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"El militarismo japonés, otrora
ideología y sistema de Estado, subordinó la política, y la economía, la
cultura, la educación
y la vida de sus ciudadanos japoneses a los asuntos militares y
las guerras de agresión externa, infligiendo inmensas catástrofes
a los pueblos de Asia y del mundo. Con un Trump delirante a
la cabeza del Occidente colectivo China no puede saber si el Japón
contemporáneo está retrocediendo hacia el militarismo, no depende de si
se vuelve a izar la bandera del Sol Naciente para cubrir a Asia.
Puede que, impulsado por su patrón estadounidense, Japón esté
utilizando la maquinaria del Estado para movilizar a la sociedad
japonesa hacia la guerra.
"Este «neomilitarismo» prescinde de la retórica de la «Esfera de
Coprosperidad de la Gran Asia Oriental» y para despistar opta por un lenguaje
más moderado: en lugar de hablar de «expansión militar y preparativos
bélicos», habla de «fortalecer las capacidades de autodefensa»; en
vez de «proyectar poder militar en el extranjero», como antaño,
enfatiza la «alianza Japón-EE. UU.»; y en vez de referirse a «expansión
externa», cita la necesidad de «abordar amenazas comunes». Traduce
y reformula la lógica de movilización nacional de antes de la guerra,
adaptándola a un lenguaje compatible con el sistema de posguerra,
aunque impulsa gradualmente su agenda bélica.
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CHINA TOMA MEDIDAS CONTRA LA LOCURA MILITARISTA DE TRUMP.
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Por Umberto Mazzei | 03/07/2026 | Economía.
Fuente. Revista rebelión domingo 5 de
julio del 2026.
Fuentes: Rebelión+}
Trump se ha convertido en un loco
peligroso. Ahora se proclamó el mayor guerrero de todos los tiempos: Más
grande que Genghis-Khan y que Alejandro Magno. Luego dijo que su
poder no tenía límites. En realidad, no se sabe bien si Trump está loco
o borracho de poder. Pero no hay duda de que su militarismo es
peligroso.
Por ese motivo y por temor del
resurgir del militarismo japonés
que China padeció por 20 años, el pasado lunes China tomó
nuevas medidas. El Ministerio de Comercio incluyó a 20 entidades
japonesas, entre ellas el Instituto Nacional de Estudios de Defensa,
en la lista de control de exportaciones, y a otras 20, como MITSUI
E&S Co., Ltd., en una lista de vigilancia. Tras las listas
iniciales publicadas el 24 de febrero, esta segunda tanda de
designaciones busca frenar con firmeza las temerarias acciones del renaciente
«neomilitarismo» de Japón. Con esta medida, China pretende asegurar
que Japón pague un precio tangible por cualquier plan aventurero
que alimente este «neomilitarismo», haciendo que cada acto provocador
sea sumamente doloroso y, en última instancia, contraproducente.
China mantiene su firme compromiso de salvaguardar su
propia seguridad, así como la paz y la estabilidad regionales y cuenta
con la capacidad suficiente para hacerlo.
A diferencia de la ronda inicial de controles dirigida al sector manufacturero,
esta última medida se centra en los institutos de investigación militar
y las empresas de apoyo clave, apuntando de hecho al «cerebro» de
todo el complejo industrial de defensa de Japón, para frenar la
modernización del armamento ofensivo desde su origen: el diseño, la I+D
y la evolución tecnológica. Si la publicación de la primera lista
sirvió como advertencia inicial, esta última medida indica que China
puede, dependiendo de las acciones posteriores de Japón, añadir más
entidades vinculadas al sector militar a la lista en cualquier
momento, estableciendo así un mecanismo de control sostenible a largo
plazo. Japón debería anticiparse a esto.
