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Alejandro Céspedes
García: Un peruano quiere ver cómo es posible seguir apostando
por el sueño de una democracia, sobre todo los jóvenes que escuchan hablar de
diez años de crisis y siguen buscando esa esperanza de democracia la cual ven
cada vez más lejana. ¿Cuáles serían esas evaluaciones o criterios de evaluación
ciudadana y democrática que les recomendaría al momento de emitir su voto?
“Steven Levitsky: Mira, la pregunta que haces es súper
difícil. Es cierto que los peruanos que han crecido en el siglo XXI, y sobre todo
los que han entrado al mundo político en las últimas dos décadas, no conocen
una democracia que funcione. No tienen ninguna razón, basándose en su
experiencia vivida, para confiar en esta democracia. Los gobiernos muchas veces
no cumplen con sus promesas, los congresistas no cumplen con sus promesas. No
tienen razón alguna para confiar en la democracia. Es casi una cuestión de fe.
Para muchos, por lo general, quienes siguen apostando por la democracia son los
que han vivido la pérdida de la democracia. Porque perder la democracia te
muestra la importancia de poder organizarse libremente, salir a protestar,
salir a criticar al gobierno sin temor, publicar lo que uno quiera, oponerse al
gobierno, votar y cambiar al gobierno si no te gusta. Esos derechos básicos de
un ciudadano en una sociedad libre a veces solo se valoran cuando los pierdes. Es
un poco como el oxígeno, como dijo Fernando Henrique Cardoso, el expresidente
de Brasil. Solamente te das cuenta de su importancia cuando lo pierdes.
Entonces, hablando con quienes han vivido bajo Velasco o con quienes han vivido
bajo el régimen de Fujimori, uno puede entender un poco lo que significa perder
la democracia, perder los derechos básicos.
“Porque los
peruanos, aunque la democracia no funcione bien, siguen gozando de esos
derechos: salir a protestar, organizarse, expresarse y cambiar a sus gobiernos
cada cinco años. Y entiendo que un joven de 20 o 25 años, que solo ha vivido la
democracia peruana del siglo XXI, quizá no me crea. Pero la alternativa es casi
siempre peor, aunque a veces parece mejor. Durante los primeros tres o cuatro
años del gobierno de Fujimori, los peruanos pensaban —y parecía— que el
autoritarismo de Fujimori funcionaba mejor. Pero en el año 2000 se dieron
cuenta de que había sido uno de los gobiernos más corruptos de la historia de
Sudamérica. La alternativa a la democracia es casi siempre peor. Entonces, la
democracia, en cierto sentido, es una especie de mal menor. Puede no funcionar
bien, pero funciona mejor que las alternativas.
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POLITOLOGO LEVISTKY.
LEVISTKY: “SI HUBIERA UN ESFUERZO AUTORITARIO DE PARTE DEL GOBIERNO DE
KEIKO, LA OPOSICIÓN
SERÍA DÉBIL".
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A pocos días de la segunda vuelta
electoral, Steven Levitsky, profesor de la Universidad de Harvard y coautor
de Cómo mueren las democracias, conversó con La República sobre la crisis política
peruana, el debilitamiento de las instituciones, los riesgos para la democracia
y los escenarios que podrían abrirse tras la elección..
Aunque el politólogo
advierte que el país atraviesa uno de sus momentos más delicados, sostiene que
aún es posible reconstruir una democracia más sólida.
Por Alejandro Céspedes García. Periodista. Entrevista.
Fuente. La República domingo 31 de mayo del 2026.
Alejandro Céspedes García:
En Cómo mueren las democracias, un libro que ha servido para
entender la caída de las democracias en el mundo, usted y el profesor Ziblatt
argumentaron que las democracias no mueren de golpe, sino lentamente, desde
adentro. ¿En qué etapa de ese proceso piensa que está el Perú?
Steven Levitsky: Bueno, el Perú
es un poco diferente. El Perú sufrió el tipo de muerte de la democracia que
describimos en el libro en los años 90 con Fujimori. Fujimori fue un presidente
elegido libremente en 1990, pero hizo el famoso autogolpe e instauró un régimen
autoritario que duró casi una década.
En los últimos
26 años, el Perú ha sido una democracia inestable, débil, con muchos problemas,
con mucho descontento, pero no ha caído, no ha colapsado de la manera que
describimos en el libro, sobre todo porque nadie ha tenido la fortaleza. Todos
los presidentes elegidos a partir del año 2000, casi una generación, han sido
débiles. Nadie ha tenido mayoría en el Congreso; ninguno, desde Toledo hasta
Dina Boluarte o Balcázar, tenía apoyo popular superior al 50 %, ninguno tenía
un partido político fuerte, ninguno tenía capacidad de movilización y, como
dije, ninguno tenía mayoría en el Congreso.
