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"Nada que ver con la soberanía. Las resoluciones de Naciones Unidas desalientan innovaciones unilaterales en zonas en disputa. La creación por parte del gobierno argentino del Consejo de Seguridad Nacional y el encuadre de Malvinas como una cuestión de seguridad nacional reflejan un proceso de securitizarían de la causa, desplazando el tema del ámbito diplomático hacia el de la seguridad y los negocios, habilitando una mayor movilización de recursos estatales —defensa, inteligencia, economía y seguridad— frente a una amenaza percibida sobre la soberanía. El riesgo de una retórica belicista es muy grande para Argentina, por lo que debiera priorizar la vía diplomática y el cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas, que hasta ahora han desalentado innovaciones unilaterales en zonas en disputa. Las sanciones anunciadas contra las empresas explotadoras de hidrocarburos en Malvinas son interpretadas como un acto de escalada que lleva a endurecer la posición británica y a reducir el margen para la negociación diplomática.
"La apuesta de Milei y sus asesores nacionales y extranjeros sobre la securitización si bien puede fortalecer el consenso interno en torno a la causa y facilitar la coordinación del aparato estatal, amenaza con aumentar la probabilidad de dinámicas de acción y reacción con el Reino Unido y/o generar efectos colaterales sobre otras áreas de la política exterior, como las relaciones comerciales, la cooperación en defensa y la actuación en foros multilaterales. El gobierno argentino no ha buscado crear un frente sudamericano y espera que Brasil, Chile y Uruguay no cuestionen su posición. Pero lo más probable es que frente a esta situación predomine el silencio. Hoy Argentina no parece contar con la posibilidad de construir una coalición regional. Este gobierno intenta por todos sus medios que Estados Unidos se involucre en el tema. Ya Argentina y EE. UU. acordaron el Corredor Andes-Atlántico para impulsar infraestructura económica. La iniciativa conjunta apunta a facilitar inversiones públicas y privadas de largo plazo en transporte, energía, minería e infraestructura digital, con participación de empresas y financiamiento estadounidense. O, dicho de otra manera, las Malvinas pueden ser argentinas, pero Estados Unidos quiere las riquezas del Atlántico Sur.
El servilismo histórico, Servirá de lección para las Nuevas Generaciones de Argentina, América Latina y el Mundo.
Fuentes CLAE Rebelión.
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LAS MALVINAS ARGENTINAS, PERO SUS RIQUEZAS PARA
EE. UU. Y GRAN BRETAÑA.
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Por Aram Aharonian | 28/09/2026 | Argentina
Fuente. Revista Rebelión lunes 26 de septiembre del 2026.
Al redefinir las Malvinas como un
asunto de seguridad nacional y de desarrollo futuro, el gobierno libertario
argentino busca sentar las bases de una política disuasiva frente al avance de
la explotación unilateral británica en el Atlántico Sur, una región de
creciente relevancia estratégica, mientras Estados Unidos va tomando posiciones
en el Atlántico Sur.
El desafío para la Argentina consiste
en convertir una coyuntura potencialmente favorable en una estrategia
sostenible que no dependa exclusivamente de las decisiones de Washington,
que trata denodadamente de no perder su influencia en el Atlántico Sur.
El discurso de Milei en Naciones
Unidas se produjo después de que Donald Trump señalara que podría revisar la “neutralidad” estadounidense
frente al reclamo argentino de soberanía, algo que el mandatario
argentino interpretó como “vientos de cambio favorables a nuestro
reclamo”. Sostuvo que este giro podría reducir el respaldo
diplomático que Gran Bretaña ha disfrutado y usufructuado históricamente,
facilitando que terceros países o empresas trasnacionales se acerquen a la
posición argentina.
En el marco de la Asamblea General de
la ONU. Donald Trump se
reunió con el primer ministro de Reino Unido, Andy Burnham, en
medio de las tensiones entre Estados Unidos y Gran Bretaña que incluye
la supuesta revisión de Washington sobre la soberanía de las Islas
Malvinas. Burnham hizo una férrea defensa a la autodeterminación de los isleños.
«Hoy tuviste la amabilidad de permitirnos hablar sobre algunos temas relacionados con el comercio. Mencionamos las Malvinas. Y tuviste la amabilidad de escucharnos sobre esos temas», dijo Burnham.
Nada
que ver con la soberanía.
Las resoluciones de Naciones Unidas desalientan innovaciones unilaterales
en zonas en disputa. La creación por parte del gobierno argentino del Consejo
de Seguridad Nacional y el encuadre de Malvinas como una cuestión de
seguridad nacional reflejan un proceso de securitizarían de la causa,
desplazando el tema del ámbito diplomático hacia el de la seguridad y
los negocios, habilitando una mayor movilización de recursos estatales
—defensa, inteligencia, economía y seguridad— frente a una amenaza
percibida sobre la soberanía.
El riesgo de una retórica belicista es muy grande para Argentina,
por lo que debiera priorizar la vía diplomática y el cumplimiento de las
resoluciones de Naciones Unidas, que hasta ahora han desalentado
innovaciones unilaterales en zonas en disputa. Las sanciones anunciadas
contra las empresas explotadoras de hidrocarburos en Malvinas son
interpretadas como un acto de escalada que lleva a endurecer la posición
británica y a reducir el margen para la negociación diplomática.
