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"En el imaginario cubano primero y latinoamericano luego, se posicionó la idea de que la revolución era única forma de cambiar la realidad social, política y económica. Si bien no es posible analizar qué hubiese ocurrido si Fidel Castro no realizaba su defensa y pronunciaba su alegato, si es posible determinar que el mismo se convirtió en un hecho político que superó la derrota militar.La historia me absolverá no es un discurso más de Fidel Castro. Si bien son muchos sus discursos trascendentes al triunfar la Revolución y durante el proceso de construcción revolucionaria, éste es el más importante porque estableció las bases y marcó el camino hacia un triunfo revolucionario a pocos kilómetros de las costas estadounidenses en un momento histórico en que las luchas sociales empezaron a propagarse por todo el mundo.
"Pero, además, es un documento político estratégico y de increíble vigencia en la actualidad. Ese alegato, que hoy la Campaña de Lectura Eugenio Espejo acerca en este libro, transformó la derrota militar en una victoria política de los revolucionarios cubanos. Al leer La historia me absolverá, los jóvenes podrán comprender de mejor forma la relevancia histórica que adquirió Fidel Castro, más allá de la Revolución Cubana. En su excelente novela El año de la muerte de Ricardo Reis, José Saramago señala “A esta ciudad le basta saber que la rosa de los vientos existe, este no es el lugar donde los rumbos se abren, tampoco es el punto magnífico donde los rumbos convergen, aquí precisamente cambian los rumbos”. Con La historia me absolverá, se abren, convergen y cambian los rumbos…
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Fuentes: Rebelión.
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«LA HISTORIA ME ABSOLVERÁ»
Un discurso político que cambió el rumbo de América Latina.
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Por Kintto Lucas | 20/08/2026 | Cuba
Fuentes Revista Rebelión jueves 29 de agosto del 2026.
Las palabras son, a veces, como
imágenes escondidas en la memoria. La memoria es como un laberinto por donde caminan los recuerdos. Hay
palabras que se pierden en el camino, hay palabras marcadas por la
pasión o el miedo, hay palabras cubiertas de dolor, hay palabras eternas
y fugaces. Pero las palabras, sean eternas o fugaces, sirven para
construir el mundo que queremos o el mundo que no queremos.
De los encontronazos con la realidad
que queremos y con la
realidad que no queremos nacieron, y nacen, palabras que, en
el instante de su alumbramiento, son parte palpitante de la historia, se
hacen síntesis de ideales y pasiones.
La palabra revolución, por ejemplo, con el andar de los
siglos se fue ahuecando, envileciendo, entrampando en su propio laberinto.
Sin embargo, hay momentos históricos que no solo reivindicaron la
palabra, si no que se constituyeron en hechos fundamentales para
posicionar la revolución social en la memoria colectiva.
En los procesos revolucionarios existen derrotas militares que finalmente se transformaron en victorias políticas y hechos que marcaron el rumbo de los acontecimientos en el futuro. Los Asaltos a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en julio de 1953 en Cuba, fueron una derrota militar del movimiento revolucionario cubano, que Fidel Castro transformó en victoria política, pronunciando el discurso más trascendente del siglo XX en América Latina.
En Cuba a principios de 1953, el
movimiento opositor a Batista
liderado por Fidel Castro contaba ya con unos 1200 integrantes
entre obreros, campesinos, profesionales universitarios y estudiantes.
La realidad política hacía necesaria una acción importante para posicionar
al movimiento y luego provocar una insurrección que llevará a la caída
de Batista. Entonces, planificaron la toma de dos cuarteles.
Ubicado en Santiago de Cuba, el
Cuartel Moncada era
el segundo del país, con unos mil efectivos, pero estaba alejado como
para recibir ayuda militar inmediato en caso de ser tomado. Santiago
se hallaba situada en la costa sur, junto al mar, rodeada de montañas,
lo que, en parte podía facilitar la defensa posterior a la ocupación y
el inicio de la lucha guerrillera en las montañas si había que retirarse.
En la elección del lugar había además un contenido de reivindicación
histórica y simbólica, ya que las tres guerras independentistas
del siglo XIX fueron en esa zona del país. También el pueblo
de esa región era reconocido por su rebeldía ya que ahí se produjeron
importantes insurrecciones populares en el siglo XX. En paralelo al
asalto del Moncada se tomaría el cuartel Carlos Manuel de
Céspedes en el municipio de Bayamo.
