jueves, 23 de enero de 2020

LA REBELIÓN CONTRA LAS ÉLITES EN AMÉRICA LATINA. LA DESIGUALDAD SEGUN LA CEPAL Y OXFAM INTERNACIONAL, ORIGEN DEL HARTAZGO EXPLOSIVO SOCIO-POLÍTICO.

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FORO ECONÓMICO MUNDIAL. 

ALICIA BÁRCENA. SECRETARIA EJECUTIVA DE LA CEPAL Y  
WINNIE BYANYIMA, Directora Ejecutiva de OXFAM INTERNACIONAL . 
DAVOS. SUIZA.

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ENERO 2020. América Latina es la región más desigual del mundo. ¿Cómo solucionarlo? Esta semana, diversos líderes mundiales se reunirán en el Foro Económico Mundial para dialogar sobre la forma de mejorar el estado actual del mundo y de afrontar los retos más urgentes.  Hay mucho sobre lo que conversar, en particular acerca de la crisis mundial de desigualdad, que se ha hecho especialmente visible en los últimos años, tras la crisis económica y financiera de 2008 y 2009. La desigualdad está creciendo a un ritmo alarmante y plantea un grave riesgo para el crecimiento económico, la lucha contra la pobreza y la estabilidad social. Enero del 2020. DAVOS. Suiza.

El impacto destructivo de la extrema desigualdad sobre el crecimiento sostenible y la cohesión social es evidente en América Latina y el Caribe. Aunque la región ha logrado un éxito considerable en la reducción de la extrema pobreza durante la última década, sigue mostrando niveles altos de desigualdad del ingreso y de la distribución de la riqueza, que han obstaculizado el crecimiento sostenible y la inclusión social. En América Latina y el Caribe, la desigualdad está impidiendo retornar a una trayectoria de crecimiento inclusivo, ante un entorno exterior desalentador, con una proyección de crecimiento para 2016 que la CEPAL estima en un 0,2%.

Aunque la desigualdad del ingreso se ha reducido durante los últimos años, América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo. En 2014, el 10% más rico de la población de América Latina había amasado el 71% de la riqueza de la región. Según los cálculos de Oxfam, si esta tendencia continuara, dentro de solo seis años el 1% más rico de la región tendría más riqueza que el 99% restante.

Entre 2002 y 2015, las fortunas de los multimillonarios de América Latina crecieron en promedio un 21% anual, es decir, un aumento seis veces superior al del PIB de la región según las estimaciones de Oxfam. Gran parte de esta riqueza se mantiene en el extranjero, en paraísos fiscales, lo que significa que una gran parte de los beneficios del crecimiento de América Latina está siendo acaparada por un pequeño número de personas muy ricas, a costa de los pobres y de la clase media. Este grado extremo de desigualdad y de concentración del ingreso también se ve confirmado por los análisis de los datos fiscales disponibles relativos a la renta personal en diversos países de la región.

Salvaguardar los avances ya logrados por América Latina y garantizar un crecimiento inclusivo y sostenible deben ser prioridades para todos los países de la región. En consecuencia, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe CEPAL y OXFAM están decididas a trabajar de manera conjunta para promover y construir un nuevo consenso contra la desigualdad. No existe una panacea para este problema, pero sí es posible tomar medidas que, combinadas, podrían marcar una gran diferencia. La reforma tributaria es un buen lugar para empezar.




Unos sistemas tributarios inadecuados, así como la evasión y la elusión de impuestos, cuestan a América Latina miles de millones de dólares en ingresos tributarios impagados, unas cantidades que podrían y deberían invertirse en luchar contra la pobreza y la desigualdad. El incremento de los ingresos tributarios es clave para la inversión pública en la reducción de algunas de las brechas históricas de la región, como el acceso marcadamente segregado a bienes públicos de calidad en el ámbito de la educación, la salud, el transporte y la infraestructura.


