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"La causa de consecuencias también las tuvo presentes. Le siguieron los dañinos pormenores del desamparo familiar, sus muertos y desheredados que se cuentan por miles. Hizo hincapié en las ausentes normas constructivas para prevenir desastres, como las actuales del México poster remotos. Describió la incapaz infraestructura física y organizativa (hospitales, rescatistas y otros medios) para atender tan urgentes y vastas necesidades. Lo que nunca mencionó fue lo causado por el bloqueo estadunidense (y occidental) arriba descrito en parte. Una revisión de la prensa y radiotelevisiva arroja similar panorama.
"Toda falta de prevención y auxilio reparador se debe a la incapacidad gubernamental de Maduro y secuaces. Trump jamás reconocerá que tiene buena tajada de culpa por su avidez de negocio, pulsiones geopolíticas y garra de pirata incautado de todo bien venezolano posible. El gobierno impuesto por su designio sólo podrá moverse en la acotada y entreguista dirección ordenada por sus vigilantes. Él es el dueño de la nación y su petróleo. Así lo ha declarado repetidamente. Pero, la derecha interna e internacional, obviará, con sus múltiples medios, toda responsabilidad. Saldrán no sólo impunes, sino serán los implacables jueces de esta terrible y dolorosa historia. El recuento completo sólo aparecerá en este diario.
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Los daños de los terremotos simultáneos en Venezuela son inmensos e inmerecidos. Pero los recursos, de variada clase, indispensables para atenderlos y recuperarse de tan grotesco mal, son sumamente escasos. Foto Ap.
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CINISMO IMPERIAL.
“EL IMPERIO CONTRA VENEZUELA”.
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Por Luis Linares Valdez.
Fuente. Diario La Jornada, Ciudad de
México miércoles 1 de julio del 2026.
Los
daños de los terremotos simultáneos en Venezuela son inmensos e inmerecidos.
Pero los recursos, de variada clase, indispensables para atenderlos y
recuperarse de tan grotesco mal, son sumamente escasos. La pronunciada escasez
viene de lejos, aunque buena parte surge del truculento presente también.
Codiciosas miradas de una inclemente superpotencia mundial han sido, al mismo
tiempo, altivas, insensibles y arrogantemente interesadas en desterrar la
creciente influencia china.
No
se puede ignorar, tampoco, el dañino influjo de la corrupción que emana del
piratesco talente estadunidense, mezclado con la irreflexiva ambición interna
de la élite local. La pasión central, sin contemplación que valga una reflexión
de sano propósito por este ahorcado país, ahora en honda desgracia, era y aún
es, la pretensión de apropiarse de sus recursos mineros. Un caudal inmenso de
petróleo crudo corre en las entrañas de Venezuela. Se empareja con otros muchos
minerales de gran valor. Nadie, ningún país, se hace merecedor de esta bíblica
plaga que le cayó de repente.
Parte
en la forma de furia natural, acompasada por la dura mano que maneja hilos de
poder a escala mundial. Ni siquiera en los días del independentismo chavista
pudieron los venezolanos manejar, con soberana actitud, sus enormes recursos.
La oposición interna al legendario personaje fue una actividad continua, feroz
y ávida. La peculiar manera de enfrentar los muchos problemas del país que los
apretaban, desde una izquierda, esbozada como nacionalista, tuvo campo propicio
para su desenvoltura.
De
inmediato, la pesada y poderosa garra imperial se opuso y dio inicio al periodo
de duras restricciones impuestas. Medidas que fueron cercando las posibilidades
de utilizar sus propios recursos y nacientes capacidades para beneficio
popular. Un largo periodo, de indebidas apropiaciones entreguistas, presidieron
la tentativa del presidente Chávez al intentar gobernar su país. La misma
adopción de políticas democráticas nacionalistas fue motivo de dura oposición
interna e internacional.
Un
serrano grupo de líderes internos, de escasa monta, inauguró un periodo de
rebeliones y golpes de Estado que trataron de obstaculizar cualquier avance. Y
así, con ese telón de fondo, se actuó durante el periodo en que gobernó el
rebelde militar. Sus sucesores recibieron, de facto, una nación asediada en sus
variados frentes.
El
gobierno del presidente Maduro nunca pudo ejercer funciones de manera, digamos,
un tanto, libre. Nunca tuvo acceso a sus reservas externas, las incautó el
Banco de Inglaterra donde estaban depositadas. Tampoco pudo operar la empresa
venezolana (Citgo) vendedora de 10 por ciento de la gasolina en Estados Unidos.
Fue incautada por arbitraria decisión de Trump. Es una valiosa empresa que han
tratado de subastar y trasladarla a socios y amigos del magnate.
La criticada capacidad estadunidense para imponer sanciones financieras dejó a Venezuela sin poder negociar bien externo alguno. Fueran estos alimentos o partes de repuesto para la industria petrolera. Más de 500 sanciones se impusieron al gobierno, ahora bajo Maduro, sucesor de Chávez por voto popular. En estos días, posteriores a los terremotos y la tragedia humana concomitante, la narración del enviado de Televisa de la tragedia fue notable en varios aspectos.
Describió
puntualmente la terrible destrucción habida. La causa de consecuencias también
las tuvo presentes. Le siguieron los dañinos pormenores del desamparo familiar,
sus muertos y desheredados que se cuentan por miles. Hizo hincapié en las
ausentes normas constructivas para prevenir desastres, como las actuales del
México poster remotos.
Describió
la incapaz infraestructura física y organizativa (hospitales, rescatistas y
otros medios) para atender tan urgentes y vastas necesidades. Lo que nunca
mencionó fue lo causado por el bloqueo estadunidense (y occidental) arriba
descrito en parte. Una revisión de la prensa y radiotelevisiva arroja similar
panorama.
Toda
falta de prevención y auxilio reparador se debe a la incapacidad gubernamental
de Maduro y secuaces. Trump jamás reconocerá que tiene buena tajada de culpa
por su avidez de negocio, pulsiones geopolíticas y garra de pirata incautado de
todo bien venezolano posible. El gobierno impuesto por su designio sólo podrá
moverse en la acotada y entreguista dirección ordenada por sus
vigilantes.
Él
es el dueño de la nación y su petróleo. Así lo ha declarado repetidamente.
Pero, la derecha interna e internacional, obviará, con sus múltiples medios,
toda responsabilidad. Saldrán no sólo impunes, sino serán los implacables
jueces de esta terrible y dolorosa historia. El recuento completo sólo
aparecerá en este diario.
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