domingo, 26 de septiembre de 2021

EL VIRUS DEL HAMBRE: MARCA Y SELLO CAPITALISTA.

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Desigualdad que es consecuencia, o mejor dicho, que es específica y característica del sistema económico, social y político que predomina. Insistimos en recordar, sobre todo a aquellos que repiten el discurso del supuesto éxito del capitalismo versus el supuesto fracaso del socialismo que, el 98% de los 195 países reconocidos por la ONU son capitalistas, así que, el hambre en el mundo tiene sello y marca capitalista.

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EL VIRUS DEL HAMBRE: MARCA Y SELLO CAPITALISTA

El problema del hambre en el mundo no es por la falta de alimentos, es por la desigual distribución que se origina en el propio proceso social de la producción

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Por Pascualina Curcio |25/09/2021 | Opinión.

Fuente ALAINET domingo 26 de setiembre del 2021.

 

Durante los 10 minutos que aproximadamente le tomará leer este artículo, habrán muerto de hambre 110 personas en el mundo, lo que equivale a 15.840 seres humanos diariamente, o casi 6 millones al año según estimaciones de OXFAM. Imagine ir a la cama en las noches sin tener nada qué comer. Imagine la angustia de una madre o un padre al no poder alimentar a sus hijos. Piense en el dolor, y más aún, en la impotencia que causa saber que un niño murió de hambre.

Según el reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) titulado “El estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2021”, en el 2020, el 30% de la población mundial, alrededor de 2.300 millones de personas, no tuvo acceso a una alimentación adecuada. Se lee también en el informe que el 12% de la población mundial, 928 millones de personas, padeció inseguridad alimentaria grave durante el año de pandemia, 148 millones más que en 2019.

La situación del hambre en el mundo es aún más indignante por el hecho de que, mientras 2.300 millones de personas no tuvieron acceso a una alimentación adecuada y 6 millones murieron por no tener qué comer durante el 2020, se desperdiciaron 2.500 millones de toneladas de alimentos que fueron a parar al basurero, nada más y nada menos que el 40% de la producción mundial de alimentos (informe del Fondo Mundial para la Naturaleza). De estos 2.500 millones de toneladas, 1.200 millones, equivalentes a US$ 370 mil millones, se desperdiciaron en la fase de producción agrícola. El resto de la comida, es decir, 1300 millones de toneladas, se botó en los hogares (61%), en los servicios de alimentos o restaurantes (26%) y en los comercios (13%). Según el mismo informe, el 58% del desperdicio de alimentos en la fase agrícola de producción ocurre en los países de ingresos altos y medios de Europa, en América del Norte y países industrializados, a pesar de que éstos cuentan con el 37% de la población mundial. En otras palabras, el desperdicio de alimentos en estos países y en términos per cápita, es mucho mayor.



Celsa Peiteado, responsable del programa de Alimentación Sostenible del Fondo Mundial para la Naturaleza dijo en julio 2021:

“los datos son alarmantes: se desperdicia suficiente comida como para alimentar a todo el mundo hasta el 2050. Podríamos alimentar a todas las personas que pasan hambre en el planeta más de siete veces”.

En 2016, la ONU dijo que se necesitarían US$ 267.000 millones cada año para acabar con el hambre en 2030. Paradójicamente, cada año se botan, solo en la fase agrícola, US$ 370 mil millones en comida. Por otra parte, también paradójicamente, en 2020, las 10 personas más ricas del mundo incrementaron su riqueza en US$ 413.000 millones (Forbes), o sea, tan solo 10 personas aumentaron su fortuna en casi el doble de lo que necesitan más de 2 mil millones de personas para no tener que ir a la cama sin comer o, pero aun morir de hambre.

De acuerdo con el reciente informe de OXFAM de julio de 2021, se estima que 11 personas mueren cada minuto a causa del hambre, lo que supera la actual tasa de mortalidad por Covid-19, que es de 7 personas por minuto. Afirman los de OXFAM:

“Lo que parecía una crisis global de salud pública ha derivado rápidamente en una grave crisis de hambre que ha puesto al descubierto la enorme desigualdad del mundo en que vivimos”.

Desigualdad que es consecuencia, o mejor dicho, que es específica y característica del sistema económico, social y político que predomina. Insistimos en recordar, sobre todo a aquellos que repiten el discurso del supuesto éxito del capitalismo versus el supuesto fracaso del socialismo que, el 98% de los 195 países reconocidos por la ONU son capitalistas, así que, el hambre en el mundo tiene sello y marca capitalista.

El problema del hambre en el mundo no es por la falta de alimentos, es por la desigual distribución que se origina en el propio proceso social de la producción basado en la explotación del trabajador, el cual genera pobreza y grandes limitaciones para el acceso a alimentos por parte de las grandes mayorías.

Junto a las grandes desigualdades mundiales que derivan en pobreza y miseria, los conflictos y las guerras también son una causa importante del hambre. Según el informe mundial sobre la crisis alimentaria 2021, alrededor de 100 millones de personas cayeron en una situación de crisis alimentaria como consecuencia de las guerras en 2020. En este mundo predominantemente capitalista en el que vivimos, el gasto militar aumentó 2,7% con respecto a 2019, equivalentes a US$ 51.000 millones, alcanzando los US$ 2 billones de gasto anual, esto a pesar de que en 2020 la producción mundial cayó 3,5% (son datos publicados en el reciente informe del Instituto para la Paz de Estocolmo de abril de 2021).