En muchos países, el sistema tributario se apoya de forma particular en los impuestos sobre el consumo, que resultan especialmente gravosos para los grupos de ingresos bajos y medianos. Además, los sistemas tributarios de la región suelen estar más orientados a los ingresos laborales que a las ganancias de capital y a menudo carecen de impuestos sobre bienes inmuebles y sucesiones, de manera que se incrementa la concentración de la riqueza, que es aún mayor que la concentración del ingreso. La recaudación del  impuesto sobre la renta personal es relativamente baja, especialmente  entre los grupos con ingresos más altos. La CEPAL calcula que la tasa impositiva media efectiva para el 10% más rico solo equivale al 5% de su ingreso disponible.  Como resultado, los sistemas tributarios de América Latina son seis veces menos efectivos que los europeos en lo referente a la redistribución de la riqueza y la reducción de la desigualdad.

Además, los gobiernos otorgan un trato de favor a las compañías multinacionales en materia de impuestos, por medio de reducciones excesivamente generosas de las tasas de los impuestos de sociedades en muchos países de la región. Según algunos cálculos, la carga impositiva para las empresas nacionales equivale al doble de la carga efectiva soportada por las compañías multinacionales.



América Latina - según informe presentado por la CEPAL y OXFAM Internacional en el Foro Económico Mundial - Davos. Suiza, enero del 2020, persiste con la REGIÓN más DESIGUAL del MUNDO.
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A esto hay que añadir las terribles tasas de elusión y evasión de impuestos en la región. De acuerdo con las estimaciones, las pérdidas de recaudación del impuesto sobre la renta de las empresas van del 27% del ingreso potencial de la tributación de las empresas en el Brasil al 65% en Costa Rica y el Ecuador. La CEPAL estima que la evasión y la elusión de los impuestos sobre la renta personal y de las empresas costaron a América Latina en 2014 más de 190.000 millones de dólares, es decir, un 4% del PIB regional.

Un sistema tributario internacional arcaico y disfuncional también proporciona a las empresas y a los ricos amplias oportunidades para que eviten pagar los impuestos que les corresponden en justicia.

La pérdida crucial de ingresos procedentes de los productos básicos y el estancamiento experimentado por muchas economías hacen que el pueblo de América Latina no pueda permitirse que una parte tan amplia de los ingresos y la riqueza de la región estén libres de impuestos. Es absolutamente esencial que todos paguen los impuestos que les corresponden según sus medios económicos, de modo que se pueda financiar un crecimiento sostenible e inclusivo, no solamente en América Latina, sino en todo el mundo.

Con objeto de lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible, todos los gobiernos tendrán que tomar medidas concertadas y coordinadas para la creación de un sistema tributario adaptado al siglo XXI. Los gobiernos deben implementar sistemas tributarios más progresistas en sus respectivos territorios y fortalecer la cooperación mundial y regional para evitar una competencia perversa entre naciones en el ámbito tributario. Los países de América Latina y el Caribe también podrían reforzar los impuestos sobre los bienes inmuebles o volver a introducir el impuesto sobre sucesiones. Asimismo, deben trabajar conjuntamente bajo los auspicios de las Naciones Unidas para reformar el sistema tributario internacional, de modo que las empresas multinacionales y los ricos no puedan aprovechar las lagunas de la legislación tributaria ni esconder sus riquezas en paraísos fiscales con objeto de evitar pagar sus impuestos.

¿Qué puede aportar la experiencia de América Latina a los líderes políticos y los encargados de tomar decisiones del sector privado y la sociedad civil, que se preparan para participar en la próxima reunión en Davos? Esa experiencia muestra que la decisión de afrontar la desigualdad debe formar parte de un nuevo pacto social para mejorar la situación actual del mundo y que cualquier plan para hacer frente a esa desigualdad e impulsar el crecimiento inclusivo debe otorgar un papel destacado a la creación de un sistema tributario más justo.

Autores: ALICIA BÁRCENA IBARRA, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y WINNIE BYANYIMA, Directora Ejecutiva de OXFAM INTERNACIONAL
Imagen: REUTERS/Carlos Jasso

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CHILE. 2019-2020. La Plaza de la DIGNIDAD.
La vil , extrema, salvaje e inhumana Desigualdad Económico Social hundió para siempre al llamado "Oasis" Latinoamericano del Presidente Piñera.
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LA REBELIÓN CONTRA LAS ÉLITES EN AMÉRICA LATINA.
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Michel Shifter.

New York Times.

Viernes 24 de enero del 2020.

Un sentimiento generalizado de insatisfacción e injusticia motiva protestas en toda la región.

En 2019, manifestantes callejeros conmocionaron ciudades de todo el mundo. América Latina en particular experimentó una mayor agitación social que en cualquier otro momento de la historia reciente. Las crisis políticas y las movilizaciones masivas estallaron en Haití, Honduras, Ecuador, Perú, Bolivia, Colombia, Chile y en muchos otros lugares. En las últimas semanas, las manifestaciones han menguado, pero no han cesado y es probable que 2020 traiga más agitación.

La turbulencia deriva de muchos de los problemas persistentes en la región, los cuales son más predominantes en algunos países que en otros: estancamiento económico, poderes judiciales politizados, corrupción, delincuencia y, en algunos cuantos casos, un gobierno autoritario. América Latina es la segunda región más desigual del mundo. (NO. Las últimas informaciones - CEPAL y OXFAM por ejemplo, en el Foro Económico Mundial, enero del 2020 - - América latina continúa,  como la Región más desigual del mundo). El fracaso para abordar estos problemas —y para cumplir sus promesas— ha ocasionado que los gobiernos pierdan legitimidad ante los ciudadanos, quienes se sienten cada vez más insatisfechos con la forma en que funciona, o no funciona, la democracia en sus países.

Sin embargo, igual de pertinente para el momento actual es la percepción generalizada de una falta de justicia, de que las élites económicas y políticas gozan de una serie de privilegios y prerrogativas que se le niegan a la mayoría de los ciudadanos. Algunos de los resentimientos acumulados de la región se deben a la sensación que tienen aquellos que ostentan la mayoría del poder y la influencia de que tienen derecho a todo, quienes además casi nunca les otorgan a los demás el respeto y la dignidad que merecen.

Las protestas, amplificadas por las redes sociales, revelaron que a pesar de algunas mejores sociales y económicas reales —en especial en los países sudamericanos productores de materias primas—, la ruta de la movilidad social para la mayoría de los ciudadanos sigue siendo precaria. El enojo se mantuvo contenido hasta que el crecimiento económico comenzó a disminuir en 2013. Las fracturas sociales emergieron, originadas en la incapacidad de los gobiernos de satisfacer las expectativas intensificadas de las nuevas clases medias.

En ningún otro lugar las manifestaciones han sido tan sorprendentes, y violentas, como en Chile, que durante mucho tiempo había sido considerado como el país con uno de los mejores desempeños económicos de la región y un modelo de paz social y estabilidad política. Esa percepción se desvaneció en octubre, cuando millones salieron a las calles para exigir cambios radicales al modelo económico e institucional del país. Lucía Dammert, catedrática de la Universidad de Santiago en Chile, sugiere que a pesar de que las señales de advertencia eran evidentes, la imagen favorable del país hizo que la crisis fuera “impensada” en Chile.




Cuando viví en ese país durante los primeros años de la transición democrática tras el gobierno del dictador Augusto Pinochet en 1990, la mayoría de los ciudadanos deseaban un consenso y, en general, los partidos gobernantes, se lo otorgaban. Sin embargo, también estaban limitados por una constitución obsoleta, impuesta por la dictadura. Con el tiempo, se desarrolló una desconexión entre los partidos políticos de todos los espectros y los grupos de ciudadanos que se sentían mal representados.

Chile tiene uno de los ingresos per cápita más elevados de América Latina, pero los servicios educativos y de salud están fuera del alcance de muchos ciudadanos, la deuda de los hogares es elevada y la mayoría del poder económico yace en manos de unos pocos. Las nuevas generaciones, que no se formaron durante los años de Pinochet, han sido menos complacientes y exigen más reformas de amplio espectro. Como observó Dammert, se está forjando un nuevo Chile “con un rostro joven y mucho menos temor de manifestar su descontento”.

El cambio generacional es profundo y fundamental para entender lo que está ocurriendo en toda la región latinoamericana (y el mundo). La escisión también puede verse en Colombia, donde los estudiantes universitarios han estado a la vanguardia de las manifestaciones en contra del gobierno. Ciertamente, las protestas estudiantiles eran más comunes cuando estudié en Colombia a mediados de los setenta. Pero hoy los manifestantes se comunican de inmediato a través de las redes sociales y tienen varios reclamos y demandas, como mejores servicios públicos, pensiones más altas y la implementación plena del acuerdo de paz de 2016 entre el gobierno y los rebeldes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).

En Perú, el sólido crecimiento económico que se ha visto en décadas recientes ha estado contrarrestado por una clase política que se encuentra inmersa en una crisis de credibilidad. En la década de los ochenta, fui testigo de primera mano de la incapacidad de detener la hiperinflación y una insurgencia virulenta que deterioró a los partidos políticos. A finales de septiembre, aprovechando una ola de sentimiento popular contra la corrupción todos los expresidentes vivos de Perú enfrentan cargos de corrupción—, el presidente Martín Vizcarra disolvió el congreso, que era considerado corrupto y alejado de la voluntad del pueblo. Al igual que en otras partes de América Latina, las demandas y las expectativas cada vez mayores de la sociedad están superando la capacidad de respuesta del gobierno.

Las élites políticas y económicas latinoamericanas distan de ser homogéneas. Algunas están comprometidas con reformas sociales y políticas serias que abordan las causas subyacentes del descontento actual. Otras favorecen el aumento a los impuestos de los ricos. Existen numerosos ejemplos, en especial a nivel local, de programas innovadores que ayudaron a nivelar el terreno de juego mediante la modernización de los sistemas educativos o la generación de oportunidades de desarrollo social y económico. En respuesta a una demanda social real, todos los partidos en Chile acordaron redactar una nueva constitución para sustituir la que se promulgó bajo la dictadura de Pinochet. Aunque esto difícilmente resolverá la crisis, es un paso en la dirección correcta.
 



FORO ECONÓMICO MUNDIAL. ENERO 2020. América Latina es la región más desigual del mundo. ¿Cómo solucionarlo? Esta semana, diversos líderes mundiales se reunirán en el Foro Económico Mundial para dialogar sobre la forma de mejorar el estado actual del mundo y de afrontar los retos más urgentes.  Hay mucho sobre lo que conversar, en particular acerca de la crisis mundial de desigualdad, que se ha hecho especialmente visible en los últimos años, tras la crisis económica y financiera de 2008 y 2009. La desigualdad está creciendo a un ritmo alarmante y plantea un grave riesgo para el crecimiento económico, la lucha contra la pobreza y la estabilidad social. Enero del 2020. DAVOS. Suiza.
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A diferencia de algunos otros países de la región, Chile tiene los recursos necesarios para, por ejemplo, aumentar las pensiones y mejorar los servicios públicos como la educación y la atención médica. Dichas medidas son importantes para aumentar los ingresos y ayudar a reducir la amplia brecha entre los ricos y los pobres.

Sin embargo, tras vivir en América Latina durante cincuenta años, he visto muy pocos esfuerzos sostenidos para crear vías seguras y estables de movilidad social. Revertir esa tendencia requiere no solo un crecimiento sólido y políticas de redistribución, sino además dar un mayor acceso al poder económico y político, romper los nexos entre los intereses privados y la clase política y lograr la justicia igualitaria ante la ley. En los albores de una nueva década, ese llamado urgente puede escucharse en las calles de toda América Latina.
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* MICHAEL SHIFTER es presidente de Diálogo Interamericano, un centro de pensamiento con sede en Washington que se centra en asuntos del hemisferio occidental

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