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“Poco antes, en 2021,
se denunció a Nestlé por la contaminación
de una parte de sus Pizzas Buitoni, que causó
graves enfermedades. Y en la década de 1970, en lo que constituye
uno de los precedentes históricos del mal comportamiento de esta
misma multinacional, cómo olvidar su campaña publicitaria
en África desmotivando la lactancia materna para impulsar la venta de
su leche en polvo infantil. La misma fue enérgicamente denunciada,
en su momento por la organización suiza Declaración de Berna,
convertida hoy en Public Eye. A lo largo de esta extensa serie de escándalos
que marcan momentos críticos de unas de las principales empresas
mundiales de la alimentación, Nestlé casi siempre ha tratado
de dar respuestas. A veces, mostrándose cooperativa y transparente;
a veces, incluso disculpándose por lo que pudieron haber sido
“errores”. En algunos casos de serias acusaciones, o de demandas
judiciales, logró que la sobreseyeran total o parcialmente. Sin
embargo, ninguno de sus históricos reflejos y argumentos de
autojustificación ha podido despejar las enormes dudas que amplios
sectores de la sociedad civil internacional siguen
teniendo con respecto a su tan mentada integridad y transparencia. Al igual
que todas las multinacionales del sector, la rentabilidad continúa
imponiéndose sobre la “ética” de producción y comercialización de la
Nestlé.
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Fuentes: Rebelión [Imagen: Los cereales excesivamente azucarados que promueve la Nestlé en África están en la base de una denuncia pública en 2024. Foto Public Eye]
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ESCÁNDALOS ALIMENTICIOS A REPETICIÓN.
LA NESTLÉ DE NUEVO EN LA MIRA.
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Por Sergio Ferrari | 17/02/2026 | Economía.
Fuentes-. Revista Rebelión martes 17 de febrero del 2026.
Nestlé se encuentra nuevamente en el
centro de un escándalo por la venta de leche infantil contaminada, con serias
repercusiones en más de sesenta países.
El caso de la leche afectada por la
toxina cereulida ha
generado una cascada de denuncias a nivel internacional luego de que la
organización de protección al consumidor Foodwatch revelara, a
mediados de enero, que unas diez fábricas de la multinacional Nestlé en
Países Bajos, Francia, España, Suiza y Alemania habían utilizado aceite
de cacahuete contaminado con la bacteria Bacillus cereus en
la fabricación de fórmulas lácteas para bebés. El bacilo culpable,
que causa diarreas, vómitos y otros serios problemas entre los lactantes,
contaminó un aceite rico en ácido araquidónico (una fuente
de omega-6) procesado en China por Cabio Biotech. Además de los productos comercializados
por Nestlé (Guigoz, Nidal), también se vieron afectados
los de Danone (Blédilait, Gallia), Lactalis (Picot),
Vitagermine (Babybio) y Popote, entre otros. En total, unos ochocientos productos
en más de sesenta países, en su mayoría europeos, aunque también hay
siete latinoamericanos (Argentina, Chile, Brasil, México, Perú, Paraguay
y Uruguay).
El impacto mediático de esta
revelación se ha dejado sentir de inmediato. En Francia, la misma Foodwatch está
promoviendo una campaña de denuncia y exigiendo el rápido esclarecimiento
de los hechos. Pero esto es solo una cara de la moneda. La otra, y
seguramente la de mayores consecuencias, tiene que ver con la lentitud con que Nestlé,
con sede en Vevey, Suiza, decidió retirar su fórmula del mercado. Según
Foodwatch,
“Nestlé sabía de la
contaminación al menos desde principios de diciembre, e incluso les informó a
las autoridades neerlandesas el 9 de ese mes”.
Y en Austria ya se habían producido retiros “silenciosos”
de productos en torno a la Navidad, aunque sin informárseles a los
consumidores. El retiro masivo de la fórmula recién comenzó en enero del año
en curso (https://www.nestle.com/ask-nestle/products-brands/answers/infant-formula-product-advisory).
“Retardar la información a los consumidores sobre productos sensibles para bebés es inaceptable”, argumentó críticamente Foodwatch. Y explicó que se trata de hechos “particularmente graves” debido a que estas fórmulas contaminadas con cereulida se destinan mayormente a menores de seis meses –en algunos casos, prematuros– y, por lo tanto, particularmente vulnerables. Foodwatch le reprocha a Nestlé y a otros fabricantes del sector el que hayan demorado demasiado entre las primeras alertas emitidas y la decisión de retirar sus productos de las estanterías. (https://www.foodwatch.org/fr/accueil).