Los cinco países que más gastaron y que juntos representaron el 62% del gasto militar mundial, fueron Estados Unidos, China, India, Rusia y el Reino Unido. En promedio, el gasto militar a nivel mundial con respecto al PIB pasó de 2,2% en 2019 a 2,4% en 2020. En EEUU alcanzó un estimado de US$ 778 mil millones en 2020, aumentó 4,4% con respecto al 2019 a pesar de que su economía cayó 3,4% durante el mismo período. Casi todos los países que conforman la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) aumentaron su carga militar durante la pandemia.

Acabar con el hambre en el mundo no pasa por dar comida a los pobres tal como, de manera focalizada receta el neoliberalismo cuando recomienda identificar a los que se encuentran en pobreza extrema para llevarles algo de comer. Tampoco es un asunto de la famosa frase, muy capitalista por cierto, que dice: “no le des el pescado, enséñales a pescar” porque en realidad el problema no es que no sepan pescar, el pescador/trabajador sabe pescar/trabajar y lo hace bien, el problema es que, lo que pesca/el producto de su trabajo, se lo apropia el burgués en el momento en que no le retribuye completamente el valor de su fuerza de trabajo, y solo le entrega, en el mejor de los casos, lo mínimamente necesario para que pueda sobrevivir y reproducirse como clase trabajadora.

Acabar, de verdad, con el hambre pasa por erradicar la pobreza, lo cual requiere acabar con las grandes desigualdades que se originan en un modo de producción basado en la explotación. Para acabar con las desigualdades hay que cambiar el sistema capitalista, ese mismo que predomina en el mundo desde hace siglos y que algunos insisten en calificar de exitoso a pesar de los 2.300 millones de personas que no tienen suficiente comida y los 6 millones que mueren de hambre todos los años mientras la casi mitad de los alimentos que se producen en todo el mundo son echados al basurero.

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sábado, 25 de septiembre de 2021

DONDE LAS FLORES NO ENCUENTRAN LA PAZ SUFICIENTE PARA CRECER.

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“El BCP surgió en el contexto de una intensa resistencia popular al régimen racista del apartheid en Sudáfrica, resistencia que no se desmoralizó con la prohibición del Congreso Nacional Africano y el Congreso Panafricanista, sino que desembocó en la formación de la Organización de Estudiantes Sudafricanos (SASO) en 1968. La SASO estaba dirigida por Steve Biko (1946-1977), quien dio forma a la filosofía de la Conciencia Negra y quien fue asesinado en las brutales celdas del gobierno racista. Las ideas de Biko sobre la Conciencia Negra eran amplias. Tenía un profundo sentido de que había que afirmar la dignidad negra y desarrollar el liderazgo negro para establecer una verdadera igualdad en el futuro. A lxs sudafricanxs negrxs no se les podía regalar la libertad; tenían que aprovecharla, alimentarla y construirla.

“Biko definió la Conciencia Negra precisamente como una ideología que busca dar optimismo en la perspectiva del pueblo negro a sus problemas. Se basa en la idea de que el “odio a los blancos” es negativo, aunque comprensible, y conduce a métodos precipitados y disparados que pueden ser desastrosos tanto para los negros como para los blancos. Trata de canalizar las fuerzas reprimidas de las masas negras enfurecidas hacia una oposición significativa y direccional, basando toda su lucha en las realidades de la situación. Quiere asegurar una unidad de propósito en las mentes de los negros y hacer posible la implicación total de las masas en una lucha esencialmente suya.

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DONDE LAS FLORES NO ENCUENTRAN LA PAZ SUFICIENTE PARA CRECER.

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Steve Biko definió la Conciencia Negra como una ideología que busca dar optimismo al pueblo negro en la resolución de sus problemas.

 

Por Vijay Prashad | 24/09/2021 | Opinión.

 

Fuente. ALAI. Sábado 25 de setiembre del 2021.

 

El 13 de julio de 2021, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDHNU) adoptó una resolución histórica sobre la prevalencia del racismo y para la creación de un mecanismo independiente, formado por tres especialistas, que investigue la raíz del racismo y la intolerancia profundamente arraigados. El Grupo de Estados Africanos impulsó esta resolución, surgida de la indignación mundial por el asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis el 25 de mayo de 2020. Los debates en el CDHNU consideraron los problemas de la brutalidad policial y se remontaron a la formación de nuestro sistema moderno en el crisol de la esclavitud y el colonialismo. Algunos países occidentales —como Estados Unidos y Reino Unido— dudaron tanto en la evaluación del pasado como en la cuestión de las reparaciones; y lograron eliminar la exigencia de investigar el racismo sistemático en las fuerzas policiales estadounidenses.

El reconocimiento de la enormidad del coste de la esclavitud y el colonialismo es una exigencia básica de la mayoría de la población mundial. Los cálculos de estos costos oscilan entre los 777 billones de dólares por la trata transatlántica de personas esclavizadas y los 45 billones por el colonialismo británico en la India. Se trata de cálculos parciales, pero de todas formas son formidables. El coste total de las 191.900 toneladas de oro que se han extraído a un coste actual de 46,5 millones de dólares por tonelada es de solo 9 billones de dólares, mucho menos que la factura total de la esclavitud y el colonialismo. No es de extrañar que pocos gobiernos estén dispuestos a considerar la cuestión de las reparaciones para los y las supervivientes de la esclavitud y el colonialismo. Sin embargo, demasiado a menudo se oculta de cualquier debate significativo sobre las reparaciones el hecho de que los regímenes coloniales recibieron sumas masivas para compensar la pérdida de su fuente de ingresos. Se calcula que los propietarios franceses de personas esclavizadas en Haití cobraron 28.000 millones de dólares del gobierno revolucionario haitiano, una suma que no se pagó hasta 1947, para compensarles por los bienes —es decir, los seres humanos— recuperados durante la Revolución. Del mismo modo, Gran Bretaña pagó a los propietarios ingleses de seres humanos enormes sumas de dinero tras la Ley de Abolición de la Esclavitud de 1833; según el Tesoro, la finalización de estos pagos por parte de lxs contribuyentes británicxs se realizó en 2015.