Según informes de los medios
japoneses, las exportaciones a Japón
de materiales clave para imanes de alto rendimiento, como el disprosio
y el terbio, se han reducido a cero, y el suministro de productos
relacionados con el tungsteno también se ha visto interrumpido. Las
instituciones japonesas han estimado que, si se interrumpieran las importaciones
de tierras raras procedentes de China durante un año, sumado a las restricciones
sobre los componentes, el PIB real de Japón podría contraerse
aproximadamente un 1,3% o alrededor de 7 billones de yenes (43.000
millones de dólares). Estas cifras demuestran la profunda dependencia de
los sectores de defensa y manufactura de alta tecnología de Japón
respecto a las cadenas de suministro chinas.
Al haber convertido esta dependencia en una «amenaza para la seguridad proveniente de China», Japón no puede esperar que China continúe suministrando provisiones incondicionalmente. China no puede ni permitirá que sus recursos y su mercado alimenten una maquinaria militar que socave su propia seguridad soberana.
China ha jugado sus cartas
abiertamente. El
objetivo de ambas rondas de medidas de control de exportaciones
es el mismo: frenar la «remilitarización» de Japón y sus ambiciones de
adquirir capacidades nucleares. Cuando China jugó esta carta por
primera vez en febrero, claramente tocó una fibra sensible en Japón.
Japón en lugar de rectificar, el Gobierno de Sanae Takaichi
ha redoblado la apuesta, intensificando su impulso hacia el «neomilitarismo»
y acelerando la «remilitarización» mediante el despliegue de armas
ofensivas y el lanzamiento de misiles ofensivos más allá de sus
fronteras.
Mientras tanto, en el ámbito
internacional, Japón ha explotado los foros multilaterales para
distorsionar la verdad y fabricar una narrativa falsa de ser «coaccionado
por China», intentando sumar a las naciones occidentales a su causa
y promoviendo agresivamente la creación de cadenas de suministro que
excluyan a China. La relación de causa y efecto entre las
acciones de Japón y las contramedidas de China es evidente.
El militarismo japonés, otrora ideología y sistema de Estado, subordinó la política, y la economía, la cultura, la educación y la vida de sus ciudadanos japoneses a los asuntos militares y las guerras de agresión externa, infligiendo inmensas catástrofes a los pueblos de Asia y del mundo. Con un Trump delirante a la cabeza del Occidente colectivo China no puede saber si el Japón contemporáneo está retrocediendo hacia el militarismo, no depende de si se vuelve a izar la bandera del Sol Naciente para cubrir a Asia. Puede que, impulsado por su patrón estadounidense, Japón esté utilizando la maquinaria del Estado para movilizar a la sociedad japonesa hacia la guerra.
Este «neomilitarismo» prescinde de la retórica de la «Esfera de
Coprosperidad de la Gran Asia Oriental» y para despistar opta por un lenguaje
más moderado: en lugar de hablar de «expansión militar y preparativos
bélicos», habla de «fortalecer las capacidades de autodefensa»; en
vez de «proyectar poder militar en el extranjero», como antaño,
enfatiza la «alianza Japón-EE. UU.»; y en vez de referirse a «expansión
externa», cita la necesidad de «abordar amenazas comunes». Traduce
y reformula la lógica de movilización nacional de antes de la guerra,
adaptándola a un lenguaje compatible con el sistema de posguerra,
aunque impulsa gradualmente su agenda bélica.
Esto es precisamente lo que hace que el «neomilitarismo»
estadounidense o japonés sea tan peligroso. Su camino oculto,
sistemático y normalizado hacia la expansión militar no solo es más
engañoso, sino también más destructivo. A diferencia del militarismo
manifiesto del pasado, el actual rearme militar de Japón avanza
mediante mecanismos integrales e institucionalizados en múltiples ámbitos.
En este contexto, es particularmente importante
recordar a los países indecisos que ningún país o bloque que socave
la soberanía, la seguridad o los intereses de desarrollo de China debe
esperar que China asuma sola las consecuencias sin sufrir daños. Japón
no es una excepción, sino un claro ejemplo y conviene recordarle que así
como EEUU no está dispuesto a permitir que Irán se convierta
en potencia nuclear porque es vecino de su aliado sionista, China nunca
permitirá que Japón se convierta en una potencia nuclear militarista.
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