Entonces, todos
los presidentes han sido débiles. Por eso terminan cayendo ellos, en vez de
cerrar el Congreso, en vez de establecer un régimen autoritario. O llegaron al
final de su mandato, como Toledo, García y Humala, o cayeron. Entonces, es una
democracia sostenida por la debilidad generalizada, la debilidad de todos. No
es una democracia que funcione muy bien, no es una democracia muy sana, no es
una democracia en la cual los gobiernos puedan gobernar bien, pero la debilidad
de todos los presidentes hasta ahora ha asegurado la supervivencia, por lo
menos, de la democracia.
Alejandro Céspedes García: En
una publicación en redes reciente, usted también ha dicho que el Perú ha
sobrevivido democráticamente no por la fortaleza de sus instituciones, sino
porque, en general, nadie pudo consolidar el poder. Hay una suerte de
equilibrio del caos que parece mantener en vilo la supervivencia del Perú en
general. Ya pasamos por tantos presidentes que cuesta seguir sus nombres. ¿Cree
que este equilibrio del caos sigue siendo posible después de esta elección o
ahora sí se podrá romper?
Steven Levitsky: Perfectamente podría romperse. Obviamente es imposible predecirlo, pero parece cada vez más obvio que este equilibrio no da para siempre, no es muy sostenible. Como han descrito varios politólogos y analistas peruanos, el régimen va debilitándose cada vez más con cada elección, con cada presidencia; la institucionalidad va debilitándose, las instituciones están siendo corrompidas poco a poco por varios actores informales e ilegales. El Congreso se ha convertido cada vez más en un centro de criminalidad y el rendimiento de los gobiernos ha bajado. El nivel de descontento y desconfianza popular, que siempre fue alto y ya era alto hace 20 años, ahora está por las nubes. Entonces, en algún momento, me parece que esto no va a poder seguir.
Lo que también
me preocupa es que esta democracia ha sobrevivido mientras todos los
presidentes sean débiles.
A mí me preocupa
mucho el hecho de que Keiko Fujimori podría ser una presidenta no tan débil,
porque, aunque no tendría mayoría en el Congreso, tiene una presencia
importante en él, con una capacidad probada de construir una mayoría a través
de alianzas criminales o semis criminales. Tiene amigos en las Fuerzas Armadas,
en los medios, en el sector privado y, a diferencia de otros años, tendría un
gobierno amigo en Washington, en Estados Unidos. Entonces, si hubiera un
esfuerzo autoritario de parte del gobierno de Keiko Fujimori, creo que la
oposición sería débil.
Habría oposición
en la sociedad, pero los actores que concentran el poder y los recursos en el
Perú no estarían movilizándose en contra. Y el gobierno de Estados Unidos
tampoco. Estamos hablando de un fenómeno que parece haber cambiado.
Alejandro Céspedes García: En
uno de sus textos sobre autoritarismo competitivo, trataba al fujimorismo como
un caso de estudio, y desde entonces han pasado 25 años. El fujimorismo de
Keiko este año, en 2026, ¿es el mismo fenómeno?
Steven Levitsky: Es bastante
diferente. El nombre y el apellido son los mismos. Me parece que el fujimorismo
actual sigue siendo autoritario, pero el fenómeno de Alberto en los 90 y el
fenómeno de Keiko en los años 2020 son totalmente diferentes. Alberto surge y
puede consolidar el poder debido a la tremenda crisis económica y de seguridad,
con Sendero Luminoso, que existía en el país cuando fue elegido. Y tuvo una
coalición.
Gracias a la
reforma económica, eso le dio cierto espacio internacional y le permitió
construir una coalición que incluía a los militares y al sector privado. Y,
sobre todo, Fujimori fue un presidente muy popular durante seis o siete años,
con una amplia mayoría en la opinión pública. Eso le permitió gobernar de una
manera que no va a ser posible para Keiko Fujimori.
Si gana, el
primer día de su presidencia va a tener menos del 50 % de apoyo. Alberto
Fujimori, cuando cierra el Congreso, estaba cerca del 90 % de aprobación, por
encima del 80 %. Keiko Fujimori no va a estar ni a la mitad del apoyo popular
que tuvo su padre.
Entonces, eso la va a debilitar. Pero también creo que, si quiere consolidar el poder, si quiere ejercer poder, va a tener que hacerlo desde el principio. Obviamente, Alberto fue autoritario, pero no va a ser tan fácil. El camino va a ser distinto porque no va a tener el apoyo que tuvo su padre.