La negación de la humanidad a más de la mitad de la población mundial sigue formando parte del amplio marco de nuestro sistema mundial. Incluso ahora, en 2021, la vida de un civil afgano se considera mucho menos valiosa que la de un soldado estadounidense. Cuando 20.000 o más personas murieron por la explosión de una fábrica de propiedad estadounidense en Bhopal (India) en 1984, H. Michael Utidjian, director médico de American Cyanamid, expresó su dolor pero pidió que se pusiera en contexto. ¿Cuál es el contexto? “Los indios”, dijo, no tienen la “filosofía norteamericana de la importancia de la vida humana”. Para Utidjian y tantos otros, sus vidas son desechables, tan desechables como las vidas de los 1,6 millones de africanos y africanas que mueren anualmente de enfermedades prevenibles del tracto respiratorio inferior y de diarrea.

Casi todas las muertes por diarrea se deben a la falta de higiene y saneamiento, así como al agua no potable, problemas que pueden solucionarse con la creación de mejores infraestructuras. Seis países muy poblados —Congo, Gambia, Ghana, Kenia, Sierra Leona y Zambia— gastan más en el servicio de la deuda externa que en sanidad y educación juntas. Esta es una prueba más del desprecio por los pueblos que lucharon para acabar con el colonialismo, pero que siguen siendo vistos por los poderosos —a pesar de su liberalismo superficial— como inferiores y más débiles.

Una de las razones por las que la oficina de Johannesburgo (Sudáfrica) del Instituto Tricontinental de Investigación Social ha invertido una gran cantidad de energía en la excavación de las historias de lucha, es para dejar constancia de la lucha por la libertad liderada por las personas negras en el sur de África. Han retrocedido en el tiempo para contarnos la historia del Sindicato de Trabajadores Industriales y Comerciales (ICU por sigla en inglés) de 1919 a 1931, antecesor del movimiento sindical moderno en Sudáfrica (dossier nº 20, septiembre de 2019). Nos han hablado de la evolución de la política sudafricana contemporánea (dossier nº 31, agosto de 2020) y del movimiento contemporáneo de residentes de barracas —Abahlali baseMjondolo— y de su dominio en el imaginario de los pobres del país (dossier nº 11, diciembre de 2018). Estos documentos han sido acompañados por dossiers sobre el impacto de poderosos teóricos sociales de las insurgencias africanas y las pedagogías de los pobres ofrecidas a través de la obra de Frantz Fanon (dossier nº 26, marzo de 2020) y Paulo Freire (dossier nº 34, noviembre de 2020), cuyo centenario celebramos este año. Cada uno de estos textos trabaja para construir un archivo de la lucha negra contra los regímenes del odio.



El dossier nº 44 (septiembre de 2021) se titula Programas de la Comunidad Negra: La manifestación práctica de la filosofía de la conciencia negra. Estos Programas de la Comunidad Negra (BCP) funcionaron de 1972 a 1977, y fueron fundados y dirigidos por sudafricanxs negrxs para promover la causa de la comunidad negra. Todos y cada uno de ellos fue clausurado por el régimen del apartheid. El BCP incluía proyectos de bienestar comunitario, arte negro, teología negra y educación descolonizada. Un área clave del BCP era el desarrollo de la salud de los sudafricanos negros, conscientemente descuidada por la sociedad. Proyectos como el Centro de Salud Comunitaria Zanempilo (Cabo Oriental) y Solempilo (Durban, KZN) llevaban los objetivos reflejados en sus nombres: zanempilo significa ‘el que trae la salud’ y solempilo significa ‘ojo de la salud’. Ambos fueron clausurados por el régimen del apartheid cuando prohibió todos los grupos de Conciencia Negra en octubre de 1977.

El BCP surgió en el contexto de una intensa resistencia popular al régimen racista del apartheid en Sudáfrica, resistencia que no se desmoralizó con la prohibición del Congreso Nacional Africano y el Congreso Panafricanista, sino que desembocó en la formación de la Organización de Estudiantes Sudafricanos (SASO) en 1968. La SASO estaba dirigida por Steve Biko (1946-1977), quien dio forma a la filosofía de la Conciencia Negra y quien fue asesinado en las brutales celdas del gobierno racista. Las ideas de Biko sobre la Conciencia Negra eran amplias. Tenía un profundo sentido de que había que afirmar la dignidad negra y desarrollar el liderazgo negro para establecer una verdadera igualdad en el futuro. A lxs sudafricanxs negrxs no se les podía regalar la libertad; tenían que aprovecharla, alimentarla y construirla.

Biko definió la Conciencia Negra precisamente como una ideología que busca dar optimismo en la perspectiva del pueblo negro a sus problemas. Se basa en la idea de que el “odio a los blancos” es negativo, aunque comprensible, y conduce a métodos precipitados y disparados que pueden ser desastrosos tanto para los negros como para los blancos. Trata de canalizar las fuerzas reprimidas de las masas negras enfurecidas hacia una oposición significativa y direccional, basando toda su lucha en las realidades de la situación. Quiere asegurar una unidad de propósito en las mentes de los negros y hacer posible la implicación total de las masas en una lucha esencialmente suya.