La apuesta de Milei y sus asesores nacionales y
extranjeros sobre la securitización si bien puede fortalecer el
consenso interno en torno a la causa y facilitar la coordinación del aparato
estatal, amenaza con aumentar la probabilidad de dinámicas de acción y
reacción con el Reino Unido y/o generar efectos colaterales sobre otras
áreas de la política exterior, como las relaciones comerciales,
la cooperación en defensa y la actuación en foros multilaterales.
El gobierno argentino no ha buscado crear un frente
sudamericano y espera que Brasil, Chile y Uruguay no cuestionen su
posición. Pero lo más probable es que frente a esta situación predomine el
silencio. Hoy Argentina no parece contar con la posibilidad de
construir una coalición regional.
Este gobierno intenta por todos sus medios que
Estados Unidos se involucre en el tema. Ya Argentina y EE. UU.
acordaron el Corredor Andes-Atlántico para impulsar infraestructura
económica. La iniciativa conjunta apunta a facilitar inversiones
públicas y privadas de largo plazo en transporte, energía, minería e
infraestructura digital, con participación de empresas y financiamiento
estadounidense. O, dicho de otra manera, las Malvinas pueden ser argentinas,
pero Estados Unidos quiere las riquezas del Atlántico Sur.
El subsecretario de Estado de EE. UU.,
Christopher Landau, y
el canciller argentino, Pablo Quirno, lanzaron el miércoles 23 el Corredor
Andes-Atlántico, que busca
«fortalecer y
modernizar la infraestructura que conecta a los sectores económicos clave de
Argentina con los principales puertos atlánticos y los mercados
occidentales». El comunicado afirmó que, con este nuevo corredor
económico, «los Estados Unidos y Argentina avanzan en su compromiso compartido
con la seguridad, la protección y la prosperidad del hemisferio occidental
y sus cadenas de suministro estratégicas».
El Corredor Andes-Atlántico forma parte de la Asociación del G7 para la Infraestructura y la Inversión Global, y se basa en el respaldo de los EE. UU. a corredores económicos estratégicos a nivel mundial que aseguran las cadenas de suministro estadounidenses y crean oportunidades para sus empresas. Entre los ya existentes se encuentran el Corredor Económico India-Medio Oriente-Europa, la Ruta Comercial Transcaspiana en Asia Central y el Cáucaso, el Corredor de Lobito en el África subsahariana, y el Corredor Económico de Luzón en Filipinas.
No
sólo el Atlántico Sur, también Vaca Muerta.
El Gobierno volvió a apostar a los anuncios de grandes
inversiones para mostrar resultados de su programa económico, aunque
la llegada efectiva de capitales de magnitud sigue sin acompañar las
expectativas que la Casa Rosada viene alimentando desde el inicio
de la gestión. Esta vez el escenario fue Nueva York y el eje volvió
a ser Vaca Muerta. Argentina y Estados Unidos lanzaron este miércoles
el denominado Corredor Andes-Atlántico, una iniciativa que contempla
financiamiento por hasta 7000 millones de dólares para proyectos de energía,
minería e infraestructura.
El financiamiento estará respaldado por el Export-Import
Bank de Estados Unidos y apunta a movilizar inversiones estadounidenses
hacia sectores considerados estratégicos. El acuerdo representa un respaldo
político y financiero importante para el gobierno argentino, pero
una cosa es anunciar una disponibilidad de crédito y otra concretar
las inversiones. Los 7000 millones de dólares constituyen un marco
potencial de financiamiento para distintos proyectos y no un
desembolso inmediato de ese monto sobre la economía argentina.
“Las exportaciones
de minerales, petróleo y gas
aumentarán a través de inversiones estadounidenses e inversiones
respaldadas por los Estados Unidos en ferrocarriles, vías navegables,
puertos, oleoductos e infraestructura de generación y transmisión de
energía, construidas sobre una base de tecnología confiable que
busca garantizar una eficiencia óptima y máxima ciberseguridad»,
se enumeró.
Por el lado del sector energético, se buscará
«desarrollar
comercialmente los recursos energéticos de la región de Vaca Muerta mediante
inversión, tecnología e instrumentos financieros estadounidenses, incluyendo
préstamos directos, garantías de préstamos y productos de seguros para
movilizar capital, equipos y proveedores de servicios de los Estados Unidos».
En el caso del sector
de minerales, se
buscará
«identificar
oportunidades en el marco del Acuerdo Marco de Minerales Críticos EE. UU. -Argentina para
respaldar la minería y el procesamiento de minerales críticos, avanzando en los
compromisos para asegurar las cadenas de suministro y promover la
diversificación de las cadenas de suministro globales».
«El compromiso del
presidente (Donald) Trump y el liderazgo de (Javier) Milei se traducen hoy en
algo concreto: Estados Unidos y Argentina lanzaron el Corredor Andes-Atlántico,
la iniciativa que conectará la matriz productiva argentina con los mercados de
Occidente a través de inversión de EE. UU.», afirmó el embajador estadounidense
Peter Lamelas.
No se habla de soberanía sino de
explotación de los recursos
de los que debiera hacer usufructúo la Argentina y no Estados
Unidos o el Reino Unido. Pero para ello se necesitan gobiernos
que defiendan los intereses del país y de todos y cada uno de los
argentinos.
*Periodista y comunicólogo uruguayo.
Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación
para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano
de Análisis Estratégico (CLAE)
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