Alejandro Céspedes García:
Usted ha mencionado que el fujimorismo tiene aliados en Washington. ¿A qué se
refiere?
Si Keiko hubiera ganado en 2021, el gobierno
habría sido el de Biden. O si hubiera ganado en 2011 contra Humala, el gobierno
habría sido el de Obama. A diferencia de eso, al gobierno de Trump no le
importa la democracia en América Latina. Le importan los aliados ideológicos y
los amigos; quienes cumplen con los deseos del gobierno norteamericano y
quienes tratan bien personalmente a Trump.
Entonces, un
gobierno de izquierda, si Sánchez logra ganar la presidencia, creo que va a
enfrentar a un gobierno no muy amable en Estados Unidos. Pero Keiko, aunque
rompa las reglas del juego democrático —y no es 100 % seguro que lo vaya a
hacer—, si lo hace desde la presidencia, no va a ser castigada por Washington.
Va a ser totalmente tolerada, incluso apoyada, por Washington.
Alejandro Céspedes García:
Vamos al otro lado, porque usted en sus redes sociales ha pedido votar por
Sánchez, pero lo llama un desastre.
Steven Levitsky: Bueno, no pedí
votar por nadie. Ese no es mi rol, no soy peruano.
Alejandro Céspedes García:
Buena aclaración. En su publicación entiende que el riesgo menor, en todo caso,
sería Sánchez, aunque lo llama un desastre. ¿Cómo llega un académico tan
riguroso a recomendar un voto que él mismo califica de malo?
Steven Levitsky: Mira,
lamentablemente los peruanos han elegido entre males menores ya por mucho
tiempo, y los males menores se ponen cada vez peor.
O sea, el voto
entre un malo y Keiko parecía un voto entre dos malos, pero, 15 años después,
la selección es peor. Podemos hablar del porqué, pero tiene que ver con el
colapso de los partidos políticos, la extrema fragmentación del sistema
político. Cuando tienes 18, 25 o 30 candidatos, los que llegan al balotaje, los
que salen primero y segundo, suelen ser los de los polos, suelen ser
extremistas que generan un apoyo intenso del 15 % o 18 % del electorado y,
muchas veces, el rechazo del 60 % o 70 %.
Entonces, los
primeros dos —y eso ocurrió con PPK y Keiko, ocurrió fuertemente con Castillo y
Keiko, y ocurre esta vez— son dos candidatos altamente impopulares, rechazados
por la gran mayoría de los peruanos. Los peruanos tienen que escoger entre dos
candidatos que no quieren, que odian en muchos casos, y eso es muy lamentable.
Ni Sánchez ni Keiko son candidatos que caigan bien, no son candidatos
talentosos, no son candidatos que hayan convencido o ganado la confianza de
gran parte del electorado.
Entonces, los
mismos peruanos han dicho, en las encuestas y con su voto, que Sánchez y
Fujimori son malos. La gran mayoría votó en contra de ambos. Es terrible que
los dos candidatos en el balotaje tengan un nivel de desaprobación mucho más
alto que su nivel de aprobación.
Entonces, hay muy pocos que cuestionan que los peruanos tienen que escoger entre dos opciones malas, si no desastrosas.
Alejandro Céspedes García:
Sale últimamente una tercera opción, que es el voto viciado, el voto nulo.
Steven Levitsky: En el régimen
actual, o en la situación actual, es entendible que algunos lo expresen a
través del voto nulo, pero normalmente, en democracia, uno puede identificar un
mal menor.
Entre dos
candidatos, aunque sean horribles, muchas veces uno puede identificar a uno que
es más horrible que el otro. Y si uno encuentra que uno es más horrible que el
otro, el voto nulo no ayuda. La única manera de derrotar al mal mayor es
votando por el otro candidato.
Entonces, yo no
soy muy fanático del voto nulo. Creo que es mejor hacer un voto útil.
Alejandro Céspedes García: En
sus diagnósticos a lo largo de los años, siempre se habla de los últimos diez
años como el comienzo del declive en el Perú, y usted ha sido cada vez más
pesimista. En 2016 hablaba de riesgos para la democracia; en 2021 hablaba de
crisis. Cinco años después, ¿Cómo lo llamaría?
Steven Levitsky: Es lamentable.
Yo quiero mucho al Perú y siempre mantengo, o quiero mantener, cierto
optimismo, cierta esperanza de que la cosa va a mejorar. Creo que es posible.
Yo conozco el Perú desde 1995. He visitado el Perú casi todos los años, a veces
dos veces al año, durante 30 años. Y la diferencia entre el Perú de 1995 y el
Perú de hoy es enorme. O sea, es un país mucho más rico, con una clase media
más grande, con recursos humanos mucho mayor que hace 30 años. Hace 30 años
todavía estaba Sendero Luminoso. Es otro país. Entonces, el Perú tiene la
capacidad de construir una democracia mejor. Y mantengo la esperanza de que lo
va a hacer.
Pero el Perú, en
los últimos cinco años, sobre todo, ha pasado de una crisis a algo que
realmente ya no es una plena democracia. O sea, presidentes que jamás fueron
elegidos por voto popular, un Congreso que no responde para nada a la opinión
pública, la represión que ocurrió después de la caída de Castillo, sin
investigación seria, sin rendición de cuentas: 50 muertos y nada. Eso no ocurre
en una democracia.
Entonces, el
Perú está en una situación política muy mala. Pero, repito, tengo la esperanza
de que se puede construir. Tampoco va a ser Suiza en cinco años, pero podría
reconstruir una democracia que funcione más o menos bien.
Y por eso creo
que hay que seguir. A pesar de las terribles opciones, creo que hay que seguir
luchando para mantener cierta libertad, mantener la competencia electoral,
mantener un sistema electoral mínimamente democrático, mantener un sistema
pluralista donde la gente tenga el derecho de organizarse, de protestar, de
expresarse y de competir en elecciones más o menos libres.
Puede ser que
tengamos que esperar cinco años más para empezar a construir algo un poco
mejor, pero hay que mantener una sociedad o un sistema mínimamente libre para
tener esa oportunidad de reconstrucción.
Alejandro Céspedes García: Un
peruano quiere ver cómo es posible seguir apostando por el sueño de una
democracia, sobre todo los jóvenes que escuchan hablar de diez años de crisis y
siguen buscando esa esperanza de democracia la cual ven cada vez más lejana.
¿Cuáles serían esas evaluaciones o criterios de evaluación ciudadana y
democrática que les recomendaría al momento de emitir su voto?
Steven Levitsky: Mira,
la pregunta que haces es súper difícil. Es cierto que los peruanos que han
crecido en el siglo XXI, y sobre todo los que han entrado al mundo político en
las últimas dos décadas, no conocen una democracia que funcione. No tienen
ninguna razón, basándose en su experiencia vivida, para confiar en esta
democracia.
Los gobiernos
muchas veces no cumplen con sus promesas, los congresistas no cumplen con sus promesas.
No tienen razón alguna para confiar en la democracia. Es casi una cuestión de
fe. Para muchos, por lo general, quienes siguen apostando por la democracia son
los que han vivido la pérdida de la democracia.
Porque perder la
democracia te muestra la importancia de poder organizarse libremente, salir a
protestar, salir a criticar al gobierno sin temor, publicar lo que uno quiera,
oponerse al gobierno, votar y cambiar al gobierno si no te gusta. Esos derechos
básicos de un ciudadano en una sociedad libre a veces solo se valoran cuando
los pierdes.
Es un poco como
el oxígeno, como dijo Fernando Henrique Cardoso, el expresidente de Brasil.
Solamente te das cuenta de su importancia cuando lo pierdes. Entonces, hablando
con quienes han vivido bajo Velasco o con quienes han vivido bajo el régimen de
Fujimori, uno puede entender un poco lo que significa perder la democracia,
perder los derechos básicos.
Porque los
peruanos, aunque la democracia no funcione bien, siguen gozando de esos
derechos: salir a protestar, organizarse, expresarse y cambiar a sus gobiernos
cada cinco años.
Y entiendo que
un joven de 20 o 25 años, que solo ha vivido la democracia peruana del siglo
XXI, quizá no me crea. Pero la alternativa es casi siempre peor, aunque a veces
parece mejor. Durante los primeros tres o cuatro años del gobierno de Fujimori,
los peruanos pensaban —y parecía— que el autoritarismo de Fujimori funcionaba
mejor. Pero en el año 2000 se dieron cuenta de que había sido uno de los
gobiernos más corruptos de la historia de Sudamérica.
La alternativa a
la democracia es casi siempre peor. Entonces, la democracia, en cierto sentido,
es una especie de mal menor. Puede no funcionar bien, pero funciona mejor que
las alternativas.
Alejandro Céspedes García: Los
peruanos tienen más miedo de que salga Julio Velarde de la presidencia del
Banco Central de Reserva que de cualquier presidente que puedan elegir en el
Perú.
Steven Levitsky: (Risas). Sí, es
cierto. Un fenómeno extraño del Perú de las últimas dos décadas ha sido que,
aunque la democracia ha funcionado mal, la economía, por lo general, ha
funcionado bien.
No creo que eso
sea para siempre. Con o sin Velarde, sin una democracia y un Estado de Derecho
que funcionen, una economía sana va a ser muy difícil de sostener.
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