lunes, 18 de abril de 2016

BRASIL: UN GOLPE QUE SE VIO EN VIVO Y EN DIRECTO CONTRA DILMA ROUSSEFF. DOS BRASILIAS SEPARADAS POR UN MURO.

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POR PRESIDENTA Y POR MUJER.

“Todas somos Dilma”. Respaldan grupos de mujeres en Brasil.
(El Imperio no se duerme. La derecha político-empresarial (sector golpista) ahora festejan este golpe contra la Democracia).

Representantes de agrupaciones e instituciones que luchan por los derechos de las mujeres denuncian la salida golpista y advierten sobre los ataques machistas contra Rousseff. El Congreso está dominado por hombres reaccionarios.

Mercedes López San Miguel
Entre consignas “todas somos Dilma”, “cuando atacan a una mujer con poder, nos atacan a todas” y expresiones de afecto “Dilma te amamos” organizaciones e instituciones que luchan por los derechos de las mujeres se hicieron presentes días atrás en un acto de respaldo a la presidenta Rousseff en el Palacio del Planalto. La ex compañera de celda en tiempos de dictadura, Eleonora Menicucci, hoy secretaria especial de las Mujeres, leyó las palabras de solidaridad de Margarida Genevois, integrante de la Comisión de Justicia y Paz de San Pablo, quien denunció “todo tipo de salida golpista, así como todo preconcepto con la presidenta Dilma”. Y denostaron la figura de Eduardo Cunha, uno de los artífices del proceso de juicio político contra la mandataria que ayer se votó a favor en Diputados. Otro es su socio, el vicepresidente Michel Temer. Ambos pertenecen al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), una formación que recientemente se fue de la coalición gobernante y se sumó al afán destituyente del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña, sectores del poder judicial y la prensa opositora.
“Dilma se queda, Cunha se va” gritaron dirigentes de la Marcha de las Mujeres Negras, de la Unión Nacional de Estudiantes, de la Confederación de Trabajadoras de la Agricultura, de la Asociación Brasileña de Lesbianas y Travestis, entre otras agrupaciones. Cunha es autor de un proyecto que penaliza el aborto y defensor de otro en contra de la unión civil entre personas del mismo sexo. En los pasillos del Congreso lo llaman el Frank Underwood de Brasil, en referencia al protagonista de la taquillera serie norteamericana House of Cards, un político inescrupuloso. Al presidente de la Cámara baja la justicia lo procesó por esconder millones de dólares en una cuenta en Suiza y sólo evita la cárcel gracias a la inmunidad que le da el alto puesto que ocupa. Cunha aceptó en diciembre dar curso al pedido de juicio político contra la mandataria.

Simpatizantes de Dilma se manifestaban ayer en Belo Horizonte mientras avanzaba la votación.