No se trata de un afropesimismo ni de una fútil desesperación de lxs afrodescendientes, ni de una declaración de separatismo negro. Se trata más bien de la síntesis más profunda de una política de la dignidad humana y de una política del socialismo.

En 2006, el periodista Niren Tolsi habló con el poeta Mafika Pascal Gwala (1946-2014) y le preguntó por el significado de la Conciencia Negra en su vida. “No tomamos la Conciencia Negra como una especie de Biblia”, dijo Gwala a Tolsi. “Solo era una tendencia, que era necesaria porque significaba aportar lo que la oposición blanca [al apartheid] no podía aportar a la lucha. La Conciencia Negra aportó mucho a la lucha”. El movimiento de la Conciencia Negra —junto con el comunismo sudafricano (como se documenta en el nuevo y monumental libro de Tom Lodge, Red Road to Freedom, 2021) y el movimiento sindical que surgió de las huelgas de Durban en 1973— ciertamente incorporó a las masas a la lucha contra el apartheid de una manera que la oposición blanca no pudo; pero también aportó la sensibilidad de la valía, de ser digno de la vida humana, de hacer de la lucha por la libertad algo preciso y valioso para la dignidad de la existencia y no una abstracción.

Esa búsqueda de la dignidad define la poesía de Gwala, cuyos poemas de Soweto bullen de deseos de libertad:



Nuestra historia se escribirá

en las puertas de las fábricas

en las oficinas de desempleo en las colas chamuscadas de bocas moribundas

Nuestra historia será nuestras alegrías nuestras penas

nuestras angustias garabateadas en sucios baños de tercera clase

Nuestra historia serán las figuras distorsionadas y los eslóganes amargos

que decoran los muros de nuestros guetos donde las flores no encuentran paz suficiente para crecer.

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viernes, 24 de septiembre de 2021

CASI DOS MILLONES DE PERSONAS MUEREN CADA AÑO POR CAUSAS LABORALES.

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"La globalización ha globalizado los riesgos a la salud . El tema que trata el Informe de la OIT/ OMS en realidad no es nuevo, pero requiere sin duda de una profunda reflexión sobre la situación de salud de los trabajadores, así como de las características que adquiere su cuidado dentro del contexto de un mundo globalizado.   Partiendo de las conclusiones del propio informe y su reflexión sobre la sociedad del riesgo, queda claro que el mundo actual se caracteriza por la proliferación de riesgos sociales, políticos, ecológicos, económicos que tienden cada vez más a escapar del monitoreo y protección de las instituciones creadas para ello. Estas mismas instituciones, en cierta forma, se constituyen en las productoras y legitimadoras de los peligros que no pueden controlar.   

"Por eso, para analizar este tema, se debe iniciar con una discusión de los principales conceptos de globalización y sociedad del riesgo, para pasar en un segundo momento y bajo la perspectiva conceptual definida, a un panorama estadístico de la salud de los trabajadores a nivel mundial, enfatizando la inequidad existente entre el mundo considerado desarrollado y el de los países pobres o en vías de desarrollo.   Además, se hace imprescindible discutir acerca de los sistemas de salud y su incapacidad de dar respuesta eficiente a los problemas de salud de los trabajadores, para finalmente, reflexionar en torno a la necesidad de replantear las estrategias de abordaje y de acción para contribuir a mejorar el estado de salud de los trabajadores y sus familias, poniendo en el centro el rescate de lo humano.  

"Y quedan varias interrogantes: ¿Cuál es el papel del Estado en una situación como ésta? ¿Cuál la posición de la medicina social? ¿Cuáles las posibles soluciones a la crisis civilizatoria actual?  Los riesgos a la salud de la especie humana hace ya mucho tiempo que no encuentran una respuesta ético-política, sino técnico-económica.  Es decir, en vez de que los gobiernos del mundo y la OMS se aboquen a crear sistemas únicos de salud que garanticen el acceso universal de la población mundial a la misma, o de destruir y privatizar los restos de los sistemas públicos de salud favoreciendo de esta manera el dominio aplastante de las grandes empresas farmacéuticas y aseguradoras privadas que han hecho de la vida y la muerte, de la salud y la enfermedad, un negocio más que rentable".  

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CASI DOS MILLONES DE PERSONAS MUEREN CADA AÑO POR CAUSAS LABORALES.

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El mundo capitalista en crisis ha puesto a la mayor parte de la clase trabajadora en un nivel de vulnerabilidad y explotación similar al existente en el último cuarto del siglo XIX.

Eduardo Camín |23/09/2021 | Opinión.

Fuente. ALAI viernes 24 de setiembre del 2021.

Las enfermedades y los traumatismos relacionados con el trabajo provocaron la muerte de 1,9 millones de personas en 2016, según las estimaciones conjuntas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT): la mayoría de las muertes se debieron a enfermedades respiratorias y cardiovasculares. 

Mientras, el estudio sobre enfermedades y lesiones en el lugar de trabajo pone de manifiesto el nivel de muertes prematuras evitables debidas a la exposición a riesgos sanitarios relacionados con el trabajo. 

Las enfermedades no transmisibles representaron el 81% de las muertes. Las principales causas fueron la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (450 mil muertes); el accidente cerebrovascular (400 mil decesos) y la cardiopatía isquémica (350 mil muertes). Los traumatismos ocupacionales causaron el 19% de las muertes (360 mil). 
En el estudio se tienen en cuenta 19 factores de riesgo ocupacional, como largas jornadas laborales y la exposición en el lugar de trabajo a la contaminación del aire, a amáguenos, a sustancias carcinógenas, a riesgos ergonómicos y al ruido.  