Proceso en marcha.
Según un artículo reciente del
cotidiano suizo Le Temps, Foodwatch ha seguido muy de cerca la
situación de nueve lactantes
enfermos en ocho familias en diferentes sitios de Francia. Esos
niños presentaron síntomas “alarmantes” que no desaparecían
con un tratamiento “simple” contra la gastroenteritis, como vómitos,
diarreas persistentes, fiebre y dolor abdominal. A fines de 2025, mucho
antes del retiro masivo de la fórmula todavía en venta, algunos de ellos
tuvieron que ser hospitalizados. Casos similares se dieron, además, en
varios países europeos, como Gran Bretaña, España, Bélgica y Suiza.
Siempre según Le Temps, la denuncia de Foodwatch
alega varias infracciones, como poner en peligro y afectar la
integridad de los lactantes, cometer fraude agravado, comercializar
productos peligrosos, no cumplir con requisitos de seguridad, no notificar y
exportar alimentos en condición de riesgo. Y hace referencia a las declaraciones
iniciales de François Laforgue, el abogado que representa a
Foodwatch y las ocho familias involucradas:
“La responsabilidad de
las empresas señaladas en la denuncia de [mis representados] nos parece
establecida, pero la investigación lo confirmará. Estos fabricantes no podían
ignorar sus obligaciones de seguridad sanitaria. Exigimos la mayor firmeza en
este asunto que afecta la salud de los lactantes”.
En un caso separado, la fiscalía de la
ciudad de Burdeos ha
abierto una investigación criminal de la fórmula de Nestlé en el caso
fatal de un bebé a principios de enero. Según el periódico suizo AGEFI,
“una muerte tras el
consumo de leche de [la marca] Guigoz retirada del mercado por posible
contaminación con Bacillus cereus, aunque por el momento no se ha establecido
ningún vínculo”. En paralelo, se está investigando en Angers el
fallecimiento de un bebé en circunstancias similares.
Para Foodwatch, el escándalo de la fórmula infantil plantea serios interrogantes sobre el cuidado con el que los fabricantes garantizan la seguridad sanitaria de los menores, controlan a sus proveedores, inspeccionan los ingredientes y, fundamentalmente, cómo responden cuando se hace imperioso retirar productos contaminados del mercado. La trazabilidad de los productos contaminados debe ser instantánea, insiste Foodwatch. En otras palabras, tolerancia cero, pues es inadmisible dejar que pasen meses antes de descontinuarlos, cuando el daño ya es irreparable.
¿Porque Nestlé ha tenido que retirar la lecha en polvo para lactantes, en más de 45 países?.
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Semanas perdidas
Una cronología detallada de esta
crisis refuerza el alegato de que los fabricantes de la fórmula actuaron
irresponsablemente en varios frentes.
A fines de noviembre de 2025, según el cotidiano Le
Monde, Nestlé detectó la presencia de cereulida en sus productos. Sin
embargo, esperó un análisis de riesgos para la salud antes
de notificar a las autoridades semanas más tarde.
En Italia, el 1 de enero de 2026 las
autoridades sanitarias
ya contaban con resultados de laboratorio que confirmaban la presencia
de esa bacteria en fórmulas infantiles, y doce días más tarde
compartieron esa información con el resto de la Unión Europea.
El 9 de diciembre, Nestlé
les informó a las autoridades neerlandesas acerca de la contaminación luego
de controles internos en su fábrica de Nunspeet. Sin embargo, ni
las autoridades ni Nestlé decidieron una retirada pública de productos ni alertaron
a los otros países de la UE a través de la red europea de alerta.
Las razones siguen siendo totalmente desconocidas.
El Francia, el 11 de diciembre se
retiró solamente un lote de leche de la marca Guigoz, producto a la venta desde mayo.
Ese mismo día, Foodwatch alertó, por su parte, a las autoridades
europeas e inició una investigación. Ya era evidente un nuevo
escándalo en ciernes, y con serias repercusiones internacionales.
En Bélgica, el 12 de enero el
periódico De Standaard informó que, según Nestlé, fue el 23 de
diciembre cuando esta
corporación recibió información más completa sobre la contaminación. “Fue
la inspección alimentaria austríaca”, señaló el medio belga, “la que
detectó la presencia de cereulida en la leche de otras fábricas”.
