ECOLOGISTAS, LA «ECONOMÍA VERDE» Y EL COLONIALISMO.

Posibles soluciones.

*****

Por Julio García Camarero | 04/01/2025 | Ecología social

 

Fuentes. Revista Rebelión, sábado 4 de enero del 2025-

Fuentes: Rebelión

Existe gran diversidad de movimientos ecologistas. Muchos se encuadran en el vegetarianismo, otros sí admiten la alimentación con carne y la ganadería ecológica. Entre ellos cabe citar Ecologistas en Acción, Defensores de la tierra, La alimentación regenerativa, etc.

Pero solo algunos se salvan de terminar absorbidos por el neoliberalismo global que, con el extremado comercialismo que son la «economía verde» y el «comercio verde», terminan convirtiéndose en un meganegocio, porque hoy el marchamo “eco” tiene cada vez más clientela, a la que se engaña haciéndole pensar que disfruta productos verdaderamente ecológicos, pero que no es exactamente así.



La economía verde

Y este engaño ya viene de lejos. En el año 2012, con estas tergiversaciones de la “economía verde” y el “comercio verde”, en la Cumbre de Rio+20, (o Cumbre de la Tierra) se intentó dar la vuelta al planteamiento histórico de lo que 20 años antes fue una propuesta de salvar la Tierra [1]. Esta distorsión transformadora de lo ecológico en un meganegocio, que sólo es ecológico en la superficie, nos lo muestran dos noticias aparecidas precisamente en vísperas de mencionada Cumbre:

-La UE y los EE. UU. acuerdan una nueva cooperación histórica entre ambos países sobre el comercio ecológico, comunicado en prensa.

Por este acuerdo (realizado en Núremberg, 15 de febrero de 2012) la UE y los EE. UU. anunciaron que, a partir del 1 de jun. de 2012, los productos ecológicos certificados en Europa o en los EE. UU., “para potenciar la economía verde”, podrán venderse como tales en el territorio del otro. El Gobierno español también se apuntó al negocio, pero no son tan ecológicos pues son de la engañosa “economía verde”.

Y es que este acuerdo es una farsa estafadora, porque no nos dicen de en las grandes superficies comerciales “ecológicas”, que en ellas sólo (o casi exclusivamente) se venden “productos ecológicos” de la falsa “economía verde” de las grandes multinacionales del primer mundo. Las características de la “economía verde” son muy nocivas para el medio ambiente y la auténtica agricultura ecológica y sus legítimos productores, pues comercian productos altamente subvencionados por los gobiernos del primer mundo (principalmente de EE. UU. y la UE), hecho que potencia un dumping que permite a estas grandes corporaciones bajar los precios agrícolas, y por ello hacen que se convierta en imposible la competencia a los pequeños agricultores del mundo, quienes son precisamente los que producen una auténtica agricultura ecológica, cuyos requisitos fundamentales son: que debe ser artesanal, cultivos con especies diversas simultáneas (policultivos), de ciclo cerrado de la materia orgánica (no uso de fertilizantes agrotóxicos) y de distribución local.

Y la agricultura de «economía verde» del Acuerdo de Núremberg es una producción intensiva en cuanto que utiliza técnicas y poca mano de obra. Ofrecen productos que en ningún caso respetan los esenciales principios de distribución y comercialización local; y, además. implica de forma ineludible el uso del avión o del barco, puesto que la distancia entre Europa y América es de más de 6.000 km., estos grandes desplazamientos benefician, y mucho, a las grandes multinacionales petrolíferas, cosa importante que de continuo suele pasar desapercibida, perola verdad es que ocasiona muchos GEIS generadores de efecto invernadero y calentamiento global. Así es de nociva la “economía verde” del neoliberalismo global.

Podíamos poner más ejemplos de este tipo de economía. Y ejemplos de una economía también muy degradadora como es la de las megaempresas de la 

Tal es el caso (a punto de aprobarse) del Acuerdo de Libre Comercio Entre la UE y el Mercosur, acuerdo que dañaría de muerte a la agricultura de pequeño y mediano campesino europeo y suramericano que generalmente es mucho menos degradadora del medio ambiento y con distribución generalmente mucho más local. Además, la agroindustria global de agricultura química produce total aniquilamiento de extensísimos ecosistemas y selvas de la Amazonia que se están sometiendo a un profundo y vertiginoso proceso de desertificación.



El movimiento de la alimentación regenerativa

Como dije, existen movimientos “eco” que sí que admiten la ganadería ecológica y la alimentación con carne. Entre ellos cabe mencionar al movimiento de La alimentación regenerativa.

La alimentación regenerativa tiene un enfoque, en mi opinión, acertado en cuanto que admite la ganadería ecológica, la cual ayuda a mantener cerrado el ciclo de la Materia Orgánica que está siendo abierto por las megaempresas de la agroindustria global de agricultura química, cuyos fertilizantes químicos agrotóxicos, derivados del petróleo, matan la microfauna que es indispensable para que se puedan descomponer y hacer asimilables por las raíces la materia orgánica de los residuos del suelo (hojas y animales muertos) propiciando así que se cierre el ciclo vital de la materia orgánica.

Pero siempre existe en todos los movimientos ecologistas el riesgo de ser absorbidos por la «economía verde» y «comercio verde» que se guía más por el rendimiento crematístico que por la protección del medio ambiente y que al final terminen formando parte del neoliberalismo global con su extremado comercialismo.