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A Rousseff se la acusa de haber realizado maniobras contables para maquillar la situación financiera de Brasil y haber emitido por decreto, sin autorización del Congreso, partidas de fondos extras para planes sociales. Pero los especialistas consideran que tales acusaciones son frágiles. Es conveniente aclarar que este proceso de juicio político no tiene relación con la investigación que lleva adelante la justicia brasileña por la trama de corrupción en la compañía estatal Petrobras, a pesar de que los medios opositores insistan en vincularlos; pero que sin duda afectó la imagen de la presidenta y de la clase política en su conjunto, dado que hay implicados de todos los partidos.
Es en este contexto que la presidenta llamó recientemente a un pacto nacional para superar la crisis. Pero aclaró: “Un pacto requiere algunas condiciones, como es el respeto a la legalidad y la democracia”, haciendo referencia a su postura sobre la ilegalidad del juicio político que avanza sobre ella. En un reportaje a Página12 (25-3-2016), Rousseff dio cuenta de las presiones que viene recibiendo para que deje el cargo –por dar un ejemplo, el diario Folha de S. Paulo pidió su renuncia en su editorial en sintonía con el reclamo de los políticos opositores–. “Me piden que renuncie. ¿Por qué? ¿Por ser una mujer frágil? No, no soy una mujer frágil. Mi vida no fue eso. Piden que renuncie para evitarse el mal trago de tener que echar de forma ilegal a una presidenta elegida”. Y evocó su pasado de guerrillera y presa de la dictadura. “Piensan que tengo que estar muy afectada, desconcertada, muy presionada. Pero yo no estoy así, no soy así. Tuve una vida muy complicada para no poder luchar ahora. Yo tenía 19 años y estuve tres años presa durante la dictadura, y la cárcel entonces no era cualquier cosa. Yo luché en condiciones muy difíciles. Así que no voy a renunciar, claro que no”.
La mandataria recibe ataques mediáticos de tipo machista. Es el caso de la revista Istoé, que en un reportaje de tapa retrató a Dilma como desequilibrada, comparándola con María I, conocida como “la Loca”, reina de Portugal. “Es un profundo sentimiento de indignación, queremos repudiar actos como el de la revista Istoé, que atentan contra cada una de nosotras. Somos todas Dilma”, sostuvo Alessandra Costa Lunas, coordinadora general de las mujeres campesinas en el encuentro de apoyo a la presidenta. Dora Barrancos, especialista en género e investigadora del Conicet, señaló a este diario que hay una “hipertrofia de la vulnerabilidad” cuando la mujer es pública. “Los flancos y condicionantes aumentan: se la trata de desequilibrada, hipersensible, incapacitada para el poder”. Y agrega: “En el caso de Brasil, el sistema político fragiliza la posibilidad de participación política de la mujer, cuya representación en el Congreso no llega al 20 por ciento”.
Si de algo sirvió el espectáculo en el pleno de Diputados de ayer fue para ver a una mayoría de varones reaccionarios haciendo alusiones a Dios o al padre, y hasta uno de ellos votó “por los torturadores de Dilma Rousseff”. No parece casual que en ese Congreso se haya avanzado con la destitución de la primera mujer presidenta de Brasil.