El riesgo principal fue la exposición a largas jornadas laborales, que estuvo vinculada a unas 750 mil muertes, mientras que la exposición en el lugar de trabajo a la contaminación del aire (partículas en suspensión, gases y humos) provocó 450 000 muertes. 

"Es chocante ver cómo tantas personas mueren literalmente a causa de su trabajo," dijo el Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS. "Nuestro informe es una llamada de atención a los países y las empresas para que mejoren y protejan la salud y la seguridad de los trabajadores cumpliendo sus compromisos de proporcionar una cobertura universal de servicios de salud y seguridad en el trabajo", añadió.  

En el informe se advierte de que las enfermedades y los traumatismos relacionados con el trabajo sobrecargan los sistemas de salud, reducen la productividad y pueden tener un impacto catastrófico en los ingresos de los hogares. 

A nivel mundial, las muertes relacionadas con el trabajo por población se redujeron en un 14% entre 2000 y 2016. Según el informe, esto puede deberse a la introducción de mejoras en materia de salud y seguridad en el lugar de trabajo. Sin embargo, las muertes por cardiopatías y accidentes cerebrovasculares asociados a la exposición a largas jornadas laborales aumentaron un 41% y un 19% respectivamente, una tendencia creciente respecto de este factor de riesgo ocupacional relativamente nuevo y psicosocial. 

Este primer informe de seguimiento mundial conjunto de la OMS y la OIT permitirá a los responsables de la formulación de políticas hacer un seguimiento de las pérdidas de salud relacionadas con el trabajo a nivel nacional, regional y mundial; y centrar más el alcance, la planificación, el cálculo de costos, la aplicación y la evaluación de las intervenciones adecuadas para mejorar la salud de la población trabajadora y la equidad sanitaria.   

El informe muestra que se necesitan más medidas para garantizar lugares de trabajo más sanos, más seguros, más resilientes y más justos desde el punto de vista social, y que la promoción de la salud en el lugar de trabajo y los servicios de salud ocupacional desempeñan un papel fundamental. 

"Estas estimaciones proporcionan información importante sobre la carga de morbilidad relacionada con el trabajo, y esta información puede ayudar a configurar políticas y prácticas para crear lugares de trabajo más saludables y seguros", según Guy Ryder, director general de la OIT.  

Ryder añadió que

"los gobiernos, los empleadores y los trabajadores pueden tomar medidas para reducir la exposición a los factores de riesgo en el lugar de trabajo. Los factores de riesgo también pueden reducirse o eliminarse mediante cambios en los modelos y sistemas de trabajo. Como último recurso, los equipos de protección personal también pueden ayudar a proteger a los trabajadores cuyo trabajo no les permite evitar la exposición". 



Por su parte María Neira, directora del Departamento de Medio Ambiente, Cambio Climático y Salud de la OMS, destaco que

"Estos casi dos millones de muertes prematuras son evitables. Es necesario tomar medidas basadas en las investigaciones disponibles para abordar la naturaleza evolutiva de las amenazas para la salud relacionadas con el trabajo". 

"Garantizar la salud y la seguridad de los trabajadores es una responsabilidad compartida del sector de la salud y del trabajo, al igual que no dejar a ningún trabajador atrás en este sentido. En el espíritu de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, los sectores de la salud y el trabajo deben actuar juntos, mano a mano, para garantizar la eliminación de esta gran carga de morbilidad, añadió". 

El informe insiste que es probable que la carga total de morbilidad relacionada con el trabajo sea mucho mayor, ya que en el futuro habrá que cuantificar las pérdidas de salud derivadas de varios otros factores de riesgo ocupacional, a la vez que los efectos de la pandemia de COVID-19 añadirán otra dimensión a esta carga que deberá ser reflejada en futuras estimaciones. 

La globalización ha globalizado los riesgos a la salud 

El tema que trata el Informe de la OIT/ OMS en realidad no es nuevo, pero requiere sin duda de una profunda reflexión sobre la situación de salud de los trabajadores, así como de las características que adquiere su cuidado dentro del contexto de un mundo globalizado.  

Partiendo de las conclusiones del propio informe y su reflexión sobre la sociedad del riesgo, queda claro que el mundo actual se caracteriza por la proliferación de riesgos sociales, políticos, ecológicos, económicos que tienden cada vez más a escapar del monitoreo y protección de las instituciones creadas para ello. Estas mismas instituciones, en cierta forma, se constituyen en las productoras y legitimadoras de los peligros que no pueden controlar.   

Por eso, para analizar este tema, se debe iniciar con una discusión de los principales conceptos de globalización y sociedad del riesgo, para pasar en un segundo momento y bajo la perspectiva conceptual definida, a un panorama estadístico de la salud de los trabajadores a nivel mundial, enfatizando la inequidad existente entre el mundo considerado desarrollado y el de los países pobres o en vías de desarrollo.  

Además, se hace imprescindible discutir acerca de los sistemas de salud y su incapacidad de dar respuesta eficiente a los problemas de salud de los trabajadores, para finalmente, reflexionar en torno a la necesidad de replantear las estrategias de abordaje y de acción para contribuir a mejorar el estado de salud de los trabajadores y sus familias, poniendo en el centro el rescate de lo humano.  

Y quedan varias interrogantes: ¿Cuál es el papel del Estado en una situación como ésta? ¿Cuál la posición de la medicina social? ¿Cuáles las posibles soluciones a la crisis civilizatoria actual?  Los riesgos a la salud de la especie humana hace ya mucho tiempo que no encuentran una respuesta ético-política, sino técnico-económica. 