El 24 de diciembre las
autoridades francesas
respondieron a las preguntas de Foodwatch y confirmaron la presencia de
cereulida, especificando que Nestlé “había sido alertada por
su proveedor e iniciado operaciones de retirada y recuperación”.
Finalmente, la primera semana de enero se generalizó la descontinuación de fórmulas infantiles de Nestlé, con repercusión en más de sesenta países. Fue en esos mismos días que Foodwatch reveló la magnitud del problema: el ingrediente “culpable” –ácido araquidónico– se estaba utilizando en unas diez fábricas de la multinacional y los productos afectados se estaban distribuyendo por todo el mundo.
Problemas que se repiten
En noviembre 2025, una investigación
de la ONG suiza Public Eye
(Mirada Ciudadana) sobre la adición de azúcar a los alimentos
infantiles de Nestlé en África sacó a la luz un nuevo escándalo, prácticamente
simultáneo con el de la fórmula infantil. Mediante una carta abierta
del 17 de ese mes, una veintena de organizaciones de la sociedad
civil de trece países africanos le reclamaba a Nestlé que pusiera fin al
doble estándar denunciado por la ONG suiza.
“En África, los
cereales infantiles que vende Nestlé contienen altos niveles de azúcar añadido,
mientras que estos productos no contienen azúcar en Suiza y el resto de Europa.
Todos los bebés tienen derecho a una alimentación saludable, independientemente
de su nacionalidad o color de piel. Todos los bebés son iguales. Hagan lo
correcto. No mañana. No el año que viene. Hoy. El mundo está observando” (https://www.publiceye.ch/fr/thematiques/consommation-critique/les-mensonges-pur-sucre-de-nestle).
Otro escándalo, no menos importante, se había denunciado un año antes
sobre el tratamiento ilegal de agua “natural” que Nestlé comercializa en
Francia, pero la multinacional argumentó que los
tratamientos utilizados son necesarios para garantizar la seguridad
del producto. Sin embargo, según especialistas y medios de prensa
independientes, parte de esos tratamientos, algunos de los cuales
datan de 1993, “no cumplen en absoluto con ‘las necesidades’ de seguridad
sanitaria”.
También en 2024 diversas
organizaciones, Public
Eye entre ellas, habían denunciado la política abusiva de Nestlé
con respecto a la adquisición de café producido por cafetaleros
mexicanos. Según Public Eye, aun cuando Nestlé prometió
que a partir de 2025 también ella sería
“líder del sector desde
el punto de vista ético [ya que] el 100% de su producción iba a ser
‘responsable’”, de todos modos, continuó aplicando un régimen de compras
despiadado, sobre todo de su café soluble, el famoso Nescafé. Pero nada ha
cambiado para los agricultores locales, que tienen que aceptar precios
bajísimos, aseguró Public Eye tras investigar el problema en la región
cafetalera del Soconusco, al sur de México, donde se produjeron airadas
protestas contra la multinacional suiza. La ONG tituló su investigación
“Esperanza pulverizada. Cómo Nestlé está llevando a la ruina a los
caficultores” (https://stories.publiceye.ch/nescafe-mexiko/).
Poco antes, en 2021, se denunció a Nestlé por la
contaminación de una parte de sus Pizzas Buitoni, que causó
graves enfermedades.
Y en la década de 1970, en lo que
constituye uno de los precedentes
históricos del mal comportamiento de esta misma multinacional, cómo
olvidar su campaña publicitaria en África desmotivando la lactancia
materna para impulsar la venta de su leche en polvo
infantil. La misma fue enérgicamente denunciada, en su momento
por la organización suiza Declaración de Berna, convertida hoy en
Public Eye.
A lo largo de esta extensa serie de
escándalos que marcan momentos críticos de unas de las principales empresas mundiales de
la alimentación, Nestlé casi siempre ha tratado de dar respuestas.
A veces, mostrándose cooperativa y transparente; a veces, incluso
disculpándose por lo que pudieron haber sido “errores”. En algunos
casos de serias acusaciones, o de demandas judiciales, logró que
la sobreseyeran total o parcialmente. Sin embargo, ninguno de sus
históricos reflejos y argumentos de autojustificación ha podido despejar las
enormes dudas que amplios sectores de la sociedad civil
internacional siguen teniendo con respecto a su tan mentada
integridad y transparencia. Al igual que todas las multinacionales
del sector, la rentabilidad continúa imponiéndose sobre la “ética” de
producción y comercialización de la Nestlé.
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