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Con la decisión de la Cámara de Diputados de ayer se abrió un período de profundas y graves incertidumbres para Brasil.

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BRASIL: UN GOLPE QUE SE VIO EN VIVO Y EN DIRECTO CONTRA DILMA ROUSSEFF.
Con 367 votos a favor y 137 en contra, avanza el juicio político contra la Mandataria.
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Las cámaras de televisión mostraron las justificaciones de los diputados que defenestraron a Dilma Rousseff y que apenas mencionaron de qué se la acusa. Votaron en nombre de Dios, la patria, la familia.
 Eric Nepomuceno
Página/12 En Brasil
Desde Río de Janeiro lunes 18 de abril del 2016.
Han sido 367 votos favorables y 137 contrarios a la destitución de Dilma Rousseff, que llegó al poder al amparo de 54 millones de votos. Otras nueve ausencias y abstenciones podrían ayudar a la mandataria a permanecer en su puesto, pero ni modo. Ayer, la Cámara de Diputados presidida por Eduardo Cunha, quien es reo en el Supremo Tribunal Federal por crímenes diversos, que van de la lisa y llana corrupción a mantener cuentas ocultas en Suiza, decidió poner un final al gobierno de quien ni siquiera está investigada.
En las justificaciones de votos de los que defenestraron a la mandataria apenas mencionan los crímenes de que es acusada. Han sido votos a nombre de Dios, de la Patria, de la familia, es decir, puras diversificaciones frente a un momento tan decisivo para el futuro del país.
El camino abierto ahora prevé pocas alternativas para Dilma Rousseff. Dentro de pocas semanas –la fecha inicialmente prevista es el miércoles, 11 de mayo– el Senado decidirá si acepta o no lo que indica la Cámara de Diputados, es decir, si abre o no el juicio a la mandataria. En caso positivo, Dilma Rousseff será apartada de la presidencia por un plazo que podrá llegar a 180 días, tiempo que tendrá para presentar su defensa.
Nadie cree que el Senado cambie la decisión de la Cámara de Diputados. O sea, el juicio a Dilma será instaurado. Y nadie cree que, en el Senado, ella logre cambiar el veredicto de los diputados.
En pocas palabras: Dilma Rousseff está liquidada. Los números de ayer han sido suficientemente elocuentes para fulminar de una vez su defensa. A ella le quedan alternativas como recurrir al Supremo Tribunal Federal, pero las posibilidades son muy cercanas a cero. El resultado de ayer superó las peores expectativas de sus defensores, inclusive en la opinión pública. Ha sido una derrota que superó a la anunciada.
La presidenta seguirá en su puesto hasta que el Senado defina si acepta o no la decisión de la Cámara. Eso significa algo entre dos o a lo sumo tres semanas. Será una presidenta fantasma. Nada de lo que haga en ese corto período de tiempo será considerado sólido o válido. Si el Senado acepta, y seguramente lo hará, la apertura del proceso de destitución, Michel Temer, el vicepresidente, asumirá el poder.
A la una de la madrugada de hoy, asesores muy cercanos a Dilma reafirmaron que la presidenta pretende dar batalla hasta el último instante (ver recuadro), o sea, no renunciará al puesto. Con eso, el país seguirá a la deriva, esperando por un vicepresidente sin legitimidad pero con el respaldo de una oposición dispersa, cuyo proyecto de gobierno es difuso.
Si se recuerda que Brasil vive una de las peores, si no la peor, recesión económica de sus últimos cien años, que viene de un período de año y medio en que el gobierno de Rousseff siquiera logró gobernar, lo que les espera a Michel Temer y sus aliados es un escenario nebuloso, de dudas y crisis. Y más: tendrá que enfrentarse con la anunciada oposición durísima de los movimientos sociales, de las principales agrupaciones sindicales y con todos los que no se resignan al golpe institucional que victimó a una presidenta inepta pero que no cometió ningún crimen que justificase su destitución.
En términos prácticos, hoy mismo empieza el gobierno –todavía no anunciado– de Michel Temer, el vicepresidente que se bandeó a la oposición. El país vivirá un fenómeno insólito: una presidenta en plenas y constitucionales funciones, hasta que el Senado de su veredicto, pero sin credibilidad alguna. Una presidenta fantoche.
Y un vicepresidente sin legitimidad alguna, a la espera de poder poner las manos sobre el bastón presidencial y empezar a gobernar.
Los llamados “agentes económicos” –empresarios, inversionistas, especuladores del mercado financiero– viven una expectativa que está en plena ebullición. Al mismo tiempo, las fuerzas que por tradición apoyan al PT –movimientos sociales, centrales sindicales– se preparan para responder a lo que clasifican como un “golpe blanco”.
Mucho más que defenestrar a una presidenta impopular, que condujo un gobierno inepto, lo que se abrió ayer en Brasil, con la decisión de la Cámara de Diputados, ha sido un período de profundas y graves incertidumbres.
Brasil entra en una zona de tinieblas, y las tensiones no harán más que reforzarse en los días que vendrán.
Michel Termer armó, en las últimas semanas, un gobierno que todavía no ha sido presentado al país. Lo hará pronto. Pero será siempre un gobierno nacido de un golpe institucional, que contará con el respaldo del gran capital pero sin ningún reconocimiento del electorado.
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Las dos marchas de la capital: las de las remeras rojas a favor de Dilma, y las de camisetas amarillas, opositoras.

DOS BRASILIAS SEPARADAS POR UN MURO.

Los miles de manifestantes por la Democracia, no se cruzaron con los movilizados por el Impeachment.
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A João Gomes Pineda no lo amedrenta la derrota del gobierno democrático en la Cámara de Diputados. “Dilma es una guerrera.” Del otro lado de la valla Rodrigo Riveiro dijo: “Sacar a Dilma es liberar a Brasil de una dictadura”.