Es decir, en vez de que los gobiernos del mundo y la OMS se aboquen a crear sistemas únicos de salud que garanticen el acceso universal de la población mundial a la misma, o de destruir y privatizar los restos de los sistemas públicos de salud favoreciendo de esta manera el dominio aplastante de las grandes empresas farmacéuticas y aseguradoras privadas que han hecho de la vida y la muerte, de la salud y la enfermedad, un negocio más que rentable.



 

Globalización de los riesgos y crisis capitalista  

Si partimos de la distinción que le otorgan algunos expertos entre globalización y globalismo, entendida la primera como un proceso de imbricación mundial, multidimensional, policéntrico y contingente, y el segundo como una reducción economicista de la primera, tenemos que, durante las últimas décadas, en torno a este proceso multidimensional, se ha elaborado un discurso legitimador de las imposiciones políticas, económicas y militares. 

Por lo tanto, el sistema-mundo capitalista no tiende pues, a una integración armónica y equilibrada entre

“los países desarrollados y los países en vías de desarrollo, ni si quiera a la existencia de un solo centro mundial y diversas periferias y semi-periferias, sino a una reproducción del “orden mundial” policéntrica y multidimensional, pero “altamente caótica”. La reconfiguración del mundo llevada a cabo por el capitalismo en los últimos 30 años ha redefinido así mismo los riesgos en salud.  

La llamada revolución informática y las sucesivas crisis y sus efectos mundiales, han extendido el desempleo y la fragmentación de la fuerza de trabajo en nuevas categorías: trabajadores informales, precarios, autoempleados, migrantes, forzados, etc. Estas nuevas categorías de trabajadores están casi completamente desamparados frente a las prácticas laborales de explotación de las grandes corporaciones capitalistas.   

Esto quiere decir que, si bien, con la mundialización de los procesos productivos y cambiarios capitalistas se generalizan los riesgos sociales, económicos, políticos, etc., incluidos los de salud, el poder del Estado no desaparece, sino se refuncionaliza: de ser garante de las condiciones políticas, sociales y materiales de la reproducción del capital a nivel nacional, se convierte en los hechos en agente que intermedia por las grandes corporaciones trasnacionales. 

Queda encargado de la “seguridad nacional”, y, por lo tanto, despojado de toda visión e intención integradora y/o conciliadora, quedándose en el puro esqueleto: las funciones represivas y de control social. 



En el capitalismo no puede haber relación laboral justa, pues ésta descansa sobre la explotación del trabajo vivo por parte del capital y sobre la existencia de una población excedente que sirve, como dicen los clásicos marxistas, de “ejército industrial de reserva” para satisfacer las necesidades de la acumulación capitalista.  

El empleo justo y el crecimiento económico para todos son otras tantas falacias de la economía burguesa utilizadas para asegurar la continuidad de la dictadura del capital. Desde esta perspectiva es que podemos entender las reformas a los sistemas de salud, de seguridad social y laborales realizadas y las aún por realizar en un sin número de países.  

Es decir, para el capital internacional, es cuestión de vida o muerte apropiarse no sólo del tiempo de trabajo excedente extraído mediante la explotación de la fuerza de trabajo, sino del tiempo de trabajo necesario para la propia reproducción del obrero, aunque eso suponga el acortamiento del tiempo de vida útil del mismo y como registra el informe conjunto de la OMS/OIT: cada año se salda con millones de trabajadores que pierden la vida.   

La seguridad social de los trabajadores en un mundo en crisis, la paulatina destrucción de los sistemas de protección social auspiciada desde el Banco Mundial, la OMC, los gobiernos neoliberales -incluidos los partidos socialdemócratas- ha puesto a la mayor parte de la clase trabajadora a un nivel de vulnerabilidad y explotación similar al existente en el último cuarto del siglo XIX. Sería posible seguir enunciando evidencias sobre la magnitud del problema de salud de los trabajadores y sus familias. Sin embargo, los datos arriba presentados reflejan su complejidad, de una dimensión escabrosa, supeditada a las teologías neoliberales.

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jueves, 23 de septiembre de 2021

MUJERES Y GOBERNANZA CLIMÁTICA, APORTE A LA IGUALDAD DE GÉNERO EN PERÚ.

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“Nosotras queremos que las autoridades también piensen en las mujeres cuando se trabaje el cambio climático, y lo que necesitamos es capacitarnos para incidir con nuestras propuestas”, indicó esta integrante de la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Nativas y Asalariadas del Perú (Fenmucarinap). El horizonte que dibuja Coronado se encuentra ya en proceso con la instalación en el país del Comité Nacional de Mujeres y Cambio Climático (Conamucc), una instancia reconocida como uno de los ocho grupos de interés no estatales que forman parte de la gobernanza climática nacional.

El reconocimiento es al más alto nivel, realizado por la Comisión Nacional sobre Género y Cambio Climático del Ministerio del Ambiente (Minam), máximo responsable peruano en la materia. En el 2019 comenzó este esfuerzo conjunto entre el Minam y organizaciones de mujeres que conjugan el trabajo de género y el cambio climático, a fin de generar el espacio de representación de las mujeres a nivel nacional. La iniciativa se ha mantenido pese a la irrupción adversa de la pandemia de covid-19 un año después.

El Conamucc se instaló oficialmente en septiembre de 2020 y este año ya realizó su primera asamblea nacional y eligió su comité coordinador, conformado por representantes de cinco organizaciones. “No se trata de ir por un camino paralelo para ver los temas de género y de las acciones de adaptación y mitigación del cambio climático, sino de cómo estas acciones incluyen las medidas que nos lleven a la igualdad”: Rosa Morales.“Fue un desafío sostener nuestro proceso en plena emergencia sanitaria por la covid-19 pero logramos convocar a diversas organizaciones de las regiones, tener encuentros virtuales, identificar prioridades comunes y definir una ruta de acción”, sostuvo Katherine Pozo, integrante de ese comité coordinador del Conamucc.