Y es posible que la alimentación regenerativa caiga también en este riesgo, y termine convirtiéndose en un meganegocio dentro de la “economía verde” y “comercio verde” y en trance de caer, al final, en la agricultura química. Hay que tener en cuenta que esta agricultura química está asesinando a los suelos vivos (con su microfauna viva), que en unos pocos lustros quedarán completamente estériles. En estos suelos muertos solo será posible una agricultura artificial que solo podrá ser mantenida por fertilizantes químicos (agrotóxicos) derivados del petróleo, pero cuando se terminen las reservas del petróleo (de las que ya solo quedan para tres o cuatro decenios) no podrán mantenerse vivos estos cultivos artificiales. Ello dará lugar a una desertificación repentina de extensos territorios que terminarán convertidos en una superficie de desiertos inmensos.


El colonialismo

Los países del primer mundo son del primer mundo porque son colonialistas, espoliadores y extractivistas del tercer y cuarto mundo. Y gracias a este expolio una minoría de los habitantes del primer mundo pueden estar colmados de lujo y de pseudonecesidades, es decir, puede practicar el consumismo (consumir cosas innecesarias) contaminador de suelo aire y agua y agotador de los recursos no renovables. Dicho de otra manera, con el colonialismo consumista abandonamos el consumo de cosas estrictamente necesarias (como hace la naturaleza) para sumergirnos en el consumismo de lo que es innecesario, en la obsolescencia programada y en el usar y tirar, todos cursan con arrojo de ingentes cantidades de residuos y la generación de multitud de GEIS. En la naturaleza existe solo el consumosolo consume lo estrictamente necesario. A la naturaleza no le da por practicar el consumismo de pseudo necesidades.

Las ansias por el consumismo automáticamente generan (para abastecer de pseudonecesidades) el productivismo o producción de productos innecesarios. Y este productivismo está directamente relacionado con la aceleración del neocolonialismo que, además de esquilmar recursos, produce gran cantidad de GEIS que ocasionan una gran contaminación global, y la aparición de efecto invernadero cuyo resultado es el ya más que evidente calentamiento global y cambio climático.

Por todo esto está siendo muy necesario y urgente terminar con el consumismo y el neocolonialismo.


Las "soluciones basadas en la naturaleza" son racistas, colonialistas y patriarcales. 

*****

Soluciones (utópicas, pero esperemos que no sean quiméricas)

Al menos se pueden considerar cinco soluciones como las más importantes:

– Terminar con el productivismo-consumismo y realizar sólo producción y consumo

– Terminar con el colonialismo expoliador extractivista y degradador de la biosfera.

Terminar con el obsesivo exceso de movilidad promovido por el comercio a gran distancia, propio de la economía global, el megaturismo con sus monstruosos cruceros, el turismo aéreo masivo a zonas tan remotas y absurdas cono la cúspide del Everest.

Terminar con la obsolescencia programada y el usar y tirar, que genera continua e intensa emisión ingentes cantidades de residuos tóxicos y contaminantes que suelen arrojarse al tercer y cuarto mundos y de gases de efecto invernadero (GEIS) que ocasionan el calentamiento global y el cambio climático.

-Sustituir urgentemente la toxica agricultura química-industrial por una agricultura ecológica, de ciclo cerrado y de sólo consumo cercano a los puntos de producción.

En resumen, si queremos sobrevivir a calentamiento global y al cambio climático deberemos de terminar con el crecimiento oligárquico global e ilimitado.

Gases de efecto invernadero (GEIS) generados por la agroindustriaque son causantes del calentamiento global y el cambio climático [2]

Entre el 44% y 57 % de todas las emisiones de GEIS provienen del sistema alimentario global

Deforestación: La agricultura industrial global accede a tierras fértiles para sus monocultivos deforestando enormes superficies de sabanas, humedales y bosques. Según la FAO, esta expansión de la frontera agrícola es responsable del 70-90 % de la deforestación mundial. En el proceso se queman árboles y la materia orgánica de las tierras que los sostienen, provocando, finalmente, entre el 15 % y 18 % de las emisiones de GEIS.

Procesos agrícolas: A consecuencia de los procesos agrícolas y del uso de derivados del petróleo (insumos industriales fertilizantes y plaguicidas químicos), para mover tractores y para la maquinaria de irrigación se originan la mayoría de las emisiones, de GEIS. También, la ganadería intensiva (las macrogranjas) produce importantes emisiones a causa del exceso de purines. En total, las emisiones por estos procesos agrícolas contribuyen entre un 11 % y 15 % al de las emisiones globales de GEIS.

Procesamiento y envasadoLa transformación de los alimentos en platos y bebidas listas para consumir requiere una enorme cantidad de energía que provoca gases de efecto invernadero y lo mismo ocurre con su envasado, y es responsable del 8-10 % del total de los gases que calientan nuestro Planeta.

Transporte: Una buena parte de nuestra comida viaja miles de kilómetros antes de llegar a nuestro plato. Según los cálculos de GRAIN este transporte de alimentos es responsable de una cuarta parte del total de emisiones que genera el transporte, lo que equivale a un 5.6 % del total de emisiones globales de GEIS.

Refrigeración y venta: Mantener los alimentos industriales refrigerados o congelados, y distribuirlos a través de las cadenas globales de supermercados, genera un total de entre el 2 % y el 4 % mundial de emisiones de GEIS.

*****