Darío Pignotti.
Página/12 En Brasil
Desde Brasilia lunes 18 de abril del 2016.
La fractura de Brasil. “A mis 76 años, además cuarenta y tantos trabajando en Petrobras, me vine desde Río para no dejar que estos fascinerosos den un golpe para darles el petróleo a los gringos. Mientras tenga salud voy estar en todas las marchas contra estos traidores al patrimonio nacional”.
A João Gomes Pineda no lo amedrenta la derrota del gobierno democrático en la Cámara de Diputados, “tengo muchas peleas en el lomo, con Dilma están queriendo hacer lo que hicieron con Getulio Vargas (se suicidó en 1954), pero ella es guerrera”.
“Nosotros ya peleamos contra Fernando Henrique Cardoso que nos mandó hasta el ejército porque no quisimos el fin del monopolio de Petrobras, esto va para largo”, agrega Joao que integra una delegación de la Federación Unica de Petroleros, que se concentró cerca del Ministerio de Justicia.
Las columnas de miles de manifestantes por la democracia, con remeras y banderas rojas, estuvieron unas 8 horas bajo el sol en el Eje Monumental, la principal avenida de Brasilia, atravesada por un muralla metálica de un kilómetro para evitar choques con los manifestantes de camisetas amarillas y banderas brasileñas que se movilizaron del otro lado del Muro de Brasilia, en el andarivel sur de la ancha avenida que desemboca en el Congreso.
La Central Unica de los Trabajadores estacionó dos inmensos camiones con parlantes y un palco en lo alto, los conocidos “trios eléctricos” que desfilan en los carnavales.
Uno de ellos se ubicó frente al Ministerio de Defensa y desde sus parlantes se propalaban temas de Chico Buarque que se hicieron célebres durante la resistencia a la dictadura.
Un hombre con un cartel que dice “Dilma la salvación de los pobres” participa en una marcha en apoyo a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en Río de Janeiro, el domingo 17 de abril de 2016. El debate se agria en Brasil…
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En el otro, ubicado unos trescientos metros más al oeste hacían uso de la palabra dirigentes sindicales, campesinos y militantes.
“Nosotros comemos mortadela, no tenemos vergüenza de comer mortadela, a Lula también le gusta la mortadela, y eso nos pone orgullosos”, dijo una dirigente de Minas Gerais indignada con las bromas golpistas sobre los hábitos sencillos del ex presidente.
Provocadores fueron enviados este fin de semana al hotel donde se alojaba Lula y allí colocaron una gran mortadela plástica además de insultar a militantes petistas. La hostilidad fue una de las constantes de los templarios de la libertad y el antipetismo, que tuvieron la protección nada disimulada de la Policía Militarizada.
Además de las consignas por Lula y en defensa del gobierno de Dilma, la marcha democrática no olvidó al poderoso jefe de Diputados Eduardo Cunha el mentor del golpe blando en complicidad con el vicepresidente Michel Temer.
“Empujemos un poquito a Cunha para que se caiga, machista, homofóbico”, se decía desde la columna de las Mujeres por la Democracia, que fueron cacheadas con alguna grosería por la Tropa de Choque de la Policía Militarizada al ingresar a la avenida.
Del otro lado de Muro de Brasilia, en la pista sur reservada a la oposición, el trato de los agentes de seguridad era distinto.
Tres helicópteros de la Policía Militarizada de Brasilia saludaron simbólicamente a la parcialidad amarilla a través de una serie de maniobras.
Una de las aeronaves se detuvo un par de minutos sobre la multitud opositora y luego comenzó a desplazarse hacia atrás, lo que mereció una ovación: “Viva nuestra policía, estamos con ustedes”, festejó Teresinha Almeida, una arquitecta treintañera.
“Nosotros somos gente de bien, trabajamos, venimos con nuestros hijos sanamente a protestar contra estos ladrones, nos pagamos nuestro pasaje no como los petistas que los acarrean”, proclamó la mujer casi a los gritos frente al estruendo de los rotores de los helicóteros policiales que en ese momento se habían estacionado cerca del Ministerio de Salud.
Y agregó: “Quiero que Dilma se vaya al infierno junto con Eduardo Cunha”, el dirigente opositor y poderoso jefe de la Cámara de Diputados que presidió la histórica sesión en el Congreso.
Cunha es reo ante el Supremo Tribunal Federal por haber escondido cinco millones de dólares presuntamente cobrados por sobornos en el escándalo de Petrobras.
“Dilma fuera, pero también fuera toda esa bosta de Cunha, ese es el Alí Baba de los 300 ladrones que pudren ese Congreso”, dijo a su vez el Rodrigo Riveiro, de 23 años, sin esconder su enojo.
Rodrigo llevaba una camiseta blanca con la foto del diputado Jair Bolsonaro y debajo de esta la palabra “Bolsonaristas”: “Soy un bolsonarista convencido, es un verdadero conservador, tiene coraje de decir lo que piensa en esa podredumbre de la Cámara”, añadió Rodrigo, quien estudia en la Universidad de Brasilia, en la que –precisó– “son todos izquierdópatas”.
Rodrigo, medio gordito y alto, cerró con una versión propia de la historia y el presente “en 1964 no hubo golpe, el Congreso sacó a Joao Goulart y llamó al general Castelo Branco que trajo la Revolución, no fue una dictadura como dicen los izquierdópatas, fue una Revolución. Ahora también tergiversan, dicen que esto es un golpe. Al contrario, sacar a Dilma es liberar a Brasil de una dictadura. ¿O quieren que seamos como Corea del Norte?”.

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