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“El dolor de la gente se convirtió en una forma de hacer vulgar
propaganda política,
puesto que, los
balones llevaban la inscripción, “Defensores de la patria”. El símbolo
es diciente, en el balón se habla de la patria, pero es una retórica
vacía, de un ciudadano con nacionalidad estadounidense que va a entregar
todavía más el país a Estados Unidos e Israel, pero el vocablo patrio no
tiene nada que ver con los colombianos humildes y a pie, pobres y negros
en Buenaventura, a los que solo se les lanza unos balones, como a los perros
chandosos se les bota un pedazo de pan. El hecho bochornoso de lanzarle balones
a los damnificados se repitió luego en Quibdó, la capital del siempre
sufrido Departamento del Chocó. Esto indica, que el nivel de
estupidez no tiene límites, máxime cuando el dolor y el sufrimiento son
un espectáculo mediático para que un payaso metido a político se
divierta, como se lo enseñó hace años el amo imperial Donald Trump
cuando con sadismo les lanzó rollos de papel higiénico a los damnificados de
Puerto Rico.
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Fuentes: El Colectivo (Medellín) – Rebelión.
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COLOMBIA. PISOTEAR A LOS DAMNIFICADOS.
Del papel higiénico a las pelotas de fútbol.
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Por Renán Vega Cantor | 12/09/2026 | Opinión, Racismo y opresión
capitalista
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Fuentes. Revista Rebelión sábado 12 de septiembre del 2026.
El presidente de Colombia procedió de
la forma más burda y ordinaria al entregar a los habitantes de Buenaventura,
mayoritariamente afrodescendientes y afligidos por la violencia y la miseria,
pelotas de fútbol.
Nada de lo que hacen los cipayos en
los países de Nuestra América
es original. Hasta las acciones más elementales de los politicastros de la
extrema derecha que, por desdicha, gobiernan en el continente es una vil
copia de lo que en los Estados Unidos hace y dice, con una vulgaridad
sin par, el atrabiliario Donald Trump o alguien que pertenece a las
altas esferas del poder en el territorio del Tio Sam.
Incluso, se replica el mismo comportamiento cínico y sádico de D. Trump ante los efectos sociales de los desastres, como lo acaba de confirmar el individuo que se dice presidente de Colombia y ocupa la Casa Blanca tropical ‒otra miserable copia de Washington‒ que queda en Barranquilla. Un hecho lo confirma: el reparto de pelotas de fútbol en Buenaventura y Quibdó por parte de Abelardo de la Espriella. Quien piense que esa es una acción espontánea que, de repente, se le ocurrió al falso tigre, simplemente desconoce o no quiere recordar un suceso similar, aunque haya utilizado otro objeto, que realizó en 2017 Donald Trump en Puerto Rico. Recordemos y comparemos.
ROLLOS DE PAPEL HIGIENICO A LOS
DANNIFICADOS EN PUERTO RICO
“Deben estar orgullosos [los
puertorriqueños] de que solo murieran 16 personas frente a los miles que lo
hicieron en ‘una catástrofe verdadera como Katrina’». -Donald Trump,
declaración en Puerto Rico, octubre 3 de 2017.
En septiembre de 2017 un huracán,
bautizado María, arrasó con Dominica, Islas Vírgenes de Estados Unidos y Puerto
Rico. Por su magnitud
e impacto destructivo ha sido la peor catástrofe que ha sufrido esta isla
desde 1899, cuando la azotó otro huracán. Generó un apagón eléctrico
que afectó a toda la isla y, en algunos lugares, se prolongó durante un año. En
principio se reportaron 64 muertes, pero el 28 de agosto de 2018 las
autoridades locales dieron una cifra oficial de 3000 fallecidos, aunque
un estudio de la Universidad de Harvard elevó la cifra a 4645. La
infraestructura básica quedó arrasada, incluyendo viviendas,
escuelas, hospitales, supermercados, centrales telefónicas, acueductos, plantas
de tratamiento de aguas residuales, carreteras, bombas de gasolina…
El servicio de telefonía móvil se interrumpió en un 95%. El huracán
aceleró el flujo de población con dirección a Estados Unidos, a
donde llegaron en las semanas siguientes 200 mil personas, el 8% de la
población de Puerto Rico.
