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"El ataque al Poder Judicial (el culpable de sus 18 meses de
prisión) será feroz. La JNJ será el instrumento de destrucción de la Corte
Suprema y de todos los jueces que no se sometan a los designios de Rospigliosi.
El TC se mantendrá un quinquenio más al no lograrse 40 votos en el Senado. En
este escenario, la política de seguridad ciudadana justificará todas las
restricciones a la libertad en el altar del orden. Tal vez, al principio,
pueda mostrar algunos resultados, pero lo que se viene frente a una política
salvajemente represiva siempre es peor en la experiencia comparada. Obviamente,
las restricciones a los derechos de tránsito, reunión, protesta, creencias y,
por supuesto, la libertad de expresión serán el pan nuestro de cada día.
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NOTA. NO COMPARTO con el contenido del
presente Artículo, pero por respeto a la Oposición y quienes asumen "doble
posición" o critican levemente la Política del Fujimorismo, hasta los que
se oponen con principios, siempre es necesario conocerlos, como hoy apoyan ,
mañana asumen una seudo crítica y al final con el "devenir de los meses
del gobierno" ahí se los vera en su plena y auténtica dimensión Política,.
No compartimos, pero por respeto lo consideramos en nuestro Blogger de
Sociología Política.
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¿QUO VADIS KEIKO FUJIMORI?
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Por Rosa maría Palacios.
Fuente. La República 21 de junio del
2026.
¿Qué escenarios
son posibles en una presidencia de Keiko Fujimori? El Congreso es,
hoy, otro. Solo han sido elegidos seis partidos. Su único aliado natural es
Renovación Popular. Fujimori no sabe gobernar con oposición. Su padre nunca
pudo. No sabía negociar. La gran pregunta es: ¿ella podrá?
Si bien aún no hay una proclamación oficial, a nadie le quedan dudas de que Keiko Fujimori ha ganado limpiamente la elección presidencial. Hasta aquí, lo que sabemos. Lo que se abre delante del país es una incógnita indescifrable este miércoles. Su historia política no ayuda a despejar los temores, las preocupaciones y los acertijos que dejan sus misteriosas intenciones. Su plan de gobierno dice poco (respetar la inversión privada y expandir el gasto público); su historia personal, mucho más. En los últimos 10 años, cada vez que pudo tomar una decisión democrática, optó por el fraudismo y el obstruccionismo, cuando no por el autoritarismo y el mercantilismo. Su antiizquierdismo no le impidió una alianza con los hermanos Cerrón ni sostener a Boluarte en el poder. Se alió con todos ellos y con todo el resto del actual Congreso para controlarlo todo, y lo consiguió.
¿Qué escenarios son posibles en una
presidencia de Keiko Fujimori?
El Congreso es, hoy, otro. Solo han sido elegidos seis partidos. Su único
aliado natural es Renovación Popular, pero hay una larga historia de
desencuentros en el actual Congreso y una serie de injurias recientes de López
Aliaga. Van a tener una unión de hecho, forzada por la necesidad, pero no
necesariamente por la afinidad. En la Cámara de Diputados, las dos fuerzas
oficialistas suman 56. La oposición, si se une, suma 74 votos. En ese
contexto, la oposición es invencible. ¿Qué puede hacer? Censurar ministros de
Estado, procesar penalmente a altos funcionarios y controlar la mesa directiva
para evitar cuestiones de confianza y ser, eventualmente, disueltos por
Fujimori. En el Senado, los dos bloques están empatados: 30 a 30.
Fujimori no sabe gobernar
con oposición. Su
padre nunca pudo. No sabía negociar. La gran pregunta es: ¿ella podrá? Tiene una gran experiencia desde la oposición tumbando
presidentes; ¿le servirá para evitar su propia impopularidad? La calle
le viene dura de entrada. Sacó más de 2.800.000 votos en primera vuelta y más
de 9.000.000 en la segunda. Suficiente, con las justas, para ganar. Pero
triunfa solo en Lima y en siete regiones. Con un
universo de más de 27.000.000 de electores, su impopularidad puede crecer muy
rápidamente si no tiene, al menos, algunos gestos democráticos y conciliadores.
Es decir, si no sabe ganar (ha demostrado no saber perder), su aprobación
popular se va a parecer muy pronto a la de Boluarte.
Primer escenario, optimista. Fujimori
hace una lectura
política correcta del país y entiende que no puede pretender controlarlo todo
en su beneficio como hasta hoy. Primero, entierra las banderas de la
demagogia económica y le quita la iniciativa de gasto al Congreso con un
profundo mea culpa por el daño fiscal causado. Se acaban los privilegios
tributarios y el gasto se ordena de manera técnica, atendiendo prioridades
reales. Un impulso a la inversión privada, con una política desreguladora y
garantías a la propiedad (se paga lo que se confisca) y a los contratos (se
honra lo pactado), y el país puede disparar sus indicadores económicos. Esto
requiere un MEF de verdad, no un títere de políticos codiciosos. Solo así se
reduce la pobreza.
Pero, además, Fujimori tiene que poner fin a las locuras de Fernando Rospigliosi. Un equivalente a Antauro Humala en lo que se refiere a la independencia
del sistema de justicia. Mientras que la JNJ actúe bajo el mandato de
“barrer el Poder Judicial”, no hay forma de garantizar derechos fundamentales.
Por eso, tiene que derogar las leyes procrimen, como iniciativa propia. Los
diputados lo pueden hacer sin ella y están a un voto en el Senado. No estaría
mal que, luego del gesto, se negocie la Comisión Revisora del Código Penal y,
si quiere, que ponga al abogado de su gusto de presidente. Pero no puede seguir
usando el poder político para regalar impunidad a las fuerzas armadas (a
quienes parece estar pagando una deuda política por adelantado), ni para cubrir
a los responsables de los 50 asesinados en el sur. Esa deuda sí tiene que
pagarla con ese pueblo que quiere gobernar. Si, además, indulta, por lo menos,
a Castillo y a Humala, puede dar un giro inesperado a su destino. Por supuesto,
su lista de venganzas también se entierra y la política de seguridad ciudadana
se asienta en pilares democráticos, los únicos que la hacen eficaz y duradera
en el largo plazo. Reconciliación consigo misma y con el país.
Segundo escenario, realista. La lista de venganzas se ejecuta.
Pero necesita del Congreso. Por ello, se procede a la “captación disuasiva” de
curules. No es algo que no conozcamos. Siempre hay una buena excusa para
formar microbancadas con intereses particulares que se acoplan al que más dé.
Con seis partidos, es más difícil hacerlo que con 10, pero no duden de que
ocurrirá. Cada cambio de sitio alterará el paisaje político. Fujimori hará
algunas concesiones en materia gremial al empresariado (en la ruta de un
mercantilismo muy lejano de un mercado libre), incrementará el gasto público
clientelista en sus bases de apoyo y desmantelará toda política que promueva
derechos fundamentales básicos.
El ataque al Poder Judicial (el culpable de sus 18 meses de
prisión) será feroz. La JNJ será el instrumento de destrucción de la Corte
Suprema y de todos los jueces que no se sometan a los designios de Rospigliosi.
El TC se mantendrá un quinquenio más al no lograrse 40 votos en el Senado. En
este escenario, la política de seguridad ciudadana justificará todas las
restricciones a la libertad en el altar del orden. Tal vez, al principio,
pueda mostrar algunos resultados, pero lo que se viene frente a una política
salvajemente represiva siempre es peor en la experiencia comparada. Obviamente,
las restricciones a los derechos de tránsito, reunión, protesta, creencias y,
por supuesto, la libertad de expresión serán el pan nuestro de cada día.
Me encantaría vivir el
primer escenario y
puedo asegurar que los millones de votantes que Fujimori logró en la segunda
vuelta también lo quieren. Huyeron de Sánchez porque
una propuesta socialista y estatista destruye la economía (ahí tienen la buena
noticia de la liberación parcial de la economía cubana después del yugo de 60
años) y porque la aspiración a vivir libres es universal. Pero suelo
equivocarme, ¿verdad? Dios nos libre del segundo escenario, pero si no hay
señales rápidas, hacia ahí vamos. No hay nadie del entorno de Fujimori que
nos haga pensar lo contrario. El discurso del 28 de julio será el disparo de
salida. Si se pone a enumerar obras, como cuando tenía que hablar de derechos
humanos en el debate presidencial, tómenlo como una
señal. Una mala señal.
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