El mando militar del operativo era
dirigido por Fidel
Castro y el mando civil por Abel Santamaría. Los pocos recursos
que habían logrado reunir sirvieron para adquirir 165 armas, entre fusiles
calibre 22 y escopetas de caza, los uniformes y realizar el entrenamiento
previo al asalto ya que nadie tenía experiencia militar.
El 26 de julio era domingo de carnaval, un festejo popular tradicional
en Santiago, al que concurría gente de distintos lugares del país.
Esa fiesta por un lado mantendría distraída a la población y
a las fuerzas represivas y por otro no despertaría sospechas
de que jóvenes de otras provincias estuvieran en la ciudad.
Participaron 131 combatientes, organizados en tres grupos. El primero
al mando de Fidel atacaría el Moncada. Los otros dirigidos por Abel
Santamaría y Raúl Castro ocuparían el Hospital y el Palacio de Justicia
que estaban al lado.
Antes de la acción Fidel Castro pronunció las siguientes palabras:
«Compañeros: Podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero, de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras, el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante. El pueblo nos respaldará en Oriente y en toda la isla. ¡Jóvenes del Centenario del Apóstol! Como en el 68 y en el 95, aquí en Oriente damos el primer grito de ¡Libertad o muerte! Ya conocen ustedes los objetivos del plan. Sin duda alguna es peligroso y todo el que salga conmigo de aquí esta noche debe hacerlo por su absoluta voluntad. Aún están a tiempo para decidirse. De todos modos, algunos tendrán que quedarse por falta de armas. Los que estén determinados a ir, den un paso al frente. La consigna es no matar sino por última necesidad”.
El Hospital y el Palacio de Justicia
fueron tomados. En el Moncada,
el grupo principal, logró desarmar la guardia, pero llegó una patrulla
y se provocó un tiroteo. Eso alertó a la tropa que se movilizó
rápidamente para atacar a los rebeldes. Tras un duro enfrentamiento y
ante un enemigo superior en efectivos y armas, Fidel Castro
vio que era imposible continuar la lucha y ordenó la retirada. Los 28
combatientes que intentaron tomar el Cuartel de Bayamo también
fracasaron.
Tras la derrota, Batista decretó
estado de sitio y
aumentó la represión contra diversos sectores opositores, clausuró
medios de comunicación de izquierda y aplicó medidas de censura
a la prensa y la radio. Seis combatientes de los dos cuarteles
murieron en los enfrentamientos, más de cincuenta fueron
asesinados después por el ejército, pero los presentaron como caídos
en el combate, unos pocos escaparon y los demás fueron capturados
y torturados.
Como nadie es amigo de las derrotas, en la época muchos sectores de la izquierda
latinoamericana criticaron la acción diciendo que fue una aventura.
Meses después, en octubre, el juicio a
Fidel Castro se
transformará en una tribuna para denunciar los asesinatos y torturas,
cuando el líder revolucionario pronunciará su alegato de autodefensa,
conocido posteriormente como La historia me absolverá, por
la última frase pronunciada al realizar su defensa.
El discurso de cuatro horas provocó la
reacción de distintos
sectores de la sociedad y se transformó en un golpe directo a la imagen
de Batista. La indignación de la población por el trato a los prisioneros
dañó seriamente la imagen de Batista. Hubo pronunciamiento de jueces,
religiosos y diversas organizaciones condenando el asesinato y la
tortura de los prisioneros. Tras el discurso Fidel Castro se convirtió
en un héroe para los sectores populares. En el alegato, al decir
de diversos analistas, Fidel Castro se transformó de acusado en
acusador y logró quebrar el silencio impuesto por la dictadura,
posicionando el discurso revolucionario y provocando un crecimiento
de su imagen como líder.
“No se mató durante
un minuto, una hora o un día entero, sino que, en una semana completa, los
golpes, las torturas, los lanzamientos de azotea y los disparos no cesaron un
instante como instrumento de exterminio manejados por artesanos perfectos del
crimen. El cuartel Moncada se convirtió en un taller de tortura y muerte, y
unos hombres indignos convirtieron el uniforme militar en delantales de carniceros
«, explicó Fidel.
El cuestionamiento de Fidel al pedido
de sentencia
realizado por el fiscal acusador fue en un cuestionamiento político
al régimen de Batista y su sistema judicial.
Más adelante incluso ironizó
utilizando un lenguaje
que llegaba a la mayoría de la gente. El alegato también se transformó
en un cuestionamiento al sistema económico e indirectamente al propio
sistema capitalista.
Fidel denunció, describió y analizó la realidad
política, social y económica de Cuba resumida en seis temas
fundamentales y desarrolló propuestas para superar los problemas
a partir de un gobierno revolucionario. La necesidad de
distribuir de la tierra entre los campesinos para mejorar
la producción, la urgencia de un proceso de industrialización
para promover el desarrollo, la construcción de vivienda para los
sectores populares en las ciudades, políticas para mejorar la educación
con planes de alfabetización y mejora del salario de los maestros,
y acciones urgentes para desarrollar el sistema de salud.
Para cumplir las propuestas sería necesario promulgar cinco
leyes revolucionarias. Primero establecer la vigencia de la Constitución
cubana de 1940 y restablecer el estado de derecho. Segundo
realizar la Reforma Agraria. Tercero establecer que los trabajadores
industriales reciban el 30 por ciento de los beneficios de sus
empresas. Cuarto, decretar que los trabajadores de
la industria azucarera reciban el 55 por ciento de los beneficios
generados por su empresa. Quinto, confiscar los
bienes de las personas culpables de fraude al Estado. Así, con
estas y otras políticas se superaría el desempleo tan alto que existía
en Cuba. Además, el discurso de Fidel estuvo atravesado por una reivindicación
permanente de José Martí, de su figura histórica y de su
pensamiento, generando simpatía en la población.
Luego describió las acciones que
debería tomar un gobierno para solucionar los problemas económicos y sociales
con propuestas que hasta hoy están vigentes.
Explicó además cómo resolver el
problema agrario.
Sobre la falta de viviendas también hizo propuestas que
seguramente sorprenden todavía a muchos.
También remarcó la importancia de la Educación
para el avance de los pueblos y señaló la necesidad de una
reforma estructural.
“¿De dónde sacar el
dinero necesario?”, se preguntó Fidel. Y respondió con una acusación
que golpea hasta hoy. “Cuando no se lo roben, cuando no haya funcionarios
venales que se dejen sobornar por las grandes empresas con detrimento del
fisco, cuando los inmensos recursos de la nación estén movilizados y se dejen
de comprar tanques, bombarderos y cañones en este país sin fronteras, sólo para
guerrear contra el pueblo, y se le quiera educar en vez de matar, entonces
habrá dinero de sobra –explicó”.
El manifiesto fue además un llamado a la conciencia colectiva
poniendo en evidencia la indiferencia de la sociedad ante la realidad
social.
La historia me absolverá es la defensa de la causa revolucionaria y
la base teórica fundamental del plan de gobierno que sería asumido luego
por el Movimiento 26 de Julio y diversos sectores
políticos y sociales, que se aglutinarán en torno al documento
político. Su posterior impresión y distribución clandestina aportó a
un rápido crecimiento del movimiento revolucionario.
La historia me absolverá no fue solamente un manifiesto
de denuncia de los crímenes
de las fuerzas represivas y defensa de los combatientes, si no,
sobre todo, un pronunciamiento político que se transformará en
antecedente fundamental para el triunfo de la Revolución en Cuba
y pieza política clave en los distintos procesos revolucionarios que
surgirán en toda América Latina.
En el imaginario cubano primero y latinoamericano luego, se posicionó la idea de que la revolución era única forma de cambiar la realidad social, política y económica. Si bien no es posible analizar qué hubiese ocurrido si Fidel Castro no realizaba su defensa y pronunciaba su alegato, si es posible determinar que el mismo se convirtió en un hecho político que superó la derrota militar.
La historia me absolverá no es un discurso más de Fidel Castro. Si bien son muchos sus discursos
trascendentes al triunfar la Revolución y durante el proceso de
construcción revolucionaria, éste es el más importante porque estableció
las bases y marcó el camino hacia un triunfo revolucionario a
pocos kilómetros de las costas estadounidenses en un momento
histórico en que las luchas sociales empezaron a propagarse por todo
el mundo. Pero, además, es un documento político estratégico y
de increíble vigencia en la actualidad. Ese alegato, que hoy la Campaña de
Lectura Eugenio Espejo acerca en este libro, transformó la
derrota militar en una victoria política de los revolucionarios
cubanos. Al leer La historia me absolverá, los
jóvenes podrán comprender de mejor forma la relevancia histórica
que adquirió Fidel Castro, más allá de la Revolución Cubana.
En su excelente novela El año de la muerte de
Ricardo Reis, José Saramago señala
“A esta ciudad le
basta saber que la rosa de los vientos existe, este no es el lugar donde los
rumbos se abren, tampoco es el punto magnífico donde los rumbos convergen, aquí
precisamente cambian los rumbos”.
Con La historia me absolverá, se
abren, convergen y cambian los rumbos…
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