El 3 de octubre de 2017 Trump visitó
la isla devastada, 13 días después del paso de María. En una capilla, en donde lo esperaban decenas de
personas, Trump reía y hacía chistes de mal gusto como si estuviera asistiendo
a una fiesta de payasos. Y de pronto empezó a enviar a los presentes rollos
de papel higiénico de cocina, simulando que lanzaba una pelota de
básquetbol hacia una cesta. Aparte de esta humillación improvisó una arenga
en la cual dijo que la forma en que su gobierno había tratado la emergencia
de los puertorriqueños era “fantástica” y agradecieran porque no
había habido tanto muertos como en Nueva Orleans con el huracán
Katrina, donde si se había presentado una “catástrofe real”. Además,
insultó a los puertorriqueños diciéndoles que eran flojos y les
gustaba quejarse y esperaban que se les resolviera todo.
Para Donald Trump, como buen especulador inmobiliario, todo es un juego, un chiste de mal gusto, incluyendo el dolor de la gente, que soporta en carne propia el peso de la catástrofe y la destrucción. Y por eso ha sostenido después de la catástrofe que su gestión en ese momento fue un “éxito total”. Como dijo la alcaldesa de San Juan, Carmen Yutín Cruz: «Si él piensa que la muerte de 3.000 personas es un éxito, que dios nos ayude a todos».
PELOTAS DE FUTBOL A LOS DANNIFICADOS
DE BUENAVENTURA Y QUIBDO.
“Señor presidente […] traiga cosas de
construcción […]. Lo que necesitamos es techo, necesitamos ayuda
normalmente, no balones”. -Habitante anónimo de Buenaventura, agosto
16 de 2026.
El fuerte terremoto que sacudió a
Colombia el 10 de agosto, con una magnitud de 7.4, devastó varias regiones del país,
arrasó con la infraestructura física y social en ciudades (Pereira,
Manizales, Cali…) y decenas de municipios. El saldo de muertos se
acerca a los 350 y han quedado sin techo unas 400 mil personas.
En medio del dolor, el recién posesionado Abelardo de la Espriella,
siguiendo el ejemplo de Donald Trump, llegó a Bogotá horas después
sonriente, repartiendo besos y haciendo chistes de mal gusto.
Una de sus acciones más detestables
ocurrió en Buenaventura, en la costa pacífica, el principal puerto del país, afligido por la miseria,
la violencia y tristemente recordado por las casas de pique de los
paramilitares, en donde con motosierra desmembraron a decenas de
personas. Ese municipio doblemente abatido, igual que la mayor parte de nuestra
costa pacífica, por la miseria estructural y por el terremoto. Quedaron
averiadas 9 mil viviendas, 29 escuelas y colegios están en ruinas, dejando
a miles de estudiantes sin clases. El servicio de agua, que solo se
brinda normalmente 4 horas al día, quedó interrumpido, agravando los problemas
higiénicos y sanitarios que carcomen a este municipio, cuya población es
mayoritariamente afrodescendiente.
Sin evidenciar la menor sensibilidad y
empatía hacia el dolor de los habitantes del puerto, Abelardo llegó,
como si todavía estuviera en campaña, sonriente y desde su papamóvil blindado
procedió de la forma más burda y ordinaria, y hasta en eso imitó a su amo
imperial, Donald Trump, al lanzarle a la gente pelotas de fútbol como si
estuviera jugando básquetbol.
El dolor de la gente se convirtió en
una forma de hacer vulgar propaganda política, puesto que, los balones llevaban
la inscripción, “Defensores de la patria”. El símbolo es diciente, en el
balón se habla de la patria, pero es una retórica vacía, de un ciudadano
con nacionalidad estadounidense que va a entregar todavía más el país a Estados
Unidos e Israel, pero el vocablo patrio no tiene nada que ver con los
colombianos humildes y a pie, pobres y negros en Buenaventura, a
los que solo se les lanza unos balones, como a los perros chandosos se les
bota un pedazo de pan.
El hecho bochornoso de lanzarle
balones a los damnificados se repitió luego en Quibdó, la capital del siempre sufrido
Departamento del Chocó. Esto indica, que el nivel de estupidez no
tiene límites, máxime cuando el dolor y el sufrimiento son un
espectáculo mediático para que un payaso metido a político se
divierta, como se lo enseñó hace años el amo imperial Donald Trump
cuando con sadismo les lanzó rollos de papel higiénico a los damnificados de
Puerto Rico.
Publicado en papel en El Colectivo
(Medellín), septiembre de 2026.
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