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Fuentes: IPS [Varias campesinas vuelven de sus labores agrícolas en la localidad altoandina de Andahuaylillas, en el departamento de Cusco, en el suroeste de Perú, una zona afectada este año por una sequía persistente, consecuencia del cambio climático y que pone en riesgo sus cultivos, fundamentales para su alimentación. Las mujeres rurales peruanas quieren ser parte de las políticas y medidas para contener la crisis climática. Foto: Mariela Jara / IPS]

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MUJERES Y GOBERNANZA CLIMÁTICA, APORTE A LA IGUALDAD DE GÉNERO EN PERÚ.

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Por Mariela Jara | 23/09/2021 | Ecología social

Fuente. Rebelión jueves 23 de setiembre del 2021.

LIMA – Sequía y un frío inusitado en la calurosa selva central de Perú son dos manifestaciones del cambio climático que este año ha experimentado Aurora Coronado, productora del valle agrícola de La Merced, en el municipio de Chanchamayo, en el departamento de Junín, en el centro del país.

Tiene 59 años y en los 34 que vive en el valle situado a 750 metros sobre el nivel del mar es la primera vez que tuvo la necesidad de sacar frazadas y mantas para abrigarse por las noches. “Hasta medias tuvimos que ponernos para dormir por el frío”, contó en un diálogo por teléfono con IPS desde La Merced, la cabecera del distrito (municipio) rural.

Refirió que en los meses de mayo y junio se produjo ese cambio en el clima y que ahora están con una fuerte sequía que está minando sus cultivos de yuca (mandioca), cebolla y hierbas aromáticas para su autoconsumo, mientras produce comercialmente miel de abeja de frutales cítricos.

“Nosotras queremos que las autoridades también piensen en las mujeres cuando se trabaje el cambio climático, y lo que necesitamos es capacitarnos para incidir con nuestras propuestas”, indicó esta integrante de la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Nativas y Asalariadas del Perú (Fenmucarinap).

El horizonte que dibuja Coronado se encuentra ya en proceso con la instalación en el país del Comité Nacional de Mujeres y Cambio Climático (Conamucc), una instancia reconocida como uno de los ocho grupos de interés no estatales que forman parte de la gobernanza climática nacional.

El reconocimiento es al más alto nivel, realizado por la Comisión Nacional sobre Género y Cambio Climático del Ministerio del Ambiente (Minam), máximo responsable peruano en la materia.

En el 2019 comenzó este esfuerzo conjunto entre el Minam y organizaciones de mujeres que conjugan el trabajo de género y el cambio climático, a fin de generar el espacio de representación de las mujeres a nivel nacional. La iniciativa se ha mantenido pese a la irrupción adversa de la pandemia de covid-19 un año después.

El Conamucc se instaló oficialmente en septiembre de 2020 y este año ya realizó su primera asamblea nacional y eligió su comité coordinador, conformado por representantes de cinco organizaciones.

“No se trata de ir por un camino paralelo para ver los temas de género y de las acciones de adaptación y mitigación del cambio climático, sino de cómo estas acciones incluyen las medidas que nos lleven a la igualdad”: Rosa Morales.

“Fue un desafío sostener nuestro proceso en plena emergencia sanitaria por la covid-19 pero logramos convocar a diversas organizaciones de las regiones, tener encuentros virtuales, identificar prioridades comunes y definir una ruta de acción”, sostuvo Katherine Pozo, integrante de ese comité coordinador del Conamucc.

Pozo representa en ese comité al colectivo no gubernamental de Mujeres Rurales Cambio Climático y Agricultura Familiar de Cusco, el departamento en el corazón de los Andes peruanos, en el sureste del país.



Aurora Coronado, productora en el valle de La Merced, en la selva central peruana de Chanchamayo, se dedica a la agricultura familiar y venta de miel de abeja. Como parte de su trabajo en la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Nativas y Asalariadas del Perú, realiza también talleres de capacitación en las comunidades indígenas, para sensibilizar a las mujeres sobre sus derechos. Foto: Cortesía de Aurora Coronado

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En conversación telefónica con IPS desde la ciudad de Cusco, explicó que el espacio de Conamucc está iniciando su vida institucional, guiado por el objetivo de identificar los impactos diferenciados por género del cambio climático en los territorios del país y promover el enfoque de género en las políticas climáticas, para lo cual se fortalecerán las capacidades de las 36 integrantes regionales que conforman en su asamblea.

Es importante, agregó, que toda acción, programa o política climática a nivel local, regional o nacional

“contribuya a impulsar la igualdad de género y autonomía de las mujeres, y ese es uno de los desafíos centrales que asumimos como Conamucc, teniendo en cuenta que somos un país con muchas inequidades que obstaculizan la acción protagónica de las mujeres, sobre todo rurales, campesinas e indígenas”.

“En el caso de Cusco, por ejemplo, queremos incidir en el gobierno regional en que se vinculen las políticas de género y cambio climático en relación al agua, que es un problema prioritario en nuestra región que depende en gran parte de la agricultura para la subsistencia de las familias y el abastecimiento de los mercados”: Katherine Pozo.

Perú es considerado uno de los 10 países megadiversos del mundo y con una alta vulnerabilidad al cambio climático.

Las capacidades de respuesta de las mujeres a la crisis climática no alcanzan su potencial por las desventajas en que se encuentran. Se estiman que las brechas de género en educación, salud, empleo y acceso a bienes y recursos productivos se han incrementado por efecto de la pandemia en este país andino de unos 33 millones de habitantes.

La clave es la institucionalidad

Rosa Morales, directora general de Cambio Climático y Desertificación del Minam, destacó la importancia de los ocho grupos ajenos al Estado a los que vienen fortaleciendo con asesoría técnica para su organización y propia gobernanza, a fin de lograr su participación efectiva en la construcción de las políticas de mitigación y adaptación al cambio climático

Entre esos ocho grupos están los jóvenes, los sindicatos, la academia, las organizaciones no gubernamentales, el pueblo afroperuano, las mujeres y los pueblos indígenas, que además cuentan con una plataforma especial que conforma a diferentes centrales que aglutinan la diversidad étnica del país.

  


Rosa Morales, directora general de Cambio Climático y Desertificación del Ministerio del Ambiente de Perú, durante su entrevista por videoconferencia con IPS. E ministerio es la autoridad nacional en materia de cambio climático y ha identificado 154 medidas de adaptación y mitigación como parte del desafío climático del país, que ahora incorporan en forma transversal el enfoque de género. Foto: Mariela Jara /IPS

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“Tenemos una ley marco de cambio climático y su reglamento que establece los enfoques transversales de género, interculturalidad e intergeneracional, y estamos sacando lineamientos, pero es para que exista una implementación”, destacó Morales, en una entrevista con IPS por videoconferencia.

En ese contexto, “el Conamucc contribuye a que las mujeres en su diversidad tengan participación informada en sus territorios aportando a una visión completa de nuestro país”, añadió.

En esa perspectiva la capacitación fortalecerá la acción, liderazgo y propuestas de las mujeres en sus propios territorios en relación a las medidas necesarias para disminuir los gases de efectos invernadero, reducir su vulnerabilidad al cambio climático e incrementar su resiliencia

Sobre esa base, remarcó la funcionaria,

“las mujeres podrán plantear desde sus propias necesidades, preocupaciones y prioridades sobre su rol en la implementación de las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, en inglés) o nuestro desafío climático como las llamamos”.

El Estado ha identificado 154 medidas de adaptación y mitigación al cambio climático.

“Hemos trabajado para incluir los tres enfoques transversales, pero su implementación requiere de la práctica y conocimiento de quienes están en los territorios; qué mejor que nos digan que el enfoque de género se puede aplicar de otro modo según su experiencia, así el Estado aprende a hacer mejor las cosas”, explicó Morales.

Con una maestría en Economía, Morales empezó a trabajar el tema de cambio climático en 1997 en el que fuera el Consejo Nacional del Ambiente. Su experiencia en instituciones públicas y privadas supera las dos décadas y combina su labor en el Estado con la docencia universitaria.

Está convencida de que el fortalecimiento de la institucionalidad es un factor de sostenibilidad para garantizar el enfoque de género en la acción climática.

  


Katherine Pozo, quien trabaja en el feminista Centro Flora Tristán en el departamento andino de Cusco, en Perú, ante un maizal en el municipio rural de Huaro. Ella coordina un colectivo conformado por 11 instituciones de mujeres que buscan que el gobierno regional establezca políticas climáticas con enfoque de género, que contemplen a las mujeres rurales y a agricultura familiar. Foto: Mariela Jara / IPS

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“No se trata de ir por un camino paralelo para ver los temas de género y de las acciones de adaptación y mitigación del cambio climático, sino de cómo estas acciones incluyen las medidas que nos lleven a la igualdad”, dijo.

Subrayó que además las mujeres al hacer su propia acción climática contribuyen a mantener y fortalecer las distintas políticas de Estado, en un país que cuenta con políticas nacionales de género y de cambio climático.

En esa línea, Pozo opina que contar con el Conamucc como instancia reconocida por el Estado da fuerza y legitimidad a la participación y propuesta de las mujeres en lo territorial y nacional, de manera articulada.

En el caso de Cusco, por ejemplo, queremos incidir en el gobierno regional en que se vinculen las políticas de género y cambio climático en relación al agua, que es un problema prioritario en nuestra región que depende en gran parte de la agricultura para la subsistencia de las familias y el abastecimiento de los mercados”, sostuvo.

Pozo, quien labora en el no gubernamental Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán desde donde desarrollan una Escuela Agroecológica para mujeres rurales, con presencia en seis distritos altoandinos, explicó que es necesario visibilizar el rol de las mujeres en el cuidado del agua y el impacto en sus vidas del actual estrés hídrico al ser ellas las responsables del cuidado de la familia y riego de sus cultivos.

También en la selva central de la región de Junín, donde reside Coronado, el agua es igualmente una preocupación tan alarmante como desatendida.

“Queremos incentivar la cosecha de agua que muchas de nuestras autoridades desconocen, yo por ejemplo pongo mi cilindro pero captar de la lluvia pero en sequía qué hace el municipio para tener agua y regar nuestras plantitas”, se preguntó la campesina.

Coronado, quien realiza talleres de sensibilización sobre los derechos de las mujeres en el valle donde vive, ve en Conamucc una oportunidad para que las mujeres impulsen transformaciones desde el abordaje del cambio climático y sus enfoques transversales de género, interculturalidad e intergeneracional.

“Las más afectadas con el cambio climático somos las mujeres del campo y ante la adversidad seguimos resistiendo; toca que escuchen lo que proponemos y el Conamucc nos abrirá esas puertas, eso espero”, manifestó.

